Busquen conocimiento: Tienen una obra que realizar

Conferencia General Abril 2012

Busquen conocimiento: Tienen una obra que realizar

Por Mary N. Cook
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Aprendan todo lo que puedan ahora para que bendigan a sus hijos y su futuro hogar.

Mis queridas jovencitas, cuánto amamos a cada una de ustedes. Las vemos levantarse con valor y brillar con luz en un mundo en el que los grandes desafíos van acompañados de grandes oportunidades. Eso quizá las haga preguntarse: ¿qué me depara el futuro? Les aseguro que, como hijas virtuosas de Dios que son, ¡su futuro es brillante! Viven en una época en la que las verdades del Evangelio se han restaurado, las cuales se pueden encontrar en las Escrituras; ustedes recibieron el don del Espíritu Santo cuando se bautizaron, y Él les enseñará la verdad y las preparará para los desafíos de la vida.

Dios les dio el albedrío moral y la oportunidad de aprender mientras estén en la tierra, y Él tiene una obra para que ustedes realicen. Para hacerlo, tienen la responsabilidad individual de buscar conocimiento. La clave de su futuro, su “rayo brillante de esperanza”1, se encuentra en el nuevo librito Para la Fortaleza de la Juventud, bajo la norma de educación académica, así como en el valor conocimiento de las Mujeres Jóvenes.

“Estudiar… te abrirá las puertas de las oportunidades”2. A medida que sigan la admonición del Señor de “…busca[r] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”3 ganarán no sólo conocimiento por medio de sus estudios, sino mayor luz a medida que aprendan por medio de la fe.

Busquen conocimiento por medio del estudio diligente. Rara vez podrán pasar tanto tiempo dedicado al aprendizaje como lo pueden hacer ahora. El presidente Gordon B. Hinckley sabiamente aconsejó a los jóvenes de la Iglesia: “El modelo de estudio que establezcan durante los años de estudio formal afectará en gran medida la sed de conocimiento que tengan durante toda la vida”4. “Deben obtener toda la educación académica que les sea posible… Sacrifiquen lo que sea necesario sacrificar para reunir los requisitos a fin de llevar a cabo la obra de [este] mundo… Entrenen su mente y sus manos para llegar a ser una influencia para bien conforme sigan adelante con su vida”5.

Dirigiéndose específicamente a la mujer, el presidente Thomas S. Monson dijo: “A menudo, el futuro es incierto; por tanto, es preciso prepararnos para lo incierto… Las insto a proseguir estudios y a adquirir conocimientos prácticos, para que, de surgir la necesidad, estén preparadas para proveer para su familia”6.

Mujeres jóvenes, sigan el consejo de estos sabios e inspirados profetas. Sean buenas alumnas. Levántense y brillen en la escuela por medio del trabajo arduo, la honradez y la integridad. Si están teniendo dificultades o se sienten desanimadas en cuanto a su desempeño en la escuela, pidan la ayuda de sus padres, maestros y miembros serviciales de la Iglesia. ¡Nunca se den por vencidas!

Hagan una lista de las cosas que deseen aprender; luego “…[compartan sus] metas educativas con [su] familia, amigos y líderes para que ellos puedan [darles] apoyo y ánimo”7. Ése es el modelo del Progreso Personal.

Gracias a la tecnología, están siendo testigos de una explosión de conocimiento. Se les está bombardeando constantemente con sonido, video y las redes sociales. Sean selectivas y no permitan que este aumento repentino de información las distraiga o detenga su progreso. ¡Levántense, mujeres jóvenes! Ustedes determinan sus metas. Ustedes deciden lo que entra en su mente y en su corazón.

Parte de su aprendizaje más importante se llevará a cabo fuera del salón de clases. Rodéense de mujeres ejemplares que puedan enseñarles habilidades relacionadas con las labores del hogar, el arte, la música, la historia familiar, los deportes, la escritura o la oratoria. Lleguen a conocerlas y pídanles que sean sus mentoras. Cuando hayan aprendido algo nuevo, enséñenlo en la Mutual o sean mentoras de otras jovencitas como parte de los requisitos para la Abejita de Honor.

Además de mi maravillosa madre, he tenido muchas mentoras en la vida. Llegué a conocer primero el proceso de tener mentores cuando sólo tenía nueve años. Mi maestra de la Primaria me enseñó a bordar en punto de cruz “Traeré la luz del Evangelio a mi hogar”, un cuadro que estuvo colgado en mi habitación durante mi adolescencia. Mi maestra me guió, me corrigió y siempre me animó en el tiempo que me tomó hacerlo. Después tuve otras mentoras. Dos excelentes costureras de mi barrio me enseñaron a coser. Con su guía, paciencia y ánimo, presenté un vestido en un concurso de costura cuando tenía 14 años, ¡y gané un premio! El proceso aumentó mi sed de conocimiento y excelencia en otras áreas también.

El conocimiento que obtengan ahora pagará grandes dividendos cuando sean madres. “El nivel de formación académica de una madre tiene una profunda influencia en las decisiones educativas de sus [hijos]”8. La formación académica de una madre puede ser la “clave para salir [del] ciclo de la pobreza”9. “Las mujeres con formación académica… tienden a: tener bebés más sanos, tener hijos más saludables, más seguros, más adaptables, y que tienen mejor razonamiento y juicio”10. Seguir leyendo

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Levantaos y brillad

Conferencia General Abril 2012
Levantaos y brillad
Por Ann M. Dibb
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Una de las formas más grandes en que podemos levantarnos y brillar es obedecer con confianza los mandamientos de Dios.

Es un privilegio para mí compartir esta noche con ustedes. Cada enero espero ansiosamente el anuncio del nuevo lema de la Mutual. Sin embargo, siempre tomo un momento para evaluar si he aprendido las lecciones del tema del año anterior.

Por un momento, repasemos temas recientes: “Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente”1, “Ser firmes e inmutables, abundando siempre en buenas obras”2, “Sé ejemplo de los creyentes”3, “Esfuérzate y sé valiente”4, y el decimotercer artículo de fe: “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres”5.

El estudiar estos pasajes de las Escrituras y concentrarnos en ellos durante un año entero ha permitido que lleguen a ser parte de nuestro corazón, de nuestra alma y de nuestro testimonio. Espero que ustedes continúen siguiendo esa guía al concentrar nuestra atención en el lema de la Mutual para 2012, que se halla en Doctrina y Convenios.

El encabezamiento de la Sección 115 indica que el año era 1838 y el lugar era Far West, Misuri. José Smith “…da a conocer la voluntad de Dios concerniente a la edificación de ese lugar y de la casa del Señor”. El profeta era optimista y estaba animado. En el versículo 5, donde se encuentra el lema de este año, el Señor le dice: “De cierto os digo a todos: Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones”.

¿Qué piensan cuando escuchan la palabra levantaos? Personalmente, pienso en ustedes, la noble juventud de la Iglesia. Las imagino diligentemente levantándose de la cama cada mañana para asistir a seminario diario. Las veo levantándose fielmente después de estar arrodilladas haciendo sus oraciones diarias. Pienso en ustedes poniéndose de pie con valor para compartir su testimonio y defender sus normas. Me inspira la dedicación que tienen al Evangelio y sus buenos ejemplos. Muchas de ustedes ya han aceptado esta invitación de levantarse y brillar, y su luz anima a otras personas a hacer lo mismo.

Una de las formas más grandes en que podemos levantarnos y brillar es obedecer con confianza los mandamientos de Dios. Aprendemos de estos mandamientos en las Escrituras, de los profetas modernos y de las páginas del librito Para la Fortaleza de la Juventud. Cada una de ustedes debe tener su propio ejemplar. En mi librito, he marcado las palabras para y tú, como me enseñó una querida amiga. Este simple acto me recuerda que estas normas no son sólo pautas generales, sino que son específicamente para mí. Espero que dediquen tiempo para marcar esas palabras en su propio librito, que lo lean de tapa a tapa y sientan el Espíritu testificarles de que las normas son para ustedes también.

Quizás algunas de ustedes sientan la tentación de ignorar o descartar las normas de Para la Fortaleza de la Juventud. Quizás vean el librito y digan: “Ves, mamá, el libro no habla de [pongan el tema de actualidad]”, o tal vez se autojustifiquen y digan: “Lo que hago no está tan mal. Por cierto no soy tan mala como [inserten el nombre de una amiga o una conocida]”.

El presidente Harold B. Lee enseñó: “El más importante de todos los mandamientos de Dios es aquel que les resulte más difícil de guardar hoy”6. El rey Benjamín explicó: “No puedo deciros todas las cosas mediante las cuales podéis cometer pecado; porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos”7. Si tienen problemas para guardar estas normas y mandamientos, las animo a que busquen apoyo en el Evangelio. Lean las Escrituras; pasen tiempo en el sitio web oficial de la Iglesia, LDS.org, para encontrar respuestas a sus preguntas. Hablen con sus padres, con sus líderes de la Iglesia y con aquellas personas que brillan al vivir el Evangelio. Oren; derramen su corazón a su Padre Celestial, quien las ama. Utilicen el don del arrepentimiento a diario; sirvan a los demás. Y lo más importante, escuchen y obedezcan los susurros del Espíritu Santo.

El presidente Thomas S. Monson nos anima a todos con estas palabras: “Mis jóvenes amigos, sean fuertes… Ustedes saben lo que es bueno y lo que es malo, y ningún disfraz, no importa cuán atractivo sea, puede cambiar ese hecho… Si los que supuestamente son sus amigos los instan a hacer algo que ustedes saben que está mal, sean ustedes los que defiendan lo correcto, aunque tengan que estar solos”8. Seguir leyendo

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Al concluir esta conferencia

Conferencia General Abril 2012
Al concluir esta conferencia
Por el presidente Thomas S. Monson

Ruego que mediten en las verdades que han escuchado y que ellas los ayuden a ser aún mejores de lo que eran cuando la conferencia comenzó hace dos días.

Siento el corazón henchido al llegar al final de esta gloriosa conferencia. Hemos sido sumamente bendecidos al escuchar el consejo y los testimonios de aquellos que nos han hablado. Creo que estarán de acuerdo conmigo en que hemos sentido el Espíritu del Señor, se ha conmovido nuestro corazón y se ha fortalecido nuestro testimonio.

Una vez más, hemos disfrutado de la bella música que ha elevado y enriquecido cada sesión de la conferencia. Expreso mi gratitud a todos los que han compartido sus talentos en ese aspecto.

Vaya mi más sincero agradecimiento a cada persona que nos ha hablado al igual que a quienes han ofrecido oraciones en cada una de las sesiones.

Hay incontables personas que trabajan entre bastidores y en puestos menos visibles en cada conferencia y, para nosotros, no sería posible llevar a cabo estas sesiones sin su ayuda. Vaya también mi agradecimiento a ellos.

Sé que se unen a mí al expresar profunda gratitud a aquellos hermanos y hermanas que han sido relevados durante esta conferencia. Los echaremos de menos. Sus contribuciones a la obra del Señor han sido enormes y se dejarán sentir a lo largo de las generaciones venideras.

También hemos sostenido, con la mano en alto, a hermanos y hermanas que han sido llamados a nuevas posiciones durante la conferencia. Les damos la bienvenida y queremos que sepan que anhelamos servir con ellos en la causa del Maestro; ellos han sido llamados por inspiración de lo alto.

En esta conferencia, hemos tenido una cobertura sin igual que ha llegado a través de los continentes y océanos a la gente de todas partes y, aunque estamos muy lejos de muchos de ustedes, sentimos su espíritu y su dedicación, y les hacemos extensivos nuestro amor y agradecimiento dondequiera que estén.

Cuán bendecidos somos, mis hermanos y hermanas, de tener el evangelio restaurado de Jesucristo en nuestra vida y en nuestro corazón; proporciona las respuestas a los grandes interrogantes de la vida; da significado, propósito y esperanza a nuestras vidas.

Vivimos en tiempos difíciles. Les aseguro que nuestro Padre Celestial es consciente de los desafíos que afrontamos. Él ama a cada uno de nosotros y desea bendecirnos y ayudarnos. Que nos dirijamos a Él mediante la oración, como Él nos exhortó cuando dijo: “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra”1.

Mis queridos hermanos y hermanas, ruego que sus hogares estén llenos de amor y cortesía, y con el Espíritu del Señor. Amen a su familia; si hay desacuerdos o contenciones entre ustedes, les insto a que los resuelvan ahora. El Salvador dijo:

“…no habrá disputas entre vosotros…

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

“[Pero] he aquí, ésta no es mi doctrina… antes bien, mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas”2.

Como su humilde siervo, hago eco de las palabras del rey Benjamín, cuando le habló a su pueblo y le dijo:

“No os he mandado… que penséis que yo de mí mismo sea más que un ser mortal.

“Sino que soy como vosotros, sujeto a toda clase de enfermedades de cuerpo y mente; sin embargo, he sido elegido por… la mano del Señor… y su incomparable poder me ha guardado y preservado, para serviros con todo el poder, mente y fuerza que el Señor me ha concedido”3.

Mis amados hermanos y hermanas, deseo con todo mi corazón hacer la voluntad de Dios y servirle a Él y a ustedes.

Ahora, al partir de esta conferencia, invoco las bendiciones del cielo sobre cada uno de ustedes. Que ustedes, los que están fuera de su hogar, regresen a salvo. Ruego que mediten en las verdades que han escuchado y que ellas los ayuden a ser aún mejores de lo que eran cuando la conferencia comenzó hace dos días.

Hasta que nos volvamos a ver en seis meses, ruego que las bendiciones del Señor estén sobre ustedes y, en realidad, sobre todos nosotros; y lo hago en Su santo nombre, a saber Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

Notas

  1. Doctrina y Convenios 19:38.

  2. 3 Nefi 11:28–30; cursiva agregada.

  3. Mosíah 2:10–11.

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¿Qué piensa el Cristo de mí?

Conferencia General Abril 2012
¿Qué piensa el Cristo de mí?
Por el élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

En la medida en que lo amen, confíen en Él, le crean y lo sigan, sentirán el amor y la aprobación de Él.

Un periodista de una de las principales revistas de Brasil estudió la Iglesia como preparativo para un importante artículo de prensa1. Examinó nuestra doctrina y visitó los centros de capacitación misional y de ayuda humanitaria. Habló con amigos de la Iglesia y con otras personas que no eran tan amigos. Cuando me entrevistó, el periodista parecía francamente perplejo al preguntarme: “¿Cómo es que hay personas que no los consideran cristianos?”. Sabía que se refería a la Iglesia; pero, por algún motivo mi mente planteó la pregunta en forma personal, y me hallé preguntándome en silencio: “¿Refleja mi vida el amor y la devoción que le tengo al Salvador?”.

Jesús preguntó a los fariseos: “¿Qué pensáis del Cristo?”2. En la evaluación final, no serán ni amigos ni enemigos los que juzguen nuestro discipulado. Más bien, como dijo Pablo, “…[todos] compareceremos ante el tribunal de Cristo”3. Ese día, la pregunta importante para cada uno de nosotros será: “¿Qué piensa el Cristo de mí?”.

Incluso con el amor que le tiene a toda la humanidad, Jesús se refirió en tono de amonestación a algunos que lo rodeaban llamándolos hipócritas4, insensatos5 y hacedores de maldad6. A otros con aprobación llamó hijos del reino7 y la luz del mundo8. Se refirió con desaprobación a algunos como cegados9 e infructuosos10; elogió a otros como de limpio corazón11 y que tenían hambre y sed de justicia12. Lamentó que algunos fueran incrédulos13 y de este mundo14, pero a otros los valoró como escogidos15, discípulos16, amigos17. Y, así, cada uno de nosotros se pregunta: “¿Qué piensa el Cristo de mí?”.

El presidente Monson ha descrito nuestra época como una que se aleja “de lo que es espiritual… [y en la] que los vientos del cambio sopl[an] a nuestro alrededor y la fibra moral de la sociedad continú[a] desintegrándose ante nuestros propios ojos…”18. Es una época en la que aumenta la incredulidad y la indiferencia hacia Cristo y Sus enseñanzas.

En este ambiente turbulento, nos regocijamos de ser discípulos de Jesucristo; vemos la mano del Señor en todos lados. Nuestro destino se presenta hermoso ante nosotros. “Y ésta es la vida eterna”, oró Jesús, “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”19. Ser discípulo en estos días de destino será un mérito de honor por todas las eternidades.

Los mensajes que hemos escuchado durante esta conferencia son carteles del Señor que nos guían en nuestra jornada de discipulado. Conforme hemos escuchado durante estos últimos dos días, orar para recibir guía espiritual y, según estudiemos y oremos en cuanto a estos mensajes en los días venideros, el Señor nos bendecirá con guía personal por medio del don del Espíritu Santo. Esos sentimientos nos vuelven aún más al Señor, al arrepentirnos, obedecer, creer y confiar. El Salvador responde a nuestros hechos de fe: “El que me ama [hombre o mujer], mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él”20.

El llamado de Jesús, “Ven, sígueme”21, no es sólo para quienes estén preparados para competir en unas olimpíadas espirituales. De hecho, el discipulado no es una competición en absoluto, sino una invitación para todos. Nuestra jornada del discipulado no es una rápida vuelta a la pista ni se compara del todo a un largo maratón. En verdad es una migración de toda la vida hacia un mundo más celestial.

Esta invitación es un llamado al deber diario. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”22. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame”23. Puede que no todos los días sean nuestro mejor día, pero si nos estamos esforzando, la invitación de Jesús está llena de ánimo y esperanza: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”24.

Donde sea que se encuentren en el camino del discipulado, están en el sendero correcto, el camino hacia la vida eterna. Juntos podemos levantarnos y fortalecernos unos a otros en los grandes e importantes días que están por delante. Sean cuales sean las dificultades que enfrentemos, las flaquezas que nos limiten o las imposibilidades que nos rodeen, tengamos fe en el Hijo de Dios, quien declaró: “…al que cree todo le es posible”25.

Permítanme compartir dos ejemplos del discipulado en acción. El primero es de la vida del presidente Thomas S. Monson y demuestra el poder de la bondad simple y de la enseñanza de Jesús de que “El que es el mayor entre vosotros será vuestro siervo”26.

Hace casi veinte años, el presidente Monson habló en la conferencia general acerca de una jovencita de doce años que padecía de cáncer. Contó de la valentía de ella y la bondad de sus amigos que la cargaron para subir el monte Timpanogos en el centro de Utah.

Hace unos años, conocí a Jami Palmer Brinton, y escuché la historia desde otro punto de vista, con la perspectiva de lo que el presidente Monson había hecho por ella.

Jami conoció al presidente Monson en marzo de 1993, al día siguiente de recibir la noticia de que un tumor que tenía arriba de la rodilla derecha era un cáncer óseo de rápido crecimiento. Con la ayuda del padre de Jami, el presidente Monson le dio una bendición del sacerdocio, prometiéndole: “Jesús estará a tu diestra y a tu siniestra para levantarte”.

“Al salir de su oficina ese día”, dijo Jami, “desaté un globo que llevaba en mi silla de ruedas y se lo di a él. ‘¡Eres lo máximo!’, decía con letras brillantes”.

A lo largo de los tratamientos de quimioterapia y una operación para salvarle la pierna, el presidente Monson no se olvidó de ella. Jami dijo: “El presidente Monson ejemplificó lo que es ser un verdadero discípulo de Cristo. Me sacó de mi angustia dándome una esperanza grande y duradera”. Tres años después de su primer encuentro, Jami otra vez estuvo en la oficina del presidente Monson. Al final de la reunión, él hizo algo que Jami nunca olvidará. Típico de los detalles del presidente Monson, él sorprendió a Jami con el mismísimo globo que ella le había dado tres años antes. “¡Eres lo máximo!”, proclamaba el globo. Lo había guardado, consciente de que ella regresaría a su oficina cuando estuviera curada del cáncer. Catorce años después del primer encuentro con Jami, el presidente Monson efectuó su casamiento con Jason Brinton en el Templo de Salt Lake27.

Podemos aprender muchísimo del discipulado del presidente Monson. Con frecuencia él recuerda a las Autoridades Generales que tengamos en mente esta simple pregunta: “¿Qué haría Jesús?”. Seguir leyendo

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Mantener sagrado

Conferencia General Abril 2012
Mantener sagrado
Por el élder Paul B. Pieper
De los Setenta

Las cosas sagradas se deben tratar con más cuidado, con más respeto, y se deben considerar con profunda reverencia.

Unos 1.500 años antes de Cristo, se llevó a un pastor a una zarza ardiente en las laderas del monte Horeb. Ese encuentro divino inició la transformación de Moisés de ser un pastor a ser un profeta, y de su trabajo de pastoreo de ovejas al recogimiento de Israel. Mil trescientos años más tarde, el testimonio de un profeta condenado cautivó a un privilegiado joven sacerdote de la corte del rey. Ese encuentro dio inicio a la evolución de Alma de ser un siervo común a ser un siervo de Dios. Casi 2000 años después, un joven de 14 años entró al bosque en búsqueda de una respuesta a una pregunta sincera. El encuentro de José Smith en la arboleda lo puso en el camino para llegar a ser un profeta y hacia una restauración.

Los encuentros con lo divino cambiaron completamente las vidas de Moisés, Alma y de José Smith. Estas experiencias los fortalecieron para permanecer fieles al Señor y a Su obra durante toda la vida a pesar de la abrumadora oposición y de los posteriores desafíos difíciles.

Nuestras experiencias con lo divino puede que no sean tan directas o dramáticas, ni nuestros desafíos tan desalentadores. Sin embargo, al igual que con los profetas, nuestra fortaleza para perseverar fielmente depende de que reconozcamos, recordemos y mantengamos sagrado aquello que recibimos de lo alto.

Hoy en día, la autoridad, las llaves y las ordenanzas han sido restauradas sobre la tierra. Hay también Escrituras y testigos especiales. Aquellos que buscan a Dios pueden recibir el bautismo para la remisión de los pecados y la confirmación “por la imposición de manos… para que reciban el bautismo de fuego y del Espíritu Santo” (D. y C. 20:41). Con estos preciados dones restaurados, nuestros encuentros divinos mayormente incluirán al tercer miembro de la Trinidad, el Espíritu Santo.

Con voz apacible el Espíritu me habla,
Me guía, me salva.
(“Con voz apacible”, (Liahona, abril de 2006, pág. A13)

Deja que el Espíritu
te enseñe la verdad,
testifique de Jesús
y te guíe en santidad.
(“Deja que el Espíritu te enseñe”, Himnos, Nº 77)

A medida que buscamos respuestas de Dios, sentimos la voz suave y apacible susurrar a nuestros espíritus. Estos sentimientos, estas impresiones, son tan naturales y tan sutiles que podemos pasarlos por alto o atribuirlos a la razón o la intuición. Estos mensajes personales testifican del amor personal de Dios y de Su preocupación por cada uno de Sus hijos y de las misiones terrenales de ellos. El reflexionar y registrar a diario las impresiones que vienen del Espíritu sirven el doble propósito de (1) ayudarnos a reconocer nuestros encuentros personales con lo divino y (2) preservarlos para nosotros y para nuestra posteridad. Registrarlos es también una aceptación y un reconocimiento formal de nuestra gratitud a Dios, porque “en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas” (D. y C. 59:21).

En cuanto a lo que recibimos a través del Espíritu, el Señor dijo: “Recordad que lo que viene de arriba es sagrado”(D. y C. 63:64). Su declaración es más que un recordatorio, también es una definición y una explicación. La luz y el conocimiento del cielo son sagrados, y lo son porque el cielo es su fuente.

Sagrado significa digno de veneración y respeto. Al designar algo como sagrado, el Señor indica que es de mayor valor y prioridad que otras cosas. Las cosas sagradas se deben tratar con más cuidado, con más respeto, y se deben considerar con profunda reverencia. Lo sagrado se cataloga en lo alto de la jerarquía de los valores celestiales. Seguir leyendo

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¿Valió la pena?

Conferencia General Abril 2012
¿Valió la pena?
Por el élder David F. Evans
De los Setenta

La labor de compartir el Evangelio de forma normal y natural con las personas que nos interesan y a quienes amamos será la obra y el gozo de nuestras vidas.

Durante esta conferencia y en otras reuniones recientes1, muchos de nosotros nos hemos preguntado: ¿qué puedo hacer para ayudar a fortalecer la Iglesia del Señor y ver un verdadero crecimiento en donde vivo?

En ése y en todo otro esfuerzo significativo, nuestra labor más importante siempre es la que realizamos dentro de nuestro propio hogar y en nuestra familia2. Es en la familia donde se establece la Iglesia y ocurre el verdadero crecimiento3. Debemos enseñar a nuestros hijos los principios y las doctrinas del Evangelio; debemos ayudarlos a tener fe en Jesucristo y ayudarlos a prepararse para el bautismo cuando tengan ocho años4. Debemos ser fieles nosotros mismos para que ellos vean nuestro ejemplo de amor por el Señor y por Su Iglesia. Eso ayuda a que nuestros hijos sientan gozo al guardar los mandamientos, felicidad en la familia y gratitud al prestar servicio a los demás. En nuestros hogares debemos seguir el modelo dado por Nefi cuando dijo:

“Trabajamos diligentemente… a fin de persuadir a nuestros hijos… a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios…

“… Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”5.

Trabajamos diligentemente para ofrecer estas bendiciones a nuestros hijos al asistir a la Iglesia con ellos, hacer la noche de hogar y leer las Escrituras juntos; al orar diariamente con nuestra familia, aceptar llamamientos, visitar a los enfermos y a los que están solos, y hacer otras cosas que demuestren a nuestros hijos que los amamos y que amamos a nuestro Padre Celestial, a Su Hijo y a la Iglesia de Ellos.

Hablamos y profetizamos de Cristo al dar una lección en la noche de hogar o al sentarnos con un hijo y expresarle nuestro amor y nuestro testimonio del Evangelio restaurado.

Podemos escribir de Cristo a través de cartas a aquellos que estén lejos. Los misioneros que están en el campo, los hijos e hijas que se encuentran en el servicio militar y aquellos a quienes amamos son todos bendecidos por las cartas que escribimos. Las cartas que se reciben de casa no son solamente breves correos electrónicos; las verdaderas cartas ofrecen algo tangible que se puede tener en la mano, considerar y apreciar.

Ayudamos a nuestros hijos a confiar en la expiación del Salvador y a conocer la compasión de un amoroso Padre Celestial al mostrar amor y compasión en nuestra manera de criarlos. Nuestro amor y compasión no sólo acercan a nuestros hijos más a nosotros, sino que también fortalecen su fe al saber que el Padre Celestial los ama y los perdonará cuando se esfuercen por arrepentirse y por ser mejores. Ellos confían en esa verdad porque han sentido lo mismo de sus padres terrenales.

Además de la labor que haremos dentro de nuestra propia familia, Nefi enseñó que “trabajamos diligentemente… a fin de persuadir a nuestros… hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios”6. Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cada uno de nosotros tiene la bendición y la responsabilidad de compartir el Evangelio. Algunos de los que necesitan el Evangelio en su vida aún no son miembros de la Iglesia. Otros estuvieron antes entre nosotros pero necesitan volver a sentir el gozo que sintieron cuando aceptaron el Evangelio en una época anterior de su vida. El Señor ama tanto a la persona que nunca ha tenido el Evangelio como a la que está regresando a Él7. Para Él y para nosotros no tiene importancia; todo es la misma obra. Es el valor de las almas, independientemente de su condición, lo que es grande para nuestro Padre Celestial, para Su Hijo y para nosotros8. La obra de nuestro Padre Celestial y Su Hijo es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna”9 de todos Sus hijos, sin importar sus circunstancias actuales. Nuestra bendición es ayudar en esta gran obra.

El presidente Thomas S. Monson explicó cómo podemos ayudar cuando dijo: “Nuestras experiencias misionales tienen que ser actuales. No es suficiente quedarse sentado y reflexionar sobre experiencias pasadas. Para sentirse satisfecho hay que seguir compartiendo el Evangelio de forma normal y natural”10.

La labor de compartir el Evangelio de forma normal y natural con las personas que nos interesan y a quienes amamos será la obra y el gozo de nuestras vidas. Permítanme contarles acerca de dos experiencias.

Dave Orchard se crió en Salt Lake City, donde la mayoría de sus amigos eran miembros de la Iglesia. Ellos eran una gran influencia para él. Además, los líderes de la Iglesia en su vecindario lo invitaban constantemente a las actividades, al igual que sus amigos. A pesar de que no se unió a la Iglesia en aquel momento, en sus años de juventud tuvo la bendición de la influencia de buenos amigos y de las actividades de la Iglesia. Después de ingresar a la universidad, se mudó lejos de su casa y la mayoría de sus amigos se fueron a servir misiones; él echaba de menos la influencia de ellos en su vida.

Uno de los amigos de Dave, de la escuela secundaria, todavía estaba en su casa. Ese amigo se reunía cada semana con su obispo en un esfuerzo por poner su vida en orden y servir como misionero. Él y Dave llegaron a ser compañeros de cuarto y, como es normal y natural, hablaron sobre por qué todavía no estaba sirviendo como misionero y por qué se reunía a menudo con el obispo. El amigo de Dave expresó gratitud y respeto hacia su obispo y por la oportunidad de arrepentirse y de servir. Entonces le preguntó a Dave si le gustaría ir a la próxima entrevista con él. ¡Qué invitación! Pero debido a su amistad y a las circunstancias, fue a la vez normal y natural.

Dave aceptó y no tardó en tener sus propias entrevistas con el obispo. Eso lo llevó a tomar la decisión de reunirse con los misioneros; recibió un testimonio de que el Evangelio es verdadero y fijaron una fecha para su bautismo. El obispo bautizó a Dave y, un año después, Dave Orchard y Katherine Evans se casaron en el templo. Ellos tienen cinco hermosos hijos. Katherine es mi hermana menor. Siempre estaré agradecido a ese buen amigo que, junto con un buen obispo, trajo a Dave a la Iglesia. Seguir leyendo

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“Conforme a los principios de la rectitud”

Conferencia General Abril 2012
“Conforme a los principios de la rectitud”
Por el élder Larry Y. Wilson
De los Setenta

Los padres sabios preparan a sus hijos para que puedan conducirse sin la guía paterna. Les brindan oportunidades de crecimiento a sus hijos a medida que éstos adquieren la madurez espiritual para ejercer su albedrío de manera apropiada.

Más o menos un mes después de casarnos, mi esposa y yo estábamos haciendo un viaje largo en automóvil. Ella iba manejando y yo trataba de relajarme. Digo que trataba porque la autopista por la que viajábamos tenía la reputación de tener muchos controles de velocidad, y creo que en aquellos días mi esposa tal vez tenía una leve tendencia de acelerar demasiado; así que le dije: “Vas muy rápido; baja la velocidad”.

