Guarden los mandamientos de Dios

Conferencia General Abril 1945

Guarden los mandamientos de Dios

por el presidente Heber J. Grant

Este es el último de los muchos mensajes que dirigió el presidente Heber J. Grant a la Iglesia que encabezó como profeta, vidente y revelador por más de 26 años. Fué dado en la conferencia general del 6-8 de abril de 1945.


No parece posible que seis meses más hayan pasado desde que tuvimos el privilegio de reunimos en conferencia general de la Iglesia. Desde entonces mucho ha ocurrido en nuestra propia vida y en los eventos del mundo. Desde entonces he tenido el privilegio de cumplir el octogésimo- octavo año de mi vida y vivir el octogésimo noveno año. El Señor nos ha bendecido y sustentado a la hermana Grant y a mí, y la riqueza de nuestras bendiciones son nuestros amigos, nuestros hermanos, y nuestras hermanas, cuyas oraciones a favor nuestro han bendecido nuestra vida, y cuyas consideraciones han alegrado nuestra vida de muchas maneras.

Me regocijo grandemente en las muchas bendiciones del evangelio de Jesucristo de que gozamos. Me regocijo en la hermandad, la fe, las oraciones y el buen espíritu de quienes se asocian conmigo. Me regocijo en la integridad, la fe y la diligencia de aquellos que presiden en las varias estacas de Sión. Reconozco que todos estamos expuestos a las flaquezas, debilidades e imperfecciones, pero estoy convencido de que casi sin excepción los que estén al frente de los santos en los barrios, las estacas de Sión, y en las misiones, sean hombres de Dios, y que su integridad sea sin motivo de duda, y que si fuera necesario estarían dispuestos y listos a perder su vida por el progreso del Reino de Dios. Yo creo que los élderes de Israel en todos los diferentes barrios y estacas de Sión desean fervientemente conocer la mente y la voluntad de nuestro Padre Celestial, y que están listos y prestos para cumplir con todo lo que esté a su alcance, cumplir con esa mente y esa voluntad, que me proporcionan gozo y satisfacción, y que me alientan en la responsabilidad que pesa sobre mí. Seguir leyendo

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El valioso Don de la Vista

El valioso Don de la Vista

Por el presidente Thomas S. Monson
Segundo consejero de la primera presidencia
Liahona Agosto 1990

Hay muchos hombres y mujeres en todas partes del mundo que podrían mejorar su vida si tan sólo les extendiéramos nuestra ayuda; pueden ser nuestros vecinos, nuestros amigos, nues­tros compañeros de tra­bajo. Todos son nuestros hermanos y hermanas.

Cuando Jesús anduvo entre los hombres, enseñándoles, utilizó siem­pre un vocabulario sencillo. Ya fuera que caminara por la polvo­rienta senda de Perea a Jerusalén, dirigiera la palabra a la multitud en la costa del Mar de Galilea, o se detuviera cerca del pozo de Jacob, en Samaria, enseñó por medio de parábolas. Con frecuencia habló acerca de corazones que fuesen perceptivos y tuviesen comprensión, de oídos que escuchasen y de ojos que literalmente pudiesen ver. Al igual que en la época de Cristo, en nuestros días hay quienes no tienen la bendición del don de la vista.

Había un hombre ciego que, para mantenerse a sí mismo, se sentaba todos los días en el mismo lugar, en la orilla de una transitada acera de una gran ciudad. Con una mano sostenía un viejo sombrero de fieltro, lleno de lápices; y con la otra, una taza de hojalata. Del cuello le colgaba un cartel, el cual era un simple llamado de atención a los transeúntes; el mensaje del cartel era breve y conciso, implicaba un último recurso y tenía incluso un tono de desesperación. Decía: “Soy ciego”.

La mayoría de la gente no se detenía para comprar los lápices ni poner unas monedas en el recipiente; todos estaban muy ocupados, y demasiado enfrascados en sus propios problemas. La taza nunca se había llenado de monedas, ni siquiera hasta la mitad. Pero en una hermosa mañana de primavera, un hombre se detuvo y escribió algo en el raído cartel. Ya no decía: “Soy ciego”, sino que el mensaje era: “Es primavera, y soy ciego”. Aquel men­saje despertó sentimientos de compasión y muy pronto la taza se llenó. Sin embargo, las monedas no eran más que un simple substituto por la añoranza de poder restituirle la vista.

Recuerdo un artículo que leí acerca de un suceso ocu­rrido en la isla de Sicilia, Italia: “El martes pasado, cinco hermanos, ciegos de nacimiento, lloraron de gozo al ver por primera vez al mundo. Los hermanos Rotolo se some­tieron a una operación quirúrgica a fin de extirparles las cataratas que habían tenido desde su nacimiento. Mien­tras les quitaba las vendas, en un cuarto en penumbras, el cirujano Luigi Picardo debió de haber orado para que la operación hubiese tenido éxito. El primero que habló fue Calogero, el menor, de cuatro años. “La corbata!” exclamó, mientras jalaba la corbata del cirujano. “¡Puedo ver, puedo ver!” Mientras el doctor quitaba las vendas a los otros niños, se oían expresiones de gozo y felicidad. El padre de los chicos casi no podía creer lo que estaba sucediendo y mientras tomaba en sus manos la cara de su hijo de trece años, Carmelo, le preguntó tiernamente: “Hijo, ¿puedes ver? ¿En verdad puedes ver?” Seguir leyendo

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Guardemos la sencillez del evangelio

Guardemos la sencillez del evangelio

Por El Élder Glen L. Rudd
Del segundo quorum de los setenta

Casi todos los principios y la doctrina de la iglesia se pueden simplificar, si tan sólo hacemos el esfuerzo, ya que es posible llevar una vida virtuosa con sencillez.

