Seis maneras de ser misionero digital

Seis maneras de ser misionero digital

Faith Sutherlin Blackhurst

¡Nivela tu juego de misionero digital con estos consejos!

Te sudan las manos; te muerdes los labios de la ansiedad. Casi envías el mensaje que has estado escribiendo y volviendo a escribir por la última media hora. ¿Es una locura pensar que tu vecino, quien es estrella de fútbol, podría estar interesado en los jóvenes guerreros?

¡No puede ser!

¡Todo el mundo necesita el Evangelio: tus amigos, compañeros de clase, maestros, compañeros de equipo, vecinos e incluso los extraños! A medida que crece tu amor por ellos, tu deseo de revelarles la verdad y las bendiciones aumentan. A diferencia de ti, puede que ellos no sepan que son hijos de Dios o que tienen potencial divino. Esa es tu oportunidad. Cuando el Espíritu te inspire a compartir algo, ¡sigue esa impresión de inmediato!

La obra misional a veces puede ser abrumadora, pero no es tan difícil como parece. Si tienes acceso a las redes sociales, esta es una manera fácil de empezar conversaciones con amigos y familiares. ¡Tú puedes ser misionero al agregar el Evangelio a las redes!

Estos consejos pueden ayudarte a saber qué hacer, de principio a fin:

  1. Orar para escoger a personas específicas con quienes compartir el Evangelio.Cuando ores, dile al Padre Celestial que deseas compartir el Evangelio. Pregúntale a quién Él desea que tú tiendas una mano. Después de orar para saber a quién debes contactar, prueba buscar a través de tu lista de amigos o seguidores. Una vez que se destaque el nombre de alguien, ¡es el momento de enviarle un mensaje! Aunque no le hayas hablado a alguien en años, puedes volver a contactarlo y con el tiempo trata de compartir un mensaje del Evangelio. Los amigos rara vez se ofenden si tienes un interés verdadero.
  2. No dejar que pase el momento.Una vez que has recibido inspiración, ¡actúa de inmediato! Mientras más esperes, más fácil será que lo olvides o te dé flojera. El Espíritu Santo te ha inspirado en un momento específico por una razón, ¡así que hazlo! Podrías ayudar a un amigo cuando más lo necesita.
  3. Adaptar tu mensaje a las necesidades de una persona en particular.Si contactas a un amigo con un mensaje específico adaptado a él, se sentirá querido y especial. Considera sus circunstancias actuales, ¿qué podría ser alentador que escuchara? Por ejemplo, si la abuela de tu amigo falleció recientemente, puede que sea de consuelo escuchar sobre la resurrección del Salvador o las familias eternas.
  4. Buscar puntos en común.¿Qué tienen ustedes en común? Utiliza eso como punto de partida para la conversación. Si tu amigo y tú tienen pruebas similares, comparte Escrituras u otras ideas que te han dado esperanza. Si a tu amigo le encanta pasar tiempo con la familia, invítalos a una noche de hogar en tu casa. Si eres parte de un coro o un grupo musical con amigos, toquen canciones del sitio web para los jóvenes SUD que ellos podrían disfrutar.
  5. Incluir al Espíritu.Siempre incluye al Espíritu Santo en cada paso de tu aventura misional. Puede que no siempre sepas lo que las personas necesitan, pero Dios lo sabe y Él te lo puede decir a través del Espíritu. El Espíritu puede ayudarte a saber a quién contactar, qué decir y cómo decirlo, así que asegúrate de prestar atención a cualquier impresión que puedas tener durante la conversación. Realiza una pausa antes de presionar Enviar. ¿Hay algo que el Espíritu Santo desea que agregues o cambies?
  6. Compartir un testimonio sencillo pero poderoso.Recuerda, cuando testificas de la verdad, el Espíritu Santo puede enseñar con poder y tocar el corazón de tu amigo. Comparte lo que sabes en pocas palabras como: “Sé que todos somos hijos de Dios y que Él nos ama”.

A veces las redes sociales parecen ser el lugar con menos posibilidades de que los misioneros tengan éxito, pero en realidad, hay muchas personas que esperan escuchar la verdad, ¡sin importar dónde la encuentren! Sé valiente y pide que el Espíritu te guíe a los amigos que necesitan apoyo espiritual. Nunca se sabe; ¡puedes cambiarles el día!


Cómo compartir el Evangelio

Élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Cuando contamos con la compañía del Espíritu Santo, podemos hacer algunas cosas muy sencillas para ayudar a los miembros menos activos de la Iglesia y a los que no son miembros a obtener un mejor entendimiento del Evangelio en su vida. No necesitamos un nuevo programa para hacer esto; no necesitamos tener un manual, un llamamiento ni una reunión de capacitación. Lo único que se necesita es que los buenos miembros de la Iglesia aprendan a confiar en el poder del Espíritu Santo y, con ese poder, tiendan una mano e influyan en la vida de los hijos de nuestro Padre. No podemos prestar mejor servicio que el de compartir nuestro testimonio personal con aquellos que carecen de un entendimiento del Evangelio restaurado de Jesucristo.

Así que, hermanos y hermanas, ¿estamos listos para hacer algo? ¿Puede cada uno de nosotros decidirse hoy a incrementar su propia preparación espiritual procurando la guía del Espíritu Santo y, entonces, con la compañía de Su poder, bendecir a otros hijos de nuestro Padre Celestial con el entendimiento y el conocimiento de que la Iglesia es verdadera?

Yo doy testimonio de que el Salvador vive y de que bendecirá a cada uno de nosotros si hacemos todo lo posible para que progrese la gran obra de Su Iglesia. Ruego que cada uno de nosotros tome la determinación de hacer algo más.

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Al avanzar juntos

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

Al avanzar juntos

Por el presidente Russell M. Nelson
Liahona Abril 2018

Nota del editor: El presidente Russell M. Nelson, apartado como decimoséptimo Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el 14 de enero de 2018, pronunció estas palabras el 16 de enero de 2018, durante una transmisión en vivo desde el edificio anexo del Templo de Salt Lake. Él solicitó que sus palabras se publicasen en este ejemplar.

new First Presidency

Estimados hermanos y hermanas, me siento humilde al estar con ustedes esta mañana. Hace cuatro días descansó en paz un hombre gigante, un profeta de Dios: el presidente Thomas S. Monson. No hay palabras que hagan justicia a la magnitud y magnificencia de su vida. Siempre atesoraré con gratitud nuestra amistad por lo que me enseñó. Ahora debemos mirar hacia el futuro con total fe en nuestro Señor Jesucristo, a quien pertenece esta Iglesia.

Hace dos días, todos los Apóstoles vivientes se congregaron en la sala superior del Templo de Salt Lake. Allí tomaron la decisión unánime, primero, de reorganizar la Primera Presidencia ahora y, segundo, que yo sirviese como Presidente de la Iglesia. Las palabras no son suficientes para decirles lo que sentí cuando mis hermanos —los hermanos de las Autoridades Generales quienes poseen todas las llaves del sacerdocio restauradas por medio del profeta José Smith en esta dispensación— colocaron sus manos sobre mi cabeza para ordenarme y apartarme como Presidente de la Iglesia. Fue una experiencia sagrada y humilde.

En seguida, tuve la responsabilidad de discernir a quiénes había preparado el Señor para que fuesen mis consejeros. ¿Cómo podría elegir a solo dos de los Doce apóstoles, a cada uno de los cuales amo tanto? Estoy profundamente agradecido al Señor por contestar mis fervientes oraciones. Estoy muy agradecido que el presidente Dallin Harris Oaks y el presidente Henry Bennion Eyring estén dispuestos a servir conmigo como Primer y Segundo Consejeros, respectivamente. El presidente Dieter F. Uchtdorf ha vuelto a tomar su lugar en el Cuórum de los Doce Apóstoles. Él ya ha recibido asignaciones importantes para las cuales está sumamente capacitado.

Le rindo tributo a él y al presidente Eyring por el magnífico servicio que prestaron como consejeros del presidente Monson. Han sido totalmente capaces, dedicados e inspirados, y les estamos sumamente agradecidos. Cada uno está dispuesto a prestar servicio ahora donde más se le necesita.

Como el Apóstol que ocupa el segundo lugar en antigüedad, el presidente Oaks también se convierte en Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles. No obstante, dado su llamamiento en la Primera Presidencia, y de acuerdo con el orden de la Iglesia, el presidente M. Russell Ballard, quien ocupa el lugar siguiente en antigüedad, servirá como Presidente en Funciones de ese cuórum. La Primera Presidencia trabajará conjuntamente con los Doce para discernir la voluntad del Señor y adelantar Su sagrada obra.

Les agradecemos sus oraciones, las cuales se han ofrecido por nosotros por todo el mundo. Una de esas oraciones la ofreció un niño de cuatro años llamado Benson, la mañana después del fallecimiento del presidente Monson. Cito fragmentos de la carta que la madre de él le escribió a mi esposa, Wendy. Benson oró: “Padre Celestial, gracias que el presidente Thomas S. Monson pudiera ver otra vez a su esposa. Gracias por nuestro nuevo profeta. Ayúdalo a ser valiente y a no tener miedo por ser nuevo. Ayúdalo a crecer sano y fuerte. Ayúdalo a tener poder porque él tiene el sacerdocio; y ayúdanos a ser siempre buenos”.

Doy gracias a Dios por los niños como ese y por los padres que toman en serio su compromiso con la paternidad recta y deliberada; por todo padre, maestro y miembro que lleva cargas pesadas y, sin embargo, sirve con tan buena disposición. En otras palabras, estoy humildemente agradecido por cada uno de ustedes.

El Señor está a la cabeza

current Quorum of the Twelve Apostles

Al avanzar juntos, los invito a pensar en la manera majestuosa mediante la cual el Señor gobierna Su Iglesia. Cuando el Presidente de la Iglesia fallece, no hay ningún misterio acerca de quién es el siguiente llamado a servir en esa función. No hay campañas electorales ni políticas, sino solo las calladas obras de un divino plan de sucesión impuesto por el Señor mismo.

Cada día del servicio que presta un apóstol es un día de aprendizaje y de preparación para una mayor responsabilidad en el futuro. Toma décadas de servicio para que un apóstol pase del puesto de menor antigüedad en el círculo al de mayor antigüedad. Durante ese tiempo, obtiene experiencia personal sobre cada faceta de la obra de la Iglesia. También llega a conocer de cerca a los pueblos de la tierra, incluso sus historias, culturas e idiomas, a medida que las asignaciones lo llevan repetidamente a través del mundo. Ese proceso de sucesión en el liderazgo de la Iglesia es único; no sé de nada que se le compare. Eso no debe sorprendernos, ya que esta es la Iglesia del Señor. Él no obra a la manera de los hombres.

He servido en el Cuórum de los Doce bajo cinco Presidentes de la Iglesia previos. He visto a cada Presidente recibir revelación y responder a dicha revelación. El Señor siempre ha instruido e inspirado a Sus profetas, y siempre lo hará. El Señor está a la cabeza. Nosotros, los que hemos sido ordenados para dar testimonio de Su santo nombre en todo el mundo, seguiremos procurando conocer Su voluntad y seguirla.

Permanecer en el camino de los convenios

taking the sacrament

Ahora bien, a cada miembro de la Iglesia le digo: Manténgase en el camino de los convenios. Su compromiso de seguir al Salvador al hacer convenios con Él y luego guardar esos convenios abrirá la puerta a toda bendición y privilegio espiritual que están al alcance de hombres, mujeres y niños en todas partes.

Como nueva Presidencia, queremos empezar con el fin en mente. Por esa razón, nos dirigimos a ustedes hoy desde un templo. El fin por el que cada uno nos esforzamos es ser investidos con poder en una Casa del Señor, ser sellados como familias, ser fieles a los convenios hechos en el templo que nos hacen merecedores del don más grande de Dios, que es la vida eterna. Las ordenanzas del templo y los convenios que ustedes hagan allí son clave para fortalecer su vida, su matrimonio y su familia, y su habilidad para resistir los ataques del adversario. Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortalecerá en su compromiso de mantenerse en el camino de los convenios.

Ahora bien, si se han apartado del camino, los invito con toda la esperanza de mi corazón a que por favor regresen. Cualesquiera que sean sus preocupaciones o desafíos, hay un lugar para ustedes en esta, la Iglesia del Señor. Ustedes y las generaciones aún por venir serán bendecidas por las acciones que tomen ahora para regresar al camino de los convenios. Nuestro Padre Celestial atesora a Sus hijos y desea que cada uno de nosotros regresemos a Él. Esta es la gran meta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: ayudar a cada uno de nosotros a regresar a casa.

Expreso mi profundo amor por ustedes, ese amor que ha crecido durante décadas de conocerlos, de adorar con ustedes y de servirles. Nuestro mandato divino es ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo, para ayudar a preparar al mundo para la segunda venida del Señor. Lo haremos con fe en el Señor Jesucristo, sabiendo que Él está al mando. Esta es Su obra y Su Iglesia. Somos Sus siervos.

Declaro mi devoción a Dios nuestro Padre Eterno y a Su Hijo, Jesucristo. Los conozco; los amo, y me comprometo a servirles a Ellos —y a ustedes— con cada aliento de vida que me quede. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Esa resplandeciente mañana de domingo

Esa resplandeciente mañana de domingo

Por el élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008)
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Tomado de un discurso de la Conferencia General de octubre de 2006.
Liahona Abril 2018

Ese día, el Señor resucitado rompió los lazos de la muerte; se levantó de la tumba y apareció gloriosamente triunfante como el Salvador de toda la humanidad.

Mary Magdalene at the tomb

Sabemos lo que es la resurrección: la unión del espíritu y el cuerpo en su forma perfecta…

¿Pueden imaginarlo? ¿Vida en la plenitud de la vida? ¿Siempre sanos, sin dolor, sin las cargas que tan a menudo nos acosan?

La Resurrección es el centro de nuestras creencias como cristianos.

… cuando el Salvador se levantó de la tumba… hizo lo que nadie más podía hacer. Rompió los lazos de la muerte, no solo para Él sino para todos los que han vivido: los justos y los injustos.

… Cristo hizo que ese don estuviera disponible para todos. Y con ese acto sublime, alivió el pesar devastador que atormenta el alma de los que han perdido a sus seres queridos.

Pienso cuán oscuro fue aquel viernes en que levantaron a Cristo en la cruz.

… la tierra tembló y se oscureció…

Los hombres inicuos que deseaban su muerte se regocijaron…

Ese día el velo del templo se rasgó en dos.

María Magdalena y María, la madre de Jesús, estaban abrumadas por el dolor… El maravilloso hombre al que habían amado y honrado pendía sin vida en la cruz…

Los apóstoles estaban desolados. Jesús, su Salvador, el hombre que había andado sobre el agua y levantado a los muertos, Él mismo, estaba a merced de hombres inicuos…

Fue un viernes lleno de pesar devastador…

Creo que, de todos los días desde el comienzo de la historia del mundo, aquel viernes fue el más tenebroso.

[Pero] la desesperación no tardó en desaparecer, puesto que el domingo el Señor resucitado rompió los lazos de la muerte; se levantó de la tumba y apareció gloriosamente triunfante como el Salvador de toda la humanidad.

En un instante, se enjugaron las lágrimas que habían sido derramadas. Los labios que habían susurrado oraciones de aflicción ahora llenaban el aire con alabanzas, pues Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente, estaba ante ellos como… prueba de que la muerte es solo el principio de una existencia nueva y maravillosa.

Cada uno de nosotros tendrá sus propios viernes, días en los que el universo mismo parece deshecho y los pedazos de nuestro mundo yacen esparcidos hechos trizas…

Pero les testifico, en el nombre de Aquel que conquistó la muerte: el domingo llegará. En las tinieblas de nuestro pesar, el domingo llegará.

… no importa nuestro pesar, el domingo llegará. En esta vida o en la próxima, el domingo llegará.

Les testifico que la Resurrección no es una fábula. Tenemos los testimonios personales de quienes lo vieron a Él. Miles, tanto en el Viejo como el Nuevo mundo, fueron testigos del Salvador resucitado. Palparon las heridas de Sus manos, de Sus pies y de Su costado…

Después de la Resurrección, los discípulos cobraron nuevas energías. Viajaron por el mundo… para proclamar intrépidamente que Jesús es el Cristo, el Hijo resucitado del Dios viviente.

Muchos de ellos… murieron como mártires y con el testimonio del Cristo resucitado en sus labios hasta que perecieron.

La Resurrección transformó la vida de quienes fueron testigos de ella. ¿No debería transformar la nuestra?

Todos nos levantaremos de la tumba…

Por motivo de la vida y del sacrificio eterno del Salvador del mundo, nos reuniremos con aquellos a quienes hemos amado.

… ese día nos regocijaremos en que el Mesías venció todo para que vivamos eternamente.

Debido a las ordenanzas sagradas que recibimos en los santos templos, nuestra partida de esta breve vida terrenal no puede ya separar las relaciones que se han unido con hilos hechos con vínculos eternos.

Es mi solemne testimonio que la muerte no es el fin de la existencia…

Que entendamos y vivamos en gratitud por los invalorables dones que recibimos como hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y por la promesa de ese día luminoso en que nos levantaremos triunfantes de la tumba.

… no importa cuán tenebroso sea nuestro viernes, el domingo llegará.

 

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6 símbolos de la Pascua judía que podrían cambiar tu visión de la Pascua de Resurrección

6 símbolos de la Pascua judía que podrían cambiar tu visión de la Pascua de Resurrección

Por Valerie Durrant
Revistas de la Iglesia
Liahona Abril 2018

Al recordar el simbolismo de la Pascua judía, se profundiza nuestro entendimiento y nuestro gozo por la realidad de la Resurrección.

Me encanta la Pascua de Resurrección, un día festivo que conmemora que Jesucristo libró a los hijos de Dios del cautiverio de la muerte y del infierno.

Sin embargo, 1500 años antes de la Resurrección, una festividad similar conmemoraba que Jehová había librado a los hijos de Israel del cautiverio en Egipto.

La Pascua de Resurrección rememora el sacrificio expiatorio del Salvador; la Pascua judía lo presagió. Juntas pueden profundizar nuestro entendimiento de la Resurrección. A continuación vemos solo algunas conexiones entre la Pascua judía y la Pascua de Resurrección.

Pascua judía Pascua de Resurrección
1. La Pascua judía se centraba en el cordero pascual, un macho sin defecto (véase Éxodo 12:5) y sin ningún hueso quebrado (véase Éxodo 12:46). 1. Jesús es el Cordero de Dios (véase Juan 1:29), libre de pecado y sin ningún hueso quebrado (véase Juan 19:36).
2. La cena de Pascua iba acompañada de panes sin levadura, libres de toda corrupción (véanse Bible Dictionary [Diccionario bíblico], “Leaven” [Levadura] y Éxodo 12:8, 15). 2. Jesús es el Pan de Vida, en quien no hay impureza alguna (véase Juan 6:35).
3. La cena de Pascua iba acompañada de hierbas amargas, símbolo del cautiverio de los israelitas (véase Éxodo 12:8). 3. Aunque estemos bajo el yugo del pecado, gracias a que Jesús bebió la amarga copa (véase D. y C. 19:18), podemos superarlo mediante Su expiación (véase 1 Corintios 15:22).
4. La cena de Pascua había de comerse apresuradamente (véase Éxodo 12:11). 4. El cuerpo del Salvador fue preparado con prisa para su sepultura (véase Juan 19:31).
5. Los creyentes que pintaron el marco de la puerta con la sangre del cordero fueron salvos de la muerte física (véase Éxodo 12:7, 13). 5. Los creyentes que toman simbólicamente la sangre del Cordero cada semana durante la Santa Cena y “siempre se acuerdan de él” (D. y C. 20:77, 79) pueden salvarse tanto de la muerte espiritual como de la muerte física (véase Mosíah 4:2).
6. Al día siguiente de que los primogénitos fueron muertos, se declaró la libertad a los israelitas cautivos (véase Éxodo 12:29–32). 6. Al día siguiente de que el Primogénito fue muerto, Jesús declaró la libertad a los que estaban cautivos en el mundo de los espíritus (véase D. y C. 138:18, 31, 42).

¿Qué puedo hacer?

Al tomar la Santa Cena, piensa en cómo podría considerarse como “nuestra Pascua, la forma de recordar nuestra protección, salvación y redención” (Jeffrey R. Holland, “Haced esto en memoria de mí”, Liahona, enero de 1996, pág. 77).

Descubre más

Descubre más maneras de enriquecer la época de la Pascua en el artículo de Liahona “La jornada final y solitaria del Salvador”.

 

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Compartamos nuestro conocimiento de un Salvador

Compartamos nuestro conocimiento
de un Salvador

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 2018

Tomado del discurso “The Knowledge of a Savior” [El conocimiento de un Salvador], pronunciado en la Conferencia de la Universidad Brigham Young para Mujeres, el 5 de mayo de 2017.

Nuestro es el mensaje de paz, y ustedes son los mensajeros que lo predican. Pueden hacerlo por medio de nuevos y emocionantes canales de tecnología.

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Somos la Iglesia de Jesucristo, establecida en los últimos días. Tal como el Señor instruyó a Sus discípulos de antaño, en los últimos días se nos ha mandado “[ir] por todo el mundo y [predicar] el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Nefi, el profeta de la antigüedad, resumió de forma concisa esa misión y mensaje, así como su propósito: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

En el libro de Mosíah, leemos que el rey Benjamín, antiguo profeta del Libro de Mormón, congregó en el sitio del templo al pueblo que se hallaba en toda aquella tierra, hizo que se edificara una torre y les enseñó. Al enseñarles, también les profetizó de nuestra época: “Y además, te digo que vendrá el día en que el conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Mosíah 3:20).

“El conocimiento de un Salvador”

Uno de los dones más preciados que podemos atesorar en nuestra familia y dar a otras personas es “el conocimiento de un Salvador”, o de Jesucristo.

Con el inicio de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la humanidad fue investida de un mayor entendimiento y de un torrente de avances tecnológicos. Esta dispensación vino acompañada de la era industrial y de medios de comunicación, lo que permitió que se cumpliera la profecía del rey Benjamín.

Como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, llamado a ser un testigo especial “del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23), con asignaciones específicas en el Comité de Asuntos Públicos y en el Comité de Servicios de Comunicación, tengo la oportunidad de centrarme en el cumplimiento de esta profecía —que “el conocimiento de un Salvador” se esparza por todo el mundo— utilizando las últimas tecnologías que están a nuestra disposición.

“Por toda nación, tribu, lengua y pueblo”

Históricamente, los avances que hubo en la imprenta y el invento de la radio y la televisión permitieron que el mensaje de la Restauración llegara a todo el mundo. Hay numerosos ejemplos de eso, algunos de los cuales podemos llegar a recordar.

Diez años después de la Primera Visión, y un mes antes de que se organizara la Iglesia, se publicaron 5000 ejemplares del Libro de Mormón. Desde entonces, se han impreso más de 175 millones de ejemplares.

Cualquier domingo por la mañana, podemos escuchar o mirar la transmisión de Música y palabras de inspiración, programa que se aproxima a su transmisión número 5000. La primera transmisión se llevó a cabo por radio en directo en 1929. La primera transmisión por televisión de la conferencia general se realizó en 1949.

Curiosamente, en 1966, el presidente David O. McKay (1873–1970) comenzó a hablar de cosas que habían de venir: “Descubrimientos con un potencial tan poderoso, tanto para la bendición como para la destrucción de los seres humanos, que hacen que la responsabilidad del hombre de controlarlos sea la más gigantesca que jamás se haya colocado en manos humanas… Esta época está repleta de peligros ilimitados, así como de incontables posibilidades”1.

En 1974, el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) describió su visión de un día venidero: “El Señor ha bendecido al mundo con muchos… satélites. Están posicionados en lo alto del cielo, transmitiendo señales a casi cada rincón de la superficie de la tierra… Sin duda, estos satélites son solo el comienzo de lo que nos depara el futuro de las transmisiones mundiales… Creo que el Señor está ansioso de poner en nuestras manos inventos que los hombres comunes difícilmente hayamos vislumbrado”2.

Con los avances tecnológicos en los medios de comunicación que en gran parte se producen con el desarrollo de internet, parece que hemos sido testigos en el transcurso de nuestra vida del cumplimiento literal de las profecías del rey Benjamín, del presidente McKay y del presidente Kimball.

Existe, además, un claro modelo de que se están adoptando esas tecnologías para edificar el reino del Señor sobre la tierra. Me gustaría compartir con ustedes algunos ejemplos de eso.

LDS.org y Mormon.org

En 1996, la Iglesia comenzó oficialmente a utilizar internet como una plataforma de mensajería y comunicación. Desde entonces, se han creado alrededor de 260 sitios web patrocinados por la Iglesia, incluso sitios disponibles en casi cada país en el que habitan los miembros de la Iglesia, en el idioma local.

Comparto dos ejemplos conocidos de estos sitios web. El primero es LDS.org, establecido en 1996, que hoy en día recibe más de 24 millones de visitantes nuevos al año y un promedio de más de un millón de visitantes cada semana. Muchos miembros encuentran aquí materiales para enseñar y discursos de conferencias generales pasadas. El segundo es Mormon.org, un sitio web diseñado para presentar el Evangelio a nuestros vecinos y amigos que no son miembros de la Iglesia. Este sitio recibe más de 16 millones de visitantes diferentes al año.

Aplicaciones móviles

phone with mobile apps

Por supuesto, las tecnologías evolucionan a un ritmo vertiginoso, lo que requiere un esfuerzo y recursos considerables para mantenerse al día. El invento de los teléfonos inteligentes trajo consigo el poder de emplear y acceder a enormes cantidades de información en un dispositivo portátil. Gran parte de esta información está organizada bajo el formato de aplicaciones móviles, o “apps”. La primera aplicación patrocinada por la Iglesia se lanzó en 2007.

Abundan los ejemplos del beneficioso uso de las aplicaciones móviles para difundir nuestro “conocimiento de un Salvador”. No describiré el contenido de las muchas aplicaciones que tenemos al alcance de la mano, pero a continuación aparecen algunos ejemplos de aplicaciones que es probable que reconozcan:

  • Biblioteca del Evangelio
  • Canal Mormón
  • Herramientas SUD
  • Música SUD
  • Árbol Familiar

Millones de usuarios utilizan estas aplicaciones millones de veces a la semana.

Redes sociales

Por definición, las redes sociales son tecnologías computarizadas que permiten que las personas y las organizaciones vean, creen y compartan información, ideas y otras formas de expresión a través de comunidades y redes virtuales.

A partir de alrededor del 2010, la Iglesia comenzó a adoptar seriamente el uso de las redes sociales para difundir “el conocimiento de un Salvador”. Esta es una forma de comunicación digital rápida y dinámica; la velocidad con la que cambia es casi incomparable.

Una característica visible de las redes sociales es que apenas uno se siente familiarizado o cómodo con una plataforma, entonces surge una más nueva, más grande o aparentemente más genial o mejor.

Describiré en pocas palabras cinco plataformas de redes sociales que la Iglesia utiliza como canales de comunicación.

  1. Facebook tiene más de dos mil millones de usuarios alrededor del mundo. Aquí, los usuarios crean su propia red social de amigos en línea.
  2. Instagram es un sitio social que se centra en fotografías y videos.
  3. Pinterest es como una cartelera virtual. Las imágenes, llamadas “pines”, se fijan en un tablero; estas pueden ser frases inspiradoras o imágenes fotográficas de nuestras aspiraciones.
  4. Twitter es una red social que permite a los usuarios enviar y leer mensajes cortos, de 280 caracteres, llamados “tuits”.
  5. Snapchat presenta fotografías y videos cortos que desaparecen inmediatamente o en 24 horas.

Como institución, utilizamos estos sitios de redes sociales de manera poderosa.

Facebook

Tal vez recordarán el tierno mensaje sobre la depresión que el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dio hace unos años durante la conferencia general3. A partir de ese discurso, se produjo un segmento de video que tuvo más de dos millones de reproducciones tan solo en Facebook, así como muchos miles de Me gusta y comentarios positivos4.

Instagram

grandson in the cockpit

En agosto de 2016, el presidente Dieter F. Uchtdorf publicó un video en Instagram en el que le enseñaba principios del Evangelio a su nieto Erik dentro de —adivinen— ¡la cabina de un avión!5 Miles de personas disfrutaron la publicación del presidente Uchtdorf, y fue acompañada de numerosos comentarios positivos.

En noviembre de 2017, la Iglesia también publicó en su cuenta de Instagram un video del élder Dallin H. Oaks y del élder M. Russell Ballard en el que daban respuesta a la pregunta que hizo una joven adulta acerca de las hermanas que sirven en misiones. Esa publicación fue vista por más de 112 000 personas.

Pinterest

En Pinterest, uno puede hallar miles de pines de LDS.org y aun más de miembros individuales, que inspiran a los demás.

Por ejemplo, muchas personas comparten las palabras de los profetas pasados y presentes. Un pin de una de las enseñanzas del presidente Thomas S. Monson dice: “Tantas cosas en la vida dependen de nuestra actitud”6.

Twitter

Un tuit que el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió la mañana de Pascua de Resurrección del año pasado se vio 210 000 veces. El élder Bednar demostró que un mensaje simple y breve: “No está aquí, porque ha resucitado” (Mateo 28:6), puede tener un impacto profundo y duradero.

Snapchat

Por último, recientemente aparecieron en Snapchat imágenes y palabras que compartían uno de los mensajes de la Primera Presidencia del presidente Monson.

Riesgos relacionados

Ahora bien, habiendo elogiado todas las virtudes de estas nuevas tecnologías y demostrado el uso apropiado de las mismas, considero que también es prudente analizar algunos de los riesgos relacionados con ellas.

Todos debemos ser conscientes del tiempo que puede consumirse en las redes sociales o con el uso de las aplicaciones móviles. El uso de las redes sociales también supone el riesgo de reducir el contacto cara a cara, lo cual podría perjudicar el desarrollo de las habilidades sociales de muchos de nuestros jóvenes.

No pueden minimizarse los peligros relacionados con el contenido inapropiado; existe en la sociedad una creciente epidemia de adicción a la pornografía, la cual está teniendo un efecto negativo y victimizando aun a los miembros de la Iglesia y sus familias.

Por último, menciono dos riesgos adicionales que se combinan y que afectan prácticamente a todos, incluso a las mujeres jóvenes y a las madres y esposas milénicas. Catalogo estos riesgos como “realidad idealizada” y “comparaciones debilitantes”. Pienso que la mejor manera de describir estos dos riesgos es presentar algunos ejemplos.

En general, las fotografías que se publican en las redes sociales tienden a representar la vida de la mejor manera y, a menudo, hasta de un modo poco realista. Con frecuencia están llenas de imágenes hermosas de decoración del hogar, maravillosos sitios turísticos y preparaciones de comidas elaboradas. El peligro, por supuesto, está en que muchas personas se desalientan porque aparentemente no están a la altura de esta realidad virtual idealizada.

Inspirada por el pin de un pastel de cumpleaños hecho con panqueques, mi sobrina recientemente publicó el resultado de cuando intentó hacer lo mismo. En vez de dejar que eso creara una presión injustificada, ella decidió inspirar a los demás publicando su “fracaso de Pinterest” (véase la foto de los panqueques).

pancake fail

Espero que podamos aprender a tener más humor y sentirnos menos desalentados al contemplar imágenes que puedan representar una realidad idealizada y que, con demasiada frecuencia, podrían conducirnos a hacer comparaciones debilitantes.

Según parece, esto no es una señal exclusiva de nuestra época, sino que, considerando las palabras de Pablo, también sucedía en épocas pasadas: “… pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, no son juiciosos” (2 Corintios 10:12).

El élder J. Devn Cornish, de los Setenta, recientemente también ofreció un consejo oportuno: “… nos torturamos inútilmente al competir y compararnos. Erróneamente juzgamos nuestra autoestima según las cosas que tenemos o no tenemos y por las opiniones de los demás. Si tenemos que comparar, comparemos cómo éramos en el pasado a cómo somos hoy, e incluso a cómo queremos ser en el futuro”7.

Permítanme compartir uno de nuestros secretos de familia, el cual se encuentra en esta foto familiar (véase la foto en la siguiente página), tomada hace algunos años, antes de la llegada de las redes sociales. Si esta foto se hubiera tomado hoy en día, probablemente se habría publicado en las redes sociales, presentando a una familia de cuatro chicos apuestos y bien educados, con colores combinados y disfrutando de la oportunidad de tomarse una armoniosa foto familiar todos juntos. ¿Les gustaría conocer la verdadera historia?

Stevenson family photo

Aún recuerdo la llamada de mi esposa. “Gary, ¿dónde estás? Estamos en el estudio exterior del fotógrafo; estamos listos para sacarnos la fotografía. No ha sido fácil cambiar a los niños, coordinarlos y prepararlos. ¿Estás por llegar?”.

En realidad, ¡me había olvidado y aún no había salido de la oficina! Tenía media hora de retraso, y las cosas no habían salido del todo bien en mi ausencia, sino que estaban al borde del caos.

¿Qué había pasado? Mi hijo mayor había estado corriendo por el jardín y había encontrado un manzano, había tomado algunas manzanas y había comenzado a arrojárselas a los otros niños. Le pegó con una manzana en la espalda a nuestro tercer hijo y lo hizo caer, por lo que este empezó a llorar.

Mientras tanto, cuando eso sucedía, mi segundo hijo se sentó y los pantalones se le subieron un poco. Los otros niños vieron que sus calcetines eran calcetas deportivas blancas, y no los calcetines de domingo que su madre le había dejado preparados. Ella le preguntó: “¿Por qué no te pusiste los calcetines para ir a la Iglesia?”.

Él respondió: “Es que no me gustan; son ásperos”.

Y mientras ella está hablando con él, nuestro pequeño de dos años corría por el jardín, tropezó con algo, cayó y comenzó a sangrarle la nariz. La sangre le gotea sobre la camisa blanca de cuello alto, la cual queda manchada. En ese momento llego yo. La única forma de salvar la fotografía fue dar vuelta al cuello y ponerle la camisa al revés para esconder las manchas de sangre.

Resulta que mientras nuestro hijo mayor corría por todas partes arrojando manzanas, se cayó y le quedó una mancha de césped en la rodilla. Así que, en la fotografía, su brazo aparece colocado estratégicamente para tapar las manchas de césped.

En cuanto a nuestro tercer hijo, bueno, esperamos 20 minutos para que sus ojos ya no estuviesen rojos de tanto llorar.

Y, por supuesto, las manchas de sangre ahora están en la parte de atrás de la camisa de nuestro hijo menor.

Ahora, nuestro segundo hijo coloca las manos estratégicamente sobre sus calcetines deportivos blancos a fin de que todo combine.

En cuanto a mí, bueno, Gary se ha metido en un buen problema porque lo que ocasionó todo esto fue que yo llegara tarde.

Así que, cuando vean esta hermosa fotografía de nuestra familia y se lamenten: “¿Por qué no podemos organizarnos y tener una familia perfecta como la de ellos?”, ¡ya saben la verdad!

Las redes sociales y la obra misional

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Como pueden ver, tenemos que ser conscientes de los peligros y riesgos, entre ellos la realidad idealizada y las comparaciones debilitantes. El mundo, por lo general, no es tan radiante como aparece en las redes sociales. No obstante, hay muchas cosas buenas que se han realizado y que se realizarán por medio de estas plataformas de comunicación.

En 2017, el Departamento Misional dio algunas nuevas instrucciones sobre maneras prácticas en que se pueden utilizar las redes sociales en la obra misional. Los muchos recursos digitales que están a nuestra disposición pueden usarse de formas poderosas, fáciles, simples y extremadamente eficaces.

