Servicios funerarios para el presidente Thomas S. Monson

 


Su hija Ann M. Dibb

Presidente Dieter F. Uchtdorf

Presidente Henry B. Eyring

Presidente Russell M. Nelson

El apóstol mayor, agradeció las muchas condolencias que han sido recibidas de parte de dignatarios y otras personas alrededor del mundo.

“Mi corazón se extiende hacia su familia y hacia todos aquellos que lamentan su fallecimiento. Hay millones de personas alrededor del mundo que comparten este sentimiento de pérdida”, dijo el Presidente Henry B. Eyring, quien sirvió como primer consejero de la Primera Presidencia bajo el Presidente Monson.

“Cuidar a otras personas fue algo que sucedió a menudo durante el ministerio del Presidente Monson”, dijo el Presidente Eyering. “El amor de Dios y el amor hacia los hijos de Dios, llenaba su vida. Ese amor comenzó temprana edad y permaneció en él hasta el final.

“Thomas S. Monson es realmente un gigante spiritual”, dijo el Presidente Dieter F. Uchtdorf, segundo consejero del Presidente Monson. “El Presidente Monson fue realmente un profeta para nuestro tiempo. Fue un hombre para todas las épocas.”

“En él abundada la sabiduría, la fe, el amor, la visión el testimonio, el coraje y la compasión — dirigiendo y sirviendo, nunca desde un pedestal sino siempre cara a cara. Él tenía un lugar especial en su corazón para los pobres y los necesitados”, dijo.

El Presidente Uchtdorf dijo que él y el Presidente Eyring recientemente visitaron al presidente en su hogar. El Presidente Monson nos detuvo y dijo, ‘Amo al Salvador Jesucristo. Y sé que Él me ama”. Qué tierno y poderoso testimonio de un profeta de Dios.”

“Estoy profundamente agradecida por mi padre y por el legado que ha creado – un legado de amor y servicio,” expresó su hija, Ann M. Dibb, quien habló en representación de la familia Monson. “Aunque era un profeta, mi padre sabía que no era perfecto. Con todo su corazón, él humildemente confió en el Señor y Salvador Jesucristo, y trató de ser como Él”.

La hermana Dibb expresó gratitud por las oraciones diarias que por 54 años han sido ofrecidas mientras su padre servía como apóstol y luego como el presidente de la Iglesia. A menudo ella estaba al lado de su padre, como se lo prometió a su madre, Frances, antes de su fallecimiento en 2013.

Ella continuó diciendo, “el Presidente Monson, simplemente al tartar de dar lo mejor de sí mismo, dejó un inolvidable legado de amor. Amó al Señor y amó a las personas. Él veía nuestro potencial y creía sinceramente en nuestra habilidad de cambiar y progresar gracias a la Expiación de Jesucristo.”

El Presidente Nelson dijo que el profeta deja un legado de crecimiento. Desde su ordenación como Apóstol en 1963, los miembros de la Iglesia han aumentado de 2.1 millones, a casi 16 millones.”

El Presidente Nelson también añadió que bajo el liderazgo del Presidente Monson, la fuerza misional ha crecido de 5.700 a más de 70.000 y el número de templos se ha elevado de 12 a 159 templos en operación, con otros en construcción o anunciados.

“No necesitamos ser el Presidente de la Iglesia para percatarnos de las necesidades de los demás, explicó la Hermana Dibb. “Al seguir las impresiones del Espíritu, nuestros simples actos de servicio también pueden ser respuestas a oraciones, y podemos extender este legado al servir a otros.”


Thomas Spencer Monson nació el 21 de agosto de 1927, el primer varón y segundo hijo de G. Spencer y Gladys Condie Monson. Se crio en la zona oeste de Salt Lake City. El presidente Monson es el primero en admitir que era un niño común y corriente.

El presidente Monson murió por causas incidentales a la edad el 2 de enero de 2018 en Salt Lake City a la edad de 90 años. Fue el decimosexto presidente en los 187 años de historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y se desempeñó como su presidente desde el 3 de febrero de 2008.

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Haciendo del Hogar un Cielo

Haciendo del Hogar un Cielo

Por LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce Apóstoles
(Tomado de the Instructor)

Alguien ha dicho: “Cuando amamos, allí está el hogar—el hogar que nuestros pies pueden dejar, pero no nuestros corazones.”

Probablemente lo más importante para nosotros en esta vida, es preparar nuestros hogares a fin de que sean protegidos en la vida venidera. Esto significa que debemos hacer de ellos un cielo, aquí y ahora. Para poder realizar este objetivo, deben tenerse en cuenta ciertos elementos fundamentales.

Primero-, Si observamos, como padres, la admo­nición de Jesús de buscar primeramente el reino de Dios, contaremos entonces con Su promesa de que todas las demás cosas necesarias nos serán añadidas.

Para ello, marido y mujer deben estar unidos en todas las cosas espirituales, de manera que puedan orar juntos con sus hijos, noche y día; la madre podrá entonces decir a sus hijos: “Hagan como hace su padre,” destacándoles que así habrán de crecer y desarrollarse en la Iglesia, siendo que el padre está dándoles el ejemplo al magnificar su sacerdocio y dedicarse a sus deberes en la Iglesia. Todo joven quiere ser como su padre. La mayoría de los hogares desdichados, lo son por la carencia de unidad en las cosas espirituales por parte de los padres.

Segundo: El apóstol Pablo ha dicho:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14.)

El Señor, al recomendar al pueblo de Israel, por medio de Moisés, que no permitiera el casamiento de sus hijos con los paganos, declaró:

“. . .No darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.

“Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y  el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.” (Deuteronomio 7:3-4.)

Frecuentemente podemos comprobar la veracidad estas sabias palabras. Cuando yo era niño, mi maes­tra en la Escuela Dominical se casó con un no creyente; más tarde, sus hijos fueron criados y educados fuera de la Iglesia. Esto siempre me apenó mucho, porque yo sentía un gran cariño por aquella maestra.

Cierta madre vino a mí comunicándome su pesar porque su hijo, mientras estuvo en el servicio militar, fuera del país, se enamoró de una muchacha que fin­gió cierto interés en la Iglesia hasta el día en que se – casaron; pero a partir de entonces, ha estado haciendo lo imposible por alejarlo de la Iglesia. Aunque él nunca fumó, ella le regaló para Navidad una pipa y una caja de tabaco.

En una de Sus revelaciones al profeta José Smith, tal como se encuentra en las Doctrinas y Convenios, el Señor dijo:

“Porque la inteligencia se adhiere a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz… (Doc. y Con. 88:40.)

Antes de casarse, los jóvenes deben conocerse muy bien entre sí, hasta saber si ambos poseen estas virtudes en común—entonces podrán anticipar la felicidad. Una joven hermosa, dulce y pulcra nunca podrá encontrar felicidad con un hombre inmundo; por eso, durante su noviazgo debe ser capaz de determinar si su feste­jante o novio es verdaderamente limpio.

Tercero: Cuando un hogar es edificado sobre nobles y sublimes ideales, llega a ser un cielo en la tierra. Y ésta debe ser la ambición de toda joven pareja que se una en los lazos del matrimonio—es­pecialmente cuando lo hacen por la eternidad en un templo sagrado del Señor. El hombre debe continuar cortejando a su esposa aún después del casamiento, y ésta tratar de complacer a su marido, conservándose a sí misma y a su hogar en una invariable condición de pulcritud y agradabilidad, a fin de que ambos puedan disfrutar cabalmente de su asociación, Todo hombre debe decir a su mujer, diariamente, que la ama.

Una hermana me dijo en cierta oportunidad: “Sí mi esposo sólo me dijera que lo que cocino para él le satisface o lo que hago para él y nuestros hijos le complace, yo sería la mujer más feliz del mundo; pero cuando le menciono algo al respecto, él me responde, ‘Si no estuviera complacido, te lo diría’ ”

Otra hermana me dijo que había dado a su esposo seis hijos—pero desde que nació el primero, él nunca volvió a decirle que la amaba.

Ningún hogar puede llegar a ser un cielo en la tierra, si median tamañas negligencias. Uno de nuestros himnos favoritos, nos ofrece la fórmula infalible:

“Oh, qué grato todo es cuando del hogar
El amor el lema es, siempre el amor
Paz allí se deja ver, con sonrisas por doquier,
Y sostén a todo ser, cuando hay amor
En cabaña gozo hay, cuando hay amor,
Vejaciones nunca hay, cuando hay amor.
Gratas flores por doquier, dan perfumes de primor,
Dulce cosa es vivir, cuando hay amor
En el cielo gozo hay, cuando hay amor,
Y  tristezas nunca hay, cuando hay amor.
Todo son alegre es, todo paz y lucidez,
Y contento Cristo es, cuando hay amor.

Todos los que sigan esta fórmula, podrán hacer de su hogar un cielo en la tierra.

Cuarto: Un autor desconocido escribió: “Felices las familias donde el gobierno de los padres constituye un reinado de afecto y la obediencia de los hijos es la sumisión del amor.”

Los hogares más felices que conozco, están edifi­cados sobre estos principios; y en ellos no ha habido nunca necesidad de escarmiento físico alguno para los hijos. Cuando éstos son jóvenes, pueden ser obli­gados a la obediencia mediante el castigo, pero in­dudablemente crecerán resentidos; sin embargo, cuan­do los hijos son gobernados mediante el amor y la bondad, puede considerárseles habitantes de un hogar celestial. No debe permitirse que los niños peleen entre ellos; los derechos de cada niño deben ser respetados. Y los padres tienen que evitar, a toda costa, la irritabilidad.

Para hacer de nuestros hogares un cielo en la tierra, necesitamos aquella ayuda que Jesús sugirió a los nefitas cuando les visitó:

“Orad al Padre con vuestras familias, siempre en mi nombre, para que sean bendecidas vuestras esposas o hijos.” (3 Nefi 18:21.)

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¿Podría la Eutanasia ser Justificable?

¿Podría la Eutanasia ser Justificable?

Preguntas Contestadas por José Fielding Smith
Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles
(Tomado de the Improvement Era)

Durante una de nuestras clases de estudio surgió el interrogante de que si la acción de matar por misericordia podría ser o no justificable. Contemplamos el caso de un anciano, aquejado por un mal que los médicos consideran incurable. Su médico de cabecera ha asegurado que podría prolongar su vida, aunque sólo para continuar sufriendo, y que en un corto plazo la muerte se producirá inevitablemente. ¿Se justificaría que a fin de terminar con el tormento físico del paciente, se procediera a quitarle la vida como un acto de misericordia? Si el médico diera su consentimiento para dar tal paso, ¿serían condenados en el día del juicio los que participen en dicha resolución?

Respuesta: La respuesta a este interrogante es simple. El quitar la vida humana fue ya condenado por el Señor en el principio, cuando Caín asesinó a su hermano Abel; como consecuencia de su terrible pecado, descendió sobre Caín un castigo mucho peor que la misma muerte. Y cuando más tarde Noé y su familia, saliendo del arca, pisaron nuevamente tierra firme, el Señor renovó Su mandamiento y dijo:

“El que derramare sangre de hombre, por el hom­bre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” (Génesis 9: 6.)

¿Quién tiene la sabiduría perfecta para decir que en casos de extrema enfermedad y sufrimiento, no existe esperanza alguna de recuperación? La historia nos dice que innumerables veces se ha repetido el caso de personas que, estando al parecer a punto de morir y sufriendo severos dolores, se han recuperado inexpli­cablemente. En pocas palabras, la respuesta a esta pregunta es que presumir que el tiempo de una persona ha terminado y que por lo tanto sería justificable matarla para evitar su sufrimiento, es una conclusión harto presumida. El mandamiento dado a Noé está en vigencia todavía y será parte de la ley divina mien­tras la humanidad toda no alcance la inmortalidad.

Este asunto de la eutanasia, o de matar “miseri­cordiosamente”, surge constantemente ante el caso de individuos que sufren grandes dolores o son afligidos por alguna seria deformación que les convertiría en una carga, no sólo para sí mismos sino para otros durante el resto de sus vidas. Las discusiones al respecto pare­cen no terminar nunca. En el año 1935 se propuso, ante la Casa de los Lores en Gran Bretaña y como un proyecto de ley, la legalización de la eutanasia. Este proyecto sugería permitir que la ciencia decidiera si habría de satisfacerse o no el deseo de los pacientes graves para que se les practicara una muerte indolora. En tal oportunidad, acerca de dicha ley presentada por Lord Ponsonby, líder laborista inglés, el Deseret News comentó lo siguiente:

En Inglaterra, como en otros países, se ha evidenciado durante los últimos años un creciente movimiento tendiente a legalizar la “muerte misericordiosa” para los enfermos incurables. Los varios “juicios misericordiosos” realizados en la Gran Bre­taña, han servido para aumentar el interés en dicho movimiento, y por más de un año la Sociedad por la Legalización de la Eutanasia, apoyada por médicos prominentes y caudillos reli­giosos, ha estado luchando por lo que ha dado en llamarse “la muerte fácil” en ciertos casos.

Habiendo confesado cierto médico inglés que quitó la vida de cinco enfermos incurables, sus colegas y los jurisconsultos han estado debatiendo acerca de que si es correcta o erróneo el terminar con el sufrimiento de las gentes condenadas de por vida por alguna tortura física que no desean seguir viviendo.

De acuerdo a los términos del proyecto, actualmente bajo consideración del Parlamento Británico, la ley sería ejercitada bajo los oficios de un árbitro designado por el Ministerio de Salud. Antes de que la vida del paciente pudiera ser quitada, debía obtenerse un permiso de dicho árbitro. Los alcances de dicha ley serían específicamente limitados a los casos de “males comprendiendo severos dolores o de incurable y fatal caracte­rística,”

El solicitante de la “muerte misericordiosa” deberá ser mayor de 21 años de edad y en pleno uso de sus facultades mentales. Su solicitud tiene que ser escrita de su puño y letra y atestiguada por dos médicos. En caso de ser concedida, la propuesta “muerte fácil” habría de ser administrada sólo por un profesional especialmente licenciado y en presencia de un testigo oficial.

Parece ser que la civilización quiere solucionar el interro­gante sin siquiera haberlo entendido. La conciencia común de la humanidad declara que es un pecado y un crimen el que una persona mate a otra. Pero también reconoce que la ley, sea que provenga de la voluntad del rey o la del pueblo, es la única agencia humana con cierto derecho a quitar la vida de un ser mortal.

La muerte que es operada por el estado, por un oficial de la ley o por un soldado en el campo de batalla, es actualmente la única considerada en cierto modo justificable. Por consiguiente, el homicidio es impune cuando está sancionado por la ley. No obstante, enfrentamos aún la ley del Monte Sinaí—No Matarás- cuyo amplio concepto colocará una maldición sobre cualquiera que quite la vida de un semejante.

En dicha ocasión, durante el debate acerca de la eutanasia en la Gran Bretaña, el Salt Lake Tribuno se adhirió también a la campaña condenatoria, y publicó lo siguiente:

En una civilización que ha alcanzado un cierto nivel de éxito en la compensación de las muchas deficiencias naturales, y en una sociedad que recién ha podido aprender el arte de prolongar la vida, resulta inconcebible que se fomente la práctica de matar deliberadamente. Más aún, el asunto de determinar si una específica enfermedad o un señalado defecto es incurable, resulta demasiado pretensioso; porque nada es absoluto. Dentro de muestro limitado conocimiento actual de la endocrinología, por ejemplo, muchos idiotas pueden ser curados si se les trata sin demora y siempre y cuando, por supuesto, la degeneración no sea hereditaria. Muchos estados y condiciones que hasta no hace mucho se consideraban in­curables, en la actualidad están siendo, si no curados, notable­mente mejorados. Antes del descubrimiento de la insulina, por ejemplo, la diabetes era considerada incurable. La misma anemia perniciosa sólo recientemente ha dejado de catalogarse como fatal.

Existen casos—admitimos—en que parecería humano extermi­nar una vida inútil. Pero la cuestión práctica es saber quién puede determinarlo por seguro. El sentimiento público, en general, no está aún preparado para permitir que ni siquiera un diestro y prominente profesional lo determine.

Recordemos que la vida de cada persona está en las manos del Señor. No se ha dado al ser humano el derecho de juzgar si un alma defectuosa debe o no permanecer en la vida mortal. Tampoco está en nosotros el decir cuándo una persona ha completado su vida probatoria. Nadie ha sufrido tan intensamente como el mismo Hijo de Dios—“padecimiento que hizo que yo, aun Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor, y echara sangre por cada poro, y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar—

“Sin embargo, gloria sea al Padre, participé y acabé mis preparaciones para con los hijos de los hom­bres.” (Doc. y Con. 19: 18-19.)

En conclusión, después de considerar cuidadosa­mente el asunto que nos ocupa, podemos decir que la conciencia de toda persona normal que sea culpable de un acto de tal naturaleza, será acosada por el re­mordimiento todos los días de su vida. Y en cuanto al sufrir alguna penalidad por ello, es algo que queda librado al juicio final.

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¡He ahí tu Madre…!

¡He ahí tu Madre…!

Por el presidente David O. McKay

Muy paco es lo que sabemos acerca de la  vida hogareña de Jesús, pero pienso que el Salvador nos ha dejado también un mensaje para el Día de la Madre, tal como para otras ocasiones y situaciones de nuestra vida.

Un artista renombrado pintó cierta vez un impresionante cuadro de María arrodillada al lado de una cuna, acariciando cariñosamente las manos de su Niño dormido. Suaves lágrimas brotaban de sus ojos y rodaban por sus mejillas al meditar, anticipando el futuro, en las grandes responsabilidades que su Hijo habría de asumir y del enorme sacrificio que haría cuando alcan­zara la edad de su plenitud. Al pie del cuadro, se lee esta frase:

Y Una Espada Traspasará Su Costado.

El artista presenta a la madre recordando una profecía expresada cuando el Niño fue bendecido en el templo:

. . . He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha.

(Y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lucas 2: 34-35.)

Cuando José y María regresaron de Egipto, se establecieron en Nazaret. En esta ciudad todavía puede verse un pequeño taller car­pintero. Los lugareños aseguran que fue allí donde Jesús, siendo joven, trabajó con José.

Durante los primeros años del Niño, José y María acostumbraban ir a Jerusalén y partici­par allí de la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años de edad, le llevaron con ellos a Jerusalén. Una vez terminadas las fes­tividades, se aprestaron para regresar al hogar. Pensando que Jesús estaría jugando con otros niños del grupo, Sus padres recorrieron cierta distancia sin percibir que Él no estaba en la compañía. Al cabo, no hallándole regresaron a Jerusalén y le buscaron. Finalmente, después de tres días de investigación, le encontraron en el templo, preguntando y respondiendo a las preguntas de los doctores y otros eruditos. No obstante, José y María le reprendieron. Su madre dijo:

. . . Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con an­gustia.

Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

Más ellos no entendieron las palabras que les habló. (Ibid., 2: 48-50.)

Aunque ellos no comprendieron la respuesta, sabemos que al cabo los tres regresaron a Nazaret y que Jesús obedeció filialmente a José y María. El corazón de Su madre iba desbordando de orgullo a medida que notaba que El crecía en gracia y en conocimiento en las cosas de Dios.

Encontramos otro ejemplo de Su asociación familiar, en el relato de las bodas de Caná, en Galilea. Tanto Jesús— ahora un hombre—como Su madre, estaban presentes en aquella ocasión. María, preocupada porque los invitados, al igual que los novios, estaban desconcertados por la escasez de refrescos, fue entonces a Jesús y le dijo:

… No tienen vino.

Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. (El término “mujer” en este caso, fue utili­zado en sentido cariñoso.)

Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. (Juan 2: 3-5.)

Podemos fácilmente imaginar no sólo la admiración, sino también la confianza que esta mujer sentía hacia su hijo.

También encontramos a María en Jerusalén, en oportunidad de la última cena. Junto con otras mujeres ella estaba indudablemente presente en el cuarto conti­guo a aquél en que Jesús lavó los pies de Sus discípulos y desde donde Judas se retiró esa noche para traicionar a su Señor. Es innegable que ella estuvo al tanto de las consecuencias de dicha traición, y aun presente durante los juicios consiguientes ante Agripa y He­redes. Aunque muchos de Sus seguidores se dispersa­ron, María permaneció al pie de la cruz hasta el final. Jesús, viéndola junto a Su amado discípulo Juan, le dijo:

Mujer (aquí el término es otra vez utilizado cariñosamente), he ahí tu hijo.

Y luego, dirigiéndose a Juan, declaró: . . . He ahí tu madre

El Día de la Madre nos provee una ocasión para contemplar los sublimes y aun divinos atributos de las madres. La verdadera madre, en su alto y sagrado oficio, está más cerca del Creador que cualquier otro ser racional.

Es realmente importante para la gente joven- madres y padre futuros—comprender que la inteligente edificación de un hogar comienza ya en la propia edad temprana de la pubertad. Con frecuencia, la salud de los hijos depende de las acciones de sus padres aún antes del casamiento. Tanto en los púlpitos como en la prensa, y particularmente en los hogares, debe proclamarse con más constancia la verdad de que en su juventud, nuestros muchachos y niñas están ya colocando los cimientos para su futura felicidad o miseria. Particularmente los hombres jóvenes, deben prepararse para la responsabilidad de la paternidad conservándose físicamente limpios y moralmente aptos. Nunca será feliz aquél que en su pasado ha sido un cobarde o un engañador. La propia felicidad futura de su esposa y sus hijos, dependerá de su vida juvenil.

Enseñemos también a nuestras jóvenes que la ma­ternidad es divina; porque cuando nos referimos a la parte creativa de nuestra vida, entramos en los dominios de la divinidad. Es importante, entonces, que toda mu­jer joven comprenda la necesidad de mantener su cuer­po limpio y puro, a fin de que sus hijos puedan venir al mundo libres de todo pecado y enfermedad. Un nacimiento normal y la herencia de un carácter noble, constituyen las más grandes bendiciones de la niñez. Ninguna mujer tiene el derecho de encadenar a su hijo en la vida por algo que en su juventud parezca ser siquiera un pasatiempo placentero. No podemos envenenar el manantial de la vida y esperar a la vez que sus afluencias sean puras. María fue escogida para ser la madre de Jesús, precisamente porque era una virgen.

Tal como en otras fases de la vida, el Salvador estableció un ejemplo ideal en cuanto a la relación de los hijos con sus padres. Si los hijos verdaderamente aman a sus padres, tratarán de emular sus virtudes- virtudes que en el caso de José y María las Escrituras no destacan debidamente, pero que sin lugar a dudas se manifestaron en la vida de Jesús:

  1. Su pureza.
  2. Su nobleza y benignidad que, ya en la juventud, engendró admiración y confianza—una confianza in­variable, como la que Su madre tenía en El.
  3. Amor eterno—un amor tan supremo, que le hizo capaz de enfrentar la muerte sin vacilar.
  4. Finalmente, Su constante sentido de la respon­sabilidad que hizo que como hijo contribuyera a la felicidad de Sus padres.

Con sinceridad en nuestros corazones, oremos para que Dios bendiga al mundo con madres inteligentes, amorosas y devotas que puedan inspirar en el corazón de sus hijos el amor a la verdad y a la justicia; y para que bendiga también a los hijos con el sincero deseo y la fuerza que les haga traer satisfacción, meritorio or­gullo y contentamiento a las almas de dichas madres.

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Thomas S. Monson – Citas inspiradas

“Ustedes pueden lograr lo que crean que pueden lograr. Confíen, crean y tengan fe.


“…Cuando recordemos los convenios que hemos hecho en el Templo, seremos más capaces de soportar toda prueba y superar cada tentación.”


«La mayor felicidad en la vida vendrá como resultado de seguir los mandamientos de Dios y obedecer Sus leyes.»


“…Mantengamos el valor de desafiar la opinión general; que escojamos el difícil bien en lugar del fácil mal.”


“… a fin de obtener y mantener la fe que necesitamos, es esencial que leamos, estudiemos y meditemos las Escrituras”.


«Un hombre sin un propósito es como un barco sin timón, un nada, un don nadie. Tener un propósito en la vida le da tanta fuerza a tu mente y a tus músculos como el propósito que Dios tiene para ti.»


Recuerden quiénes son y lo que Dios espera que lleguen a ser. Ustedes son hijos de la promesa, hombres investidos con poder.


“… imploro que cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración.”


“…si no somos bondadosos con los demás, no honramos el sacerdocio de Dios.”


No habrá mañanas que recordar si no hacemos algo hoy, y a fin de vivir hoy más plenamente, debemos hacer lo que es de mayor importancia.


Al seguir el ejemplo del Salvador y vivir como Él vivió y enseñó, esa luz arderá en nosotros e iluminará el camino para los demás.


Tantas cosas en la vida dependen de nuestra actitud. La forma en que escogemos ver las cosas y respondemos a los demás marca toda la diferencia.


Si no están leyendo el Libro de Mormón todos los días, por favor háganlo.


El lenguaje profano, vulgar o soez, y los chistes inapropiados o indecentes son ofensivos para el Señor.


“…No digan ni hagan nada de lo que no puedan sentirse orgullosos.”


Les afirmo que las decisiones determinan el destino; ustedes no pueden tomar decisiones eternas sin que tengan consecuencias eternas.


“Escoge a quien amar; ama a quien escojas”.


Un día, a todos se nos acabarán los mañanas. No demoremos lo que es más importante.


Recuerden que la fe y la duda no pueden existir en la misma mente al mismo tiempo, pues una disipa a la otra.


Alguien ha dicho que el sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no obsequiarlo.


Tenéis un legado: Honradlo. Te encuentras con el pecado: Evítadlo. Tienes la verdad: Vivila. Tenéis un testimonio: Compartelo.


Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe.


Debemos desarrollar la capacidad de ver a los hombres no como lo que son ahora, sino como lo que pueden llegar a ser.


Para comprender el significado de la muerte, debemos entender el propósito de la vida.


Nunca permitan que el problema que se tenga que resolver llegue a ser más importante que la persona a la que se tenga que amar.


“No puedes hacer bien haciendo lo malo ni puedes hacer mal haciendo lo bueno”


“El enojo no resuelve nada ni edifica nada, pero puede destruirlo todo” .


No hay niebla que sea tan espesa, noche que sea tan oscura, tempestades tan furiosas, ni marinos tan perdidos que la luz de su faro no pueda iluminar, calmar y rescatar.


Las decisiones sí determinan nuestro destino.


Debido a que Él vino, nuestra existencia mortal tiene sentido.


La Navidad es la época en que más nos damos cuenta de que cuanto más amor demos, más amor habrá para los demás.


Sin Su sacrificio expiatorio, todo estaría perdido. No es suficiente creer en Él; es necesario que aprendamos, que escudriñemos y oremos, que nos arrepintamos y mejoremos.


Somos bendecidos por tener la verdad, y tenemos el mandato de compartir la verdad.


 

 

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Presidente Thomas S. Monson

Se anuncian los preparativos para el servicio fúnebre del Presidente Thomas S. Monson 

Los servicios funerarios para el presidente Thomas S. Monson, líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se llevarán a cabo en el Centro de Conferencias en Temple Square el viernes 12 de enero de 2018 a las 12:00 p.m. MST. El servicio funerario estará abierto al público de 8 años en adelante. El jueves, de 9:00 a.m. a 8:00 p.m., tendrá lugar una visita abierta a todas las edades en el Centro de conferencias.

El presidente Monson murió por causas naturales de la edad el 2 de enero de 2018 en Salt Lake City a la edad de 90 años. En los 187 años de historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días fue su decimosexto presidente y se desempeñó como tal desde el 3 de febrero del 2008.

Aquellos que asisten a los servicios funerarios en el Centro de Conferencias (con capacidad para 21,000 personas) deben estar en sus asientos a más tardar a las 11:30 a.m. Los asientos están disponibles y se atienden por orden de llegada. Se ofrecerán asientos adicionales con visualización en pantalla grande de los acontecimientos en el Tabernacle adyacente, el Salón de Asambleas y el Centro de Conferencias.

Thomas S. Monson, Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, falleció el 2 de enero de 2018, a la edad de 90 años.

4 octubre 1963 — Es sostenido como miembro del Quórum de los Doce.

El jueves 16 de octubre de 1963, Thomas Spencer Monson, de 36 años, se puso de pie ante el púlpito del Tabernáculo de Salt Lake en la conferencia general. Recién llamado a toda una vida de servicio como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, el más joven en 53 años, dio su testimonio diciendo: “Sé que Dios vive, mis hermanos y hermanas. No tengo ninguna duda. Sé que ésta es Su obra”.

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¿Qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer?

¿Qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer?

Por el élder Stanley G. Ellis
De los Setenta

Para recibir una respuesta, no tenemos por qué buscar más allá de los profetas, de las Escrituras y del Salvador.
Abraham partió de su tierra natal hacia una nueva tierra de herencia sin saber dónde estaba ubicada. Actuó movido por la fe y, como resultado, llegó a “la tierra prometida”.

Lo que el Señor espera de nosotros es que averigüemos, estudiemos y entremos en acción aun cuando nos falte un conocimiento perfecto.

Nefi, después de que él y sus hermanos habían fracasado varias veces en su intento por conseguir las planchas de bronce que tenía Labán, se puso en camino para intentarlo por última vez “sin saber de antemano lo que tendría que hacer” (1 Nefi 4:6).

A través de las épocas, muchos profetas han enfrentado un desafío similar al tener que actuar por la fe. Adán recibió el mandamiento de ofrecer sacrificios sin saber por qué (véase Moisés 5:5–6). Abraham partió de su tierra natal hacia una nueva tierra de herencia sin saber dónde estaba ubicada (véase Hebreos 11:8Abraham 2:3, 6). Pablo viajó hasta Jerusalén sin saber qué le pasaría cuando llegara (véase Hechos 20:22). José Smith se arrodilló en una arboleda sin saber a qué Iglesia debía afiliarse (véase José Smith—History 1:19).

También nosotros podemos encontrarnos en situaciones que nos exijan entrar en acción sin saber qué debemos hacer. Felizmente, las experiencias mencionadas nos enseñan diferentes maneras de seguir adelante a pesar de la incertidumbre.

Nefi exhortó a sus hermanos a que fueran fieles en guardar los mandamientos del Señor (véase 1 Nefi 4:1); luego actuó guiado por esa fe: entró “furtivamente en la ciudad” y se dirigió “a la casa de Labán”, “e iba guiado por el Espíritu” (1 Nefi 4:5–17). Y el Espíritu le dijo no sólo lo que tenía que hacer, sino también por qué era importante que lo hiciera (véase 1 Nefi 4:12–14).

Adán respondió siendo “obediente a los mandamientos del Señor” (Moisés 5:5). Abraham actuó movido por la fe y, como resultado llegó a “la tierra prometida” (Hebreos 11:9). Pablo decidió no temer a las “prisiones y tribulaciones”, sino llegar al fin del “ministerio que recibi[ó] del Señor Jesús” (Hechos 20:23–24). José Smith meditó sobre las Escrituras y tomó la determinación de seguir la exhortación de “pedir a Dios” (José Smith—Historia 1:13).

Tenemos la responsabilidad de entrar en acción

En las Escrituras se nos advierte que el no saber qué hacer no es excusa para no hacer nada. Nefi, que deseaba “conocer las cosas que [su] padre había visto”, reflexionó sobre ellas y fue “arrebatado en el Espíritu del Señor” (1 Nefi 11:1). Entretanto, Lamán y Lemuel pasaron el tiempo “disputando entre sí concerniente a las cosas que [Lehi] les había hablado” (1 Nefi 15:2).

Lo que el Señor espera de nosotros es que averigüemos, estudiemos y entremos en acción, aun cuando haya algunas cosas que tal vez nunca lleguemos a saber en esta vida. Una de ellas es el momento de Su Segunda Venida, de lo cual Él dijo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Al referirse a esa incertidumbre, el presidente Wilford Woodruff (1807–1898) aconsejó a los miembros de la Iglesia a prepararse, pero afirmó que él todavía iba a continuar plantando cerezos1.

“Cuando vives dignamente y lo que has elegido está de acuerdo con las enseñanzas del Salvador y necesitas actuar, sigue adelante con confianza”, dijo el élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles. Si somos sensibles a la inspiración del Espíritu, agregó, “recibirás el estupor de pensamiento que te indicará que lo que has escogido no es correcto, o sentirás paz o que tu pecho arde confirmándote que tu elección ha sido correcta [véase D. y C. 9:8–9]. Cuando tú vives con rectitud y actúas con confianza, Dios no permitirá que sigas adelante por mucho tiempo sin hacerte sentir la impresión de que has hecho una mala decisión”2.

Probemos al Señor

Dos experiencias que tuve, en casos en que no estaba seguro de lo que debía hacer, ilustran la importancia de obedecer los mandamientos y de seguir a los profetas vivientes. Cuando estaba en el colegio universitario, me quedé sin fondos, así que busqué un trabajo de tiempo parcial. Al recibir el primer cheque, no sabía si el dinero me iba a alcanzar hasta el próximo pago; pero recordé la promesa del Señor con respecto al diezmo: “…probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición…” (Malaquías 3:10).

Decidí probar al Señor; pagué primero el diezmo y Él me bendijo con lo necesario; y en el proceso aprendí a confiar en Sus promesas.

Años después, cuando mi esposa y yo teníamos niños pequeños y yo estaba comenzando en una carrera nueva, mi empleador cambió el plan de seguro médico; el que teníamos terminaba el 1º de junio y el nuevo no empezaba hasta el 1º de julio, lo cual nos dejaba un mes entero sin seguro. No sabíamos qué hacer, pero entonces recordé un discurso que había dado el presidente N. Eldon Tanner (1898–1982) en el cual aconsejaba a los miembros de la Iglesia que siempre tuvieran un seguro de salud3.

Hablé con la compañía y negocié un contrato para seguir con el seguro durante todo junio. El 28 de ese mes Matt, nuestro hijo mayor, se cayó del trampolín en la piscina de nuestro vecindario y se golpeó la cabeza contra el cemento, lo que le produjo una fractura de cráneo y conmoción cerebral. De inmediato lo llevaron en helicóptero al hospital donde los especialistas lo trataron; el costo fue astronómico y nos habría arruinado económicamente, pero felizmente el seguro de salud pagó la mayor parte del tratamiento.

¿Qué debemos hacer?

Así que, ¿qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer? Para recibir una respuesta, no tenemos por qué buscar más allá de los profetas, de las Escrituras y del Salvador. Esas invalorables fuentes nos enseñan a:

  1. Buscar las respuestas por medio del estudio y de la oración.
  2. Obedecer los mandamientos.
  3. Confiar en el Señor y en Sus promesas.
  4. Seguir al Profeta.
  5. Seguir adelante con fe, no con temor.
  6. Llevar a cabo nuestra misión.

Y en cada uno de esos pasos, sigamos el consejo del presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles: “Siempre, siempre sigan la inspiración del Espíritu”4.

Notas

1. Véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, 2005, pág. 257.
2. Richard G. Scott, “Utilizar el don supremo de la oración”, Liahona, mayo de 2007, pág. 10.
3. Véase N. Eldon Tanner, “Constancy amid Change”, Ensign, Feb. 1982, pág. 46.
4. Boyd K. Packer, “La Restauración”, Primera Reunión mundial de capacitación de líderes, 11 de enero de 2003, pág. 3.

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Resolvamos los problemas emocionales a la manera del Señor

Resolvamos los problemas emocionales a la manera del Señor

Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

El principio de la autosuficiencia o independencia personal es fundamental para una vida feliz.

Este artículo fue tomado de un discurso de conferencia general pronunciado en abril de 1978. Se modificó la puntuación y se agregaron los subtítulos. El texto completo [en inglés] se encuentra en: liahona.lds.org.

Nuestros obispos reciben cada vez más llamadas para aconsejar a miembros con problemas que se relacionan más con el aspecto emocional que con la necesidad de alimento, ropa o vivienda.

Mi mensaje, por lo tanto, es sobre el tema de resolver los problemas emocionales a la manera del Señor.

Felizmente, los principios de bienestar temporal se aplican también a ese tipo de problemas…

Los principios de autosuficiencia

El manual de bienestar enseña: “[Los líderes] enseñarán e impulsarán a los miembros para que se sostengan hasta el máximo grado de su capacidad. Ningún Santo de los Últimos Días fiel tratará de deshacerse voluntariamente de la carga de su propio sustento; hasta donde sus fuerzas lo permitan, con la inspiración del Todopoderoso y con su propia labor, aportará para sí las cosas indispensables de la vida…” (véase Manual de los Servicios de Bienestar, 1952, pág. 2).

Hemos tenido bastante éxito en enseñar a los Santos de los Últimos Días que deben cuidar de sus propias necesidades materiales, y luego contribuir al bienestar de aquellos que no pueden proveer para sí.

Si un miembro no puede sostenerse, entonces debe pedir ayuda a su familia, y después a la Iglesia, en ese orden…

Cuando las personas tienen la capacidad de cuidar de sí mismas pero no están dispuestas a hacerlo, debemos emplear el dictado del Señor de que el ocioso no comerá el pan del trabajador (véase D. y C. 42:42).

La sencilla regla ha sido que debemos cuidarnos nosotros mismos. Este versito que expone una verdad ha servido de modelo: “De lo que tengas come, arréglate con lo que dispones; úsalo y hazlo rendir o de ello puedes prescindir”.

En 1936, cuando se anunció por primera vez el programa de bienestar de la Iglesia, la Primera Presidencia dijo lo siguiente:

“…El propósito de la Iglesia es ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas…” (en “Conference Report”, octubre de 1936, pág. 3; cursiva agregada).

Éste es un sistema de ayuda propia, no de dádivas rápidas, y requiere un cuidadoso inventario de todos los recursos personales y familiares a los que se debe recurrir antes de recibir nada de fuentes externas.

El obispo que requiera a un miembro que trabaje hasta donde le sea posible por lo que reciba del bienestar de la Iglesia no es malo ni insensible.

Por otra parte, ningún miembro que reciba ayuda de la Iglesia debe sentir la más mínima vergüenza por ello, es decir, siempre que haya contribuido de su parte con todo lo posible…

La esencia de lo que quiero decir es: El mismo principio de autosuficiencia se aplica al aspecto espiritual y al emocional…

A menos que tengamos cuidado, estamos a punto de hacernos nosotros mismos en lo emocional y, por lo tanto, en lo espiritual, lo que durante generaciones hemos tratado con tanto empeño de evitar en el sentido material.

Los consejos

Parece que estamos desarrollando una epidemia de “consejitis”, que consume la fortaleza espiritual de la Iglesia lo mismo que el resfriado común consume la fuerza de la humanidad más que cualquier otra plaga…

Hablando en sentido figurado, hay muchos obispos que tienen un buen aprovisionamiento de “formularios” para dar ayuda emocional.

Cuando alguien llega con un problema, lamentablemente el obispo los reparte sin vacilar, sin detenerse a pensar en el efecto que eso pueda tener en su gente…

La independencia espiritual y la autosuficiencia son una fuerza sustentadora en la Iglesia; si privamos de eso a los miembros, ¿cómo pueden obtener revelación para sí? ¿Cómo sabrán que hay un Profeta de Dios? ¿Cómo recibirán respuesta a sus oraciones? ¿Cómo sabrán ellos mismos, con seguridad, lo que quieran saber?…

La aplicación de este principio a la familia

…El padre tiene la responsabilidad de presidir a su familia.

A veces, y con toda buena intención, es tanto lo que se exige de los hijos y del padre que éste no puede cumplir bien esa responsabilidad.

Obispo, si mi hijo necesita consejo, ésa debe ser mi responsabilidad en primer lugar, y en segundo la suya.

Obispo, si a mi hijo le hace falta entretenimiento, en primer lugar debo ser yo quien se lo proporcione, y usted en segundo.

Si mi hijo necesita que se le corrija, yo soy quien tiene primeramente esa responsabilidad, y usted en segundo lugar.

Si yo estoy fracasando como padre, ayúdeme a mí primero, y después a mis hijos.

No se apresure a sacarme de las manos la tarea de criar a mis hijos.

No se apresure a aconsejarlos y resolver todos sus problemas; déjeme tomar parte en el asunto. Ése es mi ministerio.

Vivimos en una época en que el adversario hace destacar en todo la filosofía de la satisfacción instantánea de los deseos. Parece que lo queremos todo instantáneamente, incluso soluciones instantáneas a nuestros problemas…

Se dispuso que la vida tenía que ser un desafío. Es normal sufrir algo de ansiedad, depresión, desilusión e incluso algún fracaso.

Enseñen a nuestros miembros que si de vez en cuando tienen un día bien desdichado, o varios consecutivos, los enfrenten con firmeza. Las cosas se arreglarán.

Existe un gran propósito en la lucha que tenemos en la vida.

El principio de la autosuficiencia o independencia personal es fundamental para una vida feliz.

 

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Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Estudiemos la obra de la Sociedad de Socorro

Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

El primer domingo del mes, la presidencia de la Sociedad de Socorro nos dirige en análisis sobre lo que debemos hacer para cumplir nuestras responsabilidades sagradas como hermanas que somos.

Cuando nuestra presidencia recibió el llamamiento, nos dieron materiales sobre la historia de la Sociedad de Socorro, datos que se habían reunido a través de los años; los estudiamos, orando al respecto, para saber el propósito de la Sociedad de Socorro y qué esperaba el Señor de nosotros durante nuestra administración.

Al estudiar esa historia con detenimiento, aprendimos que el propósito de la Sociedad de Socorro establecida por el Señor es organizar, enseñar e inspirar a Sus hijas a fin de prepararlas para las bendiciones de la vida eterna. Esta Sociedad se aplica a todos los aspectos de la vida de una mujer Santo de los Últimos Días; se enseña y se inspira a las hermanas por medio de las maestras visitantes, del servicio y de las reuniones de la Sociedad de Socorro. Cada domingo, la meta de la Sociedad de Socorro es estudiar la doctrina y los principios que nos ayudarán a lograr nuestros propósitos. Como resultado de nuestras lecciones dominicales, las hermanas deben ser capaces de vivir el Evangelio con mayor convicción en familia y en su hogar.

El primer domingo es diferente

El segundo, tercero y cuarto domingos del mes estudiamos Principios del Evangelio y enseñanzas de la conferencia general, respectivamente, como forma de guiarnos hacia las bendiciones de la vida eterna. Pero el primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro nos instruye y dirige los análisis para enseñarnos a cumplir nuestras responsabilidades sagradas como miembros de la Sociedad de Socorro.

Por ser mujeres Santos de los Últimos Días, tenemos el evangelio restaurado de Jesucristo y un testimonio del plan de salvación, y somos responsables de la mitad de ese plan que corresponde a la mujer; no podemos delegar nuestra parte a otras personas, pues tenemos ante el Señor la responsabilidad de atender a nuestros deberes. Y el primer domingo del mes es el tiempo que el Señor nos otorga a las hermanas de la Sociedad de Socorro para que aprendamos a cumplir nuestras responsabilidades.

Espero que utilicemos ese regalo de tiempo para cumplir las tres responsabilidades que tenemos de por vida como miembros de la Sociedad de Socorro: (1) aumentar la fe y la rectitud, (2) fortalecer a las familias y los hogares, y (3) ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda.

Espero que recurramos a las Escrituras y a las fuentes de recursos aprobadas por la Iglesia para buscar ejemplos, principios y doctrinas que nos ayuden a cumplir esas responsabilidades y a aprender cómo enfrentar las dificultades de los últimos días. A Emma Hale Smith, la primera presidenta de la Sociedad de Socorro, se le dijo que debía “explicar las Escrituras y… exhortar a la iglesia, de acuerdo con lo que te indique mi Espíritu” (D. y C. 25:7). Y nosotras podemos seguir su ejemplo.

Si yo fuera a hacer eso en una reunión de la Sociedad de Socorro del primer domingo, empezaría por orar para decidir qué deberíamos aprender, y después escudriñaría las Escrituras para descubrir qué se enseña en ellas sobre ese tema. Aprendería también lo que los profetas y otros líderes de la Iglesia hayan enseñado al respecto. Luego suplicaría la guía del Espíritu y escribiría algunas preguntas para analizar mientras estudiamos juntas ese domingo. Lo haría con la esperanza de que las hermanas volvieran a casa fortalecidas y emplearan ese modelo para estudiar en el hogar y para enseñar a su familia.

El aumento de la fe y de la rectitud

Mi abuela Isabelle Bawden Bangerter tenía la reputación de ser una mujer de gran fe; la había adquirido de niña y se había esforzado por aumentarla durante toda su vida. Había enseñado muchos años en la Sociedad de Socorro y las hermanas la consideraban una teóloga, una mujer que conocía bien el Evangelio y que podía enseñarlo con las Escrituras. Cuando murió, a los noventa y siete años, todavía estaba estudiándolas. La abuela Bangerter tenía confianza en sus funciones y responsabilidades eternas. Un día, siendo yo una joven madre, le pregunté si sería posible criar a una posteridad con rectitud en medio de un mundo lleno de iniquidad. Ella se irguió y, señalándome con el dedo, me dijo enfáticamente: “¡Sí! ¡Debes hacerlo! ¡Esa es la razón por la que estás aquí!”. Esa enseñanza me inspiró a tener mayor determinación en cuanto a mis responsabilidades y a enfrentar la vida con más fe. Es posible tener todas las semanas en la Sociedad de Socorro ese tipo de enseñanza directa e inspirada.

Con frecuencia, las hermanas se preguntan cómo vivir llenas de fe a través de las experiencias de esta vida terrenal. El primer domingo del mes nos da la oportunidad de combinar esa fe que existe en toda Sociedad de Socorro. La sabiduría de todas las presentes puede contribuir a contestar las preguntas o dudas que se expresen y proporcionar respuestas inspiradas.

A continuación hay otros ejemplos de lo que podríamos estudiar ese primer domingo para ayudarnos a aumentar nuestra fe y rectitud:

  • Cómo hacer convenios y guardarlos.
  • Cómo hacerse digna de una recomendación para el templo y la adoración en los templos.
  • Cómo ser merecedora de recibir la influencia del Espíritu Santo; cómo reconocerla y seguirla.
  • Cómo enseñar y defender el evangelio de Jesucristo.
  • Debemos orar con sinceridad, tanto a solas como en familia.
  • La importancia de efectuar la noche de hogar.
  • Cómo implementar los principios de autosuficiencia y vida providente.

El fortalecimiento de las familias y los hogares

Cuando yo era joven, teníamos en la Sociedad de Socorro una clase de educación para madres una vez por mes. A pesar de haber tenido una madre maravillosa y capaz, todavía aprendí a ser una mejor madre y a mejorar mi hogar con las maestras de la Sociedad de Socorro. Aprendimos principios y habilidades del ser ama de casa y aprendimos a ser mejores madres y a fortalecer nuestro matrimonio.

Muchas veces las madres jóvenes me preguntan si podríamos tener de nuevo una clase de educación para las madres en la Sociedad de Socorro. Mi respuesta es sí. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

A continuación hay ejemplos de lo que podríamos estudiar el primer domingo para ayudarnos a fortalecer a la familia y el hogar:

  • Cómo llegar a entender y defender las funciones divinas de la mujer.
  • Cómo acoger las bendiciones del sacerdocio.
  • La formación de una familia eterna.
  • Cómo mantener fuerte nuestro matrimonio.
  • El dar a luz y criar a los hijos.
  • Expresar amor por los miembros de la familia y enseñarles.
  • El aceptar la responsabilidad de preparar a una nueva generación justa de Santos de los Últimos Días.
  • Cómo se conoce, se vive y se defiende la doctrina de la familia.
  • Cómo se busca a los familiares que han muerto y llevar a cabo por ellos las ordenanzas del templo.

Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda

Las lecciones del primer domingo nos dan la oportunidad de fortalecernos mutuamente y de encontrar respuesta a las dificultades de la vida. En todo momento, hay muchas de las hermanas de la Sociedad de Socorro que están pasando por pruebas y desilusiones. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho que toda Sociedad de Socorro de barrio es “una hermandad sin fronteras”. Y agregó:

“Toda hermana, sea cual sea el grupo al que pertenezca, puede mirar a su alrededor y percibir el espíritu de inspiración que vuelve a ella mientras extiende una mano gentil de caridad hacia aquellas que la rodean…

“Ustedes prestarán servicio a su organización, a su causa —la Sociedad de Socorro—, este gran grupo de hermanas. Todas sus necesidades se verán satisfechas, ahora y en la eternidad; toda negligencia quedará borrada, todo abuso se corregirá. Pueden recibir todo eso, y recibirlo pronto, si se dedican a la Sociedad de Socorro”1.

He comprobado que las hermanas de toda Sociedad de Socorro de barrio tienen la capacidad de darse unas a otras el apoyo que les haga falta. Si buscamos y recibimos la ayuda del Espíritu Santo, esos círculos de hermanas pueden proporcionarnos todas las respuestas.

Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer. La Sociedad de Socorro siempre se ha ocupado de brindar auxilio a los demás.

Sabemos que, por vivir en los últimos días, como personas y familias enfrentamos muchas dificultades, entre ellas abuso, adicciones, apatía, deudas, depresión, desobediencia, desempleo, desintegración de la familia, enfermedades, persecución, pobreza y violencia. Nos hace pensar en lo que el apóstol Pablo profetizó en 2 Timoteo 3:1–7, 13. No obstante, no debemos temer: tenemos el evangelio de Jesucristo. El apóstol Pablo también nos dio la solución:

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:14–16).

El primer domingo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro tiene la oportunidad de personalizar la obra de esta Sociedad; puede concentrarse en las obras de caridad como solución para determinadas necesidades del barrio o de la rama; o capacitar a las hermanas para ser maestras visitantes que se ocupen de prestar ayuda a los demás cuando vean que hace falta. Y, cuando sea necesario, puede dar asignaciones para ayudar a determinadas personas.

La forma de utilizar el primer domingo

Creo que si las líderes de la Sociedad de Socorro buscan la ayuda del Espíritu Santo, recibirán la inspiración para saber qué deben estudiar y enseñar en su reunión del primer domingo. Sé que la obra del Señor seguirá avanzando por la tierra y que prosperará, en gran parte, debido a que las buenas hermanas de la Iglesia harán todo lo posible por adelantarla, primero en su propio hogar y con su familia y luego en los demás círculos de amistades y conocidos que frecuenten.

Las bendiciones del templo

Debemos “hacer todo lo que sea necesario para recibirlas [las bendiciones del templo] …

“… vayamos al templo a sellar eternamente a nuestra familia; regresemos al templo con la frecuencia que las circunstancias nos lo permitan; demos a nuestros antepasados fallecidos la oportunidad de recibir las ordenanzas de la exaltación; disfrutemos de la fortaleza espiritual y de la revelación que recibimos al asistir al templo con regularidad; seamos fieles y hagamos convenios en el templo y cumplamos con ellos para recibir todas las bendiciones de la Expiación”.

Silvia H. Allred, Primera Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Templos santos, convenios sagrados”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 114.

Acepten responsabilidades y sean firmes

“Algunas mujeres han dicho que da miedo enseñar una clase o hablar frente a un grupo. Les aseguro que sé por experiencia que puede ser atemorizante. Recordemos lo que Eliza R. Snow le dijo a su sobrina, a quien llamaron para que hablara frente a un grupo. Cuando su sobrina se puso de pie, no pudo decir nada porque la dominó el temor; finalmente, se sentó. Eliza, con bondad y gentileza, le aconsejó: ‘No te preocupes, pero cuando se te pida hablar otra vez, trata de tener algo que decir’…

“En una hermosa reunión de la Sociedad de Socorro, Eliza R. Snow registró en las actas que ‘casi todas las presentes se levantaron y hablaron, y el Espíritu del Señor, como riachuelo purificador, alentó todo corazón’. Esperamos que hoy nuestras hermanas se sientan nutridas, edificadas y fortalecidas cada vez que asistan a una lección del día domingo…

“Hermanas, ahora más que nunca necesitamos que las mujeres acepten responsabilidades y sean firmes; necesitamos mujeres que declaren la verdad con fuerza, fe y vigor; necesitamos mujeres que sean un ejemplo de rectitud; necesitamos mujeres que estén ‘anhelosamente consagrad[as] a una causa buena’ [D. y C. 58:27]. Tenemos que vivir de manera que nuestra vida testifique que amamos a nuestro Padre Celestial y al Salvador Jesucristo y que haremos lo que Ellos nos han pedido que hagamos. Tenemos que rescatar ‘desde lo más profundo de [nuestro] ser todo aquello que sea de valor’ para que, como hijas de Dios, hagamos nuestra parte para edificar el reino de Dios. Tendremos ayuda para hacerlo. Como lo declaró José: ‘Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen’”.

Barbara Thompson, Segunda Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, “Ya regocijemos”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 115, 116.

1 Cómo aumentar la fe y la rectitud. La lección del primer domingo nos da la oportunidad de buscar en las Escrituras las doctrinas que nos ayudarán a enfrentar las dificultades de los últimos días.

2 El fortalecimiento de la familia y del hogar. El primer domingo del mes podemos aprender a apoyar, educar y proteger a la familia.

3 Ir en busca de los necesitados y prestarles ayuda. Tenemos la responsabilidad de prestar socorro: socorro de la pobreza, de la enfermedad, de la duda, de la ignorancia y de todo lo que pueda impedir el gozo y el progreso de la mujer.

Nota

  1. Boyd K. Packer, véase “Una hermandad sin fronteras”, Liahona, marzo de 1981, pág. 68.

 

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Lo mejor aún está por venir

Lo mejor aún está por venir

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young el 13 de enero de 2009. 

Miren hacia delante y recuerden que la fe siempre señala hacia el futuro.
La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros.


Todos ustedes se ven muy bien. La hermana Holland entró y dijo: «Creo que voy a llorar». Deben entender: Dense 20 o 30 años, entonces sabrán cómo nos sentimos al regresar aquí. Amamos este campus. Estamos encantados de estar aquí con ustedes y los amamos personalmente con todo nuestro corazón.

Ustedes han tenido, tendrán y ahora tienen mejores presidentes universitarios de lo que fui yo, pero nunca tendrán uno que los ame a ustedes y a esta universidad más de lo que yo lo hago. Gracias por servir aquí, y gracias por estar presentes en una mañana de enero brillante y clara.

Estamos agradecidos con el presidente y la hermana Samuelson por su amabilidad y liderazgo en esta universidad. En realidad sabemos algo sobre sus trabajos y lo que implican. Ustedes y nosotros somos muy afortunados de tenerlos al timón de esta escuela especial, y los elogiamos públicamente por el tiempo que dedican, el éxito que están teniendo y la fortaleza que brindan. Amé cada palabra de su consejo la semana pasada, y oro para que mis palabras hoy sean consistentes con sus mensajes sobre la luz, la confianza y el privilegio de tener el evangelio de Jesucristo enriqueciendo nuestros estudios en BYU. Presidente y hermana Samuelson, los amamos. Tienen nuestras oraciones, nuestra gratitud y nuestro apoyo. Seguir leyendo

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Soportemos un poco más

Soportemos un poco más

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Una de las lecciones perdurables del período de Kirtland es que nuestro espíritu necesita nutrirse constantemente; debemos permanecer cerca del Señor cada día si queremos superar la adversidad a la que todos debemos enfrentarnos.

El verano pasado mi esposa y yo llevamos a nuestros nietos gemelos a Kirtland, Ohio. Para nosotros fue una oportunidad especial y preciosa de pasar tiempo con ellos antes de que salieran en sus misiones.

Durante nuestra visita a ese lugar, aprendimos a comprender mejor las circunstancias del profeta José Smith y de los santos que vivían en Kirtland. Esa era de la historia de la Iglesia se conoce como una época de grandes tribulaciones, pero también de enormes bendiciones.

El Señor confirió en Kirtland algunas de las manifestaciones celestiales y dones espirituales más extraordinarios que el mundo haya conocido. En Kirtland y lugares circunvecinos se recibieron sesenta y cinco secciones de Doctrina y Convenios… revelaciones que trajeron nueva luz y conocimiento acerca de temas tales como la Segunda Venida, el cuidado de los necesitados, el plan de salvación, la autoridad del sacerdocio, la Palabra de Sabiduría, el diezmo, el templo y la ley de consagración1.

Fue un período de progreso espiritual incomparable; de hecho, el Espíritu de Dios era tal como un fuego. Durante este tiempo aparecieron Moisés, Elías el Profeta, y muchos otros seres celestiales, incluso nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo, el Salvador del Mundo2.

Una de las muchas revelaciones que José recibió en Kirtland fue una revelación llamada la “hoja de olivo… tomada del Árbol del Paraíso, el mensaje de paz del Señor a nosotros” (introducción de D. y C. 88). En esta extraordinaria revelación se incluye la sublime invitación: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis” (D. y C. 88:63). Cuando los santos de Kirtland se allegaron al Señor, Él en verdad se allegó a ellos, derramando las bendiciones de los cielos sobre la cabeza de los fieles.

Un derramamiento espiritual

Tal vez la culminación de esas manifestaciones espirituales ocurrió durante la dedicación del Templo de Kirtland el 27 de marzo de 1836. Uno de los presentes era William Draper, de 28 años de edad, que describió el día como un “día de Pentecostés”. Él escribió: “Fue tal el derramamiento del Espíritu del Señor, que la lapicera (pluma) me resulta insuficiente para escribir todo, o la lengua para expresarlo; pero quiero afirmar que el Espíritu se derramó y vino como el ruido de un viento poderoso y llenó la casa, que muchos de los que estaban presentes hablaron en lenguas, tuvieron visiones, vieron ángeles y profetizaron, y en general tuvieron un momento de regocijo como no se había visto en esta generación”3.

Estas manifestaciones espirituales no se limitaron únicamente a los que se encontraban dentro del templo, ya que “la gente de la vecindad llegó corriendo (al escuchar un ruido extraordinario en el interior y al ver una luz brillante como una columna de fuego que descansaba sobre el templo), y se asombraron de lo que estaba aconteciendo”4.

Lorenzo Snow (1814–1901), que más tarde sería Presidente de la Iglesia, vivía en Kirtland durante ese bendito período; él hizo la siguiente observación: “Uno se habría imaginado que después de recibir esas maravillosas manifestaciones ninguna tentación podría haber derrotado a los santos”5.

Pero, naturalmente, las experiencias espirituales grandiosas no nos liberan de la oposición ni de las tribulaciones. Unos meses después de la dedicación del templo, una extensa crisis económica sacudió los Estados Unidos, y en Kirtland se sintieron fuertemente los efectos de ello; los bancos fracasaron, dejando a muchos en difíciles situaciones económicas. Y para colmo, muchos de los santos que inmigraron a Kirtland llegaron con escasas posesiones materiales, sin saber lo que harían una vez que llegaran o cómo sobrevivirían.

Al poco tiempo, se levantaron persecuciones y se formaron turbas en contra de los santos. Miembros de la Iglesia —incluso algunos de los más allegados al Profeta, muchos de los cuales estuvieron presentes en la dedicación del templo— apostataron y condenaron a José como profeta caído.

Mientras caminaba cerca del Templo de Kirtland con mi esposa y nietos, medité en lo trágico que fue que algunos no hubiesen permanecido fieles incluso después de las manifestaciones espirituales de las que habían sido testigos; qué triste que no pudieran soportar el ridículo y la crítica de los incrédulos; qué triste que al enfrentarse con problemas económicos u otras dificultades no hubieran echado mano de su fortaleza interior para permanecer fieles; qué lamentable que por alguna razón perdieran de vista la milagrosa cosecha espiritual que se sintió durante la dedicación del templo.

Las lecciones

¿Qué podemos aprender de esta extraordinaria era en la historia de la Iglesia?

Una de las grandiosas y perdurables lecciones del período de Kirtland es que nuestro espíritu necesita nutrirse constantemente. Tal como enseñó el presidente Harold B. Lee (1899–1973): “El testimonio no es algo que tienen hoy y que conservarán siempre. El testimonio va a ir creciendo y creciendo hasta llegar al intenso fulgor de la convicción, o va a ir disminuyendo hasta llegar a nada, según lo que ustedes hagan con respecto a él. Afirmo que el testimonio que volvemos a retener día tras día es lo que nos salva de las trampas del adversario”6. Debemos permanecer cerca del Señor todos los días si queremos superar la adversidad a la que todos tenemos que enfrentarnos.

En ciertas maneras, nuestro mundo de hoy es semejante a la Kirtland de la década de 1830; nosotros también vivimos en épocas de penurias económicas; hay aquellos que persiguen a la Iglesia y a sus miembros y los ultrajan. A veces las tribulaciones personales y colectivas parecen ser insoportables.

Es entonces cuando necesitamos, más que nunca, allegarnos al Señor; al hacerlo, llegaremos a saber lo que significa que el Señor se allegue a nosotros. Si Lo buscamos con más diligencia que nunca, ciertamente Lo encontraremos; veremos claramente que el Señor no abandona a Su Iglesia ni a Sus fieles santos. Nuestros ojos serán abiertos y Lo veremos abrir las ventanas de los cielos y derramar sobre nosotros más de Su luz; encontraremos la fortaleza espiritual para sobrevivir, aun durante la más oscura de las noches.

A pesar de que algunos de los santos de Kirtland perdieron de vista las experiencias espirituales que tenían, no fue así con la mayoría; éstos, entre ellos William Draper, se aferraron al conocimiento espiritual que Dios les había dado y continuaron siguiendo al Profeta. A lo largo del camino tuvieron más tribulaciones amargas, pero también más dulce progreso espiritual hasta que, al final, los que perduraron hasta el fin fueron “recibidos en… un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41).

Puedes soportarlo

Si alguna vez te sientes tentado a desanimarte o a perder tu fe, recuerda a esos fieles santos que permanecieron fieles en Kirtland; soporta un poco más; ¡puedes lograrlo! Eres parte de una generación especial; fuiste preparado y preservado para vivir en esta época importante en la existencia de nuestro hermoso planeta tierra. Eres de linaje celestial y, por lo tanto, tienes todos los talentos necesarios para hacer de tu vida una historia de éxito eterna.

El Señor te ha bendecido con un testimonio de la verdad; has sentido Su influencia y has sido testigo de Su poder y, si sigues buscándolo, Él seguirá concediéndote experiencias sagradas. Con éstas y con otros dones espirituales, no sólo serás capaz de cambiar tu propia vida para bien, sino que con lo bueno que hay en ti también podrás bendecir tu hogar, barrio o rama, comunidad, ciudad, estado y nación.

Es probable que a veces sea difícil reconocerlo, pero soporta un poco más, porque “ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman” y que le esperan (1 Corintios 2:9; véase también D. y C. 76:10133:45).

Testifico de la veracidad del evangelio restaurado de Jesucristo y de la veracidad de ésta, Su Iglesia. Testifico con todo mi corazón y alma que Dios vive, que Jesucristo es Su Hijo y que está a la cabeza de esta gran Iglesia. Otra vez tenemos un profeta en la tierra, sí, el presidente Thomas S. Monson.

Tengamos siempre presentes las lecciones de Kirtland y soportemos un poco más, aunque las cosas parezcan deprimentes. Que sepas y recuerdes esto: El Señor te ama; Él te recuerda, y Él siempre apoyará a los que “perseveran con fe hasta el fin” (D. y C. 20:25).

Ideas para enseñar este mensaje

Después de estudiar este mensaje y orar al respecto, considere las circunstancias de las personas a quienes lo enseñe y elija las partes del mensaje que piense que serán de mayor provecho para ellas. El Espíritu Santo le ayudará a prepararlo y a enseñarlo (véase D. y C. 42:1443:15–16). Además de compartir su testimonio, quizás se sienta inspirado a pedir a los que enseñe que relaten experiencias o expresen su propio testimonio si lo desean. (En el manual La enseñanza: El llamamiento más importanteencontrará otras ideas para enseñar.)

El Señor aparece en el Templo de Kirtland , por Del Parson; ilustración fotográfica por Christina Smith.

Izquierda: Ilustración fotográfica por Craig Dimond; ilustraciones por Steve Kropp; derecha: ilustración fotográfica por Matthew Reier.

Si buscamos al Señor con más diligencia, ciertamente Lo encontraremos. Nuestros ojos serán abiertos y Lo veremos abrir las ventanas de los cielos y derramar sobre nosotros más de Su luz.

Cómo fortalecer tu testimonio

Toma parte en esta prueba de autoevaluación para ver cómo va tu progreso en el aspecto de fortalecer tu testimonio:

  • ¿Tengo el deseo de creer?
  • ¿Ayuno y oro para tener un testimonio más fuerte?
  • ¿Leo las Escrituras y medito en ellas todos los días?
  • ¿Me esfuerzo por cumplir los mandamientos todos los días?
  • ¿Me esfuerzo por seguir los susurros del Espíritu Santo?
  • ¿Expreso mi testimonio cuando recibo la inspiración para hacerlo?

Acerquémonos al Señor

El profeta José Smith recibió una revelación en Kirtland, Ohio, en la que el Señor le dijo: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis” (D. y C. 88:63). Una forma de acercarnos al Señor es seguir a Su profeta.

Haz coincidir cada una de las imágenes que aparecen a continuación con las cosas que el presidente Thomas S. Monson nos ha pedido hacer.

Orar
Ser amables
Esforzarse por aprender
Ayudar a los demás
Compartir tu testimonio
Leer las Escrituras

Notas

  1. Véanse por ejemplo las secciones 45; 56; 76; 84; 89; 97; y 104.
  2. Véase D. y C. 76:23; 110:2–4, 11–13.
  3. William Draper, “A Biographical Sketch of the Life and Travels and Birth and Parentage of William Draper” (1881), manuscrito, Biblioteca de Historia de la Iglesia, 2; se actualizó la ortografía y las reglas para el uso de las mayúsculas.
  4. (History of the Church, tomo II, pág. 428; citado por James E. Talmage en La Casa del Señor, pág. 108).
  5. Lorenzo Snow, “Discourse”, Deseret Weekly News, 8 de junio de 1889, pág. 26.
  6. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 48.
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Enfrenten el futuro con fe y esperanza

Enfrenten el futuro con fe y esperanza

Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso de graduación pronunciado en la Universidad Brigham Young–Idaho, el 6 de abril de 2012. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches/speeches.aspx.

Recuerden siempre que Jesucristo, el creador del universo, el arquitecto de nuestra salvación y la cabeza de esta Iglesia, es quien está al mando.

Las condiciones del mundo son inciertas y peligrosas, y la economía mundial es inestable e impredecible. Los preciados valores de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad están bajo el ataque de aquellos que desean restringir el albedrío y obligarnos a depender de los demás en vez de alentarnos a utilizar nuestras habilidades y aptitudes a fin de crear nuevas y emocionantes maneras de hacer las cosas.

Las normas morales van decayendo; la familia está bajo ataque y se está desintegrando; el amor en el corazón de los hombres y las mujeres se ha enfriado y es antinatural (véase Mateo 24:12Romanos 1:31). Existe un desmoronamiento constante de la integridad, la honradez y la rectitud de los líderes políticos, de negocios y de otra índole; abundan las guerras y los rumores de guerras entre las naciones y los credos; e incluso más destructiva que cualquier conflicto armado es la guerra que se libra entre el bien y el mal —entre el Salvador con Sus huestes de luz y Satanás con sus inicuos seguidores de la obscuridad— por las almas de los hijos de Dios.

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) describió el mundo al que los jóvenes de hoy están a punto de entrar, cuando dijo: “Vivimos en una época en la que los hombres violentos hacen cosas terribles e infames; vivimos en una época de guerra; vivimos en una época de arrogancia; vivimos en una época de maldad, pornografía e inmoralidad. Todos los pecados de Sodoma y Gomorra afligen a nuestra sociedad. Nuestros jóvenes jamás han enfrentado un desafío tan grande; jamás hemos visto en forma más clara la lasciva cara de la maldad”1.

No debemos sorprendernos ante estas circunstancias de nuestros tiempos, pues las Escrituras y las profecías sobre nuestros días testifican de lo que ocurrirá en el mundo si la gente le vuelve la espalda a Dios. Aún experimentaremos cosas más desagradables, porque el diablo continúa en su empeño por lograr sus malvados designios. Al mismo tiempo, los profetas de antaño que vieron nuestros días, que vieron a la joven generación de la actualidad, sabían que este tiempo sería una época de luz y asombro, como nunca antes en el mundo.

Al preparar este mensaje, supliqué inspiración para saber qué mensaje querría nuestro Padre Celestial que compartiera. Acudieron a mi mente las tranquilizadoras y consoladoras palabras que el Señor le habló al profeta José Smith: “…sed de buen ánimo, porque yo os guiaré. De vosotros son el reino… y las riquezas de la eternidad son vuestras” (D. y C. 78:18).

Reemplacen el miedo con fe

Lo que creo que el Señor desea que diga es que deberíamos reemplazar el miedo con fe, fe en Dios y en el poder de la expiación del Señor Jesucristo.

Recuerdo que cuando era un jovencito de 13 años, llegué a casa después de la reunión de sacerdocio, el domingo 7 de diciembre de 1941, y mis padres me dijeron que Japón acababa de bombardear Pearl Harbor. Eso precipitó a los Estados Unidos a la guerra mundial que se había estado librando en Europa desde hacía dos años. Parecía que la vida que habíamos llevado hasta ese momento llegaría a su fin. Hubo mucha incertidumbre cuando tantos jóvenes fueron llamados al servicio militar. Sin embargo, al igual que ahora, en medio de todos los conflictos, luchas e influencias malignas del mundo, aún había mucho que era bueno.

Al pensar en el futuro, debemos estar llenos de fe y esperanza. Recuerden siempre que Jesucristo, el Creador del universo, el arquitecto de nuestra salvación y la cabeza de esta Iglesia, es quien está al mando. Él no permitirá que Su obra fracase; Él saldrá victorioso sobre toda la oscuridad y la maldad, y Él nos invita a todos, los miembros de Su Iglesia y las demás personas que son de corazón sincero, a unirse a la batalla a favor de las almas de los hijos de Dios. Junto con todo lo demás que hagamos en la vida, debemos también dedicar y consagrar nuestro corazón, alma, mente y fuerza a Su causa, andando con fe y trabajando con convicción.

Enfrentemos el futuro con optimismo. Creo que nos encontramos ante el umbral de una nueva era de crecimiento, prosperidad y abundancia. Salvo una calamidad o una crisis internacional inesperada, creo que en los próximos años habrá un renacimiento de la economía mundial a medida que se logren nuevos descubrimientos en comunicaciones, medicina, energía, transporte, física, tecnología de computadoras y otros campos de emprendimiento.

Al igual que en el pasado, muchos de esos descubrimientos tendrán lugar cuando el Espíritu susurre conocimiento e ilumine la mente de personas que busquen la verdad. Con estos descubrimientos y adelantos se presentarán nuevas oportunidades de trabajo y prosperidad para aquellos que trabajen arduamente, y en especial, para aquellos que se esfuercen por guardar los mandamientos de Dios. Éste ha sido el caso en otros importantes períodos de crecimiento económico nacional e internacional.

Además, muchos de estos descubrimientos se realizarán a fin de llevar a cabo los propósitos y la obra de Dios y de apresurar, incluso mediante la obra misional, la edificación de Su reino en la tierra hoy en día.

Hagan su parte

Antes de la segunda venida del Salvador, y según el horario divino de Él, el Evangelio se debe llevar a toda nación, tribu, lengua y pueblo hasta que llene toda la tierra. Como declaró el profeta José Smith: “Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las persecuciones se encarnizarán, el populacho podrá conspirar, los ejércitos podrán juntarse, y la calumnia podrá difamar; mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que la obra está concluida”2.

A medida que el Evangelio llegue a miles de millones de almas espiritualmente hambrientas, la mano del Señor llevará a cabo milagros. Los misioneros de muchas nacionalidades servirán al Señor por toda la tierra; se edificarán nuevas capillas y muchos más templos para bendecir a los santos, tal como se ha profetizado en cuanto al crecimiento de la Iglesia antes del milenio.

Tal vez se pregunten: “¿De dónde provendrán los recursos económicos para financiar este crecimiento?”. Los recursos provendrán de miembros fieles mediante sus diezmos y ofrendas. Al hacer nuestra parte, el Señor nos bendecirá con prosperidad y con la sabiduría para mantenernos concentrados en las cosas que son de más importancia en la vida: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

De modo que durante una época más, posiblemente una corta época, parecerá que las ventanas de los cielos verdaderamente se habrán abierto “hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).

Creo que muchos de los jóvenes adultos de hoy participarán en forma activa de las bendiciones temporales si guardan los mandamientos del Señor. Con la prosperidad vendrá un desafío singular, un reto que pondrá a prueba la esencia espiritual de muchos. Al entrar en este mundo nuevo de prosperidad y procurar aplicar su educación y destrezas para lograr el éxito financiero, siempre tendrán que distinguir entre los deseos y las necesidades.

Busquen primero el reino de Dios

Ustedes tendrán dos alternativas: Al edificar y adquirir las bendiciones del Señor, ¿será su motivación la satisfacción personal, el reconocimiento de los hombres y el poder, la influencia y el engrandecimiento personal? o ¿será su motivación la de glorificar a Dios, la de trabajar para ayudar a dar paso al crecimiento y a la expansión de Su Iglesia?

Aquellos que procuran las riquezas para edificar su propio ego, descubrirán que su tesoro se volverá deleznable y que fácilmente lo perderán de maneras imprudentes (véase Helamán 13:31). El bienestar de sus almas estará en gran peligro. Jacob, el obediente hermano menor de Nefi, nos aconsejó:

“Y tan benignamente os ha favorecido la mano de la providencia, que habéis obtenido muchas riquezas; y porque algunos de vosotros habéis adquirido más abundantemente que vuestros hermanos, os envanecéis con el orgullo de vuestros corazones, y andáis con el cuello erguido y la cabeza en alto por causa de vuestras ropas costosas, y perseguís a vuestros hermanos porque suponéis que sois mejores que ellos.

“…¿suponéis que Dios os justifica en esto? He aquí, os digo que no; antes bien, os condena; y si persistís en estas cosas, sus juicios os sobrevendrán aceleradamente.

“¡…no [permitáis] que este orgullo de vuestros corazones [destruya] vuestras almas!” (Jacob 2:13, 14, 16).

Luego, Jacob colocó nuestra motivación de adquirir riquezas en la debida perspectiva, con una promesa:

“Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.

“Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido” (Jacob 2:18–19).

El Señor no nos dice que no debemos tener prosperidad ni que la prosperidad sea un pecado; por el contrario, Él siempre ha bendecido a Sus hijos obedientes. No obstante, nos está diciendo que debemos procurar la prosperidad únicamente después de que lo busquemos a Él, lo encontremos y le sirvamos. Entonces, debido a los deseos justos de nuestro corazón, debido a que lo amamos a Él primeramente y ante todo, decidiremos invertir las riquezas que obtengamos en edificar Su reino.

Si deciden ir en busca de las riquezas por el amor a las riquezas, no lo lograrán. Nunca estarán satisfechos; se sentirán vacíos, y nunca encontrarán la verdadera felicidad y el gozo perdurable.

En los próximos años, es probable que la prueba de su fe no sea el hecho de que carezcan de las cosas materiales de este mundo; más bien, radicará en decidir qué hacer con las bendiciones temporales que reciban.

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) dijo en cuanto a la joven generación de hoy día:

“Por casi seis mil años, Dios los ha reservado para que nacieran en los últimos días antes de la segunda venida del Señor…

“…Dios ha reservado para los últimos períodos a algunos de Sus hijos más… fuertes, quienes llevarán adelante el reino triunfalmente”3.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “…ustedes son [algunos de los hijos] más fuertes de nuestro Padre Celestial y Él [los] ha reservado para venir a la tierra ‘para esta hora’ (Ester 4:14)”4.

A fin de ser una parte fundamental de la “obra maravillosa y un prodigio” (2 Nefi 25:17) de estos últimos días, deben someter su voluntad a Dios, dejando que ésta sea absorbida en la voluntad de Él. Al “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres… [deleitándose] en la palabra de Cristo” (2 Nefi 31:20), escudriñando diligentemente, orando siempre y creyendo, entonces, como el Señor promete, “todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien” (D. y C. 90:24).

Dedíquense y conságrense

Los insto a que se comprometan con ustedes mismos y con el Padre Celestial a dedicar su vida y a consagrar su tiempo y dones a la edificación de la Iglesia de Jesucristo en espera de la segunda venida del Salvador. Dejen que el motivo de sus pensamientos y acciones sea glorificar a Dios y bendecir a su prójimo; permitan que ese deseo los inspire a recibir cada nueva mañana con entusiasmo, y dejen que impulse sus pensamientos y acciones a lo largo de cada día.

Si lo hacen, serán bendecidos en medio de un mundo que rápidamente está perdiendo su camino, y ustedes y sus seres queridos se sentirán seguros y serán felices. Esto no significa que no enfrentarán tribulaciones y pruebas, pero sí quiere decir que tendrán el poder espiritual para afrontarlas con fe y confianza en el Señor.

El propósito de mi mensaje es ayudarlos a visualizar su futuro. Tengan fe y esperanza en el brillante futuro que les espera. Los hombres jóvenes son los futuros padres; las mujeres jóvenes son las futuras madres y quienes darán apoyo. Juntos, ustedes son “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9).

Tanto para los hombres como para las mujeres, una de las mayores prioridades es encontrar a su compañero eterno o compañera eterna, si es que aún no lo han hecho. El matrimonio en el templo les proporcionará un compañero o una compañera que los ayudará a permanecer en el sendero correcto que conduce de nuevo a la presencia de nuestro Padre Celestial y del Señor Jesucristo. Debemos hacer nuestra parte a fin de continuar la preparación para la Segunda Venida.

Sed de buen ánimo

“Aunque las nubes de tormenta se arremolinen, aunque las lluvias caigan sobre nosotros, nuestro conocimiento del Evangelio y el amor que tenemos por nuestro Padre Celestial y por nuestro Salvador nos consolarán y nos sostendrán, y darán gozo a nuestro corazón al caminar con rectitud y guardar los mandamientos. No hay nada en este mundo que pueda derrotarnos.

“Mis queridos hermanos y hermanas, no teman. Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe”.

Presidente Thomas S. Monson, “Sed de buen ánimo”, Liahona, mayo de 2009, pág. 92.

Puntos doctrinales

Podemos seguir siendo optimistas en cuanto al futuro si hacemos lo siguiente:

  • Conservamos la fe en el poder de la expiación de Jesucristo.
  • Colocamos al Padre Celestial en primer plano en nuestra vida.
  • Dedicamos nuestra vida y consagramos nuestro tiempo a edificar el reino de Dios.

Se lograrán muchos nuevos descubrimientos a fin de ayudar a llevar a cabo los propósitos y la obra de Dios y de apresurar, incluso mediante la obra misional, la edificación de Su reino en la tierra hoy día.

Notas

1. Véase Gordon B. Hinckley, “El vivir durante el cumplimiento de los tiempos”, Liahona, enero de 2002, pág. 6.
2. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 149–150.
3. Véase Ezra Taft Benson, en Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 62.
4. Thomas S. Monson, “Tengan valor”, Liahona, mayo de 2009, pág. 127.

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El mejor momento para plantar un árbol

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

El mejor momento para plantar un árbol

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

En la antigua Roma, Jano era el dios de los comienzos. A menudo se lo representaba con dos caras; una mirando hacia atrás, al pasado; y la otra, hacia el futuro. En algunos idiomas, se le dio el nombre al mes de enero en su honor, porque el comienzo del año era un tiempo de reflexión y de planificación.

Miles de años después, muchas culturas alrededor del mundo siguen la tradición de hacer resoluciones para el nuevo año. Por supuesto, hacer resoluciones es fácil, pero cumplir con ellas es una cosa totalmente diferente.

Un hombre que había hecho una larga lista de resoluciones para el año nuevo se sentía muy bien con su progreso y pensó: “Hasta ahora he seguido mi dieta, no me he enojado, me he ajustado a mi presupuesto y no me he quejado ni una vez del perro de mi vecino; pero hoy es 2 de enero, acaba de sonar el despertador y es hora de levantarme; voy a necesitar un milagro para mantener mi buena disposición”.

Empezar de nuevo

Hay algo increíblemente prometedor en un nuevo comienzo. Supongo que, en algún momento, todos hemos querido volver a empezar de cero.

Me encanta tener una computadora nueva con un disco duro vacío. Por un tiempo funciona perfectamente, pero a medida que los días y las semanas pasan y se instalan más y más programas (algunos intencionalmente, otros no tanto), la computadora empieza a fallar y las cosas que solía hacer de forma rápida y eficiente se hacen lentas. A veces no funciona para nada, incluso conseguir que inicie puede convertirse en una tarea trabajosa a medida que el disco duro se llena de información innecesaria y funciones inútiles. Hay momentos en que el único recurso es borrar el disco duro y volver a empezar.

De la misma manera, los seres humanos pueden colmarse de miedos, dudas y sentimientos de culpa. Los errores que hemos cometido (tanto intencionalmente como sin intención) pueden abrumarnos de tal manera que nos parezca difícil hacer lo que sabemos que debemos hacer.

En el caso del pecado, existe un maravilloso proceso para el reformateo llamado arrepentimiento que nos permite limpiar nuestro disco duro interno del desorden que agobia nuestro corazón. El Evangelio, mediante la expiación milagrosa y misericordiosa de Jesucristo, nos muestra la manera de limpiar nuestra alma de la mancha del pecado y volver a ser nuevos, puros e inocentes como un niño.

Sin embargo, algunas veces, otras cosas nos frenan y nos impiden avanzar, provocando pensamientos y acciones improductivos que hacen que sea difícil ponernos en marcha.

Motivar lo mejor en nosotros

Fijarse metas es un esfuerzo noble. Sabemos que nuestro Padre Celestial tiene metas, porque Él nos ha dicho que Su obra y Su gloria es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Nuestras metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros; sin embargo, una de las cosas que entorpece nuestro esfuerzo por hacer y mantener las resoluciones es la procrastinación. A veces postergamos el empezar, esperando el momento adecuado para hacerlo: el primer día del nuevo año, el comienzo del verano, cuando se nos llame como obispo o presidenta de la Sociedad de Socorro, después de que los niños comiencen la escuela o después de que nos jubilemos.

Ustedes no necesitan una invitación para avanzar hacia sus metas justas; no tienen que esperar que se les dé permiso a fin de llegar a ser las personas que fueron creadas para ser; no necesitan esperar a que se les invite a prestar servicio en la Iglesia.

A veces perdemos años esperando a que se nos escoja (véase D. y C. 121:34–36, pero esa es una premisa falsa; ¡a ustedes ya se los ha escogido!

En algunas ocasiones he pasado noches sin dormir lidiando con problemas, preocupaciones o tribulaciones personales; pero no importa cuán oscura sea la noche, siempre me alienta este pensamiento: por la mañana, saldrá el sol.

Con cada nuevo día, llega un nuevo amanecer; no sólo para la tierra, sino también para nosotros; y con el nuevo día viene un nuevo comienzo, la oportunidad de volver a empezar.

Pero, ¿qué pasa si fracasamos?

A veces, lo que nos retiene es el miedo. Quizás tengamos miedo de no lograrlo, o de tener éxito; de que se nos avergüence, de que el éxito nos cambie o de que cambie a las personas que amamos.

Entonces, esperamos; o nos damos por vencidos.

Otra cosa que debemos recordar cuando fijamos metas es que, casi por seguro, fracasaremos; al menos a corto plazo. Sin embargo, en lugar de desanimarnos, eso puede fortalecernos, ya que ese conocimiento quita la presión de tener que ser perfecto de inmediato y reconoce desde el principio que en algún momento u otro fallaremos. Saber eso desde un comienzo disminuye en gran parte la sorpresa y el desaliento del fracaso.

Cuando consideramos nuestras metas de esta manera, el fracaso no tiene por qué limitarnos. Recuerden, aun si no logramos alcanzar el objetivo deseado de manera inmediata, habremos avanzado en el camino que nos llevará a él.

Y eso es importante; significa mucho.

A pesar de que no logremos alcanzar la meta, continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes.

El mejor momento para empezar es ahora

Un antiguo proverbio dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora”.

Hay algo maravilloso y prometedor en la palabra ahora. Hay algo habilitador en el hecho de que si optamos por tomar la decisión ahora, podemos avanzar en este preciso momento.

Ahora es el mejor momento para empezar a ser la persona que queremos llegar a ser; no sólo de aquí a veinte años, sino por toda la eternidad.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf explicó que cuando no alcanzamos nuestras metas, “podemos ser fortalecidos… Aunque podríamos no llegar a la meta, el continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes”. Pida a los miembros de la familia que compartan experiencias en las cuales hayan aprendido más en el proceso de lo que aprendieron del resultado, como el graduarse de la escuela o recibir un premio.

Sé lo mejor que puedas — a partir de ahora

El presidente Uchtdorf enseña que las “metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros”. Considera la posibilidad de establecer algunas metas en dos o tres aspectos de tu vida, tales como la salud física, la salud espiritual y la amistad. ¿Qué logros te gustaría alcanzar en esos aspectos este año? A medida que medites en oración en cuanto a algunas metas, asegúrate de que sean alcanzables pero que te requieran esfuerzo. Describe en detalle tus metas en tu diario personal a fin de que puedas ver tu progreso a lo largo del año.

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Liahona Enero 2018

Liahona Enero 2018

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Estudia las palabras del Salvador

Estudia las palabras del Salvador

Por el Presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

Ahora no solo tengo un mayor testimonio del Señor y Salvador Jesucristo, sino también la reafirmación de mi absoluta convicción de que el sistema que José Smith tuvo para traducir el Libro de Mormón fue un don de Dios.

young woman studying

Durante el devocional mundial para jóvenes adultos de enero de 2017, exhorté a quienes lo miraban a aumentar su testimonio del Salvador al dedicar tiempo cada semana a:

  • Estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo tal como se halla en el Antiguo Testamento.
  • Estudiar Sus leyes tal como se hallan en el Nuevo Testamento.
  • Estudiar Su doctrina tal como se halla en el Libro de Mormón.
  • Estudiar Sus palabras tal como se hallan en Doctrina y Convenios.

Prometí a quienes me escuchaban que si ellos continuaban aprendiendo todo lo que podían sobre Jesucristo, su amor por Él y por las leyes de Dios crecería más allá de lo que podrían imaginarse en ese momento.

Lo que no mencioné durante el discurso es que sabía que esa promesa era verdadera porque me hallaba en el proceso de terminar esa misma asignación por primera vez.

El 1 de diciembre de 2016, obtuve un nuevo juego de Escrituras y procedí a comenzar la misma asignación que luego extendería a los jóvenes adultos en enero. Cuando terminé la asignación seis semanas después, había buscado y marcado más de 2 200 citas en los cuatro libros de las Escrituras1.

Para mí, poder lograr dicha asignación fue simplemente apasionante.

Algo que encontré muy revelador es que el Salvador nos hablaba sobre Sí mismo durante aquellos diversos períodos de tiempo: en el del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, en el período de la Restauración y en nuestros días. El relato es el mismo y el Narrador es el mismo en todos los libros de Escrituras.

President Nelson studying the scriptures

He dedicado gran parte de mis 93 años a aprender sobre el Salvador, pero son raras las ocasiones en que he podido aprender tanto como lo hice durante ese período de seis semanas de estudio. De hecho, aprendí tanto sobre Él en ese estudio que pienso compartir gran parte de este en otros futuros discursos que preparo actualmente2.

Al comenzar esta asignación, no esperaba que ese estudio me ayudara a recibir un nuevo testimonio de la divinidad de la obra de José Smith, ¡pero lo hizo! Las revelaciones que escribió José Smith y el hondo conocimiento que se encuentra en la Biblia son asombrosamente coherentes. Fue muy esclarecedor para mí ver aquello durante mi estudio.

No hubiera sido posible que José Smith tuviera tiempo para cotejar y correlacionar [pasajes] con la Biblia al rápido paso que traducía el Libro de Mormón; no obstante, ¡allí están!

De modo que ahora no solo tengo un mayor testimonio del Señor y Salvador Jesucristo, sino también la reafirmación de mi absoluta convicción de que el sistema que José Smith tuvo para traducir el Libro de Mormón fue un don de Dios.

Ahora bien, comprendo que es probable que algunos de ustedes piensen que no les sería posible tener el tiempo para cumplir con una asignación como esta.

Sé cómo se sienten. Pensé lo mismo en cuanto a mí; que no había manera alguna de que tuviera tiempo para hacer todo eso. Necesité recordarme a mí mismo que un comentario como ese no es un comentario que promueva la fe. Un comentario que promueve la fe sería: “Sé que no tengo tiempo para esto, pero voy a buscar el tiempo para ello. Y lo lograré con el tiempo que tenga”.

Cada uno de nosotros que asuma este desafío lo realizará en su propio lapso de tiempo. Para mí, gran parte del gozo de ello provino de haberlo realizado por completo en solo seis semanas. Ese estudio intenso durante un período relativamente corto me permitió valorar la naturaleza complementaria de las enseñanzas que se encuentran en el Antiguo Testamento, el Libro de Mormón, el Nuevo Testamento, y Doctrina y Convenios.

Para aquellos de ustedes que opinan que no tienen tiempo, si hacen el sacrificio, serán bien recompensados, y estarán muy, muy agradecidos por el cambio de perspectiva, por un mayor conocimiento y por un superior grado de conversión. Sé que es verdad porque he visto las mismas recompensas en mi propia vida.

President Nelsons marked scriptures

Como mencioné en el devocional, en algún día venidero, ustedes se presentarán ante el Salvador. Estarán conmovidos hasta las lágrimas por estar en Su santa presencia. Se esforzarán infructuosamente por hallar palabras para agradecerle el haber pagado por sus pecados, por haberles perdonado cualquier falta de bondad hacia los demás, por haberlos sanado de las heridas e injusticias de esta vida.

Le agradecerán que los haya fortalecido para hacer lo imposible, por haber tornado sus debilidades en fortalezas, y por haber hecho posible que vivan con Él y con su familia para siempre. La identidad, la expiación y los atributos de Él llegarán a ser algo propio y real para ustedes.

Sin embargo, no tienen que aguardar hasta entonces; escojan ser uno de Sus verdaderos discípulos ahora. Sean un discípulo que en verdad lo ama, que en verdad quiere prestar servicio y liderar como Él lo hizo. Les prometo que si estudian Sus palabras, aumentará su capacidad de ser más semejantes a Él; sé que es verdad.

Para mirar o leer el devocional de enero de 2017 del presidente Nelson, haz clic en la sección “Devocional mundial”, en lds.org/broadcasts.

Notas

  1. Tal como el presidente Nelson sugirió en el devocional, pueden consultar la Guía para el Estudio de las Escrituras para buscar referencias de pasajes de las Escrituras en el tema “Jesucristo”.
  2. Véase el mensaje de la Conferencia General de abril de 2017 del presidente Nelson, “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”.
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