Sé lo mejor que puedas ser

Conferencia General 4 de abril de 2009
Sé lo mejor que puedas ser
Presidente Thomas S. Monson

Cada uno debe esforzarse por aprender su deber y por llevarlo a cabo lo mejor posible.

Mis queridos hermanos del sacerdocio reunidos aquí en este repleto Centro de Conferencias y en lugares alrededor del mundo, me siento humilde por la responsabilidad que tengo de dirigirles la palabra. Apruebo los mensajes que ya se han presentado y le expreso a cada uno de ustedes mi sincero amor, así como mi agradecimiento por su fe y su devoción.

Hermanos, nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio son sumamente importantes, tal como se explica en Doctrina y Convenios: “El poder y la autoridad del sacerdocio mayor, o sea, el de Melquisedec, consiste en tener las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia” 1. Y además: “El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos” 2.

En 1958, el élder Harold B. Lee, quien después fue el decimoprimer Presidente de la Iglesia, describió el sacerdocio como “las… tropas del Señor contra las fuerzas del mal” 3.

El presidente John Taylor declaró que “el poder que se manifiesta por medio del sacerdocio es sencillamente el poder de Dios” 4.

Esas emotivas declaraciones de profetas de Dios nos ayudan a comprender que todo hombre y joven que posea el sacerdocio de Dios debe ser digno de ese gran privilegio y responsabilidad. Cada uno debe esforzarse por aprender su deber y por llevarlo a cabo lo mejor posible. Al hacerlo, proporcionamos los medios por los cuales nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo pueden llevar a cabo Su obra en la tierra. Nosotros somos Sus representantes aquí.

En el mundo de hoy enfrentamos dificultades y desafíos, algunos de los cuales parecerán verdaderamente graves. Sin embargo, con Dios de nuestro lado, no podemos fracasar. Si portamos dignamente Su santo sacerdocio, saldremos victoriosos.

Ahora bien, a ustedes que poseen el Sacerdocio Aarónico quisiera decirles que espero sinceramente que sean conscientes de la importancia de su ordenación en el sacerdocio. Ustedes tienen un papel vital en la vida de cada miembro de su barrio por participar en la administración y la repartición de la Santa Cena cada domingo.

Tuve el privilegio de servir como secretario de mi quórum de diáconos. Recuerdo las muchas asignaciones que tuvimos la oportunidad de realizar como miembros del quórum; entre las que acuden a mi mente estaba el repartir la Santa Cena, recolectar las ofrendas de ayuno mensuales y velar los unos por los otros. Pero la que más miedo me dio ocurrió en la sesión de liderazgo de nuestra conferencia de barrio. El miembro de la presidencia de estaca que presidía pidió que hablara uno de los oficiales de barrio y luego, sin ningún aviso, dijo: “Y ahora pediremos a uno de los jóvenes oficiales del barrio, a Thomas S. Monson, secretario del quórum de diáconos, que nos dé un informe de su servicio y que dé su testimonio”. No recuerdo nada de lo que dije, pero nunca he olvidado la experiencia ni la lección que me enseñó. Fue el apóstol Pedro quien dijo: “…estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 5.

En una previa generación, el Señor hizo esta promesa a los poseedores del sacerdocio: “…iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” 6 .

Éste no es el momento de temer, hermanos, sino de tener fe; es el momento de que cada uno de nosotros que poseemos el sacerdocio seamos lo mejor que podamos ser.

Aunque nuestra jornada por la vida terrenal a veces nos pondrá en peligro, esta noche quiero darles tres sugerencias que, si las observan y las siguen, nos protegerán; son las siguientes: Seguir leyendo

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Hombre herido!

Conferencia General 4 de abril de 2009
“¡Hombre herido!”
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El sentimiento de responsabilidad hacia los demás constituye la esencia del servicio fiel en el sacerdocio.

Estoy agradecido por el honor y la bendición de hablarle al sacerdocio de Dios. Mi propósito esta noche es ayudarles a ser valientes y audaces en su servicio en el sacerdocio.

Se necesitará que ustedes tengan valor y resolución porque están enlistados en el ejército del Señor, en la última dispensación. Ésta no es una época de paz; y eso ha sido así desde que Satanás organizó sus huestes en contra del plan de nuestro Padre Celestial en la existencia preterrenal. No sabemos los detalles de ese combate de entonces, pero sí conocemos un resultado: Satanás y sus seguidores fueron expulsados a la tierra y desde la creación de Adán y Eva el conflicto ha continuado. Lo hemos visto intensificarse y las Escrituras sugieren que la guerra será más y más violenta, y aumentarán las pérdidas espirituales en el lado del Señor.

Casi todos hemos visto un campo de batalla en una película o leído la descripción de ello en un relato; entre el estruendo de las explosiones y los gritos de los soldados, se escucha el grito: “¡Hombre herido!”

Cuando se escucha ese grito, los fieles soldados compañeros se movilizarán hacia el sonido; un soldado o un médico no tendrán en cuenta el peligro e irán en busca del camarada lesionado; y el hombre herido sabrá que recibirá ayuda. Sin importar el riesgo, alguien, ya sea agazapándose o arrastrándose, acudirá para llegar a tiempo a fin de protegerlo y asistirlo. Eso es verdad entre cualquier grupo de hombres unidos en una misión difícil y peligrosa, la cual estén resueltos a cumplir ante cualquier sacrificio. Las historias de ese tipo de grupos están llenas de relatos de hombres leales que tenían la determinación de no dejar a ningún hombre rezagado.

Éste es un ejemplo de un relato oficial 1 . Durante la guerra en Somalia, en octubre de 1993, dos soldados de asalto del ejército de los Estados Unidos desde su helicóptero durante el intercambio de fuego se dieron cuenta de que otros dos helicópteros cercanos habían caído a tierra. Los dos soldados, en su vuelo relativamente seguro, escucharon por la radio que no había tropas en tierra que pudieran rescatar a los tripulantes caídos. El número de enemigos que se acercaban al lugar del accidente era cada vez mayor.

Los dos hombres que observaban desde arriba se ofrecieron a descender a tierra, (las palabras que usaron en la radio fueron “a infiltrarse”) para proteger a sus camaradas gravemente heridos. Su solicitud fue denegada debido a que la situación era muy peligrosa; se ofrecieron una segunda vez y otra vez no se les concedió el permiso; sólo después de su tercer pedido, se les permitió descender a tierra.

Sólo con sus armas personales se abrieron paso hasta llegar a los helicópteros caídos y a sus tripulantes heridos. Pasaron por el intenso intercambio de fuego a medida que los enemigos se aproximaban al lugar del accidente. Sacaron a los heridos de lo que quedaba de las naves y se ubicaron alrededor de sus compañeros, colocándose en las posiciones más peligrosas. Protegieron a sus compañeros hasta que se quedaron sin munición y fueron heridos de muerte. Su valor y su sacrificio salvaron la vida de un piloto que se hubiera perdido.

Se les otorgó la Medalla de Honor póstuma, el reconocimiento más alto de la nación por el valor frente a un enemigo armado. La mención dice que lo que ellos hicieron fue “más allá de su deber”.

Pero me pregunto si ellos lo consideraron así al dirigirse hacia sus compañeros caídos. Por lealtad, sentían el deber de no abandonar a sus compañeros de batalla, sin importar el costo. El valor para actuar y su servicio desinteresado provenía del sentir que eran responsables por la vida, por la felicidad y por la seguridad de sus camaradas. Seguir leyendo

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Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir

Conferencia General 4 de abril de 2009
Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

No podemos ni debemos darnos el lujo de distraernos de nuestro deber sagrado. No podemos ni debemos perder la perspectiva de las cosas que más importan.

Mis queridos hermanos, desde hace meses he sabido cuál es el mensaje que quiero darles hoy. Durante ese tiempo, he buscado un relato que sirviera para ilustrar lo que quiero decir. Busqué un relato sobre granjas; busqué otro sobre animales. En honor al élder Scott, busqué uno sobre ingeniería nuclear, y en honor al presidente Monson, busqué uno sobre la cría de palomas.

Pero al final, seguía acudiendo a mi mente un relato, uno que he llevado grabado en la memoria durante muchos, muchos años. No es sobre granjas, animales, ingeniería nuclear ni palomas. Trata —como quizás lo habrán adivinado— sobre la aviación. Lo llamo “El relato de la bombilla”.

El relato de la bombilla, o cómo perder la perspectiva de lo que es más importante

Una oscura noche de diciembre, hace 36 años, un avión jumbo Lockheed 1011 se estrelló en los Everglades de Florida, provocando la muerte de más de cien personas. Aquel terrible accidente fue una de las peores catástrofes de la historia de la aviación de los Estados Unidos.

Algo extraño de aquel accidente fue que todas las partes y los sistemas vitales de la aeronave funcionaban a la perfección; el avión fácilmente podría haber aterrizado a salvo en su destino a Miami, a sólo 32 kilómetros de distancia.

Sin embargo, durante la fase final del vuelo, la tripulación se percató de que una lucecita verde no se había encendido, una luz que indica si el tren de aterrizaje se ha desplegado correctamente. Los pilotos suspendieron el aterrizaje, fijaron la trayectoria del avión para volar en círculos sobre los oscuros Everglades, y fijaron su atención en la investigación del problema.

Tanto se preocuparon por detectar el problema que no se dieron cuenta de que la aeronave iba perdiendo altura, acercándose cada vez más a los oscuros pantanos. Para cuando alguien se dio cuenta de lo que sucedía, ya fue demasiado tarde para evitar el desastre.

Después del accidente, los investigadores trataron de determinar la causa. De hecho, el tren de aterrizaje había descendido correctamente. El avión estaba en perfectas condiciones mecánicas; todo funcionaba debidamente, todo, excepto una cosa: una bombilla o un foco que se había fundido. Aquella pequeña bombilla, que costaba unos 20 centavos, dio comienzo a la cadena de acontecimientos que condujeron a la trágica muerte de más de cien personas.

Naturalmente, la bombilla que no funcionaba no causó el accidente; éste se produjo porque la tripulación centró su atención en algo que por el momento parecía importante, haciéndoles perder de vista lo que era de más importancia.

Presten atención a lo que es de más importancia

La tendencia a centrarse en lo insignificante a costa de lo profundo no sólo les sucede a los pilotos, sino a todos. Todos corremos ese peligro. El conductor que centra su atención en la carretera tiene más probabilidades de llegar a su destino sin sufrir percance alguno que el que está más preocupado por enviar mensajes de texto por teléfono.

Sabemos qué es lo más importante en la vida: la Luz de Cristo enseña esto a todas las personas. Nosotros, en calidad de fieles Santos de los Últimos Días, tenemos el Espíritu Santo como un “compañero constante” para enseñarnos las cosas que tienen valor eterno. Supongo que si se le pidiera a cualquiera de los poseedores del sacerdocio que me está escuchando que preparara un discurso sobre el tema “lo que es más importante”, podría lograrlo y haría un magnífico trabajo. Nuestra debilidad reside en no actuar de acuerdo con nuestra conciencia. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Conferencia General 4 de abril de 2009
Las responsabilidades del sacerdocio
Élder Claudio R. M. Costa
De la Presidencia de los Setenta

Como poseedores del sacerdocio, podemos ser una poderosa influencia en la vida de los demás.

Élder Andersen, de parte de los Setentas, me gustaría decirle que le queremos y le sostenemos con nuestro corazón y fe.

Mis queridos hermanos, es un privilegio sagrado ser parte de las reales huestes del Señor 1 . Me siento humilde al estar ante ustedes, y los imagino reunidos en diversos lugares del mundo.

En la reunión mundial de capacitación de líderes del 21 de junio de 2003, el presidente Gordon B. Hinckley nos enseñó que como poseedores del sacerdocio tenemos una responsabilidad cuatripartita. Él dijo: “Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad cuatripartita. Primero, la responsabilidad para con nuestra familia. Segundo, la responsabilidad para con nuestro empleador. Tercero, la responsabilidad para con la obra del Señor. Cuarto, la responsabilidad para con nosotros mismos” 2 .

Esas cuatro áreas de responsabilidad son vitalmente importantes.

El presidente Hinckley dijo: “Es fundamental que no desatiendan a su familia. Nada de lo que tienen es más valioso” 3 .

Como padres, nuestra responsabilidad es dirigir a la familia en la oración familiar diaria, el estudio diario de las Escrituras y la noche de hogar. Debemos establecer prioridades y preservar esas oportunidades de edificar y fortalecer los cimientos espirituales de nuestra familia. El presidente Hinckley dijo: “Procuren que nada lo obstaculice. Considérenlo sagrado” 4 .

Hablando de la noche de hogar, dijo: “Sea para ustedes sagrada la noche del lunes para la noche de hogar” 5 .

Al igual que los padres, los hijos también tienen cosas que exigen su tiempo en todo aspecto de su vida. Tienen actividades en la Iglesia, en la escuela y con los amigos. Muchos de nuestros hijos asisten a escuelas en las que son una minoría y, con frecuencia, hay eventos escolares los lunes por la noche. Actividades como deportes, prácticas y ensayos, coros y otras actividades. Debemos mantener el lunes por la noche libre de compromisos para llevar a cabo la noche de hogar. No hay otra actividad más importante para la familia.

Es durante la noche de hogar y otras situaciones familiares que preparamos a nuestros hijos para recibir las bendiciones del Señor. El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce, dijo: “Es nuestra la responsabilidad de asegurarnos de que llevemos a cabo la oración familiar, el estudio de las Escrituras y la noche de hogar. Es nuestra la responsabilidad de preparar a nuestros hijos para que reciban las ordenanzas de salvación y de exaltación” 6 .

La noche de hogar es una oportunidad muy especial para fortalecernos a nosotros mismos y a cada miembro de la familia. Es importante que todos los miembros de la familia tengan una asignación. Un niño podría compartir la lección de la Primaria que tuvo el domingo anterior. La noche de hogar fortaleció la fe y el testimonio de mi propia familia. Seguir leyendo

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Ésta es su llamada telefónica

Conferencia General 4 de abril de 2009
“Ésta es su llamada telefónica”
Obispo Richard C. Edgley
Primer consejero del Obispado Presidente

Ahora los exhortamos a movilizar nuestros quórumes del sacerdocio en respuesta a las dificultades laborales y económicas que afrontan nuestros miembros.

Mis hermanos del sacerdocio, en los años recientes hemos sido testigos de muchas emergencias y desastres naturales en todo el mundo. Entre ellos ha habido huracanes, incendios, terremotos y un devastador maremoto.

La Iglesia ha respondido a éstos y a muchos otros desastres de maneras maravillosas. Grupos de miembros se han movilizado rápidamente para ayudar a los necesitados. Todos ellos se sintieron bien al saber que estaban bendiciendo la vida de otras personas mediante su servicio.

A menudo, algunas personas que no pertenecen a nuestra religión —miembros de otras iglesias, organizaciones de ayuda humanitaria, gobiernos y medios de comunicación— comentan sobre la rapidez que tiene la Iglesia para movilizar a tantas personas que están dispuestas a ayudar, y preguntan: “¿Cómo lo hacen?”. La respuesta a dicha pregunta es sencilla: “Estamos preparados, estamos organizados, tenemos empatía y tenemos caridad”. Por lo general, sólo se necesitan unas pocas llamadas telefónicas de las autoridades que presiden a los líderes locales de la Iglesia para movilizar a cientos y en ocasiones a miles de personas para ir al rescate de sus hermanos y hermanas afligidos.

Esta noche quisiera hablar sobre otro desafío al que tenemos oportunidad de responder; y, hermanos, ésta es su llamada telefónica. Dicho desafío no es por causas naturales; sin embargo, sus efectos son reales y se sienten mundialmente; y aunque somos optimistas en cuanto al futuro, continuamos —como lo hemos hecho por décadas— defendiendo el principio fundamental de que somos “el guarda de nuestro hermano”.

El élder Robert D. Hales ha indicado recientemente: “Las nubes económicas que por mucho tiempo han amenazado al mundo ahora nos cubren por completo. Hoy, más que nunca, el impacto de esta tormenta económica en los hijos de nuestro Padre Celestial requiere una perspectiva del Evangelio sobre Bienestar” 1 . Las repercusiones laborales y financieras de esta tormenta afectan a todas las estacas y a los barrios de la Iglesia. Sospecho que, de algún modo, cada uno de nosotros las ha sentido, ya sea en forma personal, por medio de algún miembro de la familia o pariente; o por alguien que conozcamos.

Hermanos, no existe otra organización mejor preparada para responder a los problemas de la humanidad que el sacerdocio del Dios Altísimo. Contamos con la organización. Presidentes de estaca, obispos, presidentes de quórum de élderes y líderes de grupo de sumos sacerdotes, ahora los exhortamos a movilizar nuestros quórumes del sacerdocio en respuesta a las dificultades laborales y económicas que afrontan nuestros miembros. Consideren esto como su llamada telefónica personal. Ahora es el momento de apoyar, elevar y ayudar a las familias de nuestros quórumes que estén pasando aflicciones.

Hay muchas oportunidades, y son ustedes los que tienen la oportunidad y la responsabilidad de administrar los recursos del Señor. Es probable que entre nuestros miembros se encuentren algunos que sepan de vacantes laborales y que otros tengan la habilidad de preparar un currículo o ayudar a prepararse para las entrevistas. Sin importar los títulos ni las aptitudes que posean, hallarán una hermandad comprometida a llevar las cargas los unos de los otros. Seguir leyendo

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Consejo a los Hombres Jóvenes

Conferencia General 4 de abril de 2009
Consejo a los Hombres Jóvenes
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Las certezas del Evangelio, la verdad, una vez que la entiendan, los ayudará a superar estos tiempos difíciles.

Los jóvenes hablan del futuro porque no tienen pasado y los ancianos hablan del pasado porque no tienen futuro. Yo soy un hombre anciano, pero les hablaré a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico acerca de su futuro.

El Sacerdocio Aarónico que ustedes poseen fue restaurado por un mensajero angelical. “La ordenación se efectuó bajo las manos de un ángel, quien declaró ser Juan, el mismo que es llamado Juan el Bautista en el Nuevo Testamento. El ángel explicó que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, los Apóstoles de la antigüedad, quienes poseían las llaves del sacerdocio mayor, que era conocido como el Sacerdocio de Melquisedec” 1 .

“El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos”2.

Se les ha ordenado a un oficio del sacerdocio de Dios y se les ha dado la autoridad divina que los reyes, los magistrados y los grandes hombres de la tierra no poseen ni pueden poseer a menos que se humillen y entren por la puerta que conduce a la vida eterna.

Hay muchos relatos en las Escrituras de jóvenes que prestaron servicio: Samuel sirvió en el tabernáculo con Elí 3 ; David era un joven muchacho cuando enfrentó a Goliat 4 ; Mormón comenzó a prestar servicio a los 10 años 5 ; José Smith tenía 14 años cuando recibió la Primera Visión 6 y Cristo tenía 12 años cuando lo encontraron en el templo enseñando a los doctores de la ley 7 .

Pablo le dijo al joven Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud” 8 .

Cuando comencé mi carrera como maestro, el presidente J. Reuben Clark, hijo, Primer Consejero de la Primera Presidencia, había hablado a los maestros; sus palabras me llegaron al corazón y desde entonces han influido en mí.

El presidente Clark describe a los jóvenes y dice que “tienen hambre de las cosas del Espíritu, y están ansiosos por aprender el Evangelio”. Él dijo que lo quieren en su forma “más pura y clara. Quieren saber en cuanto a… nuestras creencias; quieren obtener un testimonio de [su] veracidad. No son jóvenes con dudas, sino con interrogantes, buscadores de la verdad”. Seguir leyendo

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Lecciones que aprendemos de las oraciones del Señor

Conferencia General 4 de abril de 2009
Lecciones que aprendemos de las oraciones del Señor
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestras oraciones siguen los modelos y las enseñanzas del Señor Jesucristo. Él nos enseñó cómo orar.

Junto a ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, expreso mi amor y admiración por el élder Neil L. Andersen. Su llamamiento al santo apostolado viene del Señor por revelación a Su profeta, el presidente Thomas S. Monson. A lo largo de la vida, el presidente Monson ha pulido su habilidad para escuchar la voluntad del Señor, y así como el Salvador sometió Su voluntad al Padre Celestial, el profeta somete la suya al Señor. Gracias, presidente Monson, por cultivar y utilizar ese poder. Lo felicitamos élder Andersen y ¡oramos por usted!

La Oración del Señor

Nuestras oraciones siguen los modelos y las enseñanzas del Señor Jesucristo. Él nos enseñó cómo orar; de Sus oraciones aprendemos muchas lecciones importantes. Comencemos con la Oración del Señor y añadamos lecciones de otras oraciones que Él pronunció 1.

Mientras recito la Oración del Señor, presten atención a las lecciones:

“..Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” 2.

La Oración del Señor se registra dos veces en el Nuevo Testamento y una en el Libro de Mormón 3. También se incluye en la Traducción de José Smith de la Biblia 4, donde se proporciona aclaración con estas dos frases:

1. “Y perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden” 5 y

2. “Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal” 6.

Otras declaraciones del Maestro apoyan la aclaración en cuanto al perdón. Él dijo a sus siervos: “…por cuanto os habéis perdonado el uno al otro vuestras transgresiones, así también yo, el Señor, os perdono” 7. En otras palabras, para ser perdonados, primero debemos perdonar 8 . La aclaración en cuanto a la tentación es útil, puesto que definitivamente Dios no nos conduciría a la tentación. El Señor dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” 9.

Aunque las cuatro versiones de la Oración del Señor no son idénticas, todas comienzan con un saludo a “Nuestro Padre”, lo que implica una relación cercana entre Dios y Sus hijos. La frase “santificado sea tu nombre” refleja el respeto y la actitud de adoración que deberíamos sentir al orar. “Hágase tu voluntad” expresa un concepto que analizaremos más adelante. Seguir leyendo

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La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles

Conferencia General 4 de abril de 2009
La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Si guardamos los convenios que hemos hecho en el templo y vivimos con rectitud… no hay razón para preocuparse ni sentirse desolado.

Todo miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene la bendición de vivir en una época en la que el Señor ha inspirado a Sus profetas para que proporcionen a los miembros acceso cada vez más fácil a los santos templos. Con planificación cuidadosa y algo de sacrificio, la mayoría de los miembros de la Iglesia pueden recibir las ordenanzas del templo para sí mismos y para sus antepasados, y ser bendecidos por los convenios que se hacen en él.

Porque te amo, voy a hablarte de corazón a corazón, con franqueza. He visto que muchas veces las personas hacen grandes sacrificios para ir a un templo que les queda muy distante; pero cuando se construye uno que está cerca, hay muchos que no asisten a él con regularidad. Tengo una sugerencia para ti: Si tienes un templo a distancia conveniente, alguna insignificancia puede interrumpir tus planes de asistir. Considerando tus circunstancias, establécete metas específicas para ir y participar en las ordenanzas del templo, y después no permitas que nada se interponga en ese plan. Ese método asegurará que los que vivan cerca de un templo sean tan bendecidos como lo son los que tienen que planear con anticipación y hacer un largo viaje para llegar a él.

Hace catorce años, decidí que asistiría al templo al menos una vez por semana para efectuar una ordenanza. A fin de lograr ese objetivo, cuando tengo que viajar compenso con asistencia extra las visitas omitidas en mi ausencia. He mantenido esa resolución, la cual ha cambiado profundamente mi vida. Me esfuerzo por participar en todas las diferentes ordenanzas que se ofrecen en el templo.

Te exhorto a establecerte una meta respecto a la frecuencia con que recibirás el beneficio de las ordenanzas que se ofrecen en nuestros templos. ¿Qué puede ser más importante que asistir al templo y participar en sus ordenanzas? Para un matrimonio, ¿qué actividad puede tener un mayor impacto y brindarles más gozo y una felicidad más profunda que asistir juntos al templo?

Ahora compartiré contigo otras sugerencias para que obtengas más beneficio de la asistencia al templo:

  • Comprende la doctrina relacionada con las ordenanzas del templo, especialmente el significado de la expiación de Jesucristo 1 .
  • Mientras estés participando en las ordenanzas, considera tu relación con Jesucristo y Su relación con nuestro Padre Celestial. Ese sencillo acto te ampliará más la comprensión de la naturaleza suprema de las ordenanzas del templo.
  • Expresa siempre en tus oraciones gratitud por las bendiciones incomparables que proceden de las ordenanzas del templo. Vive cada día de tal modo que demuestres al Padre Celestial y a Su Hijo Amado cuánto significan para ti esas bendiciones.
  • Hazte un horario escrito para asistir al templo con regularidad.
  • Cuando asistas, dedica el tiempo suficiente para no tener apuro mientras estés en el templo.
  • Alterna los servicios que prestes a fin de participar en todas las ordenanzas.
  • Quítate el reloj cuando entres en la casa del Señor.
  • Con la mente y el corazón abiertos, escucha atentamente a la presentación de cada uno de los elementos de la ordenanza.
  • Ten presente a la persona por la que estés realizando la ordenanza vicaria. De vez en cuando, ora por ella para que reconozca la importancia vital de las ordenanzas y sea digna de recibir su beneficio o se prepare para serlo.
  • Reconoce que gran parte de la majestad de la ordenanza selladora no se puede comprender ni recordar con sólo una experiencia personal. El hecho de continuar llevando a cabo con frecuencia la obra vicaria nos permite comprender mucho más de lo que se nos comunica una vez en las ordenanzas personales.
  • Ten en cuenta que una ordenanza selladora no es permanente hasta después de haber sido sellada por el Santo Espíritu de la Promesa; ambas personas deben ser dignas y desear que su sellamiento sea eterno.
  • Si eres parte de un matrimonio que todavía no se ha sellado en el templo, consideren ambos estos pasajes de las Escrituras:

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La fe en medio de la adversidad

Conferencia General 4 de abril de 2009
La fe en medio de la adversidad
Élder Rafael E. Pino
De los Setenta

Vivir el Evangelio… significa que estaremos preparados para hacer frente a la adversidad y perseveraremos en ella con mayor confianza.

Un domingo por la mañana, hace algunos años, recibí una llamada telefónica del hermano Omar Álvarez, que en ese entonces servía como uno de mis consejeros del obispado. Su hija de tres años había muerto en un trágico accidente.

Él relató de la siguiente manera lo que ocurrió ese día:

“En cuanto llegamos a una hermosa playa venezolana, nuestros hijos nos suplicaron que los dejáramos jugar en un riachuelo cerca de la playa. Les dejamos ir y empezamos a sacar algunas cosas del auto. Dos minutos después, notamos que nuestros hijos se alejaban demasiado de la orilla.

“Al ir a decirles que regresaran, notamos que nuestra hijita de tres años no estaba con los demás niños. La buscamos desesperadamente, y la encontramos flotando cerca de donde estaban los otros niños. La sacamos rápidamente del agua y varias personas vinieron para tratar de salvarla, pero no pudimos hacer nada. Nuestra hija menor se había ahogado.

“Los momentos que siguieron fueron sumamente difíciles, llenos de angustia y dolor por la pérdida de nuestra hija menor. Esos sentimientos pronto se convirtieron en un tormento casi insoportable; sin embargo, en medio de la confusión y la incertidumbre, penetró nuestra mente el pensamiento de que nuestros hijos habían nacido en el convenio, y que por ese convenio, nuestra hija nos pertenece por la eternidad.

“¡Qué gran bendición es pertenecer a La Iglesia de Jesucristo y haber recibido las ordenanzas de Su Santo Templo! Ahora nos sentimos mucho más comprometidos a ser fieles al Señor y a perseverar hasta el fin, porque queremos ser dignos de las bendiciones que el templo ofrece para volver a ver a nuestra hija. A veces lloramos, pero ‘no lloramos como los que se hallan sin esperanza’” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2007, pág. 185).

Esta fiel familia llegó a comprender que, cuando la adversidad llega a nuestra vida, Dios es la única fuente verdadera de consuelo. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Varios años después de la difícil prueba que enfrentó la familia Álvarez, fui testigo de la forma en que otra familia fiel enfrentó gran adversidad. Varios miembros de la familia Quero habían muerto en un terrible accidente automovilístico. El hermano Abraham Quero perdió a sus padres, a dos hermanas, a su cuñado y a su sobrina en ese accidente.

Él demostró una actitud admirable cuando dijo: Seguir leyendo

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Fe en el Señor Jesucristo

Conferencia General 4 de abril de 2009
Fe en el Señor Jesucristo
Élder Kevin W. Pearson
De los Setenta

En la familia de la fe, no hay necesidad de temor ni duda. Elijan vivir por medio de la fe y no por temor.

Humildemente invito la compañía del Espíritu Santo al hablar de un principio vital del Evangelio: la fe en el Señor Jesucristo. Reconozco con profundo aprecio y amor los grandes ejemplos de verdadera fe y fidelidad en mi propia vida. Expreso mi profundo amor y gratitud a mis buenos padres, a mi familia, a los líderes del sacerdocio, a los queridos misioneros, a mis maravillosos hijos y a mi adorada compañera eterna. Reconozco mi necesidad y deseo de obtener mayor fe en calidad de discípulo y testigo de Cristo. No ha habido mayor necesidad de fe en mi propia vida como la que tengo ahora.

Como padres, se nos ha dado el mandamiento de enseñar a nuestros hijos a “comprender la doctrina… de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente” (D. y C. 68:25). Eso requiere mucho más que simplemente reconocer la fe como un principio del Evangelio. Tener fe es “tener confianza en algo o alguien” (Guía para el estudio de las Escrituras, pág. 78). La verdadera fe se debe centrar en Jesucristo. “La fe es un principio de acción y de poder” (Bible Dictionary, pág. 670); requiere que hagamos y no que simplemente creamos. La fe es un don espiritual de Dios que viene por medio del Espíritu Santo; requiere un entendimiento y un conocimiento correcto de Jesucristo, de Sus atributos divinos y naturaleza perfecta, de Sus enseñanzas, de la Expiación; de la Resurrección y del poder del sacerdocio. La obediencia a esos principios genera una confianza total en Él y en Sus siervos ordenados, y una convicción respecto a Sus bendiciones prometidas.

No hay otra cosa en la cual podamos tener una certeza absoluta. No existe otro fundamento en la vida que aporte el mismo gozo, la misma paz y esperanza. En épocas inestables y difíciles, la fe es, en verdad, un don espiritual digno de nuestros mayores esfuerzos. Podemos dar a nuestros hijos una formación académica, clases, deportes, arte y bienes materiales, pero si no les damos fe en Cristo, les hemos dado poco.

“La fe se aviva al escuchar el testimonio de aquellos que la tienen” (Bible Dictionary, pág. 669; véase también Romanos 10:14–17). ¿Saben sus hijos que usted sabe? ¿Ven y sienten ellos su convicción? “La fe firme se desarrolla por medio de la obediencia al evangelio de Jesucristo” (ibíd. pág. 669).

El élder Bruce R. McConkie enseñó: “La fe es un don de Dios concedido como premio a la rectitud personal. Siempre se otorga cuando la rectitud está presente y cuanto mayor sea la medida de obediencia a las leyes de Dios, mayor será el atributo de la fe” (Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, pág. 264). Si deseamos obtener más fe, debemos ser más obedientes. Cuando enseñamos a nuestros hijos, por medio del ejemplo o del precepto, a tomar a la ligera el obedecer los mandamientos de Dios o a obedecerlos de acuerdo con las circunstancias, impedimos que ellos reciban ese importante don espiritual. La fe requiere una actitud de obediencia exacta aun en las cosas pequeñas y simples.

El deseo es una partícula de la fe que se cultiva en nosotros al experimentar la verdad divina. Es como una fotosíntesis espiritual. La influencia del Espíritu Santo, actuando sobre la luz de Cristo que está en cada ser humano, produce el equivalente espiritual de una reacción química, una inquietud, un cambio en el corazón o un deseo de saber. La esperanza surge cuando las partículas de la fe llegan a ser moléculas, y al realizar esfuerzos sencillos para vivir los principios verdaderos. Seguir leyendo

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El plan de nuestro Padre: lo suficientemente amplio para todos Sus hijos

Conferencia General 4 de abril de 2009
El plan de nuestro Padre: lo suficientemente amplio para todos Sus hijos
Élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Aunque nuestra jornada esté repleta de tribulaciones, el destino es verdaderamente glorioso.

Esta vida terrenal puede ser una jornada difícil, pero el destino es verdaderamente glorioso. Cristo expresó lo siguiente a Sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” 1.

Esta tarde, mi objetivo consta de dos aspectos: Primero, hablar de algunas piedras de tropiezo para la fe; y segundo, describir cómo el plan del Padre es lo suficientemente amplio para todos Sus hijos.

En los últimos dos años, en los Estados Unidos y alrededor del mundo, ha aumentado dramáticamente la atención que nuestra religión y nuestras creencias han recibido. Esto no es nada nuevo, ha sucedido periódicamente en la historia de la Iglesia.

En 1863, el novelista inglés, Charles Dickens, abordó el buque de pasajeros Amazonas con destino a Nueva York. Su propósito era escribir un reportaje sobre los conversos Santos de los Últimos Días que emigraban para establecer la Iglesia en el Oeste de Estados Unidos. Miles de conversos ya habían emigrado y se había escrito mucho acerca de ellos y sus creencias, particularmente en los medios británicos, y en su mayor parte, todo era desfavorable.

“Subí al barco”, escribió Dickens, “para testificar contra ellos si así lo merecían, como plenamente creía que era el caso; para mi gran asombro, no lo merecían” 2.

Tras observar a los conversos y convivir con ellos, Dickens quedó impresionado y describió a los conversos ingleses, la mayoría de ellos obreros, como “la flor y nata de Inglaterra, dentro de su nivel” 3.

Se han dado dos informes contrastantes acerca de la Iglesia; por una parte, los informes favorables acerca de miembros rectos y de la forma en que viven. Los que conocen personalmente a Santos de los Últimos Días o que han tenido la ocasión de observarlos de cerca, tienen el mismo concepto que Charles Dickens expresó hace casi 150 años.

Debido a la doctrina inspiradora de la Restauración, los miembros se regocijan en el Evangelio y encuentran gozo y satisfacción en la Iglesia. Se nos ve con buenos ojos cuando vivimos las enseñanzas del evangelio restaurado de Jesucristo; pero cuando los miembros no las viven, puede ser una piedra de tropiezo para los que no pertenecen a la Iglesia 4.

A diferencia de los informes favorables sobre miembros que viven en rectitud, a menudo las descripciones de la Iglesia y de su doctrina han sido falsas, injustas y severas; pero hay que reconocer que algunas descripciones del cristianismo en general también han sido muy severas 5.

Esa actitud hacia nuestra doctrina no nos sorprende. En Doctrina y Convenios el Señor indicó que algunos “alzarán sus voces y maldecirán a Dios…” 6 y algunos “…apartarán de mí su corazón a causa de los preceptos de los hombres” 7.

Avisos recientes en los autobuses de Londres demuestran la polarización que existe respecto a la religión en general. Personas ateas, agnósticas e incrédulas pagaron para poner avisos publicitarios en los autobuses rojos de dos pisos de Londres que decían: “Probablemente Dios no exista. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. En avisos de oposición, los cristianos afirmaron: “Definitivamente hay un Dios”, seguidos de mensajes inspiradores 8. Seguir leyendo

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Aprendamos las lecciones del pasado

Conferencia General 4 de abril de 2009
Aprendamos las lecciones del pasado
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El aprender las lecciones del pasado les permite edificar un testimonio personal sobre la roca sólida de la obediencia, de la fe y del testimonio del Espíritu.

Vivimos en una época fascinante y, en ocasiones, desconcertante. El otro día le dije a uno de mis nietos que estaba revisando el texto de mi discurso de la conferencia; su rostro reflejó su confusión; él preguntó: “¿Vas a enviar tu discurso por mensaje de texto? Pensé que tenías que darlo en el Centro de Conferencias”.

Mientras que para algunos sería más fácil enviarlo por mensaje de texto, yo estoy agradecido por esta oportunidad de hablarles hoy, porque tengo un mensaje que considero importante para ese nieto, para mis otros nietos y para todos los jóvenes de la Iglesia.

Hace unos años, cuando me dedicaba a los negocios, aprendí una lección muy cara por no haber escuchado con cuidado el consejo de mi padre, ni haber prestado atención a las impresiones del Espíritu que me brindaba la guía de mi Padre Celestial. Mi padre y yo estábamos en el negocio de los automóviles y la compañía automotora Ford estaba buscando agencias para vender sus nuevos modelos. Los ejecutivos de Ford nos invitaron, a mi padre y a mí, a una presentación de preestreno del que ellos consideraban sería un producto de éxito espectacular. Cuando vimos los autos, mi padre, que tenía más de 35 años de experiencia en el negocio, me advirtió en cuanto a la idea de convertirme en distribuidor. Sin embargo, el personal de ventas de Ford fue muy persuasivo, así que decidí convertirme en el primero —y de hecho, el último— distribuidor del automóvil Edsel en Salt Lake City. Si no saben lo que es un Edsel, pregúntenle a su abuelo; él les dirá que el auto Edsel fue un rotundo fracaso.

Ahora bien, esta experiencia encierra una poderosa lección para todos ustedes. Si están dispuestos a escuchar y a aprender, algunas de las enseñanzas más significativas de la vida provienen de los que se han ido antes que ustedes. Ellos han caminado por donde ustedes caminan ahora y han pasado por mucho de lo que ustedes están pasando. Si escuchan y atienden sus consejos, pueden ayudar a orientarlos hacia las opciones que serán para el beneficio y la bendición de ustedes, y a alejarlos de las decisiones que podrían destruirlos. Al considerar a sus padres y a los demás que se han ido antes que ustedes, hallarán ejemplos de fe, compromiso, trabajo arduo, dedicación y sacrificio que deberían esforzarse por emular.

Es difícil imaginarse un ámbito en el que no valga la pena analizar y aprender de la experiencia de los demás. Muchas profesiones requieren pasar por prácticas en las que los aspirantes observan a los profesionales expertos para aprender de sus años de experiencia y sabiduría acumulada. En los deportes profesionales muchas veces se espera que los novatos se sienten en la banca y aprendan al observar a los jugadores veteranos. A los misioneros nuevos se les asigna trabajar con compañeros mayores cuya experiencia ayuda al misionero nuevo a aprender la forma correcta de servir al Señor eficazmente.

Naturalmente, hay ocasiones en que no tenemos otra alternativa más que aventurarnos por cuenta propia y hacer lo mejor posible por comprender las cosas a medida que vayamos avanzando. Por ejemplo, no hay mucha gente de mi generación que tenga la experiencia para ayudar en cuanto a las tecnologías más modernas. Cuando tenemos problemas relacionados con la tecnología moderna, debemos acudir a alguien que sepa de ello más que nosotros, que por lo general implica preguntarle a alguno de ustedes, jovencitos. Seguir leyendo

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La adversidad

Conferencia General 4 de abril de 2009
La adversidad
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Les doy mi testimonio de que Dios el Padre vive. Él estableció para cada uno de nosotros un curso para pulirnos y perfeccionarnos a fin de vivir con Él.

Mis amados hermanos y hermanas, esta oportunidad de hablarles es un privilegio grande y sagrado. Ruego que mis palabras sean de ayuda y que les den ánimo.

Con todas las diferencias que pueda haber entre nosotros, tenemos por lo menos una dificultad en común: todos debemos enfrentar la adversidad. Habrá períodos, a veces largos, en que nuestra vida parezca tener muy pocas dificultades; pero, por nuestra condición de seres humanos, es natural que lo agradable dé paso a la aflicción, que los tiempos de buena salud lleguen a su fin y que sobrevenga la desdicha. Particularmente si los tiempos de comodidad se han extendido, el advenimiento del sufrimiento o la pérdida de seguridad económica tal vez traigan consigo temor y aun enojo.

El enojo proviene, al menos en parte, de un sentido de que lo que sucede no es justo. La buena salud y la serena sensación de estar a salvo nos puede llegar a parecer algo merecido y natural; y cuando desaparecen, nos sobreviene un sentimiento de injusticia. Incluso un hombre valiente a quien conocí lloraba por el sufrimiento físico que tenía y exclamó a los que le dieron una bendición: “Siempre he tratado de ser bueno. ¿Por qué me ha pasado esto?”

Esa angustia por tener una respuesta al “¿Por qué me ha pasado esto?” se hace más dolorosa cuando los que sufren son nuestros seres amados, y es especialmente difícil de aceptar si los afligidos nos parecen ser inocentes; entonces, el pesar puede sacudir nuestra fe en la realidad de un Dios amoroso y Omnipotente. Algunos hemos visto cómo ha afectado esa duda a toda una generación en tiempos de guerra o de escasez. Esa duda tiene el potencial de crecer y extenderse hasta que algunas personas quizás se aparten de Dios acusándolo de ser indiferente o cruel. Y si no se refrenan, esos sentimientos conducen a la pérdida de la fe incluso en la existencia misma de Dios.

Mi propósito hoy es asegurarles que nuestro Padre Celestial y el Salvador viven y que aman a toda la humanidad. El solo hecho de que tengamos la oportunidad de enfrentar la adversidad y la aflicción es parte de la evidencia de Su amor infinito. Dios nos dio el don de vivir como seres mortales a fin de que nos preparáramos para recibir el más grande de todos Sus dones, que es la vida eterna. Entonces, nuestro espíritu cambiará, y seremos capaces de querer lo que Dios quiera, de pensar como Él piense, y así estar preparados para que se nos confíe una posteridad sin fin, para enseñar y guiar durante las pruebas, para que merezcan vivir por siempre en la vida eterna.

Es obvio que, para tener ese don y recibir esa responsabilidad, debemos transformarnos al tomar decisiones rectas cuando éstas sean difíciles de tomar. Al tener esas experiencias penosas y probatorias en la tierra, se nos prepara para confiarnos ese gran cometido. Sólo podemos recibir esa educación si estamos sujetos a pruebas mientras servimos a Dios, y por Él, a nuestros semejantes.

En ese proceso educativo experimentamos desdicha y felicidad, enfermedad y salud, la tristeza del pecado y el gozo del perdón. Ese perdón se logra únicamente por medio de la expiación infinita del Salvador, que Él forjó pasando un dolor que nosotros no podríamos soportar y que sólo vagamente podemos comprender. Seguir leyendo

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El poder de los convenios

Conferencia General 4 de abril de 2009
El poder de los convenios
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

En los momentos de aflicción, asegúrate de que tus convenios tengan primordial importancia y que obedezcas con exactitud.

Quiero dar una cordial y sincera bienvenida al élder Neil L. Andersen al Quórum de los Doce Apóstoles. Él es un complemento digno y bienvenido.

El 15 de agosto de 2007, hubo un terremoto en el Perú que casi destruyó por completo las ciudades costeras de Pisco y Chincha. Al igual que muchos otros líderes y miembros de la Iglesia, Wenceslao Conde, el presidente de la Rama Balconcito de la Iglesia en Chincha, fue a ayudar de inmediato a aquellos cuyas casas habían sufrido daños.

Cuatro días después del terremoto, el élder Marcus B. Nash, de los Setenta, estaba en Chincha ayudando a coordinar la ayuda humanitaria que envió la Iglesia y conoció al presidente Conde. Mientras hablaban de la destrucción que había ocurrido y de lo que se estaba haciendo para ayudar a las víctimas, Pamela, la esposa del presidente Conde, se acercó con uno de sus pequeños hijos en brazos. El élder Nash le preguntó a la hermana Conde cómo estaban sus hijos. Con una sonrisa, ella respondió que gracias a la bondad de Dios todos estaban bien y a salvo. Él le preguntó acerca de la casa de ellos.

Ella simplemente respondió: “Destruida”.

“¿Y sus pertenencias?”, preguntó él.

“Todo quedó enterrado bajo los escombros de nuestra casa”, respondió la hermana Conde.

“Sin embargo usted está sonriendo”, dijo el élder Nash.

“Sí”, dijo ella, “he orado y estoy en paz. Tenemos todo lo que necesitamos; nos tenemos el uno al otro, tenemos a nuestros hijos, estamos sellados en el templo, tenemos esta maravillosa Iglesia y tenemos al Señor; la podemos volver a construir con la ayuda del Señor”.

Esa tierna demostración de fe y fortaleza espiritual se repite en la vida de los santos de todo el mundo en diferentes entornos. Es un sencillo ejemplo de un poder profundo que hoy en día se necesita mucho y que será cada vez más crucial en los días venideros. Necesitamos cristianos firmes que perseveren en las dificultades, que mantengan la esperanza en medio de la tragedia, que puedan dar ánimo a los demás mediante su ejemplo y compasión y que superen las tentaciones sin cesar. Necesitamos cristianos firmes que mediante su fe lleven a cabo cosas importantes y que defiendan la verdad de Jesucristo en contra del relativismo moral y del ateísmo militante.

¿Cuál es la fuente de ese poder moral y espiritual? Y ¿cómo se obtiene? La fuente es Dios; obtenemos ese poder mediante los convenios que hacemos con Él. Un convenio es un acuerdo entre Dios y el hombre en el que Dios fija las condiciones (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Convenio”, pág. 38). En estos acuerdos divinos, Dios se compromete a sostenernos, a santificarnos y a exaltarnos a cambio de nuestro compromiso de servirle y de guardar Sus mandamientos. Seguir leyendo

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Cómo hallar fortaleza en tiempos difíciles

Conferencia General 4 de abril de 2009
Cómo hallar fortaleza en tiempos difíciles
Élder Allan F. Packer
De los Setenta

El tener la capacidad de recibir inspiración personal será necesario en los días venideros.

Élder Andersen, le hacemos llegar nuestras bendiciones, nuestro amor y apoyo al llevar a cabo este nuevo llamamiento. Hermanos y hermanas, las personas y las familias por todo el mundo afrontan desafíos por motivo de las condiciones actuales. A pesar de que considero que se vienen grandes desafíos, también sé que es una época maravillosa para estar vivo, en especial para la juventud. Veo a mis hijos y nietos que llevan vidas plenas y satisfactorias aun cuando tienen desafíos, reveses y obstáculos que superar.

Estos son los días en que las profecías se están cumpliendo. Vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, que es el tiempo para prepararse para el regreso del Salvador; es también el tiempo para ocuparnos de nuestra propia salvación.

Cuando los vientos soplan y las lluvias caen, soplan y caen sobre todos. Aquellos que han construido sus cimientos sobre la roca en vez de la arena sobrevivirán las tormentas 1. A fin de edificar sobre la roca es necesario desarrollar una profunda conversión personal al evangelio de Jesucristo y saber cómo recibir inspiración. Debemos saber, y saber que lo sabemos. Debemos permanecer espiritual y temporalmente independientes de todas las criaturas mundanas 2; para ello, debemos entender que Dios el Padre es el Padre de nuestros espíritus y que Él nos ama, que Jesucristo es nuestro Redentor y Salvador, y que el Espíritu Santo se comunica con nuestra mente y nuestro corazón 3. Así es como recibimos inspiración. Tenemos que aprender a reconocer y aplicar estas impresiones.

Cuando era un jovencito de secundaria, una de mis pasiones era el fútbol americano; tenía la posición de defensa central. El entrenador hacía trabajar duro al equipo para enseñarnos lo básico. Practicábamos hasta que las técnicas se convertían en algo natural y automático. Durante una jugada contra nuestro más grande rival, tuve una experiencia que me ha ayudado a lo largo de los años. Estábamos en la defensa; yo sabía quién era mi contrincante y al empezar la jugada, él se movió a mi derecha a la línea de ataque. Había mucho ruido de jugadores y espectadores. Yo reaccioné de acuerdo con lo que el entrenador nos había enseñado y seguí a mi oponente hasta la línea, sin saber si él tenía la pelota. Para mi sorpresa, sentí la pelota parcialmente en mis manos; le di un tirón, pero mi oponente no la soltó. Al tirar de la pelota de un lado a otro, entre todo el tumulto, oí una voz que me gritaba: “¡Packer, derríbalo!”. Eso fue suficiente para hacerme reaccionar, de modo que lo derribé al instante.

Me he preguntado cómo escuché esa voz entre toda la bulla. Durante las prácticas me había familiarizado con la voz del entrenador, y había aprendido a confiar en ella. Sabía que lo que él enseñaba daba resultado.

Tenemos que familiarizarnos con las impresiones del Espíritu Santo y necesitamos practicar y aplicar las enseñanzas del Evangelio hasta que se conviertan en algo natural y automático. Esas impresiones llegan a ser el cimiento de nuestro testimonio; entonces, nuestros testimonios nos mantendrán felices y a salvo en tiempos difíciles.

El élder Dallin H. Oaks definió el testimonio de esta manera: “Un testimonio del Evangelio es un testigo personal que el Espíritu Santo atestigua a nuestra alma que ciertos hechos de importancia eterna son verdaderos y que sabemos que lo son” 4. En otra ocasión, el élder Oaks dijo: “El testimonio es saber y sentir. La conversión… requiere que hagamos y lleguemos a ser” 5.

Hay varias cosas que podemos hacer para lograr una profunda conversión y aprender a recibir inspiración divina. Primero, debemos tener el deseo. Alma dijo: “…porque sé que él concede a los hombres según lo que deseen, ya sea para muerte o para vida… según la voluntad de ellos” 6. Seguir leyendo

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