Profunda dedicación a los servicios de bienestar

Conferencia General Abril 1980
Profunda dedicación a los servicios de bienestar
Por el Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos y hermanas, he gozado muchísimo de esta reunión y respaldo todo lo que han dicho los diferentes oradores.

Deseo expresar mi profunda estima a cada uno de vosotros por lo que contribuís en esta maravillosa obra de bienestar.  Estamos muy agradecidos por el progreso que se ha logrado.  A pesar de que hay mucho más que hacer, considero que el Señor se siente complacido con el servicio que han prestado los santos.

Percibo un compromiso profundo por parte de nuestros líderes para aplicar en sus barrios y estacas los principios de bienestar que hemos oído predicar desde este púlpito durante muchos años.  Ciertamente no ha existido antes otra ocasión en que tuviéramos mayor necesidad de estar anhelosamente consagrados a una causa tan importante.

Me complacen las noticias que recibimos en cuanto a los huertos que están cultivando las familias de la Iglesia.

Esperamos que cuando llegue la primavera en vuestras respectivas zonas, todos tengan planes de preparar buenos huertos y que haya mucha gente que se provea de los alimentos indispensables para las épocas de escasez.  También me he fijado en que ha aumentado el interés por adquirir proyectos de bienestar, así como por mejorar los ya existentes.

Casi todas las familias en la Iglesia están experimentando en una forma u otra los efectos de la inflación que acosa al mundo entero.

Quisiera recordamos que si vivimos el evangelio y seguimos los consejos de nuestros líderes de la Iglesia, seremos bendecidos para evitar muchos de los problemas económicos que nos afligen.  El Señor se da cuenta de los problemas a los que nos enfrentamos; si guardarnos sus mandamientos seremos merecedores de recibir sabiduría y bendiciones del cielo para poder resolverlos.

Hermanos y hermanas, sé que el evangelio es verdadero, y que contiene las respuestas a todas las preguntas y problemas de la vida.  Que el Señor nos bendiga en este grandioso programa de bienestar, oro humildemente en el  nombre de Jesucristo.  Amén.

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Vuestro papel como mujeres justas

Conferencia General 15 Septiembre 1979

Vuestro papel como mujeres justas

Spencer W. KimballPor el presidente Spencer W. Kimball
(Este discurso fue leído por la hermana Camilla E. Kimball, esposa del Profeta)


Mis amadas hermanas, durante meses he esperado con ansiedad el momento de poder reunirme con vosotras una vez más, en esta conferencia mundial de las mujeres de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desafortunadamente, me encuentro internado en un hospital y no podré estar en persona con vosotras; pero os acompañaré en espíritu y estaré mirando por televisión y escuchando la conferencia desde mi lecho de enfermo.

Todos los consejos que os dimos el año pasado, en una ocasión similar, continúan en vigencia. Cada vez que reflexiono sobre las gloriosas verdades del evangelio, lo cual es a menudo, me pregunto si llegaremos a comprender algún día las implicaciones de esas verdades. Permitidme mencionar algunos ejemplos. Seguir leyendo

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Las mujeres de los últimos días

Conferencia General 15 Septiembre 1979
Las mujeres de los últimos días
Por la hermana Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithAgradezco al coro que tan bellamente ha puesto en música una de las preguntas más importantes que puede hacerse una mujer mormona: «Oh, Dios, que me diste un corazón de mujer, una mente de mujer, un alma de mujer, ¿qué quieres tú de mí?»

Esta pregunta ha sido hecha hoy en una súplica de 400 voces y repetida en silencio por cada una de nosotras que también preguntamos: «¿Qué quieres que yo haga?»

Las Escrituras nos hablan de la respuesta de una mujer: la reina Ester. Su momento de duda fue difícil y penoso, cuando su tío Mardoqueo le mando decir que debía ir ante el rey y suplicarle que salvara a su pueblo de la destrucción planeadas Aunque era la reina, ella no tenía derecho de ir ante el rey a menos que el la llamara; el rey tenia absoluto poder y ella no podía apelar. Pero era la única que podía tener entrada al trono e influencia sobre su poder. Su tío le recordó que quizás con ese propósito hubiera llegado a ser reina. (Ester 4:14.)

La fortaleza de Ester provenía de una buena enseñanza, y la hizo decidirse a pedir a todos los judíos del reino que ayunaran y oraran con ella. Luego se preparó para aparecer muy hermosa al ir a comparecer ante el rey.

A cada instante debe de haberse preguntado: «¿Me extenderá el cetro real?» «¿O me condenará a muerte?» «¿O quizás a la pobreza y el olvido?» Pero ante él se mostró joven, hermosa, serena. . . aun sabiendo que estaba totalmente en sus manos. Más también sabía que había suplicado la ayuda de Dios y que lo que se iba a hacer era algo muy injusto. Tenía que responsabilizarse ante el Dios que la había creado, fueran cuales fueran las consecuencias.

Toda mujer en el mundo actual tiene responsabilidades similares a las de la reina Ester. Las circunstancias son diferentes para cada una, pero cada mujer se enfrenta al cometido de ser fiel a los principios del evangelio si desea mejorar su vida mortal y hacerse digna de la oportunidad de progreso eterno. Debe comenzar por comprender quien es y que tiene un magnifico potencial como hija de Dios. Sus metas deben ser elevadas. Las Escrituras dicen:

«Sed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» (Mateo 5:48.}

Os advierto que esta no es una meta que se obtenga en un paso, en un día o en un año. Nos lleva una vida entera de esfuerzo consciente, de luchar, aprender y tratar de convertirnos en mujeres santas.

En 1874 Eliza Snow dijo:
«El apóstol Pablo hablo en sus días de mujeres santas; es deber de cada una de nosotras serlo. Todas tenemos metas elevadas. Si hemos de ser mujeres santas, sabremos que se nos llama a importantes deberes, y nadie está exento de ellos. No hay ninguna hermana tan aislada, en una esfera tan estrecha que no pueda hacer mucho para establecer el reino de Dios en la tierra.» Seguir leyendo

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Una causa noble

Conferencia General 15 Septiembre 1979
Una causa noble
Por la hermana Elaine Cannon
Presidenta de las Mujeres Jóvenes

Elaine A. CannonPuedo percibir el sentimiento de hermandad que llena este Tabernáculo, al dirigirme a vosotras, que amáis al Señor y os habéis reunido para aprender más acerca de Él y su voluntad respecto a nosotras como mujeres. No puedo menos que pensar en las muchas hermanas que no hablan inglés y que han anhelado este momento de poder estar todas reunidas.

Ruego que esta experiencia conmueva vuestro corazón, eleve vuestro espíritu y os de esperanzas; que os ayude a ordenar vuestros pensamientos y os fortaleza para que siempre estéis del lado del Señor, en este mundo que trata de desviar a la mujer.

Últimamente ha habido una gran conmoción causada por un tema relacionado con la mujer, en parte provocado por algunas para su propio beneficio. No creo que ahora las Jovencitas tengan mayor seguridad en la calle, o que cualquier Mujer sea más feliz, o seamos más eficientes en nuestro servicio, ni que lleguemos a tener un mejor aspecto físico debido a todo este furor.

Ya que esta es la era de la mujer, rindo honor a los hombres que nos guían, que nos bendicen, que oran por y con nosotras, y que con gran placer elevarían con más frecuencia su voz para defendernos, si tan solo se lo permitiéramos.

Es emocionante ser una participante activa en todo lo que las Autoridades Generales hacen por nosotras. La mujer mormona no solo está protegida, sino que es privilegiada y tiene una vida llena de promesas maravillosas.

Hermanos, os amamos, y nos maravillamos por todo lo que sois y por todo lo que hacéis. Honramos el Sacerdocio de Dios que poseéis y apreciamos vuestras responsabilidades.

Nosotras deseamos ayudar y no ser un impedimento, y es acerca de nuestra preparación para ayudar que deseo hablar ahora.

Pablo escribió a los Tesalonicenses algo que expresa mis sentimientos por todos en general.

«Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Seguir leyendo

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Enseñemos a nuestras niñas

Conferencia General 15 de Septiembre 1979
Enseñemos a nuestras niñas
Por Naomi M. Shumway
Presidenta General de la Primaria

Naomi M. ShumwayQuisiera haceros saber que me siento muy bendecida por esta oportunidad de reunirnos en esta conferencia mundial de mujeres, para oír palabras de aliento y guía, y extiendo mi cariñoso saludo a cada una de vosotras, mis hermanas.

Me siento humilde al darme cuenta de la gran responsabilidad que se me ha dado esta noche y he orado fervientemente para saber acerca de que debería hablar. E1 Espíritu me ha inspirado a hablar acerca de los niños y especialmente de las niñitas de hoy.

Hace unas pocas semanas contesté el teléfono en mi oficina, y una voz emocionada del otro lado pregunto: «¿Abuela?». Cuando reconocí la voz de mi hija exclame con gozo: «¿De veras?»; me contestó: «Si, es una niña».

¡Es difícil expresar lo que sentí en ese momento! Mi corazón rebozaba de gratitud hacia un bondadoso Padre Celestial que había contestado nuestras oraciones.

Cuando vi a mi hija con su pequeña en brazos, ese tierno espíritu que acababa de salir de la presencia de nuestro Padre Celestial, fue como si sintiera el abrazo de nuestro Redentor asegurándonos que nos ama y confía en el cariñoso cuidado que mi hija dará a la pequeñita. Me sentí llena de agradecimiento… Estoy segura de que todas las abuelas que me escuchan me darán la razón cuando les diga que no es fácil ser humilde en estas ocasiones, especialmente cuando una piensa que es abuela de los niños mas maravillosos del mundo.

Desde ese momento, he meditado aun mas de lo acostumbrado y me he preguntado que clase de mujeres llegarán a ser nuestras tres nietecitas, y todas las demás niñas de esta época; y como será el mundo cuando lleguen a ser adultas.

Gran parte del futuro esta en nuestras manos; vuestras manos, las mías y las de todas las mujeres del mundo. En esta época llena de tumulto, confusión y ansiedad, pero también llena de oportunidades, debemos recordar que a nuestras niñas también se las esta poniendo a prueba. Criarlas y enseñarles es nuestro sagrado deber y responsabilidad.

Louisa May Alcott llama a las niñas «mujercitas», y nosotras las vemos como líderes en potencia del reino de Dios. Llegan a nuestra vida como criaturas indefensas a las que de inmediato nos unen fuertes lazos de amor y empezamos atando zapatitos y gorritos, y más adelante las monas en el pelo y los vestidos; cuando llegan los años de la adolescencia debemos adaptarnos a su ritmo de vida, aceptarlas tal cual son y disfrutar de esa época que rápidamente llega a su fin. Muy pronto somos abuelas, y experimentamos una renovación de los lazos de amor que nos unen. Y el ciclo vuelve a comenzar.

La niñez está caracterizada por crecimiento y necesidades y a pesar de que dura poco comparada con el resto de la vida, se ha comprobado que lo que sucede durante esos años determina en gran parte lo que será la persona adulta. ¡Cuán vital es que durante esa época les inculquemos la importancia de la oración y de obtener un testimonio y de gozo de vivir una vida digna! Debemos recordar que el Señor nos ha dicho:

…no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una obra grande, y de las cosas pequeñas nacen las grandes.» (D. y C. 64:33.)

Si las niñas de hoy han de tener la responsabilidad de hacer una «obra grande», y creo que esto es cierto, es entonces en estos, sus primeros años, que debemos ayudarlas a entender que son hijas de un amoroso Padre Celestial, siervas del Señor, y herederas del gozo y las bendiciones de ser mujeres.

Uno de los ejemplos más hermosos de esta relación, se encuentra en el relato de Lucas acerca de la aparición del ángel Gabriel a María. Aquel le había revelado la misión especial que el Padre Celestial había preparado para ella. ¡Iba a ser la madre de Jesucristo, nuestro Salvador! Las Escrituras solo registran una pequeña parte del dialogo entre María y el mensajero celestial, pero las expresiones de gozo de María indican que se le dejo entrever el plan de salvación y que ella entendió el papel que le correspondía representar, porque dijo:

«Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.» (Lucas 1:46, 47.)

Desde ese momento, María dedicó su vida a traer al Salvador al mundo, de la misma forma que sabemos que Jesucristo ya se había comprometido a dar Su vida por nosotros. Cuando nosotras, madres e hijas, comprendemos como hijas de Dios todas estas cosas, el Evangelio de Jesucristo deja de ser una religión de hábito para transformarse en una religión de convicción que nos puede librar del miedo, la confusión y las dudas que a veces sentimos en esta época tan difícil.

A pesar de que nosotras, las mujeres adultas, tenemos que servir de guía, muchas veces son los niños los que nos enseñan el camino. Tenemos por ejemplo, el caso de una niña que, cuando un evangelista le pregunto a qué iglesia pertenecía, ella le contestó con orgullo: «Soy mormona». «Y si no fueras mormona, ¿qué serias?» A lo que la niña replicó: «¡Seria una lástima!»

Planeemos hoy nuestro futuro. El éxito o el fracaso del mañana está en manos de nuestros hijos. Lo único que nuestro Padre Celestial ha creado y puede transformarse en una mujer, es una niña, ¡y que bendición es ser mujer! No importa cuales sean nuestras circunstancias, nuestra salud o nuestra edad y aun a pesar de los que quieren desviarnos del camino y apartarnos del cometido para el cual fuimos creadas, ¡es una bendición ser mujer! Nuestro querido profeta Spencer W. Kimball lo expreso así:

«Es para vosotras una gran bendición ser mujeres de la Iglesia. Nunca ha habido tanto en contra de la dignidad y la virtud, pero a la vez, nunca hemos tenido mayores oportunidades de alcanzar nuestro potencial.» (Women, Deseret Book, 1979, pág. 2.)

No importa la edad que tengamos o lo que hagamos, nuestra obligación como mujeres es dar el buen ejemplo y guiar a nuestras valiosas «mujercitas», aceptando con gusto nuestro papel y las responsabilidades que como tales lo acompañan. Que vayamos siempre hacia adelante y continuemos progresando como hijas de Dios en pos del cumplimiento de nuestro cometido, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amen.

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La función del obispo en el programa de bienestar de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1979
La función del obispo en el programa de bienestar de la Iglesia
Por el presidente Marion G. Romney
Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis amados hermanos, hoy tengo la responsabilidad de analizar con vosotros la función del obispo en el programa de bienestar de la Iglesia.

En primer lugar desearía referirme en términos generales a lo que mencionan las revelaciones modernas y a lo que dicen los profetas contemporáneos en cuanto al cuidado de los pobres; en segundo lugar, a la forma en que los obispos deben administrar la ayuda a los pobres; y por último, a lo que pueden y deben hacer los miembros de la Iglesia para ayudar al obispo en su responsabilidad de velar por los pobres.

La función de los obispos según lo revelan las Escrituras modernas

En los comienzos de esta dispensación el Señor estableció el oficio y el deber del obispo, en numerosas revelaciones. Comenzando en la sección 20 hasta llegar a la 124 de Doctrinas y Convenios, nos encontramos con 23 secciones diferentes en las cuales se hace referencia a este importante asunto. Según fueron originalmente hechas, las asignaciones relacionadas con el oficio pueden ser resumidas en cuatro áreas de importancia.

Primero: el obispo recibiría las consagraciones de los santos y les señalaría lo que habrían de recibir. (D. y C. 42:31-34, 71-73; 51:13; 58:35; 72:26; 78; 82; 85:1.)

Segundo: el obispo sería un juez entre el pueblo del Señor, juzgando tanto la actuación de los miembros dentro de la Iglesia, como sus necesidades temporales cuando recurrieran a la Iglesia en busca de ayuda. (Véase D. y C. 42:80-82; 58:17-18; 72:17; 107:72.)

Tercero: el obispo velaría por los pobres, tanto en cuerpo como en espíritu, según sus necesidades. (D y C 38:35; 42:33-35, 39; 70:78, 71)

Cuarto: el obispo actuaría en calidad de agente para la Iglesia, encargándose de cualquier tipo de asunto temporal para el cual fuera llamado por el Señor a través de la Primera Presidencia. (D. y C. 51:13-14; 84:113; 107:68, 71-72.)

A medida que la Iglesia fue creciendo y los santos ganando experiencia, el Señor estableció una diferencia entre las responsabilidades del Obispo Presidente y los obispos de los barrios en las diferentes áreas. Hoy día, en los varios manuales del sacerdocio, encontrareis cinco categorías de relevante importancia que hablan sobre los deberes que descansan sobre el obispo de un barrio. A excepción de aquellos deberes que por su naturaleza le corresponden únicamente al Obispado Presidente de la Iglesia y aquellos que fueron puestos fuera de vigencia cuando se suspendió la Ley de Consagración, la función de un obispo en la actualidad es esencialmente la misma que se encuentra definida en las primeras revelaciones ya mencionadas, aunque ha recibido más responsabilidades concernientes a la Juventud y también como sumo sacerdote presidente del barrio. Sin embargo, entre todas las asignaciones que tienen los obispos, aun reconociendo cuan importantes son todas, ninguna es más importante que la de velar por los pobres. Seguir leyendo

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La administración financiera

Conferencia General Octubre 1979
La administración financiera
Presidente N. Eldon Tanner
De la Primera Presidencia

N. Eldon TannerDurante la Segunda Guerra Mundial, el élder Albert E. Bowen, entonces miembro del Consejo de los Doce Apóstoles, recopiló una serie de mensajes radiales en un libro, que tituló: La constancia en medio del cambio. Esos mensajes eran muy apropiados para la época; estábamos en medio de una conflagración y la gente de todo el mundo necesitaba un mensaje de seguridad, calma y estabilidad.

Nuestros días actuales son en muchas maneras similares a aquellos turbulentos años de la guerra. También ahora nos enfrentamos a problemas que nos dejan perplejos y, además de los evidentes conflictos en política internacional, estamos atravesando uno de los periodos económicos más difíciles que hemos visto en muchas décadas, con los problemas que trae aparejados la inflación y la administración económica personal.

Quisiera usar el título del libro del élder Bowen, y compartir con vosotros algunas de las experiencias por las que he pasado y las conclusiones a las que he llegado en los sesenta años que llevo trabajando. He vivido todas las fases del ciclo económico. Cuando era joven y estaba en mis principios pase por la depresión económica personal. He visto la depresión nacional e internacional, así como los periodos de inflación; he observado como en cada ciclo económico se han creado lo que han dado en llamar «soluciones», que han pasado sin pena ni gloria. Estas experiencias me han llevado a la misma convicción que hizo al poeta Robert Frost escribir: «La mayoría de los cambios que creemos ver en el mundo, están en relación directa con la tendencia popular a aceptar o rechazar ciertas verdades».

Lo que hoy quisiera compartir con vosotros son mis observaciones sobre los principios constantes y fundamentales que pueden traernos seguridad financiera y tranquilidad de conciencia, bajo cualquier circunstancia económica.

Primeramente, quiero establecer una base y una perspectiva dentro de las cuales se puedan aplicar esos principios.

Un día, se me acercó uno de mis nietos y me dijo: «Te he estado observando, y también me he fijado en otros hombres que han tenido éxito en la vida, y estoy decidido a tratar de lograr lo mismo. Quisiera entrevistar a todas las personas que pueda, a fin de descubrir que es lo que las ha llevado al éxito. Abuelo de acuerdo con tu experiencia personal, ¿cuál dirías que es el elemento más importante para obtenerlo?» Le dije entonces que el Señor nos dio la fórmula más segura para el éxito cuando dijo:

«Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mat. 6:33.)

Hay quienes nos afirmaran que muchos que no buscan primeramente el reino de Dios, prosperan de todos modos; y esto es cierto. Pero al decir esas palabras el Señor no nos prometía solamente riquezas materiales; y por experiencia propia os puedo asegurar que no es así. Como lo dijo Enrique Ibsen, el famoso escritor noruego:

«El dinero quizás sea la cáscara de muchas cosas, pero no el grano

Puede brindarnos la comida, pero no el apetito; puede conseguirnos medicinas, pero no salud; puede atraernos conocidos, pero no comprar amigos; puede pagar sirvientes, pero no fidelidad, días de goces, pero no la paz ni la felicidad.» (Traducción libre) Seguir leyendo

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Los misioneros de los Servicios de Bienestar

Conferencia General Octubre 1979
Los misioneros de los Servicios de Bienestar
Por el élder James E. Faust
Del Consejo de los Doce

James E. FaustEl salmista pregunto:

«¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?» (Salmos 37:4.)

En todas las épocas incluyendo la nuestra, el mensaje del Señor ha sido llevado a tierras lejanas y extrañas para los mensajeros, donde ellos se han esforzado por establecer una Sión, teniendo al Señor como su Dios.

Desde el principio de la historia de nuestra dispensación, y a través de las revelaciones sucesivas que se encuentran en Doctrinas y Convenios, el Señor ha buscado establecer su Iglesia, «dando línea tras línea, precepto tras precepto; un poco aquí y un poco allí; consolándonos con la promesa de lo que está para venir, confirmando nuestra esperanza» (D. y C. 128:21).

Afirmamos que este proceso todavía continua, y sabemos que al allegarnos a todas las naciones del mundo, tal como el Señor mismo nos lo ha sugerido y mandado, tendremos ante nosotros cometidos especiales en el establecimiento de la Iglesia del Señor. Cientos de millones de los hijos de nuestro Padre Celestial se enfrentan a la pobreza, al analfabetismo y a un sinnúmero de problemas de carácter tanto temporal como espiritual, que van más allá de nuestra propia comprensión. Hablando de tales personas, el presidente Kimball dijo:

«Dadnos esta gente y les abriremos los ojos para que puedan tener una visión de lo eterno, y al hacerlo puedan ascender hasta lo infinito.» (Diciembre de 1974.)

Reconocemos que el proceso de establecer la Iglesia del Señor encierra mucho más que el hecho de bautizar personas. En el primer capítulo de Alma, en el Libro de Mormón, encontramos una secuencia instructiva de eventos que bosquejan la forma en que se estableció la Iglesia del Señor. Comenzando con el versículo 26, leemos:

«…los sacerdotes dejaban su trabajo manual para propagar la palabra de Dios entre el pueblo. . . Y después que el sacerdote les había comunicado la palabra de Dios, todos volvían diligentemente a sus ocupaciones… Y así todos eran iguales y todos trabajaban, cada cual según su fuerza.

Y de conformidad con lo que cada uno tenía, repartía de sus bienes a los pobres, a los necesitados y a los enfermos y afligidos; y no usaban vestidos costosos, no obstante, eran aseados y atractivos.» (Alma 1:26-27.)

Fijémonos en este procedimiento:

Primero, se enseña la doctrina. (26)
Segundo, los miembros estiman a otros como a sí mismos. (26)
Tercero, todos trabajan para ganar lo que reciben. (26)
Cuarto, imparten de sus bienes a los desafortunados: se sirven los unos a los otros. (Versículo 27)
Quinto, dominan sus propios apetitos, mientras que a la vez proporcionan lo necesario para satisfacer sus propias necesidades. (27)

Ahora, escuchad la declaración del Profeta:

Y así dispusieron los asuntos de la Iglesia. . .

Y debido a la estabilidad de la Iglesia, empezaron a enriquecerse en gran manera, teniendo en abundancia cuanto necesitaban. . .» (Alma 1:28-29.) Seguir leyendo

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Para bendecir al individuo

Conferencia General Octubre 1979
Para bendecir al individuo
Por el obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia

Victor L. BrownRuego que las palabras que pronuncie esta mañana tengan cabida en el corazón de todos los que las escuchen.

Los Servicios de Bienestar, por su misma naturaleza, abarcan gran parte del cotidiano vivir, razón por la cual el presidente Kimball los ha definido como el «evangelio en acción». Entonces, dado que el evangelio es un medio del cual el individuo se vale al esforzarse por alcanzar su exaltación, los Servicios de Bienestar, necesariamente, vienen a constituir ese medio.

Como habéis de saber, el Obispado Presidente tiene la responsabilidad de administrar muchos de los asuntos temporales de la Iglesia entre ellos se incluye el supervisar las operaciones del Sistema de Depósitos de Provisiones de los Servicios de Bienestar. Ahora, aun cuando esto abarca una gran variedad de actividades y responsabilidades, creo que el deber más importante que tenemos con respecto al mismo, es el de asegurarnos de que, esencialmente, este gran proyecto se concentre en cada persona, en la que da y la que recibe, para que todos puedan ser bendecidos, elevados e inspirados.

Cuanto mayor conocimiento adquiero con respecto a los esfuerzos de los diversos gobiernos y otras organizaciones en el campo de la beneficencia social muchos de los cuales tienen los más elevados propósitos, más crece mi admiración por el método del Señor para bendecir a aquellos que se encuentran en necesidad, ayudándoles a que se ayuden a sí mismos. Me siento orgulloso y complacido al veros a vosotros, los líderes locales del sacerdocio y la Sociedad de Socorro, de diversas partes del mundo, concentrar vuestra atención por medio del programa de los Servicios de Bienestar, en cada persona, en forma individual. Muchas escenas se me representan en la mente, las cuales se repiten en un barrio tras otro, en toda la Iglesia. Con los ojos de la imaginación veo a un obispo entrevistando de un modo delicado y confidencial, a una persona acogida al programa de bienestar; veo, asimismo, al presidente de un quórum que visita el hogar de uno de los miembros que acaba de perder su trabajo; veo a una maestra visitante llevando una comida a una familia de niños pequeños cuya madre se encuentra hospitalizada; y a un miembro del sumo consejo de una estaca instando a una hermosa joven lamanita, a que siga adelante en el programa de colocación de estudiantes indios, a pesar de las muchas dificultades vividas durante el primer mes en el nuevo establecimiento de enseñanza secundaria.

En todos esos casos, los líderes de la Iglesia se interesan en lograr tres cosas:

Primero, comprender el problema.

Segundo, encaminar a la persona hacia la resolución del problema, prestándole ayuda para que se dé a sí misma.

Tercero, instar a la persona a adquirir una relación más estrecha, con el Señor. Seguir leyendo

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El sacerdocio administra los Servicios de Bienestar

Conferencia General Octubre 1979
El sacerdocio administra los Servicios de Bienestar
Por el élder J. Thomas Fyans
Del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas FyansEs una bendición que el dulce espíritu de la Sociedad de Socorro nos acompañe en este gran esfuerzo samaritano, con su sensibilidad especial enviada del cielo.

La hermana Smith mencionó los consejos del sacerdocio. Para ayudar en la administración de los asuntos de la Iglesia, se han organizado estos consejos a nivel de área, región, estaca y barrio. Para que sean eficaces, es necesario que representen todos los programas de la Iglesia para que así exista un cuerpo de correlación, coordinación y resolución a todos los niveles adecuados. Estos consejos, organizados y funcionando apropiadamente, aseguran un acercamiento unificado hacia la obra eclesiástica y temporal de la Iglesia para las bendiciones de los individuos y de las familias.

Al usar las normas y pautas aprobadas, el consejo de área revisara anualmente, las planificaciones que detallan los principales objetivos para esa área, y las presentara para su aprobación.

Esta mañana quisiera referirme especialmente a la importante función del programa de bienestar en estos consejos como parte de la administración del sacerdocio en los Servicios de Bienestar.

La Primera Presidencia ha aconsejado a los líderes del sacerdocio desarrollar cuidadosamente y con oración, un plan para fomentar la autosuficiencia de las unidades de la Iglesia. Esto es importante cuando se enfrenta la necesidad de cambios, el crecimiento rápido de la Iglesia, la incertidumbre de los tiempos modernos y el mandamiento del Señor a la Iglesia con respecto al cuidado de los miembros necesitados (D. y C. 52:40.)

La planificación, básica de los Servicios de Bienestar es el proceso de: 1) desarrollar un plan para enseñar los principios del evangelio y las practicas relacionadas con los Servicios de Bienestar; 2) reconocer las necesidades de los pobres y afligidos; y 3) programar los recursos para cubrir esas necesidades.

Cuando se implante completamente el plan, existirán en el área los elementos del Sistema de Recursos del almacén del obispo necesarios y de acuerdo con variadas condiciones, para asistir a los obispos cuando tienen que enfrentarse a las necesidades de los pobres y afligidos.

Las Escrituras nos lo recuerdan:
«Y recordad en todas las cosas a los pobres y necesitados, los enfermos y afligidos, porque el que no hace estas cosas no es mi discípulo.» (D. y C. 52:40.)

Estamos muy complacidos con los informes iniciales que hemos recibido referentes a la forma en que están procediendo en esta planificación. No se espera que todas las áreas proporcionen todos los elementos del Sistema de Recursos de Almacén del obispo, ni esperamos que todas las áreas estén en el mismo itinerario de planificación. Dada la diversidad geográfica, la diferencia en agrupaciones de miembros y la variedad de otras prioridades en la Iglesia, que hacen impacto en las diferentes áreas dadas, algunos consejos necesitaran más tiempo para la preparación de sus planes que otros. Dependemos del Administrador Ejecutivo, en consulta con los oficiales temporales para controlar la velocidad, el alcance y la calidad de estos esfuerzos de planificación maestra. Sabemos que el Señor os inspirara en la planificación de aquellas actividades cuyo objetivo sea cubrir las necesidades en vuestras áreas. Os aconsejamos reflexionar concienzudamente para que así el producto final pueda guiaros a la implantación de los Servicios de Bienestar para los años futuros. Un buen plan facilitara el aumentar los fondos de una manera ordenada y en un tiempo adecuado, y facilitara también la distribución del tiempo de los miembros en forma apropiada para equilibrar la aplicación de todos los programas y actividades de la Iglesia. Seguir leyendo

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El papel de la Sociedad de Socorro en los consejos de sacerdocio

Conferencia General Octubre 1979
El papel de la Sociedad de Socorro en los consejos de sacerdocio
Por la hermana Barbara B. Smith
Presidenta de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithHemos terminado de escuchar la hermosa letra de la canción «El trabajo de amor» del drama teatral «Por medio de Elizabeth». El mensaje de la obra y de esta canción, traen a mi memoria las palabras del profeta José Smith:
«. . . porque es natural en la mujer tener sentimientos de caridad y benevolencia».

«Y ahora os halláis en posición tal que podéis obrar de acuerdo con aquellas simpatías  que Dios ha plantado en vuestro seno.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág 276)

La razón fundamental que motivó la organización de la Sociedad de Socorro, fue que las hermanas pudieran trabajar juntas para ampliar la obra del obispo en el cuidado de los santos, y de este modo ayudar a edificar el reino de Dios.

En la última conferencia general, el presidente Benson explico un plan según el cual el gobierno de la Iglesia seria fortalecido por medio del funcionamiento de los consejos del sacerdocio.

Al solicitarme la Primera Presidencia que participara en esta reunión, me pidió que explicara el papel de la Sociedad de Socorro en los consejos del sacerdocio. Creemos que los miembros de la Iglesia, especialmente los de la Sociedad de Socorro, deben estar al tanto de las cosas que dan énfasis a la importancia del papel de esta sociedad en la Iglesia. Si bien solo un grupo pequeño de oficiales de la Sociedad de Socorro participa en los consejos, su influencia se extiende por toda la Iglesia.

Consideremos entonces:
El Comité General de los Servicios de Bienestar, es uno de los consejos principales en la promulgación de normas de la Iglesia.

La Presidencia General de la Sociedad de Socorro trabaja en este comité, de la misma manera que lo hace en su comité ejecutivo.

Por medio de la organización de la Sociedad de Socorro, llevamos a estas reuniones la posibilidad de desarrollar los programas, enseñarlos y ponerlos en práctica. Llevamos también una perspectiva nacida de la experiencia personal, y de nuestra relación con las mujeres de la Sociedad de Socorro de todo el mundo, lo cual es de gran ayuda en los asuntos de bienestar. Por ejemplo:

Hace algún tiempo, una presidenta de una Sociedad de Socorro de estaca que trabaja en el comité directivo de un almacén del obispo, nos informó que los envases del Plan de Bienestar no tenían las instrucciones completas para el uso conveniente del producto; menciono una harina especial que contenía algunos ingredientes básicos para hacer pan. Siguiendo las instrucciones del paquete, el pan salía duro y pesado; pero agregando a la misma preparación un poco de leche y manteca vegetal quedaba suave y crocante. Seguir leyendo

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Dame, pues, ahora este monte

Conferencia General Octubre 1979
Dame, pues, ahora este monte
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridos hermanos y hermanas: ¿Hay alguien aquí que no conozca al hermano LeGrand Richards, quien acaba de hablarnos? ¿Hay alguien que no sepa lo maravilloso que es el cómo misionero? Cuando yo formaba parte de la presidencia de una estaca en Arizona, fue el hermano Richards a visitarnos y después de habernos aconsejado extensamente, viajamos juntos a Miami, un pueblo de Arizona, para terminar con nuestras conferencias y hablamos del evangelio toda una tarde. No sé si él lo recordara o no. pero me impresiono mucho esto.

Hace poco la Primera Presidencia y algunas de las otras Autoridades Generales fuimos a una conferencia de área en Nuevo México y tuvimos un contratiempo; uno de los aviones que necesitábamos abordar tenía problemas, y tuvieron que solicitar los repuestos a Denver. Mientras esperábamos, el hermano Richards empezó a conversar con el piloto y una de los aeromozas y a hablarles sobre el evangelio. Esa es la clase de misionero que es él.

Estamos muy contentos y agradecidos al hermano Richards, y a las demás Autoridades Generales que han sido tan fieles, tal como lo mencionó él en su discurso.

¡Esta ha sido una gloriosa conferencia! Siempre me siento elevado por estas experiencias. A todos nos ha beneficiado estar aquí. Estoy agradecido por las palabras de los hermanos que han hablado; el Señor ha contestado sus oraciones, en las que le pidieron ayuda, tanto para prepararse como para hablar.

Deseo expresar mi agradecimiento a todos vosotros, que habéis viajado grandes distancias para venir. . . algunos con gran sacrificio e inconvenientes. Os agradecemos vuestra devoción y pedimos al Señor que os bendiga con la capacidad de recibir en vuestro corazón los mensajes que habéis oído, y que perduren en vosotros por mucho tiempo después que hayamos dicho nuestro último «amen».

Comprendemos que es mucho lo que depende de vosotros, como líderes, al regresar a trabajar con los hermanos de vuestras estacas y barrios, así como en vuestro propio hogar.

Deseo referirme a la gran historia del éxodo de los hijos de Israel, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. En esa historia se halla el relato de un hombre especial, que me conmueve, me motiva y me inspira. Su nombre era Caleb. Seguir leyendo

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El don del Espíritu Santo

Conferencia General Octubre 1979
El don del Espíritu Santo
Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce

LeGrand RichardsHumildemente ruego que el Espíritu del Señor me ayude mientras os hablo acerca de una declaración hecha por el profeta José Smith, cuando visito al entonces Presidente de los Estados Unidos, Martin Van Buren. Este le pregunto al Profeta cuál era la diferencia entre su Iglesia v las demás iglesias del mundo, y José Smith le contestó:

«Nosotros tenemos la forma correcta del bautismo y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, y consideramos que eso incluye todos los otros asuntos importantes.» (History of the Church 4:42.)

Quisiera mencionar algunas cosas que nosotros tenemos por obra del Espíritu Santo, el cual, como miembros de la Iglesia, recibimos por imposición de manos de quien tiene la autoridad para conferirlo. Creo que el don del Espíritu Santo es tan importante para el hombre como lo son el sol y el agua para las plantas. Si se les privara de estos elementos, las plantas morirían. Si se eliminara el Espíritu Santo de la Iglesia, no sería diferente de ninguna otra Iglesia, esto se pone de manifiesto en muchas formas, en la vida y la devoción de los miembros de la Iglesia.

Recientemente durante una conferencia de área en Toronto, el primer ministro de Canadá le dijo al presidente Tanner: «No comprendo cómo pueden ustedes hacer que su gente haga tanto, sin pagarles». Y es cierto; cuando pienso en lo que nuestra gente hace sin remuneración monetaria, lo considero algo extraordinario.

En el caso de las Autoridades Generales, cuando son llamadas a esa posición, nada se les dice de que habrán de recibir ningún tipo de subvención para vivir.

Recuerdo una oportunidad en que fui a Washington. Poco después que el presidente Benson fue llamado como uno de los Doce y cuando todavía no había viajado a Salt Lake City para ser ordenado y apartado. Siendo yo el Obispo Presidente, asistí a una conferencia de su estaca, donde él me pregunto: «Obispo, ¿existe alguna disposición que nos asegure un estipendio mientras servimos como Autoridades Generales?» A lo que le conteste que existía una pequeña asignación, pero que tendría que disponerse a vivir en forma un tanto diferente de lo que lo había hecho hasta entonces, a menos que tuviera algunos ahorros. Mientras trabajaba en el departamento de Agricultura de los Estados Unidos, el recibió una oferta de trabajo con una remuneración tremenda, pero la rechazo para venir aquí y ser miembro del Consejo de los Doce, sin ninguna seguridad de que dispondría de una asignación mensual. Seguir leyendo

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Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos

Conferencia General Octubre 1979
Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos
Por el élder Hugh W. Pinnock
Del Primer Quórum de los Setenta

Hugh W. PinnockHace varios años, al viajar a Pittsburgo, Pennsylvania, me senté al lado de un ministro de una importante iglesia protestante, y como el vestía su ropa eclesiástica, lo identifiqué fácilmente. Después de presentarme como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, él me preguntó: «¿Sabe usted de que hablamos los ministros de mi iglesia cuando nos reunimos? Acerca de los mormones; vemos a jóvenes y ancianos, niños y adolescentes, a matrimonios jóvenes que llenan sus capillas; y todos parecen sentirse muy a gusto en las reuniones de la Iglesia». Yo le expliqué cuánto nos interesan las personas de  todas las edades.

Esa experiencia me hizo recordar los obstáculos que encontró Moisés para persuadir al Faraón de que dejara salir de Egipto al pueblo de Israel. Una plaga siguió a otra, hasta que por último, el soberano Egipcio cedió. Ante la amenaza de la plaga de langostas, convino en que fueran los varones, si Moisés dejaba a las mujeres, los niños y los ancianos en Egipto. (Éxodo 10:3-11.) Pero Moisés insistió en que todos debían irse; le dijo:

Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir.» (Éxodo 10:9.)

Moisés se negó a dividir el pueblo de Dios. Todos compartieron los peligros y los riesgos, tal como lo hicieron nuestros pioneros, hace ciento treinta y dos años, durante el gran éxodo. La solidaridad entre las personas de todas las edades, es un reflejo de la forma en que Dios hace las cosas, y por eso la practicamos.

La vida no es estacionaria: Los segundos, los minutos, las horas, los días, meses y años, pasan con la misma rapidez para todos. No hay edad que pueda quedar estancada. Ninguno de nosotros puede quedarse detenido en la infancia, la juventud, la madurez o la vejez. Todos avanzamos en edad, y el ideal sería que también avanzáramos en progreso personal.

«. . .aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando», dijo Pablo, «el interior. . . se renueva de día en día.» (2 Corintios 4:16)

Al reflexionar sobre mi propia vida, experimento una profunda gratitud por las personas mayores que han influido en mí. Una tía abuela me enseñó muchísimas lecciones con su modo bondadoso y delicado. Una abuela encantadora influyo no solo en sus nietos, sino también en muchos de los amigos de estos. Un patriarca, con su recto vivir, y al dar una hermosa bendición, cambio el curso de la vida de un Joven. El élder LeGrand Richards y su poderosa voz y testimonio, ha hecho ver la verdad del evangelio a todos los que le han escuchado. Nuestro extraordinario Profeta y líder nos ha inspirado con su dedicación y extraordinario vigor.

Todos somos necesarios, todos hemos de servir. Los que tenéis experiencia y madurez, que pasasteis por la gran depresión económica, los estragos de las dos guerras mundiales, que habéis pasado del transporte del coche tirado por caballos al de los aviones supersónicos que viajan a más de dos mil kilómetros por hora, tenéis mucho que ofrecer. A vosotros, los que habéis llegado a la vejez, quisiera dirigir hoy mis palabras. Seguir leyendo

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Si guardas mis mandamientos

Conferencia General Octubre 1979
«Si guardas mis mandamientos»
Por el élder O. Leslie Stone
Del Primer Quórum de los Setenta

O. Leslie StonePara todos nosotros es inspirador recordar las enseñanzas de nuestro Salvador y las muchas cosas maravillosas que El dejo al mundo. Vivió desde una época anterior a la historia del mundo; estuvo en el gran concilio de los cielos; ayudo a su Padre en la organización del universo y en la creación de la tierra y del hombre, esto último respondiendo a la invitación del Padre cuando dijo:

«Descendamos y formemos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. . .» (Abraham 4:26.)

Oponiéndose al plan de compulsión que quería utilizar Satanás, El apoyo el plan del Padre por el cual se nos daba el libre albedrío, otorgándonos así la libertad de elección que tiene tan gran significado para nosotros.

E] nació lejos de la casa de sus padres, y fue acuñado en un pesebre.

Vivió en este mundo en el meridiano de los tiempos, en la Tierra Prometida.

Se dedicó a enseñar y a hacer el bien; y los hombres lo seguían, no atraídos por las riquezas del mundo, sino para obtener los tesoros de los cielos que Él les ofrecía.

El estableció un nuevo código de vida: que nos amemos unos a otros y que amemos incluso a nuestros enemigos; nos enseñó también a no juzgar, a perdonar y a dar a toda persona una segunda oportunidad.

Pensad cuán grande sería el cambio que traería sobre el mundo el hecho de que cada uno de nosotros, individualmente, y que las naciones de la tierra, pudiéramos vivir de acuerdo con ese código. Muchas veces oímos decir a las personas: «Estoy dispuesto a perdonar, pero no puedo olvidar lo que me ha hecho», lo que por supuesto significa que en realidad no han perdonado la ofensa.

En la sección 64 de Doctrinas y Convenios, versículos 8 al 11, el Señor nos dice que tenemos la obligación de perdonarnos los unos a los otros y que aquel que no perdone a su hermano será condenado porque es el peor pecador de los dos.

En Mateo, leemos sobre una instancia en que algunos de los principales abogados (doctores de la ley) de la época se acercaron a Cristo, diciendo:

«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
Jesús le dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento.
Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.» (Mt. 22:36-39.)

¿Puede una persona llegar al Reino Celestial si no ama a su prójimo como a si misma? Al dar el segundo mandamiento, Jesús dijo que este era semejante al primero, y agrego:

«De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt. 22:40.)

El Señor les dio mucha importancia, tanta, que todas las demás leyes se basan en ellos.

Hagámonos otra pregunta: ¿Puede alguien obedecer el primer mandamiento si no obedece el segundo? En otras palabras, ¿podemos amar a Dios con todo nuestro corazón, si no amamos a nuestro prójimo? La respuesta es obvia.

Juan el Apóstol dijo:
«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
Y nosotros tenemos este mandamiento de El: El que ama a Dios, ame también a su hermano.» (1 Juan 4:20-21.)

En el Libro de Mormón encontramos lo siguiente:
«Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino del diablo que es el padre de las contenciones, e irrita los corazones de los hombres, para que contiendan unos contra otros con ira.
He aquí, no es mi doctrina agitar con ira el corazón de los hombres, uno contra el otro; sino esta es mi doctrina: que tales cosas cesen.» (3 Nefi 11:29-30.)

Con todas estas declaraciones, debería ser perfectamente claro para todos el hecho de que el Señor desea que nos amemos y perdonemos mutuamente. Todos nosotros tenemos la obligación de tragarnos el orgullo v dedicar nuestros mejores esfuerzos a arreglar cualquier disensión que podamos tener con nuestros semejantes. Como acabo de citar, en 3 Nefi dice que las contenciones son del diablo y que nuestro Padre Celestial las desaprueba. Amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos hará que nuestra vida sea gozosa y feliz.

Cristo dedicó su vida a bendecir, sanar, restaurar, y fue siempre un pacificador. En muchas oportunidades sano enfermos, inválidos y ciegos, y hasta devolvió la vida a los muertos. Después de hacer todas estas cosas en beneficio de la humanidad, fue obligado a cargar su cruz hasta el calvario; pero, aun así, perdono a aquellos que le quitaban la vida, diciendo en el momento en que sus sufrimientos eran más intensos:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Le. 23:24.)

El murió para que nosotros pudiéramos vivir eternamente. En el Evangelio de Juan se encuentran registradas estas palabras que El pronuncio:

«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi aunque este muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.’ (Juan 11:25-26.)

Él se levantó de la tumba triunfando sobre la muerte, para bendecir al mundo con la resurrección.

El evangelio nos brinda un hermoso plan de salvación. Sabemos que hemos venido a la tierra para obtener un cuerpo, adquirir conocimiento, desarrollar habilidades y carácter; también venimos para aprender a sobreponernos al mal, tratar de mantenernos fieles y firmes, y ser lo suficientemente diligentes y obedientes a los mandamientos como para ser dignos de regresar a morar en la presencia del Señor.

Al meditar en las muchas, incontables bendiciones que se nos han dado, recuerdo las palabras del rey Benjamin que se encuentran en el Libro de Mormón, cuando después de mencionar todas las que su pueblo había recibido en abundancia, dijo:

«Y he aquí, todo cuanto El pide de vosotros es que guardéis sus mandamientos. . .» (Mosíah 2:22.)

Si, ¡lo único que el Señor requiere de nosotros es que guardemos sus mandamientos! Esto parece relativamente sencillo, ¿verdad? Pero todos sabemos que no lo es, ni ha tenido el Señor la intención de que lo sea. Donde mucho se da, mucho se espera, y El espera de aquellos que lo siguen, la virtud de vencer sus debilidades e imperfecciones, y exige de nosotros la autodisciplina y el sacrificio. No, no es sencillo, pero el Señor nos ha dado muchas sugerencias e instrucciones para ayudarnos a guardar Sus mandamientos.

A algunos de nosotros quizás de vez en cuando nos parezca que determinados mandamientos son un impedimento para que seamos felices en esta vida; no es así, y en el fondo sabemos perfectamente que siempre que los obedezcamos, con la misma seguridad con que esperamos que amanezca el día después de la noche, podemos esperar las bendiciones que se han prometido a los justos y fieles. El Señor dijo:

«Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; más cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.» (D. y C. 82:10.)

Es posible que a veces no reconozcamos el cumplimiento de esas promesas; pero siempre se llevara a cabo.

¿Acaso nos gustaría que en el Día del Juicio se nos diga que hemos fracasado en nuestro papel, que hemos sido siervos indignos del Señor, porque no hemos sabido dar un buen ejemplo con nuestra propia manera de vivir? El Señor nos ha dejado un importante mensaje, que se encuentra registrado en Mateo:

«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mt. 5:16.)

El no cumplir los mandamientos del Señor no solamente nos acarreara la condenación, sino que nos privará de muchas bendiciones aquí en esta; tierra, además de aquellas que son eternas y por las cuales todos luchamos. En 1 Corintios leemos lo siguiente:

«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.» (1 Cor. 2:9.)

Finalmente, tenemos la gran promesa, que es para todo el género humano:

«Y si guardas mis mandamientos  y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios.» (D. y C. 14:7.)

Al terminal, quisiera daros mi testimonio de que, el Padre y el Hijo verdaderamente aparecieron ante José Smith, y le dieron instrucciones pertinentes a la restauración del evangelio verdadero. También testifico que el líder hoy nos guía, el presidente Spencer W. Kimball, y sus consejeros son profetas de Dios, y que todos deberíamos seguirlos por el camino de la verdad y la rectitud.

Ruego que estos hermanos puedan ser constantemente bendecidos con inspiración, y que el Señor les conceda salud y fortaleza para llevar la pesada carga de sus responsabilidades. Y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amen.

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