Hermanas en verdad

Hermanas en verdad

Rebecca E. Standring
Sociedad de Socorro de Lehi
Sala superior del almacén cooperativo, Lehi, Territorio de Utah
18 de noviembre de 1871

Mis hermanas, deseo echar mis dos blancas junto con las suyas9. Me siento agradecida por ser miembro de esta institución, y siempre me complace reunirme con mis hermanas, porque entiendo que somos hermanas en verdad, hijas del mismo Padre Celestial y sin embargo, a veces, cuán extrañas parecemos ser las unas de las otras10.

Cuán diferente será el sentimiento si alguna vez se nos permite regresar a la presencia de nuestro Padre Eterno. Entonces nos saludaremos las unas a las otras con sonrisas de amor, y todo sentimiento contrario al amor y a la bondad se apartará de nosotras.

Así pues, comencemos a cultivar más y más el espíritu de amor, de bondad y de paciencia las unas con las otras. Sean pacientes con las debilidades de las demás, recordando que todas somos miembros de la misma gran familia; que Dios nos bendiga con Su Santo Espíritu para hacerlo, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

Barrio Lehi, Estaca Utah, Relief Society Minutes, tomo I, 1868–1879, 18 de noviembre de 1871, págs. 81–82, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Manuscrito de Rebecca E. Standring. Título proporcionado por los editores.

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Redoblemos nuestra diligencia

Redoblemos nuestra diligencia

Anabella Haight, Rachel Whittaker, Elizabeth Liston, hermana Morris y Alice Randle
Sociedad Caritativa de Cedar City
Tabernáculo, Cedar City, Utah
8 de enero de 1857

Reunidos después del aplazamiento del 8 de enero de 1857. Jueves. Preside el presidente John M. Higbee15. Canto. Oración por el presidente Higbee. Canto. Se leen y se aceptan las actas. Luego el presidente Higbee se puso de pie e hizo algunos comentarios muy acertados, y dio buenos consejos a las hermanas; dijo “que una gran responsabilidad recae sobre las hermanas. Son ustedes las que dan forma a las mentes jóvenes y tiernas; el ejemplo es mejor que el precepto. Enséñenles mientras son jóvenes, y las llamarán bienaventuradas. Podemos decir lo que queramos, pero lo que aprendan provendrá del ejemplo, etc.”. Dijo que cualquiera que hablara o fuera en contra de la pluralidad, se hallaba en tinieblas16. No quiero acaparar su tiempo, hermanas; deseo dejar la reunión en sus manos. Se cantó “Oh mi Padre”17. La hermana Anabella Haight dijo que sentía que sobre ella recaía una gran responsabilidad ahora que se había formado la Sociedad de Socorro, y les dio a las hermanas algunos consejos muy buenos; dijo que en este lugar habían visitado a muchos pobres en lo que concierne a las cosas del mundo, pero no pobres en espíritu, y que esas personas generalmente manifestaban un buen espíritu. Esperaba que las hermanas cumplieran con su deber y expresaran sus sentimientos. La hermana R. Whittaker dijo que era la primera reunión en este nuevo año, y que ella tenía la intención de redoblar su diligencia, y que daría testimonio de lo que había dicho la hermana Haight, y que ella habló de los principios del nuevo y sempiterno convenio allá donde fue, con pocas excepciones, y que no sabían de ninguno de los miembros que pusiera en duda “el principio”18. La hermana Liston dijo que sentía que esta sociedad era de Dios, y que se deleitaba grandemente en ella, etc.19. La hermana Morris dio su testimonio de la obra20. La hermana Randle dijo que la tesorería estaba disminuyendo bastante; hacía falta algo de ropa e hilo con el que zurcir medias, etc. Presentado y secundado que las siguientes hermanas sean miembros de esta sociedad: Mary A. Savage, Sarah M. Willis, Susannah Perry y Naomi Howles. Sostenido con unanimidad21. El presidente Higbee dijo que se espera que las donaciones se lleven a la tesorería22. No tienen idea de la cantidad de bien que están haciendo. Ustedes han dado con generosidad, y Dios las bendecirá cien veces más. Luego preguntó si había algún asunto concreto que hubiera que tratar, estando la hermana Hopkins ausente debido a un caso de enfermedad. La hermana Haight respondió y dijo que no sabía de ningún asunto en particular, solo le gustaría mencionar el caso del anciano papá Chatterley, que tenía que dormir en el suelo porque su cama se había incendiado23. Ella pensaba que era nuestro deber encontrarle una. La hermana Hannah Fife dijo que ella buscaría un jergón, y la hermana Mary McConnell una almohada de plumas24. Algunas hermanas más compartieron sus testimonios, y luego el hermano Higbee dijo que no creía que fuera prudente alargar más la reunión, ya que el día estaba muy frío.

Barrio Cedar City, Estaca Parowan, Relief Society Minutes, tomo I, 1856–1875 y 1892, 8 de enero de 1857, págs. 6–7, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Manuscrito de Ellen Lunt. Título proporcionado por los editores.

