La edad de oro

Conferencia General Abril 2003
La edad de oro
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

Valoren a la gente de edad por lo que es, no sólo por lo que pueda hacer.

Hace años, en una Nochebuena, un primo perdió a su pequeño niño de cinco años de una pulmonía galopante. La familia se reunió alrededor del ataúd para ofrecer una oración. Una pequeña manta, que había hecho la madre, estaba doblada sobre los pies del pequeño.

Cuando estaban a punto de cerrar el ataúd, mi madre se acercó a la doliente madre, pasó su brazo alrededor de ella y le ayudó a desdoblar la manta y tapar con ella al pequeño. Lo último que vieron sus padres fue a su hijito tapado con una manta preferida, como si estuviera dormido. Fue un momento muy tierno. ¡Eso es lo que hacen las abuelas!

Regresamos a Brigham City para asistir al funeral del padre de mi esposa, William W. Smith. Un joven al que conocí como alumno de seminario se encontraba de pie junto al ataúd, muy conmovido. Yo no sabía que conocía a mi suegro.

Él dijo: “Trabajé un verano para él en su granja. El hermano Smith me habló de ir a una misión. Era imposible para mi familia mantener a un misionero; pero el hermano Smith me dijo que orara, y dijo: ‘Si decides ir a la misión, yo te la pagaré’, y así lo hizo”.

Ni mi esposa ni su madre lo sabían. Fue una de esas cosas que hacen los abuelos.

Tenemos diez hijos. Durante una caótica mañana de domingo, cuando nuestros hijos eran pequeños, mi esposa se encontraba en la reunión sacramental. Yo, como de costumbre, no estaba allí el domingo; y nuestros hijos ocupaban casi todo el banco.

La hermana Walker, una amorosa abuela de cabello cano que había criado a doce hijos, se cambió calladamente desde varias filas atrás y se sentó entre nuestros inquietos hijos. Después de la reunión, mi esposa le agradeció su ayuda.

La hermana Walker dijo: ‘No podías con todos, ¿no es verdad?’. Mi esposa asintió. Entonces le palmeó la mano y le dijo: “Tus manos están ocupadas ahora; tu corazón estará rebosante más tarde”. ¡Qué profético fue su cariñoso comentario! ¡Eso es lo que hacen las abuelas!

Presidimos la Misión de Nueva Inglaterra. Uno de nuestros misioneros se casó y tuvo cinco hijos. Una vez salió para comprar un automóvil más grande para la familia y nunca regresó. Más tarde encontraron su cuerpo debajo de un puente de la carretera; el vehículo había sido robado.

Llamé a su presidente de estaca para ofrecer ayuda para la familia; él ya la había ofrecido.

El abuelo dijo: “Sabemos cuál es nuestro deber. No necesitaremos ninguna ayuda de la Iglesia; sabemos cuál es nuestro deber”. ¡Eso es lo que hacen los abuelos!

Mi propósito es hablarles a ustedes de los abuelos y dirigirme a ellos, los abuelos y las abuelas, y a otros miembros mayores que no tienen hijos pero que realizan la función de abuelos.

Las Escrituras nos dicen: “En los ancianos está la ciencia. Y en la larga edad la inteligencia” (Job 12:12). Seguir leyendo

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La guerra y la paz

Conferencia General Abril 2003
La guerra y la paz
Presidente Gordon B. Hinckley

Espero que los del pueblo del Señor estén en paz los unos con los otros durante los tiempos difíciles, sean cuales sean los casos de lealtades que tengan a los diversos gobiernos o partidos.

Mis hermanos y hermanas, el domingo pasado, mientras me encontraba en mi estudio pensando en lo que podría decir en esta ocasión, recibí una llamada telefónica en la que se me dijo que el sargento James W. Cawley, de los marines estadounidenses, había resultado muerto en Irak. Tenía cuarenta y un años de edad, era casado y tenía dos niños pequeños.

Hace veinte años, el élder Cawley fue misionero de la Iglesia en Japón. Al igual que muchos otros, creció en la Iglesia, de niño, jugaba en la escuela con sus compañeros; de diácono, servía la Santa Cena y fue hallado digno de cumplir una misión para enseñar el Evangelio de paz a la gente de Japón. Regresó a casa, sirvió en los marines, contrajo matrimonio, se hizo policía y entonces fue llamado de nuevo al servicio militar activo, a lo que respondió sin titubeos.

Su vida, su misión, su servicio militar y su muerte representan las contradicciones que hay entre la paz del Evangelio y la violencia de la guerra.

Por tanto, he resuelto hablar acerca de la guerra y del Evangelio que enseñamos. Hablé algo de esto en nuestra conferencia de octubre de 2001. Cuando llegué a este púlpito en esa fecha, la guerra contra el terrorismo acababa de empezar. La guerra actual es en realidad una consecuencia y una continuación de ese conflicto; y se espera que termine pronto.

Al hablar de este asunto, busco la orientación del Espíritu Santo. He orado y meditado mucho con respecto a esto. Soy consciente de que es un tema muy delicado para tratar ante una congregación internacional, incluidos los que no son de nuestra fe religiosa.

Las naciones de la tierra han tenido opiniones diferentes sobre la situación actual. Los sentimientos han sido intensos. Ha habido demostraciones en pro y en contra. Ahora somos una Iglesia mundial y tenemos miembros en la mayoría de las naciones que han discutido sobre ese asunto. Los de nuestro pueblo han tenido opiniones y preocupaciones.

La guerra, desde luego, no es nueva. Las armas cambian. Los medios para matar y destruir se refinan de modo continuo. Pero ha habido conflictos a lo largo de la historia esencialmente por los mismos asuntos.

El libro de El Apocalipsis habla en forma breve de lo que debe de haber sido un conflicto espantoso para la mente y la lealtad de los hijos de Dios. Vale la pena repetir el relato:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

“pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7–9).

Isaías habla aún mas con respecto a esa gran conflicto (véase Isaías 14:12–20). La revelación moderna da luz adicional al respecto (véase D. y C. 76:25–29), lo mismo que el Libro de Moisés (véase 4:1–4), que nos habla del plan de Satanás para destruir el albedrío del hombre. Seguir leyendo

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El poder sustentador de la fe en tiempos de incertidumbre y de pruebas

Conferencia General Abril 2003
El poder sustentador de la fe en tiempos de incertidumbre y de pruebas
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La fe en Dios y en Su guía por medio del Espíritu Santo te sostendrán en un mundo cada vez más problemático.

¿Quién no ha tenido la necesidad de que le infundan confianza en épocas de inseguridad y pruebas? ¿Quién está tan seguro de sí mismo que nunca ha deseado tener una influencia que dé estabilidad a su vida? Un propósito fundamental de la vida en la tierra es el progreso y el logro personales. Por tanto, deben existir momentos de pruebas y dilemas con el fin de crear la oportunidad para ese desarrollo. ¿Qué niño podría llegar a ser autosuficiente si todas las decisiones importantes las tomaran los padres? Lo mismo sucede con nuestro Padre Celestial. Su plan de felicidad se ha creado con el fin de que afrontemos desafíos e incluso dificultades al tener que tomar decisiones de gran importancia para que progresemos, nos desarrollemos y tengamos éxito en esta probación mortal1. Felizmente, en Su amor perfecto, Él nos ha proporcionado el modo de resolver esos problemas al mismo tiempo que progresamos en fortaleza y capacidad. Me refiero al poder sustentador de la fe en tiempos de incertidumbre y pruebas, y aun dilemas.

Dios nos ha dado la capacidad de ejercer fe para que encontremos paz, gozo y propósito en la vida. Sin embargo, para emplear ese poder, se debe hallar fe en algo. No existe un cimiento más sólido que la fe en el amor que el Padre Celestial tiene por ti, la fe en Su plan de felicidad y la fe en la capacidad y la disposición de Jesucristo para cumplir todas Sus promesas.

Algunos no comprenden la fe y por consiguiente no la aprovechan al máximo. Otros piensan que todo análisis sobre religión y la guía que se recibe mediante una fe firme no tienen bases lógicas. Sin embargo, la fe no es una ilusión ni una magia, sino un poder arraigado en principios eternos. ¿Te encuentras entre los que han ejercido la fe y creen que no han logrado el esperado beneficio? Si es así, es probable que no hayas comprendido ni seguido los principios sobre los que ésta se funda. He aquí un ejemplo de lo que digo:

Hace años, participé en un experimento para medir las características nucleares de diferentes materiales. El proceso utilizó un reactor nuclear experimental diseñado para que las partículas de alta energía salieran por una abertura que había en el centro del reactor. Esas partículas eran guiadas hacia compartimentos experimentales donde se medían. Tales partículas de alta energía no podían verse pero debían ser controladas con cuidado para evitar que dañaran a las otras. Un día, un limpiador entró mientras estábamos trabajando y disgustado dijo: “Son todos unos mentirosos, pretenden estar haciendo algo importante, pero a mí no me engañan. Yo sé que si algo no se puede ver, oír, probar, oler o tocar, no existe”. Esa actitud descartó la posibilidad que tenía de aprender que hay mucho de valor que no se puede reconocer por medio de los cinco sentidos. Si ese hombre hubiese estado dispuesto a comprender cómo se detecta la presencia de las partículas nucleares, hubiera confirmado su existencia. Del mismo modo, no debes dudar nunca de la realidad de la fe. A medida que sigas los principios que Dios ha establecido para el ejercicio de la fe, recogerás sus frutos.

Algunos de esos principios son: Seguir leyendo

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¿Te dije…?

Conferencia General Abril 2003
“¿Te dije…?”
Susan W. Tanner
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

En el eterno plan de salvación, lo más importante y satisfactorio que hagan será edificar un hogar santo y criar con amor una familia unida.

Hace casi tres años, una de nuestras hijas se casó y de inmediato ella y su esposo se fueron a otra ciudad donde él estudiaría medicina. Salía ella de la seguridad de su hogar para empezar su propia familia. Me hice la pregunta: ¿Le enseñé todo lo que necesita saber? ¿Sabe lo que es más importante en esta vida? ¿Está lista para edificar un hogar feliz?

