Promesas

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Promesas
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos, es con gran regocijo que regreso a este gran país del Uruguay. He estado aquí muchas veces; lo he recorrido de Norte a Sur, de Este a Oeste y he podido hablar con vosotros del Evangelio de Jesucristo en casi cada capilla.

Esta mañana hemos tenido el privilegio de visitar el Presidente de este país, y nos ha complacido mucho la buena opinión que él tiene de vosotros y de los misioneros.

Cuando cumplí los ochenta y tres años de edad, recibí muchos regalos de distintas partes, tarjetas de felicitaciones y expresiones de agradecimiento y de buenos deseos. Uno de los regalos especiales que recibí era un libro con 4.700 firmas, y fue muy interesante ver lo que contenía. Venía de una de las instituciones educativas de la Iglesia y decía lo siguiente:

“Como miembro de este colegio, como miembro de esta rama de la Iglesia, me comprometo ante usted y nuestro Padre Celestial a alargar y acelerar mi paso, y me comprometo a hacer un esfuerzo más intenso en la obra del Señor de la siguiente manera: De aquí en adelante, prometo pagar mis diezmos cada año de mi vida. Prometo ser cuidadoso con las otras responsabilidades, tales como ofrendas de ayuno y otras contribuciones. Creo en la doctrina de la Iglesia; prometo vivir la Palabra de Sabiduría, aun sabiendo que deberé enfrentarme a muchas tentaciones. Me he dado cuenta de que el mundo está descarriado y me interesaré en los asuntos de mi país, y no participaré en aquellas cosas que sean prohibidas. Oraré por la noche y por la mañana todos los días de mi vida, y agradeceré al Señor por todas las abundantes bendiciones que recibo y por su cuidado protector.”

En el siguiente párrafo decía:

“Prometo por sobre todas las cosas, que llevaré una vida limpia y libre de las tentaciones del mundo; me esforzaré más en la lectura y comprensión de las Escrituras, porque en esta institución he aprendido que son fundamentales y verdaderas.”

Me sentí realmente feliz al leer las promesas de estos adolescentes. Luego continuaban:

Aceleraré mi paso, tendré más amor por mis semejantes y lucharemos juntos para lograr más justicia y dignidad. Haré un esfuerzo supremo por comprender todos los mandamientos del Señor y los cumpliré con mucho cuidado y precisión, teniendo un constante amor por mi Señor y mi prójimo. Me esforzaré por asegurarme en cada ocasión, de considerar mi virtud mucho más valiosa que mi propia vida. Honraré el Sacerdocio; apreciaré el liderato de la Iglesia y lo aceptaré como algo fundamental para mí.

He tomado la determinación de que cuando llegue el momento de contraer matrimonio, lo haré en el Templo del Señor. Prometo a usted, presidente Kimball, y a mi Padre Celestial, que seré cuidadoso con mi vida personal y me mantendré limpio, como el Señor lo espera de mí. Hay mucho que desconozco, pero sí sé que todas estas cosas son de vital importancia y verdaderas; mi vida, así como mi tiempo, le pertenecen al Señor, por lo que me guardaré limpio y puro.”

Finalizan expresando su gratitud y amor hacia mí, y también me agradecen por la oportunidad que han tenido de poder asistir a esta institución educativa, y por todas las organizaciones que les ayudan a desarrollarse.

Creo que éste es el mejor regalo de cumpleaños que jamás haya recibido; realmente significó mucho para ellos y también para mí.

Mis hermanos, cada persona puede hacerse todas esas promesas, cuyo cumplimiento significará paz, gozo y felicidad.

Algunos de los alumnos de esta institución eran casados, y prometieron aún más al decir:

“No dejaremos de llevar a cabo las noches de hogar, y enseñaremos y capacitaremos a nuestros hijos para que vivan dignamente ante la vista del Señor.”

Como dije anteriormente, esto me causó mucho placer porque no fue forzado, sino que partió de lo profundo de su corazón. Ellos aman al Señor y todo lo que El significa. Este es un aspecto muy importante en la vida de cada miembro de la Iglesia.

Deseo que sepáis que el Evangelio es divino, que estáis embarcados en la obra del Señor, y os dejo este testimonio otra vez, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Escuchemos a nuestros profetas

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay

Escuchemos a nuestros profetas

por el élder Ronald L. Loveland
Supervisor de Área para el Obispado Presidente

Es una bendición estar en esta conferencia de área con vosotros, entre quienes tuve el privilegio de servir como misionero; ruego que el Espíritu del Señor esté presente mientras os hablo.

En nuestro estudio de las Escrituras, aprendemos que aquellas personas que siguen los consejos y las enseñanzas de los profetas, son particularmente bendecidas y disfrutan de una paz interior especial, de seguridad y felicidad. Además, cuando estudiamos las Escrituras nos entristece ver que tantos, tantos, no hayan creído en las enseñanzas de estos profetas y no hayan seguido su consejo.

A muchas personas, los profetas les parecían hombres extraños; también sus enseñanzas y consejos han parecido extraños a muchos.

Por ejemplo, la voz del Señor vino al profeta Elías, diciéndole que fuera a la ciudad de Sarepta en Sidón; se le dijo que allí había una viuda que cuidaría de él (es importante recordar que en ese tiempo había gran hambre en la región). Esta viuda era pobre, muy pobre, y estaba preparando una magra comida para ella y su hijo. Elías se le aproximó y le pidió un poco de agua; cuando ella se alejaba para traer el agua, él le pidió que también le trajera un poco de pan. La viuda le explicó su humilde condición, diciendo que sólo tenía un poco de harina y aceite para hacer una torta pequeña, la que apenas sería suficiente para ella y su hijo, y que después se morirían de hambre; Elías le prometió las bendiciones del Señor si sólo obedecía su pedido. Aun cuando éste le debe haber resultado extraño a la pobre viuda, hizo lo que se le pedía y recibió bendiciones especiales a causa de su obediencia.

Sí, las enseñanzas de los profetas a veces les parecen extrañas a algunas personas.

Cito otro ejemplo:

“Y sucedió que Enoc salió por la tierra, entre el pueblo, y subiendo a las colinas y los lugares altos, gritó en alta voz, testificando en contra de sus obras; y todos los hombres se ofendieron por motivo de él.

Y salían a escucharlo a los lugares altos, y decían a los que guardaban las tiendas: Quedaos aquí y cuidad las tiendas mientras vamos allá a ver al vidente, porque profetiza, y hay una cosa extraña en la tierra; ha venido entre nosotros un hombre furioso.

Y al hablar Enoc las palabras de Dios, la gente tembló y no pudo estar en su presencia.” (Moisés 6:37-38, 47.)

Sí, a veces los profetas parecían hombres extraños al pueblo. Muchos eran sabios y seguían sus consejos y enseñanzas, pero a menudo el creerles no era ni fácil, ni públicamente aceptable.

El profeta Abinadí compareció sin miedo ante el malvado rey Noé y sus sacerdotes:

“Y aconteció que cuando Abinadí acabó de hablar, el rey mandó a los sacerdotes que se lo llevaran y le quitaran la vida.

Pero había entre ellos uno que se llamaba Alma, también descendiente de Nefi. Y era joven, y dio crédito a las palabras que Abinadí había hablado, porque estaba enterado de la iniquidad que Abinadí había declarado contra ellos; por tanto, empezó a interceder con el rey para que no se enojara con Abinadí, sino que le permitiera ir en paz.

Pero el rey se irritó más, y mandó echar fuera a Alma de entre ellos, y envió a sus siervos tras de él para que lo mataran.” (Mosíah 17:1-3.)

Sí, a veces no ha sido fácil creer en los profetas y apoyarlos, y defender sus enseñanzas; pero han sido una bendición para las personas que creyeron en ellos, los escucharon y los obedecieron.

Estoy agradecido porque nuestro Padre Celestial nos ama, de la misma manera en que amó a las personas acerca de las cuales podemos leer en las Escrituras; en aquellos tiempos tenían profetas como hoy los tenemos entre nosotros, algunos de los cuales hemos sostenido levantando nuestra mano.

Expreso solemne testimonio de que ellos son profetas; son tan profetas como lo fueron Elías, Enoc, o Abinadí, y es una bendición estar en su presencia.

Hermanos, ¿seremos tan fieles como la viuda pobre al obedecer sus consejos? ¿Seremos como Alma, escuchando no sólo con nuestros oídos, sino también con nuestro corazón? Ruego que lo hagamos.

Doy mi testimonio de que el Evangelio es verdadero, que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor, y que hoy somos guiados por profetas vivientes, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La salvación de los niños

Marzo de 1978
La salvación de los niños
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieDe entre todas las verdades del Evangelio que Dios ha dado a su pueblo, difícilmente se encontrará una que sea tan dulce y brinde al alma tal sentimiento de paz, como la que afirma que los niños pequeños se salvarán, que viven en Cristo y obtendrán la vida eterna La unidad familiar continuará para ellos y suya es la plenitud de la exaltación. No habrá bendición que se les niegue, y se levantarán en gloria inmortal, continuarán progresando hasta alcanzar su plena madurez, y vivirán para siempre en lo más elevado del Reino Celestial. Y todo esto, gracias a los méritos, la misericordia y la gracia del Santo Mesías; todo, por causa del sacrificio expiatorio de Aquel que murió, para que nosotros pudiéramos vivir.

Uno de los grandes beneficios de la reciente adición de la Visión del Reino Celestial, de José Smith, a la Perla de Gran Precio, es la oportunidad que nos da de estudiar nuevamente la doctrina concerniente a la salvación de los niños. Hay en este tema muchas interrogantes que merecen una firme respuesta de las Escrituras.

Hay dos escenas que demuestran el infinito amor, la ternura y la compasión del Señor Jesús, y que debemos tomar como punto de partida para nuestra consideración de los varios aspectos respectivos a la salvación de los niños.

La primera tiene lugar en “las regiones de Judea al otro lado del Jordán”; grandes multitudes rodean al Maestro; los contenciosos fariseos están tratando de tenderle una trampa; El acaba de predicar sobre el matrimonio, el divorcio y la unidad familiar.

“Entonces le fueron presentados unos niños”, dice Mateo, “para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos los reprendieron diciendo: No hay necesidad, porque Jesús ha dicho, los tales serán salvos.

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.” (Mateo 19:13-15. Versión inspirada. Cursiva agregada.)

La segunda escena tiene lugar en el continente americano. Aquel mismo Jesús, resucitado y glorificado, está llevando a cabo su ministerio entre los nefitas; acaba de orar como nadie lo había hecho nunca.

“Y no hay lengua que pueda hablar, ni hombre que pueda escribirlo, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que habló Jesús”, ha registrado el historiador nefita. (3 Nefi 17:17.)

Y luego continúa:

“Y hablando a la multitud, les dijo: Mirad a vuestros niños.

Y he aquí, al levantar la vista, dirigieron la mirada al cielo, y vieron que se abrían los cielos y que descendían ángeles, como si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a aquellos niños, y quedaron rodeados de fuego; y los ángeles ejercieron su ministerio a favor de ellos.” (3 Nefi 17:23-24.)

Jesús ama y bendice a los niños. Ellos son compañeros de los ángeles y serán salvos, porque de ellos es el reino de los cielos.

Ahora desearía dar una breve respuesta a las preguntas que son más comunes, referentes a la salvación de los niños.

¿Qué es un niño, y quiénes son los niños?

Un niño es un espíritu adulto en un cuerpo recién nacido, un cuerpo capaz de crecer y madurar, de acuerdo con los planes de Aquel de quien todos somos hijos espirituales. Los niños son hijos de Dios que vivieron y moraron con El por infinitos períodos de tiempo, antes de su nacimiento mortal. Ellos son adultos antes de nacer, y lo son también después de morir. Cristo mismo, el Primogénito del Padre, se elevó a un estado de gloria y exaltación, aún antes de ser alimentado al seno de María. Seguir leyendo

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Cuando el corazón os habla de cosas que vuestra mente desconoce

1971
Cuando el corazón os habla de cosas que vuestra mente desconoce
por el presidente Harold B. Lee

harold-b-lee-mormonLa responsabilidad más grande que tenéis vosotros, los jóvenes de la Iglesia, es la de preocuparos de que lleguéis a convertiros verdaderamente. En realidad, para que podamos compartir el evangelio con los demás, es preciso que seamos los primeros en convertimos a su veracidad.

Un día en que el Maestro y sus discípulos se dirigían a la región de Cesárea de Fiíipo, al detenerse a descansar el Maestro les preguntó:

“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elias; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas,”

Entonces Jesús solicitó a sus discípulos que expresaran sus respectivos testimonios:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Supongo que todos dieron testimonio, pero sólo contamos con las palabras escritas de lo que dijo Pedro:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” Mateo 16:13-17.)

Pedro había recibido una revelación por la que supo que Jesús era el Cristo, el Salvador del mundo, el divino Hijo de Dios. Sin embargo, un tiempo después de haber acontecido lo anterior, el Maestro reprendió a Pedro; ignoramos la causa de ello, pero sabemos que le dijo:

“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte.; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” (Lucas 22:31-32.)

Al sopesar los ejemplos mencionados, inferimos que la conversión de Pedro menguaba. En substancia, los pasajes citados rinden concretas evidencias de que el testimonio que el individuo llega a poseer no permanece inalterable, sino que el hecho de que aumente hasta llegar a adquirir la brillantez del sol, o que disminuya hasta extinguirse por completo, depende enteramente de la persona que ha llegado a obtenerlo.

La mayor responsabilidad que yace sobre los hombros del miembro de la Iglesia, es, repito, la de llegar a la verdadera conversión, siendo igualmente importante que se mantenga convertido.

Preguntémonos otra vez, ¿qué es la conversión?

El individuo llega a convertirse cuando ve con los ojos lo que debe ver, oye con los oídos lo que debe oír, y comprende con el corazón lo que debe comprender. Y lo que debe ver, oír y comprender es la verdad; sí, la verdad eterna, poniéndola entonces en práctica, Eso es la conversión. Mas el que por alguna razón no ve, ni oye, ni comprende dicha verdad, no aplicándola, por lo tanto, en su vida, es el que ha perdido la fe, el que ha perdido su testimonio por motivo de su proceder.

Hace unos años, un destacado profesor universitario se unió a la Iglesia. Cuando le solicité que dirigiera la palabra a un grupo de hombres de negocios de Nueva York, y les explicara la razón por la cual se había convertido a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, les dijo lo siguiente:

“Les diré por qué me convertí a la Iglesia. Llegué a un punto en mi vida en que el corazón me habló de cosas que mi mente desconocía, y fue entonces cuando supe que la luz que me iluminaba era el Espíritu del Señor, y supe asimismo que el evangelio era verdadero.”

Cuando comprendemos las cosas en una perspectiva más amplia de lo que las comprendemos con el intelecto, es decir, cuando las comprendemos con el corazón, es cuando llegamos a saber que el Espíritu del Señor está obrando en nosotros.

Dirigiéndose a las personas que poseen un testimonio, el Señor dijo:

“Así pues, alzad vuestra luz para que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis levantar en alto: aquello que me habéis visto hacer.” (3 Nefi 18:24-25.)

Es el Salvador el que proporciona la guía a todos los que la necesitan.

Cada uno de nosotros ha nacido con la luz de Cristo, la cual ilumina a todos los que venimos a este mundo, y nunca deja de ejercer su influencia sobre nosotros, ni de advertirnos, ni de guiarnos, esto es, mientras guardemos los mandamientos de Dios. Por esta razón, es conveniente que una vez que lleguemos a tener un testimonio, hagamos uso de él para el beneficio de Tos demás, como se le dijo a Pedro: “Y tú, una vez vuelto (convertido), confirma a tus hermanos”.

A todos se nos presentan muchas, muchísimas oportunidades de fortalecer a otras personas, que pueden ser nuestros propios hermanos, o nuestros amigos, o vecinos, o recién conocidos, y aun nuestros mismos padres.

El presidente del Templo de Alberta, en Canadá, me contó lo siguiente de una experiencia:

“Hace tiempo, vino al Templo un grupo de jóvenes en la que era su primera visita al mismo, para efectuar bautismos por los muertos. Cuando, después de haber pasado por dos o tres sesiones bautismales se disponían a partir, los invité a pasar por mi despacho, ofreciéndoles responder a las preguntas que desearan hacerme. Recuerdo que les hablé entonces de sus propios bautismos, y que les dije: ‘Después fuisteis bautizados, se os confirió el don del Espíritu Santo, lo cual significa que éste os guiará y os bendecirá, si sois dignos de ello. Si alguien llegara a contraponer su voluntad contra la vuestra, u os causara algún daño, podréis superar esa oposición por medio de la influencia del Espíritu Santo’. Dicho esto, al mirar a mí alrededor, reparé en que una de las jóvenes presentes, sollozaba. Aquella muchacha dijo entonces: ‘Cuando me bauticé en la Iglesia, mi madre me maldijo, y desde entonces no ha dejado de insultarme y despreciarme. Cuando le comuniqué que vendría al templo, profiriendo blasfemias me dijo que yo no era su hija. He estado ayunando desde que salí de casa, y rogando que aquí, en el templo, pudiera recibir la guía y el poder para salvar de algún modo el obstáculo de la oposición de mi madre… y ya me marchaba con un dejo de desilusión; pero ahora, en el último momento, usted me ha proporcionado la clave’. E iluminándosele el semblante con una sonrisa, prosiguió: ‘Voy a acercar a mi madre a la influencia del poder del Espíritu Santo, de la cual tengo derecho de disfrutar’.

Pasaron semanas, y un buen día recibí una carta de aquella joven, en la cual me decía: ‘Cuando regresé a casa, mi madre me recibió con la misma clase de blasfemias con que me había despedido. En otras ocasiones, yo había refutado sus palabras, pero esta vez, me acerqué a ella y rodeándola por los hombros con mi brazo, le dije: Mamá, hoy no reñiré contigo. Vamos, ven, siéntate a mi lado, pues quiero decirte algo. Aquello la sorprendió. Cuando nos sentamos, toqué su mejilla con la mía, de modo que la influencia del Espíritu pasara directamente de mí hacia ella, y abriéndole mi corazón, le expresé mi testimonio; le hablé de la maravillosa experiencia que había yo tenido en el templo, y para mi gran asombro, mamá estalló en lágrimas y me imploró que la perdonara’.

La carta concluía: ‘Ahora estamos preparando a mamá para que se bautice y llegue a ser miembro de la Iglesia’.”

“Y tú, una vez vuelto (convertido), confirma a tus hermanos.”, dijo el Salvador, y tal es mi mensaje a vosotros, pues proviene de Él. Nuestra responsabilidad primordial es la de preocuparnos de que lleguemos a convertirnos, para que después podamos convertir a los demás.

Ha llegado el momento en que cada uno de vosotros debe valerse de sus propios recursos, ya que nadie puede permanecer con luz prestada. Tendréis que guiaros por la luz que emane de vosotros mismos… si no la tenéis, no podréis resistir.

Que el Señor os bendiga y os cubra con la armadura de rectitud, para que podáis resistir sin flaquear las pruebas de la vida que os saldrán al paso.

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Reverencia

Marzo de 1978
Reverencia
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyLa reverencia es la esencia de la verdadera religión y está basada en la sinceridad. Cuando reverenciamos a Dios, tratamos con respeto todas las cosas que le pertenecen; y si no lo hacemos, estamos indicando que no somos reverentes.

Debido a que los Santos de los Últimos Días tenemos un conocimiento mayor de la naturaleza de Dios, deberíamos ser la gente más reverente del mundo, y creo que lo somos.

El orden es una parte de la reverencia, y así también lo es la limpieza; limpieza personal, en el vestir, en el hablar, en nuestros actos y en nuestros pensamientos. También la cortesía, el respeto por nuestros semejantes y otras virtudes similares, son parte de la reverencia. Si reverenciamos verdaderamente al Señor, sentiremos el deseo de hacer siempre Su voluntad.

Así como lo hizo con las otras virtudes, Jesús nos dio un gran ejemplo de reverencia. Observad la forma en que se dirigió a su Padre cuando nos enseñó a orar:

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” (Mateo 6:9-13.)

Considerad el deseo de Jesús de hacer la voluntad de su Padre, cuando trataba de persuadir a los judíos incrédulos de que Él era realmente el Hijo de Dios.

“…nada hago por mí mismo”, dijo, “sino que según me enseñó el Padre, así hablo…porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Juan 8:28,29.)

La reverencia que Él tenía por el templo, la Casa de su Padre, hizo que lo purificara dos veces. Es verdad que el sufrimiento que padeció en Getsemanílo hizo exclamar:

“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa.” Pero aun en esta agonía, le interesó más hacer la voluntad de su Padre que terminar con su sufrimiento, porque concluyó: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Las primeras palabras que pronunció Jesús, las cuales están registradas en las Escrituras fueron:

“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:49.)

Sus últimas palabras desde la cruz fueron:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lucas 23:46.)

Toda la vida del Salvador reflejó una constante reverencia hacia su Padre.

Los fieles Santos de los Últimos Días que son mayores, no tienen dificultad en ser reverentes. Se han esforzado toda su vida por entender y vivir el evangelio, de modo que el Espíritu Santo los ha preparado para que automáticamente puedan actuar con reverencia ante cualquier situación.

Los niños no nacen con los conceptos de los cuales deriva la reverencia, y estos conceptos no se desarrollan en ellos con rapidez. Algunos niños excepcionales desarrollan la reverencia sin que se la hayan inculcado; pero la mayoría la aprenden de acuerdo con la forma en que les enseñamos. Si son irreverentes en sus primeros años, es porque no se les ha enseñado correctamente. Es evidente que esta preparación se debe llevar a cabo en el hogar, en la escuela y. en la Iglesia, por lo que se debe llamar la atención de padres y maestros hasta que cumplan con esta importante responsabilidad que no se puede dejar de lado.

La meta principal es desarrollar en cada individuo la sinceridad, el conocimiento, la fe, el testimonió, y la autodisciplina que le ayudarán a ser reverente por su propia voluntad. Pero para comenzar, se debe enseñar a los niños hábitos de limpieza, cortesía, consideración y respeto mutuos, y también respeto por los lugares sagrados. Una vez que hayan aprendido hábitos y conducta apropiados, desarrollarán el verdadero arrepentimiento al obtener una comprensión más cabal de estas cosas.

En la conducta de los niños se refleja la enseñanza que reciben en el hogar, o la falta de ésta. Tiempo atrás llegó a la oficina de la estaca, donde su esposo iba a ser apartado como miembro del sumo consejo, una madre con cinco niños pequeños. Cada uno de estos niños se trepó en silencio a una silla, cruzó los brazos, y cerró los ojos. Estos pequeños no podrían haber sido más reverentes si hubieran estado en presencia del mismo Salvador.

Esforcémonos sinceramente por ser reverentes. La reverencia es una señal de madurez espiritual, fortaleza y nobleza.

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Las cinco cualidades de líder de José Smith

Enero de 1978
Las cinco cualidades de líder de José Smith
por William E. Berrett

Muy poco después de la segunda guerra mundial, estando de visita en la ciudad de Washington, me encontraba un día leyendo un diario neoyorquino; en la primera página había un informe acerca de una entrevista hecha a un historiador ruso, quien hacía un año estaba visitando los Estados Unidos y estaba ya por regresar a su tierra natal. He olvidado el nombre de este historiador, pero no las preguntas que se le hicieron durante la entrevista. El entrevistador preguntó: “Usted ha estado en los Estados Unidos por un año, estudiando nuestra historia y nuestra gente. Dígame, de entre los hombres estadounidenses, ¿cuál considera usted el más grande?” A lo que el historiador contestó: “Sólo habéis tenido a un gran hombre: José Smith, el Profeta mormón”. Y para explicar su declaración, agregó: “Hay un solo estadounidense que ha defendido un medio de vida y ha puesto de manifiesto ideas que podrían cambiar la sociedad en todo el mundo.”

Si profundizamos en la vida y enseñanzas del profeta José Smith, encontraremos una riqueza de ideas tan revolucionarias, que al adoptarlas se podría cambiar el curso de la historia humana.

No nos damos cuenta de lo diferentes que eran los puntos de vista de José Smith para su época:

El ofreció al mundo un nuevo concepto de Dios, que en realidad fue una restauración de lo antiguo, pero que estaba en desacuerdo con el que prevalecía en ese momento. El proclamó que nuestro Padre es un Dios personal, con un cuerpo, una persona que puede hablar y habla al hombre, una persona que oye y contesta oraciones.

Él puso de manifiesto nuevas evidencias de que Jesucristo es el Hijo de Dios, un Ser resucitado que no solamente apareció en nuestros días, sino que también restableció su Iglesia, que El mismo dirige-

El elevó al hombre a una nueva posición de hijo literal de Dios y a un Dios en embrión, que no solamente existió antes de vivir en la carne, sino que vivirá después de la muerte y que aun tiene la posibilidad de llegar a ser un Dios. Además, estableció que el hombre es de la estirpe de Dios.

Declaró que el propósito absoluto de la creación de esta tierra fue para el beneficio y la vida eterna del hombre, y que el propósito de nuestra existencia es que tengamos gozo. También enseñó que la salvación será universal, que toda la humanidad pasará por la muerte y que si se arrepiente, le serán perdonados sus pecados. Seguir leyendo

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Demasiado joven todavía

Enero de 1978
“Demasiado joven todavía”
por Ruth H. Funk
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Ruth H. Funk“Pero yo soy sólo Gabriela Gutiérrez, y tengo nada más que quince años; ¿qué podría hacer yo para el Señor?” Estos pensamientos a menudo se insinúan en las mentes de los jóvenes y las señoritas, mientras miles están teniendo la experiencia de ser llamados por las autoridades del Sacerdocio para ser líderes de los jóvenes en esta dispensación.

El obispo (o su consejero) hace un llamamiento como éste: “Hemos consultado con el Señor respecto a este llamamiento; hemos hablado con sus padres, y ahora, actuando con la autoridad del Sacerdocio que poseo como obispo (o miembro del obispado), la llamo a esta posición. Será apartada para el sagrado propósito de presidir sobre un grupo de jóvenes de su misma edad; para ser un ejemplo y una guía; y para que junto con la inspiración que tiene el derecho de recibir, utilice el poder y la autoridad de su llamamiento en beneficio de estas jóvenes”.

Es natural que cuando recibís un llamamiento así os sintáis temerosas. Sin embargo la historia nos dice que el llamar a líderes de la juventud ha sido la voluntad del Señor. Él no ha dudado en llamar a líderes jóvenes para sus fines eternos, ayudándoles en su preparación y enviándoles adelante a cumplir con sus nuevos llamamientos.

Cuando Samuel era sólo un jovencito fue elegido para ser un profeta. La respuesta que dio cuando fue llamado es un ejemplo para todos los jóvenes: “Habla, Jehová, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:9). David era sólo un jovencito que cuidaba las ovejas de su padre, cuando Samuel, guiado por la inspiración del Señor, lo ungió rey de Israel. José Smith era un jovencito de catorce años cuando el Señor se le apareció y le habló.

Las Escrituras también dan evidencia del papel significativo y vital que las mujeres desempeñaron en el destino de sus pueblos. Esther, una joven judía, tan virtuosa como bella, dio ejemplo de piadosa devoción, de coraje y de patriotismo.

Después de ayunar por tres días, arriesgó su vida para salvar a sus compatriotas. Fue un instrumento en las manos del Señor para librar a su gente de ser ejecutadas.

Cuando Joseph F. Smith tenía quince años de edad, fue a una misión a las islas Hawaianas. El élder Marión D. Hanks, quien es encargado de dirigir los programas de los jóvenes de la Iglesia, era maestro de la Escuela Dominical a la edad de quince años, y una semana antes de cumplir treinta y dos años, fue llamado a servir en el Primer Consejo de los Setenta. Seguir leyendo

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Sed seguidores

Enero de 1978
Sed seguidores
por Roger Merrill

La silueta del presidente se recortaba en el rojizo cielo mientras se mecía lentamente en la silla del jardín, lugar donde iba a pensar, a meditar y a orar. Desde el pórtico de la casa de la misión la gran ciudad lucía hermosa, pero él apenas podía percibir el panorama pensando en los miles que aún estaban sedientos por conocer la verdad.

El presidente necesitaba un nuevo asistente, ya que en dos semanas el élder Cardon iba a ser relevado. ¿A quién, de los 120 misioneros, debía dar el llamamiento? Uno a uno, fue considerando a los líderes de zona. Cuando pensó en uno de ellos meditó lo siguiente:

“De todos mis líderes, él es en muchas maneras el más experto y calificado. Su zona lo sigue sin problemas, pero es también el causante de muchas de mis dificultades. A veces se propone lograr algo y hace un buen trabajo, pero nunca me informa de lo que ha hecho, hay ciertas cosas que me toman siempre de sorpresa y entonces tengo que cambiar mis planes; cuando le pido algo, no sigue mis instrucciones, sino que hace lo que él considera conveniente y trata de convencerme de que eso era lo que realmente había que hacer. He discutido estas cosas con él, pero se niega a aceptar mi punto de vista. No… creo que es mejor que presente otro nombre al Señor.”

Muy a menudo, un talentoso líder no alcanza el total de su potencial debido a que no es un buen seguidor. Entonces, el líder se pregunta la razón por la cual no se confía en él y por qué sus líderes se oponen, cada vez con mayor empeño, a todas sus sugerencias. La habilidad de ganar confianza y de tener influencia en los subalternos es algo extremadamente importante dentro del liderato y sin embargo, en la preparación de un líder se pasa consistentemente por alto.

Las Escrituras nos brindan muchas valiosas lecciones acerca de cómo podemos ser seguidores más eficientes, y de cómo lograr la confianza de nuestros líderes. El desarrollo de un gran seguidor puede verse claramente en unos pocos versos del libro de Eter. Cuando se menciona al hermano de Jared, pensamos en el fuerte, fiel y poderoso líder de los jareditas. Sin embargo, parecería que estas grandes cualidades no fueron meramente concedidas, sino desarrolladas durante un período de tiempo y templadas por las vicisitudes y los desafíos. En el capítulo 2 del libro de Eter, versículo 14 leemos lo siguiente: Seguir leyendo

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Dirigir como el Señor dirigió

Enero de 1978
Dirigir como el Señor dirigió
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon Tanner

A fin de ser un buen líder o maestro—y utilizaré ambos términos alternativamente—en la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es importante que cada persona se dé cuenta y comprenda plenamente que es un hijo espiritual de Dios y que aquellos a quienes dirige también lo son. Es muy importante que aquellos que están recibiendo sus directivas sepan y comprendan que son hijos espirituales de Dios y entiendan cuán importante es este conocimiento en su vida; deben darse cuenta de que nuestro Padre Celestial está interesado en ellos, que desea que vivan de la manera que deben vivir y que está dispuesto a contestar sus oraciones y ayudarlos siempre que sea posible, si tan sólo lo escuchan.

Alguien ha dicho que la habilidad para dirigir requiere cierta intrepidez. Después de todo, esencialmente se tata de estar al frente, de ir primero, de afrontar a la muchedumbre, la congregación, el auditorio desconocido de miles de personas, o la mirada fija de uno solo que duda.

Cualquiera es un líder, o tiene influencia en la vida de otros aunque quizás no se percate de ello. La interrogante es: ¿Qué clase de .líder será? ¿Qué influencia ejercerá?

Cada individuo debe hacer su propia decisión en cuanto a la clase de director que será para poder decir tal como Jesús, “Sígueme” y “Ve, y haz tú lo mismo”, sabiendo que está dirigiendo en el sendero de verdad y rectitud. Esta debe ser la meta de todo líder.

A fin de dirigir como Jesús lo hizo, nos enfrentamos con muchos desafíos. Uno de los primeros pasos para hacerles frente, es darse cuenta de que Cristo es un modelo de dirección correcta; y según cómo estudiemos las Escrituras que son el registro de su vida y enseñanza, éstas pueden convertirse en un estudio de esa forma divina de dirigir. Para poder dirigir como El, es importante que escudriñemos y comprendamos las Escrituras, y las apliquemos a nuestra vida. Como dijo Nefi, debemos aplicar “las escrituras a nosotros mismos” (1 Nefi 19:23); y como dijo el Señor, “viviréis con cada palabra que sale de la boca de Dios” (D. y C. 84:44).

En 3 Nefi leemos:

“Y bienaventurados todos los que son perseguidos por causa de mi nombre, porque de ellos es el reino de los cielos.

Y bienaventurados sois cuando los hombres os vituperaren y os persiguieren y falsamente dijeren toda clase de mal contra vosotros, por mi causa;

Porque tendréis gran gozo y os alegraréis en extremo, pues grande será vuestro galardón en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

De cierto, de cierto os digo que a vosotros os concedo ser la sal de la tierra; pero, si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada la tierra? La sal desde entonces no servirá para nada sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

Y he aquí, os he dado la ley y los mandamientos de mi Padre, para que creáis en mí, os arrepintáis de vuestros pecados y vengáis a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. He aquí, tenéis los mandamientos ante vosotros, y la ley se ha cumplido.

Por tanto, venid a mí y sed salvos; porque en verdad os digo que si no guardáis mis mandamientos que ahora os he dado, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos.” (3 Nefi 12:10-13, 19-20.) Seguir leyendo

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Permaneced en los lugares santos

Marzo de 1974
Permaneced en los lugares santos
por el presidente Harold B. Lee

harold-b-lee-mormonUn llamado al arrepentimiento, la caridad, la fe, el amor

Mi alma se llena de regocijo cuando pienso en los grandes hombres a quienes el Señor ha llamado a su servicio en la Iglesia como Autoridades Generales y en otras responsabilidades; los Representantes Regionales de los Doce, los Representantes Misionales de los Doce y el Primer Consejo de los Setenta, así como todos aquellos que prestan sus servicios en las varias organizaciones de la Iglesia. Hemos tenido la oportunidad de observar con asombro, el hecho de que cada vez que hemos necesitado a una persona para llenar un determinado cargo de vital importancia, parece que la persona adecuada hubiera llegado a ocupar el puesto en forma casi milagrosa.

Al escuchar los discursos pronunciados en esta, conferencia, he recordado las instrucciones del profeta Alma, expresadas mientras un grupo de conversos esperaban en la ribera del río para ser bautizados, y al explicarles la naturaleza del convenio en el que estaban a punto de entrar, dijo: «, . . y ya que deseáis entrar en el rebaño de Dios y ser llamados su pueblo, y sobrellevar mutuamente el peso de vuestras cargas para que sean ligeras; sí, y si estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y consolar a los que necesitan consuelo, y ser testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas, y todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna— Dígoos ahora que si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis hecho convenio con él para’ servirle y obedecer sus mandamientos, para que pueda derramar su Espíritu más abundantemente sobre vosotros?» (Mosíah 18:8-10)

Quisiera llamaros la atención con respecto a uno de estos requisitos:

«. . . si estáis dispuestos a sobrellevar mutuamente el peso de vuestras cargas para que sean ligeras.» Si yo os preguntara cuál es la carga más pesada que podríamos soportar en esta vida, ¿qué responderíais? La carga más pesada que podemos soportar en esta vida es la carga del pecado. ¿Cómo podemos ayudarle a alguien a soportar la pesada carga del pecado para que la misma llegue a ser ligera?

Hace algunos años, el presidente Romney y yo nos encontrábamos en nuestra oficina, donde recibimos a un joven de preocupada expresión, quien luego de presentarse nos dijo: «Hermanos, mañana voy a entrar al Templo por primera vez. En el pasado cometí algunos errores que me han tenido preocupado; hablé con mi obispo y con el presidente de estaca y a ambos le hice una completa confesión de todos mis pecados; después de un período de arrepentimiento y habiéndome asegurado de que no existe el peligro de reincidir, ellos me consideraron preparado para ir al Templo y recibir mis investiduras. Pero hermanos, eso no es suficiente. Yo quisiera tener la seguridad de que el Señor también me ha perdonado.»

¿Cómo responderíais vosotros a una pregunta cómo ésa? Después de pensarlo por un momento, recordamos las palabras del rey Benjamín, expresadas en su discurso del libro de Mosíah. Se encontraba allí un grupo de personas que querían recibir el bautismo, y dijeron ser conscientes de su condición carnal: Seguir leyendo

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Sed leales al Señor

Noviembre de 1980
Sed leales al Señor
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballLa integridad (la buena voluntad y la habilidad de vivir de acuerdo con nuestras creencias y obligaciones) es una de las piedras fundamentales del buen carácter, y sin éste uno no puede tener la esperanza de disfrutar de la presencia de Dios ni aquí ni en la eternidad. No debemos comprometer nuestra integridad prometiendo lo que no vamos a hacer.

Si tomamos nuestros convenios a la ligera, lesionaremos nuestra existencia eterna. Utilizo la palabra convenio en forma deliberada, ya que es una palabra que tiene connotaciones sagradas; y mi intención es utilizarla con toda la fuerza espiritual que tiene. Es muy fácil y tentador justificar nuestra conducta; pero en las revelaciones modernas el Señor nos explica que “cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo, nuestra vana ambición los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido,.. . y (el hombre) queda solo para dar coces contra el aguijón” (D. y C. 121:37-38).

Por supuesto que podemos elegir; tenemos el libre albedrío, pero no podemos escapar de las consecuencias de nuestras decisiones. Y si hay un punto débil en nuestra integridad, es allí precisamente donde el adversario concentra su ataque. Os aseguro que todas las normas de la Iglesia, tanto aquellas relacionadas con la conducta moral como las que se relacionan con la manera de vestir y el aspecto personal, son el resultado de intensa consideración de los líderes de la Iglesia por medio de la oración. Los adultos jóvenes con una apariencia sana y limpia demuestran que no tienen necesidad alguna de seguir los ejemplos del mundo, los cuales muy a menudo se ponen de manifiesto en el desorden, la suciedad y las modas extravagantes; y los jóvenes y señoritas que no han sucumbido a las destructivas tendencias morales de vestirse al igual sin tener en cuenta su sexo son personas alegres que tienen una vida ordenada y que están dedicadas a mejorar su habilidad de servir a Dios y a sus semejantes.

Shakespeare, por medio de Polonio, nos dice una gran verdad: “El traje revela al sujeto” (Hamlet, acto 1, escena 3). Nuestra apariencia externa nos afecta, y tenemos la tendencia a actuar de acuerdo con ella. Si estamos vestidos con nuestra mejor ropa de domingo, no nos sentimos inclinados a actuar en forma áspera, ruidosa o violenta. Si nos vestimos con ropa de trabajo, tenemos una actitud laboral; si nos vestimos en forma inmodesta, tenemos la tentación de actuar inmodestamente; si vestimos como el sexo opuesto, tendremos la tendencia de perder nuestra identidad sexual o algunas de las características que distinguen la misión eterna de nuestro sexo. En esto espero que no se me interprete mal: No estoy diciendo que debemos juzgar a otra persona por su apariencia, ya que eso sería una insensatez; lo que quiero decir es que hay una relación entre la forma en que nos vestimos y nos arreglamos, y las tendencias que tenemos en nuestros sentimientos y acciones. Al instar seriamente a actuar de acuerdo con las normas de la Iglesia, no debemos rechazar a los hermanos que posiblemente no hayan oído o comprendido estas cosas; no se les debe juzgar como personas malas, sino que hay que demostrarles más amor para hacerles comprender con paciencia que si no cumplen con sus responsabilidades, corren peligro y no están actuando de acuerdo con los ideales a los cuales deben lealtad. Esperemos que el descuido que a veces vemos sea más inconsciente que deliberado. Seguir leyendo

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La fuerza de mi testimonio

La fuerza de mi testimonio
por el élder Joseph B. Wirthlin
Ayudante del Consejo de los Doce

Joseph B. WirthlinMis queridos hermanos, me siento realmente honrado y con gran humildad en esta sagrada ocasión. Hace una semana, el presidente Kimball me llamó y me dijo: «¿Tendría tiempo de venir con su esposa a visitarme?» Pensé entonces, cómo podría no tener tiempo para hablar con el Profeta…

En realidad, vendría desde cualquier parte de la tierra para visitarlo y lo mismo haría cada uno de vosotros. Me sorprendió mucho cuando me dijo acerca de mi llamamiento, pero por supuesto, acepté inmediatamente. Cuando salí de su oficina, todavía estaba emocionado. Apenas podía creer lo que me había sucedido.

Bryant S. Hinckley, un gran hombre, refiriéndose a mi padre hace algunos años citó estas palabras de Thomas Carlyle: «jamás se vio en este siglo de la historia una personalidad más poderosa». Pienso que esta frase es perfectamente aplicable al presidente Kimball.

En las rodillas de mi padre se me enseñó a ser humilde, diligente, digno de confianza y a honrar a los siervos del Señor, las Autoridades de nuestra Iglesia y confío en que no traeré otra cosa que no sea honor a su nombre.

Mi vida ha estado rodeada por dos mujeres maravillosas: mi madre, que me dio la vida y me condujo por los senderos de la verdad y justicia, e hizo de nuestro hogar un lugar de espiritualidad, amor y refinamiento, sin dar lugar nunca a la vulgaridad. Y mi amada Elisa, la compañera y esposa a quien amo y venero, que es una de las más nobles siervas del Señor. Ella me ha apoyado siempre con una devoción inquebrantable; su carácter se asemeja al de Rebeca, esposa de Isaac, y a sus abuelas que fueron pioneras de la Iglesia. Ella es una persona estoica y positiva, llena de fe y con un gran amor hacia el evangelio; ha sido una inspiración para mí, y agradezco a sus padres por haberla criado en la forma en que lo hicieron.

Aprecio y amo a cada uno de nuestros ocho hijos, que sólo han traído alegría y felicidad al hogar. Respeto a mis hermanos por el servicio que prestan a la Iglesia y a sus comunidades. Recuerdo siempre a muchos de los buenos maestros que tuve en la escuela y especialmente en la Iglesia, y también a todos los buenos hermanos, mis amigos en la Iglesia, con quienes he trabajado y a los que honro, por la influencia sobresaliente que tuvieron en mí.

La organización de la Escuela Dominical de la Iglesia está muy cerca de mi corazón. Bajo la capacitada dirección del presidente Russell M. Nelson, sus consejeros y una talentosa e inspirada Mesa General, esta organización hará mucho para ayudar a llevar adelante el esfuerzo misional en la Iglesia.

Me gustó mucho mi misión en Suiza y Alemania. Cuando tomé el tren para alejarme de Basilea, Suiza, las lágrimas rodaban por mis mejillas porque sabía que mi trabajo misional regular había terminado en la Iglesia. Quiero mucho a la gente de Alemania y Suiza por las características especiales que tienen.

Mi vida está realmente afianzada en el testimonio de que Dios vive, que Jesús es el Cristo. Honro el sacerdocio que poseo y he visto actuar su gran poder. Sé que el Espíritu del Señor inspira a sus siervos y depende de nosotros atender a su inspiración. Os testifico que José Smith es un Profeta y que a través de él fue restaurada y organizada esta gran Iglesia, por medio de la revelación.

Por el amor que siento por el presidente Kimball y por todos estos hermanos que constituyen las Autoridades Generales de la Iglesia, ofrezco mi vida y mis servicios; iré donde quiera que me mandéis y haré lo mejor para engrandecer el reino de Dios aquí sobre la tierra. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Consagración al Señor

Consagración al Señor
por el élder Robert D. Hales
Ayudante del Consejo de los Doce

Robert D. HalesMis queridos hermanos, me gustaría contaros algo que me sucedió, que os dará una idea de lo que ha pasado por mi mente en las últimas semanas. Todo comenzó con una llamada telefónica de un señor Marión «T.» Romney. Mi secretaria fue a hablarme mientras estaba en una reunión de negocios y dijo: «Un tal Marión T. Romney desea hablar con usted; dijo que usted atendería si le decía que es él quien llama».

Y yo respondí: «Tiene razón. Pero es Marión G. Romney».

Creo que mi secretaria hubiera querido decirle a la del hermano Romney que yo lo llamaría después, pero atendí el teléfono; efectivamente era él y quería hacerme cinco preguntas. Me preguntó si iría a una misión; si era digno; me preguntó sobre mi hijo de 17 años, mi situación económica y mi salud.

Os diré algo que aprendí hace mucho: todo en el mundo depende del libre albedrío. Si hubiera tenido que contestar que no a alguna de aquellas preguntas, habría perdido mi libre albedrío. Estaba económicamente capacitado, era mor al mente limpio y conocía la ley de consagración y lo que ésta significa.

Inmediatamente me fui a casa para hablar con mi esposa. Ella me ha seguido por todo el mundo (nos hemos mudado quince veces); ha aprendido dos idiomas, ha criado nuestros hijos y siempre me ha apoyado en todo.

Recuerdo que una vez, cuando acababa de regresar de un viaje después de estar ausente por algún tiempo, mi esposa se sentó en el brazo del sofá y yo apoyé la cabeza en su hombro. Era casi fin de mes y ella me preguntó si había hecho mis visitas de maestro orientador. Seré sincero; tenía otros planes, pero fui e hice mis visitas. Así es ella, y así fue como comencé a comprender la ley de consagración.

Unas semanas más tarde, otra llamada telefónica siguió a la del presidente Romney. Esa vez era el hermano Arthur Haycock, secretario del presidente Kimball; hablé con él brevemente y entonces oí la inconfundible voz del Profeta, como el llamado de un clarín.

«Hermano Hales, ¿sería inconveniente para usted si le cambiáramos la misión?»

Yo tenía entendido que iría a la Misión de Inglaterra, pero me di cuenta de que otro tendría ese llamamiento y le respondí: «Estaré feliz de ir dondequiera que usted me mande.»

Él me dijo: «¿Le parecería mal si la cambiáramos a Saít Lake City?»

Al responderle yo que no, que estaba bien, él continuó:

«¿Tiene algún inconveniente en que sea por un poco más de tres años?»

«Por el tiempo que usted lo desee, Presidente.»

«Desearíamos sus servicios de por vida.» Seguir leyendo

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La gente que tiene influencia en nosotros

Diciembre de 1975
La gente que tiene influencia en nosotros
por el élder William Grant Bangerter
Ayudante del Consejo de los Doce

William G. BangerterLa breve entrevista que hace unos días, tuvimos mi esposa y yo con el presidente Kimball, indicó que la oportunidad de servicio de la cual hemos disfrutado todos estos años pasados, está ahora en perspectivas de expandirse para que podamos tratar de ser una buena influencia en la gente de todo el mundo. Nos ha sorprendido a ambos ver cómo de pronto, en un breve espacio de tiempo, la parte más importante de nuestros planes personales, ambiciones y deseos mundanos ha desaparecido para no volver jamás a nuestra vida.

Hace algunos años me desperté una mañana y, al recordar que cumplía en ese día mis 35 años, un pensamiento vino a mi mente: «Tienes edad suficiente como para ser presidente de los Estados Unidos.» Entonces, se me ocurrió algo de inmediato y modestamente me dije: «Sí; la edad es la única calificación con que contarías para llegar a serlo.»

La calificación con que cuento hoy para este llamamiento, es la misma que poseen y aprecian todos los Santos de los Últimos Días, la dulce seguridad que da el Espíritu Santo de que Dios realmente vive; el conocimiento que tengo de haber hablado con Él en mis oraciones y que ha contestado muchas veces y me ha dado la influencia de su Santo Espíritu,

En una ocasión, hace también muchos años cuando fui llamado para ser presidente de estaca, el élder Mark. E. Petersen, del Consejo de los Doce, me entrevistó minuciosamente con el fin de saber si yo era digno> e insistió mucho con una pregunta: «Hermano Bangerter, ¿cree usted en el evangelio?»

Le contesté que creía de acuerdo a mi forma de entenderlo.

El entonces me dijo: «No, lo que quiero decir es si usted cree en el evangelio de acuerdo al presidente Joseph Fielding Smith» (por entonces, Profeta de la Iglesia).

La mayoría de vosotros sabéis lo estricto que era el presidente Smith con respecto a la enseñanza de la doctrina del evangelio; por lo tanto, esta pregunta podría servir para separar a los verdaderos creyentes de los que no lo son. Estoy agradecido de haber gozado de una influencia que me ha hecho aceptar fácilmente la gran verdad de que el evangelio ha sido restaurado en los últimos días sobre la tierra y que el Presidente de esta Iglesia es en realidad un Profeta de Dios, con el sacerdocio y la autoridad de Jesucristo para organizar su reino y dirigirlo aquí en la tierra. Quizás algunas de mis cualidades sean apropiadas; soy carpintero y aunque no tenga que arrepentirme por mi profesión, igual me he estado arrepintiendo. Seguir leyendo

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María y José

Diciembre de 1975
María y José
por Robert J. Mathews

Robert J. MathewsHerederos de David, altamente favorecidos, guardianes de nuestro Señor

En el Nuevo Testamento se describe en forma maravillosa la historia de María y José, pero para apreciarla debemos saber algo de su vida y conocer algunas circunstancias especiales.

Es de suma importancia recordar que María es la madre terrenal de Jesús, y que José es el esposo de Mana, y considerar las implicaciones que tuvieron ambos como guardianes y padres terrenales del Salvador. Jesucristo es el Primogénito del Padre en el espíritu, su Unigénito en la carne y es el tema central de las escrituras; los profetas, comenzando por Adán, testificaron de Él y su misión. En la existencia preterrenal era conocido como Jehová y fue escogido por nuestro Padre Celestial para ser el Salvador de la humanidad.

Representó al Padre en todas las cosas pertenecientes a la salvación del hombre, fue creador de mundos y personalmente visitó a los patriarcas antiguos y profetas, e hizo con ellos convenios del evangelio. Adán, Enoc, Noé, Abraham, Moisés, Isaías, Nefi, Alma y muchos otros, lo conocieron y adoraron; fue grandioso y poderoso; fue y es el «Santo de Israel», el Dios de todo el mundo.

Así como Jesús fue seleccionado en el mundo preterrenal para su misión redentora también los profetas fueron escogidos para sus misiones terrenales de acuerdo con su fidelidad. (Véase Abraham 3:22-23; Alma 13:2-10). En la existencia preterrenal fue cuando los fieles hijos de Dios recibieron sus primeras lecciones sobre rectitud y llegaron a ser seguidores de Jesús; algunos fueron preordinados para ser profetas; otros sin duda fueron elegidos para ser padres, madres y esporas de profetas.

Resulta, entonces, lógico creer que María y José fueron apartados por el Padre en aquel antiguo concilio, para ser los guardianes terrenales de Jesús. A María se le dio la responsabilidad y el privilegio, único en su género, de traer al mundo al gran Jehová. De esa forma obtuvo El un cuerpo de carne y huesos, tuvo las experiencias de la vida terrenal y continuó su misión para redimir a la humanidad.

El significado de este nacimiento terrenal fue mucho más crítico de lo que a veces pensamos; no fue algo experimental ni tampoco un acontecimiento opcional en el plan de salvación, La venida al mundo de un Jesús en parte divino y en parte terrenal, fue una necesidad absoluta, pues la familia humana no podría salvarse de ninguna otra manera; sólo el Señor mismo podía traer la redención siendo un ser terrenal, participando de la naturaleza humana, viviendo una vida sin pecado, expiando con su sangre los pecados de los hombres, muriendo y levantándose de los muertos con un cuerpo físico. (Véase Alma 34:8-16; Mosíah 7:27). La justicia eterna no lo permitiría de ninguna otra forma. Sin este procedimiento y este Redentor, al morir todos se convertirían en «. . . diablos, separados de la presencia de nuestro Dios para quedar con el padre de las mentiras, en miseria como él… «(2 Nefi 9:9),

Cerca del año 700 a. de J. C. Isaías hizo una referencia directa a la madre terrenal del Salvador: «. . . He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel» (Isaías 7:14). El Nuevo Testamento identifica este pasaje como una profecía referente a María y al nacimiento de Jesús. (Véase Mateo 1:22-23).

Los nefitas comunicaron en un idioma más claro el nacimiento de Jesús; unos 600 años antes de que aconteciera, Nefi declaró: Seguir leyendo

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