Hace muchos años fui a una misión a Nueva Zelanda. El mismo día en que llegué conocí al presidente Matthew Cowley. Durante los dos años siguientes nos hicimos buenos ami­gos, y en los últimos meses de la misión viví en la casa de la misión y viajé con él por todo el país.

Era un excelente maestro y tenía una personalidad muy especial. Atraía a todo el mundo con los interesantes relatos que contaba. Aun cuando hace más de treinta años que murió, los miembros de la Iglesia de distintos lugares toda­vía recuerdan sus anécdotas, las que se caracterizaban por edificar y motivar la fe.

El presidente Cowley trataba de simplificar lo que ense­ñaba. En realidad, muchas veces dijo que con frecuencia no podía hablar de temas que no estuvieran relacionados con los primeros principios del evangelio, y se pasó toda la vida tratando de explicar que no había nada complicado en la Iglesia. “El Evangelio de Jesucristo es simplemente hermoso y hermosamente simple”, solía decir. Y la mayoría de los líderes de la Iglesia que he conocido han enseñado lo mismo. No me cabe la menor duda de que cuando hablamos o ense­ñamos en forma directa y sencilla, nuestro conocimiento aumenta.

El presidente Cowley no era un hombre complicado! y aquellos que no podían entender la sencillez de su proceder se confundían y les era difícil comprenderlo; pero yo tuve la oportunidad de tratarlo muy de cerca por quince años. Des­pués que murió, algunos me hacían preguntas acerca de él. Un hombre dijo: “No entiendo cómo el hermano Cowley pudo hacer tantas cosas”. El secreto estaba en que el her­mano Cowley iba directamente al Señor, le decía lo que deseaba y recibía la respuesta. Y no hay nada complicado en ello; eso era todo lo que él hacía.

Como compañero suyo en los viajes de la misión, me dio instrucciones de que tuviera siempre lista una valija con unas dos o tres mudas de ropa. “Cuando le diga ‘vamos’, usted vaya a buscar la valija, encienda el auto y no haga preguntas”, me dijo. Cuando él me lo indicaba, yo tomaba la valija y me iba al auto. Como es natural en un misionero joven, yo me pre­guntaba a dónde iríamos, pero nunca se lo pregunté.

En una oportunidad, después de haber recorrido unos kilómetros me preguntó:

— ¿Le gustaría saber a dónde vamos?

— Sí, —le contesté.

—A mí también. No sé a dónde vamos, pero seguiremos adelante y cuando el Señor nos diga que doblemos, doblare­mos y así llegaremos a donde Él quiere que vayamos — agregó.

Cuando los maoríes (pueblo polinesio) de la Misión de Nueva Zelanda necesitaban ayuda, oraban para que el pre­sidente Cowley fuera a donde ellos vivían. Recuerdo un día en que condujo el automóvil hasta las oficinas del correo postal, que estaba ubicado en una ciudad más bien distante, en Nueva Zelanda. Allí había dos hermanas, de pie, espe­rando. Cuando el presidente Cowley salió del automóvil, una le dijo a la otra: “Viste, te dije que él vendida pronto”.

Entonces él preguntó: “¿Qué pasa?”

Y una de ellas explicó: “Necesitábamos hablar con usted y hemos estado orando. Sabíamos que vendría porque usted siempre va directamente a! correo, de modo que decidimos venir aquí y esperar hasta que usted llegara”.

Era así de sencillo. La gente le decía al Señor lo que necesitaba y, de alguna manera, ya fuera el presidente Cow­ley u otra persona, era guiado por el Espíritu hacia donde ellos estaban. Seguir leyendo

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Un poderoso cambio en el corazón

Un poderoso cambio en el corazón

Por El Presidente Ezra Taft Benson


La fe en el señor Jesucristo es la base sobre la cual debe cimentarse un arrepen­timiento sincero y auténtico. Si en verdad procuramos alejarnos del pecado, debemos primero acercarnos a él, el autor de nuestra salvación.

Ser miembro de la Iglesia, en el sentido común de la palabra, quiere decir que el nombre de una persona figura en los registros de los miembros de la Iglesia. De acuerdo con esa definición, tenemos en la actualidad más de seis millones.

Pero la definición que el Señor nos da de un miembro de la Iglesia es totalmente diferente. En 1828, por medio del profeta José Smith, dijo: “He aquí, ésta es mi doctrina: quienes se arrepienten y vienen a mí, tales son mi iglesia” (D. y C. 10:67, cursiva agregada). Esto quiere decir que para Aquel a quien pertenece esta Iglesia, el ser un miembro de ella significa mucho más que figurar en los registros.

En base a eso, me gustaría exponer conceptos importantes que debemos comprender y aplicar en nuestra vida si realmente hemos de arrepentimos de nuestros pecados y acercarnos a Cristo.

Una de las artimañas que Satanás utiliza con más frecuencia para alejarnos del bien, es inculcarnos la creencia de que los mandamientos de Dios restringen la libertad y limitan la felicidad de los seres humanos. Los jóvenes, en especial, a veces sienten que las normas del Señor son como muros y cadenas que los aíslan de las diversiones que parecen hacer disfrutar más de la vida. Pero, en realidad, es totalmente lo opuesto. El plan del evangelio es el único plan por medio del cual el hombre puede llegar a tener la plenitud de gozo. Y éste es el primer concepto que me gustaría recalcar: Los principios del evangelio son los pasos y las pautas que nos ayudarán a encontrar el verdadero gozo y la verdadera felicidad en la vida.

Cuando el salmista llegó a comprender este concepto, exclamó: “¡Oh, cuánto amo yo.tu ley! . . . Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos. . . Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino . . . Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón” (Salmos 119:.97—98, 105, 111).

Si deseamos arrepentimos sinceramente y acercarnos al Señor para que se pueda decir de nosotros que somos miembros de su Iglesia, primero y ante todo debemos darnos cuenta de esta verdad eterna: El plan del evangelio es el único plan que brinda la felicidad. La iniquidad nunca dio, nunca da, ni nunca dará felicidad. Cuando se violan las leyes de Dios, sólo se consiguen desdicha, cautiverio y tinieblas.

El segundo concepto importante para llegar a comprender el plan de Dios es la relación que existe entre el arrepentimiento y el principio de la fe. El arrepentimiento es el segundo principio fundamental del evangelio. El primero es que debemos tener fe en el Señor Jesucristo. ¿Por qué? ¿Por qué la fe debe preceder al arrepentimiento?

A fin de contestar esas preguntas, debemos comprender algo acerca del sacrificio expiatorio del Maestro. Lehi enseñó que “. . . ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8). Ni el más justo y virtuoso de los hombres podrá salvarse sólo por sus propios méritos porque, tal como nos dice el apóstol Pablo: “. . . todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Seguir leyendo

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El injusto dominio en el matrimonio

El injusto dominio en el matrimonio

Por el élder H. Burke Peterson
del primer quorum de los setenta
Liahona Junio 1990

Como reconocer —aun en sí mismo — Esta seria y grave amenaza, y la manera de superarla.


Las cartas y las llamadas telefóni­cas que las Autoridades Generales re­ciben de esposas fieles e hijos que son víctimas de abuso físico y emocional en sus propios hogares continúan au­mentando. Es desconsolador oírles pedir ayuda; sus súplicas y sus ora­ciones no tienen fin. El que los espo­sos y padres, incluso muchos poseedores del sacerdocio, se com­porten dentro de su propio hogar de una forma que no se admitiría en nin­gún otro nivel social es una verda­dera tragedia que lamentablemente se repite con frecuencia. Ese compor­tamiento da como resultado innume­rables congojas y vidas destrozadas.

El ejercicio del dominio injusto puede manifestarse de muchas mane­ras. Puede ser relativamente leve, cuando se revela en forma de crítica, ira o sentimientos de profunda frus­tración. Sin embargo, en casos más serios, también se manifiesta por me­dio del maltrato verbal, físico o emo­cional. Lamentablemente, cuando se presenta en esas formas menos ob­vias, a menudo se pasa por alto o no se reconoce como dominio injusto. Este artículo tiene el propósito de ayudar tanto a los esposos y a los padres, así como a sus familias, a reconocer este grave y creciente pro­blema de la sociedad actual. Es posi­ble que el reconocer y corregir estas formas menos obvias de comporta­miento impropio nos ayude a evitar las otras que son más serias y se deri­van de éstas.

Por supuesto, el problema del in­justo dominio no sólo les concierne a los hombres. Cualquier persona, ya sea hombre o mujer, que guíe y dirija a otros puede, sin darse cuenta, ejer­cer ese tipo de dominio. A todo hom­bre y a toda mujer, ya sean casados o solteros, tengan hijos o no, les con­vendría aprender y poner en práctica los principios que se analizan a conti­nuación. Tengo la esperanza de que las siguientes perspectivas y sugeren­cias lleguen a arraigarse firmemente en el corazón sincero de todo lector que necesite ayuda.

Ejemplos del dominio injusto

Una esposa escribió: “Mi esposo es un hombre bueno, trabajador y bon­dadoso, y su único deseo es que no me falte ninguna de las comodidades ma­teriales de la vida, tanto así que de­dica todo su tiempo a lograr esa meta; sólo se detiene para dormir, comer y asistir a la Iglesia los domingos”.

Lo que está hermana quiere decir en realidad es que preferiría que su esposo le proporcionara menos cosas materiales y que en cambio le dedi­cara un poco más de tiempo y aten­ción a ella, en forma individual. Por otro lado, a causa del gran deseo que él tiene de proveer lo necesario para su familia y de sobresalir, muchas veces exige de ellos la perfección, y cuando considera que no la logran, los critica. La esposa continúa di­ciendo:

“Para las mujeres que se encuen­tran en una situación como la mía, la vida puede convertirse en una lucha triste y solitaria, ya que si acuden a otras personas en busca de ayuda, la mayoría de las veces les dicen que cambien de actitud, que amen más a su esposo y que estén dispuestas a ceder a fin de llevarse mejor. En ese caso, la mujer renuncia a sus deseos personales, sus esperanzas y sus sue­ños —los cuales muy naturalmente podrían convertirse en realidad si los dos cónyuges se comportaran con rectitud —, por alguien que constan­temente le recuerda sus fracasos y le dice que no está viviendo de acuerdo con lo que él espera de ella. ¿Cómo puede una mujer pensar que alguna vez llegará a ser lo que nuestro Padre Celestial espera de ella si nunca, por más que se esfuerce, puede compla­cer a su marido?”

