La casa del Señor: convenios que sanan y unen a las familias por la eternidad
Las bendiciones del templo y de los convenios sagrados para acercarnos a Jesucristo y unir a las familias por la eternidad.
Templo • Convenios • Familia eterna
Por el élder Gerrit W. Gong
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
¿Por qué cruzaron la calle los obreros del templo para ayudar a las personas que están al otro lado?
En un mundo de conmoción, contención y preocupaciones, el Señor nos invita a un lugar de seguridad espiritual, armonía y santidad: la casa del Señor. Allí él nos enseña su plan de felicidad. Él nos inviste y nos bendice. Él nos prepara para volver a casa.
Hoy en día, el Señor está acercando su santa casa y las bendiciones de los convenios a nuestros hogares y corazones. La doctrina fundamental puede aumentar nuestro amor por el Señor y aumentar nuestra comprensión del templo y su importancia en nuestra vida personal.
Primer fundamento doctrinal: la obra y la gloria del Padre Celestial es que regresemos a él unidos como familias felices y para siempre.
Los matrimonios en el templo están destinados a durar para siempre. La pertenencia al convenio une a los esposos y a los hijos. No hasta que la muerte nos separe, no hasta que la conveniencia o la atracción se desvanezcan, sino con un compromiso por convenio, sacrificio y consagración.
El constante alimento espiritual por oración, las escrituras, la asistencia a la iglesia, el servicio, etcétera, santifican nuestros matrimonios y relaciones.
Segundo fundamento doctrinal: el albedrío moral.
Las estrellas del alba cantaron de gozo. Elegimos el amoroso, plan de Dios nuestro padre, para aprender por nuestra propia experiencia. Jesucristo nos redime del pecado, de la muerte física y de la separación espiritual.
La obra redentora de Dios es majestuosa en su amplitud y alcance. El profeta José Smith vio en una visión que toda persona, excepto unas pocas, se salva en un reino de gloria. Podemos heredar una tierra paradisíaca glorificada y vivir en el más alto grado de gloria celestial con Dios nuestro Padre y con Jesucristo.
El albedrío significa que nosotros elegimos nuestras relaciones directa e indirectamente. Dios no requerirá que un hombre o una mujer se sellen o vivan en una relación eterna que ellos no elijan.
El albedrío, la fe, el arrepentimiento y la expiación de Jesucristo hacen posibles el cambio y el perdón. A medida que nos convertimos en nuevas criaturas en Jesucristo, mejoramos nuestras relaciones.
El servicio en el templo evoca la expiación de nuestro Salvador y ablanda corazones en ambos lados del velo. Hallamos esperanza y sanación cuando efectuamos las ordenanzas del templo por familiares con los que antes pudimos haber tenido relaciones difíciles. Jesucristo puede ayudarnos a enmendar, perdonar y seguir adelante.
Exclamábamos: «Cuando hice la obra del templo por un familiar, se me ablandó el corazón. Pude perdonar. Fui liberado. El enojo y la amargura se fueron. Sentí paz por primera vez».
Quizás aún lleguemos a desear el sellamiento con ellos. Nos aguardan ricas bendiciones.
Por favor, no demoren el día de su arrepentimiento hasta el fin. Por favor, no demoren de forma deliberada la paz espiritual y la gozosa libertad que Jesucristo desea que tengan ahora.
Tercer fundamento doctrinal: cuando el Santo Espíritu de la promesa testifica y confirma la eficacia de las ordenanzas y los convenios, estos llegan a ser vinculantes por tiempo y eternidad.
En su sagrada función como el Santo Espíritu de la promesa, el Espíritu Santo testifica al Padre que las ordenanzas salvadoras que se han efectuado debidamente y que se han guardado los convenios relacionados con ellas.
Al honrar nuestros convenios, el Santo Espíritu de la promesa sella nuestras relaciones con eficacia, virtud y fuerza. Están escritas en el libro de la vida del Cordero.
Pero no podemos esperar que sean vinculantes para nosotros, en la tierra ni en el cielo, las ordenanzas y convenios que no honramos con fe, o acciones que no elegimos ni deseamos, que despreciamos o de las que nos burlamos.
Con este fundamento doctrinal, consideremos cinco elementos de nuestra relación personal con el templo.
Primero: la dedicación de un templo es un comienzo.
Es natural emocionarnos cuando se anuncia un templo, se da la palada inicial, se realiza la construcción y se lleva a cabo la dedicación. Cada una de estas cosas es un hito. Si bien estamos agradecidos de que los templos y todo lo que hay en ellos sea físicamente hermoso, celebremos y atesoremos aún más las bendiciones espirituales que los templos ofrecen.
El presidente Dallin H. Oaks ejerce todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra, incluidas las llaves pertenecientes a los templos. El próximo domingo tengo la asignación de dedicar el templo de Miraflores, ciudad de Guatemala.
Este año, en todo el mundo, prevemos que la primera presidencia y el quórum de los 12 apóstoles dedicarán 21 templos y rededicarán uno.
Segundo: antes, cuando los templos se encontraban distantes, los miembros fieles se sacrificaron para sellarse en ellos.
Algunos miembros solo podían visitar el templo una o dos veces en toda su vida; algunos, una vez al año. Hoy, conforme hay templos más cercanos en muchos lugares, podemos manifestar el preciado espíritu del sacrificio en el templo de nuevas maneras.
Podemos ir al templo más a menudo. Podemos buscar y traer más nombres de familiares y bendecir a seres queridos fallecidos. Según las circunstancias lo permitan, podemos servir con regularidad en la casa del Señor, como participantes del templo o como obreros de las ordenanzas.
Tercero: cada templo se adapta de manera única a su lugar, cultura y circunstancias, pero todo en cada templo testifica de Jesucristo.
Los líderes de templo aman al Señor con unidad y se centran en los participantes y los obreros del templo. En cada templo, por la autoridad y en el nombre del Señor, las ordenanzas y los convenios se efectúan verdadera y fielmente y se registran como es debido. Cuando los participantes se esfuerzan al máximo, su servicio es aceptable ante el Señor.
Cuarto: el sacrificio y el servicio en el templo llevan un espíritu de gratitud.
Menciono esto con gran amor y respeto. A veces, algunos miembros podrían pensar que asistir al templo es un derecho o una prerrogativa, en lugar de un privilegio sagrado, y pueden impacientarse o no entender cuando la ayuda llega lentamente o es menos de lo que desean.
A veces, algunos miembros quizás sientan que un templo es más pequeño o está menos decorado de lo que esperaban. Una vez escuché: « Élder Gong, estamos felices de tener un templo, pero ¿tenía que ser un templo pequeño?».
Respondí: «Querido hermano y querida hermana, las ordenanzas no son grandes ni pequeñas. Los convenios no son grandes ni pequeños. Por favor, nunca digamos que un templo es grande o pequeño, ornamentado o sencillo. Hablemos siempre con amor y gratitud, con santidad al Señor, la casa del Señor».
Por favor, queridos hermanos y hermanas, vivamos donde vivamos, estemos siempre agradecidos por los dones de la eternidad que brindan los sagrados templos.
Busquen los milagros. Los nuevos conversos a veces testifican que la familia al otro lado del velo guió a los misioneros a encontrarlos y bautizarlos en este lado del velo para que su familia pudiera estar unida.
Algunos nuevos conversos se sienten solos, mas ustedes son parte de la familia del Padre Celestial y, cuando llevan nombres de familiares al templo, su familia eterna se extiende a ambos lados del velo.
Mi padre y mi madre se unieron a nuestra iglesia siendo los únicos miembros de sus familias. Hoy, la historia familiar y la genealogía nos ayudan a conectar a muchos, muchas generaciones de las familias Gong y Char. Sea cual sea su generación en la iglesia, en la cadena de su familia eterna, por favor, sean un eslabón fuerte.
Quinto: cuando sea posible, por favor, consideren ahorrar y comprar su propia ropa ceremonial del templo: gorro o velo, manto, faja y delantal.
Al cuidar y usar con reverencia nuestra propia ropa del templo, nuestros hijos y nietos pueden ver que amamos al Señor y nuestros convenios del templo.
Conozco una familia de escasos recursos. A petición de la madre viuda, sus hijos ahorraron y le compraron su ropa, su propia ropa ceremonial del templo. A su madre le encantaba usar su propia ropa del templo, ya que asistió regularmente al templo durante muchos años.
Cuando su madre falleció, la familia honró el deseo de ella enterrándola con la ropa del templo. Su querida madre estaba lista para entrar en la eternidad, preparada para la gloriosa resurrección.
Queridos hermanos y hermanas, vengan a adorar y a regocijarse con el Señor en la casa del Señor, en la doctrina del templo y en su relación personal con el templo.
Entonces, ¿por qué cruzaron la calle los obreros del templo?
Para que Dios y las ordenanzas del templo puedan proteger, bendecir e inspirar, traer perdón, sanación y paz, y unir a los seres queridos aquí y más allá.
