– Sesión General de Mujeres 24 de septiembre 2016
Conferencia General Abril 1995
El esfuerzo ha valido la pena
Melanie Eaton
Barrio Leland, Estaca Spanish Fork Oeste, Utah
«La guía que recibo al escudriñar [las Escrituras] ejerce una serena influencia en mí y me brinda paz en mis actividades cotidianas».
Soy corredora de pista y a campo traviesa, y, muchas veces, casi cinco kilómetros de carrera en terreno escabroso pueden parecer una eternidad. Pero he aprendido a perseverar hasta el fin, a tolerar el esfuerzo arduo y a sobrellevar muchos problemas físicos y emocionales. En ocasiones, tenía deseos de abandonar la carrera o el agotador entrenamiento, pero tuve que perseverar hasta el fin, tanto mental como físicamente. He llegado a la conclusión de que no obstante lo difícil que fuese la carrera o terminar una sesión de entrenamiento, nada se compara con la satisfacción de saber que no me di por vencida.
En 3 Nefi, capítulo 15, versículo 9, están estas palabras de Jesús a los nefitas:
«He aquí, yo soy la ley y la luz. Mirad hacia mí, y perseverad hasta el fin, y viviréis; porque al que perseverare hasta el fin, le daré vida eterna».
El concepto de perseverar hasta el fin se puede también aplicar al estudio de las Escrituras. Para ,mí, no todo el tiempo me ha sido fácil hacerlo, ya que siempre me han resultado muy difíciles de entender; el terreno ha sido demasiado escabroso, por así decirlo. En las clases de seminario se me alentaba a que formara el hábito de leer diez minutos por día; se me aseguró que, a la larga, eso sería de gran beneficio para mí. De modo que comencé el «entrenamiento»; cada vez que leía el Libro de Mormón, encontraba diferentes mensajes relacionados con los problemas que en ese momento enfrentaba en la vida. Eso me llenó de emoción, y esta noche espero comunicarles ese entusiasmo.
Sé que es difícil; todas pasamos por lo mismo, pero les aseguro que si abren las Escrituras todos los días y las leen, adquirirán ese mismo entusiasmo y testimonio. Una de las bendiciones más grandes es la de acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo.
Las Escrituras también me han proporcionado la forma de recibir la inspiración del Espíritu Santo para tomar diariamente decisiones correctas. En 2 Nefi, capítulo 32, versículo 3, dice:
«Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo; por lo que declaran las palabras de Cristo. Por tanto, os dije: Deleitaos en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer.»
En tanto que persevere hasta el fin y haga de la lectura de las Escrituras un hábito para toda la vida, podré decir como Pablo:
«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7).
Les testifico que el esfuerzo ha valido la pena. Me encanta el Libro de Mormón y las verdades que encierra. Me ha llevado algunos años, y me llevará muchos más, aprender la forma de aplicar las Escrituras a mi vida diaria, pero la guía que recibo al escudriñarlas ejerce una serena influencia en mí y me brinda paz en mis actividades cotidianas. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Abril 1995
Las responsabilidades de los pastores
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
«Les pedimos que se concentren en los principios salvadores del evangelio que son sencillos, sublimes y que alimentan el espíritu. Les rogamos que continúen firmes.
Mis queridos hermanos del sacerdocio, me hace sentir muy humilde la experiencia de percibir la maravillosa fuerza que se ha reunido aquí y en muchos edificios por todo el mundo. Esta noche, honramos el nombre del presidente Howard W. Hunter por su vida y su ministerio, y por todo lo que aprendimos de él. Dios bendiga su memoria.
Hermanos, confieso que no me siento totalmente cómodo en el llamamiento que he recibido. Suplico, con toda humildad, su fe y oraciones. Si no tuviese la absoluta convicción de que «el hombre debe ser llamado por Dios» (Artículo de Fe 5) a cualquier puesto en la Iglesia, no podría servir ni una hora en este llamamiento. Expreso mi profundo agradecimiento al presidente Gordon B. Hinckley por el honor y la confianza que me ha demostrado en llamarme como su Segundo Consejero. Él cuenta con mi total lealtad y apoyo.
Tal como lo exprese en la conferencia de prensa el lunes 13 de marzo de este año, durante cuarenta años he tenido el gran privilegio de relacionarme con el presidente Gordon B. Hinckley en diversas asignaciones de la Iglesia. Conozco los deseos de SU corazón, de su alma; se en cuanto a SU fe, su dedicación, SU gran capacidad. Se dé su amor por el Señor y por la obra sagrada de Dios. Siento un gran afecto personal y respeto por cl. Sé también que ha sido preordinado y preparado de manera maravillosa para ser el Presidente de esta Iglesia en nuestros días.
Mi amistad con el presidente Thomas S. Monson también ha sido larga y fructífera. Hemos trabajado hombro a hombro durante muchos años en diversos cargos; su mente y su memoria son únicas; su fe, sencilla y absoluta. El presidente Monson es un hombre de gran estatura, pero lo más grande que tiene es el corazón. Posee un enorme talento. Me siento muy honrado de trabajar con el presidente Hinckley y el presidente Monson. Tengo profundo respeto y admiración por el presidente Packer, cada uno de los miembros de los Doce, y por todas las Autoridades Generales. Y le doy la bienvenida al hermano Eyring a la hermandad del Santo Apostolado.
Esta noche quisiera dirigirme a los poseedores del Sacerdocio de Dios en SU oficio de pastores del Señor. El élder Bruce R. McConkie dijo esto:
«Cualquier persona que trabaja en la Iglesia en un cargo en el que sea responsable del bienestar espiritual o temporal de cualquiera de los hijos de Dios es un pastor de esas ovejas. El Señor hace a Sus pastores responsables de la seguridad [o sea, la salvación] de Sus ovejas» (Mormón Doctrine, Salt Lake City: Bookcraft, 1966, pág. 710).
Un poseedor del sacerdocio tiene esa gran responsabilidad, ya sea como padre, abuelo, maestro orientador, presidente del quórum de élderes, obispo, presidente de estaca, o en cualquier llamamiento de la Iglesia
Para empezar, me dirijo a los jovencitos del Sacerdocio Aarónico. Cuando yo era niño, una vez mi padre encontró un corderito perdido en el desierto. El rebaño en el que se encontraba su madre se había ido a otro lado y, de alguna manera, el corderito había quedado separado de la oveja; quizás el pastor no se había dado cuenta de que el animalito se había extraviado. Puesto que no hubiera sobrevivido en el desierto, mi padre lo recogió y lo llevo a casa. El haberlo dejado allí hubiera significado una muerte segura, ya fuera que cayera víctima de los lobos o muriera de hambre, porque era tan pequeño que aun necesitaba leche. Mi padre me dio el animalito y yo me convertí en su pastor. Seguir leyendo
1º de mayo de 2016
La verdad restaurada
Élder Richard J. Maynes
De la Presidencia de los Setenta
Una velada con el élder Richard J. Maynes
Devocional mundial para Jóvenes Adultos • 1º de mayo de 2016 • Tabernáculo de Salt Lake
Hermanos y hermanas, me encanta oír sobre la conversión de Nancy, mi esposa y de lo mucho que la primera visión de José Smith y el Libro de Mormón influyeron en su testimonio y conversión iniciales. Siempre he estado agradecido por la oportunidad que tuve de desempeñar un papel misional al presentarle el Evangelio de Jesucristo durante varios años después de mi misión de tiempo completo. Como se imaginarán, me siento muy feliz de cómo salió todo bien para ambos. Nuestra Iglesia y la vida familiar significan todo para nosotros.
Agradezco sinceramente esta asignación de la Primera Presidencia de dirigirme a ustedes esta tarde. Siento que es importante que ustedes sepan que he sentido la influencia y los susurros del Espíritu Santo durante la preparación de este mensaje y espero que lo que comparta sea de beneficio espiritual para ustedes.
La restauración de la plenitud del evangelio de Jesucristo en los últimos días la han previsto y predicho los profetas a lo largo de la historia. Debido a ese hecho, la restauración del evangelio de Jesucristo no debe sorprender a quienes estudian las Escrituras. Existen decenas y decenas de declaraciones proféticas a lo largo del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, y del Libro de Mormón que predicen y señalan claramente hacia la restauración del Evangelio. Ejemplos del Antiguo Testamento se encuentran en Deuteronomio1, Isaías2, Jeremías3, Ezequiel4, Daniel5, Amós6 y Malaquías7. Ejemplos del Nuevo Testamento se encuentran en los libros de Mateo8, Marcos9, Hechos10, Romanos11, Efesios12, 2 Tesalonicenses13 y Apocalipsis14. Muchas otras profecías que señalan hacia la restauración del evangelio de Jesucristo se encuentran en todo el Libro de Mormón, en 1 Nefi15, 2 Nefi16, Jacob17y 3 Nefi18.
Uno de mis ejemplos favoritos de esas profecías en cuanto a la Restauración proviene del libro de Daniel en el Antiguo Testamento. El rey Nabucodonosor de Babilonia sitió y conquistó Jerusalén aproximadamente en el año 586 antes de Cristo. Después de conquistar Judá, el rey Nabucodonosor dio instrucciones a uno de sus jefes, de nombre Aspenaz, para que reuniera a algunos de los hijos de Israel para que sirvieran en su palacio como asesores. El rey mencionó que ese grupo selecto de personas debían ser “aptos para toda sabiduría, y sabios en ciencia, y de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey”19.
Entre ese grupo selecto estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Recordarán que al estar cautivos, a esos jóvenes se les dieron nuevos nombres babilonios: Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego como parte de un intenso adoctrinamiento en la cultura babilonia.
El rey Nabucodonosor tuvo la oportunidad de consultar a esos cuatro jóvenes judíos. En las Escrituras se nos dice que “sobre todo asunto de sabiduría y de entendimiento que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”20.
Una noche, mientras el rey dormía, tuvo un sueño que lo perturbó y quiso saber la interpretación del mismo. Decidió poner a prueba a sus asesores y les hizo una petición sumamente fuera de lo común. Llamó a sus magos, astrólogos y adivinos y les mandó que primero le dijeran el sueño y que luego lo interpretaran. La petición era muy importante para él. El rey Nabucodonosor les dijo: “… si no me decís el sueño y su interpretación, seréis descuartizados”21.
Cuando los hombres sabios del rey no le pudieron dar a conocer el sueño y, obviamente no pudieron interpretarlo, él se enojó sobremanera y ordenó que todos los sabios de Babilonia fuesen destruidos, incluyendo a Daniel y a sus compañeros. Daniel, sin embargo, fue capaz de concertar una audiencia con el rey y lo convenció para que le diera un poco de tiempo y él le interpretaría el sueño.
Daniel volvió a casa y compartió la noticia con sus compañeros. Le pidieron al Señor que les revelara el secreto de la visión del rey para que ellos y el resto de los sabios de Babilonia no perecieran. En las Escrituras se encuentra el resultado de esa súplica: “Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo”22. Seguir leyendo
1º de mayo de 2016
Encontrar mi propósito
Nancy J. Maynes
Una velada con el élder Richard J. Maynes
Devocional mundial para Jóvenes Adultos • 1º de mayo de 2016 • Tabernáculo de Salt Lake
Estoy muy feliz de estar aquí esta tarde con mi esposo, y estoy agradecida por la oportunidad de dirigirles la palabra.
Cuando primeramente mi esposo me dijo que iba a hablar sobre la restauración del Evangelio, en particular sobre la primera visión de José Smith, comentamos sobre el impacto que ese tema había tenido en mi vida, y la forma en que mi experiencia podría tener una influencia positiva para fortalecer la fe de ustedes.
Soy conversa a la Iglesia, y me gustaría compartir con ustedes mi más preciada experiencia: la historia de mi conversión.
Crecí en un hogar lleno de amor, y tengo padres maravillosos. No íbamos a la iglesia a menudo, pero por ser miembros de la Iglesia Presbiteriana, siempre íbamos en Navidad y en la Pascua de resurrección, y a veces mi madre me llevaba a la Escuela Dominical. Allí es donde obtuve por primera vez mi testimonio del Salvador. Me encantaba oír las historias sobre Jesús y sabía que Él era algo especial.
De niña sentía la necesidad de decir mis propias oraciones antes de acostarme por la noche. Sabía que el Padre Celestial me escuchaba.
Luego de cumplir 20 años, salía en citas con chicos y pasaba por muchas de las frustraciones, desilusiones y desalientos que a veces ocurren al salir en citas. Tal vez algunos de ustedes han tenido esos mismos sentimientos, pero hay una diferencia. Uno tiene el evangelio de Jesucristo en su vida y eso es una gran bendición; el Evangelio da propósito y fuerza; da esperanza. En ese punto de mi vida, sabía que faltaba algo; sentía que no tenía ningún verdadero propósito ni dirección en mi vida. Empecé a ir a diferentes iglesias con la esperanza de encontrar algunas respuestas. Buscaba algo que le diera significado a mi vida, pero no sabía dónde encontrarlo.
Un día particularmente difícil, decidí que diría una oración; de modo que me arrodillé a un lado de mi cama, algo que por lo general no hacía, y le hablé con fervor al Padre Celestial, pidiéndole que me ayudara y le diera dirección a mi vida. Me sentí un poco mejor y seguí adelante con mis actividades diarias normales.
Unos días más tarde recibí la respuesta a mi oración, cuando un exmisionero llegó a mi vida; se llamaba Richard John Maynes. Me pidió salir con él e hizo lo que hacen los buenos exmisioneros: me preguntó si sabía algo sobre la Iglesia y si alguna vez había leído el Libro de Mormón.
Al poco tiempo me dio una copia del Libro de Mormón para que lo leyera. Empecé a leerlo y una cosa que de inmediato me llamó la atención fue la portada, donde decía: “El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo”. No tenía idea de que el Libro de Mormón tratara sobre Jesús.
También empecé a tomar las lecciones misionales, y una luz se encendió en mi vida. Cuando los misioneros me enseñaron sobre el joven José que recibió la visita de Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, que eran dos seres distintos, me pareció que era verdad, como algo que siempre había sentido y creído, pero no era lo que enseñaban en mi iglesia. La Primera Visión fue una parte importante de mi conversión; sentí una conexión con José Smith porque él tenía la misma pregunta que yo tenía: ¿Dónde puedo encontrar la verdad? El Padre Celestial le contestó a él su sincera oración, y contestó la mía. Seguí tomando todas las lecciones y sabía en mi corazón que lo que se me enseñaba era cierto.
El exmisionero Richard John Maynes me bautizó ese verano; Seguimos saliendo juntos, y un año más tarde nos casamos en el Templo de Manti, Utah. Seguir leyendo
Conferencia General Octubre 1993
Un vuelo eterno lleno de gozo
Élder Hugh W. Pinnock
De los Setenta
«La dirección que tomen en el vuelo de su juventud determinará el lugar donde aterrizarán cuando sean adultos.»
Esta noche deseo dirigir mis palabras a los varones jóvenes que me escuchan junto con su padre, con el asesor del quorum, con el obispo y con sus amigos.
A muchos de nosotros nos fascina la aeronáutica. Los pilotos siguen cierto procedimiento para despegar con confianza, sobrevolar la tierra pacíficamente o explorarla desde la atmósfera sintiéndose seguros, y regresar aterrizando sin accidentes. Ya sea que pilotee un avión monomotor o que dirija el vuelo de un transbordador espacial que puede dar una vuelta alrededor del mundo en noventa y dos minutos, todo piloto tiene una lista de verificación que revisa cuidadosamente a fin de asegurarse de que el aparato funcione bien.
Sea que nos refiramos a un avión de combate (Hornet F—14 o F—18) que se lanza rugiendo hacia los cielos desde el portaviones, a un avión fumigador que vuele a poca altura sobre las granjas de los estados de Washington o Kansas, o al transbordador espacial Discovery volando en el espacio, lanzando satélites y haciendo experimentos científicos, siempre se sigue el mismo procedimiento. El piloto y los miembros de la tripulación examinan antes del despegue una lista de verificación detallada para cerciorarse de que todo esté en orden.
Cada uno de ustedes es mucho más importante que cualquier avión; por lo tanto, sería prudente que examinaran y proyectaran su propia lista de verificación antes de lanzarse al espacio de la vida que les quede por delante. Al dirigirse en ese vuelo hacia una eternidad feliz, les sugiero que examinen a menudo cinco elementos. ¡Piensen que a algunos de ustedes les quedan todavía ochenta años o más de vida! Tendrán un futuro muy promisorio si se preparan y se concentran en lo que es importante.
El primer artículo en la lista de verificación es el sacerdocio. Comprendan y utilicen de verdad el sacerdocio que poseen; hónrenlo, dense cuenta de su poder. Piensen que el Sacerdocio Aarónico que poseen es el sacerdocio preparatorio que los guía hacia el Sacerdocio de Melquisedec. Por el poder del Sacerdocio de Melquisedec, el Hijo Unigénito creó innumerables mundos (véase Hebreos 1:2; D. y C. 76:24; Moisés 1:33) siendo el Jehová de la época preterrenal; y luego, como nuestro Salvador Jesucristo, llevó a cabo muchos milagros en la tierra. Un sabio líder del sacerdocio ha afirmado que éste es el momento de su vida en que deben ponerse en acción a fin de convertirse después en el hombre que deben llegar a ser. Seguir leyendo
Como de costumbre el tren hacia su recorrido, pero esta vez fue testigo de una historia cargada de una gran emoción.
En él viajaba un joven que tenía su rostro entre las manos. Cuando se dejaba ver, se percibían las huellas de tristeza, dolor y preocupación.
Un señor mayor que estaba sentado frente a él, le pregunto cuál era el motivo de su turbación. El joven comenzó a relatarle su historia: – «En mi adolescencia, no repare en los consejos de mi madre y en una de mis andanzas, maté a una persona. Fui juzgado y condenado a diez años de prisión, cumplí la sentencia en una cárcel lejos de mi casa. Nadie me visito, ni me escribió durante ese tiempo y todas las cartas que envié no tuvieron respuestas.
Unos meses atrás, cuando supe que me iban a liberar le escribí a mi madre una carta pidiéndole perdón por no haber tenido en cuenta sus consejos, y le comuniqué que en pocos meses saldría en libertad, que deseaba regresar a casa, además quería saber si ella me perdonaría.
Continuó diciendo: – No sé si me estarás esperando, pero si lo vas hacer te pido que me des una señal. ¿Te acuerdas del naranjo que está en la estación de trenes? Si me has perdonado y aceptas que regrese a casa, pon una cinta amarilla en ese árbol, cuando esté llegando, si la veo, me bajaré, de lo contrario seguiré de largo.
Mientras tanto el tren se acercaba a la estación en la que debería bajar. El joven con mucho temor le pidió a su compañero de viaje, que mirara por él, mientras se tapaba su rostro.
El tren comenzó a disminuir su marcha, cuando de repente, el señor que estaba mirando por la ventanilla, gritó lleno de alegría: — ¡Mira, mira…! Alzando los ojos surcados por las lágrimas, el joven no podía creer lo que estaba viendo, contempló el espectáculo más hermoso que podían ver sus ojos. El naranjo no tenía una cinta amarilla, tenía cientos y no solo eso, todos los árboles del pueblo estaban colmados de cintas amarillas. No solo su madre, sino sus amigos y conocidos le querían demostrar que lo habían perdonado. Cientos de personas le dieron una cariñosa bienvenida.
Quiero que sepas que hay una persona llamada Jesús, que como la madre y los amigos del joven de la historia, puede perdonarte hasta el acto más aberrante que hayas cometido. Muchas veces escuchamos decir a las personas, —«No tiene perdón de Dios»— Sí… claro que lo tiene. Hasta el personaje más siniestro que el mundo haya conocido puede alcanzar el perdón de Dios. ¡Quita esta mentira de tu mente, solo debes arrepentirte y recibirás Su misericordia!
Te parecerá extraño, pero así es el Señor. ¿Sabes por qué? Porque Él es amor, y nos ama a pesar de lo miserable que podemos ser. Su misericordia… es infinita…
«El joven de la historia tenía miedo de no ser perdonado, por eso pidió una señal. Cuando pidas perdón a Dios, jamás tengas temor, antes de que tú se lo pidas, todos los árboles del cielo, ya están repletos de cintas amarillas»
Conferencia General Abril 1992
Apacentemos el rebaño de Cristo
Elder Alexander B. Morrison
De los Setenta
«Los siervos fieles nutren concentrando sus esfuerzos en los personas, individualmente. Dios ama a cada uno de nosotros, en forma individual.»
Una de las tragedias continuas de la sociedad nefita fue su incapacidad de mantener la fortaleza espiritual por medio de un constante cultivo del espíritu. A medida que la fortaleza empezó a disminuir, rápidamente comenzaron a sentirse los efectos de la falta de alimento espiritual. En el libro de Mosíah leemos que durante un período en que hubo relativa fortaleza espiritual, «otra vez empezó a haber mucha paz en el país… Y el Señor los visitó y los hizo prosperar (Mosíah 27:6-7).
Sin embargo, sólo unos pocos años más tarde la Iglesia estaba llena de iniquidad. En el capítulo 4 de Alma leemos:
«Y así, en este octavo año del gobierno de los jueces, empezó a haber grandes contenciones entre los de la iglesia; si, había envidias y contiendas, malicia, persecución y orgullo, aun en exceso del orgullo de aquellos que no pertenecían a la iglesia de Dios.
«…y la iniquidad de los de la iglesia fue un gran tropiezo para los que no pertenecían a ella; y así la iglesia empezó a disminuir en su progreso» (Alma 4:9-10).
La lección que aprendemos con esto es clara: si no recibimos en forma constante el alimento espiritual que necesitamos a diario, pronto, tanto la sociedad como sus miembros individualmente, estaremos en terribles dificultades, privados de la protección de Dios y apartados de las influencias sanadoras del Espíritu. Al igual que aquellos que, con el cuerpo debilitado por la falta de nutrición, pueden contaminarse rápidamente con enfermedades infecciosas, si nos debilitamos espiritualmente seremos presa fácil del adversario y de sus legiones de embaucadores y demonios.
¿Cuál es, entonces, la fuente de la nutrición espiritual que necesitamos? ¿Dónde la encontraremos? Como siempre, Jesús nos da la respuesta. A la mujer samaritana le dijo en el pozo de Jacob: «…el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4: 14).
La mujer, sorprendida y sin entender el significado de las palabras del Maestro, y no sabiendo quien era El, exclamó: «Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando cl venga nos. declarara todas las cosas» (Juan 4:25). Entonces Jesús le dijo, con palabras tan serenamente seguras y potentes que todavía resuenan en nuestros oídos dos mil años más tarde: «Yo soy, el que habla contigo» (Juan 4:26; cursiva agregada).
Jesús es, por lo tanto, el agua viva que necesitamos para nutrir constantemente nuestro espíritu.
La condición del Señor como fuente del sustento espiritual que es esencial para nosotros se ilustra más adelante en Su glorioso sermón ante la multitud reunida en Capernaum, según se describe en el sexto capítulo de Juan: «Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás» (Juan 6:35). Seguir leyendo
Revista de la Soc. Soc. Agosto 1966
Como Conservar la Libertad
Por élder Bruce R. McConkie
Del Primer Consejo de los Setenta
“¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?”
De tal manera habló Pablo al centurión mientras los soldados ataban al apóstol con correas y le preparaban para el látigo del verdugo.
Entonces el centurión dijo al tribuno, “¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano”.
¿Eres tú ciudadano romano?”, preguntó el tribuno a Pablo.
“Si”, respondió el apóstol.
“Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía”, dijo el tribuno.
Entonces Pablo dijo: “Pero yo lo soy de nacimiento”. (Hechos 2:25-28).
¡Nacer libre! ¡Nacer en la libertad! ¡Nacer para ser libre! ¡Pablo, un romano, nació heredero de la libertad de un ciudadano romano, reclamando sus derechos y privilegios bajo la ley¡ !El tribuno envidioso de no haber gozado siempre de esa bendición, se regocijaba aún de haber sido admitido como ciudadano del imperio, dándole derecho también de disfrutar de sus leyes y de la libertad de su sistema de vida establecido!
Cuán semejante a este ejemplo es la situación de los ciudadanos del reino terrenal de Dios, algunos nacidos dentro de la Iglesia, otros adoptados por medio de las purificantes aguas del bautismo, pero todos herederos de la libertad; su evangelio es la ley de la libertad; y mediante el liberal ejercicio de este don divinamente concedido a los santos, éstos heredan las bendiciones de su reino.
En la existencia preterrenal, todos los hijos espirituales de Dios estaban investidos con el libre albedrío, la libertad de elegir, la cual si es empleada sabiamente, les permitiría progresar y llegar a ser como su Padre.
Cuando el Padre presentó su plan de salvación a sus hijos espirituales, les preguntó “¿A quién enviaré para que sea mi hijo, el que por medio de su ministerio e infinita expiación impondrá las condiciones y obligaciones del plan de salvación?”
Hubo dos voluntarios. Jesús, el Unigénito, se le acercó y con gozosa intención dijo: “Heme aquí, envíame. Seré tu hijo, Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre”. Pero Lucifer, el hijo de la mañana, “intentó destruir el albedrío del hombre” propuso: “Heme aquí envíame. Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra”.
Por consiguiente el Señor dijo, “Enviaré al primero”; Lucifer se rebeló; “hubo una gran batalla en el cielo”; y aquellos espíritus que temieron las pruebas y aflicciones del libre albedrío establecido en la vida mortal, fueron arrojados de los cielos. Y aquí en la tierra continuaron la batalla contra la libertad, la guerra cuyo propósito es “destruir el albedrío del hombre”, la guerra contra aquellos que “guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” (Moisés 4: 1-4; Abraham 3: 22-28; Apocalipsis 12: 7-17). Seguir leyendo
El ser padres es un deber sagrado
Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Nuestro Padre Celestial estableció familias para ayudarnos a enseñar principios correctos en un ambiente de amor. El presidente Thomas S. Monson dijo: “Haz un cumplido a tu hijo y dale un abrazo; dile: ‘te quiero’ más a menudo; siempre da las gracias. Nunca permitas que el problema que se deba resolver sea más importante que la persona a quien amar”1.
Susan W. Tanner, expresidenta General de las Mujeres Jóvenes, enseñó: “Nuestro Padre Celestial ejemplifica el modelo que debemos seguir; Él nos ama, nos enseña, es paciente con nosotros y nos confía nuestro albedrío… A veces, la disciplina (que significa enseñar) se confunde con la crítica. Los niños (así como las personas de todas las edades) mejoran su conducta con el amor y el aliento en vez de la crítica”2.
“… si fielmente llevamos a cabo la oración familiar, el estudio de las Escrituras, la noche de hogar, damos bendiciones del sacerdocio y guardamos el día de reposo”, dijo el élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “nuestros hijos… estarán preparados para un hogar eterno en el cielo, sin importar lo que les suceda en un mundo difícil”3.
Escrituras adicionales
1 Nefi 8:37; 3 Nefi 22:13; Doctrina y Convenios 93:40; 121:41
Relatos de la vida real
“… estaba leyendo el periódico cuando uno de mis nietecitos se acurrucó a mi lado”, dijo el élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Mientras leía, me dio gusto escuchar su dulce voz charlar en el fondo. Imagínense mi sorpresa cuando, unos momentos después, se puso entre el periódico y yo, me tomó de la cara y con la nariz puesta contra la mía me preguntó: ‘¡Abuelo! ¿Estás ahí?’…
“Estar ahí significa comprender el corazón de los jóvenes y conectarse con ellos; y conectarse con ellos significa, no solo conversar con ellos, sino también hacer cosas juntos…
“Debemos planificar y aprovechar momentos de enseñanza…
“Cuanto más vivo, más reconozco que los momentos de enseñanza de mi juventud, especialmente los que tuve con mis padres, han moldeado mi vida y me han hecho quien soy”4.
Considere lo siguiente
¿Por qué se enseña mejor el Evangelio mediante el lenguaje y el ejemplo de amor?
Septiembre 2016
El canto Mabdele la hermana
Por R. Val Johnson
La pasión de la hermana Mabel por el canto era fastidiosamente desbordante.

Mi mejor amigo me dio un codazo en el costado para que dejara de reírme; después de todo, estábamos en la reunión sacramental, cantando el himno sacramental.
Pero era difícil no reírse, y a Pat le estaba costando tanto como a mí.
Teníamos quince años y lo sabíamos todo; sabíamos que todos los miembros de nuestro barrio tenían que ser perfectos… pero no lo eran; sabíamos que los discursos de la reunión sacramental tenían que ser inspiradores… pero la mayoría eran aburridos; y sabíamos que la peor cantante del mundo se sentaba entre nosotros, arruinando los himnos que se suponía debían dirigir nuestros pensamientos hacia los cielos… pero que por lo general los dirigían hacia el lado opuesto.
Solo podíamos taparnos los oídos y retorcernos de dolor. De vez en cuando, la risa parecía ayudar.
No estábamos seguros si la hermana Mabel (que era su nombre de pila y el único que recuerdo que todos usaran para referirse a ella) sabía que era un suplicio oírla cantar y le daba igual, o si era totalmente ajena al efecto que su modo de cantar tenía en el resto de nosotros. Es muy probable que nadie hubiera tratado el tema con ella nunca. Aunque de edad avanzada, era una mujer imponente; no por su tamaño, sino por su energía. Todo lo que hacía era lleno de vigor y ruidoso, especialmente su canto.
Su pasión por el canto hallaba expresión no solo en la congregación, sino también en el coro de nuestro barrio, donde su entusiasmo se desbordaba. Aunque no recuerdo que refrenara su canto en la congregación, en el coro le daba rienda suelta, elevándose hacia alturas y profundidades que dudo que ninguna diva del mundo haya alcanzado jamás… o que haya deseado hacerlo.
Bueno, eso fue hace mucho tiempo; en los años que han pasado desde entonces, la hermana Mabel ha fallecido. Pat y yo hemos seguido cada uno nuestro camino y, al menos yo, he descubierto que a los quince años no sabía tanto como creía. Creo que he aprendido varias cosas sobre la vida —y sobre el canto— a lo largo de los últimos cincuenta años.
He aprendido que la vida se debe vivir con pasión y energía; cada minuto es un tesoro, y una vez que pasa, se va para siempre y solo queda débilmente reflejado en la memoria. He aprendido que cuando se va a prestar servicio a otras personas, o a adorar al Señor, la manera más feliz y eficaz de hacerlo es con todo el gozo y la energía que uno tenga.
He aprendido que ninguna persona de este lado del velo es perfecta. Todo lo que el Señor nos pide es nuestro corazón, alma, mente y fuerza, al grado que podamos ofrecerlos. Él acepta nuestras desbordantes ofrendas, por imperfectas que sean, como la medida plena de nuestra devoción.
Es irónico, supongo, que haya descubierto también que no canto mejor de lo que cantaba la hermana Mabel. Espero que los miembros de mi barrio tengan más caridad hacia mí de la que yo tuve hacia ella. Si aún estuviera aquí, la invitaría a que cantara para mí; añoro su voz angelical.
Septiembre 2016
Fe, justicia y libertad religiosa
Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Tomado del discurso “Religious Freedom and Fairness for All”, pronunciado en la Universidad Brigham Young, el 15 de septiembre de 2015. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.Escuchar
Al aceptar la invitación de tratar a los demás con espíritu de justicia, sentirán que aumenta el amor del Salvador por ustedes y por todos los hijos del Padre Celestial.

Sospecho que para algunos de ustedes quizás la frase “libertad religiosa” se interprete más como “libertad para discriminar”. Deseo hablarles sobre ese punto de vista y ayudarlos a comprender lo que quiere decir la Iglesia cuando habla de libertad religiosa y por qué es de importancia vital para su futuro y para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. También mencionaré ciertas dudas y malentendidos que algunos de ustedes pudieran tener en lo que se refiere a la libertad religiosa.
Tal vez algunos tengan dificultad para comprender la función que tiene la religión en la sociedad, la política y las cuestiones civiles. Puede que algunos se pregunten incluso por qué hay grupos religiosos que toman parte en la política, y a menudo hasta desconfíen de las intenciones de las personas religiosas cuando lo hacen. La voz colectiva de los grupos que consideran que la religión no debería desempeñar un papel en la deliberación política se ha acrecentado en los últimos años.
La oportunidad de participar en el proceso político es un privilegio que se da al pueblo en la mayoría de las naciones. Las leyes y la legislación tienen una función educativa importante en la formación de la cultura social y moral. Es preciso que todo miembro de la sociedad tome parte activa en el diálogo cívico que contribuye a establecer leyes y legislación que sean justas para todos.
Libertad para todos
¿A qué nos referimos cuando hablamos de libertad religiosa? Les contaré las historias de dos personas y, mientras lo hago, quiero que piensen en cómo se sentirían si fueran una de ellas.
La primera es sobre alguien a quien llamaré Ethan. Ethan acababa de comenzar a trabajar en una carrera que siempre había deseado tener y quería causar una buena impresión. Llegaba temprano y se quedaba hasta tarde trabajando; tomaba trabajos extras y su labor era excelente; muchos de sus colegas lo apreciaban y él disfrutaba mucho de su empleo. Un día en que almorzaba con dos compañeros, se sintió suficientemente cómodo con ellos para decirles que era homosexual. Se produjo un silencio incómodo porque ninguno de ellos supo cómo responder; Ethan quedó desilusionado ante la fría actitud de sus colegas y se sintió herido y rechazado.
Después de aquel almuerzo, la situación en la oficina se volvió cada vez más incómoda para él; empezó a sentirse vulnerable y menos apreciado, se encontró excluido de grandes proyectos y de reuniones sociales después del trabajo, y su rendimiento laboral sufrió porque sentía que no encajaba y que no lo querían allí. Después de unos meses, lo despidieron, porque su jefe consideró que su rendimiento no era bueno. A pesar de todas las afirmaciones al contrario, Ethan sabía que lo habían despedido por ser homosexual. Seguir leyendo
Septiembre 2016
Elegir vivir: Cómo vencer los pensamientos suicidas
Nombre omitido
La Luz del Mundo me ayudó a superar las tinieblas de mi depresión estacional.
Mi lucha con pensamientos suicidas comenzó poco después de haberme mudado a una fría ciudad de Islandia, donde la falta de luz solar durante el invierno me provocó un serio trastorno afectivo estacional. Cuando mi angustia se hizo tan intensa que no podía soportarla, empecé a pensar en el suicidio.
Durante el primer año no aceptaba el hecho de estar deprimida; tenía miedo de contarle a alguien, incluso a mi esposo, los pensamientos que tenía. Nadie de mi familia ni de la Iglesia sabía que sufría una enfermedad que podía poner en riesgo mi vida; me veían como miembro activa de la Iglesia, con un testimonio ferviente y sin mayores dificultades que enfrentar. Oraba a menudo, suplicando alivio, y el Padre Celestial me fortalecía. Empecé a tener más cuidado con mi alimentación, hacía ejercicio a menudo, me sumergía en las Escrituras, prestaba servicio a los demás y obedecía todos los mandamientos; pero eso no era suficiente.
La depresión irrumpía en mí como una ola gigantesca; así que me esforzaba más y oraba con mayor devoción, pero no siempre podía huir de la ola. Nadaba contra la corriente, orando para sobrevivir hasta que mis hijos volvieran de la escuela o hasta la hora del almuerzo. Algunos días vivía minuto a minuto, empleando toda mi fuerza de voluntad para vencer mis pensamientos e impulsos.
Recuerdo haber sentido una intensa aflicción mental la primera vez que estuve a punto de cometer suicidio. No lo había planeado ni pensado con anticipación, sino que, por un tiempo, perdí la capacidad de pensar con lógica. Después, me di cuenta lo cerca que había estado de quitarme la vida; no podía comprender qué me pasaba. Me dije a mí misma que no debía tener pensamientos suicidas, hice de cuenta que no los había tenido y me convencí de que nunca volvería a tenerlos.
Pero la idea del suicidio me volvía a la mente cuando menos lo esperaba, y era muy fuerte la tentación de poner fin a aquel insoportable sufrimiento; sin embargo, deseaba curarme. Aunque entonces no entendía que sufría una enfermedad seria (que es grave y súbita), sabía que podía ser sanada; de manera que pedí una bendición del sacerdocio.
Mi esposo, sin saber de mi lucha, me dijo en la bendición muchas cosas que me hicieron comprender que el Padre Celestial estaba al tanto de lo que me pasaba; y me prometió que podría resolver mis dificultades. La solución no fue una curación inmediata, pero acepté el hecho de que el Padre Celestial me iba a ayudar a superar el problema.
Llegó el verano, lleno de sol y con días largos; nunca estaba oscuro, ni siquiera a la medianoche, y yo estaba contenta y sentía que había vuelto a la normalidad. No obstante, al acortarse rápidamente los días en septiembre, volvió la depresión y los pensamientos suicidas se infiltraron otra vez en mi mente. Me asusté mucho. Al principio, traté de hacer lo que había hecho el año anterior: orar más, hacer más ejercicio y esforzarme más en todo; pero los pensamientos suicidas se hicieron más fuertes y más serios. Sostuve esa lucha durante dos meses y finalmente me di cuenta de que no podría sobrevivir otro invierno por mis propios medios; comprendí que el Padre Celestial nos ha bendecido con la medicina moderna y los médicos y que, para recuperarme, era necesario que estuviera dispuesta a hablar abiertamente de mi depresión y consultar con un médico.
Pedir ayuda fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Apenas podía hablar ahogada por las lágrimas cuando le expliqué a mi esposo lo de mi depresión y le dije que necesitaba ayuda; tampoco pude pronunciar la palabra suicidio en voz alta. Mi esposo me consiguió una cita con un psiquiatra.
El médico me recetó un medicamento que me ayudó a pasar el invierno. Como muchas otras personas, me resultó difícil dar con la dosis adecuada y soportar los efectos secundarios; eso ocasionó más tensión en mi matrimonio y en la familia, pero mi esposo y mis hijos me apoyaron.
Cuando llegó la primavera, la depresión profunda se me pasó y no fue necesario tomar más la medicina. Nos mudamos a una ciudad soleada, con lo cual pensé que ya estaba bien y que mi enfermedad mental había quedado atrás; pero no estaba completamente curada. Surgieron en mí sentimientos de culpa por los pensamientos, sentimientos e impulsos que había tenido; me fastidiaba el hecho de que mis hijos adolescentes se hubieran dado cuenta de mi tendencia suicida y, además, sentía que había desperdiciado más de un año de mi vida. Seguir leyendo
Septiembre 2016
“Congregados en mi nombre”
Por Jakob R. Jones
El autor vive en California, EE. UU.
El Señor ha designado los consejos de barrio y de rama para ayudarnos a ministrar en amor y unidad.

No hace mucho asistí a la noche de hogar de una familia a la que quiero mucho: un marido joven, su esposa y su pequeña hija. Ya que era su obispo, había ido a su hogar obedeciendo en parte una impresión del Espíritu, y en gran parte la inspiración de la madre y de la hermana de ese joven padre que se sentían preocupadas y que también estaban presentes. El Señor había estado obrando con esa familia para realizar grandes cambios en la vida de ellos y traerlos de regreso a las bendiciones del Evangelio y de la Iglesia; pero algo había sucedido ese día.
Durante meses, ese joven padre había estado sumamente preocupado por proveer de lo necesario para su familia. En poco tiempo se quedaría sin empleo, y él y su esposa estaban tratando de decidir si debían mudarse con la familia a otro estado, lo que significaría grandes cambios para la familia. Ese mismo día, el padre se había enterado de que no recibirían la ayuda financiera que habían esperado con gran anhelo; fueron noticias devastadoras.
Cuando llegué a su apartamento, me percaté del profundo desaliento que denotaba su rostro. La responsabilidad de proveer para una familia y las noticias desalentadoras recaían pesadamente sobre los hombros de ese joven padre.
Para la lección, su esposa había elegido un capítulo de las Escrituras que los ayudara con las preocupaciones por sentirse abrumados. El padre leyó el capítulo entero. Quizás reconozcan estas palabras de Isaías 55:
“Oh los sedientos, ¡venid a las aguas! Y los que no tienen dinero, ¡venid, comprad y comed! Venid, comprad sin dinero y sin precio…
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová” (Isaías 55:1, 8).
Luego, la familia habló sobre lo que esos versículos significaban para ellos. El Espíritu del Señor llenó ese pequeño apartamento a medida que esa noche de hogar se convirtió en un consejo familiar. Ese joven padre habló de sus temores, preocupaciones y deseos, y todos manifestaron el amor y la preocupación que sentían el uno por el otro. Hablaron acerca de qué hacer, qué opciones tenían y qué medidas tomar.
Fue una conversación muy abierta y hubo algunos desacuerdos, pero sentí la impresión de simplemente escuchar y observar. Por último, el esposo y la esposa, unidos, decidieron que tomarían la decisión con la ayuda del Señor por medio de la oración, tras lo cual brindé palabras de apoyo y aliento.
El modelo de revelación del Señor
Son pocas las veces que puedo recordar en las que haya reconocido el Espíritu del Señor con más fuerza que en ese pequeño apartamento aquella noche con aquella familia humilde que estaba pasando por dificultades. Fue el cumplimiento de la promesa que el Señor dio a Sus discípulos hace mucho tiempo: “Donde estén dos o tres congregados en mi nombre, respecto de una cosa, he aquí, allí estaré yo en medio de ellos, así como estoy yo en medio de vosotros” (D. y C. 6:32).

Esas palabras del Salvador no son solo un buen consejo o simples palabras de consuelo. Para el joven profeta José Smith y para Oliver Cowdery, esas palabras del Salvador presentan la doctrina y el modelo para obtener revelación y orientación y para tomar decisiones en el Reino de Dios. Seguir leyendo
Septiembre 2016
Seguir adelante durante los períodos de estancamiento
Christopher Drake
California, EE. UU.

Las actividades al aire libre como el senderismo, el ciclismo y el esquí son una parte importante de mi vida. Recientemente, se me ocurrió lo mucho que se asemeja nuestro tiempo en la tierra al tiempo que dedico a la aptitud física al aire libre. Tengo la tendencia a centrarme en mejorar mi resistencia y destrezas en una actividad durante un tiempo o temporada; luego, según mi elección, oportunidad o invitación, cambio a otra. Sin embargo, no importa la buena condición física y la confianza que tenga en cierto tipo de actividad, al cambiar a una nueva, me encuentro sin aliento, no alcanzo la meta y me duelen músculos que “jamás había sentido antes”. Entonces me acostumbro al nuevo tipo de adiestramiento y recupero la resistencia y las destrezas necesarias.
Del mismo modo, en la vida tendemos a concentrarnos en ciertos hábitos; nos sentimos cómodos en nuestro entorno y luego, ya sea por elección, al azar o por invitación, nuestro período de comodidad y reposo se convierte en un período de desafíos y oportunidades para progresar.
El hacer frente a desafíos de la vida puede ser una tarea sobrecogedora. Nefi nos alienta a “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” (2 Nefi 31:20).
De vez en cuando, me pregunto lo lindo que podría haber sido permanecer indefinidamente en la existencia preterrenal, escuchando al Padre Celestial decirnos simplemente en cuanto a Su gran plan de felicidad. Sin embargo, nuestro progreso requería un “aula” —la tierra— donde pudiésemos experimentar la mortalidad por nosotros mismos.
A través de los años, al haber testificado de la veracidad y la necesidad del plan del Padre Celestial, las nuevas oportunidades y experiencias, a veces dolorosas, han grabado esa enseñanza en mi alma. Parece que aprendemos las verdades del Evangelio un poco cada vez, volviendo a tratar los mismos temas una y otra vez. A veces me pregunto: “¿Cuánto más es necesario aprender?”; o, como en la preparación física: “¿Cuántos otros grupos de músculos es necesario adiestrar?”.
No obstante, así como las estaciones de la vida cambian y los desafíos varían, sé que el Señor me proporcionará las experiencias que necesito; y a medida que siga adelante, aprenderé a ser más como Él y a regresar a Su presencia.