Lo que salvó nuestro matrimonio

Marzo de 1983
Lo que salvó nuestro matrimonio
Por Judith Long

Vamos a tratar de salvar nuestro matrimonio, o vamos a dejarlo que fracase? —me preguntó.

Hacía sólo siete meses que nos habíamos casado. Yo estaba sentada en la cama, embarazada de seis meses y las lágrimas me corrían por las mejillas mojándome el camisón. ¡No podía dar respuesta a la pregunta de mi esposo!

Jim no era miembro de la Iglesia. Era alférez de navío en un destructor de la Marina de los Estados Unidos, en el puerto de San Diego, California, y tenía que salir en maniobras durante toda una semana y luego trabajaba en tierra la siguiente. A él le encantaban su trabajo, sus amigos de a bordo, y también el momento de regresar a casa. Pero yo, encontrándome sola una semana entera de cada dos, en una ciudad desconocida, lejos de mis familiares y amigos y completamente inactiva en la Iglesia, a menudo me dejaba hundir en un estado de depresión. Los malestares propios del embarazo y mi cuerpo cada día más pesado no contribuían en nada a mejorar mi actitud. ¡Me sentía como atrapada!

Al finalizar las semanas en el mar, mi marido volvía a casa con su optimismo característico, esperando encontrar allí una esposa feliz y sonriente. Pero después de una semana de solitaria espera, mi estado de ánimo no era precisamente alegre.

Una nube oscura y funesta iba cubriendo nuestro hogar. Las dudas me asaltaban y ni siquiera estaba segura de amarlo; por su parte, él no parecía comprenderme ni darse cuenta de mis necesidades. ¿Esa era la gran felicidad conyugal que se suponía debíamos tener? Habíamos tratado de analizar el problema serenamente, pero cada vez que lo hacíamos, sólo encontrábamos soluciones superficiales, sin llegar al fondo del asunto.

Ese día, sentados frente a frente, vimos que nuestro matrimonio se tambaleaba peligrosamente. ¿Qué podíamos hacer? Como una sombra amenazadora se levantó entre nosotros la palabra divorcio. ¿Era eso lo que buscábamos? Tenía tal significado de algo final, absoluto y permanente que nos hizo estremecer. Pero ¿cómo podríamos cambiar?

Nos quedamos en silencio, meditando. De pronto, Jim levantó la vista y me dijo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El evangelio de arrepentimiento

Marzo de 1983
El evangelio de arrepentimiento
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEstamos tan agradecidos a nuestro Padre Celestial por habernos bendecido con el evangelio de arrepentimiento, que es el eje de todo el plan del evangelio. El arrepentimiento es la ley de progreso del Señor, es su principio para nuestro desarrollo y su plan para nuestra felicidad. Estamos muy agradecidos por tener su clara promesa de que el pecado y el error pueden reemplazarse con un arrepentimiento sincero y completo, cuyo premio será el perdón.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, dijo el Maestro. (Mateo 11:28.)

El aspecto glorioso del arrepentimiento es que las Escrituras están tan llenas de las promesas de perdón del Señor como de sus mandatos a arrepentimos, a cambiar nuestra vida y a vivirla conforme a sus hermosas enseñanzas.

Dios es bueno. Él está ansioso por perdonarnos. El desea que nos perfeccionemos y mantengamos control sobre nosotros mismos. Él no quiere que Satanás u otros controlen nuestra vida. Debemos aprender que la obediencia a los mandamientos de nuestro Padre Celestial es el único camino para llegar a tener un control total de nuestra vida, que es la única senda para encontrar gozo, verdad y satisfacción total en esta vida y en la eternidad.

De esta manera, el Señor nos ha dicho a aquellos a quienes ha dado a conocer estas verdades en esta última dispensación:

“No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación; guardad mis mandamientos, y ayudad a que salga a luz mi obra, según mis mandamientos.” (D. y C. 6:9.)

“Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo.” (D. y C. 18:14.)

Cuando los primeros santos se dirigían a Misuri, el Señor instruyó a los líderes de la siguiente forma:

Spencer W. Kimball“Prediquen por el camino y den testimonio de la verdad en todo lugar, llamando al arrepentimiento al rico y al noble, al plebeyo y al pobre.

“Y organicen ramas de la Iglesia, si se arrepienten los habitantes de la tierra.” (D. y C. 58:47-48.)

Hoy es nuestro día para arrepentimos. Es un día en el que debemos estudiar cuidadosamente nuestra propia situación y cambiar de manera de vivir, si nos fuera necesario. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

La crítica…

Febrero de 1983
La crítica…
Por Dan Workman

La crítica puede ser uno de los mayores obstáculos para el amor; pero por otra parte, éste es también el método más eficaz para sobreponernos a la crítica.

Habían llegado los maestros orientadores, y apenas se habían sentado para hablar con la familia, cuando el hijo adolescente se apresuró a preguntar:

— ¿Cómo podemos decir que la nuestra es la única Iglesia verdadera, cuando algunos de mis mejores amigos no son mormones y creen tanto en la veracidad de su religión como nosotros en la nuestra?

