Poner nuestro corazón a tono con la voz del Espíritu

Poner nuestro corazón a tono con la voz del Espíritu

Linda K. Burton
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Devocional del SEI para Jóvenes Adultos • 2 de marzo de 2014 • Universidad Brigham Young–Idaho

Es un privilegio estar con ustedes. Le he pedido al Señor que los bendiga para que oigan algo que aumente su capacidad para reconocer la voz del Espíritu. Quizás ya hayan recibido un mensaje dirigido a ustedes en la bella música que hemos escuchado.

Hace 41 años, con vacilación asistí a un devocional para jóvenes adultos en la Manzana del Templo. La enorme nevada que había caído esa tarde puso a prueba mi fe. Fui por cumplir con mi deber, ya que me habían pedido participar. A lo largo de los años he aprendido que lo que dijo el presidente Eyring es cierto: “Una persona no [puede] darle al Señor una migaja de pan sin que Él le [devuelva]… toda una hogaza”1. Mi esposo es la “hogaza” que recibí por mi “migaja” de participación, ya que fue allí donde lo conocí. Él estaba cantando en el coro, y al final de la reunión se llenó de valor y se me acercó para presentarse. Estoy muy agradecida porque sentí la obligación de asistir aquella noche y porque mi Padre Celestial aceptó mi esfuerzo reacio para estar donde tenía que estar.

Me alegra tener aquí a algunos de nuestros hijos y a nuestra nieta mayor. McKaela toca la viola; empezó a tomar lecciones de violín a los 3 años y ahora, a los 16 años, tiene un talento formidable. Lo puedo decir eso porque soy su abuela, y las abuelas no mienten. Ha sido inspirador observar su progreso paso por paso, aprender a usar su instrumento para bendecir no sólo su propia vida sino la de muchas otras personas. Ha aprendido el arte de afinar dicho instrumento, de practicarlo a diario, y el gozo de tocarlo y armonizarlo con otros instrumentos.

Cuando yo servía en una misión con mi esposo, aprendí a leer los símbolos y repetir los sonidos del alfabeto coreano; aprendí saludos básicos, expresiones y términos del Evangelio, y podía distinguir el idioma coreano de otros idiomas. Además, memoricé algunos himnos y canciones favoritos de la Primaria. Pero mi habilidad para hablar o entender la mayor parte de ese hermoso idioma era muy limitada.

¿Por qué les menciono estos ejemplos que aparentemente no tienen ninguna relación? Porque hoy deseo hablar sobre aprender el idioma del Espíritu, de cómo se dirige a nosotros. Así como aprender a tocar un instrumento o hablar un idioma es un proceso, aprender el idioma del Espíritu es también un proceso. Es algo vital para nosotros, ya sea que nos hayamos bautizado hace poco o que seamos miembros de la Iglesia desde hace tiempo.

El Salvador enseñó a los lamanitas que “fueron bautizados con fuego y con el Espíritu Santo… y no lo supieron”2. Deseo que aumentemos nuestra capacidad para oír y entender los susurros del Espíritu y ejercitemos nuestra fe para actuar según dichos susurros. Para ello, debemos primero aprender a reconocer Su voz.

Tomemos un minuto para evaluar nuestra experiencia. Como tenemos una audiencia numerosa a la que se unen jóvenes adultos de todo el mundo, quisiera invitarles a hacer algo. Sin ser demasiado personales, quisiera que compartieran unos con otros en Twitter las experiencias que hayan tenido sobre las siguientes preguntas? Cuando tengan un momento, “tuiteen” sus respuestas a la “hashtag” #CESDEVO.

Quiero que respondan a la pregunta: ¿Cómo podemos saber si hemos oído la voz del Espíritu?

Tal vez nos hagamos algunas otras preguntas:

• ¿He tenido sentimientos de amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre, ternura, fe, esperanza y consuelo?

• ¿Acuden a mi mente ideas, o me vienen sentimientos al corazón que sé que son del Señor y no míos?

• ¿He oído que mi voz dice la verdad sin haber planeado lo que diría?

• ¿He sentido que se han magnificado mis propias aptitudes y habilidades?

• ¿He sentido que he recibido guía y protección ante el engaño?

• ¿He reconocido el pecado en mi vida y he tenido el deseo de corregirlo?

• ¿He sentido al Espíritu glorificar y dar testimonio de Dios y de Jesucristo?3

Si respondieron que “sí” a cualquiera de las preguntas, habrán sentido el Espíritu del Señor en algún momento en su vida. Pero esta tarde, la pregunta más importante es: “¿Podéis sentir eso ahora?”4

El profeta Mormón enseñó:

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.

“Pero cualquier cosa que persuade a los hombres a hacer lo malo, y a no creer en Cristo, y a negarlo, y a no servir a Dios, entonces sabréis, con un conocimiento perfecto, que es del diablo; porque de este modo obra el diablo, porque él no persuade a ningún hombre a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que a él se sujetan”5.

El presidente Hinckley señaló: “En definitiva, esa es la prueba: ¿Persuade a hacer lo bueno, a elevarse, a andar con la cabeza en alto, a hacer lo correcto, a ser amables, a ser generosos? Entonces proviene del Espíritu de Dios”6.

¿Por qué parece ser tan difícil discernir las impresiones del Espíritu? Quizás sea porque el Espíritu se comunica a nuestra mente y a nuestro corazón. Al aprender el idioma del Espíritu, a veces confundimos nuestros pensamientos y nuestras emociones con los susurros del Espíritu. Otra razón es que el discernir el Espíritu es un don del Espíritu. Así como unos aprenden fácilmente un idioma y otros no, así es con la habilidad para entender los susurros del Espíritu. Muchas veces, el aprender un instrumento o idioma requiere mucho esfuerzo. Hay que practicar y a veces uno comete errores. Ocurre lo mismo con el proceso de aprender el idioma del Espíritu.

¿Les ayudaría saber que la revelación personal es un proceso de línea sobre línea, precepto tras precepto que incluso los profetas, videntes y reveladores tienen que aprender a entender? El siguiente es un ejemplo de la vida del élder Jeffrey R. Holland.

“Hay momentos en los que la única forma de ir desde la A a la C es por medio de la B.

“Habiéndome criado en el sur de Utah y disfrutar todas las maravillas y bellezas en el sur de Utah y del norte de Arizona, quería que mi hijo las conociera y deseé mostrarle los lugares que yo había visto y disfrutado cuanto tenía su edad. Así que su madre nos preparó un pequeño almuerzo, nos llevamos la camioneta del abuelo y nos dirigimos hacia el sur, a lo que llamamos La vieja franja de Arizona.

Al notar que se ponía el sol, decidimos que sería mejor volver, pero nos encontramos ante una bifurcación particular en el camino, en realidad la única que hasta ese punto era absolutamente irreconocible. Le pedí a mi hijo que orara para saber qué camino tomar y sintió que la impresión le decía que debíamos ir por la derecha y yo sentí lo mismo, y al ir hacia ese lado, encontramos un camino sin salida. Avanzamos 300, 500 metros y no había salida. Claramente, era el camino equivocado.

Dimos la vuelta, regresamos al punto de partida y tomamos el otro camino, y claramente era el camino a la izquierda el correcto.

En cierto punto del recorrido, Matt dijo: “Papá, ¿por qué sentimos, después de orar, que el camino de la derecha era el correcto, el que debíamos tomar, y no lo era?” Le dije: “Creo que el deseo del Señor en ese momento y Su respuesta a nuestra oración fue llevarnos al camino correcto lo más rápido posible, con cierta seguridad, con cierto entendimiento de que estábamos en la ruta correcta y no teníamos que preocuparnos por eso. Y en ese caso, la manera más fácil de hacerlo era dejarnos avanzar 300 o 400 metros en el camino equivocado y rápidamente descubrir y saber, sin duda, que era el camino equivocado y, por lo tanto, con la misma certeza, con igual convicción saber que el otro camino era el correcto.

“Tengo un conocimiento absoluto y certero, un conocimiento perfecto, que Dios nos ama. Él es bueno. Él es nuestro Padre y Él espera que oremos, que confiemos, que seamos creyentes y no nos demos por vencidos, que no nos invada el pánico, y que no retrocedamos ni cedamos cuando algo no parece marchar bien. Sigamos adelante, sigamos trabajando, sigamos creyendo, confiando, siguiendo ese mismo camino, y viviremos para caer en Sus brazos, sentir Su abrazo y oírlo decir: ‘Te dije que estaría bien. Te dije que todo saldría bien”7. Seguir leyendo

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Como apoyar al Obispo

Liahona, Agosto 1995

Como apoyar al Obispo

por Annette Paxman Bowen

Al poco tiempo de haber sido llamado como obispo .de nuestro barrio, mi esposo aconsejó a los miembros que no criticaran la forma en que las personas de­sempeñan sus llama­mientos. Con el fin de ilustrar ese punto, utilizó como analogía la experiencia que tuvimos una vez los dos al colgar del techo exterior de la casa las luces de Navidad.

El estaba encaramado en una escalera muy alta que se apoyaba precariamente en una pendiente congelada del terreno del frente de la casa. Con un brazo se mantenía asido a la escalera, y con el otro iba colgando las luces de una viga a la otra. No le gustaban las alturas, por lo tanto, estaba algo nervioso. Yo permanecí abajo, tratando de man­tener firme la escalera. Al estirarse para alcanzar la última viga, me gritó: “¡Esto no me gusta nada! Espero no caerme y quebrar un hueso”. Sonriente, le contesté: “¡No te preocupes, que todo saldrá bien! ¡Confío e ti!” El se estiró y colocó la última luz.

Después de relatarles esa anécdota a los miembros del barrio, les explicó que la mayoría de nosotros, en nuestros esfuerzos por servir y por magnificar un llamamiento, estamos metafóri­camente encaramados en escaleras inestables. También nosotros debe­mos vencer nuestros temores e inhi­biciones en el intento simbólico de colocar una o dos luces. Al estar en esa situación, lo que más necesita­mos es a alguien que estabilice la escalera, que de vez en cuando, y si es necesario, nos dé instrucciones y que, al mismo tiempo, pronuncie palabras de aliento y confianza. Lo que no nos hace falta es una persona que esté ahí para criticar la manera en que desem­peñamos nuestra labor.

Basándonos en esa analogía, he pensado en algunos elementos deter­minados con los cuales los miembros pueden apoyar a los líderes de su barrio o rama, especialmente al obispo o al presidente de la rama. He aquí algunas sugerencias de las cosas que se deben y que no se deben hacer:

LO QUE NO SE DEBE HACER

1.- No esperar que las personas que forman parte de la organiza­ción del barrio siempre desempe­ñen sus deberes a la perfección. Hemos oído esto muchas veces, pero merece repetición. Todos nosotros, en nuestros esfuerzos por convertir­nos en verdaderos santos, comete­mos errores. Esto significa que el hermano Fulano quizás se olvide de transmitir un mensaje telefónico como prometió hacerlo, o que la hermana Sutana quizás no esté tan bien preparada como debiera estarlo para enseñar la lección.

2.- No esperar que la Iglesia satis­faga todas sus necesidades. No obs­tante que la organización de la Iglesia ha sido creada y organizada con el fin de apoyar y servir a todos los miem­bros, no puede atender a todas las necesidades de todas las personas. Habrá algún miembro que tendrá que satisfacer sus necesidades sociales con vecinos o compañeros de trabajo; algún matrimonio que tal vez requiera ayuda profesional; alguna familia que tenga que hacer sus propios arreglos para mudarse de residencia.

3.- No juzgar ni criticar. Los comentarios casuales, las expresio­nes de enojo y las sugerencias caren­tes de tacto, además de herir los sentimientos de las personas, causan

una pérdida tremenda de tiempo y energías a los líderes del barrio. Se pueden desperdiciar valiosas horas cuando las personas llaman al obispo para informarle de algo que alguien dijo en el barrio, o para pedirle que arregle desavenencias familiares.

4.- No murmurar. Muy pocos nos pondríamos del lado de Lamán y Lemuel, cuando, de hecho, quizás nosotros mismos seamos culpables de repetir comentarios ofensivos o de albergar malos sentimientos que nos lleven a murmurar con nuestro cónyuge, con los amigos o con cual­quiera que esté dispuesto a escuchar. En vez de quejarnos de alguien, sería mucho mejor que fuésemos a esa persona y, con un espíritu de her­mandad y amor, arregláramos nues­tros asuntos con ella.

5.- No acudir al obispado con un problema referente a una organi­zación, sin antes haber meditado sobre las posibles soluciones. El simple hecho de quejarse de una falla en una organización particular del barrio tal vez empeore la situa­ción y cree un desacuerdo. Por otra parte, cuando tomamos la iniciativa de ofrecernos a prestar servicio, la organización del barrio funciona efi­cazmente y muchos reciben la influencia y las bendiciones de ese ejemplo. En especial, debemos magnificar nuestros llamamientos como maestras visitantes y maestros orientadores, ya que eso aliviará con­siderablemente la carga de todos.

6.- No llamar al obispo en busca de información que nosotros mis­mos podamos obtener de alguna otra forma. Averigüemos primera­mente si las personas encargadas del horario del edificio, así como los líde­res auxiliares y de quorum, tienen directorios y calendarios del barrio.

7.- No llamar a los líderes al lugar donde trabajan, a menos que ellos hayan dado permiso para hacerlo, o a menos que se trate de una verdadera emergencia. Quizás algunos líderes puedan alterar sus horarios a fin de satisfacer las nece­sidades de los miembros del barrio, pero a otros tal vez no les sea posi­ble. A consecuencia de su trabajo, un líder tal vez no esté disponible para los miembros de su barrio, y ni siquiera para su familia. El lamenta no poder atender los llamados, pero hace todo lo posible de acuerdo con las exigencias de su trabajo.

8.- No esperar que el obispo esté presente en toda reunión y en toda actividad. Si no se presenta, no sig­nifica que no se preocupa por los miembros, que es irresponsable o que no los apoya en su llamamiento. Su ausencia significa que habrá tenido un compromiso previo o alguna emergencia. La mayoría de las veces, si el obispo puede estar presente, lo hará.

Por ejemplo, un miércoles por la noche, nuestro obispo no pudo asis­tir a la reunión donde se tratarían los asuntos de una presentación de tea­tro ambulante, debido a que tuvo que asistir a una reunión de los Lobatos. Después de la reunión, no le fue posible devolver dos llamadas telefónicas porque alguien del barrio necesitaba desesperadamente hablar con él, lo cual le llevó hasta altas horas de la noche.

LO QUE SE DEBE HACER

1.- Comprender el orden de prio­ridad de las obligaciones del líder. Después de que mi esposo fue lla­mado a servir como obispo, empeza­mos a proteger con mucho celo el tiempo que dedicábamos a la familia. En particular, gozábamos juntos de los lunes por la noche.

2.- Hacer comentarios positivos. Durante las entrevistas personales y las reuniones, debemos expresarnos con franqueza, pero al mismo tiempo con cortesía. El obispo ora diariamente para recibir inspiración y guía; sin embargo, él valora la sincera opi­nión de los miembros. Debemos mantenerlo informado en cuanto a la situación personal de nuestra vida y a cómo marchan las cosas. De ese modo, cuando llegue el momento, él podrá tomar una decisión prudente e inspirada.

3.- Ir al obispo si se necesita ayuda. No obstante, si fuese posible, se debe tratar de resolver los proble­mas sin tener que acudir a él. Si junto con los miembros de la familia es posible hallar la solución a una dificultad, eso es lo que debemos hacer. Si se precisa ayuda, se debe tratar de obtenerla de aquellas per­sonas que tengan una relación más directa con los miembros: las maes­tras visitantes o los maestros orienta­dores. Si ellos no pueden brindar la ayuda necesaria, el miembro se pone en contacto con el presidente del quorum o de la organización auxiliar correspondiente; y luego, si verdade­ramente se quiere el consejo o la ayuda del obispo, se le debe hacer saber esa necesidad. Y no debemos esperar a que él nos llame; a veces, recibirá la inspiración para hacerlo; sin embargo, él se siente agradecido cuando las personas reconocen que en verdad necesitan verlo y toman la iniciativa para concertar una cita.

4.- Ser comprensivos en cuanto a las demoras para extender lla­mamientos y poner las cosas en marcha. El mantener la organiza­ción de un barrio o rama, con todos los oficiales que se necesitan, es un proceso interminable, y los líderes dan cuidadosa consideración a las sugerencias de los miembros. Sin embargo, tal vez existan circunstan­cias privadas de las cuales quizás éstos no estén al tanto. El obispo y los otros líderes del barrio deben considerar en su totalidad la organi­zación del mismo. Un cambio en una posición quizás resulte en otros cam­bios; o los líderes tal vez sepan en cuanto a una situación difícil en la vida de una persona, lo cual a veces afecta un llamamiento.

5.- Pasar por alto las flaquezas humanas de los líderes ya que ellos cometen errores, se cansan y a veces descuidan ponerse en contacto con miembros que hayan manifestado el deseo de hablarles. De vez en cuando, a los líderes simplemente se les olvida hacer algo; a veces dicen cosas que no parecen ser correctas. Tengamos en cuenta no censurarlos; todo líder tiene sus propias debilida­des y fortalezas.

6.- Expresar agradecimiento. Un comentario positivo o una palabra de aprecio da muy buenos resultados. Los líderes continuarán desempe­ñando sus tareas, ya sea que se les alabe o no. No obstante, palabras tales como “gracias” o “le agradezco la manera en que atendió al asunto” hacen que la experiencia sea mucho más placentera. Y, ¡no lo hagamos sólo con los líderes del barrio! Expresemos con regularidad agrade­cimiento a cualquier miembro del barrio que preste servicio de cual­quier manera. A veces, es bueno recordar que la Iglesia es una organi­zación de voluntarios.

7.- Orar por el obispo, por sus consejeros, por los demás líderes del barrio y por todas las familias que lo componen. Una vez, los miembros de nuestro barrio llevaron a cabo un ayuno cuando yo me iba a someter a una operación. Después de dicha intervención, sentí el poder de las oraciones que se ofrecían por mí. Esas oraciones me ayudaron a recu­perarme con más rapidez. Del mismo modo, los obispos sienten muchas veces la fortaleza y el poder que ema­nan de las oraciones de los miembros del barrio.

8.- Asistir al templo. Los que ten­gan la bendición de vivir cerca de un templo se darán cuenta de que la asistencia regular al mismo aumen­tará su espiritualidad. Sin embargo, no importa cuán alejados vivamos del templo, el esfuerzo y el sacrificio que se hagan por asistir con tanta frecuencia como sea posible nos traerá bendiciones y nos iluminará.

9.- Amarse unos a otros. Esta exhortación del Señor es tan senci­lla, pero a la vez, ¡cuánto abarca! Los miembros de nuestro barrio, así como los de otros barrios y ramas de otras partes del mundo, han respon­dido con entusiasmo a esta invita­ción. Sus cordiales actos son innumerables a medida que se han esforzado por perdonar, expresar amor, escuchar y servirse unos a otros. A consecuencia de ello, el círculo de nuestra familia en el barrio se ha ensanchado y el amor se ha hecho más profundo, convir­tiéndose los miembros literalmente en ángeles ministrantes el uno para con el otro.

10.- Saber que se nos estima. Al servirnos mutuamente, nuestro barrio puede experi­mentar la diversa gama de emociones de una familia: com­partir nuestra admiración y nuestras desilusiones, nuestros pesares y gozos y la alegría de recibir ese apoyo. En muchos respectos, el barrio es como una familia.

Cuando mi esposo era obispo, a veces, antes de orar, revisaba la lista de los miembros del barrio, a fin de hacer inventario de las necesidades y las bendiciones. Después oraba por nuestra familia, no sólo por nuestros tres hijos y otros familiares, sino tam­bién por los maravillosos miembros de nuestro barrio.

Cuando la ocasión era apropiada, a veces me arrodillaba con él para orar por los miembros de nuestro barrio. El amor y la ayuda de los miembros están al alcance de todos nosotros. Al hacer frente a los retos de la vida, nos sentimos fortalecidos recibiendo el apoyo de los líderes del barrio y de nuestros hermanos en el evangelio. Es mediante su cuidado que percibimos el amor de nuestro Salvador y de nuestro Padre Celestial. Durante los años en que mi esposo fue obispo, vimos crecer el barrio; pero, más que nada, sentimos ese maravilloso y satis­factorio sentimiento de amor al hacer que los demás formaran parte de nuestra vida.

Ese amor despierta en nosotros el deseo de permanecer junto a la esca­lera de los demás. Cuando cada miembro de nuestro barrio trata de alcanzar alturas más elevadas, le expresamos palabras de aliento y confianza: “¡No te preocupes, que todo saldrá bien! ¡Confío en ti!” □

 

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La fórmula del éxito

La fórmula del éxito

Por el présidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tenemos la responsabilidad de aprender la palabra de Dios, de comprenderla y de vivir de acuerdo con ella. Busquemos la verdad entre aquellos libros y en aquellos lugares en donde sea más factible que ésta se encuentre.

En el meridiano de los tiempos, el apóstol Pedro declaró: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Este es el destino que le espera a todo Santo de los Ultimos Días si se esfuerza por lograr el cumplimiento de esas palabras.

