¿Soy un hijo de Dios?

Conferencia General Abril 2018

¿Soy un hijo de Dios?

Por el élder Brian K. Taylor
De los Setenta

¿Cómo puede cada uno de nosotros sentir el poder de comprender nuestra identidad divina? Comienza al procurar conocer a Dios, nuestro Padre.

Hace poco, fui a la iglesia, con mi dulce madre, en nuestra antigua capilla hecha de piedras. Atraído por las voces de los pequeños que provenían del mismo salón de la Primaria al que asistía hace décadas, entré por el fondo del salón y observé a las afectuosas líderes enseñando el lema del año: “Soy un hijo de Dios”1. Sonreí al pensar en las maestras pacientes y amorosas que, durante el tiempo de música en aquel entonces, con frecuencia me miraban —ese niño revoltoso al final del banco— como si se preguntaran: “Es realmente un hijo de Dios? ¿Y quién lo envió aquí?”2

Invito a cada uno de nosotros a que abramos el corazón al Espíritu Santo que “da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”3.

Las palabras del presidente Boyd K. Packer son claras y preciadas: “Ustedes… son hijos de Dios; Él es el padre de su espíritu. Espiritualmente son de noble cuna, la estirpe del Rey de los Cielos. Grábense esta verdad en la memoria y aférrense a ella. No importa cuántas generaciones de antepasados tengan, sea cual sea la raza o el pueblo que representen, el linaje de su espíritu se puede escribir en una sola línea: ¡Son hijos de Dios!”4.

“Cuando… vean a su Padre”, dijo Brigham Young, “verán a un ser que han conocido desde hace mucho; Él los recibirá entre Sus brazos y ustedes estarán listos para recibir su abrazo y besarlo…5.

La gran guerra sobre la identidad divina

Moisés supo de su legado divino cuando habló cara a cara con el Señor. Después de esa experiencia, “Satanás vino para tentarlo” con la intención sutil, pero vil, de distorsionar la identidad de Moisés “diciendo: Moisés, hijo de hombre, adórame. Y… Moisés miró a Satanás, y le dijo: ¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios6.

Esa gran guerra sobre nuestra identidad divina arrasa con furor a medida que el arsenal cada vez mayor de Satanás trata de destruir nuestra creencia y conocimiento sobre nuestra relación con Dios. Afortunadamente, hemos sido bendecidos con una visión y un entendimiento claros de nuestra verdadera identidad desde el principio: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”7, y los profetas vivientes proclaman: “Cada [ser humano] es un amado hijo o hija procreado en espíritu por Padres Celestiales y, también como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”8.

El llegar a saber estas verdades “con certeza”9 nos ayuda a sobrellevar las tribulaciones, dificultades y aflicciones de todo tipo10. Cuando se le preguntó: “¿Cómo podemos ayudar a quienes están luchando con [un desafío personal]?”, un Apóstol del Señor instruyó: “Enséñenles su identidad y su propósito”11.

“El conocimiento más transcendental que poseo”

Estas poderosas verdades le cambiaron la vida a mi amiga Jen12 que, cuando era joven, causó un grave accidente automovilístico. Aunque su trauma físico era grave, sintió un dolor desgarrador porque la conductora del otro auto había fallecido. “Alguien perdió a su madre, y fue mi culpa”, dijo. Jen, que solo unos días antes se había puesto de pie y recitado: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama”,13 ahora se preguntaba: “¿Cómo puede amarme a ?”.

“El sufrimiento físico pasó”, dijo, “pero pensé que nunca sanaría de las heridas emocionales y espirituales”.

A fin de sobrevivir, Jen ocultó sus sentimientos profundamente y se volvió distante y apática. Después de un año, cuando finalmente pudo hablar del accidente, un inspirado consejero la invitó a que escribiera la frase “soy una hija Dios” y que la repitiera diez veces al día.

“Escribir las palabras fue fácil”, recuerda, “pero no podía decirlas… Eso lo hacía real, y yo en verdad no creía que Dios me deseaba como hija. Me acurrucaba y lloraba”.

Después de varios meses, Jen finalmente pudo repetirlas todos los días. “Derramé mi alma entera”, dice ella, “suplicando a Dios… Entonces comencé a creer las palabras”. Esa convicción permitió que el Salvador comenzara a curar su corazón herido. El Libro de Mormón le proporcionó el consuelo y valor proveniente de Su expiación14.

“Cristo sintió mis dolores, mis pesares, mi culpa”, concluyó Jen. “Sentí el amor puro de Dios y ¡nunca había sentido algo tan poderoso! ¡Saber que soy una hija de Dios es el conocimiento más transcendental que poseo!”.

Procurar conocer a Dios, nuestro Padre

Hermanos y hermanas, ¿cómo puede cada uno de nosotros sentir el poder de comprender nuestra identidad divina? Comienza al procurar conocer a Dios, nuestro Padre15. El presidente Russell M. Nelson testificó: “Algo portentoso sucede cuando un hijo de Dios procura saber más acerca de Él y de Su Hijo amado”16.

Aprender acerca del Salvador y seguirlo nos ayuda a llegar a conocer al Padre. Siendo… “la imagen misma de su [Padre]”17, Jesús enseñó: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre 18. Toda palabra y hecho de Cristo revelan la verdadera naturaleza de Dios y de nuestra relación con Él19. El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “… con sangre que le brotaba de cada poro y un clamor angustioso en Sus labios, Cristo buscó al que siempre había buscado: Su Padre. ‘Abba’, exclamó, ‘Papá’”20.

Así como Jesús buscó sinceramente a Su Padre en Getsemaní, también el joven José Smith, en 1820, buscó en oración a Dios en la Arboleda Sagrada. Después de leer “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”21, José se retiró para orar.

“… me arrodillé”, escribió él, “y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón.

“… vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza”.

“… vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado:¡Escúchalo!22.

Si seguimos los ejemplos del Salvador y del profeta José, al buscar sinceramente a Dios, llegaremos a comprender de una manera muy real, al igual que Jen, que nuestro Padre nos conoce por nombre y que somos Sus hijos.

A las madres, especialmente a las madres jóvenes, quienes con frecuencia se sienten abrumadas y “bajo el agua”, mientras tratan de criar una “generación resistente al pecado”23: nunca subestimen su papel fundamental en el plan de Dios. En los momentos de estrés —tal vez cuando están corriendo detrás de los pequeños y el olor a quemado que viene de la cocina les indica que la cena que prepararon es ahora un holocausto—, sepan que Dios santifica sus días más difíciles24. “No temas, porque yo estoy contigo”25, Él asegura con calma. Las honramos porque cumplen con la expectativa de la hermana Joy D. Jones, quien dijo: “Nuestros niños merecen entender su identidad divina”26.

Invito a todos nosotros a buscar a Dios y a Su Amado Hijo. “En ningún lugar”, dijo el presidente Nelson, “se enseñan esas verdades de manera más clara y poderosa que en el Libro de Mormón”27. Abran sus páginas y aprendan que Dios hace “todas las cosas para el bienestar y felicidad de su pueblo”28, que Él es “misericordioso y lleno de gracia, tardo en airarse, sufrido y lleno de bondad”29 y que “todos son iguales ante [Él]”30. Cuando se sientan heridos, perdidos, temerosos, enojados, tristes, hambrientos o totalmente abandonados en las circunstancias extremas de la vida31, abran el Libro de Mormón y llegarán a saber que “Dios nunca nos abandonará. Nunca lo ha hecho, y nunca lo hará. No puede hacerlo. No es parte de Su carácter [el hacerlo]”32.

Llegar a conocer a nuestro Padre cambia todo, en especial el corazón, a medida que Su dulce Espíritu nos confirma nuestra verdadera identidad y el gran valor que tenemos ante su vista33. Dios camina junto a nosotros a lo largo del camino del convenio cuando lo buscamos mediante súplicas en oración, al escudriñar las Escrituras y esforzarnos por ser obedientes.

La excelencia del carácter de Dios — Mi testimonio

Amo al Dios de mis padres34, “El Señor Dios Todopoderoso”35, quien llora con nosotros en nuestras aflicciones, corrige pacientemente nuestra falta de rectitud y se regocija cuando “[abandonamos] todos [nuestros] pecados para [conocerle]”36. Lo adoro, a Él, que es el “padre de [los] húerfanos”37 y compañero de quienes están solos. Con agradecimiento testifico que he llegado a conocer a Dios, mi Padre, y doy testimonio de la perfección, los atributos y la “excelencia de Su carácter”38.

Que cada uno de nosotros pueda verdaderamente comprender y apreciar nuestra “gran herencia”39 como hijos de Dios al llegar a conocerlo a Él, “el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien [Él ha] enviado40, es mi ferviente oración.

Referencias

  1. Véase Bosquejo del Tiempo para compartir 2018: Soy un hijo de Diosorg/manual/primary.
  2. Véase “Soy un hijo de Dios”, Himnos, 196.
  3. Romanos 8:16
  4. Boyd K. Packer, “A los jóvenes”, Liahona, julio de 1989, pág.67.
  5. Brigham Young, “Discourse”, Deseret News,1 de octubre de 1856, pág. 235.
  6. Moisés 1:12–13; cursiva agregada.
  7. Génesis 1:26.
  8. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”,Liahona, mayo de 2017, pág. 145.
  9. José Smith dijo: “El primer principio del Evangelio es conocer con certeza el carácter de Dios” (del sermón de King Follett, 7 de abril de 1844; en History of the Church,tomo VI, pág. 305).
  10. Véase Alma 36:3, 27.
  11. Russell M. Nelson, en Tad R. Callister, “Nuestra identidad y nuestro destino” (Devocional de la Universidad Brigham Young, 14 de agosto de 2012), speeches.byu.edu.
  12. Se ha cambiado el nombre.
  13. El lema de las Mujeres Jóvenes”, El progreso Personal para las Mujeres Jóvenes,2009, librito, pág. 3.
  14. Véanse 2 Nefi 26–9Mosíah 2–514–16Alma 73439–42Helamán 143 Nefi 11Moroni 7.
  15. El profeta José Smith enseñó: “Si los hombres no comprenden la naturaleza de Dios, no se comprenden a sí mismos”. (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith2007, págs. 51–52).
  16. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?”,Liahona, noviembre de 2017, pág. 61.
  17. Hebreos 1:3.
  18. Juan 5:19
  19. Véase Jeffrey R. Holland, “La grandiosidad de Dios”,Liahona, noviembre de 2003, pág.70.
  20. Jeffrey R. Holland, “Las manos de los padres”, Liahona, julio de 1999, pág. 19.
  21. Santiago 1:5.
  22. José Smith—Historia 1:15–17.
  23. Russell M. Nelson, “Una súplica a mis hermanas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 97.
  24. Véase “Qué firmes cimientos”, Himnos,Nº 40.
  25. Isaías 41:10.
  26. Joy D. Jones, en Marianne Holman Prescott, “2018 Primary Theme ‘I Am a Child of God’ Teaches Children Their Divine Identity,” Sección de noticias de la Iglesia en LDS.org, 5 de enero de 2018, lds.org/news [solo en inglés].
  27. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?” pág. 61.
  28. Helamán 12:2; véase también 2 Nefi 26:24.
  29. Lectures on Faith, 1985, pág. 42.
  30. 2 Nefi 26:33.
  31. Me encanta la conmovedora historia del anciano pionero que, después de su experiencia cruzando las llanuras, testificó: “Sufrimos más de lo que se pueden imaginar, y muchos murieron a causa del frío y del hambre, pero, ¿han escuchado alguna vez a un sobreviviente de esa compañía pronunciar una sola palabra de crítica? Ni uno solo de esa compañía apostató ni dejó la Iglesia, porque todos salimos adelante con el conocimiento absoluto de que Dios vive; pues en nuestras adversidades llegamos a conocer a Dios”(en David O. McKay, “Pioneer Women,” Relief Society Magazine,enero de 1948, pág. 8).
  32. George Q. Cannon, “Remarks,” Deseret Evening News, 7 de marzo de 1891, pág. 4.
  33. Véase Doctrina y Convenios 18:10.
  34. Véase Hechos 5:3022:14; “Oh, Santo Dios, omnipotente ser” Himnos, 34.
  35. Moisés 1:3; véase Apocalipsis 15:321:22–233 Nefi 4:32Doctrina y Convenios 109:77121:4.
  36. Alma 22:18.
  37. Salmos 68:5; véase también Santiago 1:27.
  38. Lectures on Faith, 1985, pág. 42.
  39. “A vencer”, Himnos, nro. 167.
  40. Juan 17:3.

 

Publicado en Dios el Padre, Expiación, Jesucristo, José Smith, Maternidad, Naturaleza Divina, Niños | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Los preciosos dones de Dios

Conferencia General Abril 2018

Los preciosos dones de Dios

Por el presidente M. Russell Ballard
Presidente en funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles

La vida puede estar llena de fe, gozo, felicidad, esperanza y amor cuando ejercemos la mínima cantidad de fe verdadera en Cristo.

Hermanos y hermanas, acabamos de participar en una asamblea solemne, una práctica que puede remontarse a la Biblia, cuando el antiguo Israel se congregaba para sentir la presencia del Señor y celebrar Sus bendiciones1. Tenemos el privilegio de vivir en una época en la que esta práctica antigua ha sido restaurada por medio del profeta José Smith2. Les insto a escribir en su diario personal lo que sintieron sobre esta ocasión sumamente sagrada en la que han participado.

Recientemente despedimos a nuestro querido amigo y profeta, el presidente Thomas S. Monson. A pesar de que todos lo extrañamos, estamos profundamente agradecidos porque el Señor ha llamado a un nuevo profeta, el presidente Russell M. Nelson, para que presida Su Iglesia. De una manera ordenada, ahora hemos comenzado un nuevo capítulo en la historia de nuestra Iglesia. Este es un don precioso de Dios.

Cuando todos nosotros sostuvimos al presidente Nelson con la mano en alto, fuimos testigos ante Dios y reconocimos que él es el legítimo sucesor del presidente Monson. Al alzar la mano, prometimos escuchar su voz según él reciba la guía del Señor.

El Señor ha dicho:

“Daréis oído [refiriéndose al Presidente de la Iglesia] a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba…

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”3.

Conozco a nuestro nuevo profeta y presidente desde hace más de 60 años. He servido con él en el Cuórum de los Doce durante 33 años y soy testigo de que la mano del Señor lo ha estado preparando para llegar a ser nuestro apóstol presidente y profeta a fin de administrar todas las llaves del Santo Sacerdocio en la Tierra. Ruego que cada uno de nosotros lo sostenga completamente a él y a sus consejeros, y siga su dirección. También les damos una afectuosa bienvenida al élder Gong y al élder Soares como miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles.

Después de la resurrección de Jesús, un acontecimiento que celebramos este glorioso fin de semana de Pascua, Él se apareció a Sus discípulos y dijo: “¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os envío”: Como me envió el Padre, así también yo os envío4. Noten que hay una acción de dos partes: Dios envía a Su Hijo; el Hijo envía a Sus siervos —hombres y mujeres mortales— para que lleven a cabo la obra de Ellos.

No nos debe sorprender el descubrir que aquellos que son llamados a hacer la obra del Señor no son humanamente perfectos. Hay relatos de las Escrituras que describen incidentes sobre hombres y mujeres que fueron llamados por Dios para realizar una gran obra —buenos hijos e hijas de nuestro Padre Celestial llamados a servir en sus asignaciones en la Iglesia, que se esforzaron por dar lo mejor de sí y, sin embargo, ninguno de ellos era aún perfecto. Lo mismo sucede con nosotros hoy en día.

Dada la realidad de nuestras debilidades y limitaciones humanas, ¿cómo seguimos adelante en nuestra tarea de apoyarnos y sostenernos el uno al otro? Comienza con la fe: una fe verdadera y sincera en el Señor Jesucristo. La fe en el Salvador es el primer principio de la doctrina y el Evangelio de Cristo.

Hace varios años visité la Tierra Santa. Mientras pasábamos por una planta de mostaza, el director del Centro de BYU en Jerusalén me preguntó si alguna vez había visto un grano de mostaza. Le respondí que no, así que nos detuvimos. Me mostró los granos de la planta de mostaza; eran sorprendentemente pequeños.

Recordé las enseñanzas de Jesús: “… porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”5.

Si tenemos una fe tan pequeña como un grano de mostaza, el Señor puede ayudarnos a mover las montañas del desaliento y la duda en las tareas que nos aguardan a medida que servimos con los hijos de Dios, entre ellos los miembros de nuestra familia, los miembros de la Iglesia y aquellos que aún no son miembros de ella.

Hermanos y hermanas, la vida puede estar llena de fe, gozo, felicidad, esperanza y amor cuando ejercemos la mínima cantidad de fe verdadera en Cristo, aun un grano de mostaza de fe.

El élder George A. Smith recordó un consejo que le dio el profeta José Smith: “Me dijo que no debía desalentarme nunca, fueran cuales fueran las dificultades que me rodearan; que si estaba hundido en el pozo más profundo de Nueva Escocia, con todas las Montañas Rocosas apiladas encima, no debía desalentarme sino sobrellevarlo, ejercer la fe y mantener el valor, y al final saldría a la cima”6.

Debemos recordar la declaración de Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”7, y saber que este es otro don precioso de Dios.

Además de los dones que he mencionado, existen muchos, muchos más. Menciono ahora solo unos pocos: El don del día de reposo, la Santa Cena, el servicio a los demás y el don inigualable de nuestro Salvador que Dios nos dio.

El poder del día de reposo es experimentar en la Iglesia y en el hogar la delicia, el gozo y el calor de sentir el Espíritu del Señor sin ningún tipo de distracción.

Demasiadas personas casi viven en línea con sus dispositivos inteligentes: las pantallas iluminan su rostro día y noche y los auriculares en los oídos bloquean la voz suave y apacible del Espíritu. Si no apartamos tiempo para desconectarnos, podríamos perder oportunidades de escuchar la voz de Aquel que dijo: “Quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios”8. Ahora bien, no hay nada de malo en aprovechar los avances de las tecnologías inspiradas por el Señor, pero debemos ser prudentes al utilizarlas. Recuerden el don del día de reposo.

La bendición de recibir la Santa Cena en la reunión sacramental nunca debe convertirse en rutina o simplemente algo que hacemos. Tan solo son 70 minutos en toda una semana en los que podemos hacer una pausa y hallar más paz, gozo y felicidad en nuestra vida.

Tomar la Santa Cena y renovar nuestros convenios es una señal que le damos al Señor de que siempre nos acordamos de Él. Su expiación es un don misericordioso de Dios.

El privilegio de prestar servicio a los hijos del Padre Celestial es otra oportunidad de seguir el ejemplo de Su Hijo Amado sirviéndonos unos a otros.

Algunas oportunidades de servicio son formales: en nuestra familia, nuestros llamamientos de la Iglesia y nuestra participación en organizaciones de servicio comunitario.

Los miembros de la Iglesia —tanto hombres como mujeres— no deberían dudar, si es su deseo, en postularse como candidatos a cargos públicos en cualquier nivel del gobierno, donde sea que vivan. Nuestras voces son esenciales e importantes hoy en día en nuestras escuelas, en nuestras ciudades y en nuestros países. Donde existe la democracia, tenemos el deber, como miembros, de votar por hombres y mujeres honorables que estén dispuestos a servir.

Muchas oportunidades de prestar servicio son informales —sin una asignación— y se presentan cuando tendemos la mano a otras personas que conocemos en el trayecto de la vida. Recuerden que Jesús le enseñó al intérprete de la ley que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, utilizando al Buen Samaritano como ejemplo9.

El servicio nos da la oportunidad de comprender la vida y el ministerio de Cristo. Él vino para servir, como enseñan las Escrituras, “así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”10.

Posiblemente Pedro ha ofrecido la mejor descripción del ministerio terrenal del Salvador en tres palabras cuando se refirió a Jesús, quien “anduvo haciendo bienes”11.

El Señor Jesucristo es el don más preciado de todos los dones de Dios. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”12.

Nefi captó la importancia de nuestro Salvador cuando declaró: “… hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”13. Debemos hacer que Cristo sea el centro de nuestra vida en todo momento y en todo lugar.

Debemos recordar que es Su nombre el que aparece en nuestros lugares de adoración; somos bautizados en Su nombre y somos confirmados, ordenados, investidos y sellados en matrimonio en Su nombre. Tomamos la Santa Cena y prometemos tomar Su nombre sobre nosotros, y llegar a ser verdaderos cristianos. Por último, en la oración sacramental se nos pide “recordarle siempre”14.

Al prepararnos para mañana, domingo de Pascua de Resurrección, recordemos que Cristo es supremo. Él es el Juez justo, nuestro fiel Intercesor, nuestro bendito Redentor, el Buen Pastor, el Mesías prometido, un Amigo verdadero y mucho, mucho más. Ciertamente Él es un don muy preciado de nuestro Padre para nosotros.

En nuestro discipulado, tenemos muchas exigencias, preocupaciones y asignaciones. Sin embargo, algunas actividades siempre deben ocupar el centro de nuestra membresía en la Iglesia. “De manera que”, manda el Señor, “ocupa el oficio al que te he nombrado; socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas debilitadas”15.

¡Esa es la Iglesia en acción! ¡Esa es la religión pura! ¡Ese es el Evangelio en el sentido verdadero: cuando socorremos, levantamos y fortalecemos a quienes tienen necesidades espirituales y temporales! Para hacerlo, se necesita que los visitemos y ayudemos16 a fin de que su testimonio de fe en el Padre Celestial y en Jesucristo y Su expiación se arraigue en sus corazones.

Ruego que el Señor nos ayude y bendiga para que atesoremos nuestros muchos y preciados dones de Dios, incluyendo nuestra membresía en Su Iglesia restaurada. Ruego que estemos llenos de amor por los hijos del Padre Celestial y que podamos ver sus necesidades y estemos dispuestos a responder sus preguntas y preocupaciones acerca del Evangelio de forma clara y amable, lo cual aumentará la comprensión y el aprecio del uno para con el otro.

Testifico que Jesucristo es nuestro Salvador. Lo que se nos enseñará en esta conferencia general lo recibiremos por la inspiración de apóstoles y profetas, de Autoridades Generales y hermanas líderes que son Oficiales Generales de la Iglesia. Que el gozo y la paz del Señor permanezcan con cada uno, es mi humilde oración en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Encyclopedia of Mormonism, 1992, “Solemn Assemblies”, tomo 3, págs. 1390–1391.
  2. Véase Doctrina y Convenios 88:70.
  3. Doctrina y Convenios 21:4–5.
  4. Juan 20:21; cursiva agregada.
  5. Mateo 17:20.
  6. George A. Smith, en Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith2007, pág. 275.
  7. Filipenses 4:13.
  8. Salmos 46:10.
  9. Véase Lucas 10:25–37.
  10. Mateo 20:28.
  11. Hechos 10:38.
  12. Juan 14:6.
  13. 2 Nefi 25:26.
  14. Doctrina y Convenios 20:77, 79.
  15. Doctrina y Convenios 81:5; cursiva agregada.
  16. Véase Santiago 1:27.

 

Publicado en Día de reposo, Fe, Jesucristo, Profetas, Santa cena, Servicio | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

El nido vacío

El nido vacío


Por Ardeth G. Kapp
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes
Liahona Agosto 1989

Me gustaría expresar mi testimonio y la perspectiva que he adquirido de mi experiencia personal a aquellos que no han sido bendecidos con hijos

Mi esposo y yo no tenemos hijos. Nuestras bendiciones al respecto se han postergado, pero no me interpreten mal, aun así cons­tituimos una familia. Esta fue establecida por la autoridad de Dios en el preciso momento en que nos hin­camos ante el altar del templo. Los hijos son una extensión y una expansión de la unidad familiar. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimo­nio, automáticamente pasan a formar un núcleo fa­miliar, que permanece siendo tal aun cuando, en forma temporaria, no tengan hijos.

Aclaro esto porque sé que hay muchas parejas que sufren el dolor de no tener hijos. Por eso, a todos aquellos que no han tenido esa bendición, me gusta­ría expresarles mi testimonio y hacerles saber la pers­pectiva que he adquirido de mi experiencia personal con respecto a nuestro problema en particular. Dado que esas experiencias son de carácter muy personal, muy rara vez he hablado de ellas fuera de las paredes de nuestro hogar.

¿Multiplicaos y henchid la tierra?

Mi esposo y yo comprendemos algunas de las frus­traciones y sabemos bien lo mucho que se sufre en esa situación. Recuerdo los altibajos emocionales por los que pasábamos todos los meses, incluso durante las reuniones de ayuno y testimonios cuando oíamos a otros contar que habían pedido con fe y habían tenido la bendición de tener hijos. Sabemos lo que es regresar a casa y poner la mesa con tan sólo dos platos, teniendo siempre presente el convenio matri­monial de multiplicar y henchir la tierra y el deseo desesperado de ser dignos de tener ese honor. Uno no puede expresar los sentimientos a su cónyuge, y mucho menos a los miembros de la familia y a los amigos.

Año tras año, muchas parejas padecen el sufri­miento y la preocupación de no tener hijos, hasta que, finalmente, llegan a decir: “Está mi alma has­tiada de mi vida” (Job 10:1), creyendo que si no son padres, no pueden cumplir la medida de su creación. Y si no pueden cumplir la medida de su creación, muy bien se pueden decir para sus adentros, ¡Nada me importa ya!

Nunca olvidaré el día en que un niño que recien­temente se había mudado a la vecindad llamó a la puerta de nuestra casa y me preguntó si mis hijos podían salir a jugar con él. Le expliqué, al igual que a otros jóvenes y adultos cientos de veces, que noso­tros no teníamos hijos. El pequeño me miró de sos­layo, con sorpresa y con una mirada llena de curiosi­dad, y me hizo la pregunta que yo nunca me había atrevido a hacerme: “Si usted no es madre, entonces, ¿qué es?

Y entonces llegó el día en que mi esposo, todavía joven, fue llamado para ser obispo, lo que me llevó al convencimiento de que si no teníamos hijos no era porque no fuéramos dignos. Hay personas que no pueden comprender algo así. Un buen hermano del barrio que tenía el deseo de recibir ese llamamiento se dirigió a él, en privado, y casi con enojo le dijo: “¿Qué derecho tiene usted de ser obispo, y qué sabe usted acerca de ayudar a una familia? ¡Jamás espere que ni yo ni mi familia le pidamos nada!” Con el tiempo, mi esposo les ayudó durante una crisis muy difícil, lo que nos dio la oportunidad de entablar con ellos un lazo de amor imperecedero.

No me cabe la menor duda de que ustedes, parejas sin hijos, también han tenido experiencias similares; y si no las han tenido, estoy segura de que las ten­drán. Deben recordar que es así como nos despoja­mos del dolor y el resentimiento y, con fe en Dios, superamos esa etapa. Pero si ahora sufren y se sienten humillados, quiero que sepan que los entiendo per­fectamente.

¿Qué podemos hacer para superar las frustraciones de la vida? Primero, debemos aceptar el hecho de que esta vida no tiene el objeto de que estemos libres de dificultades. En realidad, es por medio de las ad­versidades que tenemos la oportunidad de cumplir con el verdadero propósito de esta vida. Las dolorosas pruebas de esta etapa mortal son lo que nos con­sumirá o nos refinará. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 comentario

Lloremos con los Santos

Lloremos con los Santos


por el obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero del Obispado Presidente
Liahona Abril 1989

Basado en un discurso dado en la Universidad Brigham Young, Provo, Utah.

Hace algunos años escuché un canto popular que decía: “Pre­fiero reír con los pecadores que llorar con los santos”. Mi reacción in­mediata al escuchar esas palabras fue la de enfadarme, pero al día siguiente, cuan­do volví a escuchar la canción, me reí de mí mismo al comprender por qué esas palabras me habían enfadado tanto. El he­cho era que había mucha verdad en ellas.

Cuando yo estaba en la escuela pri­maria, mis padres me hacían ir a la Igle­sia los domingos, mientras otros niños se iban al cine. En los primeros años de la secundaria, mientras otros muchachos dormían hasta las doce del medio­día, yo recogía las ofrendas de ayuno. Cuando co­mencé a trabajar, mientras terminaba mis estudios se­cundarios, yo no lo hacía los días domingos, que pag­aban mucho más, sino que guardaba el día de reposo. Durante mi misión, mi compañero y yo recorríamos las calles los sábados por la noche, buscando a quién enseñar, mientras otros jóvenes de nuestra edad se paseaban, tomados de la mano con sus novias, y se reían y nos miraban, extrañados, preguntándose: “¿Quiénes son esos?”

De recién casados, mi esposa y yo asistíamos a la Iglesia los domingos con nuestros inquietos niños. El domingo en que en los Estados Unidos de Nor­teamérica se jugaba —y aún se juega— el partido de fútbol americano más importante del año, mientras el resto del país comía, bebía y vitoreaba a los juga­dores, nosotros tratábamos de alentar a nuestros hijos a escuchar las palabras de un miembro del sumo con­sejo de la estaca que visitaba el barrio. Otras veces, al detenernos en un semáforo en nuestro viejo y des­tartalado auto, advertíamos a nuestro lado un auto último modelo, ocupado por una pareja con una “aceptable” cantidad de niños vestidos a la última moda, quienes veían con lástima a mis seis hijos por ir vesti­dos con ropa sencilla que comprábamos en una tienda de segunda mano.

Pero el año pasado me sentí suma­mente frustrado cuando al asistir a un concierto de música popular de la Uni­versidad Brigham Young, al que mis hi­jos me habían invitado, el cantante anunció la canción que mencioné anteriormente y dijo: “No trato de con­vertir a nadie; simplemente les estoy dando una alternativa”. Mi deseo hu­biera sido subir al escenario, arrebatarle el micrófono y decirles a todos lo que opinaba al res­pecto; pero eso hubiera horrorizado a mis hijos, por lo que me contuve.

La aseveración de “los pecadores ríen mientras los santos lloran” es una simple y sencilla manera de afrontar la vida, demasiado simple, tan simple que pasa por alto la realidad. Algunos pecadores dejan tras de sí un rastro de vidas desechas y mucho derramamiento de lágrimas, mientras que nosotros, los miembros de la Iglesia, no hay duda de que también reímos. De todas maneras, tanto para los santos como para los pecadores, todo aquello que tiene verdadero signifi­cado en la vida no necesariamente tiene que ser di­vertido. Sin embargo, ¿no hay momentos en que pa­rece que aquellos que no hacen ningún esfuerzo por vivir de acuerdo con las normas de la Iglesia disfrutan más de la vida que los que sí lo hacen?

Parecería que al ser miembros de la Iglesia nuestra vida estuviera controlada por mandamientos, expecta­tivas, servicio, sacrificio y obligaciones económicas.

En el mundo en cambio vemos gente que no tiene ninguna de esas llamadas restricciones. Gente que pasa en la casa con su familia mucho más que los lunes por la noche y que cuenta con un diez y un quince por ciento más de su dinero para gastar. Des­pués de que los miembros pagan sus obligaciones eco­nómicas a la Iglesia, no pueden darse el lujo de gastar en nada indebido.

Seamos honrados con nosotros mismos: los santos lloramos en verdad, y no poco. Pero no hay nada que valga la pena que se consiga fácilmente. La felicidad celestial que perseguimos no se alcanza sin esfuerzo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Conferencia General Abril 2018

 

Sesión del Sábado por la mañana 31 Marzo 2018
Los preciosos dones de Dios M. Russell Ballard
¿Soy un hijo de Dios?  Brian K. Taylor
De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros
Larry Echo Hawk
El corazón de un Profeta Gary E. Stevenson
Hasta setenta veces siete  Lynn G. Robbins
El profeta de Dios Neil L. Andersen
Sesión del Sábado por la tarde
Mansos y humildes de corazón David A. Dednar
Un día más Taylor G. Godoy
Mujeres Jóvenes en acción Bonnie L. Oscarson
Las ordenanzas de salvación nos darán una luz maravillosa Taniela B. Wakolo
La enseñanza en el hogar: Una responsabilidad sagrada y gozosa Devin G. Durrant
La obra del templo y de historia familiar:
Sellamiento y sanación
Dale G. Renlund
• Sesión General del Sacerdocio
Lo que todo poseedor del Sacerdocio Aarónico debe entender  Douglas D. Holmes
Comentarios de introducción Russell M. Nelson
El cuórum de élderes D. Todd Christofferson
¡Mirad! Reales huestes Ronald A. Rasband
El ministerio inspirado Henry B. Eyring
Los poderes del sacerdocio Dallin H. Oaks
Ministrar con el poder y la autoridad de Dios Russell M. Nelson
• Sesión del Domingo por la mañana
Tomen al Santo Espíritu por guía Larry Y. Wilson
Unánimes Reyna I. Aburto
El amor puro: La verdadera señal de todo verdadero discípulo de Jesucristo. Massimo De Feo
El que persevere hasta el fin será salvo Claudio D. Zivic
Su Espíritu con ustedes Henry B. Eyring
Cosas pequeñas y sencillas  Dallin H. Oaks
Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas Russell M. Nelson
Sesión del Domingo por la Tarde
Cristo ha resucitado  Gerrit W. Gong
Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu  Ulisses Soares
Ministrar Russell M. Nelson
“Estar con ellos y fortalecerlos” Jeffrey R. Holland
 Ministrar como lo hace el Salvador Jean B. Bingham
¡He aquí el hombre!  Dieter F. Uchtdorf
Lo importante son las personas Gérald Caussé
Prepárense para presentarse ante Dios Quentin L. Cook
Trabajemos hoy en la obra Russell M. Nelson
Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | 5 comentarios

El símbolo de Cristo

El símbolo de Cristo

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Liahona Marzo 1989

Cuando se finaliza la construcción o la renovación de un templo, se acostumbra abrirlo al público unos días antes de la dedicación, y se invita a todos los presentes a una gira por el hermoso interior del edificio.

Recuerdo una de esas ocasiones, a la que asistie­ron casi un cuarto de millón de personas. Durante el primer día, entre los visitantes había cientos de clérigos pertenecientes a otras religiones que eran invitados de honor. Tuve entonces el privilegio de dirigirles la palabra y contestar las preguntas que pu­dieran tener, y, por supuesto, muchas fueron las preguntas formuladas. Entre ellas se encontraba la de un ministro protestante, quien dijo: “He visitado todo este edificio, un templo que lleva en su fa­chada el nombre de Jesucristo, sin haber podido en­contrar ninguna representación de la cruz, que es el símbolo del cristianismo. ¿Por qué es así?”

A esto respondí: “No quisiera ofender a ninguno de mis hermanos cristianos pero, para nosotros, la cruz es el símbolo del Cristo muerto, mientras que nuestro mensaje es una declaración del Cristo vi­viente”.

Mi interlocutor volvió a preguntar: “Si ustedes no utilizan la cruz, ¿cuál es entonces el símbolo de su religión?”

Contesté que la vida de nuestros miembros debe en realidad llegar a ser la única expresión significa­tiva de nuestra fe y, por lo tanto, el símbolo de nuestra adoración.

El nombre oficial de la Iglesia es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días; nosotros adoramos a Jesucristo como nuestro Señor y Salva­dor; la Biblia es nuestra Escritura; creemos que los profetas del Antiguo Testamento que predijeron la venida del Mesías hablaron bajo inspiración divina; nos gloriamos en los relatos de Mateo, Marcos, Lu­cas y Juan, que presentan los acontecimientos del nacimiento, ministerio, muerte y resurrección del Hijo de Dios, el Unigénito del Padre en la carne y, al igual que el antiguo apóstol Pablo, nosotros no nos avergonzamos “del evangelio [de Cristo], porque es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16). Del mismo modo, al igual que Pedro, afirmamos que Jesús es el Cristo, el único nombre “bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¿Comprendemos realmente lo que es la Santa Cena del Señor?

¿Comprendemos realmente lo que es la Santa Cena del Señor?

por el élder David B. Haight
del Quórum de los Doce
Liahona Marzo 1989

En esta última dispensación, el Señor volvió a instituir esta ordenanza por medio del profeta José Smith.

Ultimamente he pensado mucho acerca del Salvador, de su expiación y de cuán eficaces son nuestras reuniones sacramentales. Cuando pensamos en las reuniones más sagradas de la Iglesia, la reunión sacramental descuella entre ellas. Sin embargo, he podido obser­var algunas actitudes que me preocupan: una apa­rente falta de preparación y, muchas veces, un sen­tido de irreverencia general que impide rendir una verdadera adoración al Señor.

He reflexionado mucho y me he preguntado:

¿Qué estamos haciendo como miembros de la Iglesia para recordar a nuestro Señor y Salvador, su sacrifi­cio y la deuda que le tenemos? En nuestros servicios de adoración, ¿estamos tomando el tiempo para me­ditar, reflexionar, actuar con reverencia, arrepentirnos y perdonar?

Cuando medito acerca de la memorable ocasión en que el Salvador instituyó el sacramento de la Santa Cena entre sus Apóstoles, siento una honda gratitud y me conmueve Su gran amor. No hay duda de que esa noche fue única y especial en la historia del mundo, la noche de la fiesta de Pascua, que conclu­yó con la expiación infinita del Hijo de Dios.

Se inició la fiesta con la cena de Pascua. Jesús hi­zo los preparativos para que esa comida se repartiera en “un gran aposento alto…” (Lucas 22:12). Con esa Pascua se cumpliría oficialmente la ley del sacri­ficio de animales.

Es muy significativo el hecho de que el Hijo de Dios comenzara su ministerio terrenal con una ordenanza: el bautismo, y terminara también su ministerio con otra ordenanza: la Santa Cena. Ambas son una re­presentación de su muerte, entierro y resurrección.

La institución de la Santa Cena

El relato más completo de la institución de la Santa Cena lo registró Nefi, el discípulo nefita, en el Libro de Mormón:

“Y cuando los discípulos hubieron llegado con pan y vino, tomó el pan y lo partió y lo bendijo; y dio a los discípulos y les mandó que comiesen.

“Y cuando hubieron comido y fueron llenos, mandó que dieran a la multitud.

“Y cuando la multitud comió y fue llena, dijo a los discípulos: He aquí, uno de vosotros será ordena­do; y a él daré poder para partir pan y bendecirlo y darlo a los de mi iglesia, a todos los que crean y se bauticen en mi nombre.

“Y siempre procuraréis hacer esto, tal como yo he hecho, así como he partido pan y lo he bendecido y os lo he dado.

“Y haréis esto en memoria de mi cuerpo que os he mostrado. Y será un testimonio al Padre de que siem­pre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros.

“Y sucedió que cuando hubo dicho estas palabras, mandó a sus discípulos que tomaran del vino de la copa y bebieran de él, y que dieran también a los de la multitud para que bebiesen. . .

“Y cuando los discípulos hubieron hecho esto, Je­sús les dijo: Benditos sois por esto que habéis hecho; porque esto cumple mis mandamientos, y esto testi­fica al Padre que estáis dispuestos a hacer lo que os he mandado.

“Y siempre haréis esto por todos los que se arre­pientan y se bauticen en mi nombre; y lo haréis en memoria de mi sangre, que he vertido por vosotros,

para que podáis testificar al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí ten­dréis mi Espíritu para que esté con vosotros.

“Y os doy el mandamiento de que hagáis estas co­sas. Y si hacéis siempre estas cosas, benditos sois, porque estáis edificados sobre mi roca.

“Pero aquellos que de entre vosotros hagan más o menos que esto, no están edificados sobre mi roca, si­no sobre un cimiento arenoso; y cuando caiga la llu­via, y vengan los torrentes, y soplen los vientos, y den contra ellos, caerán, y las puertas del infierno están ya abiertas para recibirlos.” (3 Nefi 18:3-8, 10-13.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El Mesías: Un ejemplo de sencillez y autodominio

El Mesías:
Un ejemplo de sencillez y autodominio

por Jeffrey R. Holland
Presidente de la Universidad Brigham Young
Liahona Marzo 1989

“La vida fue muy difícil para el Salvador y creo que muchas veces lo es también para nosotros cuando tomamos la decisión de seguirlo.”

Hay ciertas responsabili­dades que tenemos que afrontar cuando elegimos seguir a Jesucristo. En la vida del Salvador, y tam­bién en la nuestra, Satanás lu­cha contra la disciplina incitán­donos a buscar una vida fácil, ofreciéndonos un “cristianismo práctico y cómodo”. Jesús resis­tió esa tentación, y nosotros también debemos ha­cerlo. La vida fue muy difícil para Él, y creo que muchas veces lo es también para nosotros cuando to­mamos la decisión de seguirlo.

Probablemente el tipo de maldad que más obvia­mente se reconoce es aquella que simple y abierta­mente se rebela contra el cielo, de la misma manera que lo hizo Satanás antes de que se creara el mundo, o sea que se manifiesta una premeditada oposición contra Dios. Desde la época de Caín hasta las hostili­dades nacionales e internacionales de nuestros días, Satanás ha tratado de tentar y llevar con engaños a los hijos de la promesa hacia la violencia y a un re­chazo destructivo del evangelio y sus enseñanzas.

Esos son serios pecados que el mundo conoce muy, pero muy bien.

Existe, sin embargo, otra estrategia más sutil que utiliza Satanás, la cual no es tan violenta ni venga­tiva y que, a primera vista, no parece ser tan per­versa. Pero en realidad, es ahí donde radica el pro­blema, ya que tal estrategia es aún más siniestra, puesto que se nos presenta engalanada, con el agra­dable atractivo de lo que es fácil y cómodo. A los seudo cristianos les susurra al oído: “¡Disfruten del encanto de la comodidad y la vida holgada!” Recuerdan cuando “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto. . .

“Y después de haber ayunado cuarenta días y cua­renta noches, tuvo hambre.

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

“Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,

“y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; por­que escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.

“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

“Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,

“Y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

“Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

“El diablo entonces le dejó…” (Mateo 4:1-11).

Aun nosotros, los miembros de la Iglesia, día tras día, y hora tras hora, nos vemos acosados por las ten­taciones que asaltan nuestros pensamientos. Y debido a que para nosotros, de la misma manera que pasó con Cristo, esas tentaciones son más sutiles y taima­das que las tentaciones fácilmente reconocibles, es que voy a hablar brevemente sobre ellas.

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se convier­tan en pan.

Sea lo que sea lo que Satanás haga, no hay duda de que trata de seducimos por medio de nuestros apetitos. Para él es mucho mejor tratar de utilizar nues­tras necesidades naturales en vez de esforzarse por crear otras artificiales. Jesús sufrió, real y comprensi­blemente, hambre de alimentos, ya que era por me­dio de ellos que se mantenía en la vida mortal. Él había ayunado por cuarenta días y cuarenta noches. ¿Por qué no comer entonces? Todo parecía indicar que estaba a punto de terminar su ayuno, o que lo haría muy pronto. ¿Por qué entonces no convertir las piedras en pan y comer?

La tentación no radicaba en el hecho de comer. Él había comido antes, muy pronto lo volvería a hacer y seguiría haciéndolo por el resto de su vida terrenal.

La tentación radicaba en la sugerencia de Satanás de hacerlo en esa forma, satisfaciendo su necesidad de comer en la forma más fácil, abusando del poder que poseía sin tener la fuerza de voluntad para espe­rar el momento apropiado y hacerlo en la forma co­rrecta. Era la tentación de convertirse en un Mesías práctico. ¿Por qué complicarse la vida? ¿Por qué ne­garse a uno mismo la satisfacción de un placer cuando sólo con un pequeño desliz se puede obtener lo ansiado? Pero Jesucristo no optó egoístamente por procurarse un pan que no se había ganado. Si hu­biera sido necesario, El habría pospuesto su satisfac­ción indefinidamente, en vez de aplacar su apetito con algo que no fuera suyo.

La expresión sexual es también una sagrada y su­blime satisfacción física, mediante la cual podemos obtener gozo. Es algo natural y apetecible; nos la ha dado Dios para que podamos ser como El. Pero he­mos de recordar que no se nos ha dado gratis, ni en forma instantánea, ni fácilmente, ni tampoco como una cómoda corrupción de los poderes eternos. Te­nemos que ganarla, con tiempo y disciplina. Es como todo lo bueno: sólo Dios tiene el derecho de otor­garla, y no Satanás. Cuando un discípulo de Cristo se enfrenta con ese apetito inherente, debe decir sin vacilar: “Sí, pero no de esa forma”, sino a su tiempo, con amor y dentro de los lazos del matrimonio. La relación física apropiada, correcta y santificada de un hombre y una mujer forma una parte tan importante del plan de Dios para nosotros, como el comer el pan de cada día, y quizás más aún. Pero no existe el Mesías práctico y cómodo. La salvación sólo se obtiene por medio de la disciplina y el sacrificio. Por lo tanto, ruego, tanto a los jóvenes como a los viejos, que no sucumban a las tentaciones de la carne. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La Memoria

La Memoria

por el élder Carlos E. Asay
del Primer Quórum de los Setenta
Liahona Marzo 1989

(Tomado de un discurso dado en la Universidad Brigham Young)

Se obtiene conocimiento y se revela la verdad cuando todas las cosas concuerdan unas con otras de una manera comprensible. En ese proceso la mente comienza a trabajar, se aviva la memoria y el corazón se prepara para responder a los susurros del Espíritu.

Parece algo increíble el que el cerebro humano tenga la capacidad de retener mil billones de bits (unidades elementa­les de información del sistema binario) de información. Si ello es verdad, aun cuando haya un error de diez a doce bits, ¿por qué entonces tenemos tanta dificultad para recordar los trece Artículos de Fe, las charlas misionales o lo básico de las materias que estudiamos en los cen­tros de enseñanza?

Para mí es también algo increíble el que haya una relación tan estrecha entre la memoria y el es­tado de ánimo, entre la memoria y el testimonio, entre la memoria y los ejemplos que tomamos como modelos, entre la memoria y los pensamien­tos y, finalmente, entre la memoria y nosotros. Per­mitidme, por lo tanto, explicar algunas de las con­clusiones a las que he llegado acerca de esas cinco relaciones, vistas a la luz del evangelio.

La memoria y el estado de ánimo

La memoria, según los entendidos, es la que mu­chas veces determina nuestro estado de ánimo.

Las personas que sólo recuerdan las experiencias negativas que han tenido en la vida tienden a comportarse amargada y cínicamente. Los que so­lamente recuerdan a sus enemigos y todo lo que está en contra de ellos pueden llegar a perder su valentía. Así también, los que sólo recuerdan los daños que han recibido pueden vivir en una conti­nua pugna con el mundo. En cambio, aquellos que sólo, recuerdan los momentos buenos y positivos se mantienen alegres, vivaces y optimistas.

Recuerdo a un misionero con el que trabajé en la obra proselitísta, que tenía un carácter bastante irritable. Era obvio que le carcomía una gran carga de dolorosos y amargos recuerdos, los cuales afec­taban completamente su perspectiva de la vida. Pienso que tiene que ser muy triste que los recuer­dos amargos de una persona le hagan ir por la vida con un concepto distorsionado de todas las cosas.

No sé en qué estado de ánimo se encontraría Enós cuando fue a cazar bestias en los bosques y sostuvo una lucha ante Dios. Todo nos hace pensar que en cierto modo se sentía deprimido por el he­cho de no haber recibido una remisión de sus pe­cados. Sin embargo, a medida que volvió a su me­moria el recuerdo de las palabras que su padre había pronunciado sobre la vida eterna, y al refle­xionar sobre el gozo de los miembros de la Iglesia, se disipó la nube de desaliento que lo abatía. Por medio de la oración y el ejercicio de la fe, Enós salió del bosque, sintiéndose elevado y aliviado de sus pesares (véase Enós 1-8).

Cuando Alma y sus amigos buscaron destruir la Iglesia de Dios, un ángel del cíelo se les apareció y los reprendió. Alma dijo que, cuando recordó to­dos sus pecados, se vio martirizado por un tor­mento eterno; pero luego, cuando recordó todo lo que su padre había profetizado acerca de la expia­ción de Jesucristo, le ocurrió algo maravilloso. Esto fue lo que dijo:

«Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de ator­mentarme el recuerdo de mis pecados.

«Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan pro­fundo como lo había sido mi dolor.

»Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan exquisita y dulce como lo fue mi gozo.» (Alma 36:19-21.)

Yo os pregunto: ¿Dejáis que vuestra mente alber­gue los daños y las amarguras del pasado, y que éstos empañen vuestra visión de todo lo demás? ¿O recordáis en cambio todo aquello bueno y positivo que alegra vuestra vida y os permite ser optimis­tas? ¿En qué estado de ánimo se encuentran vues­tros recuerdos? No olvidéis que los recuerdos son vuestros y que sólo vosotros podréis determinar vuestro propio estado de ánimo.

La memoria y el testimonio

Cuando trabajamos en la obra misional, gene­ralmente instamos a los investigadores a leer el Libro de Mormón y a orar sobre su contenido con el fin de poder obtener un testimonio. Para ello utili­zamos los versículos del tres al cinco del capítulo diez de Moroni. Usualmente les decimos a nuestros amigos: «Lean este libro y luego pregúntenle a Dios si es verdadero». En seguida agregamos, tal como dice el libro: «y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad …»

De ninguna manera critico a las personas que utilizan el método descrito anteriormente; sin em­bargo, os sugiero una forma más eficaz de condu­cir la situación. Permitidme leeros esos versículos, destacando cuatro pasos que llevan a un testimo­nio, dos de los cuales a menudo se pasan por alto.

«He aquí, quisiera exhortaros [a] que cuando [1] leáis estas cosas … [2] recordéis cuán misericor­dioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo [3] meditéis en vues­tros corazones.

«y …quisiera exhortaros a que [4] preguntéis a Dios … si son verdaderas estas cosas; y … él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Es­píritu Santo.» (Moroni 10:3-4; cursiva agregada.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El Don del Conocimiento

El Don del Conocimiento

por el élder F. Burton Howard
del Primer Quórum de los Setenta
Adaptado de un discurso dado en una charla fogonera en la Universidad Brigham Young, el 31 de octubre de 1982
Liahona Febrero 1989

Por medio de la libre elección podemos descubrir qué es en verdad lo que deseamos, y por ese medio saber quiénes y cómo realmente somos.

Es sumamente difícil elegir o saber qué hacer en cada una de las innumerables encrucijadas con las que nos en­frentamos a diario en nuestra vida, especial­mente cuando las opcio­nes que se nos presentan parecen ser igualmente buenas. Después de reci­birme de abogado, tuve la suerte de comenzar a trabajar como auxiliar en la Suprema Corte de Justicia del estado de Utah. Allí aprendí cómo funcionan los tribunales y tuve la oportunidad de conocer personalmente a los jueces. Recuerdo claramente cuando escuchaba las persuasivas disertaciones de los abogados que defen­dían las partes discordantes y me sentía influido pri­mero por una y luego por la otra.

Varios años más tarde, cuando ya no trabajaba en los tribunales, me encontré con el presidente de la Suprema Corte, a quien conocía muy bien. Nuestra conversación se tornó hacia los problemas adminis­trativos que implica la dirección de un tribunal. Mi amigo se sentía cansado y fastidiado. En pocos meses tendría la edad para jubilarse y dejar toda la conten­ción y las polémicas en manos de otros. Según me dijo, estaba pensando muy seriamente en hacerlo.

—¿Qué pensarías si me jubilara? —me preguntó.

Aun cuando comprendía muy bien sus deseos de querer escapar de tan agobiantes responsabilidades, le contesté:

— ¡Oh, juez, no haga eso! Usted no puede imagi­narse el consuelo tan grande que es tener a alguien en los tribunales que siempre trata de hacer lo justo.

Me sorprendió ver que se enfadara, y alzando la voz me dijo:

—Burt, cualquier tonto puede hacer lo justo; lo difícil es saber qué es lo justo.

Mi amigo acababa de confiarme su más grande preocupación como juez, y trataba de hacerme com­prender que aunque no todas las personas aplican la ley a su comportamiento, eso no era difícil de lograr una vez que la ley estuviera claramente definida.

Pero lo que sí era mucho más difícil, era determinar qué ley se debía aplicar y decidir entre las opciones que los inteligentes abogados presentaban en forma competente, atractiva y elocuente. Lo más difícil para él era determinar cuál de las dos partes represen­tadas tenía la razón.

Dificultad para elegir

¿No sucede lo mismo en nuestra vida? Es suma­mente difícil elegir o saber qué hacer en cada una de las innumerables encrucijadas con las que nos enfren­tamos a diario en nuestra vida, especialmente cuando las opciones que se nos presentan parecen ser igualmente buenas.

Permítame darle un ejemplo. Imagínese que usted ha estado buscando trabajo por varios meses. Sacó un préstamo para comprar un auto y si no consigue trabajo pronto el banco tomará posesión del vehículo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona Abril 1989

Hace dos mil años el Hijo del Hombre nació en un mundo similar al nuestro, un mundo desgarrado por la tensión y el dolor. Habían transcurrido sesenta y tres años desde que los soldados romanos habían conquistado Pales­tina y tomado posesión de Jerusalén; los cascos, las espadas y los emblemas de la legión romana se veían por todas partes.

Habían pasado muchas generaciones desde que el profeta Isaías había declarado:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo… y el principado sobre su hombro; y se lla­mará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” (Isaías 7:14; 9:6.) Después de haber oído esa promesa, ¿podemos aca­so imaginar el gozo supremo que debe de haber sen­tido Felipe cuando el Salvador del mundo se dirigió a él, pronunciando la inmortal palabra “Sígueme”? (Juan 1:43). Sí, el Rey de reyes y Señor de señores había venido al mundo.

No era fácil ocultar el conocimiento de un acon­tecimiento como ese, y Felipe no pudo guardarlo para sí. La Biblia nos dice que “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Fe­lpe: Ven y ve” (Juan 1:45-46).

¿Cómo podía Nazaret tener ese honor? ¿Nazaret, el valle más insignificante de una desdeñada provincia, ubicada en una tierra que había caído bajo la conquista romana?

Sigamos a Natanael y veamos.

Nazaret, a tan sólo 128 kilómetros de Jerusalén, estaba ubicada sobre la ruta principal mercantil que partía de Damasco, pasaba por las ciudades de Gali­lea y conducía hacia la costa del Mediterráneo. Pero ésta no era la razón por la que la villa se iba a des­tacar, ni tampoco ganaría su gloria en la belleza de los paisajes que la rodeaban. Nazaret era el lugar donde se iban a suscitar eventos imperecederos y de más importancia que los que ocurrieran a lo largo de las rutas mercantiles o en medio de los hermosos panoramas.

Fue precisamente en esa ciudad de Galilea, Naza­ret, donde se apareció el ángel Gabriel, enviado de Dios; se apareció a una virgen cuyo nombre era María y le declaró: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús… y será llamado Hijo del Altísimo” (Lucas 1:30—32).

Después del nacimiento del niño Jesús, y luego de la huida a Egipto, el sagrado registro dice que “vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que ha­bría de ser llamado nazareno” (Mateo 2:23).

Fue en Nazaret donde Jesús creció “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

De Nazaret vino Aquel que hizo que los ciegos vie­ran, que los mendigos paralíticos caminaran, aun que los muertos vivieran. El nos dio el ejemplo; fue per­fecto en todas las cosas; enseñó las buenas nuevas que cambiarían el curso de la humanidad.

Analicemos en detalle y en forma individual esos grandiosos acontecimientos a fin de saber por nosotros mismos si realmente salió algo bueno de Nazaret.

Primero, recurramos a aquel de quien Jesús dijo:

“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11). A su vez, sabiendo que venía uno “más poderoso que él” (Eclesiastés 6:10), Juan el Bau­tista se dedicó a “enderezar el camino del Señor” (vé­ase Juan 1:23). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La influencia de la mujer

La influencia de la mujer

por el presidente David O. McKay
Liahona Noviembre 1965

Vivimoss en un mundo inconstante. Los cambios se su­ceden con tal rapidez que la mayoría de las veces no nos damos cuenta cuándo se originan. Pude darme cuenta de esto durante un viaje. En agosto de 1963 fui a dedicar una capilla a Gales, lugar donde nació mi madre. Observé el progreso logrado en los medios de transporte. Sesenta y seis años antes había ido de Filadelfia a Gran Bretaña en un buque de vapor. El viaje demoró siete días y medio. Esta vez lo realicé en seis horas y media desde Nueva York. Son asombrosos los cambios ocurridos en sólo se­senta y seis años.

Uno de los cambios más notables que se han llevado a cabo en estos dos tercios del siglo, es el referente al lugar que ocupa la mujer. No sé de ningún impedimento para que entre al campo de la literatura, la ciencia, el arte o la economía social; para que estudie, progrese y adquiera toda clase de conocimientos; para que participe en cualquier actividad que la ayude a desarrollarse en su plenitud y aumente su influencia edificadora en el mundo. Pero sé de tres campos o dominios en los que reina la mujer; en ellos debería sentirse siempre la influencia de su belleza, virtudes e inteligencia.

El primero es el hogar, el segundo la en­señanza y el tercero la caridad.

No es necesario convencer a ninguno de nosotros de la importancia del hogar en la formación del carácter. Hay verdades con las cuales todos estamos de acuerdo con tan sólo mencionarlas. Podemos olvidar todo, pero las experiencias de la niñez son imbo­rrables.

El más caro ideal de las jovencitás de hoy, es el mismo que acariciaron nuestras madres, abuelas y bisabuelas: Contraer matrimonio y crear un hogar, y esta virtud en la cual el amor encuentra su verdadera expresión, se basa en los atributos espirituales, no en nuestro aspecto físico.

Una de las necesidades más grandes del mundo actual es una maternidad inteligente y alerta, porque las virtudes fundamentales que contribuyen al bienestar y felicidad humanas, se inculcan en el hogar.

La mujer debe ser inteligente y pura por­que ella es la fuente de la que brota la vida. Aquella que ensucia esta fuente con el uso del cigarrillo o drogas venenosas, contaminándose con gérmenes que afectan al ser que lleva en las entrañas; es desleal a su sexo y enemiga de la salud y perpetuidad de la raza.

Las leyes naturales y la palabra que Dios ha revelado se combinan para delegar sobre el padre y la madre la responsabilidad de dar a los niños no sólo un nacimiento limpio, sino instrucción en fe y bondad. Debe enseñár­seles: “a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren ocho años de edad. . . .” Cuan­do se descuide el cumplimiento de esta respon­sabilidad, “el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.” (Doc. y Con. 68:25)

Parece que una ola de incredulidad estu­viera arrasando las naciones de la tierra; la falta de honradez está a la orden del día; se violan acuerdos en los asuntos personales, ci­viles e internacionales. Estamos volviendo a la ley de la selva, prevalece la ley del más fuerte.

La madre no es la única que ejerce influencia con sus enseñanzas. A veces hay en la familia una tía soltera que ejerce más influencia que la propia madre, mas a pesar de toda su labor, “sus doradas esperanzas, sus sacrificios desapercibidos, sus medi­taciones solitarias, lo que ambiciona para otros; muy pocas veces ha merecido la atención del historiador o biógrafo. Ha vivido para educar y formar a sus sobrinos, se ha afanado y ha muerto sin que se le prodigara ninguna alabanza.”

Así escribió Phillips Russel en cuanto a la in­fluencia que Mary Moody Emerson ejerció sobre su sobrino Ralph Waldo Emerson. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Mantener la fe es importante

Mantener la fe es importante

por Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce
Liahona Noviembre 1965

Mis hermanos y amigos, auditorio que me escu­cha por televisión, quiero expresarles algunos puntos de vista acerca de un importante tópico de actualidad.

El alarmante la tendencia a la inmoralidad y la falta de ética, los cimientos de nuestra sociedad se están desmoronando. Esto fue lo que tan elocuen­temente nos dijo esta mañana el Presidente McKay. Sin lugar a dudas, Satanás tiene poder sobre sus dominios.

Por todo el mundo hay en acción muchas serpien­tes de siete cabezas. Sin querer o sin saber, muchas personas están apoyando planes astutos y perversos que son un peligro para la humanidad, sin darse cuenta han caído en las redes de hombres sin escrú­pulos. Estas influencias perniciosas se introducen inadvertidamente y a menos que tomemos medidas para anularlas, se perfila un alarmante futuro.

Los resultados aparentemente no son muy signi­ficativos al principio, pero aumentan en considera­ción y frecuencia por la apatía del público y el apoyo de hombres y mujeres prominentes que desempeñan importantes cargos públicos o privados. Muchos pecamos de ingenuos, no nos damos cuenta ni sos­pechamos lo que pasa a nuestro alrededor, no esta­mos al corriente de muchos asuntos de vital im­portancia, ni averiguamos lo que se oculta tras ellos.

Es necesario estar alerta, al tanto de los aconte­cimientos en la nación y en la comunidad para poder defendemos de las maquinaciones y ardides de quienes viven del vicio, la degradación física, moral y espiritual de viejos y jóvenes.

Guando estas influencias satánicas se insinúan en la puerta, derriban todas las barreras de la decencia para ensanchar su campo de acción y llevar a cabo sus diabólicos planes. Barren con todos los medios ideados para detener su avance, y los inocentes y los ingenuos quedan expuestos a la nefasta influencia de estas poderosas organizaciones.

Debemos estar listos para defender nuestros de­rechos e ideales, tomando parte activa en todo lo que nos concierne. Todos podemos cooperar con los propósitos justos y legítimos, pero preferimos adap­tarnos en vez de defender lo que sabemos que es correcto.

No quiero decir que la gente o determinado gru­po tome las riendas, contraviniendo la ley, pero sí podrían gestionar enmiendas, hacer peticiones per­sonales o escritas de acuerdo con los derechos y privilegios que les concede la constitución. Para asegurarse de que los propósitos son buenos, el Señor advirtió lo siguiente:

“. . . Cuando el inicuo gobierna, el pueblo se la­menta.

“De modo que, se debe buscar diligentemente a hombres honrados y sabios, y a hombres buenos y sabios debéis apoyar de lo contrario, lo que fuere menos que esto procede del mal.” (Doc. y Con. 98: 9-10.)

Hay muchas organizaciones que confunden el valor de las cosas y tratan de dominar al hombre por coerción e intimidación. La gente honrada es el blanco de los agentes de las tinieblas.

El Señor dice:

“Atended, oh pueblo, abrid vuestros corazones y dad oído desde lejos escuchad, vosotros los que os llamáis el pueblo del Señor, oíd su palabra y su voluntad concerniente a vosotros.

“Porque éste es un día de amonestación y no de muchas palabras. Porque yo, el Señor, no he de ser burlado en los últimos días.” (Ibid., 63:1, 58.)

Más adelante dijo que requiere el corazón, men­tes dispuestas y obediencia de los hijos de los hombres en estos últimos días, y que espera que caminemos en la senda de los mandamientos de Dios. (Véase Ibid., 63:22, 34; 88:133.)

¿Por qué estamos reunidos aquí? Para perfeccionarnós, para ser ejemplo viviente de lo que pro­clamamos al mundo: la ley y la palabra de Dios. De aquí sale la palabra de Dios a todo el mundo. Las leyes que salen de Sión no surtirán efecto si no damos el ejemplo; la actitud animosa de los Santos debe apoyar todo principio, norma o ideal del evan­gelio de Jesucrito.

Los enemigos de la justicia deben enterarse de nuestras obras, convicciones y sinceridad de propó­sito; lo que apoyamos como Iglesia y como indivi­duos.

Todos los hombres y mujeres buenos y honrados están invitados y serán bien recibidos en nuestra co­munidad, en ella disfrutarán los beneficios de nues­tra sociedad, ambiente espiritual, compañerismo y amistad. Todos deberíamos estar interesados en mantener un ambiente sano en la comunidad en que vivimos, para que las familias no se vean expuestas a la influencia del vicio. No debemos permitir la en­trada a influencias dudosas para no exponer a nues­tros seres queridos. Ninguna institución humana puede ofrecer nada comparable a lo que el Señor ha dado a su pueblo. Lo que buscamos es su evan­gelio y el camino de la justicia; lo contrario no puede traer paz ni felicidad. Como pueblo de Dios somos diferentes, hemos elegido ser diferentes y espero que siempre tengamos el valor de serlo.

Se nos ha escogido para que sostengamos los caminos del Señor y seamos símbolo de esperanza y buena voluntad entre los hombres.

El Señor ha dicho que «. . .Los rebeldes serán afligidos con mucho pesar. . . .

“Porque se han desviado de mis ordenanzas, y han violado mi convenio sempiterno.

“No buscan al Señor para establecer su justicia sino que todo hombre anda por su camino, y con­forme a la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del mundo. . .» (Ibid1:3, 15-16.)

¿Podemos arriesgarnos a exponer con liberalidad nuestros puntos de vista; interpretando como mejor nos convenga las revelaciones del Señor contenidas en las Escrituras; y las palabras de hombres llama­dos divinamente, despreciando los mandamientos del Señor? Se nos ha aconsejado no jugar con las cosas sagradas. No es prudente hacer caso omiso de los consejos de Dios o caminar por nuestra propia senda, porque encontraremos muchos escollos. Toda alma debería buscar, por medio de la rectitud, la luz del Espíritu, como guía durante toda su vida mortal.

La verdad en estos días ha sido tan disfrazada y burlada que es difícil reconocerla. Para ello no sólo se requiere un verdadero conocimiento de la palabra revelada, la que a su vez constituye la vía más segura hacia la clase de vida que el Salvador quiere que vivamos; sino también fe y un testimonio de las cosas que nos impulsan a actuar según su voluntad. Nuestro Señor dijo que vino “. . . no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me en­vió. . . .”          “. . .porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Juan 6:38, 8:29.)

La misma actitud reverente y la misma obedien­cia debería morar en el corazón de los hombres hoy día.

¿Existe alguna justificación para sacrificar las enseñanzas de los principios eternos, en aras de obtener favores, de satisfacer nuestras vanas ambi­ciones o deseos? ¿Tenemos, justificación cuando aprobamos a individuos u organizaciones cuyos fines son contrarios a la moral y bienestar espiritual de la gente?

Mormón, un antiguo profeta de las Américas dijo lo siguiente:

“Por consiguiente, toda cosa buena viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y siempre está contenien­do con él, e invitando e incitando a pecar y hacer lo que es malo sin cesar.

“Pero he aquí, lo que es de Dios invita e incita continuamente a hacer lo bueno; de manera que todo aquello que invita e incita a hacer lo bueno, y amar a Dios y servirlo, es inspirado de él.” (Moroni 7:12-13.)

Estas palabras irradian verdad y comprensión.

Nefi, otro gran profeta americano, declara que el Espíritu lo guió en todo lo que hizo. En una oca­sión, tratando de hacer comprender a sus hermanos las enseñanzas de su padre, las cuales ellos no po­dían entender, Nefi les preguntó: “¿Os habéis diri­gido al Señor para ello?” (1 Nefi 15:8)

He aquí la llave. Es necesario tener fe para pre­guntarle al Señor, y la fe requiere vivir rectamente para poder recibir respuesta de El.

Otro profeta de las Américas aconsejó:

“Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Espíritu Santo. . . .” (Mosiah 3:19.)

¿Puede alguien dirigirse al Señor con sinceridad, pidiendo la guía del Espíritu Santo, y al mismo tiem­po apoyar y aprobar planes que promueven el mal o que son contrarios a sus convicciones?

No somos fieles a Dios ni estamos defendiendo como debemos el evangelio de su Hijo, nuestro Sal­vador, cuando apoyamos causas inicuas y degra­dantes, que destruyen las virtudes de la naturaleza cristiana y los fundamentos de la verdadera religión.

Alma, aconsejando a su pueblo dijo:

“¿Podéis imaginaros ante el tribunal de Dios con vuestras almas llenas de culpa y remordimiento, re­cordando todas vuestras transgresiones; sí, con un conocimiento completo de todas vuestras iniquida­des; sí, con el recuerdo de haber desafiado los man­damientos de Dios?

“Os pregunto: ¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias?

“¿Podréis pensar en ser salvos—os pregunto— cuando os habéis dejado sujetar por el diablo?” (Alma 5:18-20.)

Más adelante, en el mismo discurso, agrega:

“Porque os digo que todo lo que es bueno viene de Dios; y cuanto es malo, del diablo procede.” (Ibid.f 5:40.)

No tenemos ninguna excusa para desviarnos del conocimiento y comprensión del mal y el bien por­que Dios ha marcado el camino que conduce a la vida eterna, la vía recta y angosta. Un profeta de las antiguas Américas dijo: “los hombres tienen el cono­cimiento suficiente para poder discernir el bien del mal. . .” (2 Nefi 2:5.) La oposición del hombre no puede cambiar la verdad o los principios que Dios ha revelado; por lo tanto, los hombres no tienen ninguna excusa para no obtener las respuestas co­rrectas y hacer las decisiones debidas en todo lo que se les presenta. Preguntando al Señor, oyendo la voz del Espíritu Santo y estando dispuestos a guiar­nos por él, estaremos siempre en el camino del Señor, dispuestos a defender y apoyar lo bueno y aceptable a los ojos de Dios.

Otro profeta se dirigió a su pueblo diciendo:

“He aquí, tenéis las Escrituras por delante, y si queréis pervertirlas, será para vuestra destruc­ción.” (Alma 13:20.)

“Porque he aquí, el Señor ha dicho: No soco­rreré a los de mi pueblo en el día de su transgresión, sino que obstruiré sus caminos para que no pros­pere, y sus actos serán como tropiezo delante de ellos.” (Mosíah 7:29.)

Alma, aconsejando a su hijo contra las maquina­ciones de las tinieblas, le dijo:

“… No confíes esos planes secretos a este pueblo, sino inculca en ellos un odio perpetuo hacia el pe­cado y la iniquidad.” (Alma 37:22.)

Y continuando con su admonición agrega:

“Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; porque estos hallarán descanso para sus almas.” (Ibid., 37:34.)

En nuestros días, el Señor ha declarado:

“. . . Mi enojo está encendido en contra de los rebeldes. . .”

“Y el que no quiera tomar su cruz para seguirme y guardar mis mandamientos, no será salvo.

“He aquí, yo, el Señor, mando; y el que no qui­siere obedecer, será desarraigado en mi propio y debido tiempo, después que yo haya mandado, y el mandamiento haya sido quebrantado.” (Doc. y Con. 56:1-3.)

Las siguientes escrituras adicionales son muy significativas, alentarán a toda persona a vivir una vida recta y a seguir los caminos de Dios:

“De cierto, de cierto te digo: ¡Ay de aquel que miente para engañar, porque se supone que otro miente para engañar! porque los tales no quedan exentos de la justicia de Dios.” (Ibid., 10:28.)

“Y os doy el mandamiento de desechar todo lo malo y adheriros a todo lo bueno, para que viváis de acuerdo con cada palabra que salga de la boca de Dios.” (Ibid., 98:11.)

“No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque yo he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio, aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.

“Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí.” (Ibid., 98:14-15.)

“Y este será nuestro convenio: Andaremos en todas las ordenanzas del Señor.” (Ibid., 136:4.)

“Por tanto, cuídese cada hombre, no sea que haga lo que no es recto y verdadero ante mí.” (Ibid., 50:9.)

“Porque aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que pecare contra mayor luz, mayor condenación recibirá.

“. . .Y si no observáis mis instrucciones que os doy, os hacéis transgresores, y justicia y juicio son el castigo que prescribe mi ley.” (Ibid., 82:3-4.)

Mis hermanos y amigos, estas escrituras definen claramente el verdadero camino que Dios quiere que sigamos. Guardar los mandamientos de Dios es una obligación para el hombre, porque El ha dis­puesto que su ley se cumpla en toda la tierra.

Es nuestra obligación unirnos y permanecer fir­mes en el cumplimiento de los mandamientos de Dios y apoyar lo que El ha revelado y enseña tan clara­mente a todos los que quieran entender. No pode­mos permanecer impasibles ante aquello que des­truye los derechos, privilegios y libertades que Dios nos ha concedido.

Si un individuo o grupo desaprueba o toma con liviandad los asuntos relacionados con la moral y el espíritu, no podrá recibir las bendiciones del cielo. No podemos seguir a la mayoría y actuar como ellos. Hemos escogido actuar diferente porque somos di­ferentes. Si nuestra mente está ocupada en asuntos terrenales, no tendremos las oportunidades de lo­grar verdadera paz y felicidad.

No debemos vacilar en apoyar lo justo. Cual­quier vacilación nos pondrá a prueba y nos veremos en la alternativa de aceptar o rechazar ideas dañi­nas por naturaleza. Esto me recuerda los retos que los jóvenes se hacen entre sí cuando quieren hacer algo indebido. Cuando se aceptan tales retos, gene­ralmente se termina mal. Prestar oído a tales desa­fíos indica falta de sabiduría. Debemos apoyar con firmeza nuestras creencias y lo que sabemos que es correcto. Esto fortalecerá la moral y la influencia espiritual en nuestra comunidad, lo cual atraerá a aquéllos que buscan un ambiente sano y tranquilo para establecer su hogar, donde sus hijos puedan crecer en compañía de jóvenes que tengan los mismos ideales.

Ruego que Dios nos bendiga, que seamos since­ros y mantengamos la fe en las verdades, obligaciones y convenios que hemos hecho con El. Hago este humilde ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La libertad y la responsabilidad

La libertad y la responsabilidad

por Truman G. Madsen
(Tomado de the Instructor)
Liahona Noviembre 1965

Todo intento de desentrañar la naturaleza hu­mana conduce al tema de la libertad. ¿En qué sentido es libre el hombre, si acaso lo es?

Paradójicamente, ésta es una pregunta que no podemos ignorar. La vivimos diariamente. El im­pacto de la vida en nosotros, o si lo preferimos, nues­tro impacto en la vida, nos empuja a preguntarnos: ¿Qué cosas están bajo mi control, y cuáles no lo están? ¿Tenía yo que existir? ¿Era necesario que sucediera lo que sucede? Bajo las mismas circuns­tancias, ¿podría yo haber sido diferente?

Preguntamos: ¿Puede el hombre cambiar el cur­so de los acontecimientos? Los deterministas con­testan “No”, y los indeterministras “Sí”. El tema ha cobrado actualidad por los recientes estudios e investigaciones de las tres teorías existentes:

  1. La opinión del determinismo.

Algunas formas de psicología y psicoanálisis des­tacan el inmenso dominio del subsconciente del hombre, el que a su vez se alimenta de estímulos detectables. Estos últimos aparentemente están re­lacionados con causas anteriores. A una persona hipnotizada, por ejemplo, se le puede decir que al despertar se despoje de la camisa y se pare de cabeza, pero que deberá olvidar lo que se le dijo. La persona hará tal como se le dijo, y al mismo tiempo inven­tará la más ingeniosa, pero evidentemente falsa “razón” para justificar su comportamiento. Pregun­ta: ¿No será que nuestra conducta está controlada y lo que llamamos “libertad” no será más que nuestra ignorancia de las causas ocultas?

  1. La opinión del indeterminismo

El llamado principio de Heisenberg, relacionado con la física, afirma que las partículas inanimadas, al nivel sub-atómico se comportan de manera incier­ta, Ni su posición ni su velocidad pueden ser predichas con seguridad. La explicación por tanto, debe ser estadística. Del mismo modo, podemos predecir aproximadamente la cantidad, pero no la identidad, de las personas que perecerán o resultarán heridas durante las próximas vacaciones de Semana Santa. La lógica de su punto, al menos para Eddington y Born, es que al estar indeterminadas, las partículas están “libres”. Pregunta: ¿Si las partículas inani- mades se comportan “libremente”, por qué rechazar la idea de que el hombre también lo hace?

  1. Surge entonces el análisis de la existencia

Quienes han escrito respecto de la conciencia del hombre, desde Nietzsche hasta Sartre, y de Berdyaev a Heidegger, declaran que la libertad es un hecho incontrovertible en las profundidades de la conciencia. Descubren un infierno de culpa en el pasado—lo que podría haber hecho; y otro infierno de ansiedad, (no simplemente de suspenso) en cuan­to al futuro—lo que podré ser. En forma dramática demuestran que nadie, ni siquiera el más obstinado determinista, puede librarse de una desagradable sensación de libertad personal. Si de veras pudiéra­mos creer cabalmente que lo que somos y hacemos es inevitable, no nos sentiríamos culpables, en vista de que tampoco podríamos sentirnos verderamente responsables. Pregunta: ¿Por qué entonces no admi­tir en la superficie lo que todos encontramos en las profundidades?

En el principio

Hay una suposición que tanto en las delibera­ciones clásicas como en las contemporáneas es indis­cutible. Tanto los deterministas como los indetermi­nistas, suponen que el hombre tuvo un comienzo con el cual éste no tuvo nada que ver. Hay diferentes versiones—la causa primera, la naturaleza, la casua­lidad, Dios. Pero en todos los casos, se admite que la conciencia y la libertad, sean lo que sean, surgieron con esta creación o después de ella.

Las revelaciones modernas, no sólo contradicen estas ideas sino que las rebaten terminantemente. Decir que “El hombre fue también en el principio con Dios”, y que “Toda inteligencia queda en liber­tad de obrar por sí misma en aquella esfera en la que Dios la colocó . . .” (Doc. y Con. 93:29-30), equivale a decir que el hombre no ha tenido prin­cipio. Su increada inteligencia es activa y se mueve por sí misma. El proceso de generación y combina­ción de elementos que resulta en espíritus y cuerpos físicos, es posterior y no anterior a su existencia independiente. En este sentido el hombre es una causa eterna a través de todos sus estados y todas las secuencias de su existencia.

El destino del hombre

Pero esta doctrina de libertad también es una doctrina de destino. La naturaleza del hombre in­cluye no sólo la innata posibilidad de una inteli­gencia suprema, sino también la naturaleza embrio­naria de su Padre Eterno. En el proceso de su de­senvolvimiento, ha hecho decisiones que son irrevo­cables y eternas en alcance. Estas decisiones, mas el ambiente eterno, son las que preparan al hombre. No puede escapar de los resultados.

Tratar de aclarar las extensas implicaciones filo­sóficas que este punto de vista acarrea y los muchos enigmas que de él se derivan, es una tarea imposible de realizar aquí. En cambio, quisiera examinar cui­dadosamente algunas de nuestras reflexiones diarias en cuanto a la libertad, porque al aceptar como cier­tas estas reflexiones, tendríamos que revisar muchas de nuestras teorías.

¿Qué es la libertad?

Generalmente difinimos y defendemos la libertad como el anhelo de respirar libremente, de vernos libres de la opresión de los padres, policías fanfarro­nes y de los grillos de las reglamentaciones. Por estar a la defensiva, a veces rehusamos hacer algo que ya habíamos decidido, simplemente porque al­guien nos dice que “debemos” hacerlo. (Tenemos la ligera sospecha de que tal actitud en lugar de defender nuestra libertad, no hace sino manifestar hasta qué grado nos tiene esclavizados nuestro or- gulo.) Muchos han muerto por alguna de las “cua­tro libertades” (de prensa, de palabra, de religión y de asociación), o por el “derecho de. . .” tal o cual cosa. Pero más preciosa es la “libertad pa­ra. . .» la libertad para transformar los problemas externos en beneficios internos, para desarrollarnos al nivel de nuestras posibilidades, para hacer surgir nuestro verdadero yo. Esta libertad puede florecer o marchitarse independientemente de los “derechos inalienables”. Esta clase de libertad es la que no se pudo negar a José Smith, aun estando en el oscuro calabozo de la Cárcel de Cartage.

La libertad y la ley

Parecería que la libertad estuviese en oposición a la ley cuando decimos: “Debería haber una ley que prohíba esto o aquello,” o cuando nos lamen­tamos de “la mano fuerte” de la ley.

Pero a pesar de todo lo que digamos en cuanto a las leyes de los hombres, en el plan eterno, la ley garantiza la libertad. La continuidad de nuestra existencia y las condiciones de vida, dan a la liber­tad su eterno poder. Si cuando echamos al aire una moneda, puede caer indistintamente de uno u otro lado, si cualquier cosa puede suceder después de la acción, entonces la libertad de ambos, hombre y moneda, no tiene objeto. El poder de acción del hombre, debido al gran poder de Dios, puede trans­formar las condiciones y los hechos en algo benéfico. Cuando tratamos de hacer “nuestras propias leyes”, no estamos sujetando la ley, sino convirtiéndonos en sus esclavos y obligándonos a quedar sin lograr nues­tras aspiraciones. No nos regocijamos diciendo que estamos cometiendo un crimen impunemente, cuan­do lo que estamos matando son nuestras propias posibilidades.

La libertad y la responsabilidad son hermanos

Hablamos como si la libertad fuera incompatible con la presciencia, como cuando decimos que ciertos actos espontáneos son “simplemente un impulso” o “nada más porque sí”. ¿No es aparente que el total ejercicio de la libertad requiere presciencia, conoci­miento de nuestras posibilidades y limitaciones? Sin esto, seríamos como topos en un laberinto, buscando inútilmente la manera de sobrevivir, ¿para qué? La desilusión de nuestro tiempo es un gran parte el re­sultado de habernos apartado del camino, y al final del mismo sólo nos espera el terrible suspenso de lo desconocido. Por esta causa desfallece el corazón del hombre. De aquí surgen una docena de teorías fata­listas, porque parece más soportable creer que el futuro está determinado, en vez de creer que depende solamente de nosotros. Por esta causa las religiones que sólo predican la gracia y las psicologías que sólo hablan de “ajustes”, perpetúan la cautividad. Nos alientan a aceptar las enfermedades del alma con la convicción de no podemos hacer nada para re­mediarlas.

Por lo general relatamos una serie de disculpas, excusándonos de manera tal que no logramos separar las ovejas de los cabritos. Cualquiera que lo desee, puede culpar a otros, y éstos a su vez culparán a otros con la mayor frescura. Hasta el mismo diablo encuentra justificación para su culpa. La lógica, o mejor dicho la psicología de este punto de vista sería la siguiente: En vista de que el diablo da muestras de ser un sádico cumpulsivo, no debemos juzgarlo ni debería ser castigado, porque sin duda alguna ¡sus padres fueron unos delincuentes!

La verdad es que si seguimos las huellas de nues­tras acciones, nos conducirán al punto de partida, o sea a nosotros mismos. El carácter extremista se justifica diciendo: “No puedo evitarlo”, pero siem­pre se podrá contestar verdaderamente: “Sí pudiste haberlo evitado.”

Estamos en libertad de cambiar

Por otra parte, a veces hablamos como si la liber­tad fuese constante, siempre a disposición nuestra. “Podría hacerlo (o dejar de hacerlo) si quisiera.” Cuando surge el elogio, se acostumbra decir que se logró por “esfuerzo propio”. Como si, por ejemplo, si así se nos antojara, pudiéramos vivir sin respirar o respirar sin aire.

En realidad, el poder de la libertad que más ate­moriza, es que disfrutan de ella aun aquellos que la restringen. Una bellota puede transformarse en un roble o en algo menor que un roble, pero no en algo diferente. Lo mismo sucede con nosotros. En la bellota existen los elementos indispensables para su desarrollo. También en nosotros, pero a diferencia de la bellota, tenemos iniciativa, la cual podemos encauzar por mal camino. En este aspecto, la tarea de Cristo es traspasar los límites de nuestra libertad en decadencia y reajustar nuestros comienzos. El es el único que puede ayudarnos a comenzar de nuevo. Pero al mismo tiempo, no podrá hacer nada si no le damos la oportunidad. Debemos buscar su poder y aplicarlo en la medida de control que aún nos quede. “El espíritu nunca es demasiado viejo para allegarse a Dios.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 230.)

La libertad implica un cometido

Generalmente hablamos de la libertad como si ésta consistiera en una gran variedad de opciones y como si una decisión final limitara nuestra inicia­tiva. ¿Acaso la libertad aumenta cuando se crea un nuevo sabor de helado?

Realmente cuando nos elevamos por encima de decisiones triviales y nos preguntamos seriamente: “¿Qué es lo que yo quiero?”, nos libramos del yugo de una forma de vida voluble y sin perspectiva. El aspecto más maravilloso de nuestra libertad es que podemos hacer decisiones de largo alcance, convenios eternos. Una vez hechas, una vez “renovadas y con­firmadas”, nos liberan del tormento continuo de tener que decidir una y otra vez. Las decisiones se reflejan en todo el universo. Y aún las formas de vida más simples, sus distracciones y reveses, toman distinto color como instrumentos de una gran meta.

¿Cómo puede ser—nos preguntamos—que el Pa­dre y el Hijo “no puedan” romper sus convenios eternos? ¿Es que no son “libres”? Todo lo contra­rio, porque han pactado conceder completa libertad a todos, para beneficio del género humano. Posponer una decisión no exige esfuerzo, pero para tomar una decisión se requiere el uso inteligente de todos los talentos del individuo. A semejanza de la libertad divina, el libre albedrío del hombre es el cometido más audaz, más poderoso, más amplio y emocionante que podamos imaginar.

Debemos enfrentarlo inteligentemente. Al salir de las eternidades elegimos y fuimos elegidos para ser hijos de Dios, y solamente rechazando tan glo­rioso destino, podemos vernos libres de las decisiones que implica. Si tal hacemos, nuestra libertad se incrementará en la esfera que llamamos la Vida Eterna.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

La verdad y la revelación moderna

La verdad y la revelación moderna

por el presidente David O. McKay
Liahona Octubre 1965

El evangelio y las cosas espirituales debe­rían ocupar siempre el primer lugar en las mentes de los miembros de nuestra Iglesia. Si dedicáramos más tiempo a las cosas real­mente importantes de la vida, y menos a las cosas pasajeras; si resistiéramos las tenta­ciones que se presentan en nuestro camino y aplicáramos el evangelio en nuestro diario vivir, realmente llegaríamos a ser una Luz en el monte, una Luz que no se puede ocultar.

Si dedicáramos más tiempo a estudiar la revelación moderna que las Doctrinas y Convenios contienen, apreciaríamos más la magni­tud de la maravillosa obra que ha sido estable­cida en esta dispensación. Es muy común decir que la Iglesia es lo más maravilloso del mundo. Y lo es, pero a medida que penetramos más y más en su doctrina, nos damos cuenta a qué grado se adapta al individuo, a nuestra vida en el hogar, y a nuestras relaciones so­ciales. Cuando estudiamos la doctrina desde el punto de vista del ambiente en que vivimos o de los descubrimientos científicos, nuestros corazones se regocijan al ver la bondad de Dios al darnos el privilegio de conocer el evangelio de Jesucristo.

La revelación condene consejos

Casi podríamos decir que todos los pasajes de las Doctrinas y Convenios están repletos de admoniciones, y rebozan de inspiración y revelación para el hombre* Algunas veces esa revelación está concentrada en unas pocas pa­labras, pero si nos detenemos a analizarlas; podemos apreciar cuan íntimamente relacio­nadas están con la verdad. Tomemos por ejemplo la maravillosa y sencilla revelación en cuanto al gobierno del sacerdocio: “Nin­gún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, longanimidad, benignidad y man­sedumbre, y por amor sincero.” (Doc. y Con. 121:41.) Pensad solamente en la palabra “sincero”.

El amor que se simula no tiene ninguna influencia, pero el amor sincero tiene el poder de llegar al corazón. La revelación continúa: “Reprendiendo a veces con severidad,… y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo.” (Doc. y Con. 121:43.) ¡Qué maravi­llosa amonestación en cuanto al gobierno, no sólo en los quórumes del sacerdocio de la Iglesia, sino también en nuestra vida en el hogar y en todos los aspectos de nuestras relaciones con nuestros semejantes.

Considerad un momento las palabras del Señor en cuanto al valor de las almas: “Recordad que el valor de las almas es grande en la vista de Dios” (Doc. y Con. 18:10.) O la revelación en cuanto a las riquezas: “No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados y entonces seréis ricos. He aquí, rico es él que tiene la vida eterna.” (Doc. y Con. 6:7.)

La fidelidad produce fe y regocijo

Podemos seguir analizando revelación por revelación, tal como están expresadas en las Doctrinas y Convenios, lo que dará como resultado que el Santo de los Últimos Días logre una fe que lo haga regocijarse dentro de esta grande y maravillosa organización colocada entre los hom­bres para su salvación.

Yo no es de menor valor la revelación conocida como la Palabra de Sabiduría. Hay solamente uno o dos pequeños párrafos que se refieren al uso de bebidas fuertes: “Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas alcohólicas, he aquí, nos es bueno. … (Doc. y Con. 89:5.) Simplemente unas pocas palabras que parecen no tener mucha importancia, pero allí están. Las bebidas alcohólicas no son buenas para el cuerpo. Esta revelación que fue dada hace 132 años, es la palabra de Dios, no sólo para las personas que son miembros de la Iglesia, sino para todos los habitantes de la tierra, doquiera que este libro haya sido publicado, doquiera que haya sido distribuido por los élderes de la Iglesia, la palabra de Dios ha sido proclamada al mundo.

Por revelación se dijo a la gente que estas bebi­das intoxicantes no son buenas, y sin embargo mu­chos rechazaron estas palabras. Han sido como la gente del Israel antiguo con los dioses de Baal. Elías vino entre ellos y les dijo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre los pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (7 Reyes 18:21.) En esa época, la gente también vaciló; muchos de ellos sabían que el Dios de Israel era omnipotente, que podía salvarlos, pero los otros dioses ofrecían placeres, indulgencia. La gente titubeó, y algunos trataron de servir y prestar obediencia a ambos dioses. El profeta Elías les dijo que dejaran de servir hoy a un Dios para volver mañana a las en­señanzas del otro. Vosotros sabéis de la prueba que se realizó, los resultados y la muerte que sobrevino a los sacerdotes de Baal.

Muchos vacilan entre dos opiniones

Durante 132 años la gente ha estado recibiendo la palabra de Dios, y se le ha dicho que prescinda del uso del tabaco y las bebidas fuertes, y aún así muchos desobedecen. ¿Por cuánto tiempo, Israel, dudarás entre dos opiniones? El Señor ha dicho que las bebidas alcohólicas no son buenas. Los hombres declaran: “No queremos que la gente beba más cer­veza; lo que queremos es más gente que beba cerve­za.” ¿Cuál de estas dos enseñanzas seguirá la gente? Una es la voz del Señor que declara que la cerveza, y otras bebidas alcohólicas no son buenas; la otra dice que sí que son buenas, y quiere que más gente desarrolle el gusto por ellas. “¿Hasta cuándo claudi­caréis vosotros entre dos mandamientos?”

¿Qué significado tiene para la raza humana la obediencia a la palabra de Dios y la abstención del uso de narcóticos y de bebidas alcohólicas? Signi­fica una humanidad más fuerte, intelectos más bri­llantes, organismos más vigorosos y perfectos, espo­sos mejores y más fieles, padres más cariñosos y dedicados; que la paternidad transmitirá a sus descendientes hábitos sanos y fuerza de voluntad para resistir las tentaciones; significa hogares felices, es­posas contentas, niños mejor vestidos y educados, una ciudadanía que se preocupa por edificar una nación vigorosa y libre. Significa salvación para todos en el Reino de Dios. ¿Os parece poco?

La tolerancia conduce a la depravación

Analicemos ahora lo que quiere decir tolerancia. Significa una humanidad débil, sin voluntad, orga­nismos que transmitirán enfermedades a las genera­ciones venideras, acortar la vida en un suicidio lento, desordenar las facultades mentales; es sinónimo de hogares deshechos, de viudas desconsoladas, niños indigentes, una sociedad débil; mutilación y muerte en nuestras carreteras. ¡Este es el significado de la tolerancia!

Los miembros de la Iglesia deben resolverse a vivir de acuerdo con las enseñanzas y consejos que se nos han dado. Deberíamos ser lo suficientemente fuertes para poner en práctica los principios que se nos enseñan y después de hacerlo, ver que podamos influir en nuestros hijos, recordando siem­pre que en la enseñanza de nuestros hijos, el ejemplo en el hogar es de más valor que las palabras. Los niños tienen derecho a nacer en un hogar decente, ya sea en una choza de barro o en un palacio, no importa dónde, lo que importa es que nazcan con fuerza, moral y rodeados de valiosas fuerzas espiri­tuales.

“¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.”

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario