Ha resucitado

Ha resucitado

Por el Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

La realidad de la resurrección nos da a cada uno esa paz que sobrepasa todo entendimiento.


Una vez, un visitante me preguntó: “¿Qué puntos de interés puedo visitar mientras esté en Salt Lake City?”. Sin pensarlo mucho, le sugerí una visita a la Manzana del Templo, un recorrido por las montañas cercanas, un paseo a la mina de cobre Bingham y quizá ir a nadar al Gran Lago Salado. El temor a que me fuera a interpretar mal me contuvo de añadir: “¿Ha considerado la idea de pasar una hora o dos en uno de nuestros cementerios?”. No le dije que cada vez que viajo, intento visitar el cementerio local. Es un tiempo de meditación, de reflexión sobre el significado de la vida y de la certeza de la muerte.

Mayor amor

Recuerdo que en el pequeño cementerio del pueblo de Santa Clara, Utah, predominan los apellidos suizos que adornan las gastadas lápidas. Muchas de esas personas dejaron su hogar y su familia en la fértil Suiza, como respuesta al llamado “Venid a Sión”, para establecer las comunidades donde ahora “descansan en paz”. Sobrevivieron a las inundaciones de la primavera, las sequías del verano, las escasas cosechas y las arduas tareas del campo, y nos dejaron un legado de sacrificio. Seguir leyendo

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Las Misiones de los Hijos de Mosíah (Alma 17-22)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Las Misiones de los Hijos de Mosíah
(Alma 17-22)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Durante los catorce años, entre 91 y 77 aC, Alma se desempeñó como juez principal. Renunció a fin de dedicar más tiempo al ministerio. Durante ese mismo período, los hijos de Mosíah fueron y les enseñaron a los lamanitas (Mosíah 27:34-37). Sus experiencias ofrecen algunos de los mejores ejemplos de las escrituras del servicio misionero. El registro dice cómo llegaron a ser instrumentos en las manos de Dios para llevar a los lamanitas al conocimiento de la verdad (Mosíah 28:1-9).

El élder Carlos E. Asay dijo:

No hace mucho, escuché el testimonio de un nuevo joven converso obviamente tocado por el Espíritu. Entre otras cosas, señaló que era su gran deseo de compartir el Evangelio restaurado con su familia y amigos. Con lágrimas en los ojos y un temblor en la voz, dijo: «Quiero que sepan lo que yo sé, quiero que sientan lo que yo siento, [y] yo quiero que hagan lo que he hecho.» Aquí está un espíritu, espíritu que nos impulsa a vivir fuera de nosotros mismos y a estar preocupados por el bienestar de los demás. Y cualquiera que haya servido una misión honorable, ayudado en la conversión de un amigo, apoyado a un hijo o hija en el campo de la misión, o disfrutado de la estrecha relación con los misioneros dará testimonio acerca de su realidad.1

Después de que los hijos de Mosíah se convirtieron, sintieron un gran deseo de compartir el Evangelio con los demás. Una vez entre los más viles de los pecadores, y después de haber sido traídos del precipicio del infierno, era insoportable para ellos pensar en cualquier alma que cayera sobre ese filo en el abismo de la oscuridad reservado para los condenados. Ellos se preguntaban cómo podían ayudar a otros a evitar ese destino. Su respuesta fue ir a compartir el Evangelio con los lamanitas, sus enemigos más temibles y feroces. El equivalente actual sería que un estadounidense solicitara una misión para enseñar a los terroristas en las montañosas fronteras occidentales de Pakistán, los que están comprometidos con la destrucción absoluta de su país. Era una petición impresionante, y no es de extrañar que el rey Mosíah fuera reacio a permitirlas.

¿Podemos siquiera imaginar la preocupación de un padre que está enviando a sus hijos a las «entrañas de la bestia»-sus enemigos aterrorizadores y brutales, los lamanitas? Mosíah estaba profundamente preocupado por ello y buscó garantías de parte del Señor. Y él los recibió. Se le prometió que iban a ser un instrumento en las manos del Señor para el gran bien, y que iban a regresar a salvo [Mosíah 28:6-7). Durante muchos años después, esta promesa se mantuvo y dio seguridad a los hijos de Mosíah a través de situaciones que amenazan la vida. Y el rey Mosíah aseguró suficientemente que él nunca supuso que sus hijos hubieran muerto, incluso cuando no regresaron durante muchos años.

Estos jóvenes convertidos sabían por experiencia personal que incluso los enemigos más viles y más violentas de Dios pueden ser salvados, porque ellos mismos habían sido tan guardados. Querían que los lamanitas conocieran lo que sabían, sintieran lo que sentían, e hicieran lo que ellos mismos habían hecho, arrepentirse y ser redimidos.

UNA MISIÓN ENTRE LOS LAMANITAS
(Alma 17)

Sus Calificaciones para la Obra Misional

•  Alma 17:1-4 Como Alma viaja a Manti,conoce a los hijos del rey Mosíah, que regresaba de su misión de catorce años entre los lamanitas. Alma se alegró en su reencuentro inesperado con sus amigos porque «se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad» [v. 2). Este reencuentro de amigos fieles nos recuerda la alegría que sienten los misioneros regresaron cuando se reúnen con sus amigos de la secundaria después de haber servido en misiones todos los fieles. Son hombres hoy en los hombres de la fuerza y la madurez y el testimonio. Hay pocas cosas en el mundo más satisfactorio que tales reuniones. Seguir leyendo

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Honremos a nuestros muertos

Honremos a nuestros muertos

(Tomado de the Church News)

Con frecuencia recordamos el terror que provocó la última guerra, y los valerosos hombres y mujeres que en ella murieron. Actualmente estamos amenazados por la guerra otra vez, y si se declarara un nuevo conflicto, existe la posibilidad de una aniquilación total.

También debemos recordar que en caso de guerra, Dios protegerá a los justos si tienen fe verdadera. Es un consuelo para los Santos de los Últimos Días saber que Dios ha hecho tales promesas. ¿Quién puede leer el último capítulo de Primer Nefi sin experimentar una profunda gratitud por un Padre Celestial tan comprensivo? Sus promesas son de gran importancia. Hablando de los últimos días, en los cuales estamos viviendo, el Señor dice:

«. . . Y todos los que combatan contra Sión serán destruidos. Por lo tanto, protegerá a los justos con su poder, aunque tenga que venir la plenitud de su cólera y serán preservados aun hasta la destrucción de sus enemigos por fuego. Así pues, los justos no deben temer; porque así dice el profeta: Se salvarán, aun cuando tenga que ser como por fuego. Pues he aquí, los justos no perecerán; porque ciertamente vendrá el tiempo en que todo el que combata contra Sión será talado.» (1Nefi 22:14,17,19) Seguir leyendo

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¿Fue la expiación necesaria, o había otra manera?

La expiación Infinita:
¿Fue la expiación necesaria,
o había otra manera?

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


La necesidad absoluta de la expiación

Amulek enseñó sobre la necesidad imperiosa de la Expiación: «Porque es necesario que se realice una expiación; pues según el gran plan del Dios Eterno, debe efectuarse una expiación, o de lo contrario, todo el género humano inevitablemente debe perecer» (Alma 34:9; énfasis añadido; véase también Alma 42:15).

A la conclusión de la vida del Salvador, él mismo reafirmó la necesidad absoluta de la redención inminente. Cuando los sacer­dotes y los ancianos se enfrentaron a él en el Jardín, el Salvador le mandó a Pedro que envainara su espada y le recordó acto seguido su capacidad para convocar a «más de doce legiones de ángeles» si fuera necesario. Entonces, el Salvador aportó la razón de aquella contención: «¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?» (Mateo 26:53—54).

Aarón sabía que cuando un hombre pecaba, no podía levan­tarse espiritualmente por sí mismo, y enseñó: «en vista de que el hombre había caído, este no podía merecer nada de sí mis­mo» (Alma 22:14). Alma explicó que sin la redención «no habría medio de redimir al hombre de este estado caído» (Alma 42:12). El élder James E. Talmage compartió un testimonio semejante: «Afirmamos que el hombre está solo y en una necesidad absoluta de un Redentor, ya que por sus propios esfuerzos es totalmente incapaz de elevarse de un plano inferior a un plano superior».1 Hasta cierto punto, somos como el hombre incapaz de trepar fuera del foso que ha cavado él mismo hasta que adquiere una es­calera en primer lugar. Pero ahí está la «trampa»: ¿Dónde encon­trar la escalera? Sin importar la fuerza física o el ingenio, no hay esperanzas de que esta situación cambie si las cosas se dejan como están. El hombre debe confiar en que un tercero (en este caso, el Salvador) aporte los medios para escapar. La Expiación es esa es­calera espiritual. David cantó acerca de ese momento Mesiánico de rescate: «Pacientemente esperé a Jehová (…). Y me sacó del pozo turbulento, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre una roca y enderezó mis pasos» (Salmos 40:1-2). Seguir leyendo

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Preparación para la venida del Señor

Preparación para la venida del Señor

Por Joseph Fielding Smith

Segundo de la serie de discursos de Joseph Fielding Smith dado bajo el título general de «LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS». Transmitido el 11 de junio de 1944 a las 21:15 por la transmisora K S L de Salt Lake City, Utah.


Cuando Pedro amonestó a los judíos, después de haber sanado al hombre cojo a la puerta del templo, les dijo que si se arrepentían y convertían de sus pecados podían ser borrados en los tiempos de la restitución en presencia del Señor, que sería el día de la «restitución de todas las cosas», que Dios ha hablado por la boca de sus santos profetas desde la fundación del mundo. Si los profetas desde la fundación del mundo han hablado de la restauración de todas las cosas, entonces es seguro que encontremos alguna referencia a esta restauración en sus escritos. Trataré de señalar algunos de los eventos sobresalientes que así serán restaurados.

El décimo artículo de fe reza así:

Creemos en el sentido literal de la congregación de Israel y en la restauración de las diez tribus, que Sión será edificada sobre este continente, (americano); que Cristo reinará personalmente sobre la tierra la cual será renovada y transformada en un paraíso de gloria».

Consideremos primero el problema de la renovación de la tierra. El Élder Parley P. Pratt, en la Voz de Amonestación dice así: «Ahora, jamás sabremos claramente lo que significa la restauración, al no ser que sabemos lo que está perdido, o que ha sido quitado; por ejemplo, cuando ofrecemos restaurar alguna cosa a algún hombre, equivale a decir que en algún tiempo tuvo posesión de ella, mas que la había perdido, y que proponemos reemplazarla, o ponerle otra vez en posesión de ella, aquella cosa que una vez tuvo. Por lo tanto, cuando un profeta habla de la restauración de todas las cosas, quiere decir que todas las cosas han pasado por cambio y que han de ser restauradas otra vez a primitiva orden, aún tal como existían primitivamente. . .

Cuando Dios creó a los cielos y a la tierra, y separó a la luz de las tinieblas, su próximo gran mandato fue a las aguas, Génesis 1:9: «Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbranse la seca: y fué así». . . . En seguida sabemos que Dios dijo de la tierra y de todo lo que en el hay, que era bueno. De esto aprendemos que no habían ni desiertos, lugares estériles, pantanos, cerros escabrosos, ni vastas montañas, cubiertas enteramente de nieve; y ninguna parte de la tierra y de todo lo que en ella hay, para convertir a su clima en cosa triste e improductiva, sujeta a continuas heladas y una cadena eterna de hielo. . . . Seguir leyendo

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El Poder Destructivo de la Soledad

El Poder Destructivo de la Soledad

(Tomado de the Church News)

Un inteligente maestro se paró ante la congregación y expresó, entre otras cosas, su apreciación por haber podido estar esa mañana a solas, durante una hora, consigo mismo; agregó que le fue posible entonces leer lo que quiso, meditar y estar en comunión con el Señor.

Una vez que hubo terminado, un joven que vestía uniforme militar se puso de pie y dijo que también él había estado a solas. Pero la suya era una historia diferente.

El maestro era un hombre ocupado. Generalmente oprimido por visitantes, correspondencia, citas y compromisos, esa hora de soledad le había resultado reconfortante. El estar a solas por una hora le dio oportunidad de “reabastecer sus baterías”, según su propia expresión, y alejarse un poco del marco regular de su existencia para poder contemplar sus problemas desde un nuevo ángulo. Este cierto período de quietud, solaz y meditación fue de indudable beneficio físico y mental para él.

Pero con el soldado, el asunto era diferente. Entre los miles con quienes frecuentaba en sus actividades, casi no tenía amigos, todos parecían esquivarle, y era como un extraño en una gran ciudad. (¿En qué otra parte puede uno sentirse más solo?)

Para el maestro, la soledad había sido vivificante—para el soldado, penosa.

¿A qué se debía la soledad de este último? Este joven era el único en su grupo que observaba plenamente sus normas de vida; el único que no había permitido que las malas influencias que le rodeaban le corrompieran, Y así, cuando comenzó a rehusar ciertas invitaciones inconvenientes por parte de otros, se encontró solo e ignorado.

¿Qué efecto causó sobre él la soledad? ¿Que ha hecho la soledad a otros? Había otro joven en su grupo que al principio trató de vivir conforme a sus normas preestablecidas. Pero también él se sintió solo y, no agradándole, fue débil y cedió a la presión del conformismo. Antes de ser llamado al servicio militar, siempre disfrutó de la compañía de muchos amigos; fue popular en su grupo, tanto en la escuela como en la Iglesia. Indudablemente, ésta era hoy la causa de su soledad. Seguir leyendo

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Sacerdocio, Persecución, y Profecía (Alma 13-16)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Sacerdocio, Persecución, y Profecía
(Alma 13-16)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


En los dos capítulos anteriores hemos leído sobre la misión de Alma y Amulek en la malvada ciudad de Ammoníah. En el transcurso de llamar a estas almas perversas y rebeldes al arrepentimiento, estos dos grandes misioneros les enseñaron (y a nosotros) los aspectos esenciales del plan de la redención: la caída, la vida como un tiempo de gracia, el conocimiento y la revelación, la agencia y sus opciones, la expiación, la muerte, la resurrección y el juicio. En este capítulo, sus enseñanzas a los ciudadanos de Ammoníah continúan, añadiendo luz sobre temas tales como pre-ordenación, el sacerdocio, el gran sumo sacerdote Melquisedec, el poder de la divinidad, las consecuencias del pecado, y por qué Dios permite que sufran los justos. El Libro de Mormón arroja más luz sobre estas doctrinas esenciales que se pueden encontrar solamente en la Biblia, y clarifican algunos pasajes que de otro modo podrían parecer oscuros. Es fácil ver por qué sintió Mormón que estos sermones eran de valor suficiente para incluirlos casi palabra por palabra, a pesar del espacio limitado en sus planches.

ENSEÑANZAS DE ALMA SOBRE EL SACERDOCIO
(Alma 13)

Pre-ordenación Y El Sacerdocio

•  Alma 13:1-5,10 Los hombres son ordenados al sacerdocio de Melquisedec por su fe y las buenas obras en la existencia premortal.Alma comenzó con una invitación a dirigir vuestros pensamientos hacia la época en que el Señor Dios dio estos mandamientos a sus hijos» (v. 1), que significa «yo llamaría su atención a un estado anterior, aun hasta el principio.”1 les recordó que» los sacerdotes fueron ordenados según la orden de su Hijo » (v. 2). Esta «orden de su Hijo» era el sacerdocio de Melquisedec, pero había algo más que simplemente ser ordenado. El presidente Ezra Taft Benson explicó: «Entrar en la orden del Hijo de Dios es el equivalente actual de entrar en la plenitud del Sacerdocio de Melquisedec, que sólo se recibe en la casa del Señor.»2 Estas ordenanzas fueron hechas » de tal manera que la gente pudiera saber… esperar a su Hijo para la redención» (v. 2).

Alma dijo que estos sacerdotes de Melquisedec fueron «llamados y preparados desde la fundación del mundo según la presciencia de Dios, por su fe excepcional y buenas obras, habiéndoseles concedido primeramente escoger entre el bien y el mal, por lo que, habiendo escogido el bien y ejercido una fe sumamente grande, son llamados con un llamamiento santo » (v. 3).

El profeta José Smith dijo: «Todo hombre que recibe el llamamiento para servir a los habitantes del mundo, fue precisamente ordenado para ese propósito en el gran Concilio Celestial antes que existiese este mundo.»3

El élder Bruce R. McConkie dijo: Seguir leyendo

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La Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos

La Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos

por Joseph Fielding Smith
del Concilio de los Doce.

El primero de la serie de discursos de Joseph Fielding Smith difundidos por la radio difusora KSL de Salt Lake City, Utah. En estos discursos difundidos desde el 4 de junio hasta el 6 de enero de 1945 diserta sobre el tema general de
«LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS».


Es una creencia común del mundo Cristiano que vivimos en los últimos días, y que las profecías de nuestro Señor y los profetas relativas a las calamidades, guerras, y tribulaciones que habrían de anteceder Su segunda venida se están cumpliendo. La higuera ha florecido. Está aquí el verano, y tocios los que aman al Señor ven el gran día en que vendrá entre las nubes de los cielos para tomar su lugar en la tierra como Rey de reyes.

Aunque muchos esperan la llegada de este gran día, es verdad que muy pocos entienden y comprenden la importancia de nuestros tiempos y las obras maravillosas que serán concluidas antes de Su venida. Vivimos en la dispensación final de la Historia del mundo —la dispensación de la plenitud de los tiempos. Esta es la dispensación en la que el Señor ha decretado recoger y juntar en una todas las cosas que están en los cielos y la tierra, según la palabra que Él «ha hablado por boca de sus santos profetas desde la fundación de los mundos».

Cuando el Salvador estuvo en el monte de transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan, Moisés y Elías, dos profetas que vivieron siglos antes, se les aparecieron a ellos.

Hemos aprendido que entre otras cosas estos mensajeros confirieron a los tres Apóstoles, las llaves de la autoridad que poseían estos profetas. Fué muy natural, por consiguiente, que estos tres hombres le preguntasen al Señor, mientras bajaban del monte donde recibieron esa gloriosa visión, relativa a la misión de Elías. Parte de esta conversación se registra en Mateo, de la siguiente manera.

«Y como descendieron del monte, les mandó Jesús diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

«Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero? Seguir leyendo

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Evitando la corriente

Evitando la corriente

Por el presidente Heber J. Grant
Liahona Marzo 1945

He oído hablar de un hombre, que estuvo presente en un gran banquete, y que hablaba a otro relativo a la fe y creencia de los Santos de los Últimos Días. El, le dijo : «Si, los Mormones, los que viven su religión no ingieren té, café, tabaco, ni licores».

El que escuchaba dijo: «Yo no creo ni una palabra de eso».

El que habló primero respondió: «No obstante, es verdad».

Estos dos hombres estaban sentados a una de las mesas de los comensales. Poco después apareció un miembro de nuestra Iglesia. El hombre que estaba defendiendo a los Mormones dijo, «Aquí viene un Mormón, y va a sentarse con nosotros. Yo le apuesto que él no tomará café».

Quedó hecha la apuesta. El Mormón tomó el café. Al salir del banquete, el que perdió la apuesta dijo, «Ya no tengo más confianza en ese hombre, que profesa creer que Dios ha hecho una revelación por medio de José Smith amonestando al pueblo para que no tomasen tales cosas, y a pesar de eso vino aquí y públicamente desobedeció las enseñanzas de su profeta. Antes he fiado en ese hombre, en adelante jamás lo haré». Seguir leyendo

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Manantiales de Vida

Manantiales de Vida

por Melvin J. Ballard
Liahona Enero 1945

Nació en Logan, Utah, el día 9 de febrero de 1873; fué ordenado apóstol y elegido al Quorum de los Doce Apóstoles el día 7 de enero de 1919; falleció el día 30 de julio de 1939. Élder Melvin J. Ballard era la esencia de servicio y devoción desinteresada a la causa de Cristo Siempre estaba listo para aceptar cualquier llamamiento en la Iglesia. Además de su poder evangelístico poseía un gran entendimiento práctico. Daba consejos sabios porque conocía las necesidades temporales tanto como las espirituales del hombre. Ciertamente fué un Apóstol de nuestro Señor Jesucristo, y un siervo poderoso del Dios Viviente.


Detengámonos y preguntemos, ¿por qué? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál fué el propósito de vida de mandarme a este mundo, con todos sus problemas y dificultades, con su mortalidad, con su muerte y sufrimientos? ¿Por qué todo esto?

Voy a leer del libro de Abraham, lo que dijo el Señor a nuestro anciano patriarca y antepasado: “Bajemos, porque hay espacio allí, y tomaremos de estos materiales y haremos un mundo en el cual estos puedan morar: y con esto les probaremos para ver si hacen todas las cosas que el Señor su Dios les mandara; —y aquellos que guarden su segundo estado (en su mundo) serán glorificados para siempre y para siempre. (P. de G. P. Abraham 3:24-26).

Estoy seguro de que no fué la intención de nuestro Padre Celestial darnos ciertos mandatos nada más para vernos en acción, y saber si éramos competentes. Estoy seguro que cada requisito que Él ha impuesto es esencial para prepararnos para llegar a Su presencia; que las reglas que han existido desde la eternidad serán también las mismas normas que gobernarán a los hombres hasta los fines del tiempo y que aspiren a llegar a la presencia de Dios.

El primer gran propósito que tuvo el Señor al darnos esta vida terrenal, fué el de efectuar la unión del espíritu inmortal del hombre que había vivido con Dios en el mundo eterno por siglos —y dar a aquel glorioso espíritu su oportunidad de unirse a la carne en la mortalidad, para constituir un alma completa, para calificar aquel alma en la resurrección de los muertos.

Sin vida terrenal, no habría cuerpo inmortal para ninguno de nosotros. Pero la unión del espíritu y la materia no califica para alcanzar todas las alturas que son espirituales todas las cosas que son materiales, la plenitud del Reino del Eterno Padre.

El segundo gran propósito de vida es darnos la oportunidad de aprender a vivir en la presencia de Dios, para entrenarnos en un curso de conducta humana que pueda calificarnos para llegar a Su Santa presencia. Resulta agradable a la vista de Nuestro Padre que nosotros vivamos y cuidemos esa vida. Hay en operación una ley que es más responsable de los actos de los hombres que cualesquiera otra ley, la ley de preservación de sí mismo, por lo cual amamos la vida, nos afanamos tenazmente a ella, aún cuando la vejez y la inacción se nos vienen encima. Hay algunos que destruyen su vida, pero eso no es un hecho normal o el resultado de conducta y pensamiento humano. Amamos la vida. Fué el designio del Señor, entonces, que amásemos y que nos cuidásemos de accidente, daño y pérdida de la vida, porque la vida es cara. Nos da una sola oportunidad de obtener experiencia y de aprender a vivir. Junto a la ley de preservación de sí mismo está lo que llamamos la operación de la ley de apetito, un deseo de las cosas que satisfacen el cuerpo. Pero tenemos que cuidarnos para que no nos descontrole y goce de las cosas que pueden dañar al cuerpo, porque el Todo Poderoso puso apetito sobre las cosas de comer y beber para que así pudiésemos edificar un cuerpo, fuerte, vigoroso, y saludable. Asegurar que es propio satisfacer el apetito comiendo y bebiendo las cosas que envenenan y destruyen el cuerpo es un error que acarrea la muerte y la destrucción. Seguir leyendo

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Cómo compartir el testimonio de manera más natural

PRINCIPIOS DE MINISTRACIÓN

Cómo compartir el testimonio de
manera más natural

La ministración es testificar. La flexibilidad de la ministración puede aumentar nuestras oportunidades de compartir el testimonio de manera formal e informal.

Liahona Marzo 2019

Hemos hecho convenio de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9). El compartir nuestro testimonio es parte de ser testigo y es una forma poderosa de invitar al Espíritu Santo a tocar el corazón de alguien y cambiar su vida.

“El testimonio —el verdadero testimonio, nacido del Espíritu y confirmado por el Espíritu Santo— cambia vidas”, dijo el presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles1.

Pero compartir nuestro testimonio puede ser intimidante o incómodo para algunos de nosotros. Eso puede deberse a que pensamos en compartir nuestro testimonio como en algo que hacemos durante las reuniones de ayuno y testimonios o cuando enseñamos una lección. En esos entornos formales, a menudo usamos ciertas palabras y frases que parecen fuera de lugar en una conversación natural.

Compartir nuestro testimonio puede convertirse en una bendición más frecuente en nuestra vida y en la de los demás cuando entendemos lo sencillo que puede ser compartir lo que creemos en situaciones cotidianas. A continuación se presentan algunas ideas para ayudarles a comenzar. Seguir leyendo

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Traspasar lo señalado

Traspasar lo señalado

Por el Élder Quentin L. Cook
De los Setenta

El centrarse en las filosofías de los hombres, el enfrascarse en analizar con afán desmedido asuntos de doctrina que no se consideran esenciales, y el poner las reglas en un plano más elevado que la doctrina, son formas de traspasar lo señalado.

Vivimos en un mundo en el que, por encima de todo, se busca y se publica por todo el orbe lo que está “de moda”, el cotilleo, la comidilla, la “novedad”. Las películas, la televisión y otros medios de comunicación suelen hacer hincapié en hazañas puramente simbólicas y de poco valor, en las personas que no son capaces de funcionar normalmente en la sociedad, en el conflicto y en la sexualidad, en vez de celebrar los callados actos cotidianos de sacrificio, de servicio y amor que son parte integral del mensaje y del ejemplo del Salvador. La loca carrera por hallar lo novedoso por lo general suele arrollar a la verdad.

En el capítulo 17 de Hechos se encuentra el relato de la visita que hizo el apóstol Pablo a Atenas, ciudad que llevaba tiempo en un periodo de decadencia, pero que aún se sentía orgullosa de sus tradiciones filosóficas. En el relato se mencionan a los estoicos y los epicúreos, cuyas filosofías eran las más predominantes de la época. Los estoicos creían que el mayor bien era la virtud, mientras que los epicúreos creían que era el placer. Muchos estoicos se habían envanecido y utilizaban la filosofía como un “un manto para cubrir la ambición y la iniquidad”. Muchos epicúreos se habían convertido en hedonistas, personas cuyo lema era “comamos y bebamos, pues mañana moriremos”1.

Se invitó a Pablo a dirigirse a esta difícil mezcla de personas en la colina de Marte, y en Hechos 17:21 leemos: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo ” (cursiva agregada).

Pablo intentó captar su atención refiriéndose a un altar que contenía la inscripción “Al Dios no conocido”, pero en realidad su mensaje versó sobre la resurrección de Jesucristo. Cuando la multitud se percató de la naturaleza religiosa del mensaje, algunos empezaron a burlarse de él, mientras que otros, igualmente faltos de interés pero quizás más educados, le dijeron: “…Ya te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos 17:32). Seguir leyendo

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Razones para mantenerse puros

Razones para mantenerse puros

Por el Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las bendiciones de la obediencia son hermosas, mientras que la desobediencia es un tullimiento espiritual. El poder de escoger es de ustedes.

El amor verdadero es el atributo principal del primer y del segundo gran mandamiento. El malinterpretar la verdadera naturaleza del amor equivale a malinterpretar la vida. El faltar a la castidad en el nombre del amor es destruir algo hermoso.

Intentaré abordar de forma algo distinta el conjunto básico de normas asociadas con la castidad antes del matrimonio y con la fidelidad después del mismo, todas las cuales son parte del severo pero dulce séptimo mandamiento, quizás el menos favorito de los Diez Mandamientos.

Un tema que no se suele mencionar en la actualidad, el séptimo mandamiento es una de las leyes de Dios menos obedecida pero más necesaria, pues con tal de que la gente dé la apariencia de un proceder admirable en los demás aspectos, al mundo le importa muy poco la observancia de este mandamiento. Una vez que abandonan sus principios, muchos se conforman con ser “prácticos”. ¡Pero la inmoralidad no es nada práctica!

Como discípulos, no podemos ceder de esta forma. Se nos han dado los mandamientos sobre la castidad antes del matrimonio, la fidelidad después del mismo y el evitar la homosexualidad. Se nos ha instruido en cuanto a los peligros de la falta de castidad mental (véase Mateo 5:28). Las tendencias de una época determinada no pueden alterar las leyes eternas de Dios, ni nosotros podemos darnos por vencidos.

La eternidad comienza ahora

Por mucho tiempo he creído que en el fondo de las doctrinas más difíciles de observar, muy en el fondo, residen algunas de las verdades más grandiosas y algunos de los principios más preciados. Mas éstas no se descubren de forma casual o irreverente. En realidad, la obediencia proporciona tanto bendiciones como conocimiento adicional, tal como prometió Pedro; la obediencia a los principios correctos acelera la adquisición de este conocimiento (véase 2 Pedro 1:8). Así sucede con el séptimo mandamiento. Seguir leyendo

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La Noche de hogar para la familia

La Noche de hogar para la familia

Por el Presidente Gordon B. Hinckley

“¿Cuál es la gran fuerza de [esta] Iglesia?… Es el hincapié que hace en la familia… Mantengan unidas a sus familias y amen y honren a sus hijos”.

Una noche a la semana: el lunes por la noche

“En toda la Iglesia se celebra el programa de la noche de hogar para la familia una vez a la semana [los lunes por la noche], en la cual los padres se sientan con sus hijos y estudian las Escrituras, hablan de los problemas familiares, planean actividades juntos y otras cosas por el estilo. No vacilo en decir que si cada familia la llevara a la práctica, veríamos una gran diferencia en la solidaridad de las familias del mundo” (entrevista, Boston Globe, 14 de agosto de 2000).

“[El Señor] espera que tengamos la noche de hogar para la familia, una noche a la semana para reunirnos con nuestros hijos y enseñarles el Evangelio. Isaías dijo: ‘Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová’. Ése es el mandamiento: ‘Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová’. Y la bendición es: ‘Y se multiplicará la paz de tus hijos’ [Isaías 54:13]” (reunión, Nouméa, Nueva Caledonia, 17 de junio de 2000).

Recuerdos de la infancia

“En 1915, el presidente Joseph F. Smith pidió a los miembros de la Iglesia que efectuaran la noche de hogar para la familia. Mi padre dijo que lo haríamos, que calentaríamos la sala donde estaba el piano de mi madre y haríamos lo que nos pedía el Presidente de la Iglesia.

“Cuando éramos niños, a mis hermanos y a mí no nos gustaba hacer nada enfrente de los demás. Una cosa era hacer algo mientras jugábamos, pero pedirnos que cantáramos solos enfrente de los demás era como pedirle al helado que no se derritiera con el calor de la cocina. Al principio nos reíamos y hacíamos comentarios tontos, pero mis padres insistieron y aprendimos a cantar y orar juntos, a escuchar con atención cuando mamá nos leía cuentos de la Biblia y del Libro de Mormón. Papá nos contaba cuentos de memoria… Seguir leyendo

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Tres parábolas: La abeja imprudente, el Owl Express y Las dos lámparas

Tres parábolas:
La abeja imprudente,
el Owl Express y Las dos lámparas

Por el Élder James E. Talmage (1862–1933)
del Quórum de los Doce Apóstoles

Publicado en Improvement Era, septiembre de 1914, págs. 1008–1009; enero de 1914, págs. 256–258; julio de 1914, págs. 807–809.

Tres relatos de la experiencia personal del élder James E. Talmage nos enseñan a confiar en la perspectiva del Señor.

La parábola de la abeja imprudente

En ocasiones, las obligaciones del trabajo requieren una tranquilidad y reclusión que no me proporcionan ni mi cómodo despacho ni el agradable estudio de casa. Mi retiro favorito se halla en un cuarto superior de la torre de un gran edificio, bien alejado del ruido y de la confusión de las calles de la ciudad. El acceso al cuarto es bastante complejo, de manera que el lugar queda relativamente seguro contra los intrusos humanos; allí he pasado muchas horas placenteras y ajetreadas entre los libros y la pluma.

Sin embargo, no siempre carezco de visitas, especialmente en verano, pues a veces, cuando me encuentro sentado en aquel lugar con las ventanas abiertas, los insectos llegan volando y comparten el cuarto conmigo. Éstos, que se invitan a sí mismos, son bienvenidos. En más de una ocasión he dejado la pluma y, olvidada mi tarea he, observado con interés las actividades de estos visitantes alados, con la idea de que el tiempo así empleado no ha sido en vano, pues ¿acaso una mariposa, un escarabajo o una abeja no pueden ser portadores de lecciones para el alumno receptivo?

Para la abeja falta de visión y su egoísta malentendido yo era un enemigo, mientras que en realidad era su amigo, un amigo que le ofrecía la forma de salvar la vida que ella había perdido debido a su propio error.

Una vez entró al cuarto una abeja salvaje procedente de las colinas cercanas, y a ratos, durante una hora o más, oía el agradable zumbido de su vuelo. Esta pequeña criatura cayó en la cuenta de que era prisionera, sin embargo, todos sus esfuerzos por hallar la salida a través de la pequeña abertura de la ventanilla fracasaron. Cuando estuve listo para cerrar el cuarto e irme, abrí la ventana de par en par e intenté en primer lugar guiar y luego forzar a la abeja hacia la libertad y la seguridad, sabiendo que si se quedaba en el cuarto, moriría como los demás insectos así atrapados habían muerto en el seco ambiente del recinto; pero cuanto más intentaba echarla, con mayor determinación se oponía y se resistía a mis esfuerzos. Su anteriormente agradable zumbido se convirtió en un rugido furioso y su rápido vuelo se tornó amenazante y hostil. Seguir leyendo

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