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El privilegio de las hermanas

El privilegio de las hermanas

Elizabeth Ann Whitney
Sociedad de Socorro de Nauvoo
Nauvoo, Illinois
1842–1843


[24 de marzo de 1842]

Debemos orar mucho las unas por las otras, para que podamos tener éxito en la obra que tenemos por delante y recibamos sabiduría en todos nuestros afanes…


[19 de mayo de 1842]

La consejera Whitney… deseaba que esta sociedad llegara a ser más obediente al Evangelio al cumplir todos los mandamientos. Las exhortó a ser humildes y estar alertas. Que los dones y las bendiciones del Evangelio fueran nuestras si es que éramos halladas fieles y puras ante Dios, etc…


[26 de mayo de 1842]

La consejera Whitney hizo una exhortación a la humildad y al estado de alerta, etc… Se regocijó en el número de hermanas presentes que unían su fe a sus obras, en alusión a las donaciones que se acababan de recibir…10.


[23 de junio de 1842]

La consejera W. [Elizabeth Ann Smith Whitney] se levantó e instó a las hermanas a aspirar a una vida larga a fin de hacer el bien. Habló de la gloria que había de llegar, etc…


[16 de junio de 1843]

La consejera Whitney se levantó y dirigió la reunión diciendo que se sentía sola a causa de la ausencia de la presidenta, de quien había recibido instrucciones de que no solo atendiéramos las necesidades de los pobres, sino que echáramos también nuestras dos blancas para ayudar a los hermanos a construir la Casa del Señor11. Dijo que había sentido un profundo interés en este tema desde el día de reposo anterior, al escuchar las palabras del presidente Smith12. Deseaba que las hermanas expresaran sus sentimientos. Nuestra presidenta, la señora Smith, dijo que podíamos hablar con el comité del templo, y cualquier cosa que desearan y estuviera en nuestras manos, eso haríamos…13. Seguir leyendo

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Cómo resolver conflictos utilizando los principios del Evangelio

Cómo resolver conflictos utilizando los principios del Evangelio

Gladys N. Sitati
Conferencia de la Universidad Brigham Young para la Mujer
Centro de visitantes y exalumnos Gordon B. Hinckley
Universidad Brigham Young, Provo, Utah
27 de abril de 2016

Las Escrituras advierten que “aquel que tiene el espíritu de contención no es mío”11. Sin embargo, vivimos en un mundo con diferencias de opinión y conflicto. En nuestras familias, en las clases de la Iglesia, en los consejos de la Iglesia y en nuestro trato con nuestros semejantes debemos evitar la contención. ¿Qué doctrinas y principios nos enseñan la manera de resolver el conflicto? ¿De qué maneras el ser “pacíficos discípulos de Cristo” nos ayuda a manejar el conflicto al tiempo que “[somos] testigos de Dios”?12.

Hermanas y hermanos, me gustaría compartir algunos pensamientos y experiencias personales sobre la manera de resolver conflictos y evitar la contención al tiempo que nos esforzamos por vivir como pacíficos discípulos de Jesucristo y ser testigos de Él, conforme a los convenios que hemos hecho.

Cuando meditaba en el tema que nos ocupa, me pregunté si conocía a alguien que hubiera vivido una vida sin conflicto ni contención. La contención llega con facilidad, aun con aquellos a quienes ciertamente amamos y para quienes deseamos lo mejor. Es difícil estar siempre en guardia y recordar quiénes somos cuando aquellos a quienes amamos y de quienes estamos cerca hacen cosas con las que sinceramente discrepamos, o que nos irritan.

Permítanme mencionar algunos aspectos que pueden generar contención entre las personas:

  1. La falta de comunicación, que produce malentendidos, falsas expectativas y conclusiones indeseables, desconfianza y suspicacias.
  2. Hacer juicios precipitados y suposiciones sobre los demás, que nos lleva a malinterpretar las intenciones de otras personas y a herir los sentimientos de otros.
  3. Un espíritu competitivo motivado por el orgullo, que aviva la aversión, los sentimientos de enojo y el aislamiento.
  4. Valores culturales diferentes, que con frecuencia conducen a la desconfianza, la sospecha, el prejuicio y la caracterización de otras personas.

El conflicto y la contención no son inevitables. Lo que hacemos por prevenirlo o incrementarlo es una decisión que tomamos. En el Libro de Mormón leemos acerca de un pueblo que vivió junto una ​vida pacífica y feliz por muchas generaciones, después de que el Cristo resucitado los visitara y enseñara.

Y ocurrió que no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo. Seguir leyendo

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Nuestros regalos del día de reposo

Nuestros regalos del día de reposo

Linda K. Burton
Conferencia del Área Utah Sur
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
13 de septiembre de 2015

Mis amados hermanos y hermanas, para mí es un sagrado privilegio dirigirme a ustedes hoy desde este magnífico Centro Marriott en Provo, Utah, mientras ustedes se hallan congregados en sus centros de reuniones. Entre ustedes se encuentran algunos de nuestros muy queridos familiares y preciados amigos. Considero un sagrado privilegio acompañar al élder Ballard, al élder Hallstrom y al obispo Davies esta mañana14. Testifico que ellos son siervos escogidos y dedicados discípulos del Señor Jesucristo, y les ruego que escuchen, aprendan y vivan lo que el Espíritu les comunique por medio de ellos esta mañana.

Durante la pasada conferencia general, el presidente Russell M. Nelson preguntó: “¿A qué se refería el Salvador cuando dijo que ‘… el día de reposo fue hecho por causa del hombre, ​y no el hombre por causa del día de reposo?’”. Luego el presidente Nelson respondió a su propia pregunta: “Creo que Él deseaba que entendiésemos que el día de reposo era Su regalo para nosotros”15.

