Dirigir la mirada hacia Cristo y acudir y venir a Él

Conferencia General Octubre 2006
Dirigir la mirada hacia Cristo y acudir y venir a Él
Anne C. Pingree
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él.

Play video

En la magnifica pintura de Minerva Teichert, Cristo con un manto rojo, con las marcas de los clavos en las manos y con los brazos abiertos, se muestra en toda Su majestuosidad. Con ternura y compasión dirige Su mirada hacia las mujeres que tratan de llegar hasta Él.

Me encanta el simbolismo de las mujeres que extienden su mano para tocar al Salvador. Deseamos estar cerca del Salvador porque sabemos que Él nos ama y desea envolvernos “para siempre en los brazos de Su amor” 1 . Su mano puede curar cualquier dolencia, sea espiritual, emocional o física. Él es nuestro Abogado, el Gran Ejemplo, el Buen Pastor y el Redentor. ¿A dónde más podríamos dirigir nuestra mirada, a dónde más podríamos acudir, a dónde más podríamos venir, sino a Jesucristo, “el autor y consumador de la fe”? 2

Él dijo: “Sí, en verdad… si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré” 3 . Su promesa nos invita no sólo a extender nuestra mano hacia Él, sino también a dar los importantísimos pasos siguientes: Venir a Él.

Esta doctrina es sumamente motivadora y alentadora. El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él. Si venimos al Salvador con “íntegro propósito de corazón” 4 , sentiremos Su amorosa mano en las formas más personales.

“Una mujer” 5 tomó esa decisión y sintió Su poder: “Una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, Seguir leyendo

Publicado en Arrepentimiento, Caridad, Jesucristo | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Cómo recordar el amor del Señor

Conferencia General Octubre 2006
Cómo recordar el amor del Señor
Kathleen H. Hughes
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Debemos procurar conocer el amor del Señor y sentirlo en nuestra vida.

La pintura de Cristo con un manto rojo, de Minerva Teichert, pareció ser la perfecta para representar la Escritura que elegimos para esta tarde: “Estoy para siempre envuelto entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15). Con los brazos extendidos hacia nosotras, se ve cómo Cristo nos da una bienvenida; así como cuando invitó a los nefitas “Levantaos y venid a mí” (3 Nefi 11:14), nos invita a cada una de nosotras, a ir de una en una hacia Él, para que también sepamos que Él es “el Dios de toda la tierra, y que [ha] sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14). Al aceptar esta invitación, comprendemos qué se siente al estar envueltas entre los brazos de Su amor.

Estoy segura de que todas ustedes, en un momento u otro, se han sentido envueltas entre los brazos de Cristo; pero si son como yo, habrá momentos en que sientan temor, en los que el estrés y el ajetreo de la vida parezcan abrumadores, y se sientan sin la guía del Espíritu; quizás hasta piensen que han quedado desamparadas. Cuando experimento esos sentimientos, el mejor remedio son los recuerdos de los momentos en que la paz de Cristo me ha fortalecido. Por lo tanto, esta tarde las invito a recordar conmigo lo que es sentir el amor del Señor en su vida y a sentirse envueltas entre Sus brazos.

Mi madre falleció cuando yo era una madre joven, cuando aún necesitaba de su apoyo y de sus consejos. Ella sobrevivió sólo seis semanas después de habérsele diagnosticado cáncer. Al principio me preocupaba mi padre, pero sentía gratitud porque mamá no había sufrido mucho y porque su fallecimiento había sido una dulce experiencia para nosotros. Pero pocas semanas más tarde, llegaban el Día de la Madre y su cumpleaños, y empecé a extrañarla muchísimo. Deseaba que me rodeara con sus brazos y deseaba saber que ella estaba bien. Quería decirle que la amaba y la extrañaba.

Una noche, mientras oraba y lloraba (lo cual hacía a menudo en ese entonces), sentí cómo el consuelo llenaba mi cuerpo de una manera súbita y poderosa. Ese sentimiento me restableció y me brindó paz. Aunque físicamente no duró mucho, fue inmensamente reconfortante. Sabía que era el amor del Señor que me envolvía para brindarme paz y fortaleza. Ese momento tan importante ha permanecido en mi memoria como un regalo que desenvuelvo y recuerdo cuando la vida se torna difícil. Seguir leyendo

Publicado en Escrituras, Espíritu santo, Paz | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Envueltas para siempre en Su amor

Conferencia General Octubre 2006
Envueltas para siempre en Su amor
Bonnie D. Parkin
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Hermanas, sé que [nuestro Padre Celestial] nos ama, así como también Su Hijo Jesucristo. Ese amor jamás cambiará: es constante.

Play video

Cuando recibí este llamamiento, le supliqué a mi Padre Celestial que me ayudara a saber lo que necesitaban las hermanas de la Iglesia. Recibí la fuerte impresión de que nosotras, Sus hijas, necesitamos saber que Él nos ama; necesitamos saber que Él ve lo bueno en nosotras. El sentir Su amor nos alienta a seguir adelante, nos asegura que somos Sus hijas y nos confirma que nos valora aun cuando tropezamos y atravesamos contratiempos pasajeros.

