Paz en Cristo

LEMA DE LA MUTUAL PARA 2018

Paz en Cristo

Por las Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes

Sin importar sus circunstancias, siempre pueden encontrar paz en Jesucristo.

Bonnie L. Oscarson, Presidenta (centro); Carol F. McConkie, Primera
Consejera (izquierda); Neill F. Marriot, Segunda Consejera (derecha).

Stephen W. Owen, Presidente (centro); Douglas D. Holmes, Primer
Consejero (izquierda); M. Joseph Brough, Segundo Consejero (derecha).

En un mundo lleno de conmoción, ideales en contraposición, tentaciones y filosofías confusas, no siempre es fácil encontrar paz. Pero la promesa del Salvador que se encuentra en Doctrina y Convenios 19:23 (el lema de la Mutual para 2018) proporciona un camino cierto a la paz: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz”.

Como Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes, testificamos que esto es verdad. Lo hemos visto en nuestras propias vidas, y si siguen este modelo, Dios cumplirá Su promesa de paz en sus vidas también.

Muchos de ustedes quizás se sienten angustiados y preocupados por lo que les deparará el futuro. Muchos de ustedes se cuestionan acerca de su aspecto físico, sus aptitudes, su potencial; pero no importa lo que afronten, pueden encontrar la paz. Eso no significa que todas esas preguntas o inquietudes desaparecerán de inmediato, pero pueden sentir la tranquila seguridad de que las cosas se resolverán. Lo más importante es que pueden sentir el amor de Jesucristo por ustedes personalmente, y eso brinda una inmensa paz.

Hablemos de cada uno de los elementos de este versículo.

Aprende de Mí

Llegar a conocer a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo es una parte fundamental de la vida de ustedes. El Señor dijo: “… esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). A medida que van conociendo mejor a Cristo, pueden comprender cuán bondadoso, sabio, amable y amoroso es Él. Su fe en Él crecerá y tendrán un mayor deseo de seguirlo a Él y a nuestro Padre Celestial.

Escucha Mis palabras

Jesucristo nos habla a través de las Escrituras, de los profetas vivientes y del Espíritu Santo. Debemos deleitarnos y meditar en esas palabras y aplicarlas en nuestra vida. En su estudio de las palabras del Salvador, céntrense en el Libro de Mormón porque es “el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión”, según enseñó José Smith, y que un hombre se acercaría “más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”1. La poderosa invitación que el presidente Thomas S. Monson nos hizo en la Conferencia General de abril de 2017, de leer el Libro de Mormón todos los días, nos ayudará a escuchar y comprender las palabras de Cristo2.

Camina en la mansedumbre de Mi Espíritu

El escuchar las palabras del Salvador solo comienza a cambiarnos cuando estamos dispuestos a obedecerlas. Eso requiere mansedumbre de nuestra parte; requiere que abandonemos nuestro propio camino y andemos en Su camino. A veces pensamos que nuestro camino es mejor, pero cuando somos mansos y lo seguimos a dondequiera que Él nos conduzca, siempre estaremos en la mejor senda.

En Mí tendrás paz

Esta es la gran promesa: si hacen estas tres cosas: aprender, escuchar y caminar con el Salvador, tendrán paz en su vida. Tendrán la seguridad de que Dios está a su lado y que Él velará por ustedes, a pesar de cualquier temor, incertidumbre o debilidad que tengan. Pueden tener confianza, no solo en ustedes mismos, sino también en Jesucristo y en Su amor y poder.

Invitamos a todos los jóvenes de la Iglesia a memorizar este versículo. Úsenlo como guía en su vida. Cuando los vapores de tinieblas se arremolinen a su alrededor y parezcan abrumadores, podrán pensar en este versículo, seguir su modelo y anclarse al firme y seguro fundamento de Jesucristo.

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 67.
  2. Véase Thomas S. Monson, “El poder del Libro de Mormón”, Liahona, mayo de 2017, pág. 86.
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De regreso a casa antes de lo previsto

De regreso a casa antes de lo previsto

Por Destiny Yarbro
La autora vive en Arizona, EE. UU.

Hay muchas maneras de seguir sirviendo al Señor y de hallar sentido a la vida tras regresar a casa anticipadamente de la misión.

house with missionary outfit hanging outside

Tanto mi padre como mi madre sirvieron una misión. Desde temprana edad, escuchaba sus anécdotas de la misión y soñaba con el día en que yo pudiera servir al Señor como misionera de tiempo completo.

La preparación para la misión fue uno de los momentos más preciados de mi vida; me hallaba más cerca del Señor de lo que jamás me había hallado. Recibí mi llamamiento misional a la Misión Hungría Budapest e ingresé al Centro de Capacitación Misional (CCM) de Provo con la determinación de darlo todo de mi parte a mi Padre Celestial.

Estar en el CCM fue una experiencia increíblemente espiritual para mí. Conforme me acercaba más al Señor, oraba con sinceridad para pedir que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa que Él me pidiese, y prometí que amaría a los húngaros con todo mi corazón.

Hacia el final de mi estadía en el CCM, enfermé. Después de una breve temporada en casa para recuperarme, se me dio la oportunidad de continuar mi misión en Hungría. Se me asignó estar con una magnífica entrenadora, la hermana Sunshine Nestor, quien me enseñó a reconocer las tiernas misericordias y los milagros diarios del Señor.

Tras unos pocos meses, enfermé de nuevo. Aunque la hermana Nestor y yo seguimos trabajando lo mejor que pudimos, tuve que regresar a casa otra vez.

A mi parecer, yo había decepcionado al Señor, porque no había servido una misión “completa”. Estaba convencida de que aún había húngaros a quienes “debería haber” enseñado si no hubiera enfermado. Me preguntaba si acaso no tenía la fe suficiente para ser sanada, ya que, a fin de cuentas, el Señor protege a Sus misioneros. Nunca había considerado la alternativa de que mi sacrificio al Señor no fuera dar un año y medio de mi vida, sino más bien sacrificar la clase de misión que yo había imaginado.

Mi búsqueda de sentido en casa

Conforme descendía del avión al regresar a casa, no pude evitar pensar que había dejado la labor más importante de mi vida allá, en el campo misional. Requirió tiempo, pero descubrí que había una obra en casa que también daría sentido a mi vida.

Independientemente de la razón por la que regreses de tu misión antes de lo previsto, toma la decisión hoy mismo de hacer de esa experiencia un paso hacia adelante en tu progreso, no un paso hacia atrás. Yo regresé a casa por razones de salud, pero hay otras personas que regresan por diversos motivos, incluso transgresiones. Por lo tanto, quizás algunas de las siguientes ideas no se apliquen a tu situación. Ora al Señor para hallar maneras de servirle desde casa. Por ejemplo, si has regresado a casa debido a una transgresión y aún no eres digno de asistir al templo, aun así puedes encontrar sentido a tu vida al recorrer los jardines del templo con regularidad y comprometerte a volver a Su Santa Casa algún día.

Además de leer las Escrituras, orar y asistir a la Iglesia, cada uno de los siguientes pasos de mi camino fue imprescindible para sanar.

post-mission journey

  1. Mantenerse en contacto

Mi primer paso para encontrar sentido en mi vida fue mantenerme en contacto con los santos y los misioneros de Hungría. Durante algún tiempo, viví esperando los días de preparación, en los que recibía mensajes de correo electrónico de la hermana Nestor y mis compañeras del CCM. No obstante, debo admitir que en ocasiones no era sencillo leer sobre la misión de mis compañeras ni hablar con los húngaros, a quienes extrañaba tanto. Sin embargo, en retrospectiva, ahora comprendo que fue fundamental para mi sanación conocer los milagros que sucedían allá.

  1. Indexar en línea

Mi hermano menor, alentado amablemente por mi intuitiva madre, me convenció de que comenzara a indexar. Al principio, indexé lotes de nombres para contentarlo, pero cierto día apareció un registro con nombres de húngaros en mi pantalla. ¡El Espíritu me sobrecogió y me enseñó que aún podía ayudar a llevar almas húngaras a Cristo, solo que del otro lado del velo!

  1. Establecer metas

Después de la misión, todas las metas que tenía antes para mi vida parecían imposibles de alcanzar debido a mi nueva situación médica No obstante, con el tiempo, me di cuenta de que había metas que podía lograr mientras me hallaba en cama. A las metas tales como leer Jesús el Cristo las denominé “las metas horizontales”, y me dediqué a ellas a diario.

  1. Regresar a los estudios

Una de las metas de mi vida anteriores a la misión era graduarme de la universidad. Aunque asistir a clases hubiera resultado difícil por mi enfermedad y por las constantes citas médicas, mi papá me alentó a tomar clases en línea mediante el programa de Estudio independiente de la Universidad Brigham Young. No solo se trataba de una meta “horizontal” que podía lograr, sino que también entendí que quizás podría cumplir más de las metas previas a la misión de lo que antes había considerado posible.

  1. Servir en una misión en línea

Cierto día, en la Iglesia, una hermana se acercó a mi mamá y le dijo: “¿Sabías que Destiny puede servir en una misión de indexación en línea?”. Aquella pregunta inesperada fue la respuesta a mis oraciones; podría servir al Señor durante nueve meses como misionera de servicio a la Iglesia en el área de soporte de indexación. ¡Esta era una meta que yo podía cumplir!*

  1. Enseñar el curso de preparación misional

A medida que aprendía a controlar mi problema de salud, empecé a estudiar en un colegio universitario mientras servía mi misión en línea. Se me pidió que enseñara el curso de preparación misional en un Instituto cercano. Enseñar me ayudó a comprender que mi entusiasmo por la obra misional no había disminuido y que incluso mi breve misión me había proporcionado muchas experiencias que podían resultar valiosas para mis alumnos.

  1. Servir como voluntaria en el CCM

Tras asistir con éxito un semestre al colegio universitario cercano a casa, me mudé a Utah, EE. UU., para asistir a BYU. Al principio, apenas podía caminar cerca del CCM de Provo sin sentir una oleada de emociones contradictorias. No obstante, empecé a trabajar semanalmente como voluntaria en el CCM y descubrí los efectos sanadores de conocer a los maravillosos misioneros que iban a mi querida Hungría.

  1. Efectuar la obra del templo

Una hermana húngara, Edit, que ha preparado casi 150 000 nombres para el templo, me pidió que llevara algunos de sus nombres al templo. ¡Fue un gozo efectuar las ordenanzas salvadoras a favor de aquellas personas húngaras!

La sanación gradual a través de Su obra

Servir en una misión era el sueño más importante de mi vida y, como es comprensible, me sentí derrotada al volver a casa antes de lo previsto. Durante un tiempo, tenía dificultad al hablar de mi misión; tuve que lidiar con sentimientos de fracaso. Tuve que aprender a juzgar el valor de mi misión por mi deseo de servir en vez de juzgarlo por su duración. A pesar de que no lo entendía en aquel momento, cada uno de esos pasos para hallar sentido en mi vida también trajo la sanación.

Durante años, me preocupaba que regresar a Hungría me resultase difícil en el aspecto emocional. Cuando, con el tiempo, viajé allá, recién al segundo día pude percatarme de que no solo no sentía pesar alguno, sino que además sentía un gozo incontenible por estar de regreso. Entonces supe que el Padre Celestial me había dado la oportunidad de experimentar el poder sanador de la expiación del Salvador. Ahora sé que, por medio de la expiación de Jesucristo, todas las cosas se rectificarán al final.

*Muchos misioneros que han regresado de la misión antes de lo previsto, prosiguen su servicio como misioneros jóvenes de servicio a la Iglesia. Consulta a tu obispo o presidente de rama para obtener más información.

Una ofrenda aceptable

“Cuando doy un mandamiento a cualquiera de los hijos [o hijas] de los hombres de hacer una obra en mi nombre, y estos, con todas sus fuerzas y con todo lo que tienen, procuran hacer dicha obra, sin que cese su diligencia, y sus enemigos vienen sobre ellos y les impiden la ejecución de ella, he aquí, me conviene no exigirla más a esos hijos [e hijas] de los hombres, sino aceptar sus ofrendas”.

Doctrina y Convenios 124:49

Sugerencias para los padres

La siguiente es una lista de aspectos a tener en cuenta:

  • Dé tiempo al misionero para sentir congoja y sanar.
  • Diga al misionero a menudo cuánto lo ama.
  • Aliéntelo a reunirse con el presidente de estaca y el obispo con regularidad.
  • Pregunte al misionero cuánto desea que los demás sepan sobre la razón de su regreso a casa.
  • Diga a los demás que el misionero ha regresado y que usted está feliz de verlo de nuevo.
  • Conceda tiempo al misionero para hablar con usted acerca de la misión y compartir tanto las experiencias magníficas como las difíciles.
  • Anime al misionero a orar en cuanto a lo que debe hacer a continuación en la vida, y luego apoye su decisión de regresar o no a la misión.

Sugerencias para los miembros del barrio

Puede resultar difícil saber qué decir cuando los misioneros regresan a casa antes de lo esperado. Puede ayudarlos a hacer la transición a la vida en casa al darles la bienvenida, expresar su afecto por ellos y al agradecerles el haber servido en una misión.

Es posible que usted desconozca por qué ha regresado a casa el misionero y la razón puede ser muy diferente de lo que usted piensa. Tenga en cuenta que el proceso de sanación es entre ellos y el Señor, y que ellos solo necesitan saber que usted los apoya.

Sería bueno que los misioneros compartan sus vivencias de la misión en un entorno seguro. Entienda que quizás necesiten un tiempo antes de poder hablar sobre la misión. Si desea que un misionero comparta alguna experiencia en una clase, llámelo con anticipación para preguntarle si se siente cómodo al respecto.

Recursos para ministrar

Los líderes pueden hallar información y maneras de ayudar a los misioneros que han regresado antes de lo previsto en internet en ministering.lds.org.

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La importancia eterna de la familia

La importancia eterna de la familia

Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado el 27 de octubre de 2015.

En su discurso durante el noveno Congreso mundial de las familias en Salt Lake City, Utah, EE. UU., el élder M. Russell Ballard dijo que quienes creen en el matrimonio tradicional deben reunir todo el apoyo que puedan para fortalecer y proteger su fe, su familia y su libertad.

family in the city

Los templos son muy importantes para los Santos de los Últimos Días porque, en ellos, las parejas se casan por tiempo y eternidad, y no solo hasta que la muerte los separe. Tal como declaró la Iglesia en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, hace veintitrés años, “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y… la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”1.

Esta doctrina aclara nuestra firme posición en cuanto a la familia. También creemos que hemos de tender nuestra mano a todas las personas con comprensión, amor y compasión. Mis palabras se centrarán primero en las razones doctrinales por las que la familia tradicional juega un papel tan importante en nuestra Iglesia. En segundo lugar explicaré la relación que existe entre las sensibilidades religiosas que rodean a la familia y la libertad religiosa. Por último, sugeriré algunos principios que nos guiarán a la hora de tender nuestra mano a quienes nos rodean, pese a cualquier malentendido o desacuerdo.

Las creencias de la Iglesia en cuanto a la familia

Para poner en contexto las creencias de nuestra Iglesia en cuanto a la familia, me gustaría citar la letra de una canción que nuestros niños cantan con frecuencia; se titula “Viví en los cielos”. Esta canción resume de dónde vinimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. Es lo que los Santos de los Últimos Días llaman el Plan de Salvación, un plan eterno de nuestro Padre Celestial.

Yo en los cielos viví y amé, cierto es,
a las personas que ahora conozco, traté
y nuestro Padre un plan presentó con bondad
para salvarnos con Él en la eternidad.

Dios requería que un hijo capaz de amar
diera su vida y a todos quisiera salvar.
“Quiero la gloria” insistió Lucifer con maldad;
dijo Jesús: “Padre, hágase tu voluntad”.

Dios eligió a Jesús y el Mesías nació;
para salvarnos sufrió, luego resucitó.
La puerta abrió para darnos oportunidad
de vivir otra vez en Su mansión celestial2.

Con esta canción en mente, permítanme explicar algunos aspectos importantes del Plan de Salvación que hacen hincapié en nuestra inmortalidad y naturaleza eterna, y en la de nuestras familias.

Antes de esta vida vivimos con Dios, que es nuestro Padre Celestial. Él es literalmente el Padre de nuestros espíritus, y nosotros somos Sus hijos procreados en Espíritu. Por tanto, todas las personas que nacen en esta tierra son hermanos y hermanas en el plano espiritual.

“Todo el propósito de Dios —Su obra y Su gloria— es darnos a cada uno de nosotros la oportunidad de disfrutar de todas Sus bendiciones”. Nuestra elección de obedecer o desobedecer Sus mandamientos determina nuestro destino eterno. “Jesucristo ocupa el lugar central del plan de Dios. Por medio de Su expiación, Jesucristo llevó a cabo el propósito de Su Padre e hizo posible que todos nosotros disfrutáramos de la inmortalidad y la vida eterna”3. Los lazos del matrimonio y la familia son atados por la autoridad del sacerdocio para que perduren más allá del sepulcro si nos casamos en el templo “así por el tiempo como por toda la eternidad” (D. y C. 132:7).

Espero que esta pequeña reseña les ayude a comprender lo íntimamente ligada que está nuestra teología a la familia tradicional. La sociedad, las leyes y la opinión popular pueden cambiar, pero la versión de familia que tiene la sociedad no puede sustituir el propósito y el plan de Dios para Sus hijos, y no lo hará.

En el mundo actual, donde el matrimonio y los hijos son cada vez más marginados, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es la única que reconoce la familia tradicional como uno de sus elementos doctrinales más importantes.

El Papa Francisco ha dicho: “[Dios]… ha creado al hombre y a la mujer… para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que le sea complementaria; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir, de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos”4.

La Iglesia Bautista del Sur proclama: “El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto de compromiso para toda la vida… El marido y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, ya que ambos fueron creados a imagen de Dios”5.

Nuestras creencias doctrinales sobre la familia eterna y las declaraciones de otros prominentes líderes cristianos hacen que sea más fácil comprender por qué estamos tan dedicados a nutrir, proteger y promover la familia tradicional.

Apoyo secular a puntos de vista religiosos

Hay quienes piensan que tales doctrinas y declaraciones son voces religiosas irracionales. No obstante, y aun reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo, en junio de 2015 la Corte Suprema de los Estados Unidos hizo todo lo posible por admitir que había personas sinceras y conscientes que podían sostener una opinión diferente.

“El matrimonio es sagrado para quienes viven conforme a sus respectivas religiones…

“Existen un sinnúmero de referencias a la belleza del matrimonio en textos religiosos y filosóficos que abarcan épocas, culturas y religiones, así como en el arte y la literatura en todas sus formas. Es justo y necesario señalar que esas referencias se fundaban en la idea de que el matrimonio es la unión entre dos personas de sexo opuesto…

“El matrimonio, desde su prisma, es por naturaleza la unión de un hombre y una mujer basada en su género diferenciado… Esta idea la han sostenido por mucho tiempo —y la siguen sosteniendo— personas sinceras y razonables de buena voluntad aquí y por todo el mundo”6.

La Corte Suprema correctamente admitió que muchas personas sinceras y razonables en el mundo continúan reconociendo el matrimonio tradicional.

family sitting together

Fe, familia y libertad

Al entender que personas razonables y sinceras pueden considerar el matrimonio solo entre personas de distinto género, la plaza pública debe dar cabida a tales puntos de vista, y la libertad religiosa debe proteger los mismos. De hecho, dado que las creencias religiosas pueden afectar la forma en que los creyentes conciben el principal propósito de la vida, dichas opiniones conformarán el modo en que ellos interactúan en sociedad.

Me viene a la memoria una noticia sobre unos niños cuya maestra en la escuela les leyó una historia acerca de dos princesas que se enamoraban la una de la otra. La maestra presentó ese material sin previo aviso ni advertencia. Cuando los padres pidieron que se les notificara si esa historia se leería de nuevo en el futuro, la escuela se negó7.

¿Habría perjudicado realmente a los administradores de la escuela dejar que los padres se llevaran a sus hijos cuando el material que se enseñara fuera contrario a sus creencias? La decisión de la escuela parece un ataque directo al papel que desempeñan los padres en la educación de sus hijos.

Vivimos en una época de extremos. Con frecuencia parece difícil y remoto llegar a un acuerdo. Oímos historias de personas que han tratado de ser fieles a sus normas solo para que se les acuse de fanatismo o intolerancia, o se les castigue a niveles aparentemente poco razonables.

La mayoría de los cerca de doscientos países del mundo, entre ellos los Estados Unidos, reconocieron el derecho de los padres a enseñar a sus hijos cuando firmaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El artículo 18 de ese tratado manifiesta: “[Las]… Partes… se comprometen a respetar la libertad de los padres… para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”8.

Esta protección internacional de los derechos humanos concuerda con la posición de la Iglesia, que establece lo siguiente en la proclamación sobre la familia: “Los padres tienen el deber sagrado de criar a sus hijos con amor y rectitud… y de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, [y] a observar los mandamientos de Dios… Los esposos y las esposas, las madres y los padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones”9.

Puede dar la impresión de que nadamos a contracorriente, pero contamos con un amplio respaldo para continuar sosteniendo nuestra opinión en cuanto al matrimonio tradicional. Yo solo he señalado unas pocas fuentes, pero hay muchas más.

Debemos reunir todo el apoyo que podamos para fortalecer y proteger nuestra fe, nuestra familia y nuestra libertad. Algunas personas tratan de manera activa de arrancarnos esos derechos. Un reportaje periodístico reveló que, en los Estados Unidos, se habían despilfarrado millones de dólares en frustrar la protección a la libertad religiosa10.

Ante este tipo de amenazas, creo que mi compañero del Cuórum de los Doce Apóstoles, el élder Dallin H. Oaks, lo ha expresado mejor: “Aun al procurar ser humildes y evitar la contención, no debemos abandonar ni debilitar nuestro compromiso con las verdades que comprendemos. No debemos ceder en nuestra postura ni en nuestros valores”11.

Si quienes se oponen a nosotros son sinceros en su compromiso con los valores de diversidad e igualdad, deberíamos ser capaces de trabajar juntos para encontrar compasión y paz. Imponer las creencias de unos sobre otros, como sucedió con los niños a quienes se les leyó material en contra de los deseos de sus padres, merma la diversidad y desequilibra la balanza de la igualdad. Al llegar a un consenso y extender nuestro amor a todos los hijos de Dios, que son nuestros hermanos y hermanas, podemos crear un apacible y variado tapiz de ideales y creencias.

family walking and holding hands

Principios que rigen el amor de unos por otros

Ahora que he descrito la importancia del matrimonio tradicional y de defender nuestros derechos, permítanme explicar por qué debemos tender una mano de hermandad a aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Jesucristo mandó:

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

“para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:44–45).

Al igual que no rechazamos —y no debemos hacerlo— a los miembros de nuestra familia con quienes discrepamos, no podemos ni debemos rechazar a quienes piensan, actúan o tienen una apariencia diferente a la nuestra. Manifestamos nuestra mejor humanidad cuando mostramos amor y bondad a todos los hijos de Dios. Demostramos nuestro discipulado cuando renunciamos a las estridencias, cuando rechazamos las etiquetas burlonas y cuando participamos en el debate público para llegar a conclusiones justas mediante la comprensión y el respeto mutuo.

Recientemente la Iglesia apoyó leyes que equilibraban las inquietudes de la comunidad LGTB con las de aquellos que tienen sensibilidades religiosas tradicionales. La legislación protege a las personas LGTB ante la privación de vivienda o empleo por causa de su orientación o identidad sexual. Al mismo tiempo, esta sólida legislación protege la conciencia religiosa y el derecho a vivir conforme a creencias religiosas profundamente arraigadas12.

Ninguna de las partes consiguió todo lo que quería, pero nuestra labor con la comunidad LGTB y la Asamblea Legislativa de Utah redujo la división en nuestras comunidades sin comprometer principios clave13. Podemos amarnos unos a otros sin comprometer nuestros ideales divinos, y podemos hablar de esos ideales sin marginar a otras personas.

Jesucristo fue el ejemplo supremo de cómo amar a los demás. Solo horas antes de comenzar el doloroso proceso de pagar por los pecados de cada uno de nosotros, Él se reunió con Sus apóstoles para participar de la fiesta de la Pascua —Su Última Cena— y para darles las últimas instrucciones que daría en esta vida. Entre Sus enseñanzas está la emocionante y transformadora declaración: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).

Podemos ser explícitos y vehementes sobre los beneficios del matrimonio entre un hombre y una mujer sin faltar al respeto ni herir a los que piensan de otro modo. Sin importar la creencia o la práctica, como hermanos y hermanas debemos esforzarnos por comprendernos los unos a los otros. Recuerden que, al final, casados o solteros, cada persona es una parte única del gran plan de Dios.

Conclusión

El profeta José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados el 27 de junio de 1844 por el populacho mientras se hallaban bajo custodia estatal. Después de su martirio, la persecución y las turbas amenazaban con destruir a los miembros de la Iglesia mientras construían el Templo de Nauvoo. Pero ellos continuaron aun sabiendo que tendrían que abandonarlo. Antes de ser expulsados por el populacho, asistieron al templo día y noche para hacer promesas sagradas que los unirían como familias por la eternidad14.

Al hacer la travesía al Valle del Lago Salado, mis bisabuelos, tanto del lado de mi madre como de mi padre, pagaron un precio colosal en sufrimiento y privación. Las familias pioneras fueron separadas por la muerte y, a pesar de enterrar a hijos, cónyuges, padres, abuelos y amigos a lo largo de un terreno desértico en su viaje hacia el Oeste, ellos siguieron adelante.

Su fe en un plan divino diseñado por Padres Celestiales que nos aman les dio el valor para hacer frente a tremendos desafíos. Ellos buscaron un lugar donde, sin persecución, pudieran criar a sus familias para amar a Dios y servirle. Les doy las gracias por haber marcado el camino.

La doctrina y teología de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días literalmente comienza y acaba con la familia. Repito lo que dije antes: Creemos que antes de venir a esta tierra vivimos como miembros de la familia espiritual preterrenal de Dios y que, como hijos de Padres Celestiales, hemos de prepararnos en esta vida para volver y recibir las bendiciones que se prometen a quienes guardan los mandamientos de Dios.

Este conocimiento nos preparará a cada uno de nosotros para el día en que muramos y sepamos con toda seguridad, tras regresar a la santa presencia de Dios, el verdadero propósito de Su plan para nosotros. De modo que, como se indica en la proclamación sobre la familia, “Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los funcionarios de gobierno de todas partes para que fomenten aquellas medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad”15.

Notas

  1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  2. “Viví en los cielos”, Canciones para los niños, nro. 148.
  3. Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 48.
  4. “Homilía del Santo Padre Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de los Obispos sobre la familia”, Catholic Herald, 4 de octubre de 2015, catholicherald.co.uk.
  5. “Las creencias básicas: Familia”, Convención Bautista del Sur, sbc.net/aboutus/basicbeliefs.asp.
  6. Obergefell et al. v. Hodges, 576 U.S., 2015, supremecourt.gov.
  7. Véase “Teacher, School Sued over Gay Fairy Tale”, NPR, 27 de abril de 2006, npr.org.
  8. “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”, artículo 18, Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ohchr.org.
  9. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, pág. 129.
  10. Véase Kevin Jones, “LGBT Grant-maker Wants to Win Religious Liberty Fight within Three Years”, Catholic News Agency, 29 de julio de 2015, catholicnewsagency.com.
  11. Dallin H. Oaks, “Amar a los demás y vivir con las diferencias”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 26.
  12. Véase Dennis Romboy, “LDS Church, LGBT Advocates Back Anti-Discrimination, Religious Rights Bill”, Deseret News, 4 de marzo de 2015.
  13. Véase “Utah Lawmakers Introduce Bill Balancing Religious Freedom and Nondiscrimination Protections”, 4 de marzo de 2015, mormonnewsroom.org.
  14. (Véase La historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos, Manual del alumno, Sistema Educativo de la Iglesia, 2003, págs. 330–332).
  15. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, pág. 129.
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Sentarse en consejo

Sentarse en consejo

Por Michael Magleby
Director del Departamento de Cursos de Estudio, Sacerdocio y Familia

man in priesthood quorum council meeting

Prólogo escrito por el élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles

Durante mi ministerio apostólico, con frecuencia he hecho hincapié en el poder y la importancia de los consejos, entre ellos los consejos de estaca, barrio, organizaciones auxiliares y familiares. Creo que trabajar por medio de consejos es la manera más eficaz de obtener resultados reales.

Este mes se implementan algunos cambios sencillos pero importantes en los cursos que los miembros de los cuórums del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro estudian cuando se reúnen cada domingo en sus respectivas organizaciones. Además de estudiar las palabras de los profetas vivientes pronunciadas en la conferencia más reciente, también nos “[sentaremos] en concilio” (D. y C. 107:89) para hablar de los problemas que afrontamos y de las necesidades que tenemos.

A medida que aprendamos a reunirnos en consejo de manera más eficaz, Dios nos bendecirá con un flujo de revelación y comprensión cada vez mayor, y con más poder para llevar a cabo Su obra.

Antes de que este mundo fuera creado, el Padre Celestial efectuaba Su obra por medio de concilios (véase D. y C. 121:32). Comenzando por Adán y Eva, el pueblo de Dios ha buscado Su orientación en consejos. De hecho, Dios se refirió a Sí mismo como “Varón de Consejo” (Moisés 7:35). Al principio de esta dispensación, José Smith comenzó a restaurar “el orden de los concilios en los días antiguos”1. En la actualidad, la Iglesia se rige mediante consejos en todos los niveles.

En los últimos meses, los líderes generales de la Iglesia se han reunido en consejo para hablar de cómo reforzar las reuniones dominicales del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro. El resultado es un nuevo curso de estudio titulado Ven, sígueme—Para el Sacerdocio de Melquisedec y la Sociedad de Socorro, que aumenta el uso de los mensajes de la conferencia general y traslada el poder de la deliberación en consejo a nuestros cuórums del sacerdocio y Sociedades de Socorro.

“Con lo que hasta ahora hemos tenido hemos hecho mucho bien”, dijo el élder Christoffel Golden, de los Setenta, que ayudó a dirigir este cambio; “pero el Señor desea que avancemos. El progreso vendrá como resultado de este viraje hacia el estudio de las palabras de los profetas vivientes y la deliberación en consejo.

Recientemente, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro y los miembros de los Setenta se reunieron en consejo para hablar del modo en que la deliberación en consejo invita a la revelación, aumenta la unidad y conlleva poder. Ellos ofrecen los siguientes principios sabiendo que usted edificará sobre esas ideas a medida que descubra soluciones adecuadas para usted, para su barrio o rama y para su cuórum o Sociedad de Socorro.

Poder en el propósito

“… por cuanto os habéis juntado… y estáis de acuerdo tocante a esta cosa, y habéis pedido al Padre en mi nombre, así también recibiréis” (D. y C. 42:3).

Los consejos son un medio a través del cual “[buscamos] colectivamente la voluntad del Señor”2. En otras palabras, no es suficiente solo compartir ideas; al deliberar en consejo invitamos la revelación de modo que podemos aprender lo que el Señor desea que hagamos en nuestra situación. Tendremos más éxito en nuestra experiencia de revelación a medida que recordemos lo siguiente:

  1. Enfoque—Comience con una cuestión o necesidad específica y significativa.Centrarse en una sola cuestión o necesidad aumenta nuestra capacidad de realizar un progreso significativo. También nos ayuda a ver más allá de las evidencias (lo que sucede) y a procurar comprender el problema de fondo (por qué y cómo algo afecta a las personas). Por ejemplo, podríamos deliberar sobre cómo orientar y conectar a nuestros jóvenes con los cielos en lugar de hablar del tiempo que pasan delante de una pantalla.
  2. Perspectivas—Plantee su problema o su necesidad como una pregunta.Un tema que se formula como una pregunta puede dar lugar a una reflexión doctrinal. Tal vez nos preguntemos: “¿Cómo puedo hacer frente a esta situación de modo que sea útil y produzca sanación?”, o “¿qué doctrina, si la entendiera mejor, me ayudaría a resolver este problema?”.
  3. Poder—Busque revelación. Aunque puede que los consejos den pie a la aportación de soluciones, el propósito de los mismos es descubrir la voluntad de Dios, no solamente enumerar una serie de buenas prácticas o decir: “Así es como se hacía en mi barrio anterior”. Tal como enseñó el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, no necesitamos reuniones; necesitamos experiencias que nos aporten revelación3. Deliberar en consejo revela soluciones poderosas que conducen a la acción.

Poder en la participación

“Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio” (D. y C. 88:122).

En los consejos, los intereses de las personas y de la organización (el barrio o la rama) se unen de manera singular, especialmente si los participantes comprenden lo siguiente:

  1. Cada miembro del consejo juega un papel fundamental. Los miembros del consejo deben participar de manera activa en el mismo, pero no predominar. Tal como Pablo enseñó: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (1 Corintios 12:21–22).
  2. Los miembros del consejo procuran aportar luz. El profeta José Smith enseñó que “todo hombre, antes de poner reparos a cualquier asunto que se presente al concilio para su consideración, debe estar seguro de poder aclarar más el tema en lugar de sembrar tinieblas, y ver que su objeción esté fundada en la justicia”4.
  3. Los miembros del consejo procuran estar unidos. Pese a sus diferentes puntos de vista, los miembros del consejo se unen porque buscan “recibir la guía del Espíritu Santo”5. José Smith dijo en una ocasión durante un consejo que “para recibir revelación y las bendiciones del cielo, era necesario que concentráramos nuestra mente en Dios y ejerciéramos la fe, y que fuéramos uno en corazón y voluntad”6.

Relief Society council meeting

Poder en los planes de acción

“… que todo hombre obre en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral que yo le he dado” (D. y C. 101:78).

Sin planes para obrar conforme a la revelación recibida, un consejo está incompleto. Se debe invitar a los participantes en el consejo a adquirir compromisos específicos conforme a los cuales obrarán. “Al final de su reunión de consejo deben tener asignaciones”, dijo la hermana Jean B. Bingham, Presidenta General de la Sociedad de Socorro. “La obra más importante tiene lugar entre una reunión y otra”.

La persona que lidera conduce el consejo hacia el entendimiento y el consenso. A continuación, él o ella concluye dando asignaciones y registrándolas para posteriormente hacer un seguimiento. La hermana Sharon Eubank, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, añade: “El poder está en nosotros. Al obligarnos a actuar, el Señor santificará nuestros esfuerzos (véase D. y C. 43:9). Aceptar asignaciones de manera voluntaria y rendir cuentas es la esencia de los convenios”.

El papel del líder

“… el predicador no era de más estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo; y así todos eran iguales” (Alma 1:26).

A fin de mejorar nuestros consejos, nosotros evitamos los conceptos del mundo sobre el liderazgo. En el Reino del Señor, el líder es el “siervo de todos” (Marcos 10:44). De manera similar, el líder de un consejo —ya sea una autoridad que preside o un maestro— proporciona el enfoque, pero no es el foco de atención. Él o ella evitan ser la voz predominante y tomar resoluciones antes de escuchar a los miembros del consejo.

El líder del consejo juega un papel importante en cuanto a establecer el propósito, fomentar el análisis e invitar a los participantes a comprometerse a actuar. Los consejos funcionan mejor cuando la persona que los dirige escucha, guía, invita, protege y valida.

  1. Escucha. Los buenos líderes escuchan a la persona que habla y al Espíritu Santo. “El don del discernimiento opera más eficazmente”, dijo el élder Bednar, “cuando escuchamos que cuando hablamos”7.
  2. Guía. El líder de un consejo guía la conversación, permitiendo que se forjen ideas. Cuando es necesario, el líder replantea el análisis o lo reconduce con amor.
  3. Invita. El Señor esparce revelación entre los miembros de un consejo. El invitar a todos —incluso a los que son reservados— a aportar ideas aumenta las probabilidades de conocer la voluntad del Señor.
  4. Protege.El líder de un consejo crea un ambiente donde compartir de manera segura y apropiada, y lo hace interesándose por quienes intervienen y protegiéndolos de la crítica y los juicios. Los temas delicados requieren una dirección prudente. Los asuntos confidenciales deben seguir siéndolo.
  5. Valida. A medida que los participantes comparten pensamientos e ideas, un líder valida las aportaciones mostrando aprecio y enlazando ideas relacionadas. Esa validación ayuda a los participantes a sentirse parte del proceso de revelación y a superarse a sí mismos para asegurarse de que su aportación es útil.

Nuevo curso de estudio, nuevo compromiso

El nuevo año y el nuevo curso de estudio traen consigo una etapa de nuevo compromiso. Somos bendecidos con el evangelio restaurado de Jesucristo. Es nuestra responsabilidad y privilegio procurar Su guía y llevar a cabo Su obra. Este paso adelante en nuestras reuniones dominicales del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro no consiste solamente en tener una clase sobre la obra; más bien nos “sentamos en consejo” y promovemos las obras de rectitud, obras que “[impulsarán] a muchos hasta Sion con cantos de gozo perpetuo” (D. y C. 66:11).

¿Qué novedades hay en las reuniones del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro?

El primer domingo de cada mes, el análisis en las reuniones del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro está dirigido por un miembro de la presidencia o un líder de grupo. Estas reuniones son consejos en los que nos instruimos y nos edificamos (véase D. y C. 43:8) a medida que deliberamos en consejo sobre problemas y necesidades. Estos análisis conducen a la acción, tanto individual como colectiva.

Otros domingos damos informes y hacemos un seguimiento de nuestro análisis y nuestras asignaciones. Cuando sea necesario extendemos nuevas asignaciones y las registramos. Los análisis durante estas reuniones se centran en la doctrina que se enseña en los mensajes de la conferencia general y en temas especiales seleccionados por los líderes generales de la Iglesia, y están dirigidos por un miembro de la presidencia, un líder de grupo o un maestro llamado. Los sentimientos que tenemos durante estos análisis nos inspiran a actuar y cambiar a nivel individual.

Notas

  1. José Smith, en “Minutes, 17 February 1834”, josephsmithpapers.org.
  2. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.4.4
  3. Véase David A. Bednar, “Mesa redonda” (reunión mundial de capacitación de líderes, noviembre de 2010), broadcasts.lds.org.
  4. Véase Enseñanzas del profeta José Smith, comp. de Joseph Fielding Smith, 1982, pág. 122
  5. Manual 2, 3.3.2.
  6. José Smith, en “Minutes, 27–28 December 1832”, pág. 3, josephsmithpapers.org.
  7. David A. Bednar, “Mesa Redonda”.
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Usted, los jóvenes y el lema de la Mutual

Usted, los jóvenes y el lema de la Mutual

Por Jessica Griffith
Revistas de la Iglesia

¿Cómo nos puede unir el lema de la Mutual?

Young Women leaders

Cada año, las Presidencias Generales de los Hombres Jóvenes y de las Mujeres Jóvenes invitan a los jóvenes a estudiar, aprender y poner en práctica un lema espiritual aprobado por la Primera Presidencia. El aprender y vivir las enseñanzas del lema de la Mutual puede fortalecer la fe y el testimonio, así como también unir a los cuórums, las clases y las familias.

El lema para 2018

El lema de este año enseña a los jóvenes a hallar la paz que proviene de Jesucristo. En Doctrina y Convenios 19:23, el Señor nos invita: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz”. En un mundo que puede estar lleno de incertidumbre y temor, esta es una poderosa promesa.

Esta Escritura da a los padres, líderes, mentores y maestros la oportunidad de enseñar modelos que pueden fortalecer a los jóvenes en los momentos difíciles.

¿En qué forma puedo utilizar el lema?

Las Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes nos han invitado a memorizar la Escritura, estudiar la doctrina y poner en práctica los principios en nuestra vida. Aunque eso puede hacerse de forma individual, el hacerlo juntos puede ayudar a unir y fortalecer a los jóvenes y sus familias.

Hay muchas oportunidades para incluir el lema en la vida de nuestros jóvenes. Puede usarse en la noche de hogar, en lecciones de la Iglesia y de Seminario, como tema para discursos de los jóvenes en la reunión sacramental, para enriquecer los ejercicios de apertura de la Mutual y para proporcionar un punto central en las actividades de los jóvenes, incluso en campamentos, conferencias para los jóvenes, actividades combinadas, Nuevos Comienzos y devocionales.

Algunas ideas para las actividades

Las siguientes son algunas ideas para incluir el lema de la Mutual a lo largo del año. Para obtener más ideas, visite youth.lds.org.

“Aprende de mí”

young men at church

Aprender de Jesucristo es importante para hallar paz en Él. Recibimos paz y seguridad cuando sabemos cómo es Él, aprendemos cómo vivió y comprendemos lo que Él hace por nosotros.

Cuando tenía 14 años, le preguntaron al presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) si había leído la Biblia completa. “… ya había leído muchos libros, las tiras cómicas y libros entretenidos, pero el corazón me decía con tono acusador: ‘Y tú, Spencer Kimball, tú nunca has leído ese libro sagrado, ¿por qué?’”1. A partir de ese momento, el presidente Kimball se propuso “[deleitarse] en las palabras de Cristo” (2 Nefi 32:3).

  • Considere pedirles a los jóvenes que apunten en un cuaderno de estudio lo que aprendan de Jesucristo y Su evangelio.
  • Tal vez desee invitar a los jóvenes a comprometerse a aceptar el desafío del presidente Russell M. Nelson de “[consagrar] un poco de tiempo cada semana para estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo, según se registra en [las Escrituras]”2. En clase o en la noche de hogar, podría pedirles que den un informe de lo que están aprendiendo y de cómo están poniéndolo en práctica en sus vidas.

Recursos

  • Santiago 1:22Moisés 1
  • “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”,Liahona, abril de 2000, págs. 2–3.
  • Russell M. Nelson, “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”, Liahona, mayo de 2017, págs. 39–42.
  • David A. Bednar, “Un carácter cristiano”, Liahona, octubre de 2017, págs. 50–53.

“Escucha mis palabras”

young men in Church class

Escuchar las palabras del Salvador significa no solo oír, sino prestar atención (u obedecer). Saber que estamos viviendo en armonía con Sus enseñanzas puede producir gran paz y seguridad.

Cuando tenía ocho años, el presidente Thomas S. Monsondecidió hacer una fogata con su amigo Danny. Sin embargo, había un problema: el campo donde querían hacerla estaba seco, espinoso y lleno de hierbas. Fue entonces que el joven presidente Monson tuvo una idea. “Le dije a Danny: ‘Todo lo que tenemos que hacer es prenderles fuego; ¡quemaremossolo un círculo en la hierba!’. Él accedió de inmediato y corrí a la cabaña a buscar unos fósforos (cerillos)…

“Recuerdo que pensé que el fuego solo quemaría hasta donde nosotros quisiéramos y, que por arte de magia, se extinguiría solo.

“Encendí el fósforo con una roca y prendí el pasto reseco de junio…”. Al darse cuenta rápidamente de que el fuego no se apagaría solo, los niños corrieron en busca de ayuda, y el incendio se apagó tras varias horas de trabajo.

“Ese día Danny y yo aprendimos varias lecciones difíciles pero importantes”, dijo el presidente Monson, “entre las que sin duda estaba la importancia de la obediencia”3.

  • Pida a los jóvenes que estudien sobre la obediencia en el capítulo 6 de Predicad Mi Evangelio, incluso la sección sobre la obediencia de la actividad sobre los atributos que se encuentra al final del capítulo.
  • Hablen de las cosas que pueden distraernos y hacer que no escuchemos las palabras del Señor. Por ejemplo, podría invitar a los jóvenes a reemplazar 10 minutos de tiempo frente a una pantalla por 10 minutos de estudio de las Escrituras.
  • Pregunte a menudo a los jóvenes qué harán con lo que han aprendido.

Recursos

  • Éxodo 20Mateo 5:1–12
  • Véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 129.
  • Hadley Griggs, “Diez minutos al día”, Liahona, septiembre de 2017, págs. 58–61.
  • Robert D. Hales, “Si me amáis, guardad mis mandamientos”, Liahona, mayo de 2014, págs. 35–38.

“Camina en la mansedumbre de mi Espíritu”

young women at church

Aprender y escuchar describen lo que debemos hacer; caminar en la mansedumbre de Su Espíritu es cómo debemos hacerlo.

Ser manso significa “soportar el daño con paciencia y sin resentimiento”4, algo que requiere tanto fortaleza como humildad. En 1838, Thomas B. Marsh, el primer Presidente del Cuórum de los Doce, abandonó la Iglesia, en parte debido a su resentimiento porque los líderes de la Iglesia no apoyaron a su esposa en una disputa en torno a la leche. Años más tarde, se lamentó por las bendiciones que había perdido y regresó a la Iglesia, diciendo: “Con frecuencia he querido saber cómo comenzó mi apostasía, y he llegado a la conclusión de que debí haber perdido el Espíritu del Señor, el cual salió de mi corazón… me sentía enojado e iracundo; y una vez que se marchó el Espíritu del Señor, como dicen las Escrituras, quedé cegado…”5.

  • La vida del Salvador no fue fácil. Encuentre en las Escrituras ejemplos de ocasiones en las que Jesús demostró mansedumbre frente a los desafíos. Analice cómo podemos poner en práctica el ejemplo del Salvador en situaciones que afrontamos hoy en día.
  • Una manera de llegar a ser manso es servir a los demás. Considere diferentes actos de servicio que los jóvenes podrían hacer de forma personal o en grupo.

Recursos

  • Tito 3:2–5Moroni 8:26Doctrina y Convenios 112:13
  • Ulisses Soares, “Sean mansos y humildes de corazón”,Liahona, noviembre de 2013, págs. 9–11.
  • Neal A. Maxwell, “Meekness—A Dimension of True Discipleship”, Ensign, marzo de 1983, págs. 70–74.

“En mí tendrás paz”

young women outside of church

La paz puede significar algo diferente para cada persona: la esperanza de que la sanación es posible, la certeza de que existe la forma de superar los momentos difíciles o la convicción de que estamos en el camino correcto.

  • Descubra relatos de cómo otras personas han hallado paz en Cristo en Mormon.org/easter y en las páginas 60 y 63 de este ejemplar. ¿Cómo ha hallado paz?
  • Considere ver el video de la Pascua de Resurrección 2017, “Príncipe de Paz”, en Mormon.org/pascua. Podría invitar a los jóvenes a compartir el video en línea, junto con su testimonio de cómo han hallado paz en Cristo.

Recursos

  • Juan 14:27Filipenses 4:7
  • W. Christopher Waddell, “Un modelo para tener paz”,Liahona, mayo de 2016, págs. 90–93.
  • Quentin L. Cook, “Paz personal: La recompensa a la rectitud”, Liahona, mayo de 2013, págs. 32–36.

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 67.
  2. Russell M. Nelson, “Prophets, Leadership, and Divine Law” (devocional mundial para jóvenes adultos, 8 de enero de 2017), broadcasts.lds.org.
  3. Thomas S. Monson, “La obediencia trae bendiciones”, Liahona, mayo de 2013, págs. 89–90.
  4. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, edición Nº 11, 2003, “meekness [mansedumbre]”, merriam-webster.com.
  5. Thomas B. Marsh, en Journal of Discourses, tomo V, págs. 206–207 (véase también “La fe y la caída de Thomas Marsh”, en Revelaciones en contexto: Los acontecimientos de trasfondo de las revelaciones de Doctrina y Convenios, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, págs. 62–64).
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Una bendición prometida por asistir al templo

Una bendición prometida por asistir al templo

Por Cheri Evans
La autora vive en Utah, EE. UU.

Había tenido el deseo de asistir más al templo, pero jamás imaginé lo mucho que eso bendeciría a mi familia.

family walking toward temple

Hace unos años, el presidente Oldroyd, miembro de la presidencia de estaca, visitó mi barrio y dijo algo que jamás olvidaré: “Les prometo que, si asisten al templo, serán bendecidos en cada aspecto de su vida”.

Al pensar al respecto, no podía imaginarme de qué manera el ir al templo podría influir en cada aspecto de mi vida. Sin embargo, al salir de la capilla, tomé la decisión de aceptar ese desafío de todos modos y asistir al templo con más frecuencia. Deseaba poner a prueba esa promesa. Mi esposo había tenido el deseo de ir al templo más a menudo, pero yo estaba renuente porque teníamos niños pequeños. Tendríamos que conducir una hora y media hasta el templo que se encontraba en San Antonio, Texas, EE. UU., realizar una sesión de investidura, y luego volver a casa. No podíamos pedirle a alguien que cuidase a nuestros hijos por siete u ocho horas.

El comienzo de una bendición

Al principio intentamos turnarnos con otra familia para cuidar a los niños, pero inevitablemente alguien se enfermaba o tenía algún compromiso. Decidimos que solo debíamos fijar las fechas para todo el año, ¡e ir! Luego se nos ocurrió el método “pizza y diversión”. Íbamos al templo juntos. Uno de nosotros iba a una sesión del templo mientras el otro llevaba a los niños a comer pizza. Luego intercambiábamos roles: el otro hacía la obra del templo mientras que el primero paseaba con los niños por los jardines del templo. Esto dio buenos resultados. Nuestros hijos sabían que el templo era importante para nosotros —sabían que podíamos estar haciendo muchas otras cosas los sábados—, y tuvimos la oportunidad de pasar tiempo en familia.

Jamás imaginé lo mucho que ir al templo bendeciría a mi familia. Después de que habíamos estado yendo con más frecuencia durante más de un año, me encontraba en una sesión cuando noté la presencia de un hombre cuadripléjico. Pensé que era increíble que él estuviera allí. Cuando salimos del templo, lo vi sentado cerca del estacionamiento, por lo que mi esposo y yo nos acercamos para saludarlo.

El hombre le preguntó a mi esposo Chad si podíamos ayudarlo a hacer una llamada telefónica. Aceptamos ayudarlo, y el hombre le dijo a Chad dónde estaba su teléfono. Chad marcó el número y luego le pasó el teléfono. El hombre no lograba alcanzarlo, aunque sonreía amablemente. Chad vio que los brazos del hombre estaban amarrados a la silla de ruedas, y pronto se dio cuenta de que debía llevarle el teléfono al oído. El autobús de servicio que debía recoger al hombre estaba retrasado. Nos quedamos con él y hablamos hasta que llegó el autobús. Nos sorprendió que, a pesar de sus desafíos, él estaba en el templo. Tenía una actitud increíble y una sonrisa radiante. Antes de que se fuera, intercambiamos nuestra información de contacto y supimos que se llamaba Max Para.

Si el hermano Para podía ir al templo, nosotros también podíamos hacerlo; ¡no había excusas!

El ejemplo del hermano Para

Brother Para with the Evans family

Decidimos visitarlo al mes siguiente durante nuestra ida al templo. Lo llamamos con anticipación, y nos dijo que al llegar a su casa, podíamos entrar directamente. Condujimos hasta San Antonio y hallamos la pequeña casa del hermano Para. Él estaba recostado en su cama, y una sábana blanca le cubría el cuerpo hasta el mentón. Movió la cabeza a un lado y habló con nosotros con una gran sonrisa. Nos contó cómo quedó cuadripléjico después de caerse de un techo cuando tenía un poco más de 30 años. Compartió sus pruebas y su testimonio.

Aquella visita al hermano Para fue el comienzo de años de visitas. Él llegó a ser una parte especial de nuestra vida. No sabíamos qué hacer por él; sus desafíos eran enormes. Lo que sí sabíamos era que podíamos ser sus amigos. Podíamos llevarle pequeños regalos: una imagen del Salvador, un CD del Libro de Mormón en español, una fotografía del templo, una bolsa de naranjas frescas. Podíamos visitarlo, cantar canciones de la Primaria y escucharlo. Fue una experiencia increíble: no se puede dar una migaja al Señor sin recibir una hogaza a cambio1.

Él nos enseñó a ser agradecidos, lo cual cambió cadaaspecto de nuestra vida. Aprendimos a tener gratitud por nuestro conocimiento del Evangelio; por nuestra relación con Dios; por nuestro conocimiento del Plan de Salvación; por nuestro hogar, autos, alimentos y ropa; por poder usar nuestro cuerpo; por la oportunidad de contribuir a la comunidad y por las buenas personas que nos rodean. El hermano Para transformó nuestra definición de las palabras difícil y prueba. Teníamos motivos para regocijarnos por nuestras muchas bendiciones, y nos valimos de ellas para edificar a los demás.

Aprender a prestar servicio

Una vez, cuando Chad estaba en el templo con uno de nuestros amigos, el hermano Gonzáles, volvió a ver al hermano Para mientras este esperaba que una camioneta pasara por él. El hermano Para había estado esperando mucho tiempo. Chad y el hermano Gonzáles decidieron llevar al hermano Para a su casa. El hermano Gonzáles tenía una camioneta grande y negra. En ese preciso momento, algunos presbíteros de nuestra estaca llegaron en auto y ayudaron a subir la pesada silla de ruedas a la parte trasera de la camioneta. Luego subieron al hermano Para a la camioneta, le pusieron el cinturón de seguridad y lo sostuvieron para que no se cayera. Estoy segura de que ese día fue maravilloso para el hermano Para: ¡jamás hubiera imaginado que volvería a casa desde el templo en la camioneta de sus sueños!

Bendecidos en todo sentido

Durante nuestra última ida al Templo de San Antonio antes de que nos mudáramos, tuvimos la oportunidad de visitar al hermano Para. En aquella última y especial visita, él invitó a toda nuestra familia a cenar.

Estoy muy agradecida por haber puesto a prueba la promesa del presidente Oldroyd. Mi familia y yo jamás habríamos conocido al hermano Para si no hubiésemos asistido al templo. Soy un persona diferente; estoy llegando a ser la persona que el Señor quiere que sea. Al poner al Señor en primer lugar y asistir al templo, nuestras vidas fueron bendecidas en todo sentido.

Nota

  1. Véase Melvin J. Ballard, en Marion G. Romney, “Los Servicios de Bienestar: El programa del Salvador”, Liahona, febrero de 1981, pág. 184.
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El Templo nos da una visión más elevada

El Templo nos da una visión más elevada

Por Jean B. Bingham
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Como un telescopio enfocado en estrellas que están más allá de nuestra vista, el templo nos abre la mente hacia una visión más amplia y elevada.

Fort Lauderdale Florida Temple

Algunos de nuestros recuerdos más vívidos y significativos del tiempo en que vivimos en la región central de Estados Unidos cuando éramos padres jóvenes son nuestras visitas anuales al Templo de Washington, D.C. En ese entonces, era el único templo en funcionamiento al este del río Misisipí. El conocimiento de que las ordenanzas del templo son esenciales para todos los hijos de nuestro Padre Celestial daba a nuestros esfuerzos un sentido de urgencia.

Como muchos de ustedes, hacíamos arreglos para que algunos amigos cuidaran a nuestros hijos pequeños, viajábamos toda la noche en un autobús lleno de otros miembros, pasábamos un par de preciados días realizando la mayor cantidad de obra del templo posible y luego regresábamos en autobús durante la noche para poder asistir a las reuniones de la Iglesia el domingo. No sentíamos que esos viajes fueran un sacrificio; eran preciados debido al estímulo espiritual que nos fortalecía el alma durante meses.

Unos años más tarde, nos emocionó la llegada del Templo de Chicago, Illinois, el primer templo que se construyó en el Área Norteamérica Centro desde que se dedicó el Templo de Cardston, Alberta, Canadá, 62 años antes. Con un templo a solo 45 minutos de casa, nos sentimos gozosos de asistir más de una vez al año y recibir ese alimento espiritual a menudo.

Sin embargo, hoy en día, aunque algunos de nosotros vivimos a corta distancia de un templo, aun así se nos puede dificultar asistir frecuentemente. Tal vez el fácil acceso a un templo nos adormece y nos hace pensar: “Iré mañana, cuando tenga más tiempo”. Es fácil distraerse con las presiones actuales y descuidar oportunidades más importantes. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Te exhorto a establecerte una meta respecto a la frecuencia con que recibirás el beneficio de las ordenanzas que se ofrecen en nuestros templos”1.

Si pasamos por alto la oportunidad de asistir tan seguido como nuestras circunstancias lo permitan, si tomamos a la ligera la oportunidad de ir al templo cuando este está, por así decirlo, en el patio de nuestra casa, quizás perdamos futuras bendiciones y oportunidades que nuestro Padre y Su Hijo tienen preparadas para nosotros. “Yo, el Señor”, declaró Él, “estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

Cuando parece que los acontecimientos conspiran para evitar que vayamos al templo, podemos recordar la promesa de Jesucristo: “En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Al perseverar y asistir al templo a pesar de los tropiezos, recibiremos la ayuda del Salvador para vencer al mundo en que nosotrosvivimos. Una vez, mientras mi esposo y yo nos preparábamos para ir al templo, surgió un problema tras otro. Finalmente, cuando estábamos a punto de salir por la puerta, tuvimos un tenso “momento conyugal”. Mientras ambos caminábamos en silencio hacia el auto, oímos que nuestra hija mayor consolaba a su hermana: “No te preocupes; siempre vienen felices del templo”. ¡Y ella tenía razón!

Los templos nos recuerdan el alcance de la eternidad

Nauvoo Illinois Temple staircase

Ya sea que vayamos al templo con el corazón lleno de gozo o apesadumbrado de tristeza, el templo es el lugar para que todo miembro digno que tenga un corazón abierto sea edificado y fortalecido.

He ido al templo llena de profunda gratitud por una bendición otorgada a un ser querido que estaba sufriendo; también he derramado silenciosas lágrimas de gran pesar por mis propias faltas. He recibido impresiones, instrucción y hasta regaños del Espíritu al servir como representante de alguien a fin de que recibiera las ordenanzas que le permitirían progresar a lo largo de la eternidad. Todas esas experiencias me han edificado y fortalecido. Y sí, he pasado muchas horas en el templo como un “deber”, simplemente cumpliendo mi obligación, ¡y hasta me he quedado dormida en las sesiones del templo durante los años en que fui maestra de Seminario temprano por la mañana! Sin embargo, cada una de las veces que fui al templo, fui bendecida. Ya sea que recibamos una bendición inmediata o que nuestros esfuerzos acumulen bendiciones posteriores, cada minuto que pasamos en el templo produce algún crecimiento personal.

El estar en el templo nos recuerda el alcance de la eternidad, tanto al mirar hacia atrás a nuestros antepasados como al mirar hacia adelante a nuestros hijos. La perspectiva eterna de nuestros hijos también se ve fortalecida cuando ellos se centran en el templo. ¿Cómo podemos prepararlos mejor para el templo, un paso fundamental en su progreso eterno? El presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, aconsejó: “Los padres deberían enseñar la importancia del templo desde los primeros días de la vida de sus hijos”2. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) recomendó a los padres que pusieran una imagen del templo en la habitación de sus hijos a fin de que vean ese recordatorio sagrado cada día hasta que llegue a ser parte de ellos3. Ustedes también pueden compartir con sus hijos las bendiciones que reciben al asistir al templo, así como su testimonio del gozo que esperan tener en su relación eterna con ellos. Y pueden apoyar a sus hijos adolescentes que desean realizar bautismos por los muertos. En sus lecciones de la noche de hogar y en los momentos de enseñanza, recuerden que “el templo es el objeto de toda actividad, de toda lección y de todo paso progresivo en la Iglesia”4.

Al cantar con sus hijos: “Me encanta ver el templo; un día entraré, y ser fiel a mi Padre, allí prometeré”5, les ayudarán a sentir el deseo de entrar en la Santa Casa del Señor. Y el corazón de ustedes se henchirá de gratitud por el Padre Celestial, por Su Plan de Salvación, por el Salvador y Su expiación, la cual ha hecho posible que ustedes estén con sus seres queridos para siempre. “[El] camino [del Salvador] es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero”6. ¡Ese sendero conduce al templo y pasa por él!

Los templos son un refugio del mundo

Idaho Falls Idaho Temple garden room

Las influencias mundanas pueden alejarnos del templo. Un joven y querido amigo ha estado afligido por las opiniones y especulaciones sobre la Iglesia que leyó en internet. Decidió dejar de asistir al templo hasta resolver sus preguntas. Con todo mi corazón, les ruego a ustedes que tal vez tengan preguntas que afectan su testimonio, que continúen orando de forma personal y estudiando las Escrituras, y que sigan asistiendo al templo mientras se esfuerzan por hallar las respuestas que les darán paz. Sigan enfocados en el Evangelio para evitar distraerse con ideologías astutas pero falsas. Así como uno no buscaría sanar una dolencia física pidiéndole consejos médicos a un atleta profesional, las preguntas espirituales significativas no pueden ser resueltas por alguien que tenga un conocimiento limitado del evangelio restaurado de Jesucristo. El Espíritu Santo, quien testifica de “la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5), “[hablará] a tu mente y a tu corazón” (D. y C. 8:2) aquello que es la verdad eterna.

Uno de los lugares donde se puede acceder a ese Espíritu más abundantemente es el templo. Si ustedes son dignos de entrar en la Casa del Señor (según lo determinen ustedes y su obispo), vayan al templo con sus preguntas y tengan la certeza de que aunque ahora no comprenden todas las cosas, el Señor sí las comprende. Recuerden todo lo que  saben y comprenden. Las cosas que  saben y de las que han recibido un testimonio espiritual les guiarán hacia “… la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, [y] guardará [sus] corazones y [sus] pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Testifico que recibirán el entendimiento y la paz que buscan si continúan teniendo fe en que su Padre Celestial los conducirá y guiará a la verdad.

Isaías nos recuerda que el templo es un “refugio… contra la tempestad” (Isaías 4:6). Las palabras del presidente Monson son igualmente reconfortantes: “Al entrar por las puertas del templo, dejamos atrás las distracciones y la confusión del mundo. En el interior de ese santuario sagrado hallamos belleza y orden; allí hay reposo para nuestra alma y descanso de los afanes de la vida”7.

A medida que aumentan los problemas en el mundo y las presiones de la vida diaria crecen, debemos mantener nuestro enfoque en las cosas que realmente son importantes. Es fácil centrarnos en lo negativo y en las calamidades del mundo, como si viéramos nuestras faltas y problemas a través de un microscopio. El estar en el templo nos recuerda que debemos mantener una perspectiva eterna. Como un enorme telescopio enfocado en estrellas que están más allá de nuestra vista, el templo nos abre la mente hacia una visión más amplia y elevada. Nos permite ver, esperar y esforzarnos por llegar a ser todo lo que el Padre Celestial ha designado que seamos. Nos ayuda a centrarnos en las verdades eternas: en Padres Celestiales que nos aman y que desean ayudarnos, en nuestro verdadero valor como Sus hijos y en lo que podemos llegar a ser como “herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17). En el templo se enseña el plan de Dios y se hacen convenios eternos. En el templo se nos dan las herramientas para que alcancemos nuestro más alto potencial eterno.

“Cuando asistimos al templo”, enseñó el presidente Monson, “podemos recibir un nivel de espiritualidad y sentimiento de paz que superarán cualquier otro sentimiento que podría penetrar el corazón humano. Comprendemos el verdadero significado de las palabras del Salvador cuando dijo: ‘La paz os dejo, mi paz os doy… No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo’ [Juan 14:27]”8.

Su servicio en el templo bendecirá a los demás

Provo City Center TempleEl espíritu que ustedes obtengan como resultado de su servicio en el templo bendecirá a muchas personas dentro de su círculo de influencia; algunas que posiblemente ni siquiera hayan considerado. Al final de una de nuestras visitas al Templo de Washington, D.C., los miembros del grupo compartieron su testimonio mientras el autobús recorría el largo camino de regreso a casa. Uno tras otro, los participantes compartieron su gozo y gratitud por las bendiciones inmediatas y eternas del templo. El conductor, que no era miembro, finalmente no pudo resistirse más. Tomó el micrófono y expresó su gratitud por estar con nosotros. Entonces dijo: “No sé qué tienen ustedes, pero siento algo diferente aquí”. Por supuesto, un líder misional de barrio que estaba en el autobús le pidió su información de contacto y luego se la pasó a los misioneros.

Quisiera invitarles a aprovechar la bendición de tener un templo cerca tan frecuentemente como sus circunstancias lo permitan. Serán fortalecidos y hallarán paz en la Casa del Señor Jesucristo, ya que Él es la luz y la vida y la esperanza del mundo. A medida que en estos últimos días se acerca Su prometido regreso, ruego que ustedes reciban Su luz y sientan la esperanza que se ofrece en Sus santos templos.

Promesas específicas

Star Valley Wyoming Temple window

Los profetas y apóstoles han hecho promesas específicas para quienes asisten al templo. Recuerden que Dios está obligado cuando hacemos lo que nos dice, mas cuando no hacemos lo que nos dice, ninguna promesa tenemos (véase D. y C. 82:10).

  • El presidente Thomas S. Monson ha prometido: “Al ir a la santa Casa, al recordar los convenios que allí hacemos, podremos soportar toda prueba y vencer cada tentación”.
  • El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) prometió: “… si van a la Casa del Señor, serán bendecidos, la vida será mejor para ustedes… Aprovechen la gran oportunidad de ir a la Casa del Señor y de ese modo participar de todas las maravillosas bendiciones que les corresponde recibir allí”.
  • El élder Richard G. Scott prometió: “La asistencia regular [al templo] enriquecerá tu vida dándole más propósito”.

Notas

  1. Richard G. Scott, “La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles”, Liahona, mayo de 2009, págs. 43–45.
  2. Russell M. Nelson, “Prepare for Blessings of the Temple”, Ensign, marzo de 2002, pág. 17.
  3. Véase The Teachings of Spencer W. Kimball, 1982, pág. 301.
  4. Russell M. Nelson, “Prepare for Blessings of the Temple”, pág. 17.
  5. “Me encanta ver el templo”, Canciones para los niños, pág. 99.
  6. “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Liahona, abril de 2000, pág. 2.
  7. Thomas S. Monson, “Las bendiciones del templo”, Liahona, mayo de 2015, pág. 92.
  8. Thomas S. Monson, “Las bendiciones del templo”, pág. 92.
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Mira y vive

Mira y vive

Por el élder W. Mark Bassett
De los Setenta

Cuando nos volvemos hacia Dios, generamos una fuente constante de renovación espiritual.

young man standing by broken down car

Durante mis años formativos, era algo común para mi familia ir en auto entre el norte de California y Utah, EE.UU. No era el viaje por el desierto lo que nos gustaba, sino llegar a destino y la alegría de visitar a los familiares que vivían allí.

El verano antes de partir para mi misión de tiempo completo, viajé una vez más para visitar a familiares en Utah, pero esta vez, mi hermano menor David y yo viajamos solos; teníamos dieciséis y dieciocho años de edad en aquel entonces. Habíamos hecho el viaje de diez horas tantas veces con nuestra familia que teníamos plena confianza en nuestra capacidad para viajar seguros.

Visitamos al tío Kay, a la tía Dianne, y a la prima Michelle. Entonces, mientras David extendía su visita, yo tuve que regresar a California por mi cuenta para una cita dental.

Empezaba a caer la noche cuando salí de Spanish Fork, Utah, para comenzar el viaje nocturno. Todo iba bien al principio. Al poco rato, salí de la carretera que va de sur a norte y tomé la que va de este a oeste. Encendí las luces y viajé de prisa a través del oeste de Utah. Al transcurrir los kilómetros, y a medida que la noche del desierto se volvía cada vez más oscura, noté que estaba teniendo más dificultad para ver la carretera. Por fin, me di cuenta de que los faros se iban apagando; finalmente se apagaron del todo, el motor dejó de funcionar y el automóvil se detuvo a un lado de la carretera interestatal.

La batería estaba totalmente descargada; el auto no pudo avanzar más. Aunque había tenido cuidado de asegurarme de que tenía suficiente combustible e incluso había determinado dónde pararía para poner gasolina, no estaba preparado para la pérdida total de energía eléctrica.

¿Qué es un alternador?

Me crio un padre que se enorgullecía de encargarse personalmente del mantenimiento de los automóviles de la familia. Él nos enseñó sobre la mecánica de automóviles, así que sabía que una buena batería no se descargaría en tanto que el coche estuviera en marcha, a menos que hubiera un problema con el alternador. Un alternador es un generador eléctrico que convierte la energía mecánica en energía eléctrica. Utiliza la energía cinética del motor que está en marcha para producir energía magnética que se transforma en corriente eléctrica que recarga la batería continuamente. Eso permite que los faros, la radio, el aire acondicionado y otros dispositivos eléctricos funcionen sin interrupción. Además, mantiene el motor en marcha.

Algo andaba mal con el alternador de mi auto; necesitaba repararlo o reemplazarlo antes de poder continuar mi viaje.

En una era anterior a los teléfonos celulares, mi única opción era comenzar a caminar. Finalmente, un hombre me recogió y me llevó a la siguiente ciudad. En un teléfono público llamé a un camión de remolque. Me senté en la cabina con el conductor durante el viaje de una hora de vuelta a donde estaba el auto y luego me volví a sentar con él mientras regresábamos a la pequeña ciudad remolcándolo. Finalmente, cuatro horas después de haber salido del auto por primera vez, me encontraba de nuevo en su interior, durmiendo enfrente de una estación de servicio hasta que abrieron.

Cuando el gerente llegó, se rio ante la idea de que en esa pequeña ciudad tuvieran la pieza que necesitaba. Podía hacer el pedido, pero no llegaría hasta dentro de dos o tres días. Entonces se compadeció de mí; me dijo que podía poner la batería en un cargador durante unas tres horas, lo cual me daría suficiente potencia para conducir el auto hasta la próxima ciudad. Quizás ellos tendrían el repuesto que necesitaba.

Con la batería cargada, emprendí el viaje sin encender nada que desperdiciara la preciada electricidad. Llegué a la siguiente ciudad, pero tampoco tenían la parte que necesitaba. Ese ciclo continuó: una carga de tres horas para disponer de un periodo de dos horas para viajar de una ciudad a la siguiente. Después de encontrar gente amable en las ciudades a lo largo del camino, finalmente llegué bien a casa de mis padres, agotado después de un viaje de treinta horas.

Maná espiritual

Hay una similitud entre mi viaje y el viaje por el desierto que los israelitas realizaron en tiempos del Antiguo Testamento. Durante cuarenta años, a los israelitas se les reabasteció constantemente con sustento de los cielos llamado maná. (Véanse Éxodo capítulo 16 y Números capítulo 11).

gathering of manna

Hoy en día, nosotros tenemos una necesidad similar de sustento de los cielos, de alimento espiritual. Afortunadamente, podemos crear un “alternador espiritual” que “genere” el “maná espiritual” que necesitamos. Puesto que satisfacemos nuestras necesidades espirituales al mantener nuestra relación con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo, Jesucristo, entonces, así como los israelitas pasaron tiempo cada día recolectando maná físico, hoy debemos recolectar maná espiritual por medio de la oración, del estudio del Evangelio y al esforzarnos por recibir la compañía constante del Espíritu Santo.

Con el tiempo, los israelitas se cansaron de recolectar el maná físico y tuvieron “un deseo voraz” por las cosas que habían dejado atrás (Números 11:4). Si permitimos que nos sintamos cansados de recoger maná espiritual, quizás nos encontremos anhelando cosas que no son para nuestro mejor beneficio espiritual. Al igual que los israelitas frustrados, corremos el riesgo de perder de vista nuestro propósito original: llegar a la tierra prometida. Incluso podríamos desear que nunca hubiésemos salido de nuestro “Egipto” (véase Números 11:5–6). Al final, nuestro alternador espiritual deja de generar energía, y no podemos progresar. Nos encontramos varados, hambrientos y ansiosos de que se nos rescate.

Ver el milagro

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) enseñó: “A veces, parecería que tomáramos las Escrituras muy a la ligera, porque no apreciamos completamente el singular privilegio que tenemos de poseerlas ni lo bendecidos que somos porque las tenemos. Es como si nos encontráramos tan cómodos con las experiencias de este mundo y tan acostumbrados a oír que se enseñe el Evangelio entre nosotros, que nos es difícil imaginar que la situación habría podido ser diferente”1.

Nunca debemos pasar por alto la necesidad que tenemos del estudio constante de las Escrituras, de la oración y de la obediencia, ya que nos ayudan a mantener la compañía del Espíritu Santo. Si descuidamos las actividades que nos recargan espiritualmente en la vida, si nos aburrimos con ellas, o si simplemente las realizamos de manera rutinaria, entonces nuestro alternador espiritual no está funcionando al máximo. Poco a poco podemos descargarnos espiritualmente, tal vez de manera tan gradual que apenas lo percibamos. En ese momento, la única manera de recuperarse es volver a Jesucristo y arrepentirse. Todas las cosas se pueden restaurar mediante la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento sincero.

Mira y vive

Cuando los israelitas se quejaron, perdieron su gratitud por la bendición del sustento. Como castigo, “Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel” (Números 21:6).

Finalmente, “el pueblo acudió a Moisés, y le dijeron: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.

“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre un asta; y acontecerá que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá.

“Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta, y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguno, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía” (Números 21:7–9).

brazen serpent

Serpientes modernas de bronce

La serpiente de bronce es un símbolo de Cristo al ser levantado en la cruz (véase Juan 3:14–15). Al acudir al consejo de los profetas actuales, estamos mirando hacia Cristo porque ellos dirigen de nuevo nuestra atención al plan de nuestro Padre y al papel central de Jesucristo. Al igual que las personas bondadosas que me permitieron cargar la batería, los profetas, videntes y reveladores vivientes nos cargan espiritualmente al recordarnos que somos hijos de nuestro Padre Celestial y que es Su “obra y… gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Nos han aconsejado específicamente que a medida que adoremos de modo más eficaz en el día de reposo, aumentaremos nuestra fe en nuestro Padre Celestial, en Su plan de felicidad, y en Jesucristo y Su expiación.

La historia de Moisés y la serpiente de bronce también se menciona en el Libro de Mormón, donde se nos dice que “muchos miraron y vivieron” (Alma 33:19; véanse también los versículos 20–22). Sin embargo, otros se negaron a ver. “… la tarea que tenían que cumplir era mirar; y por causa de la sencillez de la manera, o por ser tan fácil, hubo muchos que perecieron” (1 Nefi 17:41). ¿Se podría decir de nosotros algún día que nos negamos a mirar a los profetas y sus consejos por ser tan fácil la manera?

“… si fuerais sanados con tan solo mirar para quedar sanos, ¿no miraríais inmediatamente?…

“Si es así… mirad y empezad a creer en el Hijo de Dios” (Alma 33:21, 22).

Estoy agradecido por las bendiciones que recibimos mientras marchamos a lo largo de nuestra “carretera al cielo” y animamos a los demás a hacer lo mismo. Estoy igualmente agradecido por la oportunidad que tenemos, si nos descarriamos, de arrepentirnos, de dejar atrás los malos hábitos y volver a un camino apropiado. Las bendiciones son inconmensurables.

Otro pasaje del Libro de Mormón que habla de la experiencia de los israelitas dice lo siguiente: “Y así como cuantos miraron a esa serpiente vivieron, de la misma manera cuantos miraren al Hijo de Dios con fe, teniendo un espíritu contrito, vivirán, sí, esa vida que es eterna” (Helamán 8:15).

El prestar atención al consejo de los profetas actuales capacita nuestros corazones en la fe. Nos fortalece para superar obstáculos a lo largo de nuestro trayecto, así como tuve que seguir adelante aquella noche de verano en el desierto. Testifico que si miramos a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo, encontraremos significado y propósito en nuestro camino.

Nota

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 69.

 

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PRINCIPIOS PARA LAS VISITAS DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Manténganse en contacto con ella en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier manera

Las visitas de las maestras visitantes tienen que ver con la acción de ministrar. Jesús ministraba en cualquier momento y en cualquier lugar. Nosotros podemos hacer lo mismo.

woman on cell phone

“Ministrar” es dar servicio, cuidado o ayuda que contribuyen al consuelo o a la felicidad de otra persona. Las visitas de las maestras visitantes tienen como fin descubrir maneras de ministrar a las personas que visitamos. Jesucristo ministró a todos: en cualquier momento y en cualquier lugar. Alimentó a los 5 000, consoló a María y a Marta durante la muerte de su hermano, y enseñó Su evangelio a la mujer en el pozo. Lo hizo a causa de Su amor sincero.

Al seguir Su ejemplo, como maestras visitantes podemos llegar a conocer y amar a cada hermana que visitamos, teniendo presente que el amor es el fundamento de todo lo que hacemos. Cuando oramos por inspiración para saber cómo servirla y ayudarla a fortalecer su fe, “no se podrá impedir que los ángeles [nos] acompañen”1.

Desde la organización de la Sociedad de Socorro en 1842 hasta hoy, la ministración que prestan las mujeres ha bendecido vidas. Por ejemplo, Joan Johnson, una viuda de 82 años de edad, y su compañera de maestras visitantes visitan a su vecina de 89 años que tiene pulmonía. Se dieron cuenta de que su vecina no solo las necesitaba una vez al mes, así que comenzaron a averiguar sobre su bienestar cada semana en persona o por teléfono.

Para otras maestras visitantes, enviar un texto o correo electrónico para dar ánimo quizás sea lo mejor que se pueda hacer por una hermana ese mes. Hacer contactos personales y escuchar con una actitud de amor es la esencia de las visitas de las maestras visitantes. La tecnología moderna y las visitas tradicionales que hacemos cara a cara nos ayudan a hacerlo en cualquier momento, en cualquier lugar y de muchas maneras2. Así ministró Jesús.

Fe, Familia, SocorroRelief Society seal

 

Cómo ministrar

En vez de un mensaje específico, cada mes se presentará en esta página un principio diferente para ayudar a que nos ministremos una a otras de manera más eficaz. Al orar y buscar inspiración, ustedes sabrán el mensaje espiritual y el servicio que cada hermana necesita.

Considere lo siguiente

¿Cómo dejamos de preocuparnos sobre “lo que cuenta” para las visitas de maestras visitantes y en vez de ello nos concentramos en lo que cada hermana necesita de sus maestras visitantes?

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 483.
  2. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 9.5.1.
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El don del arrepentimiento

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

El don del arrepentimiento

Por el presidente Thomas S. Monson

Painting of Christ

“Tenemos la responsabilidad de elevarnos de la mediocridad a la excelencia, del fracaso a la realización”, ha enseñado el presidente Thomas S. Monson. “Nuestra tarea es llegar a ser lo mejor que podamos. Uno de los dones más grandes que Dios nos ha dado es el gozo que se siente al intentar algo por segunda vez; ningún fracaso tiene por qué ser terminante”1.

A menudo relacionamos la llegada de un nuevo año con resoluciones y metas. Tomamos la determinación de mejorar, cambiar, intentar de nuevo. Quizás la manera más importante de intentarlo de nuevo es al abrazar lo que el presidente Monson ha llamado “el don del arrepentimiento”2.

En los siguientes extractos de sus enseñanzas desde que se convirtió en Presidente de la Iglesia, el presidente Monson nos aconseja aplicar “la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados, y sean purificados nuestros corazones”3.

El milagro del perdón

“Todos hemos tomado decisiones incorrectas. Si aún no hemos corregido esas decisiones, les aseguro que hay una manera de hacerlo. El proceso se llama arrepentimiento. Les suplico que corrijan sus errores. Nuestro Salvador murió para proporcionarnos a ustedes y a mí ese bendito don. A pesar de que el sendero no es fácil, la promesa es real: ‘… aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos’ [Isaías 1:18]. ‘… y yo, el Señor, no los recuerdo más’ [D. y C. 58:42]. No arriesguen perder la vida eterna. Si han pecado, cuanto más pronto empiecen a volver al camino, más pronto encontrarán la dulce paz y el gozo que vienen con el milagro del perdón”4.

Volver al sendero

“Aunque es fundamental que escojamos sabiamente, habrá momentos en los que tomaremos decisiones insensatas. El don del arrepentimiento, que proporcionó el Salvador, nos permite corregir nuestro rumbo para regresar al camino que nos llevará a esa gloria celestial que buscamos”5.

El camino de regreso

“Si alguno de ustedes ha tropezado en su jornada, les aseguro que hay una manera de regresar. El proceso se llama arrepentimiento. Aun cuando el camino sea difícil, su salvación eterna depende de ello. ¿Qué podría ser más digno de sus esfuerzos? Les suplico que decidan ahora mismo tomar los pasos necesarios para arrepentirse completamente. Cuanto más pronto lo hagan, más pronto podrán sentir la paz, el reposo y la seguridad de los que habla Isaías [véase Isaías 1:18]”6.

Las personas pueden cambiar

“Debemos recordar que las personas pueden cambiar; pueden dejar atrás malos hábitos; pueden arrepentirse de transgresiones; pueden ser poseedores dignos del sacerdocio; y pueden servir al Señor diligentemente”7.

Volver a ser limpios

“Si hubiese algo que no está bien en su vida, tienen disponible una salida. Dejen toda iniquidad; hablen con el obispo. Sea cual sea el problema, se puede resolver mediante el debido arrepentimiento. Pueden volver a ser limpios”8.

El papel esencial del Salvador

“Una parte fundamental del plan [de salvación] es nuestro Salvador Jesucristo. Sin Su sacrificio expiatorio, todo estaría perdido. Sin embargo, no es suficiente simplemente creer en Él y en Su misión; es necesario que nos esforcemos y aprendamos, que escudriñemos y oremos, que nos arrepintamos y mejoremos; es necesario que conozcamos las leyes de Dios y que las vivamos; es necesario que recibamos Sus ordenanzas de salvación, y únicamente si lo hacemos, obtendremos la felicidad verdadera y eterna”9.

Cómo enseñar con este mensaje

Todos somos imperfectos; solo mediante el don del arrepentimiento que el sacrificio de Jesucristo hizo posible, podemos ser limpios del pecado y mejorar nuestras vidas. Considere analizar con las personas a quienes enseña la forma en que podemos “corregir nuestro rumbo” mediante el arrepentimiento. ¿Cómo se han sentido más cerca del Padre Celestial y de Jesucristo a través de los cambios positivos que han hecho en sus vidas? Podría invitar a los que enseña a que escriban resoluciones espirituales para el nuevo año y a que den cuenta de su progreso a un amigo, el cónyuge, u otro miembro de la familia.

JÓVENES

Decide arrepentirte

young womanEl presidente Monson explica que “tenemos la responsabilidad de elevarnos de la mediocridad a la excelencia, del fracaso a la realización. Nuestra tarea es llegar a ser lo mejor que podamos”. Mucha gente dedica el mes de enero a fijar metas y resoluciones para mejorar: sonreír más, comer de manera más saludable o aprender una nueva aptitud. Si bien esas metas pueden ayudarte a cambiar para bien, la mejor manera de cambiar es mediante el arrepentimiento.

Aunque el arrepentimiento puede ser difícil, ¡es un don! Cuando confiamos en Jesucristo al arrepentirnos de nuestros pecados, nos es posible crecer y progresar. El presidente Monson dijo: “Una parte fundamental del plan [de salvación] es nuestro Salvador Jesucristo. Sin Su sacrificio expiatorio, todo estaría perdido”. Mediante el arrepentimiento, puedes ser limpio de tus pecados y progresar para llegar a ser más como Él.

Piensa en algo que pueda estar impidiéndote llegar a ser como el Salvador. ¿Es tu modo de expresarte? ¿La forma en que tratas a tus amigos o familiares? Después de pensar en lo que podrías mejorar, ora al Padre Celestial y expresa tu deseo de cambiar. Recuerda que por medio del poder de Su expiación, Jesucristo puede ayudarte a superar tu debilidad. Como enseñó el presidente Monson: “El don del arrepentimiento, que proporcionó el Salvador, nos permite corregir nuestro rumbo”.

NIÑOS

El arrepentimiento es un don

El don del arrepentimiento no es un don que puedas ver ni tocar; más bien es un don que puedes sentir. Eso significa que cuando tomamos una mala decisión, podemos arrepentirnos y sentir paz y felicidad otra vez.

El Padre Celestial y Jesús siempre nos ayudarán a arrepentirnos. Haz coincidir cada imagen con un paso diferente del arrepentimiento.

Nos sentimos tristes.

Oramos al Padre Celestial, le decimos lo que pasó, y pedimos Su ayuda para tomar una mejor decisión la próxima vez.

Pedimos disculpas y tratamos de arreglar la situación.

Sentimos paz y sabemos que hemos sido perdonados.

Notas

  1. “La fuerza de voluntad”, Liahona, julio de 1987, pág. 67.
  2. “Decisiones”, Liahona, mayo de 2016, pág. 86.
  3. Mosíah 4:2.
  4. “Los tres aspectos de las decisiones”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 69.
  5. “Decisiones”, pág. 86.
  6. “Guarden los mandamientos”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 85.
  7. “Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 68.
  8. “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, pág. 67.
  9. “El camino perfecto a la felicidad”, Liahona, noviembre de 2016, págs. 80–81.
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El Salvador y Santa Claus

El Salvador y Santa Claus

por Reed H. Bradford
(Tomado de the Instructor.)

La víspera de Navidad una nenita le preguntaba a su papá — ¿A qué hora nos podemos levantar mañana para ver los regalos que nos va a traer Santa Claus?

—No quiero que se levanten ni un minuto antes de las siete de la mañana—le dijo el padre—entonces nos levantaremos a abrir los regalos juntos.

Pero a eso de las seis de la mañana el día de Navidad, todos los chicos estaban ya levantados y el alboroto que hacían despertó a sus padres. Poco después éstos también formaban parte del acontecimiento anual rodeado de tanto suspenso y entusiasmo. Era un verdadero gozo poder ver la alegría de los niños al ir desenvolviendo los paquetes.

A media mañana, la alegría de los niños estaba salpicada de tristeza, ya que los chicos de las familias vecinas vinieron y todos comenzaron a comparar los juguetes que habían recibido.

— ¿Por qué Santa Claus le trajo un camioncito a él y a mí no?—preguntó Daniel.

Danielito sólo tenía cuatro años, lo que hizo difícil para su padre darle una explicación satisfactoria.

—No entiendo—dijo otro de los niños—le escribí a Santa Claus diciéndole que quería un triciclo y no me lo trajo. Me esforcé tanto en portarme bien. Papá, ¿crees que Santa Claus no recibió mi carta?

Algo irritado por verse obligado a dar respuesta a estas complicadas preguntas, el padre comenzó a observar el comportamiento de sus hijos. Los más pequeños mostraban claramente su egoísmo, no permitían que nadie tocara siquiera sus juguetes. Los mayorcitos, fastidiados por el griterío se habían ido a las casas de los demás chicos del barrio para mostrarles sus juguetes.

El día anterior los padres habían tenido cierta desavenencia en cuanto a las tarjetas de Navidad. El correo les había traído una gran cantidad de tarjetas postales. Era un placer leer los calurosos mensajes navideños enviados por sus amigos. Repentinamente la madre exclamó: — ¡Ay, no, Rafael y Teresa nos enviaron una postal! ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Olvidé enviarles tarjeta a ellos!

— ¿Por qué te preocupas tanto al respecto?— preguntó el esposo—después de todo no somos más que conocidos.

—Sí, pero tengo interés en ser miembro del club que ella dirige. . . ¿Cómo pude haber cometido tal torpeza?

Apresuradamente buscó una postal de las más caras que había guardado para una ocasión así, la escribió y le pidió al esposo que fuera hasta el correo y la enviara enseguida. Pero en esos momentos, él estaba pensando en la Navidad y su significado, ¿Realmente qué significaba Santa Claus en su hogar?

Una de las características más destacadas del género humano es la de aceptar las tradiciones y costumbres de la sociedad en que viven sin siquiera pensar en ellas. El individuo que camine rectamente delante del Señor, debe examinar continuamente sus metas y comportamiento, porque muchos de «los caminos del hombre» no son los del Señor. No contribuyen al eterno gozo del individuo y no le permiten heredarla salvación y exaltación que el Padre Celestial ha previsto para él. Uno de los propósitos de esta vida es poner a prueba al individuo para ver si es leal a los principios enseñados por el Salvador: «. . . Porque yo he decretado en mi corazón probarnos en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio, aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.» (Doc. y Con. 98:14.)

Una de las costumbres más generalizadas en todos los países es la celebración de la Navidad, y el personaje central de esta fiesta es un individuo conocido como Santa Claus o Papá Noel.

Santa Claus es un personaje mitológico y anciano que trae regalos a los niños durante la Navidad. El Santa Claus de hoy día se originó en una persona realSan Nicolásquien vivió en el año 300 A.C. Era muy amble y a menudo salía por las noches a llevar regalos a los necesitados. . .

Los niños se encariñaron tanto con San Nicolás y su práctica de traer regalos, que la costumbre de celebrar su festividad se siguió practicando.

En la mayoría de los países, Santa Claus se celebra coincidiendo con la Navidad. (The World Book Encyclopedia, vol. 17, 1964, pág. 102.)

La Navidad también es el día del año en que debemos prestar especial consideración al Salvador y a su significado en nuestras vidas. Consideremos tres de sus muchos regalos a la humanidad:

1.  Voluntariamente dio su vida para que podamos vivir más allá de los pocos años que pasamos aquí en la tierra—y vivir en un estado de exaltación y gozo eterno. «Pongo mi vida por las ovejas. . . . Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.» (Juan 10:15, 18.) Si alguno de nosotros se inclinara a pensar que su expiación no fue muy difícil debido a su naturaleza divina, permítanme citar estas palabras: «Porque, he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan si se arrepienten.

«Más si no se arrepienten, tendrán que padecer aun como yo he padecido;

«Padecimiento que hizo que yo, aun Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor, y echara sangre por cada poro, y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.

«Sin embargo, gloria sea al Padre, participé, y acabé mis preparaciones para con los hijos de los hombres.» (Doc. y Con. 19:16-19.)

2. Reveló los principios que nos permitirán convertirnos en hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. «Más de cierto, de cierto te digo, que a todos los que me reciban daré el poder de llegar a ser hijos de Dios. . .» (Doc. y Con. 11:30.) Lo más importante de todo su mensaje es que practiquemos sus enseñanzas y las incorporemos a. nuestro carácter después de orar, pensar y reflexionar acerca de ellas. «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 7:21.) Deberíamos llevar a cabo su voluntad, no por temor, compulsión o presión de ninguna clase, sino por amor al evangelio, sabiendo que es lo que debemos hacer, y reconociendo que nos traerá el gozo más grande que podemos conocer.

3. Organizó su Iglesia, incorporando en ella su Sacerdocio para que, entre otras cosas, podamos participar de las ordenanzas divinas; para que juntos, dominados por un espíritu de amor y hermandad, podamos lograr cosas que solos nunca alcanzaríamos.

En vista de los dones de Cristo para cada uno de nosotros, ¿podemos dedicar la Navidad a otras actividades, en vez de dedicarla a mostrarle nuestra gratitud?

Algunas familias consideran que las actividades navideñas deben destacar el significado de Cristo para cada miembro de la familia. Cantan juntos alegres canciones, leen escrituras que explican su misión y propósitos, y en la Nochebuena leen la historia de su nacimiento tal como la relata Lucas. En la mañana de la Navidad se entregan regalos y su propósito es mostrar el amor que se tienen. Como dijo Emerson, estos regalos no son un substituto del amor que sólo puede mostrarse con hechos y demostraciones de respeto, cariño, paciencia, abnegación y amabilidad. Se enseña a los niños que si realmente se quieren, no pelearán por los juguetes que se les regalen, sino que los compartirán. Estas familias tratan de expresar el espíritu de San Nicolás a la luz del espíritu de Cristo.

De este modo, estas familias evitan hacer de San Nicolás un símbolo comercial. Evitan que los hijos hagan preguntas como las mencionadas al principio de este artículo. Evitan también el problema implícito que crea la pregunta del hijo: «Papá, Santa Claus me trajo todos estos regalos, ¿por qué tú no me trajiste alguno?»

Una alegría muy grande reina en el seno de estas familias. Comprenden el significado de las palabras del Salvador: «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre.» (Juan 14:18, 21.)

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Los doce testigos del nacimiento de Cristo

Los doce testigos del nacimiento de Cristo

por Joseph Fielding McConkie

Pues no se ha hecho esto en algún rincón”, dijo el apóstol Pablo refiriéndose al ministerio terrenal de Cristo (Hechos 26:26). Y ciertamente, el nacimiento de nuestro Salvador y su ministerio no fue algo que se mantuvo oculto, ya que hubo muchos testigos.

En América, Samuel el Lamanita profetizó acerca de las señales de la primera venida del Señor (véase Helamán 14:3-6). Y Alma escribió que el nacimiento de Cristo sería anunciado por “la boca de ángeles… a hombres justos y santos” (Alma 13:26). En la tierra donde nació el Salvador, el testimonio de Su venida se esparció entre la gente, especialmente entre aquellos que guardaban los mandamientos y las ordenanzas del Señor y estaban llenos del Espíritu Santo.

Los evangelistas Mateo y Lucas hablan de las doce personas que fueron testigos del Santo Nacimiento. Y aunque los testimonios individuales de esas personas son en sí extraordinarios, juntos constituyen una poderosa atestiguación del nacimiento de Cristo. Al leer los relatos, vemos que todos los elementos son apropiados y ocupan el lugar correspondiente; al tener en cuenta que Mateo y Lucas cuentan diferentes partes de la historia, esto resulta aún más notable.

La narración de la Natividad comienza en el Lugar Santísimo del templo, con el anuncio de un ángel a un sacerdote que precisamente había estado orando, en nombre de su nación, para que ocurriera ese acontecimiento; y termina con la proclama de los malévolos planes de Herodes para quitarle la vida al Niño. La historia nos habla de la forma en que los cielos se abrieron a sacerdotes y a legos, a hombres y mujeres, a jóvenes y viejos, a poderosos y a humildes por igual.

Cada uno de ellos fue llamado a ser un testigo importante de ésta, la más hermosa de todas las historias.

GABRIEL

El primer testigo del nacimiento de Cristo que menciona el Nuevo Testamento es Gabriel, un mensajero que vino de la presencia de Dios. Como era de esperarse, este mensajero apareció por primera vez en el templo, a un sacerdote fiel del orden Aarónico llamado Zacarías, que se encontraba realizando una ceremonia ritual en favor de su nación: la de quemar incienso en el altar del Lugar Santísimo.

Al llevar a cabo sus deberes, Zacarías representaba la fe unida de todo Israel. Su oración era una súplica de que el pueblo fuera liberado eternamente de las manos de sus enemigos por el Mesías prometido; las llamas ascendentes del incienso eran un símbolo de la ascensión de las oraciones unidas del pueblo. Mientras Zacarías oraba, sus compañeros del sacerdocio y todos los que se encontraran dentro del recinto del templo respondían al unísono con un “Amén”.

En contestación a las oraciones de Israel, apareció ante Zacarías “un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso”, y se presentó diciendo que era Gabriel, que estaba “delante de Dios”. De acuerdo con la revelación de los últimos días sabemos ahora que Gabriel era el mismo que en la tierra se había conocido como Noé, que “sigue a Adán en la autoridad del sacerdocio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 182) y que él tiene las llaves de “la restauración de todas las cosas” (D. y C. 27:6-7).

Esas llaves que estaban en su poder lo hacían ser un Elías, o sea, el enviado a preparar el camino para el Señor. No podría haber habido otro más apropiado que él para anunciar el nacimiento del Elías terrenal (Juan el Bautista) que habría de preparar el camino para el Mesías.

ZACARÍAS

¿Quién era este Zacarías, a quien apareció Gabriel? Era uno de los “justos y santos” (véase Alma 13:26), así como lo era su esposa, Elisabeth. Zacarías era descendiente de Abías, y su nombre significa “el que Jehová recuerda”. Al igual que él, Elisabeth descendía de un linaje de sacerdotes (véase Lucas 1:5), y su nombre significa “consagrada por Dios”.

A esta pareja se le prometió un hijo que llegaría a ser el precursor del Mesías. Al principio Zacarías no creyó la promesa profética de Gabriel; por ese motivo, recibió una señal por la que quedó mudo, según las palabras del ángel, “hasta el día en que esto se haga” (Lucas 1:20).

Así permaneció, sin poder hablar, hasta que “a Elisabeth se le cumplió el tiempo de su alumbramiento”. Entonces, “fue abierta su boca” y dio testimonio de la misión divina de su hijo recién nacido diciendo que iría “delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos”. Las nuevas de estos sucesos milagrosos corrieron por “todas las montañas de Judea” (Lucas 1:57, 64, 76, 65).

ELISABETH

Leemos en las Escrituras que Juan estaría “lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15). Y en verdad, “cuando oyó Elisabeth la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabeth fue llena del Espíritu Santo” (Lucas 1:41).

Elisabeth, siendo también ella un “vaso precioso” (véase Alma 7:10), reconoció la naturaleza especial de su propio hijo y testificó de la divinidad del hijo de María, exclamando:

“…Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

“¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lucas 1:42-43).

Elisabeth concluyó su testimonio profetizando que a “la que creyó… se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45). El suyo se une al de los que la precedieron y al de los que la siguieron proclamando el divino Nacimiento.

JUAN EL BAUTISTA

Así como Cristo era, por Su nacimiento, el heredero legítimo del trono de David, Juan nació siendo un heredero legítimo del oficio de Elías. Su ministerio de ir “delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos” comenzó en la forma apropiada al saltar de gozo dentro del vientre de su madre (véase Lucas 1:76, 41, 15). Aquel debe de haber sido un momento glorioso: el bebé que todavía no había nacido saltando de gozo; Elisabeth, su madre, recibiendo a su prima María con espíritu de profecía; y María respondiendo con el mismo espíritu. En este caso, también se destaca la maravillosa forma en que se combinan los testigos y sus testimonios: las dos mujeres que testificaron —Elisabeth, ya entrada en años, y la joven María—, cada una de ellas encinta con una criatura concebida en circunstancias milagrosas, ambas (y Juan, aun por nacer) regocijándose ante el grandioso acontecimiento que estaba por tener lugar.

MARÍA

No podría existir un testigo terrenal más perfecto de la divinidad de Cristo como Hijo de Dios que Su madre, María. Ella había recibido la promesa de Gabriel de que concebiría en su vientre al “Hijo del Altísimo”. Después de ese hecho maravilloso, María dijo: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre” (Lucas 1:32, 49).

Nefi nos dejó un relato perfecto de este suceso tan sagrado:

“Y aconteció que vi que fue llevada en el Espíritu”, escribió; “y después que hubo sido llevada en el Espíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!

“Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos.

“Y el ángel me dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios, sí, el Hijo del Padre Eterno!” (1 Nefi 11:19-21).

No hay duda de que María fue, como el ángel Gabriel le dijo, “muy favorecida” y “bendita… entre las mujeres” (Lucas 1:28) al haber sido testigo presencial de estos milagros y al haber dado a luz al Salvador del mundo.

JOSÉ

En las Escrituras no hay ningún registro de palabras pronunciadas por José, pero su rectitud y su reacción ante la condición de María atestiguan su creencia en la ascendencia divina de Cristo. Sabemos que tuvo sueños y que hubo ángeles que lo instruyeron en cuanto a lo que había de hacer; más aún, sabemos que, por su fidelidad a la ley de Moisés, siguió fielmente cada una de las instrucciones divinas que recibió.

José demostró una obediencia absoluta al tomar a María como esposa, ya encinta, después que “un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (Mateo 1:20). Además, él “no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito”; dio al Niño el nombre de Jesús; huyó a Egipto de noche, con María y el Niño; se quedó en Egipto hasta que se le mandó regresar; y cuando regresó, fue a Galilea en lugar de ir a Judea (Mateo 1:25; véanse también los versículos 19—21 y Mateo 2:13-23).

Cada una de sus acciones fue un nuevo testimonio de su convicción de que el Niño era la esperanza de Israel, el Hijo de Dios.

LOS PASTORES

En la víspera del nacimiento de Cristo, ocurrido en un establo de Belén, había pastores vigilando sus rebaños en los campos de los alrededores; no se trataba de hombres comunes, pues ya entre los nefitas se había profetizado que los ángeles declararían “a hombres justos y santos” las nuevas de gran gozo del nacimiento del Mesías (Alma 13:26).

Aquellos pastores testificaron ante parientes y conocidos, y contaron su experiencia en los recintos del templo desde donde saldría la noticia entre todas las naciones de la tierra. Lucas nos dice que, después que los pastores vieron “al niño acostado en el pesebre… dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño” (Lucas 2:16-17). Así les había declarado el ángel que se les había presentado aquella noche santa, diciéndoles que esas “nuevas de gran gozo” serían “para todo el pueblo” (Lucas 2:10).

LOS COROS CELESTIALES

Después del anuncio que el ángel hizo a los pastores, “repentinamente apareció… una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios”. Los coros celestiales prorrumpieron en alabanzas ante los humildes pastores de Judea: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13-14). De este modo, proclamaron poéticamente el nacimiento del Salvador entre los esparcidos restos de Israel.

SIMEÓN

Volvamos ahora la atención a Jerusalén. Allí había un hombre anciano, de quien Lucas dice que era “justo y piadoso” (Lucas 2:25), que había recibido del Señor la promesa de que no moriría sin haber visto al Salvador; inspirado por el Espíritu, había ido al templo, donde tuvo en los brazos al Niño Jesús.

Cuando los padres entraron en el templo llevando a Jesús —María para el rito de la purificación y José con el fin de pagar el rescate acostumbrado para eximir al primogénito del servicio en el santuario—, Simeón lo tomó en brazos y dijo:

“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;

“porque han visto mis ojos tu salvación,

“la cual has preparado en presencia de todos los pueblos;

“luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:29-32).

Las palabras de Simeón estaban muy por encima del entendimiento de los de su pueblo, porque él comprendió la naturaleza universal del ministerio de Cristo, y testificó que Jesús era el Salvador de los judíos y de los gentiles por igual.

ANA

El maravilloso testimonio de Simeón no fue el único que se expresó en ese momento. Ana, una anciana viuda cuyo nombre significa “llena de gracia”, también fue testigo especial de Cristo. Era una mujer devota, que se había dedicado por muchos años a adorar en el templo con ayuno y oración, de día y de noche, y sin duda sería muy conocida entre los habitantes de la Ciudad Santa que esperaban fielmente el advenimiento del Mesías. Después de ver al Niño y sus padres, testificó de Cristo “a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:38).

LOS MAGOS DEL ORIENTE

Sólo Mateo habla de la llegada de los magos del oriente, que ocurrió poco después de nacer el Salvador: “…vinieron del oriente a Jerusalén unos magos”. Es evidente, por el hecho de que fueron a preguntar a Herodes sobre el paradero del Niño, que estos hombres ignoraban la situación política del momento. “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?”, preguntaron. “Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 2:1, 2). Nadie que hubiera conocido a Herodes y sabido sus intenciones habría puesto en peligro la vida de Cristo yendo a hacerle esa pregunta.

También sabemos que recibían comunicaciones del Señor, porque más tarde Él les avisó “por revelación en sueños que no volviesen a Herodes”, y, siguiendo esa admonición, “regresaron a su tierra por otro camino” (Mateo 2:12). Además, en su traducción de la Biblia, José Smith nos dice que los magos del oriente llegaron buscando “al Mesías de los judíos”, para seguir de esta manera el designio de que hubiera testigos que buscaran al Hijo de Dios para testificar de EL

HERODES

El último testigo que mencionamos es el más inesperado y reacio, Herodes el Grande, el rey de Israel. Este había hecho una alianza con los poderes del mundo; sus amigos eran Augusto, Roma y la conveniencia; él había masacrado a sacerdotes y a nobles, había matado a miembros del Sanedrín, y había mandado estrangular a su esposa favorita, Mariamne, a pesar de que parece haber sido la única persona a quien llegó a amar. Hizo asesinar a todo el que fuera víctima de sus sospechas, incluso a tres de sus hijos y a otros varios parientes.

A este hombre, que era la personificación de la iniquidad que había en el mundo, dieron los magos del oriente su testimonio de que había nacido el legítimo rey y gobernante de Israel. Herodes no habría prestado atención a las palabras de Simeón, de Ana, ni a las de los sencillos pastores; pero creyó, en cambio, lo que le dijeron aquellos visitantes del oriente cuyos antecedentes, fueran los que fueran, los hacían destacarse como hombres de gran sabiduría.

El Reino de Dios nunca estará sin oposición mientras dure el período terrenal, que es la etapa del poder de Satanás. Las evidencias de la desatada furia del infierno ante el nacimiento del Hijo de Dios completan la historia de la Natividad. Las buenas nuevas dé los cielos no llevaron ningún gozo al príncipe de las tinieblas ni a sus siervos. Y por ser uno de éstos, Herodes reaccionó con ira asesina ante el testimonio de los magos, procurando por todos los medios destruir al Niño Jesús. Por ese motivo, promulgó el decreto por el que “mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos” (Mateo 2:16).

OTROS TESTIGOS

La historia de la Natividad menciona esos doce testigos del nacimiento del Salvador e ilustra la forma en que el conocimiento de Dios se restaura y se esparce por todas las naciones de la tierra.

¿Y de qué modo se ha de esparcir? Por medio de testigos especiales, testigos que fueron llamados y preparados en los concilios celestiales. ¿Quiénes son esos testigos? Son hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con instrucción académica o sin ella, que andan “irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6), que tienen sueños, que son instruidos por ángeles y que están llenos del Espíritu Santo. Así ha sido siempre, y así seguirá siendo. □

Joseph Fielding McConkie es profesor de educación religiosa en la Universidad Brigham Young, de Provo, Utah.

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Así también haced vosotros con ellos

“Así también haced vosotros con ellos”

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Al celebrar el nacimiento de nuestro Salvador, debemos recordar Su ejemplo cuando reunió a los niños a Su alrededor; El desea que nosotros ayudemos, de la misma manera, a reunir a todo el género humano para venir a El.

¡Qué hermosa es esta época del año en que recordamos el advenimiento del Niño Jesús! Lo que las Escrituras relatan sobre este acontecimiento se limita a unas pocas líneas, pero la sencillez de sus palabras transmite un mensaje de paz y buena voluntad a todos los pueblos del mundo.

“El nacimiento de Jesucristo fue así”, comienza la narración de Mateo (Mateo 1:18).

Marcos empieza su relato con una intrépida declaración de testimonio: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1).

Al comenzar su narración de la vida del Salvador, Lucas se refiere a “la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas” (Lucas 1:1), dando a continuación una crónica hermosa y sencilla de las circunstancias que llevaron a María y a José de Nazaret a Belén. Su relato es la bella historia de los pastores que se hallaban en el campo cuidando de su rebaño, del nacimiento en un establo “porque no había lugar… en el mesón” y del ángel que declaró:

“No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:7, 10—11).

Juan da comienzo a su historia con una explicación de la existencia premortal del Salvador y de Su misión de Creador:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

“Este era en el principio con Dios.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14).

Estos son los testimonios de los testigos que anduvieron con El, cuyas palabras llevan el nombre de El Nuevo Testamento de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

Y hay otro evangelio, el testamento del Nuevo Mundo, donde se registran las palabras del Padre Eterno cuando presentó al Señor resucitado a los fieles del pueblo del hemisferio occidental: “He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd” (3 Nefi 11:7).

Después de esta divina introducción, el Señor resucitado descendió y, de pie en medio del pueblo, dijo: “…yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo… soy la luz y la vida del mundo…” (3 Nefi 11:10-11).

A todas estas declaraciones se agrega el testimonio del Profeta de nuestra dispensación, José Smith, cuyo nacimiento también recordamos en este mes:

“Y vimos la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, y recibimos de su plenitud…

“Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre” (D. y C. 76:20, 22-23).

Unimos nuestro propio testimonio a todos éstos que se han dado de El: Que es Jesús el Cristo, el Primogénito del Padre, el Creador de los cielos y de la tierra, el Jehová del antiguo Israel, el Mesías prometido que nació en Belén de Judea, el Sanador de los enfermos, el Maestro de la doctrina, el Redentor del mundo, el Autor de nuestra salvación, el Señor resucitado que se sienta a la diestra del Padre, nuestro Intercesor en cuyo nombre oramos al Todopoderoso.

El dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Esta es una gloriosa promesa para los que le demuestran su amor por medio de la obediencia. Quisiera referirme brevemente a uno de los mandamientos del Señor que es más conocido y que, probablemente, se observe menos: se conoce como “la regla de oro”.

Jesús enseñó lo siguiente: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…” (Mateo 7:12).

En esta época navideña, recordemos que si cada uno de nosotros reflexionara de vez en cuando sobre esa enseñanza de Cristo e hiciera un esfuerzo por observarla, éste sería un mundo muy diferente. Habría mayor felicidad en nuestros hogares; habría mejores sentimientos entre las personas; existirían menos litigios en los tribunales y la gente se esforzaría más por resolver sus diferencias pacíficamente. Se notaría un aumento de amor, aprecio y respeto entre todos.

Habría más corazones generosos, mayor consideración e interés y un deseo más grande de dar a conocer el evangelio de paz y de hacer avanzar la obra de salvación entre los hijos de los hombres.

Hace un tiempo recibí, sin haberla solicitado, una carta cuyo autor me ha dado permiso para citarla.

“Estimado presidente Hinckley:

“Hace una hora tuve una experiencia muy especial, que me induce a escribirle esta carta. Me dirigía caminando hacia mi casa cuando de pronto tuve la fuerte impresión de que en alguna parte hay un joven que, a no ser por la falta de dinero, se está preparado para cumplir una misión para el Señor, y que yo debo proveerle los fondos para que la cumpla. No tengo la menor idea de quién es ese joven ni de dónde está, pero tuve la seguridad de que usted sabría y que yo debía poner el dinero en sus manos para asegurarme de que vaya a la misión. Esa experiencia me hizo derramar las lágrimas; al llegar a casa, se la conté a mi esposa y le pregunté qué pensaba. Por supuesto, ella estuvo de acuerdo conmigo.

“Le adjunto un cheque por $3.000 (dólares), pero tuve la impresión de que la cantidad que se necesita es $4.000. No contamos con más dinero en el presente, pero el 27 de enero le enviaremos un cheque por los otros $1.000. Me encuentro haciendo el internado de medicina y tengo que trabajar horas extras a fin de ganar lo necesario para mantener a mi esposa y nuestras tres hijas, y todavía no hemos podido juntar el dinero de la entrega inicial para comprarnos una casa. Con ese propósito hemos estado ahorrando durante cinco años y el Señor nos ha bendecido indescriptiblemente.

“Hace tres años tuve una impresión similar, pero al pensar y hablar sobre ella consideramos que el Señor nos estaba dando una señal con el fin de prepararnos para que estuviéramos dispuestos a poner en el altar lo que El requiriera de nosotros. Decidimos entonces que en el futuro, una vez que yo termine el internado, mantendremos tantos misioneros como nuestros medios nos lo permitan. Pero esta noche no tuvimos dudas de que el Señor nos ha pedido ahora que pongamos ese dinero en el altar.

“Soy converso a la Iglesia… mi esposa nació bajo el sagrado convenio. Yo salí de mi casa en Beirut, Líbano, hace trece años. Desde que tenía once había soñado con encontrar la verdadera religión, y la encontré quince años después… Siendo niño, en más de una ocasión escapé de la muerte habiendo sido salvado por un poder divino.

“Cuando vine a los Estados Unidos… debido a que no era ciudadano estadounidense, no me dieron ninguna esperanza de poder ingresar a una facultad de medicina. Pero una voz interior me susurraba que algún día sería médico.

“Asistí, con una beca, a una de las mejores universidades de los Estados Unidos. Después, por una razón que entonces ignoraba totalmente, fui a otra facultad de medicina… Estando allí, un año después llegaron milagrosamente a mis manos unos folletos de la Iglesia, y me bauticé. Nueve meses más tarde conocí a la que ahora es mi esposa, y a los tres meses nos casamos en el templo.

“Como ya se dará cuenta, ¡le debo al Señor más de $4.000! El me ha dado los ojos y las manos para trabajar y ganarme el sustento…

“Ponemos el dinero en sus manos para que lo use de acuerdo con la inspiración que el Señor le conceda… Sentimos afecto por todos los que trabajan en bien de esta gran causa.

“Que el Señor nos bendiga a todos en el servicio que le prestamos.

“Atentamente,”

Y firma en su nombre y en el de su esposa.

Más que cualquiera de mis débiles expresiones, esa carta irradia el espíritu de la Navidad, ejemplifica la regla de oro y habla con elocuencia del amor de Aquel que dio Su vida en sacrificio por todos nosotros.

Quisiera mencionar a otra persona que vivió la regla de oro. Muchos ya conocen parte de esta historia, que tuvo lugar un invierno en el enorme y atestado Aeropuerto Internacional O’Hare, de la ciudad de Chicago, estado de Illinois. Ese día, una gran tormenta había ocasionado demoras y cancelaciones de vuelos; los miles de personas que habían tenido que quedarse o habían sufrido demoras estaban impacientes, malhumoradas e irritables. Entre ellos se encontraba una joven mujer, de pie en la larga línea de pasajeros que esperaba turno frente a un mostrador; estaba embarazada y tenía consigo una hijita de dos años, que se hallaba tirada en el suelo sucio, junto a ella; la madre se sentía enferma y extremadamente fatigada. El médico le había advertido que no debía agacharse ni levantar cosas pesadas; por eso, cada vez que la línea se movía ella empujaba con el pie a la criatura, que lloraba de cansancio y hambre. La gente que la observaba hacía comentarios negativos acerca de aquella escena, pero nadie se ofreció para ayudarla.

De pronto, se le acercó un hombre que, sonriendo con bondad, le dijo: “Usted necesita ayuda; permítame ayudarle”, después de lo cual levantó a la niña del suelo y la sostuvo tiernamente en sus brazos; sacando del bolsillo un dulce, se lo dio, lo que la calmó inmediatamente. Luego, explicó la situación de la mujer a los que se encontraban delante de ella en la línea, y la acompañó hasta el mostrador donde habló con el agente de la aerolínea; éste verificó el pasaje de la joven e hizo los arreglos para que tomara el vuelo que le correspondía. Después, el caballero le buscó asientos donde madre e hija pudieran esperar cómodamente, conversó con ella un momento y luego desapareció entre la multitud. La mujer volvió a su casa en el estado de Michigan sin saber el nombre del amable señor que la había ayudado. [Véase Edward L. Kimball y Andrew E. Kimball, Spencer W. Kimball, Salt Lake City: APAK Publishing Co., 1979, págs. 374-375.]

Muchos años más tarde llegó a la oficina del Presidente de la Iglesia una carta que decía lo siguiente:

“Querido presidente Kimball:

“Estoy estudiando en la Universidad Brigham Young después de haber regresado hace poco tiempo de cumplir una misión en Munich, Alemania Occidental. Disfruté mucho de la misión y aprendí muchísimo…

“La semana pasada, en una reunión del sacerdocio, hicieron un relato sobre un amable servicio que usted prestó a una persona hace veintiún años, en el aeropuerto de Chicago. Hablaron de la forma en que usted se acercó a una joven mujer, embarazada… y con una niñita que lloraba…, consternada por la situación, esperando en una larga línea para arreglar su pasaje. Estaba en peligro de perder el embarazo y, por ese motivo, le era imposible levantar en brazos a la niña para consolarla. Había sufrido antes cuatro abortos y el médico le había prohibido levantar pesos e inclinarse.

“Usted se encargó de consolar a la criatura y de explicar la situación de la mujer a los otros pasajeros. Ese acto de amor tuvo un efecto calmante sobre mi madre, aliviando la tensión que sentía. Pocos meses después nací yo, en Flint, estado de Michigan.

“Sólo quiero agradecerle su amor. ¡Y gracias por su ejemplo!”

En verdad, el mundo sería un lugar diferente si cada uno de nosotros considerara frecuente y seriamente el mencionado consejo del Señor: “…todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…” (Mateo 7:12).

En esta época navideña en que celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, nuestro Maestro, nuestro Rey, nuestro Salvador y Redentor, el Hijo resucitado y viviente del Dios viviente, procuremos sinceramente hacer el bien a aquellos que nos rodean.

Que Dios nos bendiga en estos días con un aumento de amor, una disminución de egoísmo, un deseo más grande de ayudar a los que se hallan en dificultades y un sentido más amplio de lo que significa servir, □

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Mensaje de Navidad

Mensaje de Navidad

En esta temporada santa, deseamos enviar nuestro amor y saludos a los habitantes de todas las naciones del mundo. Proclamamos que el santo niño que nació en Belén hace más de dos mil años fue en verdad el Cristo, el Salvador de toda la humanidad. En él tiene esperanza toda la raza humana, tanto los que han vivido como los que viven y los que vivirán. En él se puede encontrar la paz personal que tanto elude a gran porcentaje de la población del mundo.

Los acontecimientos que comenzaron en Belén y finalizaron en Jerusalén realmente constituyen el punto central de toda la historia. El humilde nacimiento que conmemoramos fue un preludio a los terribles acontecimientos que transcurrieron en Getsemaní y en el Calvario, y la Navidad adquiere para nosotros un significado aún más profundo cuando recordamos que el ministerio que comenzó en un establo terminó en una tumba vacía.

Cuando expresamos gozosamente nuestro agradecimiento a Dios por el don maravilloso de su Hijo Unigénito, celebramos apropiadamente la Navidad. Los himnos y cánticos navideños son un eco continuo de los coros angelicales que escucharon los pastores.

Nos unimos a Nefi, el profeta de la antigüedad, en proclamar que «nos regocijamos en Cristo». Los justos de la antigüedad aguardaron su llegada con fe y esperanza, y nosotros recordamos con humilde gratitud su ministerio mortal, a la vez que aguardamos también con fe y esperanza el tiempo en que regresará de nuevo.

Rogamos que todos puedan buscar la paz que se encuentra en Cristo; y que todos puedan ver más allá del aspecto comercial y social hacia Aquél cuyo nacimiento celebramos. Entre los muchos países en donde se celebra la Navidad, hay una gran diversidad de tradiciones festivas. Quisiéramos exhortar a todos a seguir la tradición de adorar al Salvador a través del servicio amoroso al prójimo. Que la bondad, el perdón y la rectitud personal que demostró el Salvador sean manifiestos en las vidas de infinidades de personas por todo el mundo. Pues, así como la estrella brillante de Belén guio a los magos al lugar donde se encontraba el Salvador, la vida de personas verdaderamente cristianas puede en la actualidad ser un faro para muchos de los que aún no conocen a su Redentor.

Rogamos fervientemente en esta temporada navideña y siempre que todos puedan encontrar la esperanza y la paz que únicamente se puede recibir por medio de Jesucristo.

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¡Agárrense bien!

¡Agárrense bien!

por el élder James M. Paramore
De los Setenta

El Señor ha establecido normas y límites para nuestra salvación, «…sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel» (2 Nefi 9:41).

Cuando en mi juventud presté servicio misional en París, Francia, tuve, varias oportunidades de subir a la Torré Eiffel, que llega a una altura de 102 pisos.

La construcción de la torre se terminó en 1889, como parte de una exposición internacional. En aquellos pri­meros días, varias personas perdieron la vida porque la valla protectora que cercaba el piso superior no era lo suficientemente alta. Desde aquel entonces, se ha insta­lado otra de vidrio y metal mucho más alta, lo cual hace que sea imposible caerse. Cuando hay viento, la torre puede: oscilar hasta unos sesenta centímetros, y es espe­luznante estar ahí en esos momentos. Sin embargo, ahora los visitantes pueden caminar por la plataforma, mirar hacia el horizonte y tomar fotografías en cualquier direc­ción, sintiéndose seguros gracias a esa valla protectora.

Al igual que esa valla, las reglas establecen límites que nos protegen del daño espiritual y muchas veces del físico. Hay reglas por doquier; las tenemos en todos los aspectos de nuestra vida, desde el momento preciso en que arriba­mos a la tierra; las necesitamos para sentimos seguros, para progresar, para desarrollarnos y para ser felices.

Cuando no hay Barreras

En una ocasión, nuestra hija mayor no recibió el cui­dado apropiado de la persona que estaba encargada de hacerlo y la dejaba gatear por dondequiera. Una día, nuestra hija recibió quemaduras muy graves cuando se fue gateando hasta la parrilla de la chimenea. Aún lleva en la pierna las cicatrices de aquel accidente, y todo a causa de que no había una valla que la protegiera.

Hace un tiempo, vivíamos en una pequeña casa. Cuando la edificaron, se pasaron por alto todas las nor­mas de la construcción de cimientos. Con el tiempo, los pisos se empezaron a cuartear. Cuando mis hijos, que se dedican a la construcción, van a construir una casa, se ajustan estrictamente a las reglas, empezando con la pre­paración y la compresión del terreno antes de dar comienzo a la construcción, lo cual asegura que una vez que la casa esté terminada, resistirá las pruebas del peso y del tiempo.

Libres para Escoger

Mis amigos, el cuerpo espiritual y la mente, al igual que el cuerpo físico, se componen de los elementos con los que se le alimenten. En un viaje que mi esposa y yo hicimos recientemente, tomamos agua a la que no está­bamos acostumbrados y estuvimos enfermos durante varias semanas. La mente también está constituida de aquello con lo que se le alimente, y el espíritu recibe la influencia de las cosas que pongamos en el cuerpo y en la mente.

Recuerden que el cuerpo espiritual del hombre es eterno. Cuando una persona muere, el espíritu se separa del cuerpo físico. Este último queda sin vida, pero el espíritu continúa viviendo, con la esperanza de recibir todas las bendiciones prometidas a aquellos que utilizan su albedrío en esta vida para elegir las normas que nues­tro Padre Celestial ha establecido.

Imaginen el gozo que todos sentimos cuando nos enteramos de que se había creado una tierra muy her­mosa a la cual habríamos de venir. Imaginen también la satisfacción que sentimos al saber que no se nos dejaría sin ninguna regla ni protección mediante las cuales pudiésemos sentimos seguros y protegidos, normas que nuestro Padre Celestial nos daría y que serían pertinen­tes para todos nosotros. Él no nos despojaría de esa pro­tección, aunque sí nos brindaría nuestro albedrío para aceptarla o rechazarla. Él nos proporcionaría Sus sende­ros, Sus normas, Su protección, Su inspiración y direc­ción, y luego nos permitiría ejercer nuestro albedrío para aceptarlos o rechazarlos. El dejaría bien en claro que Sus normas son eternas, inmutables, en las que podemos confiar y sentirnos verdaderamente seguros, al igual que la valla protectora de la Torre Eiffel.

Si permanecemos dentro de los límites prescritos, nos sentiremos seguros, e incluso tendremos paz. Sin embargo, aun así, no se nos obliga a seguirlas. Poseemos nuestro albedrío, ya que como dijo el antiguo profeta Jacob: “…sois libres para obrar por vosotros mismos, para escoger la vía de la muerte interminable o la vía de la vida eterna” (2 Nefí 10:23).

Una Tecnología Asombrosa

Todo esto me lleva ahora a un punto muy importante. El mundo tecnológico de la actualidad se compone de los adelantos más extraordinarios que jamás se hayan conocido; realzan el conocimiento, el entendimiento y el progreso. Los adelantos en los medios de comunica­ción, por ejemplo, son increíbles, y nos quedamos pas­mados al ver la rapidez con la que surgen estas innovaciones. Yo fui misionero hace cuarenta y cuatro años, y en ese entonces la televisión casi no se conocía. No pasará mucho tiempo hasta que todo tipo de infor­mación relacionada con la televisión, el sonido, el telé­fono y la computadora estarán a nuestro alcance en nuestro propio hogar mediante un sistema especial que consiste de una fibra transparente por la que se transmi­ten imágenes, ¡Qué invento maravilloso para fomentar la educación y la diversión sana!

Pero, a la vez, abrirá las puertas al entretenimiento depravado a través de los videos, de la música y de otras cosas que influirán en nuestra forma de pensar y en las cosas con que alimentemos la mente. Por último, influirá en nuestro espíritu, que es eterno, todo ello en la intimi­dad de nuestro propio hogar. ¿Servirá esto para fortale­cer nuestras normas o para debilitarlas?

Estos adelantos pondrán a prueba nuestro albedrío. ¿Elegiremos las normas de la Iglesia y nos apegaremos a ellas, aun cuando nadie sepa si lo hacemos o no? ¿Lo estamos haciendo hoy día, cuando de un sesenta a un setenta por ciento de las películas y de otro tipo de entretenimiento que se producen contienen materiales adversos a nuestro desarrollo espiritual? Si guardamos las normas del Señor en la actualidad, se nos hará más fácil hacerlo siempre.

Una Norma Clara

En el folleto La fortaleza de la juventud, la Primera Presidencia ha establecido las normas en lo que respecta a los medios de comunicación:

“Nuestro Padre Celestial nos ha aconsejado que como Santos de los Últimos Días busquemos todo lo vir­tuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de ala­banza” (Artículo de Fe 13). Todo lo que lees, escuchas o miras produce una impresión en ti. El entretenimiento público y los medios de comunicación te pueden brindar muchas experiencias positivas: te pueden elevar, inspirar, enseñar principios buenos y morales, y acercarte más a la belleza que ofrece este mundo. Pero también pueden hacer que parezca normal, emocionante y aceptable lo que en realidad es malo e inicuo.

“La pornografía es especialmente peligrosa y adictiva. La exploración curiosa de la pornografía puede conver­tirse en un hábito que te domine y te lleve a buscar material más gráfico y a cometer pecados sexuales. Si continúas viendo pornografía, tu espíritu se volverá insensible y tu conciencia ya no te señalará la diferencia entre el bien y el mal. Causa mucho daño el leer o ver la pornografía, ya que produce pensamientos en tu interior que debilitan la autodisciplina.

“No asistas a ningún tipo de entretenimiento (incluso conciertos, películas y videocasetes) que en algún sentido sean vulgares, inmorales, inapropiados, sugestivos o pornográficos, ni tampoco participes en ellos. La clasifi­cación de las películas y programas de televisión no siempre reflejan correctamente el contenido ofensivo de éstos. No tengas miedo de salir del cine, de apagar las televisión o de cambiar la estación de radio si lo que se está presentando no concuerda con las normas de tu Padre Celestial. Y no leas libros ni revistas ni veas foto­grafías pornográficas o que representen la inmoralidad como algo aceptable.

“En suma, si tienes dudas en cuanto al contenido de alguna película, libro u otra forma de entretenimiento, no la veas, no lo leas, no participes en él” (La fortaleza de la juventud, págs. 11-13).

Mis jóvenes amigos, y todos los miembros, por doquier, a quienes amamos tanto: si nos adherimos a las normas y a los límites ya prescritos, especialmente a los que el Señor ha establecido, éstos serán para nuestra salvación, nuestro gozo y. paz. Son la clave para que realmente lleguemos a conocer a nuestro Padre Celestial y al Salvador, ya que Él es “…el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). De modo que aprendamos en cuanto a Sus normas y límites, y observémoslos, “…venid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es; el Señor Dios” (2 Nefi 9:41). □

Liahona Noviembre 1996

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