Tengan valor

28 de marzo de 2009Mayo de 2009
Tengan valor
Presidente Thomas S. Monson

Thomas S. MonsonMi ruego ferviente es que tengan el valor que se necesita para abstenerse de juzgar a los demás, el valor para ser castas y virtuosas, y el valor para defender la verdad y la rectitud.

Mis queridas hermanitas: ¡qué escena tan maravillosa son ustedes! Reconozco que más allá de este magnífico Centro de Conferencias hay miles reunidas en capillas y en otros recintos de muchas partes del mundo. Ruego la ayuda divina al aceptar la oportunidad de dirigirme a ustedes.

Hemos escuchado mensajes oportunos e inspiradores de sus líderes generales de las Mujeres Jóvenes. Ellas son mujeres excelentes, llamadas y apartadas para guiarlas y enseñarles. Ellas las aman, al igual que yo.

Ustedes han venido a esta tierra en una época gloriosa. Las oportunidades que tienen por delante son casi ilimitadas. Casi todas ustedes viven en casas cómodas, con familias que las aman, comida adecuada y ropa suficiente; además, la mayoría de ustedes tiene acceso a increíbles avances tecnológicos; se comunican por teléfono celular, mensajes de texto, mensajes instantáneos, correos electrónicos, blogs, Facebook y medios similares; escuchan música en sus iPODs y reproductores MP3. Desde luego, esta lista representa sólo algunas de las tecnologías que tienen a su disposición.

Todo esto resulta un poco impresionante para alguien como yo que creció cuando las radios eran grandes muebles que se colocaban en el piso y casi no existían televisores, y mucho menos las computadoras y los teléfonos celulares. De hecho, cuando tenía la edad de ustedes, la mayoría de las líneas telefónicas eran compartidas. En nuestra familia, si queríamos usar el teléfono, primero teníamos que levantarlo y escuchar para asegurarnos de que ninguna otra familia estuviera usando la línea, ya que varias familias compartían la misma línea.

Podría pasar toda la noche mencionando las diferencias que existen entre mi generación y la de ustedes. Me basta decir que mucho ha cambiado desde la época en que yo tenía la edad de ustedes y el presente.

Aunque éste es un período extraordinario en el que abundan las oportunidades, ustedes también afrontan desafíos que son propios de esta época. Por ejemplo, las mismas herramientas tecnológicas que he mencionado proporcionan oportunidades al adversario para tentarlas y atraparlas en su red de engaño, con la esperanza de apoderarse de su destino.

Al contemplar todo lo que afrontan en el mundo hoy, me viene a la mente una palabra que describe un atributo que todos necesitamos, pero que ustedes, en este momento de su vida y en este mundo, necesitarán de forma especial. Ese atributo es el valor.

Esta noche me gustaría hablarles sobre el valor que necesitarán en tres aspectos de su vida:

Primero, el valor para abstenerse de juzgar a los demás.
Segundo, el valor para ser castas y virtuosas, y
Tercero, el valor para defender la verdad y la rectitud.

Permítanme hablar primero del valor para abstenerse de juzgar a los demás. Quizás se pregunten: “¿Eso realmente requiere valor?”. Yo les respondería que creo que hay muchas ocasiones cuando abstenerse de juzgar —o de decir chismes o criticar, cosas que por cierto son similares a juzgar— requiere un acto de valor. Seguir leyendo

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Venid, y subamos al monte del Señor

Conferencia General 28 de marzo de 2009
Venid, y subamos al monte del Señor
Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Su virtud personal… les servirá para tomar las decisiones que les permitan ser dignas de entrar en el templo.

Una de las preguntas que me hacen con mayor frecuencia es: “¿Cómo es que una madre que tiene cinco hijos y sólo una hija califica para ser presidenta general de las Mujeres Jóvenes?”. Mi respuesta es siempre la misma: “Es porque tengo una hija perfecta, ¡y conozco todos los secretos de los muchachos!”. Esta noche mis hijos me han dado permiso de revelarles uno de esos secretos, y es éste: A los jóvenes virtuosos les atraen las jóvenes virtuosas.

Antes de salir en una misión, si a los jovencitos se les preguntara la cualidad principal que buscan en una joven, quizás mencionarían una basada en las normas del mundo, como “la apariencia”. Pero después de dos años de estar en la misión, esos mismos jóvenes regresan a casa y han cambiado —su atención ha cambiado— y la cualidad principal que buscan en una compañera eterna ha cambiado ¡sin que ustedes se den cuenta! Un ex misionero virtuoso se siente atraído a una jovencita virtuosa, a una que tiene un testimonio de Jesucristo y está comprometida a llevar una vida de pureza.

¿Qué es lo que ha causado ese potente cambio de corazón? Estos jovencitos entienden su identidad y su papel en el plan de felicidad; han purificado su vida a fin de ser guiados por la compañía constante del Espíritu Santo; son dignos de entrar en los santos templos del Señor; son virtuosos. Con razón en las Escrituras se nos dice que agreguemos “a [nuestra] fe virtud” (2 Pedro 1:5), porque es cierto que “la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz” (D. y C. 88:40). Así como Pablo aconsejó a su joven amigo Timoteo que fuera “ejemplo de los creyentes en… pureza” (1 Timoteo 4:12), esta noche me gustaría hacer eco para ustedes de las palabras de Pablo, porque la virtud es pureza.

Como recordarán, hace casi un año nuestra presidencia escaló una montaña y desplegamos una bandera dorada pidiendo “un regreso a la virtud”. Pedimos que las mujeres jóvenes y adultas en todo el mundo se levantaran y brillaran como estandarte a las naciones (véase D. y C. 115:5). Como resultado, se ha agregado el valor de la virtud al lema de las Mujeres Jóvenes y al Progreso Personal a fin de que quede “escrita en [sus] corazones” (Romanos 2:15). Esto ha sido inspirado por las palabras y enseñanzas de profetas, videntes y reveladores, y se ha agregado para ustedes y para su época. El presidente Boyd K. Packer dijo que “…nada de la historia de la Iglesia o de la historia del mundo… se compar[a] con nuestra situación actual. Nada… super[a] en iniquidad la depravación que nos rodea actualmente” (“La única defensa pura” [discurso ante los profesores de religión del SEI, 6 de febrero de 2004). Jamás ha habido mayor necesidad de virtud y pureza en el mundo.

Al igual que los otros valores, al valor de la “virtud” se le ha asignado un color simbólico; el color de la virtud es el dorado porque el oro es puro, brilla, es suave y no es fuerte ni sumamente llamativo; es valioso y se tiene que refinar. Si viven una vida pura y virtuosa, ustedes serán refinadas por las experiencias de la vida, y al confiar en el Señor (véase Proverbios 3:5) y al acercarse más a Él, Él hará que sus corazones sean como el oro. (Véase de Roger Hoffman, “Consider the Lilies”.)

¿Qué significa regresar a la virtud? Estamos pidiendo un regreso a la pureza moral y a la castidad. La virtud es pureza; la virtud es castidad. La palabra virtud también se ha definido como “integridad y excelencia moral, poder y fuerza” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Virtud”; véase también Lucas 8:46). La base de una vida virtuosa es la pureza sexual, y sin embargo, el mundo casi ha eliminado esa definición. El profeta Mormón enseñó que la castidad y la virtud son “más [caras] y [preciosas] que todas las cosas” (Moroni 9:9); van de la mano; no se puede tener una sin la otra, y nosotros “creemos en ser… virtuosos” (Artículos de Fe 1:13).

Para ser y permanecer virtuosas, deben ser fieles a su identidad divina y establecer modelos de pensamiento y conducta basados en elevadas normas morales (véase Predicad Mi Evangelio, pág. 125). Esas normas son eternas y no cambian; las han enseñado los profetas de Dios. En un mundo en el que prevalece la idea de que la verdad no es absoluta, las normas del Señor son absolutas. Se nos dan a cada uno para mantenernos sobre el sendero que lleva de regreso a la presencia de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo. Seguir leyendo

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Una vida virtuosa, paso a paso

Conferencia General 28 de marzo de 2009
Una vida virtuosa, paso a paso
Mary N. Cook
Primera consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

La juventud es un tiempo decisivo en el que pueden crear modelos de virtud que les ayudarán a dar los pasos necesarios hacia la vida eterna.

Uno de los momentos más preciados de la vida de una madre es aquel en el que recibe en sus brazos a su niñita recién nacida y se da cuenta de que ese espíritu puro acaba de venir de nuestro Padre Celestial. Es un dulce recordatorio de que somos hijas de nuestro Padre Celestial y que por el hecho de acabar de salir de Su presencia, una criatura llega a la tierra pura y lista para aprender y progresar.

Cuando asistía a la universidad, lejos de mi hogar, recibí el Día de las Madres una carta de mi propia madre en la que relataba esta tierna experiencia:

“Este Día de las Madres es muy especial porque he estado pensando en que ya hace veintiún años que soy tu madre y en el gran privilegio que ha sido. Sentimos que eras alguien especial y te dimos el nombre de Mary. Queríamos que te mantuvieras pura y bondadosa, como lo implica el nombre.

“Tu tía, que lleva tu mismo nombre, te quería muchísimo y te hizo un hermoso vestidito para tu bendición, [confeccionado] casi todo a mano, para que recibieras tu nombre en la primera reunión sacramental después de que te llevamos a casa, siendo todavía tan pequeñita”.

Al leer esa carta, me di cuenta de que la esperanza más grande de mi madre era que permaneciera pura y virtuosa. La virtud “es un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas” (Predicad Mi Evangelio, 2004, pág. 125). Ella sabía que la vida sería difícil y que el permanecer virtuosa sería un desafío de toda la vida. Ella deseaba que tuviera las bendiciones del Evangelio para guiarme y ayudarme a cumplir con esa meta.

Ustedes, mis queridas jovencitas, ya han tomado muchas buenas decisiones. Ahora deben establecer modelos de virtud que las mantendrán en este sendero durante toda su vida. Busquen “ejemplo[s] de los creyentes” (1 Timoteo 4:12) que puedan estar a su lado para apoyarlas y ayudarlas a llevar una vida de virtud.

¿Por qué el ser virtuosas es tan importante no sólo para nuestros padres terrenales, sino también para nuestro Padre Celestial? La virtud trae paz, fortaleza de carácter y felicidad en esta vida. Nuestro Padre Celestial sabía que nos enfrentaríamos con muchas decisiones y desafíos y que un vivir virtuoso nos prepararía para triunfar.

Para muchas de ustedes, el día que fueron bendecidas fue su primer paso en el trayecto de una vida virtuosa. Su decisión de ser bautizadas, confirmadas y de recibir el don del Espíritu Santo y sus esfuerzos por participar dignamente de la Santa Cena y renovar su convenio bautismal todas las semanas son pasos cruciales hacia adelante para llevar una vida de virtud. Seguir leyendo

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Sé ejemplo de los creyentes

Conferencia General 28 de marzo 2009
Sé ejemplo de los creyentes
Ann M. Dibb
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Las cosas pequeñas y sencillas que ustedes elijan hacer hoy se magnificarán para convertirse mañana en grandes y gloriosas bendiciones.

Me siento feliz por estar aquí con ustedes esta noche, y humilde al pensar en lo bueno de ustedes. Son un panorama hermoso e inspirador. Espero que mi madre, o la hermana Dalton, me firme la experiencia número cuatro del valor “Conocimiento” de mi Progreso Personal, pues este discurso ciertamente debería cumplir el requisito de presentar un discurso de cinco minutos sobre un principio del Evangelio (véase El Progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, folleto, 2001, pág. 35).

Amo a las jovencitas, amo a mis jovencitas y amo el programa de las Mujeres Jóvenes. Cuando era una jovencita, el programa de las Mujeres Jóvenes y la Mutual eran parte importante de mi vida. Amaba a mis amigas, las lecciones que se nos enseñaban, las conferencias de la juventud y los campamentos.

Mis líderes me amaban y me enseñaron las verdades del Evangelio; fueron un segundo testigo de los principios del Evangelio que mis padres habían enseñado. Mis padres, mi obispo y mis queridas líderes de las Mujeres Jóvenes fueron “ejemplo[s] de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12); y yo seguí su ejemplo con gusto porque anhelaba ser como ellos.

Al pensar en la época en que era una mujer joven, reconozco que no comprendía la magnitud de lo que sucedía en mi vida; no me daba cuenta de que el participar en todas las actividades de la Iglesia me estaba ayudando a establecer un modelo y un compromiso para toda la vida de seguir las enseñanzas de Jesucristo. No comprendía que se me estaba preparando para mi vida futura como persona, esposa, madre y líder. No comprendía que al tratar de escoger lo correcto, estaba honrando mis convenios bautismales, ejerciendo la fe, aumentando mi virtud y preparándome para ir al templo. En aquel entonces no reconocía todo ello, pero, a pasos muy pequeños y graduales, me estaba convirtiendo en creyente y en un “ejemplo de los creyentes”.

Aunque no teníamos el programa del Progreso Personal como ustedes lo tienen hoy día, teníamos uno muy similar. Incluía oportunidades de aprender, practicar e informar nuestro progreso al vivir los principios del Evangelio. Hace poco tuve la ocasión de reflexionar en mis experiencias cuando mi amiga y ejemplo, la hermana Kathy Andersen, me mostró su “Manual de Abejitas”. Me gustaría compartir algunos puntos del usado libro de la hermana Andersen.

En cuanto al tema “Ama la verdad”, se les indicaba lo siguiente:

“1. Sé amable y participa en las clases.

“2. Sé honrada en todos tus actos. Es importante adquirir conocimiento en la escuela, pero también es importante ser honrada e íntegra y no hacer trampas. Si “pasas” las clases, pero “no pasas” el examen de carácter por ser deshonesta, entonces no has aprendido el significado de la verdad.

“3. No digas chismes ni los escuches durante este mes. Procura hacer de ello un hábito el resto de tu vida.

“4. Reconoce las muchas cosas buenas de los integrantes de tu familia y de tus amigos y diles de forma sincera y genuina lo que has observado. Ellos te apreciarán más. Recuerda, no “adules ni trates de halagar” (Beehive Girl’s Handbook [Manual de Abejitas], 1967–1968, pág. 59). Seguir leyendo

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Traer almas a Mí

Conferencia General 5 de abril de 2009
“Traer almas a Mí”
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los misioneros… continuarán haciendo lo mejor que puedan, pero ¿no sería mejor si ustedes y yo nos pusiéramos a la altura de las circunstancias e hiciéramos la labor que legítimamente nos corresponde?

Hace muchos años, estaba manejando por la Avenida Universidad, cerca de la desembocadura del cañón Provo, cuando noté que más adelante el tráfico empezó a reducir la velocidad. Más allá había automóviles de la policía con luces intermitentes, un camión de bomberos y varios vehículos de búsqueda y rescate, todos amontonados bloqueando la vía hacia el cañón Provo. Al principio me sentí molesto porque parecía que estaríamos allí por un largo rato. También tenía curiosidad, ¿cuál sería la causa de tanta conmoción?

Al mirar despeñadero arriba, del lado oriental de la entrada del cañón Provo, vi a algunos hombres escalando. Supuse que se trataba del personal de búsqueda y rescate; ¿hacia dónde se dirigirían? Luego logré verlo. De algún modo, una oveja hembra, que estaba perdida, había subido unos 10 metros por el desfiladero y estaba atrapada allí. No era una cabra ni una oveja montés, sino una oveja blanca separada del rebaño de un pastor.

Puesto que no tenía nada más que hacer, examiné el despeñadero en busca del camino por donde había ascendido la oveja y les aseguro que, por más que lo intentaba, no lograba explicarme cómo había llegado hasta allá. No obstante, allá estaba, y todo el alboroto que había en frente de mí se centraba en su rescate. Hasta el día de hoy no sé el desenlace del asunto, pues la policía halló la manera de permitir que el tráfico circulara nuevamente.

Al alejarme manejando, algo me inquietaba. Aunque el personal de búsqueda y rescate de seguro tenía buenas intenciones, ¿cómo reaccionaría la oveja ante ellos? Estoy seguro de que tenían un plan para calmarla, quizás le dispararían un dardo tranquilizador a corta distancia para capturarla antes de que cayera. Desconociendo el plan, pero conociendo un poco sobre cómo reaccionan los animales al ser arrinconados por extraños, me preocupaba la viabilidad de su labor de rescate. Y, luego me pregunté: ¿Dónde estaba el pastor? Ciertamente, el tendría más probabilidades de acercarse a la oveja sin asustarla. La voz tranquilizadora y la mano de ayuda del pastor eran lo que la situación requería, pero él parecía estar ausente en este momento de necesidad.

Como miembros de la Iglesia, a veces parecemos estar ausentes en momentos de necesidad, tal como este pastor. Consideren por un momento lo que el presidente Monson dijo a los recién llamados presidentes de misión en el Seminario para Nuevos Presidentes de Misión de 2008. Él dijo: “No hay sustituto para un programa proselitista basado en el trabajo con los miembros. El tocar puertas no lo sustituirá. Las preguntas de oro no lo sustituirán. Un programa basado en el trabajo con los miembros es la clave del éxito y funciona dondequiera que lo probamos” (“Motivating Missionaries”, 22 de junio de 2008, pág. 8).

Visto desde esa perspectiva, los miembros misioneros, tanto ustedes como yo, somos los pastores, y los misioneros de tiempo completo, al igual que el equipo de búsqueda y rescate, están intentado hacer algo casi imposible de lograr por sí solos. Ciertamente, los misioneros de tiempo completo continuarán haciendo lo mejor que puedan, pero ¿no sería mejor si ustedes y yo nos pusiéramos a la altura de las circunstancias e hiciéramos la labor que legítimamente nos corresponde y para la cual estamos mejor facultados al conocer en persona a quienes están perdidos y necesitan ser rescatados? Seguir leyendo

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Sus siervos, los profetas

Conferencia General 5 de abril de 2009
Sus siervos, los profetas
Élder F. Michael Watson
De los Setenta

El Maestro nos habla por medio de Su profeta.

Durante los años de mi juventud en la pequeña comunidad agrícola de Spring City, Utah, todos los veranos se presentaba la oportunidad de estar por dos semanas a solas con mi padre pastoreando las ovejas en la cordillera Manti-LaSal. En una ocasión, la niebla era tan densa en ese lugar que la persona ni siquiera podía apreciar la mano extendida frente a ella, y la noche estaba cayendo.

Mi padre sugirió que regresara al campamento y que él me seguiría después. Recuerdo que le pregunté cómo podría encontrar el campamento en medio de la niebla. Mi padre simplemente me dijo: “Deja las riendas al caballo y él te llevará al campamento”. Siguiendo su consejo, aflojé las riendas y alenté al caballo, que emprendió el camino. A veces alguna rama que colgaba baja me golpeaba en el rostro o sentía que mi pierna rozaba un árbol; pero, finalmente, el caballo se detuvo completamente y pude distinguir el entorno del campamento.

A veces, quizás no siempre podamos encontrar de inmediato el camino deseado delante de nosotros, pero la sabiduría de quienes nos han precedido, junto a la sabiduría de los que todavía permanecen con nosotros, será nuestra guía si tan sólo les damos las riendas.

“¿Entiendes lo que lees?”, fue la pregunta que le hizo Felipe a alguien que escudriñaba diligentemente las Escrituras.

La respuesta le llegó en forma de pregunta: “¿Y cómo podré si alguno no me enseñare?” 1.

La respuesta a estas inquisitivas preguntas proviene de los profetas de épocas pasadas, quienes enseñaron la importancia de escudriñar las Escrituras, junto con una promesa: “…el que atesore mi palabra no será engañado 2.

En cada dispensación, el Señor ha dado mandamientos a los profetas “de proclamar estas cosas al mundo; y todo esto para que se cumpliese” 3 . La Sección 1 de Doctrina y Convenios constituye el prefacio del Señor para las doctrinas, los convenios y los mandamientos que se han dado en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos; son dignos de mencionar los versículos 37–38.

“Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos y fidedignos, y las profecías y promesas que contienen se cumplirán todas.

“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.

Es de la voz de siete de los siervos del Señor de la que hablaré hoy. En marzo de 1970 dio comienzo el añorado deseo de prestar servicio a los siervos escogidos del Señor. Desde el principio, se presentaron oportunidades de estar en contacto directo con las Autoridades del Quórum de los Doce, y más adelante con miembros de la Primera Presidencia durante casi cuatro décadas. Fue durante esos años de formación que se empezó a ensanchar en mi corazón el entendimiento de que “mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida”.

En conferencias generales de antaño se han dado importantes amonestaciones, las que seguirán exponiendo aquellos que tienen la sabiduría de épocas pasadas, lo que hace que nuestros corazones ardan dentro de nosotros. Al seguir ese consejo debemos ser fuertes, nunca debemos darnos por vencidos y debemos perseverar hasta el fin.

Permítanme compartir la guía y el consejo impartido por estos profetas de Dios. Por ejemplo, fue el presidente Joseph Fielding Smith el que a menudo citaba las palabras registradas en el capítulo 24 de Salmos, donde se hace una pregunta, se da una respuesta y se promete una bendición a los fieles. Seguir leyendo

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Dones para ayudarnos a dirigir nuestra vida

Conferencia General 5 de abrilde 2009
Dones para ayudarnos a dirigir nuestra vida
Élder José A. Teixeira
De los Setenta

No se nos ha dejado solos. Dios nos ha dado los dones necesarios para ayudarnos durante nuestra experiencia terrenal.

Nuestro Padre Celestial tiene un plan para nosotros, un plan de felicidad; ese plan se centra en el Señor Jesucristo y en Su expiación. El seguir las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo nos permitirá comprender más plenamente nuestra función en ese plan.

En el primer capítulo del libro de Moisés encontramos una breve pero valiosísima declaración que describe de forma sencilla la obra de Dios, la cual es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” 1.

En la jornada de la vida, para regresar con nuestro Padre y ser más como Él, no se nos ha dejado solos. Dios nos ha dado los dones necesarios para ayudarnos durante nuestra experiencia terrenal.

Los dones espirituales son bendiciones o habilidades que Dios da a Sus hijos 2. Estos dones nos ayudan a dirigir nuestra vida hacia metas eternas.

Qué consuelo es saber que existe un plan que nos proporciona un Salvador, Jesucristo 3. Su sacrificio hace posible que todos los que obedezcan las enseñanzas de Su evangelio sean perdonados por medio del arrepentimiento. Qué consuelo es saber que tenemos ayuda disponible para lograr el éxito en nuestros intentos por regresar a vivir con nuestro Padre Celestial. Qué consuelo es saber que no navegamos solos en aguas desconocidas en medio de las experiencias de la vida.

Un don que nos ayudará a dirigir nuestra vida es el don que nos ha dado a todos: la capacidad y el poder de escoger.

Nuestras decisiones tienen el poder innegable de transformar nuestra vida. Este don es una extraordinaria señal de confianza en nosotros y, al mismo tiempo, una preciada responsabilidad personal de usarlo sabiamente. Nuestro Padre Celestial respeta nuestra libertad de elegir y nunca nos forzará a hacer lo correcto, ni impedirá que tomemos decisiones mediocres 4. Sin embargo, su invitación en cuanto a este importante y vital don se expresa claramente en las Escrituras: “Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios” 5.

Las palabras “hacer lo bueno continuamente” describen bien la norma que debemos aplicar cuando utilizamos nuestro albedrío.

Las decisiones conllevan consecuencias, las cuales pueden o no manifestarse inmediatamente después de haberlas tomado. El utilizar los dones espirituales que se nos han dado es primordial a fin de mantenernos en el camino correcto. Seguir leyendo

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Hogares sagrados, templos sagrados

Conferencia General 5 de abril de 2009
Hogares sagrados, templos sagrados
Élder Gary E. Stevenson
De los Setenta

El comprender la naturaleza eterna del templo los acercará a su familia, y el comprender la naturaleza eterna de la familia los acercará al templo.

¡Qué maravillosa conferencia hemos tenido! ¡Qué bendecidos somos por escuchar el consejo de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce a quienes sostenemos como profetas, videntes y reveladores!

Recuerdo una tibia y soleada tarde cuando la primavera intentaba abrirse paso en medio del largo invierno de Cache Valley, Utah. Mi padre, que los sábados siempre estaba ocupado con tareas para sus nietos, pasó por nuestra casa para invitarnos a “ir a dar una vuelta”. Siempre felices de pasear en la camioneta del abuelo, nuestros hijos de cuatro y seis años se apresuraron a subirse al asiento plegable de atrás y yo me senté con él al frente. Nuestro paseo nos llevó por las calles del centro de Logan que circundan el Templo, situado en un lugar prominente sobre un cerro con gran hermosura en el centro de la ciudad. Al alejarnos de la ciudad pasamos de las agitadas calles pavimentadas a caminos de tierra poco transitados donde cruzamos puentes viejos y serpenteamos a través de árboles hasta bien dentro del área rural; estábamos alejados del tránsito y completamente solos.

Al darse cuenta de que sus nietos estaban en un lugar donde nunca habían estado antes, mi padre detuvo la camioneta y les preguntó mientras ellos con los ojos muy abiertos miraban el valle por el parabrisas: “¿Creen que estamos perdidos?”. Luego de un momento de evaluación silenciosa vino la profunda respuesta de un niño pequeño: “Mira”, dijo señalando con el dedo, “Abuelo, nunca estás perdido si puedes ver el templo”. Nos dimos vuelta y nuestros ojos, enfocándose junto a los de él, vieron el sol reflejarse en las agujas del Templo de Logan, al otro lado del valle.

Nunca están perdidos si pueden ver el templo. El templo será una guía para ustedes y su familia en un mundo lleno de caos; es un poste indicador eterno que los ayudará a no perderse en el “vapor de tinieblas” 1; es la “Casa del Señor”2 , un lugar en donde se hacen convenios y se efectúan ordenanzas.

En el Libro de Mormón, el Rey Benjamín mandó a los santos de su época y lugar a que se reunieran “…cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo…” 3. Como miembros de la Iglesia, acabamos de recibir consejo de los profetas de la era moderna, consejo que, si seguimos, volverá las puertas de nuestro hogar más completamente hacia el templo.

La Primera Presidencia ha invitado “a los miembros adultos a que tengan una recomendación vigente para entrar en el templo y a que asistan al templo con más frecuencia” cuando el tiempo y las circunstancias lo permitan, e instó a los miembros a que “reemplacen algunas actividades recreativas por el servicio en el templo”. Además animaron “a los nuevos miembros y a la juventud de la Iglesia, a partir de los 12 años de edad, a que vivan dignos de ayudar en esta gran obra al servir como representantes para los bautismos y las confirmaciones”4. Incluso se ha instado a los niños pequeños a visitar los terrenos del templo y a tocar el templo 5 . El presidente Thomas S. Monson aconsejó en una ocasión: “Al tocar nosotros el templo, el templo nos tocará a nosotros” 6. Seguir leyendo

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Honorablemente [retener] un nombre y una posición

Conferencia General 5 de abril de 2009
Honorablemente [retener] un nombre y una posición
Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El fuego del convenio arderá en el corazón de cada miembro fiel de esta Iglesia que adore y que honorablemente retenga un nombre y una posición en la santa casa del Señor.

Poco tiempo después de que se me llamara a prestar servicio como presidente de estaca en 1987, hablé con un buen amigo quien hacía poco había sido relevado como presidente de estaca. Durante nuestra conversación, le pregunté si había algo que él podría enseñarme en cuanto a llegar a ser un presidente de estaca eficiente. Su respuesta a mi pregunta ejerció un profundo impacto en mi servicio y ministerio subsecuentes.

Mi amigo indicó que se le había llamado a prestar servicio como obrero del templo poco después de su relevo. Luego agregó: “Desearía haber sido obrero del templo antes de ser presidente de estaca. Si hubiera prestado servicio en el templo antes de mi llamamiento como presidente de estaca, habría sido un presidente de estaca muy diferente”.

Su respuesta me dejó intrigado y le pedí que se explicara un poco más; él respondió: “Creo que fui un buen presidente de estaca. Los programas de nuestra estaca funcionaban bien, y nuestras estadísticas estaban por encima del promedio; pero el prestar servicio en el templo ha expandido mi visión. Si se me llamara hoy a servir como presidente de estaca, mi enfoque principal sería la dignidad para recibir y honrar los convenios del templo. Me esforzaría para lograr que la preparación para el templo fuera el centro de todo lo que hiciéramos; haría mejor mi labor de conducir a los santos a la Casa del Señor”.

Esa breve conversación con mi amigo me ayudó a enseñar y testificar incesantemente como presidente de estaca sobre la importancia eterna de las ordenanzas del templo, los convenios del templo y la adoración en el templo. El mayor deseo de nuestra presidencia era que cada miembro de la estaca recibiera las bendiciones del templo para ser digno de una recomendación para el templo y de usarla con frecuencia.

Mi mensaje de hoy está enfocado en las bendiciones del templo y ruego que el Espíritu Santo ilumine nuestras mentes, penetre el corazón y testifique de la verdad a cada uno de nosotros.

El objeto divino del recogimiento
El profeta José Smith declaró que, en toda época, el objeto divino del recogimiento del pueblo de Dios es el de edificar templos a fin de que Sus hijos reciban las ordenanzas más elevadas y de ese modo obtener la vida eterna (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2007, págs. 443–446). En el Libro de Mormón se recalca esta relación esencial que existe entre el principio del recogimiento y la edificación de templos:

“He aquí, el campo estaba maduro, y benditos sois vosotros, porque metisteis la hoz y segasteis con vuestra fuerza; sí, trabajasteis todo el día; ¡y he aquí el número de vuestras gavillas! Y serán recogidas en los graneros para que no se desperdicien” (Alma 26:5).

Las gavillas de esta analogía representan a los miembros de la Iglesia recién bautizados; los graneros son los santos templos. El élder Neal A. Maxwell explicó: “Es evidente que, al bautizar, nuestra visión debe ir más allá de la pila bautismal y debe proyectarse hacia el santo templo. El gran granero en el que debe recogerse a estas gavillas es el santo templo” (en John L. Hart, “Make Calling Focus of Your Mission”, Church News, 17 de septiembre de 1994, pág. 4). Dicha instrucción aclara y subraya la importancia de las ordenanzas y de los convenios sagrados del templo, a fin de que las gavillas no se desperdicien. Seguir leyendo

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El servicio desinteresado

Conferencia General 5 de abril de 2009
El servicio desinteresado
Élder Dallin H. Oaks
Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro Salvador nos enseña a seguirlo al hacer los sacrificios necesarios para perder nuestra vida en el servicio desinteresado a los demás.

Nuestro Salvador se entregó al servicio desinteresado. Él enseñó que cada uno de nosotros debe seguirle al desechar los intereses egoístas a fin de servir a los demás.

“Si alguno quiere venir en pos de mí [dijo Él], niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá: y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24–25; véase también Mateo 10:39).

I.

Como grupo, los Santos de los Últimos Días son singulares al seguir esa enseñanza, singulares en la medida que prestan servicio desinteresado.

Todos los años, miles de Santos de los Últimos Días envían sus solicitudes para prestar servicio misional de tiempo completo. Los misioneros mayores dejan de lado las diversiones de la jubilación, las comodidades del hogar y la cariñosa compañía de hijos y nietos para servir a personas extrañas en lugares desconocidos. Los jóvenes y las jovencitas postergan su empleo y educación académica y se ponen a disposición para servir en dondequiera que se les asigne. Cientos de miles de miembros fieles participan en el servicio desinteresado que llamamos “la obra del templo”, cuya única motivación es el amor y el servicio a nuestro prójimo, tanto los vivos como los que han muerto. Ese mismo servicio desinteresado lo prestan infinidad de oficiales y maestros en nuestras estacas, barrios y ramas. Ninguno de ellos recibe compensación en términos materiales, pero están dispuestos a prestar servicio cristiano a sus semejantes.

No es fácil renunciar a las prioridades y a los deseos personales. Hace muchos años, un misionero recién llegado a Inglaterra se sentía frustrado y desanimado. Escribió a casa para decir que sentía que estaba perdiendo el tiempo. Su sabio padre le respondió: “Olvídate de ti mismo y ponte a trabajar” 1. El joven élder Gordon B. Hinckley se arrodilló e hizo convenio con el Señor de que intentaría olvidarse de sí mismo y que se consagraría al servicio al Señor 2. Años más tarde, siendo ya un siervo maduro del Señor, el élder Hinckley diría: “Aquél que sólo se preocupa de sí mismo se marchita y muere, mientras que el que se olvida de sí en el servicio a los demás progresa y florece en esta vida como en la eternidad” 3.

El pasado mes de enero, el presidente Thomas S. Monson enseñó a los alumnos de la Universidad Brigham Young que sus días de estudio deben incluir “lo que concierne a la preparación espiritual”, incluso el servicio a los demás. “Una actitud de amor” caracterizó la misión del Maestro, dijo el presidente Monson. “Él dio la vista al ciego, piernas al cojo y vida a los muertos. Quizá cuando estemos frente a nuestro Hacedor no nos preguntará: ‘¿Cuántos puestos tuviste?’ sino, ‘¿A cuántas personas ayudaste?’. En realidad”, concluyó el presidente Monson, “nunca podrán amar al Señor hasta que le sirvan mediante el servicio a Su pueblo” 4. Seguir leyendo

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Sed de buen ánimo

Conferencia General Abril 2009

Sed de buen ánimo

Thomas S. Monson
Presidente Thomas S. Monson

Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe.



Mis queridos hermanos y hermanas, les expreso mi amor. Me siento humilde por la responsabilidad de dirigirles la palabra, y sin embargo, estoy agradecido por la oportunidad de hacerlo.

Desde que nos reunimos la última vez, hace seis meses en la conferencia general, ha habido señales constantes de que las circunstancias mundiales no son necesariamente lo que quisiéramos. La economía global, que hace seis meses parecía estar declinando, parece haberse ido a pique, y durante muchas semanas el panorama económico ha sido un tanto sombrío; además, las bases morales de la sociedad siguen decayendo, mientras que los que tratan de proteger ese fundamento a menudo son ridiculizados y a veces perseguidos. Y las guerras, los desastres naturales y las desgracias personales siguen ocurriendo.

Sería fácil desanimarnos y perder la fe en cuanto al futuro —o incluso tener temor de lo que pueda venir— si sólo nos concentráramos en lo que está mal en el mundo y en nuestra vida. Sin embargo, hoy quisiera que nuestros pensamientos y nuestras actitudes dejen de lado los problemas que nos rodean y se concentren en las bendiciones que tenemos como miembros de la Iglesia. El apóstol Pablo declaró: “…no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 1.

Ninguno de nosotros pasa por esta vida sin problemas ni desafíos, y a veces tragedias e infortunios. Después de todo, en gran parte estamos aquí para aprender y progresar como resultado de esos acontecimientos. Sabemos que habrá ocasiones en las que sufriremos, lloraremos y estaremos tristes; no obstante, se nos ha dicho: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” 2.

¿Cómo podemos tener gozo en la vida a pesar de todo lo que enfrentemos? Cito otra vez de las Escrituras: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé” 3.

La historia de la Iglesia en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, está repleta de experiencias de los que han luchado pero que han permanecido firmes y con buen ánimo al hacer del evangelio de Jesucristo el punto central de su vida. Esa actitud es lo que nos ayudará a superar lo que se interponga en nuestro camino. No eliminará nuestros problemas, pero nos permitirá enfrentar los desafíos, con confianza, y salir victoriosos.

Son muchos los ejemplos de personas que han enfrentado circunstancias difíciles, pero que han perseverado y triunfado a raíz de que su fe en el Evangelio y en el Salvador les ha dado la fuerza que necesitaban. Esta mañana me gustaría compartir con ustedes tres de estos ejemplos.

Primero, de mi propia familia, menciono una experiencia emotiva que siempre me ha inspirado.

Mis bisabuelos maternos, Gibson y Cecelia Sharp Condie, vivían en Clackmannan, Escocia. Sus familias trabajaban en las minas de carbón. Ellos estaban en paz con el mundo, rodeados de parientes y amigos, y vivían en casas bastante cómodas en una tierra que amaban. Después escucharon el mensaje de los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se convirtieron en lo más profundo de su alma. Escucharon el llamado de congregarse en Sión, y supieron que debían responder a él.

Alrededor de 1848, vendieron sus posesiones y se prepararon para la peligrosa travesía a lo largo del gran Océano Atlántico. Con cinco hijos pequeños, abordaron un barco, llevando todas sus posesiones en un pequeño baúl. Recorrieron cuatro mil ochocientos kilómetros durante ocho largas y pesadas semanas sobre un mar traicionero, alertas y anhelosos, con comida de mala calidad, agua insalubre y ninguna otra ayuda más allá de lo largo y lo ancho de aquella pequeña embarcación. Seguir leyendo

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Si fieles le somos

Conferencia General 5 de abril de 2009
Si fieles le somos
Barbara Thompson
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Procuremos aumentar nuestra fe y rectitud personal, fortalecer a nuestra familia y a nuestro hogar, y servir al Señor y a Sus hijos.

Hace muchos años, mientras servía en la mesa general de la Sociedad de Socorro, se me asignó instruir y capacitar a líderes del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro. Llegamos justo a tiempo para comenzar la reunión, después de haber estado toda la mañana enseñando en otra ciudad.

Yo era la primera oradora, justo después del himno y de la oración inicial. El primer himno era “El fin se acerca”.

El título no me resultaba familiar y me pareció raro que éste fuera el primer himno. ¡Yo ni siquiera había dicho una palabra y ya estaban todos cantando “el fin se acerca”!

Al comenzar a cantar, enseguida me di cuenta de que el himno se refiere al breve tiempo que resta para publicar el mensaje del Evangelio y traer almas a Cristo. Las palabras de la cuarta estrofa permanecieron en mi mente toda la noche y por mucho tiempo, y dice así:

Sed firmes; probados seréis, pues, hermanos.
Si ganan los justos, Satanás perderá,
Mas Cristo dará a los justos amparo;
Si fieles le somos, Él nos salvará.
Si fieles le somos, Él nos salvará. 1

El mensaje de esa estrofa es que, pase lo que pase en esta vida, Jesucristo tiene el poder para salvar. Por medio de Su sacrificio divino, Él ha preparado el camino para que alcancemos la vida eterna. En verdad Su obra es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” 2 . Él nos ha pedido que nos ayudemos unos a otros para que hagamos las cosas que nos llevarán a la vida eterna.

El mes de septiembre pasado, en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, la hermana Beck esbozó tres cosas que nos ayudan con nuestra meta de lograr la vida eterna; ellas son:

1. “Aumentar la fe y la rectitud personales”.
2. “Fortalecer a las familias y los hogares”.
3. “Servir al Señor y a Sus hijos” 3 .

Lo cual también significa buscar y cuidar al pobre y al necesitado.
Sabemos que Satanás va a tentarnos y a probarnos al tratar de hacer estas cosas, pero el Señor ha prometido que Él nos fortalecerá y nos ayudará 4.

Aumentar la fe y la rectitud personales

De pequeña, mis padres me enseñaron que mi Padre Celestial y Jesucristo me amaban. Me enseñaron que “soy una hija de Dios” 5. No recuerdo no haber sabido esto. Mis padres me enseñaron que Jesucristo es nuestro Salvador y que sólo mediante Él podremos ser salvos 6. Seguir leyendo

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Sigamos adelante con nuestra vida

Conferencia General 5 de abril de 2009
Sigamos adelante con nuestra vida
Élder Steven E. Snow
De la Presidencia de los Setenta

Al escuchar a los profetas, guardar una perspectiva eterna, tener fe y ser de buen ánimo podemos afrontar los problemas inesperados.

Durante los primeros años de su infancia, nuestra sobrina Lachelle pasaba las mañanas con su abuela. Las dos compartían un vínculo especial como consecuencia de esas horas que pasaban juntas; pero pronto Lachelle cumplió cinco años y comenzó a prepararse para ir a la escuela. La última mañana que pasaron juntas, la abuela Squire le leyó un cuento y la sentó en su gran mecedora. “Nos hemos divertido tanto juntas, Lachelle”, le dijo, “pero ahora debes comenzar la escuela. Te quiero tanto, ¿qué voy a hacer sin ti?”

Con una sabiduría que sobrepasaba sus cinco años, Lachelle miró a su abuela con sus grandes ojos negros y le dijo: “Abuela, yo también te quiero, pero es hora de que siga adelante con mi vida”.

Ése es un buen consejo para todos nosotros, que también debemos “seguir adelante con nuestra vida”. La mayoría de nosotros no buscamos ni recibimos con entusiasmo los grandes cambios, pero éstos son una parte importante de las experiencias que pasamos en ella.

Muchos de los cambios se producen naturalmente mientras avanzamos en nuestra jornada. Nuestra vida cambia a medida que pasamos de la infancia a la juventud y de ésta a la vida adulta y finalmente a la vejez. Los estudios, la misión, el matrimonio y la jubilación son ejemplos de esos hitos de cambios.

En muchas ocasiones, somos renuentes de pasar a la siguiente etapa y comenzar con el nuevo desafío. Quizás estemos muy cómodos en donde estamos, sintamos temor o no tengamos mucha fe. El regazo de la abuela es muchas veces más placentero que los problemas que podríamos afrontar en el jardín de infantes. La casa de nuestros padres, con una gran cantidad de video juegos, podría ser más atrayente que la universidad, el matrimonio o una carrera profesional.

¿Cómo podemos entonces prepararnos lo mejor posible para los problemas que inevitablemente afrontaremos a medida que avanzamos en la vida?

Primero, seguir a los profetas; escuchar y acatar el consejo de las Autoridades Generales. Los profetas muchas veces levantan una voz de amonestación, pero a la vez proporcionan consejo firme y práctico para ayudarnos a sobrepasar las tormentas de la vida. En la primera sección de Doctrina y Convenios, el Señor nos recuerda que “sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Los profetas nos ayudan a enfrentar los cambios y los desafíos que afrontamos constantemente. La canción popular de la Primaria, “Sigue al Profeta” nos recuerda ese importante principio: “Mas si por la senda recta hemos de andar, a nuestros profetas hemos de escuchar” (Canciones para los niños, pág. 58).

Segundo, mantener una perspectiva eterna. Comprender que el cambio y los problemas son parte del plan de Dios. En forma deliberada, esta existencia terrenal es un tiempo de prueba o un tiempo “para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25). Con el fin de probar la forma en que utilizamos el albedrío que Dios nos ha dado, pasamos por una serie de cambios, problemas, pruebas y tentaciones a medida que avanzamos en la vida. Sólo entonces, se nos prueba verdaderamente.

En 2 Nefi leemos: “…porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal” (2 Nefi 2:11). Seguir leyendo

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Venid a Él

Conferencia General 5 de abril de 2009
Venid a Él
ÉLder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Por el poder del Espíritu Santo sé con claridad perfecta e indudable que Jesús es el Cristo, el Amado Hijo de Dios.

Mis queridos hermanos y hermanas de todo el mundo, me tiemblan las rodillas y mis emociones están a punto de desbordarse. Les expreso mi amor a ustedes, y les agradezco profundamente su voto de sostenimiento. En muchísimos aspectos me siento inadecuado y humilde.

Me resulta reconfortante saber que en el requisito para el santo apostolado en el que no hay flexibilidad alguna, el Señor me ha bendecido muchísimo. Por el poder del Espíritu Santo sé con claridad perfecta e indudable que Jesús es el Cristo, el Amado Hijo de Dios.

No hay persona que tenga más amor que el presidente Thomas S. Monson. Su calidez es como los rayos del sol al mediodía. Pero incluso así, al extenderme él este llamamiento sagrado, podrán imaginar ustedes la seriedad sobrecogedora que sentí cuando los ojos del profeta de Dios penetraron hasta lo más íntimo de mi alma. Felizmente también podrán imaginarse el amor que sentí de parte del Señor y de Sus Profetas cuando el presidente Monson me rodeó con esos brazos largos y amorosos. Lo amo, presidente Monson.

A todos los que me conocen, si alguna vez en presencia de ustedes he sido menos de lo que debí ser, les ruego que me perdonen y me tengan paciencia. Necesito mucho su fe y sus oraciones.

Sé que no soy lo que tengo que llegar a ser. Ruego tener la disposición y ser moldeable a las enseñanzas y correcciones del Señor. Me consuelan las palabras del presidente Monson que anoche en la sesión del sacerdocio dijo que el Señor fortalece la espalda para que soporte el peso que se coloque sobre ella.

Poco después de haber sido llamado como Autoridad General hace dieciséis años, en una conferencia de estaca en la que acompañé al presidente Boyd K. Packer, él dijo algo que no he olvidado. Al dirigirse a la congregación, dijo: “Yo sé quién soy”. Luego, después de una hacer una pausa, agregó: “No soy nadie”. Después se volvió hacia mí, que estaba sentado en el estrado detrás de él, y dijo: “Y usted, hermano Andersen, tampoco es nadie”. Entonces agregó estas palabras: “Si alguna vez lo olvida, el Señor se lo recordará enseguida, y no resultará nada agradable”.

Expreso enorme gratitud por ustedes, los miembros fieles de la Iglesia. Cuando era yo un joven misionero en Francia, sentí que mi testimonio florecía al ver a los miembros brindar plena devoción al evangelio de Jesucristo.

He vivido diez de los últimos veinte años fuera de Estados Unidos, cumpliendo asignaciones de la Iglesia. En tierras e idiomas diferentes a los míos, he visto el poder de Dios en acción en sus vidas. ¡Qué maravillosos son ustedes, la gran familia de creyentes en el evangelio restaurado de Jesucristo!

El Señor me ha bendecido de formas que nunca le podré pagar. Él me permitió contraer matrimonio con uno de sus ángeles aquí en la tierra. Mi esposa Kathy es mi luz y mi ejemplo, una preciada hija de Dios, llena de pureza e inocencia. No sería nada sin ella. Llevo gran parte de la vida tratando de llegar a ser lo que ella cree que soy. Seguir leyendo

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El camino del discípulo

Conferencia General 5 de abril de 2009
El camino del discípulo
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Ahora es el momento de adoptar el evangelio de Jesucristo como modo de vida, convertirnos en Sus discípulos y seguir Su camino.

Hoy es el día que el mundo cristiano tradicionalmente llama Domingo de Ramos. Recordarán que aquel domingo, aproximadamente dos mil años atrás, Jesucristo entró en la ciudad de Jerusalén durante la última semana de su vida terrenal 1. Cumplía así lo que en la antigüedad había profetizado Zacarías 2; entró cabalgando sobre un asno, y, al hacerlo, una gran multitud salió para recibir al Maestro y cubrieron Su camino con hojas de palma, ramas en flor e incluso sus propias vestiduras. A medida que Él se acercaba, ellos aclamaban: “Bendito el rey que viene en el nombre del Señor” 3 y “¡Hosanna al Hijo de David!” 4.

Quizá los discípulos pensaron que aquél era un momento decisivo: el momento en que la sociedad judía finalmente reconocería a Jesús como el tan esperado Mesías. Pero el Salvador entendía que muchos de los gritos de alabanzas y las aclamaciones serían transitorios. Él sabía que pronto ascendería al monte de los Olivos y allí, solo en Getsemaní, tomaría sobre sí los pecados del mundo.

El evangelio de Jesucristo
Lo adecuado es que durante la semana, desde el Domingo de Ramos hasta la mañana de la Pascua de Resurrección, dirijamos nuestros pensamientos hacia Jesucristo, la fuente de luz, vida y amor. Quizá las multitudes de Jerusalén lo hayan visto como un gran rey que los salvaría de la opresión política; pero, en realidad, Él nos dio mucho más que eso: nos dio Su Evangelio, una perla de incalculable precio, la gran clave de conocimiento que, si la comprendemos y usamos, nos abre la puerta hacia una vida de felicidad, paz y satisfacción.

El Evangelio son las buenas nuevas de Cristo. Es la revelación de que el Hijo de Dios vino a la tierra, llevó una vida perfecta, expió nuestros pecados y conquistó la muerte. Es el sendero de la salvación, el camino de la esperanza y el gozo y es lo que nos da la seguridad de que Dios tiene un plan de redención y felicidad para Sus hijos.

El Evangelio es el camino del discipulado. Podemos experimentar seguridad y gozo cuando andamos por ese camino, incluso en tiempos de peligro, tristeza e inseguridad.

El camino del mundo
Vivimos en una época en que muchos se preocupan por su sustento. Se preocupan por el futuro y dudan de su capacidad para resolver los desafíos con los que se enfrentan. Muchos han sufrido adversidades y tristeza en su propia vida; ansían saber cuál es el significado y el propósito de la vida.

Debido al gran interés en esos temas, el mundo no titubea al momento de ofrecer respuestas nuevas para cada problema que enfrentamos. La gente cambia de una nueva idea a la siguiente con la esperanza de encontrar algo que dé respuesta a las apremiantes preguntas de su alma. Asisten a seminarios y compran libros, discos compactos y otros productos. Se ven envueltos en el entusiasmo de buscar algo novedoso; pero, inevitablemente, la llama de cada nueva teoría se apaga y se reemplaza por otra solución “nueva y mejorada” que promete lograr lo que otras no lograron antes.

No digo que esas opciones del mundo no tengan elementos de verdad; muchas las tienen. Sin embargo, ninguna llega a producir el cambio duradero que buscamos para nuestra vida. Una vez que el entusiasmo se desvanece, queda el vacío mientras buscamos la próxima nueva idea para desentrañar los secretos de la felicidad.

En contraste, el evangelio de Jesucristo tiene las respuestas a todos nuestros problemas. El Evangelio no es un secreto; no es complicado ni esconde nada; puede abrir la puerta a la verdadera felicidad. No es ni la teoría ni la propuesta de nadie. No proviene de ningún hombre. Brota de las aguas puras y eternas del Creador del universo, quien conoce verdades que no podemos empezar a comprender. Y, con ese conocimiento, Él nos ha dado el Evangelio, un don divino, la fórmula suprema de la felicidad y del éxito.

¿Cómo llegamos a ser discípulos de Cristo?
Cuando escuchamos las trascendentales verdades del evangelio de Jesucristo, la esperanza y la fe comienzan a crecer en nuestro interior 5 . Cuanto más llenemos nuestro corazón y nuestra mente con el mensaje del Cristo resucitado, mayor es nuestro deseo de seguirlo y vivir Sus enseñanzas. Esto, a su vez, hace que nuestra fe crezca y permite que la luz de Cristo ilumine nuestro corazón. Al hacerlo, reconocemos las imperfecciones de nuestra vida y deseamos ser librados de las depresivas cargas del pecado, anhelamos ser libres de la culpa y esto nos motiva a arrepentirnos. Seguir leyendo

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