Bajo circunstancias adversas

Julio de 1979
Bajo circunstancias adversas
por el élder Robert E. Wells
del Primer Quorum de los Setenta

Robert E. WellsHe volado en muchos tipos de aviones en los últimos treinta años, tanto en los Estados Unidos como en los países latinoamericanos. No hace mucho, al regresar a los Estados Unidos después de una ausencia de varios años, un buen amigo mío me ofreció que usara su nuevo aeroplano Cessna bimotor. Este es exactamente mi tipo de avión favorito. No sólo tenía motores especialmente potentes para llevarlo a mucha altura, sino que también teñía todas las radios, todo el equipo electrónico para aeronavegación, equipo para medir distancias, toda clase de instrumentos para vuelo bajo cualquier condición de tiempo, oxígeno,

etc., tal como los de las líneas aéreas comerciales. No podía pensar en otro avión que me atrajera más para volar; pero aún con todo ese equipo, (lo que lo hacía muy caro y complicado) en contra de mi voluntad rehusé la oportunidad diciendo: “Algún día volaremos a México juntos”.

Pasaron algunos meses, y cada vez que me encontraba con mi amigo él me reiteraba su ofrecimiento, pero nunca sentí que debía aceptarlo, aun cuando aquél era muy sincero. Hasta que un día fue a mi oficina llevando un juego de llaves y un manual para pilotos, como evidencia de que realmente deseaba que yo usara su hermoso aeroplano algún día. El sentir las llaves en la mano me produjo un fuerte deseo de volar a México y visitar algunos de mis lugares favoritos de pesca en el mar. Desafortunadamente, mi amigo no podía viajar esos días que yo tenía libres, pero me aseguró que yo podría ir solo. Conversamos sobre si yo estaría calificado para que me cubriera su póliza de seguro, y nos dimos cuenta de que para ello necesitaba un examen de vuelo con un inspector autorizado, dado que ya hacía algún tiempo que no volaba en ese tipo particular de aviones.

Se hicieron los arreglos del caso y me encontré con el inspector al lado del avión, a la hora concertada, con mis licencias de los Estados Unidos, Argentina, Paraguay y Ecuador, y los libros de vuelo que mostraban que había manejado aviones Cessna 319 a través de selva, montañas, desiertos, fronteras internacionales, etc. Él sonrió con calma pero no se impresionó, y me dijo: Seguir leyendo

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El don del espíritu santo

El don del Espíritu Santo

Mark E. Petersenpor el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce
Julio de 1979


Cada miembro de la Iglesia es bautizado, o sea, nacido del agua y del Espíritu. Cuando se nos confirma miembros de la Iglesia, recibimos el “bautismo del Espíritu”, el cual es una influencia santificadora, destinada a guiamos a través de nuestra vida; cuando nos referimos a él, lo llamamos el don del Espíritu Santo.

Todos recibimos inspiración por medio de este don si vivimos dignamente y oramos por él. Nos puede ayudar en nuestro trabajo, en la escuela, en seleccionar amigos y al tomar nuestras diarias decisiones.

También ha sido una de las más grandes influencias en el campo misional. Por ejemplo, cuando yo era un joven misionero, en una ciudad de la parte este de Canadá, tenía como compañero a un hombre maravilloso cuyo nombre era Henry L. Baker.

Un día, al llegar a una determinada puerta, una mujer respondió a nuestro llamado e inmediatamente nos invitó a pasar, ¡antes de que tuviéramos siquiera la oportunidad de presentarnos! Tan pronto como entramos a la casa ella nos dijo:

¿Dónde está el libro que me traen?

Naturalmente, nos quedamos atónitos. Pero luego ella nos explicó la razón. Nos dijo que la noche anterior había tenido un sueño en el cual nos había visto llegar a su casa; había sido tan real, dijo, que cuando nos vio acercamos a su puerta nos reconoció al instante. Se le dijo en el sueño que nosotros teníamos un libro que la conduciría junto con su familia a la salvación.

Inmediatamente le dimos el Libro de Mormón y conversamos sobre él; después nos invitó a regresar esa misma tarde para conocer a su familia, lo cual hicimos. Luego de un período apropiado de estudio, toda la familia se unió a la Iglesia y aún se mantiene en ella fielmente.

Hace alrededor de veinte años fui asignado para ir a Montevideo, Uruguay, a visitar la misión y dedicar la primera capilla en esa ciudad. El año anterior el presidente David O. McKay había asistido para la colocación de la piedra fundamental, con la esperanza de poder regresar a dedicar la capilla. Otros deberes se lo impidieron, por lo cual yo fui enviado.

Después del servicio dedicatorio una hermana italiana se acercó a saludarme. Antes de hacerlo levantó la mano y me dijo que se la mirara; la miré, pero no vi nada especial. Entonces ella me llamó la atención sobre una cicatriz que tenía en la palma, y me explicó: Seguir leyendo

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La zarza ardiente

Julio de 1979
La zarza ardiente
por Robert E. McGhee

Recibí una gran impresión cuando hace algunos años me mudé al valle de Lago Salado. En esa época no sabía mucho acerca de los mormones, sólo tenía una vaga idea de que vivían en “algún lugar del Oeste” y que de alguna manera ellos habían progresado por sí mismos. Mi interés y conocimiento llegaron sólo hasta ese punto; de manera que quedé sorprendido al saber que habíamos venido a vivir ¡justo en el estado donde habitaban los mormones!

Supongo que la manera en que me crié tiene mucho que ver con mi falta de interés en ninguna religión. Nací en la religión episcopal y mi padre murió cuando yo tenía nueve años; desde entonces viví en un orfanato. Mis experiencias en este lugar me dejaron sin preferencias sobre una iglesia determinada. Más tarde asistí a reuniones de varias iglesias y en cada una de ellas encontré algo bueno.

Mientras pasaba el tiempo en nuestro nuevo hogar, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta de quiénes eran los mormones. Pacientemente esperé su ataque tratando de convertirme, pero el ataque no llegó. Los mormones que yo conocí eran muy amigables, pero no me importunaban, de manera que hice preguntas, mas las respuestas no me parecieron muy convincentes.

Un día conocí a un hombre. Él tenía una hermosa familia, y llegó a ser mi coordinador durante el año de entrenamiento que tuve en un nuevo aspecto de mi carrera; era un mormón muy entusiasta y quedé muy impresionado. Tenía una fe inequívoca y honesta. Me hizo preguntas, de una manera afable, para ver qué sabía acerca de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para entonces ya sabía algo; había leído la temprana historia de la Iglesia y tenía un conocimiento general de su gobierno y sus creencias.

El obstáculo más grande para mí era el principio de la fe. Yo pensaba que si Dios se había manifestado al pecador Saulo en el camino a Damasco, y habló con Moisés a través de una zarza ardiente, se podría manifestar a mí en una manera similar. Una vez convencido, sería uno de sus más firmes defensores. Pero mi conversión tendría que ser por lo menos tan dramática como una zarza ardiente. Demasiado pronto terminó mi entrenamiento en Utah, y nos mudamos a San Augustine, Florida. Seguir leyendo

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La verdad absoluta

La verdad absoluta

Spencer W. Kimball

por el presidente Spencer W. Kimball
Devocional en BYU el 6 de Septiembre de 1977


Hace algún tiempo le escribí una carta a un incrédulo. Últimamente he estado pensando en muchas de las cosas que decía en aquella carta, y quisiera compartir con vosotros la esencia de su contenido. Con esta explicación, entenderéis mejor el punto de vista que asumí al escribirla, y el estilo que elegí para expresarme. La carta decía así:

Querido Juan:

La resistencia y los argumentos que esgrimes en contra de las verdades del Evangelio, me han causado grave preocupación.

Comprendo que no puedo convencerte en contra de tu voluntad, pero me consta que puedo ayudarte si me escuchas y me permites llamarte la atención sobre ciertas verdades sobresalientes, y en especial, si escuchas con una oración en tu corazón y con el deseo de saber que lo que te digo es la verdad. No trataría de forzar tus pensamientos ni siquiera aunque pudiera hacerlo, puesto que el libre albedrío es la ley básica de Dios y cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de sus propias reacciones. Pero, ciertamente, también cada uno de nosotros debe cumplir con su deber de influir para el bien, sobre todos aquellos que necesiten alguna ayuda.

El Señor le dijo a Enoc:

“He allí a tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y yo les di su conocimiento el día en que los hice; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío.” (Moisés 7:32.)

He permanecido despierto muchas horas, y he ofrecido de rodillas muchas oraciones fervientes, con la esperanza de que pueda decirte las palabras exactas y de que tú puedas recibirlas con el mismo espíritu de humildad con que te las ofrezco.

El encontrar la verdad en la vida no se trata simplemente de un asunto de opiniones. Hay verdades absolutas y verdades relativas. Las normas de dietética, o sea, las que se refieren a la nutrición, han cambiado infinidad de veces durante el transcurso de mi vida; muchos otros descubrimientos científicos cambian constantemente. Por mucho tiempo, los científicos enseñaron que la tierra era una nebulosa masa fundida que se había desprendido del sol; más tarde, otros afirmaron que era una bola de polvo que se había solidificado. Muchas son las ideas que se han dado a conocer al mundo, que más tarde han sido cambiadas para adaptarlas al descubrimiento de una nueva verdad.

Hay verdades relativas. Pero también hay verdades absolutas, inalterables, que eran las mismas ayer, lo son hoy y lo serán por siempre. Estas verdades no pueden ser cambiadas de acuerdo con las opiniones de los hombres.

A medida que la ciencia nos ha ido dando más conocimientos sobre el mundo que nos rodea, ciertas ideas vastamente aceptadas por los científicos han tenido que abandonarse en favor de nuevas verdades que se han descubierto; algunas de ellas se mantuvieron firmes durante muchos siglos. La más sincera investigación científica a menudo sólo llega hasta el umbral de la verdad, mientras que por otra parte existen hechos revelados que nos dan algunas verdades absolutas, como punto de partida para que podamos comenzar a comprender la naturaleza del hombre y el propósito de su vida.

La tierra es esférica. Aunque los cuatro billones de habitantes de este mundo pensaran que es plana, estarían todos en un error; esta es una verdad absoluta y no hay discusión en el mundo que pueda cambiarla. Un cuerpo más pesado que el aire no puede mantenerse suspendido por sí mismo, sino que al soltarlo cae hacia la tierra. La ley de gravedad que hace que esto sea así, es una verdad absoluta e inalterable. Las leyes mayores pueden superar a las menores, pero ello no hace variar la innegable verdad de éstas.

Podemos aprender sobre estas verdades absolutas por medio del Espíritu. Ellas son “independientes” en su esfera espiritual y deben descubrirse espiritualmente, aunque se puedan confirmar por medio de la experiencia o el intelecto (véase D. y C. 93:30). El gran profeta Jacob dijo que “el Espíritu habla la verdad. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y como realmente serán” (Jacob 4:13). Y nosotros necesitamos que se nos enseñe, a fin de poder comprender la vida y quiénes somos en realidad.

Dios, nuestro Padre Celestial —Elohim— vive. Esta es una verdad absoluta. Y aunque los cuatro billones de los hijos de los hombres que viven en la tierra lo ignoraran y desconocieran sus atributos y poderes, todavía sería un hecho que El vive. Toda la gente que vive en la tierra podrá negarlo y no creer en El; pero El vive, aun a pesar de ello. Los seres humanos pueden tener sus propias opiniones con respecto a El; pero aún así, Su forma, Sus poderes y atributos no cambian con las opiniones de los hombres. Dios vive. En resumen, una opinión en sí misma no tiene poder alguno con respecto a una verdad absoluta.

Jesucristo es el Hijo de Dios, el Todopoderoso, el Creador, el Maestro de la única forma de vida pura que existe: el Evangelio de Jesucristo. El intelectual puede borrarlo de sus razonamientos filosóficos, el incrédulo puede burlarse de Su existencia, pero aún así Cristo vive y guía los destinos de Su pueblo. Esta es una verdad absoluta que no puede negarse. Seguir leyendo

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En presencia de lo divino

En presencia de lo divino
por el presidente Joseph F. Smith

Joseph F. SmithNecesitaré la ayuda del Espíritu de Dios, y vuestros buenos sentimientos, fe y comprensión, en mi intento por hablaros brevemente, ya que no tengo el propósito de tomar mucho tiempo. No hay palabras para expresar la gratitud que siento esta mañana por poder estar aquí con vosotros, gracias a la misericordia de nuestro Padre, y contemplar el espectáculo de la multitud congregada aquí en la sesión de apertura de esta conferencia, en el octogésimo sexto aniversario de la organización de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Estoy seguro de que si al profeta José Smith y a sus compañeros, quienes bajo la guía e inspiración del Altísimo, y por su poder, comenzaron esta obra de los últimos días, se les permitiera mirar hacia abajo y ver la escena que yo estoy contemplando en este Tabernáculo, se regocijarían; y estoy seguro de que se regocijan. Yo creo que ellos tienen el privilegio de vernos, así como los ojos de Dios que todo lo ven pueden contemplar cada parte de Su creación. Porque creo que aquellos que han sido elegidos en esta dispensación y en dispensaciones anteriores para establecer los fundamentos de la obra de Dios entre los hijos de los hombres, para su salvación y exaltación, no se verán privados en el mundo espiritual de mirar hacia abajo y ver los resultados de su propia labor, de los esfuerzos y la misión que Dios les asignó en su sabiduría, a fin de que ayudaran a redimir y rescatar de sus pecados a los hijos del Padre.

Los ojos de los profetas cuidan el reino de Dios

Yo tengo la seguridad de que los ojos del profeta José y los de los mártires de esta dispensación, los de Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff, y aquellos fieles hombres que les acompañaron en su ministerio sobre la tierra, cuidan celosamente los intereses del reino de Dios en el cual trabajaron y por el cual se esforzaron durante su vida mortal. Creo que si bien están limitados por la carencia de un cuerpo físico, tienen un interés mucho más profundo en nuestro bienestar ahora que se encuentran del otro lado del velo, que cuando estaban en la carne. . .

Una visión gloriosa

Agradezco a Dios por el sentimiento que me llena de gozo, y por la comprensión que tengo de que estoy no sólo en la presencia del Dios Altísimo, mi Padre y Hacedor, sino en presencia de su Hijo Unigénito en la carne, el Salvador del mundo; y estoy en presencia de Pedro y Santiago (y quizás los ojos de Juan también estén sobre nosotros y no lo sabemos); y también estoy en presencia de José y Hyrum Smith, Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff, Lorenzo Snow, y aquellos que han sido valientes en el testimonio de Jesucristo y han cumplido fielmente sus misiones en el mundo. Cuando me vaya de esta tierra, quiero tener el privilegio de encontrarme con ellos con la conciencia de haber seguido su ejemplo, de haber cumplido la misión en la que estos líderes estuvieron involucrados, en la forma en que ellos la hubieran llevado adelante. Que cuando me releven de los deberes de esta vida yo haya sido fiel cumpliendo todo lo que se requirió de mí, así como ellos fueron fieles en su tiempo; y cuando los encuentre en amor y armonía, quiero tener la perfecta confianza de haber hecho mi deber como ellos hicieron el suyo. Espero que perdonéis mi emoción; pero, ¿qué sentiríais si os encontrarais en la presencia de vuestro Padre? ¿Qué diríais si estuvierais en la presencia del Dios Altísimo, en la presencia del Hijo de Dios y de santos ángeles? ¿No os emocionaríais? Os sentiríais conmovidos, impresionados; y esto es lo que siento en este momento hasta lo más profundo de mi alma. Seguir leyendo

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El presidir en nuestro hogar significa…

Junio de 1979
El presidir en nuestro hogar significa…
por Joan Flinders

Agradezco todas las buenas virtudes de mi esposo, pues ellas aumentan la influencia espiritual de que gozamos mis hijos y yo, y eso es importante, pues, en gran medida, la atmósfera espiritual de la familia es determinada por la espiritualidad del padre. Si él no posee fortaleza espiritual, le resultará imposible inspirarla en su esposa e hijos. He aquí algunos ejemplos de cómo mi esposo nos nutre espiritualmente:

  1. Hace algunos años nos propusimos llevar un registro escrito de algunos de los atributos y debilidades de nuestros hijos, y realizar cada dos o tres meses, una entrevista personal con cada uno de ellos.

Mi esposo preparó una pequeña carpeta con el nombre de cada uno de nuestros niños. Al abrir la misma, sobre la izquierda, se pueden encontrar hojas de papel con el encabezamiento: “Debilidades”. A la derecha se encuentran hojas con el título: “Atributos”.

Durante la entrevista, la cual constituye un momento muy especial con cada uno de los niños, analizamos las dos áreas, Junto a la fecha del día en que llevamos a cabo la entrevista, anotamos el punto de vista de cada uno (mi esposo, el niño entrevistado y yo), relacionado con cualquier problema que pueda existir; anotamos las tareas que hayan sido bien hechas, y nos aseguramos de incluir ciertas actitudes que hayan mejorado en el correr de las últimas semanas. Damos a los niños la libertad de expresar cualquier sentimiento que tengan hacia el hogar, hacia otros miembros de la familia, hacia sus amigos, o sobre cosas que puedan ser de su interés personal, tras lo cual respondemos como padres.

  1. No siempre resulta fácil lograr que siete hijos trabajen en armonía dentro del hogar, pero a los niños les encanta hacer su tarea cuando el padre puede trabajar con ellos, en cuyo caso ésta se transforma en una «tarea divertida”. Parte de estos resultados se logran merced a que mi esposo comparte con ellos las experiencias que tuvo cuando era muchacho y les dice cuán importante es el amor por el trabajo.

Cada primavera nos dedicamos, toda la familia, a plantar un huerto; todos tomamos parte en la tarea de preparar la tierra, plantar las semillas, regar y quitar las hierbas. Más tarde, en el verano y otoño, cada uno de los niños pasa por la experiencia de la cosecha; sacando papas, arrancando tomates, lechugas, etc.

Mi esposo siempre se vale de toda oportunidad posible para enseñar y comparar aspectos del cultivo de un huerto con la preparación de los muchachos para salir como misioneros, la vida después de la muerte, la importancia de velar por uno mismo y lograr capacitación, la lucha contra el enemigo (las hierbas), etc. Son muchas las lecciones que se pueden enseñar tomando como ejemplo las cosas simples que hacemos a diario. Seguir leyendo

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La forma en que el padre fortalece espiritualmente a su familia

Junio de 1979
La forma en que el padre fortalece espiritualmente a su familia
por Neil J. Flinders
Trabaja para el Departamento de Seminarios e Institutos.

Cuando era apenas un muchacho, solía ir con mi padre a la tablada. Vivíamos en una pequeña granja y a menudo vendíamos algunos animales allí.

Las empalizadas que contenían el ganado, los cerdos y las ovejas, se encontraban a orillas del río; un puente con barandas lo cruzaba, conectando los corrales con una rampa que hacía ángulo con la parte superior de una planta procesadora que había en la otra orilla. Puesto que había que llevar a los animales que se iba a matar a través del puente hasta la rampa, las personas encargadas de esta operación desarrollaron un sistema sumamente interesante: entrenaron a una cabra negra para que entrara a los corrales de las ovejas, se mezclara con ellas, y luego las guiara a lo largo del puente hasta llegar a la rampa, pasando por el portón que daba entrada a la planta procesadora. Una vez dentro del lugar, la cabra se hacía a un lado, y las ovejas entraban rápidamente adonde las aguardaba una suerte fatal.

Recuerdo haber observado esta escena un día, mientras mi padre me explicaba la operación; después de una pausa, agregó:

Que esto te sirva de lección; ten cuidado a quién sigues en la vida. Asegúrate de saber hacia dónde te están conduciendo.

Jamás he olvidado esa experiencia, y cuando pienso en el padre que guía, enseña y nutre espiritual mente a su familia, recuerdo cómo lo logró mi padre de una forma aunque simple, también perdurable.

Las oportunidades de enseñar lecciones importantes, no siempre son planificadas; a menudo surgen de nuestras experiencias diarias, aquí y allí, aprovechando el momento propicio para impartir una enseñanza.

Es probable que la lección más fortificante que he aprendido como padre, sea la de que mis hijos son fortalecidos tanto o más por lo que yo soy, que por lo que trato de enseñarles.

El desafío que más me pone a prueba como padre, es el de crear con mis hijos una relación que sea más fuerte que la que ellos desarrollan con sus amigos. Esto no resulta tan difícil con los niños pequeños, como con los adolescentes; a los niñitos les gusta jugar, y no ha sido difícil para mí tirarme con ellos en el suelo, hacerles cosquillas, contarles cuentos y hacerles gestos que los hagan reír.

Mas una vez que pasan los diez años de edad, la tarea se hace más ardua; los niños mayores tienden a desarrollar fuertes lazos con sus amigos de la misma edad, aún cuando todavía deseen nuestro afecto y atención. El mayor problema, según lo veo yo, es mantener con cada uno de nuestros hijos una relación más fuerte de la que ellos tienen con otros; acercarles a la familia con más fuerza que la atracción que pueda ejercer sobre ellos cualquier otro grupo, permitiendo con esta relación que los padres continúen siendo maestros eficaces de sus hijos. Seguir leyendo

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La mujer y las escrituras

Junio de 1979
La mujer y las escrituras
por Marianne C. Sharp

«Sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros… (D. y C. 88:118.)

“Debemos aprender todo lo que podamos acerca de la tierra y sus junciones, y sobre las leyes de la mortalidad, a fin de alcanzar el conocimiento suficiente sobre el cual basar las decisiones de la vida, apartando la ignorancia de nuestro camino.” Hermana Barbara B. Smith.

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39.)

Es factible que alguien se pregunte: ‘‘¿Por qué debe una mujer conocer las Escrituras? ¿Qué significado pueden tener para ella en el presente?’ ’

Las respuestas parecen ser por demás obvias: una hija del Señores tan preciosa ante Su vista como lo es uno de Sus hijos; más aún, la función divina de la mujer en este mundo mortal, no es sólo ser responsable de su propia salvación, sino que también debe apoyar a su esposo y servir de ejemplo y guía para sus hijos, a toda hora, todos los días del año. Por esto es necesario que estudie las Escrituras.

Hay muchas mujeres que han formado el hábito de leer las Escrituras, aunque también hay muchas que no ven la necesidad de hacerlo. Si una persona no puede vivir mejor que lo que sus conocimientos le permitan, entonces, toda madre debe familiarizarse con el contenido de la sección 68 de Doctrinas y Convenios. Esa sección contiene el mandamiento que el Señor ha dado a los padres, en cuanto a aquellas cosas que tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos antes de que éstos cumplan los ocho años de edad. La madre necesita enseñar la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos. Debe también enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor. (Véase D. y C. 68:25, 28.) Seguir leyendo

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El Sacerdocio Aarónico

Mayo de 1979
El Sacerdocio Aarónico
Oscar W. McConkie
Extractos del libro «El Sacerdocio Aarónico»

Dios es Todopoderoso, no hay poder que Él no tenga. El Señor, una vez resucitado, dio testimonio de su propia omnipotencia.

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mat. 28:18.)

Parte de lo que recibimos por la gracia de Dios es el derecho a que Él nos invista con el poder de ejecutar Su obra; podemos así compartir Su poder y autoridad.

El apóstol Pablo nos previene diciendo: “Y nadie toma para sí está honra, sino el que es llamado por Dios. . .” (Heb. 5:4). Es decir que Dios es quien llama y delega Su poder a quienes El escoja. Un hombre no puede inventar el poder ni conferírselo a sí mismo. Es un don de Dios. Jesucristo dejó esto claro cuando dijo a aquellos a quienes había conferido Su poder y autoridad en el meridiano de los tiempos:

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto… para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.” (Juan 15:16.)

El Señor llama; el hombre responde al llamado y por ende, recibe las bendiciones de Dios.

En la actualidad debemos al profeta José Smith todo lo que sabemos y entendemos sobre el Sacerdocio, y la realidad del mismo en nuestra vida.

“El Sacerdocio es un principio sempiterno y existió con Dios desde la eternidad y existirá por las eternidades, sin principio de días o fin de años.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 183.)

Adán, “lo recibió en la Creación, antes de ser formado el mundo” (Ibid. pág. 182).

Alma dice que fueron ordenados según el orden del Hijo de Dios, y “fueron llamados y preparados desde la fundación del mundo por causa de su gran fe y buenas obras” (Alma 13:2-3), para gozar de las bendiciones y los poderes del Sacerdocio.

El Sacerdocio es el eterno poder y la autoridad mediante los cuales todas las cosas han sido creadas y son actualmente controladas. Es la autoridad y el poder de Dios delegados al hombre en esta tierra para obrar en todos los asuntos pertinentes a la salvación del hombre; todo lo que está en el cielo y en la tierra, está sujeto a su poder y autoridad.

Dios otorga el Sacerdocio para uso y beneficio del hombre. El Señor dijo a Abraham: “. . .te bendeciré sobremanera y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición a tu simiente después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y Sacerdocio a todas las naciones; Seguir leyendo

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La importancia del Sacerdocio

Mayo de 1979
La importancia del Sacerdocio
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEs un gran privilegio el poder tener el Sacerdocio de Dios. Sabemos que somos Sus hijos espirituales, por lo que deberíamos damos cuenta de que nuestro potencial sería ilimitado si tan sólo magnificáramos el oficio del Sacerdocio que poseemos.

Poco antes de ser ordenado diácono, por primera vez me di cuenta de la importancia que tiene el Sacerdocio. El obispo del barrio era mi padre y fue él quien me habló del Sacerdocio; éstas fueron algunas de sus palabras: “Hijo mío, espero que seas la clase de hombre” —me hacía el honor de llamarme hombre aunque sólo tenía doce años “la clase de hombre que al Señor le agrada que posea el Sacerdocio”. Me dijo lo que el Señor espera de un joven poseedor del Sacerdocio: que obedezca estrictamente la Palabra de Sabiduría y que se mantenga siempre moralmente limpio en todos los aspectos de su vida. “No debes ser parte del mundo”, me dijo. “Debes honrar ese Sacerdocio, magnificar tu llamamiento y ser siempre un ejemplo de buena conducta; no debes tener miedo de defender tus ideas; hazlo dondequiera que estés, y verás que aquellos que te critican, ridiculizan y no te apoyan frente a otros, en realidad te respetarán y tendrán gran confianza en ti, si haces lo que el Señor desea que hagas.”

Cuando el presidente David O. McKay estaba incapacitado me dijo varias veces:

“Cada vez que visite a algún grupo de miembros recuérdeles, que siempre deben tener presente quienes son, y actuar de acuerdo a ello. Dígales que tienen una responsabilidad individual al respecto”.

Esa responsabilidad individual es la capacidad de mantenerse firme donde sea que se esté y dar a conocer al mundo que tenemos un testimonio del Evangelio, y estamos determinados a cumplir con él dondequiera que nos encontremos; sea que se haya salido en una cita con un joven del sexo opuesto, sea con los compañeros de estudio, o pescando con amigos, o en cualquier otra actividad, haced saber a esas personas quienes sois y actuad en la forma debida. Nunca lamentaréis haberlo hecho.

Me gustaría deciros ahora cuán importante es el Sacerdocio. Por ejemplo, el Señor lo consideró suficientemente importante como para restaurarlo otra vez en la tierra, y hacer que la Iglesia fuera nuevamente establecida. Lo consideró importante como para enviar a Juan el Bautista a fin de que restaurara el Sacerdocio Aarónico —Juan el Bautista fue enviado a visitar a José Smith y Oliverio Cowdery, diciéndoles que actuaba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan: En esa ocasión también les dijo: Seguir leyendo

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Llamados por profecía

Marzo de 1979
Llamados por profecía
por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

Boyd K. PackerQuisiera referirme a un tema muy sagrado, que me llena de gratitud cada vez que pienso en él, y compartir con el lector algunos pensamientos y experiencias relacionados con una pregunta de Moroni, el Profeta de la antigüedad:

“. . . ¿han cesado acaso los días de los milagros?

O ¿han cesado los ángeles de aparecer a los hijos de los hombres? o ¿les ha retenido él la potestad del Espíritu Santo? o ¿lo hará, mientras dure el tiempo, o exista la tierra, o quede en el mundo un hombre a quien salvar?” (Moroni 7:35-36.)

Después, él mismo da respuesta a su pregunta con estas palabras:

“He aquí, os digo que no; porque es por la fe que se obran milagros, y es por la fe que aparecen ángeles y ejercen su ministerio a favor de los hombres; por lo tanto, si han cesado estas cosas, ¡ay de los hijos de los hombres, porque es a causa de la incredulidad, y todo es inútil!

Porque, según las palabras de Cristo, ningún hombre puede ser salvo a menos que tenga fe en su nombre; de modo que si estas cosas han cesado, la fe ha cesado igualmente; y terrible es la condición del hombre, porque queda como si no se hubiera efectuado una redención.” (Moro. 7:37-38.)

Durante Su ministerio, el Señor prometió que estas señales seguirían a los que creyeran:

“En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Mar. 16:17-18.)

Estos milagros han sido siempre un testimonio más de que su Iglesia está sobre la tierra, y son conocidos para nosotros (yo diría que son muy comunes entre nosotros), pero no se habla de ellos a menudo, porque los contemplamos con humildad y con inmensurable reverencia. No es a estos milagros a los que quiero referirme, sino a otro, uno silencioso, que nos acompaña constantemente y, aunque es siempre evidente, muchas veces es ignorado.

En una reunión de testimonios, hace poco tiempo, un amigo mío habló de cierta conversación que había mantenido con uno de sus compañeros de trabajo; mi amigo siempre había pensado que éste era un miembro activo y fiel de la Iglesia; sin embargo, durante esa conversación, él comentó que no siempre creía que hubiese inspiración en los llamamientos que se hacen en la Iglesia, sino que a veces parecían más bien hacerse por desesperación o necesidad. No sé si se referiría a algún llamamiento que él mismo hubiera recibido y para el cual se sintiera indigno; o quizás alguien que tuviera un llamamiento en su barrio lo hubiera ofendido; quizás también estuviera pensando en aquellos —unos pocos— que reciben el llamamiento con desgano, lo aceptan y luego fracasan en el cumplimiento. Para todos los que piensen así, quisiera citar unos versículos de Doctrinas y Convenios:

“Mando, y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición.

Entonces dicen en sus corazones: Esta no es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen. Pero ¡ay de tales! porque su recompensa viene de abajo y no de arriba.” (58:32-33.) Seguir leyendo

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Escogeos hoy a quien sirváis

Marzo de 1979
“Escogeos hoy a quien sirváis”
por Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEscogeos hoy a quien sirváis;… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:15.)

El propósito de este mensaje es recalcar el hecho de que, para nosotros los mortales, esta vida es un día de decisiones, así como de poner de relieve la importante necesidad que tenemos de elegir lo correcto, y de hacerlo ahora.

La tierra fue creada y el hombre fue puesto en ella para ese propósito.

Los hombres son seres eternos, hijos espirituales de Dios, que le nacieron en el mundo espiritual, moraron con El antes de que la tierra existiese, y cuyo destino es el de continuar viviendo eternamente después de la muerte física.

Nuestro Creador nos invistió con el libre albedrío. Al estar en la tierra, vivimos entre dos fuerzas poderosas: la del bien y la del mal. Y debemos elegir una de ellas; no hay escapatoria.

El Espíritu de Cristo ilumina “a cada ser que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo, si escucha la voz del Espíritu.

Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, aun el Padre.” (D. y C. 84:46-47.)

Por otra parte, todo aquel que llega a la edad de responsabilidad es tentado por el diablo y sus ángeles, a rechazar la guía del Espíritu de Cristo y seguirlos a ellos.

El conflicto empezó en el Jardín de Edén, y aún prevalece.

Después que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, seres celestiales les enseñaron el evangelio y recibieron el mandato del Señor de que enseñaran a sus hijos, lo cual, ellos hicieron; pero luego, “Satanás vino entre ellos, diciendo:… no lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos” (Moisés 5:13).

Y así ha sido la humanidad durante aproximadamente 6.000 años. En cada dispensación los hombres han rechazado el evangelio, y como consecuencia, han caído en la apostasía, la corrupción y las tinieblas. En cada dispensación se ha vuelto a revelar la verdadera naturaleza de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También se han vuelto a revelar y a recalcar los principios y ordenanzas fundamentales, y se ha subrayado la importancia de seguir las enseñanzas del evangelio. Seguir leyendo

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Los descubrimientos de John L. Stephens sobre los mayas

Enero de 1979
Los descubrimientos de John L. Stephens sobre los mayas
por James S. Packer
(Recopilado por Norbert y Blenda Bensch)

El abogado de Nueva York John Lloyd Stephens, y el profeta José Smlth, no se conocieron, ni existe evidencia alguna de que el primero haya leído nunca el Libro de Mormón. Y, sin embargo, el logro más importante en la vida de Stephens llegaría a ser un testimonio material del libro traducido por el Profeta.

Todo comenzó en medio de la jungla hondureña, en un húmedo y caliente día de noviembre de 1839, cuando Stephens y sus dos ayudantes nativos desenterraron una estatua; Stephens escribió al respecto:

«Francisco encontró los pies y las piernas, y Bruno descubrió parte del cuerpo. El efecto que el descubrimiento tuvo sobre nosotros, fue electrizante.»

Alguien dijo que aquel día «vio la luz en América un nuevo mundo, una nueva ciencia: la arqueología». Su fundador fue John L. Stephens.

En esa época ya no eran ajenos para él los viajes ni la fama, puesto que había estudiado y escrito sobre Europa, el Cercano Oriente, Egipto, Arabia y la Tierra Santa. Pero todavía se sentía insatisfecho, y tenía visiones del pasado y la ansiedad de sumergirse en su propio destino.

El primer paso en esa dirección, lo dio en una visita que hizo a Londres, donde leyó los escritos de un capitán Del Río, titulados Descripción de una antigua ciudad, en los cuales relata su visita a las ruinas de una extraña ciudad de México, llamada Palenque. Más tarde oyó hablar de otra ciudad mexicana perdida, Uxmal; y en 1835, lo absorbió la lectura de un diario que describía las ruinas de la ciudad hondureña de Copan.

Palenque. Uxmal, Copan. Por la imaginación de Stephens pasaban nebulosas visiones de una civilización que había existido en América Central. Es asombroso, pero él fue el único de su época que se interesó en ella.

«En lugar de electrizar al público», escribió, «el artículo sobre Copan despertó escaso interés.» Seguir leyendo

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La abnegación

La abnegación

Vaughn J. Featherstonepor el élder Vaughn J. Featherstone
del Primer Quórum de los Setenta
Liahona, Enero de 1979

“Vosotros, mis jóvenes amigos que os estáis preparando para la misión, recordad que aunque esta es una de las experiencias más gloriosas de la vida, no es gloriosa porque sea fácil… La mayor satisfacción la experimentará aquel misionero que tenga la voluntad de practicar la abnegación.”

Durante los pasados meses he tenido una de las oportunidades más gloriosas de servir en la Iglesia como presidente de misión. Esta experiencia me ha guiado al tema que deseo tratar aquí.

El Salvador dijo:

«El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.» (Mateo 10:39. Cursiva agregada.)

Durante su visita a los habitantes de este continente, declaró:

«… bienaventurados los pobres de espíritu que vienen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos.» (3 Nefi 12:3. Cursiva agregada.)

Además, en los últimos días, ha dicho: «Mando, y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición.

Entonces dicen en sus corazones: Estaño es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen. Pero ¡ay de tales! porque su recompensa viene de abajo y no de arriba.» (D. y C. 58:32-33.)

La abnegación es uno de los rasgos de carácter más distinguidos y que es evidente en los mejores hombres que conozco. Es un rasgo que muchos jóvenes han adquirido. Algunos años atrás, cuando el equipo de natación de la Universidad de Yale superaba muchas marcas mundiales, alguien preguntó al entrenador del equipo cómo lograba tal éxito, a lo que él replicó simplemente: «Les he enseñado a superar la barrera del dolor».

Un élder en nuestra misión ha sufrido algunos problemas de salud de cierta seriedad; padece de una alergia a la piel, además de bronquitis y sinusitis. Cuando yo llegué a la misión, él estaba durmiendo más tiempo por las mañanas, por temor de debilitarse y así contraer influenza; cuando regresaba a su cuarto a la hora del almuerzo, dormía una siesta por un par de horas para prevenir un posible resfrío o gripe. Mientras tanto, su compañero sufría de frustración y un día me comunicó su problema.

Yo llamé al médico de aquel misionero, el cual me dijo: «Pues bien, su estado de salud es malo, pero es mejor de lo que era cuando llegó al campo misional; sin embargo, no creo que vaya a experimentar grandes cambios, no obstante las horas que trabaje». Invité al élder a mi oficina y le dije que para mí sería preferible verle contraer la gripe de una vez por todas, a verlo en aquel constante temor. Hablamos del principio de sufrir en silencio, de simplemente salir a trabajar y hacer lo que el Señor requiere. Le dije: «El doctor dice que su condición no va a cambiar, y que no será afectada en manera alguna por la cantidad de trabajo que usted haga. Hemos hecho y estamos haciendo lo que puede hacerse. ¿Por qué no aprende a sufrir sus problemas de salud, silenciosamente, sin mencionarlos a nadie?»

Afortunadamente, él aceptó el consejo y lo puso en práctica, convirtiéndose desde entonces en uno de los mejores misioneros en la misión. Al cabo de un período de seis semanas fue avanzado a compañero mayor para capacitar a otros y luego a líder de distrito. ¡Qué gran misionero es ahora! Ha descubierto cómo sufrir en silencio y la forma de cumplir con su trabajo, y se ha convertido en un gran ejemplo de abnegación.

Otro misionero tenía la espalda muy débil, lo que lo hacía padecer de constante dolor. Él no sabía que yo conocía su condición. Aquel joven amaba tanto su trabajo que había mantenido en secreto sus dolores por temor de que se le relevara de su llamamiento.

Había un joven admirable, que habiéndose dañado ambas rodillas en una competencia deportiva, había solicitado al anterior presidente de la misión una bendición especial, que le permitiera seguir adelante por otro año entero, pero cada paso que daba, lo daba con sufrimiento. Cuando lo entrevisté antes de su relevo, me rogó que le diera autorización para permanecer dos años más en la misión. Seguir leyendo

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Sistemas de escritura entre los pueblos del Libro de Mormón

Sistemas de escritura entre los pueblos del
Libro de Mormón

por John L. Sorenson
Liahona, Enero de 1979

Como Santos de los Últimos Días, sabemos algo con respecto a la antigua escritura que se utilizaba en el continente americano por lo que liemos leído en el Libro de Mormón, y podemos complementar este conocimiento con los datos que los expertos han obtenido concerniente al mismo tema.

Los únicos sistemas auténticos de escritura que positivamente se sabe hayan sido usados antiguamente en el hemisferio occidental, se encontraban en la parte central y sur de México, y al norte de Centroamérica. En dicha región, se han descubierto más de media docena de sistemas diferentes pero afines. Durante varias generaciones, los expertos han tratado, con poco éxito, de descifrar los antiguos sistemas de escritura jeroglífica.

La mayoría de las civilizaciones antiguas no empleaban el alfabeto; en vez de ello, utilizaban una sola figura o símbolo, ya fuera para una silaba, o para una palabra o significado enteros. A este último sistema se le llamaba escritura «ideográfica» (representación de ideas). Un sistema ideográfico se componía de cientos, o aun miles de signos distintos, uno por cada palabra o idea. Los sistemas de escritura china y egipcia eran de este tipo; así también lo eran el maya y los de otros pueblos del Nuevo Mundo. El número de jeroglíficos egipcios era de aproximadamente 750, casi la misma cantidad que el de los primeros esquemas centroamericanos.

La mayoría de estos símbolos comunicaban una idea central; el diseño de la huella de un pie podría significar «pie», pero a la vez, podría significar «ir» o «jornada» de manera que el lector tenía que intentar dilucidar exactamente qué significaba el diseño. El significado tenía que aclararse ya fuera en base al contexto o mediante la adición de otro símbolo. Había caracteres que representaban sonidos en algo semejantes a un alfabeto: pero esa técnica, la cual utilizamos todo el tiempo, nunca se perfeccionó ni utilizó extensamente. Como resultado, se requería mucha experiencia y conocimiento para llegar a comprender el sistema escrito. La gente común no disponía de tiempo para ser instruida en tales asuntos; por lo general, sólo los sacerdotes y algunos de los que integraban la clase gobernante aprendían el complejo sistema.

El sistema descrito en el Libro de Mormón parece ser un sistema ideográfico con algunos símbolos que representan sonidos. Cuatrocientos años después del nacimiento de Cristo. Moroni refino que escribían en «caracteres» a los cuales llamaron «egipcio reformado» (Mormón 9:32-33). Esta escritura nefita parece haber sido complicada y un tanto ineficaz. Mormón dijo lo siguiente:

«Hay muchas cosas que no podemos escribir de acuerdo con nuestro idioma.» (3 Nefi 5:18.) Su hijo Moroni se lamentó ante el Señor, diciendo: Seguir leyendo

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