Otra hermana que llamó por telé­fono estaba muy preocupada: su es­poso compraba regularmente revis­tas pornográficas; además, todas las noches, después que veía videos y pe­lículas eróticas, exigía de ella actos impropios y ofensivos. A pesar de su comportamiento pecaminoso, del que los líderes del sacerdocio no se ente­raron hasta el día en que la esposa hizo esa angustiada llamada telefó­nica, ese hombre había servido como obrero en el templo.

Una hermana expresó la preocu­pación que sienten muchas otras cuando dijo: “Mucho necesitamos del apoyo de los poseedores del sacerdo­cio en nuestro hogar y, sí, también de su disposición a dejar de lado de vez en cuando sus propios intereses en los momentos en que tanto necesitamos de su comprensión”.

Ese comentario pone de relieve la difícil situación de las mujeres que son casadas pero que están casi sin marido, de los hijos que viven bajo el mismo techo que su padre pero que casi no tienen padre. Esos esposos y padres han dado más importancia a otras cosas que a su propia familia; ellos afirman tener demasiado tra­bajo; en algunos casos, tal vez sean muy aficionados a los deportes, a la televisión, o sean algo callados y no mantengan una buena comunicación con los miembros de su familia; qui­zás hasta se trate de esos hombres que son muy “diligentes” en su llama­miento, o incluso líderes de la Iglesia que se pasan gran parte del tiempo en la casa de reuniones, “haciendo la obra del Señor”, con el fin de escapar a los problemas y presiones de la vida en el hogar. Seguir leyendo

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Trabajemos hoy en la obra

Conferencia General Abril 2018

Trabajemos hoy en la obra

Por el presidente Russell M. Nelson

Su deseo de obedecer se intensificará al recordar y reflexionar lo que han sentido estos dos días.


Mis queridos hermanos y hermanas, al llegar al final de esta histórica conferencia, me uno a ustedes en agradecimiento al Señor por Su guía e inspirada influencia. La música ha sido hermosa e inspiradora. No solo los mensajes han sido edificantes, ¡sino que producen un cambio de vida!

En la asamblea solemne sostuvimos a una nueva Primera Presidencia. Dos grandes hombres han entrado al Cuórum de los Doce Apóstoles; y han sido llamados ocho nuevos Setentas Autoridades Generales.

Ahora bien, un himno favorito resume nuestra renovada resolución, nuestro desafío y nuestro cometido al avanzar:

Trabajemos hoy en la obra del Señor,
y ganemos así un hogar celestial.
En la lucha cruel empuñemos, sin temor
La espada de la verdad.
Firmes y valientes en la lid,
todo enemigo confundid.
Lucharemos a vencer el error;
Seguiremos solo al Señor1.

Los exhorto a que estudien con frecuencia los mensajes de esta conferencia, incluso repetidas veces, durante los próximos seis meses. Busquen, concienzudamente, maneras de incorporar estos mensajes en sus noches de hogar, al enseñar el Evangelio, en sus conversaciones con familia y amigos e incluso en conversaciones que tengan con personas de otras creencias. Muchas buenas personas responderán a las verdades que se han enseñado en esta conferencia cuando se les ofrezcan con amor. Su deseo de obedecer se intensificará al recordar y reflexionar lo que han sentido estos dos días.

Esta conferencia general marca una nueva era de ministrar. El Señor ha hecho importantes ajustes en la forma en que nos cuidamos los unos a otros. Las hermanas y los hermanos —mayores y jóvenes— se servirán los unos a los otros de una manera nueva y más santa. Los cuórums de élderes serán fortalecidos a fin de bendecir las vidas de hombres, mujeres y niños en todo el mundo. Las hermanas de la Sociedad de Socorro seguirán ministrando, en su manera singular y amorosa, ampliando oportunidades a las hermanas más jóvenes para que se unan a ellas, según se les asigne adecuadamente.

Nuestro mensaje al mundo es sencillo y sincero: invitamos a todos los hijos de Dios en ambos lados del velo a venir a su Salvador, recibir las bendiciones del santo templo, tener gozo duradero y calificar para la vida eterna2.

La futura exaltación requiere de nuestra total fidelidad ahora a los convenios que hacemos y las ordenanzas que recibimos en la Casa del Señor. Al presente, tenemos 159 templos en funcionamiento, y hay más en construcción. Deseamos llevar templos más cerca a la creciente membresía de la Iglesia; Por lo que, nos complace anunciar planes de construcción de siete templos adicionales. Dichos templos estarán situados en los siguientes lugares: Salta, Argentina; Bangalore, India; Managua, Nicaragua; Cagayán de Oro, Filipinas; Layton, Utah; Richmond, Virginia; y una ciudad de Rusia aún por determinar.

Mis queridos hermanos y hermanas, la construcción de estos templos tal vez no cambie su vida, pero su tiempo en el templo de seguro lo hará. Con ese espíritu, los bendigo para que reconozcan aquellas cosas que deben dejar a un lado para que puedan pasar más tiempo en el templo. Los bendigo con mayor armonía y amor en sus hogares y un deseo más profundo de cuidar su eterna relación familiar. Los bendigo con un aumento de fe en el Señor Jesucristo y una mayor habilidad de seguirlo como verdaderos discípulos Suyos.

Los bendigo para que levanten la voz en testimonio, como yo ahora, de que estamos consagrados en la obra de Dios Todopoderoso. Jesús es el Cristo. Esta es Su Iglesia, la cual Él dirige mediante sus siervos ungidos. Testifico de ello y les expreso mi amor por cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


Referencias

  1. “Trabajemos hoy en la obra”, Himnos,  158.
  2. Definido en Doctrina y Convenios 14:7como “el mayor de todos los dones de Dios”.
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Prepárense para presentarse ante Dios

Conferencia General Abril 2018

Prepárense para presentarse ante Dios

Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Cumplir las responsabilidades divinamente asignadas, en rectitud, unidad e igualdad, nos preparará para presentarnos ante Dios.

Eliza R. Snow dijo de la dedicación del Templo de Kirtland, a la cual había asistido: “Las ceremonias de aquella dedicación se pueden narrar, pero no hay lenguaje terrenal que describa las manifestaciones celestiales de ese día memorable. A algunos [se] les aparecieron ángeles, mientras que todos sentimos una presencia divina y todo corazón estaba lleno de [un] gozo inefable y pleno de gloria”1.

Las manifestaciones divinas que tuvieron lugar en el Templo de Kirtland constituyeron el cimiento del propósito de la Iglesia restaurada de Jesucristo, que es llevar a cabo la salvación y exaltación de los hijos de nuestro Padre Celestial2. A medida que nos preparamos para presentarnos ante Dios podemos saber cuáles son nuestras responsabilidades divinamente asignadas si repasamos las llaves sagradas que se restauraron en el Templo de Kirtland.

En la oración dedicatoria, el profeta José Smith pidió con humildad al Señor “que aceptes esta casa… la cual nos mandaste edificar”3.

Una semana después, el domingo de Pascua de Resurrección, el Señor se apareció en una visión magnífica y aceptó Su templo. Esto ocurrió el 3 de abril de 1836, hace casi exactamente 182 años si contamos desde este domingo de Pascua de Resurrección. También era la época de la Pascua judía, una de esas raras ocasiones en la que ambas Pascuas coinciden. Una vez concluida la visión, se aparecieron tres profetas de la antigüedad (Moisés, Elías y Elías el Profeta) que entregaron llaves que eran esenciales para cumplir con el propósito que el Señor tenía para Su Iglesia restaurada en esta dispensación. Dicho propósito se ha definido de manera sencilla, aunque elocuente, como el recogimiento de Israel, su sellamiento en familias y la preparación del mundo para la Segunda Venida del Señor4.

El hecho de que se aparecieran tanto Elías el Profeta como Moisés supuso un “sorprendente paralelismo… [con] la tradición judía, según la cual Moisés y Elías el Profeta se presentarían juntos al ‘final de los tiempos’”5. En nuestra doctrina, esta aparición supuso el cumplimiento de la restauración fundamental de ciertas llaves reservadas “para los últimos días y por última vez, en [las] cuales se encierra la dispensación del cumplimiento de los tiempos”6. Seguir leyendo

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Lo importante son las personas

Conferencia General Abril 2018

Lo importante son las personas

Por el obispo Gérald Caussé
Obispo Presidente

Lo importante son ustedes, los discípulos del Señor —aquellos que aman al Señor y lo siguen y han tomado sobre sí Su nombre—.

Durante los preparativos para la construcción del magnífico Templo de París, Francia, tuve una experiencia que jamás olvidaré. En 2010, cuando se encontró el terreno para el templo, el alcalde de la ciudad pidió reunirse con nosotros para conocer más acerca de nuestra Iglesia. Esa reunión era un paso crítico para poder obtener el permiso de construcción. Preparamos con mucho esmero una presentación con imágenes impresionantes de varios templos Santos de los Últimos Días. Esperaba fervorosamente que la belleza arquitectónica de los templos persuadiera al alcalde a que diera su apoyo al proyecto.

Para mi sorpresa, el alcalde indicó que, en lugar de ver nuestra presentación, él y su equipo preferían hacer su propia investigación para determinar qué clase de iglesia éramos. Al siguiente mes, nos invitaron a que escucháramos un informe que presentaría una consejera municipal, quien, además, era profesora de historia religiosa. Ella dijo: “Ante todo, deseábamos entender quiénes son los miembros de su iglesia. Lo primero que hicimos fue asistir a una de sus reuniones sacramentales. Nos sentamos al fondo del salón y observamos detenidamente a las personas de la congregación y lo que hacían. Luego, hablamos con sus vecinos —aquellos que viven alrededor de su centro de estaca— y les preguntamos qué clase de personas son los mormones”.

“Bien, ¿y cuáles son sus conclusiones?”, pregunté con cierta ansiedad. Ella contestó: “Descubrimos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la más cercana a la iglesia original de Jesucristo; más que cualquier otra iglesia que conozcamos”. Yo casi objeté a eso diciéndole: “¡Eso no es completamente correcto! No es la iglesia más cercana; es la Iglesia de Jesucristo; la misma Iglesia, ¡la Iglesia verdadera!”. Pero me contuve y, en lugar de ello, ofrecí una silenciosa oración de gratitud. El alcalde nos informó entonces que, basándose en sus averiguaciones, él y su equipo no tenían objeciones a que se construyera un templo en su comunidad.

Hoy en día, cuando recuerdo esa experiencia milagrosa, siento gratitud por la sabiduría y el espíritu de discernimiento del alcalde. Él sabía que la clave para entender la Iglesia no consistía en ver la apariencia externa de sus edificios o lo organizada que es como institución, sino observarla a través de sus millones de miembros fieles que se esfuerzan cada día por seguir a Jesucristo. Seguir leyendo

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¡He aquí el hombre!

Conferencia General Abril 2018

¡He aquí el hombre!

Por el élder Dieter F. Uchtdorf
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Quienes hallan la manera de ver verdaderamente al Hombre, hallan el camino que conduce a los gozos más importantes y al bálsamo para los desalientos más exigentes de esta vida.


Mis amados hermanos y hermanas, queridos amigos, agradezco estar con ustedes este maravilloso fin de semana de conferencia general. Harriet y yo nos regocijamos con ustedes al sostener a los élderes Gong y Soares, y a los muchos hermanos y hermanas que han recibido varios nuevos llamamientos durante esta conferencia general.

Aunque echo de menos a mi querido amigo el presidente Thomas S. Monson, amo, sostengo y apoyo a nuestro profeta y presidente, Russell M. Nelson, y a sus nobles consejeros.

También me siento agradecido y honrado por volver a trabajar más de cerca con mis amados hermanos del Cuórum de los Doce.

Más que nada, me siento profundamente humilde y muy feliz por ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde millones de hombres, mujeres y niños están dispuestos a impulsar desde donde están —en cualquier llamamiento o asignación— y se esfuerzan de todo corazón por servir a Dios y a Sus hijos, edificando el Reino de Dios.

Hoy es un día sagrado; es domingo de Pascua de Resurrección y conmemoramos aquella gloriosa mañana cuando nuestro Salvador rompió las ligaduras de la muerte1 y salió triunfante de la tumba.

El día más importante de la historia

Hace poco pregunté en internet: “¿Qué día alteró más el curso de la historia?”.

Las respuestas oscilaron desde lo sorprendente y lo extraño a lo esclarecedor y provocador. Entre ellas estaban el día en que un asteroide prehistórico cayó sobre la península de Yucatán; cuando Johannes Gutenberg terminó su imprenta en 1440; y, por supuesto, aquel día de 1903 cuando los hermanos Wright demostraron al mundo que el hombre sí podía volar.

Si se les hiciera a ustedes la misma pregunta, ¿qué contestarían?

Para mí, la respuesta es clara.

Para encontrar el día más importante de la historia debemos remontarnos a la tarde de hace casi 2000 años, en el huerto de Getsemaní, cuando Jesucristo se arrodilló en intensa oración y se ofreció como rescate por nuestros pecados. Fue durante ese sacrificio enorme e infinito de sufrimiento físico y espiritual sin parangón que Jesucristo, Dios mismo, sangró por cada poro. Motivado por un amor perfecto, Él lo dio todo para que nosotros pudiéramos recibir todo. Su sacrificio sublime, difícil de comprender, solo perceptible al aplicar todo el corazón y la mente, nos recuerda la deuda universal de gratitud que le debemos a Cristo por Su don divino.

Esa misma noche, Jesús fue llevado ante las autoridades políticas y religiosas, que se burlaron de Él, lo golpearon y lo condenaron a una muerte vergonzosa. Colgó en agonía sobe la cruz hasta que, finalmente, quedó consumado2. Su cuerpo inerte fue depositado en un sepulcro prestado y, entonces, la mañana del tercer día, Jesucristo, el Hijo de Dios Todopoderoso, salió del sepulcro como un ser de esplendor, luz y majestad, glorioso y resucitado. Seguir leyendo

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Ministrar como lo hace el Salvador

Conferencia General Abril 2018

Ministrar como lo hace el Salvador

Por Jean B. Bingham
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Ruego que demostremos nuestra gratitud y nuestro amor por Dios al ministrar con amor a nuestras hermanas y hermanos eternos.

¡Qué maravillosa bendición vivir en una época de continua revelación de Dios! Al esperar y aceptar la “restauración de todas las cosas”1, que ha venido y que vendrá a través de los eventos profetizados de nuestros tiempos, se nos está preparando para la segunda venida del Salvador2.

¡Y qué mejor manera de prepararse para recibirlo que esforzarse por llegar a ser como Él al ministrarnos con amor los unos a los otros! Tal como Jesucristo enseñó a Sus seguidores al comienzo de esta dispensación: “Si me amas, me servirás”3. Nuestro servicio a los demás es una muestra de discipulado y nuestra gratitud y amor por Dios y Su Hijo, Jesucristo.

A veces pensamos que tenemos que hacer algo grandioso y heroico para “que cuente” como servicio a nuestro prójimo. Sin embargo, los simples actos de servicio pueden tener efectos profundos en los demás, así como en nosotros mismos. ¿Qué hizo el Salvador? Mediante Sus dones divinos de la Expiación y la Resurrección —que celebramos en este hermoso Domingo de Pascua— “[ninguna] otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra”4. Pero Él también sonrió, habló, caminó, escuchó, dedicó tiempo, animó, enseñó, alimentó y perdonó a los demás. Dio servicio a familiares y amigos, vecinos y extraños por igual, e invitó a conocidos y seres queridos a disfrutar de las abundantes bendiciones de Su evangelio. Esos “sencillos” actos de servicio y amor proporcionan un modelo de cómo debemos ministrar hoy en día.

Al tener el privilegio de representar al Salvador en los esfuerzos que hagan para ministrar, pregúntense: “¿Cómo puedo compartir la luz del Evangelio con esa persona o familia? ¿Qué es lo que el Espíritu me inspira a hacer?”

Ministrar se puede llevar a cabo en una gran variedad de formas personalizadas. ¿Cuáles son ejemplos de ello? Seguir leyendo

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“Estar con ellos y fortalecerlos”

Conferencia General Abril 2018

“Estar con ellos y fortalecerlos”

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Rogamos que cada hombre y mujer salga de esta conferencia general con un compromiso más profundo de cuidar los unos de los otros de todo corazón.

Parafraseando a Ralph Waldo Emerson, los momentos más memorables de la vida son aquellos en los que sentimos la avalancha de la revelación1. Presidente Nelson, no sé cuantas más “avalanchas” podremos soportar este fin de semana. Algunos tenemos corazones débiles, Pero si lo pienso bien, usted puede arreglar eso también. ¡Qué profeta!

Con el espíritu de las maravillosas declaraciones y testimonios del presidente Nelson anoche y esta mañana, doy mi propio testimonio de que estos ajustes son ejemplos de la revelación que ha guiado a esta Iglesia desde sus comienzos. Son aún más evidencia que el Señor está apresurando Su obra en su tiempo2.

Para todos los que están ansiosos por conocer los detalles de estos asuntos, sepan que inmediatamente después de terminar esta sesión de la conferencia, comenzará una secuencia que incluye, y no necesariamente en este orden, enviar una carta de la Primera Presidencia a cada miembro de la Iglesia de quienes tengamos su correo electrónico. Se adjuntará un documento de siete páginas, con preguntas y respuestas, para todos los líderes del sacerdocio y de organizaciones auxiliares. Por último, esos materiales se publicarán inmediatamente en ministering.lds.org. ““Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis”3.

Ahora, a la maravillosa asignación que el presidente Russell M. Nelson nos ha dado a mí y a la hermana Jean B. Bingham. Hermanos y hermanas, a medida que la obra de la Iglesia madura institucionalmente, se desprende que nosotros debiéramos madurar de manera personal, también, elevándonos individualmente por encima de cualquier rutina mecánica e inerte para alcanzar el discipulado sincero del que habló el Salvador al final de Su ministerio terrenal. Mientras se preparaba para dejar a su todavía inocente y algo confuso pequeño grupo de seguidores, no les dio una lista de una docena de pasos administrativos qu tenían que seguir ni les dejó un puñado de informes que debían llenar por triplicado. No, Él resumió la labor de ellos con un mandamiento fundamental: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado… En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”4.

En un intento de aproximarnos a ese ideal del Evangelio, este recién anunciado concepto de ministrar en el sacerdocio y la Sociedad de Socorro incluirá los elementos siguientes, algunos de los cuales la Sociedad de Socorro ya ha puesto en práctica con un éxito maravilloso5. Seguir leyendo

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Ministrar

Conferencia General Abril 2018

Ministrar

Por el presidente Russell M. Nelson

Implementaremos un enfoque más nuevo y santo de cuidar y ministrar a los demás.

Gracias, élder Gong y élder Soares, por sus sinceras expresiones de fe. Estamos muy agradecidos por ustedes y sus queridas compañeras.

Ahora, estimados hermanos y hermanas, constantemente buscamos la dirección del Señor sobre cómo podemos ayudar a nuestros miembros a guardar los mandamientos de Dios, especialmente esos dos grandes mandamientos de amar a Dios y a nuestro prójimo (Lucas 10:27).

Desde hace meses, hemos estado buscando una mejor manera de ministrar las necesidades espirituales y temporales de nuestro pueblo a la manera del Salvador.

Hemos tomado la decisión de jubilar la orientación familiar y el programa de maestras visitantes tal como los conocíamos. En su lugar, implementaremos un enfoque más nuevo y santo de cuidar y ministrar a los demás. Nos referiremos a estos esfuerzos simplemente como “ministrar”.

Los esfuerzos eficaces de ministrar se realizan mediante el don innato de las hermanas y por el incomparable poder del sacerdocio. Todos necesitamos esa protección para resguardarnos de las astutas artimañas del adversario.

El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y la hermana Jean B. Bingham, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, explicarán cómo los hermanos asignados del sacerdocio y las hermanas asignadas de la Sociedad de Socorro y de las Mujeres Jóvenes trabajarán ahora para servir y cuidar a los miembros de la Iglesia en todo el mundo.

La Primera Presidencia y los Doce están unidos en respaldar sus mensajes. Con gratitud y espíritu de oración, abrimos este nuevo capítulo en la historia de la Iglesia. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu

Conferencia General Abril 2018

Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu

Por el élder Ulisses Soares
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tener profetas es una señal del amor de Dios por Sus hijos. Ellos hacen saber las promesas y la verdadera naturaleza de Dios y de Jesucristo.

Mis queridos hermanos y hermanas, donde sea que estén, quisiera expresar mi sincero y profundo agradecimiento por su voto de sostenimiento en el día de ayer. Aunque me siento poco elocuente y tardo en el habla, al igual que Moisés, me consuelo en las palabras que el Señor le dijo:

“¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Jehová?

“Ahora pues, ve, que yo estaré en tu boca, y te enseñaré lo que has de decir” (Éxodo 4:11–12; véase también el versículo 10).

Siento consuelo también por el amor y el apoyo de mi amada esposa. Ella ha sido un ejemplo de bondad, amor y total devoción al Señor, para mí y para mi familia. La amo con toda mi alma, y estoy agradecido por la influencia positiva que ella ha tenido en nosotros.

Hermanos y hermanas, quiero testificarles que el presidente Russell M. Nelson es el profeta de Dios sobre la tierra. Nunca he visto a nadie más bondadoso y amoroso que él. Aunque me sentí inadecuado para este sagrado llamamiento, sus palabras y la tierna mirada en sus ojos al extenderme esta responsabilidad me hicieron sentirme abrazado por el amor del Señor. Gracias, presidente Nelson. Lo sostengo y lo amo.

¿No es una bendición que tengamos profetas, videntes y reveladores sobre la tierra en estos días; hombres que procuran conocer la voluntad del Señor y seguirla? Es reconfortante saber que no estamos solos en el mundo, a pesar de los desafíos que afrontamos en la vida. Tener profetas es una señal del amor de Dios por Sus hijos. Ellos hacen saber las promesas y la verdadera naturaleza de Dios y de Jesucristo a Su pueblo. He aprendido eso por medio de mis experiencias personales. Seguir leyendo

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Cristo ha resucitado

Conferencia General Abril 2018

Cristo ha resucitado

Por el élder Gerrit W. Gong
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Este es domingo de Pascua de Resurrección. Con reverencia atestiguo y solemnemente doy testimonio del Cristo viviente —Aquél que “murió, fue enterrado y resucitó al tercer día, y ascendió a los cielos”.

Queridos hermanos y hermanas, cuando nuestros hijos eran muy jóvenes, les contaba historias de cachorros beagle y les tarareaba himnos para dormir, incluyendo “Cristo ha resucitado”1. A veces, en broma, cambiaba la letra a: “Hay que irse a dormir, aleluya”. Normalmente nuestros hijos se dormían rápido; o al menos sabían que si yo pensaba que estaban dormidos, dejaría de cantar.

Las palabras—al menos mis palabras—no pueden expresar los poderosos sentimientos cuando el presidente Russell M. Nelson cariñosamente me tomó de las manos, con mi querida Susan a mi lado, y me extendió este sagrado llamamiento del Señor, que me dejó sin aliento y me ha hecho sollozar varias veces estos últimos días.

Este domingo de Pascua de Resurrección, con alegría canto: “Aleluya”. El canto de amor redentor de nuestro Salvador resucitado2 celebra la armonía de los convenios (que nos conectan a Dios y los unos a los otros) y la expiación de Jesucristo (que nos ayuda a despojarnos del hombre y la mujer natural y se someta al influjo del Espíritu Santo3).

Juntos, nuestros convenios y la Expiación de nuestro Salvador habilitan y ennoblecen. Juntos, nos ayudan a aferrarnos, por una parte, y despojarnos, por otra. Juntos, dulcifican, conservan, santifican, redimen. Seguir leyendo

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Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas

Conferencia General Abril 2018

Revelación para la Iglesia,
revelación para nuestras vidas

Por el presidente Russell M. Nelson

En los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo.


¡Qué privilegio ha sido celebrar la Pascua de Resurrección con ustedes en este domingo de conferencia general! Nada podría ser más apropiado que conmemorar el acontecimiento más importante que jamás haya ocurrido en esta tierra al adorar al Ser más importante que la haya pisado. En esta, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, adoramos a Aquel que comenzó Su infinita expiación en el Jardín de Getsemaní. Estuvo dispuesto a sufrir por los pecados y las debilidades de cada uno de nosotros, padecimiento que hizo que “sangrara por cada poro”1. Fue crucificado en la cruz del Calvario2 y se levantó al tercer día como el primer Ser resucitado de los hijos de nuestro Padre Celestial. ¡Lo amo y testifico que Él vive! Él es quien dirige y guía Su Iglesia.

Sin la infinita Expiación de nuestro Redentor, ninguno de nosotros tendría esperanza alguna de algún día regresar a nuestro Padre Celestial. Sin Su resurrección, la muerte sería el fin. La expiación de nuestro Salvador ha hecho que la vida eterna sea una posibilidad y la inmortalidad una realidad para todos.

Es a causa de Su misión trascendental y de la paz que Él concede a Sus seguidores que mi esposa, Wendy, y yo sentimos consuelo la noche del 2 de enero de 2018, cuando nos despertó una llamada telefónica para informarnos que el presidente Thomas S. Monson había pasado al otro lado del velo.

¡Cuánto echamos de menos al presidente Monson! Rendimos tributo a su vida y su legado. Siendo un gigante espiritual, dejó una huella indeleble en todos los que lo conocieron y en la Iglesia que él amaba.

El domingo, 14 de enero de 2018, en la sala superior del Templo de Salt Lake, se organizó la Primera Presidencia siguiendo un modelo sencillo y a la vez sagrado, establecido por el Señor. Luego, en la asamblea solemne de ayer por la mañana, los miembros de la Iglesia de todo el mundo levantaron la mano para confirmar la acción que previamente tomaron los Apóstoles. Agradezco humildemente su constante apoyo.

También estoy agradecido por aquellos que ocuparon este puesto antes que yo. He tenido el privilegio de servir en el Cuórum de los Doce Apóstoles durante 34 años y conocer personalmente a diez de los dieciséis previos Presidentes de la Iglesia. He aprendido mucho de cada uno de ellos.

También debo mucho a mis antepasados. Mis ocho bisabuelos se convirtieron a la Iglesia en Europa; cada una de esas almas valientes sacrificó mucho para venir a Sion. No obstante, durante las generaciones posteriores, no todos mis antepasados se mantuvieron tan dedicados y, por ello, no me crie en un hogar centrado en el Evangelio. Seguir leyendo

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