Cómo encontrar tu vida

Marzo de 2016Liahona 03 2016
Cómo encontrar tu vida
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

D. Todd ChristoffersonTomado de un discurso de un devocional del Sistema Educativo de la Iglesia titulado:  Para escuchar el discurso completo,  “Cómo salvar tu vida”, pronunciado en la Universidad Brigham Young, el 14 de septiembre de 2014.

Al dar Su vida, Cristo no solo salvó la de Él; salvó la vida de todos nosotros. Él hizo posible que cambiáramos nuestra vida mortal, y en definitiva limitada y vana, por la vida eterna.

crucifixion

Cuando Jesús y Sus Apóstoles estaban juntos en Cesarea de Filipo, Él les hizo esta pregunta: “… ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15). Pedro, con elocuencia y fervor reverentes, respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” (Mateo 16:16; véanse también Marcos 8:29; Lucas 9:20).

Me emociona leer esas palabras; me emociona pronunciarlas. Poco después de aquel momento sagrado, cuando Jesús habló a los apóstoles sobre Su inminente muerte y resurrección, Pedro lo contradijo. Ello le valió a Pedro la dolorosa reprimenda de que él no estaba a tono o no “entendía” lo que es de Dios, “sino lo que es de los hombres” (Mateo 16:21–23; véase también Marcos 8:33). Luego Jesús, “demostrando mayor amor hacia el que [había] reprendido” (D. y C. 121:43), instruyó con bondad a Pedro y a sus hermanos sobre tomar nuestra propia cruz y perder la propia vida como la manera de hallar la vida abundante y eterna, siendo Él mismo el ejemplo perfecto (véase Mateo 16:24–25).

Quiero hablarles sobre la afirmación aparentemente paradójica del Salvador: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39; véanse también Mateo 10:32–41; 16:24–28; Marcos 8:34–38; Lucas 9:23–26;17:33). En ella se enseña una doctrina elocuente y trascendental que debemos entender y aplicar.

Un profesor ofrece esta reflexión: “Así como los cielos son más altos que la tierra, la obra de Dios en tu vida es mayor que la historia que a ti te gustaría que tu vida narrase. Su vida es mayor que tus planes, objetivos o temores. Para salvar la vida, tendrás que dejar de lado tu historia y, minuto a minuto, día a día, regresarle tu vida a Él”1.

Cuanto más pienso en ello, más me asombra con cuánta constancia entregó Jesús Su vida al Padre, con cuánta perfección perdió Su vida para hacer la voluntad del Padre, tanto en la vida como en la muerte. Es, precisamente, lo opuesto a la actitud y el método de Satanás, tan extendidamente adoptados en el mundo egoísta en el que vivimos.

En el concilio preterrenal, al ofrecerse para cumplir la función de Salvador en el plan divino del Padre, Jesús dijo: “Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre” (Moisés 4:2; cursiva agregada). Lucifer, por el contrario, dijo: “Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra” (Moisés 4:1; cursiva agregada). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Cómo salvar tu vida

14 de septiembre de 2014
Cómo salvar tu vida
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Devocional del SEI para los jóvenes adultos • 14 de septiembre de 2014 • Universidad Brigham Young

Cuando Jesús y Sus Apóstoles estaban juntos en Cesárea de Filipo, Él les hizo esta pregunta: “¿Quién decís que soy yo?”1. Pedro, con elocuencia y fervor reverentes, respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”2. Me emociona leer esas palabras; me emociona pronunciarlas. No obstante, poco después de aquel momento sagrado, Jesús habló a los apóstoles sobre Su inminente muerte y resurrección, y Pedro lo contradijo. Ello le valió a Pedro la dolorosa reprimenda de que él no estaba a tono o no “entendía” lo que es de Dios, “sino lo que es de los hombres”3. Luego Jesús, “demostrando mayor amor hacia el que [había] reprendido”4, instruyó con bondad a Pedro y sus Hermanos sobre tomar nuestra propia cruz y perder la propia vida como la manera de hallar la vida abundante y eterna, siendo Él mismo el ejemplo perfecto. Veamos la representación de ese suceso en uno de los videos de la Biblia producidos por la iglesia.

Jesús: El Hijo del Hombre [tiene] que padecer mucho y ser desechado por los ancianos, y por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto y resucitar después de tres días.
Pedro: Señor, ten compasión de ti mismo. ¡En ninguna manera esto te acontezca!
Jesús: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque, ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras5.

Quiero hablarles sobre la afirmación aparentemente paradójica del Salvador: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”6; en ella se enseña una doctrina elocuente y trascendental que debemos entender y aplicar.

Un profesor ofrece esta reflexión: “Así como los cielos son más altos que la tierra, la obra de Dios en tu vida es mayor que la historia que a ti te gustaría que narre tu vida. Su vida es mayor que tus planes, objetivos o temores. Para salvar la vida, tendrás que dejar de lado tu historia y, minuto a minuto, día a día, regresarle tu vida a Él7.

Cuanto más pienso en ello, más me asombra con cuánta constancia entregó Jesús Su vida al Padre, con cuánta perfección perdió Su vida para hacer la voluntad del Padre; en la vida como en la muerte. Es, precisamente, lo opuesto a la actitud y el método de Satanás, tan extendidamente adoptados en el mundo egoísta en el que vivimos. En los concilios preterrenales, al ofrecerse para cumplir la función de Salvador en el plan divino del Padre, Jesús dijo: “Padre, hágase tuvoluntad, y sea tuya la gloria para siempre”8. Lucifer, por el contrario, dijo: “Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra”9. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La expiación de nuestro Salvador

Marzo de 2016Liahona 03 2016
La expiación de nuestro Salvador
Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
De un discurso de la Conferencia General de abril de 2004.

M. Russell BallardCreo que si en verdad pudiésemos comprender la expiación del Señor Jesucristo, nos daríamos cuenta de lo valioso que es un hijo o una hija de Dios.

En enero de 2004 nuestra familia sufrió la trágica pérdida de nuestro nieto Nathan en un accidente aéreo. Nathan había servido en la Misión Báltica rusohablante; amaba a la gente y sabía que era un privilegio servir al Señor. Aquel accidente acabó con su vida tres meses después de que yo oficié en su matrimonio eterno a su querida novia Jennifer. El que Nathan fuera arrebatado tan repentinamente de nuestra presencia terrenal ha vuelto el corazón y la mente de cada uno de nosotros a la expiación del Señor Jesucristo. Aunque me es imposible expresar el pleno significado de la expiación de Cristo, ruego poder explicar lo que Su expiación significa para mí y para nuestra familia, y lo que también podría significar para ustedes y sus familiares.

Christ in Gethsemane

El preciado nacimiento del Salvador, Su vida, Su expiación en el jardín de Getsemaní, el sufrimiento en la cruz, Su sepultura en la tumba de José y Su gloriosa resurrección se convirtieron en una renovada realidad para nosotros. La resurrección del Salvador nos asegura a todos que algún día también nosotros lo seguiremos y experimentaremos nuestra propia resurrección. Qué gran paz y consuelo nos da este don, el cual viene mediante la amorosa gracia de Jesucristo, el Salvador y Redentor de toda la humanidad. Gracias a Él, sabemos que podremos estar de nuevo con Nathan. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Llegar a ser la persona para la cual han nacido

10 de enero de 2016
Llegar a ser la persona para la cual han nacido
Wendy Watson Nelson
Una velada con el presidente Russell M. Nelson
Devocional mundial para jóvenes adultos • 10 de enero de 2016 • Universidad Brigham Young–Hawái

Wendy Watson NelsonMis queridos hermanos y hermanas, estamos encantados de estar con ustedes en este día de reposo. ¡Los amamos y creemos en ustedes! Mientras brindo algunas ideas, oro para que usen su albedrío para invitar al Espíritu Santo para que les enseñe1.

Antes que nada, ¡Feliz Año Nuevo! Es un año a estrenar. ¿Hicieron algunas resoluciones de Año Nuevo? Y… ¿ya rompieron la mitad de ellas? ¿Les gustaría que este sea el mejor año de su vida? ¿El año en que lleven a cabo —mejor que nunca antes— las resoluciones que signifiquen lo mejor para ustedes? Me gustaría hablarles sobre algo que considero que puede ayudar. Veamos si pueden descubrir qué es:

Piensen en la mujer que por 12 años padeció una enfermedad incurable. Ella estiró su mano para tocar la túnica del Salvador. Esta era su única oportunidad para ser sanada2.

Piensen en el hombre en el estanque de Betesda quien, por 38 años, sufría de una enfermedad. Él nunca llegó a aquellas aguas sanadoras3.

Piensen en los discípulos del Salvador, quienes con olas peligrosas que chocaban contra su pequeña barca pesquera, clamaban al Salvador: “¿no tienes cuidado que perecemos?”4.

¿Qué tenían en común estas personas?

¡Estaban desesperadas! ¡Desesperadas porque el Salvador las sane, las ayude, las limpie, las proteja y las salve! Estaban desesperadas porque Jesucristo las ayude a hacer las cosas que ellas nunca podrían hacer por sí mismas. Cada una de ellas estaba desesperada por tener la fortaleza y el poder del Salvador en su vida. ¿Conocen ese sentimiento? Créanme, yo sí.

Quizás ustedes han estado desesperados por completar una asignación debido a que la fecha de entrega se acercaba con rapidez, o porque quizás ya había pasado. Tal vez han estado desesperados por tener a alguien que realmente los entienda. Alguien que verdaderamente los ame. Quizás en este momento estén desesperados por ser aceptados en una universidad, por encontrar un trabajo o un lugar donde vivir. Desesperados por hacer amigos nuevos y por encontrar a su compañero eterno.

Pues, tengo buenas noticias: La desesperación puede en verdad ser una gran motivación.

El profeta José Smith claramente experimentó una desesperación intensa en la cárcel de Liberty. Recuerden sus palabras: “Oh Dios, ¿en dónde estás?”5. Debido a esta intensa desesperación espiritual, el Profeta recibió algunas de las más sublimes revelaciones de esta dispensación.

Cuando estamos desesperados por recibir guía del cielo, trabajamos más duro que nunca para estar en sintonía con el cielo. Cuando estamos desesperados por estar físicamente saludables, comemos y hacemos ejercicio como corresponde; ¡sin excusas! Cuando estamos desesperados por tener más dinero, seguimos ansiosamente la ley de finanzas del Señor— la cual es, por supuesto, ¡el diezmo!

Consideren el método del presidente George Q. Cannon sobre el diezmo cuando él era joven y pobre; tenía la misma edad que ustedes tienen ahora. Cuando su obispo comentó sobre la gran cantidad de diezmo que el joven y pobre George estaba pagando, George respondió algo como: “Oh obispo, no estoy pagando diezmo sobre lo que gano. Pago diezmo sobre lo que quiero ganar”; y el año siguiente, ¡George logró ganar exactamente la cantidad de dinero que había pagado de diezmo el año anterior!6 Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Como llegar a ser una verdadera generación del milenio

10 de enero de 2016
Como llegar a ser una verdadera generación del milenio
Presidente Russell M. Nelson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Devocional mundial para los Jóvenes Adultos • Universidad Brigham Young – Hawái

 

Mis queridos hermanos y hermanas, este año nuevo de seguro será memorable. En sus primeros días, Wendy y yo ya hemos dicho adiós a mi querida hermana Marjory, quien ha partido de esta vida mortal; le hemos dado la bienvenida a nuestra familia a dos nuevos bebés: Wade Richard Walker e Isaac Russell McDonough; y ahora tenemos el privilegio de hablar con ustedes, los grandes jóvenes adultos de todo el mundo. Estamos muy agradecidos por ustedes.

Agradezco mucho el importante mensaje y el ejemplo inspirador de Wendy. Yo también agradezco la presencia del élder Kim B. Clark de los Setenta y comisionado de Educación; de su esposa, Sue; de Chad H. Webb, administrador de Seminarios e Institutos, y de su esposa, Kristi.

Les traigo los saludos y el afecto de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles. Agradecemos la dedicación de ustedes al Señor y Su evangelio restaurado. Agradecemos cada vez que defienden y hacen oír la verdad, en especial, cuando no es bien visto hacerlo.

Muchas personas se refieren a ustedes como milénicos [o generación “millennial”]. Debo admitir que cuando los investigadores los llaman así y describen lo que los estudios revelan sobre ustedes: sus preferencias y desagrados, sus sentimientos e inclinaciones, sus fortalezas y debilidades, me siento incómodo. Existe algo en el modo en que ellos usan el término milénico que me molesta; y francamente estoy mucho menos interesado en lo que los expertos digan sobre ustedes que en lo que el Señor me ha dicho al respecto.

Al orar sobre ustedes y preguntar al Señor cómo se siente Él hacia ustedes, percibo algo muy diferente de lo que dicen los investigadores. Los susurros espirituales que he recibido sobre ustedes me conducen a creer que, en realidad, el término milénico podría ser perfecto para denominarlos, pero por una razón muy diferente a la que los expertos jamás pudieran entender.

El término milénico es perfecto para ustedes si les recuerda quiénes son en verdad y cuál es su verdadero propósito en la vida. Un verdadero milénico es alguien a quien se le ha enseñado y que enseñó el evangelio de Jesucristo en la vida preterrenal, que ha hecho convenios con nuestro Padre Celestial allí sobre cosas valientes —incluso cosas moralmente valientes— que ustedes harían aquí en la tierra.

Un verdadero milénico es un hombre o una mujer en quien Dios confiaba tanto como para enviar a la tierra durante la dispensación más exigente de la historia del mundo. Un verdadero milénico es un hombre o una mujer que vive ahora para contribuir a preparar al pueblo de este mundo para la segunda venida de Jesucristo y Su reinado milenario. No lo duden; ustedes nacieron para ser verdaderos milénicos.

La pregunta es: “¿Cómo dar la talla y vivir como verdaderos milénicos?” Yo tengo cuatro recomendaciones.

Aprendan quiénes son en verdad

Mi primera recomendación: Aprendan quiénes son en verdad.

Dediquen tiempo a pensar con espíritu de oración sobre estos hechos:

  • Eres un hijo o hija elegido de Dios.
  • Eres creado a Su imagen.
  • Se les enseñó en el mundo de los espíritus a prepararse para cualquier cosa y para todas las cosas que afrontarían en esta postrera parte de estos últimos días1. ¡Esas enseñanzas perviven en su interior!

Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Sed leales al Señor

Sed leales al Señor

Spencer W. Kimballpor el presidente Spencer W. Kimball

La integridad (la buena voluntad y la habilidad de vivir de acuerdo con nuestras creencias y obligaciones) es una de las piedras fundamentales del buen carácter, y sin éste uno no puede tener la esperanza de disfrutar de la presencia de Dios ni aquí ni en la eternidad. No debemos comprometer nuestra integridad prometiendo lo que no vamos a hacer.

Si tomamos nuestros convenios a la ligera, lesionaremos nuestra existencia eterna. Utilizo la palabra convenio en forma deliberada, ya que es una palabra que tiene connotaciones sagradas; y mi intención es utilizarla con toda la fuerza espiritual que tiene. Es muy fácil y tentador justificar nuestra conducta; pero en las revelaciones modernas el Señor nos explica que “cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo, nuestra vana ambición. . . los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido. . . y (el hombre) queda solo para dar coces contra el aguijón” (D. y C. 121:37-38).

Por supuesto que podemos elegir; tenemos el libre albedrío, pero no podemos escapar de las consecuencias de nuestras decisiones. Y si hay un punto débil en nuestra integridad, es allí precisamente donde el adversario concentra su ataque. Os aseguro que todas las normas de la Iglesia, tanto aquellas relacionadas con la conducta moral como las que se relacionan con la manera de vestir y el aspecto personal, son el resultado de intensa consideración de los líderes de la Iglesia por medio de la oración. Los adultos jóvenes con una apariencia sana y limpia demuestran que no tienen necesidad alguna de seguir los ejemplos del mundo, los cuales muy a menudo se ponen de manifiesto en el desorden, la suciedad y las modas extravagantes; y los jóvenes y señoritas que no han sucumbido a las destructivas tendencias morales de vestirse al igual sin tener en cuenta su sexo son personas alegres que tienen una vida ordenada y que están dedicadas a mejorar su habilidad de servir a Dios y a sus semejantes.

Shakespeare, por medio de Polonio, nos dice una gran verdad: “El traje revela al sujeto” (Hamlet, acto 1, escena 3). Nuestra apariencia externa nos afecta, y tenemos la tendencia a actuar de acuerdo con ella. Si estamos vestidos con nuestra mejor ropa de domingo, no nos sentimos inclinados a actuar en forma áspera, ruidosa o violenta. Si nos vestimos con ropa de trabajo, tenemos una actitud laboral; si nos vestimos en forma inmodesta, tenemos la tentación de actuar inmodestamente; si vestimos como el sexo opuesto, tendremos la tendencia de perder nuestra identidad sexual o algunas de las características que distinguen la misión eterna de nuestro sexo. En esto espero que no se me interprete mal: No estoy diciendo que debemos juzgar a otra persona por su apariencia, ya que eso sería una insensatez; lo que quiero decir es que hay una relación entre la forma en que nos vestimos y nos arreglamos, y las tendencias que tenemos en nuestros sentimientos y acciones. Al instar seriamente a actuar de acuerdo con las normas de la Iglesia, no debemos rechazar a los hermanos que posiblemente no hayan oído o comprendido estas cosas; no se les debe juzgar como personas malas, sino que hay que demostrarles más amor para hacerles comprender con paciencia que si no cumplen con sus responsabilidades, corren peligro y no están actuando de acuerdo con los ideales a los cuales deben lealtad. Esperemos que el descuido que a veces vemos sea más inconsciente que deliberado.

Nuestra meta es la perfección, pero todavía nos falta mucho para lograrla. Mantened vuestra integridad y esforzaos por vivir en armonía con el Espíritu; guardad todos los mandamientos, para que algún día podáis presentaros sin mancha ante el Señor; dad al Señor, hoy y siempre, vuestra fe y vuestra lealtad, para que Él pueda estar complacido con lo que hacéis. La lealtad al Señor también incluye lealtad para con sus líderes. Yo sé que aquellos que Él ha llamado para guiar a sus hijos en esta dispensación del cumplimiento de los tiempos reciben inspiración divina. Mi abuelo sirvió en el primer Quorum de los Doce; mi padre fue presidente de misión y de estaca cuando la Iglesia era mucho más pequeña de lo que es en la actualidad; bajo la dirección de cinco presidentes de la Iglesia, yo he servido como oficial de estaca y Autoridad General durante sesenta y un años. Las vidas de nosotros tres encierran esencialmente todo el período de la Iglesia restaurada. Entre los tres hemos llegado a conocer muy bien a casi todas las Autoridades Generales desde la restauración de la Iglesia. En base a esto, os digo que todos esos líderes han sido hombres cuyos grandes logros han ido más allá de sus habilidades naturales, porque el Señor les dio el poder para llevar a cabo su obra.

Y cuando me refiero a la influencia del Señor en los líderes, me refiero también a los incontables miles de otros líderes en cuyas casas me he hospedado, cuyo testimonio he oído y cuyas buenas obras y generoso servicio he podido apreciar. Sé que dondequiera que haya un corazón humilde y sincero, deseo de justicia, abandono del pecado y obediencia a los mandamientos de Dios, el Señor derrama más y más luz hasta que finalmente se transforma en un poder que traspasa el velo celestial y se llega a saber más de lo que el hombre sabe. Una persona que sea justa tiene la invalorable promesa de que un día verá la faz del Señor y sabrá que Él es. (Véase D. y C. 93:1.)

A menudo se les da reconocimiento especial a las Autoridades Generales, y con razón, ya que es nuestra responsabilidad orar por ellas, para que tengan éxito en sus llamamientos; pero yo sé que el Señor está complacido con cualquier alma que honre el llamamiento que Él le ha dado, cualquiera que éste sea, en la misma manera que lo está con aquellos cuya vida y logros son más evidentes. El presidente J. Reuben Clark, hijo, hizo la siguiente declaración en forma simple y elocuente: “En esto de servir al Señor, no importa dónde se sirve sino cómo. En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, uno toma el lugar al cual ha sido llamado debidamente, lugar que no se busca ni se rechaza” (Conference Report, abril de 1951, pág. 254). El presidente Clark guio su vida por este precepto. Toda mi vida he apoyado a mis líderes y he orado por ellos. Y durante estos últimos años he sentido un mayor poder debido a las oraciones que los santos han elevado a los cielos por mí.

Estoy agradecido por la longanimidad del Señor; parecería que El recibe tan poco a cambio de todo lo que hace por nosotros, pero el principio del arrepentimiento -de levantarnos cada vez que caemos, sacudirnos y reiniciar ese camino ascendente- este principio es la base de toda nuestra esperanza. Es por medio del arrepentimiento que el Señor Jesucristo puede llevar a cabo el milagro sanador, infundiéndonos fortaleza cuando nos sentimos débiles, salud cuando estamos enfermos, esperanza cuando estamos desilusionados, amor cuando nos sentimos vacíos y entendimiento cuando buscamos la verdad.

Por encima de todo, declaro que el Señor Jesucristo es el centro de nuestra fe, y os testifico que Él vive y hoy día dirige su Iglesia, que oye nuestras oraciones cuando humilde, ferviente e incesantemente nos esforzamos por conocer su voluntad, haciendo también de éste un día de milagros y de revelación. Yo testifico que ésta es la verdad tal como mi padre y yo, y vuestros padres y vosotros hemos estado enseñando al mundo: Este evangelio es verdadero y divino.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

La sociedad de socorro en la actualidad

Diciembre de 1980
La sociedad de socorro en la actualidad

Barbara B. SmithUn reportaje hecho por la revista Ensign a Barbara B. Smith, Presidenta General de la Sociedad de Socorro La Sociedad de Socorro en la actualidad

Ensign: Hna. Smith, usted ha sido Presidenta General de la Sociedad de Socorro por más de cinco años, ¿en qué manera ha cambiado su punto de vista acerca de la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Hay dos aspectos importantes. Primero, me he dado cuenta mejor de la gran importancia que tiene la Sociedad de Socorro. Antes pensaba que la Sociedad de Socorro era un don del Señor para las mujeres de la Iglesia, pero ahora estoy convencida de que es un don del Señor para todas sus hijas, dondequiera que estén, y que si las mujeres de la Iglesia aprenden y llevan a la práctica los principios del evangelio, tendrán una gran influencia para bien sobre las mujeres de todo el mundo.

Creo que cuando el presidente José Smith dijo a las primeras mujeres de la Iglesia que él “estaba dando vueltas a la llave” en beneficio de ellas, y que serían dotadas de conocimiento e inteligencia, estaba preparando a la mujer en general para esta época en la que tendrían que tomar tantas decisiones. En la actualidad tenemos mayor educación que antes; se nos brinda la posibilidad de la independencia económica si la necesitamos; y tenemos el derecho de votar. Estas ventajas vienen acompañadas de la responsabilidad de tomar decisiones que las mujeres de antes nunca pudieron tomar. Han aumentado nuestras oportunidades y nuestros cometidos. Al aprovechar todas estas bendiciones, las mujeres debemos considerar, cuidadosamente y por medio de la oración, todos los aspectos de nuestra vida, y luego ejercitar nuestro libre albedrío y hacemos responsables por las consecuencias que puedan tener nuestras decisiones.

Segundo, veo que el programa de maestras visitantes abarca mucho más que lo que yo pensaba. Antes lo veía como una simple oportunidad de enseñar, pero ahora veo que puede utilizarse de muchas maneras para ayudar a superar problemas sociales tales como la pobreza, la falta de educación y de comprensión entre los seres humanos. Veo como el programa de maestras visitantes realza y fomenta la hermandad entre las mujeres; es también el medio principal por el cual la Sociedad de Socorro se pone en contacto con sus miembros.

Ensign: Con respecto al punto que acaba de mencionar, o sea la manera en que el programa de maestras visitantes puede ayudar a resolver en los problemas sociales, ¿a qué se refería específicamente?

Hermana Smith: Permítame que le explique: En los comienzos de la Sociedad de Socorro, las hermanas llenaban las necesidades básicas de sobrevivencia de los santos que llegaban de todas partes del mundo. Compartían comida, ropa y vivienda. Cuando los santos se mudaron hacia el oeste, las hermanas, conjuntamente con sus esposos, ayudaron a establecer sus hogares, a cultivar la tierra desierta, y a establecer instituciones sociales e industrias. A medida que avanzaba la colonización del oeste, cambiaban las necesidades y también la manera en que la Sociedad de Socorro las satisfacía. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Dejemos que otros también tengan la razón!

Noviembre de 1980
¡Dejemos que otros también tengan la razón!
por el élder Hartman Rector, hijo,
del Primer Quorum de los Setenta

Hartman Rector, JrLa felicidad no es solamente placer, sino que es mayormente una victoria. ¿A quién no le gusta ser triunfador? A mí me gusta; creo que hemos venido aquí para ganar, y si nos mantenemos cerca del Señor, ganaremos. Ciertamente, Él no es un perdedor.

Cuando nos confrontamos con tentaciones o conflictos que afectarían nuestra posición frente al Señor, no podemos darnos el lujo de perder, ni siquiera el de comprometernos.

Pero hay ciertos asuntos que son tan insignificantes, que en verdad no cambian mucho los hechos. Se dice que Abraham Lincoln, decimosexto Presidente de los Estados Unidos, dijo que con gusto daría a su oponente nueve puntos de diez, si el décimo fuera el único punto que realmente importara. Esto encierra una gran sabiduría.

En el curso normal de las comunicaciones humanas hay una constante necesidad de transigir, y vivir con otras personas crea siempre situaciones en las que debemos hacerlo. Nadie puede ganar todas las veces.

Ya que ganar es algo tan importante, una persona inteligente se preocupará de que su cónyuge e hijos ganen a menudo.

Hace algún tiempo, una joven madre de cuatro niños fue a verme por recomendación del obispo. Se había separado de su esposo hacía dos meses. Al hablar acerca de las razones que tuvo para dejarlo pude notar que lo quería mucho y que él le era fiel; pero esperaba que ella fuera perfecta en cada aspecto de sus relaciones. No le toleraba ninguna equivocación, y nunca le había dado la razón al discutir acerca de algo. Si se daba el caso de que ella tuviera razón, él se aseguraba de no dársela, llegando a la violencia física, si era necesario, para dominarla.

Tuve una conversación con el esposo, quien habló por dos horas diciéndome lo mucho que la quería, y confesó haberle pegado. Sabía que había obrado mal, pero estaba arrepentido; tenía la seguridad de que no lo volvería a hacer y deseaba tener la oportunidad de poner en orden su vida. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La milla milagrosa

Noviembre de 1980
La milla milagrosa
por Sara Brown Neilson

Las visitas a esta casa sin duda son una pérdida de tiempo ―comentó mi compañera en el programa de maestras visitantes, al tiempo que llamábamos a la arruinada puerta de una pequeña casa deteriorada ubicada a los fondos de otra casa―. Nunca encontramos a nadie.

Yo la miré y asentí con un movimiento de cabeza, mientras sentía que se me pegaban trocitos de la pintura de la puerta en los nudillos, al repetir el llamado inútilmente; aun así, nos quedamos un momento esperando que ese día las cosas fueran diferentes. Más no lo fueron y finalmente tuvimos que volver hasta la calle por el sendero cubierto de hierbas.

―Bueno ―dije mientras subíamos al auto― no se puede negar que hemos caminado la segunda milla tratando de visitar a esta hermana. Hasta encontrar su casa fue toda una hazaña.

Escondida por una casa más grande qué había en el frente, la pequeña casucha había sido difícil de encontrar cuando hicimos nuestro primer intento de visitarla hace seis meses. Al cambiar los límites de nuestro barrio se habían agregado algunas familias nuevas y aquella hermana correspondía a nuestro distrito. Al principio, al no encontrar la casa pensamos que la dirección estaba equivocada; pero luego de perseverar y preguntar en dos estaciones de servicio y en varias casas de la vecindad, finalmente encontramos aquel sendero enterrado entre los pastos y descubrimos la casita. Mas nuestros esfuerzos no fueron coronados por el éxito sino por un desalentador silencio.

Como en la tarjeta de información de la hermana, cuyo nombre era Judy Kearns, no aparecía ningún número de teléfono, llamamos al servicio de información y nos enteramos de que su número era privado y no se encontraba en la guía telefónica. Al consultar los registros del barrio comprobamos que se había convertido hacía tres años, que era inactiva y que trabajaba para mantenerse ella sola y a sus dos hijos pequeños. Cada vez que la visitábamos le dejábamos una amable notita pidiéndole que nos llamara por teléfono, pero no habíamos obtenido respuesta. Hasta le habíamos dejado una caja de fruta en la puerta y habíamos ido a verla en un fin de semana, sólo para encontrarnos siempre con la silenciosa casa vacía.

Mientras nos alejábamos de allí aquel día yo iba pensando: esta es otra causa perdida; pero mi conciencia me molestaba. ¿Habíamos de verdad recorrido por ella la segunda milla? ¿Qué significaba esto de la “segunda milla”. Recordé que, de acuerdo con el evangelio, no se trataba solamente de cumplir con una asignación, sino también de tener el interés suficiente como para aprovechar cualquier oportunidad de cumplirla plenamente. Es cierto que habíamos dado algunos pasos hacia aquella milla extra, pero sólo para cubrir una pequeña distancia y mucho nos quedaba por hacer. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Toda familia necesita un gran maestro orientador

Diciembre de 1980
Toda familia necesita un gran maestro orientador
por John D. Whetten

Es verdad que las familias fuertes, ejemplares y activas, especialmente las de los obispos, presidentes de estaca y otros líderes, no necesitan buenos maestros orientadores?

Eso era exactamente lo que yo pensaba. Poco tiempo después de mi matrimonio, fui llamado para ser el maestro orientador de cuatro familias en el barrio: el padre de una de estas familias era un miembro activo; sin embargo, no se había convertido espiritualmente al evangelio; en otra de las familias, formada por una joven pareja recién casada, el esposo no era miembro de la Iglesia, de manera que no acompañaba a su esposa a las reuniones; la tercera pareja era completamente inactiva a pesar de que el esposo había pertenecido a la presidencia de una estaca y su esposa había servido como presidenta de la Primaria de estaca. La familia Rosales, que también me habían asignado, era una familia ideal y miembros muy activos en el barrio; el padre trabajaba en el sumo consejo de la estaca y la hermana Rosales era la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio.

Cuando recibimos nuestra asignación, junto con mi compañero decidimos concentrar todos nuestros esfuerzos en las primeras tres familias, quienes obviamente necesitaban nuestra ayuda y hermanamiento, y planeamos que visitaríamos a la familia Rosales una vez al mes, pues sabíamos que ellos podrían arreglárselas solos ya que eran tan buenos miembros.

Después de visitar a todas las familias y de pedir al Señor que nos ayudara a tener éxito, empezamos a darnos cuenta de que toda familia necesita y merece tener un gran maestro orientador, y que la familia Rosales necesitaba exactamente la misma atención, consideración y amor que las demás. De manera que durante el primer año tratamos de desarrollar una buena relación con ellos, y dedicamos parte de nuestra visita mensual a hablar con los tres hijos, hasta que llegamos a estar al tanto de todas sus actividades y progreso en la Primaria, en el programa de los Scouts, en el Sacerdocio Aarónico y en la escuela. Cuando el muchacho recibió la condecoración más alta que un joven puede obtener en el programa de escultismo, me pidió que yo fuera el discursante de la ceremonia.

En algunas ocasiones salíamos juntos a tomar helados y cuando participábamos en fiestas del barrio, siempre hablábamos con ellos. La amistad se hizo mutua entre nuestras propias familias y las que visitábamos; por ejemplo, cuando tuvimos nuestro primer hijo, nadie demostró más alegría que los de la familia Rosales. De hecho, la hermana Rosales ofreció una fiesta en honor de mi esposa. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Vuestro corazón os responderá

Diciembre de 1980
Vuestro corazón os responderá
por el élder Jack H. Goaslind, Jr.
del Primer Quorum de los Setenta

Jack H. Goaslind Jr.Al retroceder unos años y recordar las decisiones difíciles a las que tuve que enfrentarme, hay una que sobresale entre todas: ¿Debo ir a una misión? El mayor deseo de mis padres era que así lo hiciera; el obispo me lo aconsejaba; algunos de mis amigos habían salido a una misión, pero otros me decían que iba a cometer un error si lo hacía: «Piensa en toda la diversión que te vas a perder». «¿Y tú educación?», «¿Qué pasará con tu novia?» Me parecía que dos años eran mucho tiempo y yo no estaba dispuesto a darlos. ¿Qué debía hacer?

Si os habéis encontrado ante tal dilema, os suplico que escuchéis a vuestro corazón, porque es por medio de él que el Señor se comunica con nosotros: «…he aquí, te lo manifestaré en tu mente y corazón. . .» (D. y C. 8:2). No escuchéis lo que os dicen los que tratan de influir en vosotros para apartaros del camino del Señor.

El presidente Kimball dijo: «Todo nombre joven ha de cumplir una misión» («Id por todo el mundo». Liahona, noviembre de 1974. pág. 4). También nos da la sugerencia de que todo joven debe crecer desde pequeño con el deseo de servir como misionero fuertemente arraigado en su corazón. Por supuesto, si esto se hace, la decisión se habrá tomado mucho tiempo antes de cumplir los 19 años y, por lo tanto, no será tan difícil. Os soy mi testimonio de que el presidente Kimball es un Profeta y nos dice lo que el Señor quiere que sepamos. Escuchad cuidadosamente y vuestro corazón os indicará lo que debéis hacer.

¿Por qué debéis servir una misión? Se me ocurren muchos pensamientos al reflexionar con respecto a la respuesta a esta profunda pregunta. Es posible que ésta sea muy sencilla: El Señor dice que debéis hacerlo; el Profeta ha hecho hincapié repetidamente en cuanto a ello; vuestra familia, los líderes de la Iglesia y otros más os animan para que sirváis; pero, por supuesto, ellos no son vosotros. Recuerdo muy bien lo bien que me sentí cuando por fin dije que sí después de recibir la confirmación del Señor de que mi decisión era la correcta. Así era y yo lo sabía. Tan siquiera una vez en mí vida había pensado más en los demás que en mí mismo, y eso produjo un sentimiento que he anhelado cada día de mi vida desde ese entonces. Es gratificador dar de sí para que otros puedan ser bendecidos. Esta fue una de las razones porque nuestro Salvador dejó la siguiente declaración:

«Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

De pronto se me hizo la luz!

