El único camino que conduce a la felicidad

Conferencia General Octubre 1979
El único camino que conduce a la felicidad
Por el élder Richard G. Scott
Del Primer Quórum de los Setenta

Elder Richard G. Scott¿Qué opinaríais de un hombre que destrozara a hachazos un hermoso piano de cola para hacer leña, o que empleara una calculadora cara para abrir un cajón que está atascado? Tal abuso increíble de objetos valiosos es totalmente ilógico; sin embargo, hay muchos en el mundo que abusan en forma más lamentable aun de invalorables riquezas del cuerpo, la mente y el espíritu.

Si la vida os parece sin sentido ni satisfacciones; si las cosas a las cuales más aspiráis os parecen inalcanzables, o la desesperación os ha guiado por el camino equivocado, en un esfuerzo frenético por encontrar felicidad y amigos, os ofrecemos un mensaje de esperanza y consuelo.

Como este se basa en principios religiosos que actualmente no podríais comprender completamente os suplico que no lo desechéis, porque con cada fibra de mi ser sé que os traerá lo que más anheláis.

El Señor inspiro a un profeta a declarar: «Existen los hombres para que tengan gozo» (2 Ne. 2:25), es decir, para que sean felices ahora y siempre. Pero tal vez repliquéis «¿Cómo se puede encontrar la felicidad? Son muchos los consejos que se dan, pero estos son confusos, por ser expresados en términos y conceptos que no entiendo.»

Dios sabía que sus hijos se enfrentarían con esa dificultad, por lo tanto nos proveyó de una manera infalible por medio de la cual podemos reconocer el verdadero plan que debemos seguir para encontrar la felicidad.

Quisiera ilustrar este concepto por medio de un simple ejemplo. Digamos que la caja que tengo en la mano, representa el mundo. En ella escondidos imanes, uno de ellos representa la verdad y el otro el error. Estos imanes irradian una poderosa fuerza magnética que no podemos ver ni palpar, del mismo modo que no podemos ver o palpar la diferencia entre la verdad y el error. Pero si empleo otro imán que actúe como un detector, puedo identificar sin equivocarme el imán que representa la verdad puesto que estos se atraen entre sí. De igual manera puedo hallar el imán que representa el error porque en este caso se rechazan.

Cada individuo que nace en esta tierra recibe un detector o la capacidad para discernir: un don divino otorgado para ayudar a distinguir entre la verdad y el error. Lo llamamos la conciencia. Dios lo denomina el Espíritu de Cristo. Cuando nos valemos debidamente de este don, somos atraídos instintivamente hacia la verdad y apartados del error.

Satanás no quiere que hagamos uso de este don divino y por lo tanto cubre sus intenciones maléficas detrás de tentaciones difíciles de resistir. Su propósito es que nos obsesionemos con nosotros mismos y. nos compenetremos tanto en nuestro afán de satisfacer nuestros apetitos y deseos carnales, que perdamos la capacidad de discernir entre la verdad y el error. Este estilo de vida no puede ni jamás podrá proporcionarnos felicidad.

Si coloco una barrera alrededor de este imán detector, ya no puedo distinguir entre la fuerza magnética del imán que representa la verdad y  del que representa el error. Asimismo si cedemos a las tentaciones del mundo o no obedecemos los mandamientos de Dios, ya sea por la falta de fe o por la apatía, estamos construyendo barreras alrededor de la conciencia que hacen disminuir la eficacia de esta a tal grado, que se nos hace difícil y luego imposible discernir entre la verdad y el error. El Señor dio su vida para que cada uno de nosotros, mediante el milagro del arrepentimiento, pudiéramos derribar las barreras del pecado y así permitir que de nuevo nuestra conciencia recobrara la sensibilidad y otra vez pudiera discernir entre la verdad y el error.

Ahora quisiera familiarizaros con otro don divino que tiene la capacidad de ser mucho más sensible y poderoso que la conciencia. Mediante este don podemos recibir la verdad en toda su pureza para guiarnos en la vida, el consejo de Dios para resolver nuestros problemas y hasta su poder para vencer obstáculos. Me refiero al don del Espíritu Santo. Quisiera explicaros como se obtiene este valioso don, o como podéis aumentar su utilidad si ya lo poseéis. El Señor dijo: Seguir leyendo

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Cómo enfrentar las adversidades

Conferencia General Octubre 1979
Cómo enfrentar las adversidades
Por el élder Adney Y. Komatsu
Del Primer Quórum de los Setenta

Adney Y. KomatsuCuando era presidente de misión en Japón, hace trece años, recibí una llamada de la esposa de un joven de las fuerzas armadas, que deseaba verme; su esposo, un piloto de la fuerza aérea, había muerto recientemente en combate en Vietnam. Cuando la hicieron pasar a la oficina, me di cuenta de que abrazaba una gran fotografía. Nos sentamos para conversar y me mostró la fotografía de su esposo, un apuesto piloto con el paseo en las manos, parado orgullosamente al lado del avión de combate.

Sollozando me dijo cuanto lo amaba y que no podía creer que hubiera muerto. Continúo diciéndome que hacia solo dos años que se había convertido a la Iglesia; había conocido a su esposo cuando estaban estudiando, y él le había dado a conocer el evangelio. Más tarde, ella se bautizó y se sellaron en el templo por esta vida y por la eternidad.

Su vida con él había sido muy hermosa, con todo lo que una persona podía desear, y ambos esperaban el futuro con gran gozo y esperanza; pero todo había terminado improviso, demasiado pronto. Tenía grandes ajustes que hacer en su vida y deseaba tener la seguridad de que todo saldría bien. ¿Qué consejo le habríais dado?

El Señor ha declarado:
«Porque, de cierto os digo, bendito es el que guarda mis mandamientos, sea en vida o muerte; y en el reino de los cielos es mayor el galardón de aquel que es fiel en la tribulación.

Por lo pronto no podéis ver con los ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a aquellas cosas que vendrán. . .

Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones.» (D. y C. 58:24.)

Al pasar por este estado de probación terrenal, adquirimos muchas experiencias. Es en estas experiencias donde a menudo nos acosan los problemas, desafíos, adversidades, aflicciones, pruebas y tribulaciones. El Señor le dijo al profeta José Smith, después de un periodo de grandes aflicciones:

«…entiende, hijo mío, que por todas estas cosas ganaras experiencia, y te serán de provecho. » (D. y C. 122:7.) Seguir leyendo

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El propagador mortal

Conferencia General Octubre 1979
El propagador mortal
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonPrecisamente en estos días, un ejército de leñadores londinenses, se encuentra enterrando sus pesadas hachas y hundiendo sus sierras motorizadas en los otrora majestuosos olmos que supieron llenar de gracia los paseos que rodean el aeropuerto de Londres, Inglaterra.

Se afirma que algunos de los majestuosos monarcas sobrepasan los cien años de edad, y uno llega a preguntarse cuantas habrán sido las personas que en el correr del tiempo se habrán detenido para admirar su belleza, cuantos habrán descansado, bajo su sombra acogedora, cuantas generaciones de pájaros de dulce trinar habrán llenado el aire con su música, al tiempo que volaban entre las extendidas y naturalmente ornamentadas ramas.

Los patriarcales olmos yacen ahora muertos. Su fatal destino no es el producto de su avanzada edad, ni de las sequías ni los fuertes vientos que ocasionalmente azotan el área; su verdugo resulta mucho más inofensivo en apariencia de lo que los funestos resultados muestran. E1 culpable se conoce con el nombre de «escarabajo de la corteza», propagador de la plaga que afecta a los olmos. Este insecto ha exterminado bosques enteros de dichos continua sin poder ser controlada. Todos los recursos practicados hasta el momento han fracasado arboles a lo largo de Europa y América; su marcha destructora.

La enfermedad comienza con el marchitamiento de las hojas más jóvenes en la parte superior del árbol y continua propagándose hacia las ramas inferiores. A1 promediar el verano, la mayoría de las hojas se tornan amarillentas, se arrugan y caen. De pronto la vida del árbol se desvanece; la muerte se aproxima. E1 bosque se consume. E1 escarabajo de la corteza ha cobrado su terrible tributo.

¡Cuán parecido al olmo es el hombre! Ayer apenas una semilla, hoy, dando cumplimiento a un divino plan, crecemos, nos nutrimos y maduramos. Tanto la brillante luz de los cielos como las ricas bendiciones de la tierra son nuestras. En nuestro bosque llamado «familia y amigos», la vida es abundantemente remuneradora y hermosa.

De pronto, aparece frente a nosotros un siniestro y diabólico enemigo: la pornografía. A1 igual que el escarabajo de la corteza, esta es propagadora de una enfermedad mortal, la cual llamare promiscuidad perniciosa. Seguir leyendo

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El estudio de las Escrituras

Conferencia General Octubre 1979

El estudio de las Escrituras

Howard W. Hunter 1Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce


Cuando seguimos el consejo de nuestros líderes de leer y estudiar las Escrituras, recibimos toda clase de beneficios y bendiciones. Este es el estudio más provechoso al que podemos dedicarnos. Con frecuencia nos referimos a la porción de Escrituras conocida como Antiguo y Nuevo Testamento, calificándola como la más grandiosa literatura del mundo.

Estos libros pueden considerarse como tratados científicos, tesis filosóficas v también como registros históricos; más si comprendemos el verdadero propósito de estas v otras escrituras, llegamos a la conclusión de que en realidad forman la literatura fundamental de la religión.

Los libros canónicos contienen las declaraciones básicas en cuanto a Dios, a sus hijos y la relación que hay entre ellos. En cada libro se nos insta a creer y a tener fe en Dios el Eterno Padre y en su Hijo, Jesucristo, y desde el principio hasta el fin de cada uno de ellos se nos llama a cumplir la voluntad de Dios y a guardar sus mandamientos.

Las Escrituras contienen un registro de la forma en que Dios se ha revelado al hombre, v por medio de ellas Dios le habla. ¿Cómo podrían existir horas más productivas que las que dedicamos a leer en los libros canónicos la literatura que nos enseña a conocer a Dios y a comprender nuestra relación con El?

El tiempo siempre es precioso para las personas ocupadas, pero al dedicar horas a una lectura infructuosa o a programas frívolos de televisión, destruimos su valor completamente.

Los hábitos en la lectura varían inmensamente. Algunos leen más rápido que otros: hay personas que leen a ratos, mientras que otras persisten en su lectura, sin parar, hasta la última página. Los que profundizan en la lectura de los libros canónicos, se dan cuenta de que para comprender las Escrituras se requiere algo más que una lectura ligera; debe hacerse un estudio cuidadoso. Es obvio que el que los estudia diariamente logra más que el que dedica muchas horas en un día, dejando pasar días enteros antes de reiniciar el estudio; y no solo debemos estudiar cada día, sino que tendríamos que apartar una hora especifica en que podamos concentrarnos sin interrupciones.

No hay nada que nos oriente mejor en la comprensión de las Escrituras que la oración, pues mediante ella podemos tener la mente abierta para hallar respuestas a nuestras interrogantes. El Señor dijo: Seguir leyendo

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No temamos a los cambios

Conferencia General Octubre 1979
No temamos a los cambios
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1Un joven amigo nuestro, noto que una de sus plantas tenía una raíz excesivamente grande y había comenzado a deteriorarse, y decidió trasplantarla a otra maceta más grande. Con sumo cuidado la tomo por los tallos y la colocó en su nuevo recipiente, procurando mover las raíces y la tierra lo menos posible. El novicio jardinero inicio una atenta vigilia, y para su desconsuelo, observo que la planta continuaba marchitándose. Nuestro amigo manifestó su frustración a un experto, quien se ofreció para ayudarle. Cuando se puso la planta en manos del jardinero, este la voleo, la quito de la maceta, sacudió la tierra y cortó o arrancó todas las raíces dispersas; luego la colocó de nuevo dentro de la maceta, apretando vigorosamente la tierra a su alrededor. Al poco tiempo la planta llena de nueva vida, comenzó a creer en forma saludable.

¡Cuántas veces en nuestra propia vida echamos raíces en la tierra de nuestro vivir, las cuales nos enredan al grado de que corremos el riesgo de perecer! Cuando eso acontece, tendemos a tratarnos con suma delicadeza y mostrarnos reacios a todo aquel que trate de «mover la tierra» a nuestro alrededor o «arrancar las raíces dispersas». En estas condiciones, también nosotros debemos luchar por progresar. Sin duda, los cambios son difíciles y a menudo pueden llegar a complicarnos la existencia.

El Señor no desea que su Iglesia caiga en una maraña de raíces dispersas; por este motivo se necesita la constante revelación de los profetas para que Su reino crezca. No hay nada tan necesario ni tan inevitable como el cambio mismo. Las cosas que vemos, que tocamos v percibimos cambian continuamente. La relación entre amigos, entre cónyuges, entre padres e hijos, entre hermanos, está llenas de dinámicos cambios. Existe una «constante» utilizando un término matemático que nos permite valernos de los cambios para nuestro propio beneficio, y esa constante la forman las verdades eternas de nuestro Padre Celestial que nos han sido reveladas.

No hay razón para suponer que siempre debemos seguir siendo lo que somos en la actualidad. Entre los humanos se advierte la tendencia a considerar el cambio como un enemigo; muchos nos tornamos sospechosos ante la perspectiva de cambiar, y a menudo la combatimos y resistimos antes de siquiera descubrir los efectos que dicha medida producirá. Cuando se analiza cuidadosamente el mentado cambio, puede originar las más significativas y profundas experiencias de la vida; pero tengamos siempre presente que las modificaciones que hagamos deben ajustarse a los propósitos y enseñanzas del Señor.

Cuando nos enfrentamos a la oportunidad de cambiar, y esto acontecerá siempre, debemos preguntarnos: «¿En qué aspecto de mi vida necesito mejorar?» «¿Qué es lo que ansío lograr de la vida?»

«¿Adónde quiero llegar?» «¿Cómo puedo lograrlo?» La consideración de las diferentes alternativas es un requisito previo ineludible cuando uno proyecta hacer cambios. En el plan de Dios, por lo general somos libres de escoger los cambios que habremos de introducir en nuestra vida, y siempre gozamos de libertad para reaccionar ante los cambios que sobrevengan y sean ajenos a nuestra voluntad. No tenemos por qué renunciar a nuestras libertades pero del mismo modo en que una brújula constituye un importante instrumento para el marino, también el evangelio nos señala el camino al transitar por los senderos de la vida. Seguir leyendo

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La oración a nuestro Padre

Conferencia General Octubre 1979
La oración a nuestro Padre
Por el élder Bernard P. Brockbank
Del Primer Quórum de los Setenta

Bernard P. BrockbankUn hijo de Dios no puede obtener la salvación por medio de las doctrinas y religiones fundadas y originadas por los hombres. El Señor le dice al hombre en la Biblia que sus caminos no tuvieron origen en esta tierra ni en el hombre.

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.» (Isaías 55:89.)

Los pensamientos y los caminos de Dios le dan al hombre las más grandes oportunidades y bendiciones que puede obtener en esta vida.

El Señor dio al hombre su más elevada meta cuando dijo:

«Y esta es la vida eterna: que te conozca a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17:3.)

Casi todos los cristianos saben que el Señor nos mandó:

«Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. » (Mateo 22:37.)

Amar y conocer a Dios es una gran bendición, y una de las maneras en que podemos llegar a conocerlos a Él y a Jesucristo, es por medio de la oración sincera.

El Señor nos manda:

«Ora siempre, y derramare mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición si, aun más grande que si obtuvieras los tesoros de la tierra.» (D. y C. 19:38.)

En la Biblia se nos dice: «Orad sin cesar.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» (1 Tes. 5:17-18.)

Por medio de la oración tendremos el poder para vencer las malas influencias de este mundo y de Satanás:

«Ora siempre para que salgas vencedor; y, para que venzas a Satanás, y para que te escapes de las manos de los siervos de Satanás quienes apoyan su obra.»

Orar a Dios es una gran bendición; Jesucristo no solo nos manda orar, sino que también nos enseña cómo debemos hacerlo diciendo:

«Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Seguir leyendo

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La incógnita del mormonismo

Conferencia General Octubre 1979
La incógnita del mormonismo
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

Quisiera hablar como otro testigo de la veracidad de lo que el presidente Tanner nos ha testificado, tan elocuente y fervientemente. Tenemos algunas palabras que expresar al mundo en general. Nos dirigimos especialmente a todos aquellos con una mente indagatoria que desean escuchar una nueva doctrina, ver algún panorama diferente y desenredar (¿acaso no lo decimos así?) el misterio más grandioso del mundo religioso: el misterio del mormonismo.

Somos un pueblo particular; formamos parte de una congregación de verdaderos creyentes, somos únicos y diferentes a todos los demás; somos los santos del Altísimo reunidos en muchas naciones para edificar a Sión y para preparar al mundo para la segunda venida del Hijo del Hombre.

Nos llaman los «mormones»; muchos nos califican como una secta singular mientras proclaman: «embusteros, falsos profetas, polígamos» como solían decir; o, «racistas, en contra de la mujer, dictadores patriarcales», como ahora algunos nos llaman, o «adoradores de Adán que niegan a Cristo y su gracia», como otros falsamente claman; o cualquiera que sea la sofistería del momento que siembra las semillas del prejuicio en aquellos que de otra manera podrían aprender quienes somos y en que creemos.

Muy a menudo nos parece que estas declaraciones de mentes vacías, y aquellas de los que envidian nuestro rápido crecimiento y aumento de influencia en el mundo, y las otras voces de aquellos cuyo punto de vista social o político no auspiciamos, son solo otra evidencia de la verdad y divinidad de la obra misma. El diablo no está muerto, y así como en una ocasión elevo la voz para decir, «¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» así también hoy grita histéricamente en contra de Su pueblo en este día.

Creemos que no es demasiado pedir en esta época de luz y libertad de palabra que se nos permita declarar quienes somos, en que creemos y por qué nuestra causa marcha hacia adelante en una forma tan maravillosa.

Nos gloriamos de que se nos conozca como un pueblo particular. Es nuestro deseo ser únicos -diferentes a los demás- porque hemos renunciado a las cosas del mundo y hemos hecho convenio de vivir vidas justas y caminar en las sendas de la verdad y la virtud.

Esperamos que de nosotros se pueda decir, como Pedro afirmo de los creyentes en su día:

«Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamo de las tinieblas a su luz admirable.» (1 Pedro 2:9.)

Con el debido respeto por los puntos de vista e intereses de nuestro prójimo, -cristiano o no, judío o gentil- declararemos algunas de estas cosas en las cuales creemos y sabemos que son verdaderas. Seguir leyendo

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La obra del profeta José Smith

Conferencia General Octubre 1979
La obra del profeta José Smith
Por el presidente N. Eldon Tanner
De la Primera Presidencia

N. Eldon TannerHace muchos años en Noruega, una joven viuda que tenía dos hijos pequeños envió a un zapatero un par de zapatos para que los reparase. Cuando los zapatos, ya reparados, le fueron enviados nuevamente, le sorprendió mucho encontrar en cada uno de ellos un folleto religioso. Poco después, curiosa a causa de aquellos folletos, y con un paquete que contenía otro par de zapatos viejos, emprendió la media hora de camino hacia la tienda del zapatero.

Después que termino de hablar con él acerca de los zapatos, vaciló brevemente con una mano en el picaporte de la puerta, queriendo, y al mismo tiempo renuente a preguntar acerca de los folletos. Mientras ella vacilaba, el zapatero le dijo: «Tal vez le sorprenda oírme decir que yo puedo darle algo más valioso que las suelas para los zapatos de sus hijos».

«Usted me confunde», contesto ella. «¿Que puede darme usted, un zapatero, que sea mejor que las suelas para los zapatos de mis hijos?»

El hombre no vaciló. «Si me escucha», le dijo, «yo puedo enseñarle como encontrar la felicidad en esta vida, y prepararse para el gozo eterno en la vida futura. Puedo decirle de donde vino, porque está aquí sobre la tierra, y donde ira después de la muerte. Puedo enseñarle algo que usted jamás ha sabido: el amor que Dios tiene por sus hijos.»

Las palabras llegaron al corazón de Anna Widtsoe, cuyo esposo John Andersen Widtsoe había fallecido repentinamente el año anterior. Su hijo mayor, John Andreas, tenía seis años de edad, y su segundo hijo, Osborne, solo tenía dos meses de nacido. En el servicio funeral, la joven viuda y su hijo mayor habían estado cerca de la tumba abierta mientras escuchaban las frías palabras del servicio religioso: «Polvo eres, y al polvo volverás», que no contenían ninguna promesa de un encuentro futuro en un lugar más feliz que la tierra del hombre.

La vida de aquella mujer había sido solitaria; la inquietaban muchas preguntas espirituales a las cuales no había podido encontrar una respuesta, ni su propia religión las había podido satisfacer. Ella le hizo al zapatero una pregunta muy sencilla: «¿Quién es usted?» A lo que él respondió: «Soy miembro de la Iglesia de Cristo; se nos llama  ‘mormones’, y tenemos la verdad de Dios».

Cuando le devolvía a la viuda los zapatos reparados, siempre poma en ellos un nuevo folleto. Finalmente la curiosidad hizo que ella asistiera a una reunión de los mormones. Anna Widtsoe era una mujer inteligente, y conocía la Biblia; una vez tras otra, trato de vencer a los élderes, solo para salir ella vencida, insistía en discutir y en debatir los puntos doctrinales que no podía aceptar; y finalmente, sin quererlo, pero tras orar al respecto, se convenció de que estaba en la presencia de la verdad eterna.

Por fin, el 1° de abril de 1881, poco más de dos años después de haber oído hablar del evangelio por primera vez, fue bautizada en la Iglesia. Todavía había una capa delgada de hielo en los bordes del fiordo, y tuvieron que romperla con el fin de poder bautizarla. El agua estaba helada; sin embargo, ella declaró hasta el fin de sus días, que nunca en toda su vida se había sentido mejor ni con una mayor calidez interior que cuando salió de las aguas bautismales del fiordo de Trondheim en Noruega. La llama se había encendido para no extinguirse jamás. Seguir leyendo

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Nuestra mayordomía terrenal

Conferencia General Octubre 1979
Nuestra mayordomía terrenal
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEsta reunión general del sacerdocio nos provee la maravillosa oportunidad de agradeceros, hombres y jóvenes de la Iglesia, por todo lo que hacéis por vivir dignamente y edificar el reino de Dios en la tierra. Estaremos eternamente agradecidos a vosotros, y reconocemos el hecho de que Dios os ha puesto en la tierra en esta época ala hacer buen uso de vuestros talentos y vuestra devoción, en este importante periodo de la historia de humanidad y de la historia de la Iglesia.

Hace exactamente tres semanas las mujeres de la Iglesia, de todas las edades, se congregaron en este gran Tabernáculo colmándolo de bote a bote, y se reunieron en los mismos lugares en que estáis vosotros reunidos esta noche. Como no me era posible asistir a esa reunión de mujeres, seguí el desarrollo de aquel glorioso acontecimiento por un circuito especial de televisión, en mi cuarto del hospital. Mi corazón se llenó de emoción indescriptible al pensar en la bendición que representan las maravillosas hermanas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios acá sobre esta tierra. Mi amada compañera eterna, Camilla, les leyó a aquellas magnificas hermanas mi mensaje para ellas.

En ese mensaje les dije a las hermanas:

«Al acercarnos a la Conferencia General, quiero deciros que en la sesión del sacerdocio, seremos tan directos con los hermanos como lo hemos sido con vosotras, pues nuestro consejo para ellos será similar.»

Ahora deseo cumplir con aquella promesa que hice a las hermanas, al hablaros a vosotros, hermanos.

Hemos sido tremendamente bendecidos con mujeres especiales, mujeres que tienen una profunda y duradera influencia sobre nosotros. Sus contribuciones han sido y son importantes, y serán de valor imperecedero para nosotros.

Nuestras esposas, madres, hijas, hermanas y amigas, son todas hijas espirituales de nuestro Padre Celestial. Espero que tengamos esto siempre presente, mis hermanos, especialmente en la forma que las tratemos. Entre las hermanas de esta dispensación, se encuentran muchas de las más nobles hijas de nuestro Padre Celestial. Recordemos siempre que Dios no hace acepción de personas, sino que nos ama a todos, mujeres y hombres, varones y niñas, con un amor perfecto.

Como decía el presidente Harold B. Lee frecuentemente:

«La obra mayor que podéis llevar a cabo en la Iglesia se encuentra dentro de las paredes de vuestro propio hogar.» Seguir leyendo

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La administración de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1979
La administración de la Iglesia
Por el presidente N. Eldon Tanner
De la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis hermanos, siempre me siento conmovido al encontrarme frente de una audiencia formada por hombres que poseen el Sacerdocio de Dios, que es el poder que El ha dado al hombre para actuar en Su nombre, en el oficio que posea. Me asusta pensar en el enorme poder que existiría, si cada hombre que posee el sacerdocio viviera de acuerdo con las enseñanzas del evangelio v los convenios que ha hecho con el Señor.

El Sacerdocio Aarónico fue restaurado en estos últimos días por Juan el Bautista, quien colocó las manos sobre la cabeza de José Smith para conferírselo; el Sacerdocio de Melquisedec, como sabéis, fue conferido a José Smith y Oliverio Cowdery mediante la imposición de manos de Pedro, Santiago y Juan. Cada uno de vosotros, o posee el Sacerdocio de Melquisedec, o se está preparando para recibirlo. Quisiera repetiros el juramento y convenio de este sacerdocio:

«Porque los que son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los que he hablado, y magnifican sus llamamientos, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.

Llegan a ser los hijos de Moisés y de Aarón y la simiente de Abraham, la Iglesia y el reino, y los elegidos de Dios.

Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;

Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;

Y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;

Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.

Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.

Así que, todos aquellos que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre que no se puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.» (D. y C. 84:33-40.)

El sacerdocio es el poder más grande que existe en la tierra. Fue por este poder que la tierra fue creada y que se formaron el universo y todas las demás cosas. Esta Iglesia fue organizada por el poder del sacerdocio, mediante alguien que había sido llamado por Dios, por medio de la revelación.

Sabemos que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo aparecieron a un joven de nombre José Smith, y que desde entonces, fue continuamente guiado por la revelación. Con respecto al establecimiento de la Iglesia, leemos lo siguiente:

«El origen de la Iglesia de Cristo en los últimos días. . . por la voluntad y los mandamientos de Dios. . .

Los cuales mandamientos fueron dados a José Smith, hijo, quien fue llamado de Dios y ordenado Apóstol de Jesucristo, para ser el primer élder de esta Iglesia.» (D. y C. 20:1-2.)

«He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella tú serás llamado vidente, traductor, profeta, Apóstol de Jesucristo, élder de la Iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo.» (D. Y C. 21:1)

Quiero aseguraros, hermanos,  que pertenecéis a la verdadera Iglesia de Jesucristo, y que esa Iglesia está dirigida por El mismo mediante un Profeta de Dios, nuestro amado presidente Spencer W. Kimball.

Quisiera deciros algo con respecto a la forma en que funciona la Iglesia en su sede, en Salt Lake City. Frecuentemente, oímos decir que la Iglesia es una democracia, cuando en realidad, en lugar de ser gobernada por oficiales elegidos por los miembros, es una teocracia, o sea, que Dios la dirige por medio de representantes elegidos por El. Nuestro quinto artículo de fe dice así:

«Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía v la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.» Seguir leyendo

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Fe en el Señor Jesucristo

Conferencia General Octubre 1979
Fe en el Señor Jesucristo
Por el élder Marion G. Romney
Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEl profeta José Smith denominó la «Fe en el Señor Jesucristo» como el primer principio del evangelio. (4° Artículo de Fe.)

Las Escrituras no dejan duda alguna sobre la importancia de dicha fe. En el comienzo, el Señor envió a un ángel para que le enseñara a Adán que el sacrificio que él estaba ofreciendo era ‘a semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre. . . »

«Por consiguiente», agregó, harás cuanto hicieres en el nombre del Hijo; y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás.» (Moisés 5:7-8.)

Nefi instruyo a su gente de la siguiente manera:

«… he aquí os digo que así… como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado bajo el cielo, mediante el cual puede salvarse el hombre, sino el de este Jesucristo…» (2 Ne. 6:20.)

Unos cuatrocientos años más tarde, el rey Benjamín declaro:

«. . . te digo que no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual los hijos de los hombres podrán alcanzar la salvación, sino en v por medio del nombre de Cristo, el Señor Omnipotente. » (Mosíah 3:17)

Cuando los saduceos preguntaron a Pedro y a Juan «¿Con que potestad, o en que nombre» habían ellos curado al hombre cojo…

«… Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, v ancianos de Israel:

Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucito de los muertos, por El este hombre está en vuestra presencia sano.

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.» (Hechos 4:7-10, 12.)

Jesucristo mismo declaró a los fariseos:

«… porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis». (Juan 8:24.)

Y en estos últimos días el Señor declaró a José Smith, el Profeta, a Oliverio Cowdery y a David Whitmer lo siguiente:

«Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, y exponed la verdad con circunspección.

Y todos los que se arrepintieren bautizándose en mi nombre -el cual es Jesucristo- y perseveraren hasta el fin, serán salvos.

He aquí, Jesucristo es el nombre dado por el Padre, y no hay otro nombre dado, en el cual el hombre pueda ser salvo. Seguir leyendo

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Los gobernantes del reino de Dios

Conferencia General Octubre 1979
Los gobernantes del reino de Dios
por el élder William R. Bradford
Del Primer Quórum de los Setenta

William R. BradfordMis queridos hermanos, en estos momentos me siento hondamente conmovido. Una congregación como esta, integrada por los hijos escogidos de Dios, no tiene precedente. Si no fuera porque me sostiene el poder del Espíritu, no podría soportar la conmoción que la trascendencia de esta ocasión me produce.

Deseo expresaros el profundo afecto que os profeso, mis hermanos, y deciros que la confianza que he depositado en vosotros solo se puede comparar a la que tengo en el Maestro, a quien seguimos. El conocimiento de que sois mis hermanos me hace experimentar un gozo muy grande.

Quiero que sepáis que no es mi intención criticaros; sin embargo, precisamente porque sois mis hermanos, considero que puedo hablaros clara y directamente.

El hecho de que poseáis el sacerdocio, no es asunto fortuito; es prueba de que habéis pasado por las aguas del bautismo, como asimismo, de que habéis sido entrevistados por jueces de Israel, habiendo sido hallados dignos de ser gobernantes en los asuntos de Dios; y el que mantengáis ese estado depende, como lo ha sido y sigue siéndolo, de vuestro cumplimiento de las condiciones expuestas por el Padre y su Hijo Jesucristo, en nuestra vida preexistente. En esa etapa, vosotros aceptasteis dichas condiciones, y en virtud de vuestra ordenación y de vuestra rectitud actual, las habéis aceptado en este mundo. Nada de esto ha sucedido por casualidad; es algo absolutamente serio, y lo es en tal forma, que los asuntos de Dios sobre la tierra y la salvación de todo el género humano, descansan sobre ello.

A fin de que podáis comprender más clara y cabalmente lo que significa ser gobernantes en las cosas de Dios, permitidme señalaros la parte que os toca en el gobierno de la Iglesia en tres niveles diferentes a saber, el individual, el familiar, y el regular e institucional de la Iglesia.

Vosotros, en forma individual sois la Iglesia. El Señor hizo convenio con sus hijos fieles de que estos habían de llegar a ser «la iglesia y el reino, y los elegidos de Dios» (D. y C. 84:34). Vosotros, entonces, mediante vuestra fidelidad como poseedores del sacerdocio, llegáis a ser la Iglesia Y la Iglesia será gobernada únicamente en la forma en que os gobernéis a vosotros mismos.

El principio fundamental de la verdad, aquel sobre el cual se basa todo el plan de Dios, es el del libre albedrío; cada uno de vosotros tiene derecho a gobernarse a sí mismo, y el hecho de que penséis y actuéis independientemente, es un don recibido de una fuente divina. La decisión es vuestra. No obstante, es preciso señalar que, si bien contáis con la libertad de escoger según vuestra propia elección, no contáis con la facultad de escoger los resultados de vuestras decisiones, ya que las consecuencias de lo que pensáis y hacéis son regidas por leyes: de lo bueno, resulta lo bueno; de lo malo lo malo. Como veis, os gobernáis a vosotros mismos sujetándoos a la disciplina de la ley: si sois obedientes a la ley de Dios, seguís siendo libres, progresáis y os perfeccionáis; si sois desobedientes a esa ley, os amarráis a todo lo que limita vuestro progreso, entráis en las vías del error y os volvéis indignos de asociaros con aquellos que son más limpios y puros que vosotros. Seguir leyendo

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El arte de tomar decisiones

Conferencia General Octubre 1979
El arte de tomar decisiones
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryDurante las últimas conferencias, al abandonar el tabernáculo después de la sesión del sábado por la tarde, me ha sorprendido ver las largas filas formadas por hermanos deseosos de poder entrar a la sesión del sacerdocio, aun tres horas antes de que esta comenzara. Me he detenido a conversar con algunos de ellos, y para mi sorpresa, noté que la mayoría de ellos eran jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico.

Esta noche quisiera rendir homenaje a todos vosotros por vuestra devoción, sois una generación escogida, real sacerdocio, y quisiera dirigiros mis palabras en esta sesión de nuestra conferencia.

Cuando recibí la asignación de hablar en la sesión del sacerdocio, llame al élder Backman, el nuevo director del programa de Hombres Jóvenes, y le pregunté si él deseaba sugerir algún tema que considerara de especial interés para los poseedores del Sacerdocio Aarónico Unos días más tarde, recibí una nota del élder Backman con su respuesta, la cual decía lo siguiente: «La juventud se encuentra en el momento más interesante de su vida. Pronto le llegara el momento de tomar las decisiones mayores, las que moldearan su futuro, tales como ir a una misión, asistir a la universidad, escoger una profesión, contraer matrimonio, etc.». Su consejo era que hablara en cuanto al arte de tomar las decisiones correctas.

Adjunto a su mensaje se hallaba una tira cómica de unos personajes muy conocidos, «La pequeña Lulu» y su amigo Memo, en la que este contempla una bola de nieve que tiene en las manos y observando la situación, Lulu le dice: «La vida está llena de decisiones. Puedes decidir si lo deseas, tirarme esa bola de nieve, o no tirármela. Si decides tirarme la bola, te enterrare las narices en la tierra, pero si decides no hacerlo, te perdonaré la vida».

Entonces Memo, tirando la bola de nieve a un lado con un poco de disgusto en su semblante, dice: «La vida está llena de decisiones, pero yo nunca tendré la oportunidad de tomar una».

Memo está en lo correcto al pensar que la vida está llena de decisiones, pero me doy cuenta que está equivocado en la segunda parte. Las decisiones se hallan ante nosotros a cada paso. En la película El hombre y su búsqueda de la felicidad el hermano Richard L. Evans dijo lo siguiente:

«La vida nos ofrece dos de los dones más preciosos, uno de ellos, el tiempo; el otro, el libre albedrío: la libertad de comprar con nuestro tiempo lo que queramos. Tenemos la libertad de canjear nuestro tiempo por emociones. Podemos darlo a cambio de deseos bajos, podemos invertirlo en la avaricia. Con él podemos comprar la vanidad podemos dedicar nuestro tiempo a la adquisición de cosas materiales Nuestra es la libertad de escoger. Pero no pensemos que esto es una ganga, porque en ello no encontraremos satisfacción duradera.»

Al principio del Libro de Mormón se encuentra un relato acerca de una familia que tuvo que tomar graves decisiones. Sólo imaginaos que sois parte de la familia de Lehi, y que vivís en aquellos tiempos en Jerusalén, en una casa bastante cómoda y segura, rodeados de las muchas cosas buenas que la vida ofrece. Al levantaros por la mañana, vuestro padre os llama a una reunión de familia, declara que ha tenido un sueño la noche anterior, y os comunica algo sorprendente: «Tomad con vosotros vuestras tiendas de campaña y todas las provisiones que podáis cargar en vuestras espaldas. No os preocupéis por el oro y la plata y vuestras cosas de valor, no tendremos lugar para ellos. El Señor me ha mandado que partamos para el desierto». Los registros dicen: Seguir leyendo

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Enviemos misioneros a todas las naciones

Conferencia General Octubre 1979
Enviemos misioneros a todas las naciones
Por el élder Yoshihiko Kikuchi
Del Primer Quórum de los Setenta

Yoshihiko KikuchiAl hablaros hoy, pido la guía de Espíritu Santo. Mis hermanos, en nombre de los santos japoneses deseo expresar nuestro cálido sincero agradecimiento por las angélicas voces del Coro del Tabernáculo. Durante su viaje reciente a Japón y Corea, este coro fue vastamente aclamado, tanto por los miembros de la Iglesia como por los que no lo son. Ese aprecio se hizo evidente en los elogiosos comentarios de los críticos, que aparecieron en nuestros diarios más importantes. Como lo expresó nuestro amado Profeta, el presidente Kimball:

«Al inclinarnos ante el Padre Celestial y su Hijo Jesucristo, oímos una sinfonía de dulce música entonada por voces celestiales que proclaman el evangelio de paz.» (Ensign, mayo de 1974, pág. 46.)

Hermanos y hermanas, hoy también deseo expresar mi gratitud a los muchos misioneros que han ido a nuestra tierra. Cuando veo sus grandes y maravillosas obras, mi corazón rebosa de agradecimiento hacia esos padres que los han enviado, y los que actualmente hacen grandes sacrificios para que sus hijos puedan salir en misiones. Conocí en esta ciudad a una madre, que maneja un taxímetro en sus horas libres a fin de mantener a su hijo en la misión, y que habla de él con mucho orgullo.

Quisiera compartir con vosotros el relato de una experiencia misional que oí recientemente y en la cual, gracias al amor que tuvo uno de nuestros misioneros por un investigador, se produjo un milagro. Conocí a este caballero en una charla fogonera, donde él me dijo:

«Siento enorme gratitud por el Joven misionero mormón que me enseñó lo más importante en esta vida, y me ayudo a encontrar la felicidad; y quisiera extender ese agradecimiento a sus padres, que le enseñaron a vivir el evangelio. ¡Oh, élder Kikuchi, cuanto agradezco a mi Padre Celestial por este glorioso evangelio!»

Luego, con lágrimas en los ojos y mientras tomaba mi mano entre las suyas, me relato lo siguiente:

«Un día, hace ocho años, mientras regresaba del trabajo a mi casa, fui atropellado por un auto, cuyo conductor huyó sin detenerse a auxiliarme. Estuve once días inconsciente y dos años en el hospital. Cuando por fin me dieron de alta, mi esposa me había dejado y se había llevado consigo a nuestros hijos. Antes del accidente había tenido una hermosa familia; pero después, mi vida se convirtió en un total desastre; me sentía solitario y deprimido por haber perdido mi más preciosa posesión mi familia, e hice varios intentos de suicidio. Mi única entrada provenía de la beneficencia del estado; me sentía emocional y físicamente exhausto y me había convertido en un vegetal. Como no podía caminar, tenía que desplazarme haciendo rodar el cuerpo por el suelo, o arrastrándome sobre manos y rodillas. Seguir leyendo

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Nací de buenos padres

Conferencia General Octubre 1979
«Nací de buenos padres»
Por el élder A. Theodore Tuttle
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

A. Theodore TuttleEn la Iglesia tenemos una Misión Internacional presidida por el élder Carlos Asay, la que se encarga de todos los miembros de la Iglesia que residen fuera de los límites geográficos que regularmente se establecen para las estacas y misiones. En esta misión se incluye a las familias que viven en países distantes, alejados de los centros de la Iglesia. Por lo general, estas familias tienen asignaciones del gobierno, de las fuerzas armadas o trabajan para corporaciones internacionales.

Algunos ejemplos típicos de esto son: una familia que vive en la Isla de la Reunión, que está en el Océano Indico al este de África; hay otra que se compone de ocho personas que residen en Benghazi, Libia; y otra de cinco personas está en Karaehi, Paquistán. Para estas y muchas otras mas no existe una unidad organizada de la Iglesia, sino que los padres tienen que enseñar el evangelio a sus hijos. Muchas de esas familias llevan a cabo servicios de la Iglesia, que en realidad son reuniones de hogar; la madre reúne a sus pequeños y efectúan la Primaria; en este caso ella sirve como presidenta de la Primaria, Consejera, maestra… y también como conserje. Si en la familia hay hijos en edad del sacerdocio, por lo general todos los puestos del sacerdocio recaen sobre una persona: el padre; él les enseña sus deberes y vela por la familia. De hecho, en todos los lugares donde la Iglesia está completamente establecida, los líderes del sacerdocio y las organizaciones auxiliares también están tratando de lograr que los padres tomen sobre sí la absoluta responsabilidad de enseñar a sus hijos.

Muy a menudo, esas familias que viven en lugares distantes, reciben solo algunos materiales básicos de la Iglesia. Actualmente contamos con un excelente manual básico de lecciones para hombres y jóvenes y otro para madres e hijas otro manual de lecciones para los niños más pequeños y un buen manual básico titulado Principios del evangelio. Por lo general, también reciben las publicaciones de la Iglesia; tienen el Manual para la noche de hogar, y lo más importante: los libros canónicos. Las actividades se planean y se centran en los intereses familiares. Aunque los materiales didácticos sean limitados, si los padres enseñan el evangelio a los hijos, sus hogares serán tan bendecidos como cualquier otro en la Iglesia.

Todo lo que es esencial en estos hogares, también es esencial en cualquier otro; en realidad, el vivir alejados de la organización de la Iglesia puede llegar a ser una bendición, haciendo que los miembros de la familia estén más unidos, y porque en esas condiciones los padres no pueden delegar a la Iglesia lo que es su deber hacia sus hijos, vivan donde vivan. Seguir leyendo

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