Una mirada al padre del joven dio por resultado un leve encogimiento de hombros como diciendo: Nosotros ya hemos tratado de contarle. Ahora les toca a ustedes. El mayor de los maestros orientadores quedó en silencio un momento, v después dijo: —Bueno, Carlos, tu pregunta me parece sincera. Me recuerda algo que me sucedió cuando yo mismo tenía un par de años más de los que tú tienes ahora. Cuando me alejé de la casa de mis padres y decidí ir a la universidad por primera vez, metí en las valijas ciertas ideas fijas que tenía. Llamémoslas prejuicios. Pensaba que dejaba la vida simple de una granja, donde había llevado una existencia protegida, para ir a una gran ciudad inicua, donde tendría que poner a prueba en todo momento los principios que se me habían enseñado; esto, por supuesto, no sucedió. Me sorprendió que la mayoría de mis compañeros fueran personas excelentes. Algunos de ellos concurrían a una iglesia distinta de la mía, y otros ni siquiera iban a ninguna. Al observar su comportamiento, a veces me preguntaba si yo habría sido capaz de ser tan honrado como muchos de ellos si no me hubiera criado con las creencias de la Iglesia Mormona. Tal vez tú mismo te hayas hecho esa pregunta.

Carlos asintió con la cabeza, y el maestro orientador continuó.

—De manera que, cuando decimos que somos miembros de la única Iglesia verdadera, no estamos diciendo que somos superiores a otras personas ni que somos los únicos que se preocupan por hacer el bien. Queremos decir que ésta es la única Iglesia que el Señor ha autorizado, por medio del poder del sacerdocio, para predicar su evangelio y efectuar las ordenanzas necesarias para la salvación. Queremos que todas las personas posean este conocimiento, que es de beneficio para su vida espiritual…

La charla continuó tranquilamente. Después de buscar el pasaje que dice: “Un Señor, una fe, un bautismo” (Efesios 4:5), y algunos otros similares, Carlos sintió que había recibido una respuesta satisfactoria a su pregunta.

La respuesta del maestro orientador a la pregunta que inquietaba a Carlos ilustra una variedad de principios que pueden ayudarnos a enfrentar la crítica de manera positiva y eficaz.

  1. No se sobresalte; esté preparado. A veces los maestros orientadores tienen que contestar preguntas o declaraciones que parecen criticar a la Iglesia, los principios del evangelio, otros miembros o líderes de ella.’ La manera de responder a tales críticas puede dejar una impresión duradera en las familias a quienes se les asignó ayudar. Pero, si los maestros orientadores se preparan para contestar de una forma razonable, ejerciendo su influencia “por la persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero; por bondad y por conocimiento puro” (D. y C. 121:41—42), rara vez habrá ocasión de sorprenderse, sentirse avergonzado, o de que se desate una lucha de opiniones.

La contención y la discusión no tienen lugar en el programa de orientación familiar. Al responder con suavidad y confianza, este maestro orientador preparó la vía para que Carlos estuviera de acuerdo con su razonamiento, una vez que el muchacho estuviera listo para hacerlo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Todo el que procure salvar su vida

Todo el que procure salvar su vida

Gordon B. Hinckley

Por el presidente Gordon B. Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia

Aquel que se olvida de sí en el servicio a sus semejantes evolucionará y progresará, tanto en esta vida como en la eternidad.


Mace varios años, en una mañana dominical, me encontraba en la casa de un presidente de estaca, en un pequeño pueblo de Idaho. Antes de la oración matutina toda la familia se reunió para leer algunos versículos de las Escrituras, entre los cuales se leyeron algunas palabras de Jesús que se encuentran registradas en Juan 12:24:

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Sin duda alguna el Maestro se estaba refiriendo a su propia muerte que habría de venir, declarando que a menos que El muriera, su misión en la vida sería totalmente en vano. Sin embargo, para mí estas palabras contienen un significado adicional; me parece que el Señor nos está diciendo a cada uno de nosotros que a menos que nos perdamos a nosotros mismos en el servicio a nuestros semejantes, estamos viviendo una vida sin gran propósito. Y continúa diciendo:

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.” (Juan 12:25.)

O, como se encuentra en el Evangelio de Lucas:

“Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará.” (Lucas 17:33.)

En otras palabras, aquel que sólo se preocupa por sí mismo se marchitará y morirá, mientras que aquel que se olvida de sí en el servicio a sus semejantes evolucionará y progresará, tanto en esta vida como en la eternidad.

Esa mañana en la conferencia de estaca, el presidente con quien yo había estado fue relevado después de trece años de haber servido fielmente. Se podía percibir el amor y el aprecio que todos sentían hacia él, no por su riqueza material, ni por su posición en la comunidad, sino por el gran servicio que había prestado en forma tan desinteresada. Sin ningún deseo de obtener beneficio personal, había manejado miles y miles de kilómetros bajo toda condición de clima, y literalmente había pasado miles de horas sirviendo a los demás. Había dejado a un lado sus asuntos personales para ayudar a quienes necesitaban de su ayuda, y al hacerlo se había convertido en alguien muy especial para aquellos a quienes había servido.

Ese día un nuevo presidente tomaba su lugar, y había muchos que se sentían orgullosos de él y felices por la oportunidad que se le presentaba. Sin embargo, había un hombre que se sentía más orgulloso y feliz que todos los presentes y ocupaba el lugar del secretario de la estaca, un cartero rural de profesión. Él había sido quien doce años antes, en forma tranquila y paciente, persuadiera al vecino, que se encontraba totalmente inactivo, a que regresara a la Iglesia,

Hubiera sido mucho más fácil no haberse inmiscuido en la vida de su indiferente vecino, y hubiera sido más fácil también simplemente haberse olvidado de los demás y dedicado a su propia vida. Sin embargo, él había dejado a un lado sus intereses personales para preocuparse por alguien, y ese alguien se convertía aquel domingo en un líder respetado y honorable de una gran estaca de Sión. En el momento en que toda la congregación sostenía a su nuevo presidente, el hombre que ocupaba la mesa del secretario derramaba lágrimas de gratitud. Por medio de su ejemplo él había llevado nuevo sentido a la vida del hombre que esa mañana era sostenido como presidente de estaca.

En una ocasión alguien dijo una frase de gran significado:

“Cuán cuidadosamente la mayoría de los hombres pasan por esta vida sin dejar huella alguna, mientras que de vez en cuando uno o dos, al olvidarse de sí mismos, pasan a la inmortalidad.” Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El está cerca, dispuesto a ayudarnos

Diciembre de 1982
El está cerca, dispuesto a ayudarnos
Por el élder Ted E. Brewerton
Del Primer Quórum de los Setenta

Teddy E. BrewertonNunca nadie debe dar cabida a la idea de que está solo, porque tenemos muchas evidencias para demostrar lo contrario. Nosotros, como hijos e hijas literales de un Dios viviente, tenemos todos los derechos de saber que nuestro Padre Celestial nos ama y que siempre está disponible y deseoso de ayudamos. De todas maneras, debemos tener en cuenta que Él puede ver más allá de todas las cosas y, conociendo mejor que nosotros nuestras verdaderas necesidades, nos ayuda de acuerdo con su propia sabiduría. Por esta razón, es de suma importancia que confiemos en El.

Por medio del profeta José Smith, el Señor nos hace llegar esta invitación reconfortante:

“Junto con este mandamiento que os doy, de llamarme mientras estoy cerca. . .

“Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá.” (D. y C. 88:62-63.)

Cuando yo servía como presidente de misión en América Central, tuve la oportunidad de conocer a un misionero que tuvo una maravillosa experiencia, la cual demuestra la proximidad del Señor y su deseo de ayudamos en momentos de necesidad. Este élder apenas era algo mayor que el resto de los misioneros. Era converso a la Iglesia y, después de haber estado en el servicio militar, se había preparado para ir a la misión. Cuando recibió su llamamiento, fue al centro de capacitación misional en Salt Lake City y estando ya allí, se preguntó: “Yo tengo un testimonio, ¿pero dónde está? Si en la misión voy a gastar mis propios ahorros, debo saber en verdad si José Smith fue un verdadero Profeta de Dios”.

Esa noche se hincó en su habitación y abrió su corazón a nuestro Padre Celestial, rogándole le hiciera saber si José Smith era realmente un profeta. Para su desilusión, no tuvo una experiencia que le diera la confirmación que deseaba, de modo que, al día siguiente, continuó asistiendo a las reuniones. Era el día en que una Autoridad General iba a dirigirles la palabra. Sin mucho interés, se sentó en la parte de atrás, detrás de otros 305 misioneros. Cuando el presidente N. Eldon Tanner entró en la habitación, el élder pensó: “Pues él tiene el mismo aspecto que cualquier otro hombre de negocios bien vestido; esto no quiere decir que parezca un profeta”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Antes del llamamiento

Diciembre de 1982
Antes del llamamiento
Por David R. Mickel

Algunos presidentes de misión aconsejan cómo prepararse para una misión regular

Se siente un magnetismo especial en la casa de la misión a la llegada de nuevos élderes y hermanas. Los recién llegados se notan ansiosos y el personal de la misión está entusiasmado ante la posibilidad de ayudarles a adaptarse rápidamente dentro del sistema del proselitismo. El presidente de la misión está ansioso también por asegurarse de que para cada misionero la misión sea una hermosa y compensadora experiencia al servicio del Señor.

El presidente de la misión hace entrevistas personales a los nuevos élderes y hermanas, y rápidamente se da cuenta de que algunos están entusiasmados y otros preocupados, algunos son tímidos y otros se sienten orgullosos, pero todos demuestran interés en saber la mejor forma de cumplir sus llamamientos. A medida que aprenden y progresan, casi todos se van transformando en buenos misioneros.

Hay algunos que parecen estar excepcionalmente bien preparados ya desde el comienzo de su misión. Si un presidente tuviera la oportunidad de compartir sus observaciones sobre sus trabajadores más eficaces, ¿qué diría?

Entrevistas hechas a varios presidentes y ex presidentes de misión en el mundo indican que muchos de aquellos misioneros que son más felices y tienen mayor éxito comienzan a prepararse para su servicio mucho antes de que el sobre de las Oficinas de la Primera Presidencia, en Salt Lake City, Utah, llegue a su casa. Hablamos con el presidente Roland R. Wright de la Misión Nueva York—Ciudad de Nueva York, con el presidente Marión C. Robinson de la Misión Uruguay—Montevideo, con el presidente Ben E. Lewis de la Misión Inglaterra—Londres, con el presidente Lindsay R. Curtís de la Misión California—Oakland, y con el presidente R. Dean Robinson de la Misión Francia—París. He aquí un resumen de sus sugerencias a aquellos que se preparan para «embarcarse en el servicio de Dios”.

¿Existen algunas características personales específicas que la gente joven que planea servir en una misión regular deba tratar de desarrollar?

El presidente Lewis dice:

“Deben tener el deseo de servir al prójimo. Deben desarrollar una actitud de optimismo y felicidad, y ser capaces de ver las cosas buenas en la gente y no sus fracasos y faltas. Necesitan ser obedientes a los mandamientos del Señor y no tratar de oponerse a los reglamentos. Necesitan obtener un firme testimonio del Salvador y pasar cierto tiempo preparándose para conocer a fondo las Escrituras.”

El presidente Dean Robinson está de acuerdo.

“Mis mejores misioneros tienen fe en que el Señor les dirigirá en sus esfuerzos si se imponen metas. Literalmente invocan los poderes del cielo.” (Véase D. y C. 121:36.)

Agrega que los buenos misioneros han aprendido a llevarse bien con su Padre Celestial, y lo hacen a menudo durante el día.

El presidente Lewis también explica que los élderes y hermanas que desempeñan bien su deber son los que parecen haberse sobrepuesto a la nostalgia, porque saben cómo hacerlo.

“A veces”, dice, “un corto período de la universidad les ayuda a obtener un panorama más amplio sobre otras gentes y culturas; pero nunca deben ir a la universidad en vez de cumplir una misión, en el caso de personas que están capacitadas para servir.”

Todos los presidentes están de acuerdo en que la dignidad es esencial.

“Los misioneros deben vivir una vida recta antes de llegar a la misión; deben aprender cómo mantenerse a sí mismos bajo control”, el presidente Lewis dice. “El vocabulario y los hábitos personales deben ser irreprochables”.

¿Qué más deben hacer para prepararse aquellos que desean salir como misioneros?

“Los cinco puntos básicos deberían comprender la obediencia, el sacrificio, el trabajo intensivo, la oración y la fe. La fe hace posibles las cosas imposibles; abre el entendimiento y las puertas cerradas. Hasta que los misionemos no aprenden a entender y a andar por la fe, (véase 2 Corintios 5:7) no son eficaces”, dice el presidente Dean Robinson. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La Iglesia Cristiana

Diciembre de 1982
La Iglesia Cristiana
Por T. Edgar Lyon

Los cristianos del siglo XX, empeñados en reconstruir la historia de los principios de la Iglesia, comprendieron claramente la gran deuda que tienen con un escritor del primer siglo de nuestra era, un médico llamado Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre y del libro Hechos de los Apóstoles. En realidad, ambas obras componen una historia de la fundación del cristianismo.

A pesar de lo mucho que apreciamos los escritos de Lucas, hay muchos detalles que desearíamos que él hubiera registrado. No hay en ellos ningún registro de la organización de la Iglesia en los días de Jesús, ni de los oficiales que dirigían, sus correspondientes títulos, o la autoridad que tenían. Tampoco menciona el término con que se denominaba a la comunidad cristiana en Jerusalén, ni qué pensaban los judíos cristianos acerca del templo y sus alrededores, de los sacrificios diarios que ofrecían allí los sacerdotes levitas o del día sabático que guardaban los judíos. Quizás esa falta se debiera a que Teófilo, a quien están dedicadas ambas obras, estuviera tan familiarizado con todas esas cosas que Lucas no viera ninguna necesidad de hablarle de ellas.

El progreso de la Iglesia
En el libro Hechos de los Apóstoles continúa la narración sobre la comunidad cristiana, que había quedado en suspenso al finalizar el Evangelio que él escribió. Luego de la ascensión del Señor Jesucristo desde el Monte de los Olivos, Lucas relata una reunión de los santos en Jerusalén, “cómo ciento veinte en número” (Hechos 1:15). Pedro había dicho que los Apóstoles tendrían que seleccionar candidatos entre los cuales se eligiera uno que llenara la vacante dejada por Judas Iscariote, y había mencionado dos condiciones que ese hombre debía poseer: Tenía que haber andado con Jesús y sus discípulos desde el bautismo del Salvador, y haber sido un testigo de la resurrección de Cristo. De acuerdo con estos requisitos, encontraron dos hombres que parecían igualmente calificados; entonces oraron al Señor pidiéndole que, por conocer El corazón de las personas, les indicara “cuál de estos dos has escogido” (véase Hechos 1:24). Luego fueron inspirados para elegir a Matías, quien pasó a formar parte de los Doce. Es muy significativo notar la insistencia de los Apóstoles en que la Iglesia fuera guiada por el Espíritu y no por el discernimiento humano.

Después de esto, Lucas conduce a sus lectores a un emocionante acontecimiento ocurrido diez días después de la ascensión de Jesús, durante la festividad judía de la Pascua. Él nos dice que en aquel día memorable, estando reunidos los judíos procedentes de diferentes provincias del Imperio Romano en un lugar que no se menciona, ocurrió en los Apóstoles una milagrosa manifestación de lenguas extranjeras. Los que los oyeron se admiraban de que aquellos galileos pudieran enseñar el evangelio en idiomas desconocidos para ellos. (Véase Hechos 2:1-37.)

Luego de esa milagrosa manifestación, Pedro hizo un extraordinario resumen de la misión mesiánica de Jesucristo, testificando que era el Redentor del mundo, y que había resucitado. Los de la congregación, comprendiendo súbitamente su necesidad de arrepentirse por haber rechazado al Maestro como su Mesías, le preguntaron a Pedro cómo podrían escapar al castigo que tan justamente merecían. Este les respondió predicándoles los primeros principios del evangelio, y Lucas registró que “aquel día como tres mil personas” entraron en la Iglesia por medio de las aguas del bautismo. (Véase Hechos 2:37-42.)

Como consecuencia de otro acontecimiento extraordinario, hubo más conversos que se unieron a la Iglesia. Pedro y Juan habían ido al templo “a la hora novena, la de la oración” (Hechos 3:1), y al entrar encontraron en el portal a un mendigo que pidió dinero a Pedro. Este le respondió que no tenía nada, pero le dijo: “lo que tengo te doy”, y sanó al hombre, que había sido inválido de nacimiento. Este milagro, presenciado por muchas personas, atrajo a todo el pueblo “al pórtico que se llama de Salomón”. Allí Pedro les habló recordándoles la forma en que ellos había rechazado a Jesús de Nazaret como su Mesías y los llamó al arrepentimiento por tan grave pecado. Lucas registra que esa prédica fue tan elocuente que “muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”. (Véase Hechos 3:11,4:4.)

Los santos “tenían en común todas las cosas”
El entusiasmo que reinaba entre el gran número de personas que se convirtieron en ambas ocasiones y el compromiso que hicieron de llevar una vida de hermandad eran tales que, de acuerdo con las enseñanzas del evangelio acerca del interés y el cuidado que se debían los unos a los otros, deseaban compartir entre sí todo lo que poseían: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El mensaje de los cuatro Evangelios

Liahona, Diciembre de 1982

El mensaje de los cuatro Evangelios

Por Robert C. Patch

Al comenzar nuestro estudio, en 1983, de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, un conocimiento de los antecedentes de cada libro nos facilitará la comprensión de lo que contienen. En este artículo, el hermano Patch considera el significado de la palabra evangelio, por qué se les llama así a los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento, y cómo estos cuatro relatos, aunque diferentes, refuerzan y suplementan un testimonio unido de Cristo.


Evangelio es la versión española de una palabra griega, euaggelion, que significa buena nueva. Según parece, Jesús utilizó la expresión por primera vez en la sinagoga de Nazaret cuando afirmó que Dios le había ungido para predicar las buenas nuevas (véase Lucas 4:18; también Isaías 61:1).

Cabe preguntarse: ¿Qué es, precisamente, el evangelio? La revelación moderna perfecciona la definición. En D. y C. 76:4-44, el término evangelio comprende los conceptos relacionados con la misión de Jesús en el mundo: Que El vino para ser crucificado, para llevar sobre sí los pecados del mundo, para santificarlo, y para glorificar al Padre salvando a todos, menos a los hijos de perdición.

En otras dos revelaciones, evangelio encierra además las doctrinas tan importantes del arrepentimiento, el bautismo y el bautismo de fuego del Espíritu Santo para que se le pueda enseñar al individuo “las cosas apacibles del reino” (D. y C. 39:6).

El Libro de Mormón indica que cuando los doce discípulos de Jesús le preguntaron acerca del nombre de la Iglesia, el Salvador aclaró que sería su Iglesia si se la llamara por Su nombre y si estuviera fundada sobre su Evangelio. (Véase 3 Nefi 27:1-10.)

El evangelio, aparte de las ideas halladas en Isaías y Doctrina y Convenios, incluye otros cuatro conceptos: Que El vino para cumplir la voluntad del Padre, que el ser humano será levantado de la muerte para ser juzgado, que el mundo será juzgado, y que El glorifica al Padre. (Véase 3 Nefi 27:13-14, 16, 19; también Juan 14:13.)

Con la ayuda, pues, de la revelación moderna, podemos expresar las acepciones del término evangelio en la siguiente forma:

  1. La misión de Jesús es autorizada por el Padre y lo glorifica.
  2. Su Sacrificio redentor y muerte en la cruz hacen posible la santificación del mundo.
  3. Por medio de su propia resurrección, Jesús abrió las puertas de la prisión de la muerte.
  4. Así como los hombres de Su época lo levantaron sobre la cruz, así también el Padre levantará al hombre de la muerte para comparecer ante Jesús en el juicio.
  5. La exhortación de arrepentirse se da “a los extremos de la tierra” (D. y C. 1:11).
  6. Sólo aquellos que son santificados por la fe, el bautismo y por el Espíritu Santo pueden purificarse.

Por estas razones la proclamación del evangelio puede llamarse acertadamente la buena nueva; Jesús en Nazaret aplicaba este significado de la expresión, que también se halla en el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Las bendiciones del ayuno

Diciembre de 1982
Las bendiciones del ayuno
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyUna de las enseñanzas importantes que el Señor nos ha dado es la de ser generosos en el pago de nuestras ofrendas de ayuno; por lo tanto, quiero que sepáis que al hacerlo recibiremos grandes recompensas, tanto de carácter espiritual como temporal. El Señor mismo dijo que la eficacia de nuestras oraciones dependía de nuestra generosidad hacia los necesitados (véase Alma 34:28).

En los días de Isaías las gentes murmuraban diciendo:

“. . . ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido.”

Y el Señor les contestó así:

“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?”

¡Cuán semejantes son nuestras acciones! Cuando ayunamos somos propensos a tener dolor de cabeza, y en ocasiones hasta fingimos estar muriéndonos de hambre. El Señor le hizo esta pregunta al antiguo Israel:

“¿No es más bien el ayuno que yo escogí. . .

“. . . que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras. . .?

“Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.

“Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. . .

“y si dieres tu pan al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.”

Pensad en esas maravillosas bendiciones que han sido prometidas a quienes contribuyan generosamente al cuidado de los pobres y los afligidos.

“Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.” (Isaías 58:3, 5, 6-10, 11.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 1 comentario

Hoy mismo!

Noviembre de 1982
¡Hoy mismo!
Por el élder Derek A. Cuthbert
Del Primer Quórum de los Setenta

Derek A. CuthbertHazel, nuestra hija adolescente, tiene un letrero en la pared de su dormitorio que contiene un mensaje sencillo pero vital: “Hoy es el primer día del resto de tu vida”, posiblemente una aseveración bastante exacta, pero que bien podríamos examinar y meditar dentro del contexto del evangelio.

El día de hoy es como una encrucijada, un punto crucial en el cual se divide nuestra vida entre el pasado y el futuro. Si nuestro pasado no ha estado en armonía con el Señor, pero nos arrepentimos y hoy somos personas diferentes, Él no lo recordará. Por el contrario, si nuestro pasado está lleno de buenas obras —servicio en el sacerdocio, servicio caritativo, servicio en el campo misional— en nada nos beneficiará si hoy no somos fieles.

Es la manera en que nos comportamos hoy en pensamientos, palabras, obras e intenciones lo que en verdad determina al lado de quién estamos. El Señor ha hecho hincapié en esto continuamente por medio de los profetas de la antigüedad y de los de esta última dispensación. Por intermedio de Ezequiel proclamó:

“La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare. . .

“Y cuando el impío se apartare de su impiedad, e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello.” (Ezequiel 33:12, 19.)

En los últimos días hemos recibido la misma promesa por medio del profeta José Smith:

“He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y, yo, el Señor, no los recuerdo más.” (D. y C. 58:42.)

El arrepentimiento, el cambio y la conversión deben acontecer hoy. ¿No somos todos acaso pecadores por comisión u omisión? ¿No fallamos todos en llevar a cabo lo que nuestro Padre Celestial espera de nosotros, sus hijos? Qué gran bendición es la de poder comenzar de nuevo, sin que el Señor tome en cuenta lo pasado. El apóstol Pablo dio un maravilloso consejo en cuanto a esta bendición cuando exhortó a los santos de Éfeso diciendo:

“. . . despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
“y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:22-24.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Podemos substituir al señor?

Noviembre de 1982
¿Podemos substituir al señor?
Por Paul James Toscano

Nunca olvidaré el día en que recibí mi último cambio como misionero. Ya lo esperaba, pues el presidente había indicado que habría cambios entre los líderes misionales y yo estaba seguro de que sería nombrado líder de zona para los últimos seis meses que me quedaban en la misión.

Cuando me llegó la noticia, nerviosamente abrí el sobre y saqué la carta, escrita en el papel membretado de la misión. Rápidamente busqué en la página mi nueva asignación y, para mi consternación, no encontré lo que estaba buscando.

Me invadió una sensación de temor y sentí que se me formaba un nudo de dolor en la boca del estómago. Volví a leer la carta, esa vez con más atención. La asignación era para terminar la misión como compañero mayor en Génova, ciudad del norte de Italia situada a orillas del Mar Tirreno. Y nada más.

Hice grandes esfuerzos por esconder de mi compañero la amarga desilusión que sentía, pero comprendí que él se daba cuenta de que algo me había pasado. Afuera, los rayos del sol primaveral se filtraban a través de las nubes y la luz vespertina bruñía los adoquines de las calles y aceras de Florencia. En las ventanas de los edificios las macetas con flores ponían una nota de color.

Los tacos de nuestros zapatos golpeaban acompasadamente mientras caminábamos por los angostos pasajes que conducían al Mercado del Cerdo, un lugar de ventas al aire libre llamado así por el gran cerdo de bronce que guarda uno de sus muchos portones de entrada. El mercado estaba lleno de mujeres que palpaban suavemente las verduras y las frutas maduras; en los portales se veían colgados quesos de bonitas formas y sartas de chorizos que despedían un fuerte aroma; había puestos adornados con hilos y cintas y con piezas de telas multicolores: sencillos lienzos, ricos damascos, cálidas lanas, finos encajes, y cueros bien curtidos y suaves que todavía conservaban su olor característico. Mesas y mostradores estaban atestados de ídolos de madera, tapetes, cuadros, estatuillas de mármol y delicadas piezas de cristal de Venecia; por todos lados se oía el bullicio característico de los clientes que regateaban y los vendedores que se movían con destreza entre su mercancía. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Defended vuestras convicciones

Agosto de 1979
Defended vuestras convicciones
Por el élder James E. Faust
Del Consejo de los Doce

(Discurso pronunciado en la Conferencia de Área de Canadá, en agosto de 1979.)

James E. FaustMis queridos hermanos y hermanas, siempre es un placer para mí reunirme con los santos.

La Iglesia a la cual pertenecemos tiene ahora un reconocimiento mundial. Representa muchas virtudes, incluyendo la integridad, la honestidad y un alto propósito moral. Y como institución defiende y practica algo que es contrario a las normas y moralidad actuales.

Nosotros, los miembros de la Iglesia, tenemos una identidad particular. Cada uno de nosotros es un ejemplo, ya sea fuerte o débil, bueno o mediocre.

Quisiera hablar de la importancia de que cada miembro defienda y observe plena, completa y abiertamente lo que la Iglesia debe representar en nuestra vida.

En Apocalipsis hay una fuerte amonestación para aquellos que no se manifiestan ni en pro ni en contra de algo:

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!

“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16.)

Se me ha persuadido, casi en contra de mi propio criterio, a que os relate una historia. Os pido que seáis pacientes y me perdonéis, porque se trata de una experiencia personal.

En 1942, aciago año de guerra, me inscribí en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos como soldado raso. Una fría noche, me asignaron a servir de guardia durante la noche entera. Al caminar por mi puesto tiritando y tratando de mantenerme despierto, medité y reflexioné a lo largo de esa miserable noche. Ya para la mañana había llegado a algunas conclusiones bastante firmes.

Estaba comprometido para casarme, y comprendía que no podría mantener una esposa con el pago que recibía como soldado raso. Pensaba que tendría que llegar a ser oficial. Al cabo de un par de días, después de esa noche de guardia, hice solicitud para inscribirme en la escuela de entrenamiento de oficiales. Poco después, en el día fijado, se me notificó, junto con algunos otros, que compareciera ante la Junta de Investigación, la cual examinaría mi aptitud y calificaciones. Estas últimas eran muy escasas, pero había cursado dos años de estudios universitarios y había cumplido una misión para la Iglesia en Sud América. Además, tenía veintidós años y gozaba de buena salud. Como era tan carente de calificaciones, me alegró poder poner en el formulario de solicitud que había sido misionero para la Iglesia.

Las preguntas que me hicieron los oficiales de la Junta de Investigación me sorprendieron. Casi todas se concentraban en mi servicio misional y mis creencias: “¿Fuma usted?”

“¿Qué opina usted de otros que fuman y toman?” No me fue difícil contestar éstas.

“¿Acostumbra usted orar?” “¿Piensa usted que un oficial debe orar?” El oficial que me hacía estas últimas preguntas era un aguerrido militar de carrera y no me parecía ser una persona que orara muy frecuentemente. Pensé: “¿Le ofendería si le respondiera según realmente creo? ¿Debería darle una respuesta neutral y decir solamente que la oración es un asunto personal?” Deseaba mucho ser oficial para no tener que pasar las noches en vela como guardia y cumplir otros deberes insignificantes, pero mayormente para que mi novia y yo pudiéramos tener los medios para poder casarnos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Al dar bendiciones del sacerdocio

Noviembre de 1982
Al dar bendiciones del sacerdocio
Por Dennis L. Lythgoe

Los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec tienen el privilegio y la autoridad de participar en la ordenanza del sacerdocio de bendecir a los enfermos.

“¿Está alguno enfermo entre vosotros?” escribió Santiago. “Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.”

A la par de la autoridad, no obstante, viene la gran necesidad de actuar por medio de la fe y la inspiración:

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. . .” (Santiago 5:14-15.)

La fe, la inspiración y la autoridad son todas esenciales al dar bendiciones del sacerdocio.

Una vez escuché al élder Matthew Cowley, un Apóstol de nuestro siglo, contar el relato de una bendición solicitada por el padre de un recién nacido en Nueva Zelanda. Cuando estaba a punto de empezar, el padre del niño, un maorí, le dijo: “Al darle el nombre, por favor, dele también la vista ya que nació ciego”.

“Me sentí abrumado”, dijo el élder Cowley. “Dudé, pero sabía que dentro de aquel polinesio existía la simple fe de un niño, una fe que no estaba opacada por la sicología ni la sabiduría de los hombres, sino una fe sencilla en Dios y en las promesas que Él ha hecho por medio de su Hijo Jesucristo. Le di el nombre al niño y finalmente me armé de suficiente valor para bendecirlo con la vista.

“. . . Lo vi hace pocos meses. Ahora tendrá seis o siete años, corre por todos lados y puede ver tan bien como yo.”

Una experiencia de gran influencia en mi propia vida tiene que ver con una excelente hermana maorí, también de Nueva Zelanda, mientras servía una misión en ese lugar. Estando enferma de gravedad la llevaron al hospital para ser sometida a una operación; yo dudaba de que sobreviviera, debido a su excesivo peso y a su avanzada edad.

Me pidió que la bendijera y me dijo:

— ¡Élder, sé que me pondré bien si usted me da una bendición!

Sentí profundamente la responsabilidad que tenía y oré al lado de su cama antes de dársela. Entonces recibió una bendición que nos sorprendió tanto a mi compañero como a mí, por ser tan positiva; y me preocupé, pues temí que me hubiera dejado llevar por mis propios deseos de verla recuperada. Pero ella me tomó de las manos y me dijo:

—Gracias, élder. Lo veré el próximo domingo en la capilla.

No le creí; sin embargo, la operación fue un éxito, la recuperación total, y la hermana en verdad asistió a la reunión de testimonios el siguiente domingo. Aunque físicamente débil, se levantó para agradecer al Señor elocuentemente por haberla ayudado en aquel momento crucial. En esta circunstancia su fe jugó un papel preponderante en la bendición.

Sin embargo, es importante que recordemos que a veces los deseos del Señor son diferentes de los nuestros. Como agentes suyos en el cumplimiento de deberes del sacerdocio, es esencial que seamos receptivos a su inspiración. Un misionero que conocí tuvo una experiencia muy significativa al dar una bendición. Estaba trabajando en un proyecto de remodelación de una capilla en Nueva Zelanda cuando el presidente de la rama, que hacía algunas reparaciones en el techo, perdió el equilibrio y se estrelló contra el pavimento. Inmediatamente, el misionero corrió a su lado y pronunció una expresiva oración prometiéndole la vida y la completa restauración de la salud. Minutos más tarde, el presidente de la rama falleció. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Los templos y la obra que se realiza en ellos

Noviembre de 1982
Los templos y la obra que se realiza en ellos
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyLos templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son una significativa forma de expresar a todo el mundo la fe que los millones de santos tenemos en la inmortalidad del alma. Todo lo que se lleva a cabo en estos templos sagrados se basa en la creencia de que todo ser mortal que ha vivido o viva sobre la tierra es realmente inmortal. Para aquellos que visitan estos lugares sagrados del Señor, esto es más que una creencia, es un hecho basado en una fuerte convicción personal.

Si no existiera tal convicción, las enormes cantidades de dinero que se gastan para la construcción y el mantenimiento de los templos no tendrían ningún objetivo, ni tampoco las incontables horas de servicio que allí se prestan.

Por supuesto, hay muchos que creen en la inmortalidad del alma. Todo cristiano que acepta la resurrección del Salvador como un hecho real cree en la inmortalidad del alma. De la misma manera, muchos que no son cristianos enseñan que la vida es eterna. Desde el principio de los tiempos, la muerte ha sido para la raza humana un gran misterio. Los hombres y mujeres de todas las épocas han reflexionado sobre la misma pregunta que se hizo Job: “Si un hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14.) Su respuesta se encuentra en las enseñanzas del Salvador y sus profetas, cuyas declaraciones sobre la vida eterna son tan claras que brillan como la luz del mediodía. Las palabras que Jesús dirigió a la desconsolada Marta se han convertido en un pilar de fortaleza para aquellos que creen:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (Juan 11:25-26.)

De la misma manera, las palabras de Pablo testifican de la redención divina a través de los siglos:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:22.)

Verdaderamente, la salvación vino a todo el género humano a través del Hijo de Dios, quien dio su vida para que todos pudieran vivir nuevamente.

Pero existe una meta más allá de la resurrección: es la exaltación en el reino de nuestro Padre, y la podremos alcanzar únicamente mediante la obediencia a sus mandamientos. Comienza con el hecho de que lo aceptamos como nuestro Padre Eterno y a su Hijo como nuestro Salvador viviente, e incluye la participación en varias ordenanzas, todas las cuales son importantes y necesarias. La primera de ellas es el bautismo por inmersión, sin la cual, de acuerdo con el Salvador, una persona “no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Este bautismo va acompañado del nacimiento del Espíritu, el don del Espíritu Santo. Luego, con el correr de los años, el hombre es ordenado al sacerdocio y, consecuentemente, los hombres y mujeres dignos reciben la bendición de poder entrar en el templo. Estas bendiciones del templo incluyen el lavamiento y la unción para poder estar limpios ante el Señor; abarcan una ceremonia de investidura en la que recibimos instrucciones y contraemos obligaciones y se nos prometen bendiciones que nos inducen a comportamos de acuerdo con los principios del evangelio. También incluyen las ordenanzas selladoras por las cuales todo lo que se ate en la tierra “será atado en el cielo” (véase Mateo 18:18) para la continuidad de la familia. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Así como El

El sábado 27 de marzo de 1982
Conferencia General para todas las mujeres de la Iglesia.
Así como El
Por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenSí, sabemos quién es, este Cristo del cual hablamos. ¡Y sabemos que vive!

Él es la luz y la vida del mundo; por eso cantamos:

“Jesús es mi luz
y no temeré.” (Himnos de Sión, 226.)

Como Santos de los Últimos Días, reunidos esta noche en diversos lugares, gozosamente damos testimonio a todo el mundo de que Jesús de Nazaret es ciertamente el Cristo, nuestro Salvador, el divino Hijo de Dios.

Pero es aún más; es nuestro Creador, pues hizo todas las cosas en el cielo y en la tierra. Y más aún, es también nuestro Amigo.

A Él le adoramos, el Hijo de Dios.

Le obedecemos, nuestro Salvador y Redentor.

Le amamos, nuestro bondadoso Amigo.

Pero Él requiere obras de nosotros. No está satisfecho ni es feliz sólo con nuestra adoración, sino que requiere servicio, nuestro servicio diario en su Iglesia y Reino. Y nos pide que nos unamos a Él en la obra de salvación, una obra de salvación para nosotros y los demás. Ha dicho: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios;. . . Así que sois llamados”, cada una de vosotras, cada uno de nosotros, todos nosotros somos llamados para ayudarle a llevar luz y gozo eterno a nuestra propia vida y a la vida de los demás. (Véase D. y C. 18:10-14.)

Es el Señor mismo quien nos llama. Y, ¿cuál es su propósito? ¡La preparación para su segunda gloriosa venida!

Jesús vino al mundo como ser mortal, hace muchos siglos. Predicó el evangelio en Palestina, reunió a sus amigos y conversos y organizó su Iglesia con sólo un puñado de miembros.

Al enseñar y al obrar milagros, las multitudes le seguían. Hubo cuatro mil personas presentes en una de estas ocasiones, y cinco mil en otra. Los niños le amaban. Hombres y mujeres se convirtieron a Sus enseñanzas, y le dieron lugar en su vida. A menudo las mujeres parecían más devotas que los hombres, y por eso las honraba. Sin embargo, a pesar de Su bondad, muchos enemigos se levantaron para acusarle falsamente llamándolo blasfemo porque decía que era el Hijo de Dios.

Después, lo crucificaron, y para humillarlo aún más levantaron su cruz entre las de dos ladrones denunciándolo como un criminal, igual a ellos.

Cuando su cuerpo fue cuidadosamente colocado en la tumba de José de Arimatea, los hombres que lo cargaban se alejaron sin tardar, pero un grupo de fieles mujeres permaneció en las cercanías. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario