Hagamos la voluntad del Padre

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Hagamos la voluntad del Padre
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEstamos llegando a la conclusión de nuestra conferencia y ha sido maravilloso poder estar con todos vosotros, jóvenes y adultos.

Recuerdo cuando tenía aproximadamente seis o siete años de edad, el Presidente de la Iglesia, Joseph F. Smith, fue a Arizona, lugar donde vivíamos, y todos los niños formamos una larga fila para poder estrecharle la mano. Han transcurrido muchos años desde aquel entonces, y no he olvidado esa experiencia.

El Señor ha sido muy bondadoso con nosotros al brindarnos este buen clima y la oportunidad de llevar a cabo esta conferencia. Hay algunos asuntos de suma importancia sobre los cuales quisiera hablaros.

Recordaréis cuando el Salvador dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). En aquellos días quizás hubiera muchas personas que presumían por sus creencias, pero que no vivían los mandamientos. En Mateo encontramos:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21.)

Cuando tenía aproximadamente ocho años de edad, mis hermanos mayores me asignaron la tarea de cuidar las vacas, las cuales tenía que ordeñar a mano cada mañana y cada noche. Pensé que era una pérdida de tiempo ese trabajo, de manera que decidí aprovecharlo de alguna manera. Mi padre me había dado algunas instrucciones en cuanto a cómo escribir a máquina, a fin de que pudiera escribir muchas de sus cartas, porque él era un hombre de negocios. Escribí los Diez Mandamientos y los Artículos de Fe en pequeñas tarjetas, que colocaba en el suelo, cerca del banquito donde me sentaba, y durante muchos años los practiqué de memoria. Me agradaría saber cuántos de vosotros habéis aprendido los Diez Mandamientos y los trece Artículos de Fe. No quisiera avergonzaros, pero me gustaría preguntaros si podéis repetir esos 23 importantes párrafos. No os avergoncéis, pero tened la bondad de levantar la mano si los habéis aprendido. Ahora, levantad la mano si los vais a aprender durante el próximo año. ¡Magnífico! Creo que si empezáis con los Artículos de Fe, os resultará un poco más fácil. ¡Qué maravilloso sería si cada jovencito los aprendiera de memoria, y pudiera repetir alguno de ellos en cualquier oportunidad en que se le pidiera! ¿Sabéis que esa es una de las cosas con las que el mundo tiene más problemas en la actualidad? No hay muchas personas que puedan repetir los Diez Mandamientos; son simplemente diez párrafos cortos, con excepción de uno o dos. Os ruego que los aprendáis, pues ello será una gran bendición en vuestra vida.

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”

Ahora, ¿cuántos de los presentes sois padres? ¡Magnífico! ¿Os sentáis con vuestros hijos los lunes por la noche para instruirlos concerniente a la doctrina de la Iglesia? Seguir leyendo

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El Santo Sacerdocio

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
El Santo Sacerdocio
por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

President Boyd K. PackerQueridos hermanos, mi propósito es presentar alguna información básica tocante al Sacerdocio; lo que tengo que decir es importante para todo poseedor del Sacerdocio.

“En la Iglesia hay dos sacerdocios, a saber, el de Melquisedec y el de Aarón, que incluye el Levítico.

Le razón por la que aquél se llama el Sacerdocio de Melquisedec es que Melquisedec fue tan gran sumo sacerdote.

Antes de él, se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios.

Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, ellos, la Iglesia en los días antiguos, para evitar la tan frecuente repetición del nombre de Dios, le dieron a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea el Sacerdocio de Melquisedec.” (D. y C. 107:1-4.)

“El Sacerdocio de Melquisedec tiene el derecho de presidir; y su poder y autoridad se extienden a todos los oficios de la Iglesia en todas las edades del mundo, para administrar las cosas espirituales.” (D. y C. 107:8.)

“Todas las otras autoridades u oficios de la Iglesia son dependencias de este sacerdocio.” (D. y C. 107:5.)

“. . .este sacerdocio mayor administra el evangelio, y posee la llave de los misterios del reino, aun la llave del conocimiento de Dios.

Así que, en sus ordenanzas, el poder de Dios se manifiesta.

Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de Dios no se manifiesta a los hombres en la carne.” (D. y C. 84:19-21.)

En el Sacerdocio de Melquisedec existen estos oficios:

El de élder, que es un ministro local residente; el setenta, que es un ministro viajante; el sumo sacerdote, el cual ha de ministrar en las cosas espirituales y presidir de acuerdo con lo que requiera su llamamiento en la Iglesia; el patriarca, que sella bendiciones sobre los miembros de la Iglesia; el apóstol, que es un consejero viajante y testigo especial del nombre de Cristo en todo el mundo.

Los miembros de la presidencia del Sumo Sacerdocio, tienen el derecho de oficiar en todos los oficios del Sacerdocio.

En el Sacerdocio de Melquisedec hay cinco quórumes, éstos son:

“. . .el quorum de élderes, el cual se compone de ministros residentes; no obstante, pueden viajar, pero son ordenados ministros residentes…” (D. y C. 124:137). El quorum se compone de no más de noventa y seis élderes, el cual es presidido por una presidencia de quorum designada por el presidente de estaca. Los hermanos que llamamos futuros élderes se reúnen con sus respectivos quórumes de élderes.

El quorum de setentas “está constituido por élderes viajantes que han de testificar de mi nombre en todo el mundo…” (D. y C. 124:139). El quorum se compone de setenta miembros, a los cuales han de presidir siete hermanos llamados por el presidente de estaca. Su asignación es la obra misional. Seguir leyendo

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Preparaos para lo que viene

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
“Preparaos para lo que viene”
por el élder David Kennedy

David KennedyHermanos, es una vista inspiradora contemplar esta gran congregación del Sacerdocio, líderes de la Iglesia de Jesucristo en Uruguay y Paraguay. Me regocijo con vosotros, mis hermanos, al estar presente en esta gran conferencia; es un gran privilegio el estar aquí. Hoy tuvimos la oportunidad de escuchar juntos las palabras de verdad y vida, principios del Evangelio proclamados por profetas y hombres inspirados. Os testifico que estos hombres han sido llamados por Dios para enseñar, guiar, dirigir y persuadir a los hombres a seguir al Maestro. Ellos pueden decir con la misma autoridad del Santo Sacerdocio, el cual es el poder para hablar en el nombre de Dios, el mismo llamado que el Salvador dio: “Venid en pos de mí“ (Mat. 4:19).

Anoche tuvimos el privilegio de asistir al maravilloso programa cultural, el cual tenía como tema la cita de Alma:

“Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra”. (Alma 34:32.)

En uno de sus recientes discursos ante los Representantes Regionales del Consejo de los Doce, el presidente Kimball hizo una declaración que me impresionó sobremanera. Él dijo: “Este es vuestro día”. Y agregó: “El Señor no abrirá puertas por las cuales no estemos preparados para entrar”. Creo que estas dos declaraciones fijan una responsabilidad concreta en cada uno de nosotros, los que somos miembros de la Iglesia, tanto los poseedores del Sacerdocio como las hermanas, de llevar el mensaje del Evangelio a nuestros amigos, nuestros vecinos, a aquellos con quienes trabajamos, y a cada nación, tribu, lengua y pueblo. El encargo del presidente Kimball nos hace reflexionar y meditar en si estamos haciendo en nuestro día todo lo que podemos individualmente para servir al Señor. Ciertamente podemos hacer más; cada uno de nosotros. Como dice el dicho: “Querer es poder”. Por lo tanto, creo que debemos tomar la firme resolución de servir al Señor. En la primera sección de Doctrinas y Convenios se nos instruye de una forma un tanto similar:

“Preparaos, preparaos para lo que viene, porque el Señor está cerca.” (D. y C. 1:12.)

En la sección 19 se nos dice:

“Aprende de mí, y escucha mis palabras, camina en la mansedumbre de mi espíritu, y en mí tendrás la paz.” (D. y C. 19:23.)

En la sección 88 encontramos esta exhortación:

“Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría, sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. (D. y C. 88:118.)

Después, en la sección 90 encontramos este consejo: Seguir leyendo

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La imagen de la madre

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
La imagen de la madre
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis queridas hermanas, estoy seguro de que si tenéis siempre presente lo que habéis escuchado esta noche y lo lleváis a la práctica en vuestro diario vivir, no es preciso añadir nada más, ya que lo que se ha dicho es todo lo que debéis hacer en lo que a aprestaros para la exaltación se refiere.

Tanto las hermanas como los hermanos que nos han hablado en esta sesión, nos han inspirado con sus buenos discursos y palabras de consejo. Además, la interpretación del coro ha sido hermosísima.

Hermanas, debo deciros que es inmenso el respeto, así como el afecto, que merece a mis ojos la mujer, la madre de los hombres; y no me cabe la menor duda de que el Señor dispensa grandes gracias a todas las mujeres, y en especial, a aquellas que viven de acuerdo con las enseñanzas del evangelio.

Cuando yo era consejero del presidente David O. McKay, y después que él tuvo el ataque de parálisis, me encomendó que en todos los lugares a que yo fuera, recordara a los miembros de la Iglesia que son hijos espirituales de Dios, y que vivieran de conformidad con ese conocimiento, sin olvidar que éste envuelve una responsabilidad individual. Esta noche se nos ha repetido esta verdad, y quisiera hacer hincapié en el hecho de que como tales, es decir, como hijos espirituales de Dios, nuestras posibilidades son infinitas; El anhela que progresemos constantemente y está siempre presto a contestar nuestras oraciones, así como a guiamos por el sendero de la verdad y la rectitud. Si como miembros de la Iglesia de Jesucristo tenemos esto siempre presente, y vivimos en conformidad con dicho conocimiento día a día, de hecho, nuestra influencia se desplegará sobre nuestros familiares, repercutirá en la comunidad en que vivimos y se extenderá por el mundo entero.

Con el fin de ilustrar más claramente la importancia de lo que acabo de deciros con respecto a nuestra responsabilidad individual, os relataré una experiencia referente al tema que venimos tratando: Un joven ex misionero, entusiasmado por lo que la obra misional había significado para él, al reanudar sus estudios en la Universidad de Utah decidió continuar en la obra proselitista como misionero de estaca; por lo tanto, él y otros jóvenes fueron llamados a servir como tales. En una ocasión en que él y su compañero se encontraban enseñando las charlas misionales a una familia, al llegar ellos al punto de exponerles la aparición del Padre y el Hijo a José Smith, el jefe de la familia los interrumpió, diciendo: “Eso es ridículo, absurdo, les ruego que no nos hablen más del asunto”. Desde luego, dada tal petición, ellos no regresaron; pero aquel señor tenía una hija de unos diecinueve años de edad que sí creyó lo que los misioneros les habían enseñado y que solicitó a su padre permiso para ser bautizada. Como podéis imaginar, aquél le negó la autorización, alegando que no se la daría y que tendría que esperar a ser mayor de edad para decidir por sí misma. Por aquel entonces la muchacha acostumbraba salir con un joven, el cual no era miembro de la Iglesia, y al que comenzó a hablarle del evangelio. Una noche, él le dijo “. . .quisiera pedirte que no me hablaras más de tu Iglesia; y más aún, de una vez por todas, quiero que escojas entre tu Iglesia y yo”. Desde luego, la muchacha debe de haber sentido que el mundo se le venía al suelo ante semejante encrucijada. Continuaron hablando del tema durante unos momentos, hasta que por fin, la muchacha le dijo en tono categórico: “Escojo la Iglesia, porque sé que es la Iglesia verdadera”. Cuando la joven llegó a su casa, llorosa y visiblemente alterada, al verla el padre, le preguntó qué le había sucedido, a lo cual ella contestó: “Nada, papá”; él insistió: “Vamos, sé que algo desagradable te ha ocurrido porque nunca te he visto así”. Y de ese modo, ella lo puso al tanto de todo lo ocurrido. Entonces, él le dijo: “Hija, si esa Iglesia significa tanto para ti como lo has demostrado, te doy mi permiso para que te bautices en ella”. Seguir leyendo

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La importancia de la mujer en nuestra vida

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
La importancia de la mujer en nuestra vida
por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustEs un honor y una bendición asistir a esta gran Conferencia de Área y estar con las Autoridades Generales, las autoridades locales, y con todos vosotros. Hay muchas cosas de las cuales deseo hablaros, y posiblemente pueda deciros más, si trato de hacerlo en vuestro idioma.