Cuando el Salvador estuvo sobre la tierra, enseñó mediante el uso de parábolas. Recordemos la parábola de las vírgenes prudentes y las insensatas a quienes se les mandó llenar sus lámparas con aceite; cinco de ellas se prepararon debidamente y cinco no lo hicieron. Llegó entonces el día en que apareció el esposo, y no había aceite suficiente para llenar las lámparas de las que no estaban preparadas. ¿Recuerdan las palabras de censura que el Maestro dijo en aquella ocasión? “De cierto os digo, que 110 os conozco” (Mateo 25:12). He aquí una gran lección en cuanto a la preparación.

Recordamos también la parábola de los talentos, en la que a uno le fueron dados cinco talentos, a otro dos, y a otro uno. Cuán complacido estaba el Maestro con aquellas personas que habían multiplicado los talentos y los habían utilizado prudentemente, y cuán decepcionado con la persona que había recibido un solo talento y, por temen- a perderlo, lo escondió en la tierra. Estas fueron Sus palabras: “Al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera» (Mateo 25:30).

Recordamos también la parábola de la higuera. La higuera tenía hojas, pero no producía fruto; y se le mandó que jamás volviera a producirlo. Las palabras de reprobación en ese caso fueron muy fuertes: “Nunca jamás nazca de ti. fruto”. Luego se oyó el comentario de los que observaron el cumplimiento de aquel mandato: “¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?” (Mateo 21:19-20). Seguir leyendo

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Las llaves del Reino

Discurso pronunciado el 4 octubre de 1947 en la sesión del sábado por la mañana en la Conferencia General Semianual número 118 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, Utah. Discurso publicado en Conference Report, octubre, 1947, páginas 59-62.

Las llaves del Reino

por el Élder Bruce R. McConkie del primer concilio de los setenta

Esta Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, literalmente, el reino de Dios en la tierra. Yo creo que todo hombre que ha presidido como un profeta y presidente ha sido el ungido de Jehová y ha ocupado las llaves del reino, y que estas llaves son la salvación para todos los hombres. Y yo creo que el Señor ha decretado para esta dispensación que el evangelio está aquí para quedarse hasta que Cristo venga, y por supuesto a partir de entonces para siempre. Este es un día en que no se le dará el reino a otro pueblo, y permanecerá con los Santos; y todo el mundo que venga a Cristo y viva sus leyes recibirán paz, gozo y consuelo en esta vida y una esperanza de una vida eterna en el mundo venidero.

Visión dada a José Smith

Cuando José Smith fue a la arboleda sagrada a orar en la primavera de 1820, después de haber sido ejercida por la ansiedad y la agitación religiosa, fue a preguntar cuál de todas las iglesias era la verdadera y a  cual  debía unirse. Entonces se le aparecieron dos seres exaltados, glorificados y resucitados. Dios el Eterno Padre y Jesucristo su Hijoquien, en respuesta a la pregunta de José, le dijo que no debería unirse a ninguna de ellas, porque estaban todas en error; que todos sus credos eran una abominación a su vista; que esos profesores se habían pervertido; que:

“Con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella”. (Perla de Gran Precio, Escritos de José Smith 19)

El reino organizado

A partir de entonces, en virtud de mandamientos y la revelación del Profeta y otros organizaron este reino, y después de que se organizó, el Señor por revelación, se refirió a ella como la única Iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra, con la cual dijo que estaba complacido, hablando a la iglesia colectiva y no individualmente.

Creo que los antiguos profetas y los profetas de los últimos días han revelado por medio del Espíritu Santo, que este reino permanecerá. Enoc vio el día de hoy y dijo que un pueblo estaría preparado para la venida del Señor, y que en de los últimos días Sión se construiría hasta unirse con la Sión que él había establecido. Daniel vio nuestros días. Reveló e interpretó el sueño que Nabucodonosor había recibido, dijo que había visto una piedra cortada del monte, no con las manos, y que en los días de ciertos reyes el Dios del cielo levantaría un reino que nunca sería destruido y que jamás se daría a otro pueblo, y que permanecería para siempre.

En este día refiriéndose a Daniel el Señor dijo a José Smith:

«Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de  allí  rodará   el   evangelio   hasta   los   extremos   de   ella,   como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.». (Doctrinas y Convenios 6:2)

Valientes en la verdad

Cada persona en esta Iglesia tiene derecho a conocer y se espera que conozca por la revelación del Espíritu Santo a su alma que estas cosas son verdaderas; y si las conoce, pues, a mi juicio, no debería tener ningún otro deseo en su corazón, sino el escuchar el consejo de los oráculos vivientes y poner su casa en orden y prepararse para la gloria y la honra y salvación de la que el presidente George F. Richards acaba de hablar.

Me gustaría leer una declaración hecha por el presidente John Taylor, el tercer hombre en presidir este reino. Él dijo: «. . . Se ha preguntado al hermano Brigham si este reino fallará, os digo en el nombre del Dios de Israel que las cosas que han hablado los santos profetas en relación con ella recibirá su cumplimiento, pero en relación con esto os diré otra cosa: Una gran parte de los Santos de los Últimos Días fallaran, una gran mayoría de ellos no son y nunca han estado a la altura de sus privilegios, y magnificando sus llamamientos y su sacerdocio, y Dios tendrá un ajuste de cuentas con tales personas, a menos que se arrepienten «. (El evangelio del reino, p. 137)

Otra frase del presidente Taylor: «Hay una cosa muy cierta, y de hecho estoy muy seguro, y es que este reino no será entregada en manos de ningún otro pueblo. Va a crecer, propagarse y aumentar, y ningún hombre podrá detener su progreso.» (Ibíd., P. 214)

Me parece que si este es el reino de Dios en la tierra, y si está destinado a quedarse aquí y no ser dado a otro pueblo, entonces tenemos derecho a concluir que, como pueblo, como Iglesia, nunca seremos extraviados; y, que como individuos, nunca vamos a desviarnos del curso de la justicia que el Señor ha trazado en estos tiempos si escuchemos el consejo de la Primera Presidencia y al Consejo de los Doce que encabezan el reino.

Las llaves del reino

Wilford Woodruff dijo:

Cuando el Señor le dio las llaves del reino de Dios, las llaves del Sacerdocio de Melquisedec, del apostolado, y las selló sobre la cabeza de José Smith, las selló sobre su cabeza para estar aquí en la tierra, hasta la venida del Hijo del Hombre. Bien dice Brigham Young, «Las llaves del reino de Dios están aquí.» Estuvieron con él hasta el día de su muerte. A continuación, se posaron sobre la cabeza de otro hombre, el presidente John Taylor. Él llevó esas llaves hasta la hora de su muerte. Luego cayeron por turno, en la providencia de Dios, al presidente Wilford Woodruff.

Digo a los Santos de los Últimos Días, que las llaves del reino de Dios están aquí, y van a estar aquí, hasta la venida del Hijo del Hombre. Dejen que todo Israel entienda eso. No pueden descansar sobre mi cabeza, pero en un corto tiempo, descansarán en la cabeza de otro apóstol, y otro después de él, y así continuará hasta la venida del Señor Jesucristo en las nubes del cielo para «recompensar a cada hombre de acuerdo con las obras hechas en la carne. . . »

Le digo a todo Israel en el día de hoy, lo digo a todo el mundo, que el Dios de Israel, quien organizó esta Iglesia y reino, no ha ordenado a ninguna Primera Presidencia para conducirlo por el mal camino. Escuchad, vosotros Israel, ningún hombre que haya respirado el aliento de vida puede sostener estas llaves del reino de Dios y llevar a la gente por mal camino. (Los discursos de Wilford Woodruff, págs. 73-74)

La Iglesia es guiada por revelación

A mi modo de pensar, nunca ha habido un día desde el momento en que José Smith organizó esta Iglesia hasta el presente, en que la iglesia no haya sido guiada por la revelación, guiada por inspiración, en que los oráculos vivientes no hayan dado a la gente el consejo y la instrucción y los mandamientos que el Señor quería que la gente tuviese. Les dijo a sus primeros élderes que lo que hablasen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo sería escritura, que era la mente del Señor y la voluntad del Señor, la palabra del Señor, la voz del Señor y el poder de Dios para salvación. Nunca habrá un momento en que el canon de las Escrituras esté completo. Al igual que siempre, ya que hay élderes en este reino que dan testimonio inspirado de Cristo, por lo tanto, habrá más escrituras. Ha habido más Escrituras dada desde este púlpito durante el curso de esta conferencia, y es tanta la mente y la voluntad del Señor como cualquiera registrada en  los  libros canónicos. Cuando la Iglesia establece, como lo hizo hace más de hace once años, un plan de bienestar, un plan anunciado por la Primera Presidencia de la Iglesia, entonces, sabiendo lo que sabemos, tenemos derecho a aceptarlo como una revelación, para recibirlo como la mente y la voluntad del Señor para los Santos de los Últimos Días.

En armonía con las escrituras

No hay nada acerca de la Iglesia, no hay doctrina, ningún procedimiento o ninguna ordenanza, ninguna ley o principio, que no este en completa armonía con las Escrituras. Podemos establecer que todo lo que tenemos es razonable y está en armonía con las escrituras y que estamos en todo de acuerdo con la Iglesia primitiva de Cristo que se estableció hace dos mil años. Pero después de que hayamos hecho eso, y después de que hemos puesto nuestras casas en orden y hemos armonizado nuestras vidas con las doctrinas que se han revelado, entonces tenemos derecho a saber que este es el reino del Señor y conocer como una cuestión de fe y de testimonio, como una cuestión de sentimiento y de revelación. Una vez que entremos en el reposo del Señor no seremos llevados por cualquier viento de doctrina o por la astucia de los hombres. Debido a que nuestros testimonios será seguro, descansaremos de toda la ansiedad y la agitación del espíritu, y si seguimos en con diligencia y valentía en el reino vamos a descansar finalmente con nuestro Padre en el cielo en los mundos eternos, «el cual es la plenitud de su gloria». (Doctrinas y Convenios 84:24)

Creo que no hay ningún motivo para que cualquier persona en esta Iglesia tenga que temer por el destino del reino. No necesitamos sostener el arca, pero sí necesitamos tener en nuestro corazón un temor de no ser dignos, de no ceñirnos a la línea de rectitud y guardar los mandamientos de Dios con ese grado de valentía que nos dará nuestra exaltación en los mundos eternos.

Me gustaría daros mi testimonio como un élder en este reino, que yo sé que esta es la obra del Señor; que Dios ha hablado en este día; que José Smith fue el profeta e instrumento en las manos de Dios para darnos las leyes y ordenanzas de salvación; y que con tanta seguridad como vamos a vivir en armonía con ellos, vamos a tener la gloria y el honor de añadir sobre nuestras cabezas para siempre, y por nuestro llamado y elección vamos a estar seguro. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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Pilares fundamentales de un testimonio

4 abril de 1947 en la segunda sesión del viernes por la tarde en la Conferencia General Semianual número 117 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde el Tabernaculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, Utah. Discurso publicado en Conference Report, abril, 1947, páginas 38-41.

Pilares fundamentales de un testimonio

por el Élder Bruce R. McConkie del primer concilio de los setenta

Sé que Jesús es el Hijo del Dios viviente y que fue crucificado por los pecados del mundo. Yo sé que él vino al mundo con la misión de ser el Redentor y el Salvador de los hombres. Yo sé de él, como él mismo dijo a los nefitas:

. . . Vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.

Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz. (3 Nefi 27: 13- 14).

Un testimonio de la restauración del evangelio

Creo que este es el gran peso del mensaje del Evangelio restaurado.

Creo y sé también, por las revelaciones del Espíritu Santo a mi alma, que José Smith fue el instrumento en las manos de Dios para restaurar en este día la plenitud del evangelio y la autoridad del sacerdocio y las ordenanzas por lo que usted y yo podemos volver a nuestro Padre en el reino celestial. Testifico y sé que José Smith, anunció su martirio:

José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él. (Doctrinas y Convenios 135: 3)

Creo que este es el segundo gran mensaje del Evangelio restaurado en este día. Y además de eso, porque un testimonio debe ser puesto al día si se quiere tener alguna fuerza y valor en la vida de los hombres, yo testifico que yo sé que las llaves del reino han continuado con los Santos desde los días de José Smith, y que George Albert Smith, quien está a la cabeza hoy es el ungido y oráculo viviente del Señor.

Está muy bien cantar alabanzas a los antiguos profetas y construir sepulcros con sus nombres, pero no hay salvación en ese hecho por sí solo. Si los hombres en este mundo en nuestros días quieren volver al reino de nuestro Padre, le corresponde venir a los oráculos vivientes que han ejercido en su nombre la autoridad del sacerdocio. Deben aceptar y vivir en armonía con los consejos de aquellos hombres a quienes Dios ha escogido hoy.

. . . el que  recibe  a  mis  siervos,  me recibe a  mí.  (Doctrinas  y Convenios 84:36)

Y por otro lado, si no recibimos a los siervos del Señor, no recibimos al Señor.

Como se obtiene un conocimiento de la verdad

A mi juicio, uno de los primeros pilares de toda justicia en este mundo para una persona es obtener por sí mismo el conocimiento, por las revelaciones del Espíritu Santo a su alma, que esta obra en la que estamos embarcados es verdadera. ¿Cómo se obtiene tal conocimiento? Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34) y él, a través del Espíritu Santo, revelará a cada persona que habita este mundo, la ley sobre la cual se basa la recepción de esa revelación, un conocimiento de que esta obra es verdadera. El primer paso en el cumplimiento de esa ley es que una persona desee saber. Los hombres se dan de acuerdo a sus deseos, y, a menos que ellos desean en sus corazones saber que esta obra es verdadera, que Jesús es el Cristo y que José Smith fue un profeta de Dios, nunca ejercerán el esfuerzo, y nunca cumplirán con la ley que les dará derecho a saber. Y creo que el segundo paso es que deben estudiar los principios del reino. El Señor no vierte un testimonio en el vacío. Los hombres tienen que saber cuáles son las doctrinas del reino. Los hombres no guardarán los mandamientos sino tienen un testimonio de Jesucristo y de los principios de salvación. Ningún hombre puede salvarse en la ignorancia (Doctrinas y Convenios 131: 6) de Jesucristo y las leyes de la salvación. Cristo dijo a los Judios:

Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39)

Dijo en el prefacio de su libro de Mandamientos:

Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos y fidedignos, y las profecías y promesas que contienen se cumplirán todas. (Doctrinas y Convenios 1:37)

Tenemos que aprender de las doctrinas del reino si alguna vez en este mundo esperamos obtener una revelación de que esas doctrinas son verdaderas.

Y el tercer paso es que debemos practicar los principios que aprendemos. El Señor dijo:

. . . Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo. (Juan 7: 16-17)

Debemos practicar los principios que aprendemos y hacerlos parte viva de nuestra vida.

Y como cuarto paso, porque un testimonio viene por las revelaciones del Espíritu Santo y no de cualquier otra fuente, debemos orar al Señor con humildad y con fe y rogarle que nos revele si esta obra es verdadera o no lo es. El profeta Moroni dijo:

Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;

Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.  (Moroni 10: 4-5)

Ahora no hay una persona, una persona temerosa de Dios y justa en este mundo, que no pueda venir a este reino y por la obediencia a la ley, que abarca los cuatro pasos, ganar para sí el conocimiento de que esta obra es verdadera, un conocimiento que Jesús es el Cristo, que José Smith es el profeta de esta dispensación y que las llaves del reino están en las manos de los santos de hoy. La Iglesia no se ha desviado. Esta es la  obra  del Señor. Esta Iglesia es literalmente el reino de Dios en la tierra, y la mano del Señor está sobre ella, y no hay inspiración en la cabeza. No hay paz, y no hay seguridad; no hay salvación ni consuelo ni la comodidad ni nada de estos para los Santos de los Últimos Días fuera del reino. En el exterior hay oscuridad y angustia del espíritu y la agitación del corazón y todo lo que molesta a un hombre y que lo lleva por el campo amplio que va hacia la perdición. Pero hay paz y alegría para nosotros aquí en esta vida, y hay una esperanza de vida eterna para nosotros, si nos aferramos a la Iglesia, y si escuchemos los consejos que vienen de los oráculos vivientes. Son la voz de Dios a los Santos de los Últimos Días y para el mundo hoy en día.

La primera cosa que una persona debe hacer es saber por sí mismo que esta obra es verdadera, y después de conseguir ese tipo de conocimiento en su corazón, tendrá el deseo de hacer las obras de justicia. Él va a querer hacer lo que dijo Alma en las aguas de Mormón:

. . . Y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;

Sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna;

Os digo ahora, si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis concertado un convenio con él de que lo serviréis y guardaréis sus mandamientos, para que él derrame su Espíritu más abundantemente sobre vosotros?

Y ahora bien, cuando los del pueblo hubieron oído estas palabras, batieron sus manos de gozo y exclamaron: Ése es el deseo de nuestros corazones. (Mosíah 18: 8-11)

Y creo que ese convenio es el segundo paso en el plan de la salvación, y que el tercer paso es seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres, y luego como Nefi escribió:

. . . Si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna. (2 Nefi 31:20)

Los Santos de los Últimos Días, un pueblo bendecido

En una ocasión Cristo predicó un sermón en que la doctrina era muy fuerte, el sermón sobre el pan de vida. Después de que él había terminado, las multitudes, incluyendo a los discípulos, se volvieron atrás, y ya no andaban con él, y supongo que fue con una nota de tristeza, que dijo a los Doce:

«¿También vosotros queréis iros?» (Juan 6:67)

Y luego Simón Pedro, que iba a ser su portavoz, el oráculo viviente para ese día, tomó la palabra y dijo:

. . . Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (Juan 6: 68-69)

Esa es la condición de los  Santos  de  los  Últimos  Días  en  la actualidad. Tenemos las revelaciones de los cielos. Dios ha hablado en este día. La luz y el conocimiento se han derramado sobre nosotros, y no hay ningún lugar en todo este mundo en donde podamos encontrar la paz, el consuelo o la comodidad, a menos que guardemos los mandamientos de Dios y el deseo de hacer las cosas que él quiere que hagamos.

No existe nada en este mundo que sea de mayor importancia que tener la compañía constante del Espíritu Santo, y no creo que haya nada más importante en la eternidad, que obtener la exaltación y la vida eterna, y eso es lo que se ha prometido a los santos con la condición de que obedezcan la ley, y que guardan los mandamientos de Dios.

Ahora no hay nada en este mundo que preferiría hacer que tener el privilegio de predicar el evangelio y de dedicar el tiempo y habilidades con que el Señor pueda bendecirme, que edificar su reino. Estoy agradecido más allá de cualquier capacidad que tenga de expresar el privilegio de ser un miembro del Primer Consejo de los Setenta y asociarme con ustedes los Santos de los Últimos Días y viajar por las estacas de Sión, ruego para que el Señor me bendiga y les bendiga, y derrame su Espíritu sobre los santos, para que podamos guardar los mandamientos de Dios y tener derecho a las grandes bendiciones que fluyen del mismo, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El libro de Mormón

El libro de Mormón

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero en la Primera Presidencia
Liahona de Octubre 1988

En nuestras reuniones can­tamos a menudo un ‘himno que a todos nos gusta mucho; lo escribió Parley P. Pratt hace más de un siglo:

Un ángel del Señor
del cielo descendió
silencio a romper.
Al mundo reveló
que en Cumora yace el
Registro Santo, libro fiel,
que en Cumora yace el
Registro Santo, libro fiel.
(Himnos de Sión, 112.)

Esas palabras representan la declaración del élder Pratt sobre la milagrosa aparición de un libro extraordinario. La forma en que él llegó a conocer ese libro es una historia in­teresante.

En agosto de 1830, siendo predicador laico, Parley Parker Pratt se encontraba en viaje desde el estado de Ohio al este del de Nueva York. En la ciudad de Newark conoció a un diácono bautista; de apellido Hamlin, que le habló “de un libro, un libro extraño, ¡MUY EXTRAÑO! . . . Se suponía que ese libro, según me dijo había sido escrito originalmente en plan­chas, de oro o bronce, por una rama de las tribus de Israel; y que lo había descu­bierto y traducido un joven de las cerca­nías de Palmyra, estado de Nueva York, con la ayuda de visiones o del ministerio de ángeles. Le pregunté cómo y dónde se podía obtener el libro, y me prometió que me lo mostraría en su casa al otro día… A la mañana siguiente fui a su casa, donde por pri­mera vez vi EL LIBRO DE MORMON —ese libro único entre todos los libros— . . . que, en las manos de Dios, fue el medio principal que dirigió o entero de mi vida futura.

‘Lo abrí con gran anhelo y leí la portada. Luego, leí el testi­monio de varios hombres que fueron testigos de la manera en que se encontró y se tradujo. . . Leí todo el día; me molestaba co­mer, pues no tenía el deseo de tomar ali­mento; me molestaba la idea de dormir al llegar la noche, pues prefería seguir leyendo.

“Mientras leía, el Espí­ritu del Señor vino sobre mí, y, tan manifiesta y claramente como un hombre sabe que existe, supe y comprendí que el libro era verdadero.” (Autobiography of Parley P. Pratt, tercera edición. Salt Lake City, Deseret BookCo., 1938, págs. 36-37.)

Parley P. Pratt tenía entonces veintitrés años. La lectura del Libro de Mormón lo afectó tan profun­damente que al muy poco tiempo se bautizó en la Iglesia y se convirtió en uno de los defensores más acérrimos del libro. En su ministerio viajó de costa a costa en lo que ahora es los Estados Unidos, y también a Canadá e Inglaterra; él inició la obra del evangelio en las islas del Pacífico y fue e! primer él­der mormón que pisó la tierra de América del Sur. En 1857, mientras era misionero en Arkansas, un hombre lo atacó y lo mató. Lo enterraron en una zona rural cercana a la comunidad de Alma, y ac­tualmente un gran bloque de granito marca su tumba en el tranquilo lugar. Talladas en la pulida superficie están las palabras de otro de sus magnífi­cos y proféticos himnos, como declaración de la vi­sión que él tenía de la obra en la que se había em­barcado:

El alba rompe de
verdad y en Sión se deja ver . . .
Tras noche de obscuridad,
bendito día renacer.

De ante la divina luz
huyen las sombras del error . . .
La gloria del gran Rey Jesús
ya resplandece con fulgor.
(Himnos de Sión, 1.)

Parley P. Pratt no fue el único que tuvo una ex­periencia así con el Libro de Mormón. A medida que los ejemplares de la primera edición fueron cir­culando entre las personas y que la gente lo leía, cientos de hombres y mujeres espiritualmente fuertes se vieron tan afectados por la lectura que renuncia­ron por él a todo lo que poseían; y más aún, en los años siguientes no fueron pocos los que dieron tam­bién la vida por el testimonio que llevaban grabado en su corazón de la veracidad de este extraordinario libro.

Infinito como la verdad

En nuestros días, ciento cincuenta y ocho años después de haberse publicado por primera vez, hay más personas que nunca que lo leen y se intere­san en él. Mientras que en aquella primera edición se imprimieron cinco mil ejemplares, en la actuali­dad las ediciones se imprimen en cantidades masi­vas, de hasta un millón de ejemplares, y en más de setenta idiomas.

El atractivo que presenta es tan infinito como la verdad, tan universal como el ser humano. Es el único libro que contiene una promesa de que el lec­tor puede saber con certeza, por medio del poder di­vino, si su contenido es verdadero.

Su origen es milagroso y cuando se cuenta ese origen por primera vez a alguien que nunca ha oído hablar de la Iglesia, resulta poco menos que increí­ble. Pero el libro existe y está listo para que lo pal­pen, lo sostengan en la mano y lo lean. Su existen­cia es indisputable.

Con excepción de la historia relatada por José Smith, todos los esfuerzos que se han hecho por ex­plicar su origen han demostrado no tener fundamentó. Es un registro de la América antigua. Al igual que la Biblia es la Escritura del Viejo Mundo, el Libro de Mormón lo es del Nuevo Mundo; cada uno de ellos habla del otro y cada uno lleva en sí el espíritu de inspiración, el poder de convencer y convertir. Juntos, ambos libros se convierten en tes­tigos de que Jesús es el Cristo, el Hijo resucitado y viviente de Dios.

La narración del Libro de Mormón es una crónica de naciones desaparecidas hace largo tiempo; pero en las descripciones que hace de los problemas de la sociedad actual está tan al día como el periódico matinal y, con respecto a las soluciones que pueden darse a esos problemas, es mucho más inspirado, de­finido e inspirador que aquél.

No conozco otro escrito que declare con tanta claridad las trágicas consecuencias que sufre la so­ciedad humana cuando sigue un curso contrarío a los mandamientos de Dios. En sus páginas se cuenta la historia de dos civilizaciones que florecie­ron en el hemisferio occidental. Cada una de ellas comenzó como una pequeña nación cuyo pueblo andaba en las vías del Señor; pero junto con la prosperidad aparecieron males que fueron en au­mento; el pueblo se dejó vencer por los ardides de líderes ambiciosos que lo oprimían con pesados im­puestos, calmaban sus temores con promesas va­nas, miraban con indulgencia y hasta alentaban la inmoralidad, y que terminaron por conducirlo a terribles guerras que dieron como resultado la muerte de millones de personas y, al final, la extin­ción de dos grandes civilizaciones en dos épocas di­ferentes.

Las historias de estas dos grandes naciones, rela­tadas con advertencias en esté volumen sagrado, nos indican que, aunque debe existir la ciencia, aunque debe existir la educación, aunque deben existir las armas, también debe existir la rectitud si deseamos ser merecedores de la protección de Dios. No hay ningún otro testamento que ilustre con tanta claridad el hecho de que cuando el hombre y las naciones andan en las vías de Dios y obedecen sus mandamientos, prosperan y progresan; pero cuando hacen caso omiso de El y su palabra, sobre­viene una decadencia que, a menos que sea contra­rrestada por la rectitud, conduce a la impotencia y a la muerte. El Libro de Mormón es una afirmación del proverbio del Antiguo Testamento que dice: “La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34).

Un mensaje grandioso y conmovedor

Aunque el Libro de Mormón habla fuerte­mente de los problemas que afectan a nuestra socie­dad moderna, la grandiosa y conmovedora esencia de su mensaje es el testimonio, vibrante y verdadero, de que Jesús es el Cristo, el prometido Mesías. El libro testifica de Aquel que recorrió los polvorientos cami­nos de Palestina sanando a los enfermos y enseñando las doctrinas de salvación; Aquel que murió en la cruz del Calvario, que salió de la tumba al tercer día, apareciendo a muchos, y que, antes de su ascensión final, visitó a los habitantes del hemisferio occiden­tal, de quienes ya había dicho anteriormente: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.» (Juan 10:16.)

Durante siglos la Biblia fue el único testimonio escrito de la divinidad de Jesús de Nazaret; ahora, a su lado se levanta otro poderoso testigo para llevar a la humanidad de regreso al Señor.

Recuerdo el relato de un hombre sobre la forma en que se había convertido a la Iglesia:

“Había invitado a salir a una chica encantadora. Cuando fui a buscarla, vi sobre la mesa un ejemplar del Libro de Mormón, un libro del que nunca había oído hablar. Lo tomé y empecé a leerlo; me inte­resó, por lo que conseguí uno para mí y lo leí todo.

“En esa época tenía una idea más bien tradicional de Dios y Jesucristo, aunque nunca había pensado seriamente en asuntos religiosos. Pero al leer el li­bro, mi mente recibió luz y comprensión de verda­des eternas, y dentro de mí surgió el testimonio de que Dios es nuestro Padre Eterno y que Jesús es nuestro Salvador.”

La experiencia de ese joven sobre quien tanto in­fluyó el Libro de Mormón es similar a las que han tenido millones de personas en los últimos ciento cincuenta y ocho años.

El mismo libro que convirtió a Brigham Young, Willard Richards, Orson y Parley Pratt y muchos otros de los primeros líderes de la Iglesia también está convirtiendo gente en Argentina, en Finlandia, en Ghana, en Taiwán, en Tonga y en cualquier parte donde hombres y mujeres lo lean con verda­dera dedicación y oran al respecto. La promesa de Moroni, que él escribió en medio de su soledad des­pués que su pueblo había sufrido la destrucción, se cumple todos los días, en todas partes. (Véase Mo­roni 10:4-5.)

Una convicción de la verdad

Cada vez que alentamos a alguien a que lea el Libro de Mormón, le hacemos un fa­vor a esa persona, puesto que si lo lee y ora con un sincero deseo de saber la verdad, por el poder del Espíritu Santo sabrá que el libro es la verdad.

Y de ese conocimiento surgirá una convicción de la verdad de muchos otros conceptos. Porque si el Libro de Mormón es la verdad, entonces también es verdad que Dios existe. A través de sus páginas, hay un testimonio tras otro del solemne hecho de que nuestro Padre es real, que es una persona y que ama a sus hijos y busca la felicidad de ellos.

Y si el libro es la verdad, también es verdad que Jesús es el Hijo de Dios, el Unigénito de Dios en la carne, nacido de María, “una virgen, más hermosa. . . que toda otra virgen” (véase l Nefi 11:13-21), porque el libro así lo testifica en una descripción inigualada en toda la literatura.

Si el libro es la verdad, entonces Jesús es verda­deramente nuestro Redentor, el Salvador del mundo. El gran propósito de su preservación y apa­rición es, de acuerdo con la declaración que aparece en el mismo libro, “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se mani­fiesta a sí mismo a todas las naciones» (portada del Libro de Mormón).

Si el libro es la verdad, José Smith era un Profeta de Dios, porque él fue el instrumento en las manos de Dios para sacar a luz ese testimonio de la divini­dad de nuestro Señor.

Si el libro es la verdad, Ezra Taft Benson también es un Profeta, pues posee todas las llaves, los dones, los poderes y autoridad que poseyó el profeta José Smith, que fue quien comenzó esta obra de los últi­mos días.

Si el Libro de Mormón es la verdad, la Iglesia es verdadera, porque en ella existe y se manifiesta la misma autoridad bajo la cual salió a luz este sagrado registro. Es la restauración de la Iglesia que el Sal­vador estableció en Palestina, la misma restauración que El decretó cuando visitó este continente, según lo que está registrado en este libro sagrado.

El cumplimiento de la profecía

Si el Libro de Mormón es la verdad, la Bi­blia es la verdad. La Biblia es el Testamento del Viejo Mundo; el Libro de Mormón es el Testa­mento del Nuevo Mundo; uno es el registro de Judá, el otro es el registro de José, y ambos se han juntado en la mano del Señor para que se cumpla la profecía que se encuentra en Ezequiel 37:19. Juntos, los dos libros declaran Rey al Redentor del mundo y establecen la realidad de su reino.

El libro es una voz que ha conmovido el corazón de hombres y mujeres en muchas tierras. Los que lo han leído, orando respecto a él, fueran ricos o po­bres, eruditos o ignorantes, han crecido espiritual­mente gracias a su poder.

Citaré palabras de una carta que recibimos hace unos años. Era un hombre quien escribía, diciendo: “Estoy preso en una cárcel federal. Hace poco en­contré en la biblioteca de la prisión un ejemplar del Libro de Mormón, y lo leí. Cuando llegué a la parte en que Mormón se lamenta por los de su pueblo que han caído, diciendo: ‘¡Oh bello pueblo, cómo pudis­teis apartaros de las vías del Señor! ¡Oh bello pue­blo, cómo pudisteis rechazar a ese Jesús que espe­raba con brazos abiertos para recibiros! He aquí, si no hubieseis hecho esto, no habríais caído’ (Mor­món 6:17-18), cuando leí eso, sentí como si Mor­món hubiera estado hablándome a mí. ¿Podrían en­viarme un ejemplar de ese libro?”

Le enviamos el libro. Después de cierto tiempo, un día fue a verme a mi oficina convertido en un hombre diferente. El espíritu del libro lo conmovió y lo cambió, y hoy es un hombre de éxito, rehabili­tado, ganándose honradamente el sustento de su fa­milia.

Esa es la influencia poderosa que ejerce este libro sobre todos aquellos que lo leen y oran sobre su contenido.

Mis hermanos, sin reservas os prometo que si leéis el Libro de Mormón y oráis acerca de él, no obstante las muchas veces que podáis haberlo leído antes, veréis que sentís que el Espíritu del Señor es más fuerte en vuestro bogar, que se fortalece la re­solución de obedecer los mandamientos de Dios y que se siente que aumenta el testimonio de la vi­viente realidad del Hijo de Dios. □

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¿Habéis visto alguna vez al Señor?

Ensign,  junio, 1987. Liahona marzo 1988

¿Habéis visto alguna vez al Señor?

por el élder Sterling Welling Sill

Hace algún tiempo se me pidió que acompañara a un grupo de visitantes a recorrer el edificio de las oficinas de la Iglesia en Salt Lake City. Estas personas deseaban saber más sobre la doctrina de la Iglesia, la función del liderazgo en ella y su organización. Parecían muy interesados y pasamos un tiempo agradable analizando el tema.

Durante el recorrido, una joven levantó la mano y me preguntó:

—Hermano Sill, ¿ha visto usted alguna vez a Dios?

Me sentí un poco sorprendido, ya que no esperaba ese tipo de pregunta, pero de todas maneras le contesté:

—Sí no le importa, contestaré a su pregunta con tres respuestas.

Número uno, tratando de acercarme lo más posible a lo que estoy seguro se refiere su pregunta, la respuesta es no, no lo he visto. Pero así, a secas, la respuesta no está completa ni es absolutamente fiel, por lo tanta, voy a agregar una segunda: No lo he visto desde el día de mi nacimiento, el 31 de marzo de 1903. Antes de esa fecha lo vi muchas veces.

Las Escrituras son muy claras en cuanto al hecho de que todos vivimos con Dios en los cielos antes de comenzar nuestra vida terrenal. El es nuestro Padre Celestial, y por lo tanto cada uno de nosotros lo ha visto y oído muchas veces.

El gran filósofo Sócrates afirmó que aprender es meramente recordar. Dios es nuestro Maestro, y todo lo que somos lo trajimos con nosotros de Su presencia en los cielos. «Conozco mucho sobre el Salvador»

Y la tercera respuesta es que aun cuando es verdad que no he visto a Dios durante mi vida mortal, es también verdad que tampoco he visto a mi propio espíritu desde mi nacimiento en esta tierra; a pesar de ello, no me cabe la menor duda de que poseo un espíritu.

Pero, aunque no he visto al Señor durante esta vida, he leído muchas veces cuidadosamente los cuatro extraordinarios tomos de Escrituras que El hizo que se escribieran. Sé cómo piensa El. Sé lo que El desea que yo haga. Sé cómo es por el testimonio de las personas que lo han visto. Y sé muchas otras cosas acerca de El.

Por ejemplo, el Jesús resucitado se le apareció a Juan el Revelador en la isla de Patmos. Juan dice que «estaba en el Espíritu en el día del Señor» cuando escuchó detrás de él «una gran voz como de trompeta».

Se volvió para ver quién le hablaba y vio «a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido. . . con un cinto de oro.

«Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego» (Apocalipsis 1:13- 14).

Cuando el profeta José Smith tuvo la visión del Padre y del Hijo, dijo que su «fulgor y gloria no admiten descripción» (José Smith—Historia 17).

Hay algunas experiencias, aun en esta vida, que son muy difíciles de describir. Por ejemplo, si tratara de describir la mirada que ilumina los ojos de mi nietecito cuando algo lo hace feliz, tendría cierta dificultad.

Quizás lo intentara diciendo que los ojos le brillan, o que la cara se le ilumina; pero en realidad ninguna de las dos descripciones sería fiel a la verdad. Los ojos de mi nieta son siempre del mismo tamaño, de la misma forma y del mismo color, pero cuando está contenta algo le ilumina toda la cara; es algo que se puede percibir pero que es muy difícil de describir.

Al describir a Jesús resucitado, Juan dice que Sus ojos eran como llama de fuego. No se habla de una chispa o un brillo, sino que esa característica de gloria y resplandor se magnifica muchas veces. Juan trata de describir la voz del Señor resucitado diciendo que era una gran voz, como de trompeta. Tengo un buen amigo que tiene una de esas voces «como de trompeta».

Es clara, armoniosa y resonante; fácil de entender y hermosa para escuchar. Su pronunciación es casi perfecta. Algunos oradores tienen la clase de «trompeta» que menciona Pablo:

«Y sí la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?» (1 Corintios 14:8.)

Algunos discursantes tienen una trompeta que no es bastante fuerte para dejarse oír, ni bastante clara para que se pueda entender, ni bastante interesante para mantener la atención de los que escuchan.

Me imagino la voz de Jesús resucitado muchísimo más resonante y hermosa que la de mi amigo, de la misma manera que el resplandor de la faz del Señor es muy superior al de la cara de mi nieta.

El profeta José Smith vio también al Señor cara a cara después de la dedicación del Templo de Kírtland. Al describir cómo era, dijo:

«Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol» (Doctrina y Convenios 110:3).

¡Y eso es verdaderamente brillante!

Esas mismas cualidades las pueden poseer también, hasta cierto grado, otros hijos de Dios. Por ejemplo, Moroni resucitado también se le apareció a José Smith, quien da una descripción detallada de su apariencia de la siguiente manera:

«Toda su persona brillaba más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo relámpago» (José Smith—Historia 32).

No solamente su persona era gloriosa, sino que aun su ropa era brillante. El

Profeta dijo:

«Llevaba puesta una túnica suelta de una blancura exquisita. Era una blancura que excedía cuanta cosa terrenal jamás había visto yo; ni creo que exista objeto alguno en el mundo que pudiera presentar tan extraordinario brillo y blancura» (José Smith—Historia 31).

Se decía que Sócrates no era un hombre muy atractivo, pero aun así oraba a Dios pidiéndole: «Hazme hermoso por dentro».

Todos hemos visto personas de aspecto sencillo que han llegado a convertirse en hermosas por medio de una radiante espiritualidad.

Un espíritu divino puede hacer que un cuerpo completamente carente de belleza se convierta en hermoso. Aun cuando no he visto al Señor en esta vida, conozco su palabra.

Sé de la gran Expiación que El llevó a cabo en beneficio de todos los hijos  de  Dios.  Conozco  la  resurrección  gloriosa  y  celestial  del Salvador, una resurrección similar a la que prometió a todos los que guardaran sus mandamientos. Conozco también el recto y estrecho camino y cómo seguirlo con el fin de poder merecer la entrada en el reino celestial.

En una ocasión el Señor le dijo a Tomás:

«Porque me has visto, Tomás, creíste; [más] bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20:29).

El Salvador mismo prometió:

«Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8)

Con todas estas ventajas, tengo que poder mantenerme fiel y esperar hasta que El venga en nubes de gloria para comenzar su reino milenario sobre la tierra, cuando todo ojo lo verá y todo corazón se regocijará por sus bendiciones.

En preparación para ese gran acontecimiento, esforcémonos para adquirir una luz más radiante en nuestros ojos, un brillo más grande en nuestro corazón y un fuego más puro en nuestra alma. Entonces, en ese día, cuando lo veamos nosotros mismos, también nosotros podremos ser glorificados.

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En el autobús equivocado

Liahona mayo de 1984

En el autobús equivocado

por el élder Sterling Welling Sill

Uno de los impedimentos más grandes para lograr el éxito es el hecho de que dedicamos mucho tiempo a cosas que nos llevan hacia lo que no deseamos ser. Es mucho lo que podemos aprender del relato que, hace varios años, nos contó el doctor Harry Emerson Fosdick al cual tituló: “En el autobús equivocado”.

Se trataba de un hombre que subió a un ómnibus con la intención de ir a la ciudad de Detroit, Michigan; pero cuando llegó al final de su viaje se encontró que estaba en Kansas City, Kansas. Este pobre hombre no podía convencerse de lo que había sucedido; cuando preguntó cómo llegar a la avenida Woodward y le dijeron que tal avenida no existía, se sintió indignado, porque él sabía muy bien que sí había una calle que se llamaba de esa manera. Le costó aceptar la realidad de que, muy a pesar de sus buenas intenciones, no estaba en Detroit, sino en Kansas City. Todo hubiese estado bien si no fuera por un pequeño detalle: había tomado el autobús equivocado.

Es interesante ver cómo muchas personas llegan a algo en la vida, algo que nunca quisieron ser. Nos fijamos metas de honor, éxito y felicidad, pero a veces tomamos los autobuses que nos llevan a un destino  de  deshonor, fracaso y desdicha. Uno de  los  propósitos fundamentales de nuestra existencia mortal es de prepararnos para la vida venidera.

Los destinos a los que podemos llegar están separados en tres grandes subdivisiones, las que Pablo compara con la luz del sol, de la luna y de las estrellas.

El dijo: “…una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos” (1 Corintios 15:41-42).

Es indiscutible que la gloria más deseada es la que se compara con el sol, la cual yace al final de la angosta senda que conduce a la vida, pero lamentablemente para nosotros que viajamos, tal como dijo Jesús, solamente unos pocos llegarán a este destino, el cual es el más grandioso de todos. Todos deberíamos tener el deseo de llegar al reino celestial, el cielo más elevado, donde moran Dios y Jesucristo y el cual es el reino para las familias. Pero muchas personas, mientras hablan acerca del cielo más elevado, se embarcan en autobuses cuyo destino es el infierno más bajo. El menos atractivo de estos tres reinos es el telestial, que está tan por debajo del celestial como el centelleo de una estrella es pequeña en comparación con el esplendor del sol del mediodía.

Las Escrituras nos dicen que los que lleguen al reino telestial serán tan numerosos como las arenas del mar o como las estrellas del firmamento. Pero aun así, antes de que lleguen a este destino, éstos deben purgar sus pecados con el castigo del infierno.

Esta gran multitud llegará al lugar que menos deseaba. Incluso Satanás tomó el autobús equivocado, y ahora sabemos cuál es su destino final, destino que Dios, el juez definitivo, le ha determinado. Pero Satanás nunca hizo planes para tal degradación; él era conocido como Lucifer, el portador de luz, el brillante hijo de la mañana, que se mantenía cerca de Dios. El deseaba para sí lo mejor y se decía en su corazón: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios… y seré semejante al Altísimo”. (Isaías 14:13- 14)

Pero aun siendo consciente de este objetivo maravilloso, tomó el autobús de la rebeldía que lo conduce al más bajo de los destinos. Muchas personas han tenido la experiencia, en algunos aspectos de la vida, de arribar a lugares donde no deseaban ir. Por ejemplo, nadie  se  esfuerza  por  obtener  una  buena  educación  ni  invierte grandes sumas de dinero en negocios con la esperanza de fracasar o dar bancarrota; nadie elige a su esposo o esposa con la idea de terminar en un desdichado y triste divorcio. Aun el gran número de los que se convierten en asesinos y suicidas, y que se hacen adictos a  drogas  y  al  alcohol,  no  comenzaron  a  recorrer  esas  sendas pensando que los conducirían a un destino tal.

Aquellos que cometen fechorías y actos inmorales, o que terminan en escuelas reformatorias, en cárceles o instituciones mentales, no pensaban en estos lugares cuando planeaban el sendero que irían a tomar.

