La importancia de la mujer en la Iglesia

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
La importancia de la mujer en la Iglesia
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce
Sesión para madres e hijas

L. Tom PerryMis queridas hermanas, ¡qué gran placer el haber sido asignado para hablaros esta mañana! Yo conozco vuestra fortaleza. Conozco vuestro poder para ejercer una buena influencia en el mundo. Pero no se supone que vuestra fortaleza compita con la del hombre. El Señor nunca tuvo la intención de que vosotras cavarais zanjas para competir en este trabajo con el hombre. Cuando tanto el hombre como la mujer, cumplen con sus respectivas responsabilidades y se apoyan y sostienen mutuamente, es cuándo el mundo comienza a girar y encontramos la felicidad en la vida. Estas responsabilidades fueron definidas por el Señor desde el principio.

Inmediatamente después de haber sido expulsados del Jardín de Edén, la escritura define el papel del hombre y la mujer. En el quinto capítulo del libro de Moisés leemos:

“Y sucedió que después que yo, Dios el Señor, los hube expulsado, Adán comenzó a cultivar la tierra, a ejercer dominio sobre las bestias del campo y a comer su pan en el sudor de su rostro, como yo, el Señor, se lo había ordenado; y Eva, su esposa, también se afanaba con él. Y ella le parió hijos e hijas; y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra.”

Desde el principio, el Señor designó a sus hijos los papeles específicos. Al hombre se le dio la asignación de liderato, para llevar el sacerdocio, para proveer y proteger a su esposa y su familia. A la mujer, el Señor dio la mayor de las responsabilidades que fue la de traer a este mundo nuevas vidas. Con esta asignación especial también le dio la responsabilidad de ser la primera y más importante maestra de sus hijos. Además de este papel, la mujer debe llevar a cabo el de esposa, apoyando a su marido en el esfuerzo de guiar a la familia.

Las mujeres de la Iglesia de Jesucristo han entendido esta asignación de apoyar a sus esposos, quizás mejor que cualquier otro grupo de mujeres, porque ellas saben que si el esposo está honrando su sacerdocio, el hogar será bendecido. Algunos esposos han interpretado erróneamente la declaración de que siendo el esposo quien se encuentra al frente del hogar, la esposa tiene que obedecer la ley del esposo. El profeta Brigham Young instruyó a los esposos de la siguiente forma: “Permitid que el esposo y padre doblegue su voluntad a la de su Dios y luego instruya a la familia”, El presidente Lee también dijo que la esposa debería obedecer la ley de su esposo, únicamente si el esposo obedece la ley del Señor. Ninguna mujer está obligada a seguir al esposo en la desobediencia de los mandamientos del Señor, Me gusta la forma en que el presidente George Albert Smith definió la relación de marido y mujer; dijo: Seguir leyendo

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En resumen…

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
En resumen…
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión del Sacerdocio

Spencer W. KimballHermanos, hemos oído varios hermosos sermones en estas últimas horas. Nuestro tiempo con vosotros ya casi ha expirado, pero me gustaría tomar el que queda para hablaros. Tenéis entre vosotros grandes misioneros y discursantes. Sólo me resta deciros algunas cosas.

Espero que todo padre aquí haya adoptado el hábito de bendecir a sus niños. Vosotros los que tenéis hijos, recordad que ellos merecen recibir la bendición de sus padres. Al pasar ellos de la niñez a la juventud, quizás podréis vosotros fijar el tiempo propicio para darles esta bendición paternal. Además, todos los jóvenes en la Iglesia deben recibir su bendición patriarcal. ¿Tienen vuestros hijos sus bendiciones patriarcales, a lo menos, aquellos que se encuentran entre los 15 y los 20 años?

Cuando yo tenía 11 años, y mi madre falleció, mi padre reunió a todos los niños, 11 en total, y nos llevó a recibir nuestