Mensaje a mis nietos varones

Conferencia General Abril de 2007
Mensaje a mis nietos varones
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Espero que cada uno de ustedes se convierta en un hombre de Dios, y lo lograrán por medio de las obras rectas.

Hermanos, esta noche me gustaría hablarles como si fueran mis nietos. Deseo que lo que tenga que decir se aplique a todos los jóvenes poseedores del sacerdocio en todas partes. Al pensar en esta gran congregación y también en los miles más que se unen a nosotros vía satélite, me recuerda la gran bendición que es ser un poseedor del sacerdocio; es una que se reserva para unos pocos, considerando los miles de millones de personas que hay en el mundo. El poseer el sacerdocio es un destacado honor; aun así, cualquier hombre o joven digno mayor de 12 años puede recibirlo en la Iglesia.

El sacerdocio es la autoridad delegada al hombre para ministrar en el nombre de Dios. Es un poder que nadie puede asumir por su propia cuenta. Como dijo Pablo: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón” 1 . Es una autoridad que ningún poder humano puede crear.

Peter, un joven presbítero, escribió acerca de una experiencia que le enseñó que el poder del sacerdocio es muy real. A un joven converso de su barrio en Ontario, Canadá, se le sostuvo como maestro en el Sacerdocio Aarónico, y a Peter se le pidió que fuera él quien efectuara la ordenación. Peter escribió: “Nunca había puesto mis manos sobre la cabeza de nadie y me sentía muy inepto. Pero… el Espíritu me aseguró que estaba bien que lo hiciera…”.

“El joven que iba a ser ordenado se sentó en la silla, yo me paré directamente detrás de él. [Nuestro presidente de Hombres Jóvenes] me guió en la ordenación y fui repitiendo cada palabra que él me decía. Al terminar la ordenación diciendo: ‘…y ahora deseamos pronunciar una bendición sobre tu cabeza…’ [el presidente de Hombres Jóvenes] me miró y me indicó que debía continuar por mí mismo.

“En ese instante, el significado del sacerdocio cambió completamente para mí. Ya no era tan sólo un título, sino la auténtica autoridad para actuar en el nombre de Dios. Y ahora estaba confiriéndole esa autoridad a otra persona. Hice una pausa y esperé que el Espíritu me susurrara lo que tenía que decir. Es difícil para mí describir lo que sentí durante la bendición, pero puedo declarar que tengo un testimonio más fuerte de que el poder del sacerdocio es verdadero” 2 .

Ustedes, hombres jóvenes, sin duda están ansiosos de recibir el Sacerdocio mayor o de Melquisedec. De este sacerdocio mayor el profeta José Smith dijo: “Quedó instituido desde antes de la fundación de esta tierra, antes que ‘las estrellas todas del alba alabaran, y se regocijaran todos los hijos de Dios’, y es el sacerdocio mayor y más santo, y es según el orden del Hijo de Dios” 3 .

Como poseedores del sacerdocio somos agentes del Señor. El Señor habló de este sagrado oficio a los élderes de la Iglesia en Kirtland en 1831: “De modo que, siendo vosotros agentes, estáis en la obra del Señor; y lo que hagáis conforme a su voluntad es asunto del Señor” 4 .

El presidente Hinckley a menudo nos ha recordado que la obra misional es esencialmente una responsabilidad del sacerdocio. Es un gran honor y una responsabilidad el ser llamado a servir al Señor en la obra misional. Este servicio nos aporta gozo duradero a pesar de que a veces pueda ser desafiante y desalentador. Mi misión cambió el curso de mi vida. Fue una de las experiencias más maravillosas que he tenido. El servir en una misión nos prepara para la labor del resto de nuestra vida y de la eternidad.

Espero que cada uno de ustedes se convierta en un hombre de Dios, y lo lograrán por medio de las obras rectas. Honrarán y magnificarán su sacerdocio y, tal como dijo el apóstol Pablo: “[Seguirán] la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” 5 . Seguir leyendo

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Atesoren para sí

Conferencia GeneralAbril de 2007
Atesoren para sí
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Instamos a los poseedores del sacerdocio a almacenar lo suficiente para que ustedes y su familia puedan soportar las vicisitudes de la vida.

Mis queridos hermanos, qué gran bendición es estar reunidos con la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles. Cada poseedor del sacerdocio aquí presente, ya sea que tenga 12 ó 112 años, puede heredar el orden celestial de vida “mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio” 1 . Es maravilloso reflexionar en ello; y sé que es cierto. ¡Ustedes son quienes están a cargo de su mundo!

Con esta perspectiva por delante, consideremos la siguiente historia: Un joven lleno de aspiraciones y de energía se matriculó en una selecta universidad. En aquel tiempo, tenía el oficio de presbítero en el Sacerdocio Aarónico. Su meta era elevada: deseaba llegar a ser médico. Su objetivo era ambicioso: quería ser rico. Deseaba jugar al fútbol americano, así que fue a hablar con los entrenadores, y con el tiempo consiguió entrar en el equipo. Una vez allí, podía tener reconocimiento y el derecho de alardear como sólo se hace en el mundo del deporte universitario. Tales eran las cosas que tenía en la mente.

Pero no había reparado en algo que terminaría por frustrar sus grandes y vanas ambiciones: no había atesorado para sí. Había subestimado la importancia de una preparación adecuada, de la necesidad de asistir regularmente y del estudio disciplinado, así como de la clase de química de la universidad. Las consecuencias se dieron rápidamente y sin clemencia: Se produjeron antes de los noventa días. Sucedió así:

El día en que su cuerpo de 1,73 metros y de 77 Kg. se encontró en la línea de contacto frente a un jugador gigantesco del mejor equipo de la universidad, supo que se había equivocado de deporte.

Al no estar acostumbrado a un estudio riguroso, sus ojos y su mente se rehusaban a funcionar luego de algunos breves momentos de estar con los libros.

El punto culminante de su fracaso fue el examen final de química. Basta decir que sus respuestas al azar a las preguntas de opción múltiple ni siquiera se aproximaron al promedio regular. Fue un completo fracaso.

Por medio del trabajo arduo, de una misión que le dio una visión correcta de los propósitos de la vida y de una preparación constante y tenaz, logró superar las consecuencias de ese breve periodo de insensatez. No obstante, todavía hoy tengo pesadillas sobre aquella clase de química.

Afortunadamente, el Señor nos ha demostrado cómo evitar semejante insensatez. Nos dijo:

“Escuchad, oh pueblo de mi iglesia… Escuchad, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del mar, oíd juntamente. Seguir leyendo

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Al Sacerdocio Aarónico: Cómo prepararse para la década de las decisiones

Conferencia General Abril de 2007
Al Sacerdocio Aarónico: Cómo prepararse para la década de las decisiones
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La forma en que hoy portan el sacerdocio los preparará para tomar las decisiones más importantes del futuro.

Qué gozo es estar en su presencia, hermanos, al encontrarse reunidos alrededor del mundo. Me recuerda las palabras del himno: “¡Mirad! Reales huestes ya entran a luchar con armas y banderas, el mal a conquistar” 1 . En verdad, ustedes son las reales huestes de Dios, fieles y leales.

Esta noche quisiera dirigirme a los miembros más jóvenes de esta hueste real, el Sacerdocio Aarónico: diáconos, maestros y presbíteros que se lanzan al campo de batalla de la vida. Aunque no lo recuerden, se alistaron en esta causa con una sola decisión, la que tomaron hace mucho tiempo en nuestra existencia preterrenal. Allí, en el Gran Concilio de los Cielos, decidieron obedecer la voluntad de nuestro Padre Celestial y de Su hijo Jesucristo. Recuerden esto: ustedes son hijos de Dios que decidieron seguir al Salvador cuando más importaba, y eso los convierte en hombres verdaderamente grandes.

Por motivo de esa divina decisión que determinó su progreso eterno, recibieron un cuerpo físico, ganaron el albedrío de escoger el bien en lugar del mal y ahora están creciendo y preparándose para tomar sobre ustedes todos los atributos de nuestro Salvador. Se han bautizado y han recibido el Espíritu Santo; están aprendiendo a descubrir quiénes son, por qué están aquí y hacia dónde van; y ahora ¡han recibido el Sacerdocio Aarónico!

El Sacerdocio Aarónico es el sacerdocio preparatorio, que se ha dado para esta época de preparación de su vida. La forma en que hoy portan el sacerdocio los preparará para tomar las decisiones más importantes del futuro; entre ellas, recibir el Sacerdocio de Melquisedec, ir al templo, servir en una misión, adquirir una educación, escoger una profesión, elegir una compañera y sellarse en el santo templo por esta vida y por toda la eternidad. Hay un tiempo y una época para todas nuestras decisiones. Asegúrense de tomar las decisiones en el momento y en la época apropiados. Todas estas decisiones que repercutirán en su vida las tomarán en un período relativamente corto y muy ocupado, entre los veinte y los treinta años, durante lo que yo llamo “la década de las decisiones”.

Durante mi entrenamiento para llegar a ser piloto de combate, me preparé para tomar decisiones esenciales en un simulador de vuelo. Por ejemplo, practiqué cuándo tomar la decisión de abandonar un avión si la luz de alarma contra incendios se encendiera y éste comenzara a girar sin control. Recuerdo a un amigo muy querido que no se preparó para ello; siempre encontraba la manera de ausentarse de la práctica en el simulador y se iba a jugar al golf o a nadar. ¡Nunca aprendió los procedimientos de emergencia! Meses más tarde, su avión se incendió y se precipitó al suelo en llamas. Al percatarse de la luz de alarma contra incendios, su joven compañero, que había adquirido una reacción preprogramada, supo cuándo abandonar el avión y lanzarse a salvo en paracaídas; pero mi amigo, que no se había preparado para tomar esa decisión, permaneció en el avión y murió en el impacto.

En la década que tienen por delante, su tiempo de preparación será limitado. Como ustedes son poseedores del Sacerdocio Aarónico, es importante que se preparen ahora; deben adquirir sus propias reacciones preprogramadas para las importantes decisiones que tomarán en la próxima década de su vida; deben saber qué hacer y cuándo hacerlo cuando se encuentren ante una decisión. Recuerden que el no tomar una decisión puede ser tan fatal como el tomar la decisión equivocada. Muchas de las decisiones que tomen, o que no tomen, tendrán consecuencias eternas.

Ahora es el tiempo de convertirse en discípulos de Jesucristo, lo cual significa aceptar Su invitación: “Ven, sígueme” 2 . Ésa es la decisión que tomamos en la vida preterrenal; ahora debemos volver a tomarla aquí en la tierra, todos los días, en cada situación, al tomar el nombre del Salvador sobre nosotros, al recordar Su sacrificio expiatorio y al guardar Sus mandamientos; es lo que nos comprometimos a hacer al bautizarnos, y tenemos la oportunidad de renovar esos convenios cada vez que participamos de la Santa Cena. Seguir leyendo

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Las lecciones aprendidas de la vida

Conferencia General Abril de 2007
Las lecciones aprendidas de la vida
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Les insto a que examinen sus vidas; determinen dónde se hallan y qué precisan hacer para ser la clase de persona que desean ser.

Últimamente he reflexionado en muchas de las maravillosas experiencias que he tenido en mi vida. Al expresar gratitud a mi Padre Celestial por estas magníficas bendiciones y oportunidades, me he dado cuenta, tal vez más que nunca, de lo críticos que fueron los años formativos de mi vida.

Muchos de los momentos más importantes y vitales de mi existencia tuvieron lugar cuando era joven. Las lecciones que aprendí en ese tiempo formaron mi carácter y moldearon mi destino. Sin ellas, sería un hombre muy distinto y me hallaría en un lugar muy diferente al que me encuentro hoy. Esta tarde deseo hablar unos minutos acerca de algunas de esas experiencias y de lo que he aprendido de ellas.

Jamás olvidaré un partido de fútbol americano contra una escuela secundaria rival. Yo jugaba de extremo con la asignación de bloquear al defensa o desmarcarme para que mis compañeros me pasaran la pelota. El motivo por el que recuerdo tan bien aquel partido es que el jugador del equipo contrario, al que se suponía que yo debía bloquear, era un gigante.

Yo no era el deportista más alto del mundo, pero creo que aquel muchacho podía serlo. Recuerdo haber mirado hacia arriba pensando que probablemente él pesaba el doble que yo. Recuerden que por aquel entonces los jugadores no utilizábamos las protecciones que se emplean en la actualidad. Mi casco era de piel y carecía de la protección frontal.

Cuanto más pensaba al respecto, más me consternaba: si dejaba que aquel jugador me atrapara, podía pasarme el resto de la temporada animando a mi equipo desde la cama de un hospital.

Por suerte para mí, yo era rápido, y durante gran parte del primer tiempo logré evitarlo.

Excepto en una jugada.

Nuestro lanzador se retrasó para hacer un pase. Yo estaba desmarcado, así que me lanzó la pelota, que se dirigió volando hacia mí.

El único problema era que podía oír la estampida que había a mis espaldas. En un momento de claridad caí en la cuenta de que si atrapaba la pelota, cabía la posibilidad de que a partir de entonces tuviera que comer a través de una sonda. Pero la pelota venía hacia mí y el equipo contaba conmigo; así que extendí los brazos… y en el último momento… alcé la mirada.

Y allí estaba él. Seguir leyendo

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Un tabernáculo en el desierto

Conferencia General Abril 2007
Un tabernáculo en el desierto
Presidente Gordon B. Hinckley

Estas instalaciones han constituido un fantástico y único lugar de asamblea.

Esta tarde, mis hermanos y hermanas, nos encontramos reunidos una vez más en este histórico tabernáculo, donde nos hemos reunido tantas veces en conferencias del pasado.

Ahora bien, este edificio ha pasado por una amplia renovación y remodelación para ajustarlo a los nuevos códigos sísmicos. Con esta tarea, esperamos y rogamos que no se hayan destruido sus elementos históricos.

Algunos de los antiguos bancos se han conservado y continuarán utilizándose, pero ya se habrán dado cuenta de que los nuevos bancos son igual de duros que lo eran los antiguos.

Se han agregado nuevas salidas para cumplir con los requisitos actuales. Los grandes pilares de piedra que constituyen sus muros exteriores se han reforzado y fortalecido considerablemente. El tejado o techo exterior se ha reforzado aplicando nuevos materiales e incorporando planchas de acero en la armadura.

Les recuerdo que no es la primera vez que se hacen cambios en este edificio; se modificó incluso poco después de su creación, ya que en un principio no contaba con platea y se tuvo que añadir una.

A lo largo de todos estos años, estas instalaciones han constituido un fantástico y único lugar de asamblea. Muchos hombres y mujeres han tomado aquí la palabra para testificar de la restauración del evangelio de Jesucristo. Desde los tiempos de Brigham Young hasta el presente, todos los profetas han discursado desde este púlpito, así como lo han hecho otros hombres y mujeres prominentes, entre ellos varios presidentes de los Estados Unidos. Estas instalaciones han sido el centro de las artes y de la cultura de esta comunidad e incluso la orquesta sinfónica de Utah, en sus comienzos, hizo uso de este lugar para sus interpretaciones. Se han albergado grandes producciones artísticas, como El Mesías y el programa Tanner de Talentos de Música, y desde aquí se han efectuado funerales de personas prominentes. Ciertamente, el tabernáculo ha representado un punto central para esta comunidad a lo largo de todos estos años.

Se trata de un edificio peculiar, el único en su género en todo el mundo. Se construyó hace casi un siglo y medio en tiempos de necesidad para nuestro pueblo y se convirtió literalmente en un tabernáculo edificado en el desierto. En aquella época, todavía faltaba mucho tiempo para terminar la construcción del templo. Los que construyeron el tabernáculo lo hicieron con fe y valiéndose de sus rudimentarias aptitudes arquitectónicas. Los escépticos, que nunca faltan, predijeron que el techo se desmoronaría una vez que se retirara el andamio; esto no sucedió, y ha permanecido en su sitio bajo la luz del sol y bajo las tormentas durante todos estos años. Seguir leyendo

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Recuerdos del Tabernáculo

Conferencia General Abril de 2007
Recuerdos del Tabernáculo
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Al rededicar este edificio hoy, ruego que nos comprometamos a rededicar nuestra vida a la obra de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Mis hermanos y hermanas, tanto los que están aquí en el Tabernáculo como los que escuchan por diversos medios en todo el mundo; es un gozo para mí encontrarme otra vez ante ustedes en este magnífico edificio. En este lugar no se puede sino sentir el espíritu de los primeros santos que construyeron esta hermosa casa de adoración, así como de todos los que a través de los años se han afanado por preservarla y embellecerla.

En estos días he estado pensando sobre los muchos acontecimientos significativos de mi vida vinculados con el Tabernáculo de Salt Lake. Aun cuando son demasiados para mencionarlos hoy, quisiera recordar algunos.