Es probable que la habilidad más valiosa que una persona pueda desarrollar sea la de identificar el ómnibus que la lleva al lugar donde realmente desea ir.

En una oportunidad, hablé con una joven que tenía sentimientos de rechazo hacia sus padres. Como no se sentía querida por ellos, trataba de compensar esa falta de amor haciendo amistad con personas indignas, y pensaba que ir a la Iglesia era como rendirse a sus padres.

Su vida estaba llenándose de amargura, y estaba desarrollando hábitos y tomando actitudes que le harían tomar el ómnibus equivocado, donde se relacionaría y formaría parte de un grupo de personas indeseables.

A menos que suceda un milagro, ella llegará a Kansas City cuando todo lo que deseaba en su vida era ir a Detroit.

Supongo que nadie comienza a participar en ciertas cosas con la idea preconcebida de terminar en un quebranto nervioso, de disolver su matrimonio o de terminar en la cárcel, pero a veces el peso de la cadena de los malos hábitos no se siente hasta que es demasiado pesada para quebrarla. A veces la tragedia nos abruma porque permitimos que el desánimo siembre su semilla en nuestra personalidad. Sembramos una vida desordenada e indisciplinada y luego oramos para no recoger las consecuencias, lo cual generalmente no sucede, ya que esas semillas son muy resistentes y es difícil detener su crecimiento una vez que sus raíces han crecido en nuestra vida.

Podemos tener los objetivos más loables en nuestra mente, pero si tomamos el ómnibus que nos lleva al destino equivocado, no podemos cambiar de ruta diciéndonos simplemente a nosotros mismos que teníamos la mejor de las intenciones. A esa altura de los acontecimientos, lo importante va a ser los hechos, ya que vamos a ser juzgados por ellos y no por nuestros deseos, y sería inútil prestar atención al dicho que dice que el sendero hacia el infierno está pavimentado de buenas intenciones.

Muy frecuentemente no dejamos que la mano izquierda se las intenciones sepa lo que la mano derecha de los hechos está haciendo. Tenemos grandes proyectos en nuestra mente pero nos desviamos tanto que la excepción se convierte en nuestra regla general.

Deseamos llegar a ser una buena persona en el futuro, pero no necesariamente hoy. Con frecuencia decimos: “No me juzguen por mi aspecto físico ni por mi vestimenta ni mis palabras; júzguenme por cómo me siento dentro de mí”.

Este es un razonamiento muy peligroso y muy a menudo es la causa de nuestra ruina. Yo me pregunto: ¿Por qué debe una persona dedicar tanto tiempo a parecer, actuar y pensar como lo que no desea ser?

Es necesario que destruyamos toda evidencia de rebeldía. Si vamos a un desfile vestidos de payasos, es muy probable que no pensemos ni actuemos como un rey. No debemos hacer unas pocas cosas buenas y entonces hacer un montón de excepciones; no debemos estar en el camino ancho y espacioso que conduce a la muerte cuando tenemos planeado ganar la vida eterna, la cual se encuentra al final del sendero recto y angosto.

Nos ayudaría mucho recordar que toda persona que transgrede la ley y todo pecador tienen algunos grandes ideales y ambiciones en las cuales se basa para juzgarse a sí mismo.

En una oportunidad, asistí a una reunión religiosa en la  cárcel, donde muchos de los prisioneros expresaron sus sentimientos. Sin excepción dijeron: “En esta cárcel se encuentran algunas de las mejores personas de todo el mundo”. Creo que, en muchos aspectos, eso es verdad. Algunas de las personas que están en la cárcel son más compasivas, más amables y más humildes de lo que pueden ser muchos de los que están en libertad. Algunos de ellos son tan generosos que se sacarían la camisa para dársela a un amigo que la necesite. Algunos de ellos ofrecen oraciones preciosas y tienen un testimonio maravilloso del evangelio, pero cometieron algunos errores: algunos de ellos mataron, robaron un banco, salieron borrachos a la calle, o cometieron otro tipo de transgresión. Al hacerlo, estaban dirigiéndose a un lugar donde no deseaban ir.

Sepamos claramente a dónde deseamos ir. Es muy importante recordar que, con frecuencia, nosotros mismos, en ciertos aspectos, nos enceguecemos de tal manera que no podemos vernos como realmente somos.

Es frecuente que, cuando las personas están cometiendo ciertas inmoralidades, piensen que están simplemente viviendo la vida, y se justifican con la idea de que muchos han hecho cosas peores que un pequeño acto de vandalismo o prender fuego a un edificio. Un pequeño descuido y unas pocas mentiras no significan mucho si no nos importa llegar a Detroit en lugar de a Kansas City.

Es buena idea determinar claramente a dónde queremos ir y entonces encaminarnos en esa dirección, sin desvíos de ninguna clase, recordando siempre que las excepciones puede resultar muy peligrosas. Estas pueden ser más rápidas en derribar una buena costumbre que los hechos positivos en edificarlas; uno puede resistir la tentación mil veces, y perderlo todo por tan sólo una indulgencia.

Alguien dijo que debe haber mil pasos del infierno al cielo, pero tan sólo uno del cielo al infierno.

Los ideales no nos sirven de nada si no hacemos algo por lograrlos, y puede ser muy peligroso creer que podemos salvarnos con tan sólo declarar nuestra fe de una vez por todas o por una serie de circunstancias. En una palabra, uno no puede enfrentar al enemigo, pelear la batalla y dominar a todos los adversarios a la vez.

La batalla debe ir ganándose en forma constante. Muchos han testificado acerca del evangelio y por otro lado han tomado el ómnibus con destino a la vergüenza y a la degradación.

Las semillas de la destrucción no necesitan ser muy grandes; un árbol grande de maldad puede también crecer de una pequeña semilla de pecado. Si no queremos que el árbol crezca, es mejor que no permitamos que la semilla comience a germinar.

Para terminar, resumamos este gran concepto en dos: primero, sepamos claramente a dónde deseamos ir; y segundo, tomemos el ómnibus que nos lleve allí.

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Aquel negocio de la vida

Ensign, enero, 1981

Aquel negocio de la vida

por el élder Sterling Welling Sill

Si hay una cosa de la que estoy completamente seguro en mi mente, es que el negocio de la vida es tener éxito. Estoy absolutamente seguro de que Dios no creó esta hermosa tierra para nuestro beneficio con todas sus leyes, recursos y oportunidades, sin tener algo muy importante en la mente de aquellos que viven en ella. Sería poco razonable que Dios nos haya creó a su imagen, nos dieran su propia forma personal, nos dotara de estas potencialmente magníficas mente, estas personalidades milagrosas, y estas facultades físicas fantásticas, y luego esperar que nosotros perdiéramos nuestra vida en la insuficiencia. Y sin embargo, estoy seguro de esto, que el desperdicio más grande en el mundo es que usted y yo vivimos por debajo del nivel de nuestras posibilidades.

Hace algún tiempo oí a un trabajador en genealogía decir que todo el trabajo genealógico de la Iglesia es realizado mediante el dos por ciento de los miembros. Por debajo de ese grupo hay otro ocho por ciento que dicen sus oraciones sobre la genealogía  y  sus testimonios acerca de la genealogía, pero no hacen ninguna parte del trabajo real en cuestión. A continuación, por debajo de ese grupo hay un grupo que ni siquiera dice sus oraciones o dan su testimonio al respecto.

Los presidentes de la Iglesia han indicado que todos en la Iglesia deben ser misioneros. Sin embargo, hasta la fecha una gran parte de los hombres adultos de la  Iglesia  son  en  sí  mismos ancianos. Algunos de los que van en misiones aumentan su actividad religiosa durante dos años y luego vuelven a sus antiguas debilidades.

El Señor ha dicho que quería que su mensaje llegara a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y sin embargo, algunos de nosotros que hemos sido designados para ese llamado aún no entregamos el mensaje si siquiera en el lugar donde vivimos. Los maestros son enviados a enseñar el Evangelio a los miembros, pero con frecuencia limitan su charla con ellos al clima o la política, mientras que sus vidas se mantienen en la oscuridad. Es imposible dar un mensaje espiritual sin tener un mensajero espiritual. El mensaje tiene poca fuerza si la vida del mensajero está llena de pereza, inmoralidad, debilidad, pecado, y el fracaso. Debemos insistir en el éxito en todos los departamentos de nuestra vida.

El éxito no es la cosa más importante en el matrimonio, es todo en el matrimonio. No es sólo lo más importante en el trabajo de la Iglesia, es todo en el trabajo de la Iglesia. Y para que no recibamos la oscuridad en nuestro matrimonio, en nuestro liderazgo, y nuestro trabajo en la Iglesia, hay que sacarlo de nuestras vidas.

No hay oscuridad en el reino celestial que es donde está Dios. Ahí es donde estarán las otras personas espiritualmente exitosos.

Jesús fue amable con la adúltera arrepentida. Tenía un interés y simpatía con el ladrón en la cruz. Sin embargo, para el que escondió su talento en el suelo, dijo:

«Siervo malo y negligente»  (Mateo 25:26)

Y para los desobedientes que se encuentren a su izquierda, cuando venga en su gloria, él dirá;

«. . . Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno. . .» (Mateo 25:41).

El Señor nos ha dado la mayor fórmula de éxito que jamás se ha dado en el mundo cuando dijo:

«Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

«Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.» (Doctrina y Convenios 130:20-21)

El Señor quiere que cada uno de nosotros sea exitoso. Todo lo que tenemos que hacer es descubrir la ley que rige ese éxito y luego ir hacia adelante a partir de ahí. Y me gustaría señalar una gran verdad: que la experiencia más excitante es tener una alta calificación en esa empresa importante en la que Dios mismo pasa todo su tiempo, la salvación de la humanidad.

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La puerta estrecha

Ensign, julio, 1980

La puerta estrecha

por el élder Sterling Welling Sill

La mayor autoridad en el éxito que haya vivido en esta tierra es Jesús de Nazaret. Él era el Hijo de Dios y vino aquí en su capacidad oficial como el Salvador del mundo y el Redentor de los hombres. Él es el profesor más grande del mundo y la mayor autoridad en la religión.

Además de ser un gran moralista, también era un experto en eficiencia excepcional. Él dio expresión a una de nuestras leyes más importantes de éxito:

«Entrad  por   la   puerta estrecha,   porque   ancha   es   la   puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

«Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» (Mateo 7:13-14)

Todo el mundo quiere tener éxito y ser feliz, y sin embargo muchos caen. La razón principal del fracaso es la tendencia natural a querer un camino más amplio que cualquier verdadero éxito lo permita. El camino ancho que lleva a la destrucción mantiene su popularidad debido a que es más fácil de seguir. Hace menos exigencias a sus viajeros, y permite mucho más espacio para esquivar y darse la vuelta.

La mayoría de la gente quiere más libertad que el camino estrecho puede dar. Casi todo fracaso comienza con sólo la ampliación de la forma. Con demasiada frecuencia las personas ceden a su tendencia natural a explorar los caminos secundarios y recorrer los callejones sin salida. Debido a que el camino que conduce a la muerte es lo suficientemente amplio como para permitir muchas actividades prohibidas, muchos viajeros no llegan a sus destinos deseados. Nadie sale de la carretera del éxito en ángulo recto; en lugar de reconocer que están saliendo de los límites, tratan de mantener en buen estado con ellos y hace aparecer las cosas legales a los demás simplemente ampliando el camino.

Esta estrecha carretera coincide con el significado exacto que Jesús unió con el sentido espiritual, es importante alcanzar los objetivos con alto contenido en cualquier otra área de búsqueda, ya sea intelectual, social, físico o financiero. El camino al éxito y toda la felicidad son estrecho; nos hemos de guardar dentro de sus límites; y hay que asegurarse de que la propia carretera conduzca al destino correcto.

Cuando a Gladstone se le preguntó el secreto de su brillante carrera, él respondió con una sola palabra: «Concentración» La concentración se consigue limitando el alcance. Emerson dijo: «La prudencia en la vida es la concentración; el maligno es la disipación» (Los escritos completos de Ralph Waldo Emerson, Nueva York. Wm H. Wise & Co., 1929, p 542.). Jesús estaba limitando el alcance cuando nos advirtió de mantener nuestra miran puesta únicamente en la gloria de Dios (Doctrina y Convenios 4:5) Una sola visión también debe tener un enfoque estrecho. Jesús proclamó esta misma filosofía cuando dijo:

«Ninguno puede servir a dos señores» (Mateo 6:24)

Santiago señaló que «un hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos» (Santiago 1:8). También hay algunos individuos de ideas cuádruples, de mente triple y que no han sintonizado a cabo lo suficiente de sus distracciones. El secreto del éxito es la de limitar el alcance, reducir la visión, y concentrar el esfuerzo con un enfoque más fino en un solo objetivo.

Decisión es otro ingrediente muy importante del éxito. Definitivamente tenemos que fijar nuestras mentes en puntos específicos. La celebración de un enfoque estrecho de nuestra atención, debemos conducir con plena potencia a la mitad del camino estrecho y angosto. Sólo cuando llegamos a ser específicos y exactos podemos eliminar los elementos disuasorios del éxito y de la confusión, conflictos, caprichos, conjeturas, especulaciones, y racionalizaciones.

El éxito exige que renunciemos a nuestra vaguedad y generalidad mediante el establecimiento de límites mentales y morales más allá de lo que nunca vamos a ir. El éxito exige restringir nuestros meandros y todas las cosas discordantes. La canción dice «No me cerques» No sólo debemos tener una cerca, sino que debe ser muy fuerte.

Aquellas personas que están tratando de reducir su peso han descubierto que este éxito también requiere una disciplina del estrecho y angosto camino. Cuando el propio camino en la dieta se hace lo suficientemente amplio como para incluir tres porciones de pastel, la causa se pone en peligro. Si la obesidad se va a controlar, ciertos  alimentos deben colocarse fuera de los límites. Las limitaciones deben ser colocadas en la ingesta, y controlar más firmemente el apetito. Cuanto mayor es la reducción de peso deseado, cuanto más estrecho es el camino a seguir.

En la Palabra de Sabiduría el Señor es tan estrecha la anchura de la carretera que conduce a la buena salud que, entre otras cosas, puso el alcohol, la nicotina y la cafeína fuera de los límites. Ninguno de los varios millones de alcohólicos americanos o los otros millones de víctimas del cáncer de pulmón nunca se dirigieron deliberadamente por los lugares terribles a los que por fin llegaron. Cometieron errores simplemente haciendo el camino ancho suficiente para algunas indulgencias adicionales en las cosas equivocadas.

Nos gusta pensar que somos de mente abierta, pero a veces nuestro pensamiento se vuelve tan amplio que muchos elementos indeseables entrar en ella. A veces estamos tan ansiosos de ser «tolerante» que terminamos cediendo demasiado territorio. Practicamos una coexistencia pacífica con demasiados males. Como individuos estamos dando demasiado terreno en lo moral y otros principios cristianos ideales.

Hace muchos años, por ejemplo, cuando la violación a ley de prohibición se hizo demasiado grande, los Estados Unidos simplemente ampliaron el camino al hacer legal el licor. A medida que las personas se han vuelto más inmoral, se han apaciguado sus mentes con las doctrinas de la «nueva moral.» Por sus muchos compromisos con el mal, por lo que algunos han ampliado su camino que ahora van por los caminos que no quieren ir. Con demasiada tolerancia para el mal, están perdiendo sus convicciones y respeto de sí mismo.

Podemos ampliar fácilmente el camino a dicha anchura que nada está excluido. Podemos llegar nosotros mismos a una situación en la que todo vale, oleadas de crímenes, disturbios raciales y adicción a las  drogas  ahora  parece que  algunos no estar  muy  lejos de la raya. Hemos desarrollado una gran tolerancia para el ateísmo, el pecado, y demasiados intereses al lado de la carretera que son antagónicos a nuestra salvación eterna.

A pesar del hecho de que Jesús nos pidió rehuir del camino ancho que lleva a la muerte, el tráfico sobre el mismo continúa teniendo cada vez más y más gente. Algunos de nuestra amplitud de criterio han sido comparados con un río de polvo, que es muy amplio y muy poco profundo. Nunca tenemos mucha energía de un río que tiene una milla de ancho y una pulgada de profundidad; más bien, es el torrente estrecho que desgarra la ladera de la montaña.

¿No es interesante cómo son estrechas las leyes de la naturaleza? El agua a nivel del mar hierve a 212 grados Fahrenheit, no a 210. Se congela a 32 grados por encima de cero, no a 34. El agua que contiene sal el 20 por ciento no se congele hasta que la temperatura se reduce a 30 grados bajo cero. No entiendo cómo el agua sabe cuándo es el momento de congelarse, pero nunca se equivoca. Nunca se olvida, y nunca se ve influenciada por la opinión de nadie. Al igual que todas las demás leyes naturales, las leyes eternas del universo son estrechas. Ellas nunca se derogan. El veredicto ha sido dictado incluso antes de que  se  cometa  el acto. Los abogados más inteligentes, los testigos más simpáticos, o los jueces más poderosos no pueden cambiar el veredicto en lo más mínimo. La sentencia no se ablanda debido a la incompetencia mental o física, y no hay tiempo libre por buen comportamiento.

Cada año nuestro planeta hace una órbita de 595 millones de millas alrededor del sol. Siempre viaja a una velocidad de 66.600 millas por hora, y se completa su recorrido en exactamente 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9 segundos y 54/100. El momento de la conclusión del viaje es de 595 millones de millas se puede predecir con más exactitud que su viaje desde la sala de estar en el comedor.

La electricidad también está en el lado estrecho de la mira. Una brújula siempre apunta al norte magnético, nunca hacia el este, el oeste o el sur. La matemática es estrecha. Dos más dos son siempre cuatro nunca más de tres y siete octavas partes. Si alguna vez has tenido un viaje en avión a través de una violenta tormenta que requería de un aterrizaje por instrumentos, recordará la forma en que oró para que el piloto sea de mente estrecha que nunca llegaría un poco más allá de la viga. Un destello de amplitud mental de un piloto meandro podría provocar su muerte súbita.

Piense también, en lo angosto que es el camino de la lealtad. Nos une a devociones definitivas. Harry Emerson Fosdick ha escrito de forma convincente sobre el camino estrecho en un ensayo titulado «Sobre coger el autobús incorrecto.» Él dijo: «El hombre que jura lealtad a una causa tiene limitaciones más fuertes que un esclavo.» (En el momento de ajustarla a Live-con Sermones sobre post-Guerra cristianismo, Nueva York: Harper and Brothers, 1946, p 139).

El éxito y la felicidad en el matrimonio siempre van por un camino estrecho y largo. Cuando dos personas, por su propia elección, se dan el uno al otro y para nadie más, ya no pueden ser irresponsable para pasear por donde quiera que pasa el lujo que puede atraerlos. El matrimonio  no  es  una  calle  amplia,  con  doble moral; tampoco lo es el patriotismo. El infiel, los desleales, y los rebeldes están viajando por el camino ancho.

Con frecuencia tenemos en nuestras mentes grandes objetivos y altos ideales en el momento en que llegan a nuestras manos para cosas prohibidas. Nuestras mentes pueden estar en el camino estrecho que conduce a la vida eterna, mientras que nuestros pies nos están llevando por ese camino ancho que lleva a  la destrucción. Hay que tener los pies así como nuestra mente en esa estrecha carretera que conduce a nuestro objetivo planificado.

A pesar de la razón y actitudes científicas de nuestro tiempo, consciente o inconscientemente algunos todavía creen en una «mágica» y poco realista religión, y filosofía que, independientemente de cuál sea el camino que tome, de alguna manera saldrá todo bien al final. Los que creen en esta filosofía no sólo han fracasado, sino que son tontos, así también, nada que viaje por un camino equivocado puede llegar a un destino correcto.

La ley base del universo es que la ley fundamental, inalterable e irrevocable de la cosecha que dice:

“. . . Todo lo que el hombre siembre, eso también segará.» (Gálatas 6:7)

Todos vamos a ser juzgados por nuestras obras. A medida que el Jesús resucitado estaba a punto de dejar esta tierra y ascender desde el Monte de los Olivos a su padre, les dijo a sus discípulos:

«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

«El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea, será condenado» (Marcos 16:15-16)

Para algunos, esto puede sonar como una manera muy estrecha, pero es la ley y no debemos olvidarlo; tampoco hay que contar demasiado en la posibilidad de que Dios cambió de opinión.

Y así llegamos de nuevo a la declaración del Maestro, diciendo: «Entrad   por   la   puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

«Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» (Mateo 7:13-14)

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La poesía en nuestra vida

Ensign, mayo, 1978. Conference Report, abril, 1978

La poesía en nuestra vida

por el élder Sterling Welling Sill

Hace un tiempo, leí un interesante libro escrito por un siquiatra neoyorquino, e intitulado, El poder curativo de la poesía, en el cual el mencionado siquiatra explica cómo durante cuarenta años, se había valido de la aplicación práctica de grandes ideas para curar a sus pacientes que sufrían de males emocionales y problemas siquiátricas; estas ideas no pertenecían todas al género poético, pues también recurría a las de las Escrituras y la buena literatura, así como a las que inspiran los himnos religiosos.

Creo que el poder curativo que aplicaba dicho siquiatra, podría relacionarse con la práctica de algunos médicos de no recetar a sus pacientes remedios de farmacia, sino una visita a la librería, práctica que han adoptado al descubrir que existe mayor poder curativo en los libros que en los específicos. De allí que la madre sane las magulladuras de sus hijos con besos y caricias.

Al meditar en las diferentes maneras de sanar los males, traté de entender lo que pensó Cristo cuando dijo: «Médico, cúrate a ti mismo» (Lucas 4:23). Y -creo que nos señaló un buen método para curarnos cuando  dio instrucciones  a Emma  Smith de  hacer  una selección de himnos inspirados, cuyos mensajes se anidaran en nuestra mente y corazón.

Hace poco fui a una biblioteca en busca del librito que aquí tengo, el cual es una compilación de los noventa himnos que seleccionó Emma Smith para la Iglesia. Y considerando que todos tenemos diferentes necesidades así como diferentes intereses, me parece que cada uno de nosotros debería hacer su propia selección de himnos y proceder a aprenderlos de memoria tomando la determinación de atesorarlos, de modo que pudiéramos obtener el máximo tanto de su poder curativo, como de progreso y salvación.

William James, el destacado psicólogo norteamericano, hizo la siguiente pregunta: «¿Os gustaría crear vuestra propia mente?» Y usualmente, eso es lo que sucede. El profesor James dijo que la mente humana se compone de aquello con que se alimenta, y que la mente, como la mano del tintorero, se tiñe del color de lo que sostiene. Si tomo en la mano una esponja con tinta azul, mi mano absorbe el color azul; y si retengo en la mente y el corazón pensamientos de fe y entusiasmo, toda mi personalidad lo reflejará.

Si pensamos negativamente nuestra mente será negativa; si albergamos pensamientos pervertidos, desarrollaremos mentes pervertidas. Por otra parte, si anidamos pensamientos celestiales, que son la clase de pensamientos que Dios tiene en su mente, desarrollaremos mentes celestiales y cumpliremos lo que bien dijo un poeta:

La mente es para mí un reino En donde encuentro tales gozos Que superan toda alegría Que el mundo pueda brindar.

Cuando asistimos a los funerales de personas queridas, aumentamos nuestra propia santidad escuchando la música inspiradora y las santas oraciones que allí se pronuncian, consolando a los deudos, y avivando así en nosotros mismos los más bellos pensamientos. Hace poco, en mi despacho, unos padres desconsolados me contaron que habían perdido a su hijita de tres años de edad, la que inexplicablemente murió ante sus propios ojos; naturalmente, los padres, transidos de dolor, sentían la necesidad de desahogarse hablando con alguien. Todos sabemos que podemos servir de bálsamo a quienes expresan sus pesares, si escuchamos con amor. Así fue que me encontré relatándoles mis tristes recuerdos de cuando yo era un jovenzuelo y permanecía velando junto al lecho de mí querida hermanita de tan sólo siete años de edad, que moría de difteria.

La madre de la otra niñita que he mencionado, pensaba que no había cosa más terrible que su hermosa hijita hubiera muerto en los albores de la vida. Y yo puedo comprender ese dolor.

Al cabo de un rato, le dije: «Hermana, si usted quisiera, yo podría referirle algo que refleja lo que tal vez sea un dolor mayor que la congoja que usted experimenta ahora». Y ella me contestó: «Hermano, si sabe usted de algo peor que esto, me gustaría escucharlo».

Procedí entonces a recitarle el poema de James Whitcomb Riley, titulado Desolacibn. En él no se destaca el desconsuelo de la madre cuyo hijo había muerto, sino la profunda congoja de su interlocutora, la que nunca había tenido hijos, y dice lastimeramente a su desolada amiga:

Déjame llorar contigo, Déjame, te ruego,
A mí, a quien la muerte No ha quitado hijo,
Porque nunca lo he tenido; Déjame llorar contigo
Por el pequeño de cuyo amor Yo nada sé.
¡Ah! los bracitos que Con divina ternura
Te rodeaban el cuello…
Y las manitas aquellas que besabas…
Todo eso yo… nunca conocí.
¿No ves, acaso, Mi razón para llorar por ti?
Con gusto haría lo que posible fuera
Para darte consuelo y mitigar tu pena.
Mas, ¡ay! cuánto mayor
El dolor que mi alma anida,
Que ni siquiera llorar puedo
Por el hijo al que nunca he dado vida.
(Poetical works…, N. Y. Grosset Dunlap, 1937. Pág. 444.)

Me siento agradecido al poeta por esos pensamientos suyos, pues él me ha servido de inspiración para compilar mi propio libro de pensamientos curativos que ayuden al acongojado.

Tenemos, además, la poesía que infunde valor. Durante muchos años, el señor Rice, famoso comentarista deportivo, viajó extensamente asistiendo a las grandes competiciones de este género, con el fin de identificar las características que hacen a los campeones. Y así, compuso unos setecientos versos sobre las cualidades que impulsan a la gente a superarse, uno de los cuales se titula El valor para triunfar y dice así:

Quisiera pensar que puedo mirar
A la muerte sin temor, y decir:
Todo lo que me queda
Es el último aliento; ¡quítamelo!
Conviérteme en polvo,
O en sueños, o llévame lejos…
Donde el alma vaga
Y el polvo de las estrellas fluye
En la noche interminable.
Pero luego agrega:
Sin embargo, prefiero pensar
Que puedo mirara la vida, y decirle:
Dame lo que sea, lucha,
Obstáculos, azules o nublados cielos;
Porque con todas mis fuerzas
Enfrentaré hasta la última embestida,
Y ni la fría mano de acero del destino
Me podrá vencer.

Se ha dicho que los poetas siguen a los profetas en poder para elevar el espíritu humano. Por mi parte, nunca he sabido que a Eliza Snow la hayan sostenido como profetisa, y sin embargo, ella escribió el himno Oh, mi Padre. A veces nos limitamos sólo a leer la letra de los himnos de la Iglesia, en vez de aprenderlos de memoria, de atesorarlos, y de repasarlos constantemente… una y otra vez.

Pensemos en lo que sucedería en el mundo si cada persona hiciera su propia selección de los noventa poemas sobre la fe, que le emocionaran más vivamente. No creo que en esta ocasión os gustara escucharme entonar en un solo «Oh, mi Padre», pero confío en que no os disguste si recito sus poderosas palabras de fe y adoración.

La hermana Snow escribió:

Oh mi Padre, tú que moras, En el celestial hogar, ¿Cuándo volveré a verte, Y tu santa faz mirar? ¿Tu morada antes era De mi alma el hogar? ¿En mi juventud primera, Fue tu lado mi altar? Pues, por tu gloriosa mira, Mi hiciste renacer, Olvidando los recuerdos De mi vida anterior.

Pero, algo a menudo, Dijo: «Tú, errante vas», Y sentí que peregrino Soy, de donde tú estás. Antes te llamaba Padre, Sin saber por qué lo fue, Mas la luz del evangelio Aclaróme el porqué ¿Hay en cielos padres solos? Niega la razón así. La verdad eterna muestra Madre hay también allí. Cuando yo me desvanezca, Cuando salga del mortal Padre, madre, ¿puedo veros En la corte celestial? Sí, después que ya acabe Cuanto haya que hacer Dadme vuestra santa venia Con vosotros a morar. (Himnos de Sión No. 208.)

Sería difícil encontrar muchos pasajes, aun entre las palabras de los profetas, que tenían más poder curativo que este himno.

Pensad en lo que sucedería en nuestra vida si cada uno de nosotros aprendiera de memoria un buen número de poemas de amor. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos tiene una sección de Poemas de fe y libertad.

El Señor dijo:

«Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre sus cabezas.» (Doctrina y Convenios 25:12.)

Yo tengo otras oraciones que me gusta repetir mentalmente al dirigirme al trabajo por las mañanas. He aquí una de ellas:

Oh Dios, te doy gracias
Por este mundo tuyo
Y su belleza, que al espíritu aviva.
Por el sol radiante y el aire y la luz.
Oh, Dios, te doy gracias por la vida.
Esta vida a ti yo la consagro,
Y cada aurora, Cuando veo el alba romper,
Plena de gozo por el nuevo día, 
De gratitud siento mi alma estremecer.
Un nuevo día que la ocasión me brinda
De plasmar en silencio una obra de amor,
Que crezca y Con el paso del tiempo rinda
La sagrada labor que glorifica a Dios.
(Autor desconocido)

Veo que los poetas han exaltado, además, otras cosas buenas; tenemos por ejemplo, las odas al trabajo honrado, al entusiasmo y al progreso.

Alguien ha dicho:

Tarde o temprano, la muerte llega a todo ser viviente de esta tierra; Y cada uno su vida dar quisiera Por causa que sea digna y valedera.
¿Podría el hombre dar su vida mejor, Que luego de enfrentar peligro y dolor Por honrar el nombre que de otro heredo Y sacrificarlo todo por su Dios?
(Adaptado de Lays of Ancient Rome, por Thomas B. Macaulay, Charles Schribner’s Sons, 1912.)

A medida que pasa el tiempo, quizás tengamos que enfrentar nuevas dificultades. A mí me gusta darme ánimo parafraseando un poema titulado «¡Sigue adelante!».

La cosa tal vez parezca mal, Mas, ¿quién el fin sabrá? Adelante, pues, y aún en tu vejez, De tu misión orgullo ten, Saluda a la vida con alegre faz,

Y dale toda tu fortaleza Pues para eso aquí estás. Pelea la buena batalla, perseverando hasta el fin,

Y si la muerte te avasalla Sea éste tu grito de guerra: ¡Adelante, mi alma, no cedas!

En esta ocasión quisiera dejar con cada uno de vosotros mi bendición y la expresión de mi afecto, valiéndome de las palabras de un antiguo poema irlandés que se usaba para sanar el alma y elevar la vida de los seres queridos:

Que el camino se despeje delante de ti, Y el viento sople sólo a tu espalda. Que el radiante sol ilumine tu rostro Y riegue la lluvia tus prados.

Que Dios te guarde ahora y siempre, Amparándote en el hueco de Su mano.

Que así sea siempre, lo ruego sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Botellas y libros

Devotional Speeches of the Year, Provo, UT: BYU Press, May 1, 1977

Botellas y libros

por el élder Sterling Welling Sill

Mis hermanos y hermanas, aprecio mucho esta oportunidad de estar con ustedes en esta maravillosa Universidad. Alguien ha dicho que una cosa no es sólo importante por sí mismo, sino que es aún mucho más importante por lo que representa; y el hecho de que ustedes este aquí en esta Universidad es un signo de que algo muy importante que va a suceder en su vida y en el mundo. Esta noche me gustaría decir algo que pudiera ser de algún beneficio y estímulo para ustedes. No sé si puedo hacer eso, pero les prometo que me gustaría.

Voy a tomar prestado un texto del profeta Amos, mientras hablaba de dos tipos particulares de hambre: uno era el hambre de pan y sed de agua, y el otro era un hambre de oír la palabra del Señor (Amós 8:11). Nuestra tierra con frecuencia ha sido devastada por esta hambre de pan, pero el hambre de oír la palabra del Señor puede ser aún peor y puede tener lugar en el medio de la mayor abundancia material.

La gente de nuestro mundo ha sufrido una gran cantidad de cada una de estos dos tipos de hambre. Recordemos que en los días de Elías, el Señor cerró los cielos para que no lloviera durante tres años y medio, y en nuestros días comenzamos a preocuparnos cuando las precipitaciones comienzan a caer debajo de lo normal. Por lo general, no estamos tan preocupados cuando nuestra apostasía de Dios o nuestra falta de estudio traen sobre nosotros hambre de oír la palabra del Señor. Y como base para mis observaciones, me gustaría decirle algo sobre dos de los grandes inventos del mundo destinados a ayudar a compensar estas dos plagas graves, cada una de las cuales ha causado tantos problemas en nuestra sociedad humana.

Si usted hubiera vivido en el año 1800 y hubiese sido dueño de un magnífico huerto de duraznos, melocotones ellos serían valiosos para su uso sólo durante la temporada de cosecha, ya que pronto se echarían a perder después de que tiempo de cosecha hubiese pasado. Sin embargo, en esa época el gobierno francés encargó a uno de sus más grandes científicos, un hombre con el nombre de Nicolás Appert, que inventara un proceso por el cual esta fruta pudiera ser preservada y usada en una fecha posterior. En el año 1809, el año en que Abraham Lincoln nació, Appert anunció al mundo su nuevo proceso de poner los alimentos en botellas y latas y calentándolo y sellarlo de modo que pudiera ser preservada y llevada más allá de la estación de crecimiento. La prensa anunció que Appert había logrado que las estaciones se detuvieran, que ahora se podría tener melocotones no sólo en septiembre, sino también en Navidad, o incluso diez años más tarde. Nuestra capacidad para conservar los alimentos perecederos ha hecho un gran esfuerzo para evitar esta hambre de pan, y esta sed de agua.

El otro invento que se llevó a cabo fue el desarrollo de la capacidad de poner las ideas en un papel para que pudieran ser transferidas de un siglo a otro y de un continente a otro. Sólo entonces la gente pudo utilizar las grandes ideas más allá del momento de su desarrollo. Esto también significo que, en la noche más oscura de la apostasía, hombres y mujeres podían leer los discursos de los profetas de nuestros primeros días y aliviar sus necesidades más urgentes de escuchar la palabra del Señor.

Una historia que ilustra la magia de la escritura se cuenta en relación con dos exploradores que estaban trabajando a varios cientos de millas de distancia en el continente de África. Uno de los exploradores quería enviar un mensaje al otro; y un nativo que conocía el camino y que accedió a llevar lo que quería enviar, el explorador hizo algunas marcas en un pedazo de papel con su pluma, dobló el papel hacia arriba, lo puso en un sobre y se lo dio al nativo. Después de algunas semanas en la selva el nativo llegó al campo del otro explorador y entregó el sobre. El explorador vio el mensaje y miraba las marcas en el papel; y sin haber hablado una palabra, el hombre a quien el mensaje fue entregado sabía dónde estaba su amigo explorador y cuáles eran sus problemas y necesidades. Él sabía sobre su estado de salud y varias otras cosas personales con sólo mirar las misteriosas marcas en el papel, lo que no significaba nada en absoluto para el nativo. Este milagro asombró al nativo que cayó sobre su rostro y adoró la escritura.

Y, junto con obedecer a Dios, aquellos de nosotros que estamos inclinados a adorar probablemente haríamos bien en aprender a obedecer las grandes ideas escritas por los hombres sabios para nuestro beneficio. Cada uno de nosotros debe tener en su poder una gran colección de estos documentos milagrosos. Podemos tener nuestros documentos religiosos, y los papeles que contienen nuestro trabajo; podemos tener algunos papeles de auto mejora, algunos papeles de patriotismo, papeles de lealtad, de inspiración, y algunos papeles de entretenimiento. Para nuestra conveniencia, estos papeles están en los libros. Así, podemos poner a disposición de nosotros mismos todos los mensajes que han sido pensados por las mentes más grandes en los siglos pasados, de todos los continentes, en cada tema concebible y tener un beneficio para nosotros. Luego, en caso de cualquier hambre mental, espiritual o emocional, podemos buscar los papeles apropiados en su lugar en la estantería y alimentarnos con el mensaje y su contenido para nuestro corazón.

Mi esposa ha hecho una amplia preparación contra el hambre de pan utilizando invención del señor Appert. En las temporadas de abundancia, ella ha guardado en los estantes botellas que contienen duraznos en conserva, cerezas, manzanas, peras, albaricoques, y todos los otros tipos necesarios de frutas y verduras suficientes para durar muchos meses.

Pero me da una emoción aún mayor cuando voy a la biblioteca y veo mis estantes cargados con papeles mágicos que contienen las mejores ideas y motivaciones para mantener mi salud mental, espiritual, social y emocional. Tengo los documentos escritos por el dedo de Dios cuando descendió sobre el Monte Sinaí en una nube de fuego, acompañado de los truenos y relámpagos de la montaña sagrada. Tengo los papeles de Jesús que dan cuenta de su ministerio de tres años entre los hijos de esta tierra, incluyendo el más grande de todos los discursos, el Sermón del Monte. Tengo muchos trabajos maravillosos de los profetas, poetas, dramaturgos, historiadores y capitanes de la industria, todos bien atados en los libros para ministrar eficazmente a todas mis necesidades culturales. Incluso tengo algunos de los papeles de los grandes músicos que contienen su música más inspiradora, lo que les llevó toda una vida para desarrollarse. Me da una gran carga de entusiasmo saber que en nuestra biblioteca familiar no sólo tenemos el suministro de grandes ideas de un año, sino que también estamos seguro para toda la vida contra cualquier intruso en nuestro éxito contra el hambre, hambre espiritual, el aburrimiento mental, o cualquier falta de cultura o la fe o el carácter que nos pueda acosar. Y aunque me gustaría que todos ustedes tuvieran suministro de alimentos para poner en botellas y protegerse contra el hambre de pan y la sed de agua, también me gustaría que tuvieran suministros contra la necesidad mental, la pobreza emocional, y los tiempos difíciles con esa vida de suministro mental y cultural que ha sido puesto en los libros para protegernos contra el hambre más grave que es la de escuchar la palabra del Señor.

Para ayudarles a motivarse en este sentido, me gustaría darle un poco de una charla de ventas para la preservación y el uso de grandes ideas y los grandes pensamientos de grandes hombres y mujeres, ya que se han puesto a nuestra disposición en sus papeles, donde pueden ser continuamente devorados por nosotros y al mismo  tiempo  permanecer  sin   menoscabo   de   nuestra biblioteca. Alguien ha dicho que «los libros están entre los bienes más preciosos de la vida. Son la más notables creación del hombre. Los monumentos caen, las civilizaciones perecen, pero los libros siguen. La lectura de un buen libro es, por así decirlo, una entrevista con los hombres más nobles de los siglos pasados que han escrito.»

Charles Kingsley dijo:

¡Excepto un hombre vivo no hay nada más maravilloso que un libro! un mensaje para nosotros de entre los muertos, de las almas humanas que nunca vimos, que vivían, tal vez, a miles de millas de distancia. Y, sin embargo éstos, en esas pequeñas hojas de papel, nos habla, nos despiertan, nos enseñan, consolarnos, abrir sus corazones a nosotros como hermanos.

Sin libros, Dios guarda silencio, la justicia está en estado latente, y la filosofía cojea.

John Milton dijo:

Los libros no son. . . cosas muertas, antes contienen una potencia de vida que los hace tan activos como el alma a cuya progenie pertenecen; o mejor dicho ellos preservan como en redoma la más pura extracción y eficacia de la inteligencia viviente que los engendra [Areopagitica]

En muchas ocasiones he escuchado al presidente David O. McKay referirse a Ralph Waldo Emerson como el pensador más grande que América ha producido nunca. Y lo que es una posibilidad emocionante es que se puede ejecutar a través de mi pequeño cerebro débil cada idea, la medida en que ha sido registrado, que se ha ejecutado alguna vez a través del cerebro del pensador más grande que América ha producido nunca. También pueden correr por mi mente los mayores estimulantes morales y culturales de los profetas, los hombres de Estado, los poetas, los dramaturgos y los filósofos.

Podemos vivir con Abraham; o podemos ir al monte de la transfiguración con Jesús y ver como se transfiguró y apareció en sus vestiduras resplandecientes hablando con Moisés y Elías delante de Pedro, Santiago y Juan. Podemos tener todas estas grandes experiencias del pasado.

William James, el gran psicólogo de Harvard, una vez hizo esta pregunta: «¿Cómo le gustaría crear su propia mente?» ¿Y no es eso exactamente lo que cada uno de nosotros hace? El profesor James dijo que la decisión está tomada de lo que se alimenta. Dijo que la mente, como la mano del tintorero, se colorea por lo que posee. Si tengo en mi mano un una esponja de tinte púrpura, mi mano se vuelve púrpura. Pero si tengo en mi mente grandes ideas de la justicia y la fe y la devoción a Dios, toda mi personalidad es en consecuencia de ese color.

La posesión más grande que tengo en el mundo se compone de veinticinco cuadernos ideales. Ellos son de ocho y medio por once pulgadas, son carpetas de hojas sueltas de tres anillos con cerca de trescientas páginas cada uno. Eso sería setenta y cinco por cientos de páginas de las ideas más valiosas que existen en el mundo, por lo que yo sé. Victor Hugo dijo una vez que la cosa más poderosa en el mundo es una idea cuyo momento ha llegado, y la hora de una idea viene cuando somos capaces de conseguir un arnés en él para que podamos conseguir que funcione para nosotros, haciendo las cosas que la mayoría de nosotros queremos que haga.

Sin embargo, no son del mismo interés todas las ideas. Algunas ideas son mejores que las demás, e incluso en la propia Biblia hay algunas ideas que no tienen un gran valor para mí. Por ejemplo, la otra noche volví a leer la instrucción de Moisés a los israelitas sobre cómo curar la lepra. Bueno, da la casualidad de que en este momento no estoy interesado en la lepra.

Leí otra idea acerca de Sedequías, que salió y mató a sesenta personas, y traté de averiguar todas las formas posibles en que podría utilizar esa habilidad para promover mi propio programa personal, pero no ha venido a mí ninguna respuesta. Así que no voy a pasar más tiempo con esa parte del éxito de Sedequías. Pero cuando en mi lectura llego a alguna pequeña pepita de una idea que da escalofríos arriba y abajo de mi espina dorsal y me da la ambición de hacer algo importante, yo tomo eso y lo pongo en mi banco de ideas.

Me gustaría informarle sobre una de las experiencias más rentables que he tenido en mi vida. En 1943, oí a Adam S. Bennion dar una charla sobre el valor de la gran literatura. Él intentó hacernos formar el hábito de evaluar y hacer algo acerca de familiarizarse con el gran pensamiento humano. Usted no puede vender la idea del valor de estar familiarizado con las grandes ideas a nadie, pero la mayoría de la gente pierde su parte del beneficio al decir: «No tengo tiempo para leer.» Tenemos tiempo para todo lo demás, pero no tenemos tiempo para leer; y, como consecuencia, estamos bastante olvidados cómo es leer con eficacia.

Pero el Dr. Bennion trató de darnos una ilustración alrededor de esta idea diciendo: «Supongamos que usted no tuviera nada más que hacer que leer» y para cuando estábamos llegando al final de la Segunda Guerra Mundial, dijo, «Supongamos que se haya prisionero en un campo de concentración japonés durante los próximos cuatro años, y supongamos que se le permitiera tener en el campo de concentración las obras completas de diez autores. ¿Qué habría que tomar, y qué habría que dejar? «Es un hecho bien conocido que las personas se ponen muy hambriento de las grandes ideas cuando se encuentran en un campo de concentración donde son deliberadamente privados de un buen material de lectura. A continuación, el Dr. Bennion nos dijo que autores hubiera escogido él y por qué.

En ese momento yo estaba dando una clase en el arte de vender, y bajo su estimulación decidí que me gustaría volver a leer la Biblia con la idea de aprender de ella el arte de vender. La Biblia es el primer libro del mundo de la religión, el primer libro del mundo del conocimiento, el primer libro del mundo de la poesía, el primer libro del mundo de la historia, y el primer libro del mundo del éxito de los negocios y el más fino manual de ventas del mundo.

La mejor manera que jamás se haya descubierto para ser un buen vendedor es ser un buen hombre. La mejor manera que jamás se haya descubierto para ser un buen abogado, o un buen marido, es sólo ser un gran ser humano. Sólo para tener estas grandes cualidades de carácter y personalidad que se habla en las escrituras sagradas y que el Señor siempre ha intentado que sus hijos desarrollen en sí mismos tiende a hacernos sano, rico y sabio. Por lo tanto, he decidido volver a leer la Biblia con la idea de aprender de ella su arte de vender.

Cuando se lee la Biblia para obtener su teología, es un libro bastante diferente que cuando lo lee para obtener su arte de vender. Cada vez que se lee la Biblia con un nuevo propósito, se convierte en un nuevo libro. Tuve una experiencia emocionante de lectura al leer la Biblia por su arte de vender, y traté de dominar los principios fundamentales de éxito dadas en la Biblia sobre la que se basa todo el éxito. Pero también hay algunas ventas con éxito de los métodos dados en la Biblia. Y me gustaría informarle sobre uno de ellos.

Cuando Moisés estaba a punto de comenzar la travesía a través del desierto con este gran grupo de esclavos egipcios, necesitaba a alguien que conociera el desierto para ir con  ellos  y  ser  su guía. Había un hombre con el nombre de Hobab que vivía en el borde del desierto. Moisés quería que fuera con ellos, pero Hobab no quería ir. Pero era el trabajo de Moisés tratar de persuadirlo para que fuera su guía en el desierto. Él se acercó a él y le dijo: «Ven con nosotros, y te haremos bien» Y Hobab dijo, «No iré».

Pero Moisés necesitaba a Hobab, y así lo intentó de nuevo. Y esta vez lo hizo mucho mejor. Él dijo, » Te ruego que no nos dejes, porque tú sabes dónde debemos acampar en el desierto y serás como ojos para nosotros». Y eso es una idea totalmente diferente. La primera vez Moisés dijo: «Ven con nosotros y te haremos bien». Es decir, dijo, «Ven con nosotros será bueno para ti asociarte con gente como nosotros.» A veces puede haber una buena idea, pero que no funciona muy bien. A veces tenemos ese tipo de enfoque en la Iglesia. Decimos: «Al llegar a la iglesia le irá bien». Es decir, «Será bueno para él asociarse con gente como nosotros.»

Entonces Moisés dijo a Hobab, «Mira Hobab, si tu nos dejas salir al desierto solo, es probable que nos perdamos y todos nosotros vamos a morir de hambre. Se tú, nuestros ojos en el desierto. Ven y muéstranos el camino. «A veces también hacemos ese tipo de enfoque en la Iglesia. Decimos «Ven y enseña esta clase; no tenemos a nadie que pueda hacerlo tan bien como sea posible.

«Este es el enfoque del servicio, y tiene un atractivo mucho más fuerte. Y antes de que Moisés hubiera terminado, Hobab tenía el sombrero puesto y estaba listo para ir (Números 10:29-33).

Tuve una experiencia emocionante al aprender el arte de vender de la Biblia, y he escrito bastante sobre este tema. Entonces decidí que me gustaría tomar a Shakespeare. Shakespeare está bastante cerca de la parte superior de la lista de la mayoría de los pueblos de los grandes autores, por lo que decidí leer cada palabra que escribió Shakespeare. Es decir, he decidido volver a pensar cada idea que Shakespeare pensó, y funcionar a través de mi cerebro con cada idea que pasó por su cerebro. Al comenzar, había muchas cosa que él escribió que no entendía y tuve que leer algunas cosas muchas veces. Decidí varias veces desistir de la idea, pero me había hecho una promesa y no me gusta decepcionarme a mí mismo. Así que me decidí volver y trabajar en ello un poco más; y, finalmente, las nubes comenzaron a desprenderse y un poco de la luz del sol comenzó a venir, y tuve una gran experiencia con Shakespeare al leer sus grandes discursos, sentí la fuerza de su motivación. Les voy a dar sólo una idea de Shakespeare.

Cuando Enrique V fue el rey de Inglaterra, Francia fue una de sus naciones sometidas, y Henry tuvo un pequeño problema con algunos de estos franceses. Por lo tanto, se llevó un ejército y navegó a través del Canal para poner a estos franceses en su lugar. Pero el trabajo era un poco más grande de lo que se esperaba. El principio del invierno cortó su retirada y se vieron obligados a pasar el invierno cerca de la pequeña localidad francesa de Agincourt. Fue un invierno pesado; Muchos de ellos murieron, y que no tenían suministros, y estaban en un territorio hostil. La próxima primavera, cuando podrían haber esperado avanzar en su camino, se encontraron rodeados por un gran ejército de 60.000 hombres bien entrenados, franceses bien alimentados, bien blindados, tenían la intención de aniquilar a los británicos y conseguir su libertad.

Ahora, ¿qué haría usted si se encontrara en una circunstancia como esa? ¿Qué se hace cuando las cosas se ponen un poco difícil, las clases se hacen más difíciles, las finanzas van a la baja? ¿Qué haces? Una cosa que puede hacer es dejar de fumar. Usted sólo puede renunciar a todo. Pero eso no es lo que hizo Henry. Él no era ese tipo de persona. Se dispuso a hablar con su pueblo, y podríamos decir que él les dio palabras de ánimo. Esto es lo que les dijo a sus soldados antes de la batalla de Agincourt. Esto es lo que dijo antes que la batalla estuviera punto de comenzar:

Una vez más en la brecha, queridos amigos, una vez más
. . . La explosión de la guerra sopla en nuestros oídos. . . [Acto 3, escena 1]
Los franceses son valientemente en su conjunto de la batalla,
y la voluntad con toda la carga de la conveniencia sobre nosotros
. . . . ‘Es una desventajas abrumadoras. . . Son cinco a uno; además, todos ellos están frescos. . .

Entonces él dijo:

¡Oh Dios de las  batallas! . . .  [Nunca  nos  encontremos  de nuevo] hasta que nos encontremos en el cielo. . .

Y luego dijo:

. . . Adelante,  adelante noble Inglés. . . Hay gargantas para ser cortadas  y  trabaja  por  hacer.  [Acto  3, escena1]

Ahora Henry no dijo: «Este va a ser un trabajo fácil.» Él dijo: «Probablemente ninguno de nosotros vivirá hasta el atardecer; nunca nos encontraremos de nuevo hasta que nos encontremos en el cielo Todas las cosas están listas si nuestras mentes lo están «Si nuestras mentes están listas, entonces no tenemos mucho más de que preocuparnos. A  veces no podemos hacer eso. He oído de un psiquiatra que le pidió a un paciente, «¿Alguna vez no ha tenido ningún problema al tomar una decisión?» Y el paciente dijo: «Bueno, sí y no.» No llegamos muy lejos con cualquier cosa cuando estamos entre un «sí y no». Ustedes, estudiantes, si quieren obtener buenas calificaciones, simplemente dispongan  su  mente  acerca  de ellos. Sólo hagan un programa y decidan que van a atenerse a él.

Después de su discurso, uno de los soldados backwardlooking de Henry se acercó a él y le dijo: «Tenemos más de un millón de ingleses a través del canal que duermen en la cama ahora mismo. ¿No sería maravilloso si los tuviéramos aquí para ayudarnos con estos sesenta mil franceses?»

Henry le dijo: «¡Eso sería diluir nuestro honor! ¡Si doce mil débiles, infantes enfermos pueden vencer a sesenta mil bien entrenados jinetes, bien blindados, que es el honor!» Indicó que si un millón de hombres debieran venir a través del canal para ayudarlos, él los enviaría de vuelta. Dio a sus soldados el espíritu de querer ganar la victoria con su propio poder.

Entonces dijo este soldado, «¡la voluntad de Dios! mi señor, solo tú y yo. Sin más ayuda, podríamos luchar esta batalla real: (acto 4, escena 3). Es decir, él dijo que los dos por sí solo podrían azotar a esos sesenta mil franceses. Puede que no sea un muy buen juicio, pero es valor, y eso es lo que la mayoría de nosotros necesitamos más que cualquier otra cosa.

Ocurrió que la batalla de Agincourt se libró el día de San Crispín. Crispín fue un mártir cristiano. Él era un zapatero que había dado su vida por la iglesia unos pocos cientos de años antes, y se celebra el día de San Crispín en su cumpleaños. Henry dijo a sus soldados:

Este día es la fiesta de Crispiniano: El que sobreviva a este día y vuelva sano a casa, se pondrá de puntillas cuando se nombre este día,  y  se  enorgullecerá  ante  el  nombre  de  Crispiniano.  El  que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada, agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta. Y dirá: ‘Mañana es San Crispiniano. [Acto 4, escena 3]

Me imagino que esos soldados británicos que combatieron en la batalla de Agincourt se sintieron muy agradecidos de que no se encontraban entre los desafortunados más pobres de Inglaterra que estaban dormidos en la cama y que fueron privados del privilegio de dar la vida por su país en esta famosa batalla. Cuando cualquier soldado o cualquier otra persona puedan aprender a pensar de esa manera, entonces no tendrá muchas dificultades para ganar la victoria.

Por cierto, los británicos ganaron la batalla de Agincourt. Es posible que hayan visto en las películas la forma en que clavaron estacas en el suelo para detener a los caballos, y luego los soldados de a pie detrás de sus arcos disparado flechas entre los franceses. Llegaron los franceses con armadura pesada, pero de todos modos, los ingleses ganaron la batalla de Agincourt.

Uno de mis  héroes  por muchos años fue el famoso escritor de deportes llamado Grantland Rice. Durante cincuenta años, Grantland Rice recorrió el país después de los grandes campeonatos de deporte para averiguar qué fue lo que hizo campeones a los hombres en el atletismo, y luego escribió setecientos poemas sobre ellos y como las virtudes de estos campeones podrían correr por el torrente sanguíneo de las personas al leer su columna. Una de estas explicaciones de la virtud que tituló «El valor»; en él, dijo:

Me gustaría pensar que puedo mirar a la muerte y sonreír y decir: Todo lo que me queda ahora es mi último aliento;. . . El alma que vaga en el que el polvo de estrellas fluye a través de la noche sin fin. Pero yo prefiero pensar que yo puedo mirar la vida con esto y decir:

Enviar lo que se quiera de la lucha o de la distensión, el cielo azul o gris, voy a estar en contra de la carga final de odio por el pico y el hoyo, y nada en el puño de acero revestido del destino me puede hacer dejar de fumar.

Es decir, que no estaba a punto  de  convertirse  en  una deserción. Grantland Rice no era un cobarde. Y puedo conseguir un arnés en su valor y hacer que haga el trabajo para mí.

Ernest Henley era un lisiado sin esperanza, cuando escribió «Invictus» y dijo:

Fuera de la noche que me cubre,
Negro como el hoyo de polo a polo,
Doy gracias a los dioses si existen
Por mi alma invicta.

En la garras de las circunstancias
No he llorado ni pestañado.
Bajo los golpes del destino
Mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
Yacen los horrores de la sombra,
Sin embargo, la amenaza de los años
Encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
Cuán cargada de castigos la sentencia,
Yo soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

Si alguno de ustedes está interesado en ir por encima de algunas muescas en la escala del éxito, obtener el espíritu de la siguiente idea en sus músculos y mantenerlo allí durante unas horas cada día. Alguien puso una habilidad en versos bajo el título de «El Champion» El dijo:

Las pruebas de velocidad promedio del corredor son hasta que el aliento en él se ha ido
Pero el campeón tiene la voluntad de hierro que le hace seguir adelante.
Para el corredor medio suplica cuando cojean sus músculos, pero el campeón con sus piernas de plomo; hace que su espíritu siga.
Complaciente es el hombre medio cuando ha hecho todo lo posible, pero el campeón hace lo mejor y luego hace un poco más. [Autor desconocido]

Si quieres ser un campeón, todo lo que tiene que hacer es seguir esta receta poética.

Entiendo que hay un buen número de misioneros en este grupo esta noche. Ustedes van a salir durante dos años al campo misional. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Hace muchos  años, el presidente Charles W. Eliot, de Harvard, recopiló las ideas más grandes que jamás se habían pensado en el mundo en una serie de volúmenes llamados los Clásicos de Harvard; Puedo pasar por ellos ahora, y seré el beneficiario de muchas vidas de trabajo. He leído muy lentamente y tal vez no muy comprensivamente, pero siempre leo con mi pluma y marco sólo aquellas ideas que son importantes para mí. Ahora bien, si usted piensa en las ideas del apóstol Pablo o Emerson o Shakespeare o de Jesús de Nazaret, su mente comenzará a responder como lo hicieron sus mentes.

En la primera toma de posesión del presidente Eisenhower él dijo: «Los grandes motores del mundo no son intelectuales, sino emocional.»    Es decir, cómo nos  sentimos  acerca de las cosas. Camino tres y medio millas al ir a trabajar cada mañana, que me da alrededor de una hora en la que no tengo nada que hacer; y si quiero construir mi espiritualidad o fe, consigo esas ideas y las ejecuto a través de mi cerebro. Permítanme darles un ejemplo:

Oh Dios, te doy gracias por cada
vista de belleza de tu mundo;
Por el cielo nublado y el aire y la luz.
Oh Dios, te doy gracias porque yo vivo.

Que la vida me consagro a ti,
Y cada vez que nace el día,
En las alas de alegría mi alma; huye
Doy las gracias a ti por otra mañana;
[Autor desconocido]

Me gustaría terminar con otro gran poema. John Gillespie Magee era un piloto de combate estadounidense de la Real Fuerza Aérea canadiense que fue derribado sobre Londres en la Batalla de Gran Bretaña en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial. Antes de entrar en el servicio, John Gillespie Magee había hecho las cosas habituales que los jóvenes hacen a los diecisiete años de edad; y luego, después que su formación básica se había completado, sintió por primera vez en sus manos los controles de estos potentes motores capaces de emitir su oficio de aire a través del espacio a grandes velocidades. Al sentir la alegría que viene de hacer bien su parte del trabajo, escribió este gran poema titulado «High Flight», que ahora se encuentra en la Biblioteca del Congreso bajo el título de «Poemas de Fe y Libertad.» comparto con ustedes esta noche, ya que también están involucrados en un alto vuelo. John Gillespie dijo:

 

Oh! Me he soltado de los lazos opresores de la Tierra y he bailado por los cielos en las alas plateadas por la risa; he subido hacia el sol, y me unido con la alegría de las nubes divididas por los rayos del sol

Y he hecho miles de cosas que nunca antes hubiera soñado. Allá, en lo alto, en el silencio iluminado por el sol, me he remontado, he dado vueltas, y me he balanceado.

Rondando allá, he perseguido al ruidoso viento, y he lanzado mi ansiosa nave a través de los pasillos  infinitos del aíre.

Allá, arriba, arriba, del inmenso, delirante, e intenso azul, he sobrepasado con gracia y sin esfuerzo las cumbres solitarias, arrasadas por el viento donde nunca voló ni alondra ni águila.

Y mientras que, con mi mente elevada y en silencio, he andado por la inviolable santidad del espacio, he extendido mi mano, y he tocado la cara de Dios.

Ese es el propósito de nuestra vida, mis hermanos y hermanas. La mayor fortuna en la vida de cualquiera de ustedes es que cada uno de nosotros, en este edificio y fuera de este edificio, ha sido creado a la imagen de Dios; y ha sido dotado de un conjunto de atributos y potencialidades. El Señor mismo dijo;

«Vosotros son dioses; y todos vosotros hijos del Altísimo» (Salmo 82: 6)

Que el Señor os bendiga, mis hermanos y hermanas, a medida que avanzan hacia adelante, y tomen su parte en el trabajo del mundo o en la obra del Señor, su espíritu esté con vosotros para inspirar y dirigir todas las cosas que haga. Esto creo sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Historias de éxito

Conference Report, octubre, 1975, Liahona febrero de 1976

Historias de éxito

por el élder Sterling Welling Sill

Como parte del programa para cada una de las reuniones de 1966 del liderazgo en relación con cada conferencia trimestral, se dieron dos casos de éxito de tres minutos. Una historia de éxito es un segmento de la experiencia de éxito que puede ser aislado en una sola persona y que puede tener un gran impacto en la vida de un gran número de otras personas.

Como una parte interesante de la personalidad humana, cada persona individual ha sido dotada por la creación con el instinto de un colector. Y como la ardilla recoge y almacena encima de las bellotas, así como coleccionar sellos y mariposas y monedas y acciones y bonos y pólizas de seguros y bienes inmuebles y cuentas bancarias. También recogemos las actitudes, habilidades, hábitos y rasgos de personalidad.

Pero desde 1966, he recogido setenta y dos casos de éxito. Estos son los segmentos de la experiencia de otra persona que he cincelado y pulido y pintado y memorizado y registrado para hacerlos inmediatamente y eternamente disponible para mí uso personal. Y en los doce minutos de su tiempo que se me han asignado a mí esta tarde, me gustaría hacerle un regalo de cuatro casos de éxito de tres minutos.

Historia de éxito número uno: Después del asesinato de Julio César, el mundo estaba dividido en dos campos grandes de guerra, uno dirigido por los conspiradores Bruto, y el otro dirigido por Octavio César y Marco Antonio, un amigo de Julio César. Durante la guerra larga y dura que siguió, Marco Antonio se distinguió como el mejor soldado en el mundo. Y podríamos preguntarnos: «¿Cómo lo hizo?» Si podemos descubrir los secretos de su éxito, podemos ponerlos a disposición de nuestro propio torrente sanguíneo de éxito.

Las siguientes son algunas de las pistas que se han dado de los logros de Marco Antonio. «Armado con su discurso convincente, el poder de su lógica, el valor de su liderazgo, y su propia autodisciplina, barrió todo lo que tenía por delante. Tomó sobre sí mismo las tareas más difíciles con el ánimo más maravilloso. Vivió durante semanas con una dieta de insectos y la corteza de los árboles. Y ganó la lealtad incuestionable de sus hombres, el aplauso de la gente, el apoyo de Octavio, y confianza en sí mismo».

Con la oposición de tal dedicación y habilidad, los generales enemigos uno por uno pronto comenzaron a caer fuera de  la lucha. Y cuando se ganó la guerra, Marco Antonio se quedó donde el gran Julio César se había alzado como el amo del mundo. Pero cuando había pasado la necesidad de la lucha, Marco Antonio se dedicó a la flojera y la pereza, representando algunas de las historias de fracasos más trágicas de la vida.

Marco Antonio se fue a Egipto, donde se enamoró de la reina hechicera, Cleopatra. Se convirtió en una víctima de la suavidad del lujo, la elegancia perfumada, y la inmoralidad de la corte egipcia. Su gran mente se nubló por el humo del vino, y se convirtió en lo que Plutarco llamó «un general con su caña de pescar.» Marco Antonio abandonó lo mejor de si mismo, perdió la lealtad de sus hombres, el aplauso de la  gente,  el  apoyo  de  Octavio,  y  su  propio respeto. Finalmente se envió una guardia de soldados para tomar a Marco Antonio en custodia y traerlo de vuelta a Roma en cadenas.

No se requería de un ejército ahora para superar a Marco Antonio. Sólo un puñado de los más malos soldados era todo lo que era necesario. Sin embargo, Marco Antonio evitó ser detenido y empujó un puñal en su propio corazón, y en su lecho de muerte le contó a Cleopatra que no había habido ningún poder en el mundo suficiente para derrocarlo, con excepción de su propio poder. El dijo: «Sólo Antonio pudo conquistar Antonio.» Y luego al contemplar la llegada de los soldados romanos y el pensamiento de la terrible desgracia que había traído sobre su país y la vergüenza y la humillación que le había causado a su familia, hizo su último discurso, que William Haines Lytle ha traducido en verso, en la que Antonio le dice a Cleopatra:

“No permitas que los subordinados
De César escarnezcan al león caído.
No fue soldado el que provocó su caída,
Sino él mismo quien el golpe se asestó.
Fue aquel que hoy reposa en tu regazo
Quien se alejó de la gloriosa luz,
El que embriagado en tus caricias,
Insano todo un mundo despreció.”