Fue al expresar mi testimonio en la sesión del domingo por la tarde de la conferencia general de abril de 2002, que sentí confirmada la veracidad de este mensaje. Esa mañana se me comunicó que el élder David B. Haight tal vez no participara en la conferencia y que si eso sucedía, yo dispondría de cinco minutos para expresar mi testimonio. Ese día oré más de lo que se imaginan por el élder Haight. Al verlo entrar en el centro de conferencias esa mañana, empecé a tranquilizarme, hasta el momento en que él salió mientras cantaba la congregación. Al encontrarme ante el púlpito esa tarde, ¡la pantalla del telepromter estaba en blanco!, pero el mensaje que acudía con insistencia a mi mente y a mi corazón era que las mujeres necesitaban sentir el amor del Señor en su diario vivir. Era el mensaje que sabía que tenía que transmitir aquel día, y aún lo sigue siendo.

La forma tierna y personal en que han respondido a esa instrucción me ha conmovido. Gracias por decirnos cómo les ha bendecido ese mensaje. Sus palabras han corroborado el hecho de que cada una de nosotras tiene el derecho, y la necesidad, de sentir el amor del Señor en su vida.

Nuestro Padre Celestial nos amaba antes de que viniésemos a la tierra. Hermanas, sé que Él nos ama, así como también Su Hijo Jesucristo. Ese amor jamás cambiará: es constante; ustedes pueden contar con él; debemos confiar en él.

Así como el lema de la Sociedad de Socorro nos recuerda que “la caridad nunca deja de ser”, debemos tener la confianza de que el amor de Cristo nunca nos dejará. Todo lo que hacemos en la Sociedad de Socorro debe reflejar el amor de nuestro Salvador y el de nuestro Padre Celestial. Ese gran amor debe ser la fuente de nuestra motivación para servir a los demás; debe ser tanto nuestro punto de partida como nuestro destino.

Sé de una joven madre con cinco hijos pequeños que llamó a una hermana mayor, a quien consideraba su valiosa guía, y le preguntó: “¿Me acompañaría en una caminata?”. Su amiga sabía que eso significaba que necesitaba hablar con alguien. Hacia la mitad del recorrido, la joven madre por fin dijo: “No puedo creer que mi Padre Celestial me ame; he cometido muchos errores en mi vida. No creo que sea digna de Su amor; ¿cómo podría Él amarme a mí?” Hermanas, ella era una mujer que había hecho convenios en el templo y era activa en la Iglesia. No obstante, se sentía indigna de Su amor. La hermana mayor respondió rápidamente: “Naturalmente que la ama; es Su hija”. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Compasión, Hermandad entre mujeres | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

De nuevo llegaron profetas a la tierra

Conferencia General Octubre 2006
De nuevo llegaron profetas a la tierra
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No es algo insignificante que la Iglesia declare al mundo la profecía, la videncia y la revelación, pero lo hacemos.

Jeffrey R. Holland

Poco después de que nuestra amiga Carolyn Rasmus se unió al cuerpo docente de la Universidad Brigham Young, un grupo de colegas docentes la invitaron un sábado a escalar las montañas de Provo. Carolyn no era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero se había sentido particularmente aceptada en su nuevo círculo de colegas, por lo que se unió a la escalada.

A medida que subía el sol, también ascendían los excursionistas por la ladera de la montaña. Entonces, cuando eran más o menos las diez, el grupo empezó a buscar dónde sentarse. Carolyn pensó: “¡Qué bueno! ¿Cómo sabían que tenía que descansar?”, y ella también buscó un lugar cómodo para estirar las piernas; pero en ese descanso en particular los participantes parecían más serios que de costumbre; algunos sacaban lápiz y papel, mientras que uno sintonizaba con atención una radio de transistores.

Lo que ocurrió después cambiaría su vida para siempre. Una de sus amigas le dijo: “Carolyn, tenemos que explicarte algo: éste es el primer sábado de octubre, y para nosotros eso significa no sólo un clima hermoso y el brillante follaje del otoño, sino también la conferencia general de la Iglesia. Como Santos de los Últimos Días, no importa dónde estemos o lo que estemos haciendo, nos detenemos y escuchamos; así que nos vamos a sentar aquí, entre los robles y los pinos, miraremos hacia el valle y escucharemos a los profetas de Dios durante un par de horas”.

“¡Un par de horas!”, pensó Carolyn. “No sabía que había profetas de Dios que todavía vivieran”, dijo, “y, ¡de verdad no sabía que había tantos para que les tome dos horas!” Lo que no sabía era que se detendrían de nuevo a las dos de la tarde por otras dos horas, y que la invitarían para que, al día siguiente, escuchara la conferencia en casa durante otras cuatro horas más.

Y el resto ya es cosa sabida. Con el obsequio de parte de sus alumnos, de un ejemplar de las Escrituras encuadernado en cuero, con el amor de amigos y de familias del barrio al que empezó a asistir, y con las experiencias espirituales que desearíamos que tuvieran todos aquellos que entran en la luz del Evangelio, Carolyn se bautizó y se le confirmó miembro de la Iglesia y, como suele decirse lo demás fue historia. Al enterarse aquel día en cuanto a la conferencia general, sentada en lo alto de la montaña que tiene pintado el emblema “Y” de la universidad, la hermana Rasmus había visto su propio cumplimiento personal de la invitación profética de Isaías: “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” 1 . Seguir leyendo

Publicado en Conferencia general, Profetas, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Por tanto, proponed esto en vuestros corazones

Conferencia General Octubre 2006
Por tanto, proponed esto en vuestros corazones
Élder Larry W. Gibbons
De los Setenta

No podemos tener un pie en la Iglesia y otro en el mundo.

Play video

Para alguien como yo, con formación médica, comprender la complejidad, el orden y la armonía del cuerpo humano refuerza mi fe en el Creador. Yo creo en Dios y en que Él nos creó.

La alternativa a no creer en un Creador es creer que la vida surgió con cierta espontaneidad y por accidente. Yo no creo en eso.

Si Dios nos creó, no sería lógico que nos dejase solos; tiene sentido que nos haya dado orientación, y parte de esa guía la hemos recibido en forma de mandamientos.

Los mandamientos no tienen por objeto ser una carga ni restringirnos; por lo contrario, son postes indicadores colocados por un Padre Celestial omnisciente para evitar que tengamos problemas, brindarnos una felicidad plena en esta vida y llevarnos a salvo de regreso a Él.

En un discurso pronunciado en 1994, en la Universidad Brigham Young, el rabino Harold S. Kushner dijo:

“Soy judío ortodoxo y cumplo con las leyes de alimentación de la Biblia. Supongo que muchos de ustedes creen que me paso el día diciéndome: ‘¡Vaya! Me encantaría comerme unas chuletas de cerdo, pero ese Dios cruel no me deja’. Pues no. La verdad es que… me paso el día diciéndome: ‘¿No es increíble? Hay cinco mil millones de personas en este planeta y Dios se preocupa por lo que almuerzo… y por el vocabulario que utilizo’.

“…No me siento menos porque se me diga que hay ciertas cosas que no puedo hacer ya que están mal. Al contrario, me siento mejor” 1 .

El élder Henry B. Eyring lo dijo aún mucho mejor en la transmisión de la primera reunión mundial de capacitación de líderes: “El Señor nos ha dado Sus normas de dignidad, pero no las ha dado para alejarnos de Él, sino para acercarnos más a Él” 2 . Seguir leyendo

Publicado en Mandamientos, Moralidad, Normas | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Que te conozcan a Ti

Conferencia General Octubre 2006

Que te conozcan a Ti

Élder Keith R. Edwards
De los Setenta

Si abordamos el sufrimiento, el dolor o el pesar concentrándonos en Cristo, aprenderemos lecciones espirituales.

Play video

El coro ha cantado “Tan sólo con pensar en ti” 1 . En el Libro de Mormón, Nefi, al hablar en cuanto al Mesías, profetiza:

“Y el mundo, a causa de su iniquidad, lo juzgará como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres” 2 .

El enorme e intenso padecimiento del Salvador fue por nosotros, para evitar que tuviéramos que sufrir como Él sufrió 3 ; sin embargo, el sufrimiento es parte de la vida y pocos se librarán de sus garras. Puesto que es algo que cada uno de nosotros ha vivido, está viviendo o pasará por ello. En las Escrituras se sugiere que, si abordamos el sufrimiento, el dolor o el pesar concentrándonos en Cristo, aprenderemos lecciones espirituales. En la antigüedad, Pablo escribió que nuestros sufrimientos podrían ofrecernos la oportunidad de conocer mejor al Salvador. Pablo escribió a los romanos:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” 4 .

Ahora bien, no se enseña que persona alguna busque la adversidad y el sufrimiento; más bien es la actitud con la cual encaramos nuestras dificultades y pruebas la que nos permite conocer mejor al Salvador. La experiencia nos enseña que el sufrimiento es una de las vivencias que vendrá sin tener que buscarlo.

Permítanme utilizar un ejemplo personal: Hace algunos años, cuando nuestro primer hijo tenía más o menos un año, yo fui la causa de un sufrimiento aparentemente innecesario. Asistíamos a la universidad y una noche había estado jugando en el suelo con él; entonces salí de la habitación para ir a estudiar y, al cerrar la puerta detrás de mí, él intentó alcanzarme, levantó una mano por sobre su cabeza y metió uno de los dedos entre las bisagras de la puerta. Al cerrar la puerta, su dedo sufrió una grave herida.

Fuimos deprisa a la sala de emergencias del hospital y se le suministró anestesia local; el doctor llegó y nos aseguró de que podía solucionarse. Aunque parezca extraño, en ese momento lo único que mi hijo de un año quería era que lo sostuviera su papá. Mientras me veía en la sala, resistía todo esfuerzo de someterse a la delicada cirugía; pero cuando salí de la sala, se calmó y el médico pudo proceder. Seguir leyendo

Publicado en Adversidad, Expiación, Soportar | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Cómo llegar a ser instrumentos en las manos de Dios

Conferencia General Octubre 2006
Cómo llegar a ser instrumentos en las manos de Dios
Élder Don R. Clarke
De los Setenta

Una persona no tiene que tener un llamamiento en la Iglesia, ni recibir una invitación para ayudar a alguien, ni siquiera gozar de buena salud para llegar a ser un instrumento en las manos de Dios.

Play video

Mi abuelo materno, Alma Benjamin Larsen, tenía sólo 34 años cuando, al despertar una mañana, advirtió que casi no veía nada. Poco tiempo después de eso, perdió la vista por completo. Mi abuelo había servido en una misión y siempre había sido un fiel miembro de la Iglesia. Era un granjero que tenía una esposa y tres hijos, y no imaginaba la vida privado de la vista. La esposa y los hijos pequeños de mi abuelo se vieron enfrentados con la tarea de tener que llevar las cargas extras de ayudar en la granja, y el dinero era escaso.

Durante ese tiempo de oscuridad física, muchas personas llegaron a ser instrumentos en las manos de Dios para ayudar a mi abuelo ciego. Un hecho que produjo un gran impacto sobre ellos ocurrió en 1919. Aquél fue un año de muchas dificultades económicas para todas las personas del pueblo de mi abuelo. Se embargaban las granjas por omisión del pago de las deudas vencidas y los comercios se declaraban en quiebra. El préstamo hipotecario de la granja era considerable y el abuelo recibió una notificación del banco que le indicaba que tendría que pagar la suma de $195.00 a fin de aplazar el embargo un año más. Para él, tener que pagar esa cantidad de dinero era como si le hubiesen pedido una libra de su propia carne. Prácticamente todos se encontraban en la misma situación, por lo que parecía imposible conseguir todo ese dinero. Aun si hubiera reunido todo lo que la granja producía —los caballos, las vacas y la maquinaria—, no habría podido venderlos por $195.00. El abuelo le pidió a un vecino que le matase y descuartizase dos o tres de las vacas y las vendió, e hizo lo mismo con algunos otros productos. Había prestado dinero a sus vecinos y ellos acordaron devolvérselo hacia el final del año, pero ninguno de sus deudores podía pagarle. La situación económica del abuelo era sombría.

El abuelo contó esto en su diario personal: “Nunca olvidaré aquella noche fría, justo antes de la Navidad de 1919. Ya se veía que íbamos a perder la granja. Mi hija Gladys me puso un papel en la mano y me dijo: ‘Esto ha llegado hoy en el correo’. Se lo llevé a su madre y le pregunté qué era. Esto fue lo que mi esposa me leyó: ‘Estimado hermano Larsen: He estado pensando en usted todo el día. Me pregunto si estará pasando por problemas económicos. Si es así, tengo $200.00 que le puedo facilitar’. La carta la firmaba ‘Jim Drinkwater’. Jim era un hombre pequeño de cuerpo y lisiado, y hubiera sido la última persona sobre la tierra que se habría pensado tuviera tal cantidad de dinero. Esa misma noche fui a su casa, y él me dijo: ‘Hermano Larsen, esta mañana he recibido un telegrama del cielo y no he podido dejar de pensar en usted en todo el día. Estaba seguro de que usted tenía penurias económicas’. El hermano Drinkwater me dio los $200.00; enviamos $195.00 a la empresa hipotecaria y, con los cinco dólares que sobraron, compramos botas y ropa para los niños. Ese año sí vino Santa Claus”.

En seguida, el abuelo expresó su testimonio: “El Señor nunca me ha desamparado. Él ha enternecido el corazón de otras personas de la misma forma en la que enterneció el corazón del hermano Drinkwater. Testifico que la única seguridad y protección que he tenido en la vida han venido mediante el esfuerzo por guardar los mandamientos del Señor y el apoyar y el sostener a las autoridades de esta Iglesia”. Seguir leyendo

Publicado en Caridad, Espíritu santo, Obediencia | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El acercarnos más a Él

Conferencia General Octubre 2006
El acercarnos más a Él
Élder Craig A. Cardon
De los Setenta

El sacerdocio, mediante las obras del Espíritu, conduce a las personas más cerca de Dios a través de la ordenación, de las ordenanzas y del refinamiento de la naturaleza de las personas.

Play video

Hace años, nuestra joven familia se mudó a una casa situada en lo que entonces era la urbanización más nueva de nuestro vecindario, la cual tenía una vista de las montañas del este. Un lunes por la mañana, al terminar de vestirme y apresurarme para ir al trabajo, nuestro hijo de seis años, Craig, vino a verme trayendo de la mano a su hermano Andrew, de cuatro años. Con determinación, Craig me miró y dijo: “Papá, ayer en la Primaria la maestra nos dijo que si tienes el sacerdocio puedes mover montañas. Se lo he dicho a Andy pero no me cree. Tú tienes el sacerdocio, ¿verdad, papá?”. Entonces se volvió, señaló la ventana, me miró de nuevo y dijo: “¿Ves aquellas montañas de allí? ¡Demuéstraselo papá!”

Esto dio pie a una hermosa experiencia. Me sentí muy agradecido por tener hijos que estaban comenzando el proceso de aprendizaje sobre el sacerdocio que continuaría durante el resto de su vida.

Aunque el Señor verdaderamente enseñó a quienes Él otorgó el sacerdocio que moverían montañas 1 por medio de la fe, y hay citas registradas de que esto sucedió 2 , lo que yo quisiera hacer es aportar más luz acerca de ese aspecto de la doctrina del sacerdocio que acerca más a las personas a Dios, concediéndoles la oportunidad de llegar a ser como Él y de vivir eternamente en Su presencia. Esta doctrina se aplica tanto a los hijos como a las hijas de Dios. Por lo tanto, es mi oración que lo que voy a compartir sea de ayuda para ambos.

En 1823, el ángel Moroni se apareció a José Smith y le citó varios pasajes de las Escrituras, entre ellos el siguiente de Malaquías: “He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por medio de Elías el profeta” 3 . Este es el primer registro con referencia al sacerdocio en esta dispensación que anticipó un proceso que se revelaría durante las décadas venideras.

En 1829, Juan el Bautista restauró el Sacerdocio Aarónico 4 y poco después le siguieron Pedro, Santiago y Juan para restaurar el Sacerdocio de Melquisedec 5 .

En 1836, Moisés y Elías restauraron las llaves del recogimiento de Israel y de la dispensación del Evangelio de Abraham 6 , seguidos después por Elías, quien restauró las llaves del sellamiento. La revelación concluye con estas palabras dirigidas al profeta José: “Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación” 7 .

Una vez que toda la autoridad, los oficios y las llaves del sacerdocio se encontraban de nuevo sobre la tierra, en 1841, el Señor recalcó al Profeta la importancia de construir templos, en los cuales el Señor pondría a disposición de Sus hijos e hijas las ordenanzas del sacerdocio mediante las cuales se prepararían para regresar a Su presencia 8 . Seguir leyendo

Publicado en Ordenanzas, Rectitud, Sacerdocio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El ser receptivos al Espíritu

Conferencia General Octubre 2006
El ser receptivos al Espíritu
A. Roger Merrill
Presidente General de la Escuela Dominical

Si nos concentramos en buscar y en recibir el Espíritu, nos preocuparemos menos de que el maestro o el orador capten nuestra atención y nos importará más prestar atención al Espíritu.

Play video

Una mañana, cuando servía como misionero en Beaumont, Texas, mi compañero enfermó y tuvo que descansar. Siguiendo el consejo de nuestro presidente de misión ante tales situaciones, puse una silla junto a la ventana abierta de nuestro apartamento, ubicado en el cuarto piso, y comencé a leer el Libro de Mormón.

En seguida me sumergí en las Escrituras y, al cabo de un rato, llegué a Alma capítulo 29, versículos 1 y 2:

“¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

“Sí, declararía yo a toda alma, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención: Que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra”.

Al meditar en las palabras de Alma, éstas se convirtieron en algo muy personal. Mi compañero y yo habíamos tocado cientos de puertas en Beaumont, ofreciendo dar nuestro mensaje, aunque con poco éxito. En mi mente, comencé a imaginar qué pasaría si yo fuese un ángel y pudiese llamar al arrepentimiento con una voz que hiciese temblar la tierra. Miré por la ventana hacia abajo y vi a la gente que iba y venía por la calle. Me imaginé qué pasaría si me pusiese allí mismo de pie brillando como un ángel, con las manos en alto, y les hablara con una voz de trueno. Me imaginé que los edificios temblaban y que la gente caía a tierra. En tales circunstancias, pensé que quizás, ¡surgiría en ellos el repentino deseo de escuchar lo que yo tenía que decirles!

Pero luego leí el siguiente versículo:

“Mas he aquí, soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido” (versículo 3).

Fue una lección de humildad darme cuenta de que el Señor ama a todos Sus hijos y tiene un plan para Su obra. Mi trabajo consistía en hacer mi parte.

También continuó la lección de humildad al darme cuenta de algo más. En aquel momento yo supe que lo que leía no era ficción, sino que era real. De manera tranquila y callada, mientras leía, me había llenado de luz y de la comprensión de que Alma era una persona real, que había vivido, y que él también había tenido el profundo deseo de dar a conocer el mensaje del Evangelio a otras personas. Seguir leyendo

Publicado en Aprendizaje, Escrituras, Espíritu santo | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Y no hay para ellos tropiezo

Conferencia General Octubre 2006
Y no hay para ellos tropiezo
Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mediante el fortalecedor poder de la expiación de Jesucristo, ustedes y yo seremos bendecidos para evitar sentirnos ofendidos y triunfar sobre la ofensa.

David A. Bednar

En esta ocasión, ruego que el Espíritu Santo nos preste ayuda tanto a mí como a ustedes al repasar juntos importantes principios del Evangelio.

Una de mis actividades preferidas como líder del sacerdocio es visitar a los miembros en sus hogares. Disfruto en particular de saludar a los miembros a los que se suele describir como “menos activos” y de conversar con ellos.

Durante los años en los que fui presidente de estaca, acostumbraba ponerme en contacto con alguno de los obispos y le solicitaba que, tras orar sobre ello, seleccionase a personas o a familias a las que podríamos visitar juntos. Antes de salir, el obispo y yo nos arrodillábamos para suplicar a nuestro Padre Celestial que nos diese orientación e inspiración tanto a nosotros como a los miembros a los que iríamos a ver.

Nuestras visitas eran sencillas y precisas. Expresábamos a los miembros afecto y gratitud por la oportunidad de encontrarnos en su casa, y les reiterábamos que habíamos llegado hasta allí como siervos del Señor comisionados por Él. Además, les poníamos de relieve el hecho de que los echábamos de menos y de que los necesitábamos, al mismo tiempo que ellos necesitaban las bendiciones del Evangelio restaurado. Al principio de la conversación, yo solía hacerles una pregunta como ésta: “Por favor, ¿nos ayudarían a entender por qué razón no están participando activamente en los programas de la Iglesia y, por ende, de sus bendiciones?”.

Cabe decir que he hecho centenares de visitas por el estilo. Cada persona, cada familia, cada hogar y cada respuesta eran diferentes. No obstante, a través de los años, he descubierto un factor común en muchas de las respuestas a mis preguntas. A menudo, me daban respuestas como las siguientes:

“Hace varios años, un hermano dijo algo en la Escuela Dominical que me ofendió, por lo que desde entonces no he vuelto a Iglesia”.

“Nadie de esa rama me saludó ni se acercó a mí y me sentí como un intruso. Me sentí ofendido por lo poco amistosos que son en esa rama”.

“No me pareció bien el consejo que me dio el obispo. No volveré a poner un pie en ese edificio mientras él ocupe ese cargo”.

Y así, mencionaban muchas otras razones por las que se habían ofendido, desde diferencias doctrinales entre los adultos hasta el haber recibido insultos y burlas crueles de los jóvenes y el haber sido excluido por ellos. Pero el factor reiterativo era: “Me sentí ofendido por…”

El obispo y yo los escuchábamos con atención y con sinceridad, y en seguida, uno de nosotros les preguntaba acerca de su conversión al Evangelio restaurado y de su testimonio de éste. Mientras conversábamos, a esas buenas personas se les llenaban los ojos de lágrimas al recordar el testimonio confirmador del Espíritu Santo y describir sus anteriores experiencias espirituales. La mayoría de las personas “menos activas” a las que he visitado tenían un testimonio perceptible y tierno de la veracidad del Evangelio restaurado. Sin embargo, no estaban participando en las actividades ni en las reuniones de la Iglesia. Seguir leyendo

Publicado en Albedrío, Ofensa, Perdón | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Una defensa y un refugio

Conferencia General Octubre 2006
Una defensa y un refugio
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

Nos referimos a la Iglesia como nuestro refugio, nuestra defensa. Hay seguridad y protección en la Iglesia.

Play video

El 26 de julio de 1847, durante el tercer día en el valle (el segundo había sido domingo), Brigham Young, con miembros de los Doce y algunos otros hermanos, ascendieron a una cima a dos kilómetros y medio de distancia de donde estoy en estos momentos, la que consideraron un buen lugar para alzar un estandarte a las naciones. Heber C. Kimball llevaba puesto un pañuelo amarillo, que ataron al bastón de Willard Richards y ondearon en alto como un pendón a las naciones. Brigham Young llamó a esa cima Ensign Peak 1 .

Después descendieron adonde estaban sus desgastados carromatos, las escasas pertenencias que habían transportado más de tres mil kilómetros y los fatigados viajeros. No eran sus posesiones lo que les dio fuerza, sino lo que sabían.

Sabían que eran apóstoles del Señor Jesucristo; sabían que habían recibido el sacerdocio por conducto de mensajeros angelicales; sabían que poseían los mandamientos y los convenios que brindan la oportunidad de la salvación y la exaltación eterna para toda la humanidad. Poseían la seguridad de que tenían consigo la inspiración del Espíritu Santo.

Se ocuparon en arar huertos y construir refugios contra el invierno que estaba a las puertas. Se prepararon para recibir a los que aún estaban en las llanuras y que llegarían a ese nuevo lugar de recogimiento.

Una revelación, escrita nueve años antes, se dirigía a ellos: “Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones;

“a fin de que el recogimiento en la tierra de Sión y sus estacas sea para defensa y para refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada sin mezcla sobre toda la tierra” (D. y C. 115:5–6).

Ellos debían ser la “luz”, el “estandarte”.

El estandarte o la norma que se había establecido mediante la revelación se encuentra en las Escrituras, mediante las doctrinas del Evangelio de Jesucristo. Los principios de la vida que seguimos, según el Evangelio, se basan en la doctrina, y las normas coinciden con los principios. Estamos comprometidos a las normas mediante los convenios, que se reciben por medio de las ordenanzas del Evangelio según las administran aquellos que han recibido el sacerdocio y las llaves de autoridad.

Aquellos fieles hermanos no eran libres, ni lo somos nosotros, de alterar las normas ni de pasarlas por alto; debemos vivir de acuerdo con ellas.

No es un remedio ni un consuelo decir simplemente que éstas no tienen importancia, ya que todos sabemos que sí la tienen, porque todos “los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5).

Si hacemos todo lo que esté a nuestro alcance, no debemos desalentarnos. Si fracasamos, como muchos lo hacemos; o tropezamos, lo que podría ocurrir; siempre está el remedio del arrepentimiento y del perdón. Seguir leyendo

Publicado en Adversidad, Familia, Normas | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La fe que mueve montañas

Conferencia General Octubre 2006
La fe que mueve montañas
Presidente Gordon B. Hinckley

Lo que más necesitamos es una mayor fe. Sin ella, la obra podría quedar estancada; pero con ella, nadie puede detener su progreso.

Play video

Mis hermanos y hermanas, permítanme hablarles primero de un asunto personal.

El Presidente de la Iglesia pertenece a toda la Iglesia y su vida no es suya. Su misión es la de prestar servicio.

Como todos ustedes ya saben, estoy un tanto entrado en años. Cumplí los 96 el pasado junio. Me he enterado por varias fuentes de que se especula bastante acerca de mi salud y me gustaría aclararles cómo está en realidad. Si llego a durar unos meses más, habré servido a una edad más avanzada que cualquier otro presidente de la Iglesia. No lo digo con jactancia sino lleno de agradecimiento. El pasado enero se me sometió a una seria intervención quirúrgica. Fue una experiencia difícil para alguien como yo, que nunca antes había estado hospitalizado; después, surgió la pregunta de si debía o no recibir más tratamiento médico; y opté por hacerlo. Los médicos dijeron que los resultados habían sido milagrosos; pero yo sé que éstos se debieron a las muchas oraciones que ustedes ofrecieron por mí, por lo que me siento profundamente agradecido.

El Señor me ha permitido vivir, aunque no sé por cuánto tiempo. Pero sea cual sea, seguiré dando lo mejor de mí para realizar la obra que se me ha encomendado. No es fácil presidir una Iglesia tan grande y compleja, donde la Primera Presidencia debe estar al tanto de todo. Sin su aprobación, no se toma ninguna decisión importante ni se realizan gastos de los fondos. La responsabilidad y el estrés son grandes.

Pero seguiremos adelante hasta que el Señor lo desee. Como dije en la conferencia de abril, estamos en Sus manos. Me siento bien, tengo una salud considerablemente buena; pero, cuando llegue el momento de que deba haber un sucesor, el cambio se hará sin dificultades y de acuerdo con la voluntad de Él, porque ésta es Su Iglesia. Por tanto, seguimos adelante con fe; y la fe es el tema del cual deseo hablarles esta mañana.

Desde sus comienzos, esta Iglesia ha avanzado por medio de la fe. La fe era la fortaleza del profeta José.

Me siento agradecido por la fe que le hizo ir a la arboleda para orar. Me siento agradecido por su fe al traducir y publicar el Libro de Mormón. Agradezco que él haya acudido al Señor en oración, en respuesta a la cual se otorgó el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec. Agradezco que por medio de la fe, él organizara la Iglesia y la guiara por el curso correcto. Le doy las gracias por el don de su vida como testimonio de la verdad de esta obra. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Oración, Pioneros, Sacrificio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El recogimiento del Israel disperso

Conferencia General Octubre 2006
El recogimiento del Israel disperso
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Ayudamos a congregar a los escogidos del Señor en los dos lados del velo.

Russell M. Nelson

Mis amados hermanos y hermanas, gracias por su fe, por su devoción y por su amor. Compartimos la inmensa responsabilidad de ser quienes el Señor desea que seamos y de hacer lo que Él desea que hagamos. Somos parte de un gran movimiento: el recogimiento del esparcido Israel. Hablo hoy de esta doctrina por motivo de su singular importancia en el plan eterno de Dios.

El convenio de Abraham

En la antigüedad, el Señor bendijo al padre Abraham con la promesa de hacer de su posteridad un pueblo escogido 1 . Hay referencias a ese convenio a lo largo de las Escrituras. También se le hicieron las promesas de que el Hijo de Dios vendría por el linaje de Abraham, de que se heredarían ciertas tierras, de que naciones y pueblos de la tierra serían bendecidos por medio de sus descendientes, y aún más 2 . Aunque algunas partes de ese convenio ya se han cumplido, el Libro de Mormón enseña que ese convenio de Abraham ¡se cumplirá sólo en los últimos días! 3 . Además, subraya que nosotros nos encontramos entre los del pueblo del convenio del Señor 4 . Nuestro es el privilegio de participar personalmente en el cumplimiento de esas promesas. ¡Qué época tan emocionante para vivir!

Israel fue esparcido

Como descendientes de Abraham, las tribus del antiguo Israel tuvieron acceso a la autoridad del sacerdocio y a las bendiciones del Evangelio, pero, con el transcurso del tiempo, los del pueblo se rebelaron, mataron a los profetas y fueron castigados por el Señor. Diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria, desde donde se perdieron para los registros de la humanidad (obviamente, las diez tribus no están “perdidas” para el Señor). Las dos tribus que quedaron permanecieron un breve tiempo hasta que, a causa de su rebelión, fueron llevadas cautivas a Babilonia 5 . Una vez que regresaron, fueron favorecidos del Señor, pero una vez más, no le honraron: le rechazaron y le difamaron. El amoroso Padre, entristecido, juró: “os esparciré entre las naciones” 6 y así lo hizo; entre todas las naciones.

Israel será recogido

La promesa de Dios del recogimiento del esparcido Israel ha sido igualmente categórica 7 . Isaías, por ejemplo, previó que en los últimos días el Señor enviaría “mensajeros veloces” a la esparcida “nación de elevada estatura y tez brillante” 8 . Seguir leyendo

Publicado en Apostasía, Convenios, Recogimiento de Israel, Restauración | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El grande y maravilloso amor

Conferencia General Octubre 2006
“El grande y maravilloso amor”
Élder Anthony D. Perkins
De los Setenta

La fe como la de un niño en el amor perfecto de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo “partirá por medio” las trampas de Satanás con respecto a la ineptitud, a las imperfecciones y a la culpabilidad.

Play video

Los niños, de pura fe proclaman: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 1 . Pero algunas veces los jóvenes y los adultos, no sentimos el poder de esa simple declaración.

Satanás es el “enemigo de toda rectitud” 2 ; por lo tanto siembra dudas acerca de la naturaleza de la Trinidad y de nuestra relación con los integrantes de Ella. Jesucristo profetizó que en los últimos días aún los mismos escogidos serían engañados 3 . Consideremos tres ejemplos de cómo Lucifer está “armando asechanzas y trampas para enredar a los santos de Dios” 4 .

Las trampas de la falsa ineptitud. Una persona joven y fiel siente que no puede cumplir las expectativas de otras personas. En el hogar y en la escuela, rara vez se la elogia y a menudo se la critica. Los medios populares le dicen que ella no es demasiado linda ni demasiado inteligente y cada día, esta hermana justa, se pregunta si ella es una persona digna del amor de nuestro Padre Celestial, del sacrificio expiatorio del Salvador o de la guía constante del Espíritu.

La trampa de la imperfección exagerada. Un destacado misionero siente que es incapaz de cumplir con las expectativas de Dios. En su mente, este élder digno imagina a un Padre Celestial estricto sujeto a una justicia irrevocable; a un Salvador capaz de limpiar las transgresiones de otras personas, pero no las del élder, y a un Espíritu Santo que no desea acompañar a una persona imperfecta.

La trampa de la culpa innecesaria. Una mujer de mediana edad, que es una madre abnegada, una amiga cariñosa, una servidora fiel de la Iglesia y asiste al templo con frecuencia; pero en su corazón, esta hermana no puede perdonarse a sí misma los pecados que cometió hace años, de los cuales ella se ha arrepentido y se han resuelto totalmente con los líderes del sacerdocio. Ella duda de que su vida sea aceptable alguna vez ante el Señor y ha perdido las esperanzas de la vida eterna en la presencia de nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

Publicado en Esperanza, Jesucristo, Naturaleza Divina, Perdón | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Mirad a vuestros pequeñitos

Conferencia General Octubre 2006
Mirad a vuestros pequeñitos
Margaret S. Lifferth
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

En el mundo actual, los niños necesitarán… que cada uno de nosotros los proteja, les enseñe y los ame.

Play video

Al prestar servicio en este llamamiento, he encontrado nuevas amistades: Eliza puede cantar muchas canciones de la Primaria. Lucas está aprendiendo los Artículos de Fe en español; Caitlyn es tímida, pero inquisitiva. En la Primaria me senté al lado de Martha y ella me tomó del brazo. Estos niños reflejan la luz del evangelio en su rostro.

¿Quiénes son los niños que viven en la casa o en el vecindario de ustedes? Véanlos; piensen en ellos. El Salvador nos enseña que para entrar en el reino de Dios debemos volvernos como un niño, “sumiso, manso, humilde, paciente [y] lleno de amor…” (Mosíah 3:19).

Pero no importa con cuánta fe vengan los niños a nosotros, hacen frente a los desafíos de un mundo caído. ¿Qué hay que hacer para que esos niños conserven la luz de la fe en su mirada? Sabemos que en la vida de un niño nada puede reemplazar a una familia recta, en el mundo actual, los niños necesitarán no sólo una madre y un padre dedicados, sino que necesitarán que cada uno de nosotros los proteja, les enseñe y les ame.

Hermanos y hermanas, proteger a los niños significa proporcionar un ambiente que invite al Espíritu en la vida de ellos y lo reafirme en su corazón. Eso elimina automáticamente cualquier forma de indiferencia, descuido, maltrato, violencia o explotación.

Y si bien las condiciones de depravación son más graves, también protegemos a los niños de otras condiciones perjudiciales, como las expectativas demasiado altas o demasiado bajas, del consentirlos de manera excesiva, de demasiadas actividades y del egocentrismo. Cualquier extremo entorpece la facultad del niño de reconocer al Espíritu Santo, de confiar en Él y de ser guiado por Él.

Los niños son receptivos a las verdades del Evangelio más que en cualquier otra época, y la protección de la niñez es, literalmente, la oportunidad que se tiene una vez en la vida de enseñar y de fortalecer a los niños para que elijan lo correcto. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Protección | Etiquetado , , , , | Deja un comentario