Recuerdo los días en que se acercaba mi bautismo cuando tenía ocho años. Mi madre me habló del arrepentimiento y del significado del bautismo; después, un sábado de septiembre de 1935, me trajo en un tranvía al baptisterio del Tabernáculo que, hasta hace poco, se encontraba en este edificio. En aquella época no se acostumbraba tanto como ahora que los padres bautizaran a los hijos, porque la ordenanza se llevaba a cabo, por lo general, un sábado por la mañana o por la tarde, y muchos hombres trabajaban en su profesión u oficio diario. Me vestí de blanco y me bautizaron. Recuerdo aquel día como si fuera ayer y la felicidad que sentí al llevarse a cabo esa ordenanza.

A través de los años, y particularmente durante el tiempo en que presté servicio como obispo, fui testigo de muchos otros bautismos en la pila bautismal del Tabernáculo. Cada uno fue una ocasión especial e inspiradora, y sirvieron para recordarme mi propio bautismo.

En abril de 1950 mi esposa Frances y yo asistimos a la sesión del domingo por la tarde de la conferencia general que se efectuó en este edificio. El presidente George Albert Smith era el Presidente de la Iglesia y, al clausurar la conferencia, pronunció un discurso inspirador y potente en cuanto a la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sin embargo, antes de dar fin a sus palabras, pronunció una advertencia profética; dijo: “No pasará mucho tiempo antes de que las calamidades dominen a la familia humana, a menos que haya un pronto arrepentimiento. No pasará mucho antes de que los que estén esparcidos sobre la tierra mueran por millones… debido a lo que ha de sobrevenir”. Aquellas palabras eran alarmantes puesto que provenían de un profeta de Dios.

Dos meses y medio después de aquella conferencia general, el 25 de junio de 1950, estalló la guerra en Corea, una guerra en la que se calcula que se perdieron dos millones y medio de vidas. Ese acontecimiento me hizo reflexionar sobre la declaración que hizo el presidente Smith cuando nos encontrábamos en este edificio aquel día de primavera.

Asistí a muchas sesiones de la conferencia general en el Tabernáculo, y siempre me elevaron e inspiraron las palabras de las Autoridades Generales. Entonces, en octubre de 1963, el presidente David O. McKay me invitó a su oficina y me extendió el llamamiento para prestar servicio como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles; me pidió que mantuviera el sagrado llamamiento confidencial, que no se lo revelara a nadie excepto a mi esposa, y que asistiera a la conferencia general en el Tabernáculo al día siguiente, cuando mi nombre se iba a leer en voz alta. Seguir leyendo

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Rededicación del Tabernáculo de Salt Lake

Conferencia General Abril de 2007
Rededicación del Tabernáculo de Salt Lake
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Agradezco que este magnífico edificio se haya fortalecido y renovado a fin de que se siga utilizando para instruir y edificar a los hijos de Dios.

Es un gran honor y privilegio formar parte del servicio de rededicación de este gran edificio, el Tabernáculo de Salt Lake, que se encuentra al oeste del Templo de Salt Lake. Reconocemos a todos aquellos que hayan tenido algo que ver con la gran obra que se ha realizado en este edificio. En especial, agradecemos al Obispado Presidente: el obispo H. David Burton, el obispo Richard C. Edgley y el obispo Keith B. McMullin, por su excelente liderazgo al dirigir la obra de actualizar y restaurar el Tabernáculo de Salt Lake.

Guardo gratos recuerdos de cuando era niño y venía a este tabernáculo; aquí me bautizaron. Cuando se me ordenó diácono, mi padre me trajo aquí para asistir a la reunión general del sacerdocio; llegamos quince minutos antes y fácilmente pudimos conseguir asientos en la galería.

En los primeros días de la Iglesia, los únicos dos edificios que se construyeron específicamente para adorar fueron el Templo de Kirtland y el de Nauvoo; ambos se construyeron de acuerdo con la revelación. El primer edificio de la Iglesia del que se tiene constancia, que se construyó para que fuese un centro de reuniones, también se pensaba utilizar como escuela; se edificó con troncos, en Misuri, en 1831 1 .

Para cuando el Templo de Kirtland se dedicó en 1836, ya era demasiado pequeño para dar cupo a todos los santos que deseaban asistir a la dedicación. Lleno de pesar, el profeta José Smith escribió que en el edificio no había cupo para más gente 2 . No obstante, a medida que aumentaba la violencia contra los santos en Kirtland, en 1838 la mayoría de los miembros de la Iglesia se trasladaron a Misuri, dejando atrás ese hermoso edificio.

Con el Templo de Nauvoo se siguió esencialmente el mismo modelo que con el Templo de Kirtland con respecto a las salas de asambleas del primer y del segundo piso. Sin embargo, antes de que el Templo de Nauvoo se terminara, en 1846, los santos se reunían afuera, muchas veces cerca del templo, para oír hablar al profeta José y a otros líderes de la Iglesia. A esas reuniones, a veces, asistían miles de personas.

Como observó George A. Smith, con su humor característico: “En los días del profeta José… el ‘mormonismo’ florecía mejor al aire libre”. La razón fue porque “antes de la muerte del Profeta, no construimos un edificio lo suficientemente grande donde cupieran los santos” 3 .

De vez en cuando, el mal tiempo interrumpía esos servicios al aire libre, lo que incomodaba tanto a los oradores como a la congregación. El presidente Joseph F. Smith, que recordaba bien la incomodidad de esas reuniones al aire libre cerca del Templo en Nauvoo, dijo: Seguir leyendo

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Recuerda y no perezcas

Conferencia General Abril de 2007
Recuerda y no perezcas
Élder Marlin K. Jensen
De los Setenta

Recordar, como Dios desea que lo hagamos, es un principio de salvación y fundamental del Evangelio.

Me siento honrado de hablar después de la hermana Parkin. Su servicio y sus enseñanzas, así como las de sus consejeras nos han bendecido a todos. Casi a esta misma hora, hace dieciocho años y medio, me paré cerca de este púlpito esperando que terminara de cantar la congregación para dar mi primer discurso en una conferencia general. En aquel momento, mi preocupación debe haber sido muy evidente, ya que el élder Tom L. Perry, que estaba detrás de mí, se inclinó hacia adelante, y en su manera de ser positiva y entusiasta me susurró: “No te preocupes”, me dijo, “¡hace años que no muere nadie en este púlpito!”.

Esas palabras de aliento, y los breves minutos que le siguieron, en los que hablé por vez primera ante una audiencia mundial de Santos de los Últimos Días, constituyen un recuerdo que atesoro. Igual que ustedes, constantemente acumulo una fuente de recuerdos, que al evocarlos, forman parte útil y a menudo deleitable de mi consciencia; y a pesar del propósito que me hice de joven de no aburrir nunca a los demás con mis reminiscencias cuando fuera mayor, ahora me deleito mucho al compartirlas casi siempre que me es posible. Sin embargo, hoy quisiera hablar de una función más significativa de la memoria y de las reminiscencias en el evangelio de Jesucristo, en lugar de la función pasiva de recordar y de disfrutar de la información.

Si prestamos atención al uso de la palabra recordar en las Escrituras, nos damos cuenta que “recordar”, como Dios desea que lo hagamos, es un principio de salvación y fundamental del Evangelio; y lo es porque las amonestaciones proféticas de que recordemos, con frecuencia son un llamado a la acción: a escuchar, a ver, a obedecer, a hacer y a arrepentirnos 1 . Si recordamos a la manera de Dios, superaremos nuestra tendencia humana de sólo prepararnos para la batalla de la vida, y en realidad participamos en la batalla misma, haciendo todo lo posible por resistir la tentación y evitar el pecado.

El rey Benjamín le pidió a su pueblo ese tipo de recuerdo activo:

“Y por último, no puedo deciros todas las cosas mediante las cuales podéis cometer pecado; porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos.

“Pero esto puedo deciros, que si no os cuidáis a vosotros mismos, y vuestros pensamientos, y vuestras palabras, y vuestras obras, y si no observáis los mandamientos de Dios ni perseveráis en la fe de lo que habéis oído concerniente a la venida de nuestro Señor, aun hasta el fin de vuestras vidas, debéis perecer. Y ahora bien, ¡oh hombre!, recuerda, y no perezcas” 2 .

Al comprender la función primordial que debe tener en nuestra vida el recordar, ¿qué más debemos recordar? Como respuesta, al congregarnos hoy para recordar y volver a dedicar este Tabernáculo histórico, sugiero que la historia de La Iglesia de Jesucristo y de su pueblo merece que se recuerde. Las Escrituras dan gran prioridad a la historia de la Iglesia; de hecho, la historia de la Iglesia forma gran parte de las Escrituras. El mismo día que se organizó la Iglesia, Dios mandó a José Smith: “He aquí, se llevará entre vosotros una historia” 3 . José obedeció ese mandamiento al nombrar a Oliver Cowdery, el segundo élder de la Iglesia y su ayudante principal, como el primer historiador de la Iglesia. Llevamos registros para ayudarnos a recordar, y desde la época de Oliver hasta el presente, se ha llevado un registro del crecimiento y del progreso de la Iglesia. Ese extraordinario registro histórico nos recuerda que Dios ha abierto de nuevo los cielos y ha revelado verdades que instan a nuestra generación a actuar. Seguir leyendo

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Gratitud: Un sendero hacia la felicidad

Conferencia General Abril 2007

Gratitud: Un sendero hacia la felicidad

Bonnie D. Parkin
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

La gratitud es un principio lleno del Espíritu; nos hace reconocer un universo en el que está presente la riqueza de un Dios viviente.


Esta tarde tengo el honor de representar a aquellas líderes de la Sociedad de Socorro que, en este mismo tabernáculo, compartieron las doctrinas del reino, recalcaron la importancia de la función de la mujer en el hogar y en la familia, se brindaron servicio caritativo unas a otras y les recordaron a sus hermanas la alegría que proviene de un recto vivir.

Desde este púlpito en 1870, Eliza R. Snow les hizo a miles de mujeres una pregunta que quisiera repetir hoy: “¿Saben de algún lugar sobre la faz de la tierra donde la mujer tenga más libertad y donde disfrute de tan supremos y gloriosos privilegios que aquí, como Santo de los Últimos Días?” 1 . Doy testimonio de que las mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días disfrutan de sublimes y gloriosos privilegios.

La cesta de bendiciones
Permítanme contarles un dulce relato. Una familia pasaba por tiempos difíciles; les resultaba difícil dejar de pensar en esos desafíos. La madre escribió: “Nuestro mundo se había desmoronado, así que acudimos a nuestro Padre Celestial para que nos guiara. Casi de inmediato, nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de bondad y de palabras de ánimo por todas partes. Como familia, empezamos a expresarnos gratitud a diario unos a otros, así como al Señor. Una amiga íntima me comentó que nuestra ‘cesta de bendiciones’ rebosaba. De esa conversación resultó un tipo de juego que a mis hijos y a mí nos gustó mucho. Todas las noches, antes de decir la oración familiar, hablábamos de lo que había sucedido ese día y después hablábamos de las muchas bendiciones que se habían agregado a nuestra ‘cesta de bendiciones’. Cuanta más gratitud expresábamos, más teníamos que agradecer. Sentimos el amor del Señor de manera palpable a medida que se presentaban oportunidades para progresar” 2 .

¿Cómo se beneficiaría su familia si contara con una “cesta de bendiciones”?

Un principio lleno del Espíritu
La gratitud requiere reconocimiento y esfuerzo, no sólo para sentirla, sino para expresarla. Con frecuencia no reconocemos la mano del Señor; murmuramos, nos quejamos, nos oponemos, criticamos; muchas veces no demostramos gratitud. En el Libro de Mormón aprendemos que los que murmuran no conocen “la manera de proceder de aquel Dios que los… [creó]” 3 . El Señor nos aconseja que no murmuremos, ya que eso dificulta que el Espíritu obre en nosotros. Seguir leyendo

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Si estas viejas paredes hablaran

Conferencia General Abril de 2007
Si estas viejas paredes hablaran
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

Por más de un siglo, las palabras de los profetas, videntes y reveladores de los últimos días han salido al mundo desde este podio.

El presidente Hinckley dijo en una conferencia de prensa en octubre de 2004: “Respeto, amo y honro este edificio. Quiero que sea preservado… Quiero que al viejo y original Tabernáculo se le unan las débiles juntas o junturas… y que se le refuercen pero que se preserve su magnífica belleza natural”. Luego me miró y dijo: “No hagan nada que no deban; pero hagan lo que hagan, háganlo bien y correctamente” 1 .

Con esas conmovedoras pero firmes palabras, se dio la orden de preservar, fortalecer y devolver el viejo y original Tabernáculo de Salt Lake, reforzado y listo para otro período de distinguido servicio.

Hoy, estimado Presidente, presentamos este antiguo edificio, revestido con un nuevo acabado, decorosamente revestido con su elegancia histórica, aunque un poco más cómodo. El Obispado Presidente, junto con más de 2000 artesanos, con orgullo devuelven el “viejo y original Tabernáculo” junto con una garantía de cien años.

La petición del presidente Hinckley de restituir “el viejo y original Tabernáculo” llegó a ser la norma para tomar decisiones arquitectónicas y de construcción difíciles. La frase se utilizó para expresar la esencia y el objetivo del proyecto. Sirvió como el equivalente del estandarte de la libertad del capitán Moroni y en efecto así fue, “enarbola[da]… sobre todas las torres” e izada “en cuanto lugar” fuese necesario 2 .

Si estas viejas paredes hablaran, se unirían a nosotros para expresar un sincero agradecimiento a los arquitectos de FFKR, a la Constructora Jacobsen, y lo más importante, a todo el equipo de la Iglesia encargado del proyecto, junto a muchas otras personas cuyas habilidades hicieron que esta compleja tarea fuera posible. Uno de los oficiales del equipo hizo esta observación: “Al consultarnos los unos a los otros, el Señor pudo darnos capacidad más allá de nuestras propias habilidades”.

Los integrantes del proyecto sintieron gran reverencia por la belleza del Tabernáculo, por los constructores originales y por la calidad de su trabajo. Ellos se maravillaron de que por más de un siglo, las palabras de los profetas, videntes y reveladores de los últimos días han salido al mundo desde este podio.

Si estas viejas paredes hablaran, estoy seguro que expresarían agradecimiento por sus nuevos firmes cimientos; estarían encantadas con su nueva banda de acero que las mantiene erguidas y derechas. Estas viejas paredes dirían gracias por haber raspado catorce capas de pintura del techo interior, por haberlo emparchado y aplicado una hermosa capa nueva.

Estas viejas paredes expresarían gratitud por la protección y la belleza de un nuevo y brillante techo exterior de aluminio y se unirían a las bancas para disfrutar las sonrisas en los rostros de las personas cuando descubran los asientos un poco modificados con unos centímetros más para las rodillas. Seguir leyendo

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Los profetas pioneros y los modernos

Conferencia General Abril de 2007
Los profetas pioneros y los modernos
Élder Earl C. Tingey
De la Presidencia de los Setenta

Tanto el presidente Brigham Young como el presidente Gordon B. Hinckley son profetas que han guiado la Iglesia por medio de la inspiración y revelación.

Mis hermanos y hermanas, al encontrarme ante el púlpito de este viejo pero nuevo Tabernáculo, me conmueve profundamente el sentido histórico que percibo en este momento. Al tener un pie plantado en el pasado y el otro en el futuro, doy gracias por los profetas y por los apóstoles, pioneros y modernos, que han tenido y siguen teniendo la visión de construir y conservar este maravilloso edificio para el futuro.

Quiero hablarles de dos de estos hombres de visión: De Brigham Young y de su sucesor de hoy en día.

Brigham Young fue el segundo profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Dirigió la Iglesia durante 33 años. Construyó este Tabernáculo y presidió su dedicación durante la conferencia general de octubre de 1875, hace más de 131 años.

Brigham Young tuvo muchos otros logros y sólo puedo hacer mención de unos pocos.

Fue un pionero, o sea, alguien que abre o prepara el camino para que otros lo sigan. Un escritor dijo de Brigham Young: “Llevó hasta un territorio desconocido a un grupo de harapientos y empobrecidos, despojados virtualmente de todo bien terrenal. Tanto sus críticos como los que escribieron su biografía observaron que ese hombre fue único entre los líderes de la historia moderna, porque él solo, sin respaldo político ni económico estableció, de la nada en el desierto, una sociedad ordenada e industriosa sin ninguna otra autoridad que no fuera la autoridad del sacerdocio y la fortaleza espiritual con la que pronunció sus enseñanzas. Por medio de exhortaciones e instrucciones constantes, unificó a su pueblo y lo inspiró a que llevase a cabo el mandato divino de edificar el reino de Dios sobre la tierra” 1 .

