La historia de la locura de un profeta

La historia de la locura de un profeta
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieQuisiera contaros la historia de un hombre, que en algunos aspectos me un gran Profeta, pero que “amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad”, en una forma sumamente extraña y particular; sus acciones (que incluyeron grandes y verídicas profecías), fueron descritas por otro Profeta en otro tiempo, como “locura” (véase 2 Pedro 2:15-16).

Esta es una historia verdadera, una historia trágica, que deja una gran lección para todos los miembros de la Iglesia; una historia de alguien qué vio a Dios, recibió revelación, y se enfrentó a un ángel destructor, en cuya mano se encontraba la espada de la venganza. Además, relata una forma en que el Señor envió su mensaje al Profeta, y que, según lo que sabemos, jamás se ha repetido en toda la historia del mundo.

Al examinar los acontecimientos de la época, sería bueno que buscáramos respuestas a estas preguntas: ¿Por qué permitió el Señor (¿lo permitió?) que sucedieran todas aquellas cosas extrañas? ¿Qué es “el premio de la maldad”? ¿Y cómo podría un profeta que procurara tal cosa, ser digno de recibir el Espíritu de Dios (Números 24:2), y proclamar grandes verdades, incluyendo una de las más maravillosas profecías mesiánicas? Pero lo que es más importante aún: ¿cuál es la lección que se espera que aprendamos de la entremezcla del bien y del mal, en la conducta mostrada por aquel antiguo representante del Señor?

Volvamos ahora a la historia tratando de encontrar, con amplitud de criterio, la lección que nos enseña. Y al hacerlo, os pido que recordéis que todo lo que he citado hasta ahora o citaré de aquí en adelante, puesto entre comillas, ha sido copiado de la Biblia, con excepción de una instancia en la cual me he valido de un pasaje de revelación de los últimos días.

La referida historia tuvo lugar en las llanuras de Moab, cerca de Jericó; la época era el año 1451 a. de J.C., los principales protagonistas fueron Balac, Rey de los moabitas, y Balaam, un Profeta de la tierra de Madián. Los ejércitos de Israel con millones de soldados, acababan de devastar la tierra de los amorreos y se encontraban acampados en las proximidades de Moab; esto llenó de ansiedad y temor los corazones de la gente de Moab y de Balac, su Rey. ¿Serían ellos también vencidos y asesinados por aquellos soldados de Jehová?

Balac mandó entonces a los ancianos y los príncipes de su nación a ver a Balaam, “con las dádivas de adivinación en su mano” (Núm. 22:7), a fin de contratarlo para que fuera y maldijera a Israel. En el nombre de su Rey le dijeron:

“Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí.

Ven, pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizás yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pero yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.” (Núm.’22:5-6.)

Ansioso por tener las riquezas que le habían ofrecido, Balaam los invitó a reposar con él aquella noche, mientras él le preguntaba al Señor y buscaba su permiso para maldecir a Israel. Esa noche “vino Dios a Balaam” y le dijo: “No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es” (Núm. 22:9, 12).

A la mañana siguiente, Balaam dijo a los príncipes de Balac:

“Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros.” (Núm. 22:13.)

Al saber esto Balac envió otros príncipes más nobles y más honorables que los primeros, y esto es lo que sucedió:

“.. .los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí;

porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo. Seguir leyendo

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Nuestra primordial obligación

Nuestra primordial obligación
por el presidente David O. McKay

David O. McKay“Porque ¿qué aprovechará al hombre”, dijo el Señor, “si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mat. 16:26.)

La primera pregunta que hizo el Salvador después de su bautismo en el río Jordán, se encuentra registrada en Juan 1:38, y dice: “¿Qué buscáis?”. En Mateo 16:24-26, también se refiere al impulsó dominante que motiva todas las acciones del hombre en su vida diaria. Si una persona busca fortuna, honores mundanos, placeres, y todo lo demás que la riqueza y la fama pueden otorgar, pero descuida el desarrollo de las riquezas eternas de su alma, ¿qué provecho sacará de ello? En esta forma, el Señor hace una comparación simple, pero magnífica, de las posesiones materiales y las espirituales.

En el Sermón del Monte, amonestó a sus oyentes a buscar “primeramente el reino de Dios y su Justicia”, diciéndoles: “y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33). Por lo tanto, el primordial propósito de la vida debe ser procurar el establecimiento del reino de Dios y el avance de Su justicia.

Muchos estadistas y educadores, en discursos públicos y en artículos impresos, se refieren con frecuencia a lo que ellos consideran una aparente pobreza espiritual de nuestra época, mencionando la necesidad que existe de normas morales y éticas más elevadas.

Los Santos de los Últimos Días siempre deben recordar que tienen como tales, dos obligaciones primordiales: 1) Poner en orden sus hogares, y mantenerlos en esa forma. 2) Proclamar la divinidad de Jesucristo y la necesidad de Sus enseñanzas para la salvación de la familia humana.

Juan Enrique Pestalozzi, conocido pedagogo suizo que vivió entre los años 1746 y 1827, dedicándose a mejorar la educación de los niños pobres, dijo:

“Los goces del hogar son los más exquisitos lujos terrenales que podamos obtener; y el gozo que encuentran los padres en sus hijos, es el más sagrado que pueda experimentar el ser humano, porque hace que su corazón sea puro y bueno y lo eleva hacia su Padre que está en los cielos.” Seguir leyendo

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La importancia de «tener tiempo» en el matrimonio

Noviembre de 1979
La importancia de «tener tiempo» en el matrimonio
por el Dr. Lindsay R. Curtis

Un amigo mío, importante hombre de negocios, me confesó el principal secreto de su éxito como persona… y éste no tenía nada que ver con su habilidad de negociante. Él lo descubrió un día al sonar el teléfono, en momentos en que estaba muy ocupado ayudando a un cliente, mientras otro esperaba su tumo.

—Es su esposa, señor —le anunció la secretaria.

—Hola, mi amor —dijo la voz en el tubo—. ¿Cómo estás?

—Estoy muy bien, querida, pero terriblemente ocupado. ¿Tienes algún problema? ¿Para qué me llamaste? —replicó él con impaciencia no disimulada.

Hubo una pequeña pausa, y luego la voz volvió a oírse, pero con un dejo de tristeza.

—No… no es nada. Sólo necesitaba oírte por un momento. Perdóname por molestarte cuando estás tan ocupado.

Mi amigo quiere mucho a su mujer, más que a nadie en el mundo, pero hasta ese momento no había pensado en que ella se quedaba en la casa todo el día, sola con cuatro niñitos menores de cinco años, rodeada por su constante parlotear, sus peleas, sus ruidosos juegos y su continua dependencia de la madre. Ella también estaba ocupada… además de nerviosa. Prudentemente, decidió disculparse por su falta de cortesía, le dijo lo mucho que la amaba, le aseguró que estaba encantado de oír su voz en cualquier momento, y la invitó para salir esa noche.

¿Cuál fue su descubrimiento? Veámoslo en sus propias palabras:

Puesto que mi esposa es para mí la persona más importante del mundo, por supuesto, debe tener prioridad en el uso de mi tiempo. Desde que he aprendido a dedicárselo, es más feliz; yo también lo soy, y así ambos estamos mejor preparados para cumplir con nuestras responsabilidades.

A través de mi propia experiencia, me he dado cuenta de que los hombres que tienen su tiempo muy ocupado deben aprender la lección que aprendió mi amigo, o sufrir las consecuencias. Como médico obstétrico, paso todo mi tiempo trabajando con mujeres y muchas de ellas me han hablado de lo que sienten con respecto a la forma en que sus maridos hacen uso del tiempo. Una de éstas, casada con un hombre que tiene gran éxito en los negocios, al igual que mi amigo, me dijo: Seguir leyendo

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La ciencia y el conocimiento de Dios

La ciencia y el conocimiento de Dios
por Henry Eyring

Este artículo es un resumen de un discurso dado por el Dr. Henry Eyring, distinguido Profesor de Química de la Universidad de Utah, y ex presidente de la Asociación para el Progreso de la Ciencia.

Para mí, el evangelio se basa en el principio del análisis. El Señor nos dijo que pusiéramos a prueba sus palabras, para saber si su doctrina era verdadera:

“…si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7:17.)

Y la ciencia, por supuesto también está basada en el mismo principio: está basada en el experimento, el análisis, la verificación, etc. Este método hace que la ciencia sea lo que es. Esta similitud entre el evangelio y la ciencia hace posible que una persona pueda ser a la vez científico y Santo de los Últimos Días.

Es por eso que no me sentí molesto cuando alguien me dijo:

— Henry, ¿ves aquel hombre? Es un desecho humano a pesar de que es un miembro de la Iglesia mormona.

Le di la razón, pero agregué:

— ¿Te imaginas cómo sería si no fuera por el evangelio?

Puede que el evangelio no haga cambiar totalmente a una persona, pero cualquiera que lo ponga en práctica llegará a ser mejor. Yo lo he hecho y he comprobado que esto es verdad.

Pienso que debemos contar con que la religión esté acompañada de revelaciones de Dios; no puedo apartarme de la idea de que existe una guía divina, un Dios que siente compasión por nosotros, nos ama y puede comunicarse con sus hijos. Seguir leyendo

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Defendamos nuestros principios

Octubre de 1979
Defendamos nuestros principios
por Terry J. Moyer

Juan tomó la hoja con la lista de los materiales que debía estudiar, y rápidamente garrapateó en la parte de atrás los detalles de la asignación que había recibido: artículo de 3 páginas para entregar el cinco, sobre la escases mundial de alimentos y el aumento de población; usar la lista de los materiales que debemos leer.

En ese momento sonó la campana y el joven se dirigió por el pasillo hacia el comedor. Una vez que el grupo de estudiantes mormones que acostumbraban almorzar juntos, se hubieron sentado en sus lugares de siempre en el comedor, Juan les preguntó:

— ¿Les dio hoy el señor Pereira a ustedes también un trabajo sobre el aumento de población y la escases mundial de alimentos?

De la conversación que tuvieron surgió el hecho de que no solamente la clase de Sociología de Juan había recibido esa asignación, sino que también la había recibido Camila en su clase de Economía, y Julia en su clase de Historia.

— Yo creo que hemos tenido que hacer un trabajo similar por lo menos dos veces por año en los últimos tres años, ya sea de un maestro u otro —agregó Luisa—. Si no es sobre el aumento de población, es sobre el aborto o sobre la escases de alimentos.

Julia expresó sus protestas de la siguiente manera:

— Y el material que nos dan para estudiar deja bien sentado que se espera que lleguemos a estas conclusiones: “El mundo está superpoblado. No se deben tener familias grandes. Se necesita del aborto para controlar el aumento de la población mundial. No tenemos suficientes alimentos”. ¡Pero yo no creo en todo eso!

— Quizás estemos interpretando mal la intención de los profesores—dijo Juan—. Pienso que el señor Pereira y los otros maestros nos dan deberes para hacer sobre estos temas, porque son asuntos que realmente nos preocupan; y muchos de ellos están de acuerdo con lo que la Iglesia nos enseña.

— Sí, tal vez tengas razón Juan —respondió Luisa—. Pero, ¿cómo debemos hacer estos deberes cuando la opinión del profesor no es igual a lo que la Iglesia nos enseña?

La conversación de estos jóvenes nos presenta algunos problemas sumamente interesantes. Frecuentemente, la opinión de los profesores será totalmente distinta de lo que enseña la Iglesia, de las declaraciones de los líderes de la Iglesia, y de las Escrituras. (Las declaraciones de la Iglesia sobre el aborto, el control de la natalidad y otros asuntos de interés general, usualmente están a disposición de los miembros por medio del obispo o del maestro de seminario.)

— ¿Por qué no vamos a hablar con el señor Martins? —Propuso Juan—. Él ha sido profesor aquí por muchos años, y además ha sido obispo y maestro de seminario.

El obispo Martins los escuchó atentamente y luego les dijo: Seguir leyendo

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El propósito de la oración

El propósito de la oración
por William G. Dyer

Un día en que mi madre se encontraba de visita en nuestra casa, y toda la familia se preparaba para salir de paseo, sucedió un pequeño desastre: en el momento de salir no podíamos encontrar las llaves del auto. Los padres, todos los niños y la abuela buscamos por todas partes, pero las llaves no se encontraban y pensamos con desmayo que probablemente tendríamos que quedarnos en casa. Fue entonces cuando mi madre se disculpó por un momento y se fue a su dormitorio. A los pocos minutos, uno de los niños encontró repentinamente las llaves… que habían caído debajo de una alfombra, quedando allí escondidas.

Cuando nos dirigíamos felices a nuestro paseo, uno de los niños le preguntó a la abuela:

— Abuela, ¿por qué te fuiste a tu dormitorio en lugar de ayudar a buscar las llaves?

La respuesta de la abuela penetró lentamente en las atentas mentes de los cinco niños que la escuchaban:

— Como sabía muy bien lo desilusionados que estarían toaos si no podíamos ir a nuestro paseo, me aparté para orar a fin de que pudiéramos encontrarlas. Yo sabía que después de eso las encontraríamos.

Algún tiempo después ocurrió otra pequeña crisis familiar. Mi hija adolescente perdió ambos lentes de contacto; afligida, sólo podía acusarse diciendo:

— ¡Cómo pude ser tan estúpida!

El silencio de los demás de la familia le dio a entender que todos estaban más o menos de acuerdo con ella. Nuevamente, todos nos embarcamos en la tarea de buscar los lentes de contacto perdidos. Mientras yo mismo me encontraba en dicha búsqueda, pasé frente al cuarto de mi hija; la puerta estaba entreabierta, y pude verla arrodillada junto a su cama y oír sus suplicantes palabras rogando al Padre Celestial que “por favor, por favor”, nos ayudara a encontrar los lentes. Aunque todos buscamos cuidadosamente durante horas, y aun a pesar de nuestros mejores esfuerzos, aquellos anteojos nunca aparecieron. Mi hija se encontraba perpleja y más tarde me dijo:

—Después de orar, yo estaba segura de que encontraría mis lentes de contacto; recordaba el día en que la oración de abuela nos ayudó a encontrar las llaves del auto. Pero no los encontramos y no puedo comprender por qué.

Esta jovencita se encontraba luchando con uno de los grandes problemas a los que se enfrentan muchas personas: ¿Es verdad que el Señor realmente oye y contesta nuestras oraciones? A veces parecería que recibimos respuesta a nuestras oraciones, pero otras veces parecería que son totalmente ignoradas. En otras ocasiones, por causa de experiencias como las que tuvimos con las llaves del auto y los lentes de contacto, nos hacemos preguntas como: ¿Contesta el Señor las oraciones de las abuelas y no las de los adolescentes? ¿Tienen algunas personas más influencia sobre el Señor que otras? ¿O es que acaso el encontrar las llaves o lentes de contacto es mera casualidad, sin que Él tenga nada que ver con ello? Seguir leyendo

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La nobleza del trabajo

La nobleza del trabajo
por el presidente Heber J. Grant

Heber J. GrantLa historia de su vida está llena de valiosas lecciones que los padres pueden usar para enseñar a sus hijos importantes virtudes. En el artículo siguiente, escrito para la revista Improvement Era en 1899, el presidente Grant nos relata algunas de ellas.

Siempre me he esforzado por inculcar en los jóvenes la idea de que es indispensable que trabajen hasta lo máximo de su capacidad, y que mientras lo hacen jamás se sientan desalentados por nada de lo que les espera. Alguien ha dicho:

“Nada hay que sea tan inapropiado para un joven que aquella modestia que lo hace imaginar que no es capaz de realizar grandes cosas; dicha modestia es una debilidad del alma, que la incapacita para dar lo mejor de sí misma. Hay que reconocer el genio superior y el mérito de algunas personas, que están convencidas de que nada es imposible para ellas.”

“Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo.” (1 Crónicas 22:16.)

“En la vida diaria realizar la tarea que nos depara el día es de primordial sabiduría.

Aquel que pierde riquezas, pierde mucho; el que pierde amigos, pierde aún más; pero aquel que pierde su espíritu, lo ha perdido todo.” (Miguel de Cervantes.)

Lord Bulwer Lytton, novelista inglés y autor del libro Los últimos días de Pompeya, escribió:

“¡Sueña, oh juventud! Sueña virtuosa y noblemente, y tus sueños se convertirán en profecías.”

Si las personas pudieran memorizar las citas anteriores y hacer que los sentimientos expresados en ellas se conviertan en las normas de su vida, esta acción sería de tremendo valor para ellas.

En la batalla de la vida no he encontrado nada que sea más valioso para mí, que llevar a cabo los deberes del día de la mejor forma posible de acuerdo con mis habilidades; y bien sé que cuando los jóvenes hacen esto, se preparan mejor para las labores del mañana…

En mi juventud, mientras todavía asistía a la escuela, un día me mostraron un hombre y me dijeron que trabajaba como tenedor de libros para un gran banco en Salt Lake City, y que se decía de él que recibía un salario de 150 dólares por mes. Recuerdo que después de hacer los cálculos saqué la conclusión de que ganaba 6 dólares por día, no trabajándolos domingos, lo cual me pareció una enorme cantidad de dinero; aunque entonces todavía no había leído las inspiradoras palabras de Bulwer Lytton que he citado anteriormente, empecé a soñar con llegar a ser tenedor de libros y trabajar para la misma compañía que trabajaba aquel hombre; inmediatamente me inscribí en una clase de contaduría en la Universidad Deseret, con la esperanza de que algún día pudiera llegar a ganar lo que en aquel momento me parecía un extraordinario salario. Quisiera citar otra excelente frase de Lytton: Seguir leyendo

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Una religión práctica

Liahona Octubre de 1979

Una religión práctica

N. Eldon Tannerpor el presidente N. Eldon Tanner

En el curso de mi vida a menudo se me ha preguntado: “¿Qué tiene su Iglesia, que hace que ustedes hagan cualquier cosa que se les pida y vayan a dondequiera que los envíen, sean cuales sean sus intereses personales o económicos?”

Al responder a esta pregunta siempre he dado mi testimonio de que la obra de la Iglesia es divina, que está dirigida por Jesucristo, y que no habría ninguna obra más importante en la cual pudiera encontrarme embarcado, ni ninguna tan recompensadora. Muy a menudo se me ha respondido: “Desearía poder decir lo mismo acerca de mi religión”. Entonces he tratado de explicar a mi interlocutor cómo puede lograr un conocimiento de que este evangelio es verdadero, y que es el camino hacia la salvación y la vida eterna.

¿Qué tiene esta religión que la hace tan atractiva a los ojos de todo aquel investigador de corazón honrado? ¿Por qué está la Iglesia creciendo tan rápidamente y obteniendo tantos conversos en todo el mundo? Permitidme citar algunas de las razones.

El principal objetivo de la mayoría de las personas es encontrar la felicidad y una paz interior que puedan ayudarles a lograr lo máximo de esta vida, y a enfrentar los problemas y las pruebas por las que todos tenemos que pasar. Como dicen algunos filósofos, lo que realmente importa no es lo que nos suceda, sino la forma en que nos enfrentamos a esos sucesos. Es en esto que la religión tiene un importante papel en nuestra vida.

En el principio, cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio ciertas instrucciones o mandamientos, y en esencia les dijo que su felicidad dependería de su obediencia a esos mandamientos. En estos últimos días Él nos ha repetido casi la misma cosa cuando dijo:

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.” (D. y C. 82:10.)

Es por medio de la religión, o sea el evangelio, que podemos aprender los mandamientos, lo que Dios quiere de nosotros y lo que Él nos tiene reservado. Yo desafío a cualquiera a que encuentre en el Evangelio de Jesucristo, el más mínimo detalle que no esté destinado a hacernos felices y prósperos, amados y respetados, bondadosos y considerados con nuestros semejantes, buenos ciudadanos y miembros útiles de la comunidad. Cuando no tenemos estos atributos, no podemos culpar por ello al evangelio, sino a las personas que no están viviendo como debieran.

El Evangelio de Jesucristo enseña que el hombre es eterno, que vivió como un espíritu antes de venir a la tierra, y que después de la muerte será resucitado y morará en un lugar que ha de determinarse de acuerdo con la forma en que haya guardado su estado mortal (véase Abraham 3:26). Cada persona puede decidir por sí misma si desea vivir con Dios para siempre, o si se verá eternamente privado de Su presencia.

Uno de los principios del evangelio es que la familia continuará para siempre como una unidad eterna. Cuando existe verdadero amor entre marido y mujer, es sumamente reconfortante saber que por medio de una ordenanza especial, llevada a cabo en el Santo Templo, ambos pueden ser sellados por esta vida y por toda la eternidad, y que los hijos nacidos de esta unión estarán con ellos para siempre. ¡Qué conocimiento tan glorioso! Seguir leyendo

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Seguid a vuestros líderes

Seguid a vuestros líderes

Boyd K. Packerpor el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

23 de marzo de 1965. Discurso pronunciado en la Universidad de Brigham Young.

Os ruego que por un momento adoptéis una actitud similar a la de esos apóstoles, olvidéis nuestra tendencia humana a rechazar consejos y os hagáis estas preguntas: ¿Necesito mejorar mi manera de ser?… ¿Seré yo uno de ésos, Señor?

En estas pocas palabras puedo expresar por entero mi discurso: Seguid el consejo de vuestros líderes. Esa es la amonestación más importante que puedo daros, y a continuación trataré de ilustrar y desarrollar este tema.

En el capítulo 26, versículo 21 de Mateo, leemos: ‘

“Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.”

Podemos sacar una enseñanza de la reacción de los apóstoles ante esta afirmación de Jesús. Siempre me pareció interesante el hecho de que esos hombres no se codearan los unos a los otros y susurraran: “Estoy seguro de que será Judas. ¿Se han dado cuenta de su extraña actuación, últimamente?” Recordemos que aquéllos eran nada menos que Apóstoles del Señor Jesucristo. Y, sin embargo:

“Entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?” (Mat. 26:22.)

Os ruego que por un momento adoptéis una actitud similar a la de esos apóstoles, olvidéis nuestra tendencia humana a rechazar consejos y os hagáis estas preguntas: ¿Necesito mejorar mi manera de ser? ¿Tomaré este consejo en serio y lo pondré en práctica? Si hay alguien que mostrando debilidad de carácter, no esté dispuesto a obedecer a sus líderes, ¿seré yo uno de ésos, Señor?

En. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no hay un clero profesional, como encontramos en otras iglesias. Y aún más importante que esto, en nuestra Iglesia no hay miembros legos; todos los hombres pueden ser ordenados al sacerdocio y llevar a cabo la obra del ministerio; y tanto hombres como mujeres, pueden trabajar en las organizaciones auxiliares. Se otorga a los miembros esta responsabilidad sin tener en cuenta a qué clase social pertenecen; y ella va acompañada de autoridad. La validez de esta autoridad no depende de que los hombres quieran reconocerla o apoyarla, sino de que Dios la reconozca como Suya.

El quinto Artículo de Fe dice:

“Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.”

En este Artículo de Fe encontramos evidencia de la verdad del evangelio. Quiero referirme a la palabra “debe”: “Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios…” Como sabéis, nosotros no usamos comúnmente esa palabra en la Iglesia. Creo que ningún presidente de estaca ha recibido nunca instrucciones de las Autoridades Generales diciéndole: “Por la presente le comunicamos que debe hacer tal o cual cosa”. Por lo contrario, pienso que los comunicados son más o menos así: “Después de considerarlo, le sugerimos que…”

Desgraciadamente, muchos lo leen como está escrito, pero luego actúan como si dijera: “Creemos que en algunas ocasiones, no siempre, actuamos guiados por la inspiración cuando hacemos un llamamiento, un cargo; quizás para los cargos más importantes en la Iglesia. Sin embargo, la mayoría de las veces nos basamos en los procesos naturales de la razón”. Esta actitud parece prevalecer sobre todo en los que se complacen en buscar las debilidades de los líderes de la Iglesia, al ver que éstos son también humanos. Muchas veces, cuando éstos dirigen los asuntos de la Iglesia en forma impropia, estas personas lo toman como evidencia de que la naturaleza humana predomina incluso en los asuntos de Dios.

Otros están dispuestos a sostener a algunos de los dirigentes de la Iglesia, mientras critican y dudan de otros.

Dónde empieza la lealtad
Algunos pensamos que si fuéramos llamados a ocupar un puesto importante en la Iglesia, con valentía daríamos un paso adelante y con lealtad nos dedicaríamos por entero al servicio de Dios. Seguir leyendo

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Sin riesgo no hay progreso

Septiembre de 1979
Sin riesgo no hay progreso
por el élder Royden G. Derrick
del Primer Quorum de los Setenta

Royden G. DerrickEl pintor que hubiera conseguido reproducir los colores del paisaje ese día, lo habríamos llamado exagerado. Los brillantes tonos de amarillo, marrón y el gris de las sierras, haciendo contraste con el azul de las montañas distantes, formaban una escena que sólo la naturaleza puede pintar.

Yo estaba al borde de un gran precipicio, y el lugar sobre el que estaba parado era de roca arenisca blanca. Era extraño lo descolorido que se veía el terreno que estaba pisando, cuando la misma piedra a la distancia lucía hermosísima. Así también es la vida, pensé.

Miré hacia abajo y vi el rio Colorado como una diminuta serpiente entre las montañas; sentí que me mareaba y retrocedí por miedo de perder el equilibrio. Frente a mí y mirando más arriba, vi la otra montaña que estaría a unos 180 metros de distancia. Al darme cuenta de lo lejos que estábamos de la civilización me dije sobrecogido: ¡Para qué nos habremos comprometido!

Habíamos firmado un contrato por el que nos hacíamos responsables de construir la base de acero sobre la cual se haría un puente en la garganta del río Colorado; íbamos a emprender el proyecto sin experiencia alguna, solamente basados en los diseños y computaciones de nuestros ingenieros. Lo último que hubiera hecho en esas circunstancias hubiera sido expresar mis dudas en voz alta; mi actitud tenía que ser positiva. Todos, los planes se vendrían abajo si yo, el director de la empresa, demostrara cobardía o poco sentido común en nuestro proyecto de explorar nuevos horizontes.

Era un momento decisivo para los que habíamos trabajado tanto para ganamos una buena reputación como compañía. ¡No podíamos volvernos atrás! Este pensamiento ayudó a disipar mi temor: Si el hombre nunca se arriesgara a buscar nuevos horizontes, el mundo no progresaría.

¿Cómo emprender la tarea de tender un puente a través de semejante abismo? Primero extendimos una cuerda fina de un lado al otro del río; usamos ésta para tirar de una más gruesa y luego de otra de mayor grosor; y seguimos este proceso sustituyendo las cuerdas, con cables cada vez más fuertes hasta que tuvimos un cable de acero de 76 milímetros de espesor cruzando el abismo, sostenido por torres altísimas a cada lado. Ese cable se usaba para llevar las piezas de acero a sus respectivos lugares en la estructura; algunas pesaban alrededor de 30 toneladas. Seguir leyendo

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Siempre hay algo que aprender

Septiembre de 1979
Siempre hay algo que aprender
por Marion D. Hanks
de la Presidencia del Primer Quorum de los Setenta

Marion D. HanksLa historia nos relata el caso de una desconocida mujer soltera, ya entrada en años, que porfiaba en que ella nunca había tenido una oportunidad de aprender nada. Así se lo dijo, refunfuñando, al doctor Louis Agassiz, eminente naturalista, al terminar éste de dar una conferencia en Londres. A esa queja, él le contestó:

— ¿Dice usted que la vida nunca le ha presentado oportunidad de aprender nada? Dígame, ¿qué ocupación tiene usted?
— Soy soltera y ayudo a mi hermana, que administra una casa de huéspedes.
— ¿Qué labores realiza usted? —le preguntó él.
— Pelo patatas y corto cebollas.
— ¿Podría decirme dónde se sienta usted mientras lleva a cabo esas tareas domésticas?
— Al pie de la escalera, en la cocina.
— Y, ¿dónde apoya usted los pies?
— En la baldosa.
— ¿De qué está hecha la baldosa?
— No lo sé, señor,
— ¿Cuánto tiempo lleva usted trabajando en ese mismo sitio? —inquirió él.
— Quince años— le contestó la moza.
— Señorita, tenga usted mi tarjeta de visita, y mi dirección —le dijo el doctor Agassiz—. ¿Tendría usted la bondad de enviarme, por escrito, todo lo que averigüe con respecto a la elaboración de la baldosa?

Ella tomó el asunto con absoluta seriedad. Se fue a casa y al llegar allí, fue directamente a buscar la definición de la palabra en un diccionario: descubrió que era una porción de barro fino y cocido. Pero como esa definición le pareció demasiado sencilla para enviarla al doctor Agassiz, después de lavar la vajilla, encaminó sus pasos a la biblioteca, y allí buscó una enciclopedia, en la cual leyó más acerca del tema. Al hacerlo, fue encontrando nuevas palabras que ella ignoraba, pero la definición de las cuales se dio el trabajo de buscar. Después, visitó los museos. Y así, fue saliendo del sótano de su vida hacia un mundo nuevo, en las alas de la investigación. De tal modo se fue interesando en esa materia, que llegó a entrar en el terreno de la geología, dedicándose de lleno al estudio más profundo de ese campo, hasta llegar a la época en que Dios creó la tierra. Una tarde, fue a una fábrica de ladrillos y baldosas, donde averiguó de la historia de más de 120 clases diferentes de ellos, y la razón por la cual debían fabricarse tantos. Hecho todo eso, se dio a la tarea de escribir sobre el tema de la elaboración de la baldosa y los ladrillos, llenando treinta y seis páginas. Seguir leyendo

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Línea por Línea

Septiembre de 1979
Línea por Línea
por James B. Alien

La historia de la Iglesia revela cómo el Señor siempre ha dado más conocimiento y comprensión a su pueblo.

El 21 de enero de 1836, por la noche, la Primera Presidencia de la Iglesia y su Patriarca, Joseph Smith (el padre), estaban teniendo una reunión especial en un cuarto del Templo de Kirtland a la luz de los candelabros. De pronto los cielos fueron abiertos y vieron visiones magníficas. El profeta José Smith vio el reino celestial, y entre los habitantes del mismo vio a su hermano Alvin, que hacía ya bastante tiempo que había muerto. Esto lo sorprendió.

“… y me maravillé de que (Alvin) hubiese recibido una herencia en ese reino, en vista de que había salido de esta vida antes que el Señor hubiera extendido su mano para juntar a Israel por segunda vez, y no había sido bautizado para la remisión de pecados.” (Perla de Gran Precio, Visión del reino celestial 1:6.)

Aun para José Smith era un nuevo concepto el que las personas que hubieran muerto sin el bautismo autorizado, pudieran cosechar en el mundo venidero las mismas bendiciones que merecían aquellos que eran miembros de la Iglesia restaurada. Pero la Iglesia estaba por recibir aún más información sobre esto; y mientras el Profeta se maravillaba ante lo que estaba viendo, la voz del Señor llegó hasta él diciendo:

“Todos los que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido quedarse, serán herederos del reino celestial de Dios; pues yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según los deseos de su corazón.” (Visión del reino celestial, 1:7-9.)

Muchos años después, otro Profeta, el presidente Joseph F. Smith, estaba meditando sobre las escrituras relativas a la expiación. En ese entonces la Iglesia entendía bien el principio de la salvación de los muertos, pero aún faltaba cierta información en cuanto a la misión que había cumplido el Salvador seguidamente de su muerte, en el mundo de los espíritus. El presidente Smith se había preguntado cómo podía ser que el Señor hubiera predicado a iodos los espíritus encarcelados en tan poco tiempo.

“Mientras reflexionaba, mis ojos fueron abiertos y se vivificó mi entendimiento, y percibí que el Señor no fue en persona entre los inicuos y los desobedientes que habían rechazado la verdad…

Mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos… ” (Perla de Gran Precio, Visión de la redención de los muertos, 1:29-30.) Seguir leyendo

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Doctrinas y Convemos: La voz del Señor

Septiembre de 1979
Doctrinas y Convemos: La voz del Señor
por el élder Neal A. Maxwell
de la Presidencia del Primer Quorum de los Setenta

Neal A. MaxwellSi se preguntara cuál de los libros de Escrituras provee la mejor oportunidad de “escuchar” la palabra del Señor, la mayoría de las personas pensarían en primer término en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es una maravillosa recopilación de hechos y de muchas de las doctrinas del Mesías. Pero en realidad, en el libro de Doctrinas y Convenios es donde encontramos un verdadero tesoro de verdades que provienen directamente del Señor Jesucristo. Podríamos decir que casi “le oímos hablar”.

No podríamos leer palabras como las que se encuentran en la siguiente revelación, manifestada en el año 1831, sin sentir profundamente la majestad y el poder del Señor:

“Así dice el Señor vuestro Dios, aun Jesucristo, el Gran Yo Soy, Alfa y Omega, el principio y el fin, el mismo que contempló la ancha extensión de la eternidad y todas las huestes seráficas del cielo, antes de que el mundo fuese;

El mismo que conoce todas las cosas, porque las cosas están presentes ante mis ojos.

Soy el mismo que hablé, y el mundo fue hecho, y todas las cosas se hicieron por mí.

Soy el mismo que he llevado la Sión de Enoc a mi propio seno; y de cierto, aun a cuantos han creído en mi nombre, porque soy Cristo, y en mi propio nombre, en virtud de la sangre que he derramado, he abogado ante el Padre por ellos.” (D. y C. 38:1-4.)

A partir de las primeras líneas de Doctrinas y Convenios, comprobamos la manifestación de Jesucristo, un Dios preocupado, aun cuando omnipotente, quien habla a “todos los hombres»:

“Escuchad, oh pueblo de mi Iglesia, «ice la voz de aquel que mora en las alturas, cuyos ojos ven a todos los hombres; sí, de cierto os digo: Escuchad, vosotros, pueblos lejanos; y vosotros, los que estáis sobre las islas del mar, escuchad juntamente.” (D. y C. 1:1.)

El Señor continúa entonces hablando y declara que “no hay quien escape… la voz de amonestación irá a todo pueblo por las bocas de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días” (D. y C. 1:2, 4).

A partir de la primera palabra del libro, escuchad, hasta el último escuchad que se encuentra en los versículos finales, comprobamos la existencia de un Dios razonable quien concluye con:

“Ahora pues, escuchad vosotros, oh pueblo de mi Iglesia, y vosotros, los élderes, escuchad unánimes; habéis recibido mi reino.

Sed diligentes en guardar todos mis mandamientos, no sea que os sobrevengan juicios, y os falte vuestra fe, y triunfen sobre vosotros vuestros enemigos. Así pues, no hay más por ahora. Amén y Amén.” (D. y C. 136:41-42.) Seguir leyendo

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La obediencia  a los mandamientos

Septiembre de 1979
La obediencia  a los mandamientos
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia.

N. Eldon TannerY todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en sus ombligos, y médula en sus huesos;

Y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimientos, aun tesoros escondidos;

Y correrán sin cansarse, y no desfallecerán al andar.

Y yo, el Señor, les hago una promesa, que el ángel destructor pasará de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matará. Amén.” (D. y C. 89:18-21.)

Esta es una de las promesas más completas que nos ha dado el Señor, ¿hay alguien que no quiera recibir esas grandes bendiciones? Con frecuencia pensamos que esta promesa está relacionada directamente con la Palabra de Sabiduría, pero notad que el Señor dice: “rindiendo obediencia a los mandamientos”, y estas palabras incluyen todos los mandamientos.

Algunos pueden decir que esto es exigir demasiado. No obstante, si nos detenemos a pensar en los galardones que se reciben por la obediencia, y en los castigos que sufrimos por la desobediencia, no hay nadie que pueda decir que preferiría sufrir aflicciones en lugar de gozar de la felicidad. Me temo que con demasiada frecuencia desobedecemos y buscamos satisfacer nuestros deseos y placeres mundanos, porque pensamos que podemos escapar del juicio y los castigos que muchas veces no recibimos inmediatamente; y así nos olvidamos de las grandes bendiciones y promesas que podríamos recibir si fuéramos obedientes.

Es muy importante que nos preparemos para las cosas que nos sobrevendrán en el transcurso de la vida. Debemos esperar el futuro con optimismo y confianza. No vamos a ganar nada si nos quedamos cavilando penosamente en el pasado o en las cosas que podríamos haber hecho y no hicimos; debemos, más bien, decidirnos a corregir nuestros errores de ahora en adelante, arrepentimos y avanzar con la determinación de rendir obediencia a los mandamientos. Estos sólo pueden hacernos personas más felices, más amadas y respetadas y ayudamos a tener éxito en cualquier tipo de empresa que iniciemos. Seguir leyendo

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Los justos no deben temer

Febrero de 1979
Los justos no deben temer
por el presidente Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonMis queridos hermanos, con humildad y gratitud me presento ante vosotros; humilde por esta responsabilidad, pero agradecido de poder estar aquí y disfrutar de vuestro exquisito espíritu.

Es un privilegio estar en América del Sur por encargo de la Iglesia. He estado aquí en ocasiones pasadas y siempre me he sentido edificado por vuestra fe y vuestro cariño. También he visitado Sudamérica dos veces como miembro del Gabinete de gobierno de los Estados Unidos, a fin de establecer relaciones comerciales agrícolas entre nuestro, país y nuestros vecinos del Sur, y promover buenas relaciones entre nuestras repúblicas. Nunca en la historia de nuestras dos naciones ha habido una necesidad tan grande de solidaridad hemisférica como ahora.

En viajes anteriores, tuve la oportunidad de visitar a presidentes, ministros, embajadores y otros dignatarios de varios países sudamericanos. Sin embargo, las visitas que más atesoro son las que hice a los santos, a campesinos, ganaderos y otras personas. Mediante estas visitas desarrollé mi gran cariño por el pueblo latinoamericano.

Así que, lo digo con toda sinceridad: es algo maravilloso estar nuevamente frente a vosotros.

¿Sabéis lo que es esta tierra ante los ojos de Dios, nuestro Padre Celestial? En 1844, el profeta José Smith hizo esta proclamación solemne:

“Toda la América es Sión, de Norte a Sur.” (History of the Church, 6:318-9.)

El Señor mismo dijo que esta tierra ha sido elevada por encima de todas las otras (1 Nefi 13:30). Este país, este continente, son parte de Sión y han sido santificados por la presencia del Señor Jesucristo. Esta es una tierra dedicada por sus siervos. Cuando un profeta del Libro de Mormón se refirió a las naciones del mundo, esta tierra fue designada como “buena”. Con toda mi alma os testifico que esto es verdad.

No debéis olvidar nunca vuestra herencia. La mayor parte de vosotros sois hijos de Lehi, el gran Profeta del Libro de Mormón. Escuchad la gran promesa que dio el Señor a él y su posteridad:

“Y si guardáis mis mandamientos, prosperaréis y seréis conducidos a una tierra prometida; sí, a una tierra que yo he preparado para vosotros, una tierra escogida sobre todas las demás.” (1 Nefi 2:20.)

Esa promesa se ha cumplido completamente. También sabemos que debido a que algunos de los descendientes de Lehi no guardaron los mandamientos, esta tierra se vio profanada y sus habitantes se hicieron acreedores a maldiciones, en vez de bendiciones.

Con el tiempo, los hijos de Lehi fueron “redescubiertos” por los .gentiles de Europa. Poco después fueron esparcidos, desposeídos de sus tierras y tesoros, esclavizados, y aun masacrados. Pero los profetas del Libro de Mormón predijeron:

“Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído.” (2 Nefi 25:17.)

El Señor reconoció que la verdad prosperará sólo donde había libertad religiosa. Pero no puede haber libertad religiosa sin libertad política; por lo tanto, Dios levantó entre nuestros antiguos patriotas, líderes sabios que declararon la libertad y la independencia política en los países latinoamericanos.

A mi parecer, es muy significativo que cuando los países de Sudamérica lograron la independencia, se establecieran en ellos gobiernos sobre la base de principios constitucionales. En mi opinión, ese fue un paso muy necesario que precedió a la prédica del Evangelio en Sudamérica.

El Señor declaró mediante profetas del Libro de Mormón:

“Y fortificaré esta tierra contra todas las otras naciones.” (2 Nefi 10:12.)

El presidente Joseph Fielding Smith ha escrito: Seguir leyendo

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