Conferencia General Octubre 1996
Cristo Junto Al Estanque De Betesda
Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
“Cada uno de nosotros debe contestar la misma pregunta: ¿Que pues, haré de Jesús? El mismo nos ha dado la repuesta: ‘Seguidme’.”
Una de las galerías mas famosas del mundo es la Galería Nacional de Arte que se sitúa al lado de “Trafalgar Square” (la Plaza Trafalgar) en la ciudad de Londres, Inglaterra. En la galería se exhiben muchas obras de arte de valor inestimable.
Hace sólo unas semanas, mi esposa Frances, y yo visitamos dicha Galería y admiramos las inspiradas obras ilustres que se desplegaban ante nosotros, las que impresionaron nuestro corazón. Una gran pintura ocupaba la mayor parte de la pared de uno de los salones: una obra incomparable de Bartolomé Esteban Murillo, que concluyó en el año 1670 y que se titula “Christ Healing the Paralytic at the Pool of Bethesda” (Cristo sanando al paralítico junto al Estanque de Betesda). Los siglos no han empañado su belleza, ni apagado su encanto ni disminuido el impacto que produce.
Al contemplarla, no podía quitarle los ojos de encima, ni tampoco podía pensar en otra cosa. Me sentí transportado en el tiempo mientras veía al lisiado apoyado sobre su tosca muleta, con los brazos extendidos y las palmas de las manos vueltas hacia arriba, al apelar al Salvador del mundo. Las palabras y los pensamientos que se expresan en el libro de Juan cruzaron por mi mente y las comparto con ustedes en esta ocasión:
“Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
“En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
“Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
“Y había allí un hombre que hacia treinta y ocho años que estaba enfermo.
“Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
“Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
“Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
“Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo”1.
Finalmente, después de reflexionar en lo que decían estos versículos, salí del salón en donde me había imaginado la escena que representaba la obra. Aun así, el impacto que me produjo esa obra maestra permaneció imborrable en mi alma.
Desde entonces he pensado en la majestuosidad del mandato del Maestro, en la ternura de Su corazón y en el gozo indescriptible que Su acción le otorgó al enfermo.
Tan sólo con pensar en ti
me lleno de solaz,
y por tu gracia, oh Jesús,
veré tu santa faz..
Jamas el hombre oirá
tan melodioso son
como tu nombre, oh Jesús;
tu das la salvación.
¿Nos acordamos de la pregunta que hizo Poncio Pilato mientras les hablaba a los que derramarían la sangre de Jesús y le daría fin a Su vida terrenal? “¿Que, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!”3. Y así aconteció.
Cada uno de nosotros debe contestar la misma pregunta: ¿Que, pues, haré de Jesús? El mismo nos ha dado la respuesta “Seguidme, y haced las cosas que me habéis visto hacer”4.
La misión terrenal de nuestro Señor fue predicha por los santos Profetas, así como Su nacimiento. Por generaciones, la humanidad ilustre, tanto del viejo como del nuevo mundo, buscó con anhelo el cumplimiento de las profecías anunciadas por hombres justos inspirados por el Dios Todopoderoso. Seguir leyendo



Presidente Boyd K. Packer







Del devocional mundial para jóvenes adultos “Como llegar a ser una verdadera generación del milenio”, que se llevó a cabo en la Universidad Brigham Young – Hawái el 10 de enero de 2016. Para leer el texto completo, vaya a 

“Cuando suceden cosas difíciles en nuestra vida, ¿cuál es nuestra reacción inmediata? ¿Es confusión, o duda, o renuncia espiritual? ¿Representa un golpe para nuestra fe? ¿Culpamos a Dios o a los demás por nuestras circunstancias? ¿O es nuestra primera reacción recordar quienes somos, que somos hijos de un Dios amoroso? ¿Viene eso acompañado de una confianza absoluta en que Él permite algo de sufrimiento en la tierra porque sabe que eso nos bendecirá, como un fuego purificador, para que lleguemos a ser como Él y obtengamos nuestra herencia eterna?”.




