Al entrar por primera vez al Valle del Gran Lago Salado, Brigham Young declaró: “Éste es el lugar correcto” 2 . Más adelante dijo:

“Dios me ha mostrado que éste es el lugar para ubicar a Su pueblo y aquí será donde prosperarán. Él templará los elementos para el bien de los santos; reprenderá la escarcha y la esterilidad del suelo, y la tierra llegará a ser fructífera,… y en este lugar edificaremos una ciudad y un templo al Dios Altísimo” 3 . Seguir leyendo

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El espíritu del Tabernáculo

Conferencia General Abril de 2007

El espíritu del Tabernáculo

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

El tabernáculo …se destaca como un emblema de la restauración del evangelio de Jesucristo.


Hace cuarenta y seis años se me llamó para ser Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles y vine, por primera vez, a este púlpito. Tenía treinta y siete años, y me encontraba entre los venerables y sabios profetas y apóstoles cuyas palabras, como dice el himno, “son de… siervos del Señor que nos enseñan” (“Palabras de amor”, Himnos, Nº 176). Me sentí profundamente inepto.

En esa época tuve, aquí en el Tabernáculo, una experiencia decisiva que me tranquilizó y me dio valor.

En aquellos días, la conferencia de la Primaria se llevaba a cabo aquí antes de la conferencia general de abril. Entré por una de las puertas del lado sur justo en el momento en que un numeroso coro de niños de la Primaria cantaba el himno de apertura, bajo la dirección de la hermana Lue S. Groesbeck, miembro de la Mesa Directiva General de la Primaria. Cantaban:

Con quietud, pensaré reverente en ti, Señor.
Con quietud, cantaré reverente a ti loor.
Con quietud y humildad pido en oración,
Tu Espíritu haz morar en mi corazón.
(“Con quietud”, Canciones para los niños, pág. 11.)

Los niños cantaban suavemente. El organista, que comprendía que la excelencia no necesita atraer la atención a sí misma, no ejecutó un solo mientras ellos cantaban, sino que con gran habilidad, y casi sin notarse, armonizó las voces con una melodía de inspiración y de revelación. Aquel fue el momento decisivo que fijó, profunda y permanentemente en mi alma, aquello que más necesitaba para sostenerme en los años futuros.

Sentí lo que tal vez sintió Elías el profeta cuando selló los cielos en contra del inicuo rey Acab y escapó a una cueva para buscar al Señor:

“…un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas… pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.

“Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego [vino] un silbo apacible y delicado. Seguir leyendo

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Yo sé que vive mi Señor!

Conferencia General Abril de 2007

¡Yo sé que vive mi Señor!

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

A causa de que nuestro Salvador falleció en el Calvario, la muerte no tiene poder sobre ninguno de nosotros.

Hace poco, estuve mirando algunos álbumes de fotos familiares. Acudieron a mi mente preciados recuerdos mientras pasaba imagen tras imagen de seres queridos reunidos en excursiones familiares, cumpleaños, reuniones y aniversarios. Desde que se tomaron las fotografías, algunos de esos amados familiares han partido de esta vida y pensé en las palabras del Señor: “Viviréis juntos en amor, al grado de que lloraréis por los que mueran” 1 . Extraño a cada uno de los que ya se han ido de nuestro círculo familiar.

Aunque difícil y dolorosa, la muerte es una parte esencial de nuestra experiencia terrenal. Iniciamos nuestra jornada aquí, dejamos nuestra existencia preterrenal y vinimos a esta tierra. El poeta Wordsworth ilustró esa jornada en su inspirada oda a la inmortalidad. Escribió:

Un sueño y un olvido sólo es el nacimiento;
El alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida
y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido
ni de todas las cosas despojada,
pues al salir de Dios, que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido 2 .

La vida sigue su curso. La juventud es la continuación de la infancia, y la madurez llega de manera casi imperceptible. Al escudriñar y meditar en el propósito y en los problemas de la vida, tarde o temprano todos afrontamos el interrogante de la duración de nuestra existencia y de nuestra vida sempiterna. Esos interrogantes se vuelven más apremiantes cuando un ser querido se va de esta vida, o cuando hacemos frente al tener que dejar a quienes amamos.

En esos momentos, reflexionamos en la pregunta universal que mejor expresó Job en la antigüedad, cuando siglos atrás preguntó: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” 3 .

Hoy, como siempre, la voz del escéptico desafía la palabra de Dios, y cada uno debe escoger a quién oír. Clarence Darrow, famoso abogado y agnóstico, declaró: “Ninguna vida es de gran valor… y cada muerte es [tan sólo una] pequeña pérdida” 4 . Schopenhauer, el filósofo y pesimista alemán, escribió: “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación eterna de un gran error” 5 . A sus palabras se suman las de las nuevas generaciones, cuyos hombres insensatos crucifican nuevamente a Cristo, ya que modifican Sus milagros, dudan de Su divinidad y rechazan Su resurrección. Seguir leyendo

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Os es necesario nacer de nuevo

Conferencia General Abril de 2007

Os es necesario nacer de nuevo

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Por medio de la fe en Cristo podemos estar preparados espiritualmente y librarnos del pecado, sumergirnos y saturarnos en Su evangelio y ser purificados y sellados a través del Santo Espíritu de la Promesa.


La casa donde vivíamos durante mi niñez en California estaba bastante cerca de grandes huertos de albaricoques o damascos, cerezas, duraznos o melocotones, peras y otras frutas deliciosas. También vivíamos cerca de plantíos de pepinos, de tomates y de una variedad de verduras.

De niño, esperaba ansioso la época para envasar. No me gustaba lavar los frascos ni trabajar en el calor de la cocina, pero me gustaba trabajar con mi mamá y con mi papá; y, ¡me encantaba comer el fruto de mi trabajo! Estoy seguro de que comía más fruta de la que ponía dentro de los frascos.

Cada vez que veo un frasco de envase casero de cerezas o de duraznos, me acuerdo del tiempo que pasaba con mamá y papá en la cocina. Las lecciones básicas que aprendí acerca de la autosuficiencia temporal y de una vida providente al recoger y envasar alimentos, han sido una bendición en mi vida. Es interesante notar que, con frecuencia, en las experiencias simples y comunes se nos brindan las oportunidades más importantes de aprendizaje que jamás hayamos tenido.

Como adulto, he reflexionado sobre las cosas que observaba en la cocina durante la época en la que envasábamos. Esta mañana me gustaría hablar de las lecciones espirituales que aprendemos del proceso mediante el cual un pepino se convierte en un pepinillo encurtido. Invito al Espíritu Santo a que esté con nosotros mientras consideramos la importancia de esas lecciones para mí y para ustedes al venir a Cristo y al nacer de nuevo espiritualmente.

Los pepinos y los pepinillos
Un pepinillo encurtido es un pepino que se ha transformado al seguir una receta específica y una serie de pasos. Los primeros pasos para transformar un pepino en un pepinillo es prepararlo y limpiarlo. Recuerdo las muchas horas que pasaba en el patio del fondo de mi casa quitando los tallos y la tierra de los pepinos que habíamos recogido. Mi madre era muy precisa en cuanto a la preparación y la limpieza de los pepinos; tenía altas normas de limpieza y siempre inspeccionaba mi trabajo para asegurarse de que esa tarea importante se hubiese efectuado adecuadamente.

Los siguientes pasos en el proceso de la transformación son sumergir y saturar los pepinos en salmuera por un tiempo prolongado. Para preparar la salmuera, mi mamá siempre seguía una receta que había aprendido de su madre; una receta con ingredientes especiales y procedimientos meticulosos. La única forma en que los pepinos pueden convertirse en pepinillos es si están totalmente sumergidos en salmuera por un determinado periodo. El proceso para encurtirlos altera la composición del pepino en forma gradual y produce la apariencia transparente y el sabor característico del pepinillo. Rociarlo o sumergirlo de vez en cuando en salmuera no producirá la transformación necesaria; en vez de ello, se debe sumergir en forma estable, continua y completa para que ocurra el cambio que se desea.

Como último paso del proceso, se deben sellar los pepinillos encurtidos en frascos esterilizados y purificados. Se llena el frasco con los pepinillos, éstos se cubren con salmuera hirviendo y se procesan en un recipiente para calentar al baño María. Se deben quitar todas las impurezas tanto de los pepinillos como de los frascos para que se proteja y se conserve el producto final. Si se sigue este procedimiento adecuadamente, los pepinillos se pueden almacenar y disfrutar por largo tiempo.

En resumen, un pepino se transforma en pepinillo al prepararlo, limpiarlo, sumergirlo y saturarlo en salmuera, y luego sellarlo en un recipiente esterilizado. Este procedimiento requiere tiempo, no se puede apresurar, ni se puede pasar por alto ni evitar ninguno de los pasos esenciales. Seguir leyendo

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La lengua de ángeles

Conferencia General Abril de 2007

La lengua de ángeles

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestras palabras, así como nuestras acciones, deben estar llenas de fe y esperanza y caridad.


El profeta José Smith profundizó nuestro entendimiento del poder de las palabras cuando enseñó: “Todo ser actúa por medio de palabras… cuando obra mediante la fe. Dios dijo: ‘Sea la luz; y fue la luz’. Josué habló, y las grandes luces que Dios había creado se detuvieron. Elías dio una orden, y los cielos permanecieron quietos por el espacio de tres años y seis meses, de modo que no llovió… Todo eso se hizo por medio de la fe… Por tanto, la fe actúa mediante las palabras; y con [las palabras] se han llevado a cabo y se llevarán a cabo sus obras más poderosas” 1 . Como todos los dones “que [vienen] de arriba”, las palabras son “[sagradas], y [deben] expresarse con cuidado y por constreñimiento del Espíritu” 2 .

A causa de esta comprensión del poder y de la santidad de las palabras deseo hacer una advertencia, si fuese necesaria, en cuanto a la forma en que nos hablamos los unos a los otros y la forma en que nos expresamos sobre nosotros mismos.

Una línea de los textos apócrifos expresa la gravedad de ese asunto mejor que yo; dice así: “Las heridas causadas por azotes quedan en la piel; las heridas causadas por la lengua rompen los huesos” 3 . Con esa desagradable imagen en la mente, me impresionó en forma particular leer en el libro de Santiago que había una manera mediante la que podía ser “varón perfecto”.

Santiago dijo: “Porque todos ofendemos muchas veces. [Pero] si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”.

Siguiendo con la imagen del freno, escribe: “He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

“Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón…”

Entonces Santiago señala: “…la lengua es [también] un miembro pequeño… [Pero] he aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

“…la lengua es un fuego… entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo… y… es inflamada por el infierno.

“Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar… ha sido domada por la naturaleza humana;

“pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

“De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así” 4 .

Y bien, ¡ésas son palabras sumamente francas! Obviamente, Santiago no quiere decir que nuestras lenguas sean siempre inicuas, ni que todo lo que digamos esté “[lleno] de veneno mortal”, pero claramente quiere decir que por lo menos algunas de las cosas que decimos pueden ser destructivas, e incluso venenosas, ¡y ésa es una acusación escalofriante para un Santo de los Últimos Días! La voz que expresa un testimonio sincero, que pronuncia fervientes oraciones y que canta los himnos de Sión, puede ser la misma voz que vitupera y critica, que avergüenza y denigra, que ocasiona dolor y destruye el espíritu de uno mismo y con ello, el de los demás. “De una misma boca proceden bendición y maldición”, se lamenta Santiago; “Hermanos [y hermanas] míos”, dice, “esto no debe ser así”. Seguir leyendo

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