El punto de retorno seguro

Conferencia General Abril de 2007
El punto de retorno seguro
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El don de la expiación de Jesucristo nos proporciona, en todo momento y en todo lugar, las bendiciones del arrepentimiento y del perdón.

Durante mi capacitación para ser capitán de vuelo, tuve que aprender a pilotar un avión cruzando grandes distancias. Para volar sobre vastos océanos, cruzar extensos desiertos e ir de un continente a otro, se debe realizar una planificación cuidadosa con el fin de llegar a destino a salvo. Algunos de esos vuelos directos tienen una duración de hasta 14 horas y cubren unos catorce mil quinientos kilómetros.

Durante vuelos tan largos, existe un punto comúnmente conocido como el punto de retorno seguro, en el cual se debe tomar una importante decisión. Hasta ese momento, el avión tiene el combustible necesario para dar vuelta y regresar al aeropuerto de partida con seguridad. Una vez que el piloto ha pasado el punto de retorno seguro, ha perdido esa alternativa y debe seguir adelante. Es por eso que se habla de ese punto como el punto sin retorno.

¿Existen puntos sin retorno en nuestra vida?

Satanás, “el padre de todas las mentiras” (2 Nefi 2:18), “el padre de la contención” (3 Nefi 11:29), “el autor de todo pecado” (Helamán 6:30) y el “enemigo de Dios” (Moroni 7:12), utiliza las fuerzas del mal para convencernos de que ese concepto se aplica cada vez que pecamos. En las Escrituras se le llama “el acusador” porque él desea que creamos que ya estamos fuera del alcance del perdón (véase Apocalipsis 12:10). Satanás quiere que pensemos que al pecar hemos rebasado el “punto sin retorno” y que ya es demasiado tarde para cambiar de rumbo. En nuestro hermoso pero a la vez conflictivo mundo, es una triste realidad que esa forma de pensar es fuente de gran dolor, gran sufrimiento y gran aflicción para las familias, los matrimonios y las personas.

Satanás trata de imitar la obra de Dios, y al hacerlo, engaña a muchos. Con el fin de que perdamos la esperanza, que nos sintamos tan miserables como él y que creamos que ya no nos es posible obtener el perdón, Satanás podría incluso usar de manera engañosa las palabras de las Escrituras que hacen hincapié en la justicia de Dios, para insinuar que no hay misericordia.

¿Cuál es el plan del Señor para nuestro retorno seguro?

La protección contra la influencia de Satanás se recibe a través del evangelio de Jesucristo. Las buenas nuevas son que Jesucristo realizó una perfecta Expiación en beneficio de la humanidad; es un mensaje de amor, esperanza y misericordia de que hay una reconciliación del hombre con Dios. Seguir leyendo

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Robará el hombre a Dios?

Conferencia General Abril de 2007

¿Robará el hombre a Dios?

Élder Yoshihiko Kikuchi
De los Setenta

Cuando ustedes y yo paguemos un diezmo íntegro y honesto al Señor, Él abrirá las ventanas de los cielos.

Quisiera hablar de la ley del diezmo. En el libro de Malaquías, el Señor pregunta:

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” 1 .

El diezmo es un mandamiento tan importante que cuando el Señor visitó el continente americano, después de Su resurrección, repitió exactamente esas mismas palabras 2 . Y en nuestros días, el Señor dijo: “Todos aquellos que hayan entregado este diezmo pagarán la décima parte de todo su interés anualmente” 3 .

En el libro de Levítico, el Señor declaró en tres ocasiones diferentes que el diezmo es “cosa dedicada a Jehová” 4 .

El Señor dijo: “Probadme ahora [o ponedme a prueba ahora]… si no os abriré las ventanas de los cielos” 5 . Muchos probamos al Señor de la manera correcta; sin embargo, algunos no lo hacen.

Consideren, por ejemplo, diez manzanas, todas las cuales en realidad le pertenecen al Señor.; pero Él sólo nos pide que le devolvamos una décima parte, o una manzana.

¿Están dando como ofrenda sólo un pequeño mordisco de esa manzana y se están quedando con el 90 por ciento? ¿Están dispuestos a ofrecerle al Señor una porción tan pequeña?

¿Están avergonzados, o intentan remediar y esconder la porción mordida de la manzana y luego ofrecérsela al Señor?

Deseamos que nuestras ofrendas sean íntegras y puras. Se nos ha enseñado: “He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sión en estos postreros días” 6 .

Hace algunos años se me asignó reorganizar la Estaca Carey, Idaho. El avión aterrizó en Twin Falls y el presidente Roy Hubert, que prestó servicio en forma tan excelente, me recibió y me llevó a su casa. Por el camino, le pregunté: “¿Hay algo que pueda hacer por usted y por los santos?”. Seguir leyendo

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Quién sigue al Señor?

Conferencia General Abril de 2007
¿Quién sigue al Señor?
Charles W. Dahlquist II
Presidente General de los Hombres Jóvenes

Si uno permanece del lado de la línea del Señor, el adversario no puede ir allí para tentarlo.

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido de vivir en una época en que tenemos apóstoles y profetas en la tierra que nos inspiran y nos guían. Testifico que el presidente Hinckley es un profeta de Dios, al igual que Moisés, Abraham y todos los demás profetas desde el comienzo del mundo. Estoy agradecido por sus consejos de esta mañana así como por la oportunidad que tendremos de escucharlo una vez más al concluir esta conferencia.

Hoy me dirijo en especial a los hombres y a las mujeres jóvenes de la Iglesia, así como a sus padres y líderes. También me dirijo a los excelentes jóvenes adultos solteros, que tienen maravillosos talentos, aptitudes y potencial para servir en el reino.

El presidente Hinckley ha dicho de esta generación: “Nunca hubo un tiempo como éste. ¡Qué gran época de la historia del mundo para vivir! Nunca antes ha habido una generación de jóvenes como ésta… En verdad ustedes son ‘una generación escogida’ ” (Way to Be!, 2002, pág. 3).

Ustedes, como juventud de Sión, tienen una gran obra que hacer y se les han dado todos los talentos y las oportunidades, sin importar donde vivan, para que hagan exactamente aquello que su Padre Celestial espera de ustedes. Ruego que mis palabras en esta tarde les ayuden en dicha tarea.

En febrero de 1852, la joven Hannah Last Cornaby se bautizó en Yarmouth, Inglaterra. No tuvo la experiencia tranquila y reverente que la mayoría de las personas tienen; ella la describió con las siguientes palabras: “Encontramos la casa rodeada por una turba entre la cual nos abrimos paso con dificultad… Antes de llegar a la orilla del agua, toda la multitud nos había rodeado; mi esposo me bautizó en medio de una lluvia de piedras y de gritos… y aunque las piedras nos pasaban zumbando como si fuera granizo, ninguna nos tocó; llegamos a casa sanos y salvos, dando gracias a Dios por nuestra liberación milagrosa” (Hannah Cornaby, Autobiography and Poems, 1881, págs. 24–25).

Su vida después de eso no fue fácil. Años después escribió estas palabras:

¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión.
Clamamos sin temor: ¿Quién sigue al Señor?
(“¿Quién sigue al Señor?”, Himnos, Nº 170.)

Aunque ésas son las palabras de un himno que no cantamos a menudo, éste es ahora uno de mis favoritos porque expresa dedicación a la verdad y a la justicia. En realidad, es una pregunta que debería estar en la mente de todo joven y de toda jovencita del mundo: “¿Quién sigue al Señor?”; y nuestra respuesta rotunda debe ser: “¡Yo!”. Seguir leyendo

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Mamá, ¿somos cristianos?

Conferencia General Abril de 2007
“Mamá, ¿somos cristianos?”
Élder Gary J. Coleman
De los Setenta

Soy un cristiano devoto sumamente afortunado de tener mayor conocimiento de la verdadera “doctrina de Cristo” desde de mi conversión a la Iglesia restaurada.

El cristianismo celebra la vida y el ministerio de Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios el Eterno Padre. Hay iglesias cristianas con grandes variaciones de doctrina por todo el mundo. Cuando Cortnee, la hija de un presidente de misión, tenía catorce años e iniciaba el año noveno de sus estudios en una nueva escuela, sus compañeros le preguntaron si era cristiana. Se burlaron de ella cuando respondió que era mormona, nombre por el que se conoce a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Al llegar a casa ella le preguntó a su madre: “Mamá, ¿somos cristianos?”.

Durante mi niñez, mi familia era miembro devoto de otra fe cristiana. Se me bautizó como miembro de esa iglesia poco después de mi nacimiento, y nuestra familia iba a la iglesia cada semana. Por muchos años mis hermanos y yo ayudamos a los pastores que dirigían los servicios dominicales. Nuestra familia oraba junta cada día, lo que me enseñó la importancia de la oración familiar. Pensé que algún día me haría clérigo de tiempo completo de mi iglesia. No había duda en nuestra mente que nos podíamos catalogar como cristianos devotos.

Sin embargo, cuando era estudiante universitario llegué a familiarizarme con los miembros y las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: una fe cristiana centrada en el Salvador. Comencé a aprender en cuanto a la doctrina de la restauración del evangelio de Jesucristo en estos últimos días. Aprendí verdades que no había conocido antes, las cuales cambiaron mi vida y la forma en que percibía el Evangelio. Después de mucho estudio, oración y fe, decidí aceptar las bellas verdades restauradas que sólo se encuentran en esta Iglesia.

La primera verdad restaurada que aprendí fue la naturaleza de la Trinidad. En los tiempos bíblicos se conocía la verdadera doctrina cristiana donde la Trinidad consta de tres personajes distintos. En varias ocasiones, Dios dio testimonio de Jesús, Su Hijo Unigénito. Habló en el bautismo de Jesús: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” 1 . Jesús mismo testificó de Dios, Su Padre, al decir: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 2 . Después de la muerte y la resurrección de Jesús, aprendemos que “Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” 3 . Qué testimonio tan espectacular de la Trinidad expresó aquel discípulo de Cristo.

El conocimiento con respecto a Dios y el hecho de que es un ser distinto de Su hijo y del Espíritu Santo se perdió después de la muerte de Cristo y de Sus apóstoles. La confusión y las doctrinas falsas en cuanto a la Trinidad fueron producto del Credo de Nicea y de los consejos de Constantinopla, donde hombres declararon que en vez de ser tres personajes distintos, la Trinidad se componía de tres personajes en un solo Dios. De la misma forma en que los reformadores protestantes cristianos tuvieron problemas con esos credos de hombres, yo también los tenía. Las enseñanzas que aprendí en mi juventud en cuanto a la Trinidad eran incomprensibles para mí. Seguir leyendo

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Este día

Conferencia General Abril de 2007
Este día
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Todos necesitaremos Su ayuda para evitar la tragedia de postergar lo que debemos hacer aquí y ahora a fin de obtener la vida eterna.

Hay peligro en la frase “algún día” cuando en realidad significa “hoy no”. “Algún día me arrepentiré”. “Algún día lo perdonaré”. “Algún día hablaré con mi amigo acerca de la Iglesia”. “Algún día comenzaré a pagar el diezmo”. “Algún día regresaré al templo”. “Algún día…”.

En las Escrituras está claro el peligro de postergar. Esto es, que podríamos descubrir que se nos ha acabado el tiempo. Dios, quien nos da cada día como un tesoro, requerirá que le rindamos cuentas. Nosotros lloraremos y Él llorará, si hemos tenido la intención de arrepentirnos y de servirle en los mañanas que nunca llegaron o en los ayeres con los que hemos soñado, cuando ya ha pasado la oportunidad de actuar. El “hoy” es un don preciado de Dios. El pensamiento “Algún día lo haré” puede robarnos las oportunidades que nos da el tiempo y las bendiciones de la eternidad.

En las palabras registradas en el Libro de Mormón se encuentra una advertencia y un consejo solemnes:

“Y como os dije antes, ya que habéis tenido tantos testimonios, os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna.

“No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” 1 .

Entonces Amulek advierte que postergar el arrepentimiento y el servicio puede causar que el Espíritu del Señor se aleje.

Pero junto con la advertencia también nos da esperanza:

“Y sé esto, porque el Señor ha dicho que no mora en templos impuros, sino en los corazones de los justos es donde mora; sí, y también ha dicho que los justos se sentarán en su reino, para ya no volver a salir; y sus vestidos serán blanqueados por medio de la sangre del Cordero” 2 .

Las Escrituras están repletas de ejemplos de siervos prudentes de Dios que valoraban el día en que vivían y que escogieron hacer lo que les purificaría. Josué fue uno de ellos: “…escogeos hoy a quién sirváis”, dijo, “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” 3 .

Servirle a Él invita la compañía del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nos purifica del pecado.

Aun el Salvador, que no tenía pecado, fue un ejemplo de la necesidad de no postergar. Él dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Seguir leyendo

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El mensaje de la Restauración

Conferencia General Abril de 2007
El mensaje de la Restauración
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Declaramos al mundo que la plenitud del evangelio de Jesucristo se ha restaurado en la tierra.

En una de mis asignaciones a una conferencia de estaca en el valle del Lago Salado, pedí a un joven presidente de un quórum de diáconos que me acompañara para hablar acerca de las llaves del sacerdocio. Quería que él entendiera que poseía un oficio muy especial que incluía las llaves para presidir un quórum del sacerdocio. Hablamos de la gran responsabilidad de poseer llaves y de lo especial que es pertenecer a un quórum. Al concluir la pequeña demostración, le pregunté cuántos miembros había en su quórum; respondió que había catorce.

Entonces le pregunté: “¿Cuántos son activos?”.

Respondió: “Doce”.

En seguida pregunté: “¿Y los otros dos?”.

Él respondió: “Tengo que ponerme a trabajar para que formen parte activa de nuestro quórum”.

Luego le pregunté cuánto tiempo le tomaría. Pensó que quizás tres meses, y lo alenté para que se esforzara.

Casi exactamente tres meses después, recibí una carta de él en la que me informaba que ahora todos los miembros de su quórum estaban activos. Dijo que se había hecho amigo de ellos; que uno asistía a las reuniones del quórum de diáconos y que el obispo había ordenado al otro como maestro. Su empeño me dejó maravillado. Qué gran ejemplo de alguien que honra el sacerdocio y usa las llaves de éste para llevar a cabo la asignación que el Señor le ha encomendado. No pude evitar maravillarme por el plan que el Señor ha establecido para la administración de Su obra aquí en la tierra mediante los poderes del sacerdocio.

Este joven, que aún no llega a los catorce años, está recibiendo una capacitación sumamente valiosa que lo preparará para toda una vida de servicio. ¿Se lo imaginan en los próximos cinco o seis años continuando ese servicio con una placa en su traje, la cual indicará que está dando dos años de su vida como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Además de la experiencia que está ganando al ejercer el sacerdocio al servicio de los demás, la preparación de ese joven también debe incluir un firme entendimiento del mensaje de la Restauración: el mensaje que miles de misioneros están declarando hoy en día al mundo. Es el mensaje de que en nuestros días, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, se ha restaurado el Evangelio para bendecir a todos los que escuchen y obedezcan.

La Primera Visión

La dispensación del cumplimiento de los tiempos se inició con una visión muy especial que se dio a otro joven menor de quince años. Ese joven fue a una arboleda a orar para recibir respuesta a las preguntas que tenía acerca de religión. José Smith describe con estas palabras la gloriosa visión que se desplegó ante él: Seguir leyendo

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Las cosas de las que tengo convicción

Conferencia General Abril de 2007
Las cosas de las que tengo convicción
Presidente Gordon B. Hinckley

Deseo expresarles mi testimonio de las verdades básicas de esta obra.

Mis queridos hermanos y hermanas: Estoy complacido por la oportunidad de dirigirles la palabra. Agradezco a cada uno de ustedes las oraciones que han ofrecido por mí; me siento sumamente agradecido a ustedes. Durante los 49 años que he sido Autoridad General, he pronunciado más de doscientos discursos en las conferencias generales. Me encuentro ya en el año 97 de mi vida; el viento sopla y me siento como la última hoja del árbol.

En realidad, mi salud es bastante buena, a pesar de todos los rumores que afirman lo contrario; médicos y enfermeras competentes me mantienen en buen estado; tal vez algunos de ustedes se vayan antes que yo. Sin embargo, considerando mi edad, deseo expresarles mi testimonio de las verdades básicas de esta obra.

Confieso que no sé todo, pero de algunas cosas estoy seguro; esta mañana quiero hablarles de las cosas de las que tengo convicción.

