No estamos solos en esta vida
por el élder Richard L. Evans
del Concilio de los Doce Apóstoles
Discurso dado el 3 de octubre de 1954 en C.B.S. “Church of the Air”
Liahona Enero 1955
Mientras vemos a otros y les hablamos (y a veces cuando escudriñemos el propio corazón) nos consta que hay mucha soledad en la vida —no solamente la soledad que viene por falta del compañerismo de otra gente —sino la soledad que resulta de la falta de propósito, o la falta de entendimiento de las razones porque vivimos.
Sin duda, algo de soledad existe porque somos inseparablemente nosotros mismos. Algunos pensamientos, algunas experiencias, y algunas intuiciones que tenemos adentro de nosotros, no se pueden compartir con otros. Venimos al mundo solos. Nos apartamos de él sotos. Siempre y eternamente somos nosotros mismos.
Pero la soledad es más que la vida solitaria. (Uno puede ser solitario en un lugar muy activo y amontonado de gente). Hay una clase de soledad que viene del sentido de no pertenecerse, de no convenir, de no conocer nuestra parte —de no saber qué somos, ni quiénes somos, ni de dónde vinimos, ni para dónde vamos, ni para qué estamos aquí, ni, en fin, lo que la vida significa básicamente.
Los años de la vida mortal pasan de prisa. Si no fuese por algunas certezas gloriosas y eternas, habría un sentido universal de la frustración. Trabajamos mucho por las cosas que nos sostengan la vida, y por las cosas que nos provean un poquito de placer —pero no hay ninguna de esas cosas tangibles que podamos llevar con nosotros. Estas cosas que llamamos nuestras son de nosotros por solamente un tiempo corto.
Hace poco que la granja del agricultor era de otro, y pronto será de otro.
El capital comercial, los edificios, las casas que tenemos, todas las cosas a las cuales tenemos el título, las dejaremos en un rato. Y nuestra salida hará burla de todos los títulos de nuestra habitación terrenal. Seguir leyendo



Por el Pres. George F. Richards


































