La prueba de la adversidad

La prueba de la adversidad

Ezra Taft Bensonpor el élder Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce
Liahona, Enero de 1979

Todos tenemos nuestras vicisitudes. A quien el Señor ama, corrige. Es gracias a los golpes de la adversidad, que los seres humanos aprenden las lecciones que ayudan a forjar hombres y mujeres fuertes, y no a las circunstancias que rodean el pináculo del éxito. En la hora del triunfo se encuentra el mayor peligro del hombre; y a veces, es preciso que éste sufra sus reveses de fortuna para que logre apreciar las bendiciones de que goza, así como para que pueda desarrollar un carácter fuerte y valeroso.

Recuerdo bien a una joven pareja que hace algunos años empezó a dedicarse a la agricultura; eran de circunstancias económicas modestas, pero habían podido hacer el pago inicial de 16 hectáreas de tierra virgen. Decidieron cultivar melocotones, por lo tanto, nivelaron el terreno, plantaron los árboles, y luego se dieron a la tarea de regarlos y cuidarlos hasta que llegara el tiempo de la cosecha. Esa primavera en particular, la huerta se convirtió en un mar de flores, y parecía como si fuesen a tener una abundante cosecha; pero una noche, sin ninguna advertencia, hubo una helada que prácticamente acabó con toda la cosecha en cierne. El joven no asistió a la Iglesia el domingo próximo, ni el siguiente, ni el subsiguiente; por fin, su buen obispo fue a verlo que sucedía; lo encontró en el campo, y le dijo:

—John, no lo hemos visto en la Iglesia por varias semanas; ¿qué pasa? ¿Tiene algún problema?

John respondió:

—No, obispo, no volveré a ir. ¿Cree que puedo adorar a un Dios que permite que esto me suceda?

Y luego, procedió a explicar al obispo lo que había ocurrido. Naturalmente, éste también se afligió, y así lo expresó a John; y mientras miraba la tierra por un momento, le dijo:

—John, estoy seguro de que el Señor sabe que usted no puede producir los mejores duraznos después de la devastación dejada por la helada; pero también estoy seguro de que Él sabe que no se puede producir los mejores hombres sin que éstos experimenten las contrariedades que provocan, entre otras cosas de la vida, las inclemencias del tiempo; y Él está interesado en producir hombres, no duraznos.

Y bien, John asistió a la Iglesia al domingo siguiente, y con el paso del tiempo, tuvo mejores cosechas. Más tarde, llegó a ser obispo en la Iglesia.

Recuerdo también la ocasión en que asistí a una reunión en el Estado de Idaho, hace varios años; era patrocinada, en parte, por la Universidad de dicho Estado. Fue una reunión maravillosa; después que concluyó, saludaba yo a algunos de los agricultores que se encontraban presentes, cuando vi que entre ellos se encontraba el hermano Yost, a quien le pregunté:

—Hermano Yost, ¿cómo van las cosas en la granja?

El hermano Yost respondió:

—Creo que bien, hermano Benson, aunque en tres días perdí aproximadamente 20.000 dólares.

— ¿Cuál es el problema. . .  otra helada? —le dije.

—Sí —respondió—, nos arruinó completamente la cosecha del trigo. Aún tenemos un poco en la despensa, y por lo menos una parte de nuestro abastecimiento de un año en reserva. No nos moriremos de hambre, y habrá otra cosecha. Seguir leyendo

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El hogar ideal para los Santos de los Últimos Días

El hogar ideal para los Santos de los Últimos Días

Marion G. Romneypor el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Liahona, Enero de 1979

“En el hogar debidamente ordenado se pone el fundamento mismo del reino de Dios, de la rectitud, del progreso, del desarrollo, de la vida eterna y del aumento eterno en el reino de Dios,” —Presidente Joseph F. Smith

En un hogar ideal de Santos de los Últimos Días, presiden padres que han sido sellados por el poder del Sacerdocio, y si los hijos no nacieron bajo el convenio, habrán sido sellados a sus padres. Cada miembro de dicha familia pagará un diezmo justo.

En un verdadero hogar de Santos de los Últimos Días, cada día principia y termina con una oración, tanto familiar como individual; en él se enseña y se practica el Evangelio de Jesucristo mediante el precepto y el ejemplo, y se honra el Sacerdocio.

Los miembros de un verdadero hogar mormón, son leales el uno al otro; se aman, respetan y sostienen mutuamente.

Los Santos de los Últimos Días tenemos un concepto del matrimonio que difiere del de cualquier otra persona; para nosotros, el matrimonio es, como para muchas personas, el comienzo de una familia terrenal; pero es también el comienzo de una familia eterna. El esposo y la esposa han sido sellados mediante el Santo Sacerdocio y mediante el Santo Espíritu de la Promesa a fin de que su unión continúe durante las eternidades; sus hijos les pertenecerán para siempre. La realización de esta esperanza, es para los Santos de los Últimos Días el concepto del cielo.

Dicho concepto inspira a los futuros novios a llevar vidas limpias y puras; saben, como solía decir el presidente David O. McKay, “que aunque sabemos que el casamiento en el templo es un convenio digno y esencial, lo fundamental son la dignidad y pureza personales de los prometidos, las cuales se determinarán durante sus años de noviazgo, antes del casamiento mismo… La felicidad de la vida conyugal comienza en el noviazgo, no cuando se efectúa la ceremonia del matrimonio. Una vida pura es esencial para que el matrimonio en el templo tenga éxito”.

Vosotros, los que os habéis casado por las leyes de los hombres y que no habéis sido sellados, deberíais establecer el matrimonio en el templo como vuestra meta; haceos merecedores de ello, viviendo las normas del evangelio; buscad la ayuda del Señor en vuestra preparación, y después, en alguna forma, id al templo y sed sellados.

En una ocasión, el presidente Brigham Young dijo:

“Si comprendiera su importancia, cada joven de nuestra comunidad haría cualquier sacrificio o esfuerzo para casarse en la manera debida mediante el Sacerdocio, en el templo; ninguna señorita de nuestra comunidad que ame el evangelio y desee sus bendiciones, desearía casarse en cualquier otra manera.” (Journal of Discourses, 11:118.)

Ya he mencionado que un hogar de Santos de los Últimos Días, es aquél en donde se paga un diezmo justo. Concerniente al diezmo, el presidente Brigham Young, dijo: Seguir leyendo

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Ayuda por medio del Espíritu Santo

Ayuda por medio del Espíritu Santo
Por el élder Chi Hong (Sam) Wong
De los Setenta

El Espíritu Santo puede ayudarte en la escuela, la familia y el trabajo, así como en cuestiones espirituales.

Chi Hong (Sam) WongEl Espíritu Santo puede ayudarnos en cada aspecto de la vida. Aprendí eso de manera práctica cuando estudié en la Universidad Brigham Young–Hawái.

Por aquel entonces trabajaba e iba a la universidad horario completo. Además, mi esposa y yo teníamos un bebé que cuidar. Con todas esas exigencias en mi horario, no tenía mucho tiempo para estudiar. Cada día oraba para tener la compañía del Espíritu Santo. Necesitaba guía para ayudarme a aprovechar mi tiempo al máximo; necesitaba ayuda para entender el material y recordarlo luego durante los exámenes.

Ayuda del cielo para un examen

Un día, durante una clase, un profesor estaba escribiendo conjuntos de ecuaciones avanzadas en la pizarra para ilustrar un argumento. Aquellas ecuaciones complejas no se relacionaban con la clase, pero él quería comentarlas brevemente. Después de unos minutos, el profesor borró la pizarra.

La clase siguiente era de informática y ese día teníamos examen, ¡y nos preguntaron las mismas ecuaciones que estaban en la pizarra en la clase anterior! Lo más asombroso es que nunca las habíamos estudiado en la clase de informática. Me acordé de la clase anterior a la que había asistido y pude responder el problema.

Cuando el profesor de informática corrigió los exámenes, estaba tan seguro de que nadie había respondido ese problema específico de manera correcta que automáticamente marcó como erróneas las respuestas de todos los alumnos, pero cuando me devolvió el examen, le mostré que mi respuesta era correcta. Fue maravilloso.

El Espíritu Santo me ayudó a aprovechar al máximo todas las oportunidades de estudio que tuve en la universidad. Obtuve altas calificaciones y logré becas que me ayudaron a costearme los estudios.

Guía a lo largo de la vida

Hacia el final de mis estudios, muchos de mis amigos tenían pensado seguir estudiando y cursar una maestría. A mí me encantaba estudiar y quería hacer lo mismo que ellos, pero el Espíritu me dijo claramente que mi misión en Hawái había terminado: era hora de volver a casa en Hong Kong.

Mi esposa y yo hicimos caso de esa impresión. En aquel entonces no pude entender por qué se me disuadía a seguir con mi formación académica, pero a veces seguimos el Espíritu sin saber todos los detalles. Si bien ni mi esposa ni yo sabíamos qué esperar durante nuestra búsqueda de empleo y de un apartamento, fuimos bendecidos y no tardamos en tener éxito.

Al mirar ahora hacia atrás, entiendo por qué el Espíritu fue tan intenso al alentarnos a regresar a Hong Kong. Fue muy valioso para mi familia y para mí ser fortalecidos en la Iglesia entre los miembros de ese lugar. Serví como obispo, consejero en la presidencia de estaca y presidente de estaca antes de ser llamado como Setenta de Área. Después de jubilarme, obtuve una maestría. Todas aquellas experiencias contribuyeron a prepararme para mi llamamiento actual.

Les testifico que procurar la guía del Espíritu Santo y seguirla es siempre la mejor manera de planificar y vivir la vida. Ustedes ya recibieron el don del Espíritu Santo cuando fueron confirmados miembros de la Iglesia, y si utilizan ese don, les será de gran ayuda en todo lo que hagan.

Dos maneras de estar en armonía

Para el Padre Celestial todo es espiritual: cada parte de nuestra vida. Él sabe lo que es mejor para nosotros y quiere enseñarnos y guiarnos por la vida. De modo que, es vital que estemos en armonía con la guía espiritual del Espíritu Santo a fin de recibir esa dirección. Aquí tienen dos maneras que me han ayudado a estar en armonía con el Espíritu Santo:

1. Lean el Libro de Mormón a diario. Cuando yo era joven, el Presidente de la Iglesia, Ezra Taft Benson (1899–1994), enseñó sobre la importancia de leer el Libro de Mormón diariamente. Empecé a hacerlo y, según recuerdo, lo he hecho desde entonces. Cada día procuro un momento apacible para leer y meditar. Mientras leo, muchas veces el Espíritu Santo me enseña algo nuevo.

2. Eviten las distracciones mundanas. Ustedes son jóvenes y tienen muchos talentos. Son inteligentes y pueden estar en armonía espiritual de manera asombrosa; pero el mundo intenta distraerlos por todos los medios. Si están dispuestos a prestar atención y a bloquear las distracciones, entonces recibirán la guía que necesitan del Espíritu Santo.

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Por qué es importante graduarse de Instituto

Por qué es importante graduarse de Instituto
Por Matthew Porter Wilcox
Seminarios e Institutos

Puedes elevar tu nivel de aprendizaje del Evangelio al tomar las cuatro nuevas clases fundamentales de Instituto.

“El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo a los jóvenes adultos en la Conferencia General de abril de 2015: “… lo que necesitamos actualmente es la generación más grandiosa de jóvens adultos de la historia de la Iglesia.“[Los jóvenes adultos] deben inscribirse en Instituto de religión… [Las clases de] Instituto… brindarán equilibrio a su vida y serán un aporte a su formación secular al brindarles otra oportunidad de pasar tiempo estudiando las Escrituras y las enseñanzas de los profetas y apóstoles”1.

A fin de ahondar el conocimiento de los jóvenes adultos sobre el Evangelio, fortalecer su testimonio y dedicación a Jesucristo, y hallar guía para su vida, el programa de Instituto ha recalcado la necesidad de elevar el nivel de aprendizaje de todo joven adulto. Esa elevación se refleja de tres maneras considerables: al proporcionar cuatro nuevos cursos fundamentales, al dar mayor importancia a la graduación de Instituto y al invitar a todos los alumnos a desempeñar un papel más activo en su aprendizaje espiritual, completando las asignaciones de lectura y las evaluaciones de aprendizaje.

¿En qué consisten los cuatro nuevos cursos fundamentales?

Aunque se seguirán ofreciendo cursos tales como el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, los cuatro nuevos cursos fundamentales constituirán ahora el núcleo de los cursos de Instituto. Los cursos son: (1) Jesucristo y el Evangelio sempiterno, (2) Fundamentos de la Restauración, (3) La familia eterna y (4) Enseñanzas y doctrina del Libro de Mormón. Como lo implica el nombre, esas clases enseñan la doctrina y la historia fundamentales, así como las enseñanzas elementales del Evangelio, tal como se encuentran en las Escrituras y en las palabras de los profetas vivientes.

“[Esas nuevas clases fundamentales] pueden llevar a que se efectúe un estudio más a fondo que en los cursos generales de tipo secuencial anteriores”, declaró Brent L. Top, decano de educación religiosa de la Universidad Brigham Young. Chad Webb, administrador de Seminarios e Institutos de Religión, añadió: “Las Escrituras están entretejidas, y a medida que se avanza en conjunto, hay perspectivas, entendimiento y fortaleza que se logran de un estudio de todos los libros canónicos”2.

Esta jovencita está de acuerdo: “Me pregunté cuánto podría aprender en realidad acerca de la Restauración que no supiera ya, pero comencé a entender principios y a relacionar temas que nunca había entendido ni relacionado antes. El curso incluía temas tales como el matrimonio plural, el sacerdocio para todos los varones dignos y la masacre de Mountain Meadows. Los análisis que realizamos en clase me brindaron información arraigada en la fe en vez de la duda. El curso también ligó la Restauración a los acontecimientos actuales, de modo que reconocí que en realidad soy parte de la Restauración. No solo se trata del Profeta José Smith, del presidente Brigham Young y de otros pioneros, ¡sino también de mí!”.

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Qué nos enseña el Libro de Mormón sobre la felicidad?

¿Qué nos enseña el Libro de Mormón sobre la felicidad?
Por Hank R. Smith
Profesor de Educación Religiosa de la Universidad Brigham Young

Siete principios que podemos extraer de dos capítulos del Libro de Mormón nos enseñan lo que se requiere para ser verdaderamente felices.

Lehi le enseñó a su hijo Jacob: “… existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

Todos deseamos ser felices. Con frecuencia añoramos la alegría, la paz y la satisfacción que vemos en nuestros familiares y amigos, cuyas vidas parecen estar llenas de felicidad. Todos, en un momento u otro, han sentido falta de felicidad en su vida; algunos quizás se han preguntado: “¿Seré feliz algún día?”.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “… el Señor ha incorporado en [el Libro de Mormón] el mensaje que Él tiene para ustedes. Nefi, Mormón y Moroni lo sabían, y los que lo compilaron dejaron en él mensajes para ustedes”1. Debido a que Dios desea que todos Sus hijos sean felices en esta vida, Él ha incorporado principios eternos de felicidad en el Libro de Mormón. A pesar de que esos principios se pueden encontrar a lo largo del libro, dos capítulos en particular —2 Nefi 5 y 4 Nefi 1— contienen pautas definidas que nos guiarán a una mayor felicidad si estamos dispuestos a vivir de acuerdo con ellas.

2 Nefi 5

Poco después de la muerte de Lehi, el Señor le advirtió a Nefi que Lamán y Lemuel intentarían quitarle la vida. El Señor le dijo a Nefi que tomara a aquellos que estuviesen dispuestos a ir con él y que huyeran al desierto. Aunque ciertamente debió haber dificultades con ese éxodo y el establecimiento de una nueva comunidad, en 2 Nefi 5:27, Nefi explicó: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz”. En ese capítulo se establece un modelo de felicidad que podemos seguir en nuestra propia vida.

Mantener un círculo social en el que la relación sea edificante

Nefi nos dice que aquellos que huyeron con él al desierto eran aquellos que “creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios” (versículo 6). Una fuente importante de felicidad es nuestro círculo social. Es importante que pasemos tiempo con aquellas personas que creen lo mismo que nosotros y cuya presencia es edificante. Además de pasar tiempo con la familia, podemos tener una relación edificante con amigos que fortalecen nuestra fe. Esas interacciones y asociaciones tienen un impacto significativo en nuestra felicidad. Christine Carter, socióloga de la Universidad de California, Berkeley, escribió: “La cantidad y la calidad de las conexiones sociales de una persona —amistades, relaciones con familiares, asociación con los vecinos, etc.— están tan estrechamente relacionadas al bienestar y a la felicidad personal que ambas prácticamente se pueden considerar iguales”2.

Alinear las acciones con las creencias

En el versículo 10, Nefi escribe que su pueblo cumplió los “mandamientos del Señor”. La obediencia a los mandamientos es una parte importante de vivir una vida feliz. El rey Benjamín animó a su pueblo a que “[considerara] el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios” (Mosíah 2:41). Es difícil ser felices cuando creemos en los mandamientos de Dios pero no los vivimos. La obediencia brinda tranquilidad mental y de conciencia. Se dice que el líder espiritual y político de India, Mahatma Gandhi, escribió que: “La felicidad es cuando lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos están en armonía”. Si nuestras creencias y acciones no concuerdan, el arrepentimiento es la clave para volver a establecer la armonía en nuestra vida.

Llevar a cabo trabajo arduo

En los versículos 11 y 15 de 2 Nefi 5, Nefi escribe que su pueblo plantó y cosechó, crió animales, construyó edificios y trabajó con diversos minerales. Él dijo: “… yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos” (versículo 17). En esos versículos vemos claramente que el trabajo es un factor vital para obtener la felicidad. Cada día proporciona oportunidades para trabajar en nuestro hogar, en sus alrededores, en la comunidad y en nuestro empleo. El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Dios dejó el mundo sin terminar para que el hombre empleara sus aptitudes en él; dejó la electricidad en la nube y el petróleo en la tierra; no tendió puentes sobre los ríos, no taló los bosques, ni edificó ciudades. Dios le da al hombre el reto de la materia prima, no la facilidad de las cosas terminadas. Nos deja los cuadros sin pintar, la música sin componer y los problemas sin resolver, a fin de que nosotros mismos descubramos la dicha y la gloria de crear”3. En palabras sencillas, el júbilo de ser creativo y el sentimiento de logro que con frecuencia acompañan al trabajo arduo brindan felicidad.

Centrarse en el templo

Nefi también nos dice que él y su pueblo se tomaron el tiempo para edificar un templo (versículo 16) a medida que establecían su nueva comunidad. Las bendiciones del templo y la felicidad son inseparables. El templo nos enseña sobre el Plan de Salvación y nos recuerda por qué estamos aquí en la tierra. Aprendemos que somos hijos de un amoroso Padre Celestial y que nuestra vida tiene un gran propósito en Su plan. En el templo nos sentimos más cerca de Él; sentimos Su presencia, Su poder y Su aprobación. Incluso si no podemos asistir al templo con regularidad, el tener una recomendación vigente para el templo y tener en nuestro hogar una lámina del templo nos recuerda las experiencias que hemos tenido en el templo y las verdades que hemos aprendido allí.

4 Nefi 1

En 4 Nefi, el profeta e historiador Mormón nos dice lo que le ocurrió al pueblo después de que el Salvador visitó al pueblo de Nefi. Al describir a esas personas, señaló lo siguiente: “… ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios” (4 Nefi 1:16).

Compartir lo que tenemos

En el versículo 3, Mormón escribe que esas personas “tenían en común todas las cosas” y que “no había ricos ni pobres”. Al procurar la felicidad en nuestra propia vida en la actualidad, es importante que aprendamos a compartir lo que tenemos con los demás.

Diversos estudios han demostrado que el tiempo que se dedica al servicio y el dinero que se gasta en los demás afectan directamente nuestra felicidad4. Por tanto, no es de extrañar que el rey Benjamín dijera a su pueblo: “… quisiera que de vuestros bienes dieseis al pobre, cada cual según lo que tuviere, tal como alimentar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, y ministrar para su alivio, tanto espiritual como temporalmente, según sus necesidades” (Mosíah 4:26). Tenemos muchas oportunidades de ayudar a los necesitados mediante el servicio, las ofrendas de ayuno y otros fondos que la Iglesia administra.

El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “A lo largo de la historia, la pobreza ha sido uno de los mayores y más extendidos problemas de la humanidad. Su costo más evidente suele ser físico, pero el daño espiritual y emocional que genera podría ser aún más debilitante. En todo caso, el llamado más persistente que jamás haya hecho el gran Redentor es el de sumarnos a Él para levantar esa carga de las personas”5. Al brindar más esfuerzo, tiempo y recursos para ayudar a los demás, encontraremos un aumento en nuestra propia felicidad.

Pertenecer a una familia

Mormón nos dice que esas personas “se casaban y se daban en matrimonio” (4 Nefi 1:11). El casarse y criar hijos (véase el versículo 10) puede ser una gran fuente de felicidad para aquellos que tienen esas oportunidades. El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “La felicidad en el matrimonio y la paternidad pueden exceder miles de veces cualquier otro tipo de felicidad”6.

Sin embargo, no tenemos que estar casados ni tener hijos propios para formar con nuestros familiares lazos que brinden felicidad. Los adultos solteros, los jóvenes y los niños pueden también tomar parte en esas bendiciones. A fin de tener felicidad en la vida familiar, debemos esforzarnos por brindar a cada miembro de la familia nuestra amistad, comprensión y amor. La familia puede proporcionar seguridad emocional y física y un sentido de pertenencia, lo cual es esencial para experimentar felicidad.

Ser un pacificador

En cuatro ocasiones a lo largo de 4 Nefi, Mormón nos dice que entre esas personas “no había contenciones” (véanse los versículos 2, 13, 15 y 18) “a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo” (versículo 15). La contención y la felicidad son polos opuestos: el uno nos aleja del otro. El Salvador advirtió a los nefitas sobre los peligros de la contención cuando dijo: “… aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención” (3 Nefi 11:29). Debemos asegurarnos de hacer un gran esfuerzo por no hacer ni decir nada que lleve el espíritu de contención a nuestros lugares de trabajo, a nuestras instituciones académicas y a nuestros hogares. Más bien, debemos hacer todo lo posible por fomentar el amor de Dios en nuestro propio corazón.

Muchas veces, la contención surge de la impaciencia. Con la ayuda del Espíritu, podemos cambiar nuestra naturaleza y ser más pacientes. El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “La impaciencia… es síntoma de egoísmo. Es una característica de los absortos en sí mismos. Es el resultado de una afección demasiado común conocida como el Síndrome de ‘creerse el centro del universo’, el cual lleva a las personas a creer que el mundo gira en torno a ellas y que todos los demás son simplemente actores de reparto en esa gran pieza teatral de la vida mortal en la cual solo ellas tienen el papel protagónico”7.

Hay una manera mejor. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) nos invitó a “cultivar el arte de la respuesta blanda; será una bendición en su hogar, será una bendición en su vida”8.

Una invitación a procurar la felicidad

El Libro de Mormón contiene principios de felicidad. Hemos cubierto solo una parte de lo que se encuentra en esos dos capítulos. ¿Qué podríamos encontrar en el resto del libro? Sería prudente que iniciásemos nuestra propia búsqueda en el Libro de Mormón para encontrar incluso más pautas para una vida más feliz. El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) prometió a los santos: “El momento en que empiecen a [estudiar el Libro de Mormón] seriamente… encontrarán vida en mayor abundancia”9. El Señor nos ha dado esta increíble herramienta; podemos aprender a utilizarla a fin de bendecir nuestra propia vida y la de las personas a quienes amamos.

Notas

  1. Henry B. Eyring, “El Libro de Mormón cambiará sus vidas”, Liahona, febrero de 2004, pág. 15.

  2. Christine Carter, “Happiness Is Being Socially Connected”, 31 de octubre de 2008, greatergood.berkeley.edu.

  3. Véase de Thomas S. Monson, “En pos de la vida plena”, Liahona, agosto de 1988, pág. 3.

  4. Véanse, por ejemplo, Dunn et al., “Spending Money on Others Promotes Happiness”, Science, tomo CCCXIX, 2008, págs. 1687–1688; Netta Weinstein y Richard M. Ryan, “When helping helps: Autonomous motivation for prosocial behavior and its influence on well-being for the helper and recipient”, Journal of Personality and Social Psychology, tomo XCVIII, 2010, págs. 222–224; y Aknin et al., “Prosocial spending and well-being: Cross-cultural evidence for a psychological universal”, Journal of Personality and Social Psychology, tomo CIV, 2013, págs. 635–652.

  5. Véase de Jeffrey R. Holland, “¿No somos todos mendigos?”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 40.

  6. Véase de James E. Faust, “La santidad del matrimonio”, Liahona, febrero de 1978, pág. 12.

  7. Dieter F. Uchtdorf, “Continuemos con paciencia”, Liahona, mayo de 2010, pág. 57.

  8. Gordon B. Hinckley, “Cornerstones of a Happy Home”, discurso pronunciado en una transmisión vía satélite para esposos y esposas, 29 de enero de 1984, pág. 8.

  9. Ezra Taft Benson, “El Libro de Mormón: La [piedra] clave de nuestra religión”, Liahona, octubre de 2011, pág. 57.

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Volver a casarse: Una aventura de paciencia y de amor

Volver a casarse: Una aventura de paciencia y de amor
Por Heidi Eljarbø Morrell Andersen
La autora vive en Noruega

La combinación de dos familias exige el doble de paciencia, pero también puede producir el doble de amor.

El divorcio nunca fue parte de mi vocabulario hasta que me sucedió a mí. Durante mucho tiempo sentía el bochorno de lo negativo del vocablo cada vez que alguien me preguntaba cuál era mi estado civil. “Soy divorciada”. Me costaba muchísimo decirlo en voz alta, como si estuviera diciendo una mala palabra.

No obstante, esa era mi situación en aquel momento de la vida y me resultaba difícil sentirme parte de un grupo. “Ya encontrarás a alguien”, me decían mis amigos. Pero yo no tenía interés en casarme otra vez ni sentía el deseo de hacerlo; mis cuatro hijos me mantenían bastante ocupada.

Hasta que un día, sin ninguna expectativa ni planes para el futuro, conocí a Arnfinn y, para mi sorpresa, nos comprendíamos tan bien que empecé a disfrutar cada vez más de su compañía; era inteligente, apuesto y divertido. Cuando me propuso matrimonio, yo no sabía lo que nos deparaba el futuro, pero sabía que quería tener ese futuro con él. Nos tomamos el tiempo necesario para “alisar las arrugas”, como decía Arnfinn, y en el otoño de 1997 nos casamos en el Templo de Estocolmo, Suecia.

El ser recién casados cuando tenía casi cuarenta años no fue lo mismo que la primera vez. El estar enamorados produjo la misma emoción maravillosa, y el entusiasmo ante una nueva relación era similar; pero ahora teníamos dos excónyuges, un perro desobediente, un pájaro bullicioso y nueve hijos, de entre tres y diecisiete años de edad. Felizmente, la novedad de nuestro romance fue suficiente para sostenernos a través de los desafiantes días que teníamos por delante. Seguir leyendo

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Cómo dirigir un análisis en grupo para que sea eficaz

Cómo dirigir un análisis en grupo para que sea eficaz
Por Dustin West
Seminarios e Institutos

Lograr que los análisis del Evangelio sean significativos es como dirigir música hermosa; una de las funciones principales del maestro es dirigir el análisis de manera que los alumnos tengan la oportunidad de sentir el Espíritu y de descubrir las verdades por sí mismos.

Cuando dirija un análisis del Evangelio, tal vez le sea útil imaginar que es un director de orquesta, y que las personas a quienes enseña no son el público que viene a escuchar el concierto sino la orquesta, cada uno tocando lo que le corresponde para crear la música. El director coordina a los músicos, hace que se destaque lo mejor de cada uno y contribuye a que la música de ellos se convierta en una obra de arte inspiradora.

Lograr que los análisis del Evangelio sean significativos es como dirigir música hermosa. Un buen análisis da como resultado una comprensión más profunda de las doctrinas del Evangelio que se analizan, así como un deseo sincero de aplicar las verdades del Evangelio.

A continuación, se presentan varios principios que mejorarán los análisis que usted dirija:

Al enseñar, enfóquese en las personas, no en las lecciones. Sus alumnos estarán más dispuestos a participar en los análisis si sienten que ellos son más importantes para usted que cubrir todo el material de la lección; ellos desean sentir que usted se ha preparado para fortificar y aumentar la fe que tienen en el Señor en lugar de limitarse a presentar información. Los alumnos que sienten que su maestro y los demás miembros de la clase los quieren están más dispuestos a compartir ideas y experiencias.

Fomente la inspiración. Su tiempo juntos es una oportunidad para que usted y aquellos a quienes enseñe reciban revelación, no una ocasión para que exponga todo lo que sabe. Una de las funciones principales del maestro es dirigir el análisis de manera que los alumnos tengan la oportunidad de sentir el Espíritu y de descubrir las verdades por sí mismos. Cuando fluye la revelación, todos son edificados —tanto el que enseña como los que aprenden— y se regocijan juntamente (véase D. y C. 50:22). Usted sabrá que sus análisis son edificantes cuando aprenda del Espíritu y cuando enseñe por medio del Espíritu. Seguir leyendo

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Cuando un hijo se aparta de la Iglesia

Cuando un hijo se aparta de la Iglesia
Por Robin Zenger Baker
La autora vive en Massachusetts, EE. UU.

Podemos aceptar el principio de que nuestros hijos son bendecidos con el albedrío, aun cuando lo utilicen para tomar una dirección con la que no estemos de acuerdo.

Habían pasado semanas desde que mi hija se había mudado a otra ciudad, y cada domingo que faltaba a la Iglesia me causaba las mismas preocupaciones. ¿Volvería alguna vez? Intenté todo lo que me fue posible pensar para lograr que fuera a la Iglesia: darle ánimo, usar la lógica, rogarle, hacer las veces de despertador personal, orar, ayunar e incluso llamar al obispo. Como vivíamos a más de 3.200 km de distancia, era muy difícil para mí asistir con ella, ¡pero hasta eso intenté!

Me imaginaba continuamente que si yo pudiera manipular un poco la situación, ella volvería a establecer su trayectoria espiritual. Pensaba que solo necesitaba que se colocara en su camino a la persona adecuada —la maestra visitante, el obispo, un amigo o un miembro de la familia—, para que dijera o hiciera exactamente lo que la motivaría a volver. Pero nada daba resultado. La cabeza me daba vueltas y tenía el corazón lleno de culpa y angustia con la idea de que le había fallado como madre.

Hay muchas otras personas que están en la misma situación. Cuando los hijos se apartan del camino del Evangelio, es muy difícil para los padres fieles hacer frente a la situación. Una madre quedó tan alterada por las decisiones de su hija que dijo que hasta sentía dolor al respirar; un padre comentó que le parecía que sus hijos lo rechazaban y se oponían a su manera de vivir; y a una joven le preocupaba que sus propios hijos pequeños se apartaran un día de la Iglesia por cuestionar los principios.

¿Cómo hacemos frente a esos sentimientos de dolor cuando los miembros de la familia deciden dejar la Iglesia? Hay varias cosas que podemos hacer. Seguir leyendo

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El gozo de la obra de historia familiar

El gozo de la obra de historia familiar
Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Quentin L. Cook

La promesa de Elías el Profeta deja en claro que cada uno de nosotros tiene una obligación con las generaciones que nos preceden y con las generaciones que nos siguen.

Nunca olviden que la historia familiar —y las ordenanzas del templo que son posibles gracias a ella— es una parte esencial de la obra de salvación y que la participación en esa obra sagrada por los muertos bendice la vida de los vivos. Fortalece nuestra fe en el Evangelio y nuestro compromiso con él, nos ayuda a resistir la tentación, acerca a las familias y fortalece a nuestros barrios y estacas.

Deseo hacer hincapié en los aspectos de “encontrar, llevar y enseñar” de la obra de Historia Familiar. Al decir encontrar, nos referimos al uso del sitio web de FamilySearch o del cuadernillo Mi familia: Historias que nos unen1 para encontrar el nombre de uno o más de sus antepasados o de los descendientes de ellos. Luego,lleven esos nombres al templo o compártanlos con otras personas para que ellos los lleven. (Si es posible, vayan al templo como familia). Finalmente, enseñen a su familia y luego enseñen a otras personas a hacer lo mismo.

Ilustración por Brad Teare; ilustraciones fotográficas por Welden C. Andersen, Alexander Borges y Les Nilsson.

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El libro milagroso de Mormón

El libro milagroso de Mormón
Por John L. Sorenson
Profesor emérito de antropología, Universidad Brigham Young

Mormón llevó a cabo la abrumadora tarea de compendiar los registros nefitas de una manera eficaz y milagrosa.

Cuando Mormón vio que su pueblo nefita estaba a punto de ser exterminado, se propuso escribir “un breve compendio” de sus anales (Mormón 5:9). Ese proyecto comenzó en el último lugar en el que los nefitas acamparon antes de congregarse finalmente en la tierra de Cumorah. Las condiciones en las que los nefitas estaban viviendo no pudieron haber sido sino duras; el pueblo se componía de refugiados cuyas fuentes de alimento, vestimenta y refugio eran inciertas. Mormón probablemente siguió escribiendo aun durante el periodo de cuatro años de preparación para la batalla final que habían convenido con el comandante lamanita; pero, en cualquier caso, la historia compendiada se completó y el archivo se enterró en el cerro de Cumorah mucho antes del conflicto final (véase Mormón 6:6).

Es evidente que la creación del Libro de Mormón fue una hazaña abrumadora, especialmente cuando se consideran las condiciones del “campo” en que Mormón tuvo que trabajar y los deberes adicionales que tenía al estar al mando de sus fuerzas mientras se preparaban para la batalla final. Es comprensible entonces que el producto final no estuviera falto de imperfecciones1.

Limitaciones en la obra de Mormón

Consideren algunas de las limitaciones que Mormón enfrentó en la realización de su objetivo:

  1. El tamaño de su nuevo registro tendría que restringirse drásticamente. El libro debía ser lo suficientemente portátil como para que Moroni pudiera transportarlo a un lugar seguro.

  2. El producto físico se debía preparar de manera que perdurara durante siglos.

  3. De los posibles sistemas de escritura que Mormón podía utilizar, solo uno de ellos era lo suficientemente conciso para caber en el libro.

  4. La narración debía ser de una longitud práctica, fiel a los hechos de la historia contenida en los anales que estaba resumiendo y expresada de una manera que él considerara apropiada.

  5. El tiempo para realizar el trabajo era poco. Mormón tuvo un poco más de tres años para llevar a cabo toda la compilación y redacción de más de seiscientos años de historia. Posiblemente ni siquiera tuvo tiempo de leer todos los registros que tenía en las manos, y seguramente no tuvo tiempo para afinar el estilo o volver a editar.

Teniendo en cuenta todas esas limitaciones, ¿cómo escogió Mormón qué información incluir y cuál omitir?

En algunas formas su logro inspirado de producir el Libro de Mormón fue tan sorprendente y admirable como el logro posterior de José Smith de traducir los anales en tan poco tiempo.

Escoger un sistema de escritura

El texto del Libro de Mormón indica en varios lugares la dificultad que los escribas tenían para expresarse claramente (véanse Jacob 4:1; Mormón 9:33; Éter 12:23–25, 40). Mormón dijo: “… hay muchas cosas que, de acuerdo con nuestro idioma, no podemos escribir” (3 Nefi 5:18). “Nuestro idioma”, en ese sentido, se refiere obviamente a su sistema de escritura, no al idioma que hablaban. Moroni también nos dice que no habría habido “ninguna imperfección” (Mormón 9:33) si hubieran utilizado escritura hebrea, que es un sistema alfabético.

Los historiadores nefitas denominaron los “caracteres” que utilizaron para escribir “egipcio reformado” (Mormón 9:32). Ese sistema consistía en “la ciencia de los judíos y el idioma de los egipcios” (1 Nefi 1:2). Ocasionalmente, se utilizaron símbolos egipcios en la Palestina antigua para escribir los sonidos de palabras hebreas2. De la muestra de caracteres de la “Transcripción Anthon”3, la cual se afirma que es una copia de caracteres de las planchas que José Smith tradujo, es evidente que no se basaron directamente en la escritura egipcia que se utilizaba a diario en la época de Lehi. Tienen más la apariencia de los símbolos del egipcio hierático, un sistema paralelo y más antiguo de símbolos que también utilizaban cuando empleaban pincel y tinta en vez de grabar en piedra.

El sistema hierático era más conciso que la escritura hebrea alfabética, pero también más ambiguo porque una gran cantidad de los caracteres representaban morfemas o palabras completos y complejos (que actualmente se llaman logogramas) en vez de sonidos deletreados para formar palabras, como en un alfabeto. El significado de cada logograma se tenía que memorizar. Esa ambigüedad pudo haber sido parte del problema de “la manera de colocar nuestras palabras” (Éter 12:25) del que habla Moroni.

Una causa adicional de “imperfecciones” pudo haber sido que, como el egipcio hierático se utilizaba principalmente para escribir en forma cursiva, el usarlo para grabar un registro en planchas de metal podía significar que los pequeños deslices de la mano del grabador y el no tener un “borrador” eficaz a su disposición para hacer correcciones podían resultar en que se malentendieran los caracteres.

Muchos juegos de anales

Además de las planchas mayores de Nefi, se utilizaron documentos suplementarios en ciertas partes de la creación de la narración de Mormón. Él observó varias veces su dependencia del “propio registro [de Alma]” (Alma 5:2; encabezamiento del capítulo 7; 35:16). También utilizó “los anales de Helamán” y “de sus hijos” (introducción del libro de Helamán), y también leemos en cuanto a “los anales de Nefi” (3 Nefi 5:10).

En ocasiones, Mormón también dependió de otros escritos originales, algunos de los cuales no identificó claramente. Entre algunos de los posibles anales suplementarios se encuentran:

  • El texto del gran discurso del rey Benjamín (Mosíah 2:9Mosíah 5).

  • Los anales de las planchas de Zeniff (Mosíah 9–22).

  • La predicación de Alma en primera persona en Zarahemla, Gedeón y Melek (Alma 5, 7 y 8).

  • La historia de las experiencias de Alma y Amulek en Ammoníah (Alma 9–14).

  • La relación detallada del ministerio de los hijos de Mosíah y sus compañeros entre los lamanitas (Alma 17–27).

  • Los discursos de Alma a sus hijos Helamán, Shiblón y Coriantón (Alma 36–42).

Moroni también incluyó su traducción y resumen de la historia de Éter sobre los jareditas, preparada y agregada por Moroni como el libro de Éter; así como extractos de enseñanzas y cartas de su padre, Mormón (Moroni 7–9)4.

Los anales sagrados más importantes se conservaron en metal para asegurar su permanencia; ellos supusieron que los anales conservados en substancias más perecederas, con el tiempo, serían ilegibles (véase Jacob 4:2). El uso de ejemplares de las Escrituras en papel para el uso cotidiano se insinúa en el hecho de que se quemaron los que poseían los conversos de Alma en Ammoníah (véase Alma 14:8; compárese con Mosíah 2:8; 29:4 y Alma 63:12). Las planchas de metal no eran fáciles de elaborar (véase Mormón 8:5) ni de grabar, de modo que su disponibilidad era limitada.

Haciendo uso de la diversidad de materiales que tenía disponibles, Mormón redactó su historia “según el saber y el entendimiento que Dios” le había dado (Palabras de Mormón 1:9). La ayuda divina a veces era directa y específica, como cuando el Señor le instruyó no incluir una descripción más larga de las enseñanzas de Jesús a los nefitas (véase 3 Nefi 26:6–12); pero no se da ninguna indicación de que se le haya revelado información histórica adicional.

“Y así vemos”

Mormón dijo varias veces que su compendio no podía incluir mas que una fracción del material histórico que se encuentra en las planchas mayores de Nefi (véansePalabras de Mormón 1:5; 3 Nefi 5:8; 26:6; véanse también Jacob 3:13–14; 4:1). ¿Cómo, entonces, seleccionó sus materiales?

Su criterio principal se manifiesta repetidamente en su libro. El objetivo era asegurarse de que sus lectores, especialmente los futuros habitantes de la tierra prometida en el continente americano, y particularmente los descendientes de Lehi, captaran la importancia para ellos de la promesa y la profecía que se dieron al padre Lehi: “Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra” (Jarom 1:9). En realidad, es a la versión negativa que Amarón usó de lo que dijo Lehi a la que Mormón da su atención principal: “Si no guardáis mis mandamientos, noprosperaréis en la tierra” (Omni 1:6; cursiva agregada).

Las lecciones de Mormón delinean el contraste entre el bien y el mal de manera dramática. Las personas que figuran en sus anales hacen hincapié en la obediencia y la virtud por un lado, en comparación a la maldad obstinada, por el otro. Describe a los malhechores como totalmente malos y merecedores de su suerte; mientras que describe a los héroes como loables en casi todo sentido. A los personajes de la zona gris casi ni se les hace notar. Mormón no quería dejar pregunta alguna en la mente de sus lectores de que el bien y el mal son completamente opuestos (noten las propias palabras de Mormón en cuanto a ese contraste en Moroni 7:5–19). Sin duda, Mormón agregó su propia interpretación personal inspirada a lo que estaba relatando. Esa postura a menudo se ve señalada mediante el uso de una frase similar a “y así vemos” (por ejemplo, en Alma 42:4, 7, 14; Helamán 3:23–31; 6:34–40).

Mormón y Moroni presentan sus “breves” anales a los futuros lectores como un tipo singular de historia interpretativa. Lo presentan a las épocas futuras no de la manera en que un historiador escribiría una historia, sino como un poderoso mensaje moral que tenía la intención de educar a los lectores en cuanto a las lecciones que ambos habían aprendido durante su largo y arduo servicio a su pueblo y a Dios. Hicieron uso de las mejores fuentes disponibles de la manera más eficaz que pudieron. La labor y dedicación que se manifiestan en su obra han sido para el beneficio de todas las personas de nuestros días,

y por ello les expreso mi más profundo agradecimiento.

Notas

  1. Por ejemplo, es posible que algunos errores menores (el equivalente de los errores tipográficos modernos) se encuentren entre las “faltas” a las que Moroni se refiere como “equivocaciones de los hombres” en la portada del Libro de Mormón. Incluyen el informe erróneo de la captura de la ciudad de Nefíah (Alma 51:26; compárese con Alma 59:5) y un error en el que el mismo acontecimiento se dice en un pasaje que tuvo lugar en el año veintiséis de los jueces (Alma 56:9) y en otro en el año veintiocho (Alma 53:22–23). Dichas fallas muestran el lado humano de la tarea del historiador, aun cuando no deben causar ningún problema de gravedad en la lectura de los anales.

  2. Véase de John A. Tvedtnes y Stephen D. Ricks, “Jewish and Other Semitic Texts Written in Egyptian Characters”, Journal of Book of Mormon Studies, tomo V, nro. 2, 1996, págs. 156–163; y de John A. Tvedtnes, “Linguistic Implications of the Tel-Arad Ostraca”, Newsletter and Proceedings of the Society for Early Historic Archaeology, nro. 127, 1971.

  3. Véase de B. H. Roberts, New Witnesses for God, 3 tomos, 1909, tomo II, págs. 93–104.

  4. Para obtener mayor información en cuanto a las diferentes fuentes para los anales, véase “Una breve explicación acerca del Libro de Mormón”, en el Libro de Mormón.

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Aférrense a la barra

Aférrense a la barra
Por el élder Daniel L. Johnson
De los Setenta

Daniel L. JohnsonEl estudiar continuamente las Escrituras nos ayuda a mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en el Salvador; y a medida que ponemos en práctica y vivimos las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras, llegamos a ser más como Él.

Durante su viaje por el desierto, Lehi y su familia despertaron una mañana y encontraron “una esfera de bronce fino, esmeradamente labrada” en el suelo. Tenía dos agujas, “una de las cuales marcaba el camino que [debían] seguir” (1 Nefi 16:10).

La Liahona, o esfera, también proporcionaba “una escritura nueva” que les daba “conocimiento respecto a las vías del Señor”. Dicha escritura “cambiaba de cuando en cuando, según la fe y diligencia que [ellos] le [daban]” (véase 1 Nefi 16:28–29).

Lehi y su familia ya tenían las planchas de bronce, las cuales contenían los escritos y las profecías de varios profetas del Antiguo Testamento. Las planchas de bronce y la Liahona constituían sus Escrituras, y se esperaba que el pueblo de Lehi las estudiara y les prestara atención continuamente. Si lo hacían, avanzaban en su trayecto; si no lo hacían, se retrasaban en el desierto y se veían afligidos por el hambre y la sed.

¿Qué trataba el Señor de enseñarles a ellos, y a nosotros, por medio del funcionamiento de la Liahona?

Uno de los propósitos principales de las Escrituras es ayudarnos a conocer y entender al Salvador, y a llegar a ser más como Él (véase 3 Nefi 27:27). El estudiar continuamente las Escrituras nos ayuda a mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en Él; y a medida que ponemos en práctica y vivimos las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras, llegamos a ser más como Él. Conforme llegamos a ser más como Él, nos convertimos en candidatos para la vida eterna (véase Juan 5:39).

El sueño de Lehi

En el sueño o visión de Lehi, se representaron a cuatro grupos de personas. Los primeros tres grupos entraron al camino que conducía al árbol de la vida. La puerta del camino es el bautismo (véase2 Nefi 31:17–18); así que, en esos tres primeros grupos se habla de miembros de la Iglesia.

No me referiré al cuarto grupo: aquellos que se dirigían directamente al grande y espacioso edificio; sin embargo, al considerar a los otros tres grupos, quizá deseen hacer una evaluación interna a fin de determinar a qué grupo pertenecen y preguntarse a qué grupo preferirían pertenecer.

Grupo 1

“Y vi innumerables concursos de gentes, muchas de las cuales se estaban apremiando a fin de llegar al sendero que conducía al árbol al lado del cual me hallaba.

“Y aconteció que se adelantaron y emprendieron la marcha por el sendero que conducía al árbol.

“Y ocurrió que surgió un vapor de tinieblas, sí, un sumamente extenso vapor de tinieblas, tanto así que los que habían entrado en el sendero se apartaron del camino, de manera que se desviaron y se perdieron” (1 Nefi 8:21–23).

Al parecer, los integrantes de ese grupo no leyeron ni estudiaron las Escrituras, no escucharon ni vieron la conferencia general, no leyeron la revista Liahona ni asistieron a las reuniones dominicales, todo lo cual ofrece la palabra de Dios; como consecuencia, se apartaron del camino.

Grupo 2

“Y sucedió que vi a otros que se adelantaban, y llegaron y se asieron del extremo de la barra de hierro, y avanzaron a través del vapor de tinieblas, asidos a la barra de hierro, hasta que llegaron y participaron del fruto del árbol…

“Y después que hubieron probado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (1 Nefi 8:24, 28).

Observen que los de ese grupo se asieron a la barra de hierro; se mantuvieron asidos hasta que llegaron al árbol de la vida y participaron de su fruto; pero se avergonzaron del evangelio de Jesucristo, dejaron de concentrarse en el Salvador y se distrajeron con las atracciones, tentaciones y riquezas del mundo. Entonces ellos también se perdieron.

La clave para entender esos versículos se encuentra en la frase “asidos a la barra de hierro”. Yo comparo la palabra asidos con una experiencia del tipo que resulta en “nudillos blancos”. Si alguna vez han descendido en balsa por las aguas rápidas de un río, recordarán que se asieron tan fuertemente a la balsa que los nudillos se les pusieron blancos. Luego, cuando llegaron a aguas tranquilas, ¿qué hicieron? ¡Se soltaron!

En el contexto del Evangelio, eso puede suceder cuando se les pide que preparen un discurso o cuando enfrentan una crisis, tal como la muerte de un familiar o la ruptura de una relación. Entonces, buscan discursos de conferencia que casi nunca escuchan o consultan las Escrituras que por lo general tienen en el olvido. Buscan guía y apoyo espiritual a causa de su debilidad espiritual; luego, cuando la crisis ha pasado, ¡se sueltan!; ponen las Escrituras nuevamente en la repisa, vuelven a sus viejos hábitos de asistencia infrecuente a la Iglesia y abandonan la oración diaria, por lo menos hasta que llegue la siguiente crisis o experiencia “de nudillos blancos”. En otras palabras, se vuelven al Señor en busca de ayuda solo cuando surge una necesidad desesperante, en vez de hacerlo continuamente.

Los integrantes de ese grupo se habían bautizado, y muchos de ellos probablemente habían sido ordenados al sacerdocio, recibido las ordenanzas del templo, prestado servicio en misiones de tiempo completo y casado en el templo. Pero, ¡se soltaron! Dejaron de leer las Escrituras continuamente, cayeron en senderos prohibidos y se perdieron.

Afortunadamente, la mayoría de los jóvenes adultos y los exmisioneros se mantienen fieles a las verdades del Evangelio que han aprendido y compartido. También centran su vida en el Salvador mediante el estudio de las Escrituras y la oración diarios. Expresamos gratitud por ellos y por su fidelidad; ellos son el futuro de la Iglesia y los futuros padres de los que llevarán adelante la Iglesia.

Grupo 3

“[He] aquí, [Lehi] vio otras multitudes que avanzaban; y llegaron y se agarraron del extremo de la barra de hierro; y siguieron hacia adelante, asidos constantemente a la barra de hierro, hasta que llegaron, y se postraron, y comieron del fruto del árbol” (1 Nefi 8:30).

Noten la frase “asidos constantemente a la barra de hierro”. Ese grupo leía las Escrituras continuamente y se centraban en el Salvador continuamente.

Las Escrituras son lo más importante que podemos estudiar; deben tener prioridad sobre la química, la física, la contabilidad, el baile, la música, los deportes y cualquier otro estudio o actividad secular.

Comiencen todos los días con las Escrituras. La oración y el estudio de las Escrituras van de la mano; son compañeros inseparables. La oración constante los conducirá a las Escrituras, y el estudio continuo de las Escrituras los conducirá a la oración. Ambos nos mantienen centrados en el Salvador y nos dan acceso a la revelación y a la paz que solo se pueden obtener al estar “asidos constantemente a la barra de hierro”. La oración y las Escrituras los conducirán al templo, harán que deseen santificar el día de reposo, y les ayudarán a evitar y a vencer las tentaciones del adversario.

Ahora deseo dirigir su atención a la frase “llegaron, y se postraron y comieron del fruto del árbol”. Una de las claves para entender esa frase se encuentra en 1 Nefi capítulo 11:

“Y sucedió que después que hube visto el árbol, le dije al Espíritu: Veo que me has mostrado el árbol que es más precioso que todos.

“Y me preguntó: ¿Qué deseas tú?

“Y le dije: Deseo saber la interpretación de ello”.

El ángel respondió: “¡Mira!”. Entonces Nefi vio en visión a la Virgen María, a quien el ángel identificó como “la madre del Hijo de Dios”. A continuación, Nefi vio a María llevando a un niño —“el Cordero de Dios”— en los brazos.

Ahora presten atención al versículo 24: “… Y miré, y vi al Hijo de Dios que iba entre los hijos de los hombres; y vi a muchos que caían a sus pies y lo adoraban” (véase1 Nefi 11:9–24; cursiva agregada).

El árbol representa el amor de Dios, demostrado mediante Su Hijo Jesucristo (véase1 Nefi 11:21–22). Los del grupo 2 que llegaron al árbol no se postraron, como lo hicieron los del grupo 3. ¿Es posible estar en la presencia del Hijo de Dios y no saberlo? Uno solamente necesita leer el Nuevo Testamento para encontrar la respuesta. El Salvador ministró durante tres años, enseñando y llevando a cabo milagros, pero muy pocos lo reconocieron por quien realmente era.

Escudriñen las Escrituras

Háganse estas preguntas:

  • ¿Qué puedo hacer para asegurarme de que me mantenga continuamente asido a la barra de hierro a fin de que cuando llegue al árbol de la vida reconozca al Salvador y me postre ante Él y lo adore?

  • ¿Qué puedo hacer para mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en el Salvador?

  • ¿Qué puedo hacer para llegar a ser más como el Salvador?

La respuesta a esas tres preguntas se encuentra en las Escrituras. “Escudriñad las Escrituras”, dijo el Salvador, “porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Si se sumergen en las Escrituras todos los días de su vida, tendrán la fortaleza para resistir transgresiones serias; y lo que es más importante, llegarán a conocer al Salvador y podrán mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en Él.

A medida que lleguen a conocer a Jesucristo, pongan en práctica Sus enseñanzas y sigan Su ejemplo, llegarán a ser como Él. Al llegar a ser como Él, tendrán la posibilidad de vivir para siempre en Su presencia.

Para obtener fe

President Thomas S. Monson

“… a fin de obtener y mantener la fe que necesitamos, es esencial que leamos, estudiemos y meditemos las Escrituras”.

Presidente Thomas S. Monson “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 87.

Tomado del discurso “Continually Holding Fast to the Rod of Iron”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho, el 12 de mayo de 2015. Para leer el texto completo en inglés, visite web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

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El matrimonio es ordenado por Dios

El matrimonio es ordenado por Dios

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Profetas, apóstoles y líderes continúan [proclamando] solemnemente “que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador”1.

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La familia edificada en el matrimonio de un hombre y una mujer proporciona el mejor entorno para que el plan de Dios prospere…

“Ni nosotros ni ningún otro ser humano puede alterar ese divino orden del matrimonio”2.

Bonnie L. Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, dijo: “Toda persona, sea cual sea su estado civil, o cuántos hijos tenga, puede ser defensora del plan del Señor que se describe en la proclamación sobre la familia. Si es el plan del Señor, ¡también debe ser nuestro plan!”3.

El élder Christofferson continuó: “Algunos de ustedes no gozan de la bendición de un matrimonio por razones que incluyen la falta de candidatos viables, la atracción hacia el mismo sexo, las discapacidades físicas o mentales… Quizás se hayan casado, pero ese matrimonio terminó… Algunos que están casados no pueden tener hijos…

“Aun así… todos pueden contribuir al desarrollo del plan divino en cada generación”4.

Historias vivas

El hermano Larry M. Gibson, que fue Primer Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes, recordó cuando Shirley, actualmente su esposa, dijo:

“‘Te amo porque sé que amas al Señor más de lo que me amas a mí’…

“Esa respuesta me llegó al corazón…

“[Y] deseé que ella siempre sintiera que yo amaba al Salvador por encima de todo”5.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El Señor Jesucristo es el punto principal en la relación del convenio del matrimonio… [Imaginen que] el Salvador está ubicado en la cúspide de este triángulo, y en la base figura una mujer en una esquina y un hombre en la otra. Consideren, ahora, lo que ocurre en la relación entre el hombre y la mujer a medida que cada uno, gradualmente, ‘[viene] a Cristo’ y se esfuerza por ser perfeccionado en Él (Moroni 10:32). A causa del Redentor, y por medio de Él, el hombre y la mujer se acercan más el uno al otro”6.

Considere lo siguiente

¿Cómo me esfuerzo de forma individual y constante por “venir a Cristo”?

Notas

  1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  2. D. Todd Christofferson, “El porqué del matrimonio, el porqué de la familia”,Liahona, mayo de 2015, pág. 52.

  3. Bonnie L. Oscarson, “Defensoras de la Proclamación sobre la Familia”,Liahona, mayo de 2015, pág.15.

  4. D. Todd Christofferson, “El porqué del matrimonio, el porqué de la familia”, pág. 52.

  5. Larry M. Gibson, “Fulfilling Our Eternal Destiny”, Ensign, febrero de 2015, págs. 21–22.

  6. David A. Bednar, “El matrimonio es esencial para Su plan eterno”, Liahona,junio de 2006, pág. 54.

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Aterrizar a salvo durante la turbulencia

Aterrizar a salvo durante la turbulencia
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. UchtdorfNo hace mucho, mi esposa, Harriet, y yo estábamos en un aeropuerto viendo aterrizar magníficos aviones. Era un día ventoso y las intensas ráfagas de viento azotaban las aeronaves que se acercaban, haciendo que cada una zigzagueara y se sacudiera al aproximarse.

Al observar esa lucha entre la naturaleza y la máquina, mi mente se remontó a mi propio entrenamiento de vuelo y a los principios que aprendí allí —y que después enseñé a otros pilotos en formación.

“No luchen contra los mandos durante la turbulencia”, les solía decir. “Permanezcan serenos; no reaccionen de manera exagerada y mantengan la vista fija en la línea central de la pista. Si se desvían de la ruta de aproximación deseada, hagan correcciones rápidas pero calculadas. Confíen en el potencial de la aeronave y capeen la turbulencia”.

Los pilotos experimentados entienden que no siempre pueden controlar las cosas que suceden a su alrededor. No pueden disipar la turbulencia sin más, ni hacer que la lluvia o la nieve desaparezcan. No pueden hacer que el viento deje de soplar, ni cambiar su dirección.

Pero también entienden que es un error temer la turbulencia o los fuertes vientos —y sobre todo quedarse paralizado ante ellos. La manera de aterrizar a salvo cuando las condiciones no son ideales es permanecer en el camino y la senda de planeo correctos lo más perfectamente posible.

Mientras observaba a un avión tras otro hacer su aproximación final y recordaba los principios que aprendí en mis años como piloto, me pregunté si no había en ello una lección para nuestra vida diaria.

No siempre podemos controlar las tormentas que la vida pone en nuestro camino; en ocasiones, las cosas simplemente no salen como queremos. Tal vez nos sintamos sacudidos o zarandeados por la turbulencia de la desilusión, la duda, el temor, la tristeza o el estrés.

En esos momentos, es fácil quedar atrapados en todo lo que va mal y hacer de nuestros problemas el centro de nuestros pensamientos. La tentación está en centrarnos en las pruebas que afrontamos en lugar de hacerlo en el Salvador y en nuestro testimonio de la verdad.

Pero esa no es la mejor manera de sobrellevar los desafíos de la vida.

Tal como un piloto experimentado no fija su atención en la tormenta, sino en el centro de la pista y en el punto de aterrizaje correcto, también nosotros debemos fijar nuestra atención en el centro de nuestra fe —nuestro Salvador, Su evangelio y el plan de nuestro Padre Celestial—, y en nuestra meta final: regresar a salvo a nuestro destino divino. Debemos confiar en Dios y hacer de la permanencia en la senda del discipulado el centro de nuestro esfuerzo. Debemos mantener la vista, el corazón y la mente centrados en vivir como sabemos que debemos hacerlo.

El mostrar nuestra fe y nuestra confianza en el Padre Celestial al guardar con gozo Sus mandamientos nos traerá felicidad y gloria y, si permanecemos en la senda, superaremos cualquier turbulencia, no importa cuán fuerte pueda parecer; y regresaremos a salvo a nuestro hogar celestial.

Ya sea que los cielos a nuestro alrededor estén despejados o llenos de nubes amenazantes, como discípulos de Jesucristo, buscamos primero el Reino de Dios y Su justicia, sabiendo que, si lo hacemos, todas las demás cosas que necesitamos finalmente se nos proporcionarán (véase Mateo 6:33).

¡Qué importante lección para la vida!

Cuanto más nos obsesionemos por nuestras dificultades, nuestras pruebas, nuestras dudas y nuestros miedos, más se pueden complicar las cosas. Sin embargo, cuanto más centrados estemos en nuestro divino destino final y en el gozo de seguir la senda del discipulado —amar a Dios y prestar servicio al prójimo—, más probabilidades hay de que superemos con éxito los momentos de tribulación y de turbulencia.

Queridos amigos, no importa cuán violentamente rujan a nuestro alrededor los vientos de nuestra existencia terrenal, el evangelio de Jesucristo siempre ofrecerá el mejor camino hacia un aterrizaje seguro en el reino de nuestro Padre Celestial.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf nos aconseja que “[confiemos] en Dios y [hagamos] de la permanencia en la senda del discipulado el centro de nuestro esfuerzo”. Considere la posibilidad de preguntar a aquellos a quienes enseña cómo se han mantenido centrados “en nuestro divino destino final y en el gozo de seguir la senda del discipulado” en los momentos en que han afrontado pruebas. Si lo desea, invítelos a pensar en maneras en que se pueden centrar en su testimonio y en Cristo en los momentos de dificultad, y a decidir, con espíritu de oración, cómo aplicar una o más de esas ideas en su vida.

Jóvenes

El fundamento para mi testimonio

Cuando tenía dieciséis años, un amigo apareció en nuestra casa con los misioneros y, un mes después de la primera charla, todas mis preguntas habían recibido una clara respuesta. Sentí el Espíritu Santo testificar de la veracidad de los mensajes acerca de la Restauración; no se parecía a nada de lo que había sentido antes, y supe que todo era verdad.

Sin embargo, experimenté más rechazo y oposición que nunca antes; me sentía sola, cansada y confusa. Si estaba haciendo lo correcto, ¿por qué hallaba tanta adversidad? No podía entender cómo mis pruebas eran para mi bien. Los misioneros me enseñaron a ayunar y a orar, aun en medio del día en la escuela. Cuando las cosas se hacían insoportables, oraba con fervor e inmediatamente sentía el consuelo del Espíritu.

La semana de mi bautismo estuvo lleno de pruebas: mi jefe me amenazó con despedirme si no iba a sustituir a otra persona el día de mi bautismo, acabé en el hospital con piedras en el riñón y mis padres me pidieron que me fuera de casa. Con tantas cosas fuera de mi control, lo único que podía hacer era volverme al Señor.

Cada una de esas pruebas resultó ser para mi beneficio; me ayudaron a aprender en cuanto a las doctrinas del Evangelio, y eso me proporcionó el fundamento para mi testimonio.

Niños

Él nos guiará a casa

Cuando seguimos el ejemplo de Jesucristo, ¡es como si siguiéramos un camino recto que lleva hacia Él! Podemos estar seguros y contentos, tal como el avión que aterriza a salvo en la pista. ¡Dirige el avión de regreso a la pista a través del laberinto!

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Nuestras hermanas, desde el principio

Nuestras hermanas, desde el principio
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce Apóstoles

élder Bruce R. McConkie(Discurso pronunciado durante la dedicación del monumento a la mujer, en Nauvoo, Illinois.)

«He aquí, herencia de Jehová son los niños.» (Salmos 127:3.)

“Cualquiera que comparta los momentos de goza de la vida con los niños… ayuda a que éstos llenen los primeros años de su vida con recuerdos de amor.” Hermana Barbara B. Smith.

A todas las madres en Israel, las hijas en Sión:

Siento una gran humildad ante esta oportunidad de dirigirme a vosotras; me siento honrado, y, al mismo tiempo, deseo someterme al Espíritu Santo para recibir de El guía y elocuencia, a fin de que lo que diga sea lo que el Señor desea. Quiero hablar de lo que han sido nuestras hermanas, desde el principio de los tiempos, y he tomado mi tema de las siguientes palabras de Alma:

«Y Él comunica su palabra a los hombres por medio de ángeles; sí, no sólo a los hombres, sino a las mujeres también. Y esto no es todo; muchas veces les son dadas palabras a los niños que confunden al sabio y al instruido.” (Al. 32:23.)

En todas las cosas espirituales, en todo lo relativo a los dones del Espíritu, en lo relacionado con la revelación, la obtención de un testimonio y las visiones, en todo lo concerniente a la santidad y a lo divino como resultado de una conducta recta y justa, hombres y mujeres ocupan una posición de absoluta igualdad ante el Señor. El no hace acepción de personas o de sexo, sino que bendice a todos los hombres y mujeres que lo busquen, lo sirvan y guarden Sus mandamientos.

El Señor es misericordioso e imparte de Su gracia a todos aquellos que lo aman, y se deleita en honrar a los que le sirven en justicia hasta el fin, sean hombres o mujeres. A ellos les ha prometido revelarles todos los misterios de Su reino; la comprensión de éstos irá más allá del velo, y a ellos Él les revelará cosas que el ojo mortal no ha visto, ni el oído ha escuchado, ni han entrado en el corazón del hombre. (Véase D. y C. 76:5-10.) Y al hablar así, me refiero tanto a hombres como a mujeres; desde luego, no vacilo en afirmar que desde el principio, éstas han poseído grandes talentos espirituales.

El Señor, en su infinita bondad y sabiduría, siempre ha estimado altamente a la mujer, la ha honrado y dignificado en Su reino terrenal y en Sus tratos con el hombre en una forma que algunos de nosotros quizás no podamos siquiera imaginar.

Desearía ahora invitaros a repasar conmigo algunas escenas que muestran a nuestras hermanas, en el presente, el pasado y el futuro, escenas que se encuentran o se encontrarán registradas en las Escrituras o en nuestra historia.

MARÍA, LA VIRGEN BENDECIDA
Encontramos a María en Nazaret de Galilea, una joven de alrededor de dieciséis años, que recibe la visitación del ángel Gabriel, el ministro angélico que sigue a Miguel en importancia en la jerarquía celestial. Gabriel ha venido para anunciarle:

«.. .concebirás… y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

. . .será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. . . será llamado Hijo de Dios.” (Lu. 1:30-35.) Seguir leyendo

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Somos dirigidos por revelación

1 de noviembre de 1891. Palabras pronunciadas por el presidente Wilford Woodruff en una conferencia de estaca.

Somos dirigidos por revelación
por Wilford Woodruff

Wilford WoodruffEsta mañana, antes de asistir a la reunión, tuve la oportunidad de observar algunas pinturas que se encuentran en la casa del hermano Moses Thatcher, intituladas, «Cristo ante Pilato» y «Cristo en el Calvario». Al observarlas pensé que el Salvador, tal como lo ha expresado el hermano Joseph F. Smith, en verdad’ ‘descendió debajo de todas las cosas» (D. y C. 88:6). Vino a la tierra, nació de una mujer en una dispensación determinada por el Padre, y recibió un cuerpo mortal… Pensemos en el corto tiempo que laboró en la carne después de su llamamiento por el Padre; tres años y medio. Pensemos en el sufrimiento por el que pasó, el trabajo que llevó a cabo, la organización de la Iglesia de Dios, el llamamiento de los Doce Apóstoles, de los Setenta. . . y los pocos discípulos que le siguieron durante aquel periodo.

Recordemos entonces que no sólo El mismo fue condenado y crucificado, derramando su sangre por la redención del mundo, sino que cada uno de sus apóstoles también fue ejecutado, muerto por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo, con la excepción de Juan el Revelador; a él no pudieron matarle porque el Señor le prometió que habría de sobrevivir; de otro modo, él también habría sido asesinado como los demás.

AI observar al Salvador clavado a la cruz, pensé en nosotros y en nuestras propias convicciones. Han transcurrido sesenta años desde nuestra llegada a las montañas, en los que hemos vivido como pueblo, ¿y por qué tenéis con vosotros a la presidencia? ¿Por qué tenéis también apóstoles que viven en vuestro medio, caminando libremente por las calles, después de sesenta años? ¿Por qué tenemos más de 200.000 Santos de los Últimos Días congregados en estos valles de las montañas, en medio de un país de 60 millones de habitantes? Estas son las preguntas que deben ser contestadas por los Santos de los Últimos Días. Todo esto tiene una razón de ser hermanos y hermanas; nosotros vivimos en una dispensación diferente, y en un sentido, bajo un orden diferente de cosas al que vieron el Salvador y sus Apóstoles. Aquel fue un tiempo de sacrificios. Aquellos devotos hombres que tuvieron sobre sus hombros el apostolado, estuvieron dispuestos a dar su vida con el Salvador, y su vida fue corta comparada con la historia de la Iglesia de Dios en la actualidad. Con una excepción, todos ellos fueron asesinados y Dios los llevó junto a Él; también retiró el Sacerdocio de la tierra, el que permaneció en manos de Dios el Padre y su Hijo Jesucristo hasta el año 1829.

Largos siglos transcurrieron, millones de seres humanos nacieron, vivieron en la tierra, murieron, volvieron al mundo espiritual; y ni siquiera una de esas almas, según nuestro conocimiento, tuvo el poder de administrar a la humanidad las ordenanzas del evangelio de vida y salvación. Indudablemente, se trataba de millones de buenas personas, que actuaron de acuerdo con la mejor comprensión que pudieron obtener. Hubo hombres como Juan Wesley, Martín Lutero, Wiclef, Zwinglio , Melanchton, y miles de otros que nacieron a su debido tiempo y predicaron el evangelio de acuerdo con el conocimiento y comprensión que poseyeron. Pero ellos no tuvieron el poder de administrar ni siquiera una sola ordenanza que tuviera algún efecto después de la muerte, porque no poseían el Sagrado Sacerdocio.

En nuestro tiempo y generación hemos arribado a un Sacerdocio que se encuentra restaurado. El Señor llamó a José Smith a su debido tiempo, y él organizó la Iglesia. ¿Quién era José Smith? Era sólo un jovencito ignorante de las cosas del mundo. Pero fue también un hombre puro, perteneciente al linaje de Abraham, Isaac y Jacob. Su nacimiento fue profetizado por los antiguos patriarcas y profetas. El Libro de Mormón nos da su nombre. José Smith fue inspirado por el Espíritu Santo, y el Padre y el Hijo le manifestaron su presencia en respuesta a sus oraciones; el Padre le dijo: «Este es mi Hijo Amado, escúchalo.» Seguir leyendo

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