Saber quiénes son… y quiénes han sido siempre
Sheri L. Dew
Conferencia de Mujeres de la Universidad Brigham Young
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
4 de mayo de 2001
Hermanas, ¡ustedes son simplemente asombrosas! No son perfectas, pero son asombrosas. Desde Siberia hasta Seattle, se han ganado mi corazón y mi más profundo respeto. Creo que hoy en día, dentro de las hermanas de esta Iglesia hay más recto valor y determinación inherentes de los que ha habido nunca en ningún grupo de mujeres que hayan vivido jamás. Y hoy deseo contarles por qué.
Hace poco, mi sobrina Megan, de dieciséis años, y dos de sus amigas se quedaron a dormir en casa. Aquella noche, mientras conversábamos, una de ellas me preguntó cómo había sido crecer en una granja en los viejos tiempos… (No obstante fue peor lo que me pasó hace unos días, cuando un guapo misionero retornado me dijo: “Hermana Dew, si yo tuviera cuarenta años más…”. Bueno, si alguna vez me caso espero que mi esposo haga mejor los cálculos). En cualquier caso, les conté a Megan y a sus amigas que, en los “viejos tiempos”, yo había sido extremadamente tímida, y no tenía absolutamente ninguna confianza en mí misma.
“¿Cómo lograste dejar de sentirte así?”, preguntó Megan. Estaba a punto de dar una respuesta trillada cuando me detuve, con la sensación de que aquellas fantásticas jovencitas estaban dispuestas a escuchar más; de modo que les expliqué que la razón era espiritual: No fue sino hasta que comencé a entender lo que el Señor sentía por mí, cuando mis sentimientos sobre mí misma y sobre mi vida comenzaron a cambiar lentamente. Entonces comenzaron a llover las preguntas: ¿Cómo sabía yo lo que sentía el Señor? ¿Y cómo podían averiguar lo que Él sentía por ellas?
Durante varias horas, Escrituras en mano, hablamos de cómo escuchar la voz del Espíritu, de cuán ansioso está el Señor por desvelar el conocimiento cuidadosamente almacenado en nuestros espíritus en cuanto a quiénes somos y cuál es nuestra misión, y sobre la transformadora diferencia que marca el saberlo…
Mi mensaje para ustedes hoy, mis queridas hermanas a quienes amo, es el mismo: No hay nada más vital para nuestro éxito y nuestra felicidad aquí que aprender a escuchar la voz del Espíritu. Es el Espíritu el que nos revela nuestra identidad, la cual no es solamente quiénes somos, sino quiénes hemos sido siempre. Y cuando lo sabemos, nuestra vida adquiere un sentido de propósito tan asombroso que nunca podemos volver a ser las mismas…
Como pueblo, constantemente hablamos y cantamos acerca de quiénes somos. Los niños de tres años se saben la letra de “Soy un hijo de Dios”12. La Proclamación sobre la familia declara que cada una de nosotras tiene un destino divino13. El segundo valor de las Mujeres Jóvenes es la naturaleza divina14. Y las primeras palabras de la Declaración de la Sociedad de Socorro son: “Somos hijas espirituales de Dios amadas por Él, y nuestra vida tiene significado, propósito y dirección”15. Y aun así, a pesar de todas las palabras, ¿realmente creemos? ¿Realmente entendemos? ¿Ha penetrado en nuestro corazón esta doctrina trascendental sobre quiénes somos, lo cual significa quiénes hemos sido siempre y, por lo tanto, quiénes podemos llegar a ser? Seguir leyendo →