Cuando el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, se dio cuenta de la división que existía entre el clero en cuanto a la naturaleza de Dios. Con el propósito de poner fin a eso, en el año 325 convocó en Nicea a los teólogos ilustres de esa época. A cada uno de los participantes se le dio la oportunidad de exponer sus puntos de vista, lo cual sólo intensificó la polémica. Al no lograrse una definición unánime, se llegó a un acuerdo mutuo, que llegó a conocerse como el Credo de Nicea, cuyos elementos básicos aceptaron la mayoría de los fieles cristianos.

Personalmente, yo no lo entiendo; para mí, el credo es confuso.

Cuán profundamente agradecido estoy porque nosotros, los de esta Iglesia, no nos basamos en ninguna declaración hecha por el hombre en cuanto a la naturaleza de Dios. Nuestro conocimiento proviene directamente de la experiencia personal que tuvo José Smith, quien, siendo jovencito, habló con Dios el Eterno Padre y Su Amado Hijo, el Señor Resucitado. Él se arrodilló en presencia de Ellos, oyó Sus voces y respondió. Cada uno era un personaje distinto. No es de extrañar que le dijera a su madre que había sabido que la iglesia de ella no era verdadera. De modo que una de las grandes y fundamentales doctrinas de esta Iglesia es nuestra creencia en Dios el Eterno Padre; Él es un ser real y personal; Él es el gran Gobernador del universo, y no obstante, Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos.

Nosotros le oramos a Él, y esas oraciones son una conversación entre Dios y el hombre. Estoy seguro de que Él oye nuestras oraciones y las contesta; yo no podría negarlo, ya que he tenido demasiadas experiencias con oraciones que han sido contestadas.

Alma instruyó a su hijo Helamán diciendo: “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios; y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día” (Alma 37:37). Seguir leyendo

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El milagro de la Santa Biblia

Conferencia General Abril de 2007
El milagro de la Santa Biblia
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Somos creyentes fieles y verídicos en el Señor Jesucristo y en Su palabra revelada por medio de la Santa Biblia.

Mis hermanos y hermanas, ¡la Santa Biblia es un milagro! Es un milagro que los 4.000 años de historia sagrada y secular de la Biblia fueran registrados y preservados por los profetas, apóstoles y clérigos inspirados.

Es un milagro que tengamos la poderosa doctrina, los principios, la poesía y los relatos de la Biblia, pero, por encima de todo, es un milagro maravilloso que tengamos el registro de la vida, del ministerio y de las palabras de Jesús, que fue protegido durante la época del oscurantismo y a través de los conflictos de innumerables generaciones para que pudiésemos tenerlo en la actualidad.

Es un milagro que la Biblia contenga literalmente en sus páginas el Espíritu de Cristo que convierte y sana, y que durante siglos haya hecho volver el corazón de los hombres, guiándolos a orar, a elegir el sendero correcto y a buscar para encontrar a su Salvador.

La Santa Biblia lleva bien su nombre; es santa porque enseña la verdad, es santa porque nos consuela con su espíritu, es santa porque nos enseña a conocer a Dios y a comprender Sus tratos con los hombres, y es santa porque a través de sus páginas testifica del Señor Jesucristo.

Abraham Lincoln dijo acerca de la Biblia: “Este Gran Libro… es el mejor don que Dios haya dado al hombre. Todo lo bueno que el Salvador dio al mundo se comunicó por medio de ese libro, y de no ser por él, no podríamos discernir el bien del mal” (Speeches and Writings, 1859–1865 [1989], pág. 628).

No es casualidad ni coincidencia que tengamos la Biblia en la actualidad. El Espíritu indujo a hombres rectos a registrar tanto las cosas sagradas que vieron como las inspiradas palabras que hablaron y oyeron. Otras personas devotas estuvieron prestas a proteger y a preservar esos registros; hombres como John Wycliffe, el valiente William Tyndale y Johannes Gutenberg fueron inducidos, contra mucha oposición, a traducir la Biblia en un lenguaje que la gente pudiera entender, y publicarla en libros que la gente pudiera leer. Creo que hasta los eruditos de la época del rey Santiago tuvieron impresiones del Espíritu durante sus labores de traducción.

La época del oscurantismo fue oscura porque la luz del Evangelio se le ocultó a las personas; éstas no tenían a los apóstoles ni a los profetas, ni tenían acceso a la Biblia. El clero mantenía las Escrituras en secreto y fuera del alcance de las personas. Mucho les debemos a los valientes mártires y reformadores como Martín Lutero, John Calvin y John Huss, quienes exigieron la libertad para adorar y el acceso común a los libros sagrados.

William Tyndale dio su vida porque creía profundamente en el poder de la Biblia; él dijo: “La naturaleza de la palabra de Dios es tal, que el hombre que la lea o que oiga explicaciones y debates en cuanto a ella, comenzará de inmediato a convertirse en una persona cada vez mejor, hasta que llegue a ser un hombre perfecto” (S. Michael Wilcox, Fire in the Bones: William Tyndale—Martyr, Father of the English Bible [2004], pág. xv).

El estudio sincero y diligente de la Biblia nos hace cada vez mejores, y siempre debemos tener presente a los incontables mártires que sabían de este poder y dieron su vida a fin de que halláramos en las palabras de este texto el sendero que conduce a la felicidad eterna y a la paz del reino de nuestro Padre Celestial.

Si bien aquellos primeros reformadores cristianos coincidían en muchas cosas, al final discreparon en muchos puntos de doctrina, lo cual resultó en la organización de numerosas denominaciones cristianas. Roger Williams, un antiguo defensor de la libertad religiosa, llegó a la conclusión de que no había “ninguna iglesia de Cristo debidamente constituida sobre la tierra, ni persona alguna autorizada para administrar ninguna de las ordenanzas de la Iglesia, ni las [podía] haber hasta que [fuesen] enviados nuevos apóstoles por el gran Director de la Iglesia, cuya venida yo busco” (“La restauración de todas las cosas”, Liahona, mayo 2006, pág. 61). Seguir leyendo

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Lo saben?

Conferencia General Abril de 2007
¿Lo saben?
Élder Glenn L. Pace
De los Setenta

Los invito a “experimentar con mis palabras”. ¿Leerán y orarán acerca de la historia de José Smith?

Hace un tiempo, tuve una conversación muy agradable con una jovencita de 16 años. Me enteré que ella era el único miembro de la Iglesia en su escuela de enseñanza secundaria. Le pregunté: “¿Cuál es el desafío más grande al cual te enfrentas por ser el único miembro?”.

Ella lo pensó y luego me dio una respuesta muy inteligente: “Creer que algo es verdad cuando todos los demás creen que es falso, y creer que algo está mal cuando todos los demás creen que está bien”.

Le hice una segunda pregunta: “¿Sabes que José Smith es un profeta de Dios?”. Su respuesta fue: “Creo que sí, pero no estoy segura”.

Esta mañana quisiera preguntar a los jóvenes de Iglesia alrededor del mundo: “¿Lo saben?”.

La primera vez que supe que tenía un testimonio de José Smith fue cuando apenas tenía 11años y mis padres me llevaron a la Manzana del Templo en Salt Lake City.

Mi pasatiempo favorito era coleccionar todo lo que se ofrecía gratis. Creo que llegué a ser un experto en obtener cosas gratis; yo preguntaba: “¿Es esto gratis?”; después de una respuesta afirmativa, extendía la mano, a mis once años, y decía: “Gracias, ¿es eso también gratis? ¡Gracias!”. A veces alguien me decía: “No, lo siento, esos cuestan cinco centavos”. Sin desanimarme, inclinaba la cabeza y con gran desilusión decía: “Ah, siempre quise leer ese folleto, pero no tengo dinero. ¡Gracias!”; y siempre me los daban. La verdad es que nunca los leía, sino que los coleccionaba.

Sin embargo, en ese viaje en particular, mientras esperaba a mis padres a solas en nuestro Chevrolet 1948, me encontraba muy aburrido. En la desesperación, miré hacia el asiento y vi mi montón de material gratis; entonces tomé un folleto con el título: José Smith cuenta su propia historia, y lo empecé a leer.

Estaba fascinado y mi corazón estaba lleno de gozo. Cuando terminé de leerlo, me vi en el espejo retrovisor, y para mi sorpresa, estaba llorando. En aquel entonces no entendía, pero ahora comprendo. Había sentido el testimonio del Espíritu; mis padres no estaban allí, mi hermana no estaba allí; ni tampoco mi maestra de la Primaria; éramos sólo yo y el Espíritu Santo.

Ahora bien, esto puede sucederles a ustedes, y quizás algo similar ya les haya sucedido.

Al procurar un testimonio, aquellos de ustedes que hayan nacido en la Iglesia quizás busquen un sentimiento espiritual espectacular, diferente a todo lo que han sentido antes. Tal vez hayan oído a conversos testificar sobre su conversión y se pregunten a sí mismos si se están perdiendo de algo. Una de las razones por las que a ellos les parece tan espectacular es que es algo nuevo.

Ustedes han tenido esos mismos sentimientos durante toda la vida; en las noches de hogar, en las reuniones de testimonio de los jóvenes, en las clases de seminario, al leer los pasajes de las Escrituras y en muchas otras oportunidades. Seguir leyendo

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Una lección del Libro de Mormón

Conferencia General Abril de 2007
Una lección del Libro de Mormón
Vicki F. Matsumori
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.

Amo el Libro de Mormón; contiene relatos maravillosos para los niños de todas las edades y, más importante aún, enseña lecciones eternas que suelen repetirse en las canciones de la Primari

Por ejemplo, en la canción acerca del ejército de Helamán se encuentra una gran lección. Nosotros cantamos: “Como el ejército de Helamán, debemos obedecer” 1 . Muchos de nosotros también podemos cantar: “De buenos padres que aman a Dios nosotros como Nefi pudimos nacer” 2 .

Mi mensaje de hoy es para ustedes, los miembros de primera generación que tal vez hayan nacido de buenos padres pero a quienes no se les enseñó el Evangelio en el hogar. En vez de ser como el ejército de Helamán, a quienes “sus madres les habían enseñado que… Dios los libraría” (Alma 56:47), ustedes quizás sean como los padres de ellos, los del pueblo de Ammón, que crecieron siendo incrédulos.

Tal vez sería útil repasar la historia del pueblo de Ammón: ellos eran lamanitas a quienes Ammón, Aarón y otros les enseñaron el Evangelio (véase Alma 23:1–4). Cuando aceptaron el Evangelio, esos lamanitas se pusieron el nombre de anti-nefi-lehitas, y más tarde se les llamó el pueblo de Ammón (véase Alma 23:16–17; 27:23–26). Los hijos de este pueblo de Ammón fueron el ejército de Helamán que ayudó a luchar contra los lamanitas que no se habían convertido (véase Alma 56:3–6).

De modo que la fortaleza del ejército de Helamán en realidad empezó con sus padres, que eran el pueblo de Ammón. Ellos fueron los que primeramente aprendieron el Evangelio de las Escrituras; fueron los que aprendieron acerca del poder de la oración y los que primeramente hicieron convenios con el Señor y los guardaron. Y de la misma forma que dio comienzo con ellos, da comienzo con ustedes; como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.

Las Escrituras

Aarón, que fue un gran misionero, utilizó las Escrituras para enseñarles al rey lamanita y al pueblo de Ammón en cuanto a la fe y el arrepentimiento, y sobre Jesucristo y el plan de felicidad (véase Alma 22:12–14; 23:4–5). Hoy en día, la lectura y el estudio de las Escrituras siguen edificando nuestra fe, nos ayudan a resistir la tentación y nos permiten acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo.

Sin embargo, la lectura de las Escrituras puede ser un reto para todos. El presidente Boyd K. Packer relata en cuanto a sus primeros intentos de leer el Libro de Mormón cuando era adolescente. Él cuenta: “Lo abrí y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’ (1 Nefi 1:1)… Era interesante y pude seguir bien la lectura hasta que llegué a los capítulos de Isaías… Unos meses más tarde decidí leer el Libro de Mormón de nuevo y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’, pero cada vez que leía llegaba a la barrera de los capítulos de Isaías… Finalmente decidí leerlos” 3 . Seguir leyendo

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Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?

Conferencia General Abril de 2007
Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?
Élder Neil L. Andersen
De la Presidencia de los Setenta

Nuestra convicción del Salvador y de Su obra en los últimos días se convierte en el poderoso lente a través del cual juzgamos todo lo demás.

Mi tema el día de hoy se basa en algo que el presidente Hinckley dijo en la conferencia general de abril de 1973.

Yo acababa de regresar a casa después de servir en mi misión y parecía que había tanto en mi porvenir. ¿Sería capaz de tomar siempre las decisiones correctas durante mi vida?

Entonces, el que en aquel tiempo era el élder Gordon B. Hinckley, habló de su encuentro con un joven oficial naval de Asia. El oficial no había sido cristiano, pero durante un entrenamiento en los Estados Unidos, había aprendido en cuanto a la Iglesia y se había bautizado. Ahora se preparaba para regresar a su tierra natal.

El presidente Hinckley le preguntó al oficial: “Los de su pueblo no son cristianos, ¿qué sucederá cuando regrese a casa convertido en cristiano y, particularmente, en un cristiano mormón?”.

La expresión del oficial se ensombreció, y contestó: “Mi familia estará muy desilusionada… En cuanto a mi futuro y mi carrera, quizás se me niegue toda oportunidad”.

El presidente Hinckley preguntó: “¿Está dispuesto a pagar un precio tan alto por el Evangelio?”.

Con los ojos obscuros humedecidos por las lágrimas, le contestó con una pregunta: “Es verdadero, ¿no es así?”.

El presidente Hinckley respondió: “Sí, es verdadero”.

A eso, el oficial le respondió: “Entonces, ¿qué importa lo demás?” 1 .

A lo largo de los años, he reflexionado en esas palabras: “Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?”. Estas preguntas me han ayudado a poner los asuntos difíciles en la perspectiva correcta.

La causa en la cual trabajamos es verdadera; respetamos las creencias de nuestros amigos y vecinos; todos somos hijos e hijas de Dios y podemos aprender mucho de otros hombres y mujeres de fe y de bondad, como el presidente Faust nos enseñó tan bien.

No obstante, sabemos que Jesús es el Cristo y que ha resucitado. En nuestra época, por medio del profeta José Smith, el sacerdocio de Dios ha sido restaurado. Poseemos el don del Espíritu Santo; el Libro de Mormón es lo que declaramos que es; las promesas del templo son ciertas. El Señor mismo ha declarado la misión única y singular de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de ser una “luz al mundo y… un mensajero… [para preparar] el camino delante de [Él]” 2 mientras “[rueda] el evangelio hasta los extremos de [la tierra]” 3 .

Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?

Por supuesto, para todos nosotros, hay otras cosas que importan. Cuando oí el discurso del presidente Hinckley a la edad de veintiún años, tenía que concentrarme en mis estudios; necesitaba empleo para seguir en la escuela; de alguna manera tenía que encontrar la forma de convencer a una señorita especial que debía arriesgarse a casarse conmigo, y disfrutaba de otras actividades sanas.

¿Cómo encontramos nuestro camino a través de las muchas cosas que son importantes? Simplificamos y purificamos nuestra perspectiva. Algunas cosas son malas y se deben evitar; algunas son agradables; otras son importantes y algunas cosas son absolutamente indispensables. El Salvador dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 4 .

La fe no es sólo un sentimiento, sino una decisión; junto con la oración, el estudio, la obediencia y los convenios, edificamos y fortalecemos nuestra fe. Nuestra convicción del Salvador y de Su obra en los últimos días se convierte en el poderoso lente a través del cual juzgamos todo lo demás; y entonces, cuando nos encontramos en el crisol de la vida, tenemos la fortaleza de tomar el curso correcto. Seguir leyendo

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El divorcio

Conferencia General Abril de 2007

El divorcio

Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Un buen matrimonio no requiere un hombre o una mujer perfectos; sólo requiere un hombre y una mujer dispuestos a esforzarse juntos por alcanzar la perfección.


Recibí la impresión de hablar sobre el divorcio. Éste es un tema delicado porque provoca emociones muy fuertes en las personas a las que ha afectado de alguna forma. Algunos se ven a sí mismos o a sus seres queridos como víctimas del divorcio, mientras que otros se ven como sus beneficiarios. Algunos ven el divorcio como prueba del fracaso, mientras que otros consideran que es una compuerta esencial para escapar del matrimonio. En una forma u otra, el divorcio afecta a la mayoría de las familias de la Iglesia.

Sea cual fuere su perspectiva, tengan a bien escuchar mientras intento hablar con franqueza sobre los efectos del divorcio en las relaciones familiares eternas que procuramos obtener de acuerdo con el plan del Evangelio. Hablo de ello por preocupación, pero con esperanza.

I.

Vivimos en un mundo en el que el concepto total del matrimonio está en peligro y en el que el divorcio es común.

Muchos han reemplazado el concepto de que la sociedad tiene un fuerte interés en preservar los matrimonios para el bien común, así como para el bien de la pareja y de sus hijos, por la idea de que el matrimonio sólo es una relación privada entre adultos que están de acuerdo y al cual se le puede dar fin cuando cualquiera de los dos así lo desee 1 .

Las naciones que no tenían leyes de divorcio las han adoptado, y la mayoría de las que permiten el divorcio han hecho que sean más fáciles de obtener. Lamentablemente, según las leyes actuales de divorcio por consentimiento mutuo, puede ser más fácil dar fin a una relación matrimonial con un cónyuge no deseado que dar fin a una relación laboral con un empleado no deseado. Algunos incluso se refieren al primer matrimonio como el “matrimonio inicial”, como una pequeña casa que uno utiliza por un tiempo antes de conseguir una mejor.

El debilitamiento del concepto de que los matrimonios son permanentes y de gran valor tiene consecuencias de gran alcance. Algunos jóvenes rechazan el matrimonio, influenciados por el divorcio de sus padres o por las ideas populares de que el matrimonio es un grillete con cadenas que impide la realización personal. Muchos de los que se casan retienen su dedicación completa, y están prestos para huir cuando se les presenta el primer desafío de carácter serio.

En contraste, los profetas modernos nos han advertido que ver el matrimonio “como un simple contrato que se puede firmar cuando se desee… y romper a la primera dificultad… es un mal que amerita una condenación severa”, especialmente en los casos en los que se hace sufrir a los hijos 2 .

En la antigüedad, e incluso bajo algunas leyes tribales en algunos países donde ahora contamos con miembros, los hombres tienen el poder de divorciarse de sus esposas por cualquier cosa trivial. El Salvador rechazó este tipo de opresión perversa hacia las mujeres. Él declaró:

“Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Seguir leyendo

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El poder sanador del perdón

Conferencia General Abril de 2007
El poder sanador del perdón
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Si somos capaces de perdonar a aquellos que nos han causado dolor y daño, nos elevaremos a un nivel mayor de autoestima y de bienestar.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, vengo ante ustedes con humildad y en oración. Deseo hablar en cuanto al poder sanador del perdón.

En los bellos collados del estado de Pensilvania, un grupo de cristianos devotos lleva una vida sencilla sin el uso de automóviles ni electricidad ni maquinaria moderna. Trabajan arduamente, llevan una vida tranquila y en paz separados del mundo. La mayoría de sus alimentos proviene de sus propias granjas; las mujeres cosen, tejen y confeccionan su propia ropa, la cual es modesta y sencilla. A ellos se les conoce como el pueblo Amish.

Un conductor de un camión de leche, quien tenía treinta y dos años, vivía con su familia en la comunidad de Nickel Mines. Él no era Amish, pero su ruta de trabajo lo llevaba por las diversas granjas lecheras Amish donde se le llegó a conocer como el lechero tranquilo. En octubre del año pasado perdió repentinamente toda la razón y el control. En su mente atormentada culpaba a Dios por la muerte de su primogénito y por otros recuerdos sin fundamento. Sin provocación alguna entró violentamente en una escuela Amish donde dejó ir a los niños y a los adultos, pero ató a diez niñas. A ellas les disparó; mató a cinco e hirió a cinco; después de hacerlo, se quitó la vida.

Esa horrorosa violencia causó gran angustia, pero no ira, entre los Amish. Había dolor, pero no odio; el perdón de ellos fue inmediato. En forma colectiva, procuraron tender una mano de ayuda a la familia afligida del lechero. Mientras la familia de éste se reunía en su hogar después del atentado, un vecino Amish se acercó hasta allí y estrechó entre sus brazos al padre del responsable fallecido y le dijo: “Los perdonaremos” 1 . Los líderes Amish visitaron a la esposa y a los hijos del lechero para dar su pésame, su perdón y ofrecerles ayuda y brindarles su amor. Aproximadamente la mitad del cortejo fúnebre era Amish; a la vez, los Amish invitaron a la familia del lechero a asistir al funeral de las niñas asesinadas. Una paz notable se estableció entre los Amish a medida que su fe los sostenía durante esta crisis.

Un residente local resumió con mucha elocuencia el período subsiguiente a esta tragedia cuando dijo: “Todos hablábamos el mismo lenguaje, y no sólo el inglés, sino el lenguaje de la comprensión, de la comunidad y del servicio; y, sí, el lenguaje del perdón”2. Fue una increíble efusión de su fe absoluta en las enseñanzas del Señor en el Sermón del Monte: “Haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan” 3 . Seguir leyendo

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Estoy limpio

Conferencia General Abril de 2007
“Estoy limpio”
Presidente Gordon B. Hinckley

Sean puros en la forma de hablar, de pensar, de vestir y de tratar su cuerpo.

Mis queridos hermanos del sacerdocio, qué gran inspiración es mirar los 21.000 rostros de los que se encuentran aquí en el Centro de Conferencias, y saber que también millones se reúnen en los centros de reuniones y en otros lugares alrededor del mundo. Lamento ser tan mayor en esta época en que la vida es cada vez más emocionante.

Como todos ustedes saben, hace 12 años se me ordenó y se me apartó como Presidente de la Iglesia, específicamente el 12 de marzo de 1995. El élder Ballard ha recopilado algunos datos relacionados con estos 12 años. Cito de su informe:

387.750 misioneros ingresaron al campo misional, lo cual representa casi un 40 por ciento de los misioneros que prestaron servicio en esta dispensación, eso significa el 40 por ciento de los últimos 12 años, de los 177 años desde que se organizó la Iglesia.
Se han bautizado 3.400.000 conversos, lo que equivale a más de una cuarta parte del total actual de miembros de la Iglesia.
El número total de misiones de la Iglesia ha aumentado de 303 a 344, y muy pronto se van a agregar tres más.
La retención, de acuerdo con la asistencia a las reuniones sacramentales, las ordenaciones al sacerdocio y la fidelidad en el pago del diezmo, ha aumentado de modo significativo.
Ahora bien, a pesar de que todo eso tiene un significado extraordinario, estoy convencido de que con un poquito más de dedicación, ese maravilloso pasado tan reciente podría ser el prólogo de un futuro grandioso.

Pongamos todo nuestro hombro a la lid con fervor, hagamos nuestra obra con afán y amor. Hay que luchar y trabajar. Pongan su hombro a la lid con fervor. (Véase, “Pon tu hombro a la lid”, Himnos, Nº 164.)

Quisiera ahora tocar un tema diferente. He hablado de esto hace muchos años, pero lo vuelvo a repetir porque quienes lo oyeron aquella vez ya se han olvidado y quienes nunca lo oyeron necesitan oírlo. Se trata del presidente Joseph F. Smith, que prestó servicio como Presidente de la Iglesia durante 17 años, desde 1901 hasta 1918.

El padre de Joseph F. Smith era Hyrum Smith, hermano del profeta José Smith, que fue asesinado con él en Carthage. Joseph F. nació en Far West, Misuri, el 13 de noviembre de 1838 y fue llevado de allí siendo aun muy pequeñito. Siendo todavía un niño, ya que no había cumplido los seis años, durante la noche oyó que alguien llamaba a la ventana de la casa de su madre, en Nauvoo. Era un hombre que había ido cabalgado a toda prisa desde Carthage para notificar a la hermana Smith que esa tarde habían asesinado a su esposo.

A la edad de nueve años, condujo con su madre una yunta de bueyes a través de las llanuras hasta este valle. Cuando tenía quince años, se le llamó para servir una misión en Hawai. Se las arregló para viajar a San Francisco, donde trabajó en una fábrica a fin de ganar el dinero que necesitaba para viajar a las islas. Seguir leyendo

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El Sacerdocio: Un don sagrado

Conferencia General Abril de 2007
El Sacerdocio: Un don sagrado
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos.

Hermanos, estamos reunidos esta noche como un poderoso cuerpo del sacerdocio, tanto aquí en el Centro de Conferencias como en diferentes lugares alrededor del mundo. Me siento honrado por el privilegio de hablarles; ruego que la inspiración del Señor guíe mis pensamientos e inspire mis palabras.

Durante las últimas semanas, al reflexionar sobre lo que les podría decir esta noche, he pensado muchas veces en la bendición que tenemos de poseer el sagrado sacerdocio de Dios. Cuando miramos al mundo en su totalidad, con una población de más de seis y medio millares de millones de personas, nos damos cuenta de que somos un grupo muy pequeño y selecto. Los que poseemos el sacerdocio somos, en las palabras del apóstol Pedro: “…linaje escogido, real sacerdocio…” 1 .

El presidente Joseph F. Smith dijo que el sacerdocio es: “El poder de Dios delegado al hombre, mediante el cual éste puede actuar en la tierra para la salvación de la familia humana…, por medio del cual se puede declarar la voluntad de Dios, como si ángeles estuviesen presentes para declararla ellos mismos,… mediante el cual los hombres están facultados para que lo que aten en la tierra sea atado en los cielos, y lo que desaten en la tierra sea desatado en los cielos”. El presidente Smith agregó: “[El sacerdocio] es sagrado, y la gente debe conservarlo sagrado” 2 .

Mis hermanos, el sacerdocio es un don que trae aparejado no sólo bendiciones especiales sino también responsabilidades solemnes. Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos. Vivimos en una época en la que nos encontramos rodeados por muchas cosas que tienen la intención de atraernos a caminos que nos conducen a la destrucción. Evitar esos caminos requiere determinación y valor.

El valor es importante. Esa verdad la aprendí hace muchos años por medio de una experiencia vívida y dramática. En ese entonces prestaba servicio como obispo. Se llevaba a cabo la sesión general de nuestra conferencia de estaca en el Salón de Asambleas de la Manzana del Templo, en Salt Lake City; se iba a reorganizar nuestra presidencia de estaca. El Sacerdocio Aarónico, incluyendo a los miembros de los obispados, estaba encargado de la música para la conferencia. Cuando terminamos de cantar el primer número musical, el presidente Joseph Fielding Smith, la autoridad que nos visitaba, leyó desde el púlpito los nombres de la nueva presidencia de estaca, para que la congregación los aprobara. Entonces mencionó que Percy Fetzer, quien sería nuestro nuevo presidente de estaca y que John Burtstoy sería nuestro primer consejero —cada uno de los cuales había sido consejero en la presidencia anterior— ya sabían con anticipación acerca de su nuevo llamamiento, antes de comenzar la conferencia. Pero él indicó, que yo, sin embargo, que había sido llamado como segundo consejero de la nueva presidencia de estaca, no había tenido conocimiento de mi llamamiento hasta ese momento, en que se había leído mi nombre para el voto de sostenimiento. Después anunció: “Si el hermano Monson está dispuesto a aceptar este llamamiento, nos gustaría escuchar sus palabras ahora”.

Cuando me paré ante el púlpito y miré ese mar de personas, recordé la canción que acabábamos de cantar; se refería a la Palabra de Sabiduría y se llamaba: “Ten valor, hijo mío, para decir que no”. Ese día escogí como tema de mis palabras: “Ten valor, hijo mío, para decir que sí”. Todos necesitamos valor constantemente, valor para defender nuestras creencias, valor para cumplir nuestras responsabilidades, valor para honrar nuestro sacerdocio. Seguir leyendo

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