(“Antony and Cleopatra” The Best Loved Poems of the American People, Com. Hazel Felleman, 1936, pág. 203)

Marco Antonio había mantenido firmemente en sus manos el control de un mundo entero, y no había nadie en la tierra con el poder suficiente para quitárselo, excepto él mismo. Pero cada uno de nosotros tiene a su alcance un mundo que es mucho más significativo que el mundo que perteneció a Marco Antonio. No hay poder en el universo que puede interponerse entre nosotros y el reino celestial, sino nuestro propio poder. Sólo Antonio puede conquistar Antonio.

La segunda historia es de “The Pilgrim´s Progress” (El progreso del peregrino), de John Bunyan:

El nos hace el relato de un hombre que se pasó su vida entera rastrillando el tamo y el estiércol de la tierra. Sin embargo, había constantemente un ángel suspendido sobre su cabeza, con una corona celestial en la mano y le ofrecía cambiarle la corona por el rastrillo. Pero siendo que este hombre se había preparado sólo para dirigir la vista hacia abajo, pasó por alto la oportunidad que el ángel le brindaba y continuó rastrillando el tamo y la basura de la tierra.

También hay un ángel que está suspendido sobre nuestra cabeza, con una corona celestial en la mano y nos promete cambiarla por nuestro rastrillo si sólo dirigimos la vista hacia Dios con toda fe, rectitud y compresión. A la bestia se le dieron cuatro patas y por tal motivo su visión está limitada a la tierra; pero el hombre fue creado a la imagen de su Creador, de tal forma que pueda mirar hacia Dios.

La tercera anécdota tiene su origen en la mitología griega y es la historia de Pigmalión y Galatea:

Pigmalión era un escultor de Chipre y como todos los grandes artistas, amaba su trabajo. Entonces llegó el día en el cual creó su gran obra maestra; en inmortal marfil esculpió la estatua de una bellísima mujer y mostró la forma humana y los rasgos de su personalidad en toda su excelencia. Trabajó incansablemente, semana tras semana y mes tras mes, hasta que finalmente terminó la estatua. Fueron tan maravillosos la devoción y el amor que Pigmalión prodigó a su obra, que los dioses decretaron que la estatua tuviera poder para respirar, moverse y vivir. Y cuando la obra maestra descendió de su pedestal, Pigmalión la llamó Galatea y se casó con ella. Pero esto es mucho más que un simple mito.

La historia de Pigmalión es la historia de cada ser humano; porque Dios decretó que todo aquel que ame su obra, logrará que su obra tenga vida.

La cuarta anécdota se refiere al rey Ricardo Corazón de León, que gobernó Inglaterra durante la segunda parte del siglo XII.

Ricardo organizó una cruzada a la Tierra Santa para quitarles a los turcos el Santo Sepulcro. La expedición no tuvo éxito y Ricardo fue capturado y confinado a una prisión extranjera. Durante su ausencia, los traidores se posesionaron del gobierno, y cuando el rey logró escapar y regresar a Inglaterra, por razones de su personal fue necesario que se vistiera con ropa común y sin armadura.

Cuando regresó en secreto reunió a algunos de sus más fieles seguidores con la idea de que Inglaterra volviera a manos de sus legítimos gobernantes. Una de las primeras cosas que hizo después de formar este pequeño grupo, fue atacar el castillo de Torquilstone, que era la fortaleza del enemigo en la cual Ivanhoe, el fiel amigo y seguidor del rey, había sido herido y puesto en prisión. Cuando Ivanhoe escuchó los ruidos del asalto que se iniciaba afuera del castillo y siendo que estaba imposibilitado de levantarse del lecho por las heridas y la pérdida de sangre, pidió a su enfermera, Rebeca, que se parara cerca de la ventana y le explicara lo que estaba sucediendo. La primera cosa que deseaba saber era quien dirigía a los atacantes; con ese fin le pidió a Rebeca que le describiera la insignia o cualquier otra marca en la armadura del líder, pues así podría saber quién eran y qué esperanzas tenía de ser rescatado. Rebeca le informó que el líder peleaba con una armadura común y sin marcas y que no tenía insignias ni identificación alguna. Ivanhoe dijo: “Entonces dime cómo pelea y yo sabré quién es.” (Esto quiere decir que cada uno tiene un conjunto de rasgos tan característicos como sus huellas digitales y que la mejor clave para nuestra identificación es lo que hacemos.)

Cuando uno comienza a poner su corazón en lo que está haciendo, es entonces cuando se pueden producir los milagros.

Así fue que Rebeca trató de describir a este grandioso caballero que vestía una armadura negra mientras contendía y movía su potente espada con poderosos golpes, asaltando el castillo casi sin ayuda. Y éstas son algunas de las cosas que ella le describió: “Cae sobre él las piedras y vigas de las paredes del castillo, pero él las trata como si fueran plumas o pajas. Pelea como si tuviera la fuerza de veinte hombres en un solo brazo. Es peligroso pero aun así, magnífico, presenciar cómo el brazo y el corazón de un solo hombre pueden triunfar sobre cientos”. Supongo que el brazo de Ricardo no sería más fuerte que el de cualquiera de sus guerreros, pero no era de allí de dónde provenía su fortaleza. Rebeca había dicho: “El brazo y el corazón de un solo hombre.” Ricardo estaba peleando con su corazón, estaba luchando por su Patria; y cuando uno comienza a poner su corazón en lo que está haciendo, es entonces cuando se pueden producir los milagros.

Ivanhoe desconocía quien era ese hombre; aunque sabía que Ricardo peleaba de esa manera, y que nadie podía luchar como el rey, creía que éste todavía estaba prisionero en un calabozo.

Fue en esa ocasión cuando rindió tributo a un líder desconocido, pues era capaz de reconocer los rasgos que caracterizan a la grandeza.

Sus palabras fueron: “Juro por el honor de mi casa que soportaría diez años de cautiverio para luchar un solo día al lado de ese grandioso hombre, en una contienda como esta”. No podría haber para él una tortura mayor que el cautiverio, pero aun así declaró: “Con gusto languidecería diez años en un calabozo, por el privilegio de luchar bajo el estandarte de un hombre grandioso y por una causa justa”.

Nuestra causa es justa, es la más grandiosa que se haya conocido en el mundo; la única pregunta que podríamos hacernos es: “¿Cómo lucharemos?” Y nuestro Líder nos ha dicho:

Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.” (Doctrina y Convenios 4:2)

Ahora, como un bono especial, me gustaría darles un segundo testigo de una de las más grandes experiencias de éxito que tenga lugar en esta tierra en la que el primer profeta de nuestra dispensación ha dicho a todo el mundo;

«Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

«Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

«Que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.» (Doctrina y Convenios 76:22-24)

Que el Señor nos bendiga con una cantidad suficiente de su éxito para que podamos ser levantados con él en la gloria celeste. Por esto ruego sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Nacimiento

Ensign, mayo 1975.  Conference Report, abril, 1975

Nacimiento

por el élder Sterling Welling Sill

Mañana, 6 de abril de 1975, será el 145 aniversario del establecimiento de la Iglesia sobre la tierra en esta grande y definitiva de todas las dispensaciones. Por revelación directa se nos ha informado que mañana será también el 1975vo aniversario del nacimiento de Jesús en Belén de Judea.

Pero es también el tiempo de Pascua. El domingo pasado se conmemoró el aniversario de la iniciación en esta tierra de la resurrección universal. Esta es también época de primavera, cuando toda la naturaleza está siendo vuelta a despertar en una novedad de vida. Y pensé que, puesto que esta es una época de tantos nuevos comienzos me gustaría hablar con ustedes acerca de su nacimiento. Sin embargo, no me refiero al nacimiento de Jesús, ni la resurrección, ni el despertar de la naturaleza. Me refiero a su propio nacimiento y las grandes posibilidades que participan en nuestros propios despertares humanos.

Henry David Thoreau, un filósofo americano, una vez dijo que debemos dar gracias a Dios todos los días de nuestras vidas por el privilegio de haber nacido. Y luego pasó a especular sobre la suposición bastante singular de lo que podría haber sido si no hubiéramos nacido. Sólo suponga que no hubiese nacido o que nunca se hubiese tenido a sus padres o sus hermanos y hermanas o sus hijos o sus amigos. Basta pensar en toda la emoción y bendiciones que nos hubiéramos perdido como consecuencia. Pero lo que el señor Thoreau no puede haber sabido era que un tercio de todos los hijos de Dios nunca nació y nunca podrán nacer porque no lograron pasar los requisitos de su primer estado.

Recordamos a los espíritus no encarnados que se presentaron ante Jesús en su día que preferían los cuerpos de los cerdos en lugar de no tener un cuerpo en lo absoluto. (Mateo 8:28-32, Marcos 5:11-13) Y estoy muy seguro que nos arrastraríamos sobre nuestras manos y rodillas por la vida por esta gran oportunidad que en la actualidad tenemos.

William Wordsworth dijo que nuestro nacimiento es un sueño y un olvido. Hay una característica distintiva sobre el momento del nacimiento, ya que es un momento inconsciente; es decir, nadie se da cuenta de que mientras está naciendo ese evento está teniendo lugar realmente. A veces no descubrimos que hemos nacido hasta mucho tiempo después. A veces nunca nos damos cuenta que hemos nacido.

Oí a un hombre decir sobre su amigo, «Él no sabe que está vivo.» Es decir, que a veces no sabemos por qué hemos nacido. No sabemos de dónde venimos. No sabemos el propósito de la vida. Nosotros no tenemos ningún programa muy definido de lo que vamos a hacer con nuestro destino eterno.

El mayor logro de mi vida es haber sido aceptado y haber nacido, y estoy muy contento por eso. Simplemente no hay nada que yo preferiría más que haber nacido.

Después de un tiempo, descubrí que uno de los hechos más significativos sobre mi nacimiento era que había heredado dos personas muy agradables, mis padres. Fueron padres que estaban interesados en la enseñanza de los principios del Evangelio y que me ayudaron a que hiciera lo más posible en mi vida. Estoy eternamente agradecido por mis padres. Ellos eran bastante pobre económicamente y tuvimos un poco de problemas para llevarnos bien, pero a veces eso es bueno. Alguien ha dicho que uno de los inconvenientes más graves que cualquier persona puede tener en la vida es tener demasiadas ventajas. Una de las ventajas más destacadas de mi vida son mis padres. Y siempre pienso en mi madre cuando leo estas estimulantes líneas que dicen:

Es posible que tenga riquezas y bienes incalculables
Con cestas de joyas y cofres de oro
Pero más rico de lo que usted nunca será
Por que tenía una madre que me leía.

A medida que se acercaba el octavo aniversario de mi nacimiento, aprendí algo más acerca de haber nacido. Fui instruido por mis padres y por mis maestros de la Iglesia en la filosofía de Jesús de que un nacimiento no es suficiente, y que todo el mundo debe nacer dos veces.

Y así, el 27 de agosto de 1911, nací del agua y del espíritu exactamente en el sentido del gran mandamiento dado por el Salvador del mundo. Y salí en una nueva vida con un nuevo conjunto de posibilidades. Hubo manos sobre mi cabeza y se ofreció una oración en mi nombre para la recepción del Espíritu Santo, y fui confirmado por mi padre como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; y desde ese momento hasta el presente he tenido la dirección de esos grandes principios de justicia y la inspiración del Espíritu Santo para ayudarme a hacer de mi vida algo parecido a lo que el Señor quiere que yo haga de ella.

Desde entonces, he descubierto algunas otras cosas importantes acerca de nacer. Uno de ellos es que nadie se limita a simplemente dos nacimientos, y es que podemos nacer de nuevo tantas veces como se quiera. Y cada vez podemos nacer mejor.

En 1932, Walter Pitkin escribió un gran libro titulado La vida comienza a los cuarenta. Pero eso es ridículo. La vida comienza cuando comenzamos, y podemos empezar una vida nueva y mejor cada mañana.

Una vez alguien le preguntó Phillips Brooks cuando nació, y él dijo que fue un domingo por la tarde alrededor de las 3:30 cuando tenía 25 años de edad, justo después de que había terminado de leer un gran libro. Basta con pensar en cuántos emocionantes renacimientos podemos tener al estudiar las sagradas escrituras y como llenar nuestra mente con la palabra del Señor y obtener el espíritu de justicia en nuestros corazones.

Walter Malone nos dio una especie de fórmula poética para el renacimiento cuando dijo:

¿Eres tú una rueda loca? luego, te despertaras de tu hechizo; Eres tú, pecador, tu pecado puede ser perdonado. Todas las mañanas te da alas para huir del infierno. Cada noche una estrella para guiar tu alma al cielo.

Pero no sólo nos ha dado una estrella que nos guía al cielo, también se nos ha dado a cada uno los grandes principios del Evangelio. La Iglesia se ha establecido sobre la tierra en nuestra dispensación. Se nos ha dado un profeta «que nos guíe en estos últimos días.» Se nos ha dado el Espíritu de nuestro propio Padre Celestial para dirigir y nos inspiran. Y no menos importante, entre todos ellos, se nos ha dado los enormes recursos de nuestras propias almas. William Wordsworth dijo:

Tan solo un sueño y un olvido es el nacimiento;
el alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido,
ni de todas las cosas despojadas, pues al salir de Dios,
que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido

Y para inspirarnos para el viaje de regreso a la presencia de Dios, me gustaría compartir con ustedes algunas líneas estimulantes que fueron escritas hace varios años por un hombre joven con el nombre de John Gillespie Magee. John Gillespie Magee era un piloto de combate estadounidense de la Real Fuerza Aérea canadiense que fue derribado sobre Londres en la batalla por la Gran Bretaña en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial.

Antes de entrar en el servicio, John Gillespie Magee había hecho las cosas habituales que a los 17 años de edad se hacen. A continuación, después que su formación básica se había completado, sintió por primera vez en sus manos los controles de los motores de gran potencia capaces de enviar un avión por el espacio a velocidades estupendas. Y luego sentir la alegría que viene de hacer bien su parte del trabajo, escribió su gran poema titulado «High Flight», que ahora se encuentra en la Biblioteca del Congreso bajo el título de Poemas de Fe y Libertad. Y comparto esto con ustedes ahora, porque también están involucrados en un «Alto vuelo.» ustedes se dedican al mayor «Alto Vuelo» de la fe y libertad que ha conocido el mundo.

John Gillespie Magee dijo:

Oh! Me he soltado de los lazos opresores de la tierra
Y bailado por los cielos en las alas plateadas por la risa;
He subido hacia el sol, y me he unido con la alegría de las nubes
Divididas por los rayos del sol

Y he hecho miles de cosa que nunca antes hubiera soñado
Allá en lo alto por el cielo iluminado por el sol,
Me he remontado, he dado vueltas, y me balanceado
Rondando allá, he perseguido al ruidoso viento y he lanzado
mi ansiosa nave a través de los pasillos infinitos del aire.

Allá, arriba, arriba del inmenso, delirante, he intenso azul,
He sobrepasado con gracia y sin esfuerzo las cumbres solitarias,
arrasadas por el viento, donde nunca voló ni alondra ni águila
Y, mientras que con mi mente elevada y en silencio,
he andado por la inviolable santidad del espacio,
extendiendo mi mano y he tocó el rostro de Dios

Y ese es el propósito de nuestra vida, que guardando sus mandamientos, lleguemos a ser linaje de Dios, incluso con nuestros padres eternos. La mayor fortuna de nuestra vida, mis hermanos y hermanas, es que hemos sido creados a su imagen y hemos sido dotados con un conjunto de atributos y sus potencialidades. Y si vivimos como deberíamos, entonces en algún futuro en la mañana de Pascua, podremos nacer de nuevo y vivir en su presencia con él en el reino celestial por toda la eternidad. Y eso puede ser así con cada uno de nosotros. Es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El tiempo de resolución de año nuevo

BYU Devotional, enero 7, 1975

El tiempo de resolución de año nuevo

por el élder Sterling Welling Sill


Espero que esa misma generosa introducción de su gran Presidente no siente las bases de una decepción  más adelante. Mientras decía algunas de esas cosas muy agradables, pensé en lo que el presidente Kimball dijo la otra noche acerca de un ministro que estaba conduciendo por la carretera un poco más rápido de lo que debería haber ido, él fue detenido por un oficial de tránsito. El ministro no quería ser arrestado, por lo que dijo, «Por favor oficial, no me arreste. Soy un pobre predicador. «El oficial dijo,» Sí, lo sé. Te he oído».

Lo más importante creo que me gustaría decirles hoy es que estoy muy agradecido de estar aquí con ustedes, y me gustaría felicitar a todos ustedes por su presencia. Alguien ha dicho que una cosa a veces no es tan importante por sí sola como lo es por lo que representa. El hecho de que todos ustedes estén aquí en esta gran Universidad asociados con y bajo la dirección de estos grandes maestros y ser inspirados y dirigidos por los demás es un signo de que algunas cosas muy importantes vendrá a su vida más adelante, en esta gran sociedad en la que vivimos, en este gran país al que va a servir, y en esta Iglesia a la que se han comprometido y prometido su lealtad.

Tenemos una costumbre muy interesante entre nosotros de reservar un  día  especial  en el que creemos acerca de cosas especiales. Dejamos de lado el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre, y en este día dejamos que nuestra mente trate de entender los fines para los que fue apartado este día. Apartamos el tercer domingo de junio como el Día del Padre por la misma razón.

Alguien ha dicho que la mente humana tiene algunas de las cualidades de los zarcillos de una parra; es decir, que tiende a adherirse y dibujarse con lo que se  pone  en  contacto  con ella. Entonces tenemos algunos otros grandes días en los que creemos acerca de otras ideas maravillosas. Tenemos el Memorial Day, la Pascua, el Día de los pioneros, y el Cuatro de Julio. Dejamos de lado el cuarto jueves de noviembre como Acción de Gracias. En este día intentamos construir gratitud y reconocimiento a nuestras vidas. Cicerón, el gran estadista romano, dijo que la gratitud es la madre de las virtudes; es decir, nuestras virtudes y nuestras habilidades y nuestras actitudes tienen los mismos padres de las otras cosas que hacemos. Cuando contamos nuestras bendiciones, las aumentamos.

Entonces dejamos de lado toda otra época del año, a partir del día de Acción de Gracias y termina en el Año Nuevo, en el que conmemoramos y pensamos y aprendemos del acontecimiento más grande que jamás se llevó a cabo en esta tierra, cuando el Hijo de Dios vino aquí para establecer su iglesia y para informarnos sobre las normas que deberían distinguir nuestras vidas. Durante este período decoramos nuestros   hogares,   configuramos   nuestros árboles de Navidad, y escuchamos villancicos. Oímos sermones de Navidad, y nosotros volvemos a contar las grandes tradiciones de la Navidad. Nos damos regalos unos a otros, y construimos una actitud de agradecimiento y aprecio y reverencia y adoración en nuestras vidas. No voy a hablar con ustedes acerca de eso. Eso ya es pasado. Pero me gustaría hablar con ustedes sobre el día importante que esta temporada de Navidad lleva. Me parece muy adecuado y natural que la Navidad debe seguirá a la Acción de Gracias y que hay un fundamento adecuado para la Navidad durante el período de Acción de Gracias. Entonces nuestra Navidad se ve reforzada como consecuencia.

Lo que me gustaría hablar con ustedes es acerca del importante período que llamamos el Año Nuevo. Este es un momento en que hacemos las resoluciones de Año Nuevo. Este es el momento en el que podríamos hacer algunas determinaciones acerca de las cosas que hemos estado pensando durante la Navidad. A veces después de un gran evento, cerramos nuestra mente y nos olvidamos de lo que hemos hecho. Es decir, después de la Navidad, embalamos nuestras cajas de adornos y oropeles. Los temas de Navidad se sacan de la radio, y volvemos a hacer las cosas  que  hicimos antes. Por supuesto, cuando lo hacemos, perdemos uno de los grandes valores de la Navidad. Cuando nos acostamos las ideas que hemos asociados con este alto punto durante el año, frecuentemente tenemos una recesión correspondiente en nuestras vidas. Alguien ha expresado lo contrario de esta idea en el verso cuando dijo:

Cuando el canto de los ángeles no se oye más
Y la estrella de Belén se ha ido fuera del cielo
cuando los reyes y los magos han regresado a sus hogares
y los pastores están de vuelta en el campo con sus rebaños,
es entonces el momento en que la verdadera obra de Navidad debe con impaciencia comenzar:
para difundir el mensaje cristiano, para levantar a los quebrantados de corazón;
para convertir a los incrédulos, para purificar el propósito nacional,
para romper las ataduras del pecado, y para exaltar el propósito de toda la humanidad.
el Nuevo año es el momento en el que debemos establecer en nuestro corazón
Esos grandes ideales que nos fueron dados por el Hijo de Dios para la temporada de Navidad.

El tiempo de Navidad pierde mucho de su propósito constructivo cuando embalamos nuestro oropel y nos olvidamos de él. Esta práctica nos recuerda a una de las grandes experiencias en la historia del mundo. Hace algún tiempo, mi esposa y yo leímos la historia de la reina Victoria, que era sólo una adolescente en 1837, cuando la corona de Inglaterra se colocó sobre su cabeza. Durante los siguientes sesenta y cuatro años, hasta su muerte en 1901, se dictaminó que esta era la nación más grande que ha habido nunca en la historia del mundo.

En 1897, el gran jubileo se llevó a cabo en honor de esta famosa reina cristiana. Se invitó a las coronas de todas las cortes de Europa, y a los grandes embajadores y los príncipes de las islas de lugares lejanos, a venir a Londres para la gran celebración de este jubileo de diamante.

En preparación para esta celebración, el London Times pidió a Rudyard Kipling escribir un poema de Jubileo; se recuerda que el resultado fue su famoso «Recessional.» A veces, la orquesta toca un canto de salida en el teatro cuando el público se va, o, a veces un canto de salida en la iglesia cuando el coro y el clero están dejando la capilla. A veces tenemos un canto de salida en nuestras vidas o en nuestros negocios. Y en su gran poema, el Sr. Kipling ora para que Inglaterra pueda evitar un canto de salida en sus altos estándares de vida y poder. En su poema, dijo:

Dios de nuestros padres, conocido en la Antiguedad
Señor de nuestra línea de batalla lejanos
Por debajo de cuya mano horrible
tenemos dominio sobre la palma y pino
Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros, sin embargo,
para que no olvidemos, para que no olvidemos!

El tumulto y los gritos mueren 
Los capitanes y los reyes salen sigue en pie
Tu antiguo Sacrificio, un humilde y contrito corazón.
El Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros,
sin embargo, para que no olvidemos, para que no olvidemos!

Lejos llamados nuestras marinas se derriten
en la duna y el promontorio se hunde en el fuego
He aquí, toda nuestra pompa de ayer
Es uno con Nínive y Tiro!
Juez de las naciones, nos libre, sin embargo,
que no olvidemos, para que no olvidemos!

Si se consumen con la vista de la energía,
perdemos lenguas salvajes que no tienen en Ti
que intimida  Tal jactancia, como los gentiles uso
o razas menores sin la Ley
El Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros,
sin embargo, para que no olvidemos, para que no olvidemos!

Porque el corazón de la gentes que
pone su confianza en el hierro y el casco
Todo el polvo valiente que se basa en el polvo,
Y guardando no te llama para guardar 
para presumir frenético y tonta palabra,
tu piedad de tu pueblo, Señor!

Al tratar de advertir a la gente contra una recesión, el Sr. Kipling regresó y volvió a vivir este período de recesión entre algunas de las naciones antiguas. Él sabía lo que sucedió cuando la gente se olvidó de Dios y trajeron una recesión moral de alcance nacional.

Durante el largo reinado de la reina Victoria y el período en que Inglaterra se convirtió en la gran nación que gobernaba sobre una cuarta parte de toda la superficie de la tierra, las armadas de Gran Bretaña controlaban los siete mares y su gran comercio dominaba el comercio en todo el mundo. El sol nunca se ponía sobre el Imperio británico. Cuando se le preguntó a la reina Victoria cuál era el secreto de la grandeza británica, ella siempre puso su mano sobre la Biblia y dijo: «Inglaterra es la tierra del libro. Inglaterra vive por los principios del Evangelio que han llegado hasta nosotros en este gran registro bíblico. «Esta reverencia de las cosas de Dios es lo que, en mi opinión, más que cualquier otra cosa, controla el éxito de nuestras vidas.

Llegamos ahora a este importante período de enero de este momento de un nuevo comienzo. Recordamos el hecho interesante de aquel mes de enero que fue nombrado en honor de Jano, el antiguo dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales. Janus tenía una particularidad interesante; tenía  dos caras. Con una cara se veía de nuevo en el año pasado para descubrir sus propios errores y sus propios éxitos. A continuación, a través de la otra cara se alza la vista hacia el futuro para hacer planes para un nuevo año y para poner estos grandes ideales en funcionamiento que se había formado durante el año pasado.

Supongo que esto también es lo que Charles Dickens tuvo en cuenta en su relato «Un cuento de Navidad.» Esta historia es probablemente la más famosa historia de la  Navidad  no  escritural  que tenemos. Cada año vemos que una media docena de veces. En la historia, el Espíritu de Navidad Scrooge lo lleva de vuelta a su pasado y le permite volver a vivir sus primeras experiencias antes de que él hubiese ganado esos problemas que finalmente le causaron problemas. Después de que él había aprendido lo suficientemente las lecciones del pasado, el Espíritu de Navidad le hizo ir al futuro, donde habrían Navidades y donde las cosas todavía estaban sujetas a cambios, para ver algunas de las cosas que pueden tener lugar si no se hizo lo correcto. Entonces Scrooge le suplicó al Espíritu de Navidad que le permitiera cambiar algunas de las condiciones de su vida, y después de que estos cambios se habían hecho, se le trajo de vuelta al presente, él dijo, «yo no soy el hombre que era.»

Esta es también la filosofía, supongo, que HG Wells considero cuando   escribió   su   famosa   historia  La   máquina    del tiempo. ¿Recuerdan había una máquina en la que el señor Wells podía entrar y empujar una palanca, y volver al pasado en la historia del mundo tan atrás como le quisiera ir? Y porque era un historiador, le gustaba ir hacia atrás y verificar, por si mismo, la batalla de Hastings y otros eventos que le interesaban. Cuando terminó sus exploraciones en el pasado, impulsó la palanca del otro lado y fue hacia el futuro y prever lo que estaba por venir. Podía ir donde el tiempo todavía no había tenido lugar y se encargaría de aquellas cosas que le gustaría que se produjeran en su propia vida.

Ahora, Dios tiene esa capacidad de viajar en el tiempo, algunos de los  cuales  se  ha  dado a los profetas, así como a nosotros. Recordemos que a Abraham se le permitió regresar y revivir la preexistencia. El dijo:

«Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas estas había muchas de las nobles y grandes.» (Abraham 3:22)

El Señor también puso a Juan el Revelador en una máquina del tiempo y lo envió hacia el futuro para ver el juicio final.

Se nos ha dado esa misma habilidad en nuestros sueños y la imaginación. En un gran libro del presidente McKay Ideales del Evangelio, el dijo: «Anoche soñé con mi madre.» Luego dijo: «Me gustaría soñar con mi madre con más frecuencia». Es decir, en su sueño regresó y volvió a vivir aquellos eventos importantes que tuvieron lugar en las rodillas de su madre cuando se enteró de las lecciones de la vida que lo llevaron a su lugar final. El presidente McKay no aprendió a ser Presidente de la Iglesia cuando tenía noventa o setenta o sesenta. El aprendió esas lecciones cuando tenía cinco, diez y quince años. Y luego, en su sueño regresó y volvió a vivir esa experiencia importante para que pudiera reabsorber el bien original. Cuando se había despertado a la mañana siguiente, a pesar de que ahora su madre se había ido muchos años atrás, era como si en realidad hubiese tenido esa experiencia con su madre durante la noche.

Pero nadie tiene que estar dormido para soñar, y con igual beneficio se puede volver atrás  y revivir nuestros votos matrimoniales. Podemos  revivir  y  revitalizar  los  convenios  que hemos hecho en las aguas del bautismo cuando prometimos a Dios que  seriamos  fieles. Podemos  volver  atrás  y  revivir  todas  esas fuentes en el pasado a partir del cual podemos recuperar la fuerza y la  ambición,  y  podemos  rehacer  nuestras  decisiones  acerca  de ellos. O podemos empujar la palanca en la otra dirección y prever el futuro.

Tengo un pariente que, cuando lee una novela, siempre lee el último capítulo primero. Ella quiere saber antes de que comience en que va a terminar. Esa es una idea bastante buena para la vida.

También podemos revivir nuestros votos matrimoniales y determinar de antemano el tipo de personas que nos gustaría ser cuando llegue la gran ocasión. Esto es mucho mejor que tener que enfrentarse a las presiones del momento en que se presenta la ocasión antes de casarse. Es decir, con el fin de alcanzar el objetivo para el cual no estamos preparados, obtenemos en términos muy amigables con el obispo, una recomendación. Sin embargo, después de que el objetivo se ha logrado, a veces caemos de nuevo en nuestra mediocridad del pasado porque no estamos preparados. A veces incluso ir a la universidad o ir a una misión o hacer alguna otra gran cosa, porque nos falta la determinación necesaria.

El otro día oí una historia que creo debería estar en la Biblia. Una joven madre fue llamada para hablar de algunas de las cosas que habían sucedido en su vida que la prepararon para las responsabilidades de su futuro hogar. Habló del tiempo antes de estar casada cuando asistió a su ceremonia de graduación, y el orador habló a los estudiantes sobre el hecho de que se enfrentarían a las grandes oportunidades del futuro. Señaló algunas de las decisiones que tendrían que tomar en su vida, que algunos de los estudiantes buscarían un empleo, y que esperaba que todos ellos se casaran. Habló de esta idea de mirar hacia el futuro y hacer algunos compromisos definitivos para aquellos valores que pronto se convertirían en una parte de sus vidas.

Debido a que esta futura madre estaba impresionada con el orador, y porque ella había pensado en estas cosas, se dio cuenta de que en algún lugar había un hombre que con el tiempo se convertiría en su marido. En su mente se preguntó cómo era él y tenía curiosidad acerca de la clase de marido que demostraría ser. Porque entendía la vida premortal, sabía que sus hijos estaban también en el mundo de los espíritus. Su madre había tenido seis hijos, y ella había crecido con la idea de que eso sería un tamaño aceptable para su familia. Ella sabía que ahora caminaba por la vista y que iban a ser conscientes del hecho de que se estaba preparando para ser madre.

Ella sabía que sus hijos estarían muy preocupados por ella y que querrían venir a esta vida a través de ella en las mejores circunstancias y no en las peores. Así que después de pensarlo, decidió sentarse a ellos escribir una carta. Ellos no nacerían en un buen número de años, pero ella estaba mirando hacia adelante a lo que en última instancia llevaría a cabo y les escribió una especie de informe sobre la marcha de su futura madre.

Ella les escribió acerca de la ceremonia a la que había asistido y que había terminado su trabajo escolar y que se había graduado con altos honores y estaba contento de eso. En su carta que les dijo: «Nunca he hecho nada en mi vida que le haría avergonzarse de reconocerme como su madre, y yo les prometo en este momento, mientras busco a su padre, que nunca voy a aceptar a cualquier persona para ese cargo que no sea el tipo de hombre que nos de una buena vida y nos lleve al templo y quiera tener una familia unida, que agrade al Señor.»

Más tarde, cuando conoció a su marido y le preguntó si aceptaba casarse con él, ella le explicó que ella había hecho algunos compromisos con otras personas. Ella habló de estos miembros de la familia cuya madre ella iba a ser. Este hombre quedo encantado de que ella tuviera una visión tan extraordinaria para el bienestar de los niños que también iban a ser suyos.

Se casaron en el templo bajo las mejores circunstancias. Cuando terminó su charla, leyó extractos de algunas de estas cartas que había escrito a sus hijos premortales muchos años antes. Luego les pidió a su marido y a sus hijos que se pusieran de pie y se los presentó a la audiencia. Y su programa sería una buena resolución de año nuevo para muchas personas finas.

Pero para todos nosotros, este mes de enero es un mes cuando miramos hacia arriba en el nuevo año y también planeamos una vida más eficaz. Podemos prever nuestros matrimonios. Podemos prever nuestras muertes. Supongamos que pensamos de vez en cuando en la clase de gente que nos gustaría ser en una ocasión futura muy especialmente de nuestro matrimonio, cuando nos ponemos de pie en  la  casa  del  Señor  que  se  ha  dedicado  para  sus  propósitos sagrados y tomamos a alguna persona muy especial de la mano derecha y él o ella promete que a lo largo de nuestras vidas vamos a ser fieles.

Es muy importante que el Señor este con nosotros, sin embargo, no olvidemos las promesas que le hemos hecho a él. Desde la época de la reina Victoria, la gran nación británica, descartando la mayor parte de la zona de las palmas en el sur de los pinos en el norte, ha perdido gran parte de su territorio. Y muchas de las personas que han perdido gran parte de su fe tradicional en la que vivieron por el libro sagrado. Sólo el tiempo en que Inglaterra vivió por el libro sagrado, hizo que siguiera siendo la más grande nación del mundo. Es interesante para nosotros que incluso todavía Inglaterra y sus naciones de retoño son los únicos países que han hecho de esta gran idea de la democracia y la libertad de empresa de trabajo a gran escala durante un largo período de tiempo. Pero el centro de gravedad religiosa ha pasado ahora a los Estados Unidos, y América se ha convertido en la tierra de la Reserva.

Si se lee en el Libro de Mormón la visión que se le dio al profeta Nefi, se verá que se le permitió ver nuestro tiempo y como se estaba formando esta gran nación en el hemisferio occidental. El ángel le indicó a Nefi que estas personas llevaban consigo un libro mientras ellos salían de la cautividad. El ángel dijo:

«¿Sabes tú el significado del libro?» Nefi dijo: «No lo sé.»

Entonces el ángel le explicó que este libro era el gran registro de la Biblia que fue llevado por estas personas, que llegaron a nuestras costas. (1 Nefi 13: 21-23)

Como la «tierra del libro,» vendemos más Biblias en los Estados Unidos que en el resto del mundo junto. Hacemos más por tratar de ayudar a otras personas. Este es el lugar donde el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado. Este es el centro de  la educación. Este es el centro de la invención. Este es el lugar de donde el Evangelio del Señor va a salir por toda la tierra. Esta es la razón por la que ustedes están en esta gran Universidad: para prepararse para servir a la Iglesia, y para servir a su familia, y para servir a esta gran nación, y para servir a Dios y servir a sus propios intereses. A cada uno de nosotros se le permitió venir a esta tierra con la esperanza de que pudiera calificar para el reino celestial. Si sólo estamos interesados en el terrestre o los reinos telestiales, no es necesario ser bautizado. No es necesario llegar a la Universidad Brigham Young, si usted  está  interesado  sólo  en  el  reino telestial. Usted puede entrar en el reino telestial sin ningún tipo de educación. Si usted está interesado sólo en el reino telestial, no es necesario casarse en el templo, porque si usted califica sólo para el reino telestial no tendrá a sus familias de todos modos.

Una de las ideas más grandes que hay en el mundo para nosotros es que debemos ser la «tierra del libro.» Nuestras vidas deben ser vidas modeladas y guardar los grandes mandamientos e instrucciones que se nos han dado en la Biblia y en el los otros libros de escritura que se han escrito para que nos ayuden. Esta capacidad de prever el futuro incluye la oportunidad de prever nuestra vida eterna. No sé exactamente lo que sería si en algún momento descubrimos que nos hemos convertido en personas telestiales. Yo sé que sería algo menos fino, menos glorioso, menos satisfactorio. Sería estar tan por debajo de lo celestial como el parpadeo de una pequeña estrella está por debajo del resplandor del sol del mediodía.

Alguien dijo que el acontecimiento más importante en la vida es la muerte. Ese es el día de la graduación. La muerte es nuestra única entrada posible a la inmortalidad. La última hora de la vida es la hora clave. Esa es la hora que juzga todas las otras horas. Nadie puede juzgar la vida de nadie hasta su última hora. Es decir, no se puede escribir la historia de la vida de Jesús de Nazaret o de Judas Iscariote sin saber acerca de lo que hizo en su última hora. Pero supongamos que puede prever su última hora y averiguar qué clase de persona le gusta estar ser ese momento.

Me gustaría contar la historia de dos hombres que vivían una recesión en su última hora. La primera de ellas es la vieja historia legendaria de Fausto. Pueden recordar que el Dr. John Fausto murió en Wittenberg, Alemania, en el año 1540. Veinticuatro años antes de su muerte, Fausto había llegado a un acuerdo en el que vendió su alma a Satanás. Él dijo a Satanás: «Si me ayudas, a castigar a mis enemigos y ayudar a mis amigos, al final de veinticuatro años, yo te entregaré mi alma para siempre.» Ahora esto era una gran idea porque veinticuatro años era mucho tiempo. Le parecía a Fausto que ese tiempo nunca se agotaría. Veinticuatro años era más de lo que Fausto había vivido en toda su vida hasta ese momento. Pero, ¿qué diferencia habría de todos modos en lo que sucedería después de veinticuatro años? Acaso no es una ilusión óptica desde nuestro punto de vista el meternos en dificultades, y que todo aquello que está cerca nos parezca grande e impresionante y todo lo que está a la distancia nos parece pequeño y de poca importancia.

Este fue el problema de Esaú. Esaú llegó a casa una noche y le dijo a «Jacob, si me das tu plato de lentejas, te daré mi primogenitura.» Ahora, para alguien que acababa de tener una buena cena, eso no parece algo muy inteligente. Pero Esaú tenía hambre. Supongo que pensó: «¿Qué más da lo que sucede dentro de diez años? ¿De qué sirve mi primogenitura cuando tengo hambre ahora  mismo? (Génesis  25:  29-34).  Cometemos  el  mismo  error  todos   los días. Todos los días cada uno de nosotros de alguna manera intercambia algún derecho de nacimiento por un plato de lentejas.

Fausto también cometió este gran error. Pero Satanás, con su percepción más perfecta, dijo: «Voy a esperar a Fausto mientras viva,  y  él  comprará  mi  servicio  con  su  alma.»  Entonces  los veinticuatro años comenzaron y Fausto tuvo todas las experiencias buenas y malas. Sin embargo, antes de que él fuera consciente, se le dijo a Fausto, lo que se nos dirá a cada uno de nosotros, «ha llegado tu hora.» Nunca había hecho ningún intento de prever el futuro o tomar resoluciones de año nuevo, y ahora que había llegado la realidad, se dio cuenta por primera vez de lo mal que se había engañado a sí mismo. Y entonces él deseo que la negociación pudiese dejarse de lado. Pero eso no era posible. Después rezó y dijo, «Oh, Dios, si no podrías tener piedad de mi alma, al menos conceder un fin a mi dolor incesante. Fausto viviría en el infierno más de mil años y hasta cien mil, pero al final sería salvo.» Pero sabía que, según su propio negocio, incluso esto nunca podría ser. Luego se sentó y observó como el reloj marcaba los segundos. Por último, justo antes de que llegara la hora, las últimas palabras de Fausto antes de morir fueron «Fausto se ha ido al infierno.»

Si Fausto hubiese vivido su última hora primero tratando de entender qué clase de persona le gustaría ser y qué tipo de vida le hubiese gustado tener, entonces él nunca habría cometido esos graves errores que lo llevaron a ese lugar desagradable.

La otra historia es historia del gran cardenal Wolsey en la obra de Shakespeare Enrique VIII. Es posible que recuerden que  el cardenal era un hombre muy rico. Él tenía un gran poder, pero en el final de su camino, se encontró que había hecho el mal, y en su última hora fue descubierto, desacreditado, y desechado. Su propiedad había sido confiscada por el Estado, sus ropas habían sido retiradas por la iglesia, y en el humilde lugar donde iba a morir, dijo sustancialmente lo siguiente:

La última hora de mi larga y fatigosa vida ha llegado a mí. No he hecho bien y que Dios tenga piedad de mi alma. Despedida, un largo adiós a toda mi grandeza. Este es el estado del hombre. Hoy ha sacado las hojas tiernas de la esperanza, flores de mañana y lleva sus honores de ruborización de espesor sobre él. El tercer día llega la escarcha, la helada de la matanza, y luego cae como yo, que nunca a la esperanza de nuevo. Me he aventurado muchos veranos en un mar de gloria mucho más allá de mi profundidad. He sondeado todas las profundidades y bancos de honor. Pero he perdido el camino. Mi gran orgullo soplado al fin rompió debajo de mí y me dejó cansado y envejecido en el servicio a la merced de la corriente grosero.

Luego dijo a su criado, el único que no lo había abandonado:

Oh, Cromwell, Cromwell, yo te mando, arrojar lejos ambición. Por ese pecado cayeron los ángeles. La corrupción no gana más de honestidad. Se acaba y el miedo no, que todos los extremos tú aimest a ser de tu tierra, de tu Dios y la verdad de. Entonces, si mueres, mueres beato mártir.

Entonces el dijo:

Oh Cromwell, Cromwell! De haber servido a mi Dios con sólo la mitad de celo que he puesto en servir a mi rey, no me hubiera entregado éste, a mi vejez, desnudo, al furor de mis enemigos

Si el gran cardenal hubiese previsto su vida, si hubiera pensado un poco y con algo de determinación de la clase de persona que le hubiera gustaría ser, no sólo de forma temporal, sino a lo largo de su vida, entonces nunca habría llegado a este lugar desastroso que fue su fin.

Por lo tanto, en esta ocasión, me gustaría recordarles una vez más de este período del año nuevo, cuando no hay que olvidar las lecciones que hemos aprendido en el año anterior. No debemos olvidar el mes de enero con la autoridad de Jano que tenía de las puertas y los comienzos. Esta es la única vez de cada año cuando miramos hacia atrás en el pasado y luego empezamos de nuevo con un nuevo comienzo con la portería en cero. Este último año en que nos hemos visto sumergido en varios tipos de recesiones que han sido más impresionantes, no debemos dejar que las recesiones no nos permitan tener una bodega en nuestras vidas.

Que el Señor los bendiga, mis jóvenes hermanos y hermanas, a medida que continúen con esta experiencia emocionante a la que van a ser sometido en esta gran Universidad. No sé de ningún lugar en el mundo que sea un mejor lugar para participar del Espíritu del Señor y el espíritu de esta gran facultad dirigida por este maravilloso presidente de la Universidad.

Que Dios nos ayude a cada uno de nosotros, a tener éxito. Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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