El viejo álbum familiar: El poder de las historias familiares

Abril 2017
El viejo álbum familiar: El poder de las historias familiares
Por Amneris Puscasu
La autora vive en Nueva York, EE. UU.

El legado de mis antepasados perdura en mí, influyendo continuamente en mi vida para bien.

funeral parade

Una mañana de verano antes de la Segunda Guerra Mundial, mi bisabuelo se despertó como siempre lo hacía, antes del amanecer. Salió de su casa y se dirigió a una colina desde la que se apreciaba un valle verde y su pueblo en Rumania, y se sentó en el pasto cubierto por el rocío de la mañana, profundamente ensimismado en sus pensamientos, los mismos que tenía desde hacía tiempo. Era un hombre culto que tenía un gran corazón y una mente inquisitiva, y toda la gente del pueblo lo quería y lo respetaba.

Después de que salió el sol, volvió a casa y le confesó a su esposa que había tenido la curiosidad de ver cómo sería su funeral y que deseaba realizar un ensayo general de su funeral. Fijó la fecha, compró el ataúd, contrató al sacerdote y a los dolientes profesionales y consiguió todos los demás artículos que requería la tradición griega ortodoxa. Entonces llegó el día del ensayo general del funeral. Se colocaron mesas en medio del pueblo para el banquete tradicional, los familiares estaban vestidos de negro, llegó el sacerdote, mi bisabuelo estaba acostado en el ataúd, acomodando la almohada para tener una vista cómoda y comenzó la procesión fúnebre. Al concluir la ceremonia, se invitó a todo el pueblo al banquete, y mi bisabuelo realizó el sueño de bailar en su propio funeral. Vivió otros 20 años, y con frecuencia comprobaba si aún cabía en su ataúd.

No solo nombres y fechas

Nunca conocí a mi bisabuelo, pero de las historias que me transmitieron mis abuelos, la de él siempre ha sido mi preferida. Todos los días mis abuelos nos contaban a mis hermanos y a mí relatos de nuestros antepasados: de dónde venían, cómo eran, sus valores, sueños y esperanzas. Cada domingo después de comer, mis abuelos sacaban el álbum familiar y, con cada vuelta de página, los relatos cobraban vida y los corazones se entrelazaban en un tapiz de amor que abarca seis generaciones. No eran solo viejas fotografías con nombres y fechas garabateados en el reverso. Detrás de cada rostro había un padre o una madre, un hijo o una hija, un hermano o una hermana, y de esa manera me transmitieron su legado, junto con otras tradiciones familiares.

Fortaleza en tiempos de pruebas

Para cuando yo tenía 19 años, mis padres y la mayoría de mis familiares más cercanos habían muerto, y muchas de las posesiones que yo había heredado se habían perdido o las habían robado. Sin embargo, hay algo que ni el tiempo, los desastres naturales ni aun la muerte podrán destruir: el puente que abarca el pasado, el presente y el futuro que construyeron cada uno de los miembros de mi familia. Gracias a su diligencia, el lazo que ata los corazones de mi familia me ha dado fortaleza para superar circunstancias difíciles.

Cuando mis padres y mis abuelos murieron, sentí un pesar tan profundo que me preguntaba si tendría la fuerza para seguir adelante. Tuve la bendición de sentir su influencia desde el otro lado del velo, y eso me ayudó a obtener un fuerte testimonio del Plan de Salvación, de la vida después de la muerte y, más tarde, de las ordenanzas del templo que son tan necesarias para nuestra salvación. Nunca conocí a mis bisabuelos ni a la mayoría de mis tías y tíos, pero cada vez que veo el viejo álbum familiar con sus fotografías, me veo a mí misma en sus ojos. Soy quien soy gracias a aquellos que vinieron antes de mí; sus experiencias y sabiduría han servido para moldear mi carácter y me han guiado en la vida.

Uno de los dones más grandes que mi familia me dio desde mi niñez es el conocimiento de mi historia familiar y la convicción de que soy el eslabón entre el pasado y el futuro. Sé además que vine a la Tierra para vivir mi propia historia: para explorarla, experimentarla y atesorarla. Este conocimiento de mi historia familiar es lo que me sostiene en todas las pruebas de la vida.

A menudo pienso en mi familia que está al otro lado del velo y en los sacrificios que hicieron por mí para que tuviera una vida mejor. Pienso en las ordenanzas del templo que algún día nos permitirán estar nuevamente juntos como familia. Y pienso en la expiación de mi Salvador, quien hizo todo esto posible. Él pagó el precio para que pudiésemos vivir. Por esta razón lo amamos y lo adoramos con gratitud hoy y para siempre.

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Un puente a la esperanza y la sanación

Abril 2017
Un puente a la esperanza y la sanación
Por Nanon Talley
Servicios para la Familia SUD, Texas, EE. UU.

Con la ayuda adecuada, las víctimas de abuso sexual pueden hallar la sanación que tanto ansían.

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Imaginen que están ante el borde de un precipicio y quieren cruzar al otro lado de un cañón profundo, donde les han dicho que los espera una gran dicha. Mientras buscan la manera de hacerlo, encuentran un montón de elementos que, si se unen correctamente, formarán un puente para atravesar el cañón.

Si no saben cómo construir el puente, los elementos de nada servirán y sentirán frustración y desesperanza; pero si reciben ayuda de alguien con experiencia en construcción de puentes, podrán ampliar su conocimiento y entendimiento, y juntos podrán realizar la tarea.

Durante los últimos dieciocho años, mi labor ha sido proporcionar instrumentos y orientación para ayudar a algunas personas a cruzar el abismo del sufrimiento emocional o mental. De todas las personas que he tratado, no hay paciente alguno que parezca llegar tan herido como aquellos que han sido víctimas de abuso sexual. He visto el impacto que dicho problema tiene en la capacidad de la persona de sobrellevarlo bien hasta el fin.

No obstante, también he llegado a saber que el alivio perdurable de nuestras luchas y padecimientos es posible mediante nuestro Salvador. Su amor eleva a las personas por encima de las tinieblas hasta la luz.

¿Por qué causa tanto daño el abuso sexual?

Las víctimas de abuso me cuentan de vidas colmadas de depresión, inseguridad y otros hondos pesares emocionales. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) nos ha ayudado a entender por qué el abuso sexual causa un daño tan grande:

“Existe la terrible y perversa práctica del abuso sexual. Excede la capacidad de comprensión. Es una afrenta a la decencia que debe existir en todo hombre y en toda mujer. Es la violación de lo que es sagrado y divino. Es destructivo en la vida de los niños. Es reprobable y digno de la más rigurosa condenación.

“¡Qué vergüenza para el hombre o la mujer que abuse sexualmente de un niño! Al hacerlo, el abusador no solo ocasiona el más grave de los perjuicios, sino que también se halla condenado ante el Señor”1.

El poder de la procreación es un poder sagrado y divino que nuestro Padre Celestial ha dado a Sus hijos. El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado: “El poder de la procreación es de importancia espiritual… Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado son creadores y nos han confiado una porción de Su poder para crear”2. No es de sorprender, por lo tanto, que la violación de dicho sagrado poder sea “[digna] de la más rigurosa condenación” y que ocasione “el más grave de los perjuicios”.

Entender el daño

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El abuso sexual es cualquier interacción no consentida que implica conductas con contacto o sin este en la que se usa a una persona para la satisfacción sexual de otra persona. Con demasiada frecuencia, las víctimas de abuso sexual se quedan confundidas, así como con sentimientos de indignidad y vergüenza que pueden llegar a ser una carga casi demasiado pesada para soportarla. El pesar y el sufrimiento que experimentan a menudo se intensifica por los comentarios de otras personas, los cuales se originan al no entender el abuso sexual y sus efectos. A algunas víctimas se las acusa de mentir o se les dice que el abuso —de algún modo— fue culpa de ellas. A otras se las conduce equivocadamente a creer que deben arrepentirse, como si hubieran pecado por ser víctimas.

A muchos de los pacientes que he tratado que habían sufrido abuso sexual en la niñez o adolescencia se les había dicho que “lo olviden de una vez por todas”, que “lo dejen atrás” o que “sencillamente perdonen y olviden”. Ese tipo de frases —en especial cuando provienen de amigos cercanos, familiares o líderes de la Iglesia— puede llevar a la víctima a más silencio y vergüenza en lugar de sanación y paz. Como sucede con las heridas físicas o infecciones graves, esas heridas emocionales no desaparecen con tan solo ignorarlas. Más bien, la confusión que comienza con el abuso aumenta y, junto con los consiguientes sentimientos de dolor, la forma de pensar de la persona puede alterarse para dar paso con el tiempo a conductas perjudiciales. No es inusual que las víctimas no distingan que lo que les ha ocurrido ha sido un abuso; asimismo, podrían adquirir conductas perjudiciales y emociones dolorosas.

Hannah (se ha cambiado el nombre) sufrió abuso sexual durante la infancia. Al igual que otras víctimas, creció sintiendo que era una persona muy mala y que no tenía valor individual. Pasó la mayor parte de la vida tratando de servir a los demás lo suficiente como para compensar sus sentimientos de no ser “lo suficientemente buena” para el Padre Celestial ni para que alguien la amara. En sus relaciones con otras personas, temía que si alguien llegaba a conocerla en verdad, pensaría que era tan mala como ella creía que era. Experimentó un profundo temor al rechazo que la condujo a sentir miedo de intentar cosas nuevas en la vida y de realizar tareas sencillas como llamar a alguien por teléfono. Fue bendecida con talento para el arte, pero lo abandonó ante el temor de no poder soportar las críticas.

Durante más de 50 años, sus sentimientos de desamparo, impotencia, temor, ira, confusión, vergüenza, soledad y aislamiento guiaron sus decisiones diarias.

Reemplazar el dolor por la paz

El Salvador padeció “dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases”. Lo hizo a fin de saber “según la carne… cómo socorrer a los de su pueblo” (Alma 7:11–12). Su padecimiento no fue solo por nuestros pecados, sino también para que sanásemos cuando los pecados de otra persona nos ocasionaran sufrimiento.

Si el Salvador estuviera aquí hoy, me imagino que lloraría con aquellos de quienes se ha abusado sexualmente y los bendeciría, así como lloró y bendijo a los nefitas (véase 3 Nefi 17). Si bien no está aquí físicamente, Su Espíritu puede estar con nosotros, y nos ha proporcionado la forma de sanar, sentir paz y perdonar.

reaching through a ladderPara muchos de los que han sufrido daño, la idea de que el dolor que cargan puede reemplazarse por paz es casi imposible de creer. Con frecuencia, las heridas de la persona abusada pasan desapercibidas para otras personas o no las ven durante años. El dolor queda oculto tras un rostro sonriente, tras la disposición de ayudar a los demás y tras llevar la vida como si nada estuviera mal; no obstante, el pesar se halla presente de modo constante.

Comparemos el proceso de sanación emocional con el de atender y tratar las lesiones físicas. Supongamos que cuando eran niños se quebraron una pierna. En vez de ir al médico y colocar el hueso en su lugar, cojearon hasta que el dolor intenso se fue, pero siempre hay un leve dolor con cada paso que dan. Años después, quieren que el dolor desaparezca, así que acuden al médico. El médico debe volver a colocar el hueso, eliminar cualquier calcificación adicional que se haya producido, colocar un yeso [férula], y enviarlos a rehabilitación para fortalecer la pierna.

El proceso de sanación del abuso es similar en el hecho de que la víctima debe reconocer primeramente que el dolor es real y que puede hacerse algo al respecto. El proceso implica admitir lo que sucedió, y permitir que los sentimientos de sentirse heridos, temerosos y tristes se reconozcan y se den por válidos. A menudo es de provecho tratar con un profesional experimentado en este proceso de sanación. (Consulte a su líder del sacerdocio para saber si los Servicios para la Familia SUD están disponibles en su zona).

Ya sea que la víctima tenga acceso a ayuda profesional o no, lo mejor es orar, estudiar la vida del Salvador y Su expiación, y conversar con un líder del sacerdocio con regularidad. Él puede ayudar a aligerar la carga y recibir inspiración para ayudar a la víctima a entender su valía divina y su relación con el Padre Celestial y el Salvador. Tal como enseñó recientemente la hermana Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “La sanación puede ser un proceso largo. Requerirá que, con espíritu de oración, busquen guía y la ayuda adecuada, incluyendo consultar con los poseedores del sacerdocio debidamente ordenados. A medida que aprendan a comunicarse abiertamente, fijen límites adecuados y quizás busquen terapia profesional. ¡Es de vital importancia que mantengan la salud espiritual en todo el proceso!”3.

En el caso de Hannah, su vida se había tornado tan incómoda que procuró ayuda. Gracias a su testimonio, sabía que podía sentir paz y satisfacción en la vida, pero no las sentía de modo constante. Mediante la oración y al hablar con el obispo, se la guió a acudir a terapia profesional, donde pudo adquirir los instrumentos que necesitaba para sacar a la luz la verdad y compartir la terrible carga que había llevado sola. Al hacerlo, pudo liberar el dolor y hallar la paz que prometió el Salvador (véase Juan 14:27). Junto con la paz y el consuelo llegaron el deseo y la capacidad de perdonar.

La necesidad de perdonar

A las víctimas de abuso a menudo les resulta difícil oír en cuanto a la idea de perdonar y con frecuencia esta se malinterpreta. Si ven el perdón como permitir que el abusador quede libre de consecuencias o como decir que lo que hizo ya no importa, la víctima no se sentirá respaldada. Aunque se nos manda perdonar (véase D. y C. 64:10), en las situaciones en que el daño es grave, por lo general la sanación debe comenzar antes de que la víctima pueda perdonar por completo al abusador.

Quienes padecen el dolor que causa el abuso pueden hallar consuelo en este consejo del Libro de Mormón: “Yo, Jacob, quisiera dirigirme a vosotros, los que sois puros de corazón. Confiad en Dios con mentes firmes, y orad a él con suma fe, y él os consolará en vuestras aflicciones, y abogará por vuestra causa, y hará que la justicia descienda sobre los que buscan vuestra destrucción” (Jacob 3:1). La necesidad de justicia y el derecho a la restitución se pueden depositar en manos del Señor a fin de que Él pueda reemplazar nuestro dolor por paz.

Con el tiempo, Hannah descubrió que podía dejar en manos del Salvador la necesidad de justicia y que a cambio hallaría un sentimiento de paz en su vida como jamás había sentido. Anteriormente, había temido asistir a las reuniones familiares en las que el abusador estaría presente. Ahora, gracias a su disposición de afrontar las difíciles heridas emocionales en su camino a la sanación, ya no siente temor en su presencia e incluso puede tener compasión de él en su avanzada edad.

Quedar libre de las cargas innecesarias

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El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha aseverado: “La recuperación completa vendrá por conducto de tu fe en Jesucristo y en Su poder y capacidad de que, por medio de Su expiación, se curarán las cicatrices de lo que es injusto o inmerecido…

“Él te ama. Él dio Su vida para que quedes libre de cargas innecesarias. Él te ayudará a lograrlo. Sé que Él tiene el poder para sanarte”4.

El adversario quiere mantener a las personas sujetas por medio del dolor y del sufrimiento porque él es miserable (véase 2 Nefi 2:27). Con la ayuda de nuestro Salvador Jesucristo, ciertamente el dolor puede reemplazarse por la paz, como la que solo el Salvador puede brindar, y podremos vivir con gozo. “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). Vivir con gozo permitirá que los momentos de prueba sean más llevaderos, y nos permitirá aprender, crecer y llegar a ser más semejantes a nuestro Padre Celestial.

Me siento humilde al considerar la bendición que he tenido en la vida de sentarme con quienes han sido perjudicados por el abuso y ver el milagro de la sanación que verdaderamente se recibe solo mediante el Salvador. Si se hallan sufriendo, por favor, busquen ayuda con espíritu de oración; no tienen que llevar esa pesada carga solos. Yo sé que Él sana, porque lo he visto en innumerables ocasiones.

Comportamientos comunes de las víctimas

Las víctimas a menudo tienen dificultades en las relaciones y es posible que busquen constantemente la aprobación de otras personas, que asuman una actitud pasiva, que pongan barreras para mantener distancia de la gente a fin de evitar que las hieran, que se vuelvan promiscuas para buscar afecto mediante la actividad sexual (incluso el uso de pornografía y la masturbación), o hacer exactamente lo contrario y evitar todo lo relacionado con el sexo. La vergüenza que se relaciona con dichas conductas a menudo inhibe a las personas e impide que procuren buscar ayuda de los padres, los líderes del sacerdocio o los profesionales, ya que no entienden la relación que existe entre lo que les ha sucedido y sus comportamientos.

Al vivir el Evangelio, las víctimas tienden a ir de un extremo al otro; algunas se vuelven religiosas sobremanera; en un intento por ocultar lo que piensan que es su falta de dignidad, tratan de hacer todo del modo correcto; otras creen que nunca serán dignas de la vida eterna y a veces dejan de intentarlo.

Lecciones de Doctrina y Convenios 123

Mientras el profeta José Smith se hallaba preso en la cárcel de Liberty, Misuri, escribió una epístola a la Iglesia, la cual comprende las secciones 121–124 de Doctrina y Convenios, e incluye el “deber de los santos con relación a sus perseguidores” (D. y C. 123, encabezamiento de la sección). No dijo a los santos que habían padecido persecución y lesiones físicas que guardaran el dolor para sus adentros e hiciesen como si nada hubiera pasado. Consideren cómo puede aplicarse el consejo que se imparte en la sección 123 al problema del abuso.

Algunas palabras de consejo para los líderes, familiares y amigos

Cuando una víctima confía en ustedes lo suficiente como para contarles sus sufrimientos y abusos, la conversación debe comenzar con amor y comprensión para con ella. Con demasiada frecuencia, ha habido víctimas que me han dicho que al acudir al obispo para procurar ayuda, este se ha centrado principalmente en la necesidad de perdonar al transgresor. Eso puede ocasionar que la víctima sienta que todo lo que importa es el transgresor. Cuando sucede eso, las personas rara vez regresan al obispo en busca de ayuda y no reciben la sanación espiritual que es posible con el amor y el apoyo eclesiásticos.

Perdonar es una parte crucial del proceso de sanación y es un mandamiento; no obstante, confíen en que permitir primero que alguien reconozca su sufrimiento, exteriorice sus sentimientos y hable sobre ellos con una persona de confianza conducirá, con el tiempo, a la sanación que proviene de poder perdonar al abusador.

Los líderes de la Iglesia pueden remitirse a ministering.lds.org y consultar “Abuso: ayuda para la víctima” para obtener más información.

Notas

1. Véase de Gordon B. Hinckley, “Salvemos a los niños”, Liahona, enero de 1995, pág. 67; cursiva agregada.
2. David A. Bednar, “Creemos en ser castos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 42.
3. Carole M. Stephens, “El Maestro sanador”, Liahona, noviembre de 2016, pág. 11.
4. Richard G. Scott, “Para quedar libre de las pesadas cargas”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 88.

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La guerra continúa

Abril 2017
La guerra continúa
Por el élder Larry R. Lawrence
De los Setenta

Larry R. Lawrence

La guerra que comenzó en el cielo continúa hoy en día. De hecho, la batalla se está intensificando a medida que los santos se preparan para el regreso del Salvador.

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Cualquiera que esté al tanto de las noticias internacionales estará de acuerdo con que vivimos en un tiempo de “guerras y rumores de guerras” (D. y C. 45:26). Por suerte, todos los que estamos en la Tierra somos veteranos de guerra. Hemos luchado contra las huestes del mal en una guerra continua que comenzó en la esfera premortal antes de que naciéramos.

Debido a que aún no habíamos recibido cuerpos físicos, combatimos en la guerra en los cielos sin espadas, armas ni bombas. Sin embargo, el combate fue tan intenso como cualquier guerra moderna, y hubo miles de millones de bajas.

La guerra preterrenal se libró con palabras, ideas, debate y persuasión (véase Apocalipsis 12:7–9, 11). La estrategia de Satanás fue atemorizar a la gente. Él sabía que el miedo es la mejor manera de destruir la fe. Probablemente utilizó argumentos como estos: “Es demasiado difícil”. “Es imposible regresar limpios”. “El riesgo es mucho”. “¿Cómo sabes que puedes confiar en Jesucristo?”. Él sentía mucha envidia del Salvador.

Afortunadamente, el plan de Dios triunfó sobre las mentiras de Satanás. El plan de Dios implicaba el albedrío moral de la humanidad y un gran sacrificio. Jehová, a quien conocemos como Jesucristo, se ofreció para ser aquel sacrificio y sufrir por todos nuestros pecados. Él estaba dispuesto a dar Su vida por Sus hermanos y hermanas para que aquellos que se arrepintieran pudiesen regresar limpios y con el tiempo llegaran a ser como su Padre Celestial. (Véanse Moisés 4:1–4; Abraham 3:27).

La otra ventaja que ayudó a Jehová a ganarse el corazón de los hijos de Dios fueron los poderosos testimonios que compartieron Sus seguidores, dirigidos por Miguel, el arcángel (véanse Apocalipsis 12:7, 11; D. y C. 107:54). En la vida preterrenal, Adán se llamaba Miguel, y Satanás se llamaba Lucifer, que significa “portador de luz”1. Tal parecería un nombre extraño para el príncipe de las tinieblas (véase Moisés 7:26), pero las Escrituras enseñan que, antes de caer, Satanás era “un ángel de Dios que tenía autoridad delante de Dios” (véase D. y C. 76:25–28).

¿Cómo es posible que un espíritu que tenía tanto conocimiento y experiencia cayera tan bajo? Fue por causa de su orgullo. Lucifer se rebeló contra nuestro Padre Celestial porque quería el reino de Dios para sí mismo.

En su clásico discurso “Cuidaos del orgullo”, el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) enseñó que “Lucifer quería recibir honra por encima de todos los demás” y que “su orgulloso deseo era destronar a Dios”2. Ustedes también han escuchado que Satanás quería destruir el albedrío del hombre, pero esa no es la única razón por la que fue rechazado. Se lo expulsó del cielo por rebelarse contra el Padre y el Hijo (véanse D. y C. 76:25; Moisés 4:3).

¿Por qué ustedes y yo peleamos contra el diablo? Luchamos motivados por la lealtad. Amábamos y apoyábamos a nuestro Padre Celestial; deseábamos llegar a ser como Él. Lucifer tenía otro objetivo; quería reemplazar al Padre (véanse Isaías 14:12–14; 2 Nefi 24:12–14). Imaginen la forma en que la traición de Satanás hirió a nuestros Padres Celestiales. En las Escrituras leemos que “los cielos lloraron por él” (D. y C. 76:26).

Luego de una campaña intensa, Miguel y sus ejércitos prevalecieron. Dos tercios de las huestes celestiales decidieron seguir al Padre (véase D. y C. 29:36). Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo, pero no se los envió inmediatamente a las tinieblas de afuera. Primero fueron enviados a esta Tierra (véase Apocalipsis 12:7–9), donde Jesucristo nacería y donde Su sacrificio expiatorio se llevaría a cabo.

¿Por qué se permitió a las huestes de Satanás venir a la Tierra? Vinieron a crear oposición para aquellos que están siendo probados aquí (véase 2 Nefi 2:11). ¿Serán finalmente echados a las tinieblas de afuera? Sí. Después del Milenio, Satanás y sus huestes serán desterrados para siempre.

Satanás sabe que sus días están contados. Durante la segunda venida de Jesús, Satanás y sus ángeles serán atados por 1.000 años (véanse Apocalipsis 20:1–3; 1 Nefi 22:26; D. y C. 101:28). A medida que se acerca esa fecha límite, las fuerzas del mal están luchando desesperadamente para capturar a cuantas almas puedan.

A Juan el Revelador se le mostró la guerra en los cielos como parte de una gran visión. Se le mostró cómo Satanás fue arrojado a la Tierra para tentar a la humanidad. Esta fue la reacción de Juan: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo gran ira, pues sabe que tiene poco tiempo” (Apocalipsis 12:12).

¿Cómo pasa Satanás sus días, sabiendo que no tiene tiempo que perder? El apóstol Pedro escribió que “el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

family kneeling in prayer

¿Qué motiva a Satanás? Él nunca tendrá un cuerpo, nunca tendrá esposa ni una familia, y nunca tendrá una plenitud de gozo, por lo que desea que todos los hombres y mujeres “sean miserables como él” (2 Nefi 2:27).

El diablo ataca a todos los hombres, pero en especial a aquellos que tienen un mayor potencial de alcanzar la felicidad eterna. Claramente él envidia a cualquiera que esté en el camino que conduce a la exaltación. Las Escrituras enseñan que Satanás “les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados” (D. y C. 76:29).

La guerra que comenzó en el cielo continúa hoy en día. De hecho, la batalla se está intensificando a medida que los santos se preparan para el regreso del Salvador.

El presidente Brigham Young (1801–1877) profetizó “que la Iglesia se propagaría, prosperaría, crecería y se extendería y que, en proporción a la expansión del Evangelio entre las naciones de la Tierra, también aumentaría el poder de Satanás”3.

Creo que todos nosotros coincidimos en que esta profecía se está cumpliendo al ver que el mal se infiltra en las sociedades del mundo. El presidente Young enseñó que debemos estudiar las tácticas del enemigo a fin de vencerlo. Comparto cuatro estrategias comprobadas de Satanás y algunas ideas de cómo resistirlas.

Las estrategias de Satanás

1. La tentación. El diablo es desvergonzado cuando se trata de ponernos ideas inicuas en la mente. El Libro de Mormón enseña que Satanás susurra pensamientos impuros y desagradables y siembra pensamientos de duda. Nos atosiga para que cedamos a deseos adictivos, al egoísmo y a la codicia. No quiere que reconozcamos de dónde provienen esas ideas, por lo que nos susurra: “Yo no soy el diablo, porque no lo hay” (2 Nefi 28:22).

¿Cómo podemos resistir esa tentación directa? Una de las herramientas más eficaces es simplemente mandar a Satanás que se retire. Eso es lo que Jesús haría.

Podemos aprender del relato del Nuevo Testamento acerca del Salvador en el monte de las tentaciones. Después de cada tentación que el diablo le ofrecía, Jesús utilizó una técnica defensiva de dos pasos: primero ordenó a Satanás que se marchase; después citó las Escrituras.

Permítanme darles un ejemplo: “Vete, Satanás”, mandó Jesús, “porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solamente servirás” (Mateo 4:10). El versículo siguiente dice: “El diablo entonces le dejó, y he aquí, los ángeles vinieron y le servían” (Mateo 4:11). ¡La defensa del Salvador fue muy eficaz!

La biografía del presidente Heber J. Grant (1856–1945) nos enseña cómo el presidente Grant resistía al diablo cuando era un jovencito. Cuando el presidente Grant reconocía que Satanás le susurraba tratando de sembrar dudas en su corazón, él simplemente decía en voz alta: “Sr. Diablo, cállese”4.

Ustedes tienen derecho a decirle a Satanás que se marche cuando afrontan tentaciones. Las Escrituras enseñan: “… resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

La otra parte de la defensa del Salvador consistió en citar una Escritura. Existe gran poder en memorizar Escrituras, como lo hizo Jesús. Los versículos de las Escrituras pueden convertirse en un arsenal de municiones espirituales.

Cuando sean tentados, pueden recitar mandamientos como “Acuérdate del día del reposo para santificarlo”, “Amad a vuestros enemigos” o “deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente” (Éxodo 20:8; Lucas 6:27; D. y C. 121:45). El poder de las Escrituras no solo intimida a Satanás, sino que también invita al Espíritu en el corazón, nos tranquiliza y nos fortalece contra la tentación.

2. Las mentiras y el engaño. Las Escrituras revelan que Satanás es “el padre de las mentiras” (2 Nefi 9:9). No le crean cuando les susurre mensajes como “Nunca haces nada bien”, “Eres demasiado pecador como para ser perdonado”, “Nunca cambiarás”, “No le importas a nadie” y “No tienes talentos”.

Otra de las mentiras que utiliza a menudo es la siguiente: “Tienes que probar todo al menos una vez, solo para tener la experiencia. Una sola vez no te hará daño”. El pequeño y sucio secreto que él no quiere que ustedes sepan es que el pecado es adictivo.

Otra mentira eficaz que Satanás intentará hacerles creer es esta: “Todos lo están haciendo; está bien”. ¡No está bien! Así que díganle al diablo que ustedes no quieren ir al reino telestial, aunque todos vayan allí.

father teaching his family

Aunque Satanás les mienta, ustedes pueden contar con que el Espíritu les dirá la verdad. Es por eso que el don del Espíritu Santo es tan esencial.

El diablo ha sido llamado “el gran impostor”5. Él intenta falsificar cada principio verdadero que el Señor presenta.

Recuerden que las falsificaciones no son lo mismo que lo opuesto. Lo opuesto de blanco es negro, pero una falsificación del color blanco sería un color blancuzco o gris. Las falsificaciones se asemejan a las cosas auténticas a fin de engañar a quienes están desprevenidos; son una versión truncada de algo bueno, y al igual que el dinero falsificado, no valen nada. Permítanme ilustrarlo:

Una de las falsificaciones de Satanás de la fe es la superstición. Su falsificación del amor es la lujuria. Él falsifica el sacerdocio por medio de las supercherías sacerdotales, e imita los milagros de Dios mediante la hechicería.

El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios, pero el matrimonio entre personas del mismo sexo es solo una falsificación; no conduce ni a la posteridad ni a la exaltación. Aunque sus imitaciones engañan a muchas personas, no son reales; no pueden brindar felicidad perdurable.

Dios nos advirtió en cuanto a las falsificaciones en Doctrina y Convenios. Él dijo: “… lo que no edifica no es de Dios, y es tinieblas” (D. y C. 50:23).

3. La contención. Satanás es el padre de la contención. El Salvador enseña: “… él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros” (3 Nefi 11:29).

El diablo ha aprendido durante siglos de experiencia que donde hay contención, el Espíritu del Señor se aleja. Desde que convenció a Caín para que matara a Abel, Satanás ha influido en las disputas entre hermanos. También siembra problemas en los matrimonios, entre los miembros del barrio y entre compañeros misionales. Le encanta ver discutir a la gente buena. Él trata de iniciar discusiones en las familias justo antes de que vayan a la Iglesia el domingo, justo antes de la noche de hogar el lunes por la tarde y cada vez que una pareja tiene planes de asistir a una sesión del templo. El momento en que se interpone es predecible.

Cuando haya contención en sus hogares o en su lugar de trabajo, dejen de hacer inmediatamente lo que sea que estén haciendo y procuren establecer la paz. No importa quién empezó.

La contención a menudo comienza con la crítica. José Smith enseñó que “el diablo nos lisonjea haciéndonos creer que somos muy correctos, cuando en realidad nos fijamos en las faltas de los demás”6. Si lo pensamos, la superioridad moral es solo una falsificación de la verdadera rectitud.

A Satanás le encanta promover la contención en la Iglesia. Él se especializa en señalar las faltas de los líderes de la Iglesia. José Smith advirtió a los santos que el primer paso hacia la apostasía es perder la confianza en los líderes de la Iglesia7.

Casi toda la literatura antimormona se basa en mentiras sobre el carácter de José Smith. El enemigo trabaja arduamente para desacreditar a José porque el mensaje de la Restauración depende del relato del Profeta acerca de lo que pasó en la Arboleda Sagrada. El diablo está esforzándose hoy más que nunca para hacer que los miembros cuestionen su testimonio de la Restauración.

En los primeros días de nuestra dispensación, muchos hermanos del sacerdocio, muy a su pesar, no permanecieron fieles al Profeta. Uno de ellos fue Lyman E. Johnson, quien fue excomulgado por conducta indebida. Más tarde lamentó haber abandonado la Iglesia: “Permitiría que me cortaran la mano derecha si pudiera creerlo de nuevo. Entonces me sentía lleno de gozo y alegría. Mis sueños eran placenteros. Cuando me despertaba en la mañana mi espíritu era alegre. Era feliz de día y de noche, y me sentía lleno de paz, gozo y gratitud. Pero ahora todo es oscuridad, dolor, tristeza, miseria en extremo. Desde entonces nunca he tenido un momento feliz”8.

Piensen en esas palabras; son una advertencia para todos los miembros de la Iglesia.

Soy converso a la Iglesia. Fui bautizado cuando era un joven adulto soltero de 23 años de edad que estudiaba en la escuela de medicina en Arizona, EE. UU. Sé por experiencia propia cómo Satanás obra en los investigadores para confundirlos y desanimarlos cuando se hallan en busca de la verdad.

Durante toda mi juventud había observado el ejemplo de amigos Santos de los Últimos Días. Me impactaba la manera en que dirigían su vida. Tomé la decisión de aprender más acerca de la Iglesia, pero no quería decirle a nadie que estaba estudiando el mormonismo. Para evitar la presión de mis amigos, decidí que mi búsqueda sería una investigación privada.

Esto fue muchos años antes de internet, así que fui a la biblioteca pública. Encontré un ejemplar del Libro de Mormón y un libro llamado Una obra maravillosa y un prodigio, por el élder LeGrand Richards (1886–1983), del Cuórum de los Doce Apóstoles. Comencé a leer esos libros con un profundo deseo, y me parecieron inspiradores.

Aunque mi espíritu ansiaba aprender más, Satanás comenzó a susurrarme al oído. Me dijo que a fin de ser totalmente objetivo, también debía leer lo que habían escrito los que criticaban la Iglesia. Regresé a la biblioteca y empecé a buscar. Por supuesto, encontré un libro que desacreditaba al Profeta José.

Leer ese libro antimormón me confundió. Perdí el dulce espíritu y la influencia que habían guiado mi investigación; me frustré y estuve a punto de abandonar mi búsqueda de la verdad. ¡Oraba pidiendo una respuesta mientras leía literatura antimormona!

Para mi sorpresa, recibí una llamada de una amiga de la escuela secundaria que asistía a la Universidad Brigham Young. Me invitó a que la visitara en Utah, con la promesa de que me encantaría el paisaje del viaje. Ella no tenía idea de que yo estaba estudiando sobre su Iglesia en secreto.

Acepté su invitación. Mi amiga propuso que fuéramos a Salt Lake City para visitar la Manzana del Templo. Mi respuesta entusiasta la sorprendió; ella no tenía idea de cuánto me interesaba descubrir la verdad sobre José Smith y la Restauración.

Las misioneras de la Manzana del Templo me ayudaron mucho. Sin saberlo, contestaron muchas de mis preguntas. Sus testimonios me hicieron “[dudar] de [mis] dudas”9, y mi fe comenzó a crecer. No se puede subestimar el poder de un testimonio sincero.

Mi amiga también compartió su testimonio conmigo y me invitó a orar y preguntarle a Dios si la Iglesia era verdadera. En el largo viaje de regreso a Arizona, empecé a orar con fe, por primera vez, “con un corazón sincero, con verdadera intención” (Moroni 10:4). En un momento durante ese viaje, tuve la impresión de que mi automóvil entero se llenó de luz. Aprendí por mí mismo que la luz puede disipar las tinieblas.

Después de que había tomado la decisión de bautizarme, el diablo libró una última lucha. Obró sobre mi familia, quienes hicieron todo lo posible para desalentarme y se negaron a asistir a mi bautismo.

Me bauticé de todos modos, y sus corazones se ablandaron gradualmente. Comenzaron a ayudarme a investigar mi historia familiar. Unos años más tarde bauticé a mi hermano menor. La amiga que me invitó a visitarla en Utah es ahora mi esposa.

4. El desánimo. Cuando todo lo demás falla, Satanás utiliza esta herramienta eficazmente con los santos más fieles. En mi caso, cuando comienzo a sentirme desanimado, eso me ayuda a reconocer quién está tratando de desalentarme y me enoja lo suficiente como para darme ánimo, solo para fastidiar al diablo.

Hace varios años, el presidente Benson dio un discurso titulado “No desesperéis”. En ese profundo discurso, él advirtió: “Satanás aumenta sus esfuerzos para vencer a los santos con las armas de la desesperación, el desaliento, el decaimiento y la depresión”10. El presidente Benson instó a los miembros de la Iglesia a estar en guardia, y dio 12 sugerencias realistas para combatir el desaliento.

family walking on Boston Massachusetts Temple grounds

Sus sugerencias incluían prestar servicio a los demás; trabajar arduamente y evitar la ociosidad; poner en práctica buenos hábitos de salud, los cuales incluyen hacer ejercicio y comer alimentos en su estado natural; procurar una bendición del sacerdocio; escuchar música inspiradora; contar las bendiciones y fijar metas. Sobre todo, como enseñan las Escrituras, debemos orar siempre para que podamos vencer a Satanás (véase D. y C. 10:5)11.

