Aceptar la voluntad y el tiempo del Señor

Agosto 2016
Aceptar la voluntad y el tiempo del Señor
David A. Bednar
Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

David A. BednarDel discurso del devocional del Sistema Educativo de la Iglesia “Que no tengamos que… desmayar”, pronunciado en la Universidad de Texas, en Arlington, el 3 de marzo de 2013.

La fe firme en el Salvador es aceptar sumisamente Su voluntad y Su tiempo en nuestra vida, incluso si el resultado no es lo que esperábamos o deseábamos.

El élder Neal A. Maxwell (1926–2004) fue un amado discípulo del Señor Jesucristo. Prestó servicio como integrante del Cuórum de los Doce Apóstoles durante veintitrés años, desde 1981 hasta 2004. El poder espiritual de sus enseñanzas y su ejemplo de discípulo fiel han bendecido y continúan bendiciendo en formas maravillosas a los miembros de la Iglesia restaurada del Salvador y a las personas del mundo.

Christ in GethsemaneEn octubre de 1997, mi esposa y yo recibimos al élder y a la hermana Maxwell en la Universidad Brigham Young—Idaho (que entonces se llamaba Colegio Ricks). Él iba a hablar al alumnado, al personal y al cuerpo docente durante una asamblea devocional.

Anteriormente, ese mismo año, el élder Maxwell se había sometido a cuarenta y seis días y noches de debilitante quimioterapia contra la leucemia. Su rehabilitación y la terapia continua progresaron en forma positiva a lo largo de los meses de primavera y verano; no obstante, su fortaleza y vigor eran limitados cuando viajó a Rexburg. Después de recibir al élder y a la hermana Maxwell en el aeropuerto, Susan y yo los llevamos a nuestra casa para que descansaran y para comer un almuerzo liviano antes del devocional.

Yo le pregunté al élder Maxwell qué lecciones había aprendido de su enfermedad. Siempre recordaré la respuesta precisa y penetrante que me dio: “Dave”, dijo, “he aprendido que no desmayar es más importante que sobrevivir”.

Su respuesta era un principio del cual había tenido extensa experiencia personal durante la quimioterapia. En enero de 1997, el día en que iba a empezar la primera serie de tratamientos, el élder Maxwell miró a su esposa, la tomó de la mano, dio un profundo suspiro y le dijo: “Lo único que quiero es no desmayar”.

En su mensaje de la Conferencia General de octubre de 1997, él enseñó esto con gran sinceridad: “… a medida que enfrentemos nuestras pruebas y tribulaciones… también nosotros podemos suplicarle al Padre, tal como lo hizo Jesús, que no tengamos que ‘desmayar’, es decir, retroceder o rehuir (véase D. y C. 19:18). ¡No desmayar es mucho más importante que sobrevivir! Más aún, el beber de una amarga copa sin amargarse es asimismo parte de emular a Jesús”1.

Los pasajes de las Escrituras que se refieren al sufrimiento del Salvador cuando ofreció el infinito y eterno sacrificio expiatorio se volvieron más conmovedores y significativos para mí.

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;

“mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;

“padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.

“Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres” (D. y C. 19:16–19).

El Salvador no desmayó ni en Getsemaní ni en el Gólgota.

El élder Maxwell tampoco desmayó; este extraordinario Apóstol siguió adelante con firmeza y fue bendecido con tiempo extra en la tierra para amar, prestar servicio, enseñar y testificar. Esos años finales de su vida fueron un enfático signo de admiración para su ejemplo de discipulado devoto, tanto en palabra como en hechos.

Creo que la mayoría de nosotros probablemente esperaríamos que un hombre con la capacidad, experiencia y talla espiritual del élder Maxwell enfrentara una enfermedad grave y la muerte con un entendimiento del plan de felicidad de Dios, con tranquilidad, aplomo y dignidad; pero yo testifico que esas bendiciones no están reservadas exclusivamente para las Autoridades Generales ni para un pequeño grupo selecto de miembros de la Iglesia. Seguir leyendo

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Cómo cultivar la unidad familiar

Agosto 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Cómo cultivar la unidad familiar

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

“El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y de cuidarse el uno al otro, así como a sus hijos”1. “El hogar ha de ser el laboratorio de Dios para el amor y el servicio”, dijo el presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles.

“Nuestro Padre Celestial desea que los cónyuges sean fieles el uno al otro, y que estimen y traten a sus hijos como herencia de Jehová”2.

En el Libro de Mormón, Jacob dijo que el amor que los maridos sentían por sus esposas, el amor que las esposas sentían por sus maridos y el amor que ambos sentían por sus hijos, era una de las razones por las que hubo un momento en que los lamanitas fueron más justos que los nefitas (véase Jacob 3:7).

Una de las mejores maneras de invitar el amor y la armonía a nuestro hogar es hablar con bondad a los miembros de nuestra familia. El hablar con bondad invita la presencia del Espíritu Santo. La hermana Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, nos pidió que considerásemos “¿con cuánta frecuencia ‘[nos hablamos] con tiernos acentos’ a conciencia?”3.

Escrituras adicionales

Romanos 12:10; Mosíah 4:15; Doctrina y Convenios 25:5

Relatos de la vida real

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió una experiencia de su infancia que grabó en él la importancia de una familia amorosa. Cuando sus hermanos y él eran niños, su madre se sometió a una operación quirúrgica para erradicar un cáncer que hizo que fuera muy doloroso para ella usar el brazo derecho. Con una familia de varones, había mucho que planchar; y cuando su madre planchaba, con frecuencia tomaba un descanso e iba a la habitación a llorar, hasta que el dolor disminuía.

Cuando el padre del élder Christofferson se dio cuenta de lo que pasaba, en secreto dejó de llevarse comida para el almuerzo durante cerca de un año a fin de ahorrar suficiente dinero para comprar una máquina que hiciera que planchar fuera más fácil. A causa del amor por su esposa, él estableció un ejemplo para sus hijos de cómo cuidarse unos a otros en el seno de la familia. De esa bondadosa interacción, el élder Christofferson dijo: “En ese tiempo yo no me percaté del sacrificio y del acto de amor de mi padre por mi madre; pero ahora que lo sé, me digo a mí mismo: ‘He ahí a un [gran] hombre’”4.

Considere lo siguiente

¿En qué modo el amarnos y cuidarnos los unos a los otros invita al Espíritu a nuestro hogar?

Notas

1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
2. Véase de Russell M. Nelson, “La salvación y la exaltación”, Liahona, mayo de 2008, pág. 8.
3. Linda K. Burton, “Ascenderemos juntos”, Liahona, mayo de 2015, pág. 31.
4. Véase de D. Todd Christofferson, “Seamos hombres”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 46.

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La esperanza del amor familiar eterno

Agosto 2016
La esperanza del amor familiar eterno
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringDe todos los dones que nuestro amoroso Padre Celestial ha otorgado a Sus hijos, el mayor de todos es la vida eterna (véase D. y C. 14:7). Ese don consiste en vivir en la presencia de Dios el Padre y de Su Hijo Amado en familias para siempre. Los lazos de amor de la vida familiar solo continuarán en el más alto de los reinos de Dios, el celestial.

Todos anhelamos el gozo de vivir en familias amorosas. Para algunos de nosotros, ese es un sentimiento que no hemos experimentado; un sentimiento que sabemos que es posible pero que todavía no se ha hecho realidad. Tal vez lo hayamos visto en la vida de otras personas. Para otros, el amor familiar se ha hecho más real y preciado cuando la muerte nos ha separado de un hijo, una madre, un padre, un hermano, una hermana o un amoroso y querido abuelo o abuela.

family laying on lawnTodos hemos sentido la esperanza de que, algún día, volveríamos a sentir el cálido afecto de ese familiar al que tanto amábamos y al que ahora anhelamos abrazar de nuevo.

Nuestro amoroso Padre Celestial conoce nuestro corazón. Su propósito es brindarnos felicidad (véase 2 Nefi 2:25) y por eso otorgó el don de Su Hijo, para hacer posible que tengamos el gozo de lazos familiares que continúan para siempre. Gracias a que el Salvador rompió las ligaduras de la muerte, nosotros resucitaremos. Gracias a que Él expió nuestros pecados, por medio de nuestra fe y arrepentimiento podemos llegar a ser dignos del Reino Celestial, donde las familias están unidas en amor para siempre.

El Salvador envió a Elías el Profeta a José Smith para restaurar las llaves del sacerdocio (véase D. y C. 110). Con esas llaves venía el poder para sellar, el cual ofrece el mayor de los dones de Dios a Sus hijos: la vida eterna en familias unidas para siempre.

Es una ofrenda a la que todo hijo de Dios que viene al mundo puede tener derecho. Un tercio de Sus hijos procreados en espíritu rechazó Su ofrenda en el mundo de los espíritus. Debido a la falta de suficiente fe, y a la abierta rebelión después, ellos eligieron no conocer nunca el gozo del don del Padre Celestial de tener familias eternas.

Para aquellos que pasamos esa prueba crucial en el mundo premortal de los espíritus y nos hicimos así merecedores de recibir el don de un cuerpo mortal, la gran opción de la vida eterna sigue estando en nuestras manos. Si tenemos la bendición de encontrar el Evangelio restaurado, podemos elegir hacer y guardar los convenios con Dios que nos califican para la vida eterna. Al perseverar y ser fieles, el Espíritu Santo confirmará nuestra esperanza y confianza en que estamos en el sendero que conduce a la vida eterna, a fin de vivir en familias para siempre en el Reino Celestial.

Para algunos, ese gozo eterno puede parecer una esperanza vaga, o incluso que se desvanece. Puede que padres, hijos, hermanos o hermanas hayan tomado decisiones que parecen descalificarlos para la vida eterna; incluso podrían preguntarse si ustedes mismos se han hecho merecedores de ella por medio de la expiación de Jesucristo.

En una ocasión, un profeta de Dios me dio un consejo que me brinda paz. Me preocupaba que las decisiones de otras personas hicieran que fuera imposible que nuestra familia estuviera junta para siempre. Él dijo: “Se está preocupando por el problema equivocado. Usted simplemente viva digno del Reino Celestial, y la situación de su familia será más maravillosa de lo que pueda imaginar”.

A todos aquellos cuya experiencia personal, o cuyo matrimonio e hijos —o la ausencia de ellos— ensombrezca sus esperanzas, les doy mi testimonio: el Padre Celestial los conoce y los ama como hijos Suyos procreados en Espíritu. Cuando estaban con Él y con Su Hijo Amado antes de esta vida, Ellos plantaron en el corazón de ustedes la esperanza que tienen de vida eterna. Con el poder de la expiación de Jesucristo en acción y la guía del Espíritu Santo, ustedes pueden sentir ahora, y sentirán en el mundo venidero, el amor familiar que su Padre y Su Hijo Amado tanto desean que reciban.

Testifico que, a medida que vivan de manera que sean dignos del Reino Celestial, la promesa profética de que “la situación de su familia será más maravillosa de lo que [puedan] imaginar” también se cumplirá para ustedes.

Cómo enseñar con este mensaje
Para comenzar, podría contar a aquellos a quienes enseña acerca de una ocasión en la que se sintió agradecido por la esperanza de tener familias eternas. Invítelos a reflexionar en momentos en los que ellos se sintieron agradecidos por familias eternas. Pregúnteles si desearían compartirlo. Luego, podría invitarlos a pensar en maneras de mejorar y de vivir más dignos del Reino Celestial, a fin de que ellos también reciban la promesa profética de que “la situación de su familia será más maravillosa de lo que [puedan] imaginar”.

Jóvenes
Compartir la felicidad eterna

siblings
Una de las mejores cosas que ofrece el Evangelio es el conocimiento del Plan de Salvación. Tenemos la increíble oportunidad de estar con nuestra familia por la eternidad. Ese conocimiento nos ayuda a tener esperanza siempre que nos sentimos abrumados por el mundo. El presidente Eyring enseña: “Nuestro amoroso Padre Celestial conoce nuestro corazón. Su propósito es brindarnos felicidad (véase2 Nefi 2:25) y por eso otorgó el don de Su Hijo, para hacer posible que tengamos el gozo de los lazos familiares que continúan para siempre… Es una ofrenda a la que todo hijo de Dios que viene al mundo puede tener derecho”.

Esa bendición se aplica a quienes vivimos en la actualidad, y a aquellos que han muerto —pero solo con nuestra ayuda. En este momento, nuestros antepasados están en el mundo de los espíritus, esperando que nosotros preparemos sus nombres para que las ordenanzas del templo sean efectuadas a su favor. Sin embargo, a veces puede ser difícil hacer la obra por ellos. Tal vez estemos demasiado ocupados, o puede que vivamos muy lejos de un templo para ir con frecuencia.

Afortunadamente, hay otras maneras en que podemos ayudar a nuestros antepasados, como hacer la obra de Historia Familiar, indexar o cuidar de nuestros hermanos pequeños mientras nuestros padres van al templo. Al ayudar, servimos al Señor y llevamos la esperanza de tener una familia eterna a aquellos que están al otro lado del velo.

Niños
Las familias son eternas
Gracias a la expiación de Jesucristo y a la restauración del poder del sacerdocio para sellar a las familias, ¡podemos vivir con nuestra familia para siempre! ¿Qué es lo que más te gusta de tu familia? Sigue estas instrucciones para hacer una cadena de papel en homenaje a tu familia.

1. Dobla una hoja de papel dos veces por la mitad, de modo que quede una tira larga.
2. Dibuja una persona cuyas manos toquen los bordes doblados.
3. Recorta la silueta de la persona. No cortes por donde las manos tocan los bordes doblados.
4. Desdobla el papel. Escribe o dibuja algo que te guste de cada miembro de la familia.
5. Si tienes una familia grande, ¡une con cinta adhesiva muchas cadenas!

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Unidos en amor y fe

Conferencia General Octubre 1985
Unidos en amor y fe
Presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«No hay poder debajo del cielo que pueda detener el crecimiento de esta obra si como pueblo vivimos el evangelio de Jesucristo.»

Es para mí un privilegio y una bendición estar con vosotros en esta gran conferencia. Son muchas más las personas que participan de ella desde lugares fuera de este Tabernáculo que las que están aquí reunidas. Dondequiera que os encontréis y cualesquiera que sean vuestras circunstancias, os damos la bienvenida.

Cuando se construyó este Tabernáculo, hace más de un siglo, cuando todavía éramos relativamente pocos en números, las Autoridades Generales declararon que jamás podríamos construir un edificio lo suficientemente grande como para dar cabida a todos los Santos de los Últimos Días. Si esa era la realidad en aquellos días, más lo es hoy. El número de miembros de la Iglesia se aproxima ahora a los seis millones.

Por medio del milagro de la ciencia y del poder del Espíritu, nos unimos en esta gran conferencia mundial. Os agradecemos vuestro interés y vuestra presencia. Os agradecemos también vuestra gran fe y fidelidad. No hay poder debajo del cielo que pueda detener el crecimiento de esta obra si como pueblo vivimos el evangelio de Jesucristo.

Me siento feliz de ver al presidente Kimball con nosotros esta mañana. A pesar de sus 90 años de edad, ha hecho el esfuerzo de acompañarnos. Con todo mi corazón desearía que pudiera hablarnos, pero eso no parece ser posible. Él nos ha pedido que os hagamos llegar su amor y bendiciones. Él es nuestro Profeta, nuestro Vidente y nuestro Revelador. Él ha sido llamado por el Dios de los cielos, y ha sido preservado en su llamamiento por ese mismo poder. Allí permanecerá por todo el tiempo que el Señor lo disponga. Somos bendecidos con Su presencia.

En esta conferencia echaremos de menos la poderosa voz del élder Bruce R. McConkie, quien falleció el 19 de abril de 1985. Él nos dejó su testimonio final de la veracidad de esta obra cuando nos habló en la conferencia el pasado abril. Era un dedicado estudiante del evangelio y un valiente defensor de su mensaje. Nuestras vidas se vieron enriquecidas y nuestro entendimiento se amplió por la lógica de sus presentaciones y la sinceridad de sus declaraciones. Habló como apóstol, como testigo especial de Cristo.

Estamos agradecidos por la continua fortaleza y vitalidad del presidente Ezra Taft Benson, Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles.

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Esta es la obra del Señor

Conferencia General Abril 1985
Esta es la obra del Señor
Élder Waldo P. Call
Del Primer Quórum de los Setenta

Waldo P. CallLa reacción de un miembro del Primer Quórum de los Setenta recién llamado.

Mis queridos hermanos y hermanas, esta es, como dirían los misioneros, una situación «fantabulosa». En esta ocasión quisiera agradecerles a mis padres el buen ejemplo que siempre me dieron. Hubo un momento en mi vida -y supongo que mi madre, que me ha de estar escuchando, nunca lo supo- cuando el amor que yo sabía que ella me tenía fue mi salvación. Una noche me arrodille a orar, tal como ella me había enseñado, ya que estaba a punto de tirar todo lo que tenía Al comenzar a orar, empecé a pensar en ella y en su amor por mí. Al llorar e implorarle al Señor -y esto duró casi toda la noche- me sentí tan agradecido por saber que ella me quería.

Estoy agradecido por mi esposa. A través de los muchos años que hemos estado juntos, he sabido que me ama, y es por motivo de ese amor que he sentido hacia mi familia y el que ellos han sentido hacia mí que me encuentro aquí ahora.

Estoy agradecido por el presidente Kimball. Al cantar el himno «Te damos, Señor, nuestras gracias», mire a un grupo de jóvenes que estaban enfrente de mí, y me imagine que a ellos les hubiera gustado subir a sentarse aquí donde yo me acabo de sentar, al lado del presidente Kimball.

Sé que esta es la obra del Señor. Sé que Él vive; esto lo sé. También sé que estos hombres, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, son profetas y apóstoles, videntes y reveladores, y que si los seguimos, tendremos la vida eterna. Lo digo en el nombre de Jesucristo Amén.

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Un milagro hecho posible por la fe

Conferencia General Abril 1984
Un milagro hecho posible por la fe
Presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«La Iglesia nunca ha retrocedido ni un paso desde su organización en l830, y nunca lo hará. Es la obra del Maestro, es la Iglesia de Dios.»

Hermanos, me gustaría primeramente expresaros mi agradecimiento por vuestra presencia dondequiera que os encontréis reunidos. Gracias especialmente a los jóvenes. Los que están en el Tabernáculo vinieron muy temprano y ya hace tres horas, en muchos casos, que están aquí sentados. Sé que estáis un poco cansados. La reunión no durará mucho tiempo más.

Es costumbre que un oficial ejecutivo de cualquier organización presente un informe anual a los accionistas. Os considero a vosotros, hermanos, como accionistas en esta gran obra del Señor, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Creo que me gustaría brindaros un informe a vosotros, como accionistas.

Lo hago humildemente y sin espíritu de jactancia ni arrogancia, con la esperanza de que el Señor me inspire en lo que vaya a decir. Lo hago también porque se está realizando un esfuerzo insidioso por arruinar a la Iglesia y destruir su credibilidad, aun entre sus propios miembros.

Me complace deciros que la Iglesia goza de «buena salud». Muchos habréis escuchado el informe estadístico leído esta tarde por el hermano Francis Gibbons, secretario de la Primera Presidencia. Quisiera ahora mencionar algunas de esas cifras y hacer algunos comentarios al respecto.

El 31 de diciembre próximo pasado, los miembros de la Iglesia sumaban 5.400.000. Esto significa un aumento de 239.000 en relación al año anterior. ¡Qué maravilloso es ser parte de una organización tan dinámica y creciente! Algunos de nuestros críticos y enemigos nos han desafiado para que presentáramos el número de quienes han dejado la Iglesia durante el año. Pero os aseguro que son relativamente pocos. Cada vez que veo una de esas solicitudes me lamento por el individuo. Con todo mi corazón deseo entonces que él o ella no lo hubiera hecho. Pero aun así, no interferimos en su camino. Les alentamos siempre a permanecer en la Iglesia. Pero si desean abandonar todas las maravillosas bendiciones que les corresponden como miembros de la Iglesia, ese es su privilegio. Algunos se fueron y probaron nuevas doctrinas, y después de algún tiempo las encontraron desagradables y pidieron ser admitidos de nuevo en la Iglesia; y les dimos la bienvenida.

Tal vez os interese saber que los bautismos de conversos por misioneros disminuyeron en algo durante 1983. Sabríamos que esto sucedería cuando redujimos el tiempo de servicio misional de los varones de 24 a 18 meses. Esto significa una reducción de un 25 por ciento en el tiempo en que los jóvenes sirven como misioneros. Os aseguro que la disminución de bautismos ni se aproxima a ese porcentaje. Todo esto indica que aun cuando nuestros jóvenes sirven por un período más corto, lo hacen con más vigor y eficacia. Seguir leyendo

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El abrirnos paso entre la niebla

Conferencia General Abril 1984
El abrirnos paso entre la niebla
Élder William G. Bangerter
del Primer Quorum de los Setenta

William G. Bangerter«Debido a que muchos en el mundo aceptan estas acciones [inicuas], si nos oponemos o hablamos en contra de ellas, se burlarán de nosotros. Nos llamarán puritanos, mojigatos y santurrones, como si fuésemos nosotros los pecadores.»

Presidente Kimball, hago eco a los sentimientos de todos los presentes para decirle que le amamos, como tantas veces usted lo ha dicho.

Creo que he elegido un buen tema, ya que muchos lo han mencionado hoy, y quisiera decir algo en cuanto a la necesidad de abrirnos paso entre la niebla.

Al enfrentar esta asignación, recuerdo los principios básicos que expresó, ya hace algunos años, el presidente J. Reuben Clark, hijo, quien dijo:

«Existen tanto para la Iglesia como para todos sus miembros, dos cosas primordiales que no debemos dejar pasar por alto, olvidar, restar importancia o descartar:

«Primero: que Jesucristo es el Hijo de Dios. . .,

«Segundo: que el Padre y el Hijo ciertamente . . . aparecieron al profeta José en una visión . . .; que el evangelio y el santo sacerdocio . . . fueron restaurados . . . a esta tierra ya que se habían perdido debido a la apostasía de la iglesia primitiva» («The Charted Course of the Church in Education», 8 de agosto de 1938, pág. 3).

Testifico que estas declaraciones son verdaderas porque este conocimiento me fue revelado por medio del innegable Espíritu de Dios.

En un tiempo descrito en las Escrituras como lleno de «iniquidad y venganza» (Moisés 7:60), la Primera Presidencia ha enviado el siguiente mensaje especial a la Iglesia en todas las estacas: «Permaneced en el recto y estrecho camino obedeciendo todos los mandamientos.»

Para nosotros que reclamamos tener la dirección que recibimos de profetas llamados de Dios, es un buen tiempo para que pongamos atención. Para aquellos que han abandonado los mandamientos, como si Dios no existiera, quizá no recibirán más advertencias, «porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.» (Mateo 7:13.)

La advertencia es en contra de la maldad. En otras palabras, el pecado y la iniquidad. Como si estuviera hablando de este tiempo, Pedro dice de los que «negarán al Señor», por avaricia «harán mercadería de vosotros», el ejemplo de Sodoma y Gomorra y «la nefanda conducta de los malvados. . . tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar». (2 Pedro 2:1, 3, 6, 7, 14.)

Si reflexionamos por un momento en los medios de comunicación y en la propaganda, nos daremos cuenta de que inducen al uso de las drogas, del alcohol, etc. y muestran claramente que por la ambición de ganar más dinero están tratando de vender o comprar almas para hacer «mercadería de vosotros». Seguir leyendo

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Una generación preparada para tomar decisiones sabias

Conferencia General Abril 1984
Una generación preparada para tomar decisiones sabias
Elaine A. Cannon
Recientemente relevada como Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Elaine A. CannonNuestra meta como Presidencia delas Mujeres Jóvenes ha sido «formar una generación que esté preparada para tomar decisiones sabias. . . que tenga el deseo de hacer convenios santos y cumplirlos, y de aprender la palabra de Dios y compartirla con los demás.»

Presidente Kimball, es para todos nosotros una gran bendición contar con su presencia en esta conferencia. Con la autorización del presidente Hinckley, presidente Benson y las demás Autoridades Generales, deseo rendir un tributo especial al élder Tuttle, quien nos acaba de hablar. El ha sido asesor a la organización de las Mujeres Jóvenes durante los últimos años, y le amamos profundamente.

Es en verdad emocionante para mí estar en este púlpito, en este Tabernáculo, al que he venido siempre a oír las conferencias. Mi cumpleaños cae en estas fechas y puedo recordar perfectamente que celebré mi noveno año aquí, en el Tabernáculo, escuchando los mensajes de nuestros líderes. Por lo tanto, es realmente emocionante para mí el que se me haya otorgado la palabra en esta Conferencia General.

Nos hemos reunido aquí en el nombre del Señor. Estamos embarcados en una obra que es verdadera, y yo, al igual que todos vosotros, estoy agradecida por el privilegio de ser miembro de esta Iglesia.

Ayer tuve una experiencia interesante. Últimamente, en algunos círculos, se ha hablado acerca de que las mujeres deberían poseer el sacerdocio. Entonces alguien me preguntó cómo me sentiría si tuviera el sacerdocio, a lo que contesté valientemente: «Me encanta tener al sacerdocio en mis brazos cuando mi esposo regresa a casa». Y ahora que he sido relevada de este cargo tan especial y tan importante que requería mucho de mi tiempo, voy a estar allí cuando él regrese, y disfrutar de la muy estimada compañía de los míos.

Lo que diga en el día de hoy emana de un corazón lleno de agradecimiento y de preocupación a la vez. Hablaré primero acerca del agradecimiento. La hermana Darger, la hermana Smith y yo, conjuntamente con la hermana Palmer, que ha sido la secretaria ejecutiva a la presidencia de las Mujeres Jóvenes, nos hemos regocijado al trabajar con las hermosas jovencitas de la Iglesia. Hemos disfrutado de cada minuto, y siento una gran dulzura hacia la obra en la cual trabajamos juntas.

Hemos trabajado en paz; hemos servido con fe; hemos buscado la ayuda del Señor y hemos recibido mucho apoyo en nuestra labor. Todas estamos agradecidas por el privilegio de haber tenido la guía que necesitábamos. Ha sido un placer para nosotras servir en este llamamiento y apreciamos mucho a las notables, encantadoras y fieles hermanas miembros de la mesa general y el personal de las Mujeres Jóvenes que han sido relevadas. Seguir leyendo

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Los tres pilares de la Eternidad

Los Tres Pilares De la Eternidad

Élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los doce Apóstoles
Devocional de BYU ofrecido el 17 de Febrero de 1981.


Se tal como todos nosotros que las cosas de Dios, sólo pueden comprenderse por el poder del Espíritu Santo Y ruego que recibamos un gran derramamiento de ese Espíritu al considerar los tres pilares de la eternidad-las tres grandes verdades eternas sobre las cuales se establece la salvación. Mi propósito es tomar los tres acontecimientos más grandes que jamás hayan ocurrido en toda la eternidad y mostrar la forma en que se entrelazan para formar el gran plan de salvación. Si podemos obtener una comprensión de ellos, entonces todo el esquema eterno de lo existente, tomará su propio lugar, y estaremos en condiciones de labrar nuestra salvación. Si no construimos nuestra casa de la salvación en un cimiento verdadero, nunca vamos a lograr el progreso espiritual que nos preparará para entrar a la Presencia de Dios.

Tres Grandes Eventos

Los tres pilares de la eternidad, los tres eventos preeminentes y trascendentes por encima de todos los demás, son la creación, la caída, y la expiación. Estos tres son los fundamentos sobre los que se basan todas las cosas. Sin cualquiera de ellos todas las cosas perderían su propósito y significado, y los planes y propósitos de la Deidad se anularían.

Si no hubiera habido creación, no existiríamos, ni la tierra, ni ninguna forma de vida sobre su faz. Todas las cosas, todos los elementos primarios, estarían desorganizados en el vacío. Dios no tendría hijos espirituales; no habría probación terrenal; y ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Si no hubiera habido caída del hombre, no habría un período de probación. El hombre mortal no existiría, ni los animales o aves o peces o la vida de cualquier clase sobre la tierra. Y, repetimos, ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Si no hubiera habido expiación de Cristo, todas las cosas se perderían. Los propósitos de la creación se desvanecerían. Lucifer triunfaría sobre los hombres y sería el capitán de nuestra alma. Y, lo decimos de nuevo, ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Y por tanto les digo: Venid y razonemos juntos; razonemos como lo hicieron los hombres justos de la antigüedad, para poder llegar a comprender.

Venid y oídnos declarar la sana doctrina; permitidnos declararla plenamente y con poder al igual que los ángeles de Dios en los cielos.

Venid, y demos testimonio de las cosas que Dios ha dado a conocer; testifiquemos como lo hacen aquellos cuyas almas llenas del Espíritu y saben por revelación la veracidad de la palabra revelada.

La Expiación

Contemplaremos primero una escena de dolor y sufrimiento en un jardín llamado Getsemaní, el huerto de la prensa de aceite. Allí, fuera de los muros de Jerusalén, en el ahora sagrado jardín de los Olivos, vemos a ocho de los doce reunidos a la puerta del jardín. En el interior están Pedro, Santiago y Juan. Es de noche, y los ojos de todos pesan de sueño.

A un tiro de piedra de distancia de los tres, vemos al Hijo de Dios en agonía y dolor incomparable. Ha caído sobre su rostro. Escuchamos su súplica: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39).

Le vemos sudar grandes gotas de sangre por cada poro. Un ángel-seguramente el poderoso Miguel -baja del cielo y lo fortalece. Él tiembla a causa del dolor y sufre tanto en cuerpo como en espíritu. Él sale triunfante; y de una manera incomprensible para nosotros, llevó los pecados de todos los hombres bajo condición del arrepentimiento. Ahora volvamos nuestra vista hacia el Gólgota. Allí, en el lugar de la calavera, lo vemos de nuevo, crucificado entre dos ladrones. Es mediodía, y su cuerpo destrozado y azotado ha colgado en aquel malévolo madero durante unas tres horas.

Una vez más, es la hora de la expiación. El sol se oscurece; durante tres largas horas hay «tinieblas sobre toda la tierra» (Lucas 23:44), y todas las agonías y sufrimientos de Getsemaní retornan. Luego de ganar la victoria; de pagar el rescate; la expiación se cumple. Seguir leyendo

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Libre albedrío y responsabilidad

Conferencia General Octubre 1983
Libre albedrío y responsabilidad
Elaine Cannon
Presidenta General de las Mujeres Jovenes

Elaine A. Cannon«La madurez espiritual requiere que comprendamos que no podemos culpar a nadie por nuestras acciones o nuestros problemas.»

A uno de los buenos hermanos de la Iglesia se le había dado la asignación de preparar el banquete de los Boy Scouts. Había cumplido bien; había hecho planes y los había ejecutado. Las mesas estaban puestas, la comida casi lista y se acercaba la hora. Su esposa había llegado temprano dispuesta a dar una mano. Todo estaba marchando, pero con ojo experto, ella vio que todo lucía muy descolorido. Entonces le dijo: «Querido, ¿qué piensas usar como centros de mesa?»

Sorprendido, el hermano miró las mesas tan sin gracia y, pensativo, frunció el entrecejo. Entonces, en pleno ejercicio de su masculino albedrío, declaró triunfante: «¡Pan y mantequilla, por supuesto!»

Este es un caso típico del ejercicio del libre albedrío. Y de esto hablaremos por unos minutos: del albedrío y de la responsabilidad. Quisiera, agregar que siempre que elijamos pan y mantequilla para decorar la mesa, podemos contar con que nadie nos felicitará por lo bien adornada que está. Tenemos el libre albedrío, pero también tenemos que aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. Aplicado a los centros de mesa, es de poca importancia, pero en asuntos de vida y eternidad, es de valor crucial.

El albedrío es un principio eterno que forma parte de esta vida, la cual es una prueba. Siempre tendremos que elegir entre el bien y el mal. Satanás procuró destruir el albedrío, o la libertad de elección del hombre, y aun trata en la tierra de arrastrar al hombre hacia el pecado. (Moisés 4:3.)

Para ejercer nuestro albedrío con cordura, necesitamos conocimiento. Necesitamos conocer las leyes y también las bendiciones y castigos que las acompañan. Cuando conocemos el evangelio y los mandamientos, podemos tomar decisiones mejores.

Las Escrituras nos recuerdan: «. . .Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Juan 8:32.) Nuestra responsabilidad es buscar la verdad completa y aplicarla a nuestra vida. Aunque se nos da la libertad de elección, no se nos da licencia para decidir qué está bien y qué está mal. Eso fue determinado hace siglos. Podemos burlarnos de las cosas sagradas, excusar nuestra conducta, crear nuestras propias ideas, estar de acuerdo o discrepar, sin que esto cambie los principios básicos. No podemos alterar las leyes de Dios. Podemos valemos de la verdad con prudencia para alcanzar nuestras metas, o rechazarla, negarnos a vivirla y por lo tanto sufrir el inevitable castigo.

Tener que rendir cuentas es la consecuencia directa del albedrío y en esto se basa el plan diseñado para esta vida. Hermanas, somos responsables de nuestras propias acciones y tenemos que darle cuenta a Dios por la forma en que vivimos. Seguir leyendo

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La preparación

Conferencia General Octubre 1983
La preparación
por Dwan J. Young
Presidenta General de la Primaria

Dwan J. Young«Sólo por medio de oír la palabra y verla manifestarse en nuestra vida pueden nuestros niños conocer la voz del Buen Pastor.»

Esta noche deseo contarles sobre una jovencita que prometía bastante como pianista. Siendo ella muy pequeña, su madre la sentaba a su lado frente al piano diariamente, le enseñaba las notas y la alentaba a practicar mientras aprendía las primeras piezas. Después de un tiempo, la madre pensó que ya le había enseñado todo lo que sabía, y que su hija debía tomar lecciones de una maestra de piano.

La niña recibió constante estímulo y, cuando estaba en la escuela secundaría se le presentó la oportunidad de tocar como solista con una orquesta sinfónica.

Al entrar en la sala de conciertos la noche de su actuación, se sentía llena de entusiasmo; tenía confianza y seguridad, porque se había preparado bien. Se sentó a} piano y fijó los ojos en el director, que había levantado la batuta. De pronto, su mirada cayó en una cara conocida entre el público desviando su atención del director, y cuando éste dio la señal de comenzar, ella no se movió. Quedó con la mente en blanco, la memoria borrada, los dedos congelados; ni siquiera pudo recordar las primeras notas. El director volvió a darle la señal, pero fue en vano. Finalmente, después de un angustioso intervalo, alguien le alcanzó la música para que pudiera empezar. Al terminar el concierto, abandonó el escenario apresuradamente, totalmente desolada, deseando que la tierra se abriera y la tragara. Cualquier cosa era mejor que tener que enfrentar a sus padres y amigos, a los de la orquesta, o a los que estaban entre el público. En aquel momento, súbitamente, su vida se había detenido; o, por lo menos, ella lo creía. Por supuesto, no era así, y tuvo que salir de la sala de conciertos.

Pero la joven no murió, y el mundo siguió su marcha. En realidad, no hay antecedentes de que se haya detenido ni por un segundo en ese terrible día. Yo lo sé, porque estuve allí. Yo era esa jovencita. Sobreviví, y pude tocar en otros conciertos y ante otros públicos, porque mi maestra me dijo que podría hacerlo y mis padres me recordaron que debía seguir adelante. Al pensar en ello, todavía siento la humillación de aquel día. He llegado a la conclusión de que mi vida no terminó esa noche porque, aunque había estado preparándome para mi actuación, también me había preparado en otras formas. Quizás lo más importante es que otras personas me habían enseñado y preparado para levantarme sobre mi fracaso, y volver a esforzarme. Seguir leyendo

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Una época de fortalecimiento

Conferencia General Octubre 1983
Una época de fortalecimiento
por Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. Smith«Los principios del evangelio son eternos y nos proveen las respuestas exactas para satisfacer nuestras necesidades actuales.»

Presidente Hinckley, élderes Maxwell y Larsen, presidentas Young y Cannon, hermosas niñas de la Primaria y Mujeres Jóvenes, y mis amadas hermanas de la Sociedad de Socorro: Nos hemos reunido para hablar de aquello que tenemos en común. Pese a que nuestra edad, etapas en la vida y las circunstancias crean diferentes problemas, aún así, las hermosas palabras del himno que el coro acaba de entonar deberían ser el lema para todas nosotras — jóvenes y adultas— «Jehová es la fortaleza de mi vida» (Salmos 27:1).

Espero que por medio de este mensaje quede cimentado y se reafirme en nuestro corazón la realidad de que los principios del evangelio son eternos y que las verdades eternas nos proveen las respuestas exactas para satisfacer nuestras necesidades presentes. Tales necesidades son notables por su diversidad y exigen inmediata atención, pero al buscar vacilantemente las respuestas, algunas veces dejamos pasar inadvertido lo que es más evidente. Es que muchas veces las soluciones no están en lo que no se ha descubierto sino en lo que no se ha utilizado.

Cuando el Señor restauró el evangelio a la tierra en toda su plenitud y pureza, también organizó la Iglesia, como un medio para que los preceptos se convirtieran en principios vivientes a fin de ayudar a los creyentes a convertirse en santos. Y ciertamente así fue; llegaron a ser santos cuando, como conversos, y debido a su gran fe, tuvieron que poner a prueba estos preceptos; y en la fortaleza del Señor vieron el logro de sus metas, sus esperanzas realizadas y el crecimiento de su propia fuerza.

En el emotivo recuento de la compañía Martin de carros de mano, a la que sorprendió una tormenta temprana del invierno en su travesía de lowa al valle de Salt Lake, leemos de Margaret Dalglish, «una valiente señorita escocesa que se había debilitado hasta el punto de quedar sólo en piel y huesos, pero seguía caminando». Después de haber cruzado ríos semicongelados, sufrido en las tempestades de la nieve, pasado hambre y la pérdida de seres amados, ella se encontraba entre los que todavía, «empujando sus destruidas carretas, caminaban con sus propías piernas» hasta que por fin llegaron al valle.

Aunque las pruebas por las que tuvieron que pasar las mujeres en los días de los pioneros parecen tener proporciones más heroicas que las que tiene que encarar la mujer hoy día, hasta cierto punto compartimos el mismo espectro de problemas —enfermedades, divorcio, drogas, muerte, inmoralidad, inseguridad económica, abuso, soledad, depresión, la responsabilidad de estar solas como jefes de familia— problemas con los cuales las mujeres han luchado en el pasado y que ahora también tienen que encarar. Seguir leyendo

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Vivid conforme a vuestra herencia

Conferencia General Octubre 1983
Vivid conforme a vuestra herencia
por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Dios le ha dado a la mujer de esta Iglesia una tarea que cumplir en la edificación de Su reino.»

Mis amadas hermanas, es para mí un gran privilegio y honor estar hoy con vosotras. Supongo que ésta es la congregación de mujeres más grande en la historia de la Iglesia. Notamos que el Tabernáculo está totalmente repleto, además de las hermanas reunidas en más de seiscientos centros de estaca que nos acompañan mediante la transmisión por televisión.

Me consta que muchas de vosotras os sentís solas a veces. Algunas de vosotras jóvenes os contáis entre las únicas dos o tres Santos de los Últimos Días en los colegios a los que asistís. Vosotras, hermanas que trabajáis, sois en muchos casos los únicos miembros de la Iglesia en tales lugares. Sabemos de viudas y de hermanas divorciadas que se sienten solas. Pero esta incalculable congregación que participa de esta reunión debería ser testimonio seguro de que no estáis solas. Sois parte de la fraternidad más grande de la tierra, la que tal vez abarque un par de millones de mujeres. Esta vasta congregación incluye mujeres y señoritas desde los diez años en adelante. Me alegra el que se haya incluido a las niñas de diez años. Se trata de una edad maravillosa, en la que una niña que hasta ese momento parecía ser todo brazos, piernas y apetito, comienza a nutrirse de la influencia refinadora que resulta en la belleza y la gracia. Es como los retoños que brotan en la primavera al influjo de la calidez del sol. Es la edad del despertar de poderes mentales y físicos. Es la edad que cual un puente une la infancia y la adolescencia. ¿Sabíais vosotras que el gran profeta e historiador Mormón recibió su llamado concerniente a los registros sagrados cuando tenía apenas diez años de edad? Este libro que tenemos en la actualidad, este maravilloso y sagrado testamento de Cristo, es el resultado de la fidelidad de Mormón en el cumplimiento de esa asignación. Jamás menospreciéis la importancia de los diez años.

Un viejo verso infantil nos dice:

«¿De qué están hechas las niñitas? De azúcar y canela, y de toda cosa buena . . . » Pero lo que es más importante son las promesas del futuro. En ellas se filtrarán las cualidades de generaciones pasadas para transformarlas en el hueso y el tejido, en la mente y el espíritu de generaciones por venir.

A vosotras jovencitas os digo con todas mis fuerzas y convicción, sed dulces, sed buenas, sed fuertes y virtuosas y maravillosas. Considero que el Señor os incluyó a vosotras junto con aquellas de las que habló cuando dijo: «Si no os volvéis . . . como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3).

El dotado autor Channing Pollock deseó, mediante uno de los personajes de una obra, que todos naciéramos ancianos y gradualmente rejuveneciéramos y nos volviéramos más inocentes hasta que ante la muerte hubiéramos llegado a ser como niños pequeños.

Ahora quisiera decir algunas palabras a las adolescentes, vosotras que habéis transpuesto los límites de la niñez y de la primera juventud, para alcanzar la madurez del fin de la adolescencia y el comienzo de ía mayoría de edad.

Para vosotras ésta es sin duda una época para ganar fortaleza, una etapa que demanda disciplina mentai y física, una etapa de preparación. El Señor dijo: «Si estáis preparados no temeréis» (D. y C. 38:30).

Es una etapa de educación. El mundo que os aguarda requerirá lo mejor de vuestros esfuerzos. Este es el momento de capacitaros para las responsabilidades que tendréis que asumir.

La educación es una tradición que nos viene acompañando desde los principios de nuestra historia. Creemos en la necesidad de educar a nuestros jóvenes, tanto a vosotras como a los muchachos.

El presidente Brigham Young dijo: «Sabemos de hermanas entre nosotros que si tuvieran el privilegio de estudiar, llegarían a ser tan buenas en matemáticas y en contabilidad como cualquier hombre». (Journal of Discourses, 13:61.) Seguir leyendo

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El obispo y el Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

El obispo y el Sacerdocio Aarónico

por Michael Nicholas
Presbítero en el Barrio Beavercreek, Estaca Dayton Este, Ohio


Cuando el obispo Pingel fue a verme a casa, lo que menos me imagine fue que me pediría que hablara en la conferencia general; y cuando me dijo que tendría que hacerlo por doce minutos, ¡casi me morí de espanto! Para tranquilizarme me pregunto si podría hacerlo por seis minutos a lo cual conteste que sería mucho mejor; pero mi sorpresa fue enorme al darme cuenta de que él estaba hablando en serio y de que en verdad tendría esta asignación. En ese momento no supe que pensar; sin embargo, estoy agradecido por la oportunidad que tengo de hablaros esta noche.

Primeramente quisiera referirme un poco a mi persona, a mi obispo, al asesor del quórum y a lo que estamos haciendo en nuestros quórumes del Sacerdocio Aarónico para activar a algunos de sus miembros.

El obispo es una persona muy ocupada, por lo que disfruto enormemente del tiempo que me brinda cuando conversamos, especialmente durante las entrevistas. Además, él participa en las actividades de nuestro quórum.

Estoy agradecido por el obispo Pingel ya que se toma el tiempo y el cuidado de escoger buenos asesores, como el hermano Connell, por ejemplo. Este era un reciente converso a la Iglesia cuando fue llamado a ser asesor del quórum de maestros. En esa época yo tenía sólo catorce años y acababa de integrarme al quórum cuando fui llamado a ser su presidente; a pesar de tener problemas para controlar mi temperamento.

Con los demás jóvenes del barrio hicimos un viaje al estado de Indiana para explorar unas cavernas que hay a unos 320 kilómetros de donde vivimos. Fue durante la época del frío mes de octubre. Me enfade muchísimo por una situación que se presentó y decidí que volvería a casa caminando. Al poco rato de haber comenzado mi larga caminata, todos los automóviles en los cuales viajábamos pasaron junto a mí y ni siquiera dieron muestras de aminorar la marcha. ¡No podía creerlo, me dejaban librado a mi propia suerte! Sin embargo, advertí que el hermano Connell me seguía a pie, tratando de alcanzarme; me sentí avergonzado, y lo espere. Me dijo que no permitiría que caminara solo esa tremenda distancia, por lo tanto, había decidido acompañarme. Caminamos juntos unos ocho kilómetros y durante el trayecto el hermano Connell me ayudó a recapacitar y a poner mis ideas en orden. Poco después, uno de los autos, debido a un arreglo previo, volvió a buscarnos.

Ese fue el comienzo de una gran amistad entre el hermano Connell y yo. Durante el tiempo en que este hermano sirvió como asesor del quórum me ayudó a controlar mi temperamento y utilizar mis energías de una manera más constructiva. Me permitió que le ayudara a reparar el techo de su casa e incluso, en repetidas oportunidades, cuide de sus hijos. Ha sido una gran influencia en mi vida, ya que gracias a él he aprendido mas acerca del evangelio y a estar consciente de las necesidades de otras personas.

En una de nuestras reuniones de presidencia el hermano Connell trajo a colación la situación de un miembro inactivo y nos preguntó que podríamos hacer para activarle. Decidimos invitarle a nuestra próxima excursión a las cavernas. El joven aceptó y todos tuvimos una magnifica experiencia en ese viaje. Luego de esa actividad, le invitamos a otras de las que disfrutamos mucho todos juntos. Mas tarde se mudó a California y espero que esta noche este escuchando la conferencia.

Durante el verano pasado nuestro quórum de diáconos activó completamente a dos de sus miembros e introdujo al evangelio a tres personas que no eran miembros de la Iglesia. Todos hicieron un viaje en bicicleta de 430 kilómetros desde Kirtland hasta la ciudad de Dayton, siguiendo una de las rutas de los pioneros mormones. Un sábado, los diáconos y sus asesores, el obispo y la mayoría de los padres fueron en auto hasta Kirtland; el domingo asistieron a la Iglesia y visitaron algunos lugares históricos, y por la tarde tuvieron una charla fogonera. El día lunes comenzó el viaje hasta Dayton, que les llevó una semana pedaleando bajo lluvia, descansando por las noches y luchando con el trafico durante el día. Una de las notas más interesantes del viaje la constituyó un joven lisiado que pedaleó junto a los demás todo el trayecto.

En nuestro barrio tenemos clases de seminario temprano por las mañanas; tengo que levantarme todos los días a las 5:15, lo cual significa que tengo que acostarme temprano para no quedarme dormido durante las clases en el liceo. También tenemos un club de lectura que nos ayuda a leer las Escrituras y a aprender mas acerca de la Iglesia y de sus profetas. De los 750 estudiantes que hay en mi liceo, sólo uno de mis compañeros y yo somos mormones. E1 contacto diario con el resto de la juventud del barrio es una gran ayuda para poder guardar mis normas. El hecho de estar en la presidencia del seminario y del quórum me ha ayudado enormemente a dirigir reuniones.

El seminario, las actividades del quórum, los asesores del quórum, y los obispos me han ayudado a aprender a controlar el genio y a utilizar el exceso de energías de un modo constructivo. Todo esto me será de gran utilidad durante la misión, cuando forme mi propio hogar y también cuando sea padre.

Tengo un testimonio de que el Sacerdocio Aarónico y el programa de los Hombres Jóvenes dan resultados favorables. Lo he podido comprobar en mi propia vida y al observar a otros jóvenes. Esto lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El Señor está al timón

Conferencia General Abril 1982
El Señor está al timón
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos y hermanas, ésta es una gran experiencia para mí. Mucho he confiado en que este día llegaría; he tenido fe en que tendría esta oportunidad. Quiero que sepáis que siento un gran amor hacia todos los miembros de la Iglesia, particularmente hacia la gente de este valle, por sus muchas manifestaciones de cariño hacia mi persona. Al expresar, entonces, mi amor por ellos y al recordar las maravillosas experiencias que he tenido junto a ellos, dejo mi testimonio: Esta obra es divina, el Señor está al timón, la Iglesia es verdadera y todo sigue su curso. Ruego que Dios os bendiga, hermanos y hermanas, y lo hago en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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