Que estas bendiciones de la eternidad sean nuestras en mayor abundancia. Lo ruego en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.
Un comentario
Este discurso del élder Gerrit W. Gong nos invita a comprender que la casa del Señor ocupa un lugar central en el plan de felicidad del Padre Celestial. El templo nos acerca a Jesucristo y nos enseña a mirar nuestra vida y nuestras relaciones con una perspectiva eterna. Sus bendiciones se extienden al hogar cuando vivimos los convenios con fidelidad, alimentamos nuestra fe y tratamos a nuestros seres queridos con amor, paciencia y disposición para servir.
Una de sus enseñanzas más significativas es la relación entre los convenios y el albedrío. Las relaciones eternas requieren una elección libre y un compromiso sincero. Por eso, la esperanza de una familia eterna también nos invita a cuidar nuestras relaciones en el presente. La oración, el arrepentimiento, el perdón y la consagración pueden transformar nuestro corazón y ayudarnos a construir vínculos más sanos. Mediante la expiación de Jesucristo, las heridas y las dificultades familiares pueden encontrar un camino hacia la sanación, aunque ese proceso requiera tiempo.
El servicio por nuestros familiares fallecidos adquiere, además, un profundo significado personal. Al recordar sus vidas y efectuar las ordenanzas en su favor, podemos sentir una mayor comprensión, gratitud y cercanía hacia ellos. El discurso presenta una esperanza conmovedora: el Salvador puede ablandar corazones a ambos lados del velo y ayudarnos a dejar atrás el enojo y la amargura. Esa esperanza nos anima a buscar Su paz ahora y a dar pasos sinceros hacia el arrepentimiento.
Finalmente, el élder Gong nos invita a recibir las bendiciones del templo con gratitud y reverencia. Su valor está en las ordenanzas y los convenios que nos vinculan con Dios, más allá del tamaño o la ornamentación del edificio. Ser un eslabón fuerte en nuestra familia eterna significa responder personalmente a esa invitación: honrar nuestros convenios, servir según nuestras posibilidades y dejar un ejemplo de fe. Así, nuestra relación con el templo puede convertirse en una fuente constante de fortaleza para nosotros y para las generaciones que vendrán.
Enseñanzas
El élder Gerrit W. Gong nos conduce a una verdad que da sentido a nuestra vida y a nuestra esperanza: el Padre Celestial desea que regresemos a Su presencia unidos como familias, felices y para siempre. Desde esa perspectiva, el templo ocupa un lugar central en Su plan de felicidad. En la casa del Señor aprendemos quiénes somos, comprendemos mejor nuestra relación con Jesucristo y recibimos ordenanzas y convenios que nos preparan para volver a nuestro hogar eterno. Allí, nuestras relaciones familiares adquieren una dimensión que se extiende más allá de la muerte.
La promesa de un matrimonio eterno nos invita a cuidar el matrimonio en el presente. Los convenios sagrados requieren fidelidad, sacrificio y consagración. Su significado se expresa en la vida cotidiana: en la disposición para escuchar, en la paciencia ante las dificultades, en el servicio mutuo y en la humildad para reconocer nuestros errores. La oración, el estudio de las Escrituras y la participación en la Iglesia alimentan esa relación y nos ayudan a crecer juntos en Cristo. La esperanza de permanecer unidos por la eternidad nos da razones para aprender a amar mejor hoy.
Dentro de esa esperanza, el albedrío ocupa un lugar esencial. El Padre Celestial respeta nuestra capacidad de elegir, y el discurso enseña que Él no obligará a un hombre o a una mujer a permanecer en una relación eterna que no deseen. Los convenios requieren una aceptación libre y un compromiso sincero. Esta enseñanza nos recuerda que debemos tratar a las personas con respeto y responsabilidad, procurando que nuestros vínculos se fortalezcan mediante el amor y la confianza.
El élder Gong también reconoce que las relaciones familiares pueden llevar heridas profundas. Por eso, dirige nuestra atención hacia Jesucristo y Su poder redentor. Mediante la fe y el arrepentimiento podemos llegar a ser nuevas criaturas en Él. Esa transformación cambia nuestra manera de relacionarnos: nos ayuda a reconocer el daño que hemos causado, a buscar el perdón y a abandonar el resentimiento. La sanación puede requerir tiempo, pero el Salvador puede acompañarnos durante ese proceso y darnos fortaleza para seguir adelante.