Satanás tiembla cuando ve
de rodillas al más débil de los santos12.

Es importante saber que el poder del mal tiene límites. La Trinidad establece dichos límites, y Satanás no puede traspasarlos. Por ejemplo, las Escrituras nos aseguran que “no le es dado poder a Satanás para tentar a los niños pequeños” (D. y C. 29:47).

Otra limitación importante es que Satanás no conoce nuestros pensamientos a menos que se los digamos. El Señor explicó: “… no hay quien conozca tus pensamientos y las intenciones de tu corazón sino Dios” (D. y C. 6:16).

Tal vez por esa razón el Señor nos ha dado mandamientos como “No te quejes” (D. y C. 9:6) y “No hablarás mal de tu prójimo” (D. y C. 42:27). Si pueden aprender a refrenar la lengua (véase Santiago 1:26), no terminarán dándole demasiada información al diablo. Cuando él escucha murmuraciones, quejas y críticas, toma nota minuciosamente. Las palabras negativas que ustedes pronuncian exponen sus debilidades frente al enemigo.

Tengo buenas noticias para ustedes. Los ejércitos de Dios son más grandes que los ejércitos de Lucifer. Es probable que ustedes miren alrededor y piensen: “El mundo es cada vez más inicuo; Satanás debe estar ganando la guerra”. No se dejen engañar. La verdad es que superamos en número al enemigo. Recuerden que dos tercios de los hijos de Dios escogieron el plan del Padre.

Hermanos y hermanas, asegúrense de pelear del lado del Señor. Asegúrense de empuñar la espada del Espíritu.

Ruego que al final de su vida, ustedes puedan decir con el apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

Notas

1. Guía para el Estudio de las Escrituras, “Lucifer”, scriptures.lds.org/es.
2. Ezra Taft Benson, “Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, pág. 5.
3. Discourses of Brigham Young, selección de John A. Widtsoe, 1954, pág. 72.
4. Véase de Francis M. Gibbons, Heber J. Grant: Man of Steel, Prophet of God, 1979, págs. 35–36.
5. Véase, por ejemplo, Dieter F. Uchtdorf, “Ustedes son importantes para Él”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 20; Gordon B. Hinckley, “Los tiempos en los que vivimos”, Liahona, enero de 2002, pág. 86.
6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 484.
7. Véase Enseñanzas: José Smith, pág. 337.
8. Lyman E. Johnson, en Brigham Young, Deseret News, 15 de agosto de 1877, pág. 484.
9. Dieter F. Uchtdorf, “Vengan, únanse a nosotros”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 23.
10. Véase de Ezra Taft Benson, “No desesperéis”, Liahona, febrero de 1975, pág. 43.
11. Ezra Taft Benson, “No desesperéis”, pág. 43.
12. William Cowper, en Robert Andrews, comp. The Concise Columbia Dictionary of Quotations, 1987, pág. 78.

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La billetera perdida

Abril 2017
La billetera perdida
Luiz Marcelino
Goiás, Brasil

lost wallet

Hace poco, me mudé a una nueva casa y pedí ayuda a algunos miembros de la Iglesia para un proyecto en mi casa. En mitad del proyecto, salí a comprar algunos materiales que necesitábamos para terminar. Después de terminar el proyecto, me di cuenta de que no tenía mi billetera. Me puse muy nervioso porque dentro de mi billetera estaban todos mis documentos personales, junto con el dinero que había recibido de un cliente esa mañana. Regresé por el mismo camino donde había hecho las compras, pero no tuve suerte. Volví a casa y busqué para ver si se me había caído en alguna parte, pero aun así, no la encontré. Empecé a considerar la posibilidad de que tendría que obtener copias nuevas de todos los documentos. Entonces, antes de salir de casa, un amigo me preguntó: “¿Ya oraste?”.

Inmediatamente pensé: “¡Claro que ya oré!”, pero en realidad no había orado con verdadera intención. En vez de eso, quería imponer mi voluntad a mi Padre Celestial y de alguna manera hacer que Su deber fuera el de ayudarme a encontrar mi billetera; pero entonces recordé la Escritura en Isaías 55:8: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová”.

El domingo fui a la capilla y un miembro que había estado conmigo el día anterior me dijo que había orado fervientemente al Padre Celestial para que yo pudiera encontrar mi billetera. Dijo que había tenido la sensación de que la encontraría. Más tarde, cuando me senté para mi estudio personal, empecé a leer Cómo obtener respuestas a nuestras oraciones, por el élder Gene R. Cook, miembro emérito de los Setenta. En la primera página se relataba una historia con un problema idéntico al mío: el hijo del élder Cook había perdido su billetera, por lo que la familia se reunió y oró al Señor para que pudieran encontrarla.

Después de leer sobre esa experiencia, puse en práctica lo que había aprendido y reuní a mi esposa e hijos. Formamos un círculo, y cada uno ofreció una oración para implorar al Señor que, si era Su voluntad, nos ayudara a encontrar la billetera.

Anteriormente ya había sido testigo del poder de la oración, pero después, al orar en privado, pedí al Padre Celestial que contestara nuestra oración para fortalecer la fe de mi esposa e hijos.

Al día siguiente, un hombre me llamó; dijo que había encontrado mi billetera, con el dinero. Lloré como un niño porque se dio respuesta a mi oración y la fe de mi familia se fortaleció.

Sé que el Padre Celestial, aun con tantos hijos a quienes atender, nos responde según Su tiempo y a Su manera.

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Entender tu bendición patriarcal

Entender tu bendición patriarcal

Por Allie Arnell y Margaret Willden
Las autoras viven en Illinois, EE. UU., y Nueva York, EE. UU., respectivamente.

El identificar las diferentes partes de tu bendición puede ayudarte a encontrar dirección para tu vida.

man with a map in a maze

La vida está llena de terreno desconocido: ¿Adónde debo ir a estudiar? ¿Qué debo estudiar? ¿Debo servir en una misión? ¿Con quién debo casarme? Si se te diera un mapa personal para navegar por las decisiones de la vida, ¿lo seguirías?

El Padre Celestial y Jesucristo nos han dado ese mapa —la bendición patriarcal— para dar dirección a nuestra vida. Aunque se nos ha dado el don del albedrío para tomar nuestras propias decisiones, las bendiciones patriarcales pueden arrojar luz sobre qué caminos traerán mayor felicidad.

No obstante, el solo hecho de tener un mapa no es suficiente. Debemos estudiar, entender y aplicar el significado que hay dentro del mapa. Asimismo, a medida que llegues a entender el lenguaje que se utilizó en tu bendición patriarcal —tu propia guía para la vida— podrás discernir quién eres ante los ojos de Dios y lo que puedes llegar a ser.

Descubre tu linaje

Antes que nada, tu bendición patriarcal declara tu linaje, o la tribu específica de las doce tribus de Jacob (que después fue llamado Israel) a la cual perteneces. Aunque no todos somos descendientes literales de Jacob, las Escrituras nos enseñan que los miembros de la Iglesia son adoptados en la casa de Israel: “Pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos” (Abraham 2:10).

Shelisa Schroeppel, de Utah, EE. UU., dice: “El saber que soy de la casa de Jacob me ayuda a entender mi propósito en esta vida y por qué soy llamada a ciertos llamamientos en la Iglesia”.

Tu bendición patriarcal también podría describir cualquier bendición correspondiente que acompañe a tu tribu particular. Por ejemplo, muchos miembros de la Iglesia pertenecen a la tribu de Efraín, una tribu que tiene la responsabilidad singular de difundir el mensaje del Evangelio restaurado al mundo (véanse Deuteronomio 33:13–17; D. y C. 133:26–34).

Busca consejo personal

Cuando se usa adecuadamente, un mapa evita que un viajero se pierda. De manera similar, en este camino por la vida, tu bendición patriarcal le puede brindar consejo y dirección a tu vida. Tu bendición patriarcal no te dice simplemente qué hacer, sino que puede brindar perspectivas personalizadas sobre qué caminos —si se buscan con fe— pueden ayudarte a saber si estás alineando tu vida con la voluntad del Padre Celestial. A medida que estudies tu bendición patriarcal y procures vivir de manera que invite al Espíritu del Señor, puedes encontrar seguridad, gozo y dirección.

Gabriel Paredes, de Lima, Perú, dice: “Algunos de los consejos que recibí en mi bendición solo he podido aplicarlos plenamente con mi familia después de ser sellado a mi esposa.

“Recientemente nos preguntábamos qué podríamos hacer para fortalecer y edificar nuestra nueva familia. Nuestra pregunta se contestó mediante mi bendición patriarcal. En ella se me aconseja dar prioridad al respeto, a la tolerancia y al amor en mi familia, ya que esos son algunos de los cimientos importantes del evangelio de Jesucristo.

“Al concentrarnos en ello, mi esposa y yo hemos podido superar problemas. Aún tenemos algunos problemas como familia, pero somos felices. Sentí como si el Señor me recordara cómo podía tener la familia que Él me prometió. Sé que el Señor habla mediante las bendiciones patriarcales y que el consejo que encierran se ha de utilizar en nuestra vida”.

Presta atención a las admoniciones

Un mapa no necesariamente señala cada peligro en el camino, pero, afortunadamente, las bendiciones patriarcales a menudo nos dan advertencias para protegernos a lo largo del camino. Algunas de esas admoniciones nos ayudan a protegernos de la influencia de Satanás; otras pueden darnos luz sobre cómo podemos superar al hombre natural en nuestro interior.

Para Caitlin Carr, de Utah, algunas de las advertencias de su bendición patriarcal no fueron claras de inmediato, pero el estudio posterior de su bendición le brindó nuevas perspectivas.

“Cuando recibí mi bendición patriarcal, se me advirtió sobre personas que intentarían alejarme de la verdad con ideas persuasivas. No pensé mucho en ello; tenía una firme creencia en las doctrinas que se me habían enseñado.

“Sin embargo, al año siguiente me enfrenté con ideas y filosofías que, a simple vista, parecían estar arraigadas en la imparcialidad y el amor, pero no lo estaban. Esos mensajes parecían venir de todos lados: los medios de comunicación, la escuela, incluso de amigos cercanos. Aunque sabía que esas filosofías eran contrarias al plan de Dios, me encontré deseando apoyar esas nuevas ideas del mundo y a la Iglesia. Pronto me di cuenta de que ‘ninguno puede servir a dos señores’ (Mateo 6:24) y que no debería confiar en la sabiduría del hombre. El Padre Celestial resolvió mis dudas mediante las Escrituras y le dio paz a mi mente y corazón. Por consiguiente, mi testimonio se ha fortalecido y me he vuelto más firme al defender lo que sé que es verdadero”.

Desarrolla dones y talentos

Tu bendición patriarcal también puede mencionar dones y talentos espirituales que el Señor te ha dado para edificar Su reino. Si tu bendición menciona un talento que te es desconocido, tal vez sea porque aún no has tenido la oportunidad de descubrir o desarrollar ese talento. Mediante la búsqueda diligente y la ayuda del Señor, puedes progresar para desarrollar ese talento y muchos más.

El desarrollar tus talentos te ayuda a reconocer las cosas singulares con las que contribuyes a la obra del Señor. Johanna Blackwell, de California, EE. UU., medita en los dones y talentos que se mencionan en su bendición cuando siente la tentación de compararse con los demás: “Al mirar las palabras de mi bendición patriarcal, me recuerda que he sido bendecida con los dones que personalmente he necesitado para superar pruebas y participar en el apresuramiento de la obra del Señor.

“Mi bendición menciona mi habilidad para amar, perdonar y tener el valor de relacionarme con quienes me rodean. Al llevar esos dones a la práctica, el Señor me ha bendecido con un mayor deseo de encontrar nuevas personas y culturas, y conectarme con ellas. Por consiguiente, mi testimonio de que todos somos hijos de un amoroso Padre Celestial ha crecido, y he podido servir a los demás mientras todos procuramos llegar a ser más como Cristo”.

points on the map

Busca las bendiciones prometidas

Por último, nuestras bendiciones patriarcales revelan las bendiciones que el Padre Celestial nos ha prometido si permanecemos fieles a Él. No hay garantía de cuándo se cumplirán esas promesas, pero podemos saber que en tanto que vivamos obedientemente el Evangelio, estas se cumplirán, ya sea en esta vida o en la próxima.

