El arrepentimiento, una bendición del ser miembro de la Iglesia

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
El arrepentimiento, una bendición del ser miembro de la Iglesia
Élder Richard G. Hinckley
De los Setenta

Richard G. HinckleyEl arrepentimiento… no es un principio cruel… Es benévolo y misericordioso.

Mis queridos hermanos, me siento tanto humilde como honrado al ocupar este puesto. Por razones obvias para ustedes, nunca me imaginé que recibiría este llamamiento. Hace un año, cuando fui sostenido, el presidente Hinckley le aclaró a toda la Iglesia que él no había tenido nada que ver con el proceso que resultó en mi llamamiento. Más tarde, le comenté que tal vez yo fuera la única Autoridad General en la historia de la Iglesia que contara con el sostenimiento de los miembros a pesar de que, ¡el profeta declinara toda responsabilidad al respecto!

Sin embargo, estoy agradecido por su voto de sostenimiento y dedico todo mi corazón a esta gran causa. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento por mi familia, por mi esposa y mis hijos, y por mis buenos padres. Mi madre falleció hace exactamente dos años, justo dos días después de la conferencia de abril. Ella era pequeña de estatura física; sin embargo, día a día me apoyo en ella. Su influencia permanecerá conmigo para siempre. No puedo atribuirle el debido reconocimiento por lo que diga, sino sólo por mi manera de vivir.

No sé qué podría decir de mi padre que no lo avergonzara, excepto que lo amo y que lo apoyo. Con el riesgo de llevar las cosas a un plano muy personal, diré que al verlo envejecer, mi mente se remonta a los días en que éramos niños, cuando él se acostaba en el suelo y luchaba y jugaba con nosotros, nos levantaba en sus brazos y nos abrazaba y nos hacía cosquillas o nos subía a la cama con mamá y con él cuando estábamos enfermos o teníamos miedo durante la noche. Los recuerdos que tengo de él serán siempre de risas y de amor, de constancia, de testimonio, de incesante trabajo arduo, de fe y fidelidad. Él es bondadoso y sabio, y me siento enormemente bendecido porque no sólo lo apoyo como mi profeta durante esta época de la vida terrenal, sino porque también lo reclamo como mi padre en esta vida y en la eternidad.

Hace varias semanas, se avivó mi curiosidad cuando al élder Douglas L. Callister, de los Setenta, se le pidió expresar una breve historia de su abuelo, LeGrand Richards en una reunión de quórum. Entre las cosas interesantes que mencionó estaba ésta: Cuando el élder Richards era un obispo joven, él visitaba a personas menos activas y, con valentía, las invitaba a hablar en la reunión sacramental sobre el tema: “Lo que significa para mí ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”. Sorprendentemente, varias respondían de forma positiva y esa experiencia las llevaba de nuevo al sendero de la actividad plena en la Iglesia. Seguir leyendo

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Nuestra nueva generación

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Nuestra nueva generación
Élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta

Ronald A. RasbandNuestra nueva generación merece que pongamos todo nuestro empeño en apoyarlos y fortalecerlos durante su trayectoria hacia la edad adulta.

Buenas tardes, mis queridos hermanos del sacerdocio. Esta noche, en todo el mundo, nos hallamos congregados más cerca de los templos del Señor que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Gracias a la amorosa bondad de nuestro Salvador al dirigir a Sus profetas, el pueblo del convenio del Señor cuenta con 122 templos a los que puede ir para recibir sus propias bendiciones y para efectuar ordenanzas vitales por sus antepasados ya fallecidos. ¡Y hay más templos que ya se han anunciado y que tendremos pronto! Gracias, presidente Hinckley, por su dirección inspirada en esta extraordinaria obra.

Durante los primeros tiempos de la época que cubre el Libro de Mormón, los miembros de la Iglesia también se congregaron cerca de un templo para recibir instrucción de su profeta y líder. Hacia el final de sus días, el rey Benjamín mandó a los padres que reuniera a sus familias, para aconsejarles y amonestarles. En Mosíah leemos:

“Y aconteció que cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia…

“…cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo, para que así se quedaran en sus tiendas y oyeran las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar” (Mosíah 2:5–6).

Me encanta el simbolismo de estos versículos. Si hablamos en sentido figurado, ¿están las puertas de nuestros hogares orientadas hacia los templos que tanto queremos? ¿Vamos al templo tan a menudo como nos es posible y demostramos así a nuestros hijos, por medio de nuestro ejemplo, la importancia de esos lugares tan sagrados y especiales?

Como se registra en el libro de Mosíah, las familias, por medio de su profeta, recibieron la palabra del Señor con entusiasmo y dedicación. Las personas se sintieron tan conmovidas por las enseñanzas del rey Benjamín, que hicieron un nuevo convenio de seguir al Señor Jesucristo.

Sin embargo, esa historia tiene un final triste. Más adelante, en Mosíah 26, nos enteramos de qué sucedió con los que eran niños pequeños en la época del sermón del rey Benjamín.

“Y aconteció que había muchos de los de la nueva generación que no pudieron entender las palabras del rey Benjamín, pues eran niños pequeños en la ocasión en que él habló a su pueblo; y no creían en la tradición de sus padres” (Mosíah 26:1). Seguir leyendo

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Ver el fin desde el principio

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Ver el fin desde el principio
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dieter F. UchtdorfSi confían en el Señor y le obedecen… Él les ayudará a alcanzar el gran potencial que ve en ustedes.

Mis queridos hermanos, me siento humilde y a la vez maravillosamente bien de estar con ustedes en esta reunión mundial de poseedores del sacerdocio. Les amo y les admiro. Es un honor formar parte de este grupo. Los saludo a ustedes que tienen la autoridad de actuar en el nombre de Dios y de efectuar las ordenanzas que son una fuente vital de fortaleza y energía eternas para el bienestar de la humanidad.

Hoy me dirijo a ustedes, maravillosos jóvenes que se preparan para ejercer una influencia positiva en el mundo, a ustedes que han sido ordenados al Sacerdocio Aarónico y a ustedes que ya han recibido el sagrado juramento y convenio del Sacerdocio de Melquisedec. El sacerdocio que poseen es una prodigiosa fuerza para el bien. Viven en una época de grandes desafíos y oportunidades. En calidad de hijos espirituales de padres celestiales, tienen la libertad de tomar las decisiones correctas, pero ello requiere una labor ardua, autodisciplina y una actitud optimista, lo cual les brindará gozo y libertad tanto ahora como en el futuro.

El Señor le dijo a Abraham: “Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano” (Abraham 2:8). Mis jóvenes amigos, hoy les digo que si confían en el Señor y le obedecen, Su mano estará sobre ustedes, Él les ayudará a alcanzar el gran potencial que ve en ustedes y les ayudará a ver el fin desde el principio.

Permítanme contarles una experiencia de mi niñez. Cuando tenía once años, mi familia tuvo que salir de Alemania del Este y comenzar una nueva vida de la noche a la mañana en Alemania del Oeste. Mientras mi padre lograba volver a ejercer su profesión como empleado de gobierno, mis padres operaron una pequeña lavandería en el pueblecito donde vivíamos, y yo era el encargado de entregar la ropa limpia. A fin de cumplir eficazmente con esa función, necesitaba una bicicleta para remolcar el pesado carrito con la ropa. Siempre había soñado con tener una bonita y lustrosa bicicleta deportiva roja, pero nunca había dinero suficiente para realizar ese sueño; lo que conseguí fue una bicicleta negra, durable y fea, pero resistente. Durante varios años hice las entregas de ropa limpia en esa bicicleta antes y después de la escuela. La mayor parte del tiempo, no me sentía muy orgulloso de mi bicicleta ni del carrito ni de mi trabajo. A veces el carrito se me hacía tan pesado y el trabajo tan agotador que pensaba que se me iban a reventar los pulmones, y muchas veces tenía que detenerme para recuperar el aliento. No obstante, ponía de mi parte porque sabía que, como familia, en verdad dependíamos de esos ingresos y ésa era mi manera de contribuir. Seguir leyendo

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Al tomar la Santa Cena

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Al tomar la Santa Cena
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom PerryEl participar de la Santa Cena nos brinda un momento sagrado en un lugar santo.

Hace uno o dos años tuve la ocasión de visitar el Instituto de Religión Logan Utah. Recientemente se renovó el edificio en el que se imparten las clases. Se me informó que cuando los obreros retiraron el viejo púlpito de la capilla, descubrieron unos estantes que habían quedado ocultos durante mucho tiempo. Al abrir la tapa, encontraron una bandeja de la Santa Cena. Parece que era bastante antigua, ya que los vasitos de la Santa Cena eran de vidrio. Me regalaron uno de esos vasitos, como pueden ver aquí, probablemente porque yo era la única persona lo suficientemente mayor como para recordar la época en que se usaban vasitos de vidrio.

Al ver este vasito, vinieron a mi mente agradables recuerdos. Los vasitos de vidrio para la Santa Cena se utilizaban en la época en que cumplí los doce años, un momento sumamente memorable de mi vida. Mi cumpleaños cayó en domingo. Durante años, había observado a los diáconos repartir la Santa Cena, y esperaba con anhelo el día en que tendría la bendición de recibir el Sacerdocio Aarónico y disfrutaría del mismo privilegio.

Cuando por fin llegó ese día, se me pidió que fuera a la Iglesia con antelación y me reuniera con el hermano Ambrose Call, segundo consejero del obispado de nuestro barrio. El hermano Call me invitó a acompañarlo a un salón de clases y me pidió que ofreciera una oración. Después abrió las Escrituras y me leyó la sección 13 de Doctrina y Convenios:

“Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud”.

El hermano Call me pidió entonces que comentara sobre esa sección. Mi explicación no debió ser lo suficientemente completa, por lo que el hermano Call se tomó el tiempo para explicarme lo que significa ser un poseedor del santo sacerdocio. El ser digno de poseer el sacerdocio me daba derecho a utilizar el poder que Dios delega a los hombres. Un poseedor del sacerdocio digno puede legítimamente llevar a cabo las ordenanzas que Dios ha prescrito para la salvación del género humano. Esa autoridad procede directamente del Salvador mismo, a lo largo de una línea continua de poseedores del sacerdocio. Seguir leyendo

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El don del albedrío

Conferencia General Abril 2006Liahona Mayo 2006
El don del albedrío
Élder Wolfgang H. Paul
De los Setenta

Wolfgang H. PaulSi obedecemos los mandamientos de nuestro Padre Celestial, nuestra fe aumentará, lograremos más sabiduría y fortaleza espiritual, y nos será más fácil tomar decisiones correctas.

Hace algún tiempo, mientras conducía, me detuve en un semáforo en rojo. El automóvil que estaba delante de mí tenía un pequeño cartel adhesivo que decía: “Hago lo que quiero”.

Me pregunto por qué alguien escogería poner algo así en su vehículo. ¿Qué mensaje quería comunicar? Quizás el conductor del auto deseaba expresar públicamente que al hacer lo que él quería había alcanzado una libertad plena. Al meditar sobre ello, me di cuenta de que nuestro mundo sería bastante caótico si todos hicieran lo que quisieran.

Es obvio que existe cierta confusión en nuestra sociedad acerca de ese tema. En los medios de comunicación, en los anuncios publicitarios, en el entretenimiento y en todos lados encontramos generalizada la idea de que cuando alguien hace lo que quiere, entonces disfruta de libertad y es feliz. Eso sugiere que el único criterio que debemos tomar en cuenta en nuestras decisiones es si algo nos agrada, si es divertido o si está de acuerdo con nuestros deseos personales.

Nuestro Padre Celestial nos ha dado un concepto mejor. Se trata de Su gran plan de felicidad, que nos da libertad y felicidad verdaderas. En el Libro de Mormón leemos:

“Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado. Seguir leyendo

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Su misión cambiará todo

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Su misión cambiará todo
Élder David F. Evans
De los Setenta

David F. EvansVengan y formen parte de la generación más grandiosa de misioneros que el mundo haya conocido.

Ha transcurrido un año desde que fui sostenido en la conferencia general. Estoy agradecido por este año que ha pasado y por todas las experiencias que he tenido. Amo al Señor y estoy muy agradecido por Su sacrificio y Su Evangelio. Amo al presidente Hinckley y lo sostengo como el profeta del Señor aquí en la tierra. Junto a los santos fieles de todas partes, testifico que en esta época tenemos profetas y apóstoles, y prometo dedicar mi vida a Su causa.

Hace algunos años entrevistaba a unos misioneros y durante todo el día cayó una tormenta de invierno mientras los misioneros entraban y salían. La tormenta se tornó de lluvia helada en nieve y de nuevo en lluvia. Algunos misioneros llegaban en tren desde ciudades cercanas y caminaban al centro de reuniones en medio de la tormenta; otros llegaban en bicicleta. Casi sin excepción, estaban alegres y contentos; eran los misioneros del Señor; tenían Su Espíritu y gozaban al estar en Su servicio a pesar de las circunstancias.

A medida que cada pareja de compañeros terminaba su entrevista, nunca olvidaré el verlos salir de nuevo en medio de la tormenta a predicar el Evangelio y hacer lo que el Señor les había mandado. Veía su responsabilidad y dedicación; podía sentir el amor que tenían por la gente y por el Señor. Al verlos alejarse, sentí un amor muy grande por ellos y por lo que hacían.

Más tarde esa noche, asistí a una reunión del sacerdocio en la misma ciudad. La tormenta seguía y ahora más bien era nieve. Durante el primer himno, el presidente de la rama más pequeña y más alejada, así como sus dos consejeros misioneros, el élder Warner y el élder Karpowitz, entraron en la capilla. Ante de sentarse, esos dos maravillosos misioneros se quitaron el sombrero y los guantes de invierno, sus abrigos y luego se quitaron un segundo abrigo de invierno y se sentaron. Al igual que los misioneros que había visto antes ese día, éstos eran felices a pesar de las condiciones del tiempo; sentían el Espíritu del Señor en su vida. Por medio del servicio en la causa del Señor sentían cierto amor, entusiasmo y gozo que son difíciles de describir.

Aquella noche, mientras observaba a esos fantásticos jóvenes misioneros, tuve una experiencia extraordinaria. En mi imaginación, veía a misioneros por toda la misión que salían en esa noche invernal. Algunos tocaban puertas y se enfrentaban al rechazo, mientras trataban de enseñar el Evangelio de Jesucristo; otros se encontraban en casas o apartamentos donde enseñaban a personas y a familias. A pesar de las circunstancias que tenían que enfrentar, se esforzaban al máximo por enseñar el Evangelio de Jesucristo a quienes quisieran escuchar, y estaban contentos. Entonces me llegó al corazón un sentimiento que no puedo explicar del todo. Seguir leyendo

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Para que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros

Conferencia General Abril de 2006

Para que siempre podamos tener
Su Espíritu con nosotros

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Debemos esforzarnos por percibir cuándo nos “[separamos] del Espíritu del Señor”…[y] estar atentos y aprender de las decisiones y de las influencias que nos separan del Espíritu Santo.


Hoy, voy a hablar en forma de recordatorio y de admonición a los que somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días. Ruego que la compañía del Espíritu Santo esté presente y que nos ayude, tanto a ustedes como a mí, al aprender juntos.

El bautismo por inmersión para la remisión de los pecados “es la ordenanza preliminar del Evangelio” de Jesucristo, y a ésta la deben preceder la fe en el Salvador y un arrepentimiento sincero y pleno. “[Después del] bautismo de agua… se debe recibir el don del Espíritu Santo a fin de que aquél sea completo (véase “Bautismo”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 23). Tal como el Salvador le enseñó a Nicodemo: “…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). En mi mensaje de esta tarde voy a concentrarme en el bautismo del Espíritu y en las bendiciones que se reciben por medio de la compañía del Espíritu Santo.

La ordenanza del bautismo y el convenio relacionado con ésta

Al bautizarnos, todos concertamos un convenio solemne con nuestro Padre Celestial. Un convenio es un acuerdo entre Dios y Sus hijos sobre la tierra, y es importante comprender que Dios determina las condiciones de todos los convenios del Evangelio. Ni ustedes ni yo decidimos la naturaleza ni los elementos de un convenio, sino que, al emplear nuestro albedrío moral, aceptamos los términos y los requisitos del convenio tal como nuestro Padre Celestial los ha establecido (véase “Convenio”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 38).

La ordenanza salvadora del bautismo la debe efectuar alguien que tenga la debida autoridad de Dios. Las condiciones fundamentales del convenio, en el que entramos en las aguas del bautismo, son las siguientes: testificamos que estábamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, que siempre lo recordaríamos, y que guardaríamos Sus mandamientos. La bendición que se nos promete al honrar ese convenio es que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros (véase D. y C. 20:77). En otras palabras, el bautismo por agua nos lleva a la oportunidad autorizada de tener la compañía constante del tercer miembro de la Trinidad.

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Cómo crear un hogar en el que se comparta el Evangelio

Conferencia General Abril de 2006

Cómo crear un hogar en el que se comparta el Evangelio

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tener un hogar en el que se comparte el Evangelio es la manera más fácil y eficaz de darlo a conocer.


Queridos hermanos y hermanas, hace sólo unas semanas me operaron para sustituirme ambas rodillas. Así es que decir que siento gratitud por encontrarme aquí de pie ante ustedes no son palabras dichas a la ligera. El período de recuperación me ha hecho recordar lo bendecidos que somos por saber acerca de la Expiación del Señor Jesucristo. Me siento abrumado al pensar en el dolor y el sufrimiento que Él padeció por nosotros en Getsemaní y en la cruz. Cómo fue capaz de soportarlo escapa a mi capacidad de comprensión; pero le doy las gracias por ello, y lo amo más profundamente de lo que las palabras me permiten expresar.

También estoy agradecido al presidente Hinckley por haberme dado el privilegio de acompañarlo al lugar donde nació el profeta José Smith. Gracias a José Smith, se nos ha dado mucho. Si no fuera por la Restauración, no conoceríamos la verdadera naturaleza de Dios, nuestro Padre Celestial, ni nuestra naturaleza divina como hijos Suyos; no comprenderíamos la naturaleza eterna de nuestra existencia ni sabríamos que la familia puede estar junta para siempre.

Tampoco seríamos conscientes de que Dios continúa comunicándose con Sus profetas en la actualidad, a partir de aquella maravillosa Primera Visión en la que el Padre y el Hijo aparecieron al profeta José Smith. Ni albergaríamos la tranquilizadora certeza de que en la actualidad nos guía un profeta, el presidente Gordon B. Hinckley.

Sin la Restauración, probablemente aceptaríamos la idea de que la totalidad de la palabra de Dios se encuentra en la Biblia. Aunque ésta es un valioso y extraordinario volumen de Escrituras, no sabríamos del Libro de Mormón ni de otras Escrituras de los últimos días cuyas verdades eternas nos ayudan a acercarnos a nuestro Padre Celestial y al Salvador.

Sin la restauración, no tendríamos las bendiciones de las ordenanzas del sacerdocio que son válidas en esta vida y en la eternidad; desconoceríamos las condiciones del arrepentimiento y no entenderíamos la realidad de la Resurrección. No tendríamos la compañía constante del Espíritu Santo.

Cuando comprendemos plenamente la gran bendición que es para nosotros el Evangelio de Jesucristo, cuando aceptamos y abrazamos estas verdades eternas y les permitimos penetrar profundamente en nuestro corazón y alma, experimentamos “un poderoso cambio” en el corazón (Alma 5:14), y somos llenos de amor y gratitud. Como escribió el profeta Alma, sentimos deseos de “cantar la canción del amor que redime” (Alma 5:26) para todos los que quieran escucharla. Seguir leyendo

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No recordaré más sus pecados

Conferencia General Abril 2006Liahona Mayo 2006
“No recordaré más sus pecados”
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

Boyd K. PackerMediante Su plan, aquellos que tropiezan y caen “no son… desechados para siempre”.

Mi mensaje trata de un padre y de un hijo. Alma, el padre, era un profeta; su hijo, Coriantón, un misionero.

Dos de los hijos de Alma —Shiblón y Coriantón, que era el menor— se encontraban en una misión a los zoramitas. Alma estaba muy decepcionado porque su hijo Coriantón no vivió de acuerdo con las normas de un misionero. Coriantón abandonó su ministerio y se fue a la tierra de Sirón tras la ramera Isabel (véase Alma 39:3).

“Pero no era excusa para ti, hijo mío. Tú debiste haber atendido al ministerio que se te confió” (Alma 39:4).

Alma le dijo a su hijo que el diablo le había desviado (véase Alma 39:11). La falta de castidad es más abominable “que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo” (Alma 39:5).

“Y ahora bien, hijo mío, quisiera Dios que no hubieses sido culpable de tan gran delito”. Y agregó: “No persistiría en hablar de tus delitos, para atormentar tu alma, si no fuera para tu bien.

“Mas he aquí, tú no puedes ocultar tus delitos de Dios” (Alma 39:7–8).

Mandó severamente a su hijo que aceptara el consejo de sus hermanos mayores (véase Alma 30:10).

Alma le dijo que su iniquidad era grande porque había alejado a los investigadores. “Al observar ellos tu conducta, no quisieron creer en mis palabras.

“Y ahora el Espíritu del Señor me dice: Manda a tus hijos que hagan lo bueno, no sea que desvíen el corazón de muchos hasta la destrucción. Por tanto, hijo mío, te mando, en el temor de Dios, que te abstengas de tus iniquidades” (Alma 39:11–12).

Tras esta severa reprimenda, Alma, el padre amoroso, se convirtió en Alma, el maestro. Él sabía que “La predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo, sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa” (Alma 31:5). De este modo le enseñó Alma a Coriantón.

Primero le habló de Cristo: “… hijo mío, quisiera decirte algo concerniente a la venida de Cristo. He aquí, te digo que él es el que ciertamente vendrá a quitar los pecados del mundo; sí, él viene para declarar a su pueblo las gratas nuevas de la salvación” (Alma 39:15). Seguir leyendo

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Leales a la fe

Conferencia General Abril de 2006
Leales a la fe
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tomemos la determinación ahora mismo de seguir el sendero estrecho que conduce al Padre de todos nosotros.

Hace muchos años, en una asignación en las bellas islas de Tonga, tuve el privilegio de visitar la escuela de la Iglesia, la escuela secundaria Liahona, donde a los jóvenes les enseñan maestros que tienen un vínculo común de fe, que imparten capacitación para la mente y preparación para la vida. En esa ocasión, al entrar en un aula, me di cuenta de que los alumnos escuchaban absortos a su instructor tongano. Tanto él en su escritorio como ellos en los pupitres tenían los libros cerrados. El maestro tenía en la mano un raro anzuelo hecho con una piedra redonda y con grandes caracolas. Aprendí que eso era un maka-feke, una trampa para pulpos. En Tonga, el pulpo es un exquisito manjar.

El maestro explicó que los pescadores de Tonga se deslizan sobre los arrecifes remando su canoa de balancines con una mano y oscilando el maka-feke con la otra. El pulpo sale de su guarida rocosa y se lanza sobre el cebo, confundiéndolo con un deseado manjar. Tan tenaz es el apretón de los tentáculos del pulpo y tan firme su instinto de no soltar la preciada presa, que los pescadores lo levantan y lo ponen directamente en la canoa.

Fue fácil para el maestro pasar de ahí a explicar a los anonadados jóvenes que el maligno, o sea, Satanás, ha creado maka-fekes, por así decirlo, para atrapar a las personas desprevenidas y apoderarse de su destino.

Hoy estamos rodeados de los maka-fekes que el maligno oscila ante nosotros y con los que intenta atraernos y luego atraparnos. Una vez que la persona los agarra, es sumamente difícil soltarlos, y a veces hasta casi imposible. Para protegernos, debemos reconocerlos por lo que son y después ser firmes en nuestra determinación de evitarlos.

Constantemente ante nosotros está el maka-feke de la inmoralidad. Casi en todo lo que vemos, hay quienes quieren hacernos creer que lo que antes se consideraba inmoral ahora es aceptable. Pienso en el pasaje de las Escrituras: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que ponen tinieblas por luz, y luz por tinieblas”. 1Tal es el maka-feke de la inmoralidad. En el Libro de Mormón se nos recuerda que la castidad y la virtud son preciadas sobre todas las cosas.

Cuando la tentación llega, recuerden el sabio consejo del apóstol Pablo, quien declaró: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” 2 .

El siguiente maka-feke que el maligno oscila ante nosotros es la pornografía. Quiere convencernos de que la pornografía no daña a nadie. Qué bien se aplica a esto el poema clásico de Alexander Pope, “Ensayo sobre el hombre”:

El vicio es un monstruo de horrible parecer,
Pues no hay más que verlo para detestarlo;
Sin embargo, de tanto contemplarlo puede suceder,
Que tras tolerarlo y compadecerlo, lleguemos a abrazarlo 3 .

Algunos publicistas e impresores prostituyen sus imprentas al imprimir millones de artículos de pornografía todos los días. No escatiman gastos a fin de crear un producto que por seguro se mirará una y otra vez. Hoy en día, uno de los medios más asequibles para ver pornografía es Internet, donde una persona puede encender una computadora e inmediatamente tener a su alcance innumerables sitios pornográficos. El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho: “Me temo que esto esté ocurriendo en el hogar de algunos de ustedes. Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. Llevará a un joven o a una joven directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrecen a sus víctimas” 4 . Seguir leyendo

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Como un niño

Conferencia General Abril de 2006
Como un niño
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro estado natural tiene que cambiar para volvernos como un niño y adquirir la fortaleza que debemos tener para estar seguros en los momentos de peligro moral.

Los profetas de Dios previeron los tiempos en los que vivimos. El apóstol Pablo le escribió a Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” 1 . Todo el que tenga ojos para ver las señales de los tiempos y oídos para oír las palabras de los profetas sabe que el peligro es enorme. El peligro proviene de las fuerzas del mal, las cuales se van incrementando, por lo que se va a volver más difícil, y no más fácil, guardar los convenios que debemos hacer para vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo.

Para los que nos inquietamos ante semejante futuro tanto para nosotros como para los que amamos —en nuestras familias, en nuestros quórumes y en nuestras clases— hay esperanza en la promesa que nos ha hecho el Señor de contar con un lugar seguro en medio de las tormentas que sobrevendrán. He aquí una descripción de ese lugar, la cual han leído ustedes en las Escrituras y la que han expuesto reiteradamente los profetas vivientes. Un padre cariñoso se lo dijo a sus hijos de la siguiente manera al intentar fortalecerlos ante las tempestades de la tentación:

“Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán” 2 .

Nunca ha sido más importante que ahora comprender la forma de edificar sobre ese fundamento seguro. Para mí, no hay mejor lugar donde buscar esa comprensión que en el último sermón del rey Benjamín, que se hace constar en el Libro de Mormón. La mayoría de nosotros hemos vuelto a leerlo hace poco y hemos reflexionado en él más de una vez. El rey Benjamín nos vio a nosotros y a nuestros descendientes, y supo por el poder profético lo que afrontamos. Él conocía por propia experiencia los terrores de la guerra, puesto que defendió a los de su pueblo en combate, confiando en el poder de Dios, y vio con nitidez los espantosos poderes de Lucifer para tentarnos y vencernos.

Fue un hombre admirable y santo, que sabía invitar a la gente a edificar sobre esa roca de seguridad al igual que todos los profetas del Señor. Seguir leyendo

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Un derramamiento de bendiciones

Conferencia General Abril de 2006
Un derramamiento de bendiciones
Julie B. Beck
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Todos los miembros fieles son igualmente bendecidos por el derramamiento de bendiciones que reciben mediante las ordenanzas del sacerdocio.

En Kirtland, cuando se confirieron las restantes llaves del sacerdocio, el Señor dijo: “…éste es el principio de la bendición que se derramará sobre la cabeza de los de mi pueblo” 1 . Estoy agradecida por el derramamiento de bendiciones que hemos recibido cada uno de nosotros mediante el sacerdocio de Dios. Por medio del poder del sacerdocio se creó este mundo y todo lo que hay en él, incluso a cada uno de nosotros. El sacerdocio está estrechamente relacionado con lo que somos y con lo que hemos sido 2 . Los hijos y las hijas de Dios tenemos responsabilidades y funciones exclusivas, y, por medio de las bendiciones del sacerdocio, se nos dan a todos participación, dones y bendiciones equivalentes.

El otoño pasado, la mayor de mis nietas fue bautizada y confirmada miembro de la Iglesia. Tras haber recibido el Espíritu Santo, se bendijo y se le dio un nombre a su hermanita menor. Al mes siguiente, se bendijo y se le dio un nombre a otra nueva nieta. Desde entonces, he pensado a menudo en los privilegios que tienen esas niñitas gracias a que el sacerdocio de Dios se ha restaurado.

Confío en que mis nietas y nietos crezcan conscientes de que no son ni nunca han sido tan sólo observadores del sacerdocio, pues las bendiciones de éste, que “están al alcance tanto de los hombres como de las mujeres” 3 , están estrechamente entrelazadas y relacionadas con ellos. Cada uno de ellos es bendecido por ordenanzas sagradas y podrá recibir las bendiciones de dones espirituales en virtud del sacerdocio.

Todos los miembros fieles de la Iglesia del Señor son igualmente bendecidos por las ordenanzas del sacerdocio. La primera ordenanza 4 que se recibe en la vida de un niño tiene lugar por lo general cuando, de bebé, se le da un nombre y se le bendice. Cuando los niños llegan a la edad de responsabilidad, son bautizados. No se efectúa un bautismo diferente para niños y niñas, sino que la misma ordenanza bautismal se lleva a cabo por una niña y por un niño, los que son bautizados en la misma pila bautismal. Cuando esos niños son confirmados y reciben el Espíritu Santo, se otorga el mismo poder a cada uno de ellos; se hacen merecedores de la ayuda de ese santo poder mediante su fidelidad y no de ninguna otra manera.

Los miembros de la Iglesia somos iguales ante el Señor cuando tomamos la Santa Cena. Por medio de nuestra fe en Jesucristo y del poder de Su expiación, que esa ordenanza hace posible, todos podemos arrepentirnos y llegar a ser mejores. Seguir leyendo

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Corazones tiernos y manos dispuestas a ayudar

Conferencia General Abril 2006
Corazones tiernos y manos dispuestas a ayudar
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

A cada uno de los que con un corazón tierno y con las manos dispuestas a ayudar han aliviado la carga de tantas personas, acepten mi más sincera gratitud.

Anoche, mi esposa y yo disfrutamos una cena de comida china. El mensaje que contenía mi galleta de la fortuna decía: “La tensión por la que está pasando pronto desaparecerá”. Es la pura verdad.

Cierto día, un grupo de hombres estaba conversando con el profeta José Smith cuando llegó la noticia de que se había incendiado la casa de un hermano pobre que vivía a cierta distancia del pueblo. Todos expresaron su pesar por lo sucedido. El Profeta prestó atención por un instante, luego “se metió la mano en el bolsillo, sacó cinco dólares y dijo: ‘Mi pena por lo que le sucedió a este hermano llega hasta cinco dólares. ¿A cuánto asciende la pena que sienten ustedes?’” 1 . La rapidez de la respuesta del profeta es significativa. El año pasado, millones de ustedes respondieron con sus medios, sus corazones tiernos y sus manos dispuestas para aliviar el pesar que padecían otras personas. Gracias por su extraordinaria generosidad.

La caridad hacia los demás siempre ha sido una característica fundamental de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El profeta Alma dijo:

“Deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras; sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo” 2 .

El Salvador nos pide “socorre[r] a los débiles, levanta[r] las manos caídas y fortalece[r] las rodillas debilitadas” 3 .

He presenciado directamente la dedicación de los Santos de los Últimos Días y de otras personas que no son de nuestra fe, que tienen corazones tiernos y manos dispuestas a ayudar, que “sobrelleva[n] los unos las cargas de los otros” 4 . Me ha conmovido profundamente el haber presenciado tan enorme destrucción y visitar a víctimas que no abrigan ninguna esperanza.

En años recientes, la Madre Naturaleza ha manifestado su venganza y supremacía de maneras poderosas y fuera de lo común. A finales de diciembre de 2004 se produjo un terrible terremoto en la costa de Indonesia que provocó un mortífero maremoto que acabó con la vida de miles de personas y destrozó la vida de los que quedaron atrás. Bajo la dirección de los líderes locales del sacerdocio y de los matrimonios misioneros, se movilizó ayuda de inmediato, brindando asistencia urgente a hospitales, organizaciones y comunidades en Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia.

En poco tiempo, varios miembros de la Iglesia viajaron a una de las zonas más afectadas: la región de Aceh, en el norte de Sumatra. La hermana Bertha Suranto, presidenta de las Mujeres Jóvenes de un distrito de Yakarta, Indonesia, y otros colaboradores, condujeron camiones cargados con los productos que tanto se necesitaban y que salvarían vidas y brindarían alivio a las personas que tanto habían perdido. Seguir leyendo

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Para actuar por nosotros mismos: El don y las bendiciones del albedrío

Conferencia General Abril 2006
Para actuar por nosotros mismos: El don y las bendiciones del albedrío
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El albedrío empleado de manera correcta permite que la luz disipe las tinieblas y que vivamos con dicha y felicidad.

Me siento agradecido por el testimonio de nuestro profeta, el presidente Gordon B. Hinckley. En nombre de todos los miembros del mundo, expreso mi gratitud por el hecho de que decidiera seguir la inspiración del Señor y nos pidiera que leyéramos el Libro de Mormón, pues hemos sido abundantemente bendecidos por su inspirado consejo.

Nuestro padre Lehi, el primer profeta que se menciona en el Libro de Mormón, también decidió seguir al Señor. A él se le mandó “[partir] para el desierto con su familia” 1 . A pesar de las duras condiciones del viaje y de las murmuraciones de sus hijos Lamán y Lemuel, Lehi condujo a su familia a una tierra de promisión; pero ésta no fue un lugar de paz. Cuando Lamán y Lemuel emplearon su albedrío para desobedecer al Señor, el corazón de Lehi “[estuvo] agobiado de pesar [por ellos]” 2 . Antes de morir, Lehi reunió a sus hijos, los bendijo y les dio consejos 3 . Alentó a sus hijos rebeldes a arrepentirse y a ser fieles: “Despertad, hijos míos… Sacudíos de las cadenas con las cuales estáis sujetos” 4 . A su hijo Jacob, un joven recto, le enseñó una última e importante lección.

Si pudiésemos legar a nuestros hijos y nietos una lección de suma importancia, ¿cuál sería? De todos los gloriosos principios del Evangelio, Lehi eligió enseñar a su hijo sobre el plan de salvación… y el don del albedrío.

Enseñó que “los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” 5 . Esta sagrada enseñanza comenzó en los cielos. Allí, en el Gran Concilio, nuestro Padre Celestial permitió que prosiguiera el don del albedrío a fin de probarnos aquí en la vida terrenal “para ver si [haríamos] todas las cosas que el Señor [nuestro] Dios [nos] mandare” 6 .

Pero Satanás se opuso a Dios y a Su plan, diciendo: “Redimiré a todo el género humano… dame, pues, tu honra” 7 . “Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado… hice que fuese echado abajo” 8 . “Y muchos lo siguieron ese día” 9 . De hecho, “la tercera parte de las huestes del cielo” 10 se valió de su albedrío para rechazar el plan de Dios.

Ustedes y yo nos encontrábamos entre los que emplearon el albedrío para aceptar el plan de nuestro Padre Celestial para venir a la tierra, tener una vida terrenal y progresar. “Clamamos de gozo… por tener la oportunidad de venir a la tierra para recibir un cuerpo, [pues sabíamos] que, mediante nuestra fidelidad, podríamos llegar a ser como nuestro padre, Dios” 11 . Seguir leyendo

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Sigamos un curso firme

Enero de 2005
Sigamos un curso firme
por el presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. HinckleyLos días mencionados por nuestros antepasados ya han llegado para aquellos que vivimos en los albores del siglo XXI. Éstos son los días del cumplimiento de las profecías; y yo, junto con ustedes, agradezco el ser parte de esta obra vibrante y maravillosa que está cambiando para bien la vida de muchas personas de tantas partes del mundo.

Ese progreso no se debe a los hombres, sino a la manifestación del poder de Dios, y espero que nunca nos jactemos ni nos vanagloriemos de ello. Ruego que siempre seamos humildes y agradecidos.

Los frutos de la Primera Visión
Esta obra comenzó con una manifestación sumamente notable cuando el Padre y el Hijo se le aparecieron al joven José Smith una mañana de primavera de 1820. Todo lo bueno que encontramos en la Iglesia actualmente es fruto de aquella visión extraordinaria, un testimonio de la cual ha llegado al corazón de millones de personas de muchos países. Agrego mi propio testimonio, el cual se me ha concedido por medio del Espíritu, de que lo que el Profeta describió de ese acontecimiento maravilloso es verdad, que Dios, el Padre Eterno, y el Señor Jesucristo resucitado hablaron con él en aquella ocasión, y mantuvieron una conversación tan real, tan personal y tan íntima como la que él describió. Elevo mi voz para testificar que José Smith fue un profeta y que la obra que él sacó a luz es la obra de Dios.

Con el tiempo he ido apreciando cada vez más un resumen que uno de los colaboradores del Profeta realizó sobre la obra de José Smith y una declaración de nuestra obligación de continuarla. Las palabras, de belleza poética, fueron redactadas por el élder Parley P. Pratt, del Quórum de los Doce Apóstoles, en 1845, apenas un año después de la muerte de José:

“Él ha organizado el Reino de Dios, y nosotros extenderemos sus dominios.

“Él ha restaurado la plenitud del Evangelio, y nosotros lo llevaremos a todas partes…

“Él ha encendido el alba de un día de gloria, y nosotros lo llevaremos a su máximo esplendor.

“Él era ‘apenas uno’ y ha pasado a ser mil, y nosotros somos pocos y pasaremos a ser una nación fuerte.

“En resumen, él cortó la piedra… y nosotros la haremos un gran monte que llenará toda la tierra”1.

Estamos presenciando el cumplimiento gradual de ese sueño, y espero que nos conservemos fieles a ese deber sagrado que tenemos de edificar este reino. Nuestros esfuerzos no se verán libres del pesar ni de las demoras; debemos esperar padecer una oposición enconada y hábil. Seguir leyendo

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