En ese contexto, la obra del templo por nuestros familiares fallecidos adquiere un significado especialmente cercano. Al recordar sus nombres y servir en su favor, nuestra mirada hacia ellos puede cambiar. Podemos comprender mejor sus dificultades, sentir gratitud por lo que recibimos de ellos y abrir el corazón al perdón. Las ordenanzas vicarias les ofrecen oportunidades sagradas que ellos pueden aceptar mediante su propio albedrío. Al participar en esa obra, también nosotros podemos recibir paz y sentir que pertenecemos a una familia que se extiende a ambos lados del velo.
Las promesas del templo nos llevan, además, a considerar nuestra fidelidad ante Dios. El Santo Espíritu de la Promesa confirma las ordenanzas debidamente efectuadas y los convenios que hemos honrado. Esto nos invita a unir nuestra participación en el templo con una vida coherente con sus enseñanzas. Los compromisos que asumimos allí continúan en nuestro hogar, en nuestras decisiones y en el trato que damos a los demás. Honrar los convenios significa permitir que nuestra relación con Dios oriente nuestra conducta.
La autoridad y las llaves del sacerdocio sostienen esta obra sagrada. Por esa autoridad, las ordenanzas se efectúan y se registran debidamente en cada templo. De ahí surge otra enseñanza importante del discurso: las bendiciones eternas tienen el mismo valor en todas las casas del Señor. Su tamaño o decoración no cambian el alcance de las ordenanzas y los convenios. Comprenderlo nos ayuda a mirar cada templo con gratitud, reconociendo en él una oportunidad de acercarnos al Salvador.
Por eso, la dedicación de un templo es un comienzo. Después viene nuestra respuesta personal: adorar, aprender, servir y regresar según lo permitan nuestras circunstancias. Algunos han tenido que recorrer grandes distancias para asistir; otros cuentan hoy con un templo cercano. En ambos casos, el sacrificio expresa amor por el Señor. Preparar nombres familiares, participar en las ordenanzas y ofrecer nuestro tiempo son maneras de colaborar en Su obra y de dar un lugar a los convenios en nuestra vida.
Finalmente, la invitación a ser un eslabón fuerte en nuestra familia eterna nos recuerda que cada persona puede contribuir a un legado de fe. Nuestro ejemplo puede ayudar a nuestros hijos y nietos a comprender por qué amamos al Señor y valoramos Su casa. Aunque cada uno debe elegir su propio camino, nuestra fidelidad puede ofrecer orientación y fortaleza.
El nos invita así a vivir con una esperanza activa: acercarnos a Jesucristo, buscar Su paz sin demorar el arrepentimiento y cuidar los vínculos que Dios nos ha confiado. Cuando honramos nuestros convenios, las enseñanzas del templo acompañan nuestra vida diaria y nos ayudan a preparar el corazón para las bendiciones de la eternidad.
Un reflexión
Al concluir este estudio, podemos detenernos un momento y pensar en lo que significa recibir una invitación a la casa del Señor. El Padre Celestial conoce nuestras preocupaciones, nuestras heridas y nuestro deseo de permanecer cerca de quienes amamos. En medio de esas circunstancias, nos ofrece un lugar donde podemos recordar Sus promesas, fortalecer nuestra fe en Jesucristo y contemplar nuestra vida con una esperanza que alcanza la eternidad.
Las bendiciones del templo nos invitan a cuidar lo que llevamos en el corazón. Cada convenio puede ayudarnos a vivir con mayor fidelidad, a servir con más disposición y a tratar con más ternura a nuestra familia. Al regresar a nuestros hogares, tenemos la oportunidad de expresar lo que hemos aprendido mediante acciones sencillas: escuchar con atención, reconocer un error, pedir perdón o dedicar tiempo a alguien que necesita nuestra compañía. Así, nuestra adoración encuentra continuidad en la vida diaria.
Quizás algunas relaciones todavía nos causen dolor. Quizás haya palabras que nunca pudimos decir o asuntos que quedaron pendientes con alguien que ya falleció. El mensaje del élder Gong nos anima a llevar también esas cargas al Salvador. Podemos pedirle que nos ayude a comprender, a sanar y a encontrar paz. No necesitamos resolverlo todo de una vez; podemos comenzar con una oración sincera y con la disposición de permitir que Él transforme nuestro corazón.
También podemos recordar que cada uno de nosotros tiene un lugar en la familia del Padre Celestial. Quien se siente solo, quien es el primero en aceptar el Evangelio o quien teme por el futuro de sus seres queridos puede aferrarse a esa verdad. Dios conoce a cada persona y respeta sus decisiones. Nuestra tarea es responder con fe, honrar nuestros convenios y ofrecer un ejemplo de amor que invite a otros a acercarse a Jesucristo.
