28 de marzo de 2009
Tengan valor
Presidente Thomas S. Monson
Mi ruego ferviente es que tengan el valor que se necesita para abstenerse de juzgar a los demás, el valor para ser castas y virtuosas, y el valor para defender la verdad y la rectitud.
Mis queridas hermanitas: ¡qué escena tan maravillosa son ustedes! Reconozco que más allá de este magnífico Centro de Conferencias hay miles reunidas en capillas y en otros recintos de muchas partes del mundo. Ruego la ayuda divina al aceptar la oportunidad de dirigirme a ustedes.
Hemos escuchado mensajes oportunos e inspiradores de sus líderes generales de las Mujeres Jóvenes. Ellas son mujeres excelentes, llamadas y apartadas para guiarlas y enseñarles. Ellas las aman, al igual que yo.
Ustedes han venido a esta tierra en una época gloriosa. Las oportunidades que tienen por delante son casi ilimitadas. Casi todas ustedes viven en casas cómodas, con familias que las aman, comida adecuada y ropa suficiente; además, la mayoría de ustedes tiene acceso a increíbles avances tecnológicos; se comunican por teléfono celular, mensajes de texto, mensajes instantáneos, correos electrónicos, blogs, Facebook y medios similares; escuchan música en sus iPODs y reproductores MP3. Desde luego, esta lista representa sólo algunas de las tecnologías que tienen a su disposición.
Todo esto resulta un poco impresionante para alguien como yo que creció cuando las radios eran grandes muebles que se colocaban en el piso y casi no existían televisores, y mucho menos las computadoras y los teléfonos celulares. De hecho, cuando tenía la edad de ustedes, la mayoría de las líneas telefónicas eran compartidas. En nuestra familia, si queríamos usar el teléfono, primero teníamos que levantarlo y escuchar para asegurarnos de que ninguna otra familia estuviera usando la línea, ya que varias familias compartían la misma línea.
Podría pasar toda la noche mencionando las diferencias que existen entre mi generación y la de ustedes. Me basta decir que mucho ha cambiado desde la época en que yo tenía la edad de ustedes y el presente.
Aunque éste es un período extraordinario en el que abundan las oportunidades, ustedes también afrontan desafíos que son propios de esta época. Por ejemplo, las mismas herramientas tecnológicas que he mencionado proporcionan oportunidades al adversario para tentarlas y atraparlas en su red de engaño, con la esperanza de apoderarse de su destino.
Al contemplar todo lo que afrontan en el mundo hoy, me viene a la mente una palabra que describe un atributo que todos necesitamos, pero que ustedes, en este momento de su vida y en este mundo, necesitarán de forma especial. Ese atributo es el valor.
Esta noche me gustaría hablarles sobre el valor que necesitarán en tres aspectos de su vida:
Primero, el valor para abstenerse de juzgar a los demás.
Segundo, el valor para ser castas y virtuosas, y
Tercero, el valor para defender la verdad y la rectitud.
Permítanme hablar primero del valor para abstenerse de juzgar a los demás. Quizás se pregunten: “¿Eso realmente requiere valor?”. Yo les respondería que creo que hay muchas ocasiones cuando abstenerse de juzgar —o de decir chismes o criticar, cosas que por cierto son similares a juzgar— requiere un acto de valor. Seguir leyendo

























