El consuelo del Espíritu Santo

Conferencia General Octubre 2026

El consuelo del Espíritu Santo

Por el élder Matthew J. Eyring
De los Setenta

La paz del Salvador se manifiesta por medio del poder consolador del Espíritu Santo.


Hace poco, un amigo mío recibió una llamada de su esposa informándole que su joven hijo casado había fallecido inesperadamente la noche anterior. Me dijo que, en ese momento, un solo pensamiento le vino a la mente: “No puedo arreglar esto”.

Desde pequeños se nos educa para resolver problemas, para ser independientes, para tener perseverancia y resiliencia. Pero nuestra aparente autosuficiencia oculta una realidad más profunda: todos nosotros, independientemente de nuestra experiencia, talento o fuerza de voluntad, tarde o temprano enfrentaremos cargas que, por nosotros mismos, nos resultarán imposibles de llevar.

En otra ocasión, tuvimos la oportunidad de cenar con un joven matrimonio que acababa de perder a uno de sus gemelos justo antes de que nacieran. Era el primer embarazo de la pareja.

Mi esposa y yo pasamos por una experiencia similar hace muchos años, cuando ella se preparaba para dar a luz a gemelos y uno de ellos falleció antes de nacer. Mientras estábamos sentados a la mesa expresando la empatía que habíamos adquirido por medio de nuestro propio sufrimiento, nos sentimos agradecidos de poder “llorar con los que lloran; […] y consolar a los que necesitan de consuelo”. Hablamos sobre la crianza de los hijos, los sentimientos de pérdida y el camino hacia la sanación y la esperanza.

Nuestro trayecto terrenal está diseñado para poner a prueba nuestra fe. Nuestros desafíos serán diferentes según las circunstancias personales e incluso según el lugar del mundo en el que vivamos. Sé que a algunos de ustedes les preocupa tener comida suficiente cada día para ustedes y su familia. Todos afrontamos futuras limitaciones de salud física o emocional, o problemas de salud de nuestros seres queridos. Nos lamentamos cuando las personas cercanas a nosotros se desvían de la senda del Evangelio. Podemos sentirnos heridos por alguien que amamos o lastimados por el dolor que hemos causado a alguien que amamos. Tal vez nos sintamos incomprendidos o profundamente solos. Quizás tengamos un mal hábito que hayamos tratado de superar repetidamente sin éxito.

Es importante no permitir que nuestros desafíos afecten negativamente nuestra fe. Nuestro Salvador Jesucristo sufrió por nosotros. Él sabe exactamente cómo nos sentimos, especialmente en nuestros momentos más oscuros y difíciles. A medida que acudan humildemente al Señor y coloquen sus cargas sobre Él, tienen Su promesa: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros”. Él brindará consuelo; dará respuestas en Su propio tiempo conforme acudan a Él. Las respuestas llegarán por diversos medios, bajo la guía del Espíritu, a veces en forma de herramientas, recursos y la ayuda de otras personas. El Señor ha prometido:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

“El Espíritu de verdad, […] [que] mora con vosotros y estará en vosotros”.

Hemos recibido reiteradas advertencias proféticas de que, en los días venideros, no sobreviviremos espiritualmente sin la influencia constante del Espíritu Santo. Una de las razones es que, en un mundo de creciente turbulencia temporal y espiritual, las verdaderas fuentes de consuelo serán cada vez más escasas. Sin el consuelo divino, corremos el riesgo de perder la esperanza; y sin esperanza, podemos perder nuestra fe y dejar de intentarlo. Nuestro corazón puede desmayar.

Hay esperanza en Jesucristo.

El presidente Dallin H. Oaks dijo recientemente: “Me pregunto si apreciamos plenamente la enorme importancia de la creencia de una resurrección literal y universal. La convicción de que la muerte no es el final de nuestra identidad cambia todo el enfoque de la vida terrenal. Influye en cómo vemos los desafíos físicos de esta vida. Nos brinda fortaleza y perspectiva para soportar los desafíos terrenales que afronta cada uno de nosotros y también aquellos a quienes amamos. ¡Significa que las deficiencias de la vida terrenal solo son temporales! También nos da el valor para enfrentar nuestra propia muerte o la de nuestros seres queridos, incluso aquellas muertes que podríamos denominar prematuras”.