¿Qué hicieron USTEDES la última vez que alguien les hizo un regalo? ¿Expresaron su gratitud con palabras, ya fueran escritas o habladas? ¿Utilizaron ese regalo como muestra de que lo valoran, lo estiman y lo aprecian? Por ejemplo, ¿colgaron la obra de arte que uno de sus hijos o nietos o un niño de su clase de la Primaria hizo especialmente para ustedes? ¿Dedicaron tiempo a leer un libro, una carta, un correo electrónico o una tarjeta que les dieron con amor?

Me apena admitir que, cuando estaba recién casada, en nuestra primera Navidad como esposo y esposa, no expresé gratitud por un regalo que mi esposo me dio. Habíamos acordado que, como teníamos muy poco dinero, ese primer año no nos haríamos regalos de Navidad el uno al otro. No obstante, mi dulce esposo se dio cuenta de que yo necesitaba un nuevo par de zapatos. Haciendo un gran sacrificio, en Navidad me sorprendió con unos flamantes zapatos marrones pero… adivinen qué. No eran el tipo de zapatos que yo habría elegido para mí. Siendo una joven e inmadura recién casada pensé que parecían “zapatos marrones de abuela”. Y en lugar de ponérmelos para mostrar lo mucho que apreciaba el detalle de mi esposo, le pregunté si había guardado el recibo, y le pedí que al día siguiente los devolviera a la zapatería sin demora.

¿Me hizo mi esposo un mal regalo? ¡En absoluto! Era un buen regalo ofrecido con mucho amor. ¿Convertí un buen regalo en uno malo porque no lo acepté con el mismo espíritu con el que me fue entregado? Para ser totalmente honesta, debo admitir que sí. Ojalá hubiera sabido entonces lo que sé ahora de los buenos regalos. En el Nuevo Testamento leemos lo que Jesucristo tiene que decir sobre los regalos que Dios nos da. En Mateo 7:9–11 leemos: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Y si le pide un pez, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?”. Seguir leyendo

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Nuestro Padre Celestial tiene una misión para nosotros

Nuestro Padre Celestial tiene una misión para nosotros

Judy Brummer
Charla fogonera
Salt Lake City, Utah
28 de abril de 2012

Judy Brummer cuando era misionera en Queenstown, Sudáfrica.Aproximadamente 1980. La hermana Brummer (en la imagen, la segunda por la derecha), nativa de Sudáfrica, fue la primera misionera Santo de los Últimos Días que hablaba fluidamente el idioma xhosa. (Fotografía propiedad de la familia. Por cortesía de Judy Brummer).

Me siento muy honrada y feliz de estar aquí esta mañana, y les agradezco a todos que hayan venido. Estoy tan agradecida.

Al contarles la historia de cómo me crie en Sudáfrica, quiero que piensen y se hagan la siguiente pregunta: ¿Prepara nuestro Padre Celestial una vía con anticipación, o todo esto es una gran coincidencia?

Crecí en un rancho en Karoo, Sudáfrica14, en el seno de una familia metodista. Me encanta mi familia metodista; ellos son trabajadores, buenos, honestos y decentes ratones de campo y de granja. Estoy sinceramente agradecida por la herencia que he recibido y por haber nacido en esa familia.

Mi madre asistió a la escuela privada más cara del continente africano; también fue a la Universidad de Rhodes, y obtuvo dos títulos universitarios15. Ella falleció hace dos veranos, a los ochenta y cinco años de edad16. En aquellos días era extremadamente inusual, incluso para las mujeres blancas en Sudáfrica, haber recibido ese tipo de educación. Dado que no tenía hermanos, la educación fue algo que se pudo permitir. Mi ​madre obtuvo su licenciatura en Matemáticas; era una mujer muy inteligente y, personalmente, no creo que haya que tener una licenciatura en Matemáticas para leer la Biblia y concluir que uno y uno y uno son tres sujetos diferentes.

Yo tuve una mamá metodista que me enseñó doctrina mormona. Otra cosa por la que estoy eternamente agradecida es porque mi madre, y espero que todas las madres que hoy se encuentran aquí traten de hacer esto por sus hijos —o por sus futuros hijos—, mi madre nos enseñó en cuanto al poder de Dios. Ella nos enseñó que al Dios Todopoderoso se le llama “Todopoderoso” por algo. Él puede hacer cualquier cosa, en cualquier lugar y en cualquier momento. Cuán agradecida estoy por haber crecido en un hogar donde uno cree que el Padre Celestial puede extender Su mano e intervenir en su vida y dar respuesta a sus oraciones. ¿No es mucho más probable que le pidamos ayuda si realmente creemos que Él puede hacer cualquier cosa, en cualquier lugar y en cualquier momento?

Cuanto más tiempo vivo, más convencida estoy de que mi madre tenía mucho en común con Moroni, quien en el último capítulo del Libro de Mormón utiliza la palabra “poder”, no una ni dos, sino diez veces17. Y recordemos que Moroni no estaba tecleando en una computadora portátil; él estaba grabando sobre planchas de oro cuando escribió, en Moroni 10: “[No] neguéis el poder de Dios”. Y luego repitió: “[Si]… no negáis su poder…”. Creo que Moroni deseaba que nosotros, en estos últimos días, reconociéramos, recordáramos y creyéramos en el poder del Todopoderoso18. Estoy extremadamente agradecida a mi madre por enseñarme esas dos cosas. Seguir leyendo

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Por qué estamos organizados en cuórums y en sociedades de socorro

Por qué estamos organizados en cuórums y en sociedades de socorro

Julie B. Beck
Discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
17 de enero de 2012

Les agradezco la bienvenida de hoy a la Universidad Brigham Young. Amo esta universidad y me siento bendecida por cada oportunidad de sentir el espíritu que caracteriza a este campus universitario. Debido a mi servicio en la Mesa Directiva de Educación de la Iglesia, puedo testificarles del interés del Señor en esta maravillosa institución y, en honor a ustedes, hoy me he vestido con mi mejor azul de BYU18.

Al meditar en esta oportunidad de dirigirme a ustedes, un gran número de temas vinieron a mi mente. Pero el Espíritu ha persistido en darme ideas de por qué estamos organizados en cuórums y sociedades de socorro.

Aun cuando este es probablemente un tema poco común para que ustedes lo consideren, espero ser el medio que el Espíritu utilice para enseñarles algunas de las cosas que bendecirán su vida al ​continuar fortaleciendo su fe en el Señor Jesucristo y al ayudar a edificar Su reino.

Cuando era pequeña, mi padre fue llamado a presidir la Misión Brasileña19. Por aquel entonces solo había una misión en Brasil. No había ni estacas ni barrios; ni tampoco un cuórum de élderes en el país. Eso quiere decir que no había maestros orientadores. Había más de cuarenta ramas, que por lo general estaban presididas por misioneros que dirigían la reunión sacramental semanal y algunas veces tenían Escuela Dominical y actividades de rama. Mi padre había servido como presidente de estaca y obispo antes de su llamamiento como presidente de misión, y entendía cómo establecer la Iglesia del Señor. Empezó a organizar ramas y distritos siguiendo el modelo con el que estamos familiarizados en la actualidad como anticipación a las futuras estacas y los futuros barrios.

A fin de comenzar la organización se siguieron algunas prioridades. Primero se llamó a un presidente de rama, y después a un presidente del cuórum de élderes y a una presidenta de la Sociedad de Socorro. Se entendía que una rama no podía funcionar sin un presidente de cuórum y una presidenta de la Sociedad de Socorro.

Cuando el profeta José Smith empezó a establecer la Iglesia en esta dispensación, el Señor lo dirigió para que siguiera modelos inspirados similares. Al establecer el curso para la Sociedad de Socorro, les dijo a las hermanas que ellas estaban organizadas “bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de este”20. Esto dio a las hermanas responsabilidades oficiales en la Iglesia restaurada y la autoridad para ejercer sus funciones en esas responsabilidades. Este era un modelo similar al que se había dado al presidente del cuórum de élderes, quien tenía que reunirse en consejo con su presidencia21. Seguir leyendo

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La oración: Una cosa pequeña y sencilla

La oración: Una cosa pequeña y sencilla

Virginia H. Pearce
Conferencia de la Universidad Brigham Young para la Mujer
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
28 de abril de 2011

Es un placer estar con ustedes, mis queridas hermanas de la Sociedad de Socorro. Creo que sé algo de los preparativos que han hecho para dejar a sus familias, sus trabajos y demás responsabilidades. Resulta que tengo cinco hijas aquí esta mañana, así que he visto de cerca y en lo personal lo que supone organizarse para dejar sus vidas, y los veintidós hijos que tienen entre las cinco, y hacerse una composición de este día: de cómo van a apañárselas todas esas personas sin ellas en el día de hoy ​y el de mañana. Y cuando multiplico eso spa cada una de ustedes, me quedo atónita. Pienso que el desembarco de Normandía no fue nada, un juego de niños en términos de coordinación y planificación, comparado con esto.

Creo que también sé algo en cuanto a lo que esperan y desean de este tiempo juntas. Las amo, y confío plenamente en que hoy y mañana habrá un poderoso derramamiento del Espíritu del Señor.

Nuestro lema se ha sacado del capítulo treinta y siete de Alma, de un versículo que todas conocemos muy bien, memorable en su aliteración y paradójico en su promesa. Alma, al hablar a su hijo Helamán sobre la imspatancia de llevar un registro de Escrituras, dijo: “Ahora bien, tal vez pienses que esto es locura de mi parte; mas he aquí, te digo que spa medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas”17.

¿No es esto reconfortante en este mundo donde continuamente se nos presentan acontecimientos y expectativas extravagantes, míticos y descomunales? En mi computadora en casa tengo un pequeño letrero; no está bordado, ni cosido con punto de cruz, ni enmarcado. Es solo una pequeña nota pegada que dice:

HAZLO PEQUEÑO.
HAZLO SENCILLO.
DEDÍCALE TIEMPO.

Leer estas palabras —a veces en voz alta— siempre me ayuda a mantener la calma.

Una de nuestras buenas antepasadas en la Sociedad de Socorro, Emmeline B. Wells, lo dijo de una manera mucho más poética:

La fe da aliento al débil, y brinda gracia también.
Y con frecuencia vemos que el frágil supera
al que era fuerte la carrera al comenzar18.

En un momento dado, toda nuestra pequeñez, nuestra fragilidad, en realidad permite que la gracia de Dios obre en nosotras, y nos permite triunfar sobre quienes podrían parecer más fuertes y más grandes al principio. Seguir leyendo

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Con santidad de corazón

Con santidad de corazón

Bonnie D. Parkin
Reunión General de la Sociedad de Socorro
Centro de Conferencias, Salt Lake City, Utah
28 de septiembre de 2002

Virginia H. Pearce, Janette Hales Beckham y Bonnie D. Parkin, Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, 1994. La meta de la presidencia de la hermana Beckham, que sirvió desde 1992 hasta 1997, era ayudar a “cada jovencita a llegar a ser una mujer de fe, recta y resolutiva”. Más adelante, la hermana Parkin prestó servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, entre 2002 y 2007. En la imagen, de izquierda a derecha, las hermanas Pearce, Beckham y Parkin. Fotografía spa Busath Photography. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).


Aunque somos muchas más que aquellas hermanas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, el espíritu de nuestra congregación es el mismo17. Tal como nosotras, ellas se edificaron, alentaron e inspiraron unas a otras; oraron las unas spa las otras; consagraron al reino todo lo que poseían. El presidente Hinckley nos ha descrito como “una gran reserva de fe y de buenas obras… un áncora de devoción, de lealtad y de logros”18. Cuán extraordinario es que, ya sea que estemos en el Centro de Conferencias, en una capilla en México o en una rama en Lituania, somos hermanas en Sion con una ​gran tarea que realizar. Y juntas, con la guía de un profeta de Dios, lo lograremos. Espero que puedan sentir el amor que tengo hacia ustedes, el mismo que comparten mis consejeras, quienes son una gran bendición para mí.

Decir que me quedé estupefacta cuando el presidente Hinckley me llamó a ser la Presidenta General de la Sociedad de Socorro es quedarme corta. Ustedes me comprenden; pero, con voz trémula, respondí: “Heme aquí, envíame a mí”19. Cuando una amiga judía se enteró de lo que este llamamiento requería, me miró como si yo estuviera loca y me preguntó: “Bonnie, ¿spa qué has aceptado eso?”. (En ocasiones como esta, a menudo me pregunto lo mismo). Pero hay una sola razón spa la que lo hice: He hecho convenios con el Señor y sé lo que eso requiere. Además, sabía que ustedes y yo serviríamos juntas, y que mis esfuerzos serían en beneficio de todas nosotras.

Desde hace siglos, las mujeres rectas han estado dando un paso al frente para unirse a la causa de Cristo. Muchas de ustedes se han bautizado hace poco; los convenios que han hecho son nuevos en sus corazones y sus sacrificios son recientes. Al pensar en ustedes, recuerdo a Priscilla Staines, de Wiltshire, Inglaterra20, que a los diecinueve años se unió a la Iglesia, en 184321. Sola, tuvo que salir secretamente spa la noche para ser bautizada, debido a las persecuciones de sus vecinos y al descontento de su familia. Ella escribió: “Esperamos hasta la medianoche… y nos dirigimos a un arroyuelo que había a cuatro kilómetros de distancia. Encontramos el agua… congelada, y el élder tuvo que abrir un hoyo en el hielo lo suficientemente grande para efectuar el bautismo. Nadie, solo Dios y Sus ángeles, y los pocos testigos que aguardaban en la orilla, escucharon mi convenio; pero en la solemnidad de esa hora, parecía que toda la naturaleza estaba escuchando y que el ángel registrador escribía nuestras palabras en el libro del Señor”22. Seguir leyendo

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Saber quiénes son… y quiénes han sido siempre

Saber quiénes son… y quiénes han sido siempre

Sheri L. Dew
Conferencia de Mujeres de la Universidad Brigham Young
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
4 de mayo de 2001

Hermanas, ¡ustedes son simplemente asombrosas! No son perfectas, pero son asombrosas. Desde Siberia hasta Seattle, se han ganado mi corazón y mi más profundo respeto. Creo que hoy en día, dentro de ​las hermanas de esta Iglesia hay más recto valor y determinación inherentes de los que ha habido nunca en ningún grupo de mujeres que hayan vivido jamás. Y hoy deseo contarles por qué.

Hace poco, mi sobrina Megan, de dieciséis años, y dos de sus amigas se quedaron a dormir en casa. Aquella noche, mientras conversábamos, una de ellas me preguntó cómo había sido crecer en una granja en los viejos tiempos… (No obstante fue peor lo que me pasó hace unos días, cuando un guapo misionero retornado me dijo: “Hermana Dew, si yo tuviera cuarenta años más…”. Bueno, si alguna vez me caso espero que mi esposo haga mejor los cálculos). En cualquier caso, les conté a Megan y a sus amigas que, en los “viejos tiempos”, yo había sido extremadamente tímida, y no tenía absolutamente ninguna confianza en mí misma.

“¿Cómo lograste dejar de sentirte así?”, preguntó Megan. Estaba a punto de dar una respuesta trillada cuando me detuve, con la sensación de que aquellas fantásticas jovencitas estaban dispuestas a escuchar más; de modo que les expliqué que la razón era espiritual: No fue sino hasta que comencé a entender lo que el Señor sentía por mí, cuando mis sentimientos sobre mí misma y sobre mi vida comenzaron a cambiar lentamente. Entonces comenzaron a llover las preguntas: ¿Cómo sabía yo lo que sentía el Señor? ¿Y cómo podían averiguar lo que Él sentía por ellas?

Durante varias horas, Escrituras en mano, hablamos de cómo escuchar la voz del Espíritu, de cuán ansioso está el Señor por desvelar el conocimiento cuidadosamente almacenado en nuestros espíritus en cuanto a quiénes somos y cuál es nuestra misión, y sobre la transformadora diferencia que marca el saberlo…

Mi mensaje para ustedes hoy, mis queridas hermanas a quienes amo, es el mismo: No hay nada más vital para nuestro éxito y nuestra felicidad aquí que aprender a escuchar la voz del Espíritu. Es el Espíritu el que nos revela nuestra identidad, la cual no es solamente quiénes somos, sino quiénes hemos sido siempre. Y cuando lo sabemos, nuestra vida adquiere un sentido de propósito tan asombroso que nunca podemos volver a ser las mismas…

Como pueblo, constantemente hablamos y cantamos acerca de quiénes somos. Los niños de tres años se saben la letra de “Soy un hijo de Dios”12. La Proclamación sobre la familia declara que cada una de nosotras tiene un destino divino13. El segundo valor de las Mujeres Jóvenes es la naturaleza divina14. Y las primeras palabras de la Declaración de la Sociedad de Socorro son: “Somos hijas espirituales de Dios amadas por Él, y nuestra vida tiene significado, propósito y dirección”15. Y aun así, a pesar de todas las palabras, ¿realmente creemos? ¿Realmente entendemos? ¿Ha penetrado en nuestro corazón esta doctrina trascendental sobre quiénes somos, lo cual significa quiénes hemos sido siempre y, por lo tanto, quiénes podemos llegar a ser? Seguir leyendo

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Decisiones y milagros… Y ahora veo

Decisiones y milagros… Y ahora veo

Irina Kratzer
Conferencia de la Universidad Brigham Young para la Mujer
Edificio N. Eldon Tanner, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
27 de abril de 2000

Hubo un momento en mi vida en que me conmovieron el amor y la luz de Cristo. Desde entonces, mi vida cambió para siempre.

Sé lo que es vivir sin el Evangelio. Yo viví así treinta años. Nací en Rusia, de buenos padres que me cuidaron con amor y ternura, y me dieron la ospatunidad de recibir una buena educación. Ellos hicieron todo lo posible para que yo fuera feliz. Pasé la mayor parte de mi vida en Siberia. Al hacerme mayor me casé y di a luz a una adorable bebé. Pronto me gradué con éxito en la universidad y conseguí un trabajo que realmente me gustaba. Y sin embargo, a pesar de todo, estaba lejos de ser feliz.

Desde el primer momento, mi matrimonio parecía no ir bien, y poco a poco se derrumbó. La situación económica en Rusia empeoraba cada día. Apenas podía proveer alimentos sencillos para mi hija y para mí. Pecaba. Tomaba una mala decisión tras otra. El hambre, la depresión y las malas decisiones hacían que mi vida fuera miserable. Yo culpaba a la mala suerte sin darme cuenta de que, en muchos sentidos, estaba sufriendo las consecuencias naturales de mis pecados; pero, ¿cómo podía saberlo? El pecado no existía según lo que me habían enseñado. Permítanme explicarme.

Después de la revolución comunista de 191710, la religión se prohibió en Rusia. Desde el jardín de infancia me enseñaron que no existía tal cosa como un Dios, y que solamente el partido comunista y el abuelo Lenin podían brindar la felicidad al pueblo ruso11. Las personas religiosas eran duramente perseguidas en nuestra sociedad. Los creyentes perdían sus empleos, no se les permitía asistir a la escuela y se les tildaba de “locos”12. A todo el mundo se le requería tomar clases de ateísmo en la universidad, donde probábamos que Dios no existía. Aunque, con el tiempo, el socialismo fracasó en nuestro país y la ideología comunista demostró ser inviable, el ateísmo seguía vivo en la mente del pueblo. También en mi mente estaba bien arraigado. Simplemente no pensaba en Dios. Pero sentía dolor en el corazón spa mis malas decisiones. Más tarde aprendería que el dolor que sentía era la luz de Cristo que me daba un sentido de conciencia para discernir el bien del mal13. Pero la sociedad iba en contra de mis sentimientos de dolor. A los ojos de otras personas, yo no estaba haciendo nada particularmente mal.

El élder M. Russell Ballard dijo: “Las normas del mundo se han desplazado como las arenas de un desierto tormentoso. Lo que una vez era inusitado o ​inaceptable, es hoy en día común y corriente”14. Así era como vivía yo. Si no hay Dios, no hay pecado; si no hay pecado, depende absolutamente de ti lo que hagas con tu vida. Disfruta. Aprovéchate. spaque cuando ya no estés, todo lo demás se irá también.

En el Libro de Mormón he leído sobre esta misma filosofía que enseñaba el anticristo, Korihor: no hay “ninguna expiación spa los pecados de los hombres, sino que en esta vida a cada uno le [toca] de acuerdo con su habilidad; spa tanto, todo hombre [prospera] según su genio, todo hombre [conquista] según su fuerza; y no [es] ningún crimen el que un hombre [haga] cosa cualquiera”15. Seguir leyendo

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Canastos y frascos

Canastos y frascos

Chieko N. Okazaki
Conferencia General anual
Tabernáculo, Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah
6 de abril de 1996

Chieko N. Okazaki durante un discurso en la conferencia general. 1996. La hermana Okazaki fue una escritora prolífica y una popular oradora. Habiendo sido maestra y directora en una escuela primaria, con frecuencia empleaba ayudas visuales cuando hablaba. Fotografía spa Welden C. Anderson. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

​Mis queridos hermanos y hermanas, ¡aloha! En febrero me regocijé con ustedes cuando el número de miembros de la Iglesia fuera de los Estados Unidos sobrepasó ligeramente al número de miembros en este país16. Ese leve cambio es un indicador imspatante del carácter internacional de la Iglesia. Pensé en las palabras de Pablo a los gálatas: “Ya no hay judío, ni griego; no hay esclavo, ni libre; no hay varón, ni mujer; spaque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”17. Esta semana celebro el aniversario número cincuenta y cuatro de mi bautismo. Las personas como yo, que somos conversas, conocemos la promesa de Pablo: “spaque spa un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”18.

Hermanos y hermanas, hoy deseo hablar de la hermosa unidad que compartimos en el Evangelio. Hace tres semanas regresé de una gira spa Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Tonga y Fiyi, donde la hermana Susan Warner y yo participamos en la capacitación de líderes19. Asignaciones anteriores me llevaron a México, Honduras, Guatemala, Samoa, Corea y Japón.

En todos esos lugares trabajamos arduas y largas horas. La gente nos decía: “¡Cuánto deben haberse cansado!”. spa el contrario, sentimos que fuimos sostenidas “como en alas de águila”20 spaque hemos visto a las hijas de Sion “[despertar] y [levantarse]… y [vestir sus] ropas hermosas”21 en respuesta a las buenas nuevas del Evangelio. Enseñamos, pero también aprendimos; y este es el punto que deseo subrayar.

La lección más imspatante fue que realmente todos somos uno en Cristo Jesús22. Somos uno en el amor que recibimos del Salvador; somos uno en nuestro testimonio del Evangelio; somos uno en fe, esperanza y caridad; somos uno en nuestra convicción de que el Libro de Mormón es la palabra inspirada de Dios; somos uno al apoyar al presidente Hinckley y a las demás Autoridades Generales23. Somos uno al amarnos los unos a los otros. Seguir leyendo

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Obtengan una vida

Obtengan una vida

Elaine L. Jack
Charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia
Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
3 de enero de 1993

Jayne B. Malan, Ardeth G. Kapp y Elaine L. Jack, Presidencia General de las Mujeres Jóvenes. 1989. La hermana Kapp sirvió como Presidenta General de las Mujeres Jóvenes entre 1984 y 1992. Esta presidencia supervisó la creación del lema y de los valores de las Mujeres Jóvenes, y actualizó el programa del Progreso Personal. La hermana Jack fue Presidenta General de la Sociedad de Socorro entre 1990 y 1997. En esta imagen, de izquierda a derecha, las hermanas Malan, Kapp y Jack. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Justo antes de que los hijos de Israel entraran en la tierra prometida, Moisés, su líder, les dio un gran sermón final. Líder suyo durante cuarenta años, Moisés pronunció este sermón sobre el conocimiento esencial de la vida, sabiendo perfectamente que no acompañaría a su pueblo a su nueva patria. ¿Qué les diría esa última vez? Moisés habló a su pueblo de las cosas que era más imspatante que supieran si deseaban vivir de una manera feliz y regresar a su Padre Celestial.

Cerca del final de su mensaje, explicó con claridad cuáles eran las opciones que tenían. Él pronunció estas significativas palabras:

“A los cielos y a la tierra llamo spa testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia,

“amando a Jehová tu Dios, escuchando su voz y aferrándote a él, spaque él es tu vida y la prolongación de tus días, a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”20.

Mis queridos hermanos y hermanas, igual que Moisés, aquí estoy yo viendo cómo ustedes, los jóvenes adultos de la Iglesia, se preparan para entrar en muchas tierras de promisión. Esta tarde repito las palabras de Moisés y les pido que escojan la vida, que entiendan con el corazón y con la mente que el Señor ciertamente es su “vida y la prolongación de [sus] días”. Seguir leyendo

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El tesoro desconocido

El tesoro desconocido

Jutta B. Busche
Conferencia de la Universidad Brigham Young para Mujeres
Centro Marriot, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
6 de abril de 1990

Una tarde de finales del verano de 1940, la familia Baum —la madre, dos hijos, un hijo adoptado, dos hijas y un bebé— se juntaron en el comedor en ausencia del padre, que era soldado en la guerra18. La madre había estado toda la tarde ocupada, improvisando una cena con provisiones limitadas como diente de león, nabos y patatas. Al poner la comida en la mesa, miró a sus hijos y preguntó: “¿Dónde está Jutta?”. Sobresaltados, los tres niños se miraron unos a otros y luego, uno por uno, bajaron la mirada con sentimiento de culpabilidad. La madre repitió la pregunta con más urgencia: “¿Dónde está Jutta?”. Finalmente, uno de los niños dijo, con voz sumisa: “Sigue atada a un árbol en el bosque. Se nos olvidó soltarla. Estábamos jugando a la guerra”.

Este incidente era algo típico de mi infancia. En aquella época yo solo tenía cinco años y ya era un marimacho. Crecí principalmente entre chicos, y disfrutaba participando en juegos de guerra. Yo les servía básicamente de “transportador de armas”, aunque de vez en cuando hacía las veces de “el enemigo”. Estoy agradecida a mi Padre Celestial por haber nacido en ​ese tiempo en Alemania. La guerra fue una época llena de sacrificios, temor, pánico, dolor y dificultades, pero también una época de recuerdos vívidos, aprendizaje y crecimiento, porque el verdadero aprendizaje a menudo sucede solamente en tiempos de adversidad19.

Durante los años de la guerra, recuerdo que cada tarde, al anochecer, preparaba una pequeña mochila con una muda extra, un par de medias y un par de zapatos, y caminaba unos tres kilómetros (un poco menos de dos millas) desde mi casa hasta un túnel para pasar la noche sola, en un compartimento de un tren estacionado allí para dar refugio a los civiles, temerosos de los bombardeos que había casi cada noche. También recuerdo el primer plátano que vi en mi vida, y lo bien que sabía. La guerra acababa de terminar, y un compasivo solado de las fuerzas de ocupación me lo dio. Recuerdo muy vívidamente nuestra exigua dieta de sopas aguadas, ortiga, diente de león, nabos y las melazas que las personas del pueblo tenían la fortuna de obtener de un vagón averiado. Recuerdo muy bien el olor de la lana de oveja que nosotros mismos esquilábamos e hilábamos para hacernos jerséis y vestidos. Como consecuencia de la falta de alimentos y asistencia médica durante aquellos años, vi a mi hermana, de dieciséis años, y a mi hermano, de diecinueve, enfermar y finalmente morir. La muerte de mi hermano, al cual estaba muy unida, me dolió extremadamente y me llenó de una profunda conciencia de la fragilidad de la vida.

En nuestro hogar hubo muy poca instrucción religiosa, aunque mis padres eran protestantes. Seguir leyendo

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Teología de los Santos de los Últimos Días sobre el sufrimiento

Teología de los Santos de los Últimos Días sobre el sufrimiento

Francine R. Bennion
Conferencia de la Universidad Brigham Young para Mujeres
Harris Fine Arts Center, Universidad Brigham Young, Provo, Utah
28 de marzo de 1986

Francine R. Bennion. 1995. La hermana Bennion prestó servicio en la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes y de la Sociedad de Socorro en las décadas de 1970 y 1980. Fotografía por Busath Photography. (Por cortesía de Francine Bennion).

No es mi intención dar aquí una definición precisa del término sufrimiento, ni distinguir entre diversos tipos de sufrimiento. Para los fines de este análisis, sufrimientoes todo aquello que nos hiere grandemente en cualquier modo.

Tampoco es mi intención responder a todas las preguntas sobre el sufrimiento, ni aun sugerir que todos tengamos las mismas preguntas. Tenemos nuestras propias preguntas, y nuestra ha de ser la búsqueda de la paz. Mi intención es hablar de la reserva a la que muchas de nosotras acudimos para recibir comprensión y consuelo en momentos de angustia.

Mi amiga Sheila Brown salió de una cirugía cerebral con un lado de su cuerpo paralizado y con el habla y la vista gravemente dañadas. Un día, mientras trabajábamos tensando y relajando sus músculos, Sheila me preguntó de qué iba a hablar en la Conferencia de la Mujer de BYU.

“La teología de los Santos de los Últimos Días sobre el sufrimiento”.

“Oh”, dijo ella buscando las palabras y tratando de articularlas, “creo que deberías hablar de la teología del coraje y de la esperanza como mirando por una ventana”.

“Pienso que es lo mismo”, respondí.

Tenemos la costumbre de hablar de fragmentos de teología: un tema por aquí, una suposición o una tradición por allá, a menudo fuera del contexto del conjunto. Somos un pueblo acostumbrado también a los fragmentos de Escrituras fuera de contexto: una frase aquí, un versículo allá, palabras que dicen algo que se ajusta al tema que tratamos y repican con claridad y convicción. Tenemos que hacerlo; no tenemos tiempo ni capacidad para decir todo de una sola vez. No obstante, en ocasiones la claridad se distorsiona y la convicción deja paso a la duda cuando la persona mezcla unos fragmentos con otros. Por ejemplo, ¿qué piensan de lo siguiente?

2 Nefi 2:25 “… existen los hombres para que tengan gozo”.
Job 5:7 “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción”.
Deuteronomio 4:29–31 “Mas si desde allí buscas a Jehová tu Dios, lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. Cuando estés en angustia y te alcancen todas estas cosas, si en los postreros días te vuelves a Jehová tu Dios y escuchas su voz… [Él] no te dejará”.
Salmos 22:1–2 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día y no respondes; y de noche no me quedo en silencio”.
Mateo 27:46 “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?”.
Abraham 3:18 “[Los] espíritus… no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son gnolaum o eternos”.
2 Nefi 2:14 “… Dios… ha creado todas las cosas, tanto los cielos como la tierra y todo cuanto en ellos hay; tanto las cosas que actúan como aquellas sobre las cuales se actúa”.
Proverbios 3:13 “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que adquiere entendimiento”.
Eclesiastés 1:18 “Porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia; y quien añade conocimiento, añade dolor”.

Una función de la teología es proporcionar un marco global que dé sentido a los fragmentos y a las aparentes contradicciones o paradojas que estos sugieren. La teología ofrece un marco que ciñe la diversidad y la complejidad a una red más sencilla con la que podemos dar cierto sentido aun a las cosas que no comprendemos del todo. Seguir leyendo

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