Diciembre de 1980
¡De pronto se me hizo la luz!
David Capron

Cuando tenía dieciocho años y cursaba el último grado de la escuela secundaria, me sentía muy satisfecho con mi vida; tenía muchos buenos amigos, tomaba parte en deportes y esperaba tener gran éxito al comenzar mis estudios en la Universidad de Berkeley, en California, al año siguiente. Ya había recibido de esa institución una carta aprobando mi solicitud de matrícula.

Al participar en un concurso de oratoria del Club de Leones, promediando ya el año escolar, también estaba seguro del éxito que obtendría. Elegí como tema «¿Son las diferencias entre padres e hijos algo real o imaginario?» y lo desarrollé elocuentemente, en la forma que me pareció más atractiva para los jueces. Gané el concurso tras haber llegado a la final con una chica de nombre Karen, que era mormona.

Yo sabía bien que mi victoria se debía al hecho de que había dicho lo que los jueces querían escuchar; pero, interiormente estaba seguro de que el discurso de Karen, basado en la doctrina que enseñaba su iglesia, era mucho más profundo que el mío. Su elocuente alocución me conmovió por la sincera convicción que demostraba, y nos hicimos amigos.

Después que nos conocimos mejor, nuestras conversaciones a menudo se convertían en debates en los que ella defendía la filosofía religiosa y yo abogaba por la ciencia. Esas discusiones sólo servían para hacerla sentir frustrada.

Karen tenía una amiga cuyo nombre era Nese, que aunque escuchaba muchas veces atentamente nuestras discusiones, nunca me dirigía la palabra al encontramos en los corredores del liceo, sino que sólo se limitaba a decirme «Hola». Por ese motivo, nunca me había dicho que ella también era mormona. Pero un día, mientras yo me encontraba estudiando en la biblioteca del liceo, se acercó hasta la mesa donde me encontraba y me preguntó:

―¿Te interrumpo?

En el curso de nuestra conversación mencionó que ella era «de la casa de Israel», a lo que le entendí que era judía.

Durante los meses que estaban de clase continuamos encontrándonos siempre a la misma hora para estudiar en la biblioteca, y en nuestras charlas siempre discutíamos las muchas preguntas que me invadían la mente cada vez que pensaba en la religión. Un día me dijo que su mayor deseo era poder encontrar alguien que no se burlara de sus creencias religiosas. Muchas veces yo le expresaba mi opinión sobre temas como la vida después de la muerte, y luego ella me explicaba su creencia al respecto. La seguridad con que me hablaba me dejaba asombrado. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Un principio de fortaleza espiritual

Diciembre de 1980
Un principio de fortaleza espiritual
por Steve Gilliland

Este principio nos ayuda a comprender mejor nuestro propio yo, a adquirir fortaleza espiritual, a lograr relaciones permanentes y a acercarnos más a Dios.

Aquellos que trabajamos con jóvenes sabemos que es común oírles comentar lo siguiente: «Todo lo que oímos decir a nuestros padres y maestros es que debemos guardar la castidad porque las relaciones sexuales son un pecado. ¿No habrá nada positivo que pueda decirse sobre la castidad?»

Los Santos de los Últimos Días podemos responder que ciertamente hay muchas cosas positivas que decir. El evangelio nos da una perspectiva clara y completa de la castidad, lo cual se hace más evidente cuando se compara con la del mundo secular. Por ejemplo, las religiones del hombre han enseñado que el cuerpo es maligno y que el espíritu debe luchar por sobreponerse a él y liberarse; pero el evangelio restaurado nos dice algo totalmente opuesto: que el cuerpo es una bendición. Vinimos a la tierra para obtenerlo y hacer que formara parte de nuestro ser como un medio de lograr progreso; sin él no podemos recibir la plenitud de gozo (véase D. y C. 93:33-35); sin él no podríamos librarnos, sino que estaríamos en perpetua esclavitud (véase la Visión de la redención de los muertos, de Joseph F. Smith, 50). El evangelio nos enseña que seremos exaltados con nuestros cuerpos, y no a pesar de ellos.

Pablo parece sugerir lo mismo cuando dice: «…el que fornica contra su propio cuerpo peca» (1 Cor. 6:18; cursiva agregada).

Otra enseñanza falsa es que las relaciones íntimas en el matrimonio son «un pecado» necesario para la procreación. Sin embargo, cuando se disfruta de esas experiencias de acuerdo con los mandamientos de Dios y con el Espíritu, pueden enriquecer nuestra vida y vivificar nuestra alma. El presidente Kimball se refirió a las relaciones conyugales como «inherentemente buenas» (véase Liahona, abril de 1976, pág. 3).

«… que la función sexual puede ser un siervo maravilloso, pero un amo terrible; que puede ser una fuerza creadora más potente que cualquier otra en la formación del amor, el compañerismo y la felicidad…» (Billy Graham, citado por el presidente Spencer W. Kimball. Véase Liahona, abril de 1976, pág. 36.)

Una tercera enseñanza falsa es que el hombre es básicamente malo por causa de su naturaleza física; sin embargo, las Escrituras no le dan apoyo a esta teoría, sino que enseñan que los hombres se vuelven «carnales, sensuales y diabólicos» sólo cuando comienzan a seguir a Satanás (Moisés 5:13; véase también D. y C. 20:20).

El rey Benjamín aclara este concepto: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Vuestro mejor amigo

Octubre de 1980
Vuestro mejor amigo
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridas jóvenes hermanas, nos sentimos sumamente orgullosos de vosotras y profundamente agradecidos al Señor por haber enviado a la Iglesia en estos tiempos tantos selectos jóvenes espíritus. Es evidente que Él ha mostrado gran confianza en vosotras al enviaros a la tierra en esta época en que la Iglesia tiene tantas cosas importantes para llevar a cabo, y en que los problemas que enfrentamos son tan grandes. Si tenéis momentos de sentiros desilusionadas o desanimadas, recordad que nuestro Padre en los cielos os tuvo la suficiente confianza como para colocaros en el mundo ahora, en días especiales de grandes acontecimientos y grandes oportunidades.

Deseamos deciros, al igual que les dijimos a las hermanas mayores de la Iglesia, que el Señor se regocija cuando tenemos en la Iglesia mujeres estudiosas de las Escrituras.

La participación en las muchas actividades de la Iglesia —programa de seminarios, programa de las Mujeres Jóvenes y, más importante aún, los consejos familiares— os dará la oportunidad de aumentar vuestro conocimiento de estos maravillosos registros de los tratos del Señor con su pueblo a través de las generaciones. Os pido que saquéis provecho también del nuevo programa integrado de reuniones dominicales, a fin de aumentar este conocimiento; en la misma forma, aprovechad este nuevo horario a fin de prestar más servicio cristiano en cumplimiento del segundo gran mandamiento (véase Mat. 22:37-40).

En aquellos momentos en que os sintáis desilusionadas de vuestros amigos mortales, recordad que el Salvador de la humanidad se ha proclamado nuestro amigo, ¡Él es vuestro mejor amigo!

La mejor manera de honrar a vuestros padres es honrar a nuestro Salvador, porque Él ha dicho que si lo amamos, guardaremos sus mandamientos (véase D. y C. 42:29; Juan 14:21). Si sois buenos miembros de vuestra familia ahora, seréis mejores esposas y madres más tarde.

Sois verdaderamente la “Juventud de la promesa» (Himnos de Sión, N° 60). Sed fieles a la confianza que nuestro Padre Celestial ha depositado en vosotras. Recordad que nada de lo que tengáis que rechazar en vuestra experiencia de la vida por ser miembros de la Iglesia puede ser virtuoso, de buena reputación o digno de alabanza; son las cosas artificiales, las cosas que dañan el cuerpo y el espíritu, las que todos nosotros debemos rechazar siempre y de las que debemos alejarnos. El ser miembros de la Iglesia multiplicará y mejorará todo lo bueno y digno de la vida, más allá de vuestros más caros sueños.

Recordad, mis queridas jóvenes hermanas, que no hay felicidad en el pecado. No os permitáis formar parte de las maldades del mundo; esto os dejaría con una sensación de vacío e infelicidad, mientras que el obedecer los mandamientos os dará fortaleza y paz interior, al mismo tiempo que la felicidad eterna y la belleza de cuerpo y espíritu. La rectitud lleva consigo una luz especial que brillará a vuestro alrededor si obedecéis los mandamientos del Señor. Al hacerlo, podéis tener fe en vuestro futuro porque vosotras mismas le daréis forma a fin de que os brinde felicidad y gozo, no sólo a vosotras, sino a todos aquellos que os conocen y aman.

Si estáis saliendo con jóvenes ―y aun las que todavía no lo estáis― cuando llegue el momento del noviazgo serio recordad que el noviazgo os indica lo que puede ser vuestro matrimonio y aseguraos de que esa relación refleje el modelo que deseáis en vuestra unión eterna.

Os queremos mucho, maravillosas hijas de Sión, y volvemos a deciros que el Señor ciertamente os ha bendecido al enviaros a la tierra en esta época. En medio de vuestra preocupación por el hoy no olvidéis vivir también para el mañana ―para la eternidad― y llegará el momento en que estaréis agradecidas al Señor por los problemas y dificultades que os ha dado para vencer.

Diariamente ruego por vosotras y os dejo mi bendición. Os testifico que Dios vive, que Él está al timón, que ésta es su Iglesia. Nosotros recibimos revelación. Lo sé por experiencia personal, y os dejo mi testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

La responsabilidad que tenemos hacia nosotras mismas

Octubre de 1980
La responsabilidad que tenemos hacia nosotras mismas
por la hermana Camilla E. Kimball

Camilla KimballEs una ocasión maravillosa el tener a todas estas hermosas jóvenes, muchas de ellas junto con sus líderes, reunidas para celebrar este año tan especial en la historia de la Iglesia. Todas nosotras nos hemos dedicado a escuchar el mensaje del evangelio y conducir nuestra vida de acuerdo con sus principios. No conozco ninguna forma mejor de representar un cuadro de la vida en unas pocas líneas que el canto de la Primaria que todos conocemos y amamos tanto:

Soy un hijo de Dios, por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar y padres caros para mí.

(Canta conmigo, B-76.)

Este mismo mensaje está en nuestro corazón hoy. Somos miembros bautizados de la Iglesia de Jesucristo; se nos ha dado el don del Espíritu Santo para guiarnos en la peligrosa jornada que debemos recorrer; Cristo nos ha dado el ejemplo y nos ha dejado ciertas direcciones que, si las seguimos, nos conducirán sanos y salvos de regreso a su presencia. Él no nos ha prometido que el camino será fácil; en realidad, nos ha dicho que habrá momentos muy difíciles, pero que los problemas nos ayudarán a aumentar nuestra fortaleza; también nos ha prometido que está dispuesto a ayudarnos y a guiarnos por todo el camino si tan sólo lo buscamos en ferviente oración constantemente.

Espero que cada una de vosotras haya tomado el hábito de hacer que su primer saludo de la mañana sea para nuestro Padre Celestial, con el ruego de que Él os guíe y dirija durante ese día, que os ayude a resistir la tentación y a tomar decisiones sabias en cuanto al uso de vuestro tiempo y a la elección de vuestros compañeros. Que vuestra oración de la noche sea de acción de gracias por el buen día que habéis tenido.

Las Escrituras nos dicen que “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10), y que el hombre existe para que tenga gozo (véase 2 Nefi 2:25). Cristo dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Y cuando el fariseo le preguntó: “¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?”, él respondió: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario