Los diezmos, el momento oportuno y el transporte

Septiembre 2016
Los diezmos, el momento oportuno y el transporte
Por Atilio Coitiño Guzmán
El autor vive en São Paulo, Brasil.

No teníamos dinero para viajar hasta la capilla, así que comenzamos a caminar.

Un sábado, mi esposa y yo nos dimos cuenta de que no teníamos suficiente dinero para tomar un transporte público para ir a la capilla al día siguiente; y tampoco había forma de sacar dinero del banco. Teníamos el dinero de los diezmos en el sobre, listo para entregárselo al obispo. Comenzamos a hablar sobre cómo llegaríamos a la Iglesia. Sentíamos que si usábamos el dinero de los diezmos para pagar el transporte, el Señor entendería; sin embargo, decidimos que no era correcto usarlo.

La otra posibilidad era no ir a la Iglesia. También pensamos que el Señor comprendería, ya que nunca antes habíamos dejado de ir. Sin embargo, si hacíamos eso, no podríamos darle los diezmos al obispo, por lo cual, también lo descartamos.

En nuestro esfuerzo por ser fieles, decidimos que saldríamos más temprano de lo que lo hacíamos normalmente y caminaríamos hasta la capilla. De modo que, ese hermoso día de reposo, salimos para ir a la Iglesia, que quedaba a unos cuatro kilómetros y medio de nuestra casa. Para nuestros hijos, de los cuales el mayor tenía seis años, era como una fiesta, y disfrutaron de correr y jugar a lo largo del camino.

Cuando llegamos a una calle ancha y peligrosa, escuché al Espíritu que me susurraba: “Tienen que cruzar ahora”. Se lo comenté a mi esposa y ella me respondió que era peligroso porque en esa parte la calle daba una curva y no podíamos ver los autos que venían en dirección contraria. Le dije que sentía que debíamos cruzar ahí; de modo que cada uno de nosotros tomó a dos de los niños de la mano y cruzamos rápido. Apenas subimos a la acera del otro lado, un auto se detuvo y el conductor nos preguntó: “¿Van a la Iglesia?”.

El conductor era un hermano que no pertenecía a nuestro barrio pero a quien yo conocía porque había visitado el barrio al que él asistía. Le dijimos que sí y él ofreció llevarnos. Cuando nos subimos al auto, el hermano nos explicó que nunca tomaba ese camino, que la única razón por la que estaba pasando por allí era porque su socio había perdido las llaves de la oficina y él le estaba llevando las suyas.

Pensé para mí mismo que eso no había sucedido por casualidad; el Señor sabía que necesitábamos transporte para llegar a la capilla. Yo tenía los diezmos en el bolsillo y eso me dio la oportunidad de enseñar a nuestros hijos las bendiciones que se reciben por pagar los diezmos. Llegamos a la capilla más temprano que nunca, pero estábamos felices y agradecidos. Participamos de todas las reuniones y no le dijimos a nadie lo que había sucedido.

Los veranos en São Paulo son muy calurosos, en especial al mediodía, que era la hora a la que terminaban nuestras reuniones. Nos disponíamos a emprender el regreso a casa cuando alguien se acercó y nos preguntó: “¿Tienen alguien que los lleve de vuelta a su casa?”. Le dijimos que no y él dijo: “¿Quieren que yo los lleve?”. Aceptamos su ofrecimiento y mi esposa y yo nos miramos, emocionados y sonrientes.

Más de una vez el Señor nos ha bendecido de gran manera por nuestra obediencia.

La obediencia trae felicidad

“… si guardamos los mandamientos, nuestra vida será más feliz, más plena y menos complicada. Nuestros desafíos y problemas serán más fáciles de sobrellevar y recibiremos [las] bendiciones prometidas [del Padre Celestial]. Sin embargo, aun cuando nos da leyes y mandamientos, Él también permite que elijamos si los aceptaremos o rechazaremos. Las decisiones que tomemos en cuanto a ello determinarán nuestro destino…

“Ruego que nos demos cuenta que la mayor felicidad en la vida vendrá como resultado de seguir los mandamientos de Dios y obedecer Sus leyes”.

Presidente Thomas S. Monson, “Guarden los mandamientos”, Liahona, noviembre de 2015, págs. 83, 84.

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Practicar la religión pura

Septiembre 2016
Practicar la religión pura
Por el élder Don R. Clarke

Prestó servicio como Setenta Autoridad General desde 2006 hasta 2015
Tomado del discurso “Pure Religion”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho, el 13 de enero de 2015. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

young man with eldery woman

Si desean ser felices, sentir el Espíritu Santo y acercarse más al Salvador, entonces practiquen la religión pura.

Hace un par de años, un joven, a quien llamaré John, fue a mi oficina poco después de haber regresado de su misión.

“Élder Clarke, necesito ayuda”, me dijo con gran preocupación. “Me encantó mi misión y me cambió; sin embargo, estoy perdiendo algunos de esos sentimientos sagrados y especiales que sentí en el campo misional. ¿Qué puedo hacer para sentirme tal como me sentí en el campo misional?”.

He visto que eso ocurre muchas veces. Lo que preguntaba era: “¿Qué puedo hacer para ser feliz, sentir el Espíritu Santo y sentirme cerca del Salvador?”. Esa es una pregunta que deberíamos hacernos todos los días.

Aquella tarde en mi oficina, acudimos a Santiago 1:27 y leímos: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

Después leímos Alma 34:28: “… si… volvéis la espalda al indigente y al desnudo, y no visitáis al enfermo y afligido, y si no dais de vuestros bienes, si los tenéis, a los necesitados, os digo que si no hacéis ninguna de estas cosas, he aquí, vuestra oración es en vano y no os vale nada, y sois como los hipócritas que niegan la fe”.

Luego, repasamos la historia en el Evangelio de Juan en la que Pedro y otros discípulos habían ido a pescar y no pescaron nada; pero entonces el Salvador les dijo que movieran la red al otro lado de la embarcación y pescaron ciento cincuenta y tres peces. Después de que hubieron comido, Pedro y el Salvador conversaron; el Salvador sabía que estaba instruyendo por última vez a quien pronto sería el Profeta y Presidente de la Iglesia.

“… ¿me amas?”, preguntó el Salvador.

Pedro respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”.

Entonces el Salvador dijo: “Apacienta mis corderos”.

El Salvador volvió a hacer la misma pregunta dos veces más y luego dijo: “Apacienta mis ovejas” (véase Juan 21:3–17).

En realidad, a Pedro se le estaba instruyendo que practicara la religión pura, o que cuidara de las personas. El profeta actual de Dios también cuida y ama a la gente. El presidente Thomas S. Monson es un gran ejemplo de alguien que practica la religión pura; ha pasado toda su vida amando y velando por las personas.

He visto a muchos exmisioneros como mi amigo John. Si les preguntan por qué les gustó tanto su misión, casi siempre dirán que fue a causa del amor que sentían por la gente. El día en que los misioneros comienzan a preocuparse más por los demás que por sí mismos, empiezan a sentirse felices; y lo mismo sucede con todos nosotros. Nuestra vida siempre será más feliz si nos preocupamos por los demás y los amamos.

Lo contrario de preocuparse por las otras personas es pensar en uno mismo: mi auto, mis estudios, mi trabajo, mis problemas. Cuando se trata siempre de nosotros, nuestra conexión con el cielo no es tan fuerte como podría serlo. Seguir leyendo

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Esperábamos mellizas; descubrimos milagros

Septiembre 2016
Esperábamos mellizas; descubrimos milagros
Por Cheryl Lapating-La Torre
La autora vive en Filipinas.

Pensamos que todo en la vida iría sin sobresaltos; pero pronto las cosas se complicaron y estaba aterrada pensando en qué otra cosa podría ir mal.

husband and wife Una noche, estaba mirando las noticias y algo me llamó la atención. Reconocí a la reportera; era una compañera de la universidad. ¡Había realizado su sueño de ser conductora de un noticiero!

“¿Y yo?”, me pregunté. “¿Qué es lo que he logrado?”. Miré al bebé dormido en mis brazos y pensé en los acontecimientos de los últimos tres años.

Siempre pensé que tendría una carrera, pero cuando mi esposo, Charles, y yo tuvimos a nuestra primera hija, Chevy, mis prioridades cambiaron. Renuncié a mi trabajo para cuidar de ella. Teníamos fe en Jesucristo de que si pagábamos nuestro diezmo y obedecíamos los mandamientos, todo saldría bien.

Las cosas iban bien hasta que, un día, a Charles lo despidieron del trabajo. Teníamos fe en que estaríamos bien, pero teníamos que hacer algo. Decidimos que yo también buscaría un empleo, así que tanto Charles como yo comenzamos a buscar trabajo. Después de unas semanas, me contrataron en un centro de llamadas. Odiaba tener que dejar a mi bebé de nueve meses con una niñera todos los días, pero era la mejor solución.

Al mes de estar trabajando, me enteré de que estaba embarazada. Afortunadamente, Charles pronto encontró trabajo; no le pagaban mucho, pero ayudaría. Por un tiempo nos sentimos tranquilos.

Entonces mi embarazo se complicó y tuve que dejar de trabajar. Cuando fui al médico para mi visita mensual, quedamos sorprendidos al saber que íbamos a tener mellizas. Charles y yo estábamos asustados, pero confiábamos en el Padre Celestial.

A los tres meses y medio de embarazo, desperté sangrando. Pensé que estaba teniendo un aborto natural, así que fui al hospital. Las bebés estaban bien, pero el doctor me mandó reposo absoluto por el resto del embarazo.

Las cosas se estaban poniendo muy complicadas; al pagar los recibos del hospital, nuestra cuenta de banco quedó vacía, y el escaso sueldo de Charles no era suficiente para cubrir nuestras necesidades. Me sentía inútil; no podía ayudar a ganar un ingreso ni a cuidar de Chevy. A veces me olvidaba de que quienes llevaba dentro de mí eran dos hijas en espíritu especiales; suplicaba día y noche a mi Padre Celestial por alivio. Estaba aterrada pensando en qué otra cosa podría ir mal; sin embargo, un pensamiento me volvía a la mente una y otra vez: el Padre Celestial vive y Él sabe cuáles son nuestras necesidades.

Charles también estaba batallando, pero se mantuvo fuerte; me atendía a mí y cuidaba de Chevy además de ir a trabajar. Sus bendiciones del sacerdocio me dieron consuelo y su amor me fortaleció. Teníamos miedo, pero afrontamos esa nueva prueba juntos.

Hice lo mejor que pude para aceptar la situación; en vez de quejarme, leía las Escrituras, las revistas de la Iglesia y buenos libros. También cantaba himnos; en particular, el himno “Qué firmes cimientos” (Himnos, nro. 40) me ayudó mucho. Me sentí más cerca de mi Salvador y me di cuenta de lo mucho por lo que tenía que estar agradecida, a pesar de nuestras circunstancias.

Con el paso de los días, sentimos la mano de Dios en nuestra vida. Todo el tiempo sucedían grandes y pequeños milagros inesperados. Nuestros familiares y amigos pagaron algunos de nuestros gastos, y sentí el amor y preocupación de nuestra familia. La presidenta de la Sociedad de Socorro asignó a una o dos hermanas para que me visitaran todos los días; ellas traían alimentos, cocinaban, limpiaban, atendían a Chevy, compartían conmigo pensamientos espirituales y me levantaban el ánimo. Oraban pidiendo que me recuperara y que las mellizas estuvieran sanas y salvas. Nunca nos faltó de comer. Aquellas hermanas no sabían cuánto me ayudaba su servicio a sobrellevar mi carga. Cuando llegó el momento, el Padre Celestial me ayudó a tener un parto sin complicaciones y las dos niñas nacieron sanas.

Han pasado años desde aquella época difícil de nuestra vida, pero no ha habido ni un día en el que no hayamos sentido el amor de Dios. Nuestra situación económica es mucho mejor ahora y nuestras hijas están creciendo, son inteligentes y talentosas. Tenemos más fortaleza y estamos mejor preparados para los desafíos futuros, porque sabemos que el Padre Celestial bendice a Sus hijos en Su propio tiempo y que nunca los desamparará ni los dejará sin consuelo. La vida no es un recorrido fácil, pero Dios siempre estará con nosotros y nos guiará.

Desafíos con propósito

“No sé la razón por la que tenemos las muchas pruebas que tenemos, pero yo pienso que la recompensa es tan grande, tan eterna y duradera, tan gozosa y más allá de nuestro entendimiento, que en ese día de recompensa quizás queramos decir a nuestro misericordioso y amoroso Padre: ‘¿Era eso todo lo que se requería?’… ¿Qué importará, queridas hermanas, lo que suframos aquí si, al final, esas pruebas son precisamente lo que nos preparará para la vida eterna…?”.

Véase de Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, “Dignas de las [bendiciones] prometidas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 11.

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Bendecido por causa de mi servicio

Septiembre 2016
Bendecido por causa de mi servicio
Por John A. Grinceri
El autor vive en Australia Occidental.

El Señor se deleita en bendecirnos; y he aprendido que, no importa cuánto servicio preste, siempre estoy en deuda con Él.

men shaking handsHace poco, al ser presentado como orador, la persona que dirigía la reunión mencionó amablemente algunos de los llamamientos más prominentes que yo había tenido en la Iglesia, como obispo, presidente de misión y miembro de una presidencia de estaca. Ese hermano estaba siendo cortés, pero yo pensé: ¿por qué no presentarme como líder misional del barrio (el llamamiento que tenía entonces) o por alguno de mis llamamientos menos públicos?

Puedo decir con honestidad que sentí que el mismo espíritu me guiaba en cada llamamiento, y todos ellos me han traído gran satisfacción. Siempre he procurado la guía del Señor en mis llamamientos y nunca me he sentido abandonado. He llegado a la conclusión de que el Señor se deleita en bendecirnos, independientemente de dónde sirvamos.

Creo que recibiremos “… una corona de inmortalidad, así como la vida eterna” (D. y C. 81:6), no por causa de llamamientos prominentes, sino más bien por haber servido con humildad en cualquier llamamiento que hayamos recibido. El Salvador ha dicho:

“… no diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de ellos; porque sin los pies, ¿cómo podrá sostenerse el cuerpo?

“También el cuerpo tiene necesidad de cada miembro, para que todos se edifiquen juntamente, para que el sistema se conserve perfecto” (D. y C. 84:109–110).

En el transcurso de mi vida, he sentido temor de recibir algunos llamamientos. Cuando tenía esos pensamientos acerca de un posible llamamiento, podía apostar que pronto lo recibiría. El aceptar esos llamamientos ha requerido fe y confianza en las promesas que se encuentran en las Escrituras.

Nefi dijo: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7). Pablo declaró: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

En ocasiones, puede que sintamos que tenemos derecho a rechazar un llamamiento si nos asusta, pero debemos recordar que los líderes de la Iglesia oran en cuanto a los llamamientos y a las personas que han de recibirlos.

Cuando rechazamos un llamamiento, el cargo pasa a otra persona, la cual tendrá la oportunidad de crecer y ser bendecida por prestar servicio (véase D. y C. 58:32).

El Señor se deleita en bendecirnos; y he aprendido que, no importa cuánto servicio preste, siempre estoy en deuda con Él. En verdad, Él nos ha bendecido a mí y a mi familia por nuestro servicio en Su reino mucho más de lo que había soñado.

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Fortaleza mediante la obediencia

Fortaleza mediante la obediencia

Thomas S. MonsonPor Élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce Apóstoles

En el mundo actual el énfasis se halla sobre la palabra juventud. Todos quieren verse jóvenes, sentirse jóvenes y ser jóvenes, nadie parece preferir la edad avanzada. En efecto, vastas sumas de dinero se gastan diariamente en productos los cuales se tiene la esperanza de que devolverán la apariencia juvenil. Bien podríamos preguntarnos a nosotros mismos, “¿Es la búsqueda de la juventud una novedad para nuestra época o nuestra generación?” No necesitaremos más que pasar las páginas de la historia para encontrar nuestra respuesta.

Siglos atrás, en aquella gran época de exploración, se prepararon expediciones y barcos conteniendo tripulaciones resueltas y arriesgadas que navegaron sin mapas sobre los mares en busca de una exacta “fuente de la juventud.” La leyenda de esos días rumorease que en alguna parte, en el más allá había una fuente mágica que contenía el agua más pura. Todo lo que uno tenía que hacer para recobrar el vigor de la juventud, y para convertir éste en perpetuo, era beber abundantemente de las aguas que emanaban de esta fuente.

Ponce de León, quien acompañó a Colón en sus aventuras, realizó subsiguientemente viajes de exploración, con completa seguridad en la leyenda de que este elixir de la juventud podría encontrarse en algún lugar del Archipiélago de las Bahamas. Sus esfuerzos como los de muchos otros no produjeron ningún descubrimiento, pues en el divino plan de nuestro Dios, participamos de la existencia mortal y gustamos de la juventud una sola vez.

Aunque no hay “fuente de la juventud” la cual sabiamente pudiéramos buscar, hay otra fuente que contiene agua más preciosa aún, las aguas de la vida eterna. Esta es la “fuente de la verdad.”

El poeta capturó el verdadero significado de la búsqueda de la verdad al escribir estas prosas inmortales:

Sí, ¿qué es verdad? Es el supremo don
Que podría mortal anhelar;
En abismos buscadla os da galardón,
O seguid a los cielos su bello pendón,
Es la mira más noble que hay.

Pues, ¿qué es verdad? Es principio y fin
Y sin límites siempre será;
Si del cielo y tierra se huye confín,
La verdad de la vida la suma,
su bien Repartiendo sin fin seguirá.

(“¿Qué es la Verdad?’ de los Himnos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pág. 206).

En una revelación dada por medio del profeta José Smith en Kirtland, Ohio, en el mes de mayo de 1833, el Señor declaró:

Y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser. … El espíritu de verdad es de Dios. El [Jesús] recibió la plenitud de la verdad, sí, aun de toda la verdad… Y ningún hombre recibe la plenitud, a no ser que guarde sus mandamientos. El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas. (Doc. y Con. 93:24, 26-28).

No hay necesidad de que ustedes o yo, en esta época de cultura en que la magnitud del evangelio ha sido restaurada, tengamos que navegar mares sin mapas o andar por caminos sin señas en busca de la “fuente de la verdad.” Pues un amoroso Padre Celestial ha trazado nuestro camino y nos ha provisto con un mapa indefectible—la obediencia.

Su palabra revelada describe vivamente las bendiciones que la obediencia trae, y la inevitable angustia v desesperación que acompaña al viajante que se desvía por las sendas prohibidas del pecado y el error.

Dirigiéndose a una generación impregnada en la tradición del sacrificio animal, Samuel dijo audazmente: …obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.” (1 Samuel 15:22)

Los profetas, antiguos y modernos, conocieron la fortaleza que viene por medio de la obediencia. Pensemos de Nefi: “. . . Iré y haré lo que el Señor ha mandado. . .”) (1 Nefi 3:7). O la maravillosa descripción de Alma al referirse a la fortaleza poseída por los hijos de Mosíah:

. . .y se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sana inteligencia, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para poder conocer la palabra de Dios. No sólo eso; habían orado y ayunado mucho; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios. (Alma 17: 2,3.)

El presidente David O. McKay, al pronunciar su mensaje inaugural a los miembros de la Iglesia durante la conferencia general de abril de 1957 comenzó con palabras tan simples pero a la vez tan poderosas, “Guardad los mandamientos de Dios.”

Tal fue la carga del mensaje de nuestro Salvador cuando declaró: “Porque todos los que quisieren recibir una bendición de mi mano han de cumplir con la ley que rige esa bendición, así como con sus condiciones, cual quedaron instituidas desde antes de la fundación del mundo.” (Doc. y Con. 132:5).

Nadie puede criticar las instrucciones del Maestro. Sus mismas acciones dieron fe de sus palabras; El demostró amor verdadero por Dios al vivir una vida perfecta, al honrar la sagrada misión que poseía. Nunca fue soberbio o se envaneció de orgullo; nunca fue desleal. Siempre fue humilde, siempre sincero y siempre leal.

Aunque fue conducido de lo espiritual al yermo para ser tentado por el amo de la falsedad, aún el Diablo; aunque se hallaba físicamente debilitado a causa del ayuno de cuarenta días y cuarenta noches y estaba hambriento; aun cuando Satanás le ofrecía las más halagüeñas y tentadoras proposiciones, Él nos dio un ejemplo divino de obediencia al resistirse a desviarse de lo que Él sabía era lo justo.

Cuando se enfrentó con la agonía de Getsemaní, donde soportó tal dolor que su sudor parecía gotas de sangre que caían al piso, ejemplificó la obediencia por medio de estas palabras, “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42).

A Pedro de Galilea Jesús dijo, “Sígueme.” A Felipe llegaron las mismas instrucciones, “Ven y ve.” Y a Leví, el publicano, sentado al banco de los tributos públicos llegó la misma seña, “sígueme.” Aun a uno que corrió detrás de Él, uno que tenía grandes posesiones, llegaron las palabras, “sígueme.” Y a vosotros y a mí esa misma voz, ese mismo Jesús nos dice, “Sígueme.” ¿Estamos deseosos de obedecerle?

La obediencia es el distintivo de los profetas, pero debemos comprender que este manantial de fortaleza está a nuestro alcance hoy día.

Una de las personas que aprendió debidamente la lección de obediencia y que encontró la “fuente de la verdad,” fue un hombre sencillo y sincero de humildes medios y circunstancias. Se había unido a la Iglesia en Europa y por medio de ahorro diligente y sacrificio había emigrado a Norteamérica, una nueva tierra, un lenguaje desconocido, costumbres diferentes, pero una misma Iglesia bajo la dirección del mismo Señor en quien él confió y obedeció. Llegó a ser el presidente de rama de una pequeña congregación de santos desafiantes en una cierta ciudad no amistosa de decenas de miles de habitantes. Él se guió por el programa de la Iglesia a pesar de que los miembros eran pocos y las tareas demasiadas. Dio un ejemplo a los miembros de su rama que era en verdad semejante al de Cristo, y ellos le correspondieron con una clase de amor raramente visto.

Ganó el sustento con sus propias manos trabajando como mercante’. Sus recursos eran limitados, pero siempre pagó más que una décima parte de sus entradas totales como diezmos. Fue iniciador de un fondo pro-misionero en su pequeña rama, y en cierta ocasión, el único contribuyente por un número de meses. Cuando había misioneros en la ciudad les alimentaba y les trataba como un padre y nunca abandonaron ellos su casa sin recibir alguna donación palpable para usar en su trabajo y bienestar. Los miembros de la Iglesia que venían de lugares distantes y pasaban por la ciudad, al visitar su rama siempre recibían su hospitalidad y la cordialidad de su espíritu; seguían luego su camino sabiendo que habían conocido a un hombre poco común, uno de los siervos obedientes del Señor.

Aquellos que presidían sobre él, recibían su profundo respeto y cuidado extraordinariamente especial. Para él eran emisarios del Señor y sus deseos un mandamiento; les proveía de comodidades físicas y en sus oraciones, las cuales eran frecuentes, era especialmente diligente al pedir por el bienestar de ellos. Durante el día santo, algunos de los oficiales visitantes en la rama participaban con él en no menos que una docena de oraciones durante las diversas reuniones y visitas a los miembros. Al final del día éstas le brindaban un regocijo y estado espiritual tan elevado que le mantenían feliz durante las cuatro horas de viaje en época de invierno y los cuales ahora, después de muchos años, entibian el espíritu y vivifican el corazón al mirar hacia el pasado.

Hombres de letras, personas de experiencias buscaban a este humilde e iletrado hombre de Dios y se llamaban afortunados si podían disponer de una hora de su compañía. Su apariencia era común, su inglés renqueante y un poco difícil de comprender, su hogar no era presuntuoso; no tenía ni automóvil ni televisor, no fue autor de libros ni predicó pulidos sermones y no hizo ninguna de las cosas en las cuales el mundo fija su atención, y sin embargo los fieles trazaron una senda hasta su puerta. ¿Por qué? Porque deseaban beber de su “fuente (le la verdad”; no era tanto lo que él decía, sino lo que hacía; no la substancia de los sermones que predicaba sino la fortaleza de la vida que él guiaba.

El saber que un hombre pobre, consistente y alegremente ofreció al menos dos veces la décima parte de sus posesiones al Señor nos da un discernimiento más claro del verdadero significado del diezmo. El verle socorrer a los hambrientos y dar alojamiento al forastero nos hace saber que procedió en la manera en que procedería con el Maestro. El orar con él y ser partícipe de su confianza de intercesión divina era como experimentar un nuevo medio de comunicación.

Bien podría decirse que guardó el primer y gran mandamiento, y el segundo, el cual le es semejante, que sus entrañas estaban colmadas de bondad hacia toda la humanidad, que la virtud adornaba sin cesar sus pensamientos y consecuentemente su fe había crecido fuertemente en la presencia de Dios.

Este hombre poseía el halo de benevolencia y el resplandor de la justicia; su fortaleza se originaba en la obediencia.

La fortaleza que tan fervorosamente buscamos hoy para hacer frente a los desafíos de un complejo y variable mundo puede entonces ser nuestra. Con entereza y resuelto valor, nos paramos y declaramos con Josué, “. . . pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24: 15).

Revista de la Sociedad de Socorro Octubre 1966

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Después del amor, entonces ¿qué?

Septiembre 2016
Despuées del amor, entonces ¿qué?
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Nuestro querido Profeta, el presidente Thomas S. Monson, ha enseñado que “el amor es la esencia misma del Evangelio”1.

Christ healing

El amor es tan importante que Jesús lo llamó “el primero y grande mandamiento”, y dijo que toda porción de la ley y de las palabras de los profetas dependen de él 2.

El amor es el motivo primordial de todo lo que hacemos en la Iglesia. Todo programa, toda reunión, toda acción en la que tomamos parte como discípulos de Cristo debería derivarse de ese atributo, porque sin caridad, “el amor puro de Cristo”, no somos nada 3.

Una vez que entendemos eso con la mente y el corazón, una vez que declaramos nuestro amor por Dios y por nuestros semejantes, ¿entonces qué?

¿Es suficiente sentir compasión y amor por los demás? El declarar nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo, ¿satisface nuestra obligación para con Dios?

La parábola de los dos hijos

En el templo de Jerusalén, los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos se acercaron a Jesús con la intención de hacerlo caer en una trampa mediante Sus propias palabras. No obstante, el Salvador invirtió la situación al relatarles una historia.

“Un hombre tenía dos hijos”, comenzó. El padre fue al primero y le pidió que fuera a trabajar en la viña; pero el hijo rehusó hacerlo. Más tarde, ese hijo, “arrepentido, fue”.

Entonces el padre fue a su segundo hijo y le pidió que fuera a trabajar en la viña. El segundo hijo le aseguró que iría, pero nunca lo hizo.

Después, el Salvador se volvió a los sacerdotes y ancianos, y preguntó: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”.

Ellos tuvieron que admitir que fue el primer hijo, el que dijo que no iría, pero más tarde se arrepintió y fue a trabajar en la viña4.

El Salvador utilizó esa historia para hacer hincapié en un importante principio: aquellos que obedecen los mandamientos son los que verdaderamente aman a Dios.

Tal vez por eso Jesús pidió a los del pueblo que escucharan y siguieran las palabras de los fariseos y los escribas, pero que no siguieran su ejemplo5. Esos maestros religiosos no hacían lo que enseñaban; les encantaba hablar de religión, pero tristemente ignoraban la esencia de la misma. Seguir leyendo

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El gozo de servir

Conferencia General Abril 1988
El gozo de servir
por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. MonsonSigamos adelante cuidando de sus ovejas y atendiendo a las responsabilidades que tenemos con nuestra familia y con la Iglesia

El presidente Benson me ha pedido que os exprese mi testimonio, y me complace tener la oportunidad de volver a testificar que Dios vive; que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente; que su obra es verdadera y que el verdadero gozo se recibe por medio del servicio que prestamos a nuestro Padre Celestial y a nuestros semejantes.

Seremos grandemente bendecidos si después de haber oído esta conferencia, nos sentimos mas cerca del Salvador, si ganamos un testimonio de su divina misión, y si en este domingo de Pascua podemos renovarnos con el espíritu de la Resurrección y seguir adelante cuidando de sus ovejas y atendiendo a las responsabilidades que tenemos con nuestra familia y con la Iglesia, de una manera que nos haga dignos de recibir las bendiciones de nuestro Padre Celestial. Si hacemos todo esto, seremos grandemente bendecidos.

Que Dios os bendiga, mis hermanos, en todo lo que hagáis; que tengáis paz en vuestro corazón; que haya serenidad en vuestro hogar; y que el Espíritu del Señor Jesucristo more en vuestra alma. Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Porque yo os guiaré

Conferencia General Abril 1988
«Porque yo os guiaré»
por el élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellEstamos en esta vida terrenal y tenemos que seguir adelante con valor; no hay otro camino. Nuestro Salvador nos ha dicho: «. . . tened buen ánimo».

Gracias, presidente Benson, por su exhortación sobre el primer mandamiento y más aun por la forma en que lo pone en práctica por medio de sus expresiones de amor hacia todos nosotros.

Hermanos, a lo largo de la historia cristiana, al concentrarse en unas pocas profecías y pasar por alto otras, algunos creyentes han esperado prematuramente la Segunda Venida. Hoy en día, si bien nos encontramos evidentemente mas cerca de ese momento~0 corremos el peligro de hacer lo mismo.

Por otro lado, la indiferencia es también un gran peligro. Del primer advenimiento de Jesús, el escéptico dijo: » . . . no es razonable que venga tal ser como un Cristo» (Helamán 16: 18). De su segunda venida, Jesús dijo:

«Mirad. . . [no sea] . . . que . . . venga de repente sobre vosotros aquel día   » (Lucas 21:34-35; véase también Mateo 24:37-38; Apocalipsis 3:3; D. y C. 45:26.)

Pedro escribió de los escépticos que dirían: «¿Dónde esta la promesa de su advenimiento?», porque, ¿no es que «todas las cosas permanecen así como desde el principio»‘? (2 Pedro 3:4).

Algunas profecías, como la del regreso del pueblo judío a Israel, se adelantaron décadas a su cumplimiento (véase Ezequiel 39:27). Otras profecías pueden cumplirse en un corto periodo de tiempo. El llevar el evangelio restaurado «para testimonio» (Mateo 24: 14) a todas las naciones del mundo supone generaciones, pero «una plaga asoladora» podría desatarse velozmente en la tierra (véase D. y C. 5: 19). Es lamentable, pero ya existe mas de una posibilidad de esas plagas (véase Marcos 13:10; D. y C. 5: 19). Si bien el florecimiento del desierto «como la rosa» tardó mucho tiempo, una considerable decadencia moral podría acontecer en una sola generación: ya sea en una nación o en una familia (véase Isaías 35:1; Helamán 6:32; 11:36; 12:4).

El Medio Oriente ha sido tantas veces el centro de la historia humana; y aun ahora las palabras de Zacarías son especialmente descriptivas al decir que Jerusalén será la «copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor» y «piedra pesada a todos los pueblos» (Zacarías 12:23).

Por eso es preciso observar mas que el brote de las hojas de la higuera para saber si el verano esta cerca (véase Mateo 24:32). Por analogía, una cosa es observar las bravas olas del mar que se estrellan contra las arenas de la playa al anunciar que viene tempestad y otra, muy distinta, advertir los enérgicos movimientos del fondo del mar que anuncian un espantoso maremoto.

En el contexto de esas advertencias, no vacilo en decir que hay algunas señales-aunque ciertamente no todas-que indican que «el verano esta cerca» (Mateo 24:32). Haríamos bien en advertirlo y reflexionar en ello, pero sin preocuparnos demasiado y sin dejar de observar el brote de las hojas por estar «cargados de los afanes de esta vida» (Mateo 24:32; Lucas 21:34). Seguir leyendo

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No son en verdad felices

Conferencia General Octubre 1987
No son en verdad felices
por el obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero en el Obispado Presidente

Glenn L. Pace«No confundamos el placer telestial con la felicidad y el gozo celestiales. No confundamos la falta de autodominio con la libertad. La libertad total sin restricciones nos hace esclavos de nuestros apetitos. No envidiemos un vivir degradado.»

Deseo conversar sinceramente con vosotros, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, particularmente con los que de entre vosotros hayáis venido a esta reunión a regañadientes y a los que quizás ni habríais venido si vuestros padres o lideres del sacerdocio no os hubieran amenazado un poco o recompensado de alguna manera.

Cuando nuestros hijos eran pequeños y nos dirigíamos a las reuniones de la lglesia, de vez en cuando veíamos pasar un vehículo que remolcaba una lancha. Mis hijos se quedaban mirándolos con las naricitas pegadas al vidrio del auto y me preguntaban: «Papa, ¿por qué no vamos a esquiar al lago en vez de ir a la iglesia?»

A veces, me salía por la tangente y solo les decía: »Bueno, porque no tenemos lancha». Pero en mis días de mayor sensatez, reunía toda la lógica y la espiritualidad de que disponía como patriarca de la familia y procuraba explicarles cuanto más felices éramos nosotros porque participábamos en las actividades de la Iglesia.

Comprendí que no me habían entendido cuando, mas adelante, un domingo, al ver a los de una familia que reían muy contentos mientras cargaban sus esquís en su vehículo, uno de mis hijos adolescentes me dijo, riendo socarrón: »Esos no son en verdad felices, ¿no es así, papa?» Ahora decimos eso en broma cada vez que vemos a alguien haciendo algo que nosotros no podemos hacer. Cuando veo a un adolescente conduciendo un bonito y costoso auto deportivo, digo a mis hijos: »Allí va un tipo muy desdichado».

Vosotros, jóvenes, estáis creciendo en un mundo muy difícil y confuso. Actividades siempre prohibidas por el Señor, y durante mucho tiempo condenadas por la sociedad, son ahora aceptadas y fomentadas por esa misma sociedad. Los medios de difusión las hacen parecer muy apetecibles. Agreguemos a la aceptabilidad y a lo apetecible el poder de la influencia de los amigos y tenemos una situación extremadamente peligrosa. Seguir leyendo

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Al servicio del Señor

Conferencia General Octubre 1987
Al servicio del Señor
por el élder Douglas J. Martin
del Primer Quórum de los Setenta

Douglas J. Martin«Tanto esos matrimonios misioneros como nosotros mismos vamos descubriendo un nuevo propósito y sintiendo mas satisfacción en nuestra vida.»

Mis queridos hermanos, hacen varios años, en una conferencia general, oí al presidente Spencer W. Kimball exhortar a los matrimonios mayores, ya con todos sus hijos casados o independientes, a despegarse un poco de ellos y de sus nietos por un año o dos para servir a nuestro Salvador Jesucristo en el campo misional. Eso me impresiono mucho y en cuanto llegue a mi casa, en Nueva Zelanda, se lo conté a mi esposa.

Al hacer nuestros planes para servir, decidimos que yo me jubilaría un poco antes de tiempo, o sea, cuando yo cumpliera sesenta años en abril de 1987. Se lo dijimos a nuestros hijos, quienes, si bien no dijeron mucho al respecto, acataron nuestros deseos y nos apoyaron. También informe a mis socios con tres a cuatro años de anticipación.

Al acercarse 1987, nuestros planes iban marchando bien. Yo esperaba dedicar unos meses a las agradables actividades con que había sonado desde hacia años, pensando que más adelante llegaría nuestro llamamiento a la misión.

Pero un día de fines de marzo de este año,  se me comunicó por teléfono que debíamos asistir a la conferencia general de Salt Lake City antes de la fecha de jubilación fijada en abril. [En esa fecha recibió el llamamiento al Quórum de los Setenta y mas adelante se lo llamo como consejero de la presidencia de área.]

¡Cuánto agradecemos haber prestado oído a la inspiración del Espíritu tras escuchar al presidente Kimball hace ya varios años.

Debe de haber en muchos países, en la lglesia en la actualidad, matrimonios de nuestra edad, de circunstancias parecidas o iguales a las nuestras que estén recibiendo la misma inspiración del Espíritu Santo. Al recibirla, recordad la promesa que recibió el profeta José Smith: «Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese espíritu que induce a hacer lo bueno ‘ (D. y C. 11: 19).

Desde hace sólo un mes, mi esposa y yo estamos en el servicio del Señor trabajando en las islas de las Filipinas. Micronesia y Guam, y nuestra vida ha cambiado totalmente. Hemos pasado del invierno al verano en sólo doce horas. Del cordero de Nueva Zelanda al pescado delicioso que llaman lapu lapu. Aun nos resultaba distinto el delgado y moreno presidente de estaca filipino que me dijo: «Tengo la misma edad que usted, élder Martin».

Poco después de llegar a las Filipinas, nos dirigimos a nuestra primera conferencia de estaca, a unos cien kilómetros hacia el norte. Por el camino, vimos la pobreza de muchas de esas encantadoras gentes, lo cual también era nuevo para nosotros y nos dio mucha tristeza. Nos hospedamos en un pequeño hotel de ese distante pueblo y no tardamos en descubrir que carecía de muchas de las comodidades a que estabamos habituados. Pero, después, cuando entramos en los inmaculados jardines de la capilla, recobramos nuestro animo. Los miembros, vestidos impecablemente, nos saludaron con cariñosos apretones de manos. Ya no éramos »extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19) Poco después vería entre los filipinos un ejemplo inolvidable y maravilloso.

Al avanzar frente a la hilera de manos que nos saludaban, una mujer joven extendió tímidamente el brazo. Al saludarla, me di cuenta que no tenía manos intercambiamos una sonrisa y seguimos adelante. Después, volví a ver a esa hermana y a su marido cuando los invitaron a hablar. Esta joven pare ja se había casado hacia unos dieciocho meses en el Templo de Manila. Cuando ella se puso de pie, advertí que aparte de haber nacido sin manos, tenia una pierna artificial. Al dirigir la palabra, contaron la notable historia de sus vidas.

Supimos entonces que ella era hija del presidente de la estaca. Pese a lo que para otras personas hubiera sido un impedimento -pero que para ella solo fue una dificultad- esa joven había cumplido una misión proselitista Describió de un modo muy bello los sentimientos que experimentó al ir a casarse al Templo de Manila. En su discurso, puso de manifiesto una madurez en la comprensión del evangelio y una humildad en verdad extraordinaria.

Luego habló su esposo y contó que a los dos meses de estar en el campo misional le había escrito una carta a ella, su novia, y luego otra, hacia el fin de su misión, en la que le expresaba su deseo de casarse con ella en el Templo de Manila al volver a casa. No tuvieron ninguna duda ni habían cambiado de parecer al estar separados sino que, por el contrario, para ellos dos creció su comprensión del significado y bendición del matrimonio en el templo. Cuando con orgullo nos mostraron su bebé después de la conferencia y al considerar lo que había logrado cl joven matrimonio, recordé las palabras del Salvador: «Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan». (Lucas 11:28).

Desde entonces hemos visitado diversas islas y sitios de las Filipinas, y en todas partes encontramos matrimonios misioneros, algunos de los cuales son mayores que nosotros. Hay allí un matrimonio de Fremont, California, que trabaja en lejana Vigan; son los Johnson, que se bautizaron en la Iglesia hace sólo unos pocos años. En Vigan, el carabao, o búfalo de la India,  y los triciclos motorizados son prácticamente los únicos medios de transporte, pero los Johnson tienen una excelente actitud.

Cada vez que conozco a matrimonios misioneros, me lleno de amor y respeto s hacia ellos por su humildad y deseos de ayudar a los miembros filipinos. Todos ellos consideran su misión una de las grandes oportunidades de servir al Maestro Siempre nos preguntan cuantos nietos tenemos. Les decimos que tenemos ocho, número que queda empequeñecido cuando nos dicen «Nosotros tenemos 16 ó 23, ó 27» y casi siempre añaden: »Y hay dos que no conocemos aun». Aunque echan de menos a sus familiares y a sus nietos, no se quejan, sino que están contentos ante la expectativa del reencuentro Mientras tanto, recién todo el amor que pueden absorber de los fieles miembros filipinos.

Tanto esos matrimonios misioneros como nosotros mismos vamos descubriendo un nuevo propósito y sintiendo mas satisfacción en nuestra vida. La sección 4 de Doctrina y Convenios va adquiriendo mas significado para nosotros. Esta dice:

»De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra; pues mirad el campo, blanco esta ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma » (D. y C. 4:3-4.)

Ruego que los matrimonios que ya no tengan hijos en casa presten atención y obedezcan al Espíritu que insta a prepararse para servir al Señor en el campo misional. Sé que esta es la Iglesia del Señor, que José Smith fue un profeta de Dios, que el presidente Ezra Taft Benson es el Profeta de Dios en la tierra hoy en día. Estoy agradecido por ser miembro de la Iglesia y por todas las bendiciones que el serlo ha traído a mi vida y a la de mi familia.

En el sagrado nombre de Jesucristo Amén.

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El Libro de Mormón

Videos del Libro de Mormón


El Libro de Mormón

  • 0:00:00 — El Señor manda a la familia de Lehi abandonar Jerusalén | 1 Nefi 1–2
  • 0:17:36 El Espíritu guía a Nefi para obtener las planchas de bronce |1 Nefi 3–5
  • 0:42:27 La casa de Ismael se une a la familia de Lehi | 1 Nefi 7
  • 0:54:01 Lehi ve una visión del árbol de la vida | 1 Nefi 8
  • 1:06:09 El Señor guía el viaje de Lehi | 1 Nefi 16
  • 1:21:36 El Señor manda a Nefi a construir un barco | 1 Nefi 17–18
  • 1:35:59 La familia de Lehi navega a la tierra prometida | 1 Nefi 18
  • 1:48:04 Lehi da a su familia una bendición final | 2 Nefi 1–4
  • 2:01:03 Los nefitas se separan de los lamanitas | 2 Nefi 5
  • 2:08:29 Jacob enseña sobre la expiación de Jesucristo | 2 Nefi 6–10
  • 2:15:30 Nefi explica la doctrina de Cristo | 2 Nefi 31–32
  • 2:19:55 Nefi registra su testimonio final | 2 Nefi 33
  • 2:21:23 Jacob enseña acerca del orgullo y la castidad | Jacob 2–3
  • 2:32:06 Sherem niega a Cristo | Jacob 7
  • 2:37:36 Enós clama con potente oración | Enós 1
  • 2:43:12 El rey Benjamín se dirige a su pueblo | Mosíah 1–5
  • 3:00:14 Abinadí testifica de Jesucristo | Mosíah 11–18
  • 3:24:53 Alma, hijo, se convierte al Señor | Mosíah 27; Alma 36
  • 3:35:19 Alma predica la palabra de Dios | Alma 4–7
  • 3:44:54 Alma y Amulek son librados por el poder de Dios | Alma 8–15
  • 4:07:01 Ammón sirve y enseña al rey Lamoni | Alma 17–19
  • 4:29:17 Alma y Amulek enseñan sobre la fe en Jesucristo | Alma 31–34
  • 4:48:17 Alma aconseja a sus hijos | Alma 36–42
  • 5:04:23 Moroni invita a todos a venir a Cristo | Mormon 8–9; Moroni 1, 10

  • 0:00:13 — Jesucristo se aparece en la antigua América 3 Nefi 8–11
  • 0:16:30 Jesucristo enseña y da poder para bautizar 3 Nefi 11–12
  • 0:23:13 Jesucristo enseña cómo vivir la ley mayor 3 Nefi 12–14
  • 0:33:52 Jesucristo testifica sobre un solo redil y un pastor 3 Nefi 15–16
  • 0:39:23 Jesucristo y los ángeles ministran con compasión 3 Nefi 17
  • 0:50:58 Jesucristo establece la Santa Cena 3 Nefi 18
  • 1:01:23 Los discípulos ministran y Jesucristo ora por Su pueblo 3 Nefi 19
  • 1:08:30 Jesucristo profetiza sobre el recogimiento de Israel 3 Nefi 20–23
  • 1:19:40 Jesucristo declara el nombre de Su Iglesia y Su doctrina 3 Nefi 27

Diálogos sobre El Libro de Mormón

Miembros de la facultad de religión de la Universidad Brigham Young discuten sobre los escritos y enseñanzas de los profetas del Libro de Mormón, cubriendo varios capítulos del Libro de Mormón en media hora.


Guerreros Justos – John Bytheway

Guerreros Justos: Lecciones de los capítulos de guerra del Libro de Mormón – John Bytheway ¿Hay lecciones espirituales en estos capítulos? ¡Claro que sí! En este discurso de la semana de la educación, John Bytheway, profesor de BYU, nos enseña poderosas lecciones espiritulaes en los capítulos de guerras del Libro de Mormón.

Acompáñanos a descubrir, junto con Moroni, Helamán, Alma, Lehi, Teancum, y muchos otros personajes, las grandes ensenanzas que tienen para nosotros el Libro de Mormón. También aprenderemos de algunos profetas modernos, como Spencer W Kimball, James E Faust, Harold B Lee y Gordon B Hinckley.


Heroes del Libro de Mormón

John Bytheway hace que el Libro de Mormón cobre vida! Ideal para las clases en la Noche de Hogar, conferencias de jóvenes, y la preparación misional, nos invita a todos a leer no sólo el Libro de Mormón, sino para descubrir la aventura, la emoción, la inspiración, y sobre todo las doctrinas de Cristo encontrado en sus páginas.

De la obediencia de Nefi a la valentía de Alma a la fe de la esposa del rey Lamoni, Heroes: Lecciones del Libro de Mormón es una visita obligada para cualquier persona que quiera fortalecer su testimonio y obtener una apreciación más profunda de lo que Juan Bytheway llama «el más emocionante libro que tengo. «


El Libro de Mormón

Esta Página está diseñado para ayudar a los maestros y estudiantes del evangelio. El formato está configurado para proporcionar más información sobre los temas más importantes en cualquier capítulo de las Escrituras. Se proporcionan citas específicas de las Autoridades Generales para confirmar la validez de la doctrina que se enseña y para proporcionar buenas citas para su uso en clases y charlas.


“Guiados por la fe
Documental del Libro de Mormón”

Filmado en el centro de rodaje en el Medio Oriente, Guiados por la fe hace una crónica del valor y la fe de la familia de Lehi con el lente de la cámara y las percepciones de eruditos de un amplio rango de entornos y formación. La película muestra la tierra de Nahom, donde Ismael fue enterrado, y la ubicación más probable para Abundancia, donde Nefi construyó su barco. Profundo e inspirador, Guiados por la fe muestra cómo Dios moldeó a la familia de Lehi en el desierto para que llegaran a ser un nuevo pueblo de Dios.


Viaje de Fe — El Nuevo Mundo.

Continuación del aclamado documental Guiados por la Fe, esta asombrosa película presenta los interesantes comentarios de 32 expertos mientras continúa el viaje a través de la historia del Libro de Mormón, a lo largo de sus mil años dejándonos conocer mejor este texto sagrado. Las descripciones de Mormón de la tierra, la historia religiosa, su cultura y tradiciones crean un fascinante mosaico. Hermosas imágenes filmadas en Guatemala y México combinadas con el arte de Joseph Brickey iluminan la rica historia del Libro de Mormón.


Enseñanzas del Libro de Mormon — Hugh Nibley

VOLUMEN 2
VOLUMEN 3
VOLUMEN 4

Guía de estudio del Libro de Mormón
Haciendo las cosas preciosas simples

Título de Capítulo Escrituras asociadas
1. Introducción al Libro de Mormón: la clave de nuestra religión  
2. Revelación, obediencia, y las planchas de bronce 1 Nefi 1-7
3. El significado del árbol de la vida 1 Nefi 8-12; 15
4. La visiones proféticas de Nefi 1 Nefi 12-14
5. El viaje al Nuevo Mundo 1 Nefi 16-22.
6. Las bendiciones finales de Lehi y sus enseñanzas 2 Nefi 1-2
7. José y La Restauración; Los nefitas salen 2 Nefi 3-5
8. Las primeras enseñanzas de Jacob 2 Nefi 6-10
Interpretando a Isaías 1 Nefi 20-21; 2 Nefi 7-8 (Isaías 48-51J
9. Isaías en el Libro de Mormón 2 Nefi 11-24 (Isaías 2-14)
10. Las profecías de Nefi 2 Nefi 25-30
11. La doctrina de Cristo 2 Nefi 31-33
12. Las enseñanzas de Jacob en el Templo Jacob 1-4
13. La alegoría de Zenós de los olivos Jacob 5-7
14. La oración personal y la precognición de Dios Enós; Jarom; Omni; las palabras de Mormón
15. El sermón final del Rey Benjamín Mosíah 1-3
16. La gran conversión del pueblo Mosíah 4-6
17. Zeniff y Noé en la tierra de Nefi Mosíah 7-11
18. El mensaje de Abinadí y su muerte Mosíah 12-17 (Isaíah 53)
19. La esclavitud de los nefitas y la liberación Mosíah 18-24
20. Alma, hijo y su conversión Mosíah 25-28; Alma 36
21. El principio del reinado de jueces Mosíah 29; Alma 1-4
22. La lista de asuntos espirituales de Alma Alma 5-7
23. Alma y Amulek en Ammoníah Alma 8-12
24. El sacerdocio, la persecución, y la profecía Alma 13-16
25. Las misiones de los hijos de Mosíah Alma 17-22
Geografía del Libro de Mormón Alma 22
26. Los anti-Nefi-lehitas Alma 23-29
27. Korihor y los zoramitas Alma 30-31
28. Nutriendo al mundo con fe Alma 32-35
29. Las cartas de Alma para sus hijos Alma 36-39
30. El gran plan de felicidad Alma 40-42
31. El Capitán Moroni y las causas de la guerra Alma 43-52
32. Los guerreros de Helamán y las cartas Moroni- Pahorán. Alma 53-63
33. Ascenso de los Gadiantones Ministerio de Nefi y Lehi.. Helaman 1-5
34. El Ciclo de Orgullo de los Nefitas Helaman 6-12
35. Samuel el Lamanita Helaman 13-16
36. Nefi se Va; Nace Cristo 3 Nefi 1-7
37. Muerte de cristo y Aparición a los Nefitas 3 Nefi 8-11
38. Cristo Enseña las Bienaventuranzas a los Nefitas.. 3 Nefi 12-14
39. Cristo Sana, Bendice y Ora 3 Nefi 17-19
40. Cristo Enseña acerca de la Reunión 3 Nephi 16, 20-21
41. Cristo Expone sobre las Escrituras 3 Nefi 22-26
42. Cristo Organiza la Iglesia y Parte; La indescenso de Sión hacia la Destrucción 3 Nefi 27-30; 4 Nefi
43. Vida y Enseñanzas de Mormón Mormón 1-6; Moroni 9
44. Moroni Termina el Registro de su Padre Mormón 7-9
45. El Hermano de Jared Ether 1-6
46. Los Jareditas en la Tierra Prometida Ether 7-15
47. Ordenanzas y Procedimientos de la Iglesia Moroni 1-6
48. Testimonio Final de Moroni Moroni 7-8,10

Tu estudio de — El Libro De Mormón

Tu estudio de — El Libro De MormónPrimera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
David J. Ridges Con Joaquín Fenollar

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Dar un salto hacia su futuro

Agosto 2016
Dar un salto hacia su futuro
Por Miriam Bay
Servicios de Autosuficiencia de la Iglesia

Una idea, un trampolín elástico y el deseo de ayudar impulsó a una niña de once años hacia grandes lecciones de autosuficiencia y de servicio.

jumping on the trampolineLa mayoría de los niños de once años están atareados con la escuela, las tareas de la casa y las actividades con los amigos; pero Alexandra C., del estado de Durango, México, no era la típica niña de once años. Además de todas las cosas normales que hacen los niños a esa edad, Alexandra estaba ganando dinero con su propio negocio y prestando servicio en su comunidad.

¿Cómo es que una niña tan joven inicia su propia compañía?

A partir de una idea

Todo empezó cuando Alexandra oyó hablar de unas clases que la Iglesia brinda para ayudar a las personas a ser autosuficientes. El grupo era principalmente para personas mayores de dieciocho años, pero Alexandra estaba decidida a formar parte de él. Le encantaba la idea de aprender la manera de obtener un empleo o de empezar su propio negocio.

¿Podía ser que ella, una niña que todavía iba a la escuela primaria, no solo construyera su propio futuro, sino que también ayudara a personas que tenían aun menos que ella? Después de todo, muchos de los miembros de la Iglesia que ella conocía en la ciudad donde vivía tenían poca formación académica y escasos recursos.

Alexandra se unió a un grupo llamado “Cómo iniciar y hacer crecer mi negocio”, uno de los tres temas que se enseñaban. En vez de que la enseñanza estuviese a cargo de un maestro, el grupo lo dirigía un facilitador, un miembro del grupo que guiaba a los demás a lo largo del curso y fomentaba la participación. Alexandra se reunió con su grupo cada semana durante tres meses. Seguir leyendo

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Arraigados en Cristo

Agosto 2016
Arraigados en Cristo
Por el élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta

L. Whitney ClaytonEn este artículo y en el próximo, el élder Clayton y su esposa, Kathy, testifican del Salvador y de la capacidad que Él tiene para ayudar a los hijos de Dios a alcanzar su potencial eterno.

En el libro de Juan se encuentra una de las escenas más inquietantes de todas las Escrituras. Ocurrió después de que el Salvador hubo sufrido la agonía incomprensible por nuestros pecados y debilidades humanas en el jardín de Getsemaní (véase D. y C. 19:15–18).

Esa escena también es posterior a Su entrega y arresto, y ocurrió después de la noche de humillaciones y de maltrato físico que sufrió a manos de los líderes de los judíos; fue después de que los soldados romanos que actuaban bajo la dirección de Poncio Pilato lo azotaran brutalmente; y después de que le clavaran la corona de espinas sobre la cabeza.

tree and ChristPilato llegó a la conclusión de que Jesús no había hecho nada que mereciera la crucifixión y ordenó que fuese flagelado, una forma de castigo físico extremo, pero que por lo general no era fatal. Quizás Pilato esperaba que al torturar y humillar al Salvador de tal manera, convencería a los líderes de los judíos de que a Jesús se le había enseñado una terrible y dolorosa lección y se lo había expuesto como un ejemplo ante los demás. Tal vez esperaba despertar un cierto sentido de misericordia en ellos. Por lo tanto, después de la flagelación, Pilato ordenó que se llevara a Jesús ante la vista del público.

“¡He aquí el hombre!”

“Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

“Y cuando le vieron los principales sacerdotes y los guardias, dieron voces diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros y crucificadle, porque yo no hallo delito en él” (Juan 19:5–6).

Pese a lo sumamente importante que es el resto del relato, me detengo en las palabras de Pilato: “¡He aquí el hombre!”.

La súplica de Pilato fue profundamente irónica; la apariencia física de Jesús en ese momento estaba desfigurada, pero no había habido hasta ese momento, y no ha habido desde entonces, ningún hombre ni ninguna mujer que mereciera ser más contemplado. Su vida fue perfecta; no tuvo parangón. Nadie había vivido como Él, ni nadie lo haría; poseía todas las virtudes en su forma perfecta.

El Salvador tenía un poder de autocontrol total; Sus emociones y Sus sentimientos eran perfectos, al igual que lo eran Sus pensamientos; Su entendimiento era ilimitado. Él era el único verdaderamente digno de ser contemplado —desde toda perspectiva— y de ser examinado, medido y adorado. Nada de lo que se viera en Su mente, corazón y sentimientos pudo ni podría ser una decepción. Su apariencia no lo reflejaba en ese momento, pero Jesús era la personificación de la vida en abundancia.

De manera que no fue la apariencia que Él tenía en el momento de Su sufrimiento lo que debemos recordar principalmente (véase Isaías 53:2); fue lo que Él era dentro de ese tabernáculo físico lastimado lo que significó absolutamente todo para todos nosotros. Lo que Él era hizo posible lo que llevó a cabo. Es la magnificencia de lo que Él era lo que atrae nuestra atención.

Lo que debemos ver al oír las palabras “he aquí el hombre” es Su triunfo culminante sobre las fuerzas del mal, a pesar de que entonces no pareciera ser una victoria en lo absoluto. Fue Su perfecta calma en el centro de la tormenta más violenta que sufriría ser humano alguno. Todo recurso diabólico inventado por el enemigo se había desatado o pronto se desataría en contra de Él. Él los superó y conquistó todos. Se presentó ante Pilato en perfecta paz y compostura.

Su dominio sobre los elementos físicos del mundo y de las condiciones de la humanidad se manifestó sin lugar a dudas. Ejerció el mando sobre los espíritus malignos; sanó al enfermo, dio la vista al ciego y el oído al sordo; restauró la vida a los muertos, entre ellos a los niños que devolvió a sus padres. Percibió los pensamientos y sentimientos de todos; perdonó pecados y limpió a leprosos. La noche antes de la escena con Pilato, tomó sobre Sí el peso de los pecados, los dolores, las enfermedades y las flaquezas de toda la humanidad. Irónicamente, incluso sufrió por los pecados de los que en ese momento lo maltrataban.

En verdad, “¡He aquí el hombre!”. Él es el Hijo del Dios viviente; Él es el ejemplo de vida, el que fue enviado para mostrar el camino y para ser el Camino. Él es “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6) para todos nosotros. Con esas palabras: “¡He aquí el hombre!”, Pilato expresó, sin saberlo y sin querer, la fórmula sencilla para alcanzar los objetivos más sublimes de la vida. Seguir leyendo

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Ser mujer: Una perspectiva eterna

Agosto 2016
Ser mujer: Una perspectiva eterna
Por Sharon Eubank
Directora de LDS Charities
Tomado de un discurso pronunciado en la Conferencia de FairMormon el 8 de agosto de 2014 en Provo, Utah, EE. UU.

Deseo decir públicamente que, en mi experiencia, mi vida es abundante y noble e infinitamente mejor como mujer gracias al evangelio de Jesucristo.

women in Relief Society Hace muchos años, una amiga y su esposo estaban llevando a cabo una capacitación de líderes en una zona rural de Ghana, después de la cual una mujer se le acercó y con mucha emotividad le dijo: “Esta es una iglesia para mujeres”. Mi amiga le preguntó lo que quería decir, a lo cual, en esencia, respondió: “Tenemos la gloriosa Sociedad de Socorro que nos enseña en cuanto a cosas espirituales y a cosas cotidianas que bendicen a nuestra familia y a nosotras mismas. Al mismo tiempo, su esposo está en el salón contiguo enseñando a nuestros esposos que deben tratar a sus esposas e hijos con amabilidad y benignidad. Tenemos el templo, por lo que mis hijos que han muerto serán míos para siempre. Todo lo que quiero lo he encontrado en esta Iglesia. Esta es una iglesia para mujeres”.

¿Es esta una iglesia para mujeres? Con unas pocas excepciones interesantes, mi experiencia personal ha sido mayormente una que me ha otorgado poder; así que en vez de responder la pregunta, simplemente me voy a basar en lo que he visto alrededor del mundo. No soy erudita, ni académica, ni la portavoz de la Iglesia, pero deseo decir públicamente que, en mi experiencia, mi vida es abundante y noble e infinitamente mejor como mujer gracias al Evangelio y a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Lejos de ser restrictiva y conservadora, la doctrina de la Iglesia en cuanto a la función de la mujer en la familia, la Iglesia, la comunidad, la nación y el templo —y la forma en que el hombre y la mujer interactúan y se relacionan en conjunto— es la doctrina más moderada, poderosa, clara e innovadora que jamás he escuchado expresar. De manera que les digo a mis hermanas que lo que anhelan como mujeres, como cristianas, como personas intelectuales, como seres eternos, se encuentra aquí en la doctrina de Jesucristo y en la práctica de esa doctrina en la Iglesia.

La doctrina de Dios tiene igualmente por responsables al hombre y a la mujer

El evangelio de Jesucristo se aplica tanto al hombre como a la mujer, y la doctrina de Dios tiene igualmente por responsables a ambos; no hay una doble moral. Dios no tolera la pornografía, el adulterio, el maltrato, el abandono, la negligencia, la desigualdad ni la opresión, independientemente de cuál sea nuestro sexo.

Esa doctrina también nos brinda el conocimiento de dónde vinimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. Nos da la comprensión de nuestra condición de ser mujer y de ser hombre, así como también de la función que tenemos como hijas e hijos, hermanas y hermanos, esposas y esposos, y madres y padres1.

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Los profetas han revelado que primero existimos como inteligencias y que Dios nos dio forma, o cuerpos en espíritu, llegando así a ser Sus hijos procreados en espíritu: hijos e hijas de padres celestiales”2. La inteligencia siempre ha existido (véase D. y C. 93:29).

Soy mujer, y dicho género va acompañado de ciertos atributos y responsabilidades.

Soy hija. Esa función define quién soy en relación con la Deidad. Tengo padres divinos y tengo el derecho, como hija, de comunicarme con el Padre Celestial mediante la oración y recibir revelación por medio del Espíritu Santo3.

Soy hermana. Esa función significa que soy cristiana, miembro de la Iglesia, hermana en el Evangelio, discípula, y que he hecho convenios de que me sacrificaré y me consagraré, prestaré servicio y seré líder.

Posiblemente también tenga la oportunidad en esta vida de ser esposa, pero si no en esta vida, definitivamente en la próxima. Esa función es quien soy en relación a un compañero a quien he elegido como igual, un esposo. Aunque no somos iguales —ya que nadie tiene la combinación de dones y características que yo tengo o que él tiene— hacemos uso de nuestros atributos complementarios para tratar de llegar a ser uno. La palabra sellamiento es una excelente descripción del potencial unificador eterno de un matrimonio establecido mediante la autoridad del sacerdocio en un templo.

La función de madre es quien soy en relación con mi progenie. Ya sea que en realidad llegue a tener esa función en esta breve temporada sobre la tierra, o después, la promesa de una familia eterna se hace a los matrimonios que son sellados en el templo y por el Santo Espíritu de la promesa (véase D. y C. 132:19). Seguir leyendo

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Cómo ayudar a los jóvenes a enseñar

Agosto 2016
Enseñar a la manera del Salvador:
Cómo ayudar a los jóvenes a enseñar
Por Brian K. Ashton
Segundo Consejero, Presidencia General de la Escuela Dominical

Brian K. AshtonEs preciso que los jóvenes enseñen y, con algo de ayuda, lo harán bien.

Los jóvenes tienen que enseñar. El Señor lo aclaró bien cuando explicó los deberes del presbítero:

“El deber del presbítero es predicar, enseñar, exponer, exhortar, bautizar y administrar la santa cena” (D. y C. 20:46; cursiva agregada).

youth teachingUnos versículos más adelante vemos que el Señor también extiende a los maestros y a los diáconos el deber de enseñar y el de exponer (véase D. y C. 20:58–59). La verdad es que todos nuestros jóvenes, varones y mujeres, necesitan tener la oportunidad de enseñar de vez en cuando.

Los beneficios de que los jóvenes enseñen a otros jóvenes

Jesucristo era el maestro perfecto. El enseñar ayuda a los jóvenes a seguir el ejemplo del Salvador y llegar a ser más como Él; también los prepara para ser misioneros, padres y líderes en la Iglesia. Cuando enseñan, los jóvenes tienen que estudiar el Evangelio y vivirlo; y también tienen que tener el Espíritu para poder enseñar (véase D. y C. 42:14). Como resultado, los jóvenes que enseñan generalmente aprenden más y obtienen un testimonio más fuerte del tema de la lección que los miembros de la clase.

Por otro lado, adquieren confianza, aprenden técnicas de enseñanza y empiezan a reconocer lo que no saben. Los jóvenes que han tenido la oportunidad de ser maestros también aprenden a ser mejores alumnos.

Más aun, aquellos a los que enseñan también son bendecidos. Muchas veces, los jóvenes escuchan y participan más cuando el instructor es otro joven. La amistad entre ellos se fortalece cuando analizan temas del Evangelio teniendo al Espíritu presente; y, con frecuencia, los jóvenes están mejor capacitados para ayudarse el uno al otro con problemas que les son comunes.

¿Qué deben hacer los líderes adultos para contribuir al éxito de los jóvenes?

Cuando los jóvenes enseñan, los líderes adultos tienen la responsabilidad de asegurarse de que se mantenga una conducta apropiada y un ambiente espiritual.

Los líderes adultos siguen al Espíritu al invitar a los jóvenes a enseñar1. Algunos jóvenes no están preparados para enseñar y los líderes deben tener cuidado de no hacerlos sentir incómodos por ello; otros tal vez lo estén para enseñar solo parte de la lección, mientras que habrá quienes puedan enseñar una lección entera. Si bien los jóvenes por lo general deben participar en al menos parte de la enseñanza de la mayoría de las lecciones, no deben enseñar todas las lecciones. En clases pequeñas, no se les debe pedir a los jóvenes que enseñen con demasiada frecuencia. Algunas lecciones, en especial las que tratan temas delicados, las deben enseñar los adultos. Por otra parte, los jóvenes necesitan ver a los líderes adultos demostrar los principios correctos de cómo enseñar.

Los líderes adultos o los padres deben ayudar individualmente a los jóvenes a preparar la lección; eso incluye pedirles que lean la lección por lo menos con una semana de anticipación2 y sugerirles que oren para saber qué quiere el Padre Celestial que enseñen; establecer un plan para la lección y practicar con ellos el enseñarla. A medida que los jóvenes reciban revelación durante el proceso de prepararse, los líderes pueden ayudarlos a reconocerla como tal.

Los líderes adultos deben ayudar a los jóvenes a formular preguntas que susciten el análisis, inviten la inspiración del Espíritu Santo y hagan que los alumnos descubran verdades por sí mismos; también pueden enseñarles a permanecer en silencio después de hacer una pregunta a fin de dar tiempo para que los miembros de la clase reciban revelación.

Durante la lección, los líderes podrían relatar experiencias personales y expresar su testimonio para hacer ver a los jóvenes que no están solos en sus dificultades y darles la esperanza de resolverlas. Los jóvenes necesitan la sabiduría y la experiencia que los líderes adultos están en condiciones de ofrecer. Los líderes también deben aclarar la doctrina cuando sea necesario.

El líder adulto debe evitar el impulso de controlar la lección, aunque el joven que la enseñe esté teniendo dificultades para hacerlo; no obstante, debe prepararse para proporcionar apoyo, estudiando de antemano los materiales de la lección y orando para saber cuál es la mejor manera de ayudar al joven.

Los jóvenes pueden enseñar, y hacerlo bien

Hace poco me pidieron en el barrio que sustituyera al maestro de la Escuela Dominical que enseña la clase de los jóvenes de doce y trece años. Le pedí a Jacob, mi hijo de trece años, que me ayudara a enseñar. Preparamos un plan para la lección juntos. Él tomó la primera parte, mostró un video corto, compartió pasajes de las Escrituras relacionadas con el tema, e hizo preguntas reflexivas; también preguntó a los alumnos qué sentían y les ayudó a reconocer al Espíritu Santo.

En la segunda parte de la clase, yo hice que se enseñaran unos a otros la Primera Visión y luego los exhortamos a que se la enseñaran a su familia en una noche de hogar. Después de la clase, enviamos un correo electrónico a los padres informándoles sobre lo que les habíamos pedido.

Cuando le pregunté a Jacob qué sentía sobre la lección, me dijo: “Fue muy buena. Sé que el Espíritu estaba allí, porque yo no pensaba que mis compañeros podrían contestar nuestras preguntas, pero lo hicieron”.

Los jóvenes deben enseñar y ustedes los pueden ayudar a tener éxito. A medida que lo hagan, estarán mejor preparados para ser misioneros, padres y líderes en la Iglesia; y, lo más importante, llegarán a parecerse más al Salvador.

Para más ideas en cuanto a la manera de mejorar la enseñanza, vea el nuevo manual Enseñar a la manera del Salvador, en Enseñanza.lds.org.

Notas

1. Los presidentes de cuórums consultan con sus líderes adultos para decidir cuál de los jóvenes enseñará futuras lecciones (véase Manual de instrucciones 2: La administración de la Iglesia, 2010, 8.3.2).
2. Como la revelación se recibe “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30), la lectura de la lección con por lo menos una semana de anticipación da a los maestros tiempo para recibir revelación.

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