Conferencia General Octubre 2011
Vendrá el día
L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta
Junto con ustedes, quedo admirado al ver esta obra ir hacia adelante milagrosa, maravillosa e irresistiblemente.
Presté servicio como un joven misionero durante varios meses en las áreas centrales de Lima, Perú; por lo tanto, cruzaba la Plaza de Armas de Lima muchas veces. El Palacio de Gobierno, que es la residencia oficial y la oficina del Presidente de Perú, está frente a la Plaza. Mis compañeros y yo invitábamos a las personas que había en esa Plaza a oír el Evangelio restaurado. A menudo me preguntaba cómo sería entrar en el Palacio, pero el pensar que alguna vez pasara eso, parecía muy remoto.
El año pasado, el élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce, otras personas y yo, nos reunimos con Alan García, que entonces era el presidente de Perú, en el Palacio de Gobierno. Se nos mostraron sus hermosos salones y fuimos amablemente recibidos por el presidente García. Mis preguntas de joven misionero sobre el Palacio fueron completamente satisfechas de una manera que nunca hubiera creído posible en 1970.
Las cosas han cambiado en Perú desde que yo fui misionero, en especial para la Iglesia. Allí había cerca de 11.000 miembros de la Iglesia en ese entonces y sólo una estaca. Hoy en día, hay más de 500.000 miembros y casi 100 estacas. En poblados donde sólo había pequeños grupos de miembros, hay estacas vibrantes y centros de reuniones atractivos que ahora engalanan la tierra. Lo mismo ha pasado en muchos otros países alrededor del mundo.
Este sorprendente crecimiento de la Iglesia merece una explicación. Empezamos con una profecía del Antiguo Testamento.
Daniel era un esclavo hebreo en Babilonia y se le dio la oportunidad de interpretar un sueño del rey Nabucodonosor. Daniel le pidió a Dios que le revelara el sueño y su interpretación; y su oración fue contestada; él le dijo a Nabucodonosor: “Pero hay un Dios en los cielos que revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. …Las visiones de tu cabeza en tu cama son éstas”. Daniel dijo que el rey había visto una imagen aterradora con una cabeza, un torso, brazos, piernas y pies. Que una piedra fue cortada de un monte, no con mano, y que rodó y gradualmente creció de tamaño. Que la piedra golpeó a la imagen rompiéndola en pedazos, “pero la piedra que golpeó la imagen se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra”.
Daniel explicó que la imagen representaba los futuros reinos políticos y que, “en los días de [esos futuros] reyes, el Dios del cielo levantaría un reino que no sería jamás destruido…pero que despedazaría” y consumiría a todos estos reinos. “y permanecería para siempre”1.
Ahora vayamos a tiempos más recientes. El ángel Moroni se apareció primero a José Smith en 1823 y le dijo que “Dios tenía una obra para [él], y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría [su] nombre para bien y para mal”2. El mensaje de Moroni seguramente debió haber asombrado a José, que tenía sólo 17 años.
En 1831, el Señor le dijo a José que las llaves del Reino de Dios habían sido nuevamente “entregadas al hombre en la tierra”. Dijo que el “…Evangelio [rodaría] hasta los extremos de la tierra, como la piedra cortada del monte, no con mano …, hasta que llene toda la tierra” 3, tal como Daniel le había dicho a Nabucodonosor.
En 1898 el presidente Wilford Woodruff contó una experiencia que tuvo como recién converso en 1834, en una reunión del sacerdocio en Kirtland. Él relató: “El Profeta llamó a todos los que poseían el sacerdocio para que se reunieran en una pequeña cabaña que servía de escuela. Era una casa muy pequeña, quizás de unos 4 metros cuadrados. …Cuando nos reunimos, el Profeta pidió a los élderes de Israel …que dieran testimonio de esta obra. …Cuando concluyeron, el Profeta dijo: ‘Hermanos, he sido grandemente elevado e instruido con sus testimonios esta noche, pero quiero decirles ante el Señor que, concerniente al destino de esta Iglesia y este reino, ustedes no saben más de lo que sabe un bebé en brazos de su madre. No lo comprenden. …Esta noche sólo ven aquí a un puñado de hombres con el sacerdocio, pero esta Iglesia se extenderá por América del Norte y del Sur, cubrirá todo el mundo’”4.
Esas profecías, de que:
- el reino de Dios, como una piedra cortada del monte llenaría la tierra;
- el nombre de José Smith sería conocido a través del mundo, y
- la Iglesia cubriría las Américas y el mundo;

























