El precio de la paz

Febrero de 1984
El precio de la paz
Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHe elegido este tema por el extraordinario interés que hay en el mundo por preservar la paz… y el obvio fracaso de nuestros intentos. Lamentablemente, en esos esfuerzos, como dijo Pablo, parece que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:7). También somos, como declaró Isaías, “como sueño de visión nocturna. . . como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío” (Isaías 29:7, 8).

Cuando me encontraba en el servicio militar, durante la Primera Guerra Mundial, se nos dijo que estábamos “preparando al mundo para la democracia”, que aquella guerra tenía como objeto dar fin a todo conflicto bélico. Más tarde, al estar mi hijo mayor en el servicio militar, durante la Segunda Guerra Mundial, se les decía que aquélla era para preservar la causa de la paz y la libertad. Y se ha continuado utilizando esta misma explicación en las últimas décadas.

¿Por qué nuestra generación, con todo su conocimiento, ha fracasado tan lamentablemente en su búsqueda de la paz? La única respuesta que puedo dar a esta pregunta es que no estamos dispuestos a pagar por lo que tanto anhelamos. El propósito de mis palabras es explicar cuál es el precio de esa paz.

Hay diversas definiciones de lo que es la paz, pero quizás deberíamos describirla como una armonía consigo mismo, con Dios y con los semejantes. Este concepto encierra todos los demás con que pueda definirse la palabra.

La condición opuesta, de acuerdo con aquellos que preparan los diccionarios, tiene como características la turbación, la guerra, el conflicto, las disensiones, las riñas, la intranquilidad, el dolor.

Consideremos estas dos descripciones, comparándolas con lo que dicen las Escrituras. Primero, desearía aclarar que baso todo mi concepto en éstas, creyendo, como creo, que contienen la palabra revelada de Dios, y que El, conociendo todas las cosas, nos ha dado en ellas la verdad absoluta. Veamos lo que dicen las Escrituras: “Manifiestas son las obras de la carne», nos dice el apóstol Pablo, “que son: adulterio. . . lascivia, idolatría. . . enemistades, pleitos . . . iras, contiendas . . . envidias, homicidios, borracheras … y cosas semejantes a éstas.” (Gálatas 5:19-21.)

Fijaos en cuánto se parecen estas “obras de la carne” al conflicto, las disputas, la contención y la guerra, todo en oposición a la paz y la armonía.

“Más el fruto del Espíritu es amor», continúa Pablo, “gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, “mansedumbre, templanza. . .” (Gálatas 5:22-23.)

Y ésos son exactamente los elementos que forman la paz que buscamos. Al leer esa descripción, ¿no es sumamente claro que lo que debemos hacer para lograr la paz es obtener los frutos del Espíritu? O, para decirlo en otra forma, puesto que Lucifer es “el padre de la contención” (3 Nefi 11:29), que es lo opuesto a la paz, el precio de ésta es la victoria sobre Satanás.

Ya sé que hay quienes niegan la existencia de un ser llamado Satanás. Pero esa posición es falsa, y la auspicia el mismo padre de las mentiras. Esto no es nada nuevo, puesto que los anticristos han negado la existencia de Satanás desde tiempos antiguos. No obstante, la verdad es que Lucifer existe y es un personaje de espíritu, lo mismo que Jesús y nosotros lo fuimos antes de nacer. En el mundo espiritual era un ser de gran capacidad. Isaías se refiere a él, diciendo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Convirtamos el conocimiento en sabiduría

Noviembre de 1983
Convirtamos el conocimiento en sabiduría
Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHace algunos años, en un artículo sobre los esfuerzos del almirante Roberto Peary, explorador ártico estadounidense, por llegar al Polo Norte, el autor presentaba una analogía que ha cobrado nuevo significado en nuestra época:

“En este viaje, el almirante Peary había andado todo un día en dirección norte, con los perros tirando incansablemente del trineo. Al llegar la noche, cuando examinó el rumbo para tratar de determinar la latitud en que se encontraba, se quedó sorprendido al ver que estaba mucho más al sur de lo que había estado por la mañana. Según parece, durante todo el día había estado moviéndose hacia el norte, pero sin darse cuenta de que iba sobre un gigantesco iceberg que una fuerte corriente oceánica arrastraba en dirección sur.

“Se me ocurre que todos nosotros nos encontramos a veces sobre este iceberg, apresurándonos en una dirección, mientras la tierra se mueve implacable en dirección opuesta.

“Con enorme fuerza y velocidad, nos dirigimos hacia descubrimientos e invenciones que reducen a una insignificancia la exploración de Peary del Polo Norte. En medicina, en tecnología, en alimentos, en materiales, técnicas y procesos, se ha obtenido mayor progreso durante los últimos cincuenta años que en los quinientos anteriores. Pero, al mismo tiempo, nuestra tierra parece estar moviéndose indefectiblemente hacia atrás, arrastrada, no por corrientes oceánicas, sino por corrientes sociales tan amplias y profundas que no las podemos comprender, y menos aún controlar.

“Al examinar nuestro rumbo para determinar la latitud en que se encuentra el ser humano a esta altura de la historia, nos quedamos más sorprendidos y consternados que Peary, al descubrir que estamos mucho más ‘al sur’ de lo que estuvieron nuestros padres y abuelos.

“Los dos primeros tercios del siglo XX han sido testigos de un monumental retroceso con respecto a las esperanzas y aspiraciones del siglo XIX. Por ahora al menos, con todas las nuevas técnicas que tenemos a nuestra disposición para dominar la naturaleza y controlar nuestro propio destino, estamos más lejos que nunca de nuestras metas.» (Sydney J. Harris, Deseret News, 7 de enero de 1964, pág. 14-A.)

Al releer estas palabras, creo que el periodista resumió bastante bien algunos aspectos de la situación actual del mundo. Verdaderamente, la humanidad tiene mayor conocimiento que nunca. “En medicina, en tecnología, en alimentos, en materiales, técnicas y procesos» hemos hecho y seguimos haciendo progresos sin precedentes. Y esos conocimientos no solamente se acumulan tan aprisa que es difícil mantenerse al tanto, aun en los aspectos más especializados, sino que, además, su aplicación está transformando nuestro modo de vida.

Estamos también adquiriendo conocimiento en otros ramos, por ejemplo, aquellos que tienen que ver con la conducta Individual de los seres humanos y sus relaciones entre sí. Sin embargo, lamentablemente no siempre somos capaces de utilizar ese conocimiento en forma provechosa. Este es el caso con el consumo del tabaco, que continúa a pesar de que se sabe perfectamente que aumenta en forma notable el riesgo de contraer cáncer del pulmón. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Lámpara de Jehová

Liahona Octubre de 1983

Lámpara de Jehová

President Boyd K. Packer

Por el élder Boyd K. Packer
Del Quorum de los Doce

No aprendemos lo espiritual exactamente de la misma manera en que aprendemos otras cosas, aunque leer, escuchar y meditar formen parte de ese aprendizaje. He aprendido que se requiere una actitud especial tanto para enseñar como para aprender todo lo concerniente al espíritu. Hay cosas que uno sabe, o puede llegar a saber, que quizás sean difícil explicar a los demás, pero estoy seguro de que así tenía que ser.

¿Qué sabor tiene la sal?
Os relataré una experiencia que tuve antes de ser llamado como Autoridad General, la cual me afectó profundamente. Al viajar en un avión iba sentado junto a un hombre que profesaba ser ateo y que insistía en su incredulidad tan tenazmente que sentí la necesidad de expresarle mi testimonio.

— Está equivocado —le dije— hay un Dios. ¡Yo sé que El existe!
— No lo sabe, ¡nadie lo sabe! ¡No puede saberlo! —protestó él.

Cuando vio que yo no cedía, el ateo, que era abogado, hizo lo que quizás sea la pregunta clave en lo que respecta al tema del testimonio.

— Muy bien —habló en tono despectivo y burlón—, usted dice que sabe. . . Pero, ¿cómo lo sabe?

Cuando traté de responder, no obstante que poseo avanzados grados académicos, no me fue posible comunicar mi certeza.

Algunas veces en vuestra juventud, jóvenes misioneros, os sentís avergonzados cuando el cínico o el escéptico os tratan con desdén a causa de que no tenéis una respuesta inmediata para todo. Ante tal ridículo, algunos se alejan avergonzados. (¿Recordáis la barra de hierro, el edificio grande y espacioso, y la burla?) (Véase 1 Nefi 8:28.)

Cuando usé las palabras Espíritu y testigo, el ateo respondió:

— No sé de qué me está hablando.

Las palabras oración, discernimiento y fe no tenían para él ningún significado.

— ¿Lo ve? —Dijo— en realidad no lo sabe, porque si lo supiera podría decirme cómo es que lo sabe.

Pensé que quizás le hubiera expresado mi testimonio en una forma incomprensible para él, y me sentía confuso en cuanto a lo que debía hacer. ¡Entonces llegamos al punto culminante! En ese momento recordé algo. Me refiero a una declaración del profeta José Smith:

“Una persona podrá beneficiarse si percibe la primera impresión del espíritu de la revelación. Por ejemplo, cuando sentís que la inteligencia pura fluye en vosotros, podrá repentinamente despertar en vosotros una corriente de ideas… y así, por conocer y entender el Espíritu de Dios, podréis crecer en el principio de la revelación hasta que lleguéis a ser perfectos en Cristo Jesús.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 179.)

Al recordar esto, le dije al ateo:

— Permítame preguntarle si conoce el sabor de la sal.
— Claro que sí—fue su respuesta.
— ¿Cuándo fue la última vez que probó sal?
— En la cena que nos sirvieron en el avión.
— Usted cree que sabe qué sabor tiene la sal —le dije.
— Conozco perfectamente el sabor de la sal —insistió él.
— Si le diera una taza de sal y una de azúcar y le permitiera probarlas, ¿podría diferenciar un sabor del otro? ¿Sabría cuál es la sal?
— ¡No sea pueril! —Exclamó el hombre—. Por supuesto que podría reconocer la diferencia; conozco el sabor de la sal, lo siento a diario, lo reconocería sin ninguna dificultad.
— Entonces —le respondí—, imagine que yo nunca he probado la sal, y explíqueme exactamente qué sabor tiene.

Después de quedarse pensativo por un momento, empezó un tanto vacilante:

— Pues… no es ni dulce ni amarga.

Con eso me ha dicho el sabor que no tiene, pero no el que tiene.

Naturalmente, después de varios intentos, no pudo hacerlo. No pudo comunicarme, por medio de las palabras solamente, una experiencia tan común y ordinaria como la de gustar la sal. De nuevo le expresé mi testimonio y fe dije: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El valor, de un Alma

Octubre de 1983
El Valor, de un Alma
Por el élder Joseph B. Wirthlin
Del Primer Quorum de los Setenta

Una guía para maestros orientadores en sus labores con miembros inactivos

Joseph B. WirthlinMi gran preocupación es por los hijos e hijas de Dios entre nosotros, que tan a menudo catalogamos de “inactivos”

En una oportunidad durante su vida mortal, Jesús enseñó:

“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
“Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
«Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.» (Lucas 15: 4-7.)

Esta parábola ilustra el gran valor de cada persona a la vista de nuestro Padre Celestial.

En la actualidad, cuando nuestra sociedad es cada vez más compleja, muchas fuerzas se combinan para que la persona se sienta insignificante y de escaso valor, reconocida, a veces, sólo como un número más en las fichas gubernamentales, en las listas universitarias, o en el banco. Como resultado, a menudo concluye que la vida humana es frívola, poco más que una burbuja en la cresta de una ola. Ahora, más que nunca, es necesario que toda persona comprenda el amor que siente un Padre divino en cuya vista el ser tiene un lugar eterno. Más importante que cualquier descubrimiento científico o trocito vislumbrante de conocimiento mundano es el recordatorio del valor del ser humano que el Señor dio a los hombres por intermedio del profeta José Smith:

“Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis, aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!
«Ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!” (D. y C. 18: 15-16.)

Una parábola moderna cuenta de un granjero que logró una plantación de trigo más abundante que cualquier otra que jamás había tenido. Dice el relato que el hombre no podía pensar en más que los tesoros que adquiriría con el dinero que su cosecha obtendría. Todos los días visitaba los campos, admiraba aquel mar de grano rubio, volvía a casa orgulloso y le contaba a su familia de lo rico que pronto sería.

Este mismo granjero tenía un hijito enfermizo que le suplicaba que lo llevara a ver los extensos campos de trigo maduro. El padre consintió, envolvió al niño en una frazada y se lo llevó. Absorto con el tesoro que ante él se desplegaba, el padre no se dio cuenta inmediata de que su hijo ya no estaba a su lado. Pasó algún tiempo antes de que se percatara de que el niño se había alejado, y comenzó a buscarlo entre el trigo, que era más alto que la criatura. Sin lograr encontrarlo, el desesperado padre se apresuró a llegar al pueblo y pedir la ayuda de sus vecinos. Todos acudieron. Formaron una inmensa cadena tomados de la mano y comenzaron a marchar lentamente hacia adelante, pisoteando las gruesas espigas hasta encontrar el cuerpecito del niño. Desolado, el padre lloró la muerte de su hijo, a quien tanto amaba. Se dio cuenta de que el valor de una persona es mayor que el de las posesiones materiales. (Sidney H. Alexander, hijo, “Today’s Crises,” Vital Speeches, 1 de enero de 1963, pág. 185-86.)

Como hijos de Dios, nosotros también debemos darnos cuenta del gran valor de cada persona. En ¡a Iglesia gastamos grandes sumas de dinero y tiempo para “salvar a los muertos» por medio de la genealogía y la obra de! templo, y para enviar a miles de jóvenes (y a otros que están dispuestos a hacerlo) para predicar el evangelio y recoger a los que desean «escuchar la voz del buen pastor». Diligentemente buscamos a toda persona que desee aceptar nuestro mensaje. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

El compromiso y la dedicación

Octubre de 1983
El compromiso y la dedicación
Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyAl considerar el tema de compromiso y dedicación, he pensado en la cantidad de grandes personajes bíblicos y del Libro de Mormón, así como en los dedicados santos en las primeras épocas de la Iglesia restaurada, todos ellos personas valientes comprometidas en causas sublimes y nobles. Todos nosotros, asimismo, deberíamos sentir de tal manera ese compromiso, que cada uno de nosotros, dentro de su propia capacidad, se eleve a la altura de las normas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Con la esperanza de animarnos a hacer precisamente eso, procuraré que recordemos ciertas cosas que son evidencia del carácter que debemos desarrollar.

No conozco mejor camino a seguir que aquel que emprendieron los hijos de Mosíah. No afirmo haber logrado tanto éxito como ellos, pero he tenido bastante experiencia personal como para saber que la fórmula que ellos utilizaron sirve para todos los que a ella se ciñan.

Ellos, dijo Mormón, “se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sana inteligencia, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para poder conocer la palabra de Dios.

“Más esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios.» (Alma 17: 2-3.)

He aquí el gran poder que impulsa a que las cosas en la Iglesia de Dios se lleven a cabo. Sin él, todo lo demás simplemente fracasa.

Los hijos de Mosíah estaban comprometidos a aprender las cosas de Dios. Muy posiblemente no haya otro pueblo en la actualidad que haya hecho compromisos más poderosos con respecto al aprendizaje que los Santos de los Últimos Días. Nuestros compromisos se apoyan en el hecho de que el Señor nos ha dicho que debemos “estudiar y aprender, y familiarizar[nos] con todos los libros buenos y con los Idiomas, lenguas y pueblos”. (D. y C. 90:15.) Ya que, dijo él, “es imposible que el hombre se salve en la Ignorancia” (D. y C. 131:6), es decir, ignorando la verdad. “El hombre no puede salvarse antes de obtener conocimiento,» añadió el profeta José Smith. (History of the Church.)

El Señor también dijo que “la gloria de Dios es la inteligencia» (D. y C. 93:36) y, testificó el profeta José Smith,

“Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección;

“y si en esta vida una persona logra más conocimiento e Inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero.” (D. y C. 130:18-19.)

También dijo el Señor: “Y de cierto os digo, es mi voluntad que os deis prisa para. . . lograr conocimiento de la historia, y de los países y reinos, y de las leyes de Dios y de los hombres, y todo esto para la salvación de Sión.” (D. y C. 93:53.)

Quisiera compartir algunos pensamientos tocante a la necesidad que tenemos de comprometernos en forma total, a dedicarnos íntegramente. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Cristo y la Creación

Septiembre de 1983
Cristo y la Creación.
Por el élder Bruce R. McConkie
Del quorum de los doce apóstoles

élder Bruce R. McConkieNuestro conocimiento de la Creación es limitado. No sabemos el cómo, por qué y cuándo de todas las cosas.

El Señor espera que creamos y comprendamos la verdadera doctrina de la Creación: la creación de la tierra, del hombre y de todas las cosas vivientes. De hecho, tal como veremos, el entendimiento de la doctrina de la Creación es vital para la salvación. Hasta que obtengamos una verdadera perspectiva de la creación de todas las cosas, no podemos esperar esa plenitud de recompensa eterna que de otra manera podría ser nuestra.

Dios mismo, el Padre de todos nosotros, estableció un plan de salvación por medio del cual sus hijos espirituales pudiesen regresar y llegar a ser como Él, y es el evangelio de Dios, el plan del Padre Eterno, el sistema que salva y exalta, y consiste en tres cosas, las cuales son justamente los pilares de la eternidad: la Creación, la Caída y la Expiación.

Antes de siquiera poder empezar a comprender la creación física de todas las cosas, debemos saber cómo estas tres verdades eternas, a saber, La Creación, la Caída y la Expiación, están inseparablemente unidas. Ninguna de ellas puede existir sola; cada una está vinculada a las otras dos, y sin el conocimiento de todas juntas, no es posible comprender la verdad respecto a ninguna de ellas.

La salvación está en Cristo y nos llega por medio de su sacrificio expiatorio. La Expiación de nuestro Señor Jesucristo es el centro de la religión revelada; es la verdad que redime al hombre de la muerte física y espiritual introducida al mundo a consecuencia de la caída de Adán. Todo hombre resucitará porque nuestro bendito Señor murió y volvió a levantarse, siendo así las primicias de los que durmieron.

Es más, Cristo murió para salvar a los pecadores. Tomó sobre sí los pecados de todos los hombres con la condición de que se arrepintiesen. La vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios, es accesible al hombre debido a lo que Cristo hizo en Getsemaní y en Gólgota. Él es la resurrección y la vida. La inmortalidad y la vida eterna son los frutos de la Expiación. El hombre no posee lenguaje o manera de expresar que pueda describir la gloria, maravilla y significado infinito del poder liberador de nuestro gran Redentor.

Pero recordad que la Expiación vino a causa de la Caída. Cristo pagó el rescate por la trasgresión de Adán. Si no hubiese habido una Caída, no hubiese habido una Expiación con sus consiguientes inmortalidad y vida eterna. De manera que, tan seguramente como la salvación llega a causa de la Expiación, así también la salvación llega a causa de la Caída.

La inmortalidad, la procreación y la muerte tuvieron su origen con la Caída. Las pruebas y tribulaciones del período de prueba mortal comenzaron cuando nuestros primeros padres fueron echados de su hogar en el jardín de Edén. «Por motivo de que Adán cayó, nosotros existimos; y por su caída vino la muerte; y somos hechos participantes de misericordia y aflicción.» (Moisés 6:48). Una de las declaraciones doctrinales más profundas que jamás se han hecho provino de los labios de Eva, quien dijo: «De no haber sido por mi transgresión, nunca habríamos tenido potestad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes.» (Moisés 5:11).

Recordad también que la Caída fue posible porque un Creador infinito formó la tierra, el hombre y todas las cosas vivientes de tal manera que pudieran caer. Esta Caída suponía un cambio de estado. Todas las cosas fueron creadas de tal manera para que pudiesen caer o cambiar, y así se introdujo el tipo de existencia necesario para poner en operación todos los términos del plan eterno de salvación del Padre.

La primera creación física de todas las cosas era de una naturaleza paradisíaca. En la época del Jardín de Edén, toda forma de vida existía en un estado más sublime y diferente del que actualmente prevalece. La Caída las llevaría a un nivel menor y uno en que podrían progresar. La muerte y la procreación aún tenían que presentarse en la tierra. La muerte sería la dádiva de Adán al mundo, y la dádiva de Dios sería la vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

De manera que, la existencia provino de Dios, la muerte vino de Adán, y la inmortalidad y vida eterna vinieron por intermedio de Cristo. En el lenguaje preciso y elocuente de Lehi, todos los hombres están en un «estado de probación» debido a la Caída. Y «si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el Jardín de Edén.» Adán estaba entonces en un estado de inmortalidad física, lo que significa que habría vivido para siempre porque aún no existía la muerte. Y nuestros primeros padres no hubieran tenido hijos». Se les hubiera negado la existencia de un período de prueba mortal y una muerte mortal, y es por medio de estas dos cosas, la muerte y las pruebas de la mortalidad, que se logra la vida eterna. Sin embargo, gracias sean dadas a nuestro Dios, «Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo. Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de poder redimir a los hijos de los hombres de la caída.» (2 Nefi 2:21, 26).

Sabiendo todas estas cosas con respecto al plan de salvación, estamos ahora en posición de considerar la Creación de esta tierra, el hombre y todas las cosas vivientes. Sabiendo que la Creación hizo posible la Caída, y que la Caída hizo posible la Expiación, y que la salvación misma ocurre a causa de la Expiación, estamos listos para poner el conocimiento revelado de la Creación en su debida perspectiva. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 2 comentarios

A través del velo

Septiembre de 1983
A través del velo
Ray J. Snelson

Un día, cuando cursaba mi último año de la escuela secundaria, tuve la fuerte impresión de que mi abuelo quería verme, de manera que, después de salir de mis clases, tomé un cuaderno y me dirigí a la casa de mi tío, Jacob Cline, donde mi abuelo vivía desde la muerte de mi abuela.

Cuando llegué, mi abuelo estaba sentado en la cama.

—Entra, Ray —me dijo—. Te he estado esperando.

Quería contarme la historia de su familia, y yo debía anotar la información que me diera. Entonces supe por qué había traído mi cuaderno. Durante la siguiente hora me contó la historia de su familia desde cuatro generaciones atrás, dándome nombres, fechas, lugares y relatos. Cuando acabó, me puso la mano en el hombro y me dijo muy suavemente:

—Ray, te encargo que guardes esta información, porque algún día la necesitarás. Cuando ese día llegue, oirás mi voz y sabrás que el momento ha llegado, y cuál era la razón.

Un cálido sentimiento me invadió el corazón mientras mi vista descansaba fijamente en los penetrantes ojos de mi abuelo. Le prometí que haría lo que me encargaba, aunque no tenía la menor idea por qué estaba escribiendo o preservando la información. Mi abuelo falleció a las dos semanas.

Pasaron los años, y me encontré asistiendo a un instituto para técnicos de radar de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en Biloxi, estado de Misisipí. Durante una charla general cierto día, uno de mis maestros, Norman M. Hale, mencionó que era mormón. Esa noche, descansando en la cama, no podía olvidar la conversación de ese día. Finalmente, salí de la cama, me vestí y caminé hasta donde vivían los maestros. Para entonces ya era más de la medianoche. Toqué la puerta de Norman Hale y lo desperté con el saludo:

—Hola; quiero que me hable acerca de la Iglesia Mormona.

Hale y su compañero de cuarto habían sido compañeros en el campo misional, y ambos pasaron el resto de la noche dándome las charlas. Cuando mencionaron los templos, la obra genealógica y la obra vicaria, una voz resonó en mis oídos, la voz de mi abuelo, y volví a oír el encargo solemne que me había dado. Algo cálido penetró mi pecho y supe que lo que se me enseñaba era la verdad. La siguiente semana comencé a asistir a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y fui bautizado en el mes de octubre de 1954.

Mis padres no estuvieron muy contentos con mi bautismo. Mi padre hasta me hizo prometer que nunca le predicaría el “mormonismo». Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Cómo lograr que nuestros hijos se autoestimen

Septiembre de 1983
Cómo lograr que nuestros hijos se autoestimen
James M. Harns

David y Carlos, niños de nueve años de edad, son buenos amigos y aproximadamente del mismo tamaño, pero su comportamiento en el campo de fútbol delata una gran diferencia entre ellos. David muestra gran entusiasmo por jugar, mientras que Carlos parece contentarse con mirar a los demás de fuera del campo de juego. Cuando David juega, lo hace con toda la intención de hacer un gol; cuando Carlos por fin participa, no lo hace con la mira de hacer goles, por lo que nunca parece tener la oportunidad de lograrlos.

La diferencia entre los niños es evidente en muchas situaciones. David espera la oportunidad de tener nuevas experiencias con entusiasmo, confiando en que le irá bien; Carlos tiene por lo general una actitud pesimista y a menudo se niega a participar antes que arriesgarse a un posible fracaso.

De todas las opiniones de un niño, ninguna es de tanta importancia como la que tenga de sí mismo. Los niños con un alto nivel de autoestima ven el mundo con optimismo y confianza y siempre esperan lograr el éxito. Por el contrario, aquellos con un bajo nivel de autoestima tienden a desconfiar de sus propias ideas y habilidades y reaccionan de manera Insegura ante las situaciones de la vida.

Todo niño necesita sentirse querido y capaz, y su nivel de autoestima será comparable al grado que perciba que se le prodiguen aquellos sentimientos que le comuniquen que lo es. Por otra parte, su autoestima peligrará a un nivel comparable al sentir la carencia de tales sentimientos.

Los padres no pueden asumir todo el reconocimiento por la alta autoestima de un niño, ni tampoco deben aceptar toda la culpa por la falta de ella. Sin embargo, hay ciertas cosas que pueden hacer para realzar la manera en que sus hijos se autoperciben. A continuación aparecen varias sugerencias:

  1. Enseñen a sus hijos acerca de su origen espiritual y su divino destino. El tener un conocimiento correcto de quiénes somos nos puede ayudar a aprender a autoestimarnos. Somos literalmente hijos espirituales de nuestro Padre Celestial y tenemos en nuestro ser el potencial de ser más como El.

Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Ha resucitado, como dijo

Septiembre de 1983
“Ha resucitado, como dijo”
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyLa tumba vacía… se convirtió en un testimonio de su divinidad, la afirmación de la vida eterna

Tiempo atrás leí una serie de interesantes escritos que describían el inteligente razonamiento de teólogos americanos, británicos y europeos acerca de la historia de Jesús de Nazareo A continuación cito lo que un inteligente miembro de una religión protestante escribió:

“Las preguntas que más controversia han provocado son las que han formulado los teólogos. . .quienes han puesto en tela de juicio cada antiguo concepto. Hasta han sugerido la eliminación de la palabra ‘Dios’, ya que para muchas personas esta palabra ya no tiene ningún significado.

“Básicamente, la antigua pregunta que los teólogos liberales han formulado y que una y otra vez ha creado un cisma en la iglesia cristiana es: ¿Quién fue Jesús?

“Los teólogos revolucionarios… se valen de la Biblia como una fuente de verdad, pero la Biblia que tienen es una versión expurgada, con las chocantes referencias a acontecimientos anormales eliminadas. Alguien dijo: ‘Le han sacado todos los mitos’. Otro comentó: ‘Han eliminado el significado literal de las Escrituras’.

“Lo que las nuevas tendencias proponen es un cristianismo ‘sin religión’; una fe basada en un sistema filosófico.» (Revista Fortune, dic. de 1965, pág. 173.)

De esta manera, algunos teólogos modernos han intentado despojar al Señor de su divinidad, y luego se preguntan por qué los hombres no adoran al Señor como debieran. Han tratado de arrancarle a Jesús el manto de deidad y lo han convertido en un hombre común y corriente a la vista de sus seguidores: han tratado de adaptarlo a su propia estrechez de criterio. Durante este proceso le han robado al Señor su divina calidad de Hijo y han privado al mundo de su justo Rey.

Al leer acerca de este muy eficaz proceso del hombre de intentar sacar lo divino de las Escrituras y hacerlas meras historias entretenidas con poca o ninguna relación a los hechos, y de su evidente efecto en la fe de aquellos que son sus víctimas, particularmente los jóvenes de todas las edades quienes a menudo son atrapados por tales falacias, resuenan en nuestros oídos con más claridad que nunca (as palabras expresadas en la antigüedad por el profeta Amos:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.
«E irán errantes de mar a mar: desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
“En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.
.. Por el camino… caerán, y nunca más se levantarán.” (Amos 8:11-14.)

Cuán bien describen esas palabras la situación de muchos en la actualidad; el joven así como todos aquellos que en su corazón ansían tener una fe que les satisfaga, pero, al rechazarla por la manera en que se les ofrece, “se desmayan de sed» y “caen, y nunca más se levantarán”.

A éstos les damos nuestro solemne testimonio de que Dios no está muerto, excepto para aquellos que lo consideran como algo inanimado. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Servíos por Amor los unos a los otros

Agosto de 1983
Servíos por Amor los unos a los otros
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryPorque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Gálatas 5:13-14.)

El servicio ha sido una parte de las enseñanzas del evangelio desde el comienzo del mundo. Desde Adán hasta los tiempos actuales, se nos ha recomendado servir a nuestros semejantes. Yo tuve el privilegio de ser testigo de un verdadero cumplimiento del consejo de Pablo a los gálatas cuando les instruyó: “Servíos los unos a los otros”.

Cuando nuestra familia vivía en el estado de Massachusetts, nuestro hogar se encontraba en la pequeña ciudad de Weston, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de Boston. Era una comunidad con un toque antiguo exquisito y rebuscado, con una población de unos 11.000 habitantes. Weston contaba con muchos pintorescos y serpenteantes caminos rurales cercados por murallas de piedra. La pequeña sección comercial de la ciudad quedaba completamente desierta a las nueve de la noche. Sin embargo, a pesar de su exquisitez, Weston tenía sus problemas, especialmente con los estudiantes de secundaria que usaban drogas o traían licor a la ciudad, aun cuando en la comunidad no estaba permitida su venta legal.

No obstante, en esta oportunidad me gustaría relatarles algo sobre uno de los estudiantes de la escuela secundaria de Weston, quien estaba muy ocupado en otros asuntos y no tenía tiempo para las drogas o el alcohol. Este joven pasaba bastante tiempo en las pistas de esquí. No es una cosa rara ser un entusiasta esquiador en esa región, pero lo que hacía este jovencito con su talento sí lo era. Era un esquiador experto y amaba ese deporte; de hecho, era instructor y dedicaba aun su tiempo libre para enseñar a otros a esquiar. A menudo se le podía ver descender las montañas muy cerca de uno de sus alumnos, que a menudo eran mayor que él. Empezaban lentamente pero luego ganaban más velocidad, al mismo tiempo que hacían armoniosas curvas en el descenso, siempre manteniendo una conversación, riendo, gozando el fortaleciente aire y el radiante sol. Los observadores podían seguir con la vista a esa pareja hasta que llegaban al pie de la montaña, pensando que eran sólo dos esquiadores más que se estaban divirtiendo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Espíritu Santo un extraño, un visitante, o un compañero constante

Agosto de 1983
Espíritu Santo un extraño, un visitante, o un compañero constante
Por Coleen Baird

Aun cuando el Señor nos ha instruido usar nuestra sabiduría y buscar la solución a nuestros problemas, no nos ha dejado a solas.

Estaba sentada en la oficina del obispado participando de una de esas ocasiones especiales en que recibimos fortaleza y bendiciones por intermedio del sacerdocio. Me estaban apartando como asesora de las Laureles de mi barrio y muchas de las cosas que se me dijeron en esa oportunidad ya las he olvidado, pero una cosa en particular me impresionó profundamente. El consejero del obispo que en ese momento me estaba apartando me amonestó a que luchara para recibir la compañía constante del Espíritu Santo. Al decir esas palabras, sentí un ardor dentro de mi pecho, y la sabiduría de su consejo se quedó grabado en mí.

Muchas veces había escuchado a los líderes hablar de la necesidad de tener la guía del Espíritu Santo y yo había tratado en diferentes ocasiones hacer que su influencia fuera parte de mi vida. Pero me desilusionaba fácilmente y siempre sentía que no tenía éxito. Frustrada, trataba de justificar mi falla con la idea de que la compañía del Espíritu Santo debía ser para las Autoridades Generales y sus familias. Pensaba que mientras yo viviera una “buena vida”, algún día en un futuro distante podría hacerme acreedora de esa bendición.

¡Qué fácil es engañarnos a nosotros mismos con excusas cuando una tarea no es sencilla! Pero aquel día en la oficina del obispo, no pensé en ninguna excusa. Mientras un siervo del Señor me aconsejaba que buscara la guía del Espíritu Santo, supe que el Señor me estaba recordando algo con lo que me había amonestado hacía algunos años, al ser bautizada. A todos nosotros, una vez que se nos confirma después del bautismo, se nos han puesto las manos sobre nuestra cabeza por un representante del Señor y se nos ha dicho “recibe el Espíritu Santo». Ningún tipo de razonamiento del mundo puede eliminar esa invitación y mandamiento.

Se nos ha dicho en esta dispensación, como también en épocas pasadas, lo importante que es recibir el Espíritu Santo. El presidente Wilford Woodruff lo expresó claramente en una conferencia de estaca en el año 1896;

«Ahora, siempre lo he dicho, y quiero decírselo a ustedes, que el Espíritu Santo es lo que cada santo de Dios necesita. . . Todo hombre y mujer en esta Iglesia debe trabajar para lograr ese Espíritu . . . Este es el Espíritu que debemos tener para llevar a cabo los propósitos de Dios en la tierra. Lo necesitamos más que ningún otro don. . . Debemos orar al Señor hasta que obtengamos el Consolador. Esto es lo que se nos promete cuando somos bautizados. Es el espíritu de luz, de verdad y de revelación, y puede estar con todos nosotros al mismo tiempo.» (Deseref Weekly, 7 de noviembre de 1896, pág. 641-43.)

El don del Espíritu Santo no se restringe a hombres ni a mujeres, ni tampoco a las Autoridades Generales. Está a disposición de todos nosotros mientras obedezcamos los mandamientos de Dios. Con él podemos experimentar cada día dirección, inspiración, consuelo, sabiduría, fortaleza y testimonio. En otras palabras, podemos recibir revelación. El profeta José Smith nos dijo que “Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo sin recibir revelaciones. El Espíritu Santo es un revelador” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 405). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Diez pasos importantes para lograr mayor espiritualidad

Agosto de 1983
Diez pasos importantes para lograr mayor espiritualidad
Por Joe J. Christensen

Joe J. Christensen

Algunas de las revelaciones personales más sobresalientes han estado directamente relacionadas con el estudio individual de las Escrituras.

No hace mucho tiempo, un joven misionero pasó por la oficina de mi esposa en el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah, para hacerle una petición personal. Ya que él sabía que nosotros conocíamos personalmente a sus padres, el misionero deseaba saber si la hermana Christensen podría llamarle a su padre para preguntarle cuándo se efectuaría la operación de su madre. Después le explicó lo siguiente: —Mi madre casi murió cuando nació mi hermana menor. Todos nosotros, incluyendo mi hermanita de cinco años, ayunamos en su favor, y se mejoró. Desde esa ocasión, me preocupo al pensar en operaciones; me ponen nervioso. Tengo que saber para cuándo han fijado la operación para poder empezar mi ayuno.

Mi esposa gustosamente marcó el número de teléfono del padre y le preguntó al élder si deseaba hablar personalmente con él. Él pensó que sería mejor no hacerlo ya que era en contra de las reglas de la misión, además de la nostalgia que podría sentir. Cuando su padre contestó y se enteró de que la llamada provenía del Centro de Capacitación Misional, lo primero que preguntó fue:

— ¿Ha pasado algo malo?
— No— se le contestó, —en absoluto, pero su hijo quisiera saber cuándo se efectuará la operación de su madre para comenzar su ayuno.
— Ah— dijo —se va a sentir descorazonado porque no va a poder ayunar antes de la operación ya que ayer se llevó a cabo. Duró cinco horas y está progresando muy bien; todos estamos felices.

El rostro del élder se iluminó al darse cuenta del mensaje telefónico.

— Dígale a mi padre que lo quiero y envíele de mi parte un abrazo y un beso. También dígale que le dé a mi madre un abrazo y un beso por mí, así como a toda la familia.

Después de que terminó la conversación telefónica y se le explicaron al misionero los pormenores de la operación, este gran joven misionero dijo:

— ¡Estoy tan agradecido que de todas maneras voy a ayunar de agradecimientos

Mi esposa, Bárbara, escribió en su diario: «Nos dimos la mano, él salió de mi oficina y yo me senté y me puse a llorar».

Sería de provecho saber qué tipo de enseñanza, acontecimientos y circunstancias se conjugaron durante los últimos diecinueve años para producir un hijo con esa clase de espíritu, dedicación, humildad y gratitud.

En el proceso de su crecimiento, ha llegado a comprender que el ayuno es algo más que pasar hambre. Tengo la seguridad de que esas cualidades espirituales, combinadas con sus otros talentos, le ayudarán a ser un gran misionero, puesto que ya ha cultivado la espiritualidad al punto de sentirse en armonía con la revelación personal diaria.

En nuestro actual llamamiento en el Centro de Capacitación Misional, mi esposa y yo tenemos la oportunidad de conocer a miles de las mejores personas del mundo. Los misioneros proceden de múltiples y diversas circunstancias, que oscilan entre las más espirituales y estables hasta las más difíciles. Un número considerable de misioneros han cultivado ya un alto grado de espiritualidad y testimonio, mientras que otros aún luchan por lograrlo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 3 comentarios

Como Ser Un Mejor Padre

Agosto de 1983
Como Ser Un Mejor Padre
Preparado por el Departamento de Servicios Sociales de la Iglesia

El hacer cosas juntos tiene un especial significado para su hijo cuando la actividad es algo que el niño desea hacer . . . lo importante es que usted, como padre, esté presente dando toda su atención a su hijo

La necesidad de contar con la influencia de un padre
Si se me preguntara que cuál es la necesidad más grande de este mundo, respondería sin vacilar: Sabias madres… y padres ejemplares. (Presidente David O. McKay)

Una de las labores en las cuales se dejará ver más claramente vuestra influencia es en el papel de padres. Sin embargo, muy a menudo algunas personas suponen que el ser buenos padres se refiere sólo a la maternidad.

La madre desempeña un papel Importante en la felicidad y bienestar de la familia, pero la influencia de un padre justo es de igual importancia. Las  investigaciones profesionales han descubierto que el desarrollo intelectual, social y emocional del niño, su masculinidad o femineidad, incluso su habilidad de funcionar eficazmente en su futuro matrimonio, parecen estar directamente ligados con la relación personal que el padre tenga con el niño y con la madre de éste. El presidente Spencer W. Kimball declaró: “. . . la posición más importante en tiempo y en la eternidad es la de ser padre». (El que recibe a mis siervos me recibe a mí, Guía de estudio personal del Sacerdocio de Melquisedec 1979-1980, pág. 182.)

Dé prioridad a sus hijos
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
“Cosa de estima el fruto del vientre.
“Como saetas en mano del valiente,
“Así son los hijos habidos en la juventud.
“Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos.” (Salmos 127:3-5.)

A veces es difícil imaginar que los hijos sean bendiciones del cielo, como por ejemplo: Cuando el hijo de cuatro años le da de comer al perro la corbata favorita del papá, o el hijo de diecisiete años que vuelve a casa de la mañana después de una cita y se excusa diciendo: “No tenía idea de que era tan tarde».

Los hijos son un gran desafío, así como una gran bendición. Nuestra responsabilidad hacia ellos, como padres, es igualmente grande (véase Mateo 18:10; Marcos 9:37; Efesios 6:4; D. y C. 68:25-28; Mosíah 4:14). Así como con cualquier otra responsabilidad importante, para tener éxito en la crianza de nuestros hijos debemos hacerlos nuestra principal prioridad. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Recordemos quienes somos

Liahona Agosto de 1983

Recordemos quienes somos

Por el presidente N. Eldon Tanner

Somos sumamente afortunados y bendecidos al tener el conocimiento y el poder del sacerdocio que pueden salvarnos, a nosotros y a nuestra familia.

Recuerdo un magnífico mensaje que el presidente David O. McKay me pidió que trasmitiera a los miembros de la Iglesia. En aquellos años en que él ya no podía viajar, cuando yo iba en procura de su consejo antes de salir a cumplir una asignación, me decía: «Presidente Tanner, al viajar entre los miembros de la Iglesia, le ruego que Ies recuerde que tengan siempre presente quiénes son y que actúen de acuerdo con ello; dígales que cada uno de ellos tiene esa responsabilidad”.

Estas palabras quedaron permanentemente impresas en mi memoria, y creo que puedo decir que comuniqué ese mensaje innumerable cantidad de veces al viajar por toda la Iglesia; lo he comunicado a mi propia familia y a las personas que me visitan en mi oficina. Y yo mismo he tratado siempre de ponerlo en práctica y de ser digno de la confianza que ha sido depositada en mí.

¿Quiénes somos? En primer lugar, somos hijos espirituales de Dios; y en segundo, somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¡Qué gran bendición y qué tremenda responsabilidad! Por la restauración del evangelio, por las revelaciones que Dios ha dado a sus profetas y por el hecho de que nos guía un profeta que recibe de El instrucciones para conducir su Iglesia, somos sumamente afortunados y bendecidos al tener el conocimiento y el poder del sacerdocio que pueden salvarnos, a nosotros y a nuestra familia, y ayudarnos a regresar a la presencia de Dios.

Porque hubo una apostasía y porque algunos han endurecido su corazón para no oír, ni creer, ni aceptar la palabra de Dios, muchos en este mundo se encuentran en la oscuridad en cuanto a su salvación y vida eterna. Por lo tanto, tenemos el privilegio, el deber y la obligación de dejar que alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras, y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (véase Mateo 5:16).

Es importante que lo recordemos y, si constantemente podemos tener en cuenta que Dios nos ha dado esta responsabilidad, ello nos ayudará a actuar de acuerdo con sus mandamientos.

Siempre he pensado que aquellos de nuestros jóvenes que se encuentran en problemas, ya sea relacionados con la ley o con el consumo de alcohol o drogas, y a menudo demuestran total irresponsabilidad en el manejo del dinero, muchas veces los tienen por el mal ejemplo de los adultos; en la mayoría de los casos, sólo hacen lo que han visto hacer a otras personas. Hay demasiada inmoralidad, deshonestidad y falta de integridad en los líderes que dirigen los asuntos de nuestras naciones, nuestras escuelas y nuestras comunidades. Tenemos que encontrar la forma de volver a los nobles ideales y los elevados principios que caracterizaron la vida de aquellos que pelearon y murieron en defensa de la verdad, la religión y la libertad. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Bendiciones Patriarcales

Bendiciones Patriarcales

James E. FaustPor el élder James E. Faust
Del Consejo de los Doce

La bendición patriarcal es un privilegio único y extraordinario que pueden reci­bir aquellos miembros fieles de la Igle­sia que tienen la madurez suficiente co­mo para comprender la naturaleza y la importancia de dichas bendiciones. Es­tas bendiciones privilegiadas constituyen un testimonio poderoso de la mi­sión del Salvador y de su propósito de darnos a cada uno de nosotros la opor­tunidad de ganar la exaltación. Al igual que muchas otras bendiciones, las bendiciones patriarcales deben ser so­licitadas por la persona o la familia de quien la desea, sobre quienes recae la responsabilidad de recibirla.

Cada vez que leemos nuestra bendi­ción patriarcal, nuestro testimonio pue­de fortalecerse aún más y nuestra vida puede adquirir un mayor propósito. De­bido a su propia naturaleza, todas las bendiciones dependen del grado de fi­delidad de las personas que las reci­ben y están basadas en ciertas condi­ciones, sea que éstas se mencionen o no cuando se les otorgan a la persona dichas bendiciones.

En la actualidad tenemos muchas es­tacas de Sión en muchos de los países del mundo, y en la mayoría de ellas hay por lo menos un patriarca, privilegio que, debido al crecimiento de la Igle­sia, permite que cientos de personas en muchas tierras reciban sus bendi­ciones patriarcales.

Los patriarcas
Deseo rendir tributo a estos hombres fieles que han sido ordenados a este gran llamamiento y quienes, en la ma­yoría de los casos, se cuentan entre los más humildes y fieles de todos nuestros hermanos. La dignidad de la vida de estos hombres escogidos les permite recibir la inspiración de los cielos. Los patriarcas tienen el privilegio de dar bendiciones directamente en lugar de simplemente solicitarlas para que le sean otorgadas al individuo; ellos están autorizados para hablar por el Señor. El oficio de patriarca es uno de los oficios más importantes en el Sacerdocio de Melquisedec, y su función es la de ben­decir, no la de administrar ni de acon­sejar. Este es un llamamiento sagrado que, por lo general, lo desempeñan los patriarcas por el resto de su vida. Nuestros patriarcas se dedican totalmente a desempeñar su llamamiento y hacen todo lo posible por vivir una vida fiel y digna para asegurarse de que cada bendición sea inspirada.

La bendición
Bajo la inspiración del Espíritu Santo, el patriarca declara el linaje de la persona que recibe la bendición y añade bendiciones, dones espirituales, promesas, consejos, exhortaciones y advertencias que él se siente inspirado a dar. Es, en resumen, una declaración profética.

Las bendiciones patriarcales deben leerse frecuentemente y con espíritu de humildad y devoción. Son muy personales, pero pueden compartirse con los miembros de la familia. Son guías sagradas de consejo, promesas e información que provienen del Señor. Sin embargo, nadie debe esperar que las bendiciones den en forma detallada todos los acontecimientos que sucederán durante la vida o que sean la solución a todos nuestros problemas. Si en una bendición se omite un acontecimiento muy importante en la vida, tal como una misión o el matrimonio, eso no quiere decir que la persona no recibirá dichas bendiciones. Mi propia bendición patriarcal es corta y tal vez sólo ocupe tres cuartas partes de una página. Sin embargo, ha sido para mí muy completa, adecuada y perfecta.

El presidente Heber J. Grant nos dice que su bendición patriarcal no fue muy larga: “El patriarca puso sus manos sobre mi cabeza y me confirió una bendición cortita que podía incluirse en menos de una página escrita a máquina. Sin embargo, esa bendición ha predicho mi vida hasta el momento presente.» (James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Salt Lake City, Bookcraft, 1965-76, 5:152.)

¿Cuándo se cumplen las bendiciones patriarcales?
El élder John A. Widtsoe dijo lo siguiente: “Se debe tener en cuenta que el cumplimiento de las promesas hechas puede realizarse en esta vida o en la venidera. En ocasiones, la fe de algunos se ha visto en peligro debido a que bendiciones que se les habían prometido no se han cumplido en esta vida. Lo que han olvidado es que en el evangelio, la vida con todas sus actividades continúa para siempre y que las labores terrenales pueden también continuar en el cielo. Además, el dador de todas las bendiciones, el Señor, se reserva el derecho de hacer que estas bendiciones se cumplan en nuestra vida en una forma que satisfaga sus propósitos divinos. Tanto nosotros como nuestras bendiciones dependen del Señor; sin embargo, hay un testimonio que todos conocemos, el cual dice que cuando se obedece una ley, las bendiciones prometidas se cumplirán.” (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, Salt Lake City, Bookcraft, 1960, pág. 323.)

Este principio quedó muy bien ilustrado en la bendición patriarcal de mi padre, pues a él se le había dicho en su bendición que sería bendecido con “muchas hijas hermosas”. El y mi madre tuvieron solamente cinco hijos varones, pero por supuesto trataron a las esposas de sus hijos como si fueran sus propias hijas. Durante el verano pasado, cuando todos los de la familia nos reunimos, pude contemplar a las nietas de mi padre ir de un lugar a otro, ayudando, preparando los alimentos, cuidando a los niños y a los ancianos, y en ese momento comprendí que la bendición de mi padre se había cumplido literalmente, que él en verdad tiene muchas hijas hermosas. El patriarca que le dio la bendición a mi padre tenía la visión espiritual de ver más allá de esta vida; en ese momento la línea que divide esta vida de la eternidad había desaparecido. Es el Señor y no el patriarca el dador de toda bendición. Dios conoce nuestra alma y también nuestras debilidades y fortalezas; El conoce nuestra capacidad y nuestro potencial. Nuestras bendiciones patriarcales nos muestran lo que el Señor espera de nosotros y nos ayudan a ver nuestro propio potencial. Pueden darnos ánimo en los momentos de desaliento, fortalecernos cuando sentimos temor, consolarnos durante las horas de tristeza, darnos valor con nuestros momentos de angustia y alentarnos cuando estamos espiritualmente débiles.

Bendiciones de padre
El élder John A. Widtsoe declaró: “Todo padre cuyos hijos hayan nacido bajo el convenio es para ellos un patriarca y tiene el derecho de bendecir a su posteridad por la autoridad del sacerdocio que posee”. (Evidences and Reconciliations, pág. 321.)

La Primera Presidencia ha hecho la siguiente declaración; “Indiscutiblemente debemos poner nuevo y adicional hincapié en el papel que corresponde al padre en el otorgamiento de bendiciones a sus hijos. Pensamos que debemos, por lo general, dejar a los patriarcas así ordenados en las estacas la responsabilidad de pronunciar el linaje en lo que se refiere a una bendición patriarcal oficial. No obstante, podemos dar margen para que cualquier padre de familia que se sienta inspirado a pronunciar el linaje dentro de una bendición paternal pueda hacerlo sin impedimento.

“Debemos instar y estimular a los padres de familia para que den bendiciones paternales a sus hijos en ocasiones tales como la partida de ellos al servicio militar, a la universidad, o a una misión o cualquier otra ocasión que lo amerite.

“La bendición paternal puede asentarse en los registros personales de la familia, mas no en los archivos de la Iglesia.” (Manual general de Instrucciones, No. 21, Latinoamérica y España, págs. 60-61.)

Adopción en la casa de Israel
Muchos de los que no son de la simiente de una de las tribus específicas de Jacob están llegando a la Iglesia en esta época. Nadie debe pensar que por el hecho de no pertenecer al linaje de Israel se le nieguen ninguna de las bendiciones que le corresponden.

El apóstol Pablo hizo repetidas referencias a la adopción en la casa de Israel por medio de la fe;

“Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Romanos 8:9.)

Y de nuevo dijo:

“Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloría, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas.» (Romanos 9:4.)

El rey Benjamín se refiere a los fieles como a la «progenie de Cristo, hijos e hijas de él”, siendo de esa manera “engendrados espiritualmente… por medio de la fe”, llegando de esa forma por medio de un nacimiento espiritual a pertenecer a la familia de Cristo. (Mosíah 5:7.)

No importa si las bendiciones de la casa de Israel se reciben por medio del linaje o del espíritu de adopción. El élder John A. Widtsoe declaró: “No importa sí el linaje es un linaje de sangre o de adopción». (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, pág. 322.)

El libro de Abraham dice: «Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados como tú descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos” (Abraham 2:10).

El profeta José Smith enseñó que «al descender el Espíritu Santo sobre uno que es de la descendencia literal de Abraham, viene con calma y serenidad… mientras que el efecto del Espíritu Santo en un gentil es purgar la sangre vieja y convertirlo efectivamente en descendiente de Abraham. Él hombre en quien no hay (físicamente) la sangre de Abraham debe sufrir una creación nueva por medio del Espíritu Santo.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 177.)

¿Qué sucederá si no permanecemos en el camino que el Señor nos ha trazado y al que se nos asignara antes de que fueran puestos los cimientos de este mundo? De la misma forma en que el Señor le dijo a Pablo, vosotros sois instrumentos escogidos para llevar su nombre «en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Esforzaos por ser dignos de recibir las bendiciones pronunciadas sobre vuestra cabeza por los patriarcas y por vuestro propio padre.

Yo recibí mi propia bendición patriarcal cuando apenas tenía doce años de edad, y fue en esa corta bendición que aprendí algo sobre mis responsabilidades y labores que tenía que desempeñar para ayudar en el establecimiento del Reino.

Es mi oración que todos podamos vivir dignamente para poder lograr que se cumplan las bendiciones que nos prometió el Señor por medio de nuestros padres, en su calidad de patriarca del hogar, y también por medio de los patriarcas ordenados, y que nos esforcemos para que todo lo que hagamos sea con el propósito de que estas grandes promesas se cumplan.

(Liahona Junio 1983)

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 1 comentario