Gran amor por los hijos de nuestro Padre

Conferencia General Abril 2019

Gran amor por los hijos de nuestro Padre

Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El amor es el atributo y la motivación principal para los propósitos espirituales que nuestro amado profeta nos pidió que asumiéramos.

Mis queridos hermanos y hermanas, esta es una época única y trascendental en la historia. Tenemos la bendición de vivir en la última dispensación antes de la segunda venida del Salvador. Al comienzo de esta dispensación, en 1829, el año anterior a la organización formal de la Iglesia, se recibió una preciada revelación que declara que “una obra maravillosa” estaba “a punto de aparecer”. Esa revelación estableció que aquellos que desean servir a Dios cumplen con los requisitos para tal servicio si tienen “fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios”1. La caridad, que es “el amor puro de Cristo”2, abarca el amor eterno que Dios tiene por todos Sus hijos3.

Esta mañana, mi propósito es hacer hincapié en el papel esencial de esa clase de amor en la obra misional, en la obra del templo y de historia familiar, y en la observancia religiosa de la familia centrada en el hogar y apoyada por la Iglesia. El amor por el Salvador y el amor por nuestros semejantes4 son el atributo y la motivación principales para ministrar y los propósitos espirituales5 que nuestro amado profeta, el presidente Russell M. Nelson, nos pidió que asumiéramos en los ajustes que se anunciaron en 2018.

El esfuerzo misional para recoger al Israel disperso

A temprana edad, se me manifestó la relación que existe entre la obra misional y el amor. Cuando tenía 11 años, recibí una bendición patriarcal de un patriarca que también era mi abuelo6. Esa bendición decía en parte: “Te bendigo con gran amor por tus semejantes, porque serás llamado a llevar el Evangelio al mundo… para ganar almas para Cristo”7.

Incluso a esa temprana edad, comprendí que compartir el Evangelio se basaba en un gran amor por todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

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Cristo: La luz que resplandece en las tinieblas

Conferencia General Abril 2019

Cristo: La luz que resplandece en las tinieblas

Por Sharon Eubank
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Si sienten que el faro de su testimonio se va apagando y las tinieblas se vuelven más densas, ármense de valor; cumplan sus promesas a Dios.

Mi oficina en el edificio de la Sociedad de Socorro tiene una vista perfecta del Templo de Salt Lake. Cada noche, con la precisión de un reloj, las luces exteriores del templo se encienden al atardecer. El templo es un faro constante y tranquilizador justo fuera de mi ventana.

Una noche del pasado febrero, mi oficina permaneció inusualmente poco iluminada al ponerse el sol. Al mirar por la ventana, el templo estaba oscuro; las luces no se habían encendido. De repente, me sentí triste. No podía ver las torres del templo que había vislumbrado cada noche por años.

Ver oscuridad donde esperaba ver luz, me recordó que una de las necesidades fundamentales que tenemos a fin de progresar es mantenernos conectados a nuestra fuente de luz: Jesucristo. Él es la fuente de nuestro poder, la Luz y la Vida del mundo. Sin una fuerte conexión a Él, comenzamos a morir espiritualmente. Con ese conocimiento, Satanás intenta explotar las presiones mundanas que todos afrontamos. Él trabaja para atenuar nuestra luz, poner la conexión en cortocircuito, cortar el suministro de energía y dejarnos solos en la oscuridad. Esas presiones son condiciones comunes en la vida terrenal, pero Satanás trabaja con esmero para aislarnos y decirnos que somos los únicos que las estamos sufriendo.

Algunos de nosotros estamos paralizados por el dolor Seguir leyendo

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Tener muchas bendiciones

Conferencia General Abril 2019

Tener muchas bendiciones

Por el élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La mayoría de las bendiciones que Dios desea darnos requieren acción de nuestra parte, acción basada en nuestra fe en Jesucristo.

Mis queridos hermanos y hermanas, nuestro Padre Celestial y Jesucristo desean bendecir a cada uno de nosotros1. La cuestión de cómo acceder y obtener dichas bendiciones ha sido tema de debate y análisis teológicos durante siglos2. Algunos sostienen que las bendiciones se ganan por completo; las recibimos solo por medio de nuestras obras. Otros argumentan que Dios ya ha escogido a quién bendecirá y cómo, y que esas decisiones son inmutables. Ambas posturas son básicamente erróneas. Las bendiciones del cielo no se ganan acumulando frenéticamente “fichas de buenas obras”, ni esperando impotentes para ver si ganamos la lotería de bendiciones. No, la verdad tiene muchos más matices, pero es más apropiada para la relación entre un amoroso Padre Celestial y Sus herederos en potencia: nosotros. La verdad restaurada revela que las bendiciones nunca se ganan, pero las acciones de nuestra parte, tanto las iniciales como las continuas, inspiradas por la fe, son esenciales3.

Al considerar cómo recibimos bendiciones de Dios, comparemos las bendiciones celestiales a un enorme montón de leña. Imaginen en el centro un pequeño montículo de yesca, cubierto por una capa de astillas de madera. Después hay palos, luego pequeños troncos y finalmente troncos enormes. Ese montón de leña contiene una inmensa cantidad de combustible, capaz de producir luz y calor durante días. Imaginen junto al montón de leña una única cerilla, del tipo de las que tienen punta de fósforo4.

Para que se libere la energía del montón de leña, es necesario encender la cerilla y prender la yesca, la cual comenzará a arder rápidamente y hará que se enciendan los troncos más grandes. Una vez que comienza la reacción de combustión, esta continúa hasta que se quema toda la leña o hasta que el fuego quede desprovisto de oxígeno. Seguir leyendo

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Podemos actuar mejor y ser mejores

Conferencia General Abril 2019

Podemos actuar mejor y ser mejores

Por el presidente Russell M. Nelson

Centren su atención en el arrepentimiento diario como una parte tan integral de su vida que puedan ejercer el sacerdocio con más poder que nunca.


Mis queridos hermanos, es inspirador contemplar esta vasta congregación de poseedores del sacerdocio del batallón del Señor. ¡Qué poderosa fuerza para bien son ustedes! Los queremos; oramos por ustedes; y estamos muy agradecidos por ustedes.

Recientemente he sentido un particular interés en la instrucción del Señor dada mediante el profeta José Smith: “No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación”1. Esa declaración a menudo se repite a lo largo de las Escrituras2. Plantea una pregunta obvia: “¿Todos tienen necesidad de arrepentirse?” La respuesta es sí.

Demasiadas personas consideran el arrepentimiento como un castigo; algo a evitarse excepto en las circunstancias más graves; pero es Satanás quien genera ese sentimiento de castigo. Él trata de impedir que miremos hacia Jesucristo3, que espera con los brazos abiertos4, con la esperanza y disposición de sanarnos, perdonarnos, limpiarnos, fortalecernos, purificarnos y santificarnos.

La palabra arrepentimiento en el Nuevo Testamento en griego es metanoeo. El prefijo meta- significa “cambio”; el sufijo -noeo se relaciona con palabras griegas que significan “mente”, “conocimiento”, “espíritu” y “aliento”5.

Por tanto, cuando Jesús nos pide a ustedes y a mí que nos “arrepintamos”6, nos invita a cambiar nuestra mente, conocimiento, espíritu, e incluso cómo respiramos. Nos pide que cambiemos la forma en que amamos, pensamos, servimos, invertimos el tiempo, tratamos a nuestra esposa, enseñamos a nuestros hijos, y aun cómo cuidamos nuestro cuerpo. Seguir leyendo

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¿A qué conducirá esto?

Conferencia General Abril 2019

¿A qué conducirá esto?

Por el presidente Dallin H. Oaks
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tomamos mejores decisiones si consideramos las alternativas y reflexionamos a dónde nos conducirán.

El evangelio restaurado de Jesucristo nos alienta a pensar en el futuro. Explica el propósito de la vida terrenal y la realidad de la vida venidera; enseña grandes ideas sobre el futuro para guiar nuestras acciones en la actualidad.

Por el contrario, todos conocemos personas a quienes les interesa solo el presente: gástalo hoy, disfrútalo hoy y no te preocupes por el futuro.

Nuestro presente y nuestro futuro serán más felices si siempre somos conscientes del futuro. Cuando tomamos decisiones en la actualidad, siempre debemos preguntarnos: “¿A qué conducirá esto?”.

I.

Algunas decisiones son elecciones entre hacer algo o no hacer nada. Escuché un ejemplo de este tipo de elecciones hace muchos años en una conferencia de estaca en Estados Unidos.

El lugar era un hermoso campus universitario. Una multitud de jóvenes estudiantes se hallaba sentada en el césped. El orador que describió esta circunstancia dijo que los alumnos observaban cómo una adorable ardilla, con su cola grande y tupida, jugaba al pie de un hermoso árbol de madera noble. A veces estaba en el suelo, otras subía, bajaba y giraba alrededor del tronco. ¿Pero por qué atraía esa escena común a una multitud de estudiantes?

A poca distancia, extendido boca abajo en el césped, había un setter irlandés. El perro era lo que les llamaba la atención a los alumnos, y este, a su vez, estaba interesado en la ardilla. Cada vez que la ardilla se perdía de vista por un instante mientras daba vueltas alrededor del árbol, el perro se arrastraba sigilosamente unos centímetros y luego adoptaba su postura de apariencia indiferente. Eso era lo que había captado el interés de los alumnos, quienes, en silencio e inmóviles, tenían la mirada fija en el suceso cuyo desenlace era cada vez más evidente.

Al final, el perro estuvo lo suficientemente cerca como para brincar sobre la ardilla y capturarla con la boca. La multitud suspiró con horror, y los alumnos avanzaron a toda velocidad y le arrebataron el pequeño animalito al perro, pero era demasiado tarde; la ardilla estaba muerta.

Cualquier persona de la multitud podría haber advertido a la ardilla en cualquier momento haciendo señas o con un grito, pero nadie lo hizo. Solo observaron mientras poco a poco se acercaba el desenlace inevitable. Nadie se preguntó: “¿A qué conducirá esto?”. Cuando sucedió lo que era predecible, todos se apresuraron para prevenir el resultado, pero era demasiado tarde. Lo único que podían hacer era lamentarse con tristeza.

Esa historia real es como una especie de parábola; se aplica a cosas que vemos en nuestra propia vida y en la vida de las personas y las circunstancias que nos rodean. Cuando vemos las amenazas que acechan a las personas o cosas que queremos, podemos decidir hablar o actuar, o permanecer en silencio. Es bueno que nos preguntemos: “¿A qué conducirá esto?”. Cuando las consecuencias son inmediatas y graves, no podemos darnos el lujo de no hacer nada; debemos hacer advertencias adecuadas o apoyar esfuerzos preventivos apropiados mientras aún hay tiempo.

Las decisiones que acabo de describir suponen elegir entre hacer algo o no hacer nada. Son más comunes las decisiones entre hacer una u otra cosa; estas incluyen elegir entre lo bueno y lo malo, pero con más frecuencia son decisiones entre dos cosas buenas. En esos casos también es preferible preguntarse a qué conducirá esto. Muchas veces debemos decidir entre dos cosas buenas, lo cual a menudo implica cómo utilizaremos nuestro tiempo. No hay nada de malo en jugar a los videojuegos, enviar mensajes de texto, mirar televisión o hablar por teléfono, pero cada una de esas cosas presupone lo que llamamos un “costo de oportunidad”; lo cual significa que, si pasamos tiempo haciendo algo, perdemos la oportunidad de hacer otra cosa. Estoy seguro de que pueden ver que debemos considerar con sumo cuidado qué es lo que perdemos durante el tiempo que dedicamos a una actividad, aunque esta sea perfectamente buena en sí misma.

Hace un tiempo di un discurso titulado “Bueno, Mejor, Excelente”. En ese discurso dije que “… el solo hecho de que algo sea bueno, no es razón suficiente para hacerlo. El número de cosas buenas que podemos hacer es mucho mayor que el tiempo disponible para lograrlas. Algunas cosas son mejores que buenas, y merecen que les demos prioridad… Debemos abandonar algunas cosas buenas a fin de elegir otras que son mejores o excelentes…”1.

Tengan una perspectiva amplia. ¿Qué efecto tendrán en nuestro futuro las decisiones que tomamos en el presente? Recuerden la importancia de obtener una formación académica, estudiar el Evangelio, renovar nuestros convenios al tomar la Santa Cena y asistir al templo.

II.

“¿A qué conducirá esto?” también es importante al elegir cómo nos clasificamos o qué pensamos de nosotros mismos. Lo más importante es que cada uno de nosotros es un hijo de Dios con el potencial de alcanzar la vida eterna. Todas las demás etiquetas, incluso nuestra ocupación, raza, características físicas u honores, son temporales o triviales en términos eternos. No decidan ponerse etiquetas o verse a sí mismos en términos que pongan límites a una meta que podrían esforzarse por alcanzar.

