Lo mejor aún está por venir

Lo mejor aún está por venir

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young el 13 de enero de 2009. 

Miren hacia delante y recuerden que la fe siempre señala hacia el futuro.
La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros.


Todos ustedes se ven muy bien. La hermana Holland entró y dijo: «Creo que voy a llorar». Deben entender: Dense 20 o 30 años, entonces sabrán cómo nos sentimos al regresar aquí. Amamos este campus. Estamos encantados de estar aquí con ustedes y los amamos personalmente con todo nuestro corazón.

Ustedes han tenido, tendrán y ahora tienen mejores presidentes universitarios de lo que fui yo, pero nunca tendrán uno que los ame a ustedes y a esta universidad más de lo que yo lo hago. Gracias por servir aquí, y gracias por estar presentes en una mañana de enero brillante y clara.

Estamos agradecidos con el presidente y la hermana Samuelson por su amabilidad y liderazgo en esta universidad. En realidad sabemos algo sobre sus trabajos y lo que implican. Ustedes y nosotros somos muy afortunados de tenerlos al timón de esta escuela especial, y los elogiamos públicamente por el tiempo que dedican, el éxito que están teniendo y la fortaleza que brindan. Amé cada palabra de su consejo la semana pasada, y oro para que mis palabras hoy sean consistentes con sus mensajes sobre la luz, la confianza y el privilegio de tener el evangelio de Jesucristo enriqueciendo nuestros estudios en BYU. Presidente y hermana Samuelson, los amamos. Tienen nuestras oraciones, nuestra gratitud y nuestro apoyo. Seguir leyendo

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Soportemos un poco más

Soportemos un poco más

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Una de las lecciones perdurables del período de Kirtland es que nuestro espíritu necesita nutrirse constantemente; debemos permanecer cerca del Señor cada día si queremos superar la adversidad a la que todos debemos enfrentarnos.

El verano pasado mi esposa y yo llevamos a nuestros nietos gemelos a Kirtland, Ohio. Para nosotros fue una oportunidad especial y preciosa de pasar tiempo con ellos antes de que salieran en sus misiones.

Durante nuestra visita a ese lugar, aprendimos a comprender mejor las circunstancias del profeta José Smith y de los santos que vivían en Kirtland. Esa era de la historia de la Iglesia se conoce como una época de grandes tribulaciones, pero también de enormes bendiciones.

El Señor confirió en Kirtland algunas de las manifestaciones celestiales y dones espirituales más extraordinarios que el mundo haya conocido. En Kirtland y lugares circunvecinos se recibieron sesenta y cinco secciones de Doctrina y Convenios… revelaciones que trajeron nueva luz y conocimiento acerca de temas tales como la Segunda Venida, el cuidado de los necesitados, el plan de salvación, la autoridad del sacerdocio, la Palabra de Sabiduría, el diezmo, el templo y la ley de consagración1.

Fue un período de progreso espiritual incomparable; de hecho, el Espíritu de Dios era tal como un fuego. Durante este tiempo aparecieron Moisés, Elías el Profeta, y muchos otros seres celestiales, incluso nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo, el Salvador del Mundo2.

Una de las muchas revelaciones que José recibió en Kirtland fue una revelación llamada la “hoja de olivo… tomada del Árbol del Paraíso, el mensaje de paz del Señor a nosotros” (introducción de D. y C. 88). En esta extraordinaria revelación se incluye la sublime invitación: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis” (D. y C. 88:63). Cuando los santos de Kirtland se allegaron al Señor, Él en verdad se allegó a ellos, derramando las bendiciones de los cielos sobre la cabeza de los fieles.

Un derramamiento espiritual

Tal vez la culminación de esas manifestaciones espirituales ocurrió durante la dedicación del Templo de Kirtland el 27 de marzo de 1836. Uno de los presentes era William Draper, de 28 años de edad, que describió el día como un “día de Pentecostés”. Él escribió: “Fue tal el derramamiento del Espíritu del Señor, que la lapicera (pluma) me resulta insuficiente para escribir todo, o la lengua para expresarlo; pero quiero afirmar que el Espíritu se derramó y vino como el ruido de un viento poderoso y llenó la casa, que muchos de los que estaban presentes hablaron en lenguas, tuvieron visiones, vieron ángeles y profetizaron, y en general tuvieron un momento de regocijo como no se había visto en esta generación”3.

Estas manifestaciones espirituales no se limitaron únicamente a los que se encontraban dentro del templo, ya que “la gente de la vecindad llegó corriendo (al escuchar un ruido extraordinario en el interior y al ver una luz brillante como una columna de fuego que descansaba sobre el templo), y se asombraron de lo que estaba aconteciendo”4.

Lorenzo Snow (1814–1901), que más tarde sería Presidente de la Iglesia, vivía en Kirtland durante ese bendito período; él hizo la siguiente observación: “Uno se habría imaginado que después de recibir esas maravillosas manifestaciones ninguna tentación podría haber derrotado a los santos”5.

Pero, naturalmente, las experiencias espirituales grandiosas no nos liberan de la oposición ni de las tribulaciones. Unos meses después de la dedicación del templo, una extensa crisis económica sacudió los Estados Unidos, y en Kirtland se sintieron fuertemente los efectos de ello; los bancos fracasaron, dejando a muchos en difíciles situaciones económicas. Y para colmo, muchos de los santos que inmigraron a Kirtland llegaron con escasas posesiones materiales, sin saber lo que harían una vez que llegaran o cómo sobrevivirían.

Al poco tiempo, se levantaron persecuciones y se formaron turbas en contra de los santos. Miembros de la Iglesia —incluso algunos de los más allegados al Profeta, muchos de los cuales estuvieron presentes en la dedicación del templo— apostataron y condenaron a José como profeta caído.

Mientras caminaba cerca del Templo de Kirtland con mi esposa y nietos, medité en lo trágico que fue que algunos no hubiesen permanecido fieles incluso después de las manifestaciones espirituales de las que habían sido testigos; qué triste que no pudieran soportar el ridículo y la crítica de los incrédulos; qué triste que al enfrentarse con problemas económicos u otras dificultades no hubieran echado mano de su fortaleza interior para permanecer fieles; qué lamentable que por alguna razón perdieran de vista la milagrosa cosecha espiritual que se sintió durante la dedicación del templo.

Las lecciones

¿Qué podemos aprender de esta extraordinaria era en la historia de la Iglesia?

Una de las grandiosas y perdurables lecciones del período de Kirtland es que nuestro espíritu necesita nutrirse constantemente. Tal como enseñó el presidente Harold B. Lee (1899–1973): “El testimonio no es algo que tienen hoy y que conservarán siempre. El testimonio va a ir creciendo y creciendo hasta llegar al intenso fulgor de la convicción, o va a ir disminuyendo hasta llegar a nada, según lo que ustedes hagan con respecto a él. Afirmo que el testimonio que volvemos a retener día tras día es lo que nos salva de las trampas del adversario”6. Debemos permanecer cerca del Señor todos los días si queremos superar la adversidad a la que todos tenemos que enfrentarnos.

En ciertas maneras, nuestro mundo de hoy es semejante a la Kirtland de la década de 1830; nosotros también vivimos en épocas de penurias económicas; hay aquellos que persiguen a la Iglesia y a sus miembros y los ultrajan. A veces las tribulaciones personales y colectivas parecen ser insoportables.

Es entonces cuando necesitamos, más que nunca, allegarnos al Señor; al hacerlo, llegaremos a saber lo que significa que el Señor se allegue a nosotros. Si Lo buscamos con más diligencia que nunca, ciertamente Lo encontraremos; veremos claramente que el Señor no abandona a Su Iglesia ni a Sus fieles santos. Nuestros ojos serán abiertos y Lo veremos abrir las ventanas de los cielos y derramar sobre nosotros más de Su luz; encontraremos la fortaleza espiritual para sobrevivir, aun durante la más oscura de las noches.

A pesar de que algunos de los santos de Kirtland perdieron de vista las experiencias espirituales que tenían, no fue así con la mayoría; éstos, entre ellos William Draper, se aferraron al conocimiento espiritual que Dios les había dado y continuaron siguiendo al Profeta. A lo largo del camino tuvieron más tribulaciones amargas, pero también más dulce progreso espiritual hasta que, al final, los que perduraron hasta el fin fueron “recibidos en… un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41).

Puedes soportarlo

Si alguna vez te sientes tentado a desanimarte o a perder tu fe, recuerda a esos fieles santos que permanecieron fieles en Kirtland; soporta un poco más; ¡puedes lograrlo! Eres parte de una generación especial; fuiste preparado y preservado para vivir en esta época importante en la existencia de nuestro hermoso planeta tierra. Eres de linaje celestial y, por lo tanto, tienes todos los talentos necesarios para hacer de tu vida una historia de éxito eterna.

El Señor te ha bendecido con un testimonio de la verdad; has sentido Su influencia y has sido testigo de Su poder y, si sigues buscándolo, Él seguirá concediéndote experiencias sagradas. Con éstas y con otros dones espirituales, no sólo serás capaz de cambiar tu propia vida para bien, sino que con lo bueno que hay en ti también podrás bendecir tu hogar, barrio o rama, comunidad, ciudad, estado y nación.

Es probable que a veces sea difícil reconocerlo, pero soporta un poco más, porque “ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman” y que le esperan (1 Corintios 2:9; véase también D. y C. 76:10133:45).

Testifico de la veracidad del evangelio restaurado de Jesucristo y de la veracidad de ésta, Su Iglesia. Testifico con todo mi corazón y alma que Dios vive, que Jesucristo es Su Hijo y que está a la cabeza de esta gran Iglesia. Otra vez tenemos un profeta en la tierra, sí, el presidente Thomas S. Monson.

Tengamos siempre presentes las lecciones de Kirtland y soportemos un poco más, aunque las cosas parezcan deprimentes. Que sepas y recuerdes esto: El Señor te ama; Él te recuerda, y Él siempre apoyará a los que “perseveran con fe hasta el fin” (D. y C. 20:25).

Ideas para enseñar este mensaje

Después de estudiar este mensaje y orar al respecto, considere las circunstancias de las personas a quienes lo enseñe y elija las partes del mensaje que piense que serán de mayor provecho para ellas. El Espíritu Santo le ayudará a prepararlo y a enseñarlo (véase D. y C. 42:1443:15–16). Además de compartir su testimonio, quizás se sienta inspirado a pedir a los que enseñe que relaten experiencias o expresen su propio testimonio si lo desean. (En el manual La enseñanza: El llamamiento más importanteencontrará otras ideas para enseñar.)

El Señor aparece en el Templo de Kirtland , por Del Parson; ilustración fotográfica por Christina Smith.

Izquierda: Ilustración fotográfica por Craig Dimond; ilustraciones por Steve Kropp; derecha: ilustración fotográfica por Matthew Reier.

Si buscamos al Señor con más diligencia, ciertamente Lo encontraremos. Nuestros ojos serán abiertos y Lo veremos abrir las ventanas de los cielos y derramar sobre nosotros más de Su luz.

Cómo fortalecer tu testimonio

Toma parte en esta prueba de autoevaluación para ver cómo va tu progreso en el aspecto de fortalecer tu testimonio:

  • ¿Tengo el deseo de creer?
  • ¿Ayuno y oro para tener un testimonio más fuerte?
  • ¿Leo las Escrituras y medito en ellas todos los días?
  • ¿Me esfuerzo por cumplir los mandamientos todos los días?
  • ¿Me esfuerzo por seguir los susurros del Espíritu Santo?
  • ¿Expreso mi testimonio cuando recibo la inspiración para hacerlo?

Acerquémonos al Señor

El profeta José Smith recibió una revelación en Kirtland, Ohio, en la que el Señor le dijo: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis” (D. y C. 88:63). Una forma de acercarnos al Señor es seguir a Su profeta.

Haz coincidir cada una de las imágenes que aparecen a continuación con las cosas que el presidente Thomas S. Monson nos ha pedido hacer.

Orar
Ser amables
Esforzarse por aprender
Ayudar a los demás
Compartir tu testimonio
Leer las Escrituras

Notas

  1. Véanse por ejemplo las secciones 45; 56; 76; 84; 89; 97; y 104.
  2. Véase D. y C. 76:23; 110:2–4, 11–13.
  3. William Draper, “A Biographical Sketch of the Life and Travels and Birth and Parentage of William Draper” (1881), manuscrito, Biblioteca de Historia de la Iglesia, 2; se actualizó la ortografía y las reglas para el uso de las mayúsculas.
  4. (History of the Church, tomo II, pág. 428; citado por James E. Talmage en La Casa del Señor, pág. 108).
  5. Lorenzo Snow, “Discourse”, Deseret Weekly News, 8 de junio de 1889, pág. 26.
  6. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 48.
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Enfrenten el futuro con fe y esperanza

Enfrenten el futuro con fe y esperanza

Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso de graduación pronunciado en la Universidad Brigham Young–Idaho, el 6 de abril de 2012. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches/speeches.aspx.

Recuerden siempre que Jesucristo, el creador del universo, el arquitecto de nuestra salvación y la cabeza de esta Iglesia, es quien está al mando.

Las condiciones del mundo son inciertas y peligrosas, y la economía mundial es inestable e impredecible. Los preciados valores de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad están bajo el ataque de aquellos que desean restringir el albedrío y obligarnos a depender de los demás en vez de alentarnos a utilizar nuestras habilidades y aptitudes a fin de crear nuevas y emocionantes maneras de hacer las cosas.

Las normas morales van decayendo; la familia está bajo ataque y se está desintegrando; el amor en el corazón de los hombres y las mujeres se ha enfriado y es antinatural (véase Mateo 24:12Romanos 1:31). Existe un desmoronamiento constante de la integridad, la honradez y la rectitud de los líderes políticos, de negocios y de otra índole; abundan las guerras y los rumores de guerras entre las naciones y los credos; e incluso más destructiva que cualquier conflicto armado es la guerra que se libra entre el bien y el mal —entre el Salvador con Sus huestes de luz y Satanás con sus inicuos seguidores de la obscuridad— por las almas de los hijos de Dios.

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) describió el mundo al que los jóvenes de hoy están a punto de entrar, cuando dijo: “Vivimos en una época en la que los hombres violentos hacen cosas terribles e infames; vivimos en una época de guerra; vivimos en una época de arrogancia; vivimos en una época de maldad, pornografía e inmoralidad. Todos los pecados de Sodoma y Gomorra afligen a nuestra sociedad. Nuestros jóvenes jamás han enfrentado un desafío tan grande; jamás hemos visto en forma más clara la lasciva cara de la maldad”1.

No debemos sorprendernos ante estas circunstancias de nuestros tiempos, pues las Escrituras y las profecías sobre nuestros días testifican de lo que ocurrirá en el mundo si la gente le vuelve la espalda a Dios. Aún experimentaremos cosas más desagradables, porque el diablo continúa en su empeño por lograr sus malvados designios. Al mismo tiempo, los profetas de antaño que vieron nuestros días, que vieron a la joven generación de la actualidad, sabían que este tiempo sería una época de luz y asombro, como nunca antes en el mundo.

Al preparar este mensaje, supliqué inspiración para saber qué mensaje querría nuestro Padre Celestial que compartiera. Acudieron a mi mente las tranquilizadoras y consoladoras palabras que el Señor le habló al profeta José Smith: “…sed de buen ánimo, porque yo os guiaré. De vosotros son el reino… y las riquezas de la eternidad son vuestras” (D. y C. 78:18).

Reemplacen el miedo con fe

Lo que creo que el Señor desea que diga es que deberíamos reemplazar el miedo con fe, fe en Dios y en el poder de la expiación del Señor Jesucristo.

Recuerdo que cuando era un jovencito de 13 años, llegué a casa después de la reunión de sacerdocio, el domingo 7 de diciembre de 1941, y mis padres me dijeron que Japón acababa de bombardear Pearl Harbor. Eso precipitó a los Estados Unidos a la guerra mundial que se había estado librando en Europa desde hacía dos años. Parecía que la vida que habíamos llevado hasta ese momento llegaría a su fin. Hubo mucha incertidumbre cuando tantos jóvenes fueron llamados al servicio militar. Sin embargo, al igual que ahora, en medio de todos los conflictos, luchas e influencias malignas del mundo, aún había mucho que era bueno.

Al pensar en el futuro, debemos estar llenos de fe y esperanza. Recuerden siempre que Jesucristo, el Creador del universo, el arquitecto de nuestra salvación y la cabeza de esta Iglesia, es quien está al mando. Él no permitirá que Su obra fracase; Él saldrá victorioso sobre toda la oscuridad y la maldad, y Él nos invita a todos, los miembros de Su Iglesia y las demás personas que son de corazón sincero, a unirse a la batalla a favor de las almas de los hijos de Dios. Junto con todo lo demás que hagamos en la vida, debemos también dedicar y consagrar nuestro corazón, alma, mente y fuerza a Su causa, andando con fe y trabajando con convicción.

Enfrentemos el futuro con optimismo. Creo que nos encontramos ante el umbral de una nueva era de crecimiento, prosperidad y abundancia. Salvo una calamidad o una crisis internacional inesperada, creo que en los próximos años habrá un renacimiento de la economía mundial a medida que se logren nuevos descubrimientos en comunicaciones, medicina, energía, transporte, física, tecnología de computadoras y otros campos de emprendimiento.

Al igual que en el pasado, muchos de esos descubrimientos tendrán lugar cuando el Espíritu susurre conocimiento e ilumine la mente de personas que busquen la verdad. Con estos descubrimientos y adelantos se presentarán nuevas oportunidades de trabajo y prosperidad para aquellos que trabajen arduamente, y en especial, para aquellos que se esfuercen por guardar los mandamientos de Dios. Éste ha sido el caso en otros importantes períodos de crecimiento económico nacional e internacional.

Además, muchos de estos descubrimientos se realizarán a fin de llevar a cabo los propósitos y la obra de Dios y de apresurar, incluso mediante la obra misional, la edificación de Su reino en la tierra hoy en día.

Hagan su parte

Antes de la segunda venida del Salvador, y según el horario divino de Él, el Evangelio se debe llevar a toda nación, tribu, lengua y pueblo hasta que llene toda la tierra. Como declaró el profeta José Smith: “Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las persecuciones se encarnizarán, el populacho podrá conspirar, los ejércitos podrán juntarse, y la calumnia podrá difamar; mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que la obra está concluida”2.

A medida que el Evangelio llegue a miles de millones de almas espiritualmente hambrientas, la mano del Señor llevará a cabo milagros. Los misioneros de muchas nacionalidades servirán al Señor por toda la tierra; se edificarán nuevas capillas y muchos más templos para bendecir a los santos, tal como se ha profetizado en cuanto al crecimiento de la Iglesia antes del milenio.

Tal vez se pregunten: “¿De dónde provendrán los recursos económicos para financiar este crecimiento?”. Los recursos provendrán de miembros fieles mediante sus diezmos y ofrendas. Al hacer nuestra parte, el Señor nos bendecirá con prosperidad y con la sabiduría para mantenernos concentrados en las cosas que son de más importancia en la vida: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

De modo que durante una época más, posiblemente una corta época, parecerá que las ventanas de los cielos verdaderamente se habrán abierto “hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).

Creo que muchos de los jóvenes adultos de hoy participarán en forma activa de las bendiciones temporales si guardan los mandamientos del Señor. Con la prosperidad vendrá un desafío singular, un reto que pondrá a prueba la esencia espiritual de muchos. Al entrar en este mundo nuevo de prosperidad y procurar aplicar su educación y destrezas para lograr el éxito financiero, siempre tendrán que distinguir entre los deseos y las necesidades.

Busquen primero el reino de Dios

Ustedes tendrán dos alternativas: Al edificar y adquirir las bendiciones del Señor, ¿será su motivación la satisfacción personal, el reconocimiento de los hombres y el poder, la influencia y el engrandecimiento personal? o ¿será su motivación la de glorificar a Dios, la de trabajar para ayudar a dar paso al crecimiento y a la expansión de Su Iglesia?

Aquellos que procuran las riquezas para edificar su propio ego, descubrirán que su tesoro se volverá deleznable y que fácilmente lo perderán de maneras imprudentes (véase Helamán 13:31). El bienestar de sus almas estará en gran peligro. Jacob, el obediente hermano menor de Nefi, nos aconsejó:

“Y tan benignamente os ha favorecido la mano de la providencia, que habéis obtenido muchas riquezas; y porque algunos de vosotros habéis adquirido más abundantemente que vuestros hermanos, os envanecéis con el orgullo de vuestros corazones, y andáis con el cuello erguido y la cabeza en alto por causa de vuestras ropas costosas, y perseguís a vuestros hermanos porque suponéis que sois mejores que ellos.

“…¿suponéis que Dios os justifica en esto? He aquí, os digo que no; antes bien, os condena; y si persistís en estas cosas, sus juicios os sobrevendrán aceleradamente.

“¡…no [permitáis] que este orgullo de vuestros corazones [destruya] vuestras almas!” (Jacob 2:13, 14, 16).

Luego, Jacob colocó nuestra motivación de adquirir riquezas en la debida perspectiva, con una promesa:

“Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.

“Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido” (Jacob 2:18–19).

El Señor no nos dice que no debemos tener prosperidad ni que la prosperidad sea un pecado; por el contrario, Él siempre ha bendecido a Sus hijos obedientes. No obstante, nos está diciendo que debemos procurar la prosperidad únicamente después de que lo busquemos a Él, lo encontremos y le sirvamos. Entonces, debido a los deseos justos de nuestro corazón, debido a que lo amamos a Él primeramente y ante todo, decidiremos invertir las riquezas que obtengamos en edificar Su reino.

Si deciden ir en busca de las riquezas por el amor a las riquezas, no lo lograrán. Nunca estarán satisfechos; se sentirán vacíos, y nunca encontrarán la verdadera felicidad y el gozo perdurable.

En los próximos años, es probable que la prueba de su fe no sea el hecho de que carezcan de las cosas materiales de este mundo; más bien, radicará en decidir qué hacer con las bendiciones temporales que reciban.

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) dijo en cuanto a la joven generación de hoy día:

“Por casi seis mil años, Dios los ha reservado para que nacieran en los últimos días antes de la segunda venida del Señor…

“…Dios ha reservado para los últimos períodos a algunos de Sus hijos más… fuertes, quienes llevarán adelante el reino triunfalmente”3.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “…ustedes son [algunos de los hijos] más fuertes de nuestro Padre Celestial y Él [los] ha reservado para venir a la tierra ‘para esta hora’ (Ester 4:14)”4.

A fin de ser una parte fundamental de la “obra maravillosa y un prodigio” (2 Nefi 25:17) de estos últimos días, deben someter su voluntad a Dios, dejando que ésta sea absorbida en la voluntad de Él. Al “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres… [deleitándose] en la palabra de Cristo” (2 Nefi 31:20), escudriñando diligentemente, orando siempre y creyendo, entonces, como el Señor promete, “todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien” (D. y C. 90:24).

Dedíquense y conságrense

Los insto a que se comprometan con ustedes mismos y con el Padre Celestial a dedicar su vida y a consagrar su tiempo y dones a la edificación de la Iglesia de Jesucristo en espera de la segunda venida del Salvador. Dejen que el motivo de sus pensamientos y acciones sea glorificar a Dios y bendecir a su prójimo; permitan que ese deseo los inspire a recibir cada nueva mañana con entusiasmo, y dejen que impulse sus pensamientos y acciones a lo largo de cada día.

Si lo hacen, serán bendecidos en medio de un mundo que rápidamente está perdiendo su camino, y ustedes y sus seres queridos se sentirán seguros y serán felices. Esto no significa que no enfrentarán tribulaciones y pruebas, pero sí quiere decir que tendrán el poder espiritual para afrontarlas con fe y confianza en el Señor.

El propósito de mi mensaje es ayudarlos a visualizar su futuro. Tengan fe y esperanza en el brillante futuro que les espera. Los hombres jóvenes son los futuros padres; las mujeres jóvenes son las futuras madres y quienes darán apoyo. Juntos, ustedes son “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9).

Tanto para los hombres como para las mujeres, una de las mayores prioridades es encontrar a su compañero eterno o compañera eterna, si es que aún no lo han hecho. El matrimonio en el templo les proporcionará un compañero o una compañera que los ayudará a permanecer en el sendero correcto que conduce de nuevo a la presencia de nuestro Padre Celestial y del Señor Jesucristo. Debemos hacer nuestra parte a fin de continuar la preparación para la Segunda Venida.

Sed de buen ánimo

“Aunque las nubes de tormenta se arremolinen, aunque las lluvias caigan sobre nosotros, nuestro conocimiento del Evangelio y el amor que tenemos por nuestro Padre Celestial y por nuestro Salvador nos consolarán y nos sostendrán, y darán gozo a nuestro corazón al caminar con rectitud y guardar los mandamientos. No hay nada en este mundo que pueda derrotarnos.

“Mis queridos hermanos y hermanas, no teman. Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe”.

Presidente Thomas S. Monson, “Sed de buen ánimo”, Liahona, mayo de 2009, pág. 92.

Puntos doctrinales

Podemos seguir siendo optimistas en cuanto al futuro si hacemos lo siguiente:

  • Conservamos la fe en el poder de la expiación de Jesucristo.
  • Colocamos al Padre Celestial en primer plano en nuestra vida.
  • Dedicamos nuestra vida y consagramos nuestro tiempo a edificar el reino de Dios.

Se lograrán muchos nuevos descubrimientos a fin de ayudar a llevar a cabo los propósitos y la obra de Dios y de apresurar, incluso mediante la obra misional, la edificación de Su reino en la tierra hoy día.

Notas

1. Véase Gordon B. Hinckley, “El vivir durante el cumplimiento de los tiempos”, Liahona, enero de 2002, pág. 6.
2. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 149–150.
3. Véase Ezra Taft Benson, en Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 62.
4. Thomas S. Monson, “Tengan valor”, Liahona, mayo de 2009, pág. 127.

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El mejor momento para plantar un árbol

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

El mejor momento para plantar un árbol

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

En la antigua Roma, Jano era el dios de los comienzos. A menudo se lo representaba con dos caras; una mirando hacia atrás, al pasado; y la otra, hacia el futuro. En algunos idiomas, se le dio el nombre al mes de enero en su honor, porque el comienzo del año era un tiempo de reflexión y de planificación.

Miles de años después, muchas culturas alrededor del mundo siguen la tradición de hacer resoluciones para el nuevo año. Por supuesto, hacer resoluciones es fácil, pero cumplir con ellas es una cosa totalmente diferente.

Un hombre que había hecho una larga lista de resoluciones para el año nuevo se sentía muy bien con su progreso y pensó: “Hasta ahora he seguido mi dieta, no me he enojado, me he ajustado a mi presupuesto y no me he quejado ni una vez del perro de mi vecino; pero hoy es 2 de enero, acaba de sonar el despertador y es hora de levantarme; voy a necesitar un milagro para mantener mi buena disposición”.

Empezar de nuevo

Hay algo increíblemente prometedor en un nuevo comienzo. Supongo que, en algún momento, todos hemos querido volver a empezar de cero.

Me encanta tener una computadora nueva con un disco duro vacío. Por un tiempo funciona perfectamente, pero a medida que los días y las semanas pasan y se instalan más y más programas (algunos intencionalmente, otros no tanto), la computadora empieza a fallar y las cosas que solía hacer de forma rápida y eficiente se hacen lentas. A veces no funciona para nada, incluso conseguir que inicie puede convertirse en una tarea trabajosa a medida que el disco duro se llena de información innecesaria y funciones inútiles. Hay momentos en que el único recurso es borrar el disco duro y volver a empezar.

De la misma manera, los seres humanos pueden colmarse de miedos, dudas y sentimientos de culpa. Los errores que hemos cometido (tanto intencionalmente como sin intención) pueden abrumarnos de tal manera que nos parezca difícil hacer lo que sabemos que debemos hacer.

En el caso del pecado, existe un maravilloso proceso para el reformateo llamado arrepentimiento que nos permite limpiar nuestro disco duro interno del desorden que agobia nuestro corazón. El Evangelio, mediante la expiación milagrosa y misericordiosa de Jesucristo, nos muestra la manera de limpiar nuestra alma de la mancha del pecado y volver a ser nuevos, puros e inocentes como un niño.

Sin embargo, algunas veces, otras cosas nos frenan y nos impiden avanzar, provocando pensamientos y acciones improductivos que hacen que sea difícil ponernos en marcha.

Motivar lo mejor en nosotros

Fijarse metas es un esfuerzo noble. Sabemos que nuestro Padre Celestial tiene metas, porque Él nos ha dicho que Su obra y Su gloria es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Nuestras metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros; sin embargo, una de las cosas que entorpece nuestro esfuerzo por hacer y mantener las resoluciones es la procrastinación. A veces postergamos el empezar, esperando el momento adecuado para hacerlo: el primer día del nuevo año, el comienzo del verano, cuando se nos llame como obispo o presidenta de la Sociedad de Socorro, después de que los niños comiencen la escuela o después de que nos jubilemos.

Ustedes no necesitan una invitación para avanzar hacia sus metas justas; no tienen que esperar que se les dé permiso a fin de llegar a ser las personas que fueron creadas para ser; no necesitan esperar a que se les invite a prestar servicio en la Iglesia.

A veces perdemos años esperando a que se nos escoja (véase D. y C. 121:34–36, pero esa es una premisa falsa; ¡a ustedes ya se los ha escogido!

En algunas ocasiones he pasado noches sin dormir lidiando con problemas, preocupaciones o tribulaciones personales; pero no importa cuán oscura sea la noche, siempre me alienta este pensamiento: por la mañana, saldrá el sol.

Con cada nuevo día, llega un nuevo amanecer; no sólo para la tierra, sino también para nosotros; y con el nuevo día viene un nuevo comienzo, la oportunidad de volver a empezar.

Pero, ¿qué pasa si fracasamos?

A veces, lo que nos retiene es el miedo. Quizás tengamos miedo de no lograrlo, o de tener éxito; de que se nos avergüence, de que el éxito nos cambie o de que cambie a las personas que amamos.

Entonces, esperamos; o nos damos por vencidos.

Otra cosa que debemos recordar cuando fijamos metas es que, casi por seguro, fracasaremos; al menos a corto plazo. Sin embargo, en lugar de desanimarnos, eso puede fortalecernos, ya que ese conocimiento quita la presión de tener que ser perfecto de inmediato y reconoce desde el principio que en algún momento u otro fallaremos. Saber eso desde un comienzo disminuye en gran parte la sorpresa y el desaliento del fracaso.

Cuando consideramos nuestras metas de esta manera, el fracaso no tiene por qué limitarnos. Recuerden, aun si no logramos alcanzar el objetivo deseado de manera inmediata, habremos avanzado en el camino que nos llevará a él.

Y eso es importante; significa mucho.

A pesar de que no logremos alcanzar la meta, continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes.

El mejor momento para empezar es ahora

Un antiguo proverbio dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora”.

Hay algo maravilloso y prometedor en la palabra ahora. Hay algo habilitador en el hecho de que si optamos por tomar la decisión ahora, podemos avanzar en este preciso momento.

Ahora es el mejor momento para empezar a ser la persona que queremos llegar a ser; no sólo de aquí a veinte años, sino por toda la eternidad.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf explicó que cuando no alcanzamos nuestras metas, “podemos ser fortalecidos… Aunque podríamos no llegar a la meta, el continuar el viaje nos hará mejores de lo que éramos antes”. Pida a los miembros de la familia que compartan experiencias en las cuales hayan aprendido más en el proceso de lo que aprendieron del resultado, como el graduarse de la escuela o recibir un premio.

Sé lo mejor que puedas — a partir de ahora

El presidente Uchtdorf enseña que las “metas personales pueden motivar lo mejor en nosotros”. Considera la posibilidad de establecer algunas metas en dos o tres aspectos de tu vida, tales como la salud física, la salud espiritual y la amistad. ¿Qué logros te gustaría alcanzar en esos aspectos este año? A medida que medites en oración en cuanto a algunas metas, asegúrate de que sean alcanzables pero que te requieran esfuerzo. Describe en detalle tus metas en tu diario personal a fin de que puedas ver tu progreso a lo largo del año.

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Liahona Enero 2018

Liahona Enero 2018

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Estudia las palabras del Salvador

Estudia las palabras del Salvador

Por el Presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

Ahora no solo tengo un mayor testimonio del Señor y Salvador Jesucristo, sino también la reafirmación de mi absoluta convicción de que el sistema que José Smith tuvo para traducir el Libro de Mormón fue un don de Dios.

young woman studying

Durante el devocional mundial para jóvenes adultos de enero de 2017, exhorté a quienes lo miraban a aumentar su testimonio del Salvador al dedicar tiempo cada semana a:

  • Estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo tal como se halla en el Antiguo Testamento.
  • Estudiar Sus leyes tal como se hallan en el Nuevo Testamento.
  • Estudiar Su doctrina tal como se halla en el Libro de Mormón.
  • Estudiar Sus palabras tal como se hallan en Doctrina y Convenios.

Prometí a quienes me escuchaban que si ellos continuaban aprendiendo todo lo que podían sobre Jesucristo, su amor por Él y por las leyes de Dios crecería más allá de lo que podrían imaginarse en ese momento.

Lo que no mencioné durante el discurso es que sabía que esa promesa era verdadera porque me hallaba en el proceso de terminar esa misma asignación por primera vez.

El 1 de diciembre de 2016, obtuve un nuevo juego de Escrituras y procedí a comenzar la misma asignación que luego extendería a los jóvenes adultos en enero. Cuando terminé la asignación seis semanas después, había buscado y marcado más de 2 200 citas en los cuatro libros de las Escrituras1.

Para mí, poder lograr dicha asignación fue simplemente apasionante.

Algo que encontré muy revelador es que el Salvador nos hablaba sobre Sí mismo durante aquellos diversos períodos de tiempo: en el del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, en el período de la Restauración y en nuestros días. El relato es el mismo y el Narrador es el mismo en todos los libros de Escrituras.

President Nelson studying the scriptures

He dedicado gran parte de mis 93 años a aprender sobre el Salvador, pero son raras las ocasiones en que he podido aprender tanto como lo hice durante ese período de seis semanas de estudio. De hecho, aprendí tanto sobre Él en ese estudio que pienso compartir gran parte de este en otros futuros discursos que preparo actualmente2.

Al comenzar esta asignación, no esperaba que ese estudio me ayudara a recibir un nuevo testimonio de la divinidad de la obra de José Smith, ¡pero lo hizo! Las revelaciones que escribió José Smith y el hondo conocimiento que se encuentra en la Biblia son asombrosamente coherentes. Fue muy esclarecedor para mí ver aquello durante mi estudio.

No hubiera sido posible que José Smith tuviera tiempo para cotejar y correlacionar [pasajes] con la Biblia al rápido paso que traducía el Libro de Mormón; no obstante, ¡allí están!

De modo que ahora no solo tengo un mayor testimonio del Señor y Salvador Jesucristo, sino también la reafirmación de mi absoluta convicción de que el sistema que José Smith tuvo para traducir el Libro de Mormón fue un don de Dios.

Ahora bien, comprendo que es probable que algunos de ustedes piensen que no les sería posible tener el tiempo para cumplir con una asignación como esta.

Sé cómo se sienten. Pensé lo mismo en cuanto a mí; que no había manera alguna de que tuviera tiempo para hacer todo eso. Necesité recordarme a mí mismo que un comentario como ese no es un comentario que promueva la fe. Un comentario que promueve la fe sería: “Sé que no tengo tiempo para esto, pero voy a buscar el tiempo para ello. Y lo lograré con el tiempo que tenga”.

Cada uno de nosotros que asuma este desafío lo realizará en su propio lapso de tiempo. Para mí, gran parte del gozo de ello provino de haberlo realizado por completo en solo seis semanas. Ese estudio intenso durante un período relativamente corto me permitió valorar la naturaleza complementaria de las enseñanzas que se encuentran en el Antiguo Testamento, el Libro de Mormón, el Nuevo Testamento, y Doctrina y Convenios.

Para aquellos de ustedes que opinan que no tienen tiempo, si hacen el sacrificio, serán bien recompensados, y estarán muy, muy agradecidos por el cambio de perspectiva, por un mayor conocimiento y por un superior grado de conversión. Sé que es verdad porque he visto las mismas recompensas en mi propia vida.

President Nelsons marked scriptures

Como mencioné en el devocional, en algún día venidero, ustedes se presentarán ante el Salvador. Estarán conmovidos hasta las lágrimas por estar en Su santa presencia. Se esforzarán infructuosamente por hallar palabras para agradecerle el haber pagado por sus pecados, por haberles perdonado cualquier falta de bondad hacia los demás, por haberlos sanado de las heridas e injusticias de esta vida.

Le agradecerán que los haya fortalecido para hacer lo imposible, por haber tornado sus debilidades en fortalezas, y por haber hecho posible que vivan con Él y con su familia para siempre. La identidad, la expiación y los atributos de Él llegarán a ser algo propio y real para ustedes.

Sin embargo, no tienen que aguardar hasta entonces; escojan ser uno de Sus verdaderos discípulos ahora. Sean un discípulo que en verdad lo ama, que en verdad quiere prestar servicio y liderar como Él lo hizo. Les prometo que si estudian Sus palabras, aumentará su capacidad de ser más semejantes a Él; sé que es verdad.

Para mirar o leer el devocional de enero de 2017 del presidente Nelson, haz clic en la sección “Devocional mundial”, en lds.org/broadcasts.

Notas

  1. Tal como el presidente Nelson sugirió en el devocional, pueden consultar la Guía para el Estudio de las Escrituras para buscar referencias de pasajes de las Escrituras en el tema “Jesucristo”.
  2. Véase el mensaje de la Conferencia General de abril de 2017 del presidente Nelson, “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”.
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Paz en Cristo

LEMA DE LA MUTUAL PARA 2018

Paz en Cristo

Por las Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes

Sin importar sus circunstancias, siempre pueden encontrar paz en Jesucristo.

Bonnie L. Oscarson, Presidenta (centro); Carol F. McConkie, Primera
Consejera (izquierda); Neill F. Marriot, Segunda Consejera (derecha).

Stephen W. Owen, Presidente (centro); Douglas D. Holmes, Primer
Consejero (izquierda); M. Joseph Brough, Segundo Consejero (derecha).

En un mundo lleno de conmoción, ideales en contraposición, tentaciones y filosofías confusas, no siempre es fácil encontrar paz. Pero la promesa del Salvador que se encuentra en Doctrina y Convenios 19:23 (el lema de la Mutual para 2018) proporciona un camino cierto a la paz: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz”.

Como Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes, testificamos que esto es verdad. Lo hemos visto en nuestras propias vidas, y si siguen este modelo, Dios cumplirá Su promesa de paz en sus vidas también.

Muchos de ustedes quizás se sienten angustiados y preocupados por lo que les deparará el futuro. Muchos de ustedes se cuestionan acerca de su aspecto físico, sus aptitudes, su potencial; pero no importa lo que afronten, pueden encontrar la paz. Eso no significa que todas esas preguntas o inquietudes desaparecerán de inmediato, pero pueden sentir la tranquila seguridad de que las cosas se resolverán. Lo más importante es que pueden sentir el amor de Jesucristo por ustedes personalmente, y eso brinda una inmensa paz.

Hablemos de cada uno de los elementos de este versículo.

Aprende de Mí

Llegar a conocer a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo es una parte fundamental de la vida de ustedes. El Señor dijo: “… esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). A medida que van conociendo mejor a Cristo, pueden comprender cuán bondadoso, sabio, amable y amoroso es Él. Su fe en Él crecerá y tendrán un mayor deseo de seguirlo a Él y a nuestro Padre Celestial.

Escucha Mis palabras

Jesucristo nos habla a través de las Escrituras, de los profetas vivientes y del Espíritu Santo. Debemos deleitarnos y meditar en esas palabras y aplicarlas en nuestra vida. En su estudio de las palabras del Salvador, céntrense en el Libro de Mormón porque es “el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión”, según enseñó José Smith, y que un hombre se acercaría “más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”1. La poderosa invitación que el presidente Thomas S. Monson nos hizo en la Conferencia General de abril de 2017, de leer el Libro de Mormón todos los días, nos ayudará a escuchar y comprender las palabras de Cristo2.

Camina en la mansedumbre de Mi Espíritu

El escuchar las palabras del Salvador solo comienza a cambiarnos cuando estamos dispuestos a obedecerlas. Eso requiere mansedumbre de nuestra parte; requiere que abandonemos nuestro propio camino y andemos en Su camino. A veces pensamos que nuestro camino es mejor, pero cuando somos mansos y lo seguimos a dondequiera que Él nos conduzca, siempre estaremos en la mejor senda.

En Mí tendrás paz

Esta es la gran promesa: si hacen estas tres cosas: aprender, escuchar y caminar con el Salvador, tendrán paz en su vida. Tendrán la seguridad de que Dios está a su lado y que Él velará por ustedes, a pesar de cualquier temor, incertidumbre o debilidad que tengan. Pueden tener confianza, no solo en ustedes mismos, sino también en Jesucristo y en Su amor y poder.

Invitamos a todos los jóvenes de la Iglesia a memorizar este versículo. Úsenlo como guía en su vida. Cuando los vapores de tinieblas se arremolinen a su alrededor y parezcan abrumadores, podrán pensar en este versículo, seguir su modelo y anclarse al firme y seguro fundamento de Jesucristo.

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 67.
  2. Véase Thomas S. Monson, “El poder del Libro de Mormón”, Liahona, mayo de 2017, pág. 86.
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De regreso a casa antes de lo previsto

De regreso a casa antes de lo previsto

Por Destiny Yarbro
La autora vive en Arizona, EE. UU.

Hay muchas maneras de seguir sirviendo al Señor y de hallar sentido a la vida tras regresar a casa anticipadamente de la misión.

house with missionary outfit hanging outside

Tanto mi padre como mi madre sirvieron una misión. Desde temprana edad, escuchaba sus anécdotas de la misión y soñaba con el día en que yo pudiera servir al Señor como misionera de tiempo completo.

La preparación para la misión fue uno de los momentos más preciados de mi vida; me hallaba más cerca del Señor de lo que jamás me había hallado. Recibí mi llamamiento misional a la Misión Hungría Budapest e ingresé al Centro de Capacitación Misional (CCM) de Provo con la determinación de darlo todo de mi parte a mi Padre Celestial.

Estar en el CCM fue una experiencia increíblemente espiritual para mí. Conforme me acercaba más al Señor, oraba con sinceridad para pedir que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa que Él me pidiese, y prometí que amaría a los húngaros con todo mi corazón.

Hacia el final de mi estadía en el CCM, enfermé. Después de una breve temporada en casa para recuperarme, se me dio la oportunidad de continuar mi misión en Hungría. Se me asignó estar con una magnífica entrenadora, la hermana Sunshine Nestor, quien me enseñó a reconocer las tiernas misericordias y los milagros diarios del Señor.

Tras unos pocos meses, enfermé de nuevo. Aunque la hermana Nestor y yo seguimos trabajando lo mejor que pudimos, tuve que regresar a casa otra vez.

A mi parecer, yo había decepcionado al Señor, porque no había servido una misión “completa”. Estaba convencida de que aún había húngaros a quienes “debería haber” enseñado si no hubiera enfermado. Me preguntaba si acaso no tenía la fe suficiente para ser sanada, ya que, a fin de cuentas, el Señor protege a Sus misioneros. Nunca había considerado la alternativa de que mi sacrificio al Señor no fuera dar un año y medio de mi vida, sino más bien sacrificar la clase de misión que yo había imaginado.

Mi búsqueda de sentido en casa

Conforme descendía del avión al regresar a casa, no pude evitar pensar que había dejado la labor más importante de mi vida allá, en el campo misional. Requirió tiempo, pero descubrí que había una obra en casa que también daría sentido a mi vida.

Independientemente de la razón por la que regreses de tu misión antes de lo previsto, toma la decisión hoy mismo de hacer de esa experiencia un paso hacia adelante en tu progreso, no un paso hacia atrás. Yo regresé a casa por razones de salud, pero hay otras personas que regresan por diversos motivos, incluso transgresiones. Por lo tanto, quizás algunas de las siguientes ideas no se apliquen a tu situación. Ora al Señor para hallar maneras de servirle desde casa. Por ejemplo, si has regresado a casa debido a una transgresión y aún no eres digno de asistir al templo, aun así puedes encontrar sentido a tu vida al recorrer los jardines del templo con regularidad y comprometerte a volver a Su Santa Casa algún día.

Además de leer las Escrituras, orar y asistir a la Iglesia, cada uno de los siguientes pasos de mi camino fue imprescindible para sanar.

post-mission journey

  1. Mantenerse en contacto

Mi primer paso para encontrar sentido en mi vida fue mantenerme en contacto con los santos y los misioneros de Hungría. Durante algún tiempo, viví esperando los días de preparación, en los que recibía mensajes de correo electrónico de la hermana Nestor y mis compañeras del CCM. No obstante, debo admitir que en ocasiones no era sencillo leer sobre la misión de mis compañeras ni hablar con los húngaros, a quienes extrañaba tanto. Sin embargo, en retrospectiva, ahora comprendo que fue fundamental para mi sanación conocer los milagros que sucedían allá.

  1. Indexar en línea

Mi hermano menor, alentado amablemente por mi intuitiva madre, me convenció de que comenzara a indexar. Al principio, indexé lotes de nombres para contentarlo, pero cierto día apareció un registro con nombres de húngaros en mi pantalla. ¡El Espíritu me sobrecogió y me enseñó que aún podía ayudar a llevar almas húngaras a Cristo, solo que del otro lado del velo!

  1. Establecer metas

Después de la misión, todas las metas que tenía antes para mi vida parecían imposibles de alcanzar debido a mi nueva situación médica No obstante, con el tiempo, me di cuenta de que había metas que podía lograr mientras me hallaba en cama. A las metas tales como leer Jesús el Cristo las denominé “las metas horizontales”, y me dediqué a ellas a diario.

  1. Regresar a los estudios

Una de las metas de mi vida anteriores a la misión era graduarme de la universidad. Aunque asistir a clases hubiera resultado difícil por mi enfermedad y por las constantes citas médicas, mi papá me alentó a tomar clases en línea mediante el programa de Estudio independiente de la Universidad Brigham Young. No solo se trataba de una meta “horizontal” que podía lograr, sino que también entendí que quizás podría cumplir más de las metas previas a la misión de lo que antes había considerado posible.

  1. Servir en una misión en línea

Cierto día, en la Iglesia, una hermana se acercó a mi mamá y le dijo: “¿Sabías que Destiny puede servir en una misión de indexación en línea?”. Aquella pregunta inesperada fue la respuesta a mis oraciones; podría servir al Señor durante nueve meses como misionera de servicio a la Iglesia en el área de soporte de indexación. ¡Esta era una meta que yo podía cumplir!*

  1. Enseñar el curso de preparación misional

A medida que aprendía a controlar mi problema de salud, empecé a estudiar en un colegio universitario mientras servía mi misión en línea. Se me pidió que enseñara el curso de preparación misional en un Instituto cercano. Enseñar me ayudó a comprender que mi entusiasmo por la obra misional no había disminuido y que incluso mi breve misión me había proporcionado muchas experiencias que podían resultar valiosas para mis alumnos.

  1. Servir como voluntaria en el CCM

Tras asistir con éxito un semestre al colegio universitario cercano a casa, me mudé a Utah, EE. UU., para asistir a BYU. Al principio, apenas podía caminar cerca del CCM de Provo sin sentir una oleada de emociones contradictorias. No obstante, empecé a trabajar semanalmente como voluntaria en el CCM y descubrí los efectos sanadores de conocer a los maravillosos misioneros que iban a mi querida Hungría.

  1. Efectuar la obra del templo

Una hermana húngara, Edit, que ha preparado casi 150 000 nombres para el templo, me pidió que llevara algunos de sus nombres al templo. ¡Fue un gozo efectuar las ordenanzas salvadoras a favor de aquellas personas húngaras!

La sanación gradual a través de Su obra

Servir en una misión era el sueño más importante de mi vida y, como es comprensible, me sentí derrotada al volver a casa antes de lo previsto. Durante un tiempo, tenía dificultad al hablar de mi misión; tuve que lidiar con sentimientos de fracaso. Tuve que aprender a juzgar el valor de mi misión por mi deseo de servir en vez de juzgarlo por su duración. A pesar de que no lo entendía en aquel momento, cada uno de esos pasos para hallar sentido en mi vida también trajo la sanación.

Durante años, me preocupaba que regresar a Hungría me resultase difícil en el aspecto emocional. Cuando, con el tiempo, viajé allá, recién al segundo día pude percatarme de que no solo no sentía pesar alguno, sino que además sentía un gozo incontenible por estar de regreso. Entonces supe que el Padre Celestial me había dado la oportunidad de experimentar el poder sanador de la expiación del Salvador. Ahora sé que, por medio de la expiación de Jesucristo, todas las cosas se rectificarán al final.

*Muchos misioneros que han regresado de la misión antes de lo previsto, prosiguen su servicio como misioneros jóvenes de servicio a la Iglesia. Consulta a tu obispo o presidente de rama para obtener más información.

Una ofrenda aceptable

“Cuando doy un mandamiento a cualquiera de los hijos [o hijas] de los hombres de hacer una obra en mi nombre, y estos, con todas sus fuerzas y con todo lo que tienen, procuran hacer dicha obra, sin que cese su diligencia, y sus enemigos vienen sobre ellos y les impiden la ejecución de ella, he aquí, me conviene no exigirla más a esos hijos [e hijas] de los hombres, sino aceptar sus ofrendas”.

Doctrina y Convenios 124:49

Sugerencias para los padres

La siguiente es una lista de aspectos a tener en cuenta:

  • Dé tiempo al misionero para sentir congoja y sanar.
  • Diga al misionero a menudo cuánto lo ama.
  • Aliéntelo a reunirse con el presidente de estaca y el obispo con regularidad.
  • Pregunte al misionero cuánto desea que los demás sepan sobre la razón de su regreso a casa.
  • Diga a los demás que el misionero ha regresado y que usted está feliz de verlo de nuevo.
  • Conceda tiempo al misionero para hablar con usted acerca de la misión y compartir tanto las experiencias magníficas como las difíciles.
  • Anime al misionero a orar en cuanto a lo que debe hacer a continuación en la vida, y luego apoye su decisión de regresar o no a la misión.

Sugerencias para los miembros del barrio

Puede resultar difícil saber qué decir cuando los misioneros regresan a casa antes de lo esperado. Puede ayudarlos a hacer la transición a la vida en casa al darles la bienvenida, expresar su afecto por ellos y al agradecerles el haber servido en una misión.

Es posible que usted desconozca por qué ha regresado a casa el misionero y la razón puede ser muy diferente de lo que usted piensa. Tenga en cuenta que el proceso de sanación es entre ellos y el Señor, y que ellos solo necesitan saber que usted los apoya.

Sería bueno que los misioneros compartan sus vivencias de la misión en un entorno seguro. Entienda que quizás necesiten un tiempo antes de poder hablar sobre la misión. Si desea que un misionero comparta alguna experiencia en una clase, llámelo con anticipación para preguntarle si se siente cómodo al respecto.

Recursos para ministrar

Los líderes pueden hallar información y maneras de ayudar a los misioneros que han regresado antes de lo previsto en internet en ministering.lds.org.

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La importancia eterna de la familia

La importancia eterna de la familia

Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado el 27 de octubre de 2015.

En su discurso durante el noveno Congreso mundial de las familias en Salt Lake City, Utah, EE. UU., el élder M. Russell Ballard dijo que quienes creen en el matrimonio tradicional deben reunir todo el apoyo que puedan para fortalecer y proteger su fe, su familia y su libertad.

family in the city

Los templos son muy importantes para los Santos de los Últimos Días porque, en ellos, las parejas se casan por tiempo y eternidad, y no solo hasta que la muerte los separe. Tal como declaró la Iglesia en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, hace veintitrés años, “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y… la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”1.

Esta doctrina aclara nuestra firme posición en cuanto a la familia. También creemos que hemos de tender nuestra mano a todas las personas con comprensión, amor y compasión. Mis palabras se centrarán primero en las razones doctrinales por las que la familia tradicional juega un papel tan importante en nuestra Iglesia. En segundo lugar explicaré la relación que existe entre las sensibilidades religiosas que rodean a la familia y la libertad religiosa. Por último, sugeriré algunos principios que nos guiarán a la hora de tender nuestra mano a quienes nos rodean, pese a cualquier malentendido o desacuerdo.

Las creencias de la Iglesia en cuanto a la familia

Para poner en contexto las creencias de nuestra Iglesia en cuanto a la familia, me gustaría citar la letra de una canción que nuestros niños cantan con frecuencia; se titula “Viví en los cielos”. Esta canción resume de dónde vinimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. Es lo que los Santos de los Últimos Días llaman el Plan de Salvación, un plan eterno de nuestro Padre Celestial.

Yo en los cielos viví y amé, cierto es,
a las personas que ahora conozco, traté
y nuestro Padre un plan presentó con bondad
para salvarnos con Él en la eternidad.

Dios requería que un hijo capaz de amar
diera su vida y a todos quisiera salvar.
“Quiero la gloria” insistió Lucifer con maldad;
dijo Jesús: “Padre, hágase tu voluntad”.

Dios eligió a Jesús y el Mesías nació;
para salvarnos sufrió, luego resucitó.
La puerta abrió para darnos oportunidad
de vivir otra vez en Su mansión celestial2.

Con esta canción en mente, permítanme explicar algunos aspectos importantes del Plan de Salvación que hacen hincapié en nuestra inmortalidad y naturaleza eterna, y en la de nuestras familias.

Antes de esta vida vivimos con Dios, que es nuestro Padre Celestial. Él es literalmente el Padre de nuestros espíritus, y nosotros somos Sus hijos procreados en Espíritu. Por tanto, todas las personas que nacen en esta tierra son hermanos y hermanas en el plano espiritual.

“Todo el propósito de Dios —Su obra y Su gloria— es darnos a cada uno de nosotros la oportunidad de disfrutar de todas Sus bendiciones”. Nuestra elección de obedecer o desobedecer Sus mandamientos determina nuestro destino eterno. “Jesucristo ocupa el lugar central del plan de Dios. Por medio de Su expiación, Jesucristo llevó a cabo el propósito de Su Padre e hizo posible que todos nosotros disfrutáramos de la inmortalidad y la vida eterna”3. Los lazos del matrimonio y la familia son atados por la autoridad del sacerdocio para que perduren más allá del sepulcro si nos casamos en el templo “así por el tiempo como por toda la eternidad” (D. y C. 132:7).

Espero que esta pequeña reseña les ayude a comprender lo íntimamente ligada que está nuestra teología a la familia tradicional. La sociedad, las leyes y la opinión popular pueden cambiar, pero la versión de familia que tiene la sociedad no puede sustituir el propósito y el plan de Dios para Sus hijos, y no lo hará.

En el mundo actual, donde el matrimonio y los hijos son cada vez más marginados, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es la única que reconoce la familia tradicional como uno de sus elementos doctrinales más importantes.

El Papa Francisco ha dicho: “[Dios]… ha creado al hombre y a la mujer… para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que le sea complementaria; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir, de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos”4.

La Iglesia Bautista del Sur proclama: “El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto de compromiso para toda la vida… El marido y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, ya que ambos fueron creados a imagen de Dios”5.

Nuestras creencias doctrinales sobre la familia eterna y las declaraciones de otros prominentes líderes cristianos hacen que sea más fácil comprender por qué estamos tan dedicados a nutrir, proteger y promover la familia tradicional.

Apoyo secular a puntos de vista religiosos

Hay quienes piensan que tales doctrinas y declaraciones son voces religiosas irracionales. No obstante, y aun reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo, en junio de 2015 la Corte Suprema de los Estados Unidos hizo todo lo posible por admitir que había personas sinceras y conscientes que podían sostener una opinión diferente.

“El matrimonio es sagrado para quienes viven conforme a sus respectivas religiones…

“Existen un sinnúmero de referencias a la belleza del matrimonio en textos religiosos y filosóficos que abarcan épocas, culturas y religiones, así como en el arte y la literatura en todas sus formas. Es justo y necesario señalar que esas referencias se fundaban en la idea de que el matrimonio es la unión entre dos personas de sexo opuesto…

“El matrimonio, desde su prisma, es por naturaleza la unión de un hombre y una mujer basada en su género diferenciado… Esta idea la han sostenido por mucho tiempo —y la siguen sosteniendo— personas sinceras y razonables de buena voluntad aquí y por todo el mundo”6.

La Corte Suprema correctamente admitió que muchas personas sinceras y razonables en el mundo continúan reconociendo el matrimonio tradicional.

family sitting together

Fe, familia y libertad

Al entender que personas razonables y sinceras pueden considerar el matrimonio solo entre personas de distinto género, la plaza pública debe dar cabida a tales puntos de vista, y la libertad religiosa debe proteger los mismos. De hecho, dado que las creencias religiosas pueden afectar la forma en que los creyentes conciben el principal propósito de la vida, dichas opiniones conformarán el modo en que ellos interactúan en sociedad.

Me viene a la memoria una noticia sobre unos niños cuya maestra en la escuela les leyó una historia acerca de dos princesas que se enamoraban la una de la otra. La maestra presentó ese material sin previo aviso ni advertencia. Cuando los padres pidieron que se les notificara si esa historia se leería de nuevo en el futuro, la escuela se negó7.

¿Habría perjudicado realmente a los administradores de la escuela dejar que los padres se llevaran a sus hijos cuando el material que se enseñara fuera contrario a sus creencias? La decisión de la escuela parece un ataque directo al papel que desempeñan los padres en la educación de sus hijos.

Vivimos en una época de extremos. Con frecuencia parece difícil y remoto llegar a un acuerdo. Oímos historias de personas que han tratado de ser fieles a sus normas solo para que se les acuse de fanatismo o intolerancia, o se les castigue a niveles aparentemente poco razonables.

La mayoría de los cerca de doscientos países del mundo, entre ellos los Estados Unidos, reconocieron el derecho de los padres a enseñar a sus hijos cuando firmaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El artículo 18 de ese tratado manifiesta: “[Las]… Partes… se comprometen a respetar la libertad de los padres… para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”8.

Esta protección internacional de los derechos humanos concuerda con la posición de la Iglesia, que establece lo siguiente en la proclamación sobre la familia: “Los padres tienen el deber sagrado de criar a sus hijos con amor y rectitud… y de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, [y] a observar los mandamientos de Dios… Los esposos y las esposas, las madres y los padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones”9.

Puede dar la impresión de que nadamos a contracorriente, pero contamos con un amplio respaldo para continuar sosteniendo nuestra opinión en cuanto al matrimonio tradicional. Yo solo he señalado unas pocas fuentes, pero hay muchas más.

Debemos reunir todo el apoyo que podamos para fortalecer y proteger nuestra fe, nuestra familia y nuestra libertad. Algunas personas tratan de manera activa de arrancarnos esos derechos. Un reportaje periodístico reveló que, en los Estados Unidos, se habían despilfarrado millones de dólares en frustrar la protección a la libertad religiosa10.

Ante este tipo de amenazas, creo que mi compañero del Cuórum de los Doce Apóstoles, el élder Dallin H. Oaks, lo ha expresado mejor: “Aun al procurar ser humildes y evitar la contención, no debemos abandonar ni debilitar nuestro compromiso con las verdades que comprendemos. No debemos ceder en nuestra postura ni en nuestros valores”11.

Si quienes se oponen a nosotros son sinceros en su compromiso con los valores de diversidad e igualdad, deberíamos ser capaces de trabajar juntos para encontrar compasión y paz. Imponer las creencias de unos sobre otros, como sucedió con los niños a quienes se les leyó material en contra de los deseos de sus padres, merma la diversidad y desequilibra la balanza de la igualdad. Al llegar a un consenso y extender nuestro amor a todos los hijos de Dios, que son nuestros hermanos y hermanas, podemos crear un apacible y variado tapiz de ideales y creencias.

family walking and holding hands

Principios que rigen el amor de unos por otros

Ahora que he descrito la importancia del matrimonio tradicional y de defender nuestros derechos, permítanme explicar por qué debemos tender una mano de hermandad a aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Jesucristo mandó:

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

“para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:44–45).

Al igual que no rechazamos —y no debemos hacerlo— a los miembros de nuestra familia con quienes discrepamos, no podemos ni debemos rechazar a quienes piensan, actúan o tienen una apariencia diferente a la nuestra. Manifestamos nuestra mejor humanidad cuando mostramos amor y bondad a todos los hijos de Dios. Demostramos nuestro discipulado cuando renunciamos a las estridencias, cuando rechazamos las etiquetas burlonas y cuando participamos en el debate público para llegar a conclusiones justas mediante la comprensión y el respeto mutuo.

Recientemente la Iglesia apoyó leyes que equilibraban las inquietudes de la comunidad LGTB con las de aquellos que tienen sensibilidades religiosas tradicionales. La legislación protege a las personas LGTB ante la privación de vivienda o empleo por causa de su orientación o identidad sexual. Al mismo tiempo, esta sólida legislación protege la conciencia religiosa y el derecho a vivir conforme a creencias religiosas profundamente arraigadas12.

Ninguna de las partes consiguió todo lo que quería, pero nuestra labor con la comunidad LGTB y la Asamblea Legislativa de Utah redujo la división en nuestras comunidades sin comprometer principios clave13. Podemos amarnos unos a otros sin comprometer nuestros ideales divinos, y podemos hablar de esos ideales sin marginar a otras personas.

Jesucristo fue el ejemplo supremo de cómo amar a los demás. Solo horas antes de comenzar el doloroso proceso de pagar por los pecados de cada uno de nosotros, Él se reunió con Sus apóstoles para participar de la fiesta de la Pascua —Su Última Cena— y para darles las últimas instrucciones que daría en esta vida. Entre Sus enseñanzas está la emocionante y transformadora declaración: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).

Podemos ser explícitos y vehementes sobre los beneficios del matrimonio entre un hombre y una mujer sin faltar al respeto ni herir a los que piensan de otro modo. Sin importar la creencia o la práctica, como hermanos y hermanas debemos esforzarnos por comprendernos los unos a los otros. Recuerden que, al final, casados o solteros, cada persona es una parte única del gran plan de Dios.

Conclusión

El profeta José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados el 27 de junio de 1844 por el populacho mientras se hallaban bajo custodia estatal. Después de su martirio, la persecución y las turbas amenazaban con destruir a los miembros de la Iglesia mientras construían el Templo de Nauvoo. Pero ellos continuaron aun sabiendo que tendrían que abandonarlo. Antes de ser expulsados por el populacho, asistieron al templo día y noche para hacer promesas sagradas que los unirían como familias por la eternidad14.

Al hacer la travesía al Valle del Lago Salado, mis bisabuelos, tanto del lado de mi madre como de mi padre, pagaron un precio colosal en sufrimiento y privación. Las familias pioneras fueron separadas por la muerte y, a pesar de enterrar a hijos, cónyuges, padres, abuelos y amigos a lo largo de un terreno desértico en su viaje hacia el Oeste, ellos siguieron adelante.

Su fe en un plan divino diseñado por Padres Celestiales que nos aman les dio el valor para hacer frente a tremendos desafíos. Ellos buscaron un lugar donde, sin persecución, pudieran criar a sus familias para amar a Dios y servirle. Les doy las gracias por haber marcado el camino.

La doctrina y teología de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días literalmente comienza y acaba con la familia. Repito lo que dije antes: Creemos que antes de venir a esta tierra vivimos como miembros de la familia espiritual preterrenal de Dios y que, como hijos de Padres Celestiales, hemos de prepararnos en esta vida para volver y recibir las bendiciones que se prometen a quienes guardan los mandamientos de Dios.

Este conocimiento nos preparará a cada uno de nosotros para el día en que muramos y sepamos con toda seguridad, tras regresar a la santa presencia de Dios, el verdadero propósito de Su plan para nosotros. De modo que, como se indica en la proclamación sobre la familia, “Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los funcionarios de gobierno de todas partes para que fomenten aquellas medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad”15.

Notas

  1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  2. “Viví en los cielos”, Canciones para los niños, nro. 148.
  3. Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 48.
  4. “Homilía del Santo Padre Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de los Obispos sobre la familia”, Catholic Herald, 4 de octubre de 2015, catholicherald.co.uk.
  5. “Las creencias básicas: Familia”, Convención Bautista del Sur, sbc.net/aboutus/basicbeliefs.asp.
  6. Obergefell et al. v. Hodges, 576 U.S., 2015, supremecourt.gov.
  7. Véase “Teacher, School Sued over Gay Fairy Tale”, NPR, 27 de abril de 2006, npr.org.
  8. “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”, artículo 18, Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ohchr.org.
  9. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, pág. 129.
  10. Véase Kevin Jones, “LGBT Grant-maker Wants to Win Religious Liberty Fight within Three Years”, Catholic News Agency, 29 de julio de 2015, catholicnewsagency.com.
  11. Dallin H. Oaks, “Amar a los demás y vivir con las diferencias”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 26.
  12. Véase Dennis Romboy, “LDS Church, LGBT Advocates Back Anti-Discrimination, Religious Rights Bill”, Deseret News, 4 de marzo de 2015.
  13. Véase “Utah Lawmakers Introduce Bill Balancing Religious Freedom and Nondiscrimination Protections”, 4 de marzo de 2015, mormonnewsroom.org.
  14. (Véase La historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos, Manual del alumno, Sistema Educativo de la Iglesia, 2003, págs. 330–332).
  15. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, pág. 129.
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Sentarse en consejo

Sentarse en consejo

Por Michael Magleby
Director del Departamento de Cursos de Estudio, Sacerdocio y Familia

man in priesthood quorum council meeting

Prólogo escrito por el élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles

Durante mi ministerio apostólico, con frecuencia he hecho hincapié en el poder y la importancia de los consejos, entre ellos los consejos de estaca, barrio, organizaciones auxiliares y familiares. Creo que trabajar por medio de consejos es la manera más eficaz de obtener resultados reales.

Este mes se implementan algunos cambios sencillos pero importantes en los cursos que los miembros de los cuórums del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro estudian cuando se reúnen cada domingo en sus respectivas organizaciones. Además de estudiar las palabras de los profetas vivientes pronunciadas en la conferencia más reciente, también nos “[sentaremos] en concilio” (D. y C. 107:89) para hablar de los problemas que afrontamos y de las necesidades que tenemos.

A medida que aprendamos a reunirnos en consejo de manera más eficaz, Dios nos bendecirá con un flujo de revelación y comprensión cada vez mayor, y con más poder para llevar a cabo Su obra.

Antes de que este mundo fuera creado, el Padre Celestial efectuaba Su obra por medio de concilios (véase D. y C. 121:32). Comenzando por Adán y Eva, el pueblo de Dios ha buscado Su orientación en consejos. De hecho, Dios se refirió a Sí mismo como “Varón de Consejo” (Moisés 7:35). Al principio de esta dispensación, José Smith comenzó a restaurar “el orden de los concilios en los días antiguos”1. En la actualidad, la Iglesia se rige mediante consejos en todos los niveles.

En los últimos meses, los líderes generales de la Iglesia se han reunido en consejo para hablar de cómo reforzar las reuniones dominicales del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro. El resultado es un nuevo curso de estudio titulado Ven, sígueme—Para el Sacerdocio de Melquisedec y la Sociedad de Socorro, que aumenta el uso de los mensajes de la conferencia general y traslada el poder de la deliberación en consejo a nuestros cuórums del sacerdocio y Sociedades de Socorro.

“Con lo que hasta ahora hemos tenido hemos hecho mucho bien”, dijo el élder Christoffel Golden, de los Setenta, que ayudó a dirigir este cambio; “pero el Señor desea que avancemos. El progreso vendrá como resultado de este viraje hacia el estudio de las palabras de los profetas vivientes y la deliberación en consejo.

Recientemente, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro y los miembros de los Setenta se reunieron en consejo para hablar del modo en que la deliberación en consejo invita a la revelación, aumenta la unidad y conlleva poder. Ellos ofrecen los siguientes principios sabiendo que usted edificará sobre esas ideas a medida que descubra soluciones adecuadas para usted, para su barrio o rama y para su cuórum o Sociedad de Socorro.

Poder en el propósito

“… por cuanto os habéis juntado… y estáis de acuerdo tocante a esta cosa, y habéis pedido al Padre en mi nombre, así también recibiréis” (D. y C. 42:3).

Los consejos son un medio a través del cual “[buscamos] colectivamente la voluntad del Señor”2. En otras palabras, no es suficiente solo compartir ideas; al deliberar en consejo invitamos la revelación de modo que podemos aprender lo que el Señor desea que hagamos en nuestra situación. Tendremos más éxito en nuestra experiencia de revelación a medida que recordemos lo siguiente:

  1. Enfoque—Comience con una cuestión o necesidad específica y significativa.Centrarse en una sola cuestión o necesidad aumenta nuestra capacidad de realizar un progreso significativo. También nos ayuda a ver más allá de las evidencias (lo que sucede) y a procurar comprender el problema de fondo (por qué y cómo algo afecta a las personas). Por ejemplo, podríamos deliberar sobre cómo orientar y conectar a nuestros jóvenes con los cielos en lugar de hablar del tiempo que pasan delante de una pantalla.
  2. Perspectivas—Plantee su problema o su necesidad como una pregunta.Un tema que se formula como una pregunta puede dar lugar a una reflexión doctrinal. Tal vez nos preguntemos: “¿Cómo puedo hacer frente a esta situación de modo que sea útil y produzca sanación?”, o “¿qué doctrina, si la entendiera mejor, me ayudaría a resolver este problema?”.
  3. Poder—Busque revelación. Aunque puede que los consejos den pie a la aportación de soluciones, el propósito de los mismos es descubrir la voluntad de Dios, no solamente enumerar una serie de buenas prácticas o decir: “Así es como se hacía en mi barrio anterior”. Tal como enseñó el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, no necesitamos reuniones; necesitamos experiencias que nos aporten revelación3. Deliberar en consejo revela soluciones poderosas que conducen a la acción.

Poder en la participación

“Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio” (D. y C. 88:122).

En los consejos, los intereses de las personas y de la organización (el barrio o la rama) se unen de manera singular, especialmente si los participantes comprenden lo siguiente:

  1. Cada miembro del consejo juega un papel fundamental. Los miembros del consejo deben participar de manera activa en el mismo, pero no predominar. Tal como Pablo enseñó: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (1 Corintios 12:21–22).
  2. Los miembros del consejo procuran aportar luz. El profeta José Smith enseñó que “todo hombre, antes de poner reparos a cualquier asunto que se presente al concilio para su consideración, debe estar seguro de poder aclarar más el tema en lugar de sembrar tinieblas, y ver que su objeción esté fundada en la justicia”4.
  3. Los miembros del consejo procuran estar unidos. Pese a sus diferentes puntos de vista, los miembros del consejo se unen porque buscan “recibir la guía del Espíritu Santo”5. José Smith dijo en una ocasión durante un consejo que “para recibir revelación y las bendiciones del cielo, era necesario que concentráramos nuestra mente en Dios y ejerciéramos la fe, y que fuéramos uno en corazón y voluntad”6.

Relief Society council meeting

Poder en los planes de acción

“… que todo hombre obre en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral que yo le he dado” (D. y C. 101:78).

Sin planes para obrar conforme a la revelación recibida, un consejo está incompleto. Se debe invitar a los participantes en el consejo a adquirir compromisos específicos conforme a los cuales obrarán. “Al final de su reunión de consejo deben tener asignaciones”, dijo la hermana Jean B. Bingham, Presidenta General de la Sociedad de Socorro. “La obra más importante tiene lugar entre una reunión y otra”.

La persona que lidera conduce el consejo hacia el entendimiento y el consenso. A continuación, él o ella concluye dando asignaciones y registrándolas para posteriormente hacer un seguimiento. La hermana Sharon Eubank, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, añade: “El poder está en nosotros. Al obligarnos a actuar, el Señor santificará nuestros esfuerzos (véase D. y C. 43:9). Aceptar asignaciones de manera voluntaria y rendir cuentas es la esencia de los convenios”.

El papel del líder

“… el predicador no era de más estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo; y así todos eran iguales” (Alma 1:26).

A fin de mejorar nuestros consejos, nosotros evitamos los conceptos del mundo sobre el liderazgo. En el Reino del Señor, el líder es el “siervo de todos” (Marcos 10:44). De manera similar, el líder de un consejo —ya sea una autoridad que preside o un maestro— proporciona el enfoque, pero no es el foco de atención. Él o ella evitan ser la voz predominante y tomar resoluciones antes de escuchar a los miembros del consejo.

El líder del consejo juega un papel importante en cuanto a establecer el propósito, fomentar el análisis e invitar a los participantes a comprometerse a actuar. Los consejos funcionan mejor cuando la persona que los dirige escucha, guía, invita, protege y valida.

  1. Escucha. Los buenos líderes escuchan a la persona que habla y al Espíritu Santo. “El don del discernimiento opera más eficazmente”, dijo el élder Bednar, “cuando escuchamos que cuando hablamos”7.
  2. Guía. El líder de un consejo guía la conversación, permitiendo que se forjen ideas. Cuando es necesario, el líder replantea el análisis o lo reconduce con amor.
  3. Invita. El Señor esparce revelación entre los miembros de un consejo. El invitar a todos —incluso a los que son reservados— a aportar ideas aumenta las probabilidades de conocer la voluntad del Señor.
  4. Protege.El líder de un consejo crea un ambiente donde compartir de manera segura y apropiada, y lo hace interesándose por quienes intervienen y protegiéndolos de la crítica y los juicios. Los temas delicados requieren una dirección prudente. Los asuntos confidenciales deben seguir siéndolo.
  5. Valida. A medida que los participantes comparten pensamientos e ideas, un líder valida las aportaciones mostrando aprecio y enlazando ideas relacionadas. Esa validación ayuda a los participantes a sentirse parte del proceso de revelación y a superarse a sí mismos para asegurarse de que su aportación es útil.

Nuevo curso de estudio, nuevo compromiso

El nuevo año y el nuevo curso de estudio traen consigo una etapa de nuevo compromiso. Somos bendecidos con el evangelio restaurado de Jesucristo. Es nuestra responsabilidad y privilegio procurar Su guía y llevar a cabo Su obra. Este paso adelante en nuestras reuniones dominicales del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro no consiste solamente en tener una clase sobre la obra; más bien nos “sentamos en consejo” y promovemos las obras de rectitud, obras que “[impulsarán] a muchos hasta Sion con cantos de gozo perpetuo” (D. y C. 66:11).

¿Qué novedades hay en las reuniones del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro?

El primer domingo de cada mes, el análisis en las reuniones del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro está dirigido por un miembro de la presidencia o un líder de grupo. Estas reuniones son consejos en los que nos instruimos y nos edificamos (véase D. y C. 43:8) a medida que deliberamos en consejo sobre problemas y necesidades. Estos análisis conducen a la acción, tanto individual como colectiva.

Otros domingos damos informes y hacemos un seguimiento de nuestro análisis y nuestras asignaciones. Cuando sea necesario extendemos nuevas asignaciones y las registramos. Los análisis durante estas reuniones se centran en la doctrina que se enseña en los mensajes de la conferencia general y en temas especiales seleccionados por los líderes generales de la Iglesia, y están dirigidos por un miembro de la presidencia, un líder de grupo o un maestro llamado. Los sentimientos que tenemos durante estos análisis nos inspiran a actuar y cambiar a nivel individual.

Notas

  1. José Smith, en “Minutes, 17 February 1834”, josephsmithpapers.org.
  2. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.4.4
  3. Véase David A. Bednar, “Mesa redonda” (reunión mundial de capacitación de líderes, noviembre de 2010), broadcasts.lds.org.
  4. Véase Enseñanzas del profeta José Smith, comp. de Joseph Fielding Smith, 1982, pág. 122
  5. Manual 2, 3.3.2.
  6. José Smith, en “Minutes, 27–28 December 1832”, pág. 3, josephsmithpapers.org.
  7. David A. Bednar, “Mesa Redonda”.
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Usted, los jóvenes y el lema de la Mutual

Usted, los jóvenes y el lema de la Mutual

Por Jessica Griffith
Revistas de la Iglesia

¿Cómo nos puede unir el lema de la Mutual?

Young Women leaders

Cada año, las Presidencias Generales de los Hombres Jóvenes y de las Mujeres Jóvenes invitan a los jóvenes a estudiar, aprender y poner en práctica un lema espiritual aprobado por la Primera Presidencia. El aprender y vivir las enseñanzas del lema de la Mutual puede fortalecer la fe y el testimonio, así como también unir a los cuórums, las clases y las familias.

El lema para 2018

El lema de este año enseña a los jóvenes a hallar la paz que proviene de Jesucristo. En Doctrina y Convenios 19:23, el Señor nos invita: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz”. En un mundo que puede estar lleno de incertidumbre y temor, esta es una poderosa promesa.

Esta Escritura da a los padres, líderes, mentores y maestros la oportunidad de enseñar modelos que pueden fortalecer a los jóvenes en los momentos difíciles.

¿En qué forma puedo utilizar el lema?

Las Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes nos han invitado a memorizar la Escritura, estudiar la doctrina y poner en práctica los principios en nuestra vida. Aunque eso puede hacerse de forma individual, el hacerlo juntos puede ayudar a unir y fortalecer a los jóvenes y sus familias.

Hay muchas oportunidades para incluir el lema en la vida de nuestros jóvenes. Puede usarse en la noche de hogar, en lecciones de la Iglesia y de Seminario, como tema para discursos de los jóvenes en la reunión sacramental, para enriquecer los ejercicios de apertura de la Mutual y para proporcionar un punto central en las actividades de los jóvenes, incluso en campamentos, conferencias para los jóvenes, actividades combinadas, Nuevos Comienzos y devocionales.

Algunas ideas para las actividades

Las siguientes son algunas ideas para incluir el lema de la Mutual a lo largo del año. Para obtener más ideas, visite youth.lds.org.

“Aprende de mí”

young men at church

Aprender de Jesucristo es importante para hallar paz en Él. Recibimos paz y seguridad cuando sabemos cómo es Él, aprendemos cómo vivió y comprendemos lo que Él hace por nosotros.

Cuando tenía 14 años, le preguntaron al presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) si había leído la Biblia completa. “… ya había leído muchos libros, las tiras cómicas y libros entretenidos, pero el corazón me decía con tono acusador: ‘Y tú, Spencer Kimball, tú nunca has leído ese libro sagrado, ¿por qué?’”1. A partir de ese momento, el presidente Kimball se propuso “[deleitarse] en las palabras de Cristo” (2 Nefi 32:3).

  • Considere pedirles a los jóvenes que apunten en un cuaderno de estudio lo que aprendan de Jesucristo y Su evangelio.
  • Tal vez desee invitar a los jóvenes a comprometerse a aceptar el desafío del presidente Russell M. Nelson de “[consagrar] un poco de tiempo cada semana para estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo, según se registra en [las Escrituras]”2. En clase o en la noche de hogar, podría pedirles que den un informe de lo que están aprendiendo y de cómo están poniéndolo en práctica en sus vidas.

Recursos

  • Santiago 1:22Moisés 1
  • “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”,Liahona, abril de 2000, págs. 2–3.
  • Russell M. Nelson, “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”, Liahona, mayo de 2017, págs. 39–42.
  • David A. Bednar, “Un carácter cristiano”, Liahona, octubre de 2017, págs. 50–53.

“Escucha mis palabras”

young men in Church class

Escuchar las palabras del Salvador significa no solo oír, sino prestar atención (u obedecer). Saber que estamos viviendo en armonía con Sus enseñanzas puede producir gran paz y seguridad.

Cuando tenía ocho años, el presidente Thomas S. Monsondecidió hacer una fogata con su amigo Danny. Sin embargo, había un problema: el campo donde querían hacerla estaba seco, espinoso y lleno de hierbas. Fue entonces que el joven presidente Monson tuvo una idea. “Le dije a Danny: ‘Todo lo que tenemos que hacer es prenderles fuego; ¡quemaremossolo un círculo en la hierba!’. Él accedió de inmediato y corrí a la cabaña a buscar unos fósforos (cerillos)…

“Recuerdo que pensé que el fuego solo quemaría hasta donde nosotros quisiéramos y, que por arte de magia, se extinguiría solo.

“Encendí el fósforo con una roca y prendí el pasto reseco de junio…”. Al darse cuenta rápidamente de que el fuego no se apagaría solo, los niños corrieron en busca de ayuda, y el incendio se apagó tras varias horas de trabajo.

“Ese día Danny y yo aprendimos varias lecciones difíciles pero importantes”, dijo el presidente Monson, “entre las que sin duda estaba la importancia de la obediencia”3.

  • Pida a los jóvenes que estudien sobre la obediencia en el capítulo 6 de Predicad Mi Evangelio, incluso la sección sobre la obediencia de la actividad sobre los atributos que se encuentra al final del capítulo.
  • Hablen de las cosas que pueden distraernos y hacer que no escuchemos las palabras del Señor. Por ejemplo, podría invitar a los jóvenes a reemplazar 10 minutos de tiempo frente a una pantalla por 10 minutos de estudio de las Escrituras.
  • Pregunte a menudo a los jóvenes qué harán con lo que han aprendido.

Recursos

  • Éxodo 20Mateo 5:1–12
  • Véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 129.
  • Hadley Griggs, “Diez minutos al día”, Liahona, septiembre de 2017, págs. 58–61.
  • Robert D. Hales, “Si me amáis, guardad mis mandamientos”, Liahona, mayo de 2014, págs. 35–38.

“Camina en la mansedumbre de mi Espíritu”

young women at church

Aprender y escuchar describen lo que debemos hacer; caminar en la mansedumbre de Su Espíritu es cómo debemos hacerlo.

Ser manso significa “soportar el daño con paciencia y sin resentimiento”4, algo que requiere tanto fortaleza como humildad. En 1838, Thomas B. Marsh, el primer Presidente del Cuórum de los Doce, abandonó la Iglesia, en parte debido a su resentimiento porque los líderes de la Iglesia no apoyaron a su esposa en una disputa en torno a la leche. Años más tarde, se lamentó por las bendiciones que había perdido y regresó a la Iglesia, diciendo: “Con frecuencia he querido saber cómo comenzó mi apostasía, y he llegado a la conclusión de que debí haber perdido el Espíritu del Señor, el cual salió de mi corazón… me sentía enojado e iracundo; y una vez que se marchó el Espíritu del Señor, como dicen las Escrituras, quedé cegado…”5.

  • La vida del Salvador no fue fácil. Encuentre en las Escrituras ejemplos de ocasiones en las que Jesús demostró mansedumbre frente a los desafíos. Analice cómo podemos poner en práctica el ejemplo del Salvador en situaciones que afrontamos hoy en día.
  • Una manera de llegar a ser manso es servir a los demás. Considere diferentes actos de servicio que los jóvenes podrían hacer de forma personal o en grupo.

Recursos

  • Tito 3:2–5Moroni 8:26Doctrina y Convenios 112:13
  • Ulisses Soares, “Sean mansos y humildes de corazón”,Liahona, noviembre de 2013, págs. 9–11.
  • Neal A. Maxwell, “Meekness—A Dimension of True Discipleship”, Ensign, marzo de 1983, págs. 70–74.

“En mí tendrás paz”

young women outside of church

La paz puede significar algo diferente para cada persona: la esperanza de que la sanación es posible, la certeza de que existe la forma de superar los momentos difíciles o la convicción de que estamos en el camino correcto.

  • Descubra relatos de cómo otras personas han hallado paz en Cristo en Mormon.org/easter y en las páginas 60 y 63 de este ejemplar. ¿Cómo ha hallado paz?
  • Considere ver el video de la Pascua de Resurrección 2017, “Príncipe de Paz”, en Mormon.org/pascua. Podría invitar a los jóvenes a compartir el video en línea, junto con su testimonio de cómo han hallado paz en Cristo.

Recursos

  • Juan 14:27Filipenses 4:7
  • W. Christopher Waddell, “Un modelo para tener paz”,Liahona, mayo de 2016, págs. 90–93.
  • Quentin L. Cook, “Paz personal: La recompensa a la rectitud”, Liahona, mayo de 2013, págs. 32–36.

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 67.
  2. Russell M. Nelson, “Prophets, Leadership, and Divine Law” (devocional mundial para jóvenes adultos, 8 de enero de 2017), broadcasts.lds.org.
  3. Thomas S. Monson, “La obediencia trae bendiciones”, Liahona, mayo de 2013, págs. 89–90.
  4. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, edición Nº 11, 2003, “meekness [mansedumbre]”, merriam-webster.com.
  5. Thomas B. Marsh, en Journal of Discourses, tomo V, págs. 206–207 (véase también “La fe y la caída de Thomas Marsh”, en Revelaciones en contexto: Los acontecimientos de trasfondo de las revelaciones de Doctrina y Convenios, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, págs. 62–64).
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Una bendición prometida por asistir al templo

Una bendición prometida por asistir al templo

Por Cheri Evans
La autora vive en Utah, EE. UU.

Había tenido el deseo de asistir más al templo, pero jamás imaginé lo mucho que eso bendeciría a mi familia.

family walking toward temple

Hace unos años, el presidente Oldroyd, miembro de la presidencia de estaca, visitó mi barrio y dijo algo que jamás olvidaré: “Les prometo que, si asisten al templo, serán bendecidos en cada aspecto de su vida”.

Al pensar al respecto, no podía imaginarme de qué manera el ir al templo podría influir en cada aspecto de mi vida. Sin embargo, al salir de la capilla, tomé la decisión de aceptar ese desafío de todos modos y asistir al templo con más frecuencia. Deseaba poner a prueba esa promesa. Mi esposo había tenido el deseo de ir al templo más a menudo, pero yo estaba renuente porque teníamos niños pequeños. Tendríamos que conducir una hora y media hasta el templo que se encontraba en San Antonio, Texas, EE. UU., realizar una sesión de investidura, y luego volver a casa. No podíamos pedirle a alguien que cuidase a nuestros hijos por siete u ocho horas.

El comienzo de una bendición

Al principio intentamos turnarnos con otra familia para cuidar a los niños, pero inevitablemente alguien se enfermaba o tenía algún compromiso. Decidimos que solo debíamos fijar las fechas para todo el año, ¡e ir! Luego se nos ocurrió el método “pizza y diversión”. Íbamos al templo juntos. Uno de nosotros iba a una sesión del templo mientras el otro llevaba a los niños a comer pizza. Luego intercambiábamos roles: el otro hacía la obra del templo mientras que el primero paseaba con los niños por los jardines del templo. Esto dio buenos resultados. Nuestros hijos sabían que el templo era importante para nosotros —sabían que podíamos estar haciendo muchas otras cosas los sábados—, y tuvimos la oportunidad de pasar tiempo en familia.

Jamás imaginé lo mucho que ir al templo bendeciría a mi familia. Después de que habíamos estado yendo con más frecuencia durante más de un año, me encontraba en una sesión cuando noté la presencia de un hombre cuadripléjico. Pensé que era increíble que él estuviera allí. Cuando salimos del templo, lo vi sentado cerca del estacionamiento, por lo que mi esposo y yo nos acercamos para saludarlo.

El hombre le preguntó a mi esposo Chad si podíamos ayudarlo a hacer una llamada telefónica. Aceptamos ayudarlo, y el hombre le dijo a Chad dónde estaba su teléfono. Chad marcó el número y luego le pasó el teléfono. El hombre no lograba alcanzarlo, aunque sonreía amablemente. Chad vio que los brazos del hombre estaban amarrados a la silla de ruedas, y pronto se dio cuenta de que debía llevarle el teléfono al oído. El autobús de servicio que debía recoger al hombre estaba retrasado. Nos quedamos con él y hablamos hasta que llegó el autobús. Nos sorprendió que, a pesar de sus desafíos, él estaba en el templo. Tenía una actitud increíble y una sonrisa radiante. Antes de que se fuera, intercambiamos nuestra información de contacto y supimos que se llamaba Max Para.

Si el hermano Para podía ir al templo, nosotros también podíamos hacerlo; ¡no había excusas!

El ejemplo del hermano Para

Brother Para with the Evans family

Decidimos visitarlo al mes siguiente durante nuestra ida al templo. Lo llamamos con anticipación, y nos dijo que al llegar a su casa, podíamos entrar directamente. Condujimos hasta San Antonio y hallamos la pequeña casa del hermano Para. Él estaba recostado en su cama, y una sábana blanca le cubría el cuerpo hasta el mentón. Movió la cabeza a un lado y habló con nosotros con una gran sonrisa. Nos contó cómo quedó cuadripléjico después de caerse de un techo cuando tenía un poco más de 30 años. Compartió sus pruebas y su testimonio.

Aquella visita al hermano Para fue el comienzo de años de visitas. Él llegó a ser una parte especial de nuestra vida. No sabíamos qué hacer por él; sus desafíos eran enormes. Lo que sí sabíamos era que podíamos ser sus amigos. Podíamos llevarle pequeños regalos: una imagen del Salvador, un CD del Libro de Mormón en español, una fotografía del templo, una bolsa de naranjas frescas. Podíamos visitarlo, cantar canciones de la Primaria y escucharlo. Fue una experiencia increíble: no se puede dar una migaja al Señor sin recibir una hogaza a cambio1.

Él nos enseñó a ser agradecidos, lo cual cambió cadaaspecto de nuestra vida. Aprendimos a tener gratitud por nuestro conocimiento del Evangelio; por nuestra relación con Dios; por nuestro conocimiento del Plan de Salvación; por nuestro hogar, autos, alimentos y ropa; por poder usar nuestro cuerpo; por la oportunidad de contribuir a la comunidad y por las buenas personas que nos rodean. El hermano Para transformó nuestra definición de las palabras difícil y prueba. Teníamos motivos para regocijarnos por nuestras muchas bendiciones, y nos valimos de ellas para edificar a los demás.

Aprender a prestar servicio

Una vez, cuando Chad estaba en el templo con uno de nuestros amigos, el hermano Gonzáles, volvió a ver al hermano Para mientras este esperaba que una camioneta pasara por él. El hermano Para había estado esperando mucho tiempo. Chad y el hermano Gonzáles decidieron llevar al hermano Para a su casa. El hermano Gonzáles tenía una camioneta grande y negra. En ese preciso momento, algunos presbíteros de nuestra estaca llegaron en auto y ayudaron a subir la pesada silla de ruedas a la parte trasera de la camioneta. Luego subieron al hermano Para a la camioneta, le pusieron el cinturón de seguridad y lo sostuvieron para que no se cayera. Estoy segura de que ese día fue maravilloso para el hermano Para: ¡jamás hubiera imaginado que volvería a casa desde el templo en la camioneta de sus sueños!

Bendecidos en todo sentido

Durante nuestra última ida al Templo de San Antonio antes de que nos mudáramos, tuvimos la oportunidad de visitar al hermano Para. En aquella última y especial visita, él invitó a toda nuestra familia a cenar.

Estoy muy agradecida por haber puesto a prueba la promesa del presidente Oldroyd. Mi familia y yo jamás habríamos conocido al hermano Para si no hubiésemos asistido al templo. Soy un persona diferente; estoy llegando a ser la persona que el Señor quiere que sea. Al poner al Señor en primer lugar y asistir al templo, nuestras vidas fueron bendecidas en todo sentido.

Nota

  1. Véase Melvin J. Ballard, en Marion G. Romney, “Los Servicios de Bienestar: El programa del Salvador”, Liahona, febrero de 1981, pág. 184.
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El Templo nos da una visión más elevada

El Templo nos da una visión más elevada

Por Jean B. Bingham
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Como un telescopio enfocado en estrellas que están más allá de nuestra vista, el templo nos abre la mente hacia una visión más amplia y elevada.

Fort Lauderdale Florida Temple

Algunos de nuestros recuerdos más vívidos y significativos del tiempo en que vivimos en la región central de Estados Unidos cuando éramos padres jóvenes son nuestras visitas anuales al Templo de Washington, D.C. En ese entonces, era el único templo en funcionamiento al este del río Misisipí. El conocimiento de que las ordenanzas del templo son esenciales para todos los hijos de nuestro Padre Celestial daba a nuestros esfuerzos un sentido de urgencia.

Como muchos de ustedes, hacíamos arreglos para que algunos amigos cuidaran a nuestros hijos pequeños, viajábamos toda la noche en un autobús lleno de otros miembros, pasábamos un par de preciados días realizando la mayor cantidad de obra del templo posible y luego regresábamos en autobús durante la noche para poder asistir a las reuniones de la Iglesia el domingo. No sentíamos que esos viajes fueran un sacrificio; eran preciados debido al estímulo espiritual que nos fortalecía el alma durante meses.

Unos años más tarde, nos emocionó la llegada del Templo de Chicago, Illinois, el primer templo que se construyó en el Área Norteamérica Centro desde que se dedicó el Templo de Cardston, Alberta, Canadá, 62 años antes. Con un templo a solo 45 minutos de casa, nos sentimos gozosos de asistir más de una vez al año y recibir ese alimento espiritual a menudo.

Sin embargo, hoy en día, aunque algunos de nosotros vivimos a corta distancia de un templo, aun así se nos puede dificultar asistir frecuentemente. Tal vez el fácil acceso a un templo nos adormece y nos hace pensar: “Iré mañana, cuando tenga más tiempo”. Es fácil distraerse con las presiones actuales y descuidar oportunidades más importantes. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Te exhorto a establecerte una meta respecto a la frecuencia con que recibirás el beneficio de las ordenanzas que se ofrecen en nuestros templos”1.

Si pasamos por alto la oportunidad de asistir tan seguido como nuestras circunstancias lo permitan, si tomamos a la ligera la oportunidad de ir al templo cuando este está, por así decirlo, en el patio de nuestra casa, quizás perdamos futuras bendiciones y oportunidades que nuestro Padre y Su Hijo tienen preparadas para nosotros. “Yo, el Señor”, declaró Él, “estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

Cuando parece que los acontecimientos conspiran para evitar que vayamos al templo, podemos recordar la promesa de Jesucristo: “En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Al perseverar y asistir al templo a pesar de los tropiezos, recibiremos la ayuda del Salvador para vencer al mundo en que nosotrosvivimos. Una vez, mientras mi esposo y yo nos preparábamos para ir al templo, surgió un problema tras otro. Finalmente, cuando estábamos a punto de salir por la puerta, tuvimos un tenso “momento conyugal”. Mientras ambos caminábamos en silencio hacia el auto, oímos que nuestra hija mayor consolaba a su hermana: “No te preocupes; siempre vienen felices del templo”. ¡Y ella tenía razón!

Los templos nos recuerdan el alcance de la eternidad

Nauvoo Illinois Temple staircase

Ya sea que vayamos al templo con el corazón lleno de gozo o apesadumbrado de tristeza, el templo es el lugar para que todo miembro digno que tenga un corazón abierto sea edificado y fortalecido.

He ido al templo llena de profunda gratitud por una bendición otorgada a un ser querido que estaba sufriendo; también he derramado silenciosas lágrimas de gran pesar por mis propias faltas. He recibido impresiones, instrucción y hasta regaños del Espíritu al servir como representante de alguien a fin de que recibiera las ordenanzas que le permitirían progresar a lo largo de la eternidad. Todas esas experiencias me han edificado y fortalecido. Y sí, he pasado muchas horas en el templo como un “deber”, simplemente cumpliendo mi obligación, ¡y hasta me he quedado dormida en las sesiones del templo durante los años en que fui maestra de Seminario temprano por la mañana! Sin embargo, cada una de las veces que fui al templo, fui bendecida. Ya sea que recibamos una bendición inmediata o que nuestros esfuerzos acumulen bendiciones posteriores, cada minuto que pasamos en el templo produce algún crecimiento personal.

El estar en el templo nos recuerda el alcance de la eternidad, tanto al mirar hacia atrás a nuestros antepasados como al mirar hacia adelante a nuestros hijos. La perspectiva eterna de nuestros hijos también se ve fortalecida cuando ellos se centran en el templo. ¿Cómo podemos prepararlos mejor para el templo, un paso fundamental en su progreso eterno? El presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, aconsejó: “Los padres deberían enseñar la importancia del templo desde los primeros días de la vida de sus hijos”2. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) recomendó a los padres que pusieran una imagen del templo en la habitación de sus hijos a fin de que vean ese recordatorio sagrado cada día hasta que llegue a ser parte de ellos3. Ustedes también pueden compartir con sus hijos las bendiciones que reciben al asistir al templo, así como su testimonio del gozo que esperan tener en su relación eterna con ellos. Y pueden apoyar a sus hijos adolescentes que desean realizar bautismos por los muertos. En sus lecciones de la noche de hogar y en los momentos de enseñanza, recuerden que “el templo es el objeto de toda actividad, de toda lección y de todo paso progresivo en la Iglesia”4.

Al cantar con sus hijos: “Me encanta ver el templo; un día entraré, y ser fiel a mi Padre, allí prometeré”5, les ayudarán a sentir el deseo de entrar en la Santa Casa del Señor. Y el corazón de ustedes se henchirá de gratitud por el Padre Celestial, por Su Plan de Salvación, por el Salvador y Su expiación, la cual ha hecho posible que ustedes estén con sus seres queridos para siempre. “[El] camino [del Salvador] es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero”6. ¡Ese sendero conduce al templo y pasa por él!

Los templos son un refugio del mundo

Idaho Falls Idaho Temple garden room

Las influencias mundanas pueden alejarnos del templo. Un joven y querido amigo ha estado afligido por las opiniones y especulaciones sobre la Iglesia que leyó en internet. Decidió dejar de asistir al templo hasta resolver sus preguntas. Con todo mi corazón, les ruego a ustedes que tal vez tengan preguntas que afectan su testimonio, que continúen orando de forma personal y estudiando las Escrituras, y que sigan asistiendo al templo mientras se esfuerzan por hallar las respuestas que les darán paz. Sigan enfocados en el Evangelio para evitar distraerse con ideologías astutas pero falsas. Así como uno no buscaría sanar una dolencia física pidiéndole consejos médicos a un atleta profesional, las preguntas espirituales significativas no pueden ser resueltas por alguien que tenga un conocimiento limitado del evangelio restaurado de Jesucristo. El Espíritu Santo, quien testifica de “la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5), “[hablará] a tu mente y a tu corazón” (D. y C. 8:2) aquello que es la verdad eterna.

Uno de los lugares donde se puede acceder a ese Espíritu más abundantemente es el templo. Si ustedes son dignos de entrar en la Casa del Señor (según lo determinen ustedes y su obispo), vayan al templo con sus preguntas y tengan la certeza de que aunque ahora no comprenden todas las cosas, el Señor sí las comprende. Recuerden todo lo que  saben y comprenden. Las cosas que  saben y de las que han recibido un testimonio espiritual les guiarán hacia “… la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, [y] guardará [sus] corazones y [sus] pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Testifico que recibirán el entendimiento y la paz que buscan si continúan teniendo fe en que su Padre Celestial los conducirá y guiará a la verdad.

Isaías nos recuerda que el templo es un “refugio… contra la tempestad” (Isaías 4:6). Las palabras del presidente Monson son igualmente reconfortantes: “Al entrar por las puertas del templo, dejamos atrás las distracciones y la confusión del mundo. En el interior de ese santuario sagrado hallamos belleza y orden; allí hay reposo para nuestra alma y descanso de los afanes de la vida”7.

A medida que aumentan los problemas en el mundo y las presiones de la vida diaria crecen, debemos mantener nuestro enfoque en las cosas que realmente son importantes. Es fácil centrarnos en lo negativo y en las calamidades del mundo, como si viéramos nuestras faltas y problemas a través de un microscopio. El estar en el templo nos recuerda que debemos mantener una perspectiva eterna. Como un enorme telescopio enfocado en estrellas que están más allá de nuestra vista, el templo nos abre la mente hacia una visión más amplia y elevada. Nos permite ver, esperar y esforzarnos por llegar a ser todo lo que el Padre Celestial ha designado que seamos. Nos ayuda a centrarnos en las verdades eternas: en Padres Celestiales que nos aman y que desean ayudarnos, en nuestro verdadero valor como Sus hijos y en lo que podemos llegar a ser como “herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17). En el templo se enseña el plan de Dios y se hacen convenios eternos. En el templo se nos dan las herramientas para que alcancemos nuestro más alto potencial eterno.

“Cuando asistimos al templo”, enseñó el presidente Monson, “podemos recibir un nivel de espiritualidad y sentimiento de paz que superarán cualquier otro sentimiento que podría penetrar el corazón humano. Comprendemos el verdadero significado de las palabras del Salvador cuando dijo: ‘La paz os dejo, mi paz os doy… No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo’ [Juan 14:27]”8.

Su servicio en el templo bendecirá a los demás

Provo City Center TempleEl espíritu que ustedes obtengan como resultado de su servicio en el templo bendecirá a muchas personas dentro de su círculo de influencia; algunas que posiblemente ni siquiera hayan considerado. Al final de una de nuestras visitas al Templo de Washington, D.C., los miembros del grupo compartieron su testimonio mientras el autobús recorría el largo camino de regreso a casa. Uno tras otro, los participantes compartieron su gozo y gratitud por las bendiciones inmediatas y eternas del templo. El conductor, que no era miembro, finalmente no pudo resistirse más. Tomó el micrófono y expresó su gratitud por estar con nosotros. Entonces dijo: “No sé qué tienen ustedes, pero siento algo diferente aquí”. Por supuesto, un líder misional de barrio que estaba en el autobús le pidió su información de contacto y luego se la pasó a los misioneros.

Quisiera invitarles a aprovechar la bendición de tener un templo cerca tan frecuentemente como sus circunstancias lo permitan. Serán fortalecidos y hallarán paz en la Casa del Señor Jesucristo, ya que Él es la luz y la vida y la esperanza del mundo. A medida que en estos últimos días se acerca Su prometido regreso, ruego que ustedes reciban Su luz y sientan la esperanza que se ofrece en Sus santos templos.

Promesas específicas

Star Valley Wyoming Temple window

Los profetas y apóstoles han hecho promesas específicas para quienes asisten al templo. Recuerden que Dios está obligado cuando hacemos lo que nos dice, mas cuando no hacemos lo que nos dice, ninguna promesa tenemos (véase D. y C. 82:10).

  • El presidente Thomas S. Monson ha prometido: “Al ir a la santa Casa, al recordar los convenios que allí hacemos, podremos soportar toda prueba y vencer cada tentación”.
  • El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) prometió: “… si van a la Casa del Señor, serán bendecidos, la vida será mejor para ustedes… Aprovechen la gran oportunidad de ir a la Casa del Señor y de ese modo participar de todas las maravillosas bendiciones que les corresponde recibir allí”.
  • El élder Richard G. Scott prometió: “La asistencia regular [al templo] enriquecerá tu vida dándole más propósito”.

Notas

  1. Richard G. Scott, “La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles”, Liahona, mayo de 2009, págs. 43–45.
  2. Russell M. Nelson, “Prepare for Blessings of the Temple”, Ensign, marzo de 2002, pág. 17.
  3. Véase The Teachings of Spencer W. Kimball, 1982, pág. 301.
  4. Russell M. Nelson, “Prepare for Blessings of the Temple”, pág. 17.
  5. “Me encanta ver el templo”, Canciones para los niños, pág. 99.
  6. “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Liahona, abril de 2000, pág. 2.
  7. Thomas S. Monson, “Las bendiciones del templo”, Liahona, mayo de 2015, pág. 92.
  8. Thomas S. Monson, “Las bendiciones del templo”, pág. 92.
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Mira y vive

Mira y vive

Por el élder W. Mark Bassett
De los Setenta

Cuando nos volvemos hacia Dios, generamos una fuente constante de renovación espiritual.

young man standing by broken down car

Durante mis años formativos, era algo común para mi familia ir en auto entre el norte de California y Utah, EE.UU. No era el viaje por el desierto lo que nos gustaba, sino llegar a destino y la alegría de visitar a los familiares que vivían allí.

El verano antes de partir para mi misión de tiempo completo, viajé una vez más para visitar a familiares en Utah, pero esta vez, mi hermano menor David y yo viajamos solos; teníamos dieciséis y dieciocho años de edad en aquel entonces. Habíamos hecho el viaje de diez horas tantas veces con nuestra familia que teníamos plena confianza en nuestra capacidad para viajar seguros.

Visitamos al tío Kay, a la tía Dianne, y a la prima Michelle. Entonces, mientras David extendía su visita, yo tuve que regresar a California por mi cuenta para una cita dental.

Empezaba a caer la noche cuando salí de Spanish Fork, Utah, para comenzar el viaje nocturno. Todo iba bien al principio. Al poco rato, salí de la carretera que va de sur a norte y tomé la que va de este a oeste. Encendí las luces y viajé de prisa a través del oeste de Utah. Al transcurrir los kilómetros, y a medida que la noche del desierto se volvía cada vez más oscura, noté que estaba teniendo más dificultad para ver la carretera. Por fin, me di cuenta de que los faros se iban apagando; finalmente se apagaron del todo, el motor dejó de funcionar y el automóvil se detuvo a un lado de la carretera interestatal.

La batería estaba totalmente descargada; el auto no pudo avanzar más. Aunque había tenido cuidado de asegurarme de que tenía suficiente combustible e incluso había determinado dónde pararía para poner gasolina, no estaba preparado para la pérdida total de energía eléctrica.

¿Qué es un alternador?

Me crio un padre que se enorgullecía de encargarse personalmente del mantenimiento de los automóviles de la familia. Él nos enseñó sobre la mecánica de automóviles, así que sabía que una buena batería no se descargaría en tanto que el coche estuviera en marcha, a menos que hubiera un problema con el alternador. Un alternador es un generador eléctrico que convierte la energía mecánica en energía eléctrica. Utiliza la energía cinética del motor que está en marcha para producir energía magnética que se transforma en corriente eléctrica que recarga la batería continuamente. Eso permite que los faros, la radio, el aire acondicionado y otros dispositivos eléctricos funcionen sin interrupción. Además, mantiene el motor en marcha.

Algo andaba mal con el alternador de mi auto; necesitaba repararlo o reemplazarlo antes de poder continuar mi viaje.

En una era anterior a los teléfonos celulares, mi única opción era comenzar a caminar. Finalmente, un hombre me recogió y me llevó a la siguiente ciudad. En un teléfono público llamé a un camión de remolque. Me senté en la cabina con el conductor durante el viaje de una hora de vuelta a donde estaba el auto y luego me volví a sentar con él mientras regresábamos a la pequeña ciudad remolcándolo. Finalmente, cuatro horas después de haber salido del auto por primera vez, me encontraba de nuevo en su interior, durmiendo enfrente de una estación de servicio hasta que abrieron.

Cuando el gerente llegó, se rio ante la idea de que en esa pequeña ciudad tuvieran la pieza que necesitaba. Podía hacer el pedido, pero no llegaría hasta dentro de dos o tres días. Entonces se compadeció de mí; me dijo que podía poner la batería en un cargador durante unas tres horas, lo cual me daría suficiente potencia para conducir el auto hasta la próxima ciudad. Quizás ellos tendrían el repuesto que necesitaba.

Con la batería cargada, emprendí el viaje sin encender nada que desperdiciara la preciada electricidad. Llegué a la siguiente ciudad, pero tampoco tenían la parte que necesitaba. Ese ciclo continuó: una carga de tres horas para disponer de un periodo de dos horas para viajar de una ciudad a la siguiente. Después de encontrar gente amable en las ciudades a lo largo del camino, finalmente llegué bien a casa de mis padres, agotado después de un viaje de treinta horas.

Maná espiritual

Hay una similitud entre mi viaje y el viaje por el desierto que los israelitas realizaron en tiempos del Antiguo Testamento. Durante cuarenta años, a los israelitas se les reabasteció constantemente con sustento de los cielos llamado maná. (Véanse Éxodo capítulo 16 y Números capítulo 11).

gathering of manna

Hoy en día, nosotros tenemos una necesidad similar de sustento de los cielos, de alimento espiritual. Afortunadamente, podemos crear un “alternador espiritual” que “genere” el “maná espiritual” que necesitamos. Puesto que satisfacemos nuestras necesidades espirituales al mantener nuestra relación con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo, Jesucristo, entonces, así como los israelitas pasaron tiempo cada día recolectando maná físico, hoy debemos recolectar maná espiritual por medio de la oración, del estudio del Evangelio y al esforzarnos por recibir la compañía constante del Espíritu Santo.

Con el tiempo, los israelitas se cansaron de recolectar el maná físico y tuvieron “un deseo voraz” por las cosas que habían dejado atrás (Números 11:4). Si permitimos que nos sintamos cansados de recoger maná espiritual, quizás nos encontremos anhelando cosas que no son para nuestro mejor beneficio espiritual. Al igual que los israelitas frustrados, corremos el riesgo de perder de vista nuestro propósito original: llegar a la tierra prometida. Incluso podríamos desear que nunca hubiésemos salido de nuestro “Egipto” (véase Números 11:5–6). Al final, nuestro alternador espiritual deja de generar energía, y no podemos progresar. Nos encontramos varados, hambrientos y ansiosos de que se nos rescate.

Ver el milagro

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) enseñó: “A veces, parecería que tomáramos las Escrituras muy a la ligera, porque no apreciamos completamente el singular privilegio que tenemos de poseerlas ni lo bendecidos que somos porque las tenemos. Es como si nos encontráramos tan cómodos con las experiencias de este mundo y tan acostumbrados a oír que se enseñe el Evangelio entre nosotros, que nos es difícil imaginar que la situación habría podido ser diferente”1.

Nunca debemos pasar por alto la necesidad que tenemos del estudio constante de las Escrituras, de la oración y de la obediencia, ya que nos ayudan a mantener la compañía del Espíritu Santo. Si descuidamos las actividades que nos recargan espiritualmente en la vida, si nos aburrimos con ellas, o si simplemente las realizamos de manera rutinaria, entonces nuestro alternador espiritual no está funcionando al máximo. Poco a poco podemos descargarnos espiritualmente, tal vez de manera tan gradual que apenas lo percibamos. En ese momento, la única manera de recuperarse es volver a Jesucristo y arrepentirse. Todas las cosas se pueden restaurar mediante la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento sincero.

Mira y vive

Cuando los israelitas se quejaron, perdieron su gratitud por la bendición del sustento. Como castigo, “Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel” (Números 21:6).

Finalmente, “el pueblo acudió a Moisés, y le dijeron: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.

“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre un asta; y acontecerá que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá.

“Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta, y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguno, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía” (Números 21:7–9).

brazen serpent

Serpientes modernas de bronce

La serpiente de bronce es un símbolo de Cristo al ser levantado en la cruz (véase Juan 3:14–15). Al acudir al consejo de los profetas actuales, estamos mirando hacia Cristo porque ellos dirigen de nuevo nuestra atención al plan de nuestro Padre y al papel central de Jesucristo. Al igual que las personas bondadosas que me permitieron cargar la batería, los profetas, videntes y reveladores vivientes nos cargan espiritualmente al recordarnos que somos hijos de nuestro Padre Celestial y que es Su “obra y… gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Nos han aconsejado específicamente que a medida que adoremos de modo más eficaz en el día de reposo, aumentaremos nuestra fe en nuestro Padre Celestial, en Su plan de felicidad, y en Jesucristo y Su expiación.

La historia de Moisés y la serpiente de bronce también se menciona en el Libro de Mormón, donde se nos dice que “muchos miraron y vivieron” (Alma 33:19; véanse también los versículos 20–22). Sin embargo, otros se negaron a ver. “… la tarea que tenían que cumplir era mirar; y por causa de la sencillez de la manera, o por ser tan fácil, hubo muchos que perecieron” (1 Nefi 17:41). ¿Se podría decir de nosotros algún día que nos negamos a mirar a los profetas y sus consejos por ser tan fácil la manera?

“… si fuerais sanados con tan solo mirar para quedar sanos, ¿no miraríais inmediatamente?…

“Si es así… mirad y empezad a creer en el Hijo de Dios” (Alma 33:21, 22).

Estoy agradecido por las bendiciones que recibimos mientras marchamos a lo largo de nuestra “carretera al cielo” y animamos a los demás a hacer lo mismo. Estoy igualmente agradecido por la oportunidad que tenemos, si nos descarriamos, de arrepentirnos, de dejar atrás los malos hábitos y volver a un camino apropiado. Las bendiciones son inconmensurables.

Otro pasaje del Libro de Mormón que habla de la experiencia de los israelitas dice lo siguiente: “Y así como cuantos miraron a esa serpiente vivieron, de la misma manera cuantos miraren al Hijo de Dios con fe, teniendo un espíritu contrito, vivirán, sí, esa vida que es eterna” (Helamán 8:15).

El prestar atención al consejo de los profetas actuales capacita nuestros corazones en la fe. Nos fortalece para superar obstáculos a lo largo de nuestro trayecto, así como tuve que seguir adelante aquella noche de verano en el desierto. Testifico que si miramos a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo, encontraremos significado y propósito en nuestro camino.

Nota

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 69.

 

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Manténganse en contacto con ella en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier manera

PRINCIPIOS PARA LAS VISITAS DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Manténganse en contacto con ella en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier manera

Las visitas de las maestras visitantes tienen que ver con la acción de ministrar. Jesús ministraba en cualquier momento y en cualquier lugar. Nosotros podemos hacer lo mismo.

woman on cell phone

“Ministrar” es dar servicio, cuidado o ayuda que contribuyen al consuelo o a la felicidad de otra persona. Las visitas de las maestras visitantes tienen como fin descubrir maneras de ministrar a las personas que visitamos. Jesucristo ministró a todos: en cualquier momento y en cualquier lugar. Alimentó a los 5 000, consoló a María y a Marta durante la muerte de su hermano, y enseñó Su evangelio a la mujer en el pozo. Lo hizo a causa de Su amor sincero.

Al seguir Su ejemplo, como maestras visitantes podemos llegar a conocer y amar a cada hermana que visitamos, teniendo presente que el amor es el fundamento de todo lo que hacemos. Cuando oramos por inspiración para saber cómo servirla y ayudarla a fortalecer su fe, “no se podrá impedir que los ángeles [nos] acompañen”1.

Desde la organización de la Sociedad de Socorro en 1842 hasta hoy, la ministración que prestan las mujeres ha bendecido vidas. Por ejemplo, Joan Johnson, una viuda de 82 años de edad, y su compañera de maestras visitantes visitan a su vecina de 89 años que tiene pulmonía. Se dieron cuenta de que su vecina no solo las necesitaba una vez al mes, así que comenzaron a averiguar sobre su bienestar cada semana en persona o por teléfono.

Para otras maestras visitantes, enviar un texto o correo electrónico para dar ánimo quizás sea lo mejor que se pueda hacer por una hermana ese mes. Hacer contactos personales y escuchar con una actitud de amor es la esencia de las visitas de las maestras visitantes. La tecnología moderna y las visitas tradicionales que hacemos cara a cara nos ayudan a hacerlo en cualquier momento, en cualquier lugar y de muchas maneras2. Así ministró Jesús.

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Cómo ministrar

En vez de un mensaje específico, cada mes se presentará en esta página un principio diferente para ayudar a que nos ministremos una a otras de manera más eficaz. Al orar y buscar inspiración, ustedes sabrán el mensaje espiritual y el servicio que cada hermana necesita.

Considere lo siguiente

¿Cómo dejamos de preocuparnos sobre “lo que cuenta” para las visitas de maestras visitantes y en vez de ello nos concentramos en lo que cada hermana necesita de sus maestras visitantes?

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 483.
  2. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 9.5.1.
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