Sergio Gutiérrez, de Nevada, EE. UU., se apoya en una promesa de su bendición patriarcal cada vez que se siente preocupado por sus planes profesionales futuros: “A veces siento inquietud acerca de la incertidumbre de mi futuro, pero hay una promesa en mi bendición patriarcal que siempre me tranquiliza. Esa promesa me ayuda a saber que en tanto que trabaje arduamente y permanezca fiel, tendré los recursos necesarios para poder cuidar de mi familia y edificar la Iglesia. No sé exactamente qué carrera quiero seguir todavía, pero el tener esa promesa me da fe y confianza”.

Si alguna vez te has preguntado cuál es la voluntad del Padre Celestial para contigo, no eres el único. El Señor comprendía que enfrentarías muchos diferentes senderos que podrías seguir en la vida, así que te ha proporcionado un mapa personal para mantener tu vida alineada con Su evangelio. Las bendiciones patriarcales no pueden tomar decisiones por nosotros, pero pueden guiarnos a nuestra propia revelación personal. Mediante nuestra bendiciones patriarcales, se nos muestra cómo encajamos en el plan del Señor para recoger a Israel al aprender de nuestra tribu; se nos da consejo personal, admoniciones y promesas; y se nos enseña sobre los dones y talentos singulares que el Padre Celestial nos dado para servirle. En tanto que vivas de acuerdo con todos esos elementos de tu propia bendición patriarcal, puedes saber que tus decisiones han estado dentro de la voluntad que el Señor tiene para tu vida.

Consejos para el estudio

• Identifica cuáles son los consejos, las advertencias, los talentos y las promesas en tu bendición patriarcal. Ora en cuanto a cómo podrían aplicarse a ti en la etapa actual de tu vida.
• Estudia tu bendición con detenimiento y con frecuencia durante tu vida. La misma frase puede tener varios significados para ti en diferentes momentos.
• Recuerda que una bendición patriarcal no menciona cada aspecto de tu vida. Incluso si una meta importante no se menciona en tu bendición, todavía puede ser algo importante por lo que esforzarse.
• Sé obediente al Evangelio. Las bendiciones en tu bendición patriarcal dependen de tu rectitud.
• Establece metas para buscar los dones y desarrollar los talentos que se mencionan en tu bendición.
• Reflexiona hacia dónde vas en la vida y a dónde finalmente quieres llegar. ¿Cómo se alinean tus metas con tu bendición patriarcal?
• Podrías hacer una copia de tu bendición patriarcal para usarla para tu estudio. Puedes escribir pensamientos, resaltar palabras que destaquen y anotar Escrituras que se relacionen con tu bendición.

Tu propia Liahona

“La bendición no es para doblarla con cuidado y archivarla para siempre; no es para ponerla en un marco ni publicarla. Más bien, es para leerla; es para amarla y para seguirla. La bendición patriarcal es para ayudarte a pasar la noche más negra; te guiará a través de los peligros de la vida… La bendición patriarcal es una Liahona personal que te traza el curso y te muestra el camino”.

Véase del Presidente Thomas S. Monson, “Vuestra bendición patriarcal: una Liahona de luz”, Liahona, enero de 1987, págs. 65–66.

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Cómo prepararse para una nueva travesía

Abril 2017
Cómo prepararse para una nueva travesía
Por Karina Martins Pereira Correia de Lima
La autora vive en Paraná, Brasil.

Al igual que Nefi que navegaba hacia lo desconocido, yo necesitaba ejercer fe en el Señor con respecto a comenzar una familia.

sail boat on the water

En las semanas previas a mi matrimonio y sellamiento en el templo, comencé a sentirme un poco nerviosa por todo lo que tenía que hacer antes de comenzar mi nueva familia. A pesar de toda la alegría de ese momento, me sentía estresada por tener que organizar una rutina nueva, poner las finanzas en orden, encontrar un depósito para almacenar nuestras pertenencias, y por todas mis nuevas responsabilidades como esposa. Quería asegurarme de que comenzaríamos nuestro matrimonio de la manera correcta al encontrar lugar en nuestras actividades para cosas importantes como guardar los mandamientos y pasar tiempo juntos como esposo y esposa a pesar de nuestras vidas ocupadas.

Al acercarse el día de la boda, me sorprendió una serie de pesadillas con todo tipo de problemas que podrían afectar a una familia. Debido a que provengo de una familia amorosa aunque atribulada, amenazada por discusiones constantes e intensas y por corazones rotos, las pesadillas me afectaron más de lo que deberían haberlo hecho. Entonces una noche, después de varias como esa, desperté sudando y decidí seguir el consejo que la hermana Neill F. Marriott, Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, dio en su discurso “Entregar nuestro corazón a Dios” (Liahona, noviembre de 2015, págs. 30–32). Cerré los ojos y oré: “Querido Padre Celestial, ¿qué puedo hacer para mantener estas cosas malas lejos de mi familia?”.

La respuesta me llegó tan rápido y tan fuerte como si alguien me hubiera abierto una puerta en la cabeza y hubiese puesto el pensamiento allí. La voz suave y apacible me inspiró: “Solo haz lo que se supone que debes hacer. Sé fiel en cada paso”. El Espíritu me susurró algunos consejos específicos y sentí que si hacía esas cosas, todo estaría bien.

Sonreí y sentí que el pecho se me llenaba de calidez. De repente olvidé todas las preocupaciones, porque sabía que era así. Antes había sentido el Espíritu Santo, pero nunca tan fuerte como lo sentí esa noche. Sentí que el amor de nuestro Padre Celestial y de nuestro Salvador me rodeaban, y supe que el consuelo y la salvación de mi familia eran tan importantes para Ellos como lo eran para mí.

A modo de una confirmación adicional, recordé un relato de las Escrituras: el momento en que el Señor le mandó a Nefi que construyera un barco: “Y aconteció que el Señor me habló, diciendo: Construirás un barco, según la manera que yo te mostraré, para que yo lleve a tu pueblo a través de estas aguas” (1 Nefi 17: 8; cursiva agregada).

Nefi y su familia habían estado en el desierto por años, soportando toda clase de tribulaciones. Él podría haber sentido miedo de comenzar una travesía por el mar y permitir que sus temores se volvieran más fuertes que su fe; pero no lo hizo. Aceptó y obedeció las instrucciones de Dios. Tuvo fe en que Sus promesas se cumplirían. El Señor nunca le dijo a Nefi que no habría tormentas o que las olas no azotarían el barco; le dijo a Nefi que si seguía Sus instrucciones, él podría guiar a su familia a salvo a través del océano hasta la tierra prometida.

Me di cuenta de que por muchos años yo también había viajado por un desierto, pero ahora estaba frente al mar, preparándome para una nueva travesía: el matrimonio. He sido llamada —y creo que es el caso de todas las familias Santos de los Últimos Días— a construir un barco siguiendo las instrucciones de Dios.

Una vez que mi esposo y yo nos casamos, sí surgieron problemas; enfermé y tuvimos dificultades para estabilizar nuestros asuntos económicos y poner en práctica todos los buenos hábitos que habíamos decidido seguir.

No obstante, el consejo que había recibido esa noche permaneció en mi corazón. Todos los días intentamos aprender y atesorar la palabra de Dios en nuestro corazón, seguir los buenos ejemplos de nuestros queridos líderes —entre ellos, Cristo— y mejorar nuestro propio comportamiento. Obtuve un testimonio más fuerte de la oración y en verdad experimenté el amor que el Padre tiene por nosotros. Comencé a confiar más y a temer menos. Nos dimos cuenta de que las dificultades que enfrentamos se habían convertido en pasos para mejorar. Hoy, nuestro hogar parece un pedacito de cielo.

Aún estamos en el comienzo de nuestra travesía, pero casarme y comenzar una familia fue la mejor decisión que jamás he tomado. Mi corazón rebosa de gozo cuando pienso en la ordenanza del templo que recibimos y sé que fue sellada por la autoridad de Dios. Cuanto más entiendo sobre la importancia de la familia en el plan del Padre Celestial y sobre la santidad del convenio que hicimos, más quiero ayudar a otras familias a recibir la misma ordenanza.

Aprendí que no tenemos que preocuparnos de lo que ocurrirá, porque “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Simplemente tenemos que ser obedientes, seguir las instrucciones que se han dado mediante las Escrituras y las palabras de los profetas actuales, y pedir en oración más instrucciones personales. Si hacemos esas cosas, podemos cruzar el océano de estos últimos días confiando en que no importa qué clase de problemas nos azoten, nuestros seres queridos estarán a salvo.

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¿Cómo puedo estudiar con la mente y con el corazón?

Abril 2017
¿Cómo puedo estudiar con la mente y con el corazón?

Descubre lo que puedes hacer cuando tengas preguntas.

girl with heart

¿Qué debes hacer cuando tengas una pregunta sobre cuestiones doctrinales, históricas o personales? ¿Cómo encuentras una respuesta? El Señor promete: “… hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo” (D. y C. 8:2). ¿Cómo utilizas la mente y el corazón para reconocer la inspiración? Estas son algunas ideas.

Mente

Estudia, ora y escucha

El élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo que cuando tomamos “decisiones importantes… el Padre Celestial espera que usemos nuestro albedrío, que estudiemos la situación en la mente de acuerdo con los principios del Evangelio y que le presentemos una decisión a través de la oración” (“El Espíritu Santo”, Conferencia General Abril 2016).

Es igual para cualquier pregunta. Cuando estudies, ora con sinceridad en cuanto a las respuestas que halles durante el proceso. El Espíritu Santo te dará impresiones —ya sea a través de ideas, palabras a tu mente u otros recordatorios personales— para guiarte a otras respuestas que necesitas.

Utiliza recursos

Escudriña las Escrituras, incluso la Guía para el Estudio de las Escrituras y otras ayudas para el estudio. También puedes buscar otros recursos SUD, como discursos de la conferencia general, Temas del Evangelio, revistas de la Iglesia, el proyecto “Los documentos de José Smith”, y más. (Consulta la página 54 para encontrar una lista de recursos útiles de la Iglesia).

Habla de ello

No tengas miedo de pedir ayuda. El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Les voy a dejar un desafío… Tienen que pensar en alguien [que pueda ayudarles a encontrar respuestas] —un amigo en quien confíen, un progenitor, un abuelo, un maestro, un miembro del obispado [o] un asesor— y tienen que tener respuestas a esas preguntas” (Transmisión Cara a Cara, 20 de enero de 2016). ¡Inténtalo! Habla con alguien en quien confíes acerca de tus preguntas y encuentren respuestas juntos.

Corazón

Estudia, ora y escucha

Estos pasos son importantes para meditar con la mente y el corazón. El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Si quieren reconocer una verdad espiritual, deben usar los instrumentos correctos. No pueden llegar a un entendimiento de una verdad espiritual con instrumentos que no la pueden detectar” (“Cómo recibir un testimonio de luz y verdad”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 22). El Espíritu Santo es el instrumento mediante el cual aprendemos las cosas que son espirituales. De modo que, al orar y escuchar al Espíritu, con el tiempo podrás encontrar respuestas.

Sé paciente

El presidente Uchtdorf explicó también: “Cuanto más volcamos nuestro corazón y mente hacia Dios, más luz celestial se destila sobre nuestra alma… Gradualmente, las cosas que antes parecían confusas, oscuras y lejanas se vuelven claras, brillantes y conocidas para nosotros” (“Cómo recibir un testimonio de luz y verdad”, pág. 22). El buscar respuestas pude ser un proceso largo, pero si estás dispuesto a escuchar las respuestas las encontrarás, aun cuando requiera tiempo.

Practica la manera de reconocer las impresiones

Cuanto mejor reconozcas las impresiones y estés dispuesto a actuar cuando el Espíritu te susurre al corazón, más fácil te resultará reconocer otras impresiones en el futuro. Podrás “[sentir] que está bien”, o experimentar un “estupor de pensamiento” si está mal (véase D. y C. 9:8–9). También podrías sentir un recordatorio sutil, un sentimiento de paz u otra sensación específicamente dirigida a ti. El Señor te conoce y Él sabe la manera en la que entenderás al Espíritu. Te brindará una guía amorosa que es exclusiva para ti. Así que continúa escuchando y continúa practicando.

