Conferencia General de octubre 2018
Todos deben tomar sobre sí el nombre dado por el Padre
Por el élder Paul B. Pieper
De los Setenta
El nombre del Salvador tiene un poder singular y esencial; es el único nombre mediante el cual la salvación es posible.
Hace unas semanas, participé en el bautismo de varios niños de ocho años. Habían comenzado a aprender el evangelio de Jesucristo de sus padres y maestros. La semilla de la fe en Él había comenzado a germinar, y ahora querían seguirlo a las aguas del bautismo para convertirse en miembros de Su iglesia restaurada. Al observar su ilusión, me pregunté cuánto entenderían sobre un aspecto importante de su convenio bautismal: el compromiso de tomar sobre sí el nombre de Jesucristo.
Desde un principio, Dios ha declarado la preeminencia del nombre de Jesucristo en Su plan para nosotros. Un ángel enseñó a nuestro padre Adán: “… harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás”1.
El profeta del Libro de Mormón, el rey Benjamín, enseñó a su pueblo: “… no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue”2.
El Señor reiteró esta verdad al profeta José Smith: “He aquí, Jesucristo es el nombre dado por el Padre, y no hay otro nombre dado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo”3.
En la actualidad, el presidente Dallin H. Oaks ha enseñado que “los que ejerzan la fe en el sagrado nombre de Jesucristo… y entrenen en Su convenio… podrán reclamar el sacrificio expiatorio de Jesucristo”4.
Nuestro Padre Celestial quiere dejar bien claro que el nombre de Su Hijo, Jesucristo, no es simplemente un nombre entre muchos; el nombre del Salvador tiene un poder singular y esencial; es el único nombre mediante el cual la salvación es posible. Al hacer hincapié en esta verdad en cada dispensación, nuestro amoroso Padre asegura a todos Sus hijos que hay un camino de regreso a Él. Sin embargo, que haya un camino seguro disponible no significa que nuestro regreso se asegure automáticamente. Dios nos dice que es necesario que actuemos: “… así que, es preciso que todos los hombres [y mujeres] tomen sobre sí el nombre dado por el Padre”5. Seguir leyendo






