Al observarla partir, recordé un pequeño diario que le di cuando cumplió 17 años; se titulaba: “¿Te dije…?”. En él, anoté consejos que solía darle las noches que nos quedábamos hasta tarde charlando. Al verlos partir hacia su nueva vida, pensé en tres anotaciones adicionales que deseaba poner en ese diario para ayudarla en la transición más importante y desafiante que el viajar a otra ciudad: la transición de empezar su propio hogar y familia. Permítanme compartir esas anotaciones con ella y con toda la juventud de la Iglesia, a fin de enseñarles la importancia de la familia.

Primeramente, ¿te dije… cómo hacer de tu hogar un refugio de paz y un baluarte de fortaleza? Debes seguir el modelo que observaste al entrar en la casa del Señor, para “[establecer] una casa… de oración una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción… una casa de orden” (D. y C. 109:8). Si seguimos ese modelo, tendremos gran paz en nuestros hogares en un mundo cada vez más agitado.

Ten en cuenta el ejemplo del hogar de tus abuelos; por ambas líneas familiares, ellos criaron a sus “hijos en la luz y la verdad” (D. y C. 93:40). El hogar de mi padre fue un hogar de instrucción . En el funeral de su padre, él dijo que nunca había aprendido un principio del Evangelio en una reunión de la Iglesia que no hubiese aprendido ya en su propio hogar. La Iglesia era un complemento para su hogar. Mi hogar fue una casa de orden; era de suma importancia (a pesar de las ocupaciones de todos) estar juntos durante el desayuno y la cena. La hora de la comida era más que sólo para comer; era un momento de suma importancia para alimentar nuestro espíritu así como nuestro cuerpo. Seguir leyendo

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Lugar santo, espacio sagrado

Conferencia General Abril 2003
Lugar santo, espacio sagrado
Dennis B. Neuenschwander
De la Presidencia de los Setenta

Nuestra capacidad de buscar, de reconocer y reverenciar lo santo sobre lo profano, y lo sagrado sobre lo secular, define nuestra espiritualidad.

En respuesta a la pregunta de Pilato, “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, el Salvador contestó: “Mi reino no es de este mundo… mi reino no es de aquí” (Juan 18:33, 36). Con esas pocas palabras, Jesús declara que Su reino es independiente y diferente de este mundo. Las enseñanzas, la doctrina y el ejemplo personal del Salvador elevan a todo el que crea en Él a una norma divina que exige que tanto la mira como la mente estén puestas únicamente en la gloria de Dios (véase D. y C. 4:5; 88:68). La gloria de Dios abarca todo lo que sea santo. Nuestra capacidad de buscar, de reconocer y reverenciar lo santo sobre lo profano, y lo sagrado sobre lo secular, define nuestra espiritualidad. Ciertamente, sin lo santo y lo sagrado sólo nos queda lo profano y lo secular.

En medio del bullicio del mundo secular, con su segura inseguridad, tiene que haber lugares que ofrezcan refugio, renovación, esperanza y paz espirituales. Esos lugares existen verdaderamente y son santos. Son lugares donde enfrentamos lo divino y encontramos el Espíritu del Señor.

En Doctrina y Convenios, tres veces el Señor aconseja a Su pueblo “esta[r] en lugares santos” (véase D. y C. 45:32; 87:8; 101:22). El contexto de Su consejo tiene aún más significado si nos fijamos en la condición presente de nuestro mundo: enfermedades devastadoras, persecuciones y guerras son todos acontecimientos conocidos y se nos han venido encima formando parte de nuestra experiencia diaria. Frente a esos problemas desconcertantes, el Señor aconseja esto: “He aquí, es mi voluntad que todos los que invoquen mi nombre, y me adoren de acuerdo con mi evangelio eterno, se congreguen y permanezcan en lugares santos” (D. y C. 101:22). Seguir leyendo

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Afanaos… por la vida del alma

Conferencia General Abril 2003
Afanaos… por la vida del alma
Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los discípulos verdaderamente convertidos, aun cuando todavía sean imperfectos, procurarán “la vida del alma” todos los días, en todas las décadas y en medio de cualquier decadencia o destrucción.

En medio de los tumultuosos acontecimientos globales, acontecimientos de los que no somos totalmente inmunes, se encuentra la verdadera y continua lucha de la humanidad: que, en medio de las dificultades del mundo, decidamos o no, en las palabras del Señor, “afanar[nos] por la vida del alma” (D. y C. 101:37). Cualquiera que sea nuestra participación en los hechos externos, esta lucha interna tiene lugar tanto en tiempos tranquilos como turbulentos. Ya sea que se comprenda o se reconozca, éste es el inalterable programa terrenal, de generación en generación.

Cuando nos esforzamos por obedecer los mandamientos de Dios, el hombre “interior se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). De ese modo, aun en los días malos “guarda[remos nuestra] alma” a pesar de las condiciones externas (véase Proverbios 19:16). Sin duda, algunas decisiones interiores de “afanarse” y “guardar” el alma se toman en tiempos tranquilos, como sucedió con el hijo pródigo. Él se había pasado alimentando a los cerdos “de día en día” hasta que finalmente llegó un momento en que “volvi[ó] en sí (Lucas 15:17). Fuera lo que fuera que hubiera sucedido aquel día particular en aquella “provincia apartada” (Lucas 15:13), el hijo pródigo “consider[ó sus] caminos” (Salmos 119: 59) y resolvió firmemente: “Me levantaré e iré a mi padre” (Lucas 15:18). Una transformación siguió a la introspección. Aun así, los transeúntes difícilmente habrían notado a un humilde apacentador de cerdos que regresaba al hogar, a pesar de que a él le habían ocurrido cosas de eterno significado.

No obstante, en otros momentos la relación entre lo exterior y lo interior es más notable. Pilato se enfrentó a un evidente disturbio local que rodeaba a un tal Jesús de Nazaret; su nuevo acuerdo con Herodes, con quien “estaban enemistados” (Lucas 23:12), era, sin duda, una novedad política entre los de su clase. Aun cuando vacilante, cedió a la presión de una multitud con prejuicios y concedió amnistía a Barrabás en lugar de Jesús. Con las manos lavadas pero sucias, aparentemente Pilato regresó a Cesarea; Cristo, en cambio, fue a Getsemaní y al Calvario para llevar a cabo la angustiosa pero liberadora Expiación universal por la cual billones y billones resucitarían.

Actualmente, las nubes de la guerra descargan aquí y allí sobre justos e injustos, pero, ¡aquel glorioso don de Cristo de la grandiosa Resurrección se derramará sobre todos nosotros! Así como las crestas de las olas no dan indicación de los cambios en la profundidad del mar, en el caso de la Expiación, los acontecimientos de importancia global y eterna tuvieron lugar en un pequeño huerto y sobre una desconocida colina.

La obra de Dios se desenvuelve muchas veces en forma inadvertida. Por ejemplo, cualesquiera fueran las razones que la familia de Joseph Smith tuvo para mudarse desde Nueva Inglaterra al estado de Nueva York, los llevaron, sin que ellos lo supieran, a unas planchas sagradas que estaban enterradas en el Cerro de Cumorah, esperando para convertirse en “otro testamento de Jesucristo” para permanecer “mientras dure la tierra” (2 Nefi 25:22).

Por lo tanto, aunque esta es una época de conflictos, lo que todavía sigue destacándose en importancia es afanarse “por la vida del alma”. Aun cuando los acontecimientos pueden crear determinados momentos en los que surja la rectitud, los tumultos externos no son una excusa para dejar de lado la resolución interna, a pesar de que algunas personas se desintegran fácilmente. A pesar de las hostilidades que se nos presenten, ¡no tenemos porqué quebrantar nuestros convenios! Por ejemplo, el adulterio no se justifica sólo porque estemos en guerra y algunos matrimonios tengan que estar separados. El séptimo mandamiento no contiene una nota explicativa que diga: “No cometerás adulterio, excepto en tiempos de guerra” (véase Éxodo 20:14). Seguir leyendo

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Ama el Pastor las ovejas

Conferencia General Abril 2003
Ama el Pastor las ovejas
James E. Faust
Segundo consejero de la primera presidencia

A los padres desconsolados que han sido rectos, diligentes y que han orado constantemente para enseñar a sus hijos desobedientes, decimos que el Buen Pastor cuida de ellos.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, el mensaje de esperanza y consuelo que daré esta mañana va dirigido a los padres desconsolados que tanto se han esforzado por criar a sus hijos en la rectitud, con amor y dedicación, pero que han perdido la esperanza porque su progenie se ha rebelado o se ha desviado para seguir el camino del mal y de la destrucción. Al presenciar su desoladora angustia, recuerdo las palabras de Jeremías: “Voz fue oída en Ramá… Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada”. Pero el Señor la consoló de este modo: “Reprime del llanto tu voz… porque salario hay para tu trabajo… y volverán de la tierra del enemigo”1.

Debo comenzar testificando que la palabra del Señor a los padres de esta Iglesia se encuentra en la sección 68 de Doctrina y Convenios, en esta notable indicación: “Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres”2. Se manda a los padres “[enseñar] a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor”3. Como padre, abuelo y bisabuelo, yo acepto ese mandato como la palabra del Señor, y como siervo de Jesucristo, insto a los padres a seguir ese consejo con el mayor esmero posible.

¿Quiénes son buenos padres? Aquellos que amorosa, cuidadosa y dedicadamente se esfuerzan por enseñar a sus hijos, mediante el precepto y el ejemplo, a “orar y a andar rectamente delante del Señor”4. Eso es efectivo aunque algunos de sus hijos sean desobedientes o del mundo. Los niños nacen con un espíritu y una personalidad propia. Algunos “plantearían dificultades a cualquier tipo de padres y en cualquier circunstancia… y tal vez haya quienes hasta serían una bendición y una fuente de gozo para la vida de casi cualquier padre o madre”5. Los padres que tienen éxito son aquellos que se han sacrificado y esforzado por dar lo mejor de sí mismos de acuerdo con sus circunstancias familiares.

Resulta imposible mensurar el amor de los padres por sus hijos. No existe otra relación semejante; excede incluso al aprecio por la vida propia. El amor de un padre o de una madre por su hijo es continuo y va más allá de la desolación y el desánimo. Todo padre ruega y anhela que sus hijos tomen decisiones sabias. Aquellos hijos que son obedientes y responsables constituyen para sus padres una fuente inagotable de orgullo y satisfacción.

Pero, ¿y si los hijos que han sido instruidos por unos padres fieles y amorosos se han rebelado o se han descarriado? ¿Hay esperanza? Resulta casi imposible consolar el dolor de un padre por un hijo rebelde. Absalón, el tercer hijo del rey David, mató a uno de sus hermanos y promovió una rebelión en contra de su padre, y fue muerto por Joab. Al oír de la muerte de su hijo, el rey David lloró y expresó su tristeza: “¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!”6. Seguir leyendo

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Cinco preguntas que debes hacerte cuando no sientas respuestas a las oraciones

Enero 2017
Cinco preguntas que debes hacerte cuando no sientas respuestas a las oraciones
Por Margaret Willden
La autora vive en Nueva York, EE. UU.

Questions about prayer
¿Alguna vez han ofrecido una oración y esperado una respuesta que parecía no llegar? No están solos, aunque pueden estar seguros de que el Padre Celestial en efecto ha escuchado sus oraciones. Es importante recordar que las respuestas tal vez no lleguen cuando o como las deseen y que nuestro Padre Celestial siempre sabe lo que es mejor.

Aquí hay algunas preguntas que podrían hacerse cuando están luchando por recibir respuesta a una oración:

1 ¿Estoy listo para actuar según la respuesta?

Orar con fe significa estar listo para actuar de acuerdo a la respuesta que recibiste, ya sea la respuesta que esperabas o no. En una ocasión, el profeta José Smith recibió la siguiente instrucción: “Por tanto, prepara tu corazón para recibir y obedecer las instrucciones que estoy a punto de darte, porque todos aquellos a quienes se revela esta ley, tienen que obedecerla” (D. y C. 132:3). Si oras sobre si debes ir o no a una fiesta ¿obedecerás sin importar la respuesta (aunque la respuesta sea no)?

2 ¿He hecho todo lo que estaba a mi alcance?

Digamos que no estudiaste para tu examen de ciencias porque en vez de ello saliste con tus amigos. ¿Te ayudará el Padre Celestial a pasar el examen si simplemente le pides Su ayuda?

Tenemos que hacer nuestra parte para recibir las bendiciones. Así que, al estudiar para un examen, podrías orar y pedir fortaleza para hacerlo bien de acuerdo con tu preparación.

Considera el ejemplo de los hijos de Mosíah, que tuvieron éxito en la obra misional cuando hicieron un esfuerzo extra: “Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha a oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios” (Alma 17:3).

3 ¿He ignorado la respuesta?

El Padre Celestial siempre te escucha, así que, ¡es posible que Él ya haya contestado tu oración! Tal como dice en Doctrina y Convenios 6:14: “…cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción de mi Espíritu”. Puedes orar y pedir ojos espirituales para reconocer la respuesta, ya que a veces las respuestas pueden ser en forma sutil o indirecta, como por medio de las acciones de otras personas.

También, no te olvides de dedicar tiempo a escuchar. El élder Richard G. Scott (1928–2015) del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Muy raramente recibirás Sus respuestas mientras aún te encuentres de rodillas. … sino que recibirás inspiración en momentos de silencio en que el Espíritu pueda llegar más efectivamente a tu mente y a tu corazón” (“Utilizar el don supremo de la oración”, Liahona, mayo de 2007, pág. 9).

4 ¿Son justos mis deseos?

Si alguna vez pediste algo que no era lo mejor para ti, es muy probable que tu petición no se te concediera. El Salvador enseñó que debemos “…siempre orar al Padre en mi nombre” (3 Nefi 18:19), lo cual sugiere que pidamos cosas que sean justas y Ellos nos las concederán. Pregúntate a ti mismo: “¿Cómo se sentirá el Salvador sobre mis deseos?”. Si tus deseos están basados en el egoísmo o son incorrectos de alguna manera, ora para tener un cambio de corazón y para saber lo que al Salvador le gustaría que tú desearas.

5. ¿Es el momento adecuado?

Lo que pidamos debe ser correcto, pero el momento también debe ser el correcto. El Padre Celestial tiene un gran plan reservado para nosotros, pero nuestro calendario a veces es un poco diferente al de Él. “… mis palabras son ciertas y no fallarán… Mas todas las cosas tienen que acontecer en su hora” (D. y C. 64:31–32. Esto puede significar esperar un poco más para que esa herida sane o para encontrar esa mascota perdida, y algunas veces el tiempo del Señor incluye la vida venidera, pero puedes estar seguro de que Él te escuchará y ayudará a lo largo del camino.

Puede resultar difícil ser paciente, especialmente cuando la respuesta a tu oración no sea obvia. Pero a medida que buscas, puedes tener valor al saber que siempre encontrarás las respuestas que necesitas si las buscas con verdadera intención: “… y me buscaréis y me hallaréis cuando me busquéis con todo vuestro corazón”(Jeremías 29:13).

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Cinco promesas de la oración

Enero 2017
Cinco promesas de la oración
por Carlisa Cramer
La autora vive en Utah, EE. UU.

El Padre Celestial proporciona la oración como una manera de comunicarse directamente con Él para agradecer, pedir bendiciones y crecer espiritualmente. Algunas veces todo lo que conlleva es inclinar nuestra cabeza, cruzar los brazos y decir unas simples y sinceras palabras. Fácil, ¿no? Aquí hay cinco diferentes promesas o bendiciones que podemos recibir al orar:

1 Fortaleza para vencer

Como humanos, podemos sentir debilidad de muchas maneras: física, emocional, espiritual y mental. Podemos estar luchando por correr una carrera o pasar un examen Pray for strengtho resistir una tentación o sentir el Espíritu, pero la oración puede darnos la fortaleza que necesitamos para vencer cualquier cosa que la vida nos presente.

Como dijo Nefi: “…porque sé que el [Señor] nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7). El Señor puede darnos la fortaleza para lograr todas las cosas buenas que tratemos de hacer si es Su voluntad.

Ora por fortaleza para vencer una tentación. Ora por fortaleza para enfocarte y estudiar en forma productiva para un examen. Ora por fortaleza para correr y no cansarte. Ora por fortaleza, y Él hará que seas fuerte.

2 Perdonar

Aunque es agradable pensar lo contrario, no somos perfectos. Cometemos errores, y eso Pray for forgivenesses solo parte de la vida, pero el Señor proporciona una manera de solucionarlo: el poder de la expiación de Jesucristo; y un punto de acceso a Su poder es la oración.

Cuando pedimos perdón por medio de la oración, podemos ser perdonados de nuestros pecados mediante la expiación del Salvador. Aunque los pecados más grandes necesiten ayuda de un obispo o presidente de rama, una oración personal y sincera siempre será uno de los primeros pasos para el perdón, ya sea que pidamos al Padre Celestial que nos perdone o nos ayude a perdonar a otra persona. Él incluso nos ayudará a aprender cómo perdonarnos a nosotros mismos.

3 Conocimiento y guía

La revelación personal podría haber sido una de las primeras bendiciones prometidas de la Pray for knowledgeoración en la que hayas pensado, especialmente con el nuevo lema de la Mutual dando vueltas en tu cabeza. José Smith tenía falta de conocimiento sobre a qué iglesia debía unirse, así que, se arrodilló en la Arboleda Sagrada, hizo sus preguntas y recibió una respuesta, ¡y de qué manera!

Pero la revelación no es solo para profetas, y tampoco tiene que ser una experiencia trascendental. Si alguno de nosotros tiene falta de sabiduría en cualquier cosa, podemos y debemos pedírsela a Dios. Él responderá, aunque algunas veces no sea en la manera que esperamos. El Señor contestará nuestras preguntas y nos ayudará a guiar nuestra vida, ¡pero primero tenemos que pedir! Seguir leyendo

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Principios proféticos de la fidelidad

Enero 2017
Principios proféticos de la fidelidad
Por el élder C. Scott Grow
De los Setenta

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Tomado del discurso “Where Will You Be in 20 Years?”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho el 15 de mayo de 2012. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

¿Qué decisiones deben tomar y qué compromisos deben hacer ahora y en el futuro que les ayudarán a permanecer fieles?

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Hace más de veinte años, terminé mi servicio como presidente de misión en Sudamérica. Mi esposa, Rhonda, y yo hemos visto muchos triunfos, así como muchas terribles tragedias en la vida de nuestros misioneros durante los últimos veinte años.

La mayoría de nuestros misioneros están felizmente sellados en el templo, criando hijos justos y mandándolos a servir en misiones; sirven con fidelidad en llamamientos del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares de la Iglesia. Sin embargo, hay algunos que son menos activos, algunos que se han casado y divorciado, e incluso algunos a los que se ha excomulgado de la Iglesia.

¿Qué es lo que ha marcado la diferencia en la vida de nuestros misioneros? ¿Qué podrían haber hecho algunos de ellos para evitar la tragedia personal? ¿Y ustedes? ¿Dónde estarán en veinte años? ¿Qué decisiones deben tomar y qué compromisos deben hacer ahora y en el futuro que les ayudarán a permanecer fieles?

Sugiero diez principios que les ayudarán:

1 Nutran su testimonio continuamente

Las experiencias llenas del Espíritu que se tienen en la misión establecen el fundamento de fe que les puede bendecir a lo largo de su vida. Ese fundamento de fe solamente se puede reducir mediante la negligencia o el pecado.

Hace poco, entrevisté a un exmisionero que es menos activo y que decía haber perdido su fe. Le pregunté si estaba orando y estudiando el Libro de Mormón, tal y como lo hizo cuando era misionero. Él dijo que no, ya que había perdido su fe en José Smith.

Me sentí inspirado a preguntarle: “¿Estás viendo pornografía?”. Contestó que sí. Le dije que no era de extrañar que hubiera perdido su testimonio.

Le expliqué que un testimonio no es nada más ni nada menos que el Espíritu Santo que da testimonio a nuestra alma de la veracidad del Evangelio y de la Iglesia restaurada. Cuando no oro ni leo las Escrituras, la influencia del Espíritu en nuestra vida se debilita, rebajando así nuestra resistencia a la tentación. Cuando pecamos y ya no somos limpios, perdemos la compañía del Espíritu Santo del todo. Sin el testigo continuo del Espíritu, es fácil que comencemos a pensar que no tenemos un testimonio y que quizás nunca lo tuvimos.

Debemos nutrir nuestro testimonio continuamente. Esa nutrición llega con la oración personal, el estudio diario de las Escrituras, en especial el Libro de Mormón, y el servicio en la Iglesia a lo largo de nuestra vida.

2 Sigan el consejo de los profetas y los apóstoles vivientes

Analizaré un consejo profético que les ayudará a tener un matrimonio feliz, una familia fiel y una vida de éxito. Me refiero a “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Voy a compartir algunas partes importantes de la proclamación, que la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles emitieron en 1995. Sostenemos a estos hermanos como profetas, videntes y reveladores. Son los portavoces de Dios para Sus hijos en la tierra.

El día en que se organizó la Iglesia, Dios habló en cuanto a Su profeta, y dijo: “… porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”. Entonces el Señor promete bendiciones temporales y eternas cuando seguimos el consejo de los profetas: “Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre” (D. y C. 21:5–6).

Qué gran bendición durante estos tiempos difíciles.

3 Séllense en el templo y guarden sus convenios

Couple outside temple

Los profetas, videntes y reveladores “proclaman que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”. Tambén añaden: “El divino plan de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente”1.

La decisión más importante que se toma en la vida es “que nos casemos con la persona adecuada, en el lugar apropiado, mediante la debida autoridad”2 y que después guardemos nuestros convenios del templo. La exaltación no existe sin un sellamiento en el templo.

Para ser dignos de la exaltación, las parejas deben ser parte del “nuevo y sempiterno convenio, y les [debe ser] sellado por el Santo Espíritu de la promesa, por conducto del que es ungido”—el profeta. Si guardamos nuestros convenios del templo, “[heredaremos] tronos, reinos, principados, potestades y dominios, toda altura y toda profundidad… y gloria en todas las cosas… y esta gloria será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamás” (D. y C. 132:19; véase también el versículo 7).

Un sellamiento en el templo contiene la promesa de bendiciones eternas en la vida venidera y aumenta la posibilidad de un matrimonio feliz en esta vida. Como un hijo o una hija consagrados de Dios, han hecho convenio de venir a la tierra en este momento para edificar el Reino de Dios. Esa edificación del templo incluye su propio matrimonio eterno. Seguir leyendo

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Valientes en nuestro testimonio del Salvador

Enero 2017
Valientes en nuestro testimonio del Salvador
Por el élder Christoffel Golden
De los Setenta

christoffel-golden

Tomado del discurso “Being Valiant”, pronunciado en el LDS Business College [Instituto Superior de Comercio LDS] el 17 de junio de 2014. Para consultar el discurso completo en inglés, vaya a ldsbc.edu.

A cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser.

Soliders in South Africa

Cuando era joven, hace muchos años, se me reclutó —o como nosotros decimos, se me enlistó como conscripto— en las fuerzas armadas de Sudáfrica. Se me asignó a una unidad de soldados que eran hombres buenos, pero que tenían la vulgaridad en el habla y la conducta que a veces manifiestan los hombres que prestan servicio militar.

Descubrí que, al estar rodeado por dichas influencias, no siempre era sencillo vivir las normas del Evangelio. No obstante, me complacía defender mis creencias desde el inicio de mi servicio militar. Dejé en claro que no participaría de conductas que sabía que eran incorrectas. Me complace decir que los hombres de mi unidad —algunos de mala gana al principio— llegaron a respetar mis normas.

En una ocasión, en un campamento de entrenamiento militar, nos hallábamos de pie alrededor de una fogata en un noche hermosa, oscura, despejada y estrellada. Algunos de los muchachos de la unidad bebían cerveza, mientras yo tomaba un refresco. La conversación era agradable, sin palabras impropias.

Durante nuestra visita, algunos hombres de otra unidad se acercaron a nuestro alegre grupo. Uno de ellos se volvió hacia mí y, al notar la bebida gaseosa en mis manos, se burló porque no acompañaba a quienes bebían cerveza. Antes de que yo pudiera responder, uno de mis amigos me sorprendió al reprender al hombre;

dijo: “Le sugerimos que se retire de inmediato, señor”. “¡No toleraremos que nadie le hable a Chris de ese modo! Ciertamente, él es el único hombre de entre nosotros que vive la vida como un verdadero cristiano”.

Después de eso, la persona reprendida se esfumó en silencio en la noche oscura. En aquel momento, aunque un tanto avergonzado por el inesperado cumplido, agradecí en silencio haber decidido seguir el consejo de Pablo de ser “ejemplo de los creyentes” (1 Timoteo 4:12).

Ustedes también afrontan decisiones, en especial, en este momento de la vida, en que su espíritu está singularmente en sintonía y receptivo a grandes oportunidades que les esperan. La pregunta es: ¿Qué quisieran escribir sobre ustedes mismos dentro de cinco, diez o veinte años? ¿O, más aún, al final de su vida?

¿Qué significa ser valiente?

En una de las visiones más extraordinarias registradas en las santas Escrituras, el profeta José Smith describió la condición de quienes heredarán el Reino Celestial después de haber resucitado y haber sido juzgados. La misma sección de Doctrina y Convenios (la sección 76) también revela las condiciones y circunstancias de las personas que no reúnen los requisitos para el Reino Celestial, sino que, por el contrario, son merecedoras de los reinos Terrestre y Telestial.

Al referirse a quienes heredarán el Reino Terrestre, las revelaciones nos enseñan que “son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres… [y] reciben de [la] gloria [de Dios], mas no de su plenitud” (D. y C. 76:75–76). Luego aprendemos este notable principio: “Estos son aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús; así que, no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios” (D. y C. 76:79; cursiva agregada).

Imagínenlo por un momento; ¿perdemos el derecho a la gloria del Reino Celestial, junto con sus enormes y sempiternas bendiciones, tan solo porque no hemos sido valientes en el testimonio de Jesús aquí en la tierra, en nuestro breve estado mortal y de probación?

¿Qué significa ser valiente en el testimonio de Jesús? Un apóstol del Señor de la época actual declaró:

“Es ser intrépido y arrojado, usar todas nuestras fuerzas, energía y habilidad en la guerra contra el mundo; es pelear la buena batalla de la fe… La gran piedra angular de la valentía en la causa de la justicia, es la obediencia a toda la ley del Evangelio completo.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es venir a Cristo y perfeccionarse en Él; es negarse a ‘toda impiedad’; es amar ‘a Dios’ con todo nuestro ‘poder, mente y fuerza’ (Moroni 10:32).

“Ser valiente en el testimonio de Jesús es creer en Cristo y Su evangelio con inalterable convicción; es conocer la veracidad y divinidad de la obra del Señor en la tierra…

Family studying scriptures
“Ser valientes en el testimonio de Jesús es ‘seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres’; es ‘[perseverar] hasta el fin’ (2 Nefi 31:20). Es vivir nuestra religión, practicar lo que predicamos, guardar los mandamientos. Es la manifestación de la ‘religión pura’ en la vida del hombre; es ‘visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo’ (Santiago 1:27).

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es controlar las pasiones y los apetitos y elevarse por encima de las cosas carnales y malignas. Es vencer al mundo tal como lo hizo Aquel que es nuestro modelo y el más valiente de todos los hijos de nuestro Padre. Es ser moralmente limpios; pagar el diezmo y las ofrendas; santificar el día de reposo; orar con íntegro propósito de corazón; dejar sobre el altar todo lo que tenemos, si así se nos pidiera.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es tomar partido por el Señor en toda cuestión. Es votar como Él lo haría, es pensar lo que Él piensa, creer lo que Él cree, decir lo que Él diría y hacer lo que Él haría si se encontrara en la misma situación. Significa tener la mente de Cristo y ser uno con Él, tal como Él lo es con el Padre”1.

En este punto debo agregar algo que nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, enseñó durante Su ministerio terrenal:

“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

“Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra.

“Y los enemigos del hombre serán los de su casa.

“El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí.

“Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:34–39).

Nuestro propósito en la vida terrenal no es ni más ni menos que prepararnos para vivir de nuevo en la presencia de nuestro amado Padre Celestial como coherederos con Jesucristo. Esa gloriosa existencia en familias eternas junto a nuestra esposa o nuestro esposo, y nuestros hijos y demás parientes, está disponible para todos, aunque algunas personas conocerán dichas bendiciones en algún momento allende el velo de la mortalidad.

Tales bendiciones requieren que tomemos nuestra cruz y nos mantengamos valientes hasta el fin en testimonio y servicio a nuestro Señor y Salvador.

Prepárense para actuar

El camino que cada uno de nosotros debe trazar está colmado de incontables oportunidades y repleto de numerosas dificultades. Nos vemos obligados a tomar muchas decisiones todos los días: algunas de ellas pequeñas y aparentemente irrelevantes; otras, profundas y con efectos perdurables.

Es un hecho evidente que a cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser. A menudo, llegan cuando es inconveniente y mal visto actuar con rectitud y valentía. Al escribir la historia de su vida, descubrirán que los momentos más decisivos que afrontarán ocurrirán siempre cuando se hallen solos.

Ahora narraré un relato sobre encontrarse solos en medio de gran oposición. Durante noviembre de 1838, al profeta José Smith y a otras personas, entre ellas el élder Parley P. Pratt (1807–1857), se los encadenó y encarceló en Richmond, Misuri, EE. UU.

El élder Pratt escribe sobre el siguiente incidente durante su encarcelamiento:

“En una de esas noches tediosas, habíamos estado acostados, permaneciendo como si estuviésemos dormidos hasta después de la medianoche, y nuestros oídos y corazones se hallaban doloridos de estar escuchando, durante largas horas, los cuentos obscenos, horribles imprecaciones, espantosas blasfemias e inmundas palabras de nuestros guardias, con el coronel Price a la cabeza, conforme se contaban unos a otros sus actos de rapiña, asesinato, robo, etcétera, que habían cometido entre los ‘mormones’ mientras estaban en Far West [Misuri] y sus alrededores. Incluso se jactaban de haber mancillado por la fuerza a esposas, hijas y vírgenes, y de disparar o volar los sesos a hombres, mujeres y niños.

“Había escuchado hasta estar tan hastiado, impresionado, horrorizado y lleno de un espíritu de justa indignación, que apenas podía refrenarme de levantarme y reprender a los guardias; pero no había dicho nada a José, ni a nadie más, aunque estaba tendido al lado de él y sabía que estaba despierto. De pronto, [José Smith] se levantó y habló como con voz de trueno, o como un león rugiente, profiriendo estas palabras, según lo que recuerdo:

“‘¡SILENCIO, demonios del abismo infernal! En el nombre de Jesucristo los reprendo, y les mando callar; no viviré ni un minuto más escuchando semejante lenguaje. ¡Cesen de hablar de esta manera, o ustedes o yo moriremos EN ESTE MISMO INSTANTE!’

Joseph Smith in jail
“No dijo nada más. Permaneció de pie y erguido en terrible majestad; encadenado y sin armas; sereno, imperturbable y con la dignidad de un ángel, se quedó mirando a los guardias acobardados, que bajaron las armas o las tiraron al suelo, con las rodillas temblorosas; y que, retirándose a un rincón o inclinándose a sus pies, le pidieron perdón y se quedaron en silencio hasta que cambió la guardia”2.

El valor que mostró el profeta José Smith no se limita a los profetas ni a los miembros mayores de la Iglesia. Un incidente de la vida del presidente Joseph F. Smith (1838–1918) lo corrobora. En el otoño [boreal] de 1857, mientras Joseph F. Smith, de 19 años de edad, regresaba de su misión en Hawái, EE. UU., se unió a una caravana de carromatos en California, EE. UU. Eran momentos riesgosos para los santos. El ejército de Johnston marchaba hacia Utah y muchas personas albergaban malos sentimientos hacia la Iglesia.

Una noche, varios rufianes llegaron al campamento de la caravana montados a caballo, diciendo vulgaridades y amenazando con lastimar a todos los mormones que hallasen. La mayoría de los que estaban en la caravana se ocultaron entre la maleza, pero Joseph F. se dijo a sí mismo: “¿Debo huir de esos hombres? ¿Por qué he de tenerles miedo?”.

Y así, caminó hacia uno de los intrusos, quien, pistola en la mano, exigió saber: “¿Eres tú ‘mormón’?”.

Joseph F. respondió: “Sí, señor; de pies a cabeza, totalmente”.

Ante ello, el rufián le tomó la mano y dijo: “Pues bien, eres el ——— ——— más agradable que he conocido. Venga esa mano, joven. Me alegro de ver a un hombre que defiende sus convicciones”3.

¡Ustedes toman parte ahora de algunos de los momentos más significativos de su vida! Ahora mismo escriben —y escribirán— momento a momento y día a día, su historia personal. Habrá momentos en que deberán actuar, mientras que en otras ocasiones sabiamente guardarán silencio. Abundarán las oportunidades, habrá que tomar decisiones y se habrán de afrontar dificultades.

Recuerden siempre que, en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial, ¡ustedes nunca están solos! Muchas personas en esta vida, y aun más personas allende el velo de la mortalidad, incluso hoy mismo, abogan por su causa ante el Señor. Se les ha dado gran poder por medio de las ordenanzas que han recibido y de los convenios que han concertado. Por encima de todo, su amado amado Padre Celestial y Su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, nuestro abogado, siempre están presentes para ayudarlos a lo largo de la vida. En una enseñanza profundamente conmovedora durante el ministerio terrenal del Salvador, Él extendió una invitación a toda alma viviente y, por lo tanto, a todos nosotros:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).

Añado mi solemne testimonio de la realidad viviente de nuestro Padre Eterno Celestial y de Su Hijo, el Señor Jesucristo. Asimismo, testifico que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, en todo aspecto que pueda concebirse, la Iglesia restaurada del Señor y el Reino de Dios sobre la tierra.

Ruego que yo —y quienes comparten ese testimonio— nos mantengamos valientes siempre en esta gran causa.

Defiendan lo que creen
Thomas S. Monson“Que siempre seamos valientes y estemos preparados para defender lo que creemos, y si tenemos que estar solos en el proceso, que lo hagamos con valor, con esa fortaleza que viene del conocimiento de que en realidad nunca estamos solos cuando estamos con nuestro Padre Celestial”.

Presidente Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 67.

Notas

  1. Véase de Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe”, Liahona, abril de 1975, págs. 38–39.

  2. Autobiography of Parley P. Pratt, ed. por Parley P. Pratt Jr., 1938, págs. 210–211.

  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, 2000, pág. 110.

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Perspectivas de Doctrina y Convenios sobre el Padre y el Hijo

Enero 2017
Perspectivas de Doctrina y Convenios sobre el Padre y el Hijo
Por Norman W. Gardner
Seminarios e Institutos

Este libro de revelaciones pone de manifiesto verdades perdidas sobre la Trinidad y cómo podemos volver a vivir con el Salvador y el Padre Celestial.

First Vision

La restauración del Evangelio ha dado al mundo mucho mayor conocimiento sobre la naturaleza de la Trinidad y Sus propósitos. Con este conocimiento, nuestra fe en Ellos crece y nuestro deseo de guardar Sus mandamientos aumenta.

De manera específica, Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Jesucristo, ya que enseña poderosas verdades acerca de “Su divinidad, Su majestad, Su perfección, Su amor y Su poder redentor” (introducción de Doctrina y Convenios). Este libro de revelación moderna incluye la invitación del Señor: “Aprende de mí y escucha mis palabras” (D. y C. 19:23). Puede profundizar nuestro conocimiento de Él, de cuál es nuestra relación con Él, de lo que ha hecho por nuestra redención, y de lo que espera de nosotros.

En Doctrina y Convenios podemos oír la voz de Jesucristo.

Joseph Smith José Smith recibió muchas revelaciones del Salvador.

Doctrina y Convenios no es Escritura antigua, sino que contiene revelaciones que se dieron a José Smith y a sus sucesores en el mundo moderno. Se oye la voz divina de Jesucristo que habla como el representante del Padre1. La voz del Señor Jesucristo en primera persona figura con más frecuencia en Doctrina y Convenios que en el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón, y la Perla de Gran Precio juntos2.

D. y C. 18:33–35 “Y yo, Jesucristo, vuestro Señor y vuestro Dios, lo he hablado. Estas palabras no son de hombres… sino mías; por tanto, testificaréis que son de mí”.

Doctrina y Convenios contiene los relatos de aquellos que vieron a Dios

Joseph and Oliver José Smith y Oliver Cowdery vieron a Jesucristo en el Templo de Kirtland.

Como resultado de la Primera Visión en 1820, el joven José Smith obtuvo conocimiento de primera mano sobre la existencia del Padre y del Hijo. Doctrina y Convenios registra ocasiones adicionales en las que el Profeta y otras personas vieron al Padre y al Hijo en visiones o apariciones personales. Esos relatos nos sirven de testigos modernos de que Ellos viven y que dirigieron la restauración del Evangelio.

D. y C. 76:19–23 Se vio al Padre y al Hijo en visión en febrero de 1832.

D. y C. 137:1–3 Se vio al Padre y al Hijo en visión en enero de 1836.

D. y C. 110:2–4 Jesucristo, el gran Jehová, se apareció en abril de 1836.

Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Dios el Padre.

Stephen being stoned Mientras lo lapidaban, Esteban vio al Padre y al Hijo.

Detalle de Veo al Hijo del Hombre a la diestra de Dios, por Walter Rane.

El profeta José Smith enseñó: “Cuando entendemos la naturaleza de Dios, y aprendemos cómo acercarnos a Él, entonces Él empieza a manifestarnos los cielos… Cuando estemos dispuestos a venir a Él, también Él estará dispuesto a venir a nosotros”3. Doctrina y Convenios nos ayuda a acercarnos más al Padre Celestial al enseñar acerca de Su naturaleza, atributos y propósitos.

D. y C. 20:12, 17–18 Dios el Padre es infinito e inmutable.

D. y C. 76:20, 23 El Padre y el Hijo son seres separados y distintos.

D. y C. 93:3–5 El Padre y el Hijo son uno.

D. y C. 130:22 El Padre y el Hijo tienen cuerpos tangibles de carne y huesos.

D. y C. 138:3–4 El Padre Celestial ama a Sus hijos, de modo que envió a Su Hijo a salvar a la humanidad.

Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Jesucristo

Moses sees Jehovah Jehová (Jesucristo) habló con Moisés cara a cara.

Jesucristo fue el Primogénito de todos los hijos de nuestro Padre Celestial procreados en espíritu. En la vida premortal, Jesús obtuvo todo conocimiento y poder y representó al Padre como el Creador de los mundos. A través de Su poder divino, el Señor Jesucristo es la fuente de luz y vida para todas Sus creaciones. Doctrina y Convenios aclara muchas de Sus funciones en el plan del Padre.

D. y C. 93:21 Jesucristo fue el Primogénito de todos los hijos de Dios procreados en espíritu.

D. y C. 38:1–3 Jesucristo obtuvo todo conocimiento y poder antes de que el mundo fuese.

D. y C. 76:24 Jesucristo representó al Padre como el Creador de los mundos.

D. y C. 88:6–13 Jesucristo es la fuente de luz y vida para todas Sus creaciones.

D. y C. 45:11; 136:21, 22 Jesucristo fue el gran Jehová del Antiguo Testamento.

D. y C. 43:34 Jesucristo es el Salvador del mundo.

D. y C.18:11–13; 20:21–25 Jesucristo sufrió, fue crucificado, murió y se levantó de nuevo.

D. y C. 29:10–12 Jesucristo ha prometido volver a la tierra con poder y gloria.

Doctrina y Convenios nos ayuda a saber lo que el Padre y el Hijo esperan de nosotros

Family reading scriptures Mediante la revelación moderna, podemos aprender cómo llegar a ser más como el Padre y el Hijo.

Más que cualquier otro libro de Escrituras, Doctrina y Convenios deja claro lo que es la vida eterna: volver a vivir con el Padre y el Hijo, recibir todo lo que el Padre tiene, y llegar a ser como Ellos. También nos dice cómo Jesucristo, por medio de Su expiación, lo hace posible, y lo que tenemos que hacer para cumplir con los requisitos que Él ha establecido. Además, en Doctrina y Convenios aprendemos lo que significa seguir el ejemplo de Jesucristo, ya que, al igual que nosotros, al principio Jesucristo no tuvo la plenitud, pero recibió gracia por gracia hasta que tuvo todo poder y gloria.

D. y C. 1:32; 19:16–19; 58:42–43; 95:1–2 El Salvador brinda el perdón a los que se arrepienten.

D. y C. 20:37, 41, 72–74; véase también 33:11 Dios invita a todo aquel que cree a recibir el bautismo y el Espíritu Santo.

D. y C. 84:19–21 El poder de la divinidad se manifiesta por medio de las ordenanzas del Sacerdocio de Melquisedec.

D. y C. 93:12–14, 16–17 Jesucristo recibió gracia por gracia hasta que logró la plenitud.

D. y C. 20:30–31 El Salvador da gracia a aquellos que lo aman y le sirven.

D. y C. 35:2; 50:40–43 Podemos llegar a ser uno con el Padre y el Hijo.

D. y C. 93:19–20 Podemos recibir la gloria y la plenitud del Padre.

Doctrina y Convenios proporciona un modelo para adquirir conocimiento espiritual

Women prayingEl estudio y la oración pueden abrir la puerta al conocimiento espiritual.

Además de enseñar y testificar del Padre y del Hijo, Doctrina y Convenios proporciona un modelo para adquirir conocimiento espiritual acerca de todos los miembros de la Trinidad a través de la ayuda del Espíritu Santo: estudiar la palabra del Señor, pedir comprensión a nuestro Padre Celestial, y ejercer fe en Jesucristo mediante la obediencia a Sus mandamientos.

Se promete luz y verdad a aquellos que vivan de acuerdo con todas las palabras del Señor. Es importante conocer los detalles acerca de la naturaleza de la Trinidad y Sus propósitos. Ese conocimiento puede conducir a la búsqueda diligente del entendimiento espiritual y de la convicción de la verdad. Ese conocimiento nos confirma que el Padre Celestial y Jesucristo nos conocen personalmente, que nos aman y que desean bendecirnos con la vida eterna.

D. y C. 6:5; 76:5–10, 114–118 El Padre Celestial desea que pidamos conocimiento y Él promete compartirlo.

D. y C. 84:43–48 El Padre nos enseña cuando damos oído diligentemente a Sus palabras.

D. y C. 88:118 Buscar conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.

Conclusión

Joseph Smith preachingJosé Smith reveló el carácter y los propósitos del Padre y del Hijo.

Doctrina y Convenios nos ayuda a acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Unigénito, Jesucristo, al revelar el carácter y el propósito de Ellos. El profeta José Smith sintetizó la razón por la que podemos confiar en Dios: “Los propósitos de nuestro Dios son grandiosos, Su amor inconmensurable, Su sabiduría infinita y Su poder ilimitado; por lo tanto, los santos tienen motivo para regocijarse y alegrarse, sabiendo que ‘este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre’ (Salmos 48:14)”4.

Notas

  1. El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) explicó: “Toda revelación desde la Caída ha venido por medio de Jesucristo, quien es el Jehová del Antiguo Testamento… En todos los pasajes en los que se menciona a Dios y en los que se habla de su manifestación, se habla de Jehová… El Padre nunca trató directa o personalmente con el hombre después de la Caída, y nunca se ha mostrado a no ser para presentar al Hijo y dar testimonio de Él” (véaseDoctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo I, pág. 25).
  2. Véase de Gordon B. Holbrook, “The Voice of Jesus Christ in the Doctrine and Covenants”, Ensign,septiembre de 2013, págs. 40, 45 (nota 2).

  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 43.

  4. Enseñanzas: José Smith, pág. 41.

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Gordon B. Hinckley: Un profeta de optimismo y visión

Enero 2017
Gordon B. Hinckley: Un profeta de optimismo y visión
Por Andrew D. Olsen
Departamento de Servicios de Publicación de la Iglesia

Este año, al estudiar Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley en las reuniones del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro, aprenderán de un profeta que tuvo optimismo, amor y previsión ilimitados.

Gordon B. Hinckley le nació a Bryant Stringham Hinckley y Ada Bitner Hinckley el 23 de junio de 1910. Contrajo matrimonio con Marjorie Pay en el Templo de Salt Lake el 29 de abril de 1937, y tuvieron cinco hijos. Prestó servicio como el decimoquinto Presidente de la Iglesia desde el 12 de marzo de 1995, hasta el 27 de enero de 2008.

President Gordon B. Hinckley with cane
A los 82 años de edad, el presidente Gordon B. Hinckley anotó en su diario: “Tengo que plantar algunos árboles cada primavera. Creo que lo he hecho durante por lo menos los últimos cincuenta años… Un árbol encierra algo maravilloso; comienza muy pequeño y crece a través de las estaciones; proporciona sombra del sol ardiente del verano, y produce fruta deliciosa. Lleva a cabo el formidable proceso de la fotosíntesis… Un árbol es una de las extraordinarias creaciones del Todopoderoso”1.

El presidente Hinckley siguió plantando árboles hasta la avanzada edad de los noventa y tantos años. En muchos sentidos, su amor por la siembra se reflejó en su ministerio como apóstol y como Presidente de la Iglesia. Cuando plantaba, era una expresión de optimismo, una característica que también formaba parte de sus enseñanzas y sus interacciones con los demás. Nutría cada árbol, tal como lo hacía con cada persona, y miraba hacia el futuro, viendo lo que los árboles llegarían a ser, al igual que veía el potencial eterno de cada persona y el grandioso futuro de la obra de Dios.

“Tenemos todos los motivos para ser optimistas”

President Gordon B. Hinckley at the pulpit
“¡Soy un optimista!”, solía decir el presidente Hinckley. “Mi súplica es que dejemos de buscar las tormentas y que disfrutemos más plenamente de la luz del sol”2. Su optimismo era mucho más profundo que tener una actitud positiva, a pesar de que la cultivó. La fuente máxima de su optimismo, la fuente que lo convertía en un poder, fue su fe en Dios y su testimonio del plan de Dios para la felicidad y la salvación de Sus hijos.

Una manifestación del optimismo del presidente Hinckley era su firme creencia de que “Todo saldrá bien”3. Esa frase, dijo el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “quizás sea la frase más repetida a la familia, amigos y compañeros del presidente Hinckley. ‘Sigan esforzándose’, les dice. ‘Sean creyentes y felices y no se desanimen. Todo saldrá bien’”4.

Sin embargo, ese mensaje no era solo para los demás. “Me lo digo a mí mismo todas las mañanas”, dijo el presidente Hinckley a una congregación. “Si dan lo mejor de sí, todo saldrá bien. Pongan su confianza en Dios y sigan adelante con fe y confianza en el futuro. El Señor no nos abandonará”5.

El optimismo sostuvo al presidente Hinckley al afrontar pruebas, sentimientos de ineptitud, y presiones abrumadoras. Y se mantuvo firme ante su convicción de que “las cosas saldrán bien”, incluso al experimentar reveses y decepciones, angustia y soledad.

En su optimismo, el presidente Hinckley no descartó los problemas; él explicó: “… son muchas las cosas que he visto suceder en esta tierra. He estado en lugares donde la guerra causa estragos y el odio arde en el corazón de la gente; he visto la terrible pobreza que azota a muchos países… he visto con gran preocupación cómo se han ido derrumbando los principios morales de nuestra sociedad.

Pero aún así, soy optimista, porque tengo una fe firme y absoluta en que la justicia triunfará y la verdad prevalecerá”6.

Durante una entrevista que tuvo con un reportero del diario New York Times en Nauvoo, Illinois, EE. UU., el presidente Hinckley reconoció la existencia de tragedias y problemas, y entonces recurrió a su amor por la historia de la Iglesia para enseñar sobre el optimismo:

“Tenemos las mejores razones para ser optimistas… Pero, si contemplamos Nauvoo, vemos lo que construyeron aquí durante siete años, para luego abandonarlo. ¿Y qué hicieron? ¿Se dejaron morir? ¡No! Pusieron manos a la obra otra vez. Atravesaron el continente, araron el suelo de un desierto y lo hicieron florecer como una rosa. La Iglesia ha crecido sobre ese cimiento, convirtiéndose en una organización mundial que afecta para el bien la vida de las personas en más de ciento cuarenta naciones. Es imposible edificar sobre el pesimismo o el cinismo. Se mira adelante con optimismo, se trabaja con fe y las cosas se hacen, se sale delante”7.

El optimismo del presidente Hinckley también influyó en su sentido del humor: una chispa alegre y agradable que contribuyó a crear afinidad con las demás personas. En una ocasión se hospedó con un presidente de estaca cuya familia vivía en una vieja escuela que habían convertido en casa. Esa noche, una de las aulas sirvió de dormitorio para el presidente Hinckley. Al día siguiente, durante la conferencia de estaca, comentó en broma: “Muchas veces he dormido en salones de clases, pero nunca en una cama”8.

“Nuestra preocupación debe concentrarse siempre en el individuo”

En su primer discurso en una conferencia general como Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley habló ampliamente sobre el progreso de la Iglesia. “Estamos convirtiéndonos en una gran sociedad mundial”, dijo, tras lo cual pasó a hacer hincapié en este principio básico: “… sin embargo, nuestro interés y preocupación deben concentrarse siempre en el individuo…

“Hablamos en términos de números; sin embargo, todos nuestros esfuerzos deben estar dedicados al desarrollo individual de la persona”9.

Cuando integraba el Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Hinckley viajó a algunas de las zonas más remotas del mundo, incluyendo las zonas de guerra, para atender a las personas. Ningún grupo se encontraba demasiado lejos o era demasiado pequeño para recibir su atención. Continuó ese mismo ritmo como Presidente de la Iglesia, recorriendo más de miles de kilómetros a más de 60 naciones, reuniéndose a veces con grupos numerosos, u otras con solo un puñado de personas.

President and Sister Hinckley in Hong Kong

En 1996, el presidente y la hermana Hinckley hicieron un viaje de 18 días a ocho países de Asia y el Pacífico. Comenzando en Japón y a un ritmo acelerado, se reunieron con miles de personas que abarrotaron cada uno de los lugares de reunión. “Fueron experiencias muy emotivas para mí”, anotó el presidente Hinckley mientras se encontraba en Corea. “Veo cosas que apenas me atrevía a soñar cuando vine aquí por primera vez en 1960”10. En ese viaje también dedicó el Templo de Hong Kong, China.

Las últimas paradas programadas fueron en las Filipinas. Después de dirigir la palabra a 35.000 personas en Manila, el presidente Hinckley escribió: “Me puse de pie y los saludé con gran emoción en mi corazón. Nos fuimos con lágrimas en los ojos”. Temprano ese mismo día había regresado al lugar donde, en 1961, había ofrecido una oración dedicatoria para iniciar la obra misional en las Filipinas. “Pudimos encontrar un solo miembro filipino”, recordó. “De aquel solo miembro la Iglesia ha crecido a más de 300.000 miembros”11.

Cuando los Hinckley comenzaron el viaje de regreso, se enteraron de que el avión se abastecería de combustible en la isla de Saipán. El presidente Hinckley preguntó si había misioneros en Saipán y le dijeron que había un grupo pequeño. A pesar de que estaba al final de un viaje agotador, deseaba reunirse con esos pocos misioneros: “Pregunté si de algún modo podríamos avisarles que aterrizaríamos en Saipán alrededor de las 7:00 de la tarde y que trataríamos de salir del aeropuerto para saludarlos”.

Horas más tarde en Saipán, diez misioneros y unos sesenta miembros de la Iglesia estuvieron allí para saludar a los Hinckley. “Nos dieron un abrazo”, anotó el presidente Hinckley. “Estaban muy agradecidos por vernos, y nosotros estábamos agradecidos por verlos a ellos. Solo podríamos pasar un corto tiempo con ellos, ya que solo se necesitaban unos breves momentos para abastecer el avión. Dejamos nuestra bendición con ellos y regresamos al avión”12.

Otro ejemplo típico de la preocupación del presidente Hinckley por una persona ocurrió durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002, que se celebraron en Salt Lake City, Utah. Casi todos los días se reunió con presidentes, embajadores y otros dignatarios. Un día, poco antes de reunirse con el presidente de Alemania, se reunió con una jovencita de 13 años de edad que celebraba su cumpleaños. “[Ella] sufre de anemia aplásica, una enfermedad muy grave”, registró él en su diario. “Tuvimos una agradable visita… Le dije que la tendríamos en nuestras oraciones”13.

El presidente Hinckley tenía un amor especial por los niños y jóvenes de la Iglesia, y estos sentían lo mismo por él. Después de escucharlo hablar en Brasil, una joven expresó: “Sentí intensamente el Espíritu de Dios. Cuando el presidente Hinckley estaba para concluir su discurso, nos dijo: ‘Pueden salir de aquí, irse a casa y olvidar todo lo que he dicho aquí hoy, pero nunca olviden que los amo’. Nunca olvidaré esas palabras”14.

President and Sister Hinckley

La esposa del presidente Hinckley, Marjorie, era a la vez una compañera y una persona que influía en la preocupación que él tenía por los demás. Él escribió en su diario: “Todas las personas que ella conoce parecen amarla por el interés genuino que siente hacia las personas. Se preocupa por sus problemas y sus necesidades. ¡Cuán afortunado soy por tener esa clase de compañera!”15.

Después de que los cinco hijos crecieron, los Hinckley por lo general viajaban juntos, y la hermana Hinckley manifestó su amor alrededor del mundo. Cuando conocía a los misioneros, muchas veces llamaba de sorpresa a los padres de estos al volver a casa. También tenía el don de comunicarse ante grandes congregaciones. “[Marge] sabe decir las cosas que agradan y ayudan a la gente”, anotó el presidente Hinckley después de una conferencia regional. “El resto de nosotros da sermones mientras que ella simplemente habla con ellos”16.

Durante el funeral del presidente Hinckley, uno de sus consejeros, el presidente Henry B. Eyring, hizo un resumen de algunos de sus logros, y luego comentó que todos ellos tenían una cosa en común:

“Siempre tuvieron como fin bendecir a las personas con oportunidades. Siempre pensó en los menos privilegiados, en la persona común y corriente que lucha por hacer frente a las dificultades cotidianas y a los retos de vivir el evangelio de Jesucristo. En más de una ocasión me tocó el pecho con el dedo al hacer yo una sugerencia, y dijo: ‘Hal, ¿has tenido en cuenta a las personas necesitadas?’”17.

President Hinckley with youth
Visión hacia el futuro

La visión profética del presidente Hinckley para el futuro iba unida a su optimismo y a su atención a las personas. Esa visión tenía que ver más profundamente con los templos. Las ordenanzas del templo, recalcó el presidente Hinckley, son “las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer”18.

Cuando pasó a ser Presidente de la Iglesia en 1995, había 47 templos en funcionamiento en todo el mundo. Bajo su liderazgo, la Iglesia logró exceder esa cifra por más del doble en poco más de cinco años. Su visión con respecto a los templos era audaz y expansiva, pero el claro propósito era bendecir a las personas, una por una.

La inspiración para esta nueva era de construcción de templos llegó en 1997, cuando el presidente Hinckley fue a Colonia Juárez, México, para conmemorar el centenario de una escuela de la Iglesia. Después, tras un recorrido largo y arduo, se quedó pensativo. “Reinó el silencio”, recordó su secretario, Don H. Staheli. “Y luego, según lo entendí, la revelación empezó a llegar. En el pasado, él había pensado en templos más pequeños, pero no de la forma en que pensó en ellos en esta ocasión”19.

Más tarde, el presidente Hinckley describió el proceso: “Empecé a preguntarme qué se podía hacer para que fuese posible que esas personas tuviesen un templo… Mientras meditaba en ello, me vino a la mente la idea de que… podemos construir todos los elementos esenciales de un templo en un edificio relativamente pequeño… Tracé un plan… Y acudió a mi mente con toda claridad el panorama entero. Creo con todo mi corazón que fue inspiración, que era revelación del Señor. Llegué a casa y hablé con mis consejeros al respecto, y ellos lo aprobaron; después lo presenté a los Doce, y lo aprobaron”20.

Cuatro meses más tarde en una conferencia general, el presidente Hinckley hizo el anuncio histórico de que la Iglesia comenzaría a construir templos más pequeños en las zonas donde no había suficientes miembros para justificar los grandes. “Hemos tomado la resolución… hermanos, de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” dijo21.

En la próxima conferencia general, el presidente Hinckley hizo otro anuncio histórico, y dijo que los planes seguían adelante para tener 100 templos en funcionamiento a finales del año 2000. “En este programa estamos avanzando a una escala que jamás hemos visto antes”, dijo22. Al dar un informe del progreso de la construcción de templos en abril de 1999, utilizó una frase conocida: “Es una empresa formidable que conlleva muchos problemas, pero no importa las dificultades, las cosas se solucionan y tengo la plena seguridad de que lograremos nuestra meta”23.

President Packer, President Hinckley, Elder Andersen at the Boston Massachusetts Temple

En octubre de 2000, el presidente Hinckley viajó a Boston, Massachusetts, EE. UU. para dedicar el centésimo templo de la Iglesia, uno de los 21 que dedicó ese año en cuatro continentes. Hacia el final de su vida, se terminaron 124 templos y se anunciaron o estaban en construcción otros trece.

Su visión para el futuro lo impulsó a buscar inspiración sobre otras formas de bendecir a los hijos de Dios. Se sentía angustiado por el sufrimiento y la pobreza que vio, de modo que dirigió una considerable expansión de la labor humanitaria de la Iglesia, sobre todo entre aquellos que no son miembros de la Iglesia. También instituyó el Fondo Perpetuo para la Educación para ayudar a los miembros de la Iglesia en los países afectados por la pobreza. De ese fondo, podrían recibir préstamos para costearse la educación que necesitaban para obtener un mejor empleo, lo que les serviría para romper las cadenas de la pobreza y ser autosuficientes. A partir de 2016, más de 80.000 personas habían recibido la oportunidad de recibir educación o formación gracias a los préstamos de ese fondo.

President Hinckley in Ghana
En Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley se encuentran muchos otros ejemplos de la visión profética del presidente Hinckley, tales como “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, y la construcción del Centro de Conferencias.

“Mi testimonio”

Unos días antes de cumplir 91 años, el presidente Hinckley escribió en su diario: “Ya no tengo que plantar nada, pero lo haré. Es mi naturaleza”24. Sin importar la edad que tuviera, ya fuese un joven misionero o un profeta de 97 años de edad, también era su naturaleza sembrar las semillas y retoños del Evangelio en el corazón de las personas de todo el mundo. Durante veinte años prestó servicio como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, y después prestó servicio como consejero de la Primera Presidencia durante catorce años. Cuando llegó a ser Presidente de la Iglesia a los 84 años de edad, la dirigió durante casi trece años de un progreso dinámico.

En el núcleo de toda la vida de servicio del presidente Hinckley radicaba su testimonio de Jesucristo y de Su evangelio restaurado mediante el profeta José Smith. En un discurso de conferencia general intitulado “Mi testimonio”, expresó lo siguiente a través de las lágrimas:

“Pero de todas las cosas por las que me siento agradecido esta mañana hay una que ocupa el lugar más destacado, y es mi testimonio viviente de Jesucristo…

“Él es mi Salvador y mi Redentor. Al haber dado Su vida, con dolor y sufrimiento indescriptibles, Él me ha tendido la mano para sacarme a mí y a cada uno de nosotros, y a todos los hijos y las hijas de Dios, del abismo de oscuridad eterna que sigue a la muerte…

“Él es mi Dios y mi Rey. De eternidad en eternidad, Él reinará y gobernará como Rey de reyes y Señor de señores. Para Su dominio no habrá fin, para Su gloria no habrá noche…

“Con gratitud y con amor inquebrantable, doy testimonio de estas cosas en Su Santo nombre”25.

Notas

  1. Diario personal de Gordon B. Hinckley, 22 de marzo de 1993.
  2. Gordon B. Hinckley, Standing for Something: Ten Neglected Virtues That Will Heal Our Hearts and Homes, 2000, pág. 101.

  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley, 2016, pág. 74.

  4. Véase de Jeffrey R. Holland, “El presidente Gordon B. Hinckley: Valiente y denodado”, Liahona, agosto de 1995, Edición especial, págs. 5-6.

  5. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 357.

  6. En Conference Report, octubre de 1969, pág. 113; “No temas, cree solamente”, Liahona, mayo de 1996, págs. 3-4.

  7. Jeffrey R. Holland, “El presidente Gordon B. Hinckley: Valiente y denodado”, Liahona, agosto de 1995, Edición especial, pág. 5.

  8. Diario, 4 de noviembre de 1973.

  9. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, págs. 314–315.

  10. Diario, 22 de mayo de 1996.

  11. Diario, 30 de mayo de 1996.

  12. Diario, 1º de junio de 1996.

  13. Diario, 22 de febrero de 2002.

  14. En “The Prophet Spoke to Youth”, In Memoriam: President Gordon B. Hinckley, 1910–2008 (suplemento de la revista Ensign, marzo de 2008), pág. 15.

  15. Diario, 23 de noviembre de 1974.

  16. Diario, 14 de mayo de 1995.

  17. Henry B. Eyring, en Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 214.

  18. En Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 330.

  19. Transcripción de la historia oral de Don H. Staheli, 2012, pág. 85, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  20. Diario, 6 de marzo de 1999. Esta entrada es un resumen de sus palabras en la primera sesión dedicatoria del Templo de Colonia Juárez, México. El presidente Hinckley había estado considerando el concepto de los templos más pequeños por más de veinte años (véase Enseñanzas: Gordon B. Hinckley,págs. 37, 325–328).

  21. Gordon B. Hinckley, “Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional”, Liahona, enero de 1998, pág. 58.

  22. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 328.

  23. Gordon B. Hinckley, “La obra sigue adelante”,Liahona, julio de 1999, pág. 4.

  24. Diario, 18 de junio de 2001.

  25. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, págs. 339–340.

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Poner en duda las preguntas de análisis

Enero 2017
Poner en duda las preguntas de análisis
Por Ted Barnes
Departamento del Sacerdocio y la Familia de la Iglesia

Es posible que la pregunta más importante sea la que se hacen los maestros antes de ir a la clase.

Teacher at blackboard

Imagínese que está sentado con unos amigos durante la hora del almuerzo hablando sobre una película que vieron juntos. Entonces uno de sus amigos dice: “¿Quién me puede decir cuál fue la escena más importante de la película?”.

Un poco confundido por la pregunta, usted piensa un momento y sugiere que es probable que la última escena fuera la más importante. “Bien, ese es un buen comentario”, dice su amigo, “pero no es exactamente lo que tenía en mente. ¿Alguien más? Escuchemos a alguien que no haya dicho nada todavía”.

No hablaríamos de esa manera entre amigos, pero por alguna razón parece ocurrir a menudo en las clases de domingo. En vez de analizar verdades del Evangelio de manera natural y cómoda, a veces los maestros decimos cosas que en otros entornos parecerían conversaciones extrañas e incluso reprimidas. Esperamos que los miembros de la clase sientan que están entre amigos y se sientan cómodos al compartir sus pensamientos en cuanto a los principios que están aprendiendo. Tal manera de compartir puede invitar al Espíritu y enriquecer la experiencia de todos.

¿Cómo nos aseguramos que nuestras preguntas lleven a una conversación más natural y significativa? Hay muchas cosas que debemos hacer y otras que debemos evitar, que algunos maestros han encontrado útiles: No formulen preguntas que tengan respuestas obvias. Formulen preguntas que tengan más de una respuesta. No formulen preguntas que sean demasiado personales.

Quizás resulte útil antes de empezar a planificar las preguntas que se harán en clase, formularnos una pregunta nosotros mismos: ¿Por qué estoy formulando preguntas en primer lugar?

¿Por qué formulan preguntas?

La motivación detrás de nuestras preguntas supone una gran diferencia. Por ejemplo, ¿formulamos a veces preguntas porque tenemos algo que decir, pero más bien deseamos que un miembro de la clase lo diga? Con toda razón, no deseamos ser quienes hablamos todo el tiempo, sino que deseamos que se haga énfasis en algún punto en particular, así que a veces formulamos una pregunta que sabemos suscitará la respuesta que deseamos oír. Esta actitud conduce a preguntas que en verdad son declaraciones disfrazadas, como esta: “¿En qué forma el evitar la pornografía les ayudará a mantener pensamientos puros?” o “¿Es importante orar todos los días?”.

Hay circunstancias en las que es perfectamente adecuado formular preguntas que tienen la intención de inspirar una respuesta. Pueden servir para enfatizar un punto o ayudan al maestro a avanzar la lección. Sin embargo, es posible que preguntas como estas no den lugar a un análisis satisfactorio ni a conversaciones inspiradas entre los miembros de la clase.

Por otro lado, si formulamos preguntas porque en verdad deseamos saber lo que hay en la mente, el corazón y la vida de los miembros de nuestra clase, entonces eso se notará en las preguntas que formulemos.

Las preguntas que invitan a los miembros de la clase a una conversación sincera que promueva el aprendizaje espiritual incluyen preguntas como estas: “Al leer este versículo, ¿qué sobresale para ustedes?” o “¿Qué experiencias les ha enseñado a confiar en las promesas del Señor?” o casi toda pregunta que empiece con “¿Qué piensan de…?”.

Consideren estos ejemplos:

• El Espíritu le preguntó a Nefi: “¿Qué deseas tú?” (1 Nefi 11:10).
• El Salvador les preguntó a Sus discípulos: “… ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).
• Y le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida: … ¿Crees esto?” (Juan 11:25, 26).
Cada una de esas preguntas invitó a alguien a compartir lo que estaba en su corazón. Y en cada caso, lo que siguió fue una experiencia espiritual poderosa.

Las preguntas son una expresión de amor

Créanlo o no, hacer preguntas que fomenten el análisis ocurre en forma natural a casi toda persona, incluso a las personas que no se consideran a sí mismas buenos maestros. Lo hacemos en forma espontánea cada vez que tenemos una conversación significativa con amigos y familiares, o una simple charla a la hora del almuerzo sobre una película favorita, pero cuando nos encontramos ante filas de alumnos a la expectativa, de repente nos olvidamos de todo lo que ocurre en forma natural.

Así que quizás una parte fundamental de formular buenas preguntas es preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo preguntaría esto si no estuviéramos en un aula, si estuviéramos solo sentados en casa hablando sobre el Evangelio con un grupo de amigos? ¿Cómo los invitaría a compartir sus ideas y sentimientos?”. Enseñar no es exactamente como una conversación casual entre amigos, pero tienen una cosa en común: los debe motivar el interés sincero y el amor genuino.

Así que no se preocupen si todavía no son expertos en crear preguntas bien formuladas. Incluso si todo lo que puedan hacer es amar a las personas que enseñen, el Espíritu los guiará y mejorarán más y más para saber qué decir. “La caridad nunca deja de ser”, declaró Pablo (1 Corintios 13:8), y eso es cierto incluso en algo tan sencillo como en un maestro que formula preguntas en una clase.

Pueden aprender acerca de seis tipos de preguntas en “Haga preguntas inspiradas”, Enseñar a la manera del Salvador, 2016, págs. 31–32, disponible en Enseñanza.lds.org.

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El propósito de la Sociedad de Socorro

Enero 2017
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
El propósito de la Sociedad de Socorro

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir.

Woman helping older man
El propósito de la Sociedad de Socorro es “preparar a las mujeres para las bendiciones de la vida eterna”, dice Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro1. Es mediante la fe, la familia y la ayuda que participamos en nuestra “parte esencial de la obra”2.

La Sociedad de Socorro “es una obra temporal y espiritual”, dice Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. “Eso es lo que hicieron las mujeres en la época del Salvador y eso es lo que seguimos haciendo”3.

Cuando miramos a la mujer samaritana en el pozo, quien dejó su cántaro de agua y corrió a decir a los demás que Jesús era un profeta (véase Juan 4:6–42), o a Febe, quien con alegría sirvió a los demás durante toda su vida (véase Romanos 16:1–2), vemos ejemplos de mujeres de la época del Salvador que tuvieron una parte activa en venir a Cristo. Es Él quien abre nuestro camino a la vida eterna (véase Juan 3:16).

Cuando observamos a nuestras hermanas pioneras de Nauvoo, Illinois, que se reunieron en la casa de Sarah Kimball en 1842 para formar su propia organización, vemos los planes de Dios para establecer la Sociedad de Socorro siguiendo los principios del sacerdocio. Después que Eliza R. Snow escribió una constitución, el profeta José Smith la revisó. Él se dio cuenta que la Iglesia no estaba completamente organizada hasta que las mujeres lo estuvieran. Él dijo que el Señor aceptó la ofrenda de ellas pero que había algo mejor. “Organizaré a las mujeres bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de este”4, dijo.

La Sociedad de Socorro no era tan solo otro grupo de mujeres que trataban de hacer el bien en el mundo, era distinto, se trataba de ‘algo mejor’, puesto que se había organizado bajo la autoridad del sacerdocio. Su organización fue un paso necesario en el establecimiento de la obra de Dios sobre la tierra”5.

Escrituras e información adicionales

Doctrina y Convenios 25:2–3, 10; 88:73; reliefsociety.lds.org

Relief Society sealFe, Familia, Socorro

Considere lo siguiente

¿Cómo ayuda la Sociedad de Socorro a las mujeres a cumplir con la función divina que el Padre Celestial tiene para ellas y guiarlas a la vida eterna?

Notas

  1. Linda K. Burton, en Sarah Jane Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday and More March 17”,Church News, 13 de marzo de 2015, news.lds.org.

  2. Linda K. Burton, en Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday”.

  3. Carole M. Stephens, en Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday”.

  4. José Smith, en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro , 2011, pág. 14.

  5. Hijas en Mi reino, págs. 18–19.

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