Las muchas voces

Noviembre de 1980
Las muchas voces
por Elaine A. Cannon
Presidenta general de las Mujeres Jóvenes

Elaine A. CannonEn diversas ocasiones el presidente Romney ha contado una amena anécdota sobre su esposa. En una época estaba muy preocupado porque estaba seguro de que ella no oía bien, y no podía convencerla de ir al doctor. Decidió consultarlo él mismo en procura de consejo; el médico le indicó una sencilla prueba que la convencería de su necesidad de ir a consultarlo: Le dijo al presidente Romney que al llegar a su casa probara a llamarla desde distintos lugares y si ella no respondía inmediatamente aquello sería clara evidencia de que necesitaba ir a ver a un especialista.

Así, el hermano Romney fue a su casa y al llegar la llamó desde la puerta de entrada; no hubo respuesta. Entonces entró y volvió a llamarla; luego la llamó desde el comedor, pero todavía sin recibir respuesta. Finalmente, al encontrarla en la cocina, le dijo: “Ida, te he estado llamando», a lo cual ella respondió: “Lo sé, querido, y te he contestado tres veces”. El comentario del presidente Romney después de relatar esta anécdota era: “El problema no .lo tenía Ida”.

Como tema de esta conferencia hemos usado el siguiente: “De tantas voces que reclaman nuestro tiempo, ¿a cuál obedecer?”

Hemos oído hoy la voz del presidente Kimball; hemos oído otras voces que nos han indicado el importante compromiso que tenemos. Todo esto es muy bueno.

Hemos cantado “Iré do me mandes, iré, Señor” (Himnos de Sión, N° 93). Y eso es lo que nos proponemos, ¿verdad? Especialmente cuando estamos sentados en la capilla, rodeados por la cálida corriente del evangelio y el apoyo de nuestros buenos hermanos; pero no siempre sucede lo mismo después que salimos de allí. Ya sabéis que es fácil vivir en el mundo de acuerdo con la opinión del mundo y es simple vivir solo de acuerdo con nuestra propia opinión. El problema aparece cuando tenemos que vivir en el mundo sin formar parte de él.

Una vez que hemos oído el discurso y la reunión de la Iglesia ha terminado, a menudo las voces del mundo nos confunden, voces que engatusan y exigen, más fuertes y más vivaces que las que oímos en la Iglesia.

Un día, me encontraba trabajando en la cocina; frente a mí la ventana abierta dejaba entrar el aire primaveral y por ella podía mantener vigilancia sobre nuestro pequeño hijo que jugaba en el jardín con una amiguita. De pronto los planes de los niños cambiaron y era evidente que estaban por hacer algo que no debían; por lo tanto, lo llamé para que entrara. Pasó un momento, pero él no apareció; volví a llamarlo y otra vez no obtuve respuesta; lo llamé por tercera vez antes de dejar a un lado la toalla de cocina y salir a buscarlo yo misma.

“¿Por qué no me contestaste?” le pregunté con severidad. “¿No me oíste?” “Más o menos” fue la vacilante respuesta. “¿Más o menos? ¿Por qué no viniste cuando te llamé?” Y entonces él me dijo algo que me hizo pensar: “Pero, mamá, ella me hablaba más fuerte que tú. ¡Tenía la boca pegada a mi oreja!” Seguir leyendo

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Recordad, gozad, preparaos

Octubre de 1980
Recordad, gozad, preparaos
por Norma B. Smith
Segunda Consejera en la Presidencia de las Mujeres Jóvenes

Norma B. SmithEn este año del sesquicentenario me he preguntado: “¿Qué pasaría si el evangelio no hubiera sido restaurado en la tierra en los últimos días? ¿Dónde estaría yo? ¿Cuál habría sido mi vida?” En cambio, me siento segura con el conocimiento que tengo de que Dios vive y nos ama.

Espero que cada joven de la Iglesia de una mirada de reconocimiento al pasado y una mirada hacia adelante, renovando sus compromisos durante este año en que se conmemora la organización de la Iglesia. Habiendo sido asignadas, a patrocinar el proyecto de labores manuales, alentamos a cada una de vosotras a crear algo que sirva para recordar este año histórico.

Consideremos hoy tres ideas muy breves: Primero, recordad el pasado; segundo, gozad el presente; y tercero, preparaos para el futuro.

Al decir “recordad el pasado” quiero significar un pasado muy lejano. Id atrás con la imaginación hasta el día en que os sentasteis en un consejo en los cielos, y votasteis venir a la tierra y enfrentar los problemas que ahora tenéis para poder aprender y crecer y esforzaros una y otra vez; para elegir lo bueno y evitar lo malo y demostraros a vosotras mismas que sois dignas de volver a la presencia de vuestros Padres Celestiales que tanto se preocupan por todo lo que hacéis.

Un pasado especial para las Mujeres Jóvenes es el cumpleaños de nuestra organización, el aniversario del día en que el presidente Brigham Young llamó a sus hijas mayores y les aconsejó que se apartaran de las extravagantes y tontas modas del mundo y volvieran su corazón a las vías del Señor. Les dijo que debían “reprimirse de todo lo que es malo e inservible; y mejorarse en todo aquello que es bueno y hermoso” (Elementos de la historia de la Iglesia, pág. 755). Este mensaje se necesita hoy más que nunca.

Este fue el nacimiento de la Sociedad Regresiva de Damas Jóvenes, y comenzó a crecer desde ese momento. En uno de los lugares de reunión, en los comienzos de la asociación, se registró esta minuta: “Estuvo presente una grande y respetable congregación». Sin embargo, al mirar detenidamente las minutas, en éstas figuraba que sólo habían estado presentes dos personas: la presidenta recientemente llamada y su secretaria. Pero la secretaria defendió la exactitud de lo que había asentado, diciendo: “La minuta es correcta; la presidenta es muy grande y yo, ciertamente, soy respetable».

Espero que cada noviembre recordéis el pasado y nuestros comienzos, y renovéis vuestros compromisos de vivir en el mundo pero no ser del mundo, celebrando en forma apropiada el cumpleaños de la organización de las Mujeres Jóvenes. Seguir leyendo

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Encaminemos nuestra vida

Octubre de 1980
Encaminemos nuestra vida
por Arlene B. Darger
Primera Consejera en la Presidencia de las Mujeres Jóvenes

Arlene B. DargerDe algún lugar del pasado vuelven a mi memoria ciertas sensaciones experimentadas en algunos juegos del parque de diversiones. Hay uno en el que se da un paso adelante para luego verse empujada y obligada a dar dos hacia atrás; el barril, que da vueltas y vueltas mientras la gente trata de mantenerse de pie, caminando en sentido contrario y cuidando de no caerse; hay otro que es como un plato que gira donde todos tratan de evitar que los despida hacia afuera, por eso gatean intentando alcanzar el centro que es el sitio seguro; el lugar de los espejos, donde las imágenes se ven tan deformadas que difícilmente uno se reconoce en ellos; y finalmente, el túnel, tan oscuro que es fácil equivocar el camino y perderse.

Esto me hace pensar que esos juegos simbolizan algunos de los problemas que vosotras como jóvenes, y nosotras como líderes tenemos que enfrentar en nuestro mundo, mientras tratamos de escoger entre las muchas voces que nos acosan y quieren confundirnos y lograr nuestro apoyo en cosas que quizás no entendamos y que tal vez no sean lo mejor para nosotras.

Vosotras, jóvenes, sois muy importantes; sois espíritus elegidos especialmente por nuestro Padre Celestial. Esta es una época importante en vuestra vida porque las decisiones que tomáis diariamente afectan en forma directa vuestro futuro. Esta es la preocupación de las líderes de las Mujeres Jóvenes, que desean ayudaros a cumplir con vuestro potencial divino de Santos de los Últimos Días, de creadoras de vida y guardianas del reino; ayudaros a encauzar vuestra vida y a prepararos para lograr importantes cometidos.

Algunas de las mejores mujeres de la Iglesia, ejemplares e inspiradas, han sido llamadas para ser vuestras líderes, para que sean ejemplos con los cuales podáis identificaros y obrar. Su responsabilidad es fortalecer la importancia e influencia que tiene vuestra familia en vuestra vida y ayudaros a desarrollar vuestro entendimiento, talentos, habilidades y crecimiento en los aspectos de preparación personal y aprendizaje del evangelio.

Quiero referirme a cinco puntos que son importantes en la vida de una joven.

El primero y principal para vosotras es trabajar para lograr un firme conocimiento del amor y el interés que Cristo tiene por vosotras. Vuestro amor por el Salvador será para vosotras como un radar dirigido hacia un avión, que os ayudará a mantener una visión clara del lugar al qué os dirigís para evitar errores irreparables. Seguir leyendo

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El faro del Señor

Octubre de 1980

El faro del Señor

Thomas S. Monsonpor el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce

Mis queridas jóvenes hermanas, ésta puede ser muy bien la mayor reunión de jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me siento sobrecogido y empequeñecido ante la responsabilidad de hablaros hoy; ruego que pueda tener la ayuda divina, a fin de estar a la altura de esta oportunidad que se me ha dado.

Sois un público mucho más atractivo que el que asiste generalmente a la reunión de sacerdocio, donde predominan los trajes oscuros, las camisas y corbatas; al miraros, acuden a mi mente las palabras de unos versos casi olvidados:

Retorna, retoma en tu vuelo, oh tiempo;
vuélveme a mi juventud aunque sea un momento.

Hace veinte años, muchas de vosotras todavía no habíais comenzado vuestra jornada mortal; vuestra morada era un hogar celestial. En realidad, conocemos muy pocos detalles de nuestra existencia allá; solamente sabemos que estábamos entre seres que nos amaban y que se interesaban por nuestro bienestar eterno, Después, llegó el momento en que la vida terrenal se hizo necesaria para continuar nuestro progreso; sin duda hubo despedidas, se expresó confianza en nosotros y alcanzamos nuestra graduación a la mortalidad.

¡Qué hermosa bienvenida esperaba a la mayoría de nosotros! Hubo amorosos padres que nos recibieron gozosamente en nuestro hogar terrenal; todos nuestros caprichos infantiles se vieron atendidos con tierno cuidado y solícitas muestras de afecto. Un escritor describió nuestra infancia con estas palabras:

Un dulce y nuevo brote de la humanidad,
recién caído desde el hogar de Dios para florecer en la tierra. . .

(Gerald Massey, “Wood and Won”, The Home Book of Quotations, Bur-ton, Stevenson, ed. Nueva York, Dodd, Mead, and Co., 1956, pág. 121.)

El admirado poeta William Wordsworth captó en unos versos una fugaz mirada a este glorioso plan, y tituló su poesía “Oda a la Inmortalidad”:

Un sureño y un olvido
Sólo es el nacimiento.
El alma nuestra, la estrella de la vida,
En otra esfera ha sido constituida
Y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido,
Ni de todas las cosas despojada, Pues al salir de Dios,
Qué fue nuestra morada,
Con destellos celestiales se ha vestido.

(The Complete Poetical Works of William Wordsworth, Londres, MacMillan, 1924, págs. .357-359.)

Aquellos primeros años fueron una época preciosa y especial; Satanás no tenía poder para tentamos; todavía no éramos responsables de nuestros actos, sino que éramos inocentes ante Dios. Aquéllos fueron años de aprendizaje.

Pronto entramos en el período que algunos gustan de llamar “la atroz adolescencia” (yo prefiero llamarlo “la adorable adolescencia”). Es una época de oportunidades, una época de crecimiento, un período de desarrollo marcado por la adquisición de conocimiento y la búsqueda de la verdad.

Nadie se atrevería a describir estos años como fáciles. Ciertamente, se están volviendo cada vez más difíciles; el mundo parece haberse zafado de sus amarras de seguridad e ir alejándose de su puerto de paz. El libertinaje, la inmoralidad, la pornografía y la fuerte influencia de aquellos que nos rodean hacen que muchas personas se vean lanzadas a un mar de pecado y aplastadas contra los afilados arrecifes de oportunidades perdidas, malogradas bendiciones y sueños destrozados.

Os preguntaréis ansiosamente: “¿Hay algún camino hacia la seguridad? ¿Puede alguien guiarme? ¿Existe una puerta de escape para la amenaza de destrucción?” La respuesta es un estruendoso ¡sí! El consejo que os doy es que busquéis el faro del Señor. No hay niebla que sea tan espesa, noche que sea tan oscura, tempestades tan furiosas, ni marinos tan perdidos que la luz de su faro no pueda iluminar, calmar y rescatar; ella nos guía a través de las tormentas de la vida; nos llama diciendo: Este es el camino a la seguridad, el sendero de regreso al hogar”. El faro del Señor envía señales que se reconocen fácilmente y que jamás fallan. Hay muchas de estas señales; indicaré tres y deseo que les prestéis atención, pues nuestra exaltación puede depender de ellas:

La oración nos brinda paz.

La fe precede al milagro.

La honestidad es el mejor plan de acción.

Hablemos por unos momentos de cada una de estas señales especiales.

Primero, la oración nos brinda paz. José oró; Jesús oró; todos conocemos el resultado de sus oraciones. Aquel a quien no pasa inadvertida la caída de un gorrión seguramente oye las dulces súplicas de nuestro corazón. Recordad la promesa:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Sant. 1:5.)

¡Qué maravillosa promesa! ¡Feliz de la joven que ora siempre a fin de ser librada de la tentación!

Muchas jóvenes adolescentes ‘han ido a hablar con el obispo o con sus padres y en medio de las lágrimas y la confusión han exclamado: “¡Tengo tantos problemas, tantas preocupaciones! Me siento apabullada. ¿Qué puedo hacer?” Quisiera ofrecer una sugerencia específica: Buscad la guía celestial día a día, a medida que se os presenten los problemas.

Metro a metro, la vida es muy dura;
mas centímetro a centímetro, es segura.

(Véase The Christian Reader’s Golden Treasury, Maxwell Drake, ed. Indianápolis: Drake House, 1955, pág. 312.)

A cada uno de nosotros le es posible atenerse a la verdad tan sólo por un día… y volver a hacer lo mismo al día siguiente. Este sistema funciona bien y podéis probarlo por experiencia propia. La ayuda que necesitáis quizás no os venga en la forma en que esperáis, pero llegará. Si recordamos que cada uno de nosotros es literalmente un hijo de Dios, no nos será difícil acercarnos a Él.

Quisiera hablaros de la hermana Hansen, una dedicada maestra de la clase de Laureles en una pequeña rama de misión, en Canadá. Constantemente oraba pidiendo inspiración, a fin de poder enseñar bien a las preciosas almas que tenía en su clase; particularmente oraba por Julia, quien había estado sometida a una fuerte tensión y a la tentación de alejarse del sendero de la verdad y seguir un desvío que la conduciría al pecado. Mediante la persuasión constante de sus compañeras de escuela, Julia había aceptado tomar por ese desvío. El plan ya estaba bosquejado: Asistiría a los ejercicios de apertura de la Mutual y se quedaría a la primera parte de la clase a fin de que marcaran su nombre en la lista como “presente”; entonces oiría el sonido de una bocina que le anunciaría que su amiga, acompañada de dos jóvenes, quienes eran mayores y más experimentados que ella, estaban esperándola; la jovencita saldría y así comenzaría una noche cuidadosamente preparada para el pecado. En esa forma se convertiría en una del grupo. Pero aquella noche antes de pasar la lista, la humilde y dedicada maestra anunció a la clase que había recibido ese mismo día un paquete, procedente de las oficinas principales de la Iglesia, el cual contenía varios ejemplares de un folleto escrito por el élder Mark E. Petersen; su tema era la castidad. Luego, la hermana Hanen agregó: “Me siento inspirada a dejar para otra semana la lección que correspondía a esta noche y quisiera más bien revisar con vosotras este extraordinario folleto. Cada una de nosotras leerá uno o dos párrafos en voz alta, a fin de que todas puedan participar”. Entonces, después de mirar a cada una de sus preciosas jóvenes, dijo: “Julia, ¿podrías empezar?” Julia miró el reloj; faltaban dos minutos para la hora en que había quedado de reunirse con sus amigos. Comenzó a leer; su corazón se conmovió, su conciencia se despertó y renovó su determinación. Apenas oyó a lo lejos el repetido resonar de la bocina; pero se quedó a toda la clase. La tentación de desviarse del camino de Dios había sido apartada; los propósitos de Satanás quedaron frustrados; un alma se había salvado, una oración había recibido su respuesta.

Por qué extraño medio, no lo sé,
Mas sé que Dios responde
A la oración de fe,
Puesto que la promesa Él nos da
De que toda oración ha de escuchar
Y, tarde o temprano, contestar.
Por eso cuando oro,
En paz puedo esperar.
No sé si el favor que he procurado
Vendrá en la forma En que lo he deseado.
Pero mi oración a El confío
Porque es más sabio,
Y su camino más justo que el mío;
Y sé que a mi ruego accederá
O algo mucho mejor aún
Me otorgará.

(Eliza M. Hickok, “Oración”, en The Best Loved Religious Poems, comp. por James Gilchrist, Nueva York, Fleming H. Revell Co., pág. 160.)

Segundo, la fe precede al milagro. Así ha sido siempre y así siempre será. Cuando a Noé se le mandó construir un arca, todavía no había empezado a llover; cuando José se arrodilló a orar en el bosque, todavía no había visto a los dos Personajes celestiales; cuando Abraham se preparó para sacrificar a su hijo Isaac, todavía no había a la vista una ofrenda que lo reemplazara. En todos estos casos primero vino la prueba de la fe, y luego el milagro.

Recordad que la fe y la duda no pueden existir en la mente al mismo tiempo, porque la una expulsará a la otra. Quitad de vuestra mente toda duda y cultivad la fe; luchad siempre por retener esa fe similar a la de los niños, que puede mover montañas y acercar el cielo a nosotros.

Este tabernáculo en el que hoy nos encontramos fue la escena de uno de esos milagros inspirados por la fe. Sucedió hace algunos años, durante una conferencia general. En la sesión en que yo debía hablar, mi atención se desviaba constantemente hacia una niñita rubia que se encontraba sentada en la primera fila del balcón que rodea el tabernáculo; cuanto más la miraba, menos indignado me sentía a presentar el mensaje que había preparado. Cuando me tocó hablar seguí la inspiración del momento y hablé sobre la fe de una niña del Estado de Louisiana, cuyo nombre era Christal Methvin. Mis palabras fueron especialmente dirigidas a la pequeña que se encontraba en el balcón. (Véase Liahona, febrero de 1976, págs. 11-13.)

Al volver a mi oficina encontré esperándome a aquella niña en compañía de su abuela. Su nombre era Misti White y vivía en el estado de California; y ésta es su propia historia: “Hasta ahora tenía un problema, hermano Monson, pero ya no lo tengo. Una persona a quien quiero mucho me había aconsejado esperar hasta que tuviera 18 años para ser bautizada; por otra parte, mi abuelita me decía que debía bautizarme ahora. Oré para saber que hacer y le dije a mi abuelita: ‘Llévame contigo a la conferencia; el Señor me ayudará’.” Así fue que asistieron a la conferencia y así fue cómo recibió la ayuda divina. Misti me tomó la mano y con entusiasmo exclamó: “Usted lo ayudó a Él a que respondiera a mi oración. Muchas gracias». Después de volver a California, la niña me envió una carta que conservo con afecto, la que terminaba con estas hermosas palabras: “Hermano Monson, me bauticé el 29 de noviembre. Ahora me siento muy feliz. Lo quiero mucho, Misti”. La fe precede al milagro.

Hace muchos años el salmista escribió:

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes.” (Salmos 118:84).)

Finalmente, recordemos que la honestidad es el mejor plan de acción.

Sed honestas con vuestros padres. Ellos no os guiarán erróneamente a propósito; no os llevarán hacia el camino del pecado, sino que más bien os dirigirán hacia la luz de la verdad. Una forma de ser honestas con vuestros padres es tener la habilidad de comunicaros con ellos. Evitad los silencios provocados por el enojo. Recordad que el tic-tac del reloj se hace más fuerte y las manecillas se mueven mucho más lentamente cuando la oscuridad de la noche lo cubre todo, la hora es avanzada y una amada hija todavía no ha regresado a la casa. Quizás en ese momento suene el teléfono y una voz diga: “Mamá, estamos bien, pero nos detuvimos a comer algo. No te preocupes; todo está bien. Pronto estaré en casa”.

Sed honestas con vosotras mismas. No os dejéis engañar; buscad lo mejor de la vida; tened siempre una perspectiva eterna. Que en vuestro futuro esté la imagen de un matrimonio en el templo; no puede haber escena tan dulce ni momento tan sagrado como el día especial de vuestra boda; es entonces cuando podéis tener una fugaz visión del gozo celestial. Estad alerta y no permitáis que la tentación os despoje de esta gran bendición.

En la encantadora obra musical titulada “Camelot”, cuando la trama se desarrolla y la reina Ginebra se deja deslumbrar por el caballero Lancelote, su esposo, el rey Arturo, le ruega (en realidad es un ruego que todos debemos escuchar): “No debemos permitir que nuestras pasiones destruyan nuestros sueños”.

Preciosas jovencitas, someted cada una de vuestras posibles decisiones a la prueba de estas preguntas: “¿Qué puede hacer esto por mí? ¿Qué consecuencias puede traerme?” Y no permitáis qué vuestras normas de conducta den énfasis a la pregunta, “¿Qué pensarán los demás?”, sino más bien a “¿Qué pensaré yo de mí misma?” Dejaos influenciar por la suave voz del Espíritu. Recordad a aquel que con autoridad colocó las manos sobre vuestra cabeza en el momento de vuestra confirmación y os dijo: “Recibe el Espíritu Santo”. Abrid vuestro corazón, vuestra misma alma al murmullo de esa voz especial que testifica de la verdad. Tal como prometió el profeta, Isaías: “. . . tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (Is. 30:21).

La tendencia que domina en nuestro tiempo es la del libertinaje. Una de las secciones más populares del suplemento dominical de uno de nuestros principales diarios muestra a los ídolos de la pantalla cinematográfica, a los atletas más conocidos —aquellos que muchos jóvenes anhelan imitar― mofándose de las leyes de Dios y justificando las prácticas pecaminosas, aparentemente sin consecuencias serias, ¡No los creáis! Llegará el momento del ajusté de cuentas, del balance del libro mayor; toda Cenicienta oirá las doce campanadas de la medianoche; a esto se le llama el Día del Juicio, o sea, el gran examen de la vida. ¿Estamos preparados para pasarlo? ¿Estamos complacidos con nuestra actuación?

Me gustan las palabras de Luisa May Alcott, autora del conocido libro Mujercitas, quien escribió:

No pido corona alguna,
Sitio la que todos hemos de ganar.
No aspiro a la conquista de la luna,
Sólo mi propia alma deseo conquistar.

(“Mi reino”, Masterpieces of Religious Verse, ed. por James Dalton. Nueva York, Harper and Brothers, 1948, pág. 274.)

La ayuda está a vuestro alcance. “. . .buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.” (D. y C. 109:7.)

El presidente Harold B. Lee regaló a cada una de sus hijas adolescentes un ejemplar de la combinación triple. En una de las dedicatorias escribió lo siguiente:

A mi amada hija,

Para que puedas tener una medida constante por la cual discernir entre la verdad y los errores de las filosofías humanas, y así progresar en espiritualidad a medida que mejora tu conocimiento, te regalo este libro sagrado para que lo leas frecuentemente y lo atesores durante toda tu vida.

Con amor, tu padre.

Otro tipo de ayuda podéis recibirla durante tu bendición patriarcal, la cual contiene capítulos del libro de vuestras posibilidades eternas. Leedla frecuentemente, estudiadla cuidadosamente, permitid que sus advertencias os guíen y vivid de tal modo que podáis merecer el cumplimiento de sus promesas. Si cualquiera de vosotras ha tropezado en su sendero, existe un camino de regreso; este proceso se llama arrepentimiento. Nuestro Salvador murió a fin de proveernos con este don maravilloso, y aunque el camino es difícil, la promesa es verdadera:

“. . . Si vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. . .” (Is. 1:18.)

“. .  .quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no más los tengo presente.” (D. y C. 58:42.)

La honestidad es el mejor plan de acción. Esta noche, al salir de este tabernáculo y de otros lugares en donde os encontráis reunidas, recordad que vuestro Padre Celestial os ama, que nosotros os amamos y nos enorgullecemos de vosotras, la mejor generación de mujeres jóvenes que ha adornado esta tierra. El escritor Tomás Wolfe, en un brillante tratado, indicó la posibilidad de revivir experiencias pasadas, diciendo: “No podéis volver al hogar”. Pero él no comprendía el Evangelio de Cristo. Nosotros sabemos y testificamos que en verdad podemos “volver al hogar”, a nuestro hogar en los cielos, el Reino Celestial de nuestro Padre. El faro del Señor nos dirige hacia la seguridad y el gozo eterno, mientras nos guía por medio de sus infalibles señales:

La oración nos brinda paz.
La fe precede al milagro.
La honestidad es el mejor plan de acción.

Entonces las tormentas de nuestra vida se calmarán, la turbulencia de nuestros tiempos se aquietará y nuestras almas serán salvas. De estas verdades os testifico y os dejo mi testimonio personal de que Dios nuestro Padre vive, que Jesús, su Hijo, es nuestro Salvador personal; y que somos guiados hoy por un Profeta de Dios. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Con el Espíritu todo es posible

Octubre de 1980
Con el Espíritu todo es posible
por Vira H. Judge

Una tarde, cuando tenía doce años de edad, Sam Eggers, de Santa Ana, California, se veía más bien meditabundo al regresar de la escuela. Luego de servirse una galletita del plato que su madre había puesto delante de él, dijo:

—Mamá, ¡tengo el mejor amigo que se podía esperar!

Donna Eggers, la madre, se sentó a su lado, le sirvió un vaso de leche y le dijo

—¡Cuánto me alegro! Cuéntame de él. ¿Cómo se llama?
—Mike Witte.
—¿Witte? ¿No era ese el apellido de los gemelos que iban a la misma escuela que tú hace algunos años?
—Si, mamá. Mike y Gary. Mike está en mi clase este año.

El rostro de Sam se puso más serio al comentar:

—Mamá, yo creo que Mike sería un buen mormón. ¿Te parece que podría invitarlo a ir a la Iglesia?
—¡Naturalmente!

Antes de que la madre pudiera decir una palabra más, Sam había salido de la cocina y ya estaba en camino a la casa de Mike, como si no pudiera perder un minuto más una vez que había tomado la decisión. La hermana Eggers sonrió: “Este muchacho ya tiene el afán de un misionero. ¡Será un buen misionero cuando llegue el momento!”

¡Cuando llegue el momento! ¿Cómo darse cuenta de que la misión de su hijo ya había comenzado?

―Sí, sí, iré contigo. ¿A qué hora? ¿Puedo llevar a Gary también?
―Sí, trae a Gary. Te estaré esperando en la esquina a las cinco. ¿Té parece bien?
―¿De la mañana o de la tarde?
—¡De la mañana! ―respondió Sam sin imaginar siquiera que Mike le creería.

Pero Mike tomó en serio la palabra de su amigo, y el domingo, a las cinco de la mañana, los mellizos estaban esperando en la esquina frente a su casa; esperaron mucho rato y finalmente se dieron por vencidos y se fueron a acostar. Seguir leyendo

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El despistado

Octubre de 1980
El despistado
por Cathleen Johns y Laird Roberts

Ha experimentado alguno de vosotros un real revés en ocasión de querer desesperadamente tener éxito? Si así ha sido, bien podréis comprender lo que le sucedió a Enrique.

El pequeño Enrique Marsh no podía ocultar su pasión por el fútbol, inclinación que a los doce años de edad parecía más intensa que nunca. Luego que el equipo de su colegio ganó el campeonato del estado en Texas y fue a participar en los juegos anuales contra los equipos campeones del vecino estado de Oklahoma, todo parecía ir muy bien; éste era un día sumamente importante para nuestro joven amigo.

Enrique permaneció en la banca de los suplentes observando cómo sus compañeros de equipo batallaban constantemente frente a la meta contraria. Casi al final del segundo tiempo, con el marcador empatado, recibió orden de ingresar al campo. Iba lleno de ánimo, a jugar contra el mundo entero. El equipo contrario se lanzó al ataque en tanto que la defensa del equipo de Enrique se agrupó rápidamente para poder controlar la situación. Uno de los zagueros se apoderó de la pelota y la pasó a Enrique, tomándolo por sorpresa total.

Este era el momento culminante de su corta carrera en el fútbol. Retumbando en sus oídos los gritos de la multitud, vaciló solamente un instante antes de empezar a correr a lo largo del campo tan rápidamente como le fuera posible. ¡No podía creerlo… entre él y el gol se interponía únicamente el portero! El público tampoco podía creerlo mientras lo observaba correr en dirección a su propia valla: ¡Iba a convertir un gol en contra! Afortunadamente el equipo de Oklahoma estaba bastante confundido al punto de que uno de sus jugadores se le interpuso antes de que llegara demasiado lejos. Enrique luchó denodadamente para defender la pelota. Súbitamente la gritería de la multitud cambió de tono en sus oídos… y comprendió lo que había sucedido. Si la humillación puede ser representada por un sonido, aquel era el indicado.

Han pasado varios años, y los gritos han llegado a ser parte del nombre de aquel jovencito que ahora le dicen “Enrique el despistado”.

Pero en la actualidad, recuerda los sonidos magníficos que se oían en el estadio olímpico de Montreal, Canadá, cuando estaba de pie junto al resto de los atletas representando a los Estados Unidos en las Olimpíadas de 1976.

La historia del ascenso de Enrique desde el equipo de fútbol de la escuela segundaría hasta la escuadra olímpica demuestra que no importa cuán grande haya sido el fracaso, sino que lo que importa es la altura a la que uno se eleva al hacer un nuevo intento. A los catorce corría dieciséis kilómetros diarios como parte de su entrenamiento. Después que su familia se trasladó a Hawaii, obtuvo el título de campeón del estado en carrera de obstáculos a campo traviesa. Pero no todo fue color de rosas para Enrique. En el transcurso de su primer año en la Universidad Brigham Young, no alcanzó el puntaje necesario para integrar el equipo de atletismo. Seguir leyendo

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Las decisiones determinan el destino

Las decisiones determinan el destino

Thomas S. Monsonpor el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce
Liahona Octubre 1980

La juventud de hoy se enfrenta a decisiones trascendentales. El mundo en el cual vivís no es un mundo de ilusión o de pasatiempos; es uno de constante lucha que requerirá lo mejor que podáis aportar y os recompensará siempre que deis de vosotros mismos los mejores esfuerzos.


Es importante recordar ésta verdad solemne: La obediencia a la ley de Dios acarreará libertad y vida eterna, en tanto que la desobediencia traerá cautividad y muerte.

Hace muchos años alguien dijo que la historia rueda sobre ruedas pequeñas, lo mismo que en la vida del hombre. Nuestra existencia gira en tomo a las decisiones que torneamos, ya que ellas son las que determinan el éxito o el fracaso futuro.

Las decisiones acarrean consecuencias eternas, por ejemplo, la decisión tomada por los moradores de la tierra en tiempos del profeta Noé, cuando se burlaron y rieron de este siervo de Dios porque construía un navío llamado arca. Pero dejaron de reír y sus gestos de burla también cesaron al comenzar la lluvia y ver que no paraba. Aquellos hombres habían tomado una decisión contraria a las instrucciones del profeta de Dios, y pagaron con sus vidas el precio de ella.

Pienso en la decisión de Lamán y Lemuel, cuando se les mandó buscar las planchas de Labán. ¿Qué nos cuenta el Libro de Mormón? Murmuraron diciendo: “Lo que se nos exige es cosa difícil” (véase 1 Nefi 3:5); decidieron no obedecer ese mandamiento… y perdieron la bendición. Pero Nefi, al recibir el mandamiento, contestó con aquella hermosa declaración: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” (1 Nefi 3:7), y así lo hizo. Recibió la codiciada recompensa producto de la obediencia.

Pensad en la decisión de un joven-cito de catorce años de edad que leyó que si alguien carecía de sabiduría debía pedirla a Dios, “que da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Tomo la decisión de poner a prueba la epístola de Santiago; y fue a la arboleda y oró. ¿Fue aquélla una pequeña decisión? No, fue una que afectó a toda la humanidad, particularmente a nosotros que somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Durante el siglo XIII fue tomada otra decisión importante cuando las hordas salieron de Mongolia, barrieron la parte del mundo que hoy conocemos como Turquía e Irán y luego entraron a Europa. Estaban a las puertas de la ciudad de Viena, y parecía que la Europa occidental y sus civilizaciones estaban condenadas en momentos en que aquel caudillo mongol, Subedei, se acercó allí, listo para guiar su caballería en la aniquilación de la cultura occidental. Pero sucedió algo. Un mensajero llegado de Mongolia trajo noticias de que el Gran Khan, Ogedei, había muerto. Subedei se enfrentó a la encrucijada de seguir adelante y conquistar Europa o regresar a Mongolia; y nunca más amenazó a la Europa occidental. Una pequeña decisión, pero ¡qué consecuencias tuvo! Seguir leyendo

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Hacedores de la palabra

Octubre de 1980
Hacedores de la palabra
por Darla Larsen Hanks

Margarita abrió los ojos con desgano al oír que el, bebé estaba llorando. Mal momento para estar con gripe, pensó al sentir que le dolían los músculos y que tenía la mente embotada. Su marido había salido en viaje de negocios, y ella sabía que sus dos hijos pequeños muy pronto reclamarían ser alimentados. Como era nueva en el pueblo, no tenía parientes o amigas a quienes recurrir para pedir ayuda; y además, carecía de teléfono.

Se levantó y, un poco temblorosa, se esforzó en preparar el desayuno para los niños; pero el esfuerzo que tuvo que hacer la hizo llorar. Cuando al fin pudo volver a acostarse, se sintió agradecida. Temblaba con los escalofríos producidos por la fiebre. Debido a que Martín, de dos años de edad, y Carlos, de uno, eran demasiado pequeños para comprender, no tardaron mucho en subirse a la Cama para jugar con ella.

A media mañana los problemas de Margarita habían aumentado; Carlos mostraba síntomas similares a los suyos y se mostraba inquieto e impertinente. A medida que la temperatura del pequeño ascendía, la madre más se desmoralizaba. ¿Cómo voy a cuidar a un niño enfermo, se preguntaba, si yo misma necesito cuidados? En el momento en que oyó que alguien llamaba a la puerta, sintió profundo alivio, pues pensó que si alguien se enteraba de su situación, ciertamente recibiría ofrecimiento de ayuda.

Llevando en brazos al bebé, se dirigió hacia la puerta mientras Martín se aferraba a su falda. La visitante era la hermana Corrales, una vecina y miembro activa del barrio. Esta hermana se había mostrado muy amable con ella en la reunión de la Sociedad de Socorro realizada la semana anterior.

― ¡Oh, hermana Corrales, cuánto me alegro de verla! -Las palabras de Margarita se agolpaban―. No me siento muy bien y me parece que Carlos está enfermo también.

― ¡Qué pena, querida! Lo lamento mucho- dijo la hermana Corrales; y prosiguió—. Solamente vine a solicitarle ayuda para mi clase de la Sociedad de Socorro la semana próxima. Como usted sabe, soy la maestra de Relaciones Sociales y me gustaría que leyera algo en la clase. Seguir leyendo

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El sacerdocio de preparación

Octubre de 1980
El sacerdocio de preparación
por Marvin K. Gardner

Cuando Wilford Woodruff siendo presbítero cumplía una misión regular en Arkansas y Tennessee en 1834, su vida fue preservada milagrosamente mediante el poder divino, y frecuentemente fue bendecido con la ministración de ángeles. Testificando posteriormente en cuanto a la magnitud del poder del Sacerdocio Aarónico dijo: “Un hombre no debe avergonzarse de ninguno de los oficios del sacerdocio. No hay ninguna diferencia en que sea un apóstol o un presbítero, siempre que honre el oficio que posee. El presbítero posee las llaves de la ministración de ángeles. En toda mi vida como apóstol, setenta y élder jamás tuve mayor protección del Señor que cuando era presbítero; Él también me reveló, por medio de visiones, revelaciones y la inspiración del Espíritu Santo, muchas de las cosas que me esperaban en el futuro.” (The discourses of Wilford Woodruff, ed. por G. Homer Durham. Salt Lake City, Bookcraft, 1946, págs. 298, 300.)

El Sacerdocio Aarónico, otorgado generalmente a jóvenes de doce a dieciocho años de edad, está en vigencia actualmente; la majestad del oficio y la dignidad de su poder permanecen inalteradas.

Capacitación en el sacerdocio
Cuando ejercen el poder del sacerdocio, los jóvenes efectúan un servicio importante en la Iglesia, pero posiblemente de mayor importancia resulte el hecho de que aprenden en cuanto al verdadero valor del poder que se les ha otorgado.

Por ejemplo, cuando Kenneth Miklya se convirtió al evangelio, el quorum de presbíteros del Primer Barrio de Saint Paul, Minnesota, se ocupó de todos los arreglos,, bajo la supervisión del obispo; un presbítero dirigió el servicio, otro presentó un mensaje espiritual apropiado y. un tercero efectuó el bautismo. En el transcurso de los meses siguientes Ken recibió el Sacerdocio Aarónico y fue ordenado diácono, maestro y presbítero; estas ordenaciones fueron efectivas por miembros del quorum.

Fue una experiencia muy significativa para todos los jóvenes’ que participaron en esas ordenanzas, dice el presidente Thomas A. Holt, de la Estaca de Saint Paul, Minnesota. Para ellos el sacerdocio llegó a ser una realidad. En el momento presente la mayoría de ellos están sirviendo en el campo misional.

Este sacerdocio también ayuda a los jóvenes a prepararse para recibir el Sacerdocio de Melquisedec. A los diáconos, maestros y presbíteros se les ofrece capacitación en cuanto a cualidades de liderazgo mientras van gozando de la oportunidad de servir. La Guía para el Quorum del Sacerdocio Aarónico, usada en sesiones de veinte o treinta minutos de duración durante las reuniones semanales de las presidencias de los quórumes, ofrece información muy útil en cuanto a temas como el de presidir un quorum, la delegación y verificación, la enseñanza y activación de miembros del quorum y la preparación de los jóvenes para ser misioneros.

¿Son eficaces estas sesiones de capacitación? Seguir leyendo

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Importancia del matrimonio celestial

Octubre de 1980
Importancia del matrimonio celestial
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. Kimball

Si no hay una fe común, en el camino surgirán problemas. Al casarse dos personas que tienen normas diferentes, formas distintas de encarar la vida y toda una formación dispar, se produce una situación muy difícil de resolver. Hay excepciones, pero en general tendrán grandes dincultades.

Quizá el matrimonio sea la más importante de todas las decisiones que el hombre debe tomar y la que tiene efectos de mayor proyección, pues no tiene que ver solamente con la felicidad inmediata, sino también con el gozo eterno; no afecta únicamente a los cónyuges sino también a sus familiares, particularmente a sus hijos y a los descendientes de sus hijos hasta las últimas generaciones.

Es muy importante preguntarse: “¿Con quién me casaré?” La respuesta adecuada a esta pregunta es la que acarrea la respuesta adecuada a muchas otras. Si os desposáis con la persona apropiada y lo hacéis en el lugar en que debe hacerse, entonces tendréis una probabilidad infinitamente mayor de felicidad eterna.

Por lo tanto, esta decisión no debe tomarse repentinamente, sin meditación y preparación; es algo que debe planearse durante toda la vida. Ciertamente, debe efectuarse el planeamiento más minucioso pensando, orando y ayunando, a fin de asegurarse de que entre todas las decisiones, precisamente ésta no sea la incorrecta.

En el matrimonio verdadero debe existir una unión de intenciones así como de sentimientos. No se debe permitir que sean las emociones que determinen enteramente cuáles han de ser las decisiones a tomar, sino que la mente y el corazón, fortalecidos por el ayuno, la oración y la consideración sincera, darán al individuo la posibilidad máxima de lograr la felicidad marital.

Casamiento de personas dé credos diferentes
He advertido a los jóvenes en cuanto a los riesgos de los casamientos entre personas de religiones diferentes y de los pesares y las desilusiones que provienen de casarse con alguien que no es miembro de la Iglesia. Pero de parte de los jóvenes parece existir una tendencia a formar su propia opinión y a alcanzar sus propias conclusiones para determinar lo bueno o lo malo de todas las cosas.

Nos interesa y preocupa que tantas personas de la Iglesia se casen mediante los oficios de jueces de paz, ministros de otras religiones u obispos, disponiendo como se dispone de templos de Dios que asegura que si hay rectitud, habrá felicidad eterna.

El hecho de que una joven elija a alguien que no puede entrar al templo, o que un joven prefiera a una señorita que no puede ir con él, demuestra muy poca visión; no podéis daros el lujo de enamoraros de alguien que tal vez nunca acepte el evangelio.

Sí, una minoría de los no miembros que se casan con los que lo son llega finalmente a bautizarse. Algunos hombres y mujeres buenos se han unido a la Iglesia después de casarse con miembros y han permanecido sumamente devotos y activos. ¡Dios los bendiga! Nos sentimos orgullosos y agradecidos por ellos; éstos son los que integran nuestra minoría bendita. Otros que no se unen a la Iglesia siguen siendo bondadosos, considerados y cooperativos, permitiendo que sus cónyuges practiquen la religión y sirvan en la Iglesia de acuerdo a las normas, ¡Dios los bendiga también! Seguir leyendo

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Hazlo

Septiembre de 1980
Hazlo
por el élder Robert L. Simpson
del Primer Quorum, de los Setenta

Robert L. SimpsonSobre el escritorio del presidente Kimball hay un cartelito con un lema que simplemente dice: «HAZLO». Para nuestro inspirado Profeta la conveniencia personal está en segundo lugar; todo lo hace para satisfacer la conveniencia del Señor. Su ejemplo en el trabajo ya es como una leyenda, estableciendo la pauta que nosotros debemos seguir.

Mientras me encontraba en una base aérea de Wyoming durante la Segunda Guerra Mundial, en la reunión sacramental de nuestra rama se anunció que se llevaría a cabo una conferencia de rama la semana siguiente con la posibilidad de que nuestro presidente de misión estuviese acompañado de una Autoridad General de Salt Lake City. Al llegar a la conferencia de rama el siguiente domingo por la mañana, nos presentaron a la autoridad visitante, un hombre a quien ninguno de nosotros había visto antes: era el élder Spencer W. Kimball, el miembro más nuevo del Consejo de los Doce, cumpliendo  con una de sus primeras asignaciones. Su forma de ser era agradable, y su testimonio no dejaba lugar a dudas; sin embargo, expresó preocupación porque aquel llamamiento tan importante había recaído sobre él. Luego, con confianza renovada, dijo: «Hermanos, no sé exactamente la razón por la que el Señor me ha llamado, pero cuento con un talento que puedo ofrecer. Mi padre me enseñó a trabajar; y si el Señor tiene necesidad de un trabajador, estoy disponible». ¡Sí, el señor necesitaba aquel trabajador! Necesitaba un buen trabajador que estuviese preparado para asumir una responsabilidad importante en una época crítica.

Esta es la época, y un profeta que sabe trabajar se encuentra señalando el camino. Mas un hecho es cierto: Esta obra de los últimos días requiere que miles de nosotros estemos dispuestos a seguir el paso y el ritmo del Profeta.

Un profeta que trabaja solo no puede hacer mucho. Cada dispensación ha tenido la imperiosa necesidad de discípulos trabajadores y aptos, y el presidente Kimball está llamando al más grandioso ejército de trabajadores en la historia de la Iglesia. Consideremos juntos estos tres objetivos como punto de partida en nuestra preparación para mantener el paso de nuestro Profeta:

Primero, debemos estar mejor informados en cuanto a la doctrina; segundo, debemos estar más dispuestos a HACER; y tercero, debemos ser más accesibles a los dones del Espíritu.

Un gran maestro dijo: «Aquel que no lee, no aventaja en nada al que no sabe leer». La ignorancia en el evangelio es casi inexcusable en esta época de ilustración y modernas técnicas didácticas, especialmente entre aquellos de nosotros que nos hemos comprometido en las aguas del bautismo y que ratificamos ese compromiso al participar semanalmente de la Santa Cena. Seguir leyendo

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El inmutable evangelio de dos Testamentos

Septiembre de 1980
El inmutable evangelio de dos Testamentos
por Ellis T. Rasmussen

Deberíamos considerar muy cuidadosamente las enseñanzas del Antiguo y el Nuevo Testamento, basándonos en el amor, nuestro amor por Dios y el de los unos por los otros

Hay quienes creen que el Antiguo Testamento enseña y pone de manifiesto algunos conceptos y éticas teológicas algo toscos. Este concepto puede parecer lógico para los que creen que las religiones son simplemente instituciones sociales, que se han desarrollado y evolucionado a través de los siglos. Pero para aquéllos que ven la religión como teología revelada y como un código de ética divino con verdades absolutas y conceptos que siguen siendo correctos o incorrectos a través de las eternidades, el evaluar el Antiguo Testamento bajo este concepto no es ni lógico ni aceptable.

Entre los personajes del Antiguo Testamento se encuentran «malos ejemplos», y están allí simplemente porque siempre han sido malos, de la misma manera que ha habido buenas personas y costumbres de las cuales tenemos buenos ejemplos. Los escritores de los registros bíblicos fueron en verdad muy francos acerca de la gente y sus hechos, hayan sido éstos buenos o malos. En un aspecto, estos registros son desalentadores, pero por otro lado, realzan la autenticidad de todo el informe bíblico. Los escritores relatan fielmente tanto los vicios como las virtudes de los héroes y los villanos, la gente del pueblo y los reyes, los profetas y sacerdotes.

En algunos casos, donde se ponen de manifiesto las malas acciones, los escritores señalaron de inmediato los nefastos resultados que sobrevinieron como consecuencia de que no se siguieron las vías del Señor. En otros casos, los resultados y reacciones se registraron meses o aun años más tarde, según éstos surgían a la ley. Naturalmente, los lectores que leen episodios por separado no siempre descubren que éstos tienen consecuencias posteriores. A veces ni los investigadores pueden seguir el hilo de los acontecimientos para determinar si el resultado de los hechos se explica o no más adelante; por consiguiente, es posible que ellos saquen deducciones erróneas. Seguir leyendo

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La Biblia y el papel que tuvo en la Restauración

Septiembre de 1980
La Biblia y el papel que tuvo en la Restauración
Robert J. Matthews

El profeta José Smith declaró que se “puede ver la propia escritura de Dios en el libro sagrado; y el que más a menudo lo lee, más se complace en él, y aquel que está familiarizado con él, reconocerá la mano dondequiera que la vea…”

Ciertamente, las revelaciones que contienen Doctrinas y Convenios son un fuerte testimonio de la veracidad y el valor de la Biblia.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha creído en la Biblia y afirmado que ésta contiene la palabra de Dios tal como la recibieron los antiguos profetas. El profeta José Smith declaró que se «puede ver la propia escritura de Dios en el libro sagrado; y el que más a menudo lo lee, más se complace en él, y aquel que está familiarizado con él, reconocerá la mano» (de Dios) «donde quiera que la vea… (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 61.)

José Smith también dijo que la Biblia no ha sido preservada con toda su pureza original: “Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente» (Artículo de Fe N° 8). La palabra traducida en la forma en que se usa aquí debe entenderse también como transmitida; o sea, que no solamente ha habido errores en la traducción de un idioma a otro, sino también en la transcripción de un texto de manuscrito ha manuscrito, aun en el mismo idioma. El texto de la Biblia ha sufrido en su mayor parte de omisiones; no se puede decir que sea erróneo sino que faltan muchas partes importantes, lo que, en consecuencia, hace que otras aparezcan confusas. José Smith explicó mejor esta idea cuando dijo:

«Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de sus escritores origínales. Los traductores ignorantes, los escribientes descuidados y Ios sacerdotes intrigantes y corruptos han cometido muchos errores.” (Enseñanza del profeta José Smith, pág. 404.)

En el Libro de Mormón se describe la Biblia como el registro de los judíos, y se hacen varias afirmaciones concernientes a ella: los profetas la escribieron por medio de la inspiración; en su versión original era mucho más fácil de comprender; a través de los siglos muchas partes sencillas y hermosas se han perdido. Fin este libro también aparecen profecías referentes a que las partes perdidas de la Biblia serían restauradas. Ciertamente, muchas de las “cosas claras y preciosas” se han dado a conocer nuevamente por medio de apariciones celestiales a José Smith, por la publicación del Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio, y mediante la traducción inspirada de la Biblia hecha por José Smith.

Es evidente que la restauración hizo mucho por lograr que la Biblia fuera comprensible y completa, y viceversa: ésta ha tenido un papel exclusivo e indispensable en la restauración, lo cual es particularmente obvio al restaurarse muchas doctrinas fundamentales del evangelio.

La Biblia y la Primera Visión
La historia de la restauración en sí misma comienza con una importante referencia a la Biblia: Seguir leyendo

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Un pueblo de Dios

Septiembre de 1980
Un pueblo de Dios
por Rodney Turner

«Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito» (Ex. 4:22)

La historia de Israel es la epopeya de todas las épocas, y su alcance es enorme; tuvo sus comienzos en la eternidad, se extiende a través de la vida terrenal y nuevamente hacia lo eterno. El Padre dividió su heredad terrenal entre sus hijos espirituales siempre teniendo presente a Israel:

«Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó.» (Deut. 32:8-9.)

Existe un gran plan para la humanidad e Israel es el centro de éste. En la misma forma en que Cristo (Jehová) es el primogénito de todos los hijos del Padre, Israel es la primogénita entre todas las naciones. A Moisés se le mandó que dijera a Faraón: «Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito» (Ex. 4:22).

En la misma forma en que Israel es la principal entre todas las naciones, así también Efraín lo es entre las Doce Tribus. En una conmovedora descripción del recogimiento de Israel en los últimos días, Jeremías profetizó:

«Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de agua, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito.» (Jer. 31:9.)

Cristo el Señor, Israel, Efraín. . . cada uno ha tenido la primogenitura dentro de su linaje.

Aunque Adán y los patriarcas del período antemeridiano indudablemente fueron israelitas en espíritu, en el sentido temporal la casa de Israel no tuvo sus principios hasta varios siglos después del diluvio. Abraham, descendiente de Sem, generalmente es reconocido como el padre de los Hebreos; él era uno de los «nobles y grandes» hijos de Dios preordinados para gobernar en la tierra con la majestad y el poder del Santo Sacerdocio. Abraham tenía unos 62 años cuando el Señor Dios le apareció durante su jornada en Haran: Seguir leyendo

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La perla de gran precio: un libro de escrituras exclusivo

Septiembre de 1980

La perla de gran precio: un libro de escrituras exclusivo

por James R. Harris
Profesor adjunto de escritura antigua en la Universidad de Brigham Young


¿Qué sabe usted de la Perla de Gran Precio? Pruebe su conocimiento de la más pequeña de nuestras obras canónicas respondiendo a las siguientes preguntas:

¿Verdad o falso?

  1. El Libro de Moisés y el capítulo 1 de José Smith son parte de la revisión inspirada que hizo José Smith de la Biblia.
  2. Algunas partes del Libro de Moisés son una restauración de material que falta de la Biblia, y otras partes son una revisión de un texto bíblico.
  3. Abraham tomó como modelo para sus registros el registro patriarcal.
  4. Se ha publicado solamente parte del Libro de Abraham.
  5. Satanás tentó a Moisés.
  6. Las sociedades (o combinaciones) secretas tuvieron su origen entre los pueblos de los que se habla en el Libro de Mormón.
  7. Hubo grandes y nobles espíritus que ayudaron a Cristo en la creación de este mundo.
  8. Al principio, Enoc se resistió al llamado para servir al Señor.
  9. La escritura más antigua que se conoce en esta tierra es el libro de registros de Adán.
  10. El evangelio le fue enseñado a Adán, el primer hombre, y él fue bautizado.
  11. Aunque ha habido muchas dispensaciones del evangelio, en La Perla de Gran Precio se hace referencia a siete dispensaciones importantes.

(Todos los puntos arriba mencionados son verdaderos, con excepción del número seis.)

  1. ¿Son el Libro de Moisés y el capítulo 1 de José Smith parte de la revisión inspirada que hizo José Smith de la Biblia?

El contenido del Libro de Mormón deja claramente establecido el hecho de que de la Biblia faltan muchas partes sencillas y hermosas (véase 1 Nefi 13:26, 28, 32). Pero, ¿habría una restauración del material bíblico perdido? (Véase 1 Nefi 13:34.)

En junio de 1830, José Smith y la Iglesia recién organizada habían sido objeto de gran persecución. A fin de fortalecer y sostener a los hermanos en aquella hora de tribulación, el Señor les dio* una revelación» a la que más tarde Orson Pratt llamó las Visiones de Moisés; esta revelación llegaría a causar un gran impacto en el desarrollo doctrinario de la Iglesia y surtió el efecto inmediato de fortalecer al Profeta y a sus amigos en medio de las pruebas y las aflicciones que tuvieron que soportar. En su diario el Profeta escribió el siguiente prefacio para esta revelación:

«Sin embargo, diré que en medio de todas las pruebas y tribulaciones por las que tuvimos que pasar, el Señor, que conocía muy bien nuestra nueva y frágil situación, nos otorgó una provisión de fortaleza y nos dispensó ‘línea tras línea… un poco aquí y un poco allí’ de conocimiento, del cual el capítulo 1:1-42 de Moisés fue una preciosa porción.» (History of the Church, vol. 1, pág. 98.)

Poco después de recibir esta revelación, José Smith comenzó un proyecto que ocuparía mucho de su tiempo, estudio y meditación durante los años siguientes; dicho proyecto consistía en hacer una revisión inspirada y completa de la Biblia. El Libro de Moisés es un extracto de la revisión que hizo el Profeta del capítulo 24 de Mateo. El Profeta fue preparando e imprimiendo gradualmente durante toda su vida los extractos del Libro de Moisés.

Extracto de la Revisión Inspirada de la Biblia Fecha de la primera impresión
Moisés 1:1-42 Enero de 1844
Moisés 2:1 a 5:59 Abril de 1833  (incompleto)
Moisés 6:1-42 Agosto de 1832
Moisés 6:43-68 Marzo de 1833
Moisés 7:1-69 Agosto de 1832
Moisés 8:1-30 Abril de 1833
  1. ¿Es el Libro de Moisés una revisión o una restauración del texto bíblico o ambas cosas?

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