El Evangelio de Jesucristo es para todos

Conferencia General Octubre 2026

El Evangelio de Jesucristo es para todos

Por el presidente Dallin H. Oaks
Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Nuestro Salvador, Jesucristo, nos ha enseñado que Él es el camino. Céntrense en desarrollar su fe en Dios y en la misión de Su Hijo, Jesucristo.


Esta es la Iglesia de Jesucristo, llamada así porque es Su Iglesia con la plenitud restaurada de Su doctrina y autoridad en estos últimos días.

Es “Su Iglesia” por muchas razones. Como afirmamos en nuestro primer Artículo de Fe: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”. Dios el Padre, el gran Elohim, es el Padre de nuestros espíritus, el organizador de los cielos y de la tierra y el autor del plan de nuestra salvación. Jesucristo es Su Hijo Unigénito, Jehová y el Mesías, “el Dios de toda la tierra”. Como se declara en el Libro de Mormón, “la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ella”.

Los Santos de los Últimos Días se invitan unos a otros y a todos los hombres y mujeres de todas partes a “venir a Cristo”. Como nos ha dicho un profeta en el Libro de Mormón: “Quisiera que vinieseis a Cristo, el cual es el Santo de Israel, y participaseis de su salvación y del poder de su redención”.

Como su Presidente, ruego por lo que nuestro Padre Celestial desea para cada uno de nosotros: que seamos miembros activos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, avanzando por la senda de los convenios hacia las eternidades. Necesitamos las oraciones los unos de los otros. Siento el efecto positivo de sus oraciones. Estoy agradecido y los amo.

Todos tenemos preocupaciones o dificultades, presentes y futuras, que estamos tratando de superar. Estas podrían incluir preguntas o dudas. Sean cuales sean, la manera de superarlas es acercarnos más a nuestro Salvador, Jesucristo. Una y otra vez, Él nos ha enseñado que Él es el camino. Céntrense en desarrollar su fe en Dios y en la misión de Su Hijo, Jesucristo. Una fe fuerte requiere más que un deseo fuerte; significa esforzarse a diario, paso a paso, con la oración y el aprendizaje de las Escrituras.

Todos somos una obra en progreso. Todos nos encontramos en diferentes lugares de lo que el presidente Russell M. Nelson llamó “la senda de los convenios”. Debemos ser pacientes los unos con los otros y, en ocasiones, incluso con nosotros mismos. El superar la incertidumbre o duda —lo cual puede incluir resolver los conflictos entre la comprensión en constante evolución de la ciencia y las enseñanzas, a veces incompletas, de la religión— puede ser un proceso largo. Implica edificar la fe y fortalecer la humildad. Aférrense al primer Artículo de Fe aun cuando otras cosas sean inciertas. Y mientras esperan, esperen en el Señor, lo cual incluye confiar en Su tiempo, así como en Sus promesas.

Una fuente importante de preocupación para sus líderes profetas son aquellos miembros cuya fe en Jesucristo está disminuyendo. Los amamos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres. ¡Y también los ama el Señor Dios! Él busca de manera incesante y amorosa a cada uno de ustedes. Debido a esta preocupación y según Sus palabras, los insto a que guarden los mandamientos y sean fieles a los convenios que muchos de ustedes han hecho para que los guíen a lo largo de la senda de los convenios. Nunca permitan que su aprendizaje secular limite sus horizontes espirituales.

Estamos agradecidos de saber que hay dos métodos para obtener el conocimiento necesario: (1) los descubrimientos del hombre que evolucionan por medio del método científico y la información digital que puede ser incorrecta; y (2) las verdades descubiertas por medio de método espiritual, que comienza con la fe en Dios y se basa en las Escrituras, la enseñanza inspirada y la revelación personal. No existe un conflicto fundamental entre el conocimiento que se obtiene mediante estos diferentes métodos porque Dios, nuestro Padre Eterno omnipotente, conoce toda la verdad y nos invita a aprender por ambos métodos.

A lo largo del camino, debemos esforzarnos por acercarnos más a Jesucristo al aumentar nuestra humildad. El presidente Spencer W. Kimball definió la humildad como “enseñabilidad”. Explicó: “La enseñabilidad [es] la capacidad de darse cuenta de que no todas las virtudes y habilidades están concentradas en uno mismo. [La humildad] es perdonar a los demás al darnos cuenta de que [nosotros mismos podemos cometer] errores del mismo tipo o peores”.

Protéjanse mediante la renovación semanal de sus convenios al participar de la Santa Cena y por medio de constantes esfuerzos por vivir de acuerdo con esos convenios sagrados. Quienes hayan sido investidos deben incluir la asistencia regular al templo. Estas sencillas prácticas los protegerán y fortalecerán.

En el Libro de Mormón se enseña que el gran Creador murió “por todos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él”. Eso significa que, para que nuestros pecados sean perdonados mediante Su Expiación, debemos cumplir con las condiciones que Él ha establecido, entre las que se incluyen la fe, el arrepentimiento y el bautismo. El cumplimiento de estas condiciones depende de nuestros deseos, nuestras decisiones y nuestras acciones. “Viene al mundo para salvar a todos los hombres, si estos escuchan su voz”.

El Libro de Mormón aumenta nuestro conocimiento de cómo el ministerio terrenal de nuestro Salvador se extendió a todo Su rebaño disperso. En él se registran Su aparición y Sus enseñanzas a los nefitas en el continente americano. Allí Él repitió que el Padre le había mandado visitar a las otras ovejas que no eran de la tierra de Jerusalén. El Salvador también dijo que visitaría a otras personas “que todavía no ha[bían] oído [Su] voz”, tales como las “tribus perdidas de Israel”.

El Libro de Mormón es un gran testimonio de que el Señor ama a todas las personas y tiende la mano a todos, en todas partes.

“¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres, y que me acuerdo de los que viven en las islas del mar; y que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra; y manifiesto mi palabra a los hijos de los hombres, sí, sobre todas las naciones de la tierra?”.

Otras enseñanzas del Libro de Mormón contradicen la afirmación errónea de que la gracia de Dios salva solo a unos pocos elegidos. En el Libro de Mormón se enseña que nuestro Salvador invita “a todos […] a que vengan a él […]; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles”. Su gracia es para todos. De manera similar, en el Libro de Mormón se nos dice que los hijos de Dios en “toda nación” tienen Su promesa de que Él “se manifiesta por el poder del Espíritu Santo a cuantos en él creen”.

Estas promesas del Libro de Mormón son verdaderas. Millones de personas las creen y han tenido experiencias que afirman su veracidad. Invito a todos a creerlas.

Creemos que el Señor finalmente hará que las enseñanzas inspiradas que Él ha dado a Sus hijos en diversas naciones salgan a luz para beneficio de todas las personas. Esto incluirá los relatos de la visita del Señor resucitado a lo que llamamos las tribus perdidas de Israel y Sus revelaciones para toda la descendencia de Abraham.

Vivimos en los días predichos, en los que se envía rectitud desde los cielos y la verdad brota de la tierra para “inund[ar] la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a [los] escogidos de las cuatro partes de la tierra”. A nuestro alrededor vemos pruebas de que muchas personas en el mundo tienen hambre de nuestro Salvador, Jesucristo, y de Sus enseñanzas. Tal como se declara en su portada, el Libro de Mormón ha salido a la luz para que “conozca[mos] los convenios del Señor” y también para convencer a todos “de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones”. Hago un llamado a todos a actuar de acuerdo con estas verdades y a compartirlas con los demás, para que todos podamos acercarnos más a Jesucristo, nuestro Salvador. Extiendo esta invitación y añado mi testimonio de Él y de Su misión, en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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