Jehová hará mañana maravillas entre vosotros

Conferencia General abril 2016
Jehová hará mañana maravillas entre vosotros

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

Sigan amando; sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre.

Queridos hermanos y hermanas, ¿tienen idea, tienen alguna noción o indicio de cuánto los amamos? Por diez horas ustedes miran, con la mirada fija en el rostro de quien está frente a este púlpito, en forma consecutiva; pero durante esas mismas diez horas, nosotros, los que estamos sentados detrás del púlpito, tenemos la mirada fija en ustedes. Nos emocionamos hasta lo más profundo de nuestra alma, por los 21.000 aquí en el Centro de Conferencias, las multitudes en los centros de reuniones y capillas, y los millones en sus hogares alrededor del mundo, quizás apiñados como familia frente a la pantalla de una computadora. Están aquí, están allá, hora tras hora, vestidos con su mejor ropa de domingo, siendo lo mejor que pueden. Cantan y oran; escuchan y creen. Ustedes son el milagro de esta Iglesia, y los amamos.

Hemos tenido otra extraordinaria conferencia general; hemos sido bendecidos de forma especial por la presencia y los mensajes proféticos del presidente Thomas S. Monson. Presidente, lo amamos, oramos por usted, le damos gracias y, sobre todo, lo apoyamos. Estamos agradecidos por haber recibido enseñanzas de usted y de sus maravillosos consejeros, y de muchos de nuestros grandes hermanos y hermanas líderes. Hemos oído música incomparable; con fervor se ha orado por nosotros y se nos ha exhortado. En verdad el Espíritu del Señor ha estado aquí en abundancia. Ha sido un fin de semana inspirador en todo respecto.

Sin embargo, sí noto un par de problemas. Uno es el hecho de que soy la única persona que se interpone entre ustedes y el helado que siempre los espera al concluir la conferencia general. El otro posible problema está representado en esta foto que vi hace poco en internet.

Dinosaurio persiguiendo a unos niños
Mis disculpas a todos los niños que ahora se están escondiendo debajo del sofá, pero el hecho es que ninguno de nosotros quiere que ni mañana ni el día siguiente destruya los sentimientos maravillosos que hemos tenido este fin de semana. Deseamos aferrarnos a las impresiones espirituales que hemos tenido y a las enseñanzas inspiradas que hemos escuchado; pero es inevitable que después de momentos celestiales en la vida, tengamos, por necesidad, que volver a la tierra, por así decirlo, donde a veces nos volvemos a enfrentar a circunstancias que distan de ser ideales.

El autor del libro de Hebreos nos advirtió de ello cuando escribió: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, soportasteis un gran combate de aflicciones”1. Esas aflicciones tras haber sido iluminados pueden llegar de muchas maneras, y nos llegan a todos. Sin duda, todo misionero que haya servido no tardó en darse cuenta de que la vida en el campo misional no iba a ser igual al ambiente refinado del centro de capacitación misional; al igual que nos sucede a todos nosotros al salir de una dulce sesión en el templo o al concluir una reunión sacramental particularmente espiritual. Seguir leyendo

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Y ya no habrá más muerte

Conferencia General abril 2016
Y ya no habrá más muerte

De los Setenta

Paul V. Johnson

Para todos los que están apenados por la pérdida de un ser querido, la Resurrección es una fuente de esperanza grandiosa.

Hace una semana celebramos la Pascua, y nuestros pensamientos se centraron otra vez en el sacrificio expiatorio y en la resurrección del Señor Jesucristo. Durante este año pasado he estado pensando y meditando en la Resurrección más de lo acostumbrado.

Hace casi un año que murió nuestra hija Alisa, después de luchar contra el cáncer durante casi ocho años, someterse a varias cirugías, tener muchos tratamientos diferentes, experimentar milagros extraordinarios y profundas desilusiones. Vimos cómo se deterioraba la condición física de ella al ir acercándose al fin de su vida terrenal; fue terrible ver que eso le sucediera a nuestra preciosa hija, aquella bebé vivaz que había crecido y llegado a ser una mujer, esposa y madre maravillosa y talentosa. Creí que se me iba a partir el corazón.

Alisa Johnson Linton
El año pasado durante la Pascua, poco más de un mes antes de fallecer, Alisa escribió esto: “La Pascua es un recordatorio de todo lo que espero para mí: que algún día voy a curarme y a estar sana; algún día no voy a tener ningún metal ni plástico dentro de mí; algún día mi corazón estará libre de temor y mi mente libre de ansiedad. No oro para que eso suceda pronto, pero me siento muy feliz de creer verdaderamente en una hermosa vida después de esta”1.

La resurrección de Jesucristo nos asegura esas mismas cosas que Alisa esperaba e infunde en cada uno la “razón de la esperanza que hay en [nosotros]”2. El presidente Gordon B. Hinckley se refirió a la Resurrección como “el más grande de todos los acontecimientos de la historia de la humanidad”3.

La Resurrección se lleva a cabo por la expiación de Jesucristo y es fundamental para el grandioso Plan de Salvación4. Somos hijos espirituales de padres celestiales5 y cuando venimos a esta vida terrenal, nuestro espíritu se une a nuestro cuerpo; aquí experimentamos todas las alegrías y las dificultades propias de la vida terrenal. Cuando una persona muere, su espíritu se separa del cuerpo; la Resurrección hace posible que el espíritu y el cuerpo de una persona vuelvan a unirse, solo que esta vez ese cuerpo será inmortal y perfecto, no sujeto al dolor ni a la enfermedad ni a ningún otro problema6. Seguir leyendo

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El poder de la divinidad

Conferencia General Abril 2016
El poder de la divinidad

De los Setenta

Kent F. Richards

Cada templo es una sagrada y santa casa de Dios, en la que podemos conocer y aprender los poderes de la divinidad.

Unos pocos meses antes de la muerte del profeta José Smith, él se reunió con los Doce Apóstoles para analizar las necesidades más importantes que tenía la Iglesia en esos tiempos difíciles. Él les dijo: “Necesitamos el templo más que cualquier otra cosa”1. Seguramente, en estos tiempos difíciles, cada uno de nosotros y nuestra familia necesitamos el templo más que cualquier otra cosa.

Hace poco, durante la dedicación de un templo, me sentí muy emocionado por toda la experiencia. Me encantó el programa de puertas abiertas y saludar a muchos de los visitantes que vinieron a ver el templo; disfruté de la celebración cultural con la energía y el entusiasmo de la juventud, seguida de las maravillosas sesiones dedicatorias. Se sintió un dulce espíritu. Muchas personas fueron bendecidas; y a la mañana siguiente, mi esposa y yo fuimos al baptisterio para efectuar bautismos por algunos de nuestros antepasados. Cuando levanté mi brazo para comenzar con la ordenanza, me sentí sobrecogido por el poder del Espíritu. Nuevamente comprendí que el poder real del templo está en las ordenanzas.

Como ha revelado el Señor, la plenitud del Sacerdocio de Melquisedec se encuentra en el templo y en sus ordenanzas, “porque en ella se confieren las llaves del santo sacerdocio, a fin de que recibáis honra y gloria”2. “Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”3. Esta promesa es para ustedes y sus familias.

Nuestra responsabilidad es “recibir” lo que nuestro Padre nos ofrece4. “Porque a quien reciba le será dado más abundantemente, a saber, poder”5: poder para recibir todo lo que Él puede darnos, y nos dará, ahora y en la eternidad6; poder para llegar a ser hijos e hijas de Dios7, para conocer “los poderes del cielo”8, para hablar en Su nombre9 y para recibir el “poder de [Su] Espíritu”10. Estos poderes se ponen a disposición de cada uno de nosotros mediante las ordenanzas y los convenios del templo.

Nefi vio nuestros días en su gran visión: “Y aconteció que yo, Nefi, vi que el poder del Cordero de Dios descendió sobre los santos de la iglesia del Cordero y sobre el pueblo del convenio del Señor, que se hallaban dispersados sobre toda la superficie de la tierra; y tenían por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria”11.

Recientemente, tuve el privilegio de estar en un programa de puertas abiertas de un templo junto con el presidente Russell M. Nelson y su familia; él los reunió alrededor del altar de sellamiento y les explicó que todo lo que hacemos en la Iglesia —cada reunión, actividad, lección y servicio— es para prepararnos a cada uno de nosotros para ir al templo y arrodillarnos en el altar para recibir todas las bendiciones prometidas del Padre para la eternidad12. Seguir leyendo

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Refugio de la tempestad

Conferencia General abril 2016

Refugio de la tempestad


De los Setenta

Este momento no los define a ellos, pero nuestra respuesta servirá para definirnos a nosotros.

 

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

“estuve desnudo, y me cubristeis…

“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”1.

Se calcula que actualmente hay 60 millones de refugiados en el mundo, lo que significa que “una de cada 122 personas… se han visto obligadas a abandonar sus hogares”2 y la mitad de esas personas son niños3. Es impactante considerar el número de personas implicadas en ello y reflexionar en lo que eso significa en cada una de esas vidas. Mi asignación actual es en Europa, donde un millón y un cuarto de esos refugiados han llegado durante el año pasado de los sectores asolados por la guerra de Oriente Medio y África4. Vemos a muchos de ellos llegar con solo la ropa que llevan puesta y lo que pueden llevar en una bolsa pequeña. Una gran parte de ellos tiene una buena educación, y todos han tenido que abandonar viviendas, escuelas y puestos de trabajo.

Bajo la dirección de la Primera Presidencia, la Iglesia está trabajando conjuntamente con 75 organizaciones en 17 países europeos. Esas organizaciones varían desde grandes instituciones internacionales hasta pequeñas iniciativas comunitarias, desde agencias gubernamentales hasta organizaciones benéficas religiosas y seculares. Somos afortunados por asociarnos con otras que han estado trabajando con los refugiados en todo el mundo durante muchos años y aprender de ellas.

Como miembros de la Iglesia y como pueblo, no tenemos que remontarnos muy lejos en nuestra historia para reflexionar en las épocas en que nosotros fuimos refugiados, expulsados violentamente de casas y granjas una y otra vez. El fin de semana pasado, al hablar sobre los refugiados, la hermana Linda Burton pidió a las mujeres de la Iglesia que consideraran esto: “¿Y qué tal si su historia fuera mi historia?”5. La historia de ellos es nuestra historia, de no hace muchos años.

Hay argumentos de ánimos muy cargados en los gobiernos y en toda la sociedad respecto a lo que es la definición de un refugiado y qué se debe hacer para ayudarlos. Mis ideas no pretenden de ninguna manera formar parte de esa acalorada discusión, ni comentar sobre las normas de inmigración, sino que más bien se centran en las personas que han sido expulsadas de sus hogares y sus países a causa de guerras en cuyos inicios no tuvieron nada que ver. Seguir leyendo

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Recordarle siempre

Conferencia General abril 2016
Recordarle siempre

De la Presidencia de los Setenta

Gerrit W. Gong

Humildemente testifico y ruego que lo recordemos siempre: en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en el que estemos.

Queridos hermanos y hermanas, cuando presté servicio en Asia, la gente a veces me preguntaba: “Élder Gong, ¿cuántas personas viven en el Área Asia de la Iglesia?”.

Les decía: “La mitad de la población del mundo: 3.600 millones de personas”.

Alguien preguntó: “¿Es difícil recordar todos sus nombres?”.

Recordar —y olvidar— son parte de la vida diaria. Por ejemplo, en una ocasión, después de buscar por todas partes su nuevo teléfono móvil, mi esposa finalmente decidió llamar a su número desde otro teléfono. Cuando escuchó que su teléfono sonaba, mi esposa pensó: “¿Quién me estará llamando? No le he dado ese número a nadie”.

Recordar —y olvidar— también son parte de nuestra jornada eterna. El tiempo, el albedrío y la memoria nos ayudan a aprender, a progresar y a aumentar nuestra fe.

Tal como dice la letra de uno de mis himnos preferidos:

Cantemos todos a Jesús
honor y gran loor…
tomadlos, santos, y mostrad
la fe que le tenéis1.

Cada semana, al participar de la Santa Cena, hacemos convenio de recordarle siempre. Recurriendo a los casi cuatrocientos pasajes de las Escrituras que contienen la palabra recordar, mencionaré seis maneras en las que podemos recordarlo siempre.

Primero: Podemos recordarlo siempre al tener confianza en Sus convenios, promesas y afirmaciones.

El Señor recuerda Sus convenios sempiternos, desde la época de Adán hasta el día en que la posteridad de Adán “… abrace la verdad, y mire hacia arriba, entonces Sion mirará hacia abajo, y todos los cielos se estremecerán de alegría, y la tierra temblará de gozo”2.

El Señor recuerda Sus promesas, incluso la promesa de congregar al Israel disperso mediante el Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo, y las promesas dadas a cada miembro y misionero que recuerda el valor de las almas3.

El Señor recuerda a las naciones y pueblos e infunde confianza en ellos. En estos días de movimiento y conmoción4, algunos “… confían en carros, y [algunos] en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová, nuestro Dios, tendremos memoria”5, quien guía “el futuro, tal como lo ha hecho en el pasado”6. En “tiempos peligrosos”7, “… [recordamos] que no es la obra de Dios la que se frustra, sino la de los hombres”8.

Segundo: Podemos recordarlo siempre reconociendo con agradecimiento Su mano a lo largo de nuestra vida. Seguir leyendo

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Oposición en todas las cosas

Conferencia General abril 2016
Oposición en todas las cosas

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

La oposición nos permite progresar hacia lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser.

El Plan de Salvación del Padre es fundamental en el evangelio de Jesucristo para el progreso eterno de Sus hijos. Este plan, que se ha explicado en la revelación moderna, nos ayuda a comprender muchas cosas que afrontamos en la vida mortal. Mi mensaje se centra en la función esencial de la oposición en este plan.

I.

El propósito de la vida mortal para los hijos de Dios es ofrecerles las experiencias necesarias “para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”1. Tal como el presidente Monson nos enseñó tan poderosamente esta mañana, nosotros progresamos al hacer elecciones, por medio de las cuales somos probados para demostrar que guardaremos los mandamientos de Dios (véase Abraham 3:25). Con el fin de ser probados, debemos disponer del albedrío para elegir entre varias alternativas. Para proporcionar alternativas sobre las cuales podamos ejercer nuestro albedrío, debemos tener oposición.

El resto del plan también es esencial. Cuando tomamos decisiones incorrectas —como inevitablemente lo haremos— el pecado nos mancha y debemos limpiarnos para avanzar hacia nuestro destino eterno. El plan del Padre proporciona la manera de hacerlo, la manera de satisfacer las eternas exigencias de la justicia: un Salvador paga el precio para redimirnos de nuestros pecados. Ese Salvador es el Señor Jesucristo, el Unigénito de Dios el Padre Eterno, cuyo sacrificio expiatorio —cuyo sufrimiento— paga el precio de nuestros pecados si nos arrepentimos de ellos.

Una de las mejores explicaciones de la función planificada que cumple la oposición se encuentra en el Libro de Mormón, en las enseñanzas de Lehi a su hijo Jacob.

“Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal” (2 Nefi 2:11; véase también el versículo 15).

En consecuencia, Lehi continuó diciendo: “… el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo. De modo que el hombre no podía actuar por sí a menos que lo atrajera lo uno o lo otro” (versículo 16). De manera similar, el Señor declara en la revelación moderna: “Y es menester que el diablo tiente a los hijos de los hombres, de otra manera estos no podrían ser sus propios agentes” (D. y C. 29:39).

La oposición fue necesaria en el Jardín de Edén. Si Adán y Eva no hubieran tomado la decisión que dio paso a la vida mortal, Lehi enseñó: “… habrían permanecido en un estado de inocencia… sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado” (2 Nefi 2:23).

Desde el principio, el albedrío y la oposición fueron esenciales en el plan del Padre y en la rebelión de Satanás contra ese plan. En el concilio de los cielos, como el Señor le reveló a Moisés, Satanás “pretendió destruir el albedrío del hombre” (Moisés 4:3). Esa destrucción era la consecuencia natural de las condiciones de la propuesta de Satanás. Se presentó ante el Padre y dijo: “Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra” (Moisés 4:1). Seguir leyendo

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El Espíritu Santo

Conferencia General abril 2016

El Espíritu Santo


Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Expreso mi amor y agradecimiento al Padre Celestial por el don del Espíritu Santo, por medio del cual revela Su voluntad y nos sostiene.

Mis amados hermanos y hermanas, hoy les hablo como un siervo del Señor y también como un bisabuelo. A ustedes y a mi amada posteridad les enseño y comparto mi testimonio acerca del extraordinario don del Espíritu Santo.

Empiezo por reconocer la Luz de Cristo, la cual se da a “a todo hombre [y mujer] que viene al mundo”1. Todos nosotros nos beneficiamos de esta santa luz. Está “en todas las cosas y a través de todas las cosas”2 y nos permite distinguir entre el bien y el mal3.

Pero, el Espíritu Santo es diferente de la Luz de Cristo. Él es el tercer miembro de la Trinidad, un personaje definido de espíritu, con responsabilidades sagradas y uno en propósito con el Padre y el Hijo4.

Como miembros de la Iglesia, podemos tener la compañía del Espíritu Santo de manera constante. Por medio del sacerdocio restaurado de Dios, somos bautizados por inmersión para la remisión de nuestros pecados y luego confirmados miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En esa ordenanza se nos concede el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos por parte de los poseedores del sacerdocio5. A partir de entonces, podemos recibir y conservar la compañía del Espíritu Santo al recordar siempre al Salvador, guardar Sus mandamientos, arrepentirnos de nuestros pecados y participar dignamente de la Santa Cena en el día de reposo.

El Espíritu Santo nos brinda revelación personal para ayudarnos a tomar decisiones importantes en la vida, tales como la formación académica, la misión, nuestra profesión, el matrimonio, los hijos, dónde viviremos con nuestra familia, etcétera. En estos aspectos, el Padre Celestial espera que usemos nuestro albedrío, que estudiemos la situación en la mente de acuerdo con los principios del Evangelio y que le presentemos una decisión a través de la oración.

La revelación personal es esencial, pero solo es una parte de la labor del Espíritu Santo. Como bien atestiguan las Escrituras, el Espíritu Santo también testifica del Salvador y de Dios el Padre6; nos enseña “las cosas apacibles del reino”7 y hace que “[abundemos] en esperanza”8; nos “induce a hacer lo bueno… [y] a juzgar con rectitud”9; da “a todo hombre [y mujer]… un don [espiritual]… para que así todos se beneficien”10; nos “da conocimiento”11 y nos “[recuerda] todo”12. Por medio del Espíritu Santo podemos “[ser] santificados”13 y recibir “una remisión de [nuestros] pecados”14. Él es el “Consolador”, el mismo que el Salvador prometió a Sus discípulos15.

Nos recuerdo a todos que no se nos da el Espíritu Santo para controlarnos. Algunos procuramos imprudentemente la dirección del Espíritu Santo en cada decisión menor de nuestra vida, lo cual trivializa Su función sagrada. El Espíritu Santo honra el principio del albedrío; Él habla apaciblemente a nuestra mente y corazón en cuanto a muchas cosas de importancia16.

Es posible que cada uno de nosotros sienta la influencia del Espíritu Santo de manera diferente. Sus impresiones se sentirán con diversos grados de intensidad, según sean nuestras necesidades y circunstancias personales. Seguir leyendo

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Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa

Conferencia General abril 2016
Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa

Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf

Así como el Buen Pastor encuentra a Su oveja perdida, si solo elevan su corazón al Salvador del mundo, Él los encontrará.

Uno de mis inquietantes recuerdos de la niñez comienza con el silbido distante de las sirenas antiaéreas que me despiertan. Pronto, otro sonido, el ruido y el zumbido de las hélices que paulatinamente aumenta hasta que agita el mismo aire. Bien entrenados por nuestra madre, nosotros, los niños, tomamos cada uno nuestra bolsa y corremos a la montaña hacia el refugio antiaéreo. Mientras nos apresuramos en medio de la noche oscura caen del cielo bengalas verdes y blancas para marcar los objetivos de los bombarderos. Aunque parezca raro, todos les dicen árboles de Navidad a esas bengalas.

Tengo cuatro años y soy testigo de un mundo en guerra.

Dresden

No muy lejos de donde vivía mi familia estaba la ciudad de Dresden. Quizás quienes vivían allí fueron testigos más de mil veces de lo que yo había visto. Enormes tormentas de fuego, ocasionadas por miles de toneladas de explosivos, se propagaron por Dresden, destruyendo más del noventa por ciento de la ciudad y dejando solamente escombros y cenizas a su paso.

Dresden en ruinas
En muy poco tiempo, la ciudad a la que una vez se llamó el “Joyero” ya no lo era. Erich Kästner, escritor alemán, escribió sobre la destrucción: “En mil años se construyó su belleza, en una noche fue totalmente destruida”1. Durante mi niñez no podía imaginarme cómo la destrucción de una guerra que nuestra propia gente había empezado podría alguna vez superarse. El mundo a nuestro alrededor aparecía totalmente sin esperanzas y sin ningún futuro.

El año pasado tuve la oportunidad de regresar a Dresden. Setenta años después de la guerra, es otra vez un “Joyero” de ciudad. Se han despejado las ruinas y la ciudad se ha restaurado, e incluso mejorado.

Frauenkirche destruida
Durante mi visita vi la hermosa iglesia luterana Frauenkirche, la Iglesia de Nuestra Señora. Originalmente construida en el siglo XVIII, había sido una de las joyas relucientes de Dresden; pero la guerra la redujo a un montón de escombros. Por muchos años permaneció así hasta que finalmente se decidió que la Frauenkirche sería reconstruida. Seguir leyendo

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Padres

Conferencia General abril 2016

Padres


Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Hoy simplemente me centro en el bien que los hombres pueden hacer en las más elevadas de las responsabilidades masculinas: ser esposo y padre.



Hoy deseo hablar sobre los padres. Los padres son fundamentales en el divino plan de felicidad y deseo alzar mi voz de aliento a todos los que se esfuerzan por cumplir bien con ese llamamiento. Alabar y alentar la paternidad y a los padres no supone avergonzar ni excluir a nadie. Hoy simplemente me centro en el bien que los hombres pueden hacer en las más elevadas de las responsabilidades masculinas: ser esposo y padre.

David Blankenhorn, autor del libro Fatherless America, ha observado: “En la actualidad, la sociedad estadounidense está fundamentalmente dividida y es ambivalente respecto a la noción de la paternidad. Algunos ni siquiera la recuerdan; a otros les ofende. Otros, entre quienes se cuentan algunos eruditos sobre la familia, la desatienden o la desdeñan. Muchos otros no se oponen particularmente a ella, pero tampoco se comprometen con ella. Mucha gente desea que pudiéramos tomar medidas al respecto, pero creen que nuestra sociedad sencillamente ya no puede o no va a hacerlo”1.

Creemos en los padres.

Los padres presiden con amor y rectitud.
Como Iglesia, creemos en los padres. Creemos en el “ideal del hombre que pone a su familia en primer lugar”2. Creemos que “por designio divino, el padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección” 3. Creemos que, en sus deberes complementarios, “el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro”4. Creemos que, lejos de “estar de más”, los padres son únicos e irremplazables. Seguir leyendo

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Un modelo para tener paz

Conferencia General – 3 de Abril de 2016
Un modelo para tener paz

Segundo Consejero del Obispado Presidente

W. Christopher Waddell

La paz que todos buscamos requiere más que un deseo. Requiere que actuemos: al aprender de Él, al escuchar Sus palabras y al caminar con Él.

Hace unos años, a nuestra hija y a nuestro yerno se les pidió que fueran maestros de una clase de la Primaria de cinco niños activos de cuatro años de edad. Nuestra hija era la maestra asignada y nuestro yerno estaba encargado de que hubiera buen comportamiento, ambos esforzándose por mantener una sensación de calma en medio del esporádico caos a fin de enseñar principios del Evangelio a los niños.

Durante una clase especialmente difícil, tras varias advertencias a un niño energético, nuestro yerno condujo al pequeño de cuatro años fuera del salón. Una vez fuera y estando a punto de hablar con el niño sobre su comportamiento y la necesidad de ir a buscar a sus padres, el niño detuvo a nuestro yerno antes de que pudiera pronunciar palabra y, con la mano en alto y gran emotividad, dijo: “¡A veces simplemente me es difícil pensar en Jesús!”.

En nuestra jornada por la vida terrenal, por glorioso que nuestro destino previsto sea y por emocionante que la jornada pruebe ser, todos estaremos sujetos a pruebas y pesar en el camino. El élder Joseph B. Wirthlin enseñó: “Tarde o temprano, el indicador de la rueda del pesar señala a cada uno de nosotros. En un momento u otro, todos debemos sentir pesar. Nadie está exento”1. “En Su sabiduría, el Señor no protege a nadie del dolor ni de la tristeza”2. Sin embargo, nuestra capacidad para recorrer este camino con paz o no dependerá en gran parte de si se nos facilita o dificulta pensar en Jesús.

La paz mental, de conciencia y de corazón no se ven determinadas por nuestra capacidad de evitar las pruebas, la tristeza o el dolor. Pese a nuestras sinceras súplicas, no toda tormenta cambiará de curso, no toda enfermedad será sanada y quizá no entendamos plenamente toda doctrina, principio o práctica que los profetas, videntes y reveladores enseñen. Sin embargo, se nos ha prometido la paz, con una condición.

En el Evangelio de Juan, el Salvador enseñó que a pesar de las tribulaciones de la vida, podemos confiar; podemos tener esperanza, y no hay necesidad de temer, porque Él declaró: “En mí [tendréis] paz”3. La fe en Jesucristo y en Su sacrificio expiatorio es, y siempre será, el primer principio del Evangelio y el fundamento sobre el cual se edifica nuestra esperanza en “la paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero4.

En nuestra búsqueda de la paz entre los desafíos diarios de la vida, se nos ha dado un simple modelo para mantener el pensamiento centrado en el Salvador, quien dijo: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz. Yo soy Jesucristo”5.

Aprender, escuchar y caminar: tres pasos con una promesa. Seguir leyendo

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¿Creo?

Conferencia General abril 2016
¿Creo?

Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Bonnie L. Oscarson

Si estas cosas son verdaderas, entonces tenemos el mensaje más grandioso de esperanza y ayuda que jamás haya conocido el mundo.

El 30 de marzo, hace solo un año, el pequeño Ethan Carnesecca, de dos años, de American Fork, Utah, EE. UU. fue ingresado en el hospital con neumonía y con líquido en los pulmones. Dos días después, se agravó tanto su condición que lo tuvieron que llevar en helicóptero al hospital de niños Primary Children de Salt Lake City. A su preocupada madre, Michele, se le permitió ir en el asiento delantero para acompañarlo. Le dieron unos auriculares para que pudiera comunicarse con las demás personas en el helicóptero. Podía oír a los médicos atendiendo a su hijito y, al ser ella misma una enfermera en pediatría, Michele conocía lo suficiente como para saber que Ethan corría peligro.

Ethan Carnesecca cuando estaba enfermo
En ese momento tan crítico, Michele se dio cuenta de que estaban volando justo por encima del Templo de Draper, Utah. Desde el aire, contempló el valle y también pudo ver el Templo de Jordan River, el Templo de Oquirrh Mountain e incluso el Templo de Salt Lake a la distancia. A su mente le vino el pensamiento: “¿Crees o no?”.

De esa experiencia, ella dijo lo siguiente:

“En la Primaria y en las Mujeres Jóvenes había aprendido acerca de las bendiciones del templo y [que] ‘Las familias son eternas’. Había compartido el mensaje de las familias a la buena gente de México durante mi misión. Me había sellado a mi compañero eterno por tiempo y por toda la eternidad en el templo. Enseñaba lecciones sobre las familias cuando era líder de las mujeres jóvenes, y compartía relatos sobre las familias eternas a mis hijos en las noches de hogar. Yo lo SABÍA, pero ¿lo CREÍA? La respuesta llegó tan rápido como surgió la pregunta en mi mente: el Espíritu confirmó a mi corazón y a mi mente la respuesta que ya conocía: ¡SÍ, creía! Seguir leyendo

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Decisiones

Conferencia General abril 2016
Decisiones

Thomas S. Monson

Las decisiones que tomamos determinan nuestro destino.

Hermanos y hermanas, antes de comenzar hoy mi mensaje formal, me gustaría anunciar cuatro templos nuevos que se edificarán en los próximos meses y años en los siguientes lugares: Quito, Ecuador; Harare, Zimbabue; Belém, Brasil; y un segundo templo en Lima, Perú.

Cuando pasé a ser miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles en 1963, había doce templos en funcionamiento en toda la Iglesia. Con la dedicación del Templo del Centro de la Ciudad de Provo hace dos semanas, ahora hay ciento cincuenta templos en funcionamiento a lo largo del mundo. Cuán agradecidos estamos por las bendiciones que recibimos en esas santas casas.

Bien, hermanos y hermanas, deseo expresar gratitud por la oportunidad que tengo de compartir algunas ideas con ustedes esta mañana.

Últimamente he estado pensando sobre el tomar decisiones. Se ha dicho que la puerta de la historia se mueve con bisagras pequeñas, y lo mismo sucede con la vida de las personas. Las decisiones que tomamos determinan nuestro destino.

Cuando dejamos nuestra existencia preterrenal y entramos en la vida mortal, trajimos con nosotros el don del albedrío. Nuestra meta es obtener la Gloria Celestial, y las decisiones que tomamos determinan en gran parte si alcanzaremos o no nuestra meta.

La mayoría de ustedes están familiarizados con Alicia, de la novela clásica de Lewis Carroll: Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Recordarán que llega a un cruce con dos caminos ante ella; cada uno sigue hacia adelante pero van en direcciones opuestas. Al considerar qué camino tomar, la confronta el gato de Cheshire, a quien Alicia pregunta: “¿Qué camino debo seguir?”.

El gato contesta: “Eso depende de dónde quieres ir. Si no sabes a dónde quieres ir, entonces tampoco importa mucho el camino que tomes”1.

A diferencia de Alicia, nosotros sabemos a dónde queremos ir, y sí importa por cuál camino vayamos, porque el camino que tomemos en esta vida conduce a nuestro destino en la venidera.

Que escojamos edificar en nuestro interior una fe firme y poderosa que sea nuestra defensa más eficaz contra los designios del adversario; una fe real, el tipo de fe que nos sostendrá y reafirmará nuestro deseo de escoger lo correcto. Sin una fe así, no llegaremos a ninguna parte; con ella, podremos lograr nuestras metas.

Aunque es fundamental que escojamos sabiamente, habrá momentos en los que tomaremos decisiones insensatas. El don del arrepentimiento, que proporcionó el Salvador, nos permite corregir nuestro rumbo para regresar al camino que nos llevará a esa gloria celestial que buscamos.

Que mantengamos el valor de desafiar la opinión general; que escojamos el difícil bien en lugar del fácil mal.

Al contemplar las decisiones que tomamos en nuestra vida cada día —elegir entre una cosa o la otra—, si escogemos a Cristo, habremos tomado la decisión correcta.

Que así sea siempre, es mi oración sincera y humilde, en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

Notas

  1. Adaptado de Alice’s Adventures in Wonderland, de Lewis Carroll, 1898, pág. 89.
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Un deber sagrado

Conferencia General abril 2016
Un deber sagrado

Thomas S. Monson

Este precioso don del sacerdocio conlleva no solo responsabilidades solemnes, sino también bendiciones especiales para nosotros y para los demás.

Mis amados hermanos, ruego que el Espíritu guíe mis palabras esta noche. Tenemos algo en común que nos une. Se nos ha confiado poseer el sacerdocio de Dios y actuar en Su nombre. Somos los receptores de un deber sagrado y se espera mucho de nosotros.

En Doctrina y Convenios, sección 121, versículo 36, leemos que “… los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo”. Qué don tan maravilloso se nos ha dado. Es nuestra la responsabilidad de guardar y proteger ese sacerdocio, y ser dignos de todas las bendiciones gloriosas que nuestro Padre Celestial tiene preparadas para nosotros y para otras personas por medio de nosotros.

Dondequiera que vayan, su sacerdocio va con ustedes. ¿Están permaneciendo en lugares santos? Antes de que se pongan en peligro ustedes mismos y a su sacerdocio, aventurándose a entrar en ciertos lugares o participando en actividades que no sean dignas de ustedes ni de ese sacerdocio, deténganse a considerar las consecuencias. Recuerden quiénes son y lo que Dios espera que lleguen a ser. Ustedes son hijos de la promesa, hombres investidos con poder. Ustedes son hijos de Dios.

Este precioso don del sacerdocio conlleva no solo responsabilidades solemnes, sino también bendiciones especiales para nosotros y para los demás. Espero que, dondequiera que nos encontremos, siempre seamos dignos de usar ese poder, pues nunca sabemos cuándo puede venir la necesidad y la oportunidad de hacerlo.

En la Segunda Guerra Mundial, un amigo mío servía en el Pacífico Sur cuando su avión fue derribado al océano. Él y los otros miembros de la tripulación consiguieron lanzarse en paracaídas del avión en llamas; inflaron los botes salvavidas y se aferraron a ellos por tres días.

Al tercer día divisaron lo que sabían era una nave de rescate pero esta pasó de largo. A la mañana siguiente pasó de largo otra vez. Comenzaron a desesperarse al darse cuenta de que era el último día en que la nave de rescate estaría en el área.

Entonces el Espíritu Santo le dijo a mi amigo: “Tienes el sacerdocio; ordena a los rescatistas que los vengan a buscar”.

Hizo como se le mandó: “En el nombre de Jesucristo y por el poder del sacerdocio, den la vuelta y vengan a buscarnos”.

A los pocos minutos, la nave estaba junto a ellos, ayudándolos a subir a bordo. Un poseedor del sacerdocio fiel y digno había ejercido el sacerdocio en una situación extrema, bendiciendo su vida y la de los demás.

Ruego que tomemos la determinación, aquí y ahora, de estar siempre preparados para nuestros momentos de necesidad, de servicio y de bendición.

Al concluir ahora esta Sesión General del Sacerdocio, les digo que son “… linaje escogido, real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Ruego que siempre seamos dignos de esos galardones divinos, lo ruego con todo mi corazón. En el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

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Familias eternas

Conferencia General abril 2016

Familias eternas


Primer Consejero de la Primera Presidencia

Nuestra obligación en el sacerdocio es considerar a nuestra familia y a las de los que no rodean como nuestra preocupación principal.


Henry B. Eyring


Estoy agradecido de estar con ustedes esta noche en la Sesión General del Sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Este es un gran momento en la historia de la Iglesia: hace ciento ochenta y dos años, en 1834, en Kirtland, Ohio, se llamó a todos los poseedores del sacerdocio a congregarse en una pequeña escuela hecha de troncos de unos cuatro metros cuadrados. En esa reunión, se informa que el profeta José Smith dijo: “… concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, [ustedes] no saben más que un infante en los brazos de su madre. No lo comprenden… Lo que ven aquí esta noche no es más que un grupo muy pequeño del sacerdocio, pero esta Iglesia llenará el norte y el sur de América; llenará el mundo”1.

En esta sesión hay congregados millones de poseedores del sacerdocio en más de ciento diez países; quizás el profeta José previó esta época y el glorioso futuro que tenemos por delante.

Mi mensaje esta noche es un intento de describir ese futuro y lo que debemos hacer para ser una parte del plan de felicidad que nuestro Padre Celestial ha preparado para nosotros. Antes de nacer, vivíamos en una familia con nuestro Padre Celestial exaltado y eterno. Él ordenó un plan que nos permite avanzar y progresar para llegar a ser como Él. Lo hizo por amor a nosotros; y el propósito del plan era permitirnos el privilegio de vivir para siempre como vive nuestro Padre Celestial. Ese plan del Evangelio nos ofrecía una vida terrenal en la cual seríamos probados y se nos hizo la promesa de que, mediante la expiación de Jesucristo, si obedecíamos las leyes y las ordenanzas del sacerdocio en el Evangelio, tendríamos la vida eterna, el más grande de todos Sus dones.

La vida eterna es la clase de vida que vive Dios, nuestro Padre Eterno. Él ha dicho que Su propósito es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Por lo tanto, el gran propósito de todo poseedor del sacerdocio es asistir en la obra de ayudar a las personas a elevarse para alcanzar la vida eterna. Seguir leyendo

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Elogio a los que salvan

Conferencia General abril 2016
Elogio a los que salvan

Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf

Al nosotros emular el amor del Salvador, Él sin duda bendecirá y hará prosperar nuestros justos esfuerzos por salvar nuestro matrimonio y fortalecer nuestra familia.

Hace muchos años, estaba en el Templo de Fráncfort, Alemania y me llamó la atención una pareja de ancianos tomados de la mano. La ternura y el afecto solícitos que se mostraban el uno al otro me enterneció el corazón.

No sé bien por qué esa escena me impresionó tanto; quizás haya sido la dulzura del amor que ellos dos compartían, un fascinante símbolo de perseverancia y compromiso. Quedaba claro que esa pareja había estado junta por mucho tiempo y que el afecto que sentían el uno por el otro todavía estaba vivo y era fuerte.

Una sociedad de artículos desechables

Creo que otra razón por la cual esa tierna escena ha permanecido tanto tiempo en mi mente es por el contraste que tiene con algunas de las actitudes de la actualidad. En muchas sociedades del mundo, parece que todo es desechable. Apenas algo empieza a averiarse o gastarse, o simplemente cuando nos cansamos de ello, lo desechamos y lo remplazamos o actualizamos con algo más nuevo o más brillante.

Lo hacemos con los teléfonos celulares, la ropa, los autos y, lamentablemente, hasta con las relaciones.

Aunque puede ser bueno deshacernos de las cosas materiales que ya no necesitamos, cuando se trata de algo de importancia eterna —nuestro matrimonio, nuestra familia y nuestros valores— la mentalidad de remplazar lo original en pos de lo moderno puede traer un profundo remordimiento.

Agradezco pertenecer a una iglesia que valora el matrimonio y la familia. Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son conocidos en todo el mundo por tener algunos de los mejores matrimonios y familias que se puedan encontrar. Creo que esto, en parte, se debe a la preciosa verdad restaurada por José Smith de que los matrimonios y las familia tienen el fin de ser eternos. El propósito de las familias no es solo hacer que el tiempo en la tierra sea más llevadero para luego desecharlas al llegar al cielo, sino que son el orden de los cielos. Son un símbolo del modelo celestial, una semejanza de la familia eterna de Dios.

Sin embargo, los matrimonios y las relaciones familiares fuertes no ocurren solo porque seamos miembros de la Iglesia; requieren trabajo constante y deliberado. La doctrina de las familias eternas debe inspirarnos a hacer nuestro mejor esfuerzo por salvar y enriquecer nuestro matrimonio y a nuestra familia. Admiro y aplaudo a quienes han preservado y nutrido esas relaciones esenciales y eternas.

Hoy, deseo elogiar a aquellos que salvan.

Salvar nuestro matrimonio

A lo largo de los años he efectuado la ordenanza selladora de muchas parejas ilusionadas y enamoradas. No he conocido a nadie que, al mirarse por encima del altar, pensara que terminaría divorciado o desconsolado.

Lamentablemente, algunos terminan así.

Por alguna razón, a medida que pasa el tiempo y el color del amor romántico cambia, hay algunos que poco a poco dejan de pensar en la felicidad del otro y empiezan a notar las pequeñas fallas. En un entorno así, algunas personas son seducidas por la trágica conclusión de que su cónyuge no es lo suficientemente inteligente, divertido ni joven; y por alguna razón tienen la idea de que eso los justifica para comenzar a mirar en otra dirección.

Hermanos, si eso los describe a ustedes de alguna manera, les advierto que están en la senda que conduce a matrimonios deshechos, hogares disueltos y corazones destrozados. Les suplico que se detengan ya, que den la vuelta y regresen al camino seguro de la integridad y la lealtad a los convenios. Por supuesto, los mismos principios se aplican a nuestras queridas hermanas.

Ahora diré algo breve a los hermanos solteros que se engañan pensando que deben encontrar a la “mujer perfecta” antes de empezar una relación seria o casarse.

Mis queridos hermanos, un recordatorio: en caso de que hubiera una mujer perfecta, ¿creen realmente que se interesaría en ustedes? Seguir leyendo

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