Quiero hablaros acerca de las mujeres que están muy cerca de mi corazón, del amor que siento por ellas y de la gran influencia que han tenido en mí. Creo que, ante los ojos de Dios, ellas han hecho una obra mayor que la mía.

Mi propósito es daros, tal vez, un mayor entendimiento de cómo vuestra influencia nos ayuda, enseña y bendice, y del impacto que causa en nosotros. También deseo que sepáis lo importantes y necesarias que sois en la obra del Señor.

Uno de mis amigos una vez declaró: “Todo lo que el hermano Faust tiene de bueno, se lo debe a su madre y a su esposa’ ’. Reconozco que esto es verdad, porque fui bendecido con la madre más grandiosa y la esposa más maravillosa del mundo. Además, la excelente madre de mi esposa, también ha influido grandemente en mi vida, y mis amorosas y tiernas abuelas me bendijeron con su amor; no hay palabras para expresar mi agradecimiento por la influencia que mis hijas, nueras y nietas han ejercido sobre mí. Reconozco también, con toda sinceridad, que si he hecho algo bueno en este mundo, se debe a las enseñanzas y los ejemplos de estas mujeres tan especiales.

Tal vez la lección más grandiosa que he aprendido de ellas, fuera su absoluto amor hacia otras personas. Creo que una buena mujer tiene una conexión directa con nuestro Padre Celestial, por su gran capacidad para amar.

Aunque mi madre falleció hace algunos años, y también mi suegra y mis queridas abuelas, su influencia ha permanecido conmigo; estamos separados, pero aún recuerdo sus enseñanzas. Las extraño y echo de menos su influencia y su dirección diaria.

Cuando era pequeño, comprendí cuán profundo puede ser el amor de una abuela. Una de mis amiguitas, que tenía la misma edad que yo, hizo una fiesta para su cumpleaños, e invitó a todos los niños del vecindario, menos a mí; tal vez no me invitara por algo que yo hubiera hecho y que no le hubiera gustado. Lo cierto es que mi abuela se sintió tan triste por mí, que me llevó en el tranvía hasta una heladería y me compró todos los helados que yo quise. Muchos años después, cuando ya había olvidado lo sucedido, fui llamado como obispo en la Iglesia. Mi abuela estaba muy contenta y orgullosa; recordando el incidente del cumpleaños, me dijo: “Hijo, estoy muy orgullosa de ti. Estoy segura de que ahora todos tus amigos querrán que asistas a sus fiestas de cumpleaños”. Entonces comprendí que aquel pequeño incidente la había herido a ella mucho más que a mí, puesto que yo lo había olvidado completamente y ella no. En aquel entonces, para mis abuelas, mis hermanos y yo éramos perfectos. Es un sentimiento muy hermoso el de saber que alguien nos considera perfectos. Seguir leyendo

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Para lograr una vida gozosa

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Para lograr una vida gozosa
por la hermana Camilla Kimball

Camilla KimballMis queridas hermanas, es mi deseo poder hablaros sin dificultad en vuestro propio idioma.

En mi niñez viví en México y aprendí un poco de español, de eso hace ya mucho tiempo, casi lo he olvidado, pero el hermano Balderas me ha hecho el favor de traducir mi mensaje al español. Espero que podáis entender mi mala pronunciación.

Nos sentimos muy felices de poder estar aquí con vosotros en América del Sur, en esta ocasión especial de la dedicación del bello Templo de Sao Paulo.

Hemos estado aquí varias veces en años pasados, cuando el presidente Kimball era supervisor de las misiones sudamericanas. Estoy segura de que hemos conocido a varias de vosotras, pero ahora hay muchos miembros nuevos y nos sentimos agradecidos porque habéis encontrado la Iglesia verdadera. Os amamos y sentimos una afinidad particular con vosotras, aun cuando no os conozcamos personalmente.

Cada una de nosotras ha pasado por distintas experiencias en la vida, ya que vivimos en diferentes partes del mundo; sin embargo compartimos la más importante de todas: la de ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios sobre la tierra.

Somos las hijas en espíritu del mismo Padre Celestial y compartimos Su amor de la misma manera. Él nos ha enviado a esta hermosa tierra para lograr experiencia en la escuela de la vida; por medio de su Hijo Jesucristo, nos ha dado un plan perfecto de vida. Si seguimos cuidadosamente su orientación, encontraremos felicidad, desarrollo y éxito, y nos preparará para volver a vivir eternamente con nuestros padres celestiales.

Como mujeres, se nos ha otorgado la gran potencialidad de ser la madre de los hijos espirituales de Dios, y ésta es una oportunidad inestimable. Espero que exista un fuerte lazo de amor y comprensión entre vosotras, madres e hijas. En mis largos años de experiencia no ha habido cosa más preciosa para mí que el recuerdo de mi asociación con mi madre, y ahora el gozo del que disfruto con mi propia hija y mis nueras. Seguir leyendo

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Vuestro sagrado deber

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Vuestro sagrado deber
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon_B._HinckleyMis amadas hermanas, considero que el dirigiros la palabra en esta ocasión, es para mí un gran privilegio a la vez que una gran responsabilidad, ya que el reunirme con el grupo de hermanas de la Iglesia que todas vosotras integráis, damas de diversas edades: jóvenes adolescentes, señoritas, recién casadas, madres, abuelas, es una oportunidad en verdad extraordinaria. A todas vosotras quisiera deciros que sois grande y ricamente bendecidas; que como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ocupáis un lugar diferente del que ocuparíais bajo la insignia de cualquier otra institución. Todos sabemos a ciencia cierta que cada una de vosotras es hija de Dios, y que como tales contáis con atributos divinos, lo cual viene a depositar una gran responsabilidad sobre vuestros hombros.

Cuando el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro en 1842, dirigiéndose al reducido número de hermanas que se habían reunido en la ciudad de Nauvoo, dijo lo siguiente:

“. . .y ahora, en el nombre del Señor, doy vuelta a la llave para vuestro beneficio; y esta Sociedad se alegrará, y desde ahora en adelante descenderán sobre ella conocimiento e inteligencia.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 279.)

Como podéis ver, se os ha dado la promesa, en el nombre del Señor, de que descenderán sobre vosotras conocimiento e inteligencia. Ahora bien, y ¿a qué conocimiento se refieren esas palabras? En primer lugar, al que tiene que ver con vosotras mismas, vale decir, al hecho de que en verdad sois hijas de Dios. Sí, y confío en que jamás lo olvidéis, en que siempre tengáis presente vuestra eminente condición, lo favorecidas que sois a la vista de vuestro Padre Celestial.

Mi esposa y yo tenemos dos hijos y tres hijas; y, por alguna razón, aun cuando sentimos un profundo cariño por nuestros hijos, pienso que sentimos un afecto especial, por así decirlo, por nuestras hijas. Y os diré que siempre se ha asentado con fuerza en mi alma, el pensamiento de que nuestro Padre Celestial siente un amor especial por sus hijas. Por consiguiente, mis queridas hermanas, confío en que jamás malgastéis vuestro tiempo rebajándoos y disminuyendo vuestra propia estima, cediendo a la tentación de sentir una injustificada compasión por vosotras mismas, sino que antes os engrandezcáis gracias a vuestros propios méritos y magnifiquéis los grandes talentos que vuestro Padre que está en los cielos os ha dado. Espero de todo corazón, que jamás perdáis de vista vuestras magníficas e incomparables posibilidades eternas. Cada una de vosotras puede ser una reina ante el Señor, así como una reina en su casa y una compañera para su marido, andando siempre a su lado, con el conocimiento y la certeza absoluta de que ninguno de los dos podrá alcanzar el más alto grado de exaltación sin el otro, y de que las posibilidades que reserva el futuro para la pareja que marcha junta, son ilimitadas.

Os repito, mis queridas hermanas, que confío en que al adheriros a la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comprenderéis que es tan importante que vosotras desarrolléis vuestros talentos y dones intelectuales como lo es para vuestros maridos. Y me gustaría instaros en esta ocasión, aun cuando no escapa a mí atención lo ocupadas que muchas de vosotras vivís con vuestros quehaceres domésticos, a que desarrollarais el intelecto con la lectura diaria de las Escrituras; y cabe apuntar aquí, que no habéis de limitaros únicamente a la lectura de éstas, sino que debéis asimismo leer buenos libros y buenos artículos. El Señor nos ha dicho claramente que hemos de “familiarizamos con todos los libros buenos …” y aprender “de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra… y .. .de los países y los reinos… y los pueblos”. (Véase D. y C. 90:15, y 88:79.) Aparte de lo dicho, confío en que ninguna de las hermanas que os encontráis presentes en esta oportunidad, lleguéis a rechazar jamás un llamamiento para servir en la Iglesia. Todas vosotras contáis con la capacidad para enseñar, y podéis hacerlo si tan sólo os dedicáis a ese llamamiento con el debido esfuerzo de vuestra parte. Seguir leyendo

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Perderemos nuestra oportunidad?

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
¿Perderemos nuestra oportunidad?
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballHermanos y hermanas, ha sido éste sin duda un evento glorioso, que nos ha unido ante el Señor.

Cuando el hermano Hinckley mencionó a algunos de los amigos que tuvo, me vinieron a la memoria dos que yo tuve. Esta pareja a la que me refiero, se prometieron a sí mismos que cuando se casaran pondrían su casa en orden e irían al templo a fin de que su matrimonio fuera eterno. Se amaban mucho y tenían algo de fe en lo eterno del convenio del matrimonio, mas por alguna razón, no estaban preparados para presentarse ante el obispo con la conciencia limpia a fin de que aquél les extendiera una recomendación. El tiempo transcurrió; vinieron los hijos y ellos se volvieron sumamente activos en asuntos de la comunidad.

El padre amaba a su familia, mas carecía de la determinación necesaria para obligarse a hacer las cosas que debía hacer.

Su esposa embellecía más y más con el correr del tiempo; la maternidad la había favorecido maravillosamente, ampliando su visión y ennobleciendo su alma. Muchas veces trató de convencer a su marido de tener una entrevista con el obispo a fin de obtener la recomendación para el templo; mas él rehusaba. Poco era el servicio que ella rendía a la Iglesia, aunque era activa en asuntos de la comunidad.

Paulatinamente se t nerón creando conflictos entre sus deberes para con Dios y sus intereses personales en el día de reposo, pues consideraba que su obligación era estar con su esposo los domingos.

Ambos prestaban escaso servicio a la Iglesia; y a medida que sus hijos fueron creciendo y entraron en la adolescencia, al igual que sus padres comenzaron a valorar más la libertad y las actividades triviales lo cual los apartó casi por completo de la Iglesia.

Un día, las nubes de lo trágicamente imprevisto descendieron sobre ellos. Fue un día domingo al regresar de un paseo; él era un excelente conductor y no fue culpa suya; el otro automóvil se fue sobre ellos, dejando en el camino varias vidas truncadas. Su esposa y su pequeña hija eran dos de las víctimas.

Después que ambas fueron sepultadas con toda solemnidad, este hombre descubrió que la vida estaba limitada y se enfrentó con una implacable soledad. Las noches parecían interminables, la casa estaba vacía ante la ausencia de su querida esposa; los días transcurrían desprovistos de sentido; la vida misma se presentaba vana y desolada.

Nuestro amigo se dio por entero a su trabajo y al cuidado de sus otros hijos; mas su vida parecía haber recibido sepultura junto a su esposa. Seguir leyendo

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Sigamos la inspiración del Espíritu

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Sigamos la inspiración del Espíritu
por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

President Boyd K. PackerMis queridos hermanos, quisiera compartir con vosotros una gran lección que aprendí de mi madre. Muchas veces nos contó de un incidente que le había sucedido; con ello nos estaba enseñando algo que todo Santo de los Últimos Días debe saber. Y es éste el mensaje que deseo dejaros ahora.

Una mañana mi padre rompió parte de la maquinaria que estaba utilizando. Llegó a casa y le dijo a mi mamá que tenía que ir a la ciudad para llevar la pieza rota al herrero; aunque en este momento ella estaba lavando la ropa, rápidamente empezó a arreglarse para ir con él pues no iba al pueblo frecuentemente. Mientras tanto, mi papá le puso las riendas al caballo y llegó con el coche. Mi mamá se apresuró a subir a los niños; pero al subir ella, titubeó y dijo:

— Creo que será mejor que no vaya contigo en esta ocasión.

— ¿Qué sucede? —-le preguntó mi papá. —No sé —contestó—, pero siento que no debo ir.

Cuando ella dijo esas palabras, mi papá simplemente le respondió:

—Bueno, si sientes que no debes ir, posiblemente será mejor que te quedes en casa. Ella se bajó y se quedó parada en la entrada con los niños, que lloraban desilusionados; mientras lo veía alejarse se dijo: “¡Qué tonta fui!”

Sólo había estado en la casa durante unos cuantos minutos cuando sintió olor a quemado y se dio cuenta de que el techo estaba ardiendo. Inmediatamente hizo que los pequeños se pusieran en fila y pasaran el agua de uno a otro desde la bomba hasta donde estaba mi mamá parada en una silla tirando el agua desde allí hacia el techo, apagando así el comienzo del incendio.

Y allí termina el incidente, con excepción de esta importante pregunta:

¿Por qué no fue al pueblo mi madre ese día?

Esa madre mía había orado muchas veces para que fueran bendecidos, y ese día, sus oraciones fueron contestadas. Otra vez la pregunta: ¿Por qué no fue al pueblo mi madre ese día? No escuchó ninguna voz que le dijera: «Emma, es mejor que no vayas al pueblo, voy a contestar tus oraciones”.

Tampoco recibió un mensaje por escrito en el cual ella pudiera leer: “Emma, es mejor que te quedes en casa ahora”.

Ella permaneció en casa por un presentimiento. Le dijo a mi padre: “Siento que no debo ir’ ’. Fue un gran lección que nos enseñó mi madre.

Este es mi consejo a vosotros, hermanos y hermanas, y especialmente a los jóvenes, que aprendáis a vivir por medio del Espíritu.

Después de bautizamos, cada uno de nosotros fue confirmado miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En esa ordenanza se nos bendijo con el Espíritu Santo para que fuera un don y una bendición en nuestra vida, una guía constante para nosotros. Nos puede guiar en todo lo que hacemos en la vida. Todos nosotros, especialmente los jóvenes, debemos aprender a confiar en ese Espíritu. Debemos aprender a ser espirituales.

«Tened presente que ser de ánimo camal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna.” (2 Nefi 9:39.)

Esta es la impresionante lección que aprendí de mi madre, que tenemos el derecho de recibir inspiración y si vivimos dignamente y oramos al Señor, Él nos guiará.

¡Oh, si nuestros jóvenes pudieran aprender a seguir la inspiración del Espíritu, esa dulce voz! Nos inducirá a vivir rectamente, a permanecer moralmente limpios, a ser dignos Santos de los Últimos Días.

¡Oh, cuán grande es el gozo de conocer la vida llena de felicidad que espera a los que seamos rectos!

Mis queridos hermanos y hermanas especialmente los jóvenes, quiero compartir mi testimonio con vosotros, yo sé que Dios vive, que el Evangelio es verdadero, yo sé que el Libro de Mormón es verdadero, que el presidente Spencer W. Kimball es un Profeta de Dios, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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A quién iremos?

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
“¿A quién iremos?”
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon_B._HinckleyMis amados hermanos, es un placer poder estar con vosotros y me siento agradecido por la oportunidad de estar aquí, en presencia del presidente Kimball, a quien apoyo como Profeta de Dios; y adhiero mi testimonio al de vosotros de que, por intermedio de él, el Señor nos está haciendo saber Su voluntad.

En este momento, ruego tener la guía del Espíritu Santo, ya que mi único deseo es que mis palabras aumenten vuestra fe y vuestra resolución de vivir el evangelio.

En mi vida he tenido la oportunidad de conocer a personas maravillosas, algunas de las cuales no he podido olvidar. Entre ellas se encuentra un hombre de Asia, de un lugar tradicionalmente musulmano, donde se sabe muy poco acerca del Señor Jesucristo; es una nación donde no se tolera el cristianismo.

Este hombre era un oficial naval de su nación, y había venido a los Estados Unidos para recibir una mayor capacitación naval. Durante la misma, le llamó mucho la atención la manera de actuar de ciertos oficiales; cuando les preguntó respecto a algunas de sus costumbres, éstos le dijeron que eran mormones. El demostró interés en saber más, y los oficiales le hablaron acerca de nuestro Padre Celestial y del Señor Jesucristo; le hablaron acerca del profeta José Smith y le dieron un Libro de Mormón para que leyera. El Señor, por medio del Espíritu Santo tocó el corazón de este hombre, quien se bautizó en la Iglesia.

Cuando estaba por volver a su tierra natal, me lo presentaron y yo le dije: “¿Qué sucederá cuando usted regrese a su país?… un cristiano y particularmente un cristiano mormón.” Con una mirada muy triste me contestó: “Mis familiares me considerarán muerto, no querrán saber más nada conmigo, y creo que todas las posibilidades de progreso en la Marina de mi país, estarán cerradas para mí.” Entonces le pregunté: “¿Está usted dispuesto a pagar ese terrible precio por ser miembro de esta Iglesia?’ ’ Me miró muy intensamente, y con lágrimas en los ojos me preguntó: “¿Es verdadera, no?” Me sentí avergonzado por haberle hecho tal pregunta y le contesté: “Sí, es verdadera”. A lo que él respondió: “Entonces, ¿qué importa lo demás?”

Hermanos, en este día me gustaría dejaros este concepto: La Iglesia es verdadera, “entonces, ¿qué importa lo demás?” Seguir leyendo

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Que el Espíritu Santo os pueda guiar

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
“Que el Espíritu Santo os pueda guiar”
por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustEs una gran bendición y un privilegio para mí, estar en esta bendita tierra del Uruguay una vez más. He viajado por este país, de Norte a Sur, y de Este a Oeste; conozco sus bellezas y su historia; también conozco la fidelidad de los santos de Dios en esta tierra, y en Paraguay y Brasil. Es una bendición muy especial estar en la presencia del Profeta de Dios, el presidente Spencer W. Kimball, de su magnífico consejero, el presidente N. Eldon Tanner, y de las otras autoridades, tanto generales como locales que están reunidas aquí.

Hace dos años, durante una conferencia de estaca tuve aquí, en Montevideo, una experiencia que nunca voy a olvidar. Deseaba cambiar algún dinero antes de regresar a Brasil, donde residíamos, y fui con el hermano Carlos Pratt a la Casa Exprinter; quería comprar mil dólares en cruzeiros, pero todo lo que tenía era un cheque personal de mi cuenta en Salt Lake City. El hermano Pratt me presentó al gerente y le indicó que yo era mormón. Los oficiales de Exprinter nunca me habían visto, y no sabían si tendría suficiente dinero en mi cuenta bancaria, ni tenían cómo verificarlo. Basados en el hecho de que soy mormón, los de la Casa de Cambio Exprinter aceptaron mi cheque girado a un banco en Salt Lake City por la cantidad de mil dólares, y me dieron el equivalente en cruzeiros. Su confianza se basaba en el hecho de que yo era un miembro de la Iglesia Mormona. Muy a menudo he pensado en ello, y he llegado a la conclusión de que los santos en Uruguay han sido honrados en sus tratos con la gente, han pagado sus deudas y hecho tratos honestos con sus vecinos, por lo que han adquirido una buena reputación. Os felicito por vuestra devoción en observar los mandamientos.

En marzo de 1976, unas tres semanas antes de que el presidente Kimball llegara a Sao Paulo para colocar la piedra angular del templo, me encontraba aquí, también para una conferencia de estaca. En ese tiempo las estacas estaban bajo la dirección del presidente Mazal y el presidente Fedrigotti, padre; la misión era presidida por el élder Gene Cook. Las estacas y la misión habían recaudado cerca de la mitad de la cuota que les había sido asignada para el templo. Dijimos a sus líderes: “Dentro de tres semanas, el presidente Kimball y el presidente Romney estarán en Sao Paulo para colocar la piedra angular del primer Templo en Sudamérica, y sería un gran logro si pudieran recaudar el dinero restante para el templo en ese período de tiempo. Si lo logran, sírvanse llamarme a mi casa en Sao Paulo, el día en que se colocará la piedra angular, y se lo comunicaremos al presidente Kimball”

Estoy contento de poder deciros que la noche del 20 de marzo de 1976, recibimos una llamada telefónica del presidente Cook, el presidente Mazal y el presidente Fedrigotti; el presidente Kimball tomó un teléfono, el presidente Romney el otro, y los hermanos de Uruguay comunicaron a la Primera Presidencia que los santos uruguayos habían cumplido y la cuota que se les había asignado estaba completa. Y más me satisface poder deciros que los santos en este país y en Paraguay, han pagado más que la cuota que tenían asignada para el Templo de Sao Paulo. Seguir leyendo

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La importancia del hombre

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
La importancia del hombre
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis queridos hermanos, se me ha preguntado por qué llevamos a cabo conferencias de área en todo el mundo, y mi respuesta es: Recordad que el valor de un alma es grande ante la vista de Dios y el propósito de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es el de ayudar a salvar almas.

Me gustaría tratar el tema “La importancia del hombre”. Algunas personas sienten que tienen muy poca importancia; se preguntan qué están haciendo aquí en la tierra, se sienten desilusionados, y no aprecian el hecho de que son hijos espirituales de Dios y que como tales, tienen un potencial ilimitado. Si cada individuo se detuviera a pensar en que es un hijo espiritual de Dios, esto le ayudaría a sentirse importante.

Durante el concilio de los cielos, en el cual estuvimos presentes como sus hijos espirituales, el Señor dijo: “… Descenderemos, pues hay espacio allá,… y haremos una tierra en donde éstos puedan morar…” (Abrahán 3:24). Esa fue precisamente la razón por la cual fuimos creados. Como espíritus bajamos a la tierra y tomamos una existencia mortal, y por esa razón Dios llamó a Jesús para que bajara como Salvador del mundo.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan3:16.)

El murió por todos nosotros, y eso prueba lo importantes que somos como individuos. Este gran sacrificio expiatorio hace posible que, si vivimos los mandamientos, podamos recibir la inmortalidad y la vida eterna, como así también el Sacerdocio, el cual fue restaurado en estos últimos días, cuando Dios envió a Juan el Bautista para restaurar el Sacerdocio Aarónico, y a Pedro, Santiago y Juan para restaurar el Sacerdocio de Melquisedec. Dicho Sacerdocio es el poder de Dios, delegado al hombre para actuar en su nombre; y la Iglesia se organizó bajo la dirección de Dios el Padre y su Hijo Jesucristo.

José Smith fue elegido antes de nacer, y llamado a ser Profeta de Dios y Presidente de la Iglesia, en base a lo cual ésta se organizó.

Se establecieron misiones, estacas, barrios y ramas, y un programa misional, con el propósito de ayudar a salvar almas y ayudarles a comprender el propósito de su existencia aquí en la tierra.

Tal como se os dijo esta mañana, tenemos más de 27.000 misioneros en todo el mundo predicando el Evangelio de Jesucristo, el cual es el plan de vida y salvación. Si el mundo acepta el mensaje que llevan los misioneros, comprenderá que somos verdaderamente hijos espirituales de Dios y que es un privilegio aceptar el Evangelio de Jesucristo, el plan de vida y salvación. Se están edificando capillas y centros de estaca con el propósito de que podamos reunimos a fin de aprender todo lo relacionado con éste, para lo cual también tenemos las organizaciones auxiliares en la Iglesia: la Sociedad de Socorro, la Mutual, la Escuela Dominical, la Primaria, todas con el solo propósito de ayudar a salvar almas.

Esta es la razón por la cual se llevan a cabo conferencias de área en distintas partes del mundo: para que los miembros de la Iglesia tengan la oportunidad de reunirse con el Profeta de Dios. Si todos los habitantes de Montevideo supieran que tenemos a un Profeta aquí con nosotros, no habría un edificio lo suficientemente grande como para ubicar a todas las personas que vendrían a verle.

¡Cuán afortunados somos de pertenecer a la Iglesia de Jesucristo! De tener un Profeta de Dios, guiado por El mismo, que dirige la obra aquí en la tierra.

En todas las partes del mundo donde está la Iglesia, tenemos organizados estacas, barrios y ramas con el fin de estar unidos. Tenemos supervisores de área y representantes regionales en todo el mundo; todo ello nos ayuda a comprender la importancia de guardar los mandamientos.

¡Cuán afortunados somos de saber que hay un Dios viviente, y que somos Sus hijos espirituales! Hay muchas personas en el mundo que no tienen ninguna religión, y entre aquellos que creen en Dios, muchos hay que no comprenden ni creen que es un Dios viviente, ni que Jesucristo sea el Salvador que fue crucificado para nuestra redención.

Recordemos constantemente que nunca debemos estar avergonzados de ser miembros de la Iglesia de Jesucristo ni de vivir el Evangelio, dondequiera que estemos o con quienquiera que nos relacionemos. Si fuéramos acusados de ser santos, de ser seguidores de Jesucristo, ¿podrían condenarnos por ello? En otras palabras, ¿vivimos cada día de modo tal, que nadie pueda poner en tela de juicio el hecho de que somos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Con todo este conocimiento, y con las bendiciones que recibimos como miembros de esta Iglesia, deberíamos ser hacedores de la palabra y no solamente oidores, y no tener nunca la sensación de que somos poco importantes. Debemos cada día recordar quiénes somos, y vivir de acuerdo con ello, de modo que otros puedan ver nuestras buenas obras y de esta manera glorificar a nuestro Padre que está en los cielos.

Haceos estas preguntas: ¿Soy yo digno? ¿Soy un buen ejemplo? ¿Soy una fuerte influencia para el bien? Nunca debemos pensar que el Evangelio es una restricción, sino que se trata de un plan de vida y salvación.

Recordemos siempre que no son las grandes cosas que no hacemos lo que nos deprime, sino las pequeñas; en otras palabras, no son las montañas que debemos escalar lo que nos detiene, sino el pequeño granito de arena que se nos mete dentro del zapato.

Y ahora mis queridos hermanos, tendré el placer de compartir mi testimonio con vosotros en este día. Me siento muy afortunado de poder trabajar tan cerca del Profeta de Dios, y sé que lo que os he dicho en el día de hoy acerca de la Creación, y de que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo restauraron el Evangelio por medio de un Profeta escogido, es verdadero. Sé que Jesucristo dio su vida por nosotros, y que edificamos templos para ayudar a salvar a aquellos que se han ido de esta tierra sin oír la palabra del Evangelio.

Que todos aceptemos estas verdades y vivamos de acuerdo con sus enseñanzas, y que hagamos saber al mundo que Dios vive, que es un Dios viviente y que Jesucristo, nuestro Salvador, también vive.

Que siempre seamos dignos de estas bendiciones y demos nuestro ejemplo al mundo, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Los senderos que llevan a la verdad

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Los senderos que llevan a la verdad
por el élder Robert E. Wells
del Primer Quorum de los Setenta y Supervisor de Área

Robert E. WellsMis muy queridos hermanos y amigos de la Iglesia, os saludo con amor, con estima, con mucho agradecimiento en mi corazón, y ruego que estemos unidos por el Espíritu para gozar de las hermosas verdades del Evangelio y para aprovechar este momento sagrado e histórico en presencia de nuestro Profeta.

Estoy muy contento de estar aquí y poder disfrutar de la hospitalidad y hermandad, tanto de los miembros como de los que no son miembros de la Iglesia. Entendemos que hoy están presentes muchas personas de otras creencias religiosas, a quienes extendemos una cordial bienvenida. Queremos entender a nuestros amigos de otras religiones y queremos ayudarlos a ellos a comprender la nuestra. Para ello, me gustaría explicar el proceso de la conversión que casi todos los mormones hemos seguido para llegar a esta religión cristiana, esta religión de un Cristo que ha visitado las Américas; a esta religión que tiene nueva Escritura llamada el Libro de Mormón; a esta religión que respeta la bandera, y honra los símbolos patrióticos; a esta Iglesia, dirigida por un Profeta que se encuentra entre nosotros, y Doce Apóstoles, de los cuales también hay algunos presentes.

Permitidme ilustrar con experiencias verdaderas los cinco senderos principales que conducen al mormonismo, y que siguen la mayoría de los que se convierten a la Iglesia.

Sendero número 1: Los misioneros, que son mensajeros de Dios.

Dos jóvenes se detuvieron ante un grueso portón de rejas; en el fondo, se veía una hermosa casa. En respuesta a su llamado acudió una joven mujer; ellos le dijeron que tenían un importante mensaje para comunicarle y le preguntaron si podrían entrar por un momento. La señora les respondió: “No, gracias. Yo tengo mi propia religión”. Los misioneros insistieron: “Nuestro mensaje es para personas de todas las religiones”. Mas ella replicó: “Es que ya somos cristianos”. Los élderes entonces le explicaron que su mensaje era para todos los cristianos. La joven les dijo: “Estoy muy ocupada ahora”, a lo que los misioneros contestaron: “Nuestro mensaje es muy corto”.

La joven señora no había notado que su madre se había acercado por detrás, y había estado escuchando la conversación. En ese momento, la señora de más edad, apartando a su hija con suavidad, abrió el portón invitando a pasar a los élderes, al tiempo que les decía: “Sí, nos gustaría escuchar su mensaje”. Seguir leyendo

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Seamos un ejemplo

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Seamos un ejemplo
por el élder D. Arthur Haycock

D. Arthur HaycockMis queridos hermanos, estoy agradecido por el privilegio de estar aquí en esta gran conferencia. He tenido la oportunidad de venir antes con el presidente Kimball, he ‘ estudiado la historia de estos dos grandes países, Uruguay y Paraguay, y estoy impresionado con el gran crecimiento de la Iglesia, así como también con vosotros sus habitantes.

Muchas cosas han sucedido desde diciembre de 1925, hace 53 años, cuando el élder Melvin J. Ballard, dedicó este gran país para la enseñanza del evangelio. Recuerdo perfectamente cuando había solamente una misión en toda Sudamérica, la que luego en 1935, fue dividida estableciéndose una misión para Argentina y otra para Brasil. Hace tres años fuimos con el presidente Kimball a Paraguay, que en ese entonces formaba parte de la Misión Uruguaya pero que ahora es una misión independiente, organizada con 2.400 miembros; aquí, en Uruguay, tenemos 23.000 miembros, siete estacas y una misión.

El 30 de enero de 1954, a las cuatro en punto de la tarde, el presidente David O. McKay dedicó la piedra angular para la construcción de la primera capilla en Sudamérica; a la mañana siguiente, el domingo, se llevó a cabo la conferencia con la presencia de cuatrocientos santos. Tanto anoche como esta mañana, contamos con más de diez mil personas presentes.

La Iglesia está creciendo debido a vuestros esfuerzos misionales y a vuestro gran ejemplo. Tal como el Salvador dijo en el gran Sermón del Monte:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelera, y alumbra a todos los que están en casa.” (Mat. 5:14-15.)

Por lo tanto, mis queridos hermanos, dejad que brille vuestra luz de modo tal que otros puedan ver vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. No podemos dejar de compartir el evangelio con nuestros amigos, nuestros vecinos. Presentadlos a los misioneros, quienes pueden enseñarles el plan del evangelio.

Es posible que se encuentren aquí personas que no son miembros de la Iglesia. A vosotros os decimos que no hay lugar en todo el mundo donde seáis mejor recibidos. Os amamos, respetamos la iglesia a la cual pertenecéis, y os decimos que sigáis en el curso de las cosas buenas en vuestra iglesia y en vuestro hogar; que aprendáis a orar y a amar al prójimo; que aprendáis a ser honestos y sinceros. Conservad todo lo bueno que ya tenéis porque todo lo bueno es parte del Evangelio de Jesucristo, y luego permitidnos compartir con vosotros todo lo que no tenéis para que tengáis la plenitud de este Evangelio.

Esta mañana, cuando el presidente Kimball hablaba con vuestro presidente, éste le dijo que los miembros de la Iglesia son buenos ciudadanos, que sois leales al gobierno y que apoyáis a vuestros líderes; y el Profeta le respondió que la Iglesia enseña que “creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados, en obedecer, honrar y sostener la ley” (Artículo de Fe No. 12). Seguir leyendo

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Percibid las señales

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Percibid las señales
por el élder Artel A. Fedrigotti
Representante Regional del Consejo de los Doce

Si pudiéramos remontar el pensamiento y ver las polvorientas calles de Jerusalén, y también a Jesucristo parado en el umbral de una casona de la época rodeado de gente, y escuchar las voces de algunos escribas y fariseos reclamando: “Maestro, deseamos ver de ti señal”, quizás de esa forma comprenderíamos el porqué de la escritura en Marcos 8:2:

“Y gimiendo en su espíritu dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.”

A cada instante de esta vida y en este mundo en que vivimos vemos al hombre aferrado al orgullo, a la ambición, a sus apetitos camales; y desde ese sitial hasta donde se ha encaramado trabajosamente, lo vemos escuchar la humilde prédica de un honesto misionero y demandar señal, algún hecho mágico o maravilloso, que satisfaga su curiosidad o concupiscencia. Mientras tanto, la inexorable llegada del cumplimiento de los tiempos muestra señal tras señal, y éstas llenan las páginas de los diarios que circulan por las calles.

Hermanos, yo he sido un hombre común y el Señor me ha tendido su mano; con temor y duda me aferré a ella e inicié el difícil camino del arrepentimiento. A medida que he ido venciendo mis errores, he podido comenzar a percibir pequeñas señales, que en realidad siempre estuvieron aquí, en mi corazón, pero que yo ignoraba. Algo así como tenues destellos que lentamente fueron embelleciendo mi hogar, leves impulsos que me permitieron descubrir una gran mujer de lo que era una esposa común, pequeñas decisiones que me convirtieron en amigo de seres que sólo habían sido hijos a quienes dar de comer, frágiles experiencias que fueron cambiando la simple sensación de estar en el lugar adecuado y transformándola en un testimonio cabal, sincero, maduro, de que Dios vive, que Jesucristo vive, y que el Espíritu Santo, nuestro compañero constante, nos lleva de la mano si somos fieles y capaces de perseverar hasta el fin, no importa lo que suceda en el mundo.

Hace algún tiempo, una joven vino a mí muy apresurada a pedirme consejo sobre su decisión de contraer matrimonio con un joven, cuyas características lo identificaban con el materialismo y la incredulidad imperantes en estos días. Le advertí el peligro con el mejor poder de persuasión que poseía; sin embargo, ya las influencias emocionales habían dominado su mente y no podía ver más allá.

Años más tarde la vi, ya divorciada y con dos pequeños hijos, pasar frente a una capilla, detenerse, mirar la torre, en un fugaz instante de serena circunspección bajar la cabeza para después erguirla nuevamente con simulada arrogancia. Partió con paso ligero y gesto entristecido hacia la bruma que se insinuaba calle arriba.

Me hace sufrir mucho ver que hay quienes han recibido las señales, han limpiado su casa, repeliendo lo malo, tal como lo expresa la escritura de Lucas 11:24-26, pero luego permiten que vuelva y penetre allí con mayor fuerza, haciéndoles negar las buenas señales y reclamando aquellas que satisfagan su vanidad y bajos deseos. “. . .y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”, ha dicho el Señor (Lu. 11:26).

Hay un sentimiento que guardo íntimamente y que me ayuda cada vez que se debilitan mis esperanzas, porque renueva mi fe en la humildad y pequeñez del ser humano ante los desafíos de la vida y el más allá. Es la imagen de mi hijo adolescente, mirándome con ojos azorados y llamándome: “¡Papá, no me dejes! ¡No quiero entrar en el mundo, sálvame!” Con gran dolor en mi corazón, no cedo, porque tendrá que ser hombre y pasar las más duras pruebas; si no lo hace, creará en él una personalidad débil, fantasiosa e irreal. Sin embargo, hermanos, y éste es mi sentimiento íntimo, me llena de gozo ver que hay un niño inocente y tierno que jamás dejará de sentir, aunque pasen los años, la necesidad de la compañía de un padre amoroso; el mismo sentimiento que sin duda, anida imperecedero en todo hombre honesto, el respeto hacia nuestro Padre Celestial.

Es mi mayor anhelo que nuestra valiente juventud pueda percibir las señales que titilan en su corazón convertido y no las abandone jamás; lo ruego y dejo con vosotros mi humilde testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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