¿Apreciamos realmente todo lo que el Señor ha hecho por nosotros? Él nos libra de las únicas dos cosas que pueden causarnos desdicha permanente: la separación de nuestro cuerpo y la separación de Dios a causa del pecado. Al mismo tiempo que Él nos consuela en momentos temporales de dificultad y dolor, Él ha preparado nuestro rescate de una tragedia permanente.

En el Libro de Mormón, Jacob enseñó: “¡Oh cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, muerte e infierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu!”.

Algún día nos daremos cuenta más plenamente de cuán generoso y bondadoso ha sido el Señor con cada uno de nosotros. Comprenderemos y apreciaremos mejor la profundidad del sacrificio del Salvador y la realidad de que Él y el Padre son verdaderamente dadores de buenas dádivas.

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman”. Nos daremos cuenta de que todo el sufrimiento que nos acercó al Salvador nos estaba preparando para bendiciones mayores.

Mientras se encontraba en el hospital tras la pérdida del bebé gemelo de la joven pareja, la reciente madre recibió una bendición del sacerdocio. Sin embargo, el esposo no. Después de nuestra cena con ellos, tuve la oportunidad de darle una bendición del sacerdocio a ese afligido padre. Mediante los susurros del Espíritu, se le prometió una paz “que sobrepasa todo entendimiento” durante esa época difícil y a lo largo de su vida. Cuando él y su esposa se marcharon aquella noche, sus semblantes resplandecían con la luz de Aquel en quien todos debemos depositar toda nuestra confianza.

La paz del Salvador se manifiesta por medio del poder consolador del Espíritu Santo. Ese consuelo nos ayudará cuando atravesemos las inevitables dificultades de la vida y aquellos momentos en los que no podamos solucionar las cosas por nosotros mismos. Vivir dignos de la compañía constante del Espíritu Santo debe ser una de nuestras máximas prioridades.

Doy mi testimonio de que Jesucristo vive. Ruego que siempre pongamos nuestra fe y esperanza en Él, que creamos y hallemos consuelo en Su promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. En el nombre de Jesucristo. Amén.


Comentario

Hay momentos en la vida en los que nuestras capacidades resultan insuficientes para cambiar lo que está sucediendo. La pérdida de un ser querido, una enfermedad o una preocupación profunda pueden llevarnos a reconocer: “No puedo arreglar esto”. El discurso “El consuelo del Espíritu Santo”, del élder Matthew J. Eyring, parte de esa realidad para invitarnos a comprender cómo podemos recibir la paz de Jesucristo cuando enfrentamos circunstancias que no podemos resolver por nosotros mismos.

Mediante experiencias personales de pérdida y acompañamiento, el élder Eyring muestra la importancia de acercarnos al Señor con humildad y de permitir que otras personas compartan nuestras cargas. Su mensaje nos recuerda que el Salvador comprende nuestro sufrimiento y puede brindarnos consuelo por medio del Espíritu Santo. Esa ayuda puede manifestarse mediante impresiones espirituales, bendiciones del sacerdocio, recursos y personas que llegan a nuestra vida con disposición para servir.

El discurso también amplía nuestra perspectiva al relacionar el consuelo presente con la esperanza de la resurrección y la redención. Gracias a Jesucristo, la muerte y el pecado pueden ser vencidos. Esta verdad nos ofrece un fundamento para confiar aun mientras sentimos dolor y esperamos respuestas. La esperanza eterna puede sostenernos durante el duelo y ayudarnos a afrontar el futuro con fe.

Al comenzar este estudio, reflexionemos en nuestra disposición para buscar la compañía del Espíritu Santo y reconocer Su influencia. ¿Cómo podemos acercarnos al Salvador cuando sentimos que nuestras fuerzas no alcanzan? ¿De qué manera podemos acompañar a quienes necesitan consuelo? El mensaje del élder Eyring nos invita a cultivar una relación con Dios que nos permita recibir Su paz y compartir Su amor, confiando en la promesa del Salvador: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.


Enseñanzas principales

1. Reconocer nuestras limitaciones nos permite buscar la ayuda del Salvador
El élder Eyring comienza con una experiencia que revela el límite de la autosuficiencia: hay situaciones que no podemos resolver, por mucho conocimiento, voluntad o experiencia que tengamos. Reconocerlo puede ayudarnos a acudir humildemente a Jesucristo y aceptar apoyo. El valor de esta enseñanza está en comprender que nuestra capacidad para afrontar las pruebas también depende de nuestra disposición para recibir ayuda. La fe nos permite confiar nuestras cargas al Señor mientras buscamos los recursos y el acompañamiento que necesitamos.

2. El Espíritu Santo nos comunica la paz de Jesucristo en medio del dolor
La enseñanza central del discurso es que la paz del Salvador se manifiesta mediante el poder consolador del Espíritu Santo. Las experiencias de pérdida muestran que ese consuelo puede llegar mientras el duelo continúa y las preguntas permanecen. Su efecto puede ser una mayor capacidad para soportar el dolor, conservar la esperanza y sentirnos acompañados por Dios. Analíticamente, el mensaje distingue entre resolver una circunstancia y recibir fortaleza para atravesarla: ambas formas de ayuda son valiosas, y el consuelo espiritual puede sostenernos durante procesos prolongados de sanación.

3. La resurrección y la redención dan una perspectiva eterna a nuestras pruebas
El discurso relaciona el consuelo presente con la obra redentora de Jesucristo, quien hace posible vencer la muerte y regresar a Dios mediante el arrepentimiento. La esperanza de la resurrección transforma nuestra manera de comprender la pérdida, porque afirma que la muerte no termina nuestra identidad ni nuestra existencia. Esta perspectiva reconoce la profundidad del sufrimiento y lo sitúa dentro de un horizonte eterno. Por eso, recordar lo que el Salvador ha preparado para nosotros puede fortalecer nuestra confianza aun cuando todavía no comprendamos nuestras experiencias.

4. Consolar a otros es una manera de participar en el cuidado del Señor
La experiencia compartida entre el élder Eyring, su esposa y el joven matrimonio muestra cómo el sufrimiento vivido puede ayudarnos a desarrollar empatía. Su encuentro incluyó escuchar, conversar y acompañar, además de una bendición del sacerdocio. La enseñanza invita a convertir nuestra sensibilidad en servicio, procurando conocer las necesidades particulares de cada persona. Consolar requiere presencia, paciencia y respeto; nuestras experiencias pueden acercarnos a los demás si evitamos suponer que todos sienten o sanan de la misma manera.

5. Buscar la compañía constante del Espíritu Santo debe ser una prioridad
El élder Eyring presenta la influencia del Espíritu como una necesidad continua para conservar la esperanza y fortalecer la fe. Esto nos invita a cultivar diariamente nuestra relación con Dios mediante la oración, el arrepentimiento, la obediencia y la atención a las impresiones espirituales. El propósito es desarrollar una disposición receptiva al consuelo y a la guía del Señor. Esa guía también puede conducirnos hacia herramientas, recursos y personas que nos ayuden. La compañía del Espíritu se convierte así en un apoyo para tomar decisiones y afrontar las dificultades con mayor confianza en Jesucristo.


Puntos doctrinales

1. El Espíritu Santo es el Consolador prometido por Jesucristo
El discurso recuerda la promesa del Salvador de que el Padre enviaría otro Consolador para acompañar a Sus discípulos. El Espíritu Santo comunica la paz de Jesucristo, fortalece nuestra esperanza y nos guía hacia la verdad. Comentario analítico: Esta doctrina permite comprender que el consuelo divino puede recibirse mientras las dificultades permanecen. Su influencia puede ayudarnos a sentir el amor de Dios y a perseverar, aunque todavía no tengamos respuestas completas. Por ello, buscar Su compañía constante adquiere importancia tanto en nuestra vida cotidiana como durante las crisis.

2. La expiación de Jesucristo le permite comprendernos y socorrernos
El élder Eyring enseña que el Salvador sufrió por nosotros y sabe exactamente cómo nos sentimos, especialmente en nuestros momentos más difíciles. Podemos acercarnos a Él con nuestras cargas y confiar en Su comprensión perfecta. Comentario analítico: La expiación fundamenta nuestra confianza en que el Señor conoce personalmente nuestro sufrimiento. Su ayuda puede llegar mediante consuelo espiritual, orientación, recursos y personas. Esta enseñanza nos invita a recibir esas distintas formas de apoyo como oportunidades para experimentar Su cuidado.

3. La resurrección y la redención hacen posible vencer la muerte física y la espiritual
El discurso identifica dos grandes condiciones de las que Jesucristo nos rescata: la separación del cuerpo y el espíritu mediante la muerte, y la separación de Dios a causa del pecado. Gracias al Salvador, todos resucitaremos y podemos recibir perdón y reconciliación con Dios mediante la fe y el arrepentimiento. Comentario analítico: Estas verdades dan profundidad a la esperanza cristiana. La muerte no termina nuestra existencia, y el pecado puede ser superado por medio de Cristo. Esta perspectiva eterna puede sostenernos durante el duelo y motivarnos a volver al Señor con confianza en Su misericordia.

4. La oración y la fe nos acercan al Señor y nos preparan para recibir Su ayuda
La promesa “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros” enseña que podemos cultivar una relación cercana con Dios. Al acudir a Él humildemente, expresamos nuestra confianza y buscamos Su dirección. Comentario analítico: El discurso reconoce que las respuestas llegan conforme al tiempo del Señor y por diversos medios. La fe requiere receptividad para reconocer una ayuda que puede diferir de nuestras expectativas. La oración sostiene esa relación mientras esperamos, actuamos y buscamos los recursos disponibles.

5. Los convenios nos comprometen a consolar, y el sacerdocio ofrece bendiciones de fortaleza
La invitación a “llorar con los que lloran” y “consolar a los que necesitan de consuelo” expresa nuestra responsabilidad de acompañarnos como discípulos de Jesucristo. El relato también muestra una bendición del sacerdocio mediante la cual se comunicó una promesa de paz bajo la guía del Espíritu. Comentario analítico: Ambas enseñanzas muestran cómo el Señor puede ministrar por medio de Sus siervos. La empatía, la escucha y el servicio dan expresión práctica a nuestros convenios, mientras que las bendiciones del sacerdocio ofrecen orientación y consuelo conforme a la voluntad de Dios. Recibir ese apoyo puede fortalecer nuestra esperanza sin eliminar necesariamente el proceso del duelo.


Comentario final

El discurso “El consuelo del Espíritu Santo”, del élder Matthew J. Eyring, nos recuerda que hay experiencias que sobrepasan nuestra capacidad para resolverlas. Reconocer esa realidad puede abrir nuestro corazón a una confianza más profunda en Jesucristo. Cuando enfrentamos una pérdida, una preocupación persistente o una carga que parece imposible de llevar, podemos acudir a Él con sinceridad, sabiendo que comprende nuestro sufrimiento.

Una enseñanza central de este mensaje es que la paz del Salvador puede acompañarnos mientras atravesamos el dolor. El consuelo del Espíritu Santo nos ayuda a conservar la esperanza, recibir orientación y encontrar fortaleza para continuar. Su influencia puede manifestarse de manera serena y gradual, mediante una impresión espiritual, una bendición, un recurso oportuno o la presencia de alguien dispuesto a escuchar. Aprender a reconocer esa ayuda requiere paciencia y sensibilidad hacia nuestra propia experiencia.

La esperanza de la resurrección y la redención da un fundamento eterno a ese consuelo. Gracias a Jesucristo, la muerte no termina nuestra existencia y el pecado puede ser vencido mediante Su expiación y nuestro arrepentimiento. Estas verdades nos permiten mirar el futuro con confianza aun cuando el presente siga siendo difícil. Podemos llorar una pérdida y, al mismo tiempo, sostener la esperanza de las promesas del Señor.

El discurso también nos invita a participar en el consuelo que otros necesitan. Las experiencias personales del élder Eyring muestran el valor de compartir el dolor con empatía y respeto. Acompañar a alguien puede significar escuchar sin apresurar respuestas, ofrecer ayuda concreta y permanecer cerca durante un proceso que quizá sea largo. Al hacerlo, damos expresión a nuestro compromiso de llorar con quienes lloran y consolar a quienes necesitan consuelo.

Al concluir, preguntémonos qué podemos hacer para cultivar la compañía del Espíritu Santo y estar más atentos a quienes sufren. Tal vez necesitemos dedicar más tiempo a la oración, aceptar apoyo o acercarnos a una persona que se siente sola. El mensaje nos deja una invitación a confiar en Jesucristo y buscar Su paz, recordando Su promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. Esa certeza puede sostenernos incluso cuando todavía no sabemos cómo se resolverán nuestras dificultades.

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