Una generación preparada para tomar decisiones sabias

Conferencia General Abril 1984
Una generación preparada para tomar decisiones sabias
Elaine A. Cannon
Recientemente relevada como Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Elaine A. CannonNuestra meta como Presidencia delas Mujeres Jóvenes ha sido «formar una generación que esté preparada para tomar decisiones sabias. . . que tenga el deseo de hacer convenios santos y cumplirlos, y de aprender la palabra de Dios y compartirla con los demás.»

Presidente Kimball, es para todos nosotros una gran bendición contar con su presencia en esta conferencia. Con la autorización del presidente Hinckley, presidente Benson y las demás Autoridades Generales, deseo rendir un tributo especial al élder Tuttle, quien nos acaba de hablar. El ha sido asesor a la organización de las Mujeres Jóvenes durante los últimos años, y le amamos profundamente.

Es en verdad emocionante para mí estar en este púlpito, en este Tabernáculo, al que he venido siempre a oír las conferencias. Mi cumpleaños cae en estas fechas y puedo recordar perfectamente que celebré mi noveno año aquí, en el Tabernáculo, escuchando los mensajes de nuestros líderes. Por lo tanto, es realmente emocionante para mí el que se me haya otorgado la palabra en esta Conferencia General.

Nos hemos reunido aquí en el nombre del Señor. Estamos embarcados en una obra que es verdadera, y yo, al igual que todos vosotros, estoy agradecida por el privilegio de ser miembro de esta Iglesia.

Ayer tuve una experiencia interesante. Últimamente, en algunos círculos, se ha hablado acerca de que las mujeres deberían poseer el sacerdocio. Entonces alguien me preguntó cómo me sentiría si tuviera el sacerdocio, a lo que contesté valientemente: «Me encanta tener al sacerdocio en mis brazos cuando mi esposo regresa a casa». Y ahora que he sido relevada de este cargo tan especial y tan importante que requería mucho de mi tiempo, voy a estar allí cuando él regrese, y disfrutar de la muy estimada compañía de los míos.

Lo que diga en el día de hoy emana de un corazón lleno de agradecimiento y de preocupación a la vez. Hablaré primero acerca del agradecimiento. La hermana Darger, la hermana Smith y yo, conjuntamente con la hermana Palmer, que ha sido la secretaria ejecutiva a la presidencia de las Mujeres Jóvenes, nos hemos regocijado al trabajar con las hermosas jovencitas de la Iglesia. Hemos disfrutado de cada minuto, y siento una gran dulzura hacia la obra en la cual trabajamos juntas.

Hemos trabajado en paz; hemos servido con fe; hemos buscado la ayuda del Señor y hemos recibido mucho apoyo en nuestra labor. Todas estamos agradecidas por el privilegio de haber tenido la guía que necesitábamos. Ha sido un placer para nosotras servir en este llamamiento y apreciamos mucho a las notables, encantadoras y fieles hermanas miembros de la mesa general y el personal de las Mujeres Jóvenes que han sido relevadas. Seguir leyendo

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Los tres pilares de la Eternidad

Los Tres Pilares De la Eternidad

Élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los doce Apóstoles
Devocional de BYU ofrecido el 17 de Febrero de 1981.


Se tal como todos nosotros que las cosas de Dios, sólo pueden comprenderse por el poder del Espíritu Santo Y ruego que recibamos un gran derramamiento de ese Espíritu al considerar los tres pilares de la eternidad-las tres grandes verdades eternas sobre las cuales se establece la salvación. Mi propósito es tomar los tres acontecimientos más grandes que jamás hayan ocurrido en toda la eternidad y mostrar la forma en que se entrelazan para formar el gran plan de salvación. Si podemos obtener una comprensión de ellos, entonces todo el esquema eterno de lo existente, tomará su propio lugar, y estaremos en condiciones de labrar nuestra salvación. Si no construimos nuestra casa de la salvación en un cimiento verdadero, nunca vamos a lograr el progreso espiritual que nos preparará para entrar a la Presencia de Dios.

Tres Grandes Eventos

Los tres pilares de la eternidad, los tres eventos preeminentes y trascendentes por encima de todos los demás, son la creación, la caída, y la expiación. Estos tres son los fundamentos sobre los que se basan todas las cosas. Sin cualquiera de ellos todas las cosas perderían su propósito y significado, y los planes y propósitos de la Deidad se anularían.

Si no hubiera habido creación, no existiríamos, ni la tierra, ni ninguna forma de vida sobre su faz. Todas las cosas, todos los elementos primarios, estarían desorganizados en el vacío. Dios no tendría hijos espirituales; no habría probación terrenal; y ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Si no hubiera habido caída del hombre, no habría un período de probación. El hombre mortal no existiría, ni los animales o aves o peces o la vida de cualquier clase sobre la tierra. Y, repetimos, ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Si no hubiera habido expiación de Cristo, todas las cosas se perderían. Los propósitos de la creación se desvanecerían. Lucifer triunfaría sobre los hombres y sería el capitán de nuestra alma. Y, lo decimos de nuevo, ninguno de nosotros estaría en camino a la inmortalidad y la vida eterna.

Y por tanto les digo: Venid y razonemos juntos; razonemos como lo hicieron los hombres justos de la antigüedad, para poder llegar a comprender.

Venid y oídnos declarar la sana doctrina; permitidnos declararla plenamente y con poder al igual que los ángeles de Dios en los cielos.

Venid, y demos testimonio de las cosas que Dios ha dado a conocer; testifiquemos como lo hacen aquellos cuyas almas llenas del Espíritu y saben por revelación la veracidad de la palabra revelada.

La Expiación

Contemplaremos primero una escena de dolor y sufrimiento en un jardín llamado Getsemaní, el huerto de la prensa de aceite. Allí, fuera de los muros de Jerusalén, en el ahora sagrado jardín de los Olivos, vemos a ocho de los doce reunidos a la puerta del jardín. En el interior están Pedro, Santiago y Juan. Es de noche, y los ojos de todos pesan de sueño.

A un tiro de piedra de distancia de los tres, vemos al Hijo de Dios en agonía y dolor incomparable. Ha caído sobre su rostro. Escuchamos su súplica: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39).

Le vemos sudar grandes gotas de sangre por cada poro. Un ángel-seguramente el poderoso Miguel -baja del cielo y lo fortalece. Él tiembla a causa del dolor y sufre tanto en cuerpo como en espíritu. Él sale triunfante; y de una manera incomprensible para nosotros, llevó los pecados de todos los hombres bajo condición del arrepentimiento. Ahora volvamos nuestra vista hacia el Gólgota. Allí, en el lugar de la calavera, lo vemos de nuevo, crucificado entre dos ladrones. Es mediodía, y su cuerpo destrozado y azotado ha colgado en aquel malévolo madero durante unas tres horas.

Una vez más, es la hora de la expiación. El sol se oscurece; durante tres largas horas hay «tinieblas sobre toda la tierra» (Lucas 23:44), y todas las agonías y sufrimientos de Getsemaní retornan. Luego de ganar la victoria; de pagar el rescate; la expiación se cumple. Seguir leyendo

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Libre albedrío y responsabilidad

Conferencia General Octubre 1983
Libre albedrío y responsabilidad
Elaine Cannon
Presidenta General de las Mujeres Jovenes

Elaine A. Cannon«La madurez espiritual requiere que comprendamos que no podemos culpar a nadie por nuestras acciones o nuestros problemas.»

A uno de los buenos hermanos de la Iglesia se le había dado la asignación de preparar el banquete de los Boy Scouts. Había cumplido bien; había hecho planes y los había ejecutado. Las mesas estaban puestas, la comida casi lista y se acercaba la hora. Su esposa había llegado temprano dispuesta a dar una mano. Todo estaba marchando, pero con ojo experto, ella vio que todo lucía muy descolorido. Entonces le dijo: «Querido, ¿qué piensas usar como centros de mesa?»

Sorprendido, el hermano miró las mesas tan sin gracia y, pensativo, frunció el entrecejo. Entonces, en pleno ejercicio de su masculino albedrío, declaró triunfante: «¡Pan y mantequilla, por supuesto!»

Este es un caso típico del ejercicio del libre albedrío. Y de esto hablaremos por unos minutos: del albedrío y de la responsabilidad. Quisiera, agregar que siempre que elijamos pan y mantequilla para decorar la mesa, podemos contar con que nadie nos felicitará por lo bien adornada que está. Tenemos el libre albedrío, pero también tenemos que aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. Aplicado a los centros de mesa, es de poca importancia, pero en asuntos de vida y eternidad, es de valor crucial.

El albedrío es un principio eterno que forma parte de esta vida, la cual es una prueba. Siempre tendremos que elegir entre el bien y el mal. Satanás procuró destruir el albedrío, o la libertad de elección del hombre, y aun trata en la tierra de arrastrar al hombre hacia el pecado. (Moisés 4:3.)

Para ejercer nuestro albedrío con cordura, necesitamos conocimiento. Necesitamos conocer las leyes y también las bendiciones y castigos que las acompañan. Cuando conocemos el evangelio y los mandamientos, podemos tomar decisiones mejores.

Las Escrituras nos recuerdan: «. . .Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Juan 8:32.) Nuestra responsabilidad es buscar la verdad completa y aplicarla a nuestra vida. Aunque se nos da la libertad de elección, no se nos da licencia para decidir qué está bien y qué está mal. Eso fue determinado hace siglos. Podemos burlarnos de las cosas sagradas, excusar nuestra conducta, crear nuestras propias ideas, estar de acuerdo o discrepar, sin que esto cambie los principios básicos. No podemos alterar las leyes de Dios. Podemos valemos de la verdad con prudencia para alcanzar nuestras metas, o rechazarla, negarnos a vivirla y por lo tanto sufrir el inevitable castigo.

Tener que rendir cuentas es la consecuencia directa del albedrío y en esto se basa el plan diseñado para esta vida. Hermanas, somos responsables de nuestras propias acciones y tenemos que darle cuenta a Dios por la forma en que vivimos. Seguir leyendo

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La preparación

Conferencia General Octubre 1983
La preparación
por Dwan J. Young
Presidenta General de la Primaria

Dwan J. Young«Sólo por medio de oír la palabra y verla manifestarse en nuestra vida pueden nuestros niños conocer la voz del Buen Pastor.»

Esta noche deseo contarles sobre una jovencita que prometía bastante como pianista. Siendo ella muy pequeña, su madre la sentaba a su lado frente al piano diariamente, le enseñaba las notas y la alentaba a practicar mientras aprendía las primeras piezas. Después de un tiempo, la madre pensó que ya le había enseñado todo lo que sabía, y que su hija debía tomar lecciones de una maestra de piano.

La niña recibió constante estímulo y, cuando estaba en la escuela secundaría se le presentó la oportunidad de tocar como solista con una orquesta sinfónica.

Al entrar en la sala de conciertos la noche de su actuación, se sentía llena de entusiasmo; tenía confianza y seguridad, porque se había preparado bien. Se sentó a} piano y fijó los ojos en el director, que había levantado la batuta. De pronto, su mirada cayó en una cara conocida entre el público desviando su atención del director, y cuando éste dio la señal de comenzar, ella no se movió. Quedó con la mente en blanco, la memoria borrada, los dedos congelados; ni siquiera pudo recordar las primeras notas. El director volvió a darle la señal, pero fue en vano. Finalmente, después de un angustioso intervalo, alguien le alcanzó la música para que pudiera empezar. Al terminar el concierto, abandonó el escenario apresuradamente, totalmente desolada, deseando que la tierra se abriera y la tragara. Cualquier cosa era mejor que tener que enfrentar a sus padres y amigos, a los de la orquesta, o a los que estaban entre el público. En aquel momento, súbitamente, su vida se había detenido; o, por lo menos, ella lo creía. Por supuesto, no era así, y tuvo que salir de la sala de conciertos.

Pero la joven no murió, y el mundo siguió su marcha. En realidad, no hay antecedentes de que se haya detenido ni por un segundo en ese terrible día. Yo lo sé, porque estuve allí. Yo era esa jovencita. Sobreviví, y pude tocar en otros conciertos y ante otros públicos, porque mi maestra me dijo que podría hacerlo y mis padres me recordaron que debía seguir adelante. Al pensar en ello, todavía siento la humillación de aquel día. He llegado a la conclusión de que mi vida no terminó esa noche porque, aunque había estado preparándome para mi actuación, también me había preparado en otras formas. Quizás lo más importante es que otras personas me habían enseñado y preparado para levantarme sobre mi fracaso, y volver a esforzarme. Seguir leyendo

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Una época de fortalecimiento

Conferencia General Octubre 1983
Una época de fortalecimiento
por Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. Smith«Los principios del evangelio son eternos y nos proveen las respuestas exactas para satisfacer nuestras necesidades actuales.»

Presidente Hinckley, élderes Maxwell y Larsen, presidentas Young y Cannon, hermosas niñas de la Primaria y Mujeres Jóvenes, y mis amadas hermanas de la Sociedad de Socorro: Nos hemos reunido para hablar de aquello que tenemos en común. Pese a que nuestra edad, etapas en la vida y las circunstancias crean diferentes problemas, aún así, las hermosas palabras del himno que el coro acaba de entonar deberían ser el lema para todas nosotras — jóvenes y adultas— «Jehová es la fortaleza de mi vida» (Salmos 27:1).

Espero que por medio de este mensaje quede cimentado y se reafirme en nuestro corazón la realidad de que los principios del evangelio son eternos y que las verdades eternas nos proveen las respuestas exactas para satisfacer nuestras necesidades presentes. Tales necesidades son notables por su diversidad y exigen inmediata atención, pero al buscar vacilantemente las respuestas, algunas veces dejamos pasar inadvertido lo que es más evidente. Es que muchas veces las soluciones no están en lo que no se ha descubierto sino en lo que no se ha utilizado.

Cuando el Señor restauró el evangelio a la tierra en toda su plenitud y pureza, también organizó la Iglesia, como un medio para que los preceptos se convirtieran en principios vivientes a fin de ayudar a los creyentes a convertirse en santos. Y ciertamente así fue; llegaron a ser santos cuando, como conversos, y debido a su gran fe, tuvieron que poner a prueba estos preceptos; y en la fortaleza del Señor vieron el logro de sus metas, sus esperanzas realizadas y el crecimiento de su propia fuerza.

En el emotivo recuento de la compañía Martin de carros de mano, a la que sorprendió una tormenta temprana del invierno en su travesía de lowa al valle de Salt Lake, leemos de Margaret Dalglish, «una valiente señorita escocesa que se había debilitado hasta el punto de quedar sólo en piel y huesos, pero seguía caminando». Después de haber cruzado ríos semicongelados, sufrido en las tempestades de la nieve, pasado hambre y la pérdida de seres amados, ella se encontraba entre los que todavía, «empujando sus destruidas carretas, caminaban con sus propías piernas» hasta que por fin llegaron al valle.

Aunque las pruebas por las que tuvieron que pasar las mujeres en los días de los pioneros parecen tener proporciones más heroicas que las que tiene que encarar la mujer hoy día, hasta cierto punto compartimos el mismo espectro de problemas —enfermedades, divorcio, drogas, muerte, inmoralidad, inseguridad económica, abuso, soledad, depresión, la responsabilidad de estar solas como jefes de familia— problemas con los cuales las mujeres han luchado en el pasado y que ahora también tienen que encarar. Seguir leyendo

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Vivid conforme a vuestra herencia

Conferencia General Octubre 1983
Vivid conforme a vuestra herencia
por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Dios le ha dado a la mujer de esta Iglesia una tarea que cumplir en la edificación de Su reino.»

Mis amadas hermanas, es para mí un gran privilegio y honor estar hoy con vosotras. Supongo que ésta es la congregación de mujeres más grande en la historia de la Iglesia. Notamos que el Tabernáculo está totalmente repleto, además de las hermanas reunidas en más de seiscientos centros de estaca que nos acompañan mediante la transmisión por televisión.

Me consta que muchas de vosotras os sentís solas a veces. Algunas de vosotras jóvenes os contáis entre las únicas dos o tres Santos de los Últimos Días en los colegios a los que asistís. Vosotras, hermanas que trabajáis, sois en muchos casos los únicos miembros de la Iglesia en tales lugares. Sabemos de viudas y de hermanas divorciadas que se sienten solas. Pero esta incalculable congregación que participa de esta reunión debería ser testimonio seguro de que no estáis solas. Sois parte de la fraternidad más grande de la tierra, la que tal vez abarque un par de millones de mujeres. Esta vasta congregación incluye mujeres y señoritas desde los diez años en adelante. Me alegra el que se haya incluido a las niñas de diez años. Se trata de una edad maravillosa, en la que una niña que hasta ese momento parecía ser todo brazos, piernas y apetito, comienza a nutrirse de la influencia refinadora que resulta en la belleza y la gracia. Es como los retoños que brotan en la primavera al influjo de la calidez del sol. Es la edad del despertar de poderes mentales y físicos. Es la edad que cual un puente une la infancia y la adolescencia. ¿Sabíais vosotras que el gran profeta e historiador Mormón recibió su llamado concerniente a los registros sagrados cuando tenía apenas diez años de edad? Este libro que tenemos en la actualidad, este maravilloso y sagrado testamento de Cristo, es el resultado de la fidelidad de Mormón en el cumplimiento de esa asignación. Jamás menospreciéis la importancia de los diez años.

Un viejo verso infantil nos dice:

«¿De qué están hechas las niñitas? De azúcar y canela, y de toda cosa buena . . . » Pero lo que es más importante son las promesas del futuro. En ellas se filtrarán las cualidades de generaciones pasadas para transformarlas en el hueso y el tejido, en la mente y el espíritu de generaciones por venir.

A vosotras jovencitas os digo con todas mis fuerzas y convicción, sed dulces, sed buenas, sed fuertes y virtuosas y maravillosas. Considero que el Señor os incluyó a vosotras junto con aquellas de las que habló cuando dijo: «Si no os volvéis . . . como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3).

El dotado autor Channing Pollock deseó, mediante uno de los personajes de una obra, que todos naciéramos ancianos y gradualmente rejuveneciéramos y nos volviéramos más inocentes hasta que ante la muerte hubiéramos llegado a ser como niños pequeños.

Ahora quisiera decir algunas palabras a las adolescentes, vosotras que habéis transpuesto los límites de la niñez y de la primera juventud, para alcanzar la madurez del fin de la adolescencia y el comienzo de ía mayoría de edad.

Para vosotras ésta es sin duda una época para ganar fortaleza, una etapa que demanda disciplina mentai y física, una etapa de preparación. El Señor dijo: «Si estáis preparados no temeréis» (D. y C. 38:30).

Es una etapa de educación. El mundo que os aguarda requerirá lo mejor de vuestros esfuerzos. Este es el momento de capacitaros para las responsabilidades que tendréis que asumir.

La educación es una tradición que nos viene acompañando desde los principios de nuestra historia. Creemos en la necesidad de educar a nuestros jóvenes, tanto a vosotras como a los muchachos.

El presidente Brigham Young dijo: «Sabemos de hermanas entre nosotros que si tuvieran el privilegio de estudiar, llegarían a ser tan buenas en matemáticas y en contabilidad como cualquier hombre». (Journal of Discourses, 13:61.) Seguir leyendo

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El obispo y el Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

El obispo y el Sacerdocio Aarónico

por Michael Nicholas
Presbítero en el Barrio Beavercreek, Estaca Dayton Este, Ohio


Cuando el obispo Pingel fue a verme a casa, lo que menos me imagine fue que me pediría que hablara en la conferencia general; y cuando me dijo que tendría que hacerlo por doce minutos, ¡casi me morí de espanto! Para tranquilizarme me pregunto si podría hacerlo por seis minutos a lo cual conteste que sería mucho mejor; pero mi sorpresa fue enorme al darme cuenta de que él estaba hablando en serio y de que en verdad tendría esta asignación. En ese momento no supe que pensar; sin embargo, estoy agradecido por la oportunidad que tengo de hablaros esta noche.

Primeramente quisiera referirme un poco a mi persona, a mi obispo, al asesor del quórum y a lo que estamos haciendo en nuestros quórumes del Sacerdocio Aarónico para activar a algunos de sus miembros.

El obispo es una persona muy ocupada, por lo que disfruto enormemente del tiempo que me brinda cuando conversamos, especialmente durante las entrevistas. Además, él participa en las actividades de nuestro quórum.

Estoy agradecido por el obispo Pingel ya que se toma el tiempo y el cuidado de escoger buenos asesores, como el hermano Connell, por ejemplo. Este era un reciente converso a la Iglesia cuando fue llamado a ser asesor del quórum de maestros. En esa época yo tenía sólo catorce años y acababa de integrarme al quórum cuando fui llamado a ser su presidente; a pesar de tener problemas para controlar mi temperamento.

Con los demás jóvenes del barrio hicimos un viaje al estado de Indiana para explorar unas cavernas que hay a unos 320 kilómetros de donde vivimos. Fue durante la época del frío mes de octubre. Me enfade muchísimo por una situación que se presentó y decidí que volvería a casa caminando. Al poco rato de haber comenzado mi larga caminata, todos los automóviles en los cuales viajábamos pasaron junto a mí y ni siquiera dieron muestras de aminorar la marcha. ¡No podía creerlo, me dejaban librado a mi propia suerte! Sin embargo, advertí que el hermano Connell me seguía a pie, tratando de alcanzarme; me sentí avergonzado, y lo espere. Me dijo que no permitiría que caminara solo esa tremenda distancia, por lo tanto, había decidido acompañarme. Caminamos juntos unos ocho kilómetros y durante el trayecto el hermano Connell me ayudó a recapacitar y a poner mis ideas en orden. Poco después, uno de los autos, debido a un arreglo previo, volvió a buscarnos.

Ese fue el comienzo de una gran amistad entre el hermano Connell y yo. Durante el tiempo en que este hermano sirvió como asesor del quórum me ayudó a controlar mi temperamento y utilizar mis energías de una manera más constructiva. Me permitió que le ayudara a reparar el techo de su casa e incluso, en repetidas oportunidades, cuide de sus hijos. Ha sido una gran influencia en mi vida, ya que gracias a él he aprendido mas acerca del evangelio y a estar consciente de las necesidades de otras personas.

En una de nuestras reuniones de presidencia el hermano Connell trajo a colación la situación de un miembro inactivo y nos preguntó que podríamos hacer para activarle. Decidimos invitarle a nuestra próxima excursión a las cavernas. El joven aceptó y todos tuvimos una magnifica experiencia en ese viaje. Luego de esa actividad, le invitamos a otras de las que disfrutamos mucho todos juntos. Mas tarde se mudó a California y espero que esta noche este escuchando la conferencia.

Durante el verano pasado nuestro quórum de diáconos activó completamente a dos de sus miembros e introdujo al evangelio a tres personas que no eran miembros de la Iglesia. Todos hicieron un viaje en bicicleta de 430 kilómetros desde Kirtland hasta la ciudad de Dayton, siguiendo una de las rutas de los pioneros mormones. Un sábado, los diáconos y sus asesores, el obispo y la mayoría de los padres fueron en auto hasta Kirtland; el domingo asistieron a la Iglesia y visitaron algunos lugares históricos, y por la tarde tuvieron una charla fogonera. El día lunes comenzó el viaje hasta Dayton, que les llevó una semana pedaleando bajo lluvia, descansando por las noches y luchando con el trafico durante el día. Una de las notas más interesantes del viaje la constituyó un joven lisiado que pedaleó junto a los demás todo el trayecto.

En nuestro barrio tenemos clases de seminario temprano por las mañanas; tengo que levantarme todos los días a las 5:15, lo cual significa que tengo que acostarme temprano para no quedarme dormido durante las clases en el liceo. También tenemos un club de lectura que nos ayuda a leer las Escrituras y a aprender mas acerca de la Iglesia y de sus profetas. De los 750 estudiantes que hay en mi liceo, sólo uno de mis compañeros y yo somos mormones. E1 contacto diario con el resto de la juventud del barrio es una gran ayuda para poder guardar mis normas. El hecho de estar en la presidencia del seminario y del quórum me ha ayudado enormemente a dirigir reuniones.

El seminario, las actividades del quórum, los asesores del quórum, y los obispos me han ayudado a aprender a controlar el genio y a utilizar el exceso de energías de un modo constructivo. Todo esto me será de gran utilidad durante la misión, cuando forme mi propio hogar y también cuando sea padre.

Tengo un testimonio de que el Sacerdocio Aarónico y el programa de los Hombres Jóvenes dan resultados favorables. Lo he podido comprobar en mi propia vida y al observar a otros jóvenes. Esto lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El Señor está al timón

Conferencia General Abril 1982
El Señor está al timón
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos y hermanas, ésta es una gran experiencia para mí. Mucho he confiado en que este día llegaría; he tenido fe en que tendría esta oportunidad. Quiero que sepáis que siento un gran amor hacia todos los miembros de la Iglesia, particularmente hacia la gente de este valle, por sus muchas manifestaciones de cariño hacia mi persona. Al expresar, entonces, mi amor por ellos y al recordar las maravillosas experiencias que he tenido junto a ellos, dejo mi testimonio: Esta obra es divina, el Señor está al timón, la Iglesia es verdadera y todo sigue su curso. Ruego que Dios os bendiga, hermanos y hermanas, y lo hago en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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La felicidad… la búsqueda universal

Marzo de 1996
La felicidad… la búsqueda universal
Por el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. MonsonTodos deseamos ser felices. El profeta José Smith expresó los verdaderos sentimientos de todos nosotros al declarar: «La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios»1. Quizás deberíamos analizar los caminos mencionados para asegurarnos de que nuestros pies anden fiel y firmemente sobre ellos con el fin de alcanzar la meta prometida.

Primero, el camino de la virtud. En el diccionario se define la virtud como «disposición… que nos incita a obrar bien… integridad de ánimo y bondad de vida», que son cualidades beneficiosas que nos dan «fortaleza, templanza y valor».

Hace algunos años, la Iglesia solía publicar carteles y tarjetas tamaño billetera en los que se imprimían mensajes específicos de verdad y aliento para los jóvenes y las señoritas. Esa serie de publicaciones llevaba el siguiente encabezamiento: «Sé sincero contigo mismo». Uno de los mensajes contenía esta verdad inspiradora y profunda: «La virtud tiene su propia recompensa».

«Aprended, más bien, que el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.»2

La tentación forma parte de la vida y es algo que toda persona que viaja por el camino de la mortalidad llegará a experimentar de una manera u otra. No obstante, el apóstol Pablo, al reconocer esta verdad, nos aseguró: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar».3

La felicidad... la búsqueda universalSe dice que la conciencia nos advierte como amiga antes de que nos castigue como juez. Las palabras de un jovencito son un sermón en sí; cuando le preguntaron cuándo se sentía más feliz, respondió: «Soy más feliz cuando tengo la conciencia tranquila».

Segundo, el camino de la justicia. Para definir este camino, acudo al primer versículo del primer capítulo del libro de Job, que dice: «Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal».

La vida de Job no fue una vida tranquila; acosado por las tribulaciones, despojado de sus posesiones, lleno de angustia por la pérdida de su familia y torturado por el dolor, rechazó la invitación de maldecir a Dios y, en vez de ello, desde lo hondo de su alma noble, se oyó la sublime declaración de testimonio: «Yo sé que mi Redentor vive».4

El doctor Karl Menninger, el destacado científico que fundó y puso en marcha el mundialmente conocido centro psiquiátrico de Topeka, estado de Kansas (Estados Unidos), señaló que la única forma en que nuestra dolorida, atribulada y perturbada sociedad puede esperar prevenir las enfermedades sociales que la acosan es si reconoce la realidad del pecado. Esa idea es el tema de su famosa publicación Whatever Became of Sin? (¿Qué ha sucedido con el pecado?), en la que hace una súplica a los seres humanos para que nos detengamos y contemplemos lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos, a los demás y a nuestro universo. El doctor Menninger hizo referencia a Sócrates, que se hizo la pregunta: «¿Por qué los hombres, sabiendo lo que es bueno, hacen lo malo?» El doctor Menninger dijo: Seguir leyendo

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Ejemplos de la vida de nuestro Profeta

Conferencia General Octubre 1981
Ejemplos de la vida de nuestro Profeta
por el élder Robert D. Hales
del Primer Quórum de los Setenta

Robert D. HalesMuchos de los ejemplos que nuestro Salvador Jesucristo utilizó se basaban en sus propias experiencias.  De la misma manera, los profetas modernos enseñan por medio de su ejemplo diario.  El mensaje simple y lleno de poder es «venid en pos de mí».

Permitidme compartir con vosotros algunos momentos y enseñanzas especiales que he recibido de nuestro Profeta.

Podemos aprender mucho del valor que ha demostrado el presidente Kimball al sobrellevar todas sus enfermedades.  Él es un testimonio viviente de que al soportar el dolor y la adversidad podemos purificar nuestra alma y fortalecer nuestra fe y testimonio de Jesucristo.  En verdad, si consideramos todas las pruebas que ha tenido que sufrir, nos daremos cuenta de que en muchas formas él es un Job moderno.

La historia de Job, en el Antiguo Testamento, trata tres de las grandes pruebas por las que todos debemos pasar en algún punto de nuestra vida.  Primero, reveses temporales.  Job perdió todo lo que poseía.  Segundo, enfermedades que probarán nuestra fe y testimonio.  Tercero, depresión emocional.  Job dijo: «¿Por qué no morí yo en la matriz?» «Está mi alma hastiada de mi vida.» Pero la gran lección que nos enseñó este profeta es que «en todo esto no pecó . . . ni atribuyó a Dios despropósito alguno». (Job 3:11; 10:1; 1:20-22.)

Muy a menudo, cuando sufrimos adversidades, nos justificamos para cometer pecados y apartarnos de las enseñanzas de Jesucristo, de los profetas que nos guían, de nuestra familia y amigos.  Job no perdió su testimonio y fue bendecido por su firme fe en Dios y en que volvería a estar en su presencia algún día.

El presidente Kimball, siendo un hombre justo como Job, ha soportado muchas pruebas: cáncer a la laringe, operación al corazón, erupciones de la piel, cirugía craneana y varias otras dolencias.  Sus experiencias nos sirven de ejemplo para enfrentar también nosotros enfermedades y sufrimientos semejantes.

El presidente Kimball tampoco ha pecado o culpado a Dios, sino que ha retenido su integridad y su testimonio para alabar al Señor en medio de sus aflicciones.  Nunca le hemos oído quejarse, sino que al contrario, su actitud siempre ha sido: «Dame, pues, ahora este monte». (Josué 14:12.) (Véase el artículo en Liahona, enero de 1980, pág. 122.)

La valentía y fe del presidente Kimball para enfrentar las enfermedades son un ejemplo para todos, un testimonio de que nosotros también podemos enfrentar las aflicciones de la vida.  Nuestros dolores y aflicciones son pequeños comparados con los de él.

Después de ser operado de la garganta, el presidente Kimball se quedó sin voz.  Durante una reunión de testimonios en el templo, el presidente Lee lo llamó para que diera su testimonio; pero él no pudo pronunciar palabra alguna sino sólo sonidos inarticulados, apenas perceptibles.  Después le escribió una nota al presidente Lee preguntándole: «¿Por qué me ha hecho esto?» El presidente le respondió: «Spencer, tiene usted que recuperar la voz, puesto que aún tiene una gran misión que realizar». ¡Qué ejemplo conmovedor de amor de un profeta por otro!

El presidente Kimball fue obediente y aprendió a retener aire en el esófago y a usar el tejido cicatrizado de la cuerda vocal que le quedaba para recobrar la voz y efectuar su gran misión.  El cumplimiento de la misión profética del presidente Kimball es semejante en importancia al de cualquier otro profeta en ésta u otra dispensación.

Su esposa siempre lo ha apoyado en una forma devota y amorosa.  Recuerdo que una noche en Samoa, tanto el Presidente como ella tenían una fiebre de cuarenta grados.  Pero al otro día fueron los primeros en abordar el autobús temprano por la mañana.  Él dirigió las reuniones, y ambos cumplieron con el extenso programa amablemente y con gran consideración, teniendo en cuenta siempre a los que se encontraban a su alrededor. Seguir leyendo

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La obediencia

Conferencia General Abril 1981
La obediencia
por el élder Teddy E. Brewerton
Del Primer Quórum de los Setenta

Teddy E. BrewertonA su regreso, luego de haber presidido sobre las misiones europeas, se le preguntó al presidente Tanner cuál era, según su opinión, el atributo más importante de una persona cualquiera o de un misionero que tiene éxito.  Luego de una corta pausa en la que meditó la importancia de la pregunta, respondió tan sólo con dos palabras: «La obediencia».  Si no obedecemos, el poder de obedecer disminuye y nuestra capacidad para reconocer lo bueno se debilita.

En la sección 93 de Doctrina y Convenios el Señor dice:

«Y aquel inicuo viene y despoja a los hijos de los hombres de la luz y la verdad por medio de la desobediencia . . .» (D. y C. 93:39.)

Aristóteles dijo que los hombres inicuos obedecen por temor mientras que los buenos lo hacen por amor. (Véase Useful Quotations, ed. Tyron Edwards, New York: Grosset and Dunlap, 1933, pág. 428.)

Harry Ward Beecher dijo que las «leyes están para servirnos y no para subyugamos, y el que las obedece las gobierna» (Proverbs from Plymouth Pulpit, ed.  Wm. Drysdale, New York: D. Appleton and Co., 1887, pág. 65).

¿Por qué debemos obedecer Porque existe un Dios que nos ama y desea bendecirnos.

El élder Mark E. Petersen dijo:
«Nuestra religión está basada completamente en la certeza de la inmortalidad.  Vinieron mensajeros celestiales para efectuar la restauración del evangelio, incluso Dios vino a esta tierra personalmente.  Primero vino el Padre y Jesucristo, su Hijo amado, y visitaron a José Smith en la Arboleda Sagrada cerca de Palmyra, Nueva York; le hablaron cara a cara y dieron respuesta a sus inquietudes.

Moroni también vino en reiteradas ocasiones y en cada visita instruyó al joven Profeta; luego vino Juan el Bautista, el de la época del Nuevo Testamento; Pedro, Santiago y Juan le siguieron; Moisés también se apareció en el Templo de Kirtland, y luego Elías…

Cada uno de ellos fue una evidencia física de la inmortalidad, trayendo consigo algo más que una prueba de que existe la vida después de la muerte; cada uno de ellos vino con un gran propósito, aún mayor que el de blindar una prueba de la inmortalidad.  El Padre y el Hijo iniciaron esta dispensación y proporcionaron el conocimiento de la verdadera naturaleza de Dios —que es una persona—- y de que el hombre fue creado a Su imagen y semejanza.»

El Padre presentó a su Hijo a José corno su Unigénito.

«Moroni reveló el lugar donde se encontraban las planchas que, traducidas, se conocerían como el Libro de Mormón; Juan el Bautista trajo el Sacerdocio Aarónico, y Pedro, Santiago y Juan, el Sacerdocio de Melquisedec; Moisés trajo las llaves para el recogimiento de tribus de los judíos en Palestina y el de las tribus de Efraín y Manasés; y Elías… ¿qué fue lo que él trajo?  El poder para sellar.» (Discurso pronunciado ante el Departamento de Genealogía.) Seguir leyendo

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Seis meses de progreso

Conferencia General Abril 1981
Seis meses de progreso
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballUna vez más me regocijo, mis hermanos y hermanas, ante la oportunidad de estar con vosotros en una conferencia general de la Iglesia. En cierta forma, la de octubre de hace seis meses parece que hubiera sido ayer; pero hemos estado tan ocupados y han sucedido tantas cosas, que parece que hubieran pasado seis años.

Desde la última vez que nos reunimos en este histórico Tabernáculo, se han dedicado dos templos y se ha dado la palada inicial de cuatro más. El número de conversos que se unieron a la Iglesia en 1980 llegó a 210.777, y será mucho mayor en 1981. Un incremento milagroso de la obra del Señor ha ocurrido entre la maravillosa gente de la zona del Caribe. ¡Ciertamente, el Señor nos ha bendecido en abundancia!

Mis hermanos y hermanas, al meditar y al orar los miembros de la Primera Presidencia y del Consejo de los Doce sobre la gran obra de los últimos días que el Señor nos ha dado para realizar, sentimos que la misión de la Iglesia tiene tres objetivos:

  1. Proclamar el Evangelio del Señor Jesucristo a toda nación, tribu, lengua y pueblo;
  2. Perfeccionar a los santos preparándolos para recibir las ordenanzas del evangelio para que por medio de la instrucción y la disciplina puedan tener la exaltación;
  3. Redimir a los muertos realizando vicariamente ordenanzas del evangelio por todos los que han vivido en la tierra.

Los tres son parte de una obra: la de ayudar a nuestro Padre Celestial y su Hijo Jesucristo en su grande y gloriosa misión de «llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).

Teniendo presentes estos sagrados principios: proclamar el evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a los muertos, nos hemos dedicado en estos seis meses a cumplir nuestras responsabilidades entre los santos aquí y en el extranjero. Por lo tanto, quisiera daros un breve informe de mí mayordomía desde que nos reunimos en octubre de 1980.

Diez días después de la conferencia de octubre, el presidente Marion G. Romney y yo, en compañía de otros hermanos, partimos para realizar conferencias de área en el Oriente. Las primeras reuniones fueron en Manila, Filipinas, los días 18 y 19 de octubre, donde 20.000 santos asistieron a las sesiones en el Coliseo Araneta. También fuimos a ver algunos posibles sitios para el nuevo templo que acaba de anunciarse y que se construirá allá. Tuvimos una visita muy agradable con el Presidente de Filipinas, Ferdinand E. Marcos, que renunció a pasar el sábado de mañana con su familia a fin de reunirse con nosotros.

Desde Manila viajamos a Hong Kong, que quizás sea la ciudad más populosa del mundo, con aproximadamente 154.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Allí tuvimos reuniones en nuestro excelente centro de estaca el 20 y 21 de octubre. Al día siguiente volamos a Taipei, Taiwan, donde el 22 y 23 tuvimos reuniones en el hermoso salón conmemorativo Sun Yat-sen. Desayunamos en el hotel con dos de los dirigentes principales de China nacionalista, el Primer Ministro y el presidente Chang, hijo del fallecido Chang Kai-Chek. Más tarde almorzamos como invitados del Gobernador de la provincia. Al partir de allí nos dirigimos a Seúl, Corea del Sur, la «tierra de la calma matutina». El 25 y 26 de octubre tuvimos dos días de reuniones al aire libre en los alrededores de la sede de la misión, con más de 6.000 asistentes y en medio de un intenso frío debido a un repentino cambio de temperatura. En el hotel fuimos invitados a almorzar por otro ex dignatario de Corea. Seguir leyendo

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Hay para Dios alguna cosa difícil?

Conferencia General Octubre 1980
¿Hay para Dios alguna cosa difícil?
Douglas W. DeHuan
Presidente de la Estaca Este de Portland, Oregon

Douglas W. DeHaanAlgunas veces, realizar los diferentes proyectos de los servicios de bienestar de la Iglesia puede parecer para nosotros una experiencia temporal.  Luego de haber pasado todo el día trabajando en os cultivos de una de las granjas de la estaca, bajo el ardiente sol de verano; o de volver a casa cerca de la media noche, sabiendo que al otro día tenemos que estar en nuestros propios trabajos a las 7:00 de la mañana después de haber trabajado toda la tarde y parte de la noche, en una fábrica de enlatados.  Seguramente nos sintamos exhaustos, aunque satisfechos, y no se nos ocurra pensar que hemos tenido una experiencia espiritual.

En Doctrina y Convenios 29:34 se nos dice claramente que lo que el Señor nos pide que hagamos es siempre de orden espiritual.  Él nos ice: «. . y en ningún tiempo os he dado una ley que fuese temporal. . .»

Hace tres años por esta misma época, recibí una demostración del Señor de este principio, de un modo muy especial.  La Estaca Este de Portland, Oregon, durante seis años o más había estado dedicada a la instalación de una granja lechera, que estaba ubicada en una isla en el río Columbia y que es una de las empresas de estaca más grandes en toda la Iglesia.  El hecho de su magnitud, y también el haber tenido que empezarlo prácticamente de la nada, ha requerido de nuestros miembros grandes sacrificios en cuanto a las cantidades de dinero y tiempo que tenían que contribuir.

Por ser éste un proyecto nuevo habíamos tenido pérdida todos los años, pero esperábamos que ese año, 1977, saldríamos con ganancia.  El resultado dependía de que cosecháramos unas 30 hectáreas plantadas de maíz, el cual íbamos a utilizar para alimentar el ganado. En septiembre, inoportunamente había llovido casi todos los días, y cuando llegó el primero de octubre, día que teníamos planeado cosechar, supe con seguridad que iba a ser casi imposible hacerlo. En esa isla cuando llueve mucho, el terreno se satura de agua, y el lodo impide el trabajo de las maquinarias agrícolas. Una vez que se satura, tiene que hacer buen tiempo por más o menos un mes para que otra vez se puedan usar vehículos.  Durante el invierno y casi hasta el mes de junio, e1 campo donde teníamos plantado el maíz queda completamente cubierto de agua. Seguir leyendo

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. . . Y si creéis todas estas cosas

Conferencia General Octubre 1980
«. . . Y si creéis todas estas cosas»
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballComo siempre, mis amados hermanos y hermanas, agradezco personalmente, así como en nombre de los miembros de la Iglesia, el consejo y el incentivo que hemos recibido en esta conferencia general. Los que han proveído la música han dado un matiz especial a las sesiones. Los que habéis concurrido habéis escuchado y meditado, y también habéis sido alimentados con el pan de vida. Y más que nada, el Señor nos ha bendecido con su Espíritu, ¡por lo que estamos profundamente agradecidos!

No obstante lo que hemos recibido, no debemos apartarlo de nuestros pensamientos al entonar el ultimo himno. Al prestar oídos a cada sermón, hemos asentido con un enfático «amen». Con el ultimo «amen» de esta tarde todavía resonando en nuestros oídos, volvamos a nuestras casas con la determinación de mejorar y de llevar a la práctica aquellos principios que hemos aprendido en los últimos dos días.

Hermanos y hermanas, nuestro cometido es el mismo de siempre una vez que aprendemos principios correctos. Dicho cometido lo explico elocuentemente un profeta antiguo al decir: «. . . y si creéis todas estas cosas, mirad que las hagáis» (Mosíah 4:10). No debemos permitir que las silenciosas resoluciones que hemos tomado aquí en esta conferencia queden relegadas al olvido al regresar a las pruebas y las responsabilidades de un mundo laborante, un mundo de confusión y conflictos.

Durante la conferencia general hemos estado por algunas horas separados del mundo, y el Espíritu ha susurrado paz a nuestras almas. Ahora hemos de volver a ocupar nuestros lugares en el mundo, pero estaremos mejor preparados para mejorarlo. Sigamos adelante con toda confianza, no con paso vacilante, sino seguro, y con una constante dedicación, nacida del Espíritu.

Otra palabra de consejo, mis amados hermanos y hermanas. Oímos inevitablemente los sucesos del mundo, lo cual constituye una prueba que enfrentar. No podemos vivir en tiempos turbulentos sin que experimentemos algo de esa turbulencia. Pero no es necesario que «seamos echados de una parte a otra» (Santiago 1:6), como sucede a algunos, sin un ancla. Pertenecemos a una Iglesia divina. Tenemos profetas modernos que nos guían y a Cristo como nuestro Pastor para dirigirnos.

Aun así, hermanos y hermanas, los medios modernos de comunicación llevan el mundo exterior a nuestros hogares, y no debemos perder nuestra perspectiva, aunque otros estén confusos. Si oímos informes desalentadores y nos acongojan los sucesos del mundo, no nos acobardemos.

«No os canséis de luchar.» (Himnos de Sión, 200.)

El programa del Señor triunfara aun cuando algunos de la Iglesia desfallezcan. Veremos el progreso constante de la obra del Señor, hasta en medio de los problemas del mundo. Su obra se extenderá hasta que llene toda la tierra. E1 nos ha hecho sus promesas tantas veces; nos ha dicho que si guardamos sus mandamientos El está obligado a guardar dichas promesas. ¡Él lo hace, y lo hará!

Creo que si he aprendido algo en la vida es que tenemos que seguir adelante, seguir esforzándonos ¡mientras nos quede aliento! Si lo hacemos, nos sorprenderá ver cuánto más podemos hacer aun.

Ahora, habiendo sido edificados, vayamos a bendecir y edificar a nuestros familiares, a nuestros vecinos y a nuestros amigos. Estamos unidos por el hecho de que todos somos hijos literales de nuestro Padre Celestial, y de que Él nos ama.

Dios vive, y Jesucristo es su Hijo Unigénito, nuestro Salvador y Redentor. Este es mi solemne testimonio a vosotros, mis hermanos. Os dejo mi amor y mis bendiciones, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La bendición de un testimonio

Conferencia General Octubre 1980
La bendición de un testimonio
Presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerConsidero un verdadero privilegio y bendición el poder estar frente a vosotros esta mañana en esta sesión de la conferencia. Seguir el ejemplo del presidente Kimball es algo que he procurado hacer durante los últimos siete años y si tengo éxito en tal empresa, me sentiré plenamente realizado. Me siento muy feliz por poder estar con vosotros hoy, por poder participar del espíritu que está siempre presente en estas conferencias, por poder escuchar al Coro del Tabernáculo, y los sermones de los líderes de esta gran Iglesia.

No estaba preparado para hablaros, más el presidente Kimball me pregunto si desearía dejaros unas pocas palabras. Quisiera compartir mi testimonio con mi familia, mis amigos, mis colegas y con el mundo entero. He tenido el privilegio de servir junto a cuatro presidentes de esta Iglesia y de ver como el Señor obra mediante ellos. Al verles actuar, uno no puede dudar que son profetas de Dios que nos guían por los caminos de la verdad y la justicia y nos ayudan a prepararnos a nosotros y a nuestros hijos para alcanzar la vida eterna.

Sabemos que somos hijos espirituales de Dios y que estuvimos presentes cuando se decidió formar una tierra en la que pudiéramos vivir y probar nuestra dignidad observando los mandamientos, a fin de regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Esa es la razón por la cual la tierra fue creada.

Jesús fue escogido para ser el Salvador del mundo. Él nos proporcionó el plan de vida y salvación mediante los profetas de la antigüedad, tal como se encuentra registrado en el libro de Génesis y en otros pasajes de las Escrituras Sabemos quiénes somos, de dónde venimos, la razón por la que estamos aquí y cómo podemos regresar a su presencia.

Somos afortunados por poseer un testimonio de las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo. Es mi oración que todos hagamos lo mejor de nuestra parte en el cumplimiento de los deberes que nos son dados.

Ruego que nuestro ejemplo e influencia sean sentidos de una forma positiva dondequiera que nos encontremos, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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