Conferencia General Octubre 2006
Dirigir la mirada hacia Cristo y acudir y venir a Él
Anne C. Pingree
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él.
En la magnifica pintura de Minerva Teichert, Cristo con un manto rojo, con las marcas de los clavos en las manos y con los brazos abiertos, se muestra en toda Su majestuosidad. Con ternura y compasión dirige Su mirada hacia las mujeres que tratan de llegar hasta Él.
Me encanta el simbolismo de las mujeres que extienden su mano para tocar al Salvador. Deseamos estar cerca del Salvador porque sabemos que Él nos ama y desea envolvernos “para siempre en los brazos de Su amor” 1 . Su mano puede curar cualquier dolencia, sea espiritual, emocional o física. Él es nuestro Abogado, el Gran Ejemplo, el Buen Pastor y el Redentor. ¿A dónde más podríamos dirigir nuestra mirada, a dónde más podríamos acudir, a dónde más podríamos venir, sino a Jesucristo, “el autor y consumador de la fe”? 2
Él dijo: “Sí, en verdad… si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré” 3 . Su promesa nos invita no sólo a extender nuestra mano hacia Él, sino también a dar los importantísimos pasos siguientes: Venir a Él.
Esta doctrina es sumamente motivadora y alentadora. El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él. Si venimos al Salvador con “íntegro propósito de corazón” 4 , sentiremos Su amorosa mano en las formas más personales.
“Una mujer” 5 tomó esa decisión y sintió Su poder: “Una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, Seguir leyendo








