Mi flamante esposa pensó: “Vaya, llevo unos diez años manejando y, salvo mi instructor de manejo, nunca nadie me ha dicho cómo manejar”. Así que contestó: “¿Qué te da el derecho de decirme cómo manejar?”.

En realidad, su pregunta me tomó desprevenido; entonces, haciendo lo mejor para asumir mis nuevas responsabilidades de hombre casado dije: “No lo sé, porque soy tu marido y poseo el sacerdocio”.

Hermanos, una breve sugerencia: Si se encuentran en una situación similar, ésa no es la respuesta correcta; y me siento feliz de informarles que fue la primera y la última vez que cometí ese error.

Doctrina y Convenios explica que el derecho de emplear el sacerdocio en el hogar o en cualquier otra parte está directamente relacionado con la rectitud de nuestra vida: “… los poderes del cielo […] no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud”1. Después dice que perdemos esos poderes cuando “[ejercemos] mando, dominio o compulsión sobre las almas de los [demás], en cualquier grado de injusticia”2.

En este pasaje de las Escrituras se dice que debemos guiar “conforme a los principios de la rectitud”. Esos principios se aplican a todos los líderes de la Iglesia como también a todos los padres y las madres en sus hogares3. Cuando ejercemos mando sobre otra persona de forma indebida, perdemos el derecho al Espíritu del Señor y a cualquier autoridad que tengamos de Dios4. Tal vez pensemos que esos métodos son para el bien de la persona sobre la que “ejercemos mando”, pero procedemos de forma injusta cada vez que tratamos de obligar a obrar con rectitud a alguien que puede y debe ejercer su propio albedrío moral. Cuando haya necesidad de establecer límites firmes para otra persona, esos límites siempre deben ponerse con afectuosa paciencia y de una manera que enseñe principios eternos.

Sencillamente no podemos forzar a los demás a hacer lo correcto. En las Escrituras queda claro que ésa no es la manera de Dios. La compulsión produce resentimiento; demuestra desconfianza y hace que las personas se sientan incompetentes. Las oportunidades de aprendizaje se pierden cuando las personas que ejercen control dan por sentado con altivez que tiene todas las respuestas correctas para los demás. En las Escrituras se dice que “la naturaleza y disposición de casi todos los hombres” es practicar este “injusto dominio”5, así que debemos ser conscientes de que es una trampa en la que se puede caer fácilmente. Puede que las mujeres también ejerzan injusto dominio, aun cuando las Escrituras asocian el problema especialmente con los hombres.

El injusto dominio con frecuencia va acompañado de la crítica constante y de no demostrar ni aprobación ni amor. Las personas sobre quienes se ejerce sienten que nunca pueden agradar a tales líderes o padres y que lo que hacen siempre es insuficiente. Los padres sabios deben sopesar cuándo los hijos están listos para comenzar a ejercer su propio albedrío en un aspecto particular de su vida. Pero si los padres se aferran a todo el poder de decisión, considerándolo su “derecho”, limitan de forma severa el crecimiento y desarrollo de sus hijos.

Nuestros hijos están en el hogar por un tiempo limitado. Si esperamos a que se vayan a vivir a otra parte para entregarles las riendas de su albedrío moral, habremos esperado demasiado. No van a desarrollar de repente la facultad de tomar decisiones prudentes si nunca han tenido la libertad de tomar alguna decisión importante mientras vivían en nuestra casa. Los hijos en esas circunstancias a menudo se rebelan contra tal compulsión o quedan traumatizados con la incapacidad de tomar decisiones por su propia cuenta. Seguir leyendo

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Tener la visión de actuar

Conferencia General Abril 2012
Tener la visión de actuar
Por el élder O. Vincent Haleck
De los Setenta

Si queremos prosperar en lugar de perecer, debemos obtener una visión de nosotros mismos igual a la que el Salvador tiene de nosotros.

Al igual que todos los buenos padres, los míos deseaban un futuro brillante para sus hijos. Mi padre no era miembro y, debido a circunstancias inusuales que existían en ese entonces, mis padres decidieron que mis hermanos, mis hermanas y yo dejáramos nuestro hogar en la isla de Samoa Americana, en el Pacífico Sur, y viajáramos a los Estados Unidos para ir a la escuela.

La decisión de separarse de nosotros fue muy difícil para mis padres, en especial para mi madre. Sabían que tendríamos que afrontar desafíos desconocidos al trasladarnos a un nuevo entorno. Sin embargo, con fe y determinación, siguieron adelante con su plan.

Debido a que mi madre se había criado como Santo de los Últimos Días, estaba familiarizada con los principios del ayuno y la oración, y tanto ella como mi padre sentían que necesitaban las bendiciones del cielo para ayudar a sus hijos. Con ese espíritu, comenzaron a apartar un día cada semana para ayunar y orar por nosotros. Su visión era la de preparar a sus hijos para un futuro brillante. Ellos actuaron de acuerdo con esa visión, ejerciendo su fe al buscar las bendiciones del Señor. Mediante el ayuno y la oración recibieron la seguridad, el consuelo y la paz de que todo saldría bien.

¿En qué forma obtenemos la visión necesaria para realizar las cosas que nos acercarán más al Salvador en medio de los desafíos de la vida? En referencia a tener visión, el libro de Proverbios nos enseña esta verdad: “Sin profecía, el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18). Si queremos prosperar en lugar de perecer, debemos obtener una visión de nosotros mismos igual a la que el Salvador tiene de nosotros.

El Salvador vio más potencial en aquellos humildes pescadores a quienes llamó para que lo siguieran de lo que ellos inicialmente veían en sí mismos. Él tenía la visión de lo que podían llegar a ser; conocía la bondad y el potencial de ellos y decidió llamarlos. Al principio no poseían experiencia, pero al seguirlo, vieron Su ejemplo, percibieron Sus enseñanzas y se convirtieron en Sus discípulos. Hubo un momento en que algunos de los discípulos se alejaron de Él debido a que las cosas que oían les eran difíciles. Consciente de que otros quizás también se alejarían, Jesús preguntó a los Doce: “¿También vosotros queréis iros?” (Juan 6:67). La respuesta de Pedro refleja la forma en que había cambiado y cómo había captado la visión de quién era el Salvador. “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68), respondió.

Con esa visión, esos discípulos fieles y devotos pudieron hacer cosas difíciles mientras viajaban para predicar el Evangelio y establecer la Iglesia después de que el Salvador hubo partido. Con el tiempo, algunos de ellos sacrificaron su vida por su testimonio.

En las Escrituras hay otros ejemplos de personas que captaron la visión del Evangelio y luego salieron y actuaron de acuerdo con esa visión. El profeta Alma captó la visión cuando escuchó a Abinadí enseñar y testificar osadamente ante el rey Noé. Alma actuó de acuerdo con las enseñanzas de Abinadí y se dedicó a enseñar lo que había aprendido, bautizando a muchos que creyeron en sus palabras (véase Mosíah 17:1–4; 18:1–16). Mientras perseguía a los antiguos Santos, el apóstol Pablo se convirtió en el camino a Damasco y luego actuó en consecuencia, enseñando y testificando de Cristo (véase Hechos 9:1–6, 20–22, 29).

En nuestra época, muchos hombres y mujeres jóvenes, y matrimonios mayores han respondido al llamado del profeta de Dios de prestar servicio misional. Con fe y valentía, dejan sus hogares y todo lo que les es familiar a causa de su fe en el bien que pueden hacer como misioneros. Al poner en práctica su visión de prestar servicio, bendicen la vida de muchos y, en el proceso, cambian su propia vida. En la última conferencia general, el presidente Thomas S. Monson nos agradeció por el servicio que nos brindamos los unos a los otros y nos recordó nuestra responsabilidad de ser las manos de Dios aquí en la tierra para bendecir a Sus hijos (véase “Hasta que nos volvamos a reunir”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 108). El cumplimiento de este mandato ha sido reconfortante a medida que los miembros de la Iglesia han actuado de acuerdo con la visión que él tiene.

Antes de que el Señor partiera, comprendiendo que necesitaríamos ayuda, dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). Enseñó a Sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14:26). Éste es el mismo Espíritu Santo que puede habilitarnos y motivarnos a hacer lo que el Salvador y los profetas y apóstoles de nuestros días nos enseñan.

Al poner en práctica las enseñanzas de nuestros líderes, obtenemos una comprensión más profunda de la visión que nuestro Salvador tiene para nosotros. A lo largo de esta conferencia hemos recibido consejo inspirado de profetas y apóstoles. Estudien sus enseñanzas y medítenlas en su corazón mientras buscan el Espíritu Santo para que los ayude a captar la visión de esas enseñanzas en sus vidas. Con esa visión, ejerzan su fe para actuar de acuerdo con el consejo de ellos.

Escudriñen y estudien las Escrituras concentrándose en recibir más luz y conocimiento de sus mensajes; medítenlos en su corazón y permitan que los inspiren; entonces actúen según la inspiración que reciban.

Tal como hemos aprendido en familia, actuamos cuando ayunamos y oramos. Alma habló de ayunar y orar como una manera de recibir certeza cuando dijo: “…he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo” (Alma 5:46). Nosotros también llegamos a saber cómo afrontar los desafíos al ayunar y orar.

Experimentamos dificultades en la vida que algunas veces pueden restringir nuestra visión y fe para hacer lo que debemos. Llegamos a estar tan ocupados que muchas veces nos sentimos abrumados e incapaces de hacer más. A pesar de que cada uno de nosotros es diferente, con humildad sugiero que debemos centrar nuestra visión en el Salvador y en Sus enseñanzas. ¿Qué vio Él en Pedro, Santiago y Juan, y en los demás apóstoles, que hizo que los invitara a que lo siguieran? Al igual que la visión que Él tuvo de ellos, el Salvador tiene una gran visión de lo que nosotros podemos llegar a ser. Requerirá la misma fe y valor que tuvieron los primeros apóstoles para que nos volvamos a centrar en las cosas que más importan para tener felicidad imperecedera y gran gozo.

Al estudiar la vida de nuestro Salvador y Sus enseñanzas, lo vemos entre la gente enseñando, orando, dando ánimo y sanando. Cuando lo emulamos y hacemos lo que vemos que Él hace, comenzamos a tener una visión de quiénes podemos llegar a ser. Ustedes serán bendecidos con entendimiento mediante la ayuda del Espíritu Santo para hacer mayor bien. Empezarán a cambiar y establecerán un orden diferente en su vida que los bendecirá a ustedes y a su familia. Durante Su ministerio entre los nefitas, el Salvador preguntó: “…¿qué clase de hombres habéis de ser?”. Y respondió: “En verdad os digo, aun como yo soy” (3 Nefi 27:27). Necesitamos Su ayuda para llegar a ser cómo Él, y Él nos ha mostrado el camino: “Por consiguiente, pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá; porque el que pide, recibe; y al que llama, se le abrirá” (3 Nefi 27:29).

Sé que al obtener una visión de nosotros mismos tal como el Salvador nos ve, y al actuar de acuerdo con ella, nuestras vidas serán bendecidas de formas inesperadas. Gracias a la visión de mis padres, no sólo fui bendecido con experiencias académicas, sino que me encontré en circunstancias en las que conocí y acepté el Evangelio. Más importante aún, aprendí el significado de padres buenos y fieles. En pocas palabras, mi vida cambió para siempre.

De la misma forma en que la visión de mis padres los llevó a ayunar y a orar por el bienestar de sus hijos, y al igual que la visión de los antiguos apóstoles los llevó a seguir al Salvador, esa misma visión está a nuestro alcance para inspirarnos y ayudarnos a actuar. Hermanos y hermanas, somos un pueblo con una historia de visión, y con la fe y la valentía para actuar. ¡Miren a dónde hemos llegado y las bendiciones que hemos recibido! Crean que Él puede bendecirlos con visión en la vida y con la valentía para actuar.

Les doy mi testimonio del Salvador y de Su deseo de que regresemos a Él. Para lograrlo, debemos tener fe para actuar, seguirlo y llegar a ser como Él. Muchas veces en la vida Él nos tiende la mano y nos invita:

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:29–30).

Al igual que el Salvador vio un gran potencial en Sus primeros apóstoles, Él también ve lo mismo en nosotros. Veámonos a nosotros mismos como el Salvador nos ve. Oro para que tengamos esa visión, con la fe y la valentía de actuar. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Para hallar a los perdidos

Conferencia General Abril 2012
Para hallar a los perdidos
Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Al tratar de vivir el Evangelio y la doctrina de Cristo, el Espíritu Santo los guiará a ustedes y a su familia.

Hermanos y hermanas, según las Escrituras, la Liahona era “una esfera… esmeradamente labrada”, con dos agujas, una de las cuales indicaba el camino que la familia del padre Lehi debía seguir por el desierto (1 Nefi 16:10).

Creo que sé por qué Lehi se sorprendió grandemente cuando la vio por primera vez, porque me acuerdo de mi propia reacción la primera vez que vi una unidad de GPS (Sistema de posicionamiento global). En mi mente era un dispositivo moderno “esmeradamente labrado”. De alguna manera que no puedo ni siquiera imaginar, este pequeño dispositivo, en mi teléfono, puede determinar exactamente dónde estoy y decirme exactamente cómo llegar a donde quiero ir.

Para mi esposa, Barbara, y para mí, el GPS es una bendición. Para Barbara significa que ella no tiene que decirme que me detenga y pida indicaciones; y para mí significa que puedo tener razón cuando digo, “No tengo que preguntarle a nadie. Sé exactamente a donde voy”.

Ahora bien, hermanos y hermanas, tenemos a nuestro alcance una herramienta aún más notable que el mejor GPS. Todo el mundo se pierde en algún momento, hasta cierto punto. Es por medio de los susurros del Espíritu Santo que se nos puede llevar con seguridad de vuelta al sendero correcto; y es el sacrificio expiatorio del Salvador que nos puede llevar de regreso a casa.

El estar perdidos puede aplicarse a sociedades enteras, así como a las personas individuales. Hoy en día vivimos en una época en que gran parte de este mundo ha perdido el rumbo, en particular con respecto a los valores y las prioridades en nuestros hogares.

Hace cien años, el presidente Joseph F. Smith conectó la felicidad directamente a la familia y nos amonestó a centrar allí nuestros esfuerzos. Él dijo: “No puede haber felicidad genuina aparte y separada del hogar… No existe felicidad sin servicio, y no hay servicio más grande que el que convierte el hogar en una institución divina y fomenta y preserva la vida familiar… Es el hogar lo que debe reformase” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith 1998, págs. 410, 412).

Son nuestros hogares y nuestras familias los que deben reformarse en este mundo cada vez más materialista y secular. Un ejemplo sorprendente es el desprecio cada vez mayor que existe hacia el matrimonio aquí, en Estados Unidos. A principios de este año, el periódico New York Times informó que “la proporción de niños nacidos de madres solteras ha cruzado un umbral: más de la mitad de los nacimientos de mujeres estadounidenses menores de 30 años se producen fuera del matrimonio” (Jason DeParle y Sabrina Tavernise, “Unwed Mothers Now a Majority Before Age of 30”, New York Times, 18 de febrero de 2012, A1).

Además, sabemos que entre las parejas de los Estados Unidos que sí se casan, se divorcian cerca de la mitad. Incluso aquellas que permanecen casadas a menudo pierden su camino y dejan que otras cosas interfieran en sus relaciones familiares.

Igualmente preocupante es la brecha cada vez mayor que existe entre ricos y pobres, y la que hay entre los que se esfuerzan por conservar los valores y compromisos familiares y los que han renunciado a hacerlo. Estadísticamente, los que tienen menos formación académica y por consiguiente ingresos más bajos, son menos propensos a contraer matrimonio y a ir a la iglesia y mucho más propensos a involucrarse en la delincuencia y a tener hijos fuera del matrimonio. Estas tendencias son también preocupantes en gran parte del resto del mundo. (Véase W. Bradford Wilcox y otros autores, “No Money, No Honey, No Church: The Deinstitutionalization of Religious Life among the White Working Class”, disponible en la página http://www.virginia.edu/marriageproject/pdfs/Religion_WorkingPaper.pdf.)

A diferencia de lo que muchos pensaban, la prosperidad y la formación académica parecen estar conectadas a una mayor probabilidad de tener familias y valores tradicionales.

La verdadera pregunta, por supuesto, tiene que ver con causa y efecto. ¿Algunos sectores de la sociedad tienen valores y familias más fuertes, debido a que tienen más estudios y prosperidad, o es que tienen más estudios y prosperidad debido a que tienen valores y familias fuertes? En esta Iglesia mundial sabemos que es esto último. Cuando la gente hace compromisos familiares y religiosos con los principios del Evangelio, comienzan a mejorar espiritual y, a menudo, también temporalmente.

Y, claro está que, las sociedades en general se fortalecen a medida que las familias se hacen más fuertes. Los compromisos familiares y los valores son la causa básica. Casi todo lo demás es efecto. Cuando las parejas se casan y contraen compromisos mutuos, aumentan en gran medida sus posibilidades de bienestar económico. Cuando los niños nacen dentro del matrimonio y tienen a los dos, a una mamá y a un papá, sus oportunidades y su probabilidad de éxito en el trabajo aumentan considerablemente. Y cuando los integrantes de la familia trabajan y juegan juntos, los vecindarios y las comunidades prosperan, las economías mejoran, y se requieren menos subsidios del gobierno y menos programas costosos. Seguir leyendo

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El poder de librarse

Conferencia general Abril 2012
El poder de librarse
Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Podemos ser librados de la maldad y la perversidad al recurrir a las enseñanzas de las Santas Escrituras.

Tengo un muy buen amigo que me manda una corbata nueva para usar durante la sesión en la que discurso en cada conferencia general. Él tiene buen gusto, ¿verdad?

Mi joven amigo tiene algunos desafíos difíciles. En algunos aspectos lo limitan, pero en otros él es extraordinario. Por ejemplo, su valentía como misionero se compara a la de los hijos de Mosíah. La simplicidad de sus creencias hace que sus convicciones sean increíblemente firmes y estables. Creo que en la mente de Scott es inimaginable que no todos sean miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y que no todos hayan leído el Libro de Mormón ni tengan un testimonio de su veracidad.

Permítanme contarles un suceso en la vida de Scott cuando realizaba solo su primer viaje en avión para visitar a su hermano. Un pasajero que estaba sentado cerca escuchó la conversación de Scott con la persona sentada al lado de él:

“Hola, me llamo Scott. ¿Cómo se llama usted?”.

Su compañero de asiento le dijo su nombre.

“¿A qué se dedica?”.

“Soy ingeniero”.

“Qué bien. ¿Dónde vive?”.

“En Las Vegas”.

“Tenemos un templo allí. ¿Sabe dónde está el templo mormón?”.

“Sí. Es un edificio hermoso”.

“¿Es usted mormón?”.

“No”.

“Bueno, debería serlo; es una gran religión. ¿Ha leído el Libro de Mormón?”.

“No.”

“Debería hacerlo; es un gran libro”.

Estoy totalmente de acuerdo con Scott, el Libro de Mormón es un gran libro. Las palabras del profeta José Smith, citadas en la página de introducción del Libro de Mormón, siempre han sido especiales para mí: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”.

Este año en nuestras clases de la Escuela Dominical estamos estudiando el Libro de Mormón. Al prepararnos y al participar, espero que seamos motivados a seguir el ejemplo valiente de Scott para compartir nuestro amor por este libro de Escrituras especial con otras personas que no son de nuestra fe.

Un tema dominante en el Libro de Mormón se expresa en el último versículo del primer capítulo de 1 Nefi. Nefi escribe: “Pero he aquí, yo, Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse” (1 Nefi 1:20).

Deseo hablarles sobre cómo el Libro de Mormón, el cual es una tierna misericordia del Señor preservada para estos últimos días, nos libera al enseñarnos de la manera “más correcta” y pura la doctrina de Cristo.

Muchas de las historias del Libro de Mormón son historias de liberación. La partida de Lehi al desierto con su familia era sobre la liberación de la destrucción de Jerusalén. La historia de los jareditas es una historia de liberación, como lo es la historia de los mulekitas. Alma hijo fue librado del pecado. Los jóvenes guerreros de Helamán fueron librados en batalla. Nefi y Lehi fueron librados de la prisión. El tema de la liberación es evidente en todo el Libro de Mormón.

Hay dos historias en el Libro de Mormón que son muy similares y enseñan una lección importante. La primera es del libro de Mosíah, comenzando con el capítulo 19. Aquí aprendemos del rey Limhi, que vivía en la tierra de Nefi. Los lamanitas comenzaron la guerra contra el pueblo de Limhi. El resultado de la guerra fue que los lamanitas permitirían que el rey Limhi gobernara sobre su propio pueblo, pero serían cautivos de ellos. Era una paz muy insegura (véase Mosíah 19–20).

Cuando el pueblo de Limhi se cansó de los abusos de los lamanitas, la gente convenció a su rey de que fueran a la batalla contra los lamanitas. El pueblo de Limhi fue derrotado tres veces y se impusieron pesadas cargas sobre ellos. Finalmente se humillaron y clamaron fervientemente al Señor para que Él los liberara Mosíah 21:1–14). En el versículo 15 del capítulo 21 se nos dice cómo respondió el Señor: “Ahora bien, el Señor fue lento en oír su clamor a causa de sus iniquidades; sin embargo, oyó sus clamores y empezó a ablandar el corazón de los lamanitas, de modo que empezaron a aligerar sus cargas; no obstante, el Señor no juzgó oportuno librarlos del cautiverio”.

Poco después, Ammón y un pequeño grupo de hombres de Zarahemla llegaron y, con Gedeón, uno de los líderes del pueblo de Limhi, idearon un plan que tuvo buenos resultados y lograron escapar de los abusos de los lamanitas. El Señor fue lento en escuchar sus lamentaciones. ¿Por qué? Por sus iniquidades.

La segunda historia es similar en muchos aspectos pero a la vez diferente. El relato se registra en Mosíah 24. Seguir leyendo

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La carrera de la vida

Conferencia General Abril 2012
La carrera de la vida
Por el presidente Thomas S. Monson

¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos después de esta vida? Estas preguntas universales ya no tienen necesidad de permanecer sin respuesta.

Mis queridos hermanos y hermanas, en esta mañana deseo hablarles de las verdades eternas, esas verdades que enriquecerán nuestra vida y nos llevarán a salvo a nuestro hogar.

En todas partes, la gente anda apresurada. Los rápidos aviones modernos llevan su preciosa carga humana a través de anchos continentes y vastos océanos para asistir a reuniones de negocios, cumplir con obligaciones, disfrutar de vacaciones y visitar parientes. Por los caminos de todas partes, las carreteras, las autopistas y rutas, pasan millones de automóviles, ocupados por aún más millones de personas en lo que parece una corriente interminable y por innumerables razones al ir de acá para allá en los asuntos de cada día.

En ese andar vertiginoso de la vida, ¿hacemos alguna pausa para un momento de meditación, aun para pensar en las verdades eternas?

Cuando las comparamos con las verdades eternas, la mayoría de las preguntas y preocupaciones de la vida cotidiana son más bien triviales. ¿Qué comeremos en la cena? ¿De qué color pintaremos la sala? ¿Lo inscribimos a Johnny para jugar al fútbol? Éstas y muchas otras preguntas pierden su significado en tiempos de crisis, cuando nuestros seres queridos se dañan o lastiman, cuando la enfermedad entra en el hogar que gozaba de buena salud, cuando se atenúa la luz de la vela de la vida y amenaza la oscuridad. Nuestros pensamientos se centran y podemos determinar fácilmente lo que es realmente importante y lo que es meramente trivial.

Hace poco visité a una mujer que ha estado luchando con una enfermedad que ha puesto su vida en peligro durante más de dos años. Ella indicó que, antes de su enfermedad, sus días estaban ocupados con actividades tales como limpiar su casa a la perfección y adornarla con hermosos muebles. Iba a la peluquería dos veces por semana y gastaba dinero y tiempo comprando ropa para su armario todos los meses. A sus nietos los invitaba ocasionalmente, puesto que siempre le preocupaba que lo que ella consideraba sus preciadas posesiones podrían romperse o arruinarse por pequeñas y descuidadas manitas.

Entonces, recibió la impactante noticia de que su vida terrenal estaba en peligro y que le quedaría un tiempo muy limitado aquí. Ella dijo que, en el momento que escuchó el diagnóstico del médico, inmediatamente supo que pasaría el tiempo que le quedaba con su familia y amigos, y con el Evangelio como la parte central de su vida, porque estos representaban lo que era más valioso para ella.

Esos momentos de claridad nos llegan tarde o temprano, aunque no siempre mediante tan dramáticas circunstancias. Vemos claramente lo que realmente importa en nuestra vida y cómo debemos vivir.

Dijo el Salvador:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;

“sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan:

“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”1.

En nuestros momentos de profunda reflexión o de gran necesidad, el alma del hombre se dirige hacia el cielo buscando una respuesta divina a las preguntas más importantes de la vida: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos después de dejar esta vida?.

Las respuestas a estas preguntas no se descubren entre las tapas de los libros de texto académicos o buscando en internet. Esas preguntas trascienden la vida mortal; abarcan la eternidad.

¿De dónde vinimos? Este interrogante es un pensamiento inevitable que tiene todo ser humano, aunque no lo diga.

El apóstol Pablo dijo a los atenienses, en el Areópago que somos “linaje de Dios”2. Puesto que sabemos que nuestro cuerpo físico es el linaje de nuestros padres terrenales, debemos averiguar el significado de la declaración de Pablo. El Señor ha declarado que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre”3. Por tanto, el espíritu es linaje de Dios. El autor del libro de Hebreos se refiere a Él como el “Padre de los espíritus”4. Los espíritus de todos los hombres literalmente son “engendrados hijos e hijas” de Dios”5.

Vemos que poetas inspirados han escrito conmovedores mensajes y pensamientos trascendentales para que contemplemos este tema. William Wordsworth escribió la siguiente verdad:

Tan solo un sueño y un olvido es el nacimiento;
el alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida
y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido,
ni de todas las cosas despojadas,
pues al salir de Dios,
que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido6.

Los padres reflexionan sobre la responsabilidad que tienen de enseñar, inspirar y proporcionar guía, dirección y ejemplo; y mientras los padres reflexionan, los hijos, y en particular los adolescentes, se hacen esta penetrante pregunta: “¿Por qué estamos aquí?” En general, la formulan en silencio a su propia alma y dicen: “¿Por qué estoy yo aquí?”.

Cuán agradecidos debemos estar que un sabio Creador formó una tierra y nos colocó aquí con un velo de olvido sobre nuestra existencia anterior, para que experimentemos una época de prueba, una oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos que podemos ser merecedores de todo lo que Dios ha preparado para darnos.

Es evidente que uno de los propósitos principales de nuestra existencia en la tierra es el de obtener un cuerpo de carne y huesos. También se nos ha dado el don del albedrío. Tenemos el privilegio de tomar nuestras propias decisiones de muchas maneras diferentes. Aquí aprendemos del estricto capataz de la experiencia. Discernimos entre el bien y el mal. Distinguimos lo amargo de lo dulce. Descubrimos que hay consecuencias vinculadas a nuestras acciones. Seguir leyendo

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La doctrina de Cristo

Conferencia General Abril 2012
La doctrina de Cristo
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

En la Iglesia hoy día, tal como en la antigüedad, el establecer la doctrina de Cristo o el corregir las desviaciones en cuanto a la doctrina es un asunto de revelación divina.

Nuestra más profunda gratitud y amor a la hermana Beck, a la hermana Allred y a la hermana Thompson, y a la mesa directiva de la Sociedad de Socorro.

Últimamente hemos visto un creciente interés del público en las creencias de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esto es algo que recibimos con alegría porque, después de todo, nuestra comisión fundamental es enseñar el evangelio de Jesucristo, Su doctrina, en todo el mundo (véase Mateo 28:19–20; D. y C. 112:28). Pero debemos admitir que ha habido y aún existe cierta confusión acerca de nuestra doctrina y de cómo está establecida; ése es el tema sobre el que deseo hablar hoy.

El Salvador enseñó Su doctrina en el meridiano de los tiempos y Sus apóstoles lucharon tenazmente por preservarla contra una constante avalancha de tradiciones y filosofías falsas. Las epístolas del Nuevo Testamento hacen referencia a numerosos incidentes que demuestran que durante el ministerio de los apóstoles ya había comenzado esa grave y extendida apostasía1.

Ocasionales rayos de luz del Evangelio iluminaron los siglos que siguieron hasta que, en el siglo diecinueve, una brillante aurora de Restauración irrumpió en el mundo y el evangelio de Jesucristo, pleno y completo, se encontró una vez más sobre la tierra. Ese día glorioso empezó cuando en “una columna de luz, más brillante que el sol” (José Smith—Historia 1:16), Dios el Padre y Su Amado Hijo Jesucristo visitaron al joven José Smith e iniciaron lo que prácticamente llegaría a ser un diluvio de revelación unido a la autoridad y el poder divinos.

En estas revelaciones encontramos lo que se podría llamar la doctrina básica de la Iglesia de Jesucristo restablecida sobre la tierra. Jesucristo mismo definió esa doctrina en estas palabras registradas en el Libro de Mormón, Otro Testamento de Jesucristo:

“…ésta es mi doctrina, y es la doctrina que el Padre me ha dado; y yo doy testimonio del Padre, y el Padre da testimonio de mí, y el Espíritu Santo da testimonio del Padre y de mí; y yo testifico que el Padre manda a todos los hombres, en todo lugar, que se arrepientan y crean en mí.

“Y cualquiera que crea en mí, y sea bautizado, éste será salvo; y son ellos los que heredarán el reino de Dios.

“Y quien no crea en mí, ni sea bautizado, será condenado.

“… y quien en mí cree, también cree en el Padre; y el Padre le testificará a él de mí, porque lo visitará con fuego y con el Espíritu Santo…

“De cierto, de cierto os digo que ésta es mi doctrina; y los que edifican sobre esto, edifican sobre mi roca, y las puertas del infierno no prevalecerán en contra de ellos” (3 Nefi 11:32–35, 39).

Éste es nuestro mensaje, la roca sobre la cual edificamos, el fundamento de todo lo demás en la Iglesia. Al igual que todo lo que proviene de Dios, esta doctrina es pura, es clara, es fácil de entender, aún para un niño. Con alegres corazones, invitamos a todos a que la reciban.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días “creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (Artículos de Fe 1:9). Esto quiere decir que aunque todavía hay mucho que no sabemos, las verdades y la doctrina que hemos recibido han venido y seguirán viniendo por medio de la revelación divina. En las tradiciones de ciertas religiones, los teólogos afirman tener la misma autoridad para enseñar que los líderes eclesiásticos, y los asuntos de doctrina pueden llegar a convertirse en una competencia de opiniones entre ellos. Algunos se basan en los consejos ecuménicos de la Edad Media y en sus credos; otros ponen un énfasis primordial en el razonamiento de teólogos que vivieron después de los apóstoles o en la hermenéutica y la exégesis bíblicas. Valoramos la erudición que realza el entendimiento, pero en la Iglesia hoy día, tal como en la antigüedad, el establecer la doctrina de Cristo o el corregir las desviaciones en cuanto a la doctrina es un asunto de revelación divina a aquellos que el Señor inviste con autoridad apostólica2.

En 1954, el presidente J. Reuben Clark Jr., que era consejero de la Primera Presidencia, explicó la forma en que se promulga la doctrina en la Iglesia y la función preeminente del Presidente de la Iglesia. Refiriéndose a los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “[Debemos tener presente] que a algunas de las Autoridades Generales se les ha asignado un llamamiento especial; poseen un don especial; se les ha sostenido como profetas, videntes y reveladores, lo cual les da una investidura espiritual especial en relación con la responsabilidad de enseñar a la gente. Ellos tienen el derecho, el poder y la autoridad de dar a conocer la disposición y la voluntad de Dios a Su pueblo, estando sujetos al poder y a la autoridad absolutos del Presidente de la Iglesia. A otras Autoridades Generales no se les da esta investidura espiritual especial ni autoridad con respecto a sus enseñanzas; y por consiguiente ellos tienen una limitación, y dicha limitación en su poder y autoridad en la enseñanza se aplica a todo otro oficial y miembro de la Iglesia, ya que ninguno de ellos está espiritualmente investido como profeta, vidente y revelador. Más aún, como ya se ha indicado, el Presidente de la Iglesia tiene una investidura espiritual especial y mayor en este aspecto, ya que él es el Profeta, Vidente y Revelador para toda la Iglesia”3.

¿En qué forma revela el Salvador Su voluntad y doctrina a los profetas, videntes y reveladores? Podrá actuar por medio de un mensajero o por Su propia persona; podrá hablar por Su propia voz, o por la voz del Santo Espíritu, una comunicación de Espíritu a espíritu que se puede expresar con palabras o sentimientos que transmiten entendimiento más allá de las palabras (véase 1 Nefi 17:45; D. y C. 9:8). Podrá dirigirse Él mismo a Sus siervos en forma individual o en consejo (véase 3 Nefi 27:1–8).

Cito dos relatos del Nuevo Testamento. El primero fue una revelación dirigida al cabeza de la Iglesia. Al comienzo del libro de Hechos, los apóstoles de Cristo declaraban el mensaje del Evangelio sólo a los judíos, siguiendo el modelo del ministerio de Jesús (véase Mateo 15:24); pero entonces, según el tiempo del Señor, había llegado el momento para un cambio. En Jopa, Pedro tuvo un sueño en el cual vio una variedad de animales que eran bajados del cielo a la tierra en “un gran lienzo… atado de los cuatro cabos” (Hechos 10:11) y se le mandó “mata y come” (Hechos 10:13). Pedro estaba renuente, ya que algunos de los animales eran cosa “inmunda” bajo la ley de Moisés, y Pedro nunca había quebrantado el mandamiento de comer de ellas. Sin embargo, la voz le dijo a Pedro en su sueño: “Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú común” (Hechos 10:15).

El significado de ese sueño se esclareció cuando, poco después, varios hombres enviados por el centurión romano Cornelio llegaron a la casa de Pedro con la petición de que fuera a enseñar a su amo. Cornelio había llamado a un grupo grande de parientes y amigos y, al encontrarlos ansiosos de recibir su mensaje, Pedro dijo:

“Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo…

“…En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas…

“sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace lo justo” (Hechos 10:28, 34–35; véase también versículos 17–24).

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje.

“Y los… que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.

“…Entonces respondió Pedro:

“¿Acaso puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” (Hechos 10:44–47).

Mediante esta experiencia y revelación dada a Pedro, el Señor modificó la práctica de la Iglesia y reveló una comprensión doctrinal más completa a Sus discípulos. Y de ese modo se extendió la predicación del Evangelio para abarcar a toda la humanidad. Seguir leyendo

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La visión de los profetas en cuanto a la Sociedad de Socorro: fe, familia, socorro

Conferencia General Abril 2012
La visión de los profetas en cuanto a la Sociedad de Socorro: fe, familia, socorro
Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Fe, familia y socorro— estas tres sencillas palabras han llegado a expresar la visión que los profetas tienen para las hermanas de la Iglesia.

En años recientes he sentido la impresión de hablar con frecuencia acerca de la Sociedad de Socorro: sus propósitos y sus cualidades1, el valor de su historia2, su obra y su relación con los obispos y los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec3. Ahora parece importante centrar un poco de atención en la visión que los profetas tienen en cuanto a la Sociedad de Socorro4.

Así como los profetas del Señor han enseñado continuamente a los élderes y a los sumos sacerdotes sus propósitos y deberes, ellos han compartido su visión en cuanto a las hermanas de la Sociedad de Socorro. De su consejo, queda claro que los propósitos de la Sociedad de Socorro son: aumentar la fe y la rectitud personales, fortalecer a las familias y los hogares, y buscar y ayudar a los necesitados. Fe, familia y socorro; estas tres sencillas palabras han llegado a expresar la visión que los profetas tienen para las hermanas de la Iglesia.

Desde el comienzo de la Restauración, los profetas han compartido su visión de mujeres firmes, fieles y resueltas, quienes entienden su valía y propósito eternos. Cuando el profeta José Smith estableció la Sociedad de Socorro, mandó a la primera presidenta que “[presidiera] sobre esta Sociedad en el cuidado de los pobres al satisfacer sus necesidades y atender a los diversos asuntos de la institución”5. La visión que tenía de la organización era que fuera “una sociedad selecta, separada de todas las iniquidades del mundo”6.

Brigham Young, el segundo Presidente de la Iglesia, mandó a sus consejeros y al Quórum de los Doce Apóstoles que instruyeran a los obispos a que “[dispusieran] que [las hermanas organizaran] Sociedades de Socorro [Femeninas]… en los diversos barrios”. Y agregó: “Algunos podrían pensar que esto es algo trivial, pero no lo es”7.

Más tarde, el presidente Joseph F. Smith dijo que en comparación con las organizaciones del mundo que “son establecidas por el hombre o la mujer”, la Sociedad de Socorro “es divinamente creada, divinamente autorizada, divinamente instituida, divinamente ordenada por Dios”8. El presidente Joseph Fielding Smith dijo a las hermanas que habían “recibido poder y autoridad para hacer muchísimas cosas”9. Él dijo: “Ustedes son miembros de la más grandiosa organización de mujeres del mundo, una organización que es parte vital del reino de Dios sobre la tierra y cuyo diseño y funcionamiento ayuda a sus miembros fieles a obtener la vida eterna en el reino de nuestro Padre”10.

Una extensa esfera de influencia

Todos los años, cientos de miles de mujeres y mujeres jóvenes llegan a formar parte de este “círculo de hermanas”11 en constante expansión. A partir de entonces, dondequiera que viva una hermana y doquiera que sirva, retiene su calidad de miembro y su asociación en la Sociedad de Socorro12. Debido a los importantes propósitos de la Sociedad de Socorro, la Primera Presidencia ha expresado su deseo de que las mujeres jóvenes comiencen su preparación para la Sociedad de Socorro mucho antes de que cumplan los 18 años13.

La Sociedad de Socorro no es un programa; es una parte oficial de la Iglesia del Señor que está “divinamente ordenada por Dios” para enseñar, fortalecer e inspirar a las hermanas en su objetivo en cuanto a la fe, la familia y el socorro. La Sociedad de Socorro es un modo de vida para las mujeres Santos de los Últimos Días y su influencia se extiende más allá de una clase dominical o de una reunión social. Sigue el modelo de las discípulas que sirvieron con el Señor Jesucristo y Sus apóstoles en Su iglesia antigua14. Se nos ha enseñado que “Es tan obligatorio para la mujer el incorporar en su vida las virtudes inculcadas por la Sociedad de Socorro, como lo es para el hombre el instituir en la suya los modelos de carácter inculcados por el sacerdocio”15.

Cuando el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro, enseñó a las hermanas que debían “socorrer al pobre” y “salvar almas”16. En el mandato de “salvar almas”, se autorizó a las hermanas para organizar y participar en una extensa esfera de influencia. La primera presidenta de la Sociedad de Socorro fue apartada para exponer las Escrituras, y la Sociedad de Socorro todavía tiene la responsabilidad esencial de enseñar en la Iglesia del Señor. Cuando José Smith le dijo a las hermanas que la organización de la Sociedad de Socorro las prepararía para “los privilegios, las bendiciones y los dones del sacerdocio”17, se les abrió la puerta de la obra de salvación del Señor. El salvar almas incluye compartir el Evangelio y participar en la obra misional; incluye el participar en la obra del templo y de historia familiar; e incluye hacer todo lo posible para llegar a ser autosuficientes, tanto espiritual como temporalmente.

El élder John A. Widtsoe declaró que la Sociedad de Socorro ofrece “ayudar al necesitado, atender al enfermo; disipar las dudas, liberar de la ignorancia, aliviar de todo lo que obstaculice la alegría y el progreso de la mujer. ¡Qué magnífica comisión!”18.

El presidente Boyd K. Packer ha comparado la Sociedad de Socorro a una barrera protectora19. La responsabilidad de proteger a las hermanas y a sus familias aumenta la importancia del cuidado y la ministración de las maestras visitantes y es una manifestación de nuestra disposición a recordar nuestros convenios con el Señor. Al “ministrar a los necesitados y afligidos”, trabajamos conjuntamente con los obispos para velar por las necesidades temporales y espirituales de los santos20. Seguir leyendo

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Lecciones especiales

Conferencia General Abril 2012
Lecciones especiales
Por el élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta

Es mi esperanza y mi ruego que sigamos sobrellevando noblemente nuestras cargas y tendamos una mano a los que sufren… entre nosotros.

Durante los últimos 20 meses, nuestra familia ha sido bendecida con el privilegio de tener un bebé muy especial.

El pequeño Paxton, nuestro nieto, nació con una eliminación cromosómica parcial muy inusual, un trastorno genético que literalmente lo distingue a él entre cientos de millones de personas. Cuando Paxton nació, nuestra hija y su marido empezaron una trayectoria desconocida que les cambió la vida. Esa experiencia se ha convertido en una prueba para aprender lecciones especiales vinculadas a la eternidad.

Nuestro querido élder Russell M. Nelson, quien nos acaba de hablar, ha enseñado:

“Por razones en general desconocidas, algunas personas nacen con limitaciones físicas: puede que partes específicas del cuerpo sean anormales o puede haber un desequilibrio en los sistemas reguladores. Además, todos nuestros cuerpos están sujetos a la enfermedad y a la muerte; no obstante, el don de un cuerpo físico es invaluable…

“No se requiere un cuerpo perfecto para alcanzar un destino divino; de hecho, algunos de los espíritus más dulces se alojan en cuerpos frágiles…

“Finalmente, vendrá el tiempo cuando cada ‘espíritu y… cuerpo serán reunidos… en su perfecta forma; los miembros así como las coyunturas serán restaurados a su propia forma’(Alma 11:43). Entonces, gracias a la expiación de Jesucristo, llegaremos a perfeccionarnos en Él”1.

A todos los que tengan desafíos, dudas, desilusiones o angustias con un ser querido, sepan esto: Dios, nuestro Padre Celestial, ama al que padece la aflicción y los ama a ustedes con amor infinito y compasión eterna.

Al afrontar ese tipo de sufrimiento, algunos podrían preguntarse: ¿Cómo puede el Dios Todopoderoso dejar que esto suceda? Y después, la pregunta que parece inevitable: ¿Por qué me pasó esto a mí?. ¿Por qué debemos pasar por enfermedades y circunstancias que ocasionan discapacidad o hacen que preciados miembros de la familia partan prematuramente o que se extiendan sus años de dolor? ¿Por qué existen los pesares?

En esos momentos podemos considerar el gran plan de felicidad creado por nuestro Padre Celestial. Ese plan, cuando se presentó en la vida preterrenal, causó que todos nos regocijáramos2. En pocas palabras, esta vida es un aprendizaje para la exaltación eterna, y ese proceso implica pruebas y dificultades. Siempre ha sido así, y nadie está exento.

Confiar en la voluntad de Dios es fundamental para nuestro estado mortal. Con fe en Él, nos valemos del poder de la expiación de Cristo en los momentos en que los interrogantes son muchos y las respuestas son pocas.

Después de Su resurrección, cuando visitó las Américas, nuestro Salvador Jesucristo se dirigió a todos con esta invitación:

“¿Tenéis enfermos entre vosotros? Traedlos aquí. ¿Tenéis cojos, o ciegos, o lisiados, o mutilados, o leprosos, o atrofiados, o sordos, o quienes estén afligidos de manera alguna? Traedlos aquí y yo los sanaré, porque tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia…

“Y sucedió que cuando hubo hablado así, toda la multitud, de común acuerdo, se acercó, con sus enfermos, y sus afligidos, y sus cojos, y sus ciegos, y sus mudos, y todos los que padecían cualquier aflicción; y los sanaba a todos, según se los llevaban”3.

Se puede hallar gran fortaleza en las palabras “toda la multitud… se acercó”; es decir, todos, hermanos y hermanas. Todos afrontamos dificultades. Y después la frase: “que padecían cualquier aflicción”. Todos nos sentimos identificados, ¿no es así?

Poco después de nacer el precioso Paxton, supimos que nuestro Padre Celestial nos bendeciría y nos enseñaría lecciones especiales. Cuando su padre y yo pusimos nuestros dedos sobre su pequeña cabecita, en la primera de muchas bendiciones del sacerdocio, las palabras del noveno capítulo de Juan vinieron a mi mente: “…para que las obras de Dios se manifestasen en él”4.

Definitivamente, las obras de Dios se están manifestando por medio de Paxton.

Estamos aprendiendo paciencia, fe y gratitud por medio del bálsamo del servicio, de las interminables horas de intensas emociones, de las lágrimas de empatía y de las oraciones y expresiones de amor a favor de los seres queridos que tienen necesidad, en especial por Paxton y sus padres.

El presidente James E. Faust, mi presidente de estaca en mi niñez, dijo: “Siento gran aprecio por los padres que sobrellevan y superan estoicamente su angustia y su dolor por un hijo que ha nacido con, o que ha desarrollado, una seria enfermedad física o mental. Esa angustia y dolor muchas veces se prolongan sin descanso a lo largo de toda la vida de los padres o del hijo. A menudo, los padres tienen que prestar atención sobrehumana constante, día y noche. Los brazos y el corazón de muchas madres han dolido sin cesar por años, dando consuelo y aliviando el sufrimiento de su hijo especial”5. Seguir leyendo

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Demos gracias a Dios

Conferencia General Abril 2012
Demos gracias a Dios
Por el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

¡Cuánto mejor sería si todos pudiéramos ser más conscientes de la providencia y del amor de Dios y expresar esa gratitud hacia Él!

Estimados hermanos y hermanas, les agradecemos su apoyo y su devoción constantes. Expresamos nuestra gratitud y amor a cada uno de ustedes.

Hace poco, mi esposa y yo disfrutábamos de la belleza de los peces tropicales en un pequeño acuario privado. Los peces de vívidos colores y una variedad de formas y tamaños iban y venían. Le pregunté a la encargada, que estaba cerca: “¿Quién alimenta a estos hermosos peces?”.

Ella respondió: “Yo”.

Entonces, pregunté: “¿Le han dado las gracias alguna vez?”.

Ella contestó: “¡Todavía no!”.

Pensé en algunas personas que conozco que son igual de ajenas a Su Creador y a Su verdadero “pan de vida”1, que viven día a día sin ser conscientes de Dios y de Su bondad para con ellos.

¡Cuánto mejor sería si todos pudiéramos ser más conscientes de la providencia y del amor de Dios y expresáramos esa gratitud hacia Él! Ammón enseñó: “Demos gracias a [Dios], porque él obra rectitud para siempre”2. Nuestro nivel de gratitud es una medida de nuestro amor por Él.

Dios es el Padre de nuestros espíritus3. Él tiene un cuerpo glorificado y perfecto de carne y huesos4. Vivíamos con Él en los cielos antes de que naciéramos5; y cuando nos creó físicamente, fuimos creados a la imagen de Dios, cada uno con un cuerpo propio6.

Piensen en nuestro sustento físico. Es en verdad un regalo del cielo. Las necesidades de aire, comida y agua, todas ellas vienen a nosotros como regalos de un amoroso Padre Celestial. La tierra fue creada para apoyar nuestra breve jornada en la vida terrenal7. Nacimos con la capacidad de crecer, amar, casarnos y formar familias.

El matrimonio y la familia son ordenados por Dios. La familia es la unidad social más importante en esta vida y en la eternidad. Bajo el gran plan de felicidad de Dios, las familias pueden sellarse en los templos y prepararse para regresar a morar en Su santa presencia para siempre. ¡Eso es la vida eterna! Satisface los deseos más profundos del alma humana: el anhelo natural de una asociación sin fin con los queridos miembros de la familia de uno.

Somos parte de Su propósito divino: “Mi obra y mi gloria”, Él dijo, es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”8. Para lograr esos objetivos, “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”9. Ese acto fue una manifestación suprema del amor de Dios. “Porque no envió [Él] a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”10.

El aspecto central del plan eterno de Dios es la misión de Su Hijo Jesucristo11. Él vino para redimir a los hijos de Dios12. Gracias a la expiación del Señor, la Resurección (o inmortalidad) pasó a ser una realidad13. Debido a la Expiación, la vida eterna pasó a ser una posibilidad para todo el que cumpla los requisitos. Jesús lo explicó así:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás”14.

Por la expiación del Señor y Su dádiva de la Resurrección, por este sublime mensaje de Pascua, ¡demos gracias a Dios!

Dones físicos

Nuestro Padre Celestial ama a Sus Hijos15. Él ha bendecido a cada uno con dones físicos y espirituales. Permítanme hablar de cada uno de ellos. Cuando canten “Soy un hijo de Dios”, piensen en el don del cuerpo físico que Él les ha dado. Los muchos atributos admirables del cuerpo de ustedes atestiguan su propia “naturaleza divina”16.

Cada órgano de nuestro cuerpo es un don maravilloso de Dios. Cada ojo tiene un lente que puede auto enfocarse. Los nervios y músculos controlan a los dos ojos para crear una imagen tridimensional única. Los ojos están conectados al cerebro, que registra lo que se ve.

El corazón es una bomba increíble17. Tiene cuatro delicadas válvulas que controlan la dirección del flujo sanguíneo. Esas válvulas se abren y se cierran más de 100.000 veces al día, 36 millones de veces al año. Aún así, a menos que sufran daño por alguna enfermedad, son capaces de soportar esa tensión casi indefinidamente.

Piensen en el sistema de defensa del cuerpo. Para protegerlo de daños, percibe el dolor. En respuesta a la infección, genera anticuerpos. La piel brinda protección; advierte en contra del daño que podrían ocasionar el calor o el frío excesivos.

El cuerpo renueva sus propias células dañadas y regula los niveles de sus propios ingredientes vitales. El cuerpo cicatriza sus laceraciones, moretones y huesos fracturados. Su capacidad para la reproducción es otro don sagrado de Dios.

Debemos recordar que no se requiere un cuerpo perfecto para lograr nuestro destino divino. De hecho, algunos de los espíritus más dulces se hospedan en cuerpos débiles o imperfectos. A menudo, la gente que tiene dificultades físicas desarrolla una gran fortaleza espiritual, precisamente debido al desafío que afronta.

Cualquiera que estudie las funciones del cuerpo humano seguramente ha “…visto a Dios obrando en su majestad y poder”18. Puesto que el cuerpo es gobernado por la ley divina, cualquier curación viene por obediencia a la ley sobre la cual esa bendición se basa19.

Aún así, algunas personas piensan erróneamente que esos maravillosos atributos físicos ocurrieron por casualidad o fueron el resultado de una gran explosión en algún lugar. Pregúntense: “¿Podría una explosión en una imprenta producir un diccionario?”. La probabilidad es de lo más remota; pero si así fuera, ¡nunca podría curar sus páginas rotas o imprimir sus propias ediciones nuevas! Seguir leyendo

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