Respuestas de Dios

“Analizar las preguntas sinceras es una parte importante de edificar la fe, y para ello usamos el intelecto y los sentimientos. El Señor dijo: ‘Hablaré a tu mente y a tu corazón’ [D. y C. 8:2]. No todas las respuestas se reciben de inmediato, pero la mayoría de las preguntas se pueden resolver mediante el estudio sincero y al procurar las respuestas de Dios”.

Élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “La fe no es una casualidad, sino una elección”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 66.

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Lo vieron a Él

Abril 2017
Lo vieron a Él
Margaret Willden

Estas personas en efecto vieron al Salvador resucitado pero tú, a tu manera, también puedes ser un testigo de Cristo.

Jesus and Mary in front of the tomb

¿Cómo crees que sería ser testigo del Salvador resucitado? Cientos de personas en los días de Jesús no tuvieron que imaginarlo; ellos lo vivieron. Las Escrituras dan cuenta de al menos doce registros de ocasiones en el Nuevo Testamento, y varias más en el Libro de Mormón, en que el Señor resucitado apareció al pueblo. Esas personas fueron testigos de uno de los milagros más extraordinarios de la historia: Jesucristo vencía la muerte y hacía posible que cada uno de nosotros viviese de nuevo. Increíble, ¿verdad?

Y bien, ¿qué significa exactamente ser un testigo de Cristo? Repasemos algunos de esos momentos en las Escrituras y pensemos en cómo nosotros, aunque sin verlo físicamente, también podemos ser testigos de Cristo.

María Magdalena

María Magdalena fue el primer testigo. La mañana del domingo después de la Crucifixión, ella fue al sepulcro con otras mujeres para ungir el cuerpo del Señor. Cuando María descubrió la tumba vacía, lloró. Alguien se acercó a ella desde atrás y le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Imaginen su sorpresa cuando descubrió que era Jesús, resucitado de entre los muertos. (Véase Juan 20:1–18).

Dos discípulos en el camino a Emaús

Christ on the road to Emmaus

Cleofas y otro discípulo iban por el camino que conducía a Emaús cuando se les unió un forastero. Ellos no reconocieron a su nuevo compañero, pero mientras cenaban juntos, el forastero partió pan. Entonces sus ojos fueron abiertos, y se dieron cuenta de que habían estado viajando con el Salvador todo el tiempo. “¿No ardía nuestro corazón en nosotros…?”, se preguntaban el uno al otro, meditando en la confirmación que sentían de que Él ciertamente había estado con ellos. (Véase Lucas 24:13–34).

Los diez apóstoles

Resurrected Christ with Apostles

Los dos discípulos que viajaban a Emaús con Cristo regresaron a Jerusalén y relataron su experiencia a diez de los apóstoles. Mientras hablaban, el Salvador mismo se apareció a ellos, diciendo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo”. (Véase Lucas 24:36–41, 44–49).

El apóstol Tomás

Christ with Thomas

El apóstol Tomás no estaba presente cuando el Salvador se apareció por primera vez a los otros apóstoles, por lo que no creyó que Cristo hubiese resucitado. Una semana después, Cristo volvió a aparecerse a los apóstoles. En esa ocasión, Tomás estaba allí, y por causa de que vio a Cristo creyó que Él había resucitado. El Salvador advirtió a Tomás del peligro de creer solamente después de haber visto: “Porque me has visto, Tomás, has creído; bienaventurados los que no vieron y creyeron”. (Véase Juan 20:24–29).

Los once apóstoles en el mar de Tiberias

Apostles on the Sea of Tiberias

Un día, poco después de la Resurrección, varios de los apóstoles fueron a pescar en el mar de Tiberias, pero no tuvieron mucha suerte. A la mañana siguiente, el Salvador apareció y les sugirió que echaran la red por el lado derecho de la barca. Al hacerlo, ¡la red atrapó tantos peces que apenas podían tirar de ella! Después de comer juntos, el Salvador enseñó acerca de la importancia de ministrar a los demás, diciendo: “Apacienta mis ovejas”. Los apóstoles pasarían el resto de sus vidas haciendo precisamente eso —enseñar a las personas acerca de Cristo— y en algunos casos incluso entregaron su vida por la causa. (Véase Juan 21:1–22).

Los nefitas en el continente americano

Christ among the Nephites

Durante la Crucifixión, la tierra en el continente americano fue arrasada por terremotos, fuegos y otros desastres naturales, y tres días de oscuridad señalaron la muerte del Salvador. Posteriormente, Cristo descendió de los cielos y visitó a una multitud de 2.500 personas que se había reunido cerca del templo en Abundancia. Él invitó a las personas a que palparan las marcas de las heridas en Sus manos y en Sus pies, pronunció un sermón y bendijo a los niños de los nefitas uno por uno. Al día siguiente se reunieron incluso más personas, y el Salvador los visitó y los instruyó. Finalmente los discípulos formaron la Iglesia de Cristo, y los nefitas recibieron un testimonio tan poderoso que tanto ellos como los lamanitas se convirtieron al Señor. (Véase 3 Nefi 11–18; véase también 3 Nefi 8–10; 4 Nefi 1).

Testigos entonces y ahora

Cristo también se apareció a muchos otros, incluyendo varias mujeres que habían ido al sepulcro para ayudar a María Magdalena a ungir el cuerpo de Cristo, a un grupo de más de quinientos hombres, a Santiago y a Pablo. (Véanse Mateo 28:9; Hechos 9:4–19; 1 Corintios 15:6–7; véase también 3 Nefi 19; 26:13).

Tal vez no tengamos la oportunidad de ver al Salvador como lo hicieron esos testigos, pero todavía puedes ser un testigo de Cristo. Puedes buscar personalmente al Salvador, como lo hizo María cuando fue al sepulcro, al aprender más acerca de Él. O podrías ejercer la fe en Él al guardar los mandamientos y seguir el consejo de los profetas. O podrías reconocer las bendiciones del Salvador en tu vida, como lo hicieron los dos discípulos que iban camino a Emaús. En esta época de Pascua de Resurrección, piensa en lo que significa ser un testigo de Cristo. Esas personas fueron literalmente testigos que en efecto vieron al Cristo resucitado; pero esa no es la única manera en que puedes ser testigo de Él en tu vida.

Aprende de Él

“Ustedes son testigos de Cristo cuando sienten el testimonio de Él que da el Santo Espíritu, confirmado y reconfirmado a su espíritu en muchas experiencias y lugares diferentes, a medida que tratan de hacer brillar en su propia vida la luz de Su ejemplo día tras día, y cuando expresan a otros su testimonio y les ayudan a aprender de Él y a seguirlo”.

Élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Cómo llegar a ser testigo de Cristo”, Liahona, marzo de 2008, pág. 63.

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La Expiación del Salvador

La Expiación del Salvador
por  W. Cleon Skousen

El Hermano W. Cleon Skousen fue un famoso discursante de temas del evangelio. Su tema favorito, por cierto, fue la expiación de Jesucristo, tema que él comprendió gracias a su presidente de misión, el apóstol John A. Widtsoe, uno de los más reconocidos líderes de la historia de la Iglesia de Jesucristo.

Este discurso fue primeramente presentado, por invitación del Presidente Mike Glauser, ante aproximadamente 180 misioneros en la Misión de Atlanta Georgia en Noviembre 2 y 3 de 2000. Las horas de la mañana se pasaron cubriendo la estructura básica de esta presentación. Las horas de la tarde se pasaron respondiendo las preguntas.

Los Bloques de Construcción del Universo

Una de las cosas gratificantes de ir a una misión es la oportunidad de poder realmente aprender del evangelio. Y lo aprendemos en dos niveles. El primer nivel es lo que Pablo le llama el nivel de la LECHE del aprendizaje del evangelio los que son los requisitos actuales del evangelio para guiarnos a la presencia de Nuestro Padre, por ejemplo, fe, arrepentimiento, bautismo, el Don del Espíritu Santo, obedecer los mandamientos y perdurar hasta el final. Claro que no minimizamos la importancia sagrada del nivel de la LECHE porque dice en términos simples qué deben hacer para alcanzar el Reino Celestial.

El segundo nivel es lo que Pablo llamó el nivel de la CARNE lo cual explica el porqué de cómo cada principio del evangelio es esencial y CÓMO trabaja. Entonces la LECHE es el QUÉ del evangelio. La CARNE es el porqué y el cómo. La diferencia entre la leche y la carne están muy claras en las escrituras. Aquí esta de cómo Pablo distinguió entre estos dos niveles del estudio del Evangelio. El dijo:

“Os di de beber leche, y no vianda; porque aun no erais capaces, ni sois capaces todavía.” (1 Corintios 3:2)

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por lo tanto (”NO” de acuerdo con José Smith) dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, VAMOS ADELANTE A LA PERFECCION; no (repetidamente) echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios. (Hebreos 5:12-14 y 6:1)

Isaías dice que la carne les pertenece a “aquellos que entiendan la doctrina y sean arrancados de los pechos… porque mandato sobre mandato, renglón tras renglón.” (Isaías 28:9-10)

Claro que el reto más grande de José Smith como la cabeza profética de esta nueva dispensación fue el hecho que no recibió nuevo conocimiento simplemente línea sobre línea y precepto sobre precepto sino que CAPA SOBRE CAPA. Algunas veces estas capas eran tan enriquecidas con doctrinas intensas de la carne del evangelio que los asociados de José Smith se sofocaban y denunciaban a José y la más reciente capa de revelación como falsa e inaceptable. Pero el tiempo de José fue corto. El no podía esperar a aquellos que se retrasaban. Consecuentemente, diez miembros del Quórum original de los Doce balbucearon. Los dos apóstoles que se quedaron valientemente con el profeta eran Brigham Young y Herber C. Kimball.

Mientras en una misión nos concentramos en enseñar la leche porque estas son las cosas simples y claras que son esenciales para regresarnos al Reino Celestial de Nuestro Padre. Nos dicen QUE hacer. La llave del éxito en la leche es la OBEDIENCIA, y la buena voluntad para seguir los requerimientos esenciales del evangelio. Noten que Pablo se molesto con los santos en su día porque no podía llevarlos a que fueran más allá de la leche y aprendieran de la carne del evangelio. Y POR ESO IR EN PERFECCION. Noten de Isaías que la carne del evangelio no puede ser digerida por comérsela en bocados. Debe ser meditado, precepto sobre precepto y línea sobre línea.

La bendición de tener un Gran Maestro

Me metí a la carne del evangelio un poco después cuando llegue a la misión Británica. Solo tenía 17 cuando se me llamo a una misión y en cuanto llegue a Inglaterra supe que el Élder John A. Widtsoe presidía sobre todas las misiones en Europa y que tenia las oficinas centrales en Inglaterra. Eso quería decir que de vez en cuando iba a verlo.

El Presidente Widtsoe era un apóstol y un miembro del Consejo de los Doce. El había sido presidente de dos universidades, era científico famoso, y era miembro de la Sociedad Real de Inglaterra. Por reputación él fue considerado ser uno de los primeros eruditos del evangelio en toda la Iglesia y había escrito libros en las enseñanzas de ambos, José Smith y los Discursos de Brigham Young.

Un día íbamos en el tren juntos, y fui tan intrépido en preguntarle al Élder Widtsoe acerca de una duda acerca del evangelio. No me había dado cuenta en ese tiempo, pero mi pregunta pasó a ser la pregunta más profunda de todo el evangelio. Yo le dije, “Élder Widtsoe por qué Jesús tuvo que ser crucificado?”

El tomo una pausa y después dijo, “Quien te dijo que me hicieras esa pregunta?” — Yo le dije, “Bueno, nadie. Es mi pregunta.” Cuando era un niño pequeño en Canadá nos decían de cómo en Pascua Jesús fue lacerado con un látigo, cómo tenía una corona de espinas en su cabeza, con sangre corriendo en su rostro, y cómo fue clavado en la cruz y sufrió la más terrible agonía. Me pregunte quien en el mundo querría tal sufrimiento? Si tenía un propósito, cual era? Aun más, cómo la crucifixión de Jesús tenía que ver con mi salvación?

Élder Widtsoe pensó por un momento y después dijo: “Te podría contestar tus preguntas, pero no entenderías las respuestas. No sabes lo suficiente acerca de Nuestro Padre Celestial.”

Entonces le dije, —“Me enseñaría?”

Fue una cosa atrevida al preguntarle a una Autoridad General con una carga pesada, pero después de un momento él dijo, “Ya que es tu pregunta, tal vez tengas la curiosidad suficiente y tenacidad para preferir seguir la tarea tediosa de aprender línea sobre línea y precepto sobre precepto; porque es la única manera en que vas a ver el cuadro completo.

Así fue cómo yo me tropecé en una de las grandes bendiciones de toda mi vida. Vine a ser un estudiante de la carne del evangelio bajo la guía del Apóstol John A. Widtsoe. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Adaptado de un sermón pronunciado el 9 de julio de 1880

Las responsabilidades del sacerdocio

Por Wilford Woodruff (1807-1898)
Cuarto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días


Considero nuestra condición o posición como la de un pueblo que ha sido llamado a efectuar cierta obra. Cuando enviamos hombres a misiones o a realizar cualquier tipo de tarea, desde luego, esperamos que la cumplan, y el Señor espera lo mismo de ellos. Considero a los élderes de Israel que se encuentran aquí esta noche así como a todos los de esta Iglesia y reino, como integrantes de una misión.

Hemos sido ordenados para una misión y tenemos nuestro tiempo establecido para cumplirla. No sé exactamente cuantos días o años vamos a dedicarle, pero esta obra se requiere de nuestras manos no obstante a qué puesto se nos llame o en qué cargo se nos ordene. Y cuando tenemos ante nosotros una tarea que cumplir, no debemos ignorarla ni dejarla de lado; se toma cuenta de ella, la cumplamos o no. Existen muchas revelaciones que nos muestran que efectivamente así es. La historia de vuestra vida va delante de vosotros y todos la encontraréis cuando paséis al otro lado del velo. La historia de cada hombre, vale decir, sus hechos están escritos, haya él guardado registro de ellos o no; esto se encuentra claramente manifestado en la revelación conocida como la «Hoja de Olivo» (Doctrinas y Convenios, Sección 88).

Tenemos una tarea sobre nuestros hombros; José Smith la tuvo, Brigham Young la tuvo, los Doce Apóstoles la tienen, todos nosotros la tenemos, y seremos condenados si no la cumplimos; esto lo sabremos cuando hayamos pasado al otro lado del velo. Ha sido por haber descuidado este deber que muchos han abandonado esta Iglesia y reino de Dios.

Muchas veces durante mis reflexiones he deseado poder comprender cabalmente la responsabilidad que tengo ante Dios, así como la responsabilidad que tienen todos los hombres que poseen el sacerdocio en esta generación. Y os digo, hermanos, que pienso que nuestros corazones están demasiado fijos en las cosas de este mundo. (Véase Doctrinas y Convenios 121:35.) No apreciamos, en la medida que debemos hacerlo, como hombres que poseemos el Santo Sacerdocio en esta generación, la gran responsabilidad que tenemos ante Dios y el alto cielo, así como para con la tierra. Creo que estamos demasiado alejados del Señor y que no vivimos nuestra religión como debemos. No creo que tengamos nuestros corazones puestos en la edificación de este reino como deberíamos hacerlo como Santos de los Últimos Días.

Ahora, no penséis que soy vuestro enemigo porque os digo estas cosas. Siento que tenemos una importante obra que llevar a cabo, obra que otros continuarán cuando nosotros hayamos muerto. Al mirar a mi alrededor, veo la obra de este tiempo; pienso en lo que me rodea y encuentro que ocho de los Doce Apóstoles han pasado al mundo de los espíritus desde que llegamos a este valle; espero ir allí yo también, como mis hermanos irán; todos iremos allá antes de que hayan transcurrido muchos años. No espero nada más; y os diré que durante mis meditaciones en los últimos dos años he sentido que no tengo ninguna otra cosa que hacer en esta tierra sino tratar de edificar este reino. No creo que sea yo justificado si pongo mi corazón en las cosas de este mundo y descuido algún deber que Dios requiera de mis manos.

Cuando contemplo esta generación, cuando pienso en los mil doscientos millones de personas que moran en la carne, muchas de ellas disponiéndose para los juicios de Dios, generación que está lista para recibir la ira de Dios sobre sus cabezas . . . cuando considero estas cosas, sé que si dejo de expresar mi testimonio ante ellos, que si olvido dar mi testimonio a esta generación cuando tengo la oportunidad de hacerlo, me arrepentiré de ello cuando haya pasado al mundo de los espíritus.

Así me siento con respecto a esta obra; Dios nos exige que la demos a conocer a esta generación. Y cuando pienso en el valor de esta generación, en su grandeza, cuando considero que es una generación y dispensación en que Dios ha puesto su mano para establecer un reino, el grande y último reino y el único que el Señor ha establecido en época alguna del mundo, para que permanezca sobre la tierra hasta el milenio, sí, cuando pienso en estas cosas, puedo darme cuenta de la grandiosidad de esta obra.

El mundo siempre ha hecho la guerra a los profetas y los ha destruido con.la excepción de Enoc que fue llevado al cielo con su ciudad. Ahora, si pudiésemos darnos cuenta de que tenemos el reino de Dios sobre la tierra hoy en día, con la promesa de Dios nuestro Padre de que éste permanecerá sobre la tierra hasta la venida del Hijo del Hombre; si pudiésemos darnos cuenta de esto y darnos cuenta a la vez de nuestra responsabilidad, me parece que todos tendríamos deseos de magnificar nuestro llamamiento. Seguir leyendo

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La oración y las impresiones del Espíritu

Conferencia General Octubre 2009
La oración y las impresiones del Espíritu
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

[Las] experiencias de inspiración y oración no son algo fuera de lo común en la Iglesia; son parte de la revelación que nuestro Padre Celestial nos ha brindado.

Ningún Padre enviaría a Sus hijos a una tierra distante y peligrosa para toda una vida de pruebas, donde se sabía que Lucifer andaba suelto, sin primeramente darles un poder personal de protección. Él también les proporcionaría los medios para comunicarse con Él de Padre a hijo y de hijo a Padre. A todo hijo de nuestro Padre enviado a la tierra se le da el Espíritu de Cristo o la Luz de Cristo 1 . A ninguno de nosotros se nos deja aquí solos sin esperanza de guía y redención.

La Restauración se inició con la oración de un jovencito de catorce años y una visión del Padre y del Hijo; dio así comienzo la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

La restauración del Evangelio trajo consigo el conocimiento de la existencia preterrenal. Por las Escrituras, sabemos acerca del Concilio de los Cielos y de la decisión de enviar a los hijos y a las hijas de Dios a la tierra a recibir un cuerpo y a ser probados 2 . Somos hijos de Dios; tenemos un cuerpo de espíritu que, por ahora, se alberga en un tabernáculo terrenal de carne. En las Escrituras dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Como hijos de Dios, sabemos que formamos parte de Su “gran plan de felicidad” (Alma 42:8).

Sabemos que hubo una guerra en los cielos, y que Lucifer y los que le siguieron fueron echados sin cuerpos:

“…Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo… se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo;

“por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados” (D. y C. 76:28–29).

Se nos dio nuestro albedrío 3 ; debemos usarlo con sabiduría y permanecer cerca del Espíritu; de otro modo, nos encontraremos de manera imprudente cediendo a las tentaciones del adversario. Sabemos que mediante la expiación de Jesucristo se pueden lavar y limpiar nuestros errores, y nuestro cuerpo terrenal será restaurado a su forma perfecta.

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios” (Moroni 7:16).

Existe una manera perfecta de comunicación por medio del Espíritu, “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

Después del bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sigue una segunda ordenanza: la “Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:4).

Esa dulce y apacible voz de inspiración llega más como un sentimiento que como un sonido. A la mente se le puede indicar la inteligencia pura. El Espíritu Santo se comunica con nuestro espíritu a través de la mente más que por medio de los sentidos físicos 4 . Esa guía se presenta como pensamientos, sentimientos, susurros e impresiones 5 . Podemos sentir las palabras de la comunicación espiritual más que oírlas, y verlas con ojos espirituales en vez de mortales 6 .

Durante muchos años serví en el Quórum de los Doce Apóstoles con el élder LeGrand Richards, quien murió a los 96 años de edad. Nos dijo que cuando tenía doce años, asistió a una gran conferencia general en el Tabernáculo donde oyó al presidente Wilford Woodruff.

El presidente Woodruff relató una experiencia en la que tuvo una impresión del Espíritu. La Primera Presidencia lo envió a “congregar a todos los santos de Dios en Nueva Inglaterra y Canadá, y traerlos a Sión” 7 .

Se detuvo en Indiana, en casa de uno de los hermanos, y dejó su carruaje en el patio, donde él, su esposa y uno de los hijos se acostaron, mientras que el resto de la familia durmió adentro de la casa. Al poco rato de haberse acostado, el Espíritu en susurro le amonestó: “Levántate, y mueve este carruaje”. Se levantó y movió el carruaje a cierta distancia de donde había estado. Al volver a acostarse, el Espíritu le volvió a hablar: “Ve y mueve las mulas lejos de ese roble”. Lo hizo, y entonces se volvió a acostar.

A los treinta minutos vino un remolino de viento que quebró el tronco en el que habían estado amarradas las mulas, lo echó abajo y fue arrastrado unos cien metros a través de dos cercas. El enorme árbol, que tenía un tronco de un metro y medio de circunferencia, cayó exactamente en el lugar donde había estado el carruaje. Por haber escuchado las impresiones del Espíritu, el élder Woodruff había salvado su vida y la de su esposa e hijo 8. Seguir leyendo

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“Arrepent[íos]… para que yo os sane”

Conferencia General Octubre 2009

“Arrepent[íos]… para que yo os sane”

Élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios.

Mis hermanos y hermanas, han pasado seis meses desde que me llamaron al Quórum de los Doce. Aún me siento muy humilde al prestar servicio junto a hombres que por mucho tiempo han sido mis ejemplos y maestros. Aprecio profundamente las oraciones de ustedes y su voto de sostenimiento. Para mí, éste ha sido un período de ferviente oración, en el que he buscado con fervor la aprobación del Señor. He sentido Su amor de maneras sagradas e inolvidables. Testifico que Él vive, y que ésta es Su santa obra.

Amamos al presidente Thomas S. Monson, el profeta del Señor. Siempre recordaré su bondad al extenderme el llamamiento el pasado abril. Al terminar la entrevista, extendió los brazos para abrazarme. El presidente Monson es un hombre alto; cuando me estrechó entre sus largos brazos y me acercó hacia él, me sentí como un niño pequeño en los brazos protectores de un amoroso padre.

En los meses desde que ocurrió esa experiencia, he pensado en la invitación del Señor de venir a Él y de que nos estreche espiritualmente en Sus brazos. Él dijo: “He aquí, [mis brazos] de misericordia se [extienden] hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” 1 .

En las Escrituras se habla de Sus brazos abiertos 2 , extendidos 3 y que nos envuelven 4 . Se describen como poderosos 5 y santos 6 , brazos de misericordia 7 , brazos de seguridad 8 , brazos de amor 9 , “extendido[s] todo el día” 10 .

Todos hemos sentido, hasta cierto punto, esos brazos espirituales a nuestro alrededor. Hemos sentido Su perdón, Su amor y Su consuelo. El Señor ha dicho: “Yo soy el que os consuela” 11 .

El deseo del Señor de que vayamos a Él y que Él nos envuelva en Sus brazos, con frecuencia es una invitación a que nos arrepintamos. Cito: “He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré” 12 .

Cuando pecamos, nos alejamos de Dios. Cuando nos arrepentimos, nos volvemos hacia Dios.

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios 13 . Es el llamado de un Padre amoroso y de Su Hijo Unigénito a que seamos más de lo que somos, que alcancemos un nivel de vida mejor, que cambiemos y que sintamos la felicidad que proviene de guardar los mandamientos. En calidad de discípulos de Cristo, nos regocijamos en la bendición de arrepentirnos y en el gozo de ser perdonados. Ellos llegan a ser parte de nosotros, y moldean nuestra forma de pensar y de sentir.

Entre las decenas de miles de personas que escuchan esta conferencia, hay muchos grados de dignidad y de rectitud personales. Sin embargo, el arrepentimiento es una bendición para todos; cada uno de nosotros necesita sentir los brazos de misericordia del Salvador mediante el perdón de nuestros pecados.

Hace años, se me pidió que me reuniese con un hombre que, mucho antes de nuestra reunión, había vivido, por un tiempo, de forma desenfrenada. Como resultado de sus malas decisiones había sido excomulgado de la Iglesia. Ya hacía mucho que había regresado a la Iglesia y estaba cumpliendo fielmente los mandamientos, pero sus acciones del pasado lo perseguían. Al reunirme con él, sentí su vergüenza y profundo remordimiento por haber dejado de lado sus convenios. Después de nuestra conversación, coloqué mis manos sobre su cabeza y le di una bendición del sacerdocio. Antes de pronunciar palabra, sentí, en forma sobrecogedora, el amor y el perdón del Salvador hacia él. Después de la bendición, nos dimos un abrazo y el hombre lloró intensamente.

Me maravillan los brazos del Salvador llenos de misericordia y de amor que envuelven al arrepentido, sin importar lo egoísta que haya sido el pecado que abandonó. Testifico que el Salvador puede perdonar nuestros pecados y que está ansioso por hacerlo. Con la excepción de aquellos que han optado por la vía de la perdición luego de haber conocido la plenitud, no hay pecado que no pueda ser perdonado 14 . Qué privilegio maravilloso es para cada uno de nosotros apartarnos de nuestros pecados y venir a Cristo. El perdón divino es uno de los frutos más dulces del Evangelio, pues quita el remordimiento y el pesar de nuestro corazón y lo reemplaza con regocijo y tranquilidad de conciencia. Jesús declara: “¿…no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?” 15 .

Algunos de los que escuchen hoy tal vez necesiten “un gran cambio en su corazón” 16 para afrontar un pecado serio; tal vez sea necesaria la ayuda de un líder del sacerdocio. Para la mayoría, el arrepentimiento es sereno y privado, buscando a diario la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios. Seguir leyendo

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Ser moderados en todas las cosas

Conferencia General Octubre 2009
Ser moderados en todas las cosas
el élder Kent D. Watson
De los Setenta

El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

En respuesta a la consulta del profeta José Smith, el Señor le instruyó: “Y nadie puede ayudar [en la obra] a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que le fueren confiadas” 1 .

La instrucción de ser moderados en todas las cosas se aplica a cada uno de nosotros. ¿Qué es la moderación y por qué quiere el Señor que seamos moderados? Una definición limitada podría ser “ejercer autodominio en lo que respecta a la comida y la bebida”. En efecto, ese significado podría ser una buena norma para obedecer la Palabra de Sabiduría. A veces, la moderación se define como “contener el enojo o no perder los estribos”. Sin embargo, esas definiciones son sólo algunas formas en las que se usa la palabra en las Escrituras.

En el sentido espiritual, la moderación es un atributo divino de Jesucristo, y Él desea que cada uno de nosotros lo desarrolle. El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

Cuando el apóstol Pablo describió ciertos frutos del Espíritu en su epístola a los gálatas, habló de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre [y] templanza [o sea moderación]” 2 .

En la carta que Pablo le escribió a Tito, al describir los atributos que debe tener un obispo para ayudar en la obra, dijo que el obispo no debe ser “soberbio, [ni] iracundo…” sino “dueño de sí mismo” 3 ; y para ser dueño de sí mismo se debe tener moderación en todas las cosas, o sea, ejercer autodominio.

Cuando Alma el joven enseñó en la tierra de Gedeón, dijo lo siguiente:

“…espero que no os hayáis envanecido con el orgullo de vuestros corazones; sí, confío en que no hayáis puesto vuestros corazones en las riquezas y las vanidades del mundo…”.

“…quisiera que fueseis humildes, que fueseis sumisos y dóciles; fáciles de persuadir; llenos de paciencia y longanimidad; siendo moderados en todas las cosas” 4 .

En otro mensaje más adelante, Alma enseñó a su hijo Shiblón y, por extensión, también a todos nosotros: “Procura no ensalzarte en el orgullo” 5 ; en vez, debía ser “diligente y moderado en todas las cosas” 6 . El ser moderado significa examinar nuestras expectativas y deseos, y ser diligentes y pacientes en nuestro esfuerzo por alcanzar metas dignas.

Hace unos años, volvía a casa del trabajo en el auto cuando un gran camión semirremolque que iba en dirección opuesta perdió uno de sus neumáticos dobles. El neumático voló sobre la medianera que separaba los carriles y vino rebotando hacia mi lado de la carretera. Los autos empezaron a virar en ambas direcciones sin saber en qué dirección iría el neumático. Yo me fui hacia la izquierda para esquivarlo cuando tendría que haberme desviado hacia la derecha, y la goma rebotó por última vez justo en el costado de mi parabrisas.

Un amigo llamó a mi esposa para avisarle del accidente. Ella me dijo después que en lo primero que pensó fue en las heridas que me habría causado el vidrio al hacerse pedazos. En efecto, quedé cubierto con trocitos del vidrio roto, pero no sufrí ni siquiera un rasguño. Definitivamente no fue por mis habilidades para conducir; más bien fue porque el parabrisas estaba hecho de vidrio templado.

El vidrio templado, así como el acero templado, pasa por un proceso de calentamiento bien controlado que aumenta su resistencia; por lo tanto, cuando el vidrio templado está bajo presión, no se rompe fácilmente en fragmentos dentados que puedan causar daño.

Del mismo modo, un alma templada, una que sea humilde y llena de amor, es también una persona de mayor fortaleza espiritual. Con mayor fortaleza espiritual, podemos desarrollar el autodominio y vivir con moderación; aprendemos a controlar o moderar el enojo, la vanidad y el orgullo. Con mayor fortaleza espiritual nos protegemos de los peligrosos excesos y adicciones destructivas de nuestro mundo actual.

Todos buscamos la serenidad y todos deseamos seguridad y felicidad para nuestra familia. Si tratamos de encontrar el lado bueno de la recesión de este año pasado, tal vez sea que las pruebas que algunos de nosotros hayamos enfrentado nos hayan enseñado que la paz interior, la seguridad y la felicidad no provienen de comprar una casa ni de acumular posesiones que hacen que la deuda contraída resulte mayor de lo que nuestros ahorros o ingresos nos permitan. Seguir leyendo

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José Smith: Profeta de la Restauración

Conferencia General Octubre 2009
José Smith: Profeta de la Restauración
Élder Tad R. Callister
De los Setenta

Por medio de José Smith se han restaurado todos los poderes, las llaves, las enseñanzas y las ordenanzas necesarios para la salvación y la exaltación.

Supongan por un momento que alguien les diera estos tres datos sobre un personaje del Nuevo Testamento y nada más: Primero: el Salvador dijo acerca de este hombre: “¡Oh hombre de poca fe!” (Mateo 14:31); segundo: este hombre, en un momento de enojo, le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote; y tercero: este hombre negó conocer al Salvador en tres ocasiones aunque había caminado con Él a diario. Si eso fuese lo único que hubiesen sabido o tenido en cuenta, podrían haber considerado a este hombre un truhán o bueno para nada; pero al hacerlo, no hubieran llegado a conocer a uno de los hombres más extraordinarios que caminó sobre la tierra: el apóstol Pedro.

Del mismo modo, algunos han tratado de concentrarse en algunas de las debilidades mínimas del profeta José Smith, o de exagerarlas; pero, en el transcurso de ello, también le han errado al punto principal, al hombre y a su misión. José Smith fue el ungido del Señor para restaurar la Iglesia de Cristo a la tierra. Después de salir de la arboleda, con el tiempo aprendió cuatro verdades fundamentales que la mayor parte del mundo cristiano de la época no enseñaba.

Primero, aprendió que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo son dos seres separados y distintos. La Biblia confirma el hallazgo de José Smith; nos dice que el Hijo sometió Su voluntad al Padre (véase Mateo 26:42). Nos conmueve la sumisión del Salvador y encontramos fortaleza en Su ejemplo para hacer lo mismo; pero, ¿cuál habría sido la profundidad y el fervor de la sumisión de Cristo, o cuál sería el poder motivador de ese ejemplo si el Padre y el Hijo fuesen la misma persona y en realidad el Hijo sólo estuviese haciendo Su propia voluntad bajo otro nombre?

Las Escrituras dan más evidencia de esta gran verdad: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito” (Juan 3:16). Que un padre dé como ofrenda a su hijo es la demostración suprema de amor que la mente y el alma humana puedan concebir y sentir. Está simbolizada en la enternecedora historia de Abraham e Isaac (véase Génesis 22). Pero si el Padre y el Hijo son el mismo ser, entonces ese sacrificio supremo ya no existe, y Abraham ya no está ofreciendo a Isaac; Abraham está ofreciendo a Abraham.

La segunda gran verdad que José Smith descubrió fue que el Padre y el Hijo tienen cuerpos glorificados de carne y huesos. Después de la resurrección del Salvador, Él se apareció a Sus discípulos y dijo: “…palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Algunas personas han sugerido que ésa fue una manifestación física temporaria, y que cuando ascendió al cielo dejó Su cuerpo y regresó a Su forma de espíritu. Pero las Escrituras nos enseñan que eso no era posible. Pablo enseñó: “…sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Romanos 6:9). En otras palabras, una vez que Cristo había resucitado, Su cuerpo ya no podía separarse de Su espíritu; de otro modo, sufriría la muerte, la misma consecuencia que Pablo dijo que no era posible después de Su resurrección. Seguir leyendo

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Intentando lo imposible

Conferencia General Octubre 2009
Intentando lo imposible
Élder Jorge F. Zeballos
Del Quórum de los Setenta

La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás. ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance?

Cuando los doce discípulos fueron llamados en las Américas, el Señor Jesucristo les mandó diciendo: “Por tanto, quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” 1 . El Salvador recién había finalizado Su exitosa, abnegada y trascendental misión sobre la tierra. Esto le permitió declarar con toda autoridad que Él y Su Padre, nuestro Padre, son los modelos que debe seguir cada uno de nosotros.

En principio, y desde un punto de vista netamente humano, esto parece ser una tarea imposible de llevarse a cabo; sin embargo, comienza a aparecer como posible cuando comprendemos que, para alcanzarla, no estamos solos. Las más maravillosas y poderosas de las ayudas que un ser humano podría intentar obtener están siempre disponibles. En primer lugar, está la mano bondadosa y amorosa del Padre Eterno quien desea que regresemos a Su presencia para siempre. Como nuestro Padre, Él está siempre dispuesto y deseoso de perdonar nuestros errores, nuestras debilidades, los pecados que cometemos, perdón que está sujeto tan sólo a un arrepentimiento total y sincero. Y como complemento de ello, y como la máxima manifestación de Su inmenso amor por cada uno de Sus hijos, se nos provee de las consecuencias de la obra sin igual realizada por el Salvador, a saber: la Expiación, llevada a cabo por un obediente Hijo siempre dispuesto a hacer la voluntad del Padre en beneficio de cada uno de nosotros.

El Señor reveló al profeta José Smith lo siguiente: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” 2 . Esta promesa divina es posible de alcanzar. La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás 3 . ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance, para entregar nuestros mejores esfuerzos en pos de lo que se nos ha prometido?

En los albores de la Restauración, cuando esta obra maravillosa estaba a punto de aparecer entre los hijos de los hombres, el Señor dijo: “Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día” 4 . Con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza, es decir, con todo nuestro ser.

El presidente David O. McKay dijo: “Las ricas recompensas sólo vienen a los luchadores tenaces” 5 . Estas recompensas serán de aquellos que cultivan la fe en Jesucristo y cumplen con Su voluntad para trabajar, sacrificar y entregar todo lo que han recibido para fortalecer y edificar el Reino de Dios.

El cumplimiento de la promesa divina de tener la vida eterna, de alcanzar la perfección y de ser felices para siempre en la unidad familiar está sujeto a la demostración sincera de nuestra fe en Jesucristo, obediencia a los mandamientos, perseverancia y diligencia a través de nuestra vida. Seguir leyendo

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