Seamos diligentes en hacer lo que nos corresponde
Por Henry D. Moyle
del Concilio de los Doce.
Dado el 4 de octubre de 1952 en la Conferencia General.
¡Oh, que fuera yo un ángel, y pudiera realizar el deseo de mi corazón, para poder adelantarme y hablar con la trompeta de Dios, con una voz tal que estremeciera la tierra, clamando el arrepentimiento a todas las gentes! (Alma 29:1), fué la declaración del Profeta de la antigüedad.
Estoy seguro que hoy entre nuestras vi- das muchos queremos ser otra cosa diferente de la que somos, pensando que la suerte dedos demás es mejor que la nuestra. Pero Alma siguió diciendo:
Si, declararía a toda alma viviente, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención, y que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que ya no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra.
Mas, he aquí, que soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería contentarme con lo que el Señor me ha concedido, (ib. 29:2-3).
Creo que nosotros, como colaboradores en el Sacerdocio, podríamos tomar a pecho la amonestación de Alma y contentarnos con lo que Dios nos ha concedido. Podríamos estar seguros de que nosotros tuvimos algo que ver con nuestra porción en nuestro estado pre-existente. Esta sería otra razón para aceptar nuestra condición actual y disfrutar de ella hasta donde podamos. Concordamos en esto.
Se nos dice en las Doctrinas y Convenios que:
El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas.
El hombre fué también en el principio con Dios. La inteligencia, o la luz de verdad, no fué creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser.
Entonces el Señor dice: Seguir leyendo
por José P. Merrill









Trabajen juntos. Los niños necesitan trabajar al lado de sus padres para aprender que el trabajo es el precio que se debe pagar para lograr la limpieza, el progreso y la prosperidad.


