Ser un eslabón fuerte comienza con decisiones pequeñas y constantes. Comienza cuando elegimos orar, arrepentirnos, servir y perseverar. La fidelidad que cultivamos hoy puede convertirse en una fuente de fortaleza para quienes vienen después de nosotros.
Que al terminar esta reflexión llevemos en el corazón una pregunta: ¿qué puedo hacer hoy para honrar mis convenios y fortalecer los vínculos que el Señor me ha confiado? Que encontremos una respuesta sencilla y tengamos la voluntad de llevarla a la práctica. Al hacerlo, podremos recibir más plenamente la paz del Salvador y avanzar con esperanza hacia el hogar eterno que nuestro Padre Celestial desea compartir con nosotros.
Para meditar
«Los matrimonios en el templo están destinados a durar para siempre».
La enseñanza de que los matrimonios en el templo están destinados a durar para siempre nos invita a contemplar la unión conyugal con una perspectiva eterna y a cuidarla cada día. El sellamiento ofrece una promesa sagrada cuyas bendiciones requieren que honremos nuestros convenios con Dios y cultivemos nuestra relación con fidelidad, sacrificio y consagración. Ese compromiso se expresa al escuchar con paciencia, compartir las responsabilidades, pedir perdón y procurar el bienestar del cónyuge. A medida que ambos se acercan a Jesucristo, pueden recibir fortaleza para afrontar las dificultades y aprender a amar con mayor comprensión. La esperanza de permanecer unidos por la eternidad da un profundo significado al esfuerzo de construir hoy un matrimonio donde haya respeto, confianza y crecimiento espiritual.
«Al honrar nuestros convenios, el Santo Espíritu de la promesa sella nuestras relaciones con eficacia, virtud y fuerza».
Esta enseñanza nos recuerda que las bendiciones eternas de las ordenanzas están vinculadas a nuestra fidelidad a Dios. El Espíritu Santo, en Su función como Santo Espíritu de la Promesa, confirma las ordenanzas debidamente efectuadas y los convenios que hemos honrado. Por eso, los compromisos que asumimos en el templo deben acompañarnos en nuestras decisiones diarias. Al vivir con fe, arrepentirnos y perseverar en Jesucristo, damos continuidad a esos convenios y cultivamos la esperanza de que nuestros vínculos familiares perduren por la eternidad.
«Dios no requerirá que un hombre o una mujer se sellen o vivan en una relación eterna que ellos no elijan».
Esta frase destaca el respeto del Padre Celestial por el albedrío de Sus hijos. Las relaciones eternas requieren una elección libre y un compromiso sincero, lo que da especial importancia al respeto y a la responsabilidad dentro del matrimonio. Cada persona conserva su capacidad de decidir, y esa libertad debe ser honrada. Comprender esta enseñanza nos invita a cultivar vínculos donde el amor se manifieste mediante la confianza, el cuidado mutuo y la disposición voluntaria de caminar juntos hacia Dios.
«A medida que nos convertimos en nuevas criaturas en Jesucristo, mejoramos nuestras relaciones».
La conversión a Jesucristo puede transformar nuestra manera de amar y de responder a los demás. Cuando reconocemos nuestros errores y buscamos Su ayuda, podemos aprender a escuchar con humildad, hablar con mayor bondad y abandonar comportamientos que dañan nuestros vínculos. Este cambio requiere esfuerzo y puede ser gradual, pero el Salvador nos ofrece fortaleza para perseverar. A medida que permitimos que Su Evangelio oriente nuestra vida, contribuimos a crear relaciones más respetuosas y abiertas al perdón.
«El servicio en el templo evoca la expiación de nuestro Salvador y ablanda corazones en ambos lados del velo».
Servir en el templo por nuestros familiares fallecidos nos acerca a la obra redentora de Jesucristo y puede despertar un amor más profundo por quienes nos precedieron. Al recordar sus vidas y ofrecerles las ordenanzas que pueden aceptar libremente, participamos en una obra que une a las generaciones. Ese servicio también puede ayudarnos a mirar con mayor comprensión las relaciones difíciles y a llevar nuestras heridas al Salvador. Mediante Su gracia, podemos encontrar fortaleza para perdonar y recibir paz, aun cuando la sanación requiera tiempo.


