Hay muchísimas aplicaciones para el uso de la tecnología de maneras apropiadas e inspiradas. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para enseñar a la nueva generación el uso digno de la tecnología, así como también advertir y prevenir su mal uso y los peligros que eso conlleva. Esto debería ayudarnos a estar seguros de que los beneficios de la tecnología son mayores que los riesgos que conlleva.

“Cuán hermosos son los mensajeros”

Durante el tiempo que pasé meditando y orando profundamente acerca de este mensaje, me levanté temprano una mañana pensando en una canción y la sencillez de su letra: “Cuán hermosos son los mensajeros que nos predican el Evangelio de paz”8.

Nosotros tenemos el mensaje de paz, y ustedes son los hermosos mensajeros que lo predican. Pueden hacerlo por medio de estos nuevos y emocionantes canales de tecnología. Vivimos en un mundo único, en el cumplimiento de los tiempos, con la capacidad de predicar el Evangelio de paz literalmente al alcance de la mano.

Tenemos las palabras proféticas de los profetas antiguos, las cuales describen nuestra época a la perfección y nos ofrecen guía para nuestros días: “Y además, te digo que vendrá el día en que el conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Mosíah 3:20).

Asimismo tenemos las palabras que recibimos por medio de la revelación moderna, las cuales nos guían en nuestra época y en nuestras circunstancias. Cito al élder Bednar: “… creo que ha llegado el momento de que nosotros, como discípulos de Cristo, utilicemos estos medios inspirados de manera apropiada y mucho más eficaz para testificar de Dios el Eterno Padre, de Su plan de felicidad para Sus hijos, y de Su Hijo Jesucristo como el Salvador del mundo; para proclamar la realidad de la restauración del Evangelio en los últimos días y para llevar a cabo la obra del Señor”9.

Invito a cada uno de ustedes a considerar plenamente su función de predicar el Evangelio de paz como hermosos mensajeros. Cada uno de nosotros debe hacer su parte para compartir nuestro “conocimiento de un Salvador” con cada nación, tribu, lengua y pueblo. La mejor manera de hacerlo es paso a paso y de un modo único que mejor se adapte a ustedes y a sus familias. Ruego que cada uno de ustedes tenga el valor de bloguear, crear pines, hacer clic en Me gusta, compartir, publicar, conectarse, tuitear y tomar fotos de manera tal que glorifique, honre y respete la voluntad de nuestro amoroso Padre Celestial y lleve el conocimiento de un Salvador a sus familiares, seres queridos y amigos, incluso a sus amigos de las redes sociales.

Notas

  1. David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1966, pág. 4.
  2. Spencer W. Kimball, “When the World Will Be Converted”,Ensign,octubre de 1974, págs. 11, 10.
  3. Jeffrey R. Holland, “Como una vasija quebrada”, Liahona,noviembre de 2013, págs. 40–42.
  4. Véase Jeffrey R. Holland, “Mormon Message: Like a Broken Vessel”, 20 de junio de 2016, org.
  5. Véase “President Uchtdorf Relates Flying to Gospel in Post and Video with Grandson”, 30 de septiembre de 2016, org.
  6. Presidente Thomas S. Monson, “Vivamos la vida abundante”,Liahona,enero de 2012, pág. 4.
  7. Devn Cornish, “¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Lo lograré?”Liahona,noviembre de 2016, pág. 33.
  8. “How Lovely Are the Messengers”, hymnary.org.
  9. David A. Bednar, “Inundar la tierra a través de las redes sociales”, Liahona,agosto de 2015, pág. 50; véase también David A. Bednar, “Inundar la tierra como con un diluvio” (video),org.

 

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Santos: La historia de la Iglesia – Las planchas de oro

Capítulo 3
Las planchas de oro

Este es el capítulo 3 de una nueva historia de la Iglesia narrada en cuatro tomos y titulada Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días. El libro estará disponible en 14 idiomas en papel impreso, en la sección Historia de la Iglesia de la aplicación Biblioteca del Evangelio y en línea en santos.lds.org. Los siguientes capítulos se irán publicando en los próximos ejemplares hasta que el tomo I se publique más adelante este año. Dichos capítulos estarán disponibles en 47 idiomas en la aplicación Biblioteca del Evangelio y en santos.lds.org. El capítulo 2 describe la Primera Visión de José, en la que vio al Padre y al Hijo en la primavera de 1820.
Liahona Abril 2018

Me llamó por mi nombre, por Michael Malm

Pasaron tres años y tres cosechas. José se ocupaba casi todos los días desmalezando terrenos, removiendo la tierra y trabajando como jornalero a fin de ahorrar dinero para el pago en efectivo que la familia hacía una vez al año por su propiedad. Debido a estas labores, le era imposible ir a la escuela muy a menudo y pasaba la mayor parte del tiempo libre con su familia o con otros jornaleros.

José y sus amigos eran jóvenes y alegres y a veces hacían tonterías, pero José aprendió que ser perdonado una vez no significaba que nunca más tendría que volver a arrepentirse. Tampoco su gloriosa visión dio respuesta a todas sus preguntas ni acabó para siempre con su confusión1, así que trató de permanecer cerca de Dios. Leyó la Biblia, confió en el poder de Dios para salvarle y obedeció el mandamiento del Señor de que no debía unirse a ninguna iglesia.

Al igual que mucha gente del lugar, como su padre, José creía que Dios podía revelar conocimiento por medio de objetos como varas y piedras, como lo había hecho con Moisés, Aarón y otras personas de la Biblia2. Un día, mientras ayudaba a un vecino a cavar un pozo, encontró una pequeña piedra enterrada profundamente. Consciente de que a veces la gente utiliza piedras especiales para buscar objetos perdidos o tesoros ocultos, José se preguntó si habría encontrado una de esas piedras y, al examinarla, vio cosas que eran invisibles para el ojo natural3.

El don que José tenía para usar la piedra impresionó a su familia, que lo vio como una señal de la aprobación divina4. Pero aun cuando tenía el poder de un vidente, José aún no estaba seguro de si Dios estaba complacido con él. Ya no sentía el perdón ni la paz que había sentido después de la visión del Padre y del Hijo. En cambio, solía sentirse censurado a causa de sus debilidades e imperfecciones5.

El 21 de septiembre de 1823, José, que ya tenía 17 años, estaba acostado despierto en la habitación del ático que compartía con sus hermanos. Esa noche se había quedado levantado hasta tarde, escuchando a su familia hablar de las diferentes iglesias y las doctrinas que enseñaban. Ahora todos dormían y el silencio reinaba en la casa6.

En la oscuridad de su habitación, José comenzó a orar, suplicando con fervor que Dios le perdonara sus pecados. Anhelaba estar en comunión con un mensajero celestial que pudiera asegurarle su condición y posición ante el Señor y darle el conocimiento del Evangelio que se le había prometido en la arboleda. José sabía que Dios había contestado sus oraciones antes y confiaba plenamente en que lo haría otra vez.

Mientras oraba, junto a la cama apareció una luz que se hizo más brillante hasta iluminar toda la estancia. José miró hacia arriba y vio a un ángel en el aire. El ángel llevaba puesta una túnica blanca que le llegaba hasta las muñecas y los tobillos. La luz parecía emanar de él, y su rostro brillaba como un relámpago.

Al principio José tuvo miedo, pero pronto rebosó de paz. El ángel lo llamó por su nombre y dijo que se llamaba Moroni; le declaró que Dios le había perdonado sus pecados y que ahora tenía una obra para él. Dijo que el nombre de José se tomaría para bien y para mal entre todo pueblo7.

Moroni habló de unas planchas de oro enterradas en un cerro cercano. En ellas estaba grabada la historia de un pueblo que habitó antiguamente en las Américas. El registro relataba sus orígenes y narraba cómo el Salvador los había visitado y les había enseñado la plenitud de Su evangelio8. Moroni dijo que enterradas con las planchas había dos piedras de vidente que, tiempo después, José llamó el Urim y Tumim, o intérpretes. El Señor había preparado esas piedras para ayudar a José a traducir el registro. Ambas piedras diáfanas estaban sujetas una a la otra y aseguradas a un pectoral9.

Durante el resto de la visita Moroni citó profecías de los libros bíblicos de Isaías, Joel, Malaquías y Hechos, y explicó que el Señor vendría pronto, y que la familia humana no cumpliría el propósito de su creación a menos que antes se renovara el antiguo convenio de Dios10. Moroni dijo que Dios había escogido a José para renovar el convenio y que si decidía ser fiel a los mandamientos, él sería quien revelaría el registro que se hallaba en las planchas11.

Antes de partir, el ángel mandó a José que cuidara de las planchas y no las mostrara a nadie, a menos que se le indicara hacerlo, y le advirtió que sería destruido si desobedecía ese consejo. Entonces la luz se concentró alrededor de Moroni y este ascendió al cielo12.

Mientras José permanecía acostado pensando en la visión, la luz inundó el cuarto nuevamente y Moroni se apareció y repitió el mismo mensaje de antes. Luego partió, solo para volver a aparecer y comunicar su mensaje por tercera vez.

“Ahora bien, José, ten cuidado”, dijo. “Cuando vayas a obtener las planchas, tu mente se llenará de oscuridad, y por ella pasará toda clase de mal para evitar que guardes los mandamientos de Dios”. A fin de que José recibiera apoyo, Moroni lo instó a hablarle a su padre acerca de las visiones.

—Él creerá cada una de tus palabras —le prometió el ángel13.

A la mañana siguiente José no dijo nada en cuanto a Moroni, aunque sabía que su padre también creía en las visiones y los ángeles. Junto con su padre y Alvin, pasó la mañana cosechando un campo cercano.

El trabajo era arduo y y José intentaba seguirle el paso a su hermano mientras oscilaban sus guadañas de un lado a otro entre las altas espigas. Pero las visitas de Moroni lo habían tenido despierto toda la noche y sus pensamientos se dirigían una y otra vez al registro antiguo y al cerro donde estaba enterrado.

Pronto dejó de trabajar y Alvin se dio cuenta. “Debemos seguir trabajando”, le gritó, “o no acabaremos nuestra labor”14.

José intentó trabajar con mayor ahínco y rapidez, pero no importaba lo que hiciera, no podía seguir el ritmo de Alvin. Tras unos momentos, su padre notó que estaba pálido y que había dejado de trabajar de nuevo. “Vete a casa”, le dijo, creyendo que su hijo estaba enfermo.

José obedeció a su padre y se dirigió a casa tambaleante, pero al tratar de cruzar una cerca, se desplomó y quedó exhausto en el suelo.

Mientras yacía allí, recobrando las fuerzas, vio una vez más a Moroni arriba de él, rodeado de luz. “¿Por qué no le dijiste a tu padre lo que te conté?”, le preguntó.

José respondió que tenía miedo de que su padre no le creyera.

—Te creerá —le aseguró Moroni, y entonces repitió el mensaje que había comunicado la noche anterior15.

Su padre lloró cuando José le habló del ángel y su mensaje. “Fue una visión de Dios”, le dijo. Haz lo que te ha mandado16.

Fotografía aérea del cerro Cumorah y sus alrededores por Craig Dimond

José partió de inmediato hacia el cerro. Durante la noche, Moroni le había mostrado en una visión dónde estaban escondidas las planchas, por lo que sabía a donde ir. El cerro, uno de los mayores del lugar, estaba a unos cinco kilómetros de su casa. Las planchas estaban enterradas bajo una piedra grande y redonda en la ladera occidental, no lejos de la cima.

Mientras caminaba, José pensaba en las planchas; aunque sabía que eran sagradas, le costaba resistirse a pensar en cuánto valdrían. Había oído relatos de tesoros escondidos, protegidos por espíritus guardianes, pero Moroni y las planchas que describió eran diferentes de esos relatos. Moroni era un mensajero celestial designado por Dios para entregar el registro de forma segura a Su vidente escogido, y las planchas no eran valiosas porque fueran de oro, sino porque testificaban de Jesucristo.

Aun así, José no podía dejar de pensar en que ahora sabía exactamente dónde encontrar un tesoro lo bastante grande como para librar a su familia de la pobreza17.

Al llegar al cerro, José halló el sitio que había visto en la visión y comenzó a cavar en la base de la roca hasta que logró ver las orillas. Entonces tomó una rama de buen tamaño y la utilizó como palanca para levantar la piedra y moverla a un lado18.

Debajo de la roca había una caja cuyas paredes, al igual que la base, estaban hechas de piedra. Al mirar dentro, José vio las planchas de oro, las piedras de vidente y el pectoral19. Las planchas estaban cubiertas de una escritura antigua y unidas entre sí por tres anillas o aros; cada plancha era delgada y medía unos 15 centímetros de ancho por 20 largo. Además, una sección de las planchas parecía estar sellada para que nadie pudiera leerlas20.

Asombrado, José se preguntó nuevamente cuánto valdrían las planchas. Extendió la mano para tocarlas y sintió como una descarga que recorrió su cuerpo. Alejó rápidamente la mano, aunque luego intentó tomar las planchas dos veces más, y cada vez volvió a recibir una sacudida.

—¿Por qué no puedo obtener el libro? —exclamó—.

—Porque no has guardado los mandamientos del Señor —declaró una voz cercana21.

José se dio la vuelta y vio a Moroni. En ese mismo instante el mensaje de la noche anterior colmó su mente y entendió que había olvidado el verdadero propósito del registro. Comenzó a orar y su mente y su alma se abrieron al Espíritu Santo.

“Mira”, mandó Moroni. Se desplegó otra visión ante José y vio a Satanás rodeado de sus innumerables huestes. “Todo esto se te muestra: lo bueno y lo malo, lo santo y lo impuro, la gloria de Dios y el poder de las tinieblas”, declaró el ángel, “para que de aquí en adelante conozcas ambos poderes y nunca influya en ti, ni te venza, lo inicuo”.

Mandó a José que purificara su corazón y fortaleciera su mente para recibir el registro. “Si estas cosas sagradas han de obtenerse, debe ser por la oración y la fidelidad para obedecer al Señor”, explicó Moroni. “No se hallan depositadas aquí a fin de acumular ganancias y riqueza para la gloria de este mundo. Fueron selladas por la oración de fe”22.

José preguntó cuándo podría tener las planchas.

—El próximo 22 de septiembre —dijo Moroni—, si la persona correcta viene contigo.

—¿Quién es la persona correcta? —inquirió José—.

—Tu hermano mayor23.

Ya desde niño, José sabía que podía confiar en su hermano mayor. Alvin tenía 25 años y probablemente se podría haber comprado su propia granja si hubiera querido, pero había decidido quedarse en la granja de la familia porque deseaba ayudar a sus padres a establecerse y estar seguros en sus tierras cuando envejecieran. Alvin era serio y muy trabajador, y José lo amaba y admiraba muchísimo24.

Tal vez Moroni sintió que José necesitaba de la sabiduría y fortaleza de su hermano para llegar a ser la clase de persona a la que el Señor podía confiar las planchas.

Cuando regresó a casa esa noche, José estaba cansado, pero no bien cruzó la puerta, los miembros de su familia se juntaron alrededor de él, ansiosos por saber qué había encontrado en el cerro. José comenzó a hablarles de las planchas, pero Alvin lo interrumpió cuando se dio cuenta de lo agotado que se veía.

“Vamos a dormir”, dijo, “y nos levantaremos temprano en la mañana para ir a trabajar”. Al día siguiente habría tiempo de sobra para escuchar el resto del relato de José. “Si madre nos prepara la comida temprano”, prosiguió, “entonces tendremos una linda y larga velada para sentarnos a escucharte”25.

La noche siguiente José compartió lo que había sucedido en el cerro y Alvin le creyó. Por ser el hijo mayor de la familia, siempre se había sentido responsable del bienestar físico de sus padres ya entrados en años. Él y sus hermanos habían comenzado, incluso, a edificar una casa más grande para la familia para que estuvieran más cómodos.

Ahora parecía que José estaba velando por el bienestar espiritual de ellos. Noche tras noche cautivaba a la familia hablándoles de las planchas de oro y del pueblo que las había escrito. La familia se volvió más unida y en su hogar reinó la paz y la felicidad. Todos sentían que algo maravilloso estaba a punto de suceder26.

Pero entonces, una mañana de otoño, menos de dos meses después de la visita de Moroni, Alvin volvió a casa con un intenso dolor en el estómago. Sumido en la agonía, le rogó a su padre que pidiera ayuda. Cuando finalmente llegó un médico, le dio a Alvin una abundante dosis de una medicina blancuzca que solo empeoró las cosas.

Alvin pasó varios días en cama, retorciéndose de dolor. Sabiendo que posiblemente iba a morir, mandó llamar a José. “Haz todo lo que esté a tu alcance para obtener el registro”, le dijo Alvin. “Sé fiel para recibir instrucciones y guardar todo mandamiento que se te dé”27.

Alvin murió poco tiempo después y el hogar se sumió en el pesar. En su funeral, un predicador dio a entender que Alvin había ido al infierno y utilizó su muerte para advertir a los demás de lo que les sucedería a menos que Dios intercediera para salvarlos. Joseph Smith estaba furioso. Su hijo había sido un buen muchacho y no podía creer que Dios lo condenaría28.

Sin Alvin, se acabaron las conversaciones sobre las planchas. Él había sido un defensor tan acérrimo del llamamiento divino de José, que cualquier mención de ellas les recordaba su muerte y la familia no podía soportarlo.

José echaba terriblemente de menos a Alvin y su muerte fue un mal trago para él. Había tenido la esperanza de contar con su hermano mayor para obtener el registro, pero ahora se sentía abandonado29.

En la cima del cerro Cumorah hay una estatua de Moroni para conmemorar el lugar en el que José Smith vio por primera vez las planchas del Libro de Mormón el 22 de septiembre de 1823, y que obtuvo exactamente cuatro años más tarde.

Cuando finalmente llegó el día de regresar al cerro, José fue solo. Sin Alvin, no estaba seguro de si el Señor le confiaría las planchas, pero pensó que podría guardar todo mandamiento que el Señor le había dado, como le había aconsejado su hermano. Las instrucciones de Moroni para obtener las planchas eran claras. “Debes tomarlas e ir directamente a casa sin demora”, le había dicho el ángel, “y asegurarlas bajo llave”30.

Una vez en el cerro, José movió la roca, metió las manos en la caja de piedra y sacó las planchas. Entonces le pasó por la mente el pensamiento de que los demás objetos de la caja eran valiosos y que debía ocultarlos antes de irse. Depositó las planchas en el suelo y se dio la vuelta para cubrir la caja, pero cuando volvió a donde las había dejado, estas habían desaparecido. Alarmado, se arrodilló y suplicó para saber dónde se hallaban.

Se apareció Moroni, quien le dijo que un vez más no había seguido las instrucciones. No solo había depositado las planchas en el suelo sin haberlas asegurado, sino que también las había apartado de su vista. Aun cuando el joven vidente estaba dispuesto a hacer la obra del Señor, todavía no era capaz de proteger el antiguo registro.

José estaba decepcionado consigo mismo, pero Moroni le dijo que volviera por las planchas al año siguiente. También le enseñó más sobre el plan del Señor para el reino de Dios y la gran obra que empezaba a desplegarse.

Sin embargo, después de la partida del ángel, José descendió el cerro cabizbajo, preocupado por lo que pudiera pensar su familia cuando lo vieran llegar con las manos vacías31. Al entrar en la casa, todos le estaban aguardando. Su padre le preguntó directamente si tenía las planchas.

—No —dijo—, no pude obtenerlas.

—¿Las viste?

—Sí, pero no pude traerlas.

—Si yo fuera tú, las habría traído —dijo su padre.

—No sabes lo que dices —dijo José—. No pude obtenerlas porque el ángel del Señor no me lo permitió32.

En saints.lds.org hay, en inglés, una lista completa de las obras citadas.

La palabra Tema en las notas indica que existe información adicional en línea en santos.lds.org.

Notas

  1. Joseph Smith History, 1838–1856, volume A-1, 4–5, en JSP,H1, pág. 220 (borrador 2); Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 1, en JSP, H1, pág. 11.
  2. “Joseph Smith as Revelator and Translator”, en JSP,MRB, pág. XXI; Turley, Jensen y Ashurst-McGee, “Joseph the Seer”, págs. 49–50; véase también Mosíah 8:17Alma 37:6–7, 41 y Doctrina y Convenios 10:1, 4 (Revelation, primavera de 1829, en josephsmithpapers.org).
  3. Bushman, Rough Stone Rolling,págs. 48–49; Bushman, “Joseph Smith as Translator”, pág. 242. Tema: Seer Stones [Piedras de vidente]
  4. Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 95; véase también Alma 37:23.
  5. Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP,H1, págs. 13–14; José Smith—Historia 1:28–29; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5, en JSP, H1, págs. 218–220 (borrador 2).
  6. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [10].
  7. Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP,H1, págs. 13–14; José Smith—Historia 1:29–33; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5, en JSP, H1, págs. 218–222 (borrador 2); Pratt, Interesting Account, pág. 6, en JSP H1, pág. 524; Hyde, Ein Ruf aus der Wüste, págs. 17–20. Tema: Angel Moroni [El ángel Moroni]
  8. Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 88.
  9. José Smith—Historia 1:35; Joseph Smith History, 1838–1856, volume A-1, 5, en JSP,H1, pág. 222 (borrador 2); Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP, H1, pág. 14; Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 65–67; Turley, Jensen y Ashurst-McGee, “Joseph the Seer”, págs. 49–54; “Mormonism—No. II”,Tiffany’s Monthly, julio de 1859, pág. 164. Tema: Seer Stones [Piedras de vidente]
  10. José Smith—Historia 1:36–41; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5–6, en JSP,H1, págs. 222–226 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, págs. 88–89.
  11. Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 78–79; Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, [pág. 11].
  12. José Smith—Historia 1:42–43; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 6, en JSP,H1, pág. 226 (borrador 2).
  13. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, págs. [10]–[11]; Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 79–80; Oliver Cowdery, “Letter VII”, LDS Messenger and Advocate,julio de 1835, tomo I, págs. 156–157; José Smith—Historia 1:44–46; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 6–7, en JSP, H1, págs. 230–232 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, págs. 88–89.
  14. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [11]; véase también Smith, William Smith on Mormonism,pág. 9.
  15. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [11]; Smith, Biographical Sketches,pág. 82; José Smith—Historia 1:48–49; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, en JSP,H1, págs. 230–232 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, pág. 89.
  16. Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 89.
  17. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 195–197.Tema: Treasure Seeking [Buscadores de tesoros]
  18. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 195–197; José Smith—Historia 1:51–52; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, págs. 6–7, en JSP,H1, págs. 230–232 (borrador 2); véase también Packer, “A Study of the Hill Cumorah”, págs. 7–10.
  19. José Smith—Historia 1:52; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, en JSP,H1, pág. 232 (borrador 2). Tema: Las planchas de oro
  20. José Smith, “Church History”, Times and Seasons,1 de marzo de 1842, tomo III, pág. 707, en JSP, tomo H1, pág. 495.
  21. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 197–198; véase también Pratt,Interesting Account,pág. 10, en JSP, H1, págs. 527–529.
  22. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 198–199.
  23. Knight, Reminiscences, pág. 1; Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 89; José Smith—Historia 1:53–54; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, enJSP, H1, págs. 232–234 (borrador 2); véase también Jessee, “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History”, pág. 31.
  24. Joseph Smith, Journal, 23 de agosto de 1842, en JSP,J1, págs. 116–117.
  25. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [12]; libro 4, pág. [3]; Smith, Biographical Sketches,pág. 83.
  26. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [1]–[3]; Smith, Biographical Sketches,págs. 86–87; véanse también Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 89; y Bushman, Refinement of America, págs. 425–427. Tema: Joseph Sr. and Lucy Mack Smith Family [La familia de Joseph y Lucy Mack Smith]
  27. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [3]–[5].
  28. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [6]–[8]; “Wm. B. Smith’s Last Statement”, Zion’s Ensign,13 de enero de 1894, pág. 6.
  29. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, pág. [7]; Joseph Smith, Journal, 23 de agosto de 1842, en JSP,J2, págs. 116–117.
  30. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [2]–[3].
  31. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [2]–[3]; Smith, Biographical Sketches,págs. 85–86; Knight, Reminiscences, pág. 1José Smith—Historia 1:54; Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 88; véase también Jessee, “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History”, pág. 31.
  32. Smith, Biographical Sketches, pág. 86.

 

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Entendamos el islam

Entendamos el islam

Por Daniel C. Peterson
Profesor de Estudios Islámicos y Árabe de la Universidad Brigham Young
Liahona Abril 2018

Nota: Debido a que es importante entender a los miembros de otras religiones, los líderes de la Iglesia sintieron que podría ser de utilidad brindar un resumen de la historia y de las enseñanzas del islam, la segunda religión más grande del mundo.

Fotografías de Getty Images

Mosaico del siglo XIX que ilustra la Kaaba en La Meca, la ciudad donde nació Mahoma y la más sagrada del mundo islámico.

Para bien o para mal, prácticamente no pasa un día sin que el islam o los musulmanes aparezcan en las noticias. Es de comprender que muchas personas que no son musulmanas —entre ellas los Santos de los Últimos Días— sientan curiosidad, y hasta preocupación. ¿Tenemos algo en común con nuestros vecinos musulmanes? ¿Podemos vivir y trabajar juntos?

En primer lugar, podría ser útil entender algunos antecedentes históricos:

En el año 610 d. C., un mercader árabe llamado Mahoma ascendió a los montes de su ciudad natal de La Meca para reflexionar y orar sobre la confusión religiosa que lo rodeaba. Luego comentó que había recibido una visión en la que fue llamado como un profeta para su pueblo. Este acontecimiento marca el inicio de la religión conocida como el islam, palabra que significa “sumisión” (a Dios). A un creyente del islam se le llama musulmán, lo cual significa “que se somete”.

A partir de entonces, Mahoma dijo que recibió muchas revelaciones hasta el día de su muerte casi 25 años después. Las compartió primero con los residentes de su ciudad natal, advirtiéndoles de juicios divinos que vendrían; llamando a quienes lo escuchaban a arrepentirse y a tratar debidamente a las viudas, los huérfanos y los pobres; y predicando la resurrección universal de los muertos y el juicio final de Dios.

Sin embargo, el ridículo y la persecución que él y sus seguidores padecieron se volvieron tan intensos que se vieron obligados a huir a la ciudad de Medina, a unos cuatro días a camello hacia el norte.

Allí, el rol de Mahoma cambió drásticamente1. De ser solamente un predicador y una voz de advertencia, llegó a ser el legislador, el juez y el líder político de una importante ciudad árabe y, con el tiempo, de la península arábiga. Ese primer establecimiento de una comunidad de creyentes le dio al islam una identidad religiosa arraigada en la ley y la justicia que continúa siendo una de sus características más notables y significativas.

Después de la muerte de Mahoma en el año 632 d. C., surgieron dos facciones principales entre sus seguidores, las cuales se dividieron inicialmente por estar en desacuerdo sobre quién debía sucederlo como líder de la comunidad islámica2. La mayor de ellas ha llegado a llamarse sunismo (debido a que afirma seguir la Sunna, o las prácticas habituales de Mahoma). La otra, que creció en torno al yerno de Mahoma, Alí, se llamó shi‘at ‘Ali (la facción de Alí) y en la actualidad es ampliamente conocida como el chiismo. A diferencia de los suníes, los chiíes (conocidos como musulmanes chiitas) creen que el derecho de suceder a Mahoma como líderes de la comunidad pertenece propiamente al familiar varón más cercano del profeta Mahoma, Alí, y a sus herederos.

A pesar de tales desacuerdos, el mundo islámico ha sido más unido, como religión, que el cristianismo. Es más, por varios siglos, hasta después de alrededor del año 800 d. C., podría decirse que la civilización islámica era la más avanzada del mundo en cuanto a la ciencia, la medicina, la matemática y la filosofía.

Fuentes de la doctrina y las prácticas musulmanas

Las revelaciones declaradas por Mahoma se agruparon en un libro llamado el Corán (del verbo árabe qara’a, “leer” o “recitar”) una década o dos después de su muerte. El Corán, que se compone de 114 capítulos, no es un relato acerca de Mahoma. Al igual que Doctrina y Convenios, no es una narrativa en lo absoluto; los musulmanes lo consideran la palabra (y las palabras) de Dios dadas directamente a Mahoma3.

Los cristianos que lo lean hallarán temas familiares. Enseña, por ejemplo, que Dios creó el universo en siete días, que colocó a Adán y a Eva en el Jardín de Edén, que el diablo los tentó, que cayeron y que se llamó a una línea de profetas posteriores (la mayoría de los cuales también aparecen en la Biblia). Estos profetas se describen en el Corán como musulmanes, debido a que habían sometido su voluntad a Dios.

Abraham, quien se describe como un amigo de Dios, aparece de forma destacada en el texto4. (Entre otras cosas, se cree que él recibió revelaciones que escribió, pero que se han perdido5). Moisés, Faraón y el éxodo de los hijos de Israel también aparecen en el texto.

Sorprendentemente, María, la madre de Jesús, se menciona 34 veces en el Corán, en comparación con las 19 veces que se hace mención de ella en el Nuevo Testamento. (Ella es, de hecho, la única mujer que se nombra en el Corán).

Un refrán coránico constante es la doctrina del tawhid, una palabra que podría traducirse como “monoteísmo” o, más literalmente, “hacer uno”. Representa uno de los principios fundamentales del islam: que solo hay un único ser divino. “No ha engendrado ni ha sido engendrado”, declara el Corán, “y no hay nadie igual a Él”6. Lo que se desprende de esto es seguramente la distinción más importante entre el islam y el cristianismo: los musulmanes no creen en la deidad de Jesucristo o del Espíritu Santo. Esto también indica que, aunque todas las personas son creaciones de Dios por igual, según la doctrina islámica no somos Sus hijos.

Sin embargo, los musulmanes creen que Jesús ha sido un profeta de Dios sin pecado, nacido de una virgen y destinado a desempeñar un rol principal en los sucesos de los últimos días. Se lo menciona con frecuencia y reverencia en el Corán.

Enseñanzas y prácticas musulmanas básicas

Los denominados “cinco pilares del islam” —resumidos de forma más concisa no en el Corán sino en una declaración que tradicionalmente se atribuye a Mahoma— establecen una doctrina básica del islam:

  1. El testimonio

Si el islam tiene un credo universal, es la shahada, “profesión de fe” o “testimonio”. El término hace referencia a una fórmula árabe que, traducida, dice lo siguiente: “Testifico que no hay más divinidad que Dios [Alá] y que Mahoma es el mensajero de Dios”. La shahada es la entrada al islam; el recitarla con una convicción sincera es convertirse en musulmán.

El equivalente árabe de la palabra Dios es Alá. Es una contracción de las palabras al- (“el”) y ilah (“dios”); no se trata de un nombre propio sino de un título y está íntimamente relacionado con la palabra hebrea Elohim.

Debido a que no existe el sacerdocio islámico, no hay ordenanzas del sacerdocio, ni tampoco hay una única “iglesia” islámica. Por consiguiente, profesar la shahada es, en cierto sentido, el equivalente islámico del bautismo. La actual falta de una estructura de liderazgo formal, unificada y mundial tiene otras implicaciones. Por ejemplo, no hay un líder global de los musulmanes, nadie que hable en nombre de toda la comunidad. (Mahoma es considerado casi universalmente el último profeta). Esto también significa que no existe una iglesia de la cual los terroristas o “herejes” puedan ser excomulgados.

  1. La oración

Muchos que no son musulmanes están al tanto del rito musulmán de la oración llamado salat, el cual implica un número específico de postraciones físicas, cinco veces al día. Recitar versículos prescritos del Corán y tocar el suelo con la frente demuestra una humilde sumisión a Dios. Una clase de oración más espontánea, llamada du‘a,puede ofrecerse en cualquier momento sin necesidad de que uno se postre.

Para las oraciones del viernes al mediodía, los musulmanes varones deben orar en una mezquita (del término árabe masjid, o “lugar de postración”) y se alienta a las mujeres musulmanas a que hagan lo mismo. Allí, en grupos separados por sexo, forman líneas y oran dirigidos por el imán (del término árabe amama, el cual significa “frente a”) de la mezquita y escuchan un breve sermón. Los viernes, sin embargo, no son el equivalente al día de reposo; si bien el “fin de semana” en la mayoría de los países musulmanes se centra en el yawm al-jum‘a (“el día de reunión”) o viernes, trabajar ese día no se considera un pecado.

  1. La limosna

El zakat (que significa “aquello que purifica”) supone hacer donaciones caritativas para ayudar a los pobres, así como también a mezquitas y otros proyectos islámicos. Por lo general se estima que es el 2,5 por ciento del capital total de cada musulmán por encima de cierto monto mínimo. En algunos países musulmanes lo recaudan las instituciones gubernamentales; en otros es voluntario.

  1. El ayuno

Cada año, los musulmanes devotos se abstienen de comer, beber y tener relaciones sexuales desde la salida hasta la puesta del sol durante todo el mes lunar de Ramadán. Además, se dedican a hacer actos de caridad especiales para los pobres y a leer el Corán durante el mes7.

  1. La peregrinación

Los musulmanes que cuenten con la salud y los recursos para hacerlo deben realizar una peregrinación hasta La Meca al menos una vez en la vida. (Por lo general se incluye, pero no se requiere, una visita a Medina, la segunda ciudad más sagrada del islam). Para los musulmanes fieles, dicha peregrinación es un acontecimiento profundamente espiritual y emotivo, algo similar a ir a la conferencia general en persona o a entrar en el templo por primera vez.

Algunos asuntos de actualidad

Los tres puntos centrales de la preocupación de los que no son musulmanes con respecto al islam son la violencia religiosa, la ley islámica —o sharia— y la forma en que el islam trata a las mujeres.

Algunos extremistas han utilizado el término yihad para referirse exclusivamente a la “guerra santa”, pero la palabra en realidad significa “esfuerzo práctico”, a diferencia de “simplemente” orar y estudiar las Escrituras.

Los juristas y pensadores musulmanes han ido variando su interpretación de la yihad. Las fuentes legales convencionales sostienen, por ejemplo, que una yihad militar aceptable debe ser defensiva y que se debe advertir a los oponentes y darles la oportunidad de cesar las acciones provocadoras. Hoy en día, algunos juristas y otros pensadores musulmanes sostienen que la yihad puede indicar cualquier acción práctica que tenga la intención de beneficiar a la comunidad islámica o mejorar el mundo en general. Se dice que Mahoma había señalado una diferencia entre la “yihad mayor” y la “yihad menor”. Esta última, dijo él, es la guerra, pero la yihad mayor es combatir la injusticia, así como también la resistencia personal que uno demuestra al vivir con rectitud.

El terrorismo islamista actual se adjudica raíces religiosas, pero podría decirse que refleja reclamos sociales, políticos y económicos que guardan poca o ninguna relación con la religión como tal8. Además, es importante reconocer que la gran mayoría de los musulmanes del mundo no se han unido a la violencia de los terroristas9.

La sharia es otro tema de preocupación para algunas personas que no son musulmanas. Se trata de un código de conducta musulmana tomado del Corán y del hadiz —pequeños informes de lo que Mahoma y sus compañeros dijeron o hicieron que proporcionan un modelo de conducta musulmana y asimismo complementan y explican pasajes coránicos—10. La sharia contiene reglas de vestimenta tanto para el hombre como para la mujer (tales como el uso del hiyab, o velo); aunque algunos países musulmanes las imponen, en otras naciones se deja a criterio personal. La sharia también cubre aspectos tales como la higiene personal, la hora y el contenido de la oración y las reglas que regulan el matrimonio, el divorcio y la herencia. Por consiguiente, cuando los musulmanes señalan en las encuestas que desean regirse por la sharia, pueden estar haciendo una declaración política o no; simplemente podrían estar declarando que aspiran a tener una verdadera vida musulmana.

Muchas personas que no son musulmanas, cuando piensan en la forma en que el islam trata a la mujer, piensan de inmediato en la poligamia y en los velos. Sin embargo, la realidad cultural es mucho más compleja. Muchos pasajes del Corán declaran que la mujer es igual al hombre, mientras que otros parecen asignarle roles secundarios. Ciertamente, existen prácticas en muchos países islámicos —a menudo con raíces en la cultura tribal preislámica u otras costumbres preexistentes— que consideran a la mujer como subordinada. Sin embargo, la forma en que los musulmanes ven los papeles de las mujeres varía considerablemente de país a país e incluso dentro de los países.

Cómo perciben el islam los Santos de los Últimos Días

A pesar de la diferencia en nuestras creencias, ¿en qué forma pueden los Santos de los Últimos Días abordar el hecho de entablar relaciones con los musulmanes?

Antes que nada, debemos reconocer el derecho de los musulmanes de que “adoren cómo, dónde o lo que deseen” (Artículos de Fe 1:11). En 1841, los Santos de los Últimos Días del municipio de Nauvoo aprobaron una ordenanza sobre la libertad religiosa que garantizaba “la libre tolerancia y los mismos privilegios” para “los católicos, presbiterianos, metodistas, bautistas, Santos de los Últimos Días, cuáqueros, episcopales, universalistas, unitarios, mahometanos [musulmanes] y todas las demás sectas y denominaciones religiosas, cualesquiera que sean”11.

Debemos recordar, además, que nuestros líderes de la Iglesia por lo general han sido profundamente positivos en su aprecio por el fundador del islam. En 1855, por ejemplo, en una época en la que muchos cristianos tachaban a Mahoma de anticristo, los élderes George A. Smith (1817–1875) y Parley P. Pratt (1807–1857), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dieron extensos sermones no solo manifestando un conocimiento impresionantemente amplio e imparcial de la historia islámica, sino también elogiando a Mahoma mismo. El élder Smith destacó que Mahoma “fue sin duda levantado por Dios con el propósito” de predicar en contra de la idolatría, y expresó su simpatía por los musulmanes, de quienes, al igual que los Santos de los Últimos Días, rara vez se escribe “una historia sincera”. El élder Pratt tomó la palabra inmediatamente después y expresó su admiración por las enseñanzas de Mahoma y por la moralidad y las instituciones de la sociedad musulmana12.

Una declaración oficial más reciente fue la que hizo la Primera Presidencia en 1978. Específicamente menciona a Mahoma entre “los grandes líderes religiosos del mundo”, y señala que, como ellos, él “recibió una porción de la luz de Dios. Dios dio verdades morales a [estos líderes]”, escribieron los presidentes Spencer W. Kimball, N. Eldon Tanner y Marion G. Romney, “para iluminar a naciones enteras y para brindar un nivel más alto de entendimiento a las personas”13.

Edificar sobre terreno común

Aunque los Santos de los Últimos Días y los musulmanes discrepamos en asuntos importantes —en particular la divinidad de Jesucristo, Su función como Salvador y el llamamiento de profetas modernos—, tenemos muchas cosas en común. Ambos creemos, por ejemplo, que somos moralmente responsables ante Dios, que debemos procurar tanto la rectitud personal como una sociedad buena y justa, y que resucitaremos y compareceremos ante Dios para ser juzgados.

Tanto los musulmanes como los Santos de los Últimos Días creemos en la importancia vital de que haya familias fuertes, en el mandato divino de ayudar a los pobres y a los necesitados y en que demostramos nuestra fe por medio de acciones de discipulado. Parece no haber ninguna razón por la que los Santos de los Últimos Días y los musulmanes no puedan vivir su religión lado a lado e incluso, cuando se presente la oportunidad, cooperar juntos en comunidades en las que, más y más, convivimos como vecinos en un mundo cada vez más secular. Juntos podemos demostrar que la fe religiosa puede ser una potente fuerza para bien y no meramente una fuente de conflicto e incluso violencia, como sostienen algunos críticos.

El Corán mismo sugiere una manera de vivir en paz juntos a pesar de nuestras diferencias: “Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad, pero quiso probar vuestra fe en lo que os reveló. Apresuraos a realizar obras de bien, porque todos compareceréis ante Dios, y Él os informará acerca de las cosas en que discrepabais”14.

Notas

  1. De hecho, 622 d. C. —el año de la hégira,o migración, a Medina— es el primer año del calendario (hijri) musulmán, y las revelaciones que recopila el Corán se clasifican como de La Meca o de Medina.
  2. A lo largo de los siglos, ambas facciones también se han distanciado una de la otra debido a otros asuntos secundarios.
  3. Es significativo, no obstante, que aunque se permite la traducción del Corán en otros idiomas, solo el original en árabe se considera como el verdadero Corán y como Escritura.
  4. Véase Corán 4:125.
  5. Véanse Corán 53:36–62; 87:9–19; véase también Daniel C. Peterson, “News from Antiquity”, Ensign,enero de 1994, págs. 16–21.
  6. Corán 112:3–4. Las traducciones del Corán en inglés son de Daniel C. Peterson.
  7. Las ediciones convencionales del Corán se dividen en 30 partes iguales precisamente con ese propósito.
  8. Véanse, por ejemplo, Robert A. Pape, Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism, 2005; Graham E. Fuller, A World without Islam, 2010; Robert A. Pape y James K. Feldman,Cutting the Fuse: The Explosion of Global Suicide Terrorism and How to Stop It, 2010.
  9. Véase Charles Kurzman, The Missing Martyrs: Why There Are So Few Muslim Terrorists, 2011; véase también John L. Esposito y Dalia Mogahed, Who Speaks for Islam? What a Billion Muslims Really Think, 2008; James Zogby, Arab Voices: What They Are Saying to Us, and Why It Matters, 2010.
  10. Es bastante similar, de hecho, a la ley rabínica del judaísmo.
  11. Ordenanza en relación a las sociedades religiosas, ciudad de Nauvoo, [Illinois] sede de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1 de marzo de 1841.
  12. Véase Journal of Discourses,3:28–42.
  13. Declaración de la Primera Presidencia, 15 de febrero de 1978. En su revisión de Introduction to the Qur’an, 1970, por Richard Bell, W. Montgomery Watt, erudito eminente del islam y sacerdote anglicano, ofreció una manera posible en la que un cristiano creyente pudiera considerar que el Corán es inspirado.
  14. Corán 5:48; compárese con 2:48.

 

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Las sendas a la verdadera felicidad

Las sendas a la verdadera felicidad

Por el élder Ulisses Soares
De la Presidencia de los Setenta
Liahona Abril 2018

Tomado del discurso “Paths for Happiness”, pronunciado en una ceremonia de graduación en la Universidad Brigham Young–Hawái el 8 de junio de 2017.

Ruego que cada uno de nosotros pueda escoger amar al Señor y seguir Sus sendas a la felicidad.

Por encima de cualquier otra cosa, el Padre Celestial desea nuestra felicidad verdadera y perdurable.

“Nuestra felicidad constituye el designio de todas las bendiciones que Él nos da: las enseñanzas del Evangelio, los mandamientos, las ordenanzas del sacerdocio, las relaciones familiares, los profetas, los templos, las bellezas de la creación e inclusive la oportunidad de experimentar la adversidad… Él envió a Su Hijo Amado para llevar a cabo la Expiación a fin de que seamos felices en esta tierra y recibamos una plenitud de gozo en las eternidades”1.

Las personas de todas partes se hallan en busca de algo. A su propia manera, lo que en verdad buscan es la felicidad. No obstante, tal y como sucede con la verdad, muchas no la encuentran “porque no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).

Puesto que no saben dónde hallar la felicidad verdadera y perdurable, la buscan en cosas que en realidad solo proporcionan satisfacción pasajera: comprar cosas, procurar la gloria y la alabanza del mundo mediante conductas inapropiadas, o centrarse en la belleza y el atractivo físicos.

Con frecuencia se confunde la satisfacción con la felicidad. Parece que cuanto más buscan las personas el placer pasajero, menos felices llegan a ser. Por lo general, la satisfacción dura un breve tiempo.

Tal como dijo el presidente David O. McKay (1873–1970): “Tal vez puedan tener esa satisfacción transitoria, sí, pero no podrán hallar gozo; no podrán hallar felicidad. La felicidad se halla solo al recorrer aquel sendero bien hollado, que es angosto, aunque recto, el cual conduce a la vida eterna”2.

Desafortunadamente para muchos, la felicidad es escurridiza. Los científicos saben que “más que un mero estado de ánimo positivo, la felicidad es un estado de bienestar que incluye llevar una buena vida; es decir, una vida que tenga una sensación de sentido y una honda satisfacción”3.

Existen estudios que demuestran que la felicidad no es el resultado de pasar de una experiencia a la siguiente; más bien, lograr la verdadera felicidad, por lo general, requiere un esfuerzo sostenido por un largo tiempo en pos de algo más importante en la vida. La felicidad la determinan los hábitos, las conductas y los patrones de pensamiento que podemos dirigir directamente mediante acciones intencionales. Gran parte de nuestra felicidad está, en efecto, “bajo control de cada persona”4.

Consideremos la importancia de algunas de las sendas a la felicidad que se hallan en las Escrituras y que han enseñado los profetas y apóstoles modernos. Dar pasos firmes y fieles en esas sendas nos permitirá disfrutar la felicidad en el camino que tenemos por delante.

La virtud

La primera de dichas sendas es la virtud, que es un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas. Abarca la castidad y la pureza moral, las cuales te harán merecedor de entrar en los santos templos del Señor. Las personas virtuosas poseen una apacible dignidad y fortaleza interior. Tienen confianza en sí mismas, puesto que son dignas de recibir el Espíritu Santo y de que Él las guíe. La virtud comienza en el corazón y en la mente, y es la acumulación de miles de pequeñas decisiones y acciones diarias.

“Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás” (D. y C. 121:45–46).

El presidente Thomas S. Monson (1927–2018) ha enseñado que “no hay amigo más valioso que su propia conciencia tranquila, su propia pureza moral, y ¡qué glorioso sentimiento es saber que están en el lugar señalado, limpios, y con la confianza de que son dignos de estar allí”5.

La rectitud

Segundo, otra senda a la felicidad es la rectitud. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Comprende que la felicidad perdurable proviene de lo que eres, y no de lo que tienes.

“El gozo verdadero procede de un carácter recto y este se edifica a partir de constantes decisiones rectas… Tus decisiones rectas determinan quién eres y lo que es importante para ti; además, te facilitan hacer lo bueno. Para lograr la felicidad ahora y durante toda tu vida, sé firme en obedecer al Señor”6.

Al estudiar las Escrituras, aprendemos que las promesas que el Señor nos hizo nos instan a vivir rectamente. Dichas promesas nos nutren el alma, dándonos esperanza al alentarnos a no rendirnos, incluso cuando afrontamos nuestros desafíos diarios propios de vivir en un mundo de valores éticos y morales en decadencia. Por lo tanto, tenemos que procurar que nuestros pensamientos, palabras y acciones nos conduzcan por la senda de regreso a nuestro Padre Celestial.

La fidelidad

Una tercera senda a la felicidad es la fidelidad. Es fundamental entender que Dios nos bendice de acuerdo con nuestra fe, la cual es el impulso a vivir con un propósito divino y una perspectiva eterna. La fe es un principio práctico que inspira diligencia; se manifiesta en nuestra actitud positiva y en nuestro deseo de hacer de buena gana todo lo que el Padre Celestial y Jesucristo nos piden; nos lleva a arrodillarnos para implorar guía al Señor, y nos alienta a levantarnos y actuar con confianza a fin de lograr aquello que está de acuerdo con Su voluntad.

Conforme sigas adelante en tu travesía, se te probará para ver si harás todas las cosas que el Señor tu Dios te mande (véase Abraham 3:25). Esto es parte de las experiencias de la vida terrenal. Requerirá que sigas adelante con firmeza en Cristo, siendo guiado por el Espíritu y confiando en que Dios proveerá para tus necesidades.

Recuerda que no debes titubear en tu fe, incluso en momentos de grandes dificultades. Conforme seas firme, el Señor aumentará tu capacidad de elevarte por encima de los desafíos de la vida. Se te facultará para dominar los impulsos negativos y adquirirás la capacidad de superar incluso los que parezcan ser obstáculos abrumadores.

La santidad

La santidad, otra senda a la felicidad, se relaciona con la perfección espiritual y moral. La santidad indica pureza de corazón y de intención. ¿Cómo podemos esforzarnos cada día para nutrirnos espiritualmente, de modo que podamos cultivar ese carácter divino?

El presidente Harold B. Lee (1899–1973) respondió: “Perfeccionamos nuestro ser espiritual mediante la práctica… Debemos ejercitar diariamente nuestro espíritu por medio de la oración, de realizar buenas obras, de compartir con los demás. Debemos alimentar a diario nuestro espíritu mediante el estudio de las Escrituras, la [noche de hogar], la asistencia a las reuniones, el participar de la Santa Cena…

“El hombre justo se esfuerza por superarse, sabiendo que todos los días tiene necesidad de arrepentirse”7.

Otro elemento importante de la santidad se relaciona con hacer y guardar convenios en el templo. Si somos fieles, dichos convenios pueden elevarnos más allá de los límites de nuestro poder y nuestra perspectiva. Podemos recibir todas las bendiciones que promete el evangelio de Jesucristo por medio de nuestra fidelidad a las ordenanzas y los convenios que hacemos ante el Padre Celestial y Jesucristo en el templo. Parte del modelo de vivir “de una manera feliz” incluye edificar un templo donde adorar y hacer convenios con el Señor (véase 2 Nefi 5:16, 27).

El punto clave de esta senda es que debemos estar muy atentos a cultivar la espiritualidad y a ser moralmente puros.

La obediencia

Guardar todos los mandamientos de Dios se relaciona con las otras sendas a la felicidad. Después que los nefitas se hubieron separado de los lamanitas, prosperaron en extremo conforme cumplieron con los juicios, estatutos y mandamientos “del Señor en todas las cosas, según la ley de Moisés” (2 Nefi 5:10). Ese modelo es otro elemento importante de vivir “de una manera feliz”.

El presidente Monson ha enseñado: “Si guardamos los mandamientos, nuestra vida será más feliz, más plena y menos complicada. Nuestros desafíos y problemas serán más fáciles de sobrellevar y recibiremos [las] bendiciones prometidas [de Dios]”8. Asimismo dijo: “El conocimiento que buscamos, las respuestas que añoramos, y la fortaleza que deseamos hoy en día para hacer frente a los desafíos de un mundo complejo y cambiante pueden ser nuestras si de buena gana obedecemos los mandamientos del Señor”9.

El Salvador nos exhorta:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos…

“El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él” (Juan 14:15, 21).

El altruismo y el amor

La senda dorada a la felicidad es la del altruismo y del amor; un amor que muestra preocupación, interés y cierta medida de caridad por cada alma viviente. El amor es la ruta directa a la felicidad que enriquecerá y bendecirá nuestra vida y la vida de otras personas. Significa, tal como dijo el Salvador, que muestres amor incluso por tus enemigos (véase Mateo 5:44).

Al hacerlo, estarás cumpliendo el mandamiento mayor de amar a Dios. Te remontarás por encima de los malignos vientos que soplen, por encima de lo sórdido, lo contraproducente y lo amargo. La felicidad verdadera y perdurable llega solo cuando escogemos “[amar] al Señor [nuestro] Dios con todo [nuestro] corazón, y con toda [nuestra] alma y con toda [nuestra] mente” (véase Mateo 22:37; véanse también Deuteronomio 6:5Marcos 12:30Lucas 10:27).

Ruego que cada uno de nosotros pueda escoger amar al Señor y seguir Sus sendas a la felicidad, la cual es “el objeto y propósito de nuestra existencia”10.

Aprende lo que es la verdadera felicidad en lds.org/go/41849.

Notas

  1. “Felicidad”, Temas del Evangelio, org/topics?lang=spa&old=true.
  2. David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1919, pág. 180.
  3. “Happiness”, Psychology Today,com/basics/happiness.
  4. “Happiness”, Psychology Today.
  5. Thomas S. Monson, “Ejemplos de rectitud”, Liahona,mayo de 2008, pág. 65.
  6. Véase Richard G. Scott, “Cómo tomar la decisión correcta”,Liahona,julio de 1995, pág. 36.
  7. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee,2001, págs. 195, 197.
  8. Véase Thomas S. Monson, “Guarden los mandamientos”,Liahona,noviembre de 2015, pág. 83.
  9. Thomas S. Monson, “La obediencia trae bendiciones”, Liahona,mayo de 2013, pág. 92.
  10. José Smith, en History of the Church,tomo V, pág. 134.

 

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La felicidad: Más que un estado de ánimo

La felicidad: Más que un estado de ánimo

Por Maryssa Dennis y Charlotte Larcabal
Revistas de la Iglesia
Liahona Abril 2018

Se nos enseña que tener gozo es el propósito de nuestra existencia (véase 2 Nefi 2:25); así que, ¿por qué la felicidad parece tan escurridiza en ocasiones? Tal vez sea porque no entendemos qué es en realidad la felicidad… y qué no es.

¿Qué es la felicidad?

En su definición más sencilla, la felicidad es la elevación temporal del estado mental a un nivel más intenso que el del equilibrio emocional habitual1. En otras palabras, significa sentirse bien.

Hay muchas maneras de provocar un aumento del nivel emocional —bromear con un amigo, participar de algún juego divertido o incluso comer un trozo de pastel— aunque nunca perdura mucho tiempo. Con frecuencia, terminamos brincando de una fuente de satisfacción a otra en un intento por recapturar dicha intensidad emocional. Pero, ¿no existe ninguna felicidad que perdure?

Sí, aunque es mucho más sutil de lo que pensamos, lo cual explica por qué a menudo erramos y no damos en el blanco. El mundo nos dice que una vida que vale la pena debe estar llena de aventuras, que tus días deben ser una constante montaña rusa de emociones que recorre un camino sencillo colmado de satisfacciones. No obstante, la verdad es que no se necesita sentir un gran entusiasmo constantemente a fin de vivir “de una manera feliz” (2 Nefi 5:27). La felicidad duradera —aquello que podríamos llamar la verdaderafelicidad— es, más bien, un sentimiento calmo y constante de bienestar, en lugar de una obvia sensación de euforia. La diversión y el placer se desvanecen, pero la verdadera felicidad no es un estado de ánimo pasajero, dura mucho más tiempo. Mientras que experimentar satisfacción eleva las emociones por encima del equilibrio, lograr la verdadera felicidad es como elevar el equilibrio en sí mismo2.

Podríamos pensar que la felicidad estable requiere constante prosperidad y falta de dolor o pruebas. No obstante, hay estudios que indican que las circunstancias favorables no garantizan la felicidad y que las desfavorables no la impiden. Antes bien, entre todos los factores que influyen en la felicidad propia, nuestras decisiones ejercen la máxima influencia3. El élder Ulisses Soares, de la Presidencia de los Setenta, enseñó: “La felicidad está determinada por los hábitos, las conductas y los patrones de pensamiento que podemos dirigir directamente mediante acciones intencionales”. La felicidad es más que solo un buen estado de ánimo o una vida libre de preocupaciones; se trata de una manera de pensar y de vivir que podemos controlar. Es cierto que nuestra genética y nuestra crianza influyen en los niveles generales del estado de ánimo, pero nuestras decisiones personales desempeñan un papel importante. En pocas palabras, “la felicidad es una decisión que cualquier persona puede tomar”4.

¿Cómo puedo ser feliz?

¿De qué modo específico “decidimos” ser felices? ¿Cuál es el ingrediente secreto de nuestro pastel de la felicidad? Tal como explicó el élder Soares, la verdadera felicidad requiere “un esfuerzo sostenido por un largo tiempo en pos de algo más importante en la vida”. De manera semejante, Viktor Frankl, un conocido psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, afirmó que la felicidad es el “efecto secundario de una dedicación personal a una causa mayor que uno mismo”5.

¿Y qué causa podría ser mayor que la que el único Dios ha dispuesto para nosotros? En nuestra búsqueda de la felicidad, no tenemos que buscar fuera del plan del Padre Celestial. Después de todo, ¡por algo se llama el “plan de felicidad”! Alma 42:8, 16. Pasaje tras pasaje de las Escrituras testifica que seguir el plan de Dios brinda felicidad (véanse 2 Nefi 2:13Helamán 13:38). Aunque llevar una vida recta no nos salvará de todo pesar, nos colocará en una posición en la cual seremos más capaces de experimentar la felicidad en esta vida, y conducirá a nuestra exaltación y gozo eterno en el mundo venidero.

De forma muy semejante a lo que sucede con la fe, la felicidad puede debilitarse o fortalecerse, según nuestras acciones. Si dedicamos nuestro tiempo a procurar el regocijo momentáneo, nuestra felicidad será “[llevada] por doquiera de todo viento” (véase Efesios 4:14). Sin embargo, si nos esforzamos por vivir de manera recta, cultivaremos un sentimiento constante e interior de paz y bienestar que puede capear cualquier tempestad. Y cuando se da prioridad a la fe por encima de la diversión, podemos descubrir el verdadero gozo; la clase de gozo que solo puede hallar “el que verdaderamente se arrepiente y humildemente busca la felicidad” (Alma 27:18).

¿Qué puedo hacer?

Hacer un esfuerzo diario y concienzudo por centrarse en el Salvador. Leer las Escrituras, orar al Padre Celestial y tomar la Santa Cena con detenimiento todas las semanas. Servir a quienes estén a nuestro alrededor y mostrar gratitud por nuestras bendiciones. Al colmar nuestra vida de significado y darnos razones a nosotros mismos para ser felices, la felicidad llegará.

Para conocer más

Véanse más consejos sobre cómo embarcarse en el viaje a la verdadera felicidad en el artículo de Liahona “Las sendas a la verdadera felicidad”.

Notas

  1. Véase Carolyn Gregoire, “This Is Scientific Proof That Happiness Is a Choice”, HuffPost, 13 de diciembre de 2013, huffingtonpost.com/2013/12/09/scientific-proof-that-you_n_4384433.html.
  2. Véase Alex Lickerman, “How to Reset Your Happiness Set Point”, Pyschology Today, 21 de abril de 2013, psychologytoday.com/blog/happiness-in-world/201304/how-reset-your-happiness-set-point.
  3. Véase Michael Mendelsohn, “Positive Psychology: The Science of Happiness”, ABC News, 11 de enero de 2008, abcnews.go.com/Health/story?id=4115033&page=1.
  4. Carolyn Gregoire, “This Is Scientific Proof That Happiness Is a Choice”.
  5. Viktor E. Frankl, Man’s Search for Meaning, 1984, pág. 17.

 

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Oración: La clave del testimonio y de la Restauración

Oración: La clave del testimonio y de la Restauración

Por el élder Robert D. Hales (1932–2017)
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Tomado de un discurso de la Conferencia General de octubre de 2003.
Liahona Abril 2018

Sigan el ejemplo de José Smith y el modelo de la Restauración. Escudriñen las Escrituras, arrodíllense en oración, pidan con fe, escuchen al Espíritu Santo.

Como líderes de la Iglesia, a menudo nos preguntan: “¿Cómo recibo un testimonio del evangelio restaurado de Jesucristo?”.

Para obtener un testimonio y llegar a ser un converso, se empieza con el estudio y la oración, luego se vive el Evangelio con paciencia y persistencia, se invita al Espíritu y se confía en Él. La vida de José Smith y el modelo de la Restauración son ejemplos excelentes de este proceso. A medida que [comparto] con ustedes… los acontecimientos de la Restauración, busquen los pasos que conducen al testimonio…

Gran confusión

José Smith nació el 23 de diciembre de 1805 en Sharon, Vermont, EE. UU. Nació en una familia que oraba y estudiaba la Biblia. En su juventud, se interesó en la religión y se dio cuenta de que había una “gran confusión” en cuanto a las doctrinas de Cristo, con “sacerdote contendiendo con sacerdote, y converso con converso” (José Smith—Historia 1:6).

Aquella confusión… [había comenzado] siglos antes, en lo que se ha denominado la Gran Apostasía. El día de Cristo “no vendrá”, dijo el apóstol Pablo, “sin que antes venga la apostasía” (2 Tesalonicenses 2:3).

Pocas décadas después de la resurrección de Cristo, Sus apóstoles fueron muertos, Sus enseñanzas fueron corrompidas y el sacerdocio fue quitado de la tierra; pero Pablo, al ver nuestro día, profetizó que “en la dispensación del cumplimiento de los tiempos [Dios reuniría] todas las cosas en Cristo” (Efesios 1:10) y que Él restauraría una vez más sobre la tierra la verdadera Iglesia de Cristo…

José encuentra una respuesta

José Smith, a los catorce años de edad, se encontró en medio de un “tumulto de opiniones [religiosas]”. A menudo se preguntaba: “Si [una de estas iglesias] es verdadera, ¿cuál es, y cómo podré saberlo?” (José Smith—Historia 1:10).

José recurrió a la Biblia para encontrar respuestas: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría”, leyó en la epístola de Santiago, “pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).

Detalle de Los deseos de mi corazón II, por Walter Rane

Siguiendo la instrucción de Santiago, José se dirigió a una arboleda cerca de su casa y oró. Al invocar a Dios, “una columna de luz… descendió”, más brillante que el sol del mediodía, y aparecieron “dos Personajes”. “Uno de Ellos [le] habló, [llamándole] por [su] nombre y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith—Historia 1:16–17).

Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, conversaron con José y Ellos dieron respuesta a su pregunta. Le enseñaron que la verdadera Iglesia de Cristo había sido quitada de la tierra. José aprendió que esos integrantes de la Trinidad eran seres separados y distintos, que Ellos lo conocían por nombre y que deseaban contestar sus oraciones. Los cielos se habían abierto, la noche de la apostasía se había acabado y la luz del Evangelio comenzaba a brillar.

Al igual que José, muchos de nosotros buscamos la luz de la verdad… Al igual que José, debemos escudriñar las Escrituras y orar… ser humildes y aprender a ejercer la fe.

Moroni y las planchas de oro

Durante los tres años que siguieron a la Primera Visión, José dijo: “… solía sentirme censurado a causa de mis debilidades e imperfecciones”, pero nunca perdió la fe ni se olvidó del poder de la oración.

El 21 de septiembre de 1823, a los diecisiete años de edad, [José] se arrodilló para pedir “perdón de todos [sus] pecados”… y para saber “de [su] condición y posición ante [Dios]” (véase José Smith—Historia 1:29). Al orar… apareció una luz que fue aumentando “hasta que la habitación quedó más iluminada que al mediodía” (versículo 30). En aquella luz había un personaje vestido con una túnica de “blancura exquisita” (versículo 31). Llamó a José por su nombre y se presentó como Moroni; le dijo “que Dios tenía una obra para [él]”, y le habló de un antiguo registro “escrito sobre planchas de oro” que, una vez traducido, llegó a ser el Libro de Mormón; que el libro contenía un registro de la plenitud del Evangelio (véanse los versículos 33–34)… A José se le dieron instrucciones para que obtuviera el registro… enterrado cerca [del] cerro… Cumorah.

Al día siguiente, José encontró las planchas, pero no había llegado el momento de sacarlas a la luz. Moroni le pidió a José que se reuniera con él allí el mismo día, cada año, durante los siguientes cuatro años (véanse los versículos 52–53). José obedeció y acudió cada año al cerro, donde Moroni le dio “instrucciones” (versículo 54) con respecto a la restauración de la Iglesia de Cristo…

José recibió las planchas el 22 de septiembre de 1827, a los veintiún años de edad. También recibió un antiguo instrumento para traducirlas, llamado Urim y Tumim. Con aquellos sagrados intérpretes, junto con el Espíritu Santo, José comenzó la obra de traducción…

Se despliega la Restauración

A los veintitrés años de edad, José se encontraba traduciendo las planchas cuando él y [su escriba], Oliver [Cowdery], llegaron a un pasaje que hablaba del bautismo para la remisión de los pecados… [y] tuvieron deseos de saber más. José sabía lo que tenía que hacer.

El 15 de mayo de 1829, [José y Oliver] se retiraron al bosque para preguntar al Señor y, mientras oraban, Juan el Bautista apareció en una “nube de luz” (José Smith—Historia 1:68); él… había bautizado al Salvador en vida y tenía las llaves del sacerdocio necesarias para llevar a cabo esa ordenanza por medio de la autoridad de Dios…

Juan… impuso las manos [sobre la cabeza de José y Oliver] y confirió el Sacerdocio Aarónico sobre [cada uno de] ellos (véanse D. y C. 13José Smith—Historia 1:68–69)… A finales de mayo o principios de junio de 1829, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan confirieron a José y a Oliver el Sacerdocio de Melquisedec, o sacerdocio mayor.

La restauración del Sacerdocio de Melquisedec, por Walter Rane

La traducción del Libro de Mormón se terminó también aquel mes de junio y el libro se publicó… el 26 de marzo de 1830… Días después…, el 6 de abril, la Iglesia se organizó formalmente… Tal como profetizó Pablo, la antigua Iglesia de Cristo volvía a ser establecida sobre la tierra.

Pero la obra de la Restauración no había terminado… [El Templo de Kirtland, el primer templo construido en esta dispensación]… fue dedicado el 27 de marzo de 1836. Una semana después, el 3 de abril, se llevó a cabo una reunión allí. Después de una solemne y silenciosa oración, el Señor Jesucristo [se apareció a José y Oliver]… Moisés, Elías y Elías el Profeta aparecieron también [en el Templo de Kirtland] y le entregaron a José [las llaves del sacerdocio] (véase D. y C. 110).

Detalle de Jesucristo aparece al profeta José Smith y a Oliver Cowdery, por Walter Rane

Un modelo que podemos seguir

Hermanos y hermanas, ¿podemos ver el modelo? Cada uno de los principales acontecimientos de la Restauración —la Primera Visión, la aparición de Moroni y la salida a la luz del Libro de Mormón, la restauración del sacerdocio y la aparición de Jesucristo [en] Su santo templo— fueron precedidos por la oración…

[Muchas veces] he sentido el innegable testimonio del Espíritu de Dios, como un fuego ardiendo en mi corazón, de que el Evangelio restaurado es verdadero… [Si no saben estas cosas por ustedes mismos] permítanme sugerirles que acepten la invitación que extendió Moroni en el Libro de Mormón: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:4–5)…

Sigan el ejemplo de José Smith y el modelo de la Restauración. Acudan a las Escrituras, arrodíllense en oración, pidan con fe, escuchen al Espíritu Santo… y, en el nombre de Jesucristo, prometo que si “pedís [al Padre Celestial] con fe, creyendo que recibiréis, guardando diligentemente [los] mandamientos [del Señor], de seguro os serán manifestadas estas cosas” (1 Nefi 15:11).

 

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La jornada final y solitaria del Salvador

La jornada final y solitaria del Salvador

Por Chakell Wardleigh
Revistas de la Iglesia
Liahona Abril 2018

A lo largo de Su vida terrenal, el Salvador experimentó muchas jornadas: Su jornada al salir de Belén a Egipto cuando era un bebé, Su jornada de 40 días por el desierto, Sus muchas jornadas a ciudades, pueblos y hogares para enseñar, sanar y bendecir durante Su ministerio, y muchas otras. Sin embargo, hay una jornada que el Salvador tuvo que afrontar solo, una que solo Él podía soportar.

“El domingo de Pascua de Resurrección celebramos el acontecimiento más anticipado y glorioso de la historia del mundo.

“Es el día que lo cambió todo.
“Ese día, mi vida cambió,
“la vida de ustedes cambió;
“el destino de todos los hijos de Dios cambió”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El don de la gracia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 107.

Sufrimiento incomparable

“… Ninguna mente mortal puede concebir la plena importancia de lo que Cristo hizo en Getsemaní.

“Sabemos que sudó grandes gotas de sangre de cada poro mientras bebía las heces de aquella amarga copa que Su Padre le había dado.

“Sabemos que sufrió, tanto en cuerpo como en espíritu, más de lo que a un hombre le es posible sufrir, con excepción de la muerte.

“Sabemos que de alguna manera, incomprensible para nosotros, ese sufrimiento satisfizo las exigencias de la justicia, rescató las almas penitentes de los dolores y los castigos del pecado, y puso la misericordia al alcance de aquellos que creyeran en Su santo nombre.

“Sabemos que quedó postrado en el suelo a causa de los dolores y de la agonía de una carga infinita que lo hicieron temblar y desear no tener que beber la amarga copa”.

Véase élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Cuórum de los Doce Apóstoles, “El poder purificador de Getsemaní”, Liahona,julio de 1985, pág. 9.

Aplicación personal: Aunque no siempre nos demos cuenta, el Salvador sufrió todas las formas de dolor durante la Expiación. Él entiende todos los dolores físicos, desde un hueso roto hasta la enfermedad crónica más grave; Él sintió la oscuridad y la desesperación de dolencias mentales como la depresión, la ansiedad, la adicción, la soledad y el dolor, y sintió cada herida espiritual porque tomó sobre Sí todos los pecados de la humanidad.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “En un momento de debilidad quizá clamemos: ‘Nadie sabe lo que se siente; nadie entiende’. Pero el Hijo de Dios sabe y entiende perfectamente, ya que Él ha sentido y llevado las cargas de cada uno” (“Soportar sus cargas con facilidad”, Liahona, mayo de 2014, pág. 90).

Él era el único capaz

“Lo que hizo solamente lo podía hacer un Dios. Como el Hijo Unigénito del Padre en la carne, Jesús heredó atributos divinos. Fue la única persona nacida en este mundo que pudo realizar ese acto tan importante y divino. Siendo el único hombre sin pecado que haya vivido en la tierra, no estaba sujeto a la muerte espiritual. A causa de Su divinidad, también tenía poder sobre la muerte física. Así hizo por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Rompió las frías ligaduras de la muerte. Hizo posible que tuviéramos el sereno consuelo del don del Espíritu Santo”.

Véase presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “La Expiación: nuestra mayor esperanza”, Liahona, enero de 2002, pág. 20.

Aplicación personal: Por medio de Su expiación, el Salvador soltó las cadenas de la muerte y nos redimió a todos de nuestros pecados para que toda persona tuviese vida eterna. Él era el único capaz de llevar a cabo una tarea tan sobrecogedora e imposible. Cuando nos enfrentamos a serios desafíos, nos consuela saber que el Salvador en realidad puede hacer posible lo imposible.

No se volvió atrás

“… En un cerro llamado Calvario, mientras los seguidores lo miraban impotentes, Su cuerpo herido fue clavado en la cruz. Sin piedad, se burlaron de Él, lo maldijeron y lo escarnecieron…

“Las agonizantes horas pasaron mientras Su vida se consumía; y de Sus labios resecos procedieron las palabras: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró’…

“A último momento, el Maestro podría haberse vuelto atrás; pero no lo hizo. Descendió debajo de todo para salvar todas las cosas. Después, Su cuerpo inerte fue puesto rápida y cuidadosamente en un sepulcro prestado”.

Véase presidente Thomas S. Monson (1927–2018), “¡Ha resucitado!”, Liahona, mayo de 2010, págs. 88–89.

Aplicación personal: Sufrió dolor agonizante, soledad y desesperación, pero aún así el Salvador soportó y terminó Su jornada mortal con gracia, incluso suplicándole a Su Padre que perdonara a aquellos que lo crucificaron. A causa de Su ejemplo perfecto, podemos enfrentar nuestras propias pruebas y dificultades con gracia, y con Su ayuda podemos perseverar también hasta el fin.

Los muchos testigos de Su resurrección

“… Yo creo en los muchos testigos de la resurrección del Salvador, cuyas experiencias y testimonios se encuentran en el Nuevo Testamento: Pedro y sus compañeros de los Doce, y la querida y pura María de Magdala, entre otros. Creo en los testimonios que se hallan en el Libro de Mormón: el de Nefi, el apóstol, junto con la multitud en la tierra de Abundancia, entre otros. Creo en el testimonio de José Smith y Sidney Rigdon, quienes, después de muchos otros testimonios, proclamaron el gran testimonio de esta última dispensación: ‘¡Que vive! Porque lo vimos’. Bajo la mirada del ojo de Dios, que todo lo ve, me levanto yo mismo como testigo de que Jesús de Nazaret es el Redentor resucitado, y yo testifico de todo lo que se desprende del hecho de Su resurrección. Que ustedes reciban la convicción y el consuelo de este mismo testimonio”.

Élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “La resurrección de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 114.

Aplicación personal: Aunque no nos encontrábamos entre aquellos que vieron el cuerpo resucitado y perfeccionado del Redentor, aún podemos ser testigos de Él en la actualidad. Él siempre puede ser el centro de nuestra vida, sin importar la hora o el lugar en que nos encontremos. Cada vez que ofrecemos nuestro corazón y nuestras manos para servir a los demás; demostramos gentileza, bondad y respeto a todos; defendemos la verdad y compartimos nuestro testimonio del Evangelio, somos verdaderos testigos de Jesucristo.

No tenemos que caminar solos

“… Uno de los grandes consuelos de esta época de Pascua de Resurrección es que debido a que Jesús caminó totalmente solo por el largo y solitario sendero, nosotros no tenemos que hacerlo. Su solitaria jornada proporciona una compañía excelente para nuestra pequeña versión de ese sendero: el misericordioso cuidado de nuestro Padre Celestial, la infalible compañía de este Hijo Amado, el excelente don del Espíritu Santo, los ángeles del cielo, familiares a ambos lados del velo, profetas y apóstoles, maestros, líderes y amigos. Se nos han dado todos estos compañeros y más para nuestra jornada terrenal por medio de la expiación de Jesucristo y de la restauración de Su evangelio. La verdad que se pregonó desde la cima del Calvario es que nunca estaremos solos ni sin ayuda, aunque a veces pensemos que lo estamos…

“Ruego que… siempre permanezcamos al lado de Jesucristo ‘en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que [estemos], aun hasta la muerte’, porque ciertamente así es como Él permaneció a nuestro lado, aun hasta la muerte y cuando tuvo que estar total y definitivamente solo”.

Élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Nadie estuvo con Él”, Liahona, mayo de 2009, pág. 88.

Aplicación personal: En esta Pascua de Resurrección, recuerda la jornada final y solitaria del Salvador. Él sacrificó todo lo que tenía para que tú y toda persona en la tierra puedan llegar a ser puros y tener vida eterna. Aprende de Su ejemplo perfecto; consérvalo en tus pensamientos y en tu corazón, y siempre ten presente que nunca estás solo. A causa de que Él soportó su jornada final en total y absoluta soledad, Él no te abandonará. Su amor por ti es infinito e inmutable, y Él está listo para brindarte paz, consuelo y esperanza a medida que continúas tu propia jornada. Su don de la Expiación es eterno, y se te concedió a ti.

Mira cómo la pascua nos ayuda a entender la Pascua de Resurrección en lds.org/go/41817.

 

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Los hilos más sutiles

Los hilos más sutiles

por el presidente David O. McKay

Quienes son esos pequeños seres que vienen a ale­grar el corazón de un hombre y su esposa y los convierten en padres? Más de una vez he usado la definición: “Un niño es un tierno broto de humanidad, que cae de la casa de Dios para florecer aquí en la tierra.”

Hay muchos factores que influyen en el niño, pero en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el primero es el hogar. El Señor ha dado grandes responsa­bilidades a los padres. Oigamos una vez más lo que nos dice:

«. . . Si hubiere en Sión, o en cualquiera de sus estacas organizadas, padres que tuvieren hijos, y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre la cabeza de los padres.» (Doc. y Con. 68:25.)

Confío en que todos los padres ya lo estén haciendo, pero hay aún más oportunidades para mejorar esta ense­ñanza. El nuevo plan para la noche de hogar que ha comen­zado este año, ayudará a los padres a llevar a cabo su función de una mejor manera.

Haced de cada hora, de cada momento que pasáis junto a vuestra familia un instante verdadera­mente precioso. Vuestro ejemplo a los niños será mucho más eficaz que vuestras enseñan­zas. De vuestros hogares saldrán los futuros líderes de la Iglesia y del gobierno.

Hay hilos muy sutiles que influyen en la vida de un bebé, de un niño. Al llegar a la adolescencia esos hilos se hacen cuerdas y más tarde en la vida, cadenas—las cadenas de los hábitos.

Son muchas las fuerzas que están tirando esos hilos al niño—el hogar, la escuela, los amigos y la sociedad. Hay miles de personas que trabajan hoy día para tratar de orientar la influencia de la escuela, los amigos, la so­ciedad y los negocios, en la vida del niño, para que éste pueda ir por la senda del bien. Todas estas fuerzas son ajenas al hogar.

Pero el agente principal y más importante en el desarrollo del niño es la familia. “El hogar virtuoso es la base de todo progreso na­cional.”

“El poder de una nación, especialmente de una nación republicana—dijo un escritor— está en los hogares inteligentes y ordenados.”

“No hay lugar como el hogar para conver­tir niños en hombres y niñas en mujeres.”

¿Cuál es la influencia del hogar en el niño? Primeramente quiero mencionar el aspecto físico. Su seguridad física depende de la pro­tección que le otorgue su familia. Un buen hogar incluye un amplio conocimiento por parte de los padres, y especialmente de la ma­dre, del cuidado físico, nutrición conveniente, higiene, prevención de enfermedades, vesti­menta adecuada, comida limpia, aire fresco y protección contra accidentes. Un buen hogar inculcará en los niños hábitos saludables me­diante la instrucción y el ejemplo en comer, dormir y práctica de deportes. No necesito explayarme en destacar las condiciones funda­mentales de un buen hogar; si tenéis casas ventiladas adecuadamente, y si sabéis qué clase de comida estáis dando a vuestros hijos, estáis entonces, contribuyendo a la salud y la felicidad del hogar.

Como segunda influencia quiero mencionar la oportunidad de una buena educación. Los padres deben dirigir a sus hijos en su desarro­llo cultural y estar dispuestos a contestar sus preguntas. Si vuestros hijos hacen preguntas, están agregando felicidad a vuestra vida. Los niños cuyos padres pueden dejar sus trabajos de vez en cuando y alienarlos con juegos constructivos o pa­sar algunas horas con ellos estudiando la naturaleza, se pueden llamar muy afortunados. ¿Quién puede valorar la asociación de un niño con su madre ―un niño que contempla una puesta de sol, las bellezas de la naturaleza, y que ve los blancos copos de nieve que cubren las montañas, a través de los ojos de su padre o de su madre? Más tarde en su vida, al ob­servar estas cosas siempre recordará a sus padres. Estas son las cuerdas que conducen a la juventud por los senderos de la ternura y la humanidad.

Inculcad en la vida de vuestros hijos nobleza de sentimientos que los conduzca a amar lo bello, lo genuino, lo virtuoso, y que también instintivamente se aparten de lo malo, lo falso y lo vil.

El aspecto cultural y físico es muy importante, pero lo he mencionado con el fin de conduciros a lo que yo considero el aspecto más importante, aun­que es el más abstracto. Me estoy refiriendo a la influencia personal del hogar. El factor que más influye en la vida de un niño es el conjunto de per­sonalidades que existen dentro del grupo familiar.

¿Quién puede medir la influencia del hogar? La salud es importante, y el cuidado físico y cultural también, pero no hay nada de tanto valor como ese conjunto de influencias familiares centradas especial­mente en la madre. Si solamente logramos implan­tar en nuestro hogar el espíritu del evangelio—hacer que nuestros hijos sientan verdadero amor hacia los padres y hermanos y que a través de la madre com­prendan y amen el evangelio—nuestros problemas estarán solucionados.

Dios nos ayude a enseñar en nuestros hoga­res, en el mayor grado posible, los ideales de Cristo. Y para practicarlo hagamos que nuestros hijos se arrodillen con nosotros más frecuentemente. Esto es realmente algo muy práctico. Que por medio de la oración familiar, los padres y los hijos se acerquen más a Dios. Hablemos con frecuencia del evangelio, motivemos y contestemos preguntas al respecto. Cumplamos siempre con los mandamientos que Dios ha dado a sus hijos en esta dispensación. Especial­mente el que se menciona en la escritura que hemos citado antes: “. . . Si hubiere en Sión, o en cual­quiera de sus estacas organizadas, padres que tuvie­ren hijos, y no les enseñaren a comprender la doctri­na del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tu­vieren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.” (Ibid.)

El Señor bendiga los hogares de todos los Santos de los Últimos Días.

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Oración dedicatoria del Templo de Oakland

Oración dedicatoria del Templo de Oakland

por el presidente David O. McKay
Liahona Febrero 1965

OH Dios Padre Eterno, Creador de los cielos, de la tierra y de todas las cosas que hay en ella, un grupo de tus hijos estamos reunidos en este sa­grado servicio, con nuestros corazones llenos de gra­titud por todas tus bendiciones.

Estamos agradecidos por el conocimiento que te­nemos acerca de nuestra relación contigo, que Tú eres nuestro Padre Celestial, a quien podemos recu­rrir en busca de inspiración y guía en nuestros mo­mentos de tribulaciones y congojas, con nuestros corazones llenos de esperanza y anhelos, como lo hacemos con nuestros padres terrenales.

Ayúdanos a librar nuestras mentes de los malos pensamientos y nuestras almas del egoísmo y la en­vidia, que podamos unimos en un espíritu de since­ridad y verdad con el sólo propósito de amarte, amar­nos unos a otros y ser sinceros con toda la gente del mundo.

Padre, sea tu Espíritu un guía mientras este­mos reunidos en este servicio, que la vía de co­municación entre Ti y nosotros sea abierta para que podamos sentir que realmente estamos participando de tu divino Espíritu.

Perdona nuestras debilidades y flaquezas y per­mite que nos presentemos ante ti con corazones sin­ceros y vidas puras, y que todo lo que hagamos en este día sea de acuerdo con tu voluntad y tus deseos.

Estamos agradecidos porque enviaste a tu amado Hijo para revelar al mundo tu existencia y señalar el camino, para que la humanidad pueda volver a tu presencia como hijos e hijas tuyos.

Estamos agradecidos también porque después de la época de oscuridad, cuando la Luz de la Verdad estaba oculto, restauraste el evangelio en esta dispensación revelándote en unión de Jesucristo, al pro­feta José Smith y declarándole: “Este es mi Hijo Amado, escúchalo”. Gracias por el mensaje que él declaró al mundo: que Tú vives, que escuchas y con­testas las oraciones de los hombres, que Jesucristo es el Salvador del mundo, y que por medio de Él la muerte ha sido vencida y el hombre está libre de ella.

Estamos agradecidos porque bajo tu guía e ins­piración la Iglesia de Jesucristo fue restaurada en su plenitud y está dando la oportunidad a todo hom­bre, mujer y niño, de servir a la humanidad en una manera correcta. No hay palabras para expresar nuestra gratitud por su influencia en el mundo ac­tual, y te suplicamos, oh Padre, que continúes ex­tendiendo dicha influencia para que pronto pueda ser establecida la paz sobre la tierra.

Estamos agradecidos porque después de tu glo­riosa revelación al profeta José Smith, restauraste por medio de mensajeros celestiales los sacerdocios Aarónico y de Melquisedec, y también todas las lla­ves del sacerdocio que tuvieron tus profetas desde la época de Adán a través de Abrahán y Moisés hasta Malaquías, que poseía el poder para: “. . . volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres… hasta la última generación. Por esta plena y estable restau­ración de tu autoridad te expresamos nuestra grati­tud y loamos tu Santo Nombre en este día.

Gracias por este continente de América “tierra escogida sobre todas las demás”, por la libertad con­cedida por la Constitución de los Estados Unidos, que garantiza a cada hombre el derecho de adorarte de acuerdo con los dictados de su propia conciencia, y que hizo posible el establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Padre, haz que la gente del país no te olvide. Ayúdanos a comprender la grandeza de nuestra patria. Gracias por el derecho que tenemos de votar y por la libertad para reunimos legislativamente para aclarar y discu­tir problemas sin miedo o coerción de dictadores, policías secretos o campos de concentración. Ayuda a la humanidad a lograr un entendimiento más claro de que el gobierno existe para proteger al individuo —y no el individuo al gobierno.

Te suplicamos por este país. Bendice al presi­dente de los Estados Unidos, que tenga la inteligen­cia suficiente para salvar tanto a esta nación como al mundo de una guerra devastadora. Y ayuda a sus colaboradores; que sean guiados e iluminados por tu Espíritu para que mantengan y sostengan el glo­rioso principio de la libertad humana.

Te damos gracias por los hombres que has elegido para que guíen tu Iglesia, desde el profeta José Smith, su hermano Hyrum, sus colaboradores así co­mo sus sucesores, a través de los años hasta las Autoridades Generales actuales—la Primera Presi­dencia, el Consejo de los Doce, los Ayudantes de los Doce, el Patriarca de la Iglesia, el Primer Consejo de los Setenta y el Obispado Presidente. Dótalos rica­mente de tu Espíritu, para que bajo su guía, el evan­gelio pueda ser difundido por todas las naciones de la tierra.

Bendice con salud y sabiduría a éste, tu siervo, a quien has llamado para dirigir tu Iglesia en estos días. Continúa revelándole tu deseo y voluntad en lo que concierne al crecimiento y avance de tu obra entre los hijos de los hombres. Bendice a sus consejeros. Une a la Primera Presidencia por el Espíritu y po­der de Dios en todos sus trabajos, y que con cada pensamiento, palabra y acción glorifique tu nombre. Aquí en esta sagrada casa, con humildad y profunda gratitud, reconocemos tu divina guía e inspiración. Ayúdanos a magnificar nuestros llamamientos y a predicar a todos la palabra de libertad que contiene el evangelio. Porque la verdad significa libertad y da a todos el derecho de adorar, obrar y servir. Ayú­danos para que nunca olvidemos el significado de estas bendiciones.

Bendice a las presidencias de estaca, sumos con­sejos, obispos de los barrios, presidencias de ramas, presidencias de los quórumes de los sacerdocios Aarónico y de Melquisedec, presidentes y superintenden­tes de las organizaciones auxiliares de todo el mundo. Guíalos para sean capaces de cumplir con las res­ponsabilidades que se les han dado. Te suplicamos que mantengas a los oficiales de los quórumes y de­más organizaciones auxiliares unidos, que sean “uno” como Tú y tu Hijo son Uno, porque la unidad es un principio básico del evangelio de Jesucristo.

Te rogamos que no olvides a tus siervos que pre­siden las misiones en todo el mundo, a los misio­neros que han salido a proclamar al mundo la restau­ración del evangelio y el plan de salvación. Protégelos de todo mal y bendícelos con los dones y poderes propios de su ministerio. Bendice a sus familias con paz y comodidad.

Estamos agradecidos porque Tú inspiraste al pro­feta Brigham Young para que profetizara a los santos que vinieron por el Cabo de Hornos, bajo la dirección de Samuel Brannan en 1847, que “vendrá el tiempo cuando las costas del Pacífico, podrán ser vistas des­de el Templo del Señor”, y más tarde, en 1924, al élder George Albert Smith del Consejo de los Doce, que declaró que algún día “un Templo se levantaría en las colinas de la Bahía del Este, un Templo que serviría de faro a los barcos de todas las naciones del mundo que cruzaran la bahía de San Francisco”. Estamos agradecidos también por los hombres que fueron nombrados en 1934 para buscar un sitio y que eligieron este glorioso lugar donde hoy se levanta el templo. Estamos agradecidos que por intermedio de tu divina inspiración el sitio quedara a nuestra dis­posición y que tu siervo, el presidente Heber J. Grant, autorizara su compra, y que finalmente en 1961 se decidiera la construcción del templo.

Estamos especialmente agradecidos, oh Padre Celestial, por el comité de las presidencias de estaca quienes tuvieron a su cargo la organización y cons­trucción del templo. Bendícelos por su devoción y servicio desinteresado.

Este templo, el decimoquinto que ha sido erigido a tu Santo Nombre, es un monumento que testifica la fe y lealtad de los miembros de tu Iglesia en el pago de sus diezmos y ofrendas. Estamos agradeci­dos que los miembros de la Iglesia reconocen que el pago de los diezmos y ofrendas trae bendiciones y hace posible el cumplimiento de tus propósitos a tra­vés de la construcción de capillas, tabernáculos y templos dondequiera que la Iglesia esté organizada.

Invocamos tus bendiciones particularmente sobre los miembros que viven en el perímetro del templo, por su desinteresada y generosa colaboración, con­tribuyendo su tiempo y esfuerzo para terminar esta Sagrada Casa.

Estamos agradecidos por el espíritu de coopera­ción que ha influido en los hombres y mujeres de esta ciudad y pueblos circunvecinos, y la cooperación del Alcalde, del Consejo Municipal, de la Cámara de Comercio así como de todos aquellos que han tenido una visión de la importancia de este templo.

Agradecemos todo el esfuerzo hecho por los miembros, aun los niños, quienes dieron monedas desde diez centavos hasta un dólar, así como los mi­llonarios que dieron de sus miles. Acepta, oh Padre, desde la contribución de la viuda hasta la de los jó­venes que se privaron de alguna ropa o diversión para hacer posible la erección de este edificio. Permanezca en ellos a través de su vida el espíritu que los alentó a dar y servir, porque sólo por servir podrán lograr la felicidad.

Nuestro Padre, te rogamos que bendigas a los que construyeron el templo, y a todos aquellos quie­nes en una u otra forma por su intermedio o influen­cia ayudaron a su terminación. Reine la paz en los hogares de tus hijos dondequiera que estén, que las enfermedades y las angustias sean expulsadas de entre ellos.

Sea consolado el espíritu de cada contribuyente y prospere cien veces más. Y que todos sepan que cuentan con la gratitud de miles, posiblemente de millones de seres que están del otro lado del velo, y para quienes las puertas de la prisión podrán abrir­se y proclamarse la libertad a los que acepten la verdad para que sean libres.

Mientras su cuerpo estaba aún en la tumba, Cristo, tu Hijo Amado, predicó a los espíritus en prisión que habían sido desobedientes en los días de Noé, y esto prueba que todos los que han pasado por el velo deben oír también la palabra de Dios y obe­decer sus principios eternos de vida y salvación.

Los templos se construyen a tu Sagrado Nombre como un medio de unir a tu pueblo, vivos y muertos, con los lazos de la fe, paz y amor a través de las eternidades.

Ayúdanos, oh Padre, a entender con más entu­siasmo y sinceridad que nunca, que sólo por medio de la obediencia a tus principios eternos y a las ordenanzas del evangelio de Jesucristo, podrán nues­tros seres queridos que han muerto sin bautizarse, tener el glorioso privilegio de entrar en tu reino. Te rogamos, por tanto, que aumentes nuestro deseo de hacer todo el esfuerzo posible para la consuma­ción de tu propósito de traer a la inmortalidad y a la vida eterna a todos tus hijos.

Con estos y muchos otros gloriosos principios en nuestras mentes, nos hemos reunido en este día para expresarte la gratitud de nuestros corazones.

Y ahora, Padre, como uno de tus siervos, y por la autoridad del Sagrado Sacerdocio de Melquisedec, te dedico este Templo de Oakland, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y lo consagro para los sagrados propósitos para los que ha sido edificado. Te lo dedicamos a Ti, con todas sus pertenencias, como una Casa de Oración, una Casa de Adoración, de Alabanzas, de Inspiración y Comunión contigo.

Te rogamos, Padre Celestial, que aceptes este edificio en su totalidad y que lo guardes desde el cimiento hasta las torres que lo coronan. Protégelo de los terremotos, huracanes, tormentas, y contra cualquiera otra amenaza devastadora. Sean santifica­dos la fuente bautismal, los salones de las ordenan­zas y muy especialmente los cuartos de sellamientos, para que tu Espíritu siempre esté presente para consolar e inspirar. Protege todo el sistema me­cánico concerniente a luz, calefacción, ventilación, ascensores, etc. Bendice a todas las personas que tienen a su cargo el cuidado de estas cosas para que puedan hacer su trabajo fiel, hábil y reverente­mente.

Te dedicamos el terreno sobre el cual está edifi­cado el templo, así como el que lo rodea, sus muros, ornamentos florales, árboles, plantas, flores y los arbustos que crecen en sus tierras, que puedan re­toñar y florecer y tomarse bellísimos y fragantes, que tu Espíritu more en todo ello, y que esta porción de terreno sea un lugar de descanso y paz, un lugar para meditar santamente e inspirar bellos pensa­mientos.

Bendice al presidente del templo y a su esposa. Sea la humildad la fuerza motriz de sus sentimien­tos, y la sabiduría y la amabilidad guíen sus acciones. Deja que tanto ellos, como todos los obreros que sean llamados como asistentes, selladores y guar­dianes, mantengan una atmósfera de limpieza y santidad en cada habitación. No permitas que nin­guna persona o cosa inmunda penetre en esta casa, porque “mi Espíritu” dice el Señor “no morará en tabernáculos impuros”, ni tampoco morará en una casa donde haya egoísmo, arrogancia e insalubridad. Por tanto, todos los que se alleguen dentro de los muros de este Sagrado Templo, vengan con manos limpias y corazones puros, y tu Santo Espíritu siempre esté presente para consolar, inspirar y ben­decir, para que todos puedan sentir tu influencia apa­cible y sagrada. Haz Señor, que aún la gente que pase por los jardines o mire el templo desde lejos, eleve sus ojos y sus pensamientos de las cosas sórdidas y viles de la vida y mire hacia Ti y tu Divina Provi­dencia.

Ahora, oh Dios, nuestro Eterno Padre Celestial, los fieles miembro de tu Iglesia, llenos de amor hacia Ti y tus hijos, han erigido este templo con los diezmos y las ofrendas, y te lo ofrecen, para que en él se realicen las ordenanzas y ceremonias esen­ciales para lograr la felicidad, salvación y exaltación de tus hijos que viven tanto en la tierra como en el mundo espiritual. Acepta nuestra ofrenda, inúndala con tu Santo Espíritu y protégela con tu poder.

Con esta oración dedicamos nuestras vidas al establecimiento del Reino de Dios en la tierra, para la paz del mundo y para tu gloria eterna, en el nom­bre de tu Hijo Amado, nuestro Señor Jesucristo, Amén.

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Una lección de fe

Una lección de Fe

por el presidente David O. McKay
Liahona Enero 1965

La primera lección de fe en Dios, en calidad de nuestro Padre, la aprendí en mi niñez al arrodillarme para orar al lado de mi madre. Me dijo que nuestro Padre Celes­tial escuchaba y contestaba las oraciones de un niño en forma tan atenta y con tan buena voluntad como los padres atienden a los pedidos de sus hijos. Creí implícitamente lo que mi madre me dijo, y al orar, siempre le imploraba al Señor sus bendiciones, en la misma forma en que pedía a mis padres un favor. No sabía nada acerca del principio abstracto de la fe, y sin embargo, tenía una fe verdadera y constante en que Dios oiría y contestaría mis oraciones. Cuando estaba enfermo, aceptaba la administración de los élderes como cura infalible, por ejemplo, cuando el obispo Francis A. Hammond me bendijo durante un grave ataque de garrotillo, inmediatamente me sentí mejor. Recuerdo perfectamente la completa seguridad que inundó mi mente cuando el obispo Hammond me bendijo y reprendió el dolor. No había en mí otro pensamiento sino que me iba a sentir mejor, y así fue, desde ese momento.

Con la misma fe recurrí al Señor en una oración espe­cial, una noche en que era víctima de un temor intenso, causado por abrumada imaginación.

En esa época, estando mi padre fuera del hogar, mi madre, antes de ir a acostarse, solía buscar debajo de las camas para ver que no hubiera ladrones o algún intruso en la casa. Habiendo presenciado esto varias veces, comencé a te­mer la presencia de ladrones como si fuera casi una realidad, y no me hubiera asombrado ver a mi madre descubrir uno o dos ladrones ocultos debajo de las camas o en un ropero. Frecuen­temente, después que apagábamos la luz, mi imaginación me hacía oír rumores de pasos que se acercaban a la ventana y no sólo creía oír ladrones, sino que también los soñaba.

Una noche, cuando tenía yo unos seis o siete años de edad, soñé que dos ladrones ata­caron a mamá y al bebé, y cuando traté de pedir auxilio, uno de ellos me dió un balazo en la espalda. Aun hoy día puedo recordar vívidamente cada detalle de esta pesadilla.

La combinación de estas y otras experien­cias convirtieron en insoportables algunas de mis noches. El temor imaginario de la proba­bilidad de que nos atacaran mientras nuestro padre no estaba para protegernos dominó mi raciocinio infantil, y provocó en mis sentimientos una tensión insoportable. Al ir ma­durando, en más de una ocasión me sentí agradecido hacia mis padres por haber selec­cionado mis libros con cuidado, de modo que a esa edad no sabía nada de historias espe­luznantes de la novela de hoy. Alguien dijo que “no hay momentos más felices que aque­llos que pasamos en la soledad, abandonados a nuestra propia imaginación”, pero para mí esos momentos de desvelo en la obscuridad se convirtieron en los más angustiosos de mi ni­ñez.

En la noche particular que mencioné, por alguna razón insignificante, me desperté y comencé a imaginarme que podía oír pasos junto a la ventana. En imaginación seguí al intruso alrededor de la casa hasta la puerta del come­dor. En pocos segundos, estaba seguro que había entrado en la casa. Mi temor debe ha­ber sido intenso, porque estaba resollando fuertemente, y me parecía oír los latidos de mi corazón. En otras noches había experimen­tado, hasta cierto punto, el mismo temor, y mis padres me habían dicho que era pura imaginación. En esta ocasión pensé que si realmente era imaginación, debía vencerla; y si era realidad, ciertamente necesitábamos pro­tección.

De acuerdo con las enseñanzas de mi madre y el anhelo natural de mi alma, recurrí al Señor en oración. Para mí había sólo una manera de orar, es decir, hincado al lado de la cama. E] esfuerzo que me costó salir de la cama y arrodillarme en la obs­curidad, no fue fácil, pero lo hice, y oré a Dios como nunca, pidiéndole consuelo y protección. En el momento que dije “amén”, oí una voz decir, tan distin­tamente como cualquier otra cosa que he oído en mi vida: “No temas, nada te dañará.” En el acto el miedo desapareció; me sentí consolado y volví a mi cama a un sueño reposado y placentero. Entendí, en esa ocasión, que era la voz del Señor que contesta­ba la oración de un niño afligido, y así lo confieso hoy día.

Subsiguientemente, cada vez que esos temores infantiles comenzaban a surgir, inmediatamente me acordaba de ese momento consolador, y oía otra vez las palabras: “No temas, nada te dañará.” No tardó mucho la seguridad divina en reemplazar el temor imaginario.

Así probé por mi propia experiencia que las ense­ñanzas de mis padres eran verdaderas, que mi Padre Celestial oía y contestaba la oración sincera de un niño con la prontitud con que sus padres accedían a uno de sus pedidos, y la única condición era: ¿Es para el bien del niño? En la ocasión de referencia resultó ser para mí un consuelo durante toda mi vida, y me dio una certeza completa de la verdad de las palabras de Cristo, que más tarde en mi vida leí: “Y cuanto le pidáis al Padre en mi nombre, creyen­do que recibiréis, si es justo, he aquí, os será con­cedido.” (3 Nefi 18:20.)

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El espíritu de nuestro hogar

El espíritu de nuestro hogar

por Reed H. Bradford
(Tomado de the Instructor)
Liahona Enero 1965

LIAHONA se complace en traer a sus lectores estos artículos que apoyan el nuevo programa de la Iglesia, que tiene por objeto enseñar y vivir el evangelio en el hogar. No hay organización más eficaz para la instrucción de un niño en los primeros años de su vida, que el hogar.

El Señor ha mandado que los padres enseñen los principios básicos del evangelio a su hijos. (Ver Doc. y Con. 68:25-28.) De hecho, ha indicado que si los padres des­cuidan el cumplimiento de sus responsabilidades, “el pecado recaerá sobre la cabeza de los padres.” (versículo 25.) En los artículos publicados en esta revista hemos tra­tado de destacar las oportunidades de satisfacción y felicidad que puede lograr toda familia que obedece los principios del evangelio, y desde hace algún tiempo hemos venido publicando una serie de artículos titulados “La Enseñanza del Evangelio en el Hogar.”

En vista de que la Iglesia ahora proporcionará un manual que contiene material sobre las enseñanzas básicas del evangelio, que será el tema para un gran número de las Noches de Hogar para la Familia, los artículos que publicaremos de ahora en adelante tendrán como fin ayudar a los miembros de la familia a gozar de sus rela­ciones entre sí, aumentar su testimonio del evangelio y afirmar la unidad familiar.

SENTADO junto a ellos en un banquete, pude no­tar en sus relaciones un espíritu extraordinario y hermoso. Manifestaban un interés sincero el uno en el otro, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; parecían adivinarse sus necesidades. Sus nombres: el élder LeGrand Richards, del Consejo de los Doce, y su esposa, Ina Jane Ashton Richards.

Yo sabía del éxito que ambos habían logrado en muchos campos pero en lo que más estaba interesado en ese momento era saber los principios que los guia­ron en la feliz crianza de sus hijos.

—Si tuviera que seleccionar el elemento principal o básico que prevaleció en las relaciones entre usted y sus hijos, ¿cuál sería?—le pregunté a la hermana Richards que estaba sentada a mi lado.

—Amamos a nuestros hijos—me contestó sin ti­tubear—ése es el elemento más importante.

Es la misma respuesta que muchos otros padres de la Iglesia me han dado. Pero ¿a qué se refieren? ¿Qué relación hay entre el significado de “amor” como el Salvador lo enseñó, y la instrucción y cum­plimiento del evangelio en el hogar? Entre otras cosas, quiere decir:

  1. Respeto mutuo.—No hay nada de más valor que el alma humana creada por nuestro Padre Ce­lestial. En ella hay una gran potencialidad: la habili­dad para pensar, para adquirir conocimiento y sabiduría, para crear, para renacer, para casarse, para convertirse en padre o madre, para gozar de la vida, para aprender a dominar sus emociones, para sopor­tar los desengaños e injusticias con dignidad y sin desesperación, para compartir las bendiciones del sacerdocio, y para convertirse en hijo o hija de nuestro Padre Celestial (ver y Con, 11:30.) llegando a ser como El, y dignos consiguientemente de morar con Él en el reino celestial.

Todos nuestros hechos como padres, como hijos y como hermanos o hermanas, deben manifestar un entendimiento profundo de esta potencialidad. Si así sucede, se establecerá una línea sensible que ja­más se traspasará en las relaciones de unos con otros. Los padres dirán “por favor” y “gracias” a sus hijos con el mismo agradecimiento que manifiestan hacia otros adultos. Los niños querrán aprender de la ex­periencia y sabiduría mayores de sus padres y senti­rán hacia ellos una profunda gratitud.

  1. Preocupaciónincondicionalpor los demás. —Es verdad que muchas personas, cuando están pen­sando en hacer bien a uno de sus semejantes, se de­jan llevar consciente o inconscientemente, por la re­compensa que van a recibir. Pero el amor que el Salvador enseñó indica un grado mayor de madurez. “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a co­nocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17:26.) En cierto sentido, éste es un amor “incondicional” hacia los demás. Reconoce que todo ser humano es un her­mano o hermana de todo otro ser humano, ya sea joven o viejo, prudente o imprudente, diestro o torpe, hombre o mujer, culto o inculto.

La persona que posee esta clase de amor puede ser paciente cuando los demás son impacientes, amable cuando son bruscos. Su intención hacia los demás no es vengarse por las injusticias que se le han hecho, sino perdonarlas. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34.) Jesús dijo esto impulsado por la lástima que sentía hacia ellos, porque sabía que sufrirían como resul­tado de sus hechos. Se dió cuenta de que no cono­cerían la dicha que podrían haber logrado si hu­bieran vivido de acuerdo a sus enseñanzas. Se ex­presó de ese modo porque los amaba, porque eran sus hermanos y hermanas.

En una de las oraciones más admirables jamás ofrecidas, el Salvador mostró su gran interés por los demás. Sabía que muy pronto moriría, conocía las tentaciones que sobrevendrían a sus discípulos y la persecución de que serían objeto. Expresó su amor en estas palabras:

Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. … Yo les he dado tu pa­labra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. . . . Santifícalos en tu verdad. .. . (Juan 17:11, 14,15, 17.)

  1. Unidad en la familia.—Los miembros de la familia que comprendan el amor demostrado por el Salvador podrán percibir el verdadero significado de la unidad familiar. Imaginémonos dos vides que crecen junto a un muro. Se entrelazan al ir cre­ciendo, pero al mismo tiempo conservan su indivi­dualismo, siguen siendo dos vides.

Los miembros de la familia podrán comprender su potencialidad como individuos, pero alcanzarán su meta con mayor eficacia si complementan sus vides recíprocamente. El esposo, en calidad de po­seedor del sacerdocio, preside el hogar; pero con­sulta con su esposa todas las decisiones importantes, procurando el beneficio de su conocimiento, sabi­duría y experiencia. Se esfuerzan por llegar a un acuerdo en todo lo que a ambos concierne, y enton­ces apoyan este acuerdo como su acuerdo. Cuando los niños tengan la edad suficiente, y sea oportuno, pueden tomar parte en las decisiones para que de este modo ganen experiencia; y cuando lleguen a tener sus propios hogares, tendrán ya habilidad y comprensión. Esta disposición de querer compartir conocimiento, destreza y comprensión con otros, se manifiesta en las palabras del Salvador: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a cono­cer.” (Juan 15:15.)

  1. Hay un espíritu especial en el hogar.—Como resultado de las expresiones de respeto, interés y unidad, surge un espíritu sensible entre los miem­bros de la familia. Es el espíritu que caracteriza a nuestro Padre Celestial, al Salvador y al Espíritu Santo. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no enva­nece; no es indecoroso… no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.” (I Corintios 13:4-6.) Este amor y es­píritu habilitó a Alma, padre, en el Libro de Mormón, para poder continuar siendo paciente y ama­ble con su hijo, aun cuando éste cometió muchos pecados graves durante gran parte de su vida. Fue lo que impulsó a David a perdonarle la vida a Saúl, que había tratado de matarlo en varias ocasiones. Permite que los padres den a sus hijos su tiempo, energía y todo tipo de recursos, sin egoísmo, y sin pensar en ninguna recompensa. Inculca en cada in­dividuo el amor hacia su Padre Celestial. Cuando se entiende debidamente, es una de las principales fuerzas existentes, tanto en esta vida como en la futura que implican el bien.

A medida que destacamos el valor de enseñar y vivir el evangelio en el hogar—la principal de todas las organizaciones docentes en los primeros años de vida del niño—permitamos que este Espíritu caracterice nuestras relaciones. Así podremos aprender el uno del otro en nuestro Programa de la Noche de Hogar para la Familia así como en otras situaciones. Aprenderemos a ser tolerantes hacia otros, a ser honrados y a escucharlos con interés. Aunque sea necesario reprender “a veces con se­veridad, cuando lo induzca el Espíritu Santo”, en­tendamos al mismo tiempo, que el amor del uno para con el otro debe ser “más fuerte que el vínculo de la muerte.” Nuestros hogares serán entonces verdaderamente un pedazo de cielo en la tierra.

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