No estamos solos en esta vida

No estamos solos en esta vida

por el élder Richard L. Evans
del Concilio de los Doce Apóstoles
Discurso dado el 3 de octubre de 1954 en C.B.S. “Church of the Air”
Liahona Enero 1955


Mientras vemos a otros y les habla­mos (y a veces cuando escudriñemos el propio corazón) nos consta que hay mu­cha soledad en la vida —no solamente la soledad que viene por falta del com­pañerismo de otra gente —sino la sole­dad que resulta de la falta de propósito, o la falta de entendimiento de las razones porque vivimos.

Sin duda, algo de soledad existe por­que somos inseparablemente nosotros mismos. Algunos pensamientos, algunas experiencias, y algunas intuiciones que tenemos adentro de nosotros, no se pue­den compartir con otros. Venimos al mundo solos. Nos apartamos de él sotos. Siempre y eternamente somos nosotros mismos.

Pero la soledad es más que la vida solitaria. (Uno puede ser solitario en un lugar muy activo y amontonado de gente). Hay una clase de soledad que viene del sentido de no pertenecerse, de no convenir, de no conocer nuestra parte —de no saber qué somos, ni quiénes so­mos, ni de dónde vinimos, ni para dón­de vamos, ni para qué estamos aquí, ni, en fin, lo que la vida significa básica­mente.

Los años de la vida mortal pasan de prisa. Si no fuese por algunas certezas gloriosas y eternas, habría un sentido universal de la frustración. Trabajamos mucho por las cosas que nos sostengan la vida, y por las cosas que nos pro­vean un poquito de placer —pero no hay ninguna de esas cosas tangibles que po­damos llevar con nosotros. Estas cosas que llamamos nuestras son de nosotros por solamente un tiempo corto.

Hace poco que la granja del agricul­tor era de otro, y pronto será de otro.

El capital comercial, los edificios, las casas que tenemos, todas las cosas a las cuales tenemos el título, las dejare­mos en un rato. Y nuestra salida hará burla de todos los títulos de nuestra habitación terrenal. Seguir leyendo

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Naturaleza Sagrada del Convenio del Matrimonio Eterno

Conferencia General, Octubre 1949

Naturaleza Sagrada del Convenio
del Matrimonio Eterno

Por Joseph Fielding Smith
del Consejo de los Doce
Liahona Febrero 1950

“Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.

“Entonces se llegaron a él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

“Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo.

“Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne.

“Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparta el hombre”. (Mateo 19:2-6)

Deseo llamar vuestra atención, en primer lugar, al hecho de que el Señor ha declarado que cuando se unen en matrimonio un hombre y una mujer, conforme con el plan del Señor, y por autoridad de él, se convierten en uno, una carne; y nada hay en este mandamiento que indique en lo mínimo que es válido únicamente hasta que la muerte los separe. En estas palabras el Señor está enseñando que el matrimonio es eterno, pues dice:

“. . .No son ya más dos, sino una carne’’. Debemos tener esto presente.

Deseo ahora leer más de estas instrucciones que dió a los Fariseos:

“Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?

“Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: más al principio no fué así”. (Mateo 19:7, 8)

Quisiera que ahora observaseis los convenios que hacen un hombre y una mujer cuando los casa el Señor, o un siervo del Señor, oficiando por medio de su autoridad. El Señor nos lo ha revelado, y lo hallaréis en las Escrituras. Deseo leer de la Sección 76 de las Doctrinas y Convenios, versículos 54 a 60. El Señor, refiriéndose a los que guardan sus convenios y son fieles y verdaderos y sellados por el Santo Espíritu de la Promesa, dijo: “Ellos son la Iglesia del Primogénito. Seguir leyendo

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Escogeos hoy a Quien Sirváis

Conferencia General, 3 de abril de 1949

Escogeos hoy a Quien Sirváis

Por Presidente David O. McKay
de la Primera Presidencia.
Liahona Febrero 1950

“Escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esa otra parte del río, o a los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis; que yo y mi casa serviremos a Jehovố. (Josué 24:15).

Aprecio profundamente, hermanos, la responsabilidad de este momento, al dirijirme a este gran auditorio presente aquí y al que escucha a través del aire. Ruego que me extiendan vuestras oraciones y simpatías.

Me regocijo con vosotros en presencia del Pte. Smith en esta conferencia. Estoy agradecido como vosotros por el progreso de la Iglesia. Su crecimiento en las estacas y misiones es muy satisfactorio. Como el presidente Smith ha indicado, entre los hombres y mujeres del mundo que saben reflexionar, los propósitos de la Iglesia son mejor entendidos, resultando en una disminución del prejuicio. Son más adecuados los medios de la Iglesia para promulgar el evangelio restaurado de paz, amor y hermandad universal por el mundo entero.

Sin embargo, el enemigo está obrando también. Es astuto y sutil y busca cada oportunidad para socavar los cimientos de esta Iglesia atacando en cualquier parte donde puede debilitar o destruir.

La Escritura que leí a manera de introducción la reconoceréis como la resolución inalterable de Josué cuya nobleza de carácter y dirección sobresaliente le resultaron en el título de “el siervo de Jehová”. Poco antes de su muerte, hizo una llamada a Israel “que se apartasen de los dioses falsos” que estaban entre ellos a fin de ser fieles y obedientes al Dios de Israel. Evidentemente el pueblo de la época de Josué, eligió sabiamente, porque, se nos relata, que Israel

…sirvió a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué.

A cada persona normal Dios ha dado “la libertad de elección”. Nuestro progreso moral y espiritual depende del uso que hacemos de esa libertad.

La verdadera prueba para cualquier Iglesia o religión está en la clase de hombres que produce. Estoy muy gozoso y profundamente agradecido por la alta calidad de la juventud que se encuentra en la Iglesia hoy en día como ha sido indicado recientemente por un informe de los exámenes médicos de 6.556 futuros misioneros, previo a su partida hacia las misiones. Seguir leyendo

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Esta es mi Obra y mi Gloria

Esta es mi Obra y mi Gloria

Por el Pres. George F. Richards
del Concilio de los Doce.
Liahona Agosto 1950

Lo siguiente es una citación de la Perla de Gran Precio; la palabra del Señor a Moisés su siervo, y profeta.

“Porque he aquí esta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. Moisés 1: 9.

Por esto tenemos el evangelio y la Iglesia de nuestro Maestro como se goza por los Santos de los Últimos Días, porque por éstas razones él propuso el cumplimiento de todos los designios pertenecientes a la salvación del hombre.

Por lo tanto hay tremendas responsabilidades sobre su Iglesia, La Iglesia de los Santos de los Últimos Días, perteneciendo a la salvación de los hijos de los hombres; una de las más grandes de las cuales es predicar el evangelio del reino en todo el mundo como testigos entre todas las naciones antes que el fin se acerque;

¿Y, qué es lo que la Iglesia está haciendo acerca de ello. Está sosteniendo como 5,000 misioneros en el campo de misiones y estacas de la iglesia, con varios cientos en exceso de los números en los tiempos presentes en las naciones del mundo y en las islas de los mares, donde un trabajo intensivo se está llevando a cabo y un trabajo estupendo en la conversión está siendo cumplido. Hay también ciertas condiciones en casa, en las estacas de Sión, que hacen un pedido de misioneros que estén capacitados los cuales puedan salir con celo por la causa del Maestro y por el bienestar de la salvación de sus semejantes.

De acuerdo con las últimas estadísticas compiladas en las oficinas del Obispado General, hay como 53,392 jóvenes de la Iglesia arriba de veintiún años de edad quienes tienen oficios en el Sacerdocio de Aarón quienes aún no han recibido el Sacerdocio de Melquisedec. Estos son designados como miembros adultos del Sacerdocio de Aarón. Hay como 17,623 jóvenes de la Iglesia arriba de los veintiún años de edad quienes no poseen el Sacerdocio. Tomando estos dos grupos juntos tenemos 71,035 jóvenes arriba de los veintiún años de edad quienes no poseen el sacerdocio de Melquisedec; un número suficiente para llenar este tabernáculo a capacidad siete veces, estimando el cupo a diez mil personas.

Esta cifra es aterradora y ella representa solamente a aquellos que viven en estacas organizadas de la Iglesia. Las misiones también tienen su cuota.

A los doce años de edad los jóvenes dignos en la Iglesia deben recibir oficios como diáconos en el Sacerdocio de Aarón; a los quince años el oficio de maestros, a los diecisiete el oficio de presbítero, y a los diecinueve años, el oficio de Élder (o anciano) en el Sacerdocio de Melquisedec.

Las estadísticas muestran que en la Iglesia hay tres mil seiscientos cuarenta y ocho jóvenes entre las edades de doce y veintiún años quienes no poseen ningún oficio en el Sacerdocio.

Uno podrá preguntar, ¿cuán importante es que el joven de la Iglesia reciba el Sacerdocio; y cuán serio es para los que no lo hallan así? El Señor contesta la pregunta en esta manera:

“Más ¡ay de todos aquellos que no aceptan este Sacerdocio que habéis recibido el cual ahora os confirmo, por mi propia voz desde los cielos, a vosotros los que estáis presentes este día; y aún a las huestes celestiales y a mis ángeles que he mandado que os cuiden”. (D. y C. 84:42). Seguir leyendo

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Los Judíos Regresan a Palestina

Los Judíos Regresan a Palestina

Por el Élder Ezra Taft Benson
del Concilio de los Doce.

Mis queridos hermanos y hermanas: si puedo yo tener una parte de su fe y oraciones y el Espíritu del Señor, es mi deseo darles algunos pensamientos que han estado en mi corazón desde que regresé de las playas de Europa hace unos tres años.

Quisiera hablar de un drama maravilloso que se está llevando a cabo hoy día ante nuestros propios ojos. En gran parte se pasa sin ser observado, particularmente por los líderes espirituales, sin embargo ha sido predicho por los profetas hace miles de años, y en tiempos modernos los profetas de los Santos de los Últimos Días han hecho referencia a ello durante los últimos ciento veinte años.

En cuestiones espirituales el género humano es propenso a adorar al pasado e ignorar las revelaciones nuevas del presente. Las gentes generalmente reverencian a los profetas muertos y persiguen a los que viven mientras no se fijan en el cumplimiento de las profesías modernas y antiguas. Esta condición fué verificada en el meridiano de los tiempos cuando las gentes proclamaban a Moisés y a Abraham y desecharon al más grande de todos los profetas, sí, aun el Redentor del mundo. El mismo espíritu caracteriza lo presente en gran parte.

Este gran evento de lo cual hablo es una de las señales de los tiempos, y es muy importante, según me parece, particularmente a todos los cristianos. Se está llevando a cabo en un pedazo angosto de tierra que mide 176 kilómetros de largo y 96 de ancho, en una área más o menos del tamaño del estado de Vermont. Esta pequeña sección tiene una población aproximadamente de tres millones, divididos como sigue: (aproximadamente……1.700,000 árabes; 140,000 cristianos y otras sectas menores; y 1.000,000 descendientes de Judá, el hijo de Jacob).

El número de judíos ha aumentado en los años recientes en una manera sorprendente. Los planes se están formando para incorporar alrededores de un millón y medio más durante los meses próximos, y planes proyectados dan lugar para algunos cuatro millones en este pequeño lugar.

Este millón y medio que llegará durante los meses próximos según los planes, traerán cerca de doscientos mil judíos de campos de personas disgregadas por todo Europa fatigada de guerras; unos setecientos mil otros judíos europeos; seiscientos mil que actualmente viven en tierra musulmana; y aproximadamente cien mil de otros continentes.

En conexión con este drama, me parece que las palabras de Dios por medio de Isaías se están cumpliendo otra vez, esto es, que en los últimos días el Señor empezaría una obra maravillosa, que la sabiduría de los sabios perecería y la prudencia de los prudentes se desvanecería. (Véase Isaías 29:14).

Mientras estuve en Europa en 1946, cuando los periódicos hacían mención frecuente del problema judaico, recibí un comentario de uno de nuestros líderes industriales de nuestro país quien era un estudiante de este problema particular, en lo cual dijo que la única salvación que tenían los judíos era que fuesen tan buenos ciudadanos posibles en cualquiera nación donde residiesen. Seguir leyendo

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Atacando Desde Adentro

Atacando Desde Adentro

por Élder Alberto E. Bowen
del Concilio de los Doce.
(Sermón que pronunció en la despedida de los graduados de la Universidad, de Brighani Young el día 12 de junio de 1950).


El Cristianismo nunca ha sido tratado con facilidad. Fué rechazado por los judíos. Fué proscrito por el imperio el cual le dió su origen. Fué resistido por el devoto de los Griegos y las filosofías de los romanos. Ha tenido que combatir los discípulos de la Edad de las Razones, los romanceros, los científicos. Hoy ha sido empeñado en las listas con otros, aquellos ordenados al servicio.

Una docena de años pasados un divino eminente deploró lo que él describió como un alejamiento de la religión cristiana. El hizo una petición elocuente por el regreso de aquéllos desviados. El hizo esto porque fué movido de tristeza al descubrir que no estaban contentos en su ateísmo porque ellos estaban hallando que habiendo renunciado su fe, eran cortados de las amarraduras que les habían dado significado y propósito a sus vidas. Ellos habían rechazado su religión pero no habían rechazado la importancia de ella y andaban buscando algo para que el universo y sus vidas fueran de significación.

El atribuye el alejamiento de su fe a lo que él dice que es una falta de religión de no estar en paso con el avanzamiento del conocimiento, y él los invita que vuelvan con la seguridad de que ellos pueden volver a la iglesia sin aceptar lo que él llama las antiguas creencias increíbles la causa de su descarrilamiento.

El desea ignorar las doctrinas básicas en la cual la Iglesia cristiana fué fundada. En este sentido los hombres pueden ser buenos cristianos sin tener una creencia en Jesucristo como el Hijo de Dios ni en su resurrección de los muertos. Esto quiere decir que uno puede colgar su fe cristiana en el progresa de la obra de la humanidad.

En vez de que la religión nos sea una guía para conducir y una medida de valor, debe ser empleada al vivir de la sabiduría de la humanidad.

Hace un año que otro que fué ordenado al ministerio del cristianismo y que había ocupado algunos puestos de pastor, abiertamente repudió la noción de que el cristianismo hace alguna pretensión o supremacía como religión. El desecha completamente a Dios y no hace mención alguna de Jesucristo. Estos hombres son típicos de un número grande que varían desde el que reclama la completa renunciación, hasta la adhesión al nombre mientras repudian la substancia vital de la fe cristiana. Ambos son partidarios del credo humanístico, un credo que hace hombre, en lugar de Dios, el creador de todo entendimiento y el mediador de todo valor.

Dios es el creador de los hombres. Uno todavía quiere unirse al cristianismo. El otro desea arrojarlo. El último parece ser más consistente. Él nos dice claramente que “todas las ideas pertenecientes a Dios son hechas de hombres. Todas las instituciones de religión son creaciones humanas”.

“No son eternas”. Crecen en un tiempo o período particular en la historia de la humanidad, “cuando el hombre sintió su desamparo, su futilidad, y dió la tarea de realizar su ideal al poder sobrenatural”.

No hay nada particularmente nuevo en esto. Durante el curso de la historia del cristianismo, la iglesia cristiana ha tenido que afrontarse al conflicto entre sus enseñanzas de la autoridad suprema de Dios y su propósito concerniente al hombre y la noción de que al hombre es suficiente en sí. La oposición ha venido en diferentes formas y en diferentes designaciones, como por ejemplo, la última autoridad de razonar, o el naturalismo materialístico. Pero todo el tiempo se han descansado en la suficiencia del hombre sin la intervención de Dios. Seguir leyendo

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Cristóbal Colón “El Espíritu de Dios Obró Sobre El”

Cristóbal Colón
“El Espíritu de Dios Obró Sobre El”

Por Cyril Drew Pearson
Liahona Abril/Mayo 1950

Y mirando, vi a un hombre entre los Gentiles que estada separado de la posteridad de mis hermanos por las muchas aguas; y vi como descendió el Espíritu de Dios, que obró sobre él; y, saliendo el hombre a la mar, atravesó las aguas y llegó hasta encontrar a los descendientes de mis hermanos, que estaban en la tierra de promisión. (1 Nefi 13:12).

Muchos miembros de la Iglesia interpretan este pasaje como refiriéndose a Cristóbal Colón. ¿Qué clase de hombre era Colón? ¿Pensó él mismo que era el escogido de Dios para llevar a cabo la proeza? ¿Vivió él y murió él como uno sobre quien el Espíritu de Dios había obrado?

En la Biblioteca Colombina en Sevilla, España, a la cual visitó el autor de este artículo en 1948, hay un volumen de Tragedias por Séneca, el filósofo Romano que era contemporáneo de Pablo, el Apóstol. Séneca nació en Córdoba, España en el mismo año en que el Salvador nació en Judea. Este mismo volumen en, Sevilla contiene, la tragedia Medea, de Séneca, y era en un tiempo una posesión de mucho valor para Colón. Contiene un pasaje muy marcado que dice así:

Vendrá una época después de muchos años cuando el Océano aflojará las cadenas y revelará una tierra inmensa, cuando Tifis descubrirá nuevos mundos y Tule no será ya lo último.

Junto con el pasaje referido hay una nota escrita a mano en Latín por Fernando, el hijo menor de Colón:

La profecía fué cumplida en mi padre. . . el Almirante en el año 1492.

Poco después de que Colón fué regresado a España en cadenas, escribió de nuevo el pasaje de Séneca para que se refiriese más a él.

La versión de Colón es:

En un tiempo muy distante en el futuro, vendrá el día en que el océano se librará de su esclavitud, y se descubrirá un continente muy grande, y un nuevo marinero, como aquel Tifis que guio a Jason, descubrirá un nuevo mundo.

El día 26 de febrero de 1501, Colón escribió al Padre Gorrico en Sevilla pidiendo que un cierto Libro de Profecía fuera escrito otra vez en una manera más sencilla, así como le gustaba al Rey Fernando.

Este libro de Profecías era una compilación de Colón mismo de cada pasaje de la Biblia que se pudiera interpretar como una predicción del descubrimiento del nuevo mundo. Colón tenía esperanzas de que la esposa de Fernando, La Reina Isabel, una mujer de piedad indiscutible, se convencería por las escrituras que él, Colón, era el siervo escogido de Dios para descubrir el nuevo mundo, y que la reina sería movida a mandarle en una expedición. Seguir leyendo

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Es Necesaria la Unidad entre los Miembros de la Iglesia

Es Necesaria la Unidad entre los
Miembros de la Iglesia

por el Élder Harold B. Lee.
Liahona Abril/Mayo 1950

Deseo hablarles de un asunto que ha sido expresado en las conferencias generales de la Iglesia por la Primera Presidencia desde que me recuerdo.

Me refiero a la importancia de la unidad entre los Santos de los Últimos Días.

Si pagáramos unidamente como un pueblo nuestras ofrendas y observáramos la ley de ayunos completamente como el Señor nos la ha enseñado, y si fuéramos unidos en llevar a cabo los principios del Plan de Bienestar como nos han sido dados por nuestros líderes de hoy, estaríamos libres de hambre y miseria, y podríamos cuidar completamente a nuestros miembros. Nuestra falta de estar unidos sería el dejar a nuestros pobres y necesitados llegar a depender de los gobiernos o el público.

Si estuviéramos unidos en la obra misionera, pronto haríamos llegar el día cuando el Evangelio sería predicado afuera y adentro de los límites de las estacas organizadas de Sión. Si no nos unimos, perderemos lo que ha sido la vida y el sostén que ha dado alimento y estímulo a esta Iglesia por una generación.

Si fuéramos unidos en guardar la ley de sacrificio y de pagar los diezmos como nos ha sido dado para vivir hoy día, tendríamos suficiente para edificar nuestros templos, nuestras capillas, nuestras escuelas, más si faltamos en esto estaremos en servidumbre a la hipoteca, la deuda. Si estuviéramos unidos como un pueblo en elegir a hombres honorables a los puestos altos en el gobierno civil, sin respeto a el partido con el cual estamos afiliados, podríamos guardar nuestras comunidades y preservar la ley y el orden entre nosotros.

Nuestra falta de unión significa que permitimos la tiranía, opresión, demanda de contribuciones, y la confiscación de nuestras propiedades. Si fuéramos unidos en apoyar a nuestros periódicos y revistas oficiales las cuales pertenecen a y operan para el beneficio de los miembros de la Iglesia, estaría siempre en esta Iglesia una voz segura del pueblo, más si rehusamos estar unidos en dar este apoyo, permitiremos a nosotros mismos ser los sujetos de abuso, maldición, de mal representación sin tener voz alguna para la defensa.

Si fuéramos unidos en proteger a. nuestra juventud de las asociaciones-promiscuas que nutren casamientos a fuera de la Iglesia, y afuera de nuestros templos, por tener recreaciones sociales como un pueblo unido como ha sido la práctica desde los días de nuestros abuelos estaríamos construyendo nuestros hogares sobre fundamentos seguros y felices. Nuestra falta de ser unidos en este asunto será nuestra falta de recibir las bendiciones, eternas que de otra manera serían, nuestras. Seguir leyendo

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El Libre Albedrío y sus Implicaciones

Conferencia General, 6 abril de 1950

El Libre Albedrío y sus Implicaciones

por el Presidente David O. McKay
Liahona Abril/Mayo 1950

Con la mayor sinceridad añado mi apreciación con el del Pres. Jorge Alberto Smith por los himnos inspirativos cantados por los estudiantes de la Universidad de Brigham Young, y tan inspirativo como sus cantos es su’ presencia aquí — 320 jóvenes y señoritas dando sus servicios gratuitamente, para la inspiración y edificación de los miembros de la Iglesia quienes están asistiendo a estas conferencias, y de aquellos quienes nos están oyendo por radio.

Me siento inspirado para decir a vosotros, jóvenes y señoritas que no conozco una bendición más grande de la de estar anclados a la verdad, y con esto tengo tres cosas en mente. Primeramente, siempre sentir de seguro que la Iglesia está dirigida divinamente. Segundó, que el Señor ha autorizado a sus siervos y ha puesto sobre ellos el deber de proclamar al mundo la restauración del Evangelio de Jesucristo. Tercero, y más aplicable a todos nosotros, que la inspiración del Señor es una realidad, tan real como el amor que tenemos cada uno de nosotros para nuestros queridos. Jóvenes y señoritas, ¡que Dios os bendiga, que este testimonio sea vuestro tal como es mío este día!

“Recordad, hermanos míos. . ., sois libres; sois permitidos a obrar para sí mismos; porque he aquí, Dios os ha dado un entendimiento y os ha hecho libres”.

Estas palabras tomadas del Libro de Helamán indican apoyo a lo que deseo hablarles esta tarde. Suplico por Su inspiración y vuestra simpatía que pueda yo daros este mensaje según Su voluntad divina.

Segundo al don de vida, el derecho de dirigir esa vida es el don más grande que Dios ha dado al hombre. Entre los deberes inmediatos que descansan sobre los miembros de la Iglesia hoy día, y uno de los más urgentes e importantes para los amantes de la libertad, es la preservación de la libertad individual. El derecho de escoger es de anhelarse más que cualquier posesión que el mundo puede dar. Es inherente en el espíritu del hombre. Es un don divino a cada hombre. Aunque nacido en pobreza, o dotado al nacer con grandes riquezas, todos tienen este don de la vida que es más precioso que los demás — el don del libre albedrío; el derecho inherente de cada hombre.

El libre albedrío es la fuerza motora del progreso del alma. Es el propósito de Dios que el hombre sea como El. Para lograr esto era necesario antes hacerles libres. “La libertad personal”, dice Bulwer Lytton, “es el primer atributo para la dignidad y felicidad humana”.

El poeta habla del valor de este principio como sigue: Seguir leyendo

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“Ha Resucitado”

Conferencia General, 9 de abril de 1950

“Ha Resucitado”

por el Presidente J. Rubén Clark Jr.
Liahona Abril/Mayo 1950

La segunda mañana después de la crucifixión, María Magdalena, María la madre de Santiago, Salomé, Juana, y otras mujeres, vinieron temprano al sepulcro donde Jesús había sido tendido la noche de la crucifixión, “Y entradas en el sepulcro, vieron a un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Más él les dice: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno el que fué crucificado; resucitado ha, no está aquí; he aquí el lugar en donde le pusieron”, “…ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea”. (Marcos 16; Lucas 24)

