Sirviendo al otro lado del Jordán

Octubre 2016
Sirviendo al otro lado del Jordán
Por R. Val Johnson y Rachel Coleman
Revistas de la Iglesia y Servicios de Publicación

o en cualquier otro lugar que el Señor los necesite.

Amman Jordan

La necesidad era crítica.

A principios de 2013, aparecieron cinco casos de sarampión en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania, país del Medio Oriente. Más de 100 000 refugiados sirios, que vivían hacinados, estaban en riesgo de contraer ese virus altamente contagioso y peligroso. El gobierno jordano planificó una campaña de vacunación masiva para prevenir que la enfermedad se propagase. El plan era vacunar al menos a 90 000 refugiados sirios entre las edades de seis meses a treinta años en un período de dos semanas.

Pero se presentó un problema: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) tenía el suero y el Ministerio de Salud de Jordania tenía las clínicas; lo que no tenían eran artículos de suministro en cadena de frío —jeringas, recipientes para instrumentos afilados, refrigeradores para el suero— y el tiempo se estaba acabando1.

Entonces entraron en juego Ron Hammond y su esposa, Sandi, misioneros de bienestar mayores que servían en Jordania como directores de LDS Charities de todo el país. En vista de que Ron y Sandi ya tenían relaciones de trabajo con UNICEF y con el Ministerio de Salud, se unieron rápidamente a las dos organizaciones en colaboración para determinar cómo LDS Charities podía ayudar.

Ron dice: “Preguntamos sobre el costo de la compra de artículos de suministro en cadena de frío, y cuando nos lo dijeron, dijimos: ‘Creemos que LDS Charities puede ayudar’. Nos preguntaron: ‘¿Qué tan pronto? ¡Tenemos que empezar lo antes posible!’”.

En veinte horas LDS Charities había aprobado la compra de los suministros en cadena de frío que se necesitaban. “Cuando le informamos al Ministerio de Salud y a UNICEF”, dice Ron, “quedaron impresionados. ¿Cómo pudo una ONG [organización no gubernamental] moverse tan pronto? No solo se llevó a cabo la campaña de vacunación conforme a lo programado, sino que también inspiró una campaña a nivel nacional en la que se inocularon a cientos de miles de refugiados jordanos y sirios”.

giving immunizations

Se evitó la crisis.

Es más, esta asociación productiva entre UNICEF, el Ministerio de Salud de Jordania y LDS Charities creó el potencial para una futura colaboración. Seguir leyendo

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El amor versus la lujuria

Octubre 2016
El amor versus la lujuria
Por Joshua J. Perkey
Revistas de la Iglesia

Si podemos entender lo que en verdad es la lujuria, podemos aprender a evitarla y tomar decisiones que nos acerquen más al Espíritu Santo.

young couple

Lujuria.

Sin duda, es una palabra desagradable. Muchos de nosotros no queremos pensar en ella, y mucho menos aprender más acerca de ella. El término invoca un sentimiento sórdido, algo oscuro; atrayente, pero malo.

Hay una buena razón para ello. Si “el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6:10), definitivamente, la lujuria es su aliada secreta; es vil y degradante. La lujuria torna a la gente, a las cosas e incluso a las ideas en objetos que se poseen o adquieren para satisfacer un fuerte deseo. Si ya sabemos eso, ¿por qué necesitamos saber más sobre ella?

Porque si podemos entender mejor lo que en verdad significa la lujuria, podemos aprender a moldear los pensamientos, los sentimientos y las acciones a fin de evitar y superar sus manifestaciones. Eso nos conducirá a tener una relación más estrecha con el Espíritu Santo, lo cual purifica los pensamientos y las intenciones, y nos fortalece; a su vez, eso nos conducirá a una vida más feliz, tranquila y dichosa.

Cómo definir la lujuria

Mayormente, tendemos a pensar en la lujuria como los sentimientos intensos e inapropiados de atracción física hacia otra persona; pero es posible desear o codiciar casi cualquier cosa: dinero, propiedades, objetos y, por supuesto, a otras personas (véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Codiciar”).

La lujuria induce a una persona a procurar algo que es contrario a la voluntad de Dios; abarca cualquier sentimiento o deseo que haga que una persona se centre en las posesiones mundanas o en prácticas egoístas —intereses, deseos, pasiones y apetitos personales— en vez de guardar los mandamientos de Dios.

En otras palabras, desear cosas que van en contra de la voluntad de Dios o desear poseer cosas en una manera que sea contraria a Su voluntad es lujuria, y esta conduce a la desdicha1.

man looking at fancy car

El peligro de la lujuria sexual

Aunque se nos ha advertido sobre la lujuria como una forma de codicia en general, en su contexto sexual es particularmente peligrosa. El Salvador advirtió: “… cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

Los apóstoles de la antigüedad advirtieron en forma extensa contra la lujuria en ese sentido. Solo un ejemplo de ello es lo que dijo el apóstol Juan: “Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16; véanse también versículo 17; Romanos 13:14; 1 Pedro 2:11).

Las advertencias continúan hoy en día2. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explica: “¿Por qué la lujuria es un pecado capital? Y bien, además del impacto espiritual destructor total que ejerce sobre nuestras almas, pienso que es un pecado porque profana la más elevada y la más santa relación que Dios nos da en la vida mortal: el amor que un hombre y una mujer se tienen el uno por el otro y el deseo que esa pareja tiene de traer hijos a una familia con la mira de ser eterna”3.

Permitir que germine el deseo lujurioso ha sido la raíz de muchos hechos pecaminosos. Lo que empieza con lo que parece una mirada inocente puede convertirse en una sórdida infidelidad con todas sus consecuencias desastrosas. Eso es debido a que la lujuria hace que el Espíritu Santo se aleje y nos deja vulnerables a otras tentaciones, vicios y artimañas del adversario.

Las decisiones trágicas del rey David son un triste ejemplo de lo poderosa y mortal que esa emoción puede ser. Por casualidad, David vio a Betsabé, que se estaba bañando, y la deseó. La lujuria trajo como resultado la acción; él hizo que la trajeran ante él y se acostó con ella. Entonces, en un esfuerzo insensato por esconder su pecado, David ordenó al esposo de Betsabé que fuera a la batalla, donde estaba seguro que lo matarían (véase 2 Samuel 11). Como resultado de ello, David perdió su exaltación (véase D. y C. 132:38–39).

La situación de David quizás parezca extrema, pero sin duda demuestra la verdad: la lujuria es una tentación poderosa. Rendirse a ella puede hacer que participemos en cosas que nadie, en su sano juicio, haría. El hecho de que sea tan insidiosa, que se despierte tan fácilmente y que sea tan eficaz para tentarnos a apartarnos del Espíritu Santo y ceder nuestra voluntad a algo prohibido la hace mucho más peligrosa. El ver pornografía, escuchar la letra de canciones explícitas o participar de intimidad inapropiada pueden provocarla. Al mismo tiempo, los sentimientos lujuriosos pueden inducir a una persona a que procure ver pornografía. Esa relación cíclica es extremadamente poderosa y peligrosa4.

La lujuria de naturaleza sexual degrada y debilita todas las relaciones, siendo una de las más importantes la relación personal con Dios. “Y de cierto os digo, como ya he dicho, el que mira a una mujer para codiciarla, o si alguien comete adulterio en su corazón, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá” (D. y C. 63:16)

Como enseñó el élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles: “La inmoralidad sexual crea una barrera que aleja la influencia del Espíritu Santo con toda su capacidad de elevar, iluminar y fortalecer. Además, produce un poderoso estímulo físico y emocional; con el tiempo, esto crea un apetito insaciable que arrastra al transgresor a pecados más serios”5.

Lo que no es lujuria

couple walking on the beach

Habiendo considerado lo que es la lujuria, también es importante comprender lo que no es, y tener cuidado de no catalogar los sentimientos y deseos apropiados como lujuria. La lujuria es un tipo de deseo, pero hay también deseos justos. Por ejemplo, podemos desear cosas buenas y adecuadas que nos ayudarán a llevar a cabo la obra del Señor.

Piensen en:

• El deseo de tener dinero. En sí mismo, el desear dinero no es malo. Pablo no dijo que el dinero fuera la raíz de todos los males. Él dijo: “… el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6:10; cursiva agregada). Las enseñanzas de Jacob añaden una aclaración adicional: “Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios. Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido” (Jacob 2:18–19).

• Tener sentimientos sexuales apropiados hacia el cónyuge. Esos sentimientos que Dios nos ha dado ayudan a fortalecer, reforzar y unir al matrimonio; sin embargo, es posible tener sentimientos inapropiados hacia un cónyuge. Si buscamos satisfacción solo para nuestro bien, o solo para gratificar nuestros propios y fuertes deseos, podríamos estar cediendo a los deseos lujuriosos, y eso puede dañar la relación matrimonial. La clave para procurar y mantener la intimidad física apropiada en el matrimonio es una intención pura y afectuosa.

El principio importante es procurar las cosas con el propósito correcto: edificar el Reino de Dios y aumentar la bondad en el mundo. En cambio, la lujuria nos insta a salir de los límites apropiados, donde los deseos pueden degradar a Dios, hacer que tratemos a las personas como objetos, y convertir a los objetos, la riqueza e incluso el poder en monstruosidades que anulan nuestra sensibilidad y dañan nuestras relaciones.

Por qué con frecuencia cedemos a la lujuria

Dado lo dañina y peligrosa que es la lujuria, ¿por qué es tan tentadora y frecuente? ¿Por qué permitimos que nos domine con frecuencia? En apariencia, puede parecer que el egoísmo o la falta de control sean la causa central de la lujuria; esos son factores contribuyentes, pero la raíz profunda de la lujuria a menudo es el vacío. Es posible que las personas sucumban a la lujuria en un vano intento por llenar un vacío en la vida. La lujuria es una emoción falsa, un burdo sustituto para el amor genuino, la verdadera valía y el discipulado duradero.

En cierto sentido, el control emocional adecuado es una condición del corazón: “… porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Dondequiera que centremos nuestra atención mental y espiritual, con el tiempo llegará a ser la fuerza impulsora detrás de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Siempre que nos sintamos tentados a codiciar algo, debemos reemplazar esa tentación con algo más apropiado.

La ociosidad también puede provocar pensamientos lujuriosos. Cuando no estamos muy ocupados en la vida, tendemos a ser más susceptibles a las influencias del mal. Conforme procuremos en forma activa estar anhelosamente consagrados a causas buenas (véase D. y C. 58:27) y nos esforcemos por usar nuestro tiempo de manera productiva, estaremos menos propensos a tener sentimientos lujuriosos o a otras influencias negativas.

Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explica, que los deseos a los que elegimos adherirnos no solo afectan nuestras acciones, sino también quiénes llegaremos a ser con el tiempo: “Los deseos dictan nuestras prioridades, las prioridades afectan nuestras decisiones y las decisiones determinan nuestras acciones. Los deseos sobre los que actuamos determinan las cosas que cambiamos, lo que logramos y lo que llegamos a ser”6.

En otras palabras, debemos controlar no solo las emociones que nos permitimos sentir, sino también los pensamientos que esos sentimientos precipitan o causan. Como enseñó Alma, si nuestros sentimientos son impuros, “nuestros pensamientos también nos condenarán” (Alma 12:14).

El antídoto: un amor semejante al de Cristo

young married couple

La lujuria no es inevitable. Debido a que el Padre Celestial nos da el albedrío, tenemos el control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. No tenemos que proseguir con los pensamientos y sentimientos lujuriosos; si las tentaciones se presentan, podemos elegir no seguir esos caminos.

¿Cómo superamos la tentación de codiciar algo? Para comenzar, establecemos una relación adecuada con nuestro Padre Celestial y elegimos servir a los demás; participamos en prácticas religiosas diarias, incluso la oración y el estudio de las Escrituras, que invitan la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida. En definitiva, el ingrediente secreto es un amor semejante al de Cristo: un amor puro, sincero, honesto y con un deseo de edificar el Reino de Dios y de mantener la mira puesta únicamente en Su gloria. Ese amor solo es posible si tenemos la compañía del Espíritu Santo.

Eliminar la lujuria requiere de la oración sincera en la que pidamos a Dios que elimine esos sentimientos y otorgue, en su lugar, un amor benévolo (véase Moroni 7:48). Eso es posible, al igual que el arrepentimiento, mediante la gracia de la expiación de Jesucristo7. Gracias a Él, podemos aprender a amar de la manera en la que Él y nuestro Padre Celestial nos aman.

Cuando nos centramos constantemente en nuestro Padre Celestial, vivimos de acuerdo con los dos primeros grandes mandamientos —amar a Dios y a nuestros semejantes como a nosotros mismos (véase Mateo 22:36–39)— y hacemos todo lo que podamos por vivir como Él nos ha enseñado, las intenciones puras y honestas influyen en nuestra vida con cada vez mayor intensidad. Al unificar nuestra voluntad con la voluntad del Padre, las tentaciones y los efectos de la lujuria disminuyen, y el amor puro de Cristo los sustituye; entonces somos llenos de un amor divino que reemplaza los deseos inmorales de este mundo con la belleza de edificar el Reino de Dios.

Cómo definir el amor y la lujuria

El amor ennoblece, la lujuria degenera. El amor abraza la verdad, la lujuria abraza las mentiras. El amor edifica y fortalece, la lujuria destruye y debilita. El amor es armonioso, la lujuria es discordante. El amor trae paz, la lujuria trae conflicto. El amor inspira, la lujuria entorpece. El amor sana, la lujuria debilita. El amor vigoriza, la lujuria destruye. El amor ilumina, la lujuria ensombrece. El amor llena y sustenta, la lujuria no puede ser satisfecha. El amor está íntimamente relacionado con la promesa, la lujuria encuentra su lugar en el orgullo.

Cinco sugerencias para una vida pura

El élder Jeffrey R. Holland da cinco sugerencia de cómo mantener una vida pura:

1. Sepárense de las personas, los materiales y las circunstancias que los dañarán.
2. Busquen ayuda.
3. Desarrollen y ejerciten el autocontrol para eliminar las malas influencias.
4. Remplacen los pensamientos lascivos con imágenes de esperanza y recuerdos de gozo.
5. Cultiven el Espíritu del Señor y estén donde Él esté.
De Jeffrey R. Holland, “No hay lugar para el enemigo de mi alma”, Liahona, mayo de 2010, págs. 44–46.

Notas

  1. Véase de Dallin H. Oaks, “El gozo y la miseria”, Liahona, enero de 1992, pág. 85; y de Thomas S. Monson, “Finishers Wanted”, Ensign, julio de 1972, pág. 69.

  2. Para algunos ejemplos, véanse: Doctrina y Convenios 88:121; de Spencer W. Kimball, “President Kimball Speaks Out on Morality”, Ensign,noviembre de 1980, págs. 94–98; de Neal A. Maxwell, “El séptimo mandamiento: un escudo”, Liahona, enero de 2002, págs. 90–93; de Russell M. Nelson, “¿Dónde se halla la sabiduría?”, Liahona, enero de 1992, págs. 5–8. Para encontrar más advertencias en las Escrituras en contra de la lujuria, repase los siguientes temas en la Guía para el Estudio de las Escrituras: Adulterio; Carnal;Castidad; Codiciar; Fornicación; Homosexual, comportamiento;Concupiscencia; Sensual, sensualidad; Inmoralidad sexual.

  3. Jeffrey R. Holland, “No hay lugar para el enemigo de mi alma”, Liahona, mayo de 2010, pág. 44.

  4. Para aprender más sobre este tema, véase de Dallin H. Oaks, “Recuperarse de caer en la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, págs. 50–55.

  5. Véase de Richard G. Scott, “Las decisiones correctas”, Liahona, enero de 1995, pág. 43.

  6. Véase de Dallin H. Oaks, “El deseo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 42.

  7. Véase, por ejemplo, de D. Todd Christofferson, “El divino don del arrepentimiento”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 38–41.

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Historia Familiar: paz, protección y promesas

Octubre 2016
Historia Familiar: paz, protección y promesas
Por el élder Bradley D. Foster
De los Setenta

Bradley D. FosterTomado del discurso: “Reunir, sanar y sellar familias”, pronunciado en la Conferencia de Historia Familiar RootsTech en Salt Lake City, Utah, EE. UU., el 14 de febrero de 2015.

Conforme su familia participe reuniendo registros, sanando corazones y sellando a los miembros de la familia, ustedes y su posteridad serán bendecidos para siempre jamás.

family tree chart

La historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una historia acerca de familias. Cuando digo familias, no me refiero al concepto moderno de una mamá, un papá y los hijos.

Utilizo el término en la manera que el Señor lo usa, como un sinónimo de parientes o de familias de múltiples generaciones, ya que cada persona tiene una familia. El plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos se centra en ese tipo de familia: con hijos que obtienen fortaleza de los antepasados de muchas generaciones atrás y con padres que procuran bendecir a su posteridad por generaciones futuras.

En ese sentido, en el Libro de Mormón también se cuentan historias de familias. Al leer esos relatos, nos damos cuenta de que las familias no han cambiado mucho a lo largo de los siglos. Aun aquellas personas que vivieron en otro tiempo y en otro lugar son muy parecidas a nosotros, y el deseo de Dios de que Sus hijos vivan en familias felices y eternas no ha cambiado.

¿Por qué preservó el Señor el registro de esos relatos? ¿Qué deseaba Él que aprendiéramos de ellos? ¿Hay allí lecciones que podrían ayudarnos en nuestro esfuerzo por reunir, sanar y sellar a nuestra familia?

Una lección de Lehi

Creo que la primera familia en el Libro de Mormón, la familia de Lehi, nos brinda una gran lección que quizás no hayamos notado. La familia de Lehi nos puede enseñar mucho sobre los registros familiares: por qué son importantes para el Señor y por qué deberían ser importantes para nosotros.

Cuando empieza el relato, Lehi y Saríah están criando a sus hijas y a cuatro hijos en Jerusalén y llevan una vida relativamente cómoda en esa gran ciudad. La vida de ellos cambió para siempre cuando el Señor mandó a Lehi que llevara a su familia al desierto.

Lehi obedeció, y él y su familia dejaron atrás sus posesiones materiales y se aventuraron en el desierto. Después de viajar por un tiempo, Lehi le dijo a su hijo Nefi: Seguir leyendo

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Comprender el suicidio: Señales de advertencia y prevención

Octubre 2016
Comprender el suicidio: Señales de advertencia y prevención
Por Kenichi Shimokawa, Dr.
Servicios para la familia SUD, oficina de Japón

sitting at the edge of a dock

Cuando Kevin tenía dieciséis años, sus padres se divorciaron. Más o menos al mismo tiempo, dejó de tomar su medicamento para la epilepsia, el cual lo ayudaba a estabilizar su humor. Sin saber que sufría de trastorno bipolar, comenzó a sentir paranoia, una manía debilitante y una depresión severa. Los medicamentos no parecían ayudar. Llegó un punto en el que estaba tan cansado de todo que decidió acabar con su vida sin decirle a los demás cuáles eran sus intenciones.

Kevin cuenta sobre el día en que trató de quitarse la vida: “Estaba llorando; estaba tan cansado, tan agotado emocionalmente. Miraba a la gente y deseaba que alguien, cualquier persona, me preguntara: ‘¿Estás bien?’. A pesar de lo mucho que deseaba eso, escuchaba voces [en la mente] que me decían: ‘Tienes que morir’… Todo el tiempo me rogaba a mí mismo no hacerlo, pero las voces eran demasiado fuertes, no podía luchar contra ellas”1.

Trágicamente, nadie notó su aflicción. Convencido de que a nadie le importaba, hizo el intento, pero, milagrosamente, sobrevivió.

¿Podemos sentir al menos un poco de su abrumadora angustia y el grito de socorro desesperado y silencioso?

El suicidio es una de las pruebas más difíciles de la vida terrenal, tanto para quienes padecen pensamientos suicidas como para los integrantes de la familia de quien comete suicidio. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “A mi juicio, no hay momentos más difíciles para una familia que cuando un ser querido se quita la vida. El suicidio es un experiencia familiar devastadora”2. Considerando la grave naturaleza de esta prueba, analicemos (1) lo que sabemos acerca del suicidio, incluso las señales de advertencia y las cosas que podemos hacer para prevenirlo; (2) lo que los integrantes de la familia de quien comete suicidio y las comunidades pueden hacer; y (3) lo que todos debemos hacer para fortalecer nuestra esperanza y nuestra fe en Cristo a fin de no desesperar.

Comprender el suicidio

En el mundo, más de 800 000 personas terminan su vida en suicidio cada año3. Eso significa que alguien en el mundo se quita la vida cada cuarenta segundos. Es muy probable que la cantidad real sea mayor, ya que el suicidio es un tema delicado e ilegal en algunos países, por lo cual no todos se denuncian. El suicidio es la segunda causa principal de muerte en personas comprendidas entre los quince y veintinueve años. En la mayoría de los países, el índice de suicidios es más alto entre las personas mayores de setenta años. Directa o indirectamente, el suicidio afecta a una gran porción de nuestra sociedad.

Señales de advertencia

Cuando sentimos que los retos de la vida van más allá de nuestra capacidad para sobrellevarlos, podemos llegar a sentir un estrés muy intenso. Cuando la aflicción emocional es intolerable, los pensamientos de las personas pueden volverse confusos y llevarlas a sentir que la muerte es la única alternativa. Quizás sientan que nadie puede ayudar, lo cual podría conducir al aislamiento social y a aumentar aún más la aflicción, el sentimiento de desesperanza y de que todo está perdido, lo cual, al final, las conduce a pensar que el suicidio es la única opción.

Cuando alguien muestre cualquiera de las siguientes graves señales de advertencia4, debemos buscar, de inmediato, la ayuda de un profesional de la salud mental o de los servicios de emergencia, como la policía.

• Amenaza con lastimarse o quitarse la vida
• Busca maneras o medios para quitarse la vida
• Habla de la muerte, de morir o del suicidio
Las señales a continuación pueden presentar una situación menos urgente, pero no debemos dejar de tender la mano o buscar ayuda para la persona que muestre cualquiera de ellas: Seguir leyendo

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Los niños pequeños y la Santa Cena

Octubre 2016
Los niños pequeños y la Santa Cena
Por Aaron L. West
El autor vive en Utah, EE. UU.

Nuestros hijos pequeños se daban cuenta de que la Santa Cena era importante para nosotros, pero podríamos haber hecho más para ayudarlos a entender que también era importante para ellos.

family partaking of the sacrament

¿Se han preguntado alguna vez por qué permitimos que los niños que no han sido bautizados participen de la Santa Cena? ¿Es solo para evitar los ineludibles ruidos y forcejeos cuando quieren un pedazo de pan? ¿Es solo para facilitar la administración de la ordenanza?, ¿solo para mantener la paz?

No lo creo. Creo que hay razones más profundas. Lo creo porque pienso que cuando Jesucristo dice “todos”, quiere decir “todos”; y cuando Él habla a una multitud, no excluye a nadie.

Cuando el Salvador resucitado instituyó la Santa Cena entre Su pueblo en las Américas, hizo hincapié en que la ordenanza tenía un significado especial para aquellos que habían sido bautizados1. Aun así, mandó a Sus discípulos “que dieran [la Santa Cena] a los de la multitud”2. En esa multitud había “niños pequeños”3.

Cuando los poseedores del sacerdocio pronuncian las oraciones de la Santa Cena en la actualidad, piden al Padre Celestial que bendiga y santifique el pan y el agua “para las almas de todos los que” participen4. Todos; cada persona que participe, incluso cada niño pequeño.

Si al participar del pan y del agua los niños reciben esos emblemas como una bendición para sus almas puras, tiene que haber una forma de ayudarlos a encontrar significado en la ordenanza.

Con eso en mente, pienso en la época en que mis hijos eran pequeños. En general, mi esposa y yo lográbamos mantener a nuestros hijos en silencio mientras se bendecía y se repartía la Santa Cena; creo que se daban cuenta de que la ordenanza era importante para nosotros, pero podríamos haber hecho más para ayudarlos a entender que era importante para ellos.

¿Qué podríamos haber hecho? Podríamos haber recordado que los niños pequeños son capaces de cumplir las promesas que se hacen durante la Santa Cena; pueden comprender, en su manera limitada pero potente, lo que significa “[recordar] siempre” a Jesús; pueden prometer “guardar sus mandamientos”; incluso pueden mostrar que “están dispuestos a tomar sobre sí el nombre” de Cristo, sabiendo que pronto tendrán ese privilegio cuando sean bautizados y confirmados5.

¿Y en cuanto a renovar los convenios? Los líderes de la Iglesia han enseñado que cuando participamos de la Santa Cena renovamos todos los convenios que hicimos con el Señor6. Los niños pequeños no tienen convenios que renovar.

Vuelvo a pensar en la época en que nuestros hijos eran pequeños; no podríamos haberlos ayudado a pensar en los convenios que hicieron, pero podríamos haberlos ayudado a desear hacer convenios en el futuro. Me imagino a mí mismo con un hijo pequeño un domingo por la mañana.

Le diría: “Cuando tengas ocho años, te bautizarán y recibirás el don del Espíritu Santo; harás un convenio. El convenio que hagas en ese momento será como la promesa que haces ahora al tomar la Santa Cena.

“Cuando yo tome la Santa Cena hoy, renovaré mi convenio bautismal, como si hiciera esas promesas otra vez. Tú estarás allí conmigo, pero no renovarás un convenio; aún no has hecho ninguno. En vez de ello, puedes practicar hacer un convenio. Cada vez que tomes la Santa Cena, puedes prepararte para tu bautismo y confirmación; así estarás listo cuando cumplas los ocho años”.

Si parece inusual usar la palabra practicar de esa forma, consideren lo siguiente: Para ayudar a sus hijos a prepararse para la ordenanza del bautismo, un padre podría mostrarles, en un ambiente reverente, cómo se colocarán de pie juntos en el agua y decir las palabras de la oración bautismal. No efectúa la ordenanza en ese caso; pero, en cierto modo, ayuda a sus hijos a practicar; de esa manera, no se preocuparán por lo que sucederá cuando entren en las aguas del bautismo. Creo que las madres y los padres también pueden ayudar a que los hijos practiquen hacer el convenio bautismal y cumplir con él. Cada reunión sacramental puede ser una sesión sagrada de práctica para los niños pequeños conforme participen de los emblemas de la expiación del Salvador.

De modo que, regreso a mi pregunta original: ¿Por qué permitimos que los niños que no han sido bautizados participen de la Santa Cena? ¿Es solo para mantener la paz? ¡Claro que no! Ayudamos a nuestros niños pequeños a participar de la Santa Cena para que recuerden a su Salvador y conserven Su paz, una paz muy distinta de cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer7; los ayudamos a prepararse para recibir esa paz cada vez en mayor abundancia en el futuro, cuando hagan convenios con Él y los cumplan.

Notas

  1. Véase 3 Nefi 18:5, 11.
  2. 3 Nefi 18:4; cursiva agregada.
  3. Véanse 3 Nefi 17:21–25; 18:1–4.
  4. Doctrina y Convenios 20:77, 79; cursiva agregada.
  5. Doctrina y Convenios 20:77.
  6. Véase de L. Tom Perry, “Al tomar la Santa Cena”, Liahona, mayo de 2006, pág. 41.
  7. Véase Juan 14:27.
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El gozo de aprender

Octubre 2016
El gozo de aprender
Por Tad R. Callister
Presidente General de la Escuela Dominical

Tad R. Callister

A medida que lleguemos a ser alumnos más comprometidos, sentiremos el gozo divino que proviene de aprender y de vivir el evangelio de Jesucristo.

Se cuenta la historia de un hombre que llegó a ser conocido como el holgazán del pueblo. No estaba dispuesto a trabajar ni a buscar empleo; vivía de lo que otras personas le daban. Finalmente, la gente se cansó; decidieron llevarlo a las afueras del pueblo y desterrarlo. Cuando uno de los pobladores lo escoltó en un carromato hasta los límites del pueblo, el conductor se llenó de compasión por él y pensó: quizás se debería dar al vagabundo una oportunidad más. Entonces le preguntó: “¿Quieres una fanega de maíz para ayudarte a comenzar una nueva vida?”.

El vagabundo respondió: “¿Están deshojadas las mazorcas?”1.

Quienes enseñan y quienes aprenden: La misma responsabilidad de contribuir

En ocasiones encontramos a personas que quieren el conocimiento de las Escrituras sin ningún esfuerzo; quieren que se les presenten las Escrituras ya “deshojadas” antes de leerlas; quieren recibir el Evangelio en una serie de extractos o videoclips entretenidos; quieren que el maestro de la Escuela Dominical prepare la lección y se la imparta “en bandeja”, sin requerir de ellos preparación ni participación alguna.

young woman reading her scriptures

Por el contrario, en una ocasión, el Salvador invitó a Sus discípulos a que regresaran a su casa porque no comprendían Sus palabras. Les mandó que oraran, meditaran y “[prepararan sus] mentes para mañana”, cuando Él “[vendría] a [ellos] otra vez” (véase 3 Nefi 17:2–3).

La lección fue esta: la responsabilidad de venir preparado no es solo del maestro sino también de quien aprende. Al igual que el maestro tiene la responsabilidad de enseñar por el Espíritu, también el alumno tiene la responsabilidad de aprender por el Espíritu (véase D. y C. 50:13–21).

En el Libro de Mormón se indica: “… el predicador no era de más estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo; y así todos eran iguales” (Alma 1:26; cursiva agregada).

A continuación se encuentran algunas sugerencias sobre lo que podemos hacer para experimentar el gozo que se siente cuando hacemos nuestra parte por aprender y vivir el Evangelio.

El aprendizaje en el hogar

Cada miembro es responsable por su propio aprendizaje del Evangelio; no podemos delegar esa responsabilidad. La mayor parte del aprendizaje se logra al estudiar las Escrituras con regularidad. El presidente Harold B. Lee (1899–1973) declaró: “Si no estamos leyendo a diario las Escrituras, nuestro testimonio está disminuyendo”2. El apóstol Pablo observó que los judíos de Berea “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud”; y después explicó la razón de esa receptividad: “… [escudriñaban] cada día las Escrituras” (Hechos 17:11; cursiva agregada). Seguir leyendo

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La última cena de Melva

Octubre 2016
La última cena de Melva
Por Cheryl Harward Wilcox
La autora vive en Utah, EE. UU.

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“¿Te gustaría intentar tomar la Santa Cena?”, pregunté a mi madre moribunda.

Mi madre vivió hasta los noventa y dos años; falleció hace poco. Ella estaba en el hospital cuando los médicos decidieron que no había nada más que se pudiera hacer, salvo mantenerla lo más cómoda posible hasta que falleciera.

Mientras hacíamos los preparativos para llevarla a casa, dos hermanos de un barrio local entraron en la habitación y me preguntaron si mi madre querría tomar la Santa Cena. Primero les dije: “No, gracias”; mamá apenas podía tragar. Luego dije: “Pensándolo bien, déjenme preguntarle”. Me incliné y le dije al oído: “Hay dos poseedores del sacerdocio aquí, ¿te gustaría intentar tomar la Santa Cena?”. Con una voz débil, pero clara, respondió: “Sí”.

Después de la bendición, tomé un pedazo de pan de la bandeja, partí una pequeña migaja y suavemente se la coloqué en la boca. La masticó por un rato y en voz baja me disculpé con los hombres porque tardaba tanto; ellos me aseguraron que estaba bien. Después de la segunda oración, tomé un pequeño vaso de plástico y lo sostuve sobre sus labios. Ella solo tomó un pequeño sorbo, pero me sorprendió lo bien que pudo tragar el agua.

Agradecí a los hermanos y se fueron a la próxima habitación. Alrededor de una hora después, mamá falleció tranquilamente.

En los días siguientes, me di cuenta del momento sagrado que se me permitió compartir con mi madre. Lo último que hizo en esta vida fue tomar la Santa Cena. La última palabra que dijo fue “Sí”; sí a recibir la Santa Cena, sí a ofrecer su sacrificio de “un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20), sí a tomar sobre sí el nombre de Jesucristo y prometer recordarlo siempre, sí a recibir Su Espíritu. Lo último que sus labios tocaron fueron los emblemas de la Santa Cena.

¡Cuán dulce debe haber sabido para ella su última cena! Aunque demasiado débil para moverse o hablar, ¡cuán viva en Cristo debe haberse sentido! Cuán agradecida se habrá sentido por Su poder redentor y habilitador, el cual la ayudó a pasar los últimos momentos de su trayecto terrenal y le dio la esperanza de la vida eterna.

Cada semana, al participar de la Santa Cena, agradezcamos la oportunidad que tenemos de renovar nuestros convenios y sentir el perdón y la gracia a medida que nos esforzarnos por llegar a ser más como nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo. Entonces, el pan y el agua serán para nosotros, como deben haber sido para mi madre, “más dulce que todo lo dulce… más puro que todo lo puro” (Alma 32:42).

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La familia es ordenada por Dios

Octubre 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
La familia es ordenada por Dios

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Fe, Familia, SocorroRelief Society seal

“En la letra de [la canción de la Primaria] ‘La familia es de Dios’… se nos recuerda doctrina pura”, dijo Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. “No sólo aprendemos que la familia es ordenada por Dios, sino, además, que cada una de nosotras es parte de la familia de Dios…

family walking near the temple

“El plan del Padre para Sus hijos es un plan de amor; es un plan para unir a Sus hijos —a Su familia— con Él”1.

El élder L. Tom Perry (1922–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “También creemos que las familias tradicionales fuertes no solo son la unidad básica de una sociedad estable, de una economía estable y de una cultura de valores estable, sino que también son la unidad básica de la eternidad, y del reino y gobierno de Dios.

“Creemos que la organización y el gobierno de los cielos se establecerán en torno a la familia y a todos los parientes”2.

“Toda persona, sea cual sea su estado civil, o cuántos hijos tenga, puede ser defensora del plan del Señor que se describe en la proclamación sobre la familia”, dijo Bonnie L. Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes. “Si es el plan del Señor, ¡también debe ser nuestro plan!”3. Seguir leyendo

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Las bendiciones de la obediencia

Octubre 2016
Las bendiciones de la obediencia
Por el presidente Thomas S. Monson

Thomas S. MonsonEl presidente Thomas S. Monson ha enseñado que “la lección más grande que podemos aprender en la tierra es que cuando Dios habla y nosotros obedecemos, siempre estaremos en lo correcto”1.

También seremos bendecidos. Como dijo el presidente Monson durante una conferencia general reciente: “Si guardamos los mandamientos, nuestra vida será más feliz, más plena y menos complicada. Nuestros desafíos y problemas serán más fáciles de sobrellevar y recibiremos [las] bendiciones prometidas [del Padre Celestial]”2.

En los siguientes extractos de las enseñanzas del presidente Monson como Presidente de la Iglesia, él nos recuerda que los mandamientos son la guía segura hacia la felicidad y la paz.

tree of life

Pautas para la trayectoria

“Los mandamientos de Dios no son dados para que nos frustren ni para que se conviertan en obstáculos a nuestra felicidad, sino todo lo contrario. Aquel que nos creó y que nos ama a la perfección sabe cómo debemos vivir la vida a fin de obtener la mayor felicidad posible. Nos ha brindado pautas que, si las seguimos, nos guiarán por esta trayectoria terrenal que a menudo es peligrosa. Recordemos la letra del conocido himno: ‘Siempre obedece los mandamientos; tendrás gran consuelo y sentirás paz’ [véase “Siempre obedece los mandamientos”, Himnos, nro. 197]”3.

Fortaleza y conocimiento

“La obediencia es una característica distintiva de los profetas; les ha proporcionado fortaleza y conocimiento a través de la historia. Es esencial que nos demos cuenta de que nosotros también tenemos derecho a esa fuente de fortaleza y conocimiento. Hoy día está fácilmente a nuestro alcance si obedecemos los mandamientos de Dios… Seguir leyendo

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El Maestro sanador

Conferencia General Octubre 2016
El Maestro sanador

Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

 

No tienen que experimentar el dolor causado por el pecado, el dolor causado por las acciones de otros, o las dolorosas realidades de la vida terrenal, solas.

Una de las oportunidades más satisfactorias de viajar es aprender de mis hermanas de todo el mundo. No hay nada como trabajar juntas, tener contacto visual y conectarse emocionalmente.

En una de esas experiencias, una líder de la Sociedad de Socorro me preguntó: “¿Hay algo específico en lo que las mujeres deban centrarse?”.

Le respondí: “¡Sí!”, mientras me venía a la mente el discurso del presidente Russell M. Nelson “Una súplica a mis hermanas”. El presidente Nelson enseñó: “… necesitamos mujeres que tengan un entendimiento sólido de la doctrina de Cristo”1.

Nefi describió la doctrina de Cristo así:

“Porque la puerta por la cual debéis entrar es el arrepentimiento y el bautismo en el agua; y entonces viene una remisión de vuestros pecados por fuego y por el EspírituSanto …

“Y ahora… quisiera preguntar si ya quedó hecho todo. He aquí, os digo que no; porque no habéis llegado hasta aquí sino por la palabra de Cristo, con fe inquebrantable en él, confiando íntegramente en los méritos de aquel que es poderoso para salvar.

“Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna.

“… esta es la senda; y no hay otro camino, ni nombre dado debajo del cielo por el cual el hombre pueda salvarse en el reino de Dios. Y ahora bien, he aquí, esta es la doctrina de Cristo”2.

¿Por qué necesitamos un entendimiento sólido de esos principios?

Con frecuencia me reúno con mujeres Santos de los Últimos Días que están desesperadas en busca de ayuda, pero no recurren a Aquél que puede brindarles ayuda sempiterna. Muy a menudo procuran entendimiento buscando en “… el grande y espacioso edificio”3.

Cuando aumentamos nuestra comprensión de la doctrina de Cristo, pronto descubrimos que estamos desarrollando un entendimiento más profundo del “… gran plan de felicidad”4. También reconocemos que nuestro Salvador, Jesucristo, está en el centro del plan.

Cuando aprendemos a aplicar la doctrina de Cristo a nuestras circunstancias personales, nuestro amor por el Salvador crece. Reconoceremos que “… a pesar de las diferencias aparentes, todos necesitamos la misma Expiación infinita”5. Nos damos cuenta de que Él es nuestro fundamento, “… la roca de nuestro Redentor… un fundamento seguro … sobre el cual, si [edificamos], no [caeremos]”6. Seguir leyendo

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Traeré la luz del Evangelio a mi hogar

Conferencia General Octubre 2016
Traeré la luz del Evangelio a mi hogar

Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

 

Podemos traer la luz del Evangelio a nuestros hogares, escuelas y lugares de trabajo si buscamos y compartimos cosas positivas sobre los demás.

En respuesta a la invitación de la hermana Linda K. Burton en la conferencia general de abril,1 muchas de ustedes han participado en actos considerados y generosos de caridad para satisfacer las necesidades de los refugiados en su área local. Desde los esfuerzos sencillos y personalizados hasta los programas de la comunidad, esos actos son el resultado del amor. Al compartir ustedes su tiempo, talentos y recursos, han aligerado su corazón y el de los refugiados. La edificación de la esperanza y de la fe y un amor aún mayor entre el que recibe y el que da son resultados inevitables de la verdadera caridad.

El profeta Moroni nos dice que la caridad es una característica imprescindible de los que vivirán con nuestro Padre Celestial en Su reino. Él escribe: “Y a menos que tengáis caridad, de ningún modo seréis salvos en el reino de Dios”2.

Naturalmente, Jesucristo es la perfecta personificación de la caridad. Su ofrecimiento premortal para ser nuestro Salvador, Sus interacciones a lo largo de Su vida mortal, Su don supremo de la Expiación, y Sus esfuerzos constantes para llevarnos de regreso a nuestro Padre Celestial son las máximas expresiones de caridad. Él funciona con una meta singular: el amor por Su Padre expresado a través de Su amor por cada uno de nosotros. Cuando se le preguntó sobre el mandamiento más grande, Jesús respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.

“Éste es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”3.

Una de las mejores maneras de desarrollar y demostrar amor al prójimo es ser generosos en nuestros pensamientos y palabras. Hace algunos años, una querida amiga señaló: “La caridad más sublime sería abstenerse de criticar”4. Eso también sería acertado hoy.

Hace poco, cuando Alyssa, de tres años de edad, veía una película con sus hermanos, comentó un tanto confusa: “Mami, ese pollo es raro”.

Su madre miró la pantalla y respondió con una sonrisa: “Cariño, es un pavo real”.

Al igual que esa pequeña de tres años, a veces miramos a los demás con un conocimiento incompleto e impreciso. Quizás nos centramos en las diferencias y supuestas faltas de quienes nos rodean, mientras que nuestro Padre Celestial ve a Sus hijos, creados a Su imagen eterna, con un potencial magnífico y glorioso.

Recordamos que el presidente James E. Faust, dijo: “Cuanto más envejezco, me vuelvo menos crítico”5. Eso me hace recordar la observación del apóstol Pablo: Seguir leyendo

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Conferencia General Octubre 2016

CONFERENCIA GENERAL OCTUBRE 2016

– SESIÓN GENERAL DE MUJERES
Traeré la luz del Evangelio a mi hogar Jean B. Bingham
El Maestro sanador Carole M. Stephens
Levantaos en fortaleza, hermanas de Sion Bonnie L. Oscarson
El cuarto piso, la última puerta Dieter F. Uchtdorf
– SESIÓN DEL SÁBADO POR LA MAÑANA
¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios! Dieter F. Uchtdorf
“Ven, sígueme”, practicando el amor y el servicio cristiano Robert D. Hales
La oración del alma Carol F. McConkie
“Levantaré a un vidente escogido” Craig C. Christensen
El Señor Jesucristo nos enseña a orar Juan A. Uceda
¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Lo lograré? J. Devn Cornish
Un testigo de Dios Neil L. Andersen
– SESIÓN DEL SÁBADO POR LA TARDE
Valientes en el testimonio de Jesús Quentin L. Cook
Vuélvanse al libro; confíen en el Señor Gary E. Stevenson
Permaneced en mi amor D. Todd Christofferson
Para nuestro desarrollo y aprendizaje espirituales W. Mark Bassett
Tengan ambición por Cristo Kazuhiko Yamashita
Compartir el Evangelio restaurado Dallin H. Oaks
– SESIÓN GENERAL DEL SACERDOCIO
Emisarios a la Iglesia Jeffrey R. Holland
Hay poder en el libro LeGrand R. Curtis, Jr.
Aprendan de Alma y Amulek Dieter F. Uchtdorf
Para que se haga fuerte también Henry B. Eyring
Principios y promesas Thomas S. Monson
– SESIÓN DEL DOMINGO POR LA MAÑANA
El camino perfecto a la felicidad Thomas S. Monson
El gozo y la supervivencia espiritual Russell M. Nelson
La Santa Cena puede ayudarnos a llegar a ser santos Peter F. Meurs
El gran plan de redención Linda S. Reeves
¿A quién iremos? M. Russell Ballard
Las bendiciones de la adoración Dean M. Davies
El Juez justo Lynn G. Robbins
Gratitud en el día de reposo Henry B. Eyring
– SESIÓN DEL DOMINGO POR LA TARDE
“Si me conocierais” David A. Bednar
La doctrina de Cristo Brian K. Ashton
Servir Carl B. Cook
Para que no te olvides Ronald A. Rasband
Dios enjugará toda lágrima Evan A. Schmutz
No hay mayor gozo que saber que ellos lo conocen K. Brett Nattress
El arrepentimiento: Una gozosa elección Dale G. Renlund
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Confiemos en el Señor

Conferencia General Abril 1995
Confiemos en el Señor
Andrea Alien
Barrio Forest Hills, Estaca Brigham City, Utah

«Si buscamos ayuda y soluciones con deseo sincero y de todo corazón, recibiremos guía y dirección del Señor.»

U na amiga mía está pasando por momentos muy difíciles. A comienzos del año se encontraba tratando de superar sus problemas, y yo no sabía cómo ayudarla. En mis oraciones, le pedí a mi Padre Celestial que la bendijera y que a mí me ayudara a ser una buena amiga. Un día, ella se enojó mucho conmigo y yo no sabía porqué; tampoco sabía qué hacer. No quería decir nada que pudiera destruir nuestra amistad, en especial porque en esos momentos ella me necesitaba. Sin embargo, después que se enojó conmigo, pensé que sería demasiado difícil seguir adelante con nuestra amistad, y al sentirme desalentada, estuve tentada a darme por vencida.
Una tarde, en la clase de seminario, encontré un pasaje de Mosíah que decía:
«Y ahora bien, si Dios, que os ha creado, de quien dependéis por vuestras vidas y por todo lo que tenéis y sois, os concede cuanta cosa justa le pedís con fe, creyendo que recibiréis, ¡oh cómo debéis entonces impartiros el uno al otro de vuestros bienes!» (4:21.)
Me di cuenta de que ella necesitaba de esos «bienes» que yo podía impartirle: mi amistad y mi testimonio, y decidí que no dejaría sola a mi amiga. Le hablo todos los días, ruego por ella en mis oraciones y tengo fe en que algo positivo resultará de mis esfuerzos. Me siento muy agradecida de haber orado y recibido esa guía por medio de las Escrituras.
Nosotras, las jóvenes, nos enfrentamos a problemas, opciones y situaciones difíciles; muchas veces pensamos que somos bastante fuertes para resolverlos nosotras mismas.
Pero no es así, no somos en realidad tan fuertes, menos aún si lo intentamos solas. Pero si buscamos ayuda y soluciones con deseo sincero y de todo corazón, recibiremos guía y dirección del Señor. Es necesario que le permitamos a Él ayudarnos; debemos confiar en El y hacer Su voluntad. Si así lo hacemos, encontraremos verdadero gozo y felicidad, y sabremos que lo que hemos hecho está bien. Tengan la bondad de abrir las Escrituras en Proverbios, capítulo 3, versículos 5 y 6; leeremos y aprenderemos juntas que nuestro Padre Celestial desea que confiemos en Él:
«Fíate de jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
«Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas.»
Tengo un testimonio de las Escrituras; sé que si nos fiamos del Señor y las leemos con espíritu de oración, recibiremos dirección y guía para saber qué hacer en circunstancias difíciles. Sé que si seguimos esa dirección, sentiremos el amor que el Salvador tiene por nosotras. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Él estará allí para ayudarnos

Conferencia General Abril 1995
Él estará allí para ayudarnos
Andrea Alien
Estaca West Jordán, Utah

«El estudio diario de las Escrituras me recuerda que debo tener fe en mi Padre Celestial.»

Todas somos diferentes; a cada una de nosotras se le han dado habilidades así como problemas. Algunas quizás tengamos impedimentos físicos o mentales; otras tal vez se sientan solas o provengan de hogares en los cuales no se enseñen los principios del evangelio. Pero dado que nuestro Padre Celestial nos ama, nos ha proporcionado una fuente de consuelo y fortaleza: las Escrituras.
Mis queridas amigas, me siento agradecida por la oportunidad que tengo de hablarles sobre la experiencia que he tenido relacionada con las Escrituras.
Fui bendecida al criarme en un hogar donde las Escrituras formaban una importante parte de nuestra vida. Había participado en tantas actividades de la Iglesia y escuchado a amigos y familiares dar testimonio del poder de las Escrituras, que tuve el deseo de obtener un testimonio personal de su poder y su veracidad.
Sin embargo, no fue fácil. Debido a la incapacidad que tengo para aprender, me era difícil leer las palabras y más aún comprender lo que leía. Muchas veces me sentía avergonzada y frustrada; no deseaba ir a las reuniones de las Mujeres Jóvenes porque me sentía incapaz de participar; tenía miedo de que me pidieran que leyera. Estaba más a gusto con mi familia, pero de todas formas seguía sintiéndome desilusionada.
Oré pidiendo ayuda y encontré el siguiente pasaje de las Escrituras. Sírvanse abrir el Libro de Mormón en Moroni 7:33 y encontrarán allí la respuesta que recibí:
«Y Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente».
¡Qué promesa tan maravillosa! Si tenía fe en el Señor, El me ayudaría; me ayudaría a comprender las Escrituras. Esa fue la clave para mí, y al leer versículo por versículo, día tras día, comencé a comprender. Mis tareas escolares también mejoraron y el Libro de Mormón me ayudó a pasar la secundaria. Continúo teniendo incapacidad para aprender y enfrento problemas todos los días, pero el estudio diario de las Escrituras me recuerda que debo tener fe en mi Padre Celestial.
Sea donde sea que vivan o la clase de familia que tengan, nuestro Padre Celestial las ama y les ayudará y las fortalecerá siempre que lo necesiten. Lo sé, porque eso fue lo que me pasó a mí. Amo a mi familia, que comprende los problemas que tengo; estoy agradecida por los líderes que tanto me han ayudado. Sé que la Iglesia es verdadera y que tenemos las Escrituras para que todos aprendamos de ellas. Sé que Cristo vive, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Fomentemos el desarrollo de las jóvenes

Conferencia General Abril 1995
Fomentemos el desarrollo de las jóvenes
Karen Maxwell
Barrio Monument Park 2, Estaca Monumení Park Norte, Salt Lake

«Las jovencitas… recibirán apoyo y sugerencias muy prácticas de los líderes que hayan tenido que luchar por desarrollar la paciencia y la diligencia.»

Soy líder de las Mujeres Jóvenes de la estaca, y al igual que otros líderes de barrios y estacas del mundo, he buscado maneras de cultivar la palabra de Dios en forma significativa. Con gratitud, podemos acudir a la fórmula que nos da Alma en el capítulo 32, versículo 41, donde dice:
«Pero si cultiváis la palabra, sí, y nutrís el árbol mientras empiece a crecer, mediante vuestra fe, con gran diligencia y con paciencia, mirando hacia adelante a su fruto, echará raíz; y he aquí, será un árbol que brotará para vida eterna».
Alma recomienda que aquellos que deseen cultivar la palabra tengan paciencia, gran diligencia y fe. Esta paciencia debe derivar de la humildad, ya que no podemos obligar a nadie a aprender a ser paciente. El
presidente Boyd K. Packer nos hace recordar lo siguiente:
«Es posible crear un ambiente en el que podamos fomentar el desarrollo, enseñar y proteger; pero no podemos imponer ni exigir, sino que debemos esperar a que se lleve a cabo el proceso.
«No seamos impacientes por obtener un gran conocimiento espiritual; permitámosle desarrollarse y ayudémosle a crecer, pero no lo forcemos, ya que eso podría llevarnos por un camino equivocado» (Ensign, enero de 1983, pág. 53).
Al incluir a las jovencitas en el planeamiento de charlas fogoneras, en grupos de lectura y en, otras formas creativas de compartir el punto de vista, fomentamos el desarrollo que ciertamente percibirán al ‘experimentar con la palabra’. Podemos proveerles la oportunidad de leer juntas, de escribir experiencias individuales y de participar mediante la música, el arte y las palabras de testimonio. Podemos testificar v estar disponibles para prestarles ayudaí
Unas cuantas presidentas de Mujeres jóvenes de barrio se lamentaban de que, después de haber empezado con mucho entusiasmo, y habiendo pasado unas cuantas semanas tratando de ‘experimentar con la palabra’, necesitaban un «refuerzo» de energía. Aquí es donde las palabras «con gran diligencia» cobran gran significado. Debemos continuar planeando, con un propósito definido, actividades que se centren en las Escrituras, le incluso leerlas nosotras mismas! Entre un grupo de líderes de barrio que habían hecho el cometido de leer, una hermana líder de las Mujeres Jóvenes comentó: «Me cuesta admitirlo; pero esto es muy difícil para mí». Era obvio que otras hermanas se sintieron agradecidas por su sinceridad, ya que luego expresaron algunas de sus propias dificultades y la necesidad de establecer metas que sea posible lograr. Ciertamente, las jovencitas de ese barrio recibirán apoyo y sugerencias muy prácticas de los líderes que hayan tenido que luchar por desarrollar la paciencia y la diligencia.
Por último, debemos tener fe en que Jesús conmoverá el corazón de las jóvenes a medida que juntas trabajemos hacia nuestra celebración mundial. La fe siempre motiva a la acción. En Juan 7:17, se nos ofrece la esperanza de que cualquier jovencita «que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios». (Quizás ustedes no lo interpreten de la misma manera, pero creo que Nefi lo aprobaría, ya que él, también, aplicaba las Escrituras a sí mismo.) Los proyectos de servicio y del progreso personal verdaderamente cultivan la palabra, o sea, la doctrina. Nuestro esfuerzo por vivir el evangelio en verdad apoya nuestros esfuerzos por conocer y cultivar la palabra de Dios.
Y ciertamente nuestra fe debe incluir oraciones por nuestras jóvenes, para que tengan éxito en sus esfuerzos por progresar; también debemos orar con ellas. Mi padre compuso una pieza que incluye esta oración para cada una de nosotras:
Oh, Señor, anhelo oír Tu palabra,
que en Tu misericordia me concedes.
Ábreme el corazón, para que lo
eleve a Ti.
hiena mi espíritu con el deseo de
buscarte.
Haz que mis oídos sordos oigan;
Haz que mis ojos ciegos vean.
Multiplica mi regocijo, que mi gozo
sea en Ti;
oh, Santo de Israel, para santificar
Tu nombre.
(Merrill Bradshaw, «The Restoration» [La Restauración].)
En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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