Mis hermanos, y mis hermanas que tal vez vean o lean lo que estoy diciendo, espero que sepan por qué sus líderes impartimos las enseñanzas y el consejo que impartimos. Les amamos, y nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo les aman. Su plan para nosotros es el “gran plan de felicidad” (Alma 42:8). Dicho plan y Sus mandamientos, ordenanzas y convenios nos conducen a la mayor felicidad y gozo en esta vida y en la vida venidera. Como siervos del Padre y del Hijo, enseñamos y aconsejamos lo que Ellos nos han indicado por medio del Espíritu Santo. No tenemos otro deseo que el de hablar la verdad y alentarles a hacer lo que Ellos han establecido como el sendero que conduce a la vida eterna, “el mayor de todos los dones de Dios” (Doctrina y Convenios 14:7).

III.

Les doy otro ejemplo del efecto que tienen en el futuro las decisiones que tomamos en el presente. Este ejemplo tiene que ver con la decisión de hacer un sacrificio en el presente para lograr una meta importante en el futuro.

En una conferencia de estaca en Cali, Colombia, una hermana declaró que ella y su prometido deseaban casarse en el templo, pero en aquel entonces el templo más cercano estaba lejos, en Perú. Por mucho tiempo, ellos ahorraron dinero para los pasajes de autobús. Finalmente abordaron el autobús hacia Bogotá, pero cuando llegaron allí, descubrieron que todos los asientos del autobús que iba a Lima, Perú, estaban ocupados. Podían regresar a casa sin casarse o casarse fuera del templo. Por suerte, había otra alternativa: podían tomar el autobús hasta Lima si estaban dispuestos a sentarse en el piso del vehículo durante los cinco días y cinco noches que duraba el viaje. Decidieron hacer eso. Ella dijo que fue difícil, aunque algunos pasajeros a veces les permitieron sentarse en sus asientos para así poder estirarse en el piso.

Lo que me impresionó del discurso de esa hermana fue que declaró que estaba agradecida de que ella y su esposo hubieran podido ir al templo de esa manera, ya que cambió la manera en que percibían el Evangelio y el matrimonio en el templo. El Señor los ha recompensado con el crecimiento que viene del sacrificio. Ella también señaló que el viaje de cinco días hasta el templo aportó mucho más a su espiritualidad que muchas visitas al templo que no implicaron un sacrificio.

En los años que han transcurrido desde que escuché ese testimonio, me he preguntado lo diferente que la vida de esa joven pareja habría sido si hubieran tomado otra decisión, renunciando al sacrificio necesario para casarse en el templo.

Hermanos, en la vida tomamos incontables decisiones, algunas grandes y otras aparentemente pequeñas. Al mirar atrás, podemos ver la gran diferencia que algunas de nuestras decisiones marcaron en nuestra vida. Tomamos mejores decisiones si consideramos las alternativas y reflexionamos a dónde nos conducirán. Al hacerlo, estaremos siguiendo el consejo del presidente Russell M. Nelson de comenzar con el fin en mente2. Para nosotros, el fin siempre está en la senda de los convenios que pasa por el templo y hacia la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios.

Testifico de Jesucristo y de los efectos de Su expiación, y de las demás verdades de Su evangelio sempiterno; en el nombre de Jesucristo. Amén.


Referencias

  1. Dallin H. Oaks, “Bueno, Mejor, Excelente”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 104, 107.
  2. Véase Russell M. Nelson, “Al avanzar juntos”, Liahona, abril de 2018, pág. 7.
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El poder de la fe sustentadora

Conferencia General Abril 2019

El poder de la fe sustentadora

Por el presidente Henry B. Eyring
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Al levantar la mano para sostener, hacen una promesa a Dios —cuyos siervos ellos son— de que ustedes los sostendrán.

Muchas veces he oído a los líderes del sacerdocio dar gracias por la fe sustentadora de aquellos a quienes sirven. Por la emoción en sus palabras, sabemos que su agradecimiento es profundo y real. Mi propósito hoy es transmitir el agradecimiento del Señor porque ustedes sostienen a Sus siervos en Su Iglesia; y también alentarlos a ejercer y aumentar ese poder para sostener a otras personas mediante su fe.

Antes de nacer, ustedes demostraron ese poder. Piensen en lo que sabemos sobre el mundo de los espíritus antes de que naciéramos. Nuestro Padre Celestial presentó un plan para Sus hijos; nosotros estábamos allí. Lucifer, nuestro hermano en espíritu, se opuso al plan que nos permitiría la libertad de escoger. Jehová, el Hijo Amado del Padre Celestial, apoyó el plan. Lucifer encabezó una rebelión; la voz de apoyo de Jehová prevaleció, y Él se ofreció como voluntario para ser nuestro Salvador.

El hecho de que ustedes estén ahora en la vida terrenal nos confirma que apoyaron al Padre y al Salvador. Se requirió fe en Jesucristo para sostener el plan de felicidad y el lugar que Jesucristo ocuparía en el plan cuando sabían tan poco sobre las dificultades que afrontarían en la mortalidad.

Su fe para sostener a los siervos de Dios también ha sido parte esencial de su dicha en esta vida. Cuando aceptaron la exhortación de un misionero a orar para saber que el Libro de Mormón era la palabra de Dios, tuvieron la fe de sostener a un siervo del Señor. Cuando aceptaron la invitación a bautizarse, sostuvieron a un humilde siervo de Dios. Seguir leyendo

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Mirar hacia Jesucristo

Conferencia General Abril 2019

Mirar hacia Jesucristo

Por el élder Kim B. Clark
De los Setenta

Si miramos hacia Jesucristo, Él nos ayudará a vivir nuestros convenios y magnificar nuestro llamamiento como élderes de Israel.

Mientras Jesús caminaba por una calle cerca de Capernaúm1 con una gran multitud de personas a Su alrededor, una mujer afligida por una grave enfermedad durante doce años extendió la mano y tocó el borde de Su manto. La mujer sanó al instante2.

En las Escrituras se registra que Jesús, al percibir “que ha[bía] salido poder de [Él]”3, “volviéndose a la multitud”4, “miraba… para ver a la que había hecho esto”5. “Cuando la mujer vio que no había pasado inadvertida”6, “se postró delante de él, y le dijo toda la verdad”7.

Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha sanado; ve en paz”8.

Jesucristo salvó a la mujer; fue sanada físicamente, pero cuando Jesús se volvió para verla, ella declaró su fe en Él, y Él le sanó el corazón9. Le habló con amor, le confirmó Su aprobación y la bendijo con Su paz10.

Hermanos, como poseedores del Santo Sacerdocio, estamos consagrados a la obra de salvación. Durante el último año, el Señor ha puesto el liderazgo de esta obra directamente sobre los hombros de los élderes de Israel11. Tenemos un mandato inspirador del Señor: al trabajar con nuestras hermanas, debemos ministrar de una manera más santa, acelerar el recogimiento de Israel en ambos lados del velo, hacer de nuestros hogares santuarios de fe y de aprendizaje del Evangelio, y preparar el mundo para la segunda venida de Jesucristo12.

Así como en todo, el Salvador nos ha mostrado el modo: tenemos que confiar en Jesucristo y servirle tal como Él confiaba en Su Padre y lo servía13. El Salvador lo dijo de esta forma al profeta José Smith: Seguir leyendo

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El cuórum: Un lugar de pertenencia

Conferencia General Abril 2019

El cuórum: Un lugar de pertenencia

Por el élder Carl B. Cook
De la Presidencia de los Setenta

El Señor desea que establezcan un cuórum fuerte. A medida que Él recoge a Sus hijos, estos necesitan un lugar al que puedan pertenecer y donde puedan crecer.

En 2010, Andre Sebako era un joven que buscaba la verdad. Aunque nunca antes había ofrecido una oración sincera, decidió intentarlo. Poco tiempo después conoció a los misioneros; ellos le dieron una tarjeta de obsequio con una foto del Libro de Mormón. Andre sintió algo y les preguntó a los misioneros si podían venderle el libro. Le respondieron que podía tener el libro sin costo alguno si iba a la Iglesia1.

Andre asistió solo a la entonces recién creada rama Mochudi, en Botswana, África. La rama era un grupo amoroso y unido que constaba de alrededor de 40 miembros2, quienes recibieron a Andre con los brazos abiertos. Él escuchó las lecciones de los misioneros y se bautizó; ¡fue maravilloso!

Pero, ¿después qué? ¿Cómo podría Andre permanecer activo? ¿Quién lo ayudaría a avanzar en la senda de los convenios? Una respuesta a esa pregunta es: ¡su cuórum del sacerdocio!3.

Todo poseedor del sacerdocio, sea cual sea su situación, se beneficia de un cuórum fuerte. Mis jóvenes hermanos que poseen el Sacerdocio Aarónico, el Señor desea que establezcan un cuórum fuerte, un lugar de pertenencia para cada uno de los hombres jóvenes, un lugar en el que el Espíritu del Señor esté presente, un lugar en el que todos los miembros del cuórum sean bienvenidos y valorados. A medida que el Señor recoge a Sus hijos, estos necesitan un lugar al que puedan pertenecer y donde puedan crecer. Seguir leyendo

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Su libro de jugadas del sacerdocio

Conferencia General Abril 2019

Su libro de jugadas del sacerdocio

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Creen su propio libro de jugadas de cómo demostrarán que son discípulos de Cristo.


En diciembre, la Primera Presidencia emitió un comunicado que anunciaba que los niños de 11 años “comenza[rían] a asistir… a los cuórums del Sacerdocio Aarónico… a principios de enero del año en que cumpli[eran] los 12 años”1.

Como resultado, durante la primera parte de este año hubo muchos niños de 11 años sorprendidos, que habían supuesto que se quedarían en la Primaria hasta su próximo cumpleaños, pero que ahora repartían la Santa Cena los domingos en calidad de diáconos recién ordenados de la Iglesia.

Me pregunto quiénes se sorprendieron más con el cambio: los diáconos o sus padres. De estos casi 80 000 nuevos diáconos, muchos están con nosotros esta noche en este gran Centro de Conferencias o están participando mediante la tecnología. ¡Bienvenidos a la gran hermandad del sacerdocio!

Ese cambio hace que esta sea una reunión histórica; posiblemente sea el grupo más grande de poseedores del Sacerdocio Aarónico que jamás haya asistido a la sesión general del sacerdocio de la conferencia general. A la luz de esta ocasión especial, dirijo mis palabras particularmente a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico.

Lecciones que se aprenden en los deportes

Como estudiantes, muchos de ustedes también cultivan sus talentos, intereses y pasatiempos mediante actividades extracurriculares en la escuela o en lecciones privadas, equipos y grupos extraescolares, entre ellos, los deportes. Seguir leyendo

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He aquí el Cordero de Dios

Conferencia General Abril 2019

He aquí el Cordero de Dios

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Nuestros servicios dominicales modificados son para dar prioridad a la Santa Cena del Señor como el centro de atención sagrado y reconocido de nuestra experiencia semanal de adoración.

Estaba bien, hasta que vi las lágrimas en los ojos de los jóvenes de este coro. Esas lágrimas son el sermón más elocuente de lo que yo jamás podría dar.

Alzando la vista desde la orilla, mirando más allá de las ansiosas multitudes que acudían a que él las bautizara, Juan, a quien llamaban el Bautista, vio en la distancia a su primo, Jesús de Nazaret, caminando con resolución hacia él para solicitarle la misma ordenanza. Con reverencia, pero lo suficientemente audible para los que estaban cerca, Juan expresó la admiración que todavía nos conmueve dos mil años después: “He aquí el Cordero de Dios”1.

Resulta instructivo que el antecesor de Jesús por tanto tiempo profetizado no lo llamara “Jehová”, “Salvador” ni “Redentor”, ni siquiera “el Hijo de Dios”, que eran todos títulos aplicables. No, Juan escogió la imagen más antigua, y tal vez la más comúnmente reconocida, de la tradición religiosa de su pueblo. Utilizó la figura del cordero del sacrificio que se ofrecía como expiación por los pecados y los pesares de un mundo caído y de las personas caídas que lo habitan.

Permítanme analizar un poco esa historia. Seguir leyendo

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Escuchar Su voz

Conferencia General Abril 2019

Escuchar Su voz

Por el élder David P. Homer
De los Setenta

En un mundo con tantas voces contradictorias, nuestro Padre Celestial ha hecho posible que oigamos Su voz y la sigamos.

Temprano esta mañana, el hermano de mi esposa le entregó una nota que ella había escrito a su madre hace muchos años. En ese entonces, la hermana Homer era solo una niña. En parte, esa nota decía: “Querida madre, lo siento por no haber compartido mi testimonio hoy, pero te amo”. Cuando fui a almorzar, pensé que eso era algo interesante. Así que, me senté y escribí una nota que decía: “Estimado presidente Nelson, lo siento por no haber dado mi discurso hoy, pero lo amo”. De alguna manera, eso no me pareció bien. Así que, estoy aquí y feliz de añadir mis palabras a aquellos que han hablado en esta sesión.

Hace muchos años, viajé en un pequeño avión que tenía al mando un piloto que acababa de obtener su licencia. Al final del vuelo, se nos autorizó a aterrizar, pero al acercarnos a tierra, oí una alarma en la cabina que advertía al piloto que debía “levantar vuelo”. El piloto miró al copiloto, que tenía más experiencia; este apuntó hacia abajo, lejos de la pista, y le dijo: “¡Ahora!”.

Nuestro avión se movió rápidamente hacia la izquierda y hacia abajo, luego subió a la altitud adecuada, volvió a iniciar la maniobra de aterrizaje y llegamos sanos y salvos a nuestro destino. Más tarde supimos que otro avión había sido autorizado para despegar. Si hubiéramos seguido las instrucciones de la alarma, habríamos girado hacia el avión que se aproximaba, en lugar de alejarnos de él. Esa experiencia me enseñó dos lecciones importantes: la primera es que, en momentos críticos de la vida, oiremos muchas voces que competirán por nuestra atención. La segunda es que es esencial que prestemos atención a las voces correctas. Seguir leyendo

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Deleitarse en las palabras de Cristo

Conferencia General Abril 2019

Deleitarse en las palabras de Cristo

Por el élder Takashi Wada
De los Setenta

Deleitarse en las palabras de Cristo puede suceder en cualquier momento y en cualquier ocasión si preparamos nuestro corazón.

Nuestro Padre Celestial nos ama. Él ha proporcionado un plan perfecto para que disfrutemos de Sus bendiciones. En esta vida se nos invita a venir a Cristo y recibir el evangelio restaurado de Jesucristo por medio del bautismo, la recepción del Espíritu Santo y vivir fielmente el Evangelio. Nefi describe nuestro compromiso de ser bautizados como si entráramos en una “estrecha y angosta senda”, y nos recuerda que debemos “seguir adelante con firmeza en Cristo… deleitándo[n]os en la palabra de Cristo, y persever[ando] hasta el fin” para recibir todas las bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene reservadas para nosotros (2 Nefi 31:19–20).

Nefi también nos recuerda que si nos “deleita[m]os en las palabras de Cristo”, ellas nos “dirán todas las cosas que deb[emos] hacer” (2 Nefi 32:3) y nos darán el poder para vencer “los ardientes dardos del adversario” (1 Nefi 15:24).

¿Qué significa deleitarse?

Cuando era joven, creía que deleitarse era, sencillamente, tener una gran comida con arroz, sushi y salsa de soja (soya). Ahora sé que el verdadero deleite es más que disfrutar de una comida deliciosa. Es una experiencia que incluye gozar, nutrirse, celebrar, compartir, expresar amor a la familia y a los seres queridos, expresar gratitud a Dios y estrechar relaciones mientras se disfruta de una comida abundante e increíblemente deliciosa. Creo que cuando nos deleitamos en las palabras de Cristo, tenemos que pensar en el mismo tipo de experiencia. Deleitarse en las Escrituras es más que leerlas; debería brindarnos gozo real y fortalecer nuestra relación con el Salvador. Seguir leyendo

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El ojo de la fe

Conferencia General Abril 2019

El ojo de la fe

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora.

Poco antes de Su crucifixión, Jesús fue llevado ante Pilato en el pretorio. “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, preguntó Pilato de manera condescendiente. Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo… he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz”.

Pilato le preguntó cínicamente: “¿Qué es la verdad?”1.

Hoy en día en el mundo, la pregunta “¿qué es la verdad?” puede ser dolorosamente compleja para las mentes seculares.

Una búsqueda en Google de “¿qué es la verdad?” resulta en más de un millón de respuestas. Disponemos de más información en nuestros teléfonos móviles de la que hay en todos los libros de una biblioteca. Vivimos con una sobrecarga de información y opiniones. Voces tentadoras y seductoras nos acechan por doquier.

Atrapados en la confusión actual, no es de sorprender que muchos se identifiquen con las palabras que Protágoras le dijo al joven Sócrates hace 2500 años: “Lo que es verdad para ti”, dijo él, “es verdad para ti; y lo que es verdad para mí, es verdad para mí”2.

La verdad mediante el evangelio restaurado de Jesucristo

Al ser bendecidos con el evangelio restaurado de Jesucristo, nosotros declaramos con humildad que existen ciertas cosas que son total y absolutamente verdaderas. Esas verdades eternas son las mismas para cada hijo e hija de Dios. Seguir leyendo

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Buscar conocimiento mediante el Espíritu

Conferencia General Abril 2019

Buscar conocimiento mediante el Espíritu

Por el élder Mathias Held
De los Setenta

Debemos aprender a discernir la verdad no solo mediante la mente racional, sino también mediante la muy apacible y delicada voz del Espíritu.


Estimados hermanos y hermanas, el Señor nos ha dicho repetidamente que “bus[quemos] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”1. Podemos recibir luz y comprensión no solo mediante razonamientos lógicos de nuestra mente, sino también mediante la guía e inspiración del Espíritu Santo.

Tal fuente de entendimiento adicional no siempre ha sido parte de mi vida.

Mi querida esposa Irene y yo nos unimos a la Iglesia hace treinta y un años, cuando recién nos habíamos casado. Ambos habíamos crecido en Colombia, pero algunos meses después de casarnos, mi ocupación nos llevó a vivir en Alemania. Éramos muy jóvenes y teníamos grandes esperanzas y expectativas; fue una época especialmente emocionante y feliz para nosotros.

Mientras yo me hallaba centrado en mi carrera, Irene sentía que recibiríamos algún tipo de mensaje de los cielos, aunque ignoraba cómo o cuándo. De modo que, empezó a permitir entrar en casa a toda clase de vendedores de enciclopedias, aspiradoras, libros, electrodomésticos de cocina y demás que tocaban a la puerta, siempre a la espera de aquel mensaje singular.

Una noche, me dijo que dos jóvenes vestidos con trajes [ternos] oscuros habían tocado a la puerta y que había sentido una impresión muy clara y distintiva de permitir que pasaran. Le habían dicho que querían hablar con ella sobre Dios, pero que regresarían de nuevo cuando yo también estuviera en casa. ¿Sería ese el esperado mensaje?

Empezaron a visitarnos y, con su guía, leímos las Escrituras y entendimos la crucial importancia de Jesucristo como nuestro Salvador y Redentor. Pronto lamentamos el que nos hubieran bautizado cuando éramos bebés, ya que no había sido un convenio consciente. Sin embargo, el que nos bautizaran otra vez también significaría llegar a ser miembros de esta Iglesia nueva, por lo que, primero teníamos que entender verdaderamente todo sobre ella. Seguir leyendo

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El evangelio verdadero, puro y sencillo de Jesucristo

Conferencia General Abril 2019

El evangelio verdadero, puro y sencillo de Jesucristo

Por el presidente M. Russell Ballard
Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles

Amar a Dios y a nuestros semejantes es el fundamento doctrinal de la ministración, del estudio centrado en el hogar y apoyado por la Iglesia, de la adoración espiritual del día de reposo y de la obra de salvación.

Mis hermanos y hermanas, me resulta difícil creer que hace setenta y un años, en 1948, era misionero en Inglaterra, y que hace cuarenta y cuatro años, mi esposa Barbara y yo llevamos a nuestra familia a Canadá cuando fui presidente de la Misión Canadá Toronto. En abril de 1976, mientras servía allí, fui llamado al Primer Cuórum de los Setenta; y en 1985, inesperadamente, fui llamado al Cuórum de los Doce Apóstoles. A diferencia de mis llamamientos anteriores, los cuales conllevaban un relevo futuro, el relevo de mi llamamiento en los Doce no es la mejor opción ahora mismo; sin embargo, ruego para que ese día llegue únicamente cuando haya terminado todo lo que el Señor me ha llamado a hacer.

Al pensar en mis últimos cuarenta y tres años de servicio como Autoridad General y en el privilegio que he tenido de ministrar a los hijos del Padre Celestial, he llegado a darme cuenta más plenamente de que Él desea que todos Sus hijos hallen paz, gozo y felicidad en la vida.

El profeta Lehi enseñó: “… existen los hombres [y las mujeres] para que tengan gozo”1. Hay muchas razones por las cuales es posible que la paz, el gozo y la felicidad nos eludan en esta vida; entre ellas la pobreza, las guerras, los desastres naturales y los reveses inesperados en el empleo, la salud y las relaciones familiares.

Aunque no podemos controlar muchas de esas fuerzas externas que afectan nuestra vida aquí en la tierra, al esforzarnos por llegar a ser discípulos fieles del Señor Jesucristo podemos hallar paz, gozo y felicidad, a pesar de las dificultades mundanas que giran a nuestro alrededor. Seguir leyendo

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