Conferencia General abril 2016
Jehová hará mañana maravillas entre vosotros
Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Sigan amando; sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre.
Queridos hermanos y hermanas, ¿tienen idea, tienen alguna noción o indicio de cuánto los amamos? Por diez horas ustedes miran, con la mirada fija en el rostro de quien está frente a este púlpito, en forma consecutiva; pero durante esas mismas diez horas, nosotros, los que estamos sentados detrás del púlpito, tenemos la mirada fija en ustedes. Nos emocionamos hasta lo más profundo de nuestra alma, por los 21.000 aquí en el Centro de Conferencias, las multitudes en los centros de reuniones y capillas, y los millones en sus hogares alrededor del mundo, quizás apiñados como familia frente a la pantalla de una computadora. Están aquí, están allá, hora tras hora, vestidos con su mejor ropa de domingo, siendo lo mejor que pueden. Cantan y oran; escuchan y creen. Ustedes son el milagro de esta Iglesia, y los amamos.
Hemos tenido otra extraordinaria conferencia general; hemos sido bendecidos de forma especial por la presencia y los mensajes proféticos del presidente Thomas S. Monson. Presidente, lo amamos, oramos por usted, le damos gracias y, sobre todo, lo apoyamos. Estamos agradecidos por haber recibido enseñanzas de usted y de sus maravillosos consejeros, y de muchos de nuestros grandes hermanos y hermanas líderes. Hemos oído música incomparable; con fervor se ha orado por nosotros y se nos ha exhortado. En verdad el Espíritu del Señor ha estado aquí en abundancia. Ha sido un fin de semana inspirador en todo respecto.
Sin embargo, sí noto un par de problemas. Uno es el hecho de que soy la única persona que se interpone entre ustedes y el helado que siempre los espera al concluir la conferencia general. El otro posible problema está representado en esta foto que vi hace poco en internet.

Mis disculpas a todos los niños que ahora se están escondiendo debajo del sofá, pero el hecho es que ninguno de nosotros quiere que ni mañana ni el día siguiente destruya los sentimientos maravillosos que hemos tenido este fin de semana. Deseamos aferrarnos a las impresiones espirituales que hemos tenido y a las enseñanzas inspiradas que hemos escuchado; pero es inevitable que después de momentos celestiales en la vida, tengamos, por necesidad, que volver a la tierra, por así decirlo, donde a veces nos volvemos a enfrentar a circunstancias que distan de ser ideales.
El autor del libro de Hebreos nos advirtió de ello cuando escribió: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, soportasteis un gran combate de aflicciones”1. Esas aflicciones tras haber sido iluminados pueden llegar de muchas maneras, y nos llegan a todos. Sin duda, todo misionero que haya servido no tardó en darse cuenta de que la vida en el campo misional no iba a ser igual al ambiente refinado del centro de capacitación misional; al igual que nos sucede a todos nosotros al salir de una dulce sesión en el templo o al concluir una reunión sacramental particularmente espiritual. Seguir leyendo









































