Conferencia general de mujeres, 26 de marzo de 2016
¿Qué haremos?
Por Neill F. Marriott
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
Edificamos el Reino cuando cuidamos de los demás; y también lo edificamos cuando defendemos la verdad y testificamos de ella.
Poco tiempo después de la resurrección y ascensión de Jesús, el apóstol Pedro enseñó: “Sepa… ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. Los que lo escucharon se compungieron de corazón y le preguntaron a Pedro y a los demás: “Varones hermanos, ¿qué haremos?”1; y posteriormente obedecieron las enseñanzas de Pedro con alegría.
Mañana es domingo de Pascua, y espero que también nos compunjamos de corazón para que reconozcamos al Salvador, nos arrepintamos y obedezcamos con alegría.
En esta conferencia general escucharemos a líderes de la Iglesia, tanto varones como mujeres, dar guía inspirada. Sabiendo que se nos conmoverá el corazón con sus palabras, les pregunto a ustedes esta noche: “Mujeres y hermanas, ¿qué haremos?”.
La Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Eliza R. Snow, declaró a las hermanas hace casi 150 años: “El Señor nos ha dado grandes responsabilidades”2. Testifico que lo que ella declaró sigue siendo verdad hoy en día.
La Iglesia del Señor necesita mujeres guiadas por el Espíritu que utilicen sus dones singulares para nutrir la verdad del Evangelio, hablar en favor de ella y para defenderla. La inspiración e intuición son elementos necesarios para la edificación del Reino de Dios, lo que en realidad quiere decir hacer nuestra parte para llevar la salvación a los hijos de Dios.
Edificar el Reino por medio del cuidado amoroso
Edificamos el Reino cuando cuidamos de los demás. Sin embargo, a la primera hija de Dios que debemos edificar en el Evangelio restaurado es a nosotras mismas. Emma Smith dijo: “Deseo tener el Espíritu de Dios para conocerme y comprenderme a mí misma, para superar cualquier obstáculo de costumbre o de carácter que no me conduzca a alcanzar mi exaltación”3. Debemos desarrollar una fe firme en el evangelio del Salvador y avanzar, investidas con el poder de los convenios del templo, hacia la exaltación. Seguir leyendo


Debo confesar que mientras el misionero se marchaba, yo pensé: “Bueno, espero que funcione”.
De un devocional de la Universidad Brigham Young, 16 de septiembre de 2014. Para el texto completo en inglés, visite speeches.byu.edu.
Después de iniciada la construcción, Gustavo Adolfo ordenó que hicieran el Vasa más largo. Debido a que los soportes que corrían a lo ancho ya se habían construido de preciado roble, el rey indicó a los constructores que aumentaran el largo del buque sin aumentar el ancho. Aun cuando los constructores sabían que el hacerlo comprometería la navegabilidad del Vasa, vacilaron en decirle al rey algo que sabían que él no quería escuchar, así que obedecieron. Gustavo Adolfo también insistió en que el buque no solo contara con el acostumbrado único puente de cañones, sino que tuviera cañones en tres cubiertas, con los cañones más pesados en la cubierta superior. De nuevo, yendo en contra de su buen juicio, los constructores obedecieron.
Cuando estaba en el supermercado y estaba poniendo un par de billetes de un dólar en mi billetera, uno de ellos me llamó la atención. Me pareció que el color verde de uno de ellos era más claro que el de los otros, así que lo examiné con más detenimiento y me di cuenta de que la imagen del presidente George Washington no se veía tan nítida. Incluso el papel se sentía diferente. ¡Era un billete falso! El empleado lo intercambió por un billete genuino y entregó el falso al gerente de la tienda.

Por el élder M. Russell Ballard



El élder L. Tom Perry preparó este artículo el 28 de mayo de 2015, dos días antes de su fallecimiento; iba a presentar dicho artículo a los jóvenes poseedores del sacerdocio.

En su relato de la Primera Visión5, el profeta José Smith confirma muchas verdades; entre ellas, que nuestro Padre Celestial sabe nuestro nombre.
La Iglesia verdadera de Jesucristo se ha restaurado y se encuentra sobre la tierra en la actualidad. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha sido dirigida por profetas y apóstoles que reciben guía constante de los cielos.
Dos veces al año, en la conferencia general, se nos bendice con la oportunidad de escuchar las palabras del Señor por medio de Sus siervos. Ese es un privilegio que no tiene precio. Pero el valor de esa oportunidad depende de si recibimos las palabras bajo la influencia del mismo Espíritu por medio del cual las recibieron esos siervos (véase
Esa experiencia es familiar para aquellos que han participado en la traducción de las Escrituras del inglés a otros idiomas. Sucede una y otra vez.
