El plan de los príncipes de los fariseos y los sacerdotes, de guardar la tumba a no ser que sus discípulos le viniesen a robar; la poderosa guardia puesta por los romanos para evitar el robo del cuerpo, el sellamiento de la tumba para asegurar que nadie entrase, — todo fué en vano. El Cristo se había muerto para expiar por la caída de Adán. — Había resucitado de la muerte para asegurar la resurrección de todos los hombres de la tumba. Porque había dicho algunos meses antes a los judíos en Jerusalén: “Yo soy el buen pastor. . . pongo mi vida para mis ovejas. . . por esto me ama mi Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, más yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. (Juan 10:14-18)

Al salir de la tumba esa mañana temprano, la obscuridad que cubrió la tierra desde que cayó Adán, se retiró ante la luz divina del Señor resucitado, entonces se vino a realizar el plan divino que como en Adán todos mueren, así en Cristo todos son vivificados.

En la mañana de la resurrección vino El, un ser de carne y hueso, aún como se había muerto. Aunque prohibió a María Magdalena tocarle, las otras mujeres que vinieron a la tumba “le abrazaron los pies y le adoraron”. (Mat. 28:9) Se mostró a Pedro este mismo día, y  en la tarde se apareció a dos en su camino a Emmaus. “Y comenzando desde Moisés, y dé todos los profetas, declarables en todas las Escrituras lo que de él decían”. Mientras comió con ellos, “Tomando el pan, bendijo y partió, y dióles”. (Lucas 24:27,30)

Sus ojos fueron abiertos, y le conocieron y él desapareció de la vista de ellos. Regresáronse a Jerusalén, y se juntaron con los Doce, exceptuando a Tomás. Las puertas estaban cerradas. Platicaron de su visita con el Señor resucitado. Aún mientras hablaban, Jesús se puso en medio de ellos. Les reprobó y les calmó su miedo. “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Pidióles alimentos y le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. (Lucas 24:38-42)

Ocho días después, los Doce estando otra vez en el cuarto con las puertas cerradas, estando con ellos Tomás, Jesús de nuevo se puso de repente en medio de ellos. Dijo a Tomás que mirara y tocara sus manos; que metiese su dedo en la herida de su costado, entonces, dijo él, “no seas incrédulo, sino creyente”. (Juan 20:27)

En las riberas de la mar de Galilea, apareció a Pedro, a Tomás y Natanael de Caná, a los hijos de Zabedeo y dos más, que se habían ido a pescar. (Juan 21)

“Después de eso, fué visto de arriba de 500 hermanos a la vez”, y de Santiago. (1 Cor. 15:6-7) Seguir leyendo

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Discurso del Presidente Jorge Alberto Smith

Conferencia General, 6 abril de 1950.

Discurso del Presidente George Albert Smith

George Albert Smith
Liahona Abril/Mayo 1950

Hace ciento veinte años había seis miembros en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Hoy día más de un millón de almas pertenecen a la Iglesia, y esta mañana el Tabernáculo está lleno hasta sobreabundar y cientos más están en el Salón de Asambleas y afuera en los patios. No me parece posible que haya tanta gente aquí esta mañana.

Sin embargo, hay un hombre faltando, y creo que todos lo recordarán. Él ha estado aquí siempre; nunca ha faltado, desde que puedo recordarme, en su deber de estar aquí. Entraba siempre por el lado norte del púlpito para ver si todos estaban sentados, pero por la providencia de Dios ese buen hombre ha sido llamado a los cielos. Ha regresado a aquel Dios que le dió la vida. Me refiero a nuestro fiel aposentador, George B. Margetts.

Uno por uno nos estamos yendo. Los años se están pasando. Hace un año tuve solamente 79 años de edad. Ahora tengo 80. Hay algunos en el foro quienes tienen más edad que yo. La Iglesia se está envejeciendo, pero afortunadamente tenemos los jóvenes de la Iglesia quien nos seguirán en estos puestos, jóvenes no solamente de la Iglesia, sino también los del mundo que están añadiéndose a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Es un gozo para mí estar aquí esta mañana. Casi no me parece posible que en un día entre la semana no se encuentre bastante lugar para todos, pero el Tabernáculo está lleno a toda su. capacidad, y la cosa que me impresiona más es que nuestro Padre Celestial está cumpliendo su palabra cuando dijo, que si aún dos o tres se congregaran en su nombre El estaría allí con ellos, y eso para bendecirles.

Pero esta mañana estamos aquí en número muy grande, y esta mañana el espíritu del Señor está aquí, y todos de nosotros que venimos aquí esta mañana para edificarnos no nos iremos decepcionados. Seguir leyendo

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El divino destino de las américas

El divino destino de las Américas

Por Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 1955

Sermón pronunciado por el hermano Ezra Taft Benson del Consejo de los Doce Apóstoles de la  Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el día 6 de marzo de 1955 en una conferencia especial celebrada en la Rama de Ermita, México, D. F., con motivo de la visita del hermano Benson a la República de México, en su carácter oficial de Secretario de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamérica.


Mis queridos hermanos y hermanas, mi corazón se siente henchido de gratitud esta mañana dominical, y mi corazón se une al vuestro en el amor puro del evangelio. Estoy agradecido por este privilegio y honor que tengo de conocer vuestras caras y participar del espíritu de estos servicios.

Felicito a los que han tomado parte en la reunión. Quedé muy impresionado con la manera en que cantó la congregación y el coro, y con la dirección de nuestro joven hermano en los himnos. También he quedado impresionado con los bellos niños que he visto esta mañana, y con especialidad los que se hallan aquí al frente. Han estado muy quietos y han sido considerados, unos con otros. Indica que los han educado bien en sus casas.

También me complace ver estas hermosas flores. En 1946, al terminar la Segunda Guerra Mundial, me envió la Primera Presidencia de la Iglesia a Europa, a fin de restablecer las misiones en ese lugar y distribuir alimento, ropa y otros artículos a los Santos de los Últimos Días. Un domingo en la mañana nos habíamos reunido en la ciudad de Hamburgo, Alemania, en un edificio parcialmente destruido. No había ni luces ni calefacción. Las bombas habían hecho pedazos todos los cristales de las ventanas, y parte del edificio se había derrumbado, de modo que podíamos ver la calle desde adentro. Era una tarde muy fría y estaba lloviendo. El hermano alemán que estaba dirigiendo, dijo:

«Además del evangelio, tenemos con nosotros tres cosas muy bellas esta mañana. Los miembros han salido al campo a recoger flores, hay muchos niños muy lindos en las bancas de adelante y hemos escuchado música hermosa». Y añadió que tres de las cosas más bellas de todo el mundo eran flores, niños y música. Esta mañana tenemos con nosotros estas tres bellas cosas, además del evangelio.

Quisiera decir a nuestros músicos que sus servicios son muy importantes a los ojos del Señor. En los primeros días de la Iglesia, el Señor designó a Ema Smith, por revelación dada al profeta José Smith, para que hiciera la primera selección de himnos en esta dispensación. En la sección 25 de Doctrinas y Convenios leemos: «Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una oración sobre su cabeza». De manera que espero que vosotros, los cantores, comprendáis que vuestra parte es de mucha importancia.

Me he deleitado con los testimonios de estos jóvenes. El Señor ama a la juventud de Sión. Estoy agradecido al Presidente Bowman que me interpretó sus palabras. De hecho, me siento muy agradecido por estar aquí con el presidente Bowman. Viví en el barrio de Yale con su hermano en Salt Lake City. Se parecen tanto que no puedo distinguirlos, a menos que los vea a los dos juntos. Me ha dado mucho gusto hallar aquí al hermano Balderas. También veo en la congregación a otros que en ocasiones pasadas he conocido. Los amo a todos. De hecho, amo a todos los hijos de Dios y con especialidad a aquellos que aman la verdad, y no conoto ningún otro pueblo que ame más la verdad que los hijos de nuestro padre Lehi.

Me ha dado mucho gozo poder viajar por algunos países de la América Latina. He tenido el privilegio de conocer a muchos de los Presidentes de estos países, así como a otros funcionarios. Ha sido para mí un placer y honor hablarles acerca de la Iglesia. Ojalá aceptasen el evangelio y viviesen de acuerdo con él. Mañana espero tener el privilegio de conocer al Presidente de esta gran nación, y de hablar con él y con otros funcionarios del gobierno mexicano.

Nosotros, que tenemos el evangelio en su pureza, tenemos mucho por que estar agradecidos. Para mí el evangelio es lo más inestimable de todo el mundo; y esta mañana mientras escuchaba los testimonios de estos jóvenes, me dije a mí mismo que tienen aquello que es de mayor valor que cualquier otra cosa, porque para mí la cosa de más valía es un testimonio del evangelio y el ser miembro de la verdadera Iglesia de Cristo. Nosotros poseemos estos dos tesoros inestimables. Seguir leyendo

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Jesús, Nuestro Señor Resucitado

Jesús, Nuestro Señor Resucitado

por el presidente J. Rubén Clark Jr.
de la Primera Presidencia
Liahoan Abril 1955


Por motivo de la resurrección de Cristo, todo ser mortal que nace en el mundo también resucitará, cada cual en su debido tiempo, y así será universal la redención de la caída. Por la obediencia a los mandamientos del evangelio de Cristo, todo ser mortal también podrá alcanzar una exaltación en el reino de Dios.

Estas son las gloriosas y eternas verdades que estos días de Pascua vívidamente traen a nuestras mentes turbadas y corazones temerosos para nuestro consuelo.

Aun cuando los discípulos no entendieron la resurrección de Cristo sino hasta después de haber sucedido, sin embargo la historia, considerada a la luz del plan completo, es bien clara.

Siglos antes el Salmista había bosquejado los horrores padecidos por el cuerpo y la mente en una crucifixión, y anunció las palabras de Cristo sobre la cruz, el cual, en el punto culminante de la agonía mortal y la desesperación, exclamó: «Dios mío. Dios mío, por qué me has dejado?» (Salmo 22:1; Mateo 27:46; Marcos 15:34.)

Jesús mismo predijo repetidas veces, durante el curso de su misión, su muerte y resurrección.

Al tiempo de la segunda Pascua, mientras predicaba a la multitud, Jesús dijo: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron  mal, a resurrección de condenación.» (Juan 5:28, 29.)

S. Marcos nos dice en su evangelio que en Cesárea de Filipo «comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de les príncipes, de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitado después de tres días. Y claramente decía esta palabra.» Mateo dice en esencia la misma cosa, al referirse a la ocasión. Al hablar a sus Discípulos poco después, Jesús les comunicó el mismo mensaje. (Marcos 8:31, 32; Mateo 16:21; Lucas 9:22.) Seguir leyendo

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Evidencias del Libro de Mormón

Evidencias del Libro de Mormón


Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de Setenta.
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre de 1954
Liahona Febrero 1955


Desde el día en que el ángel Moroni entregó las planchas de oro al profeta José Smith, de las cuales fué traducido y publicado el Libro de Mormón, una abundancia de evidencias maravillosas se han acumulado. Estas evidencias comprueban la autenticidad divina y la verdad de ese registro antiguo y santo.

También, en esta misma época, los enemigos de la verdad y la luz han hecho todo lo que les fuera posible para oponerse al Libro de Mormón, procurando demostrar que sus pretensiones son falsas. Indudablemente algunos de estos hombres se hallaban simplemente errados, pero la mayoría de ellos hicieron todo esto con intenciones inicuas. Resulta que todas estas obras han padecido sin llevar frutos. Los resultados de sus esfuerzos han desaparecido como el rocío se desvanece del verdor terrestre al romper el alba. De manera que el Libro de Mormón permanece hoy en día más firme y con mayor estimación que jamás gozaba mediante la historia de la Iglesia. No se halla ni una reclamación de esta obra que se ha demostrado ser falsa. Al contrario, una acumulación extensa de evidencias —algunas de las cuales hablan desde el polvo y otras susurrando de la antigüedad de tiempos pasados— siguen testificando de la divinidad de este libro sagrado y de su veracidad. Seguir leyendo

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«Yo soy la Resurrección y la Vida”

«Yo soy la Resurrección y la Vida”

Por J. Rubén Clark, hijo
de la Primera Presidencia.

Este solemne, e inequívoco testimonio de Jesucristo, su divinidad y su misión, fué dado por toda la nación norteamericana por el presidente J. Rubén Clark, Jr. en el programa Church of the Air, desde el Tabernáculo, la Manzana del Templo, Salt Lake City, el 20 de diciembre de 1942, a través del Columbia Broadcasting System y sus estaciones afiliadas, originándose con la estación Radiodifusora KSL.

Marta, encontrando a Jesús viniéndose para levantar a su hermano Lázaro de la muerte, con la intención de que los Apóstoles creyeran, dijo:

Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto.

Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres a Dios, te dará Dios.

Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (Juan 11:21-27).

Así el Cristo, la figura más poderosa de todo el tiempo, atestiguó de sí mismo.

Así la humilde Marta dió su testimonio responsivo, tan simple y claro e íntegro, tan inequívoco y omnímodo como el de Pedro, sí mismo, cuando él declaró, “Tu eres él Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mateo 16:16).

Así es como a esta humilde sirvienta Marta, vino este gran y más glorioso mensaje de los siglos. Hombres han vivido por él, ellos han muerto por él, desde que Caín mató a Abel. Fué fundido “desde el principio”, en el tiempo cuando, como el Señor dijo a Job, reprobándolo por su entendimiento poco profundo, “cuando yo fundaba la tierra. . . cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios”. (Job 38:4-7). Y los hijos de Dios regocijaban porque el glorioso plan ya hecho, mostró el camino, el camino estrecho y angosto, por andar en el cual ellos pudieran al fin llegar a aquel destino divino que el Padre había propuesto para ellos cuando fueron organizados antes que el mundo fuese.

Mirando hacia atrás, a través de los diecinueve siglos que han pasado, nos maravillamos de que de todos aquellos que anduvieron y hablaron con Jesús en Galilea, y Judea, tan poquitos en verdad comprendieron o creyeron Su mensaje. Y de los innumerables millares quienes han vivido y oído su mensaje desde su tiempo, cuan escaso el número que realmente han creído y andado en Su camino. Ha estado con grandes multitudes, aun como con los Fariseos en su hipocresía:

Este pueblo con sus labios me honra, más su corazón lejos está de mí.

Más en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres. (Marcos 7:6; Mateo 15:8).

Las multitudes se reunieron a él en la Palestina, no por las verdades espirituales que él proclamó, ni para seguir al patrón de vida que él declaró y condujo. Les importaba poco estas cosas.

Ellas vinieron a él porque él sanó a sus enfermos, a sus estropeados, echó fuera de ellos sus espíritus inmundos. Y aun porque él echó fuera demonios, ellos le acusaron de ser asociado con Beezlebub (Mateo 12:24; Marcos 3:22; Lucas 11:14-36); cuando andaba sanando en el día sábado, trataron de quitarle la vida. (Juan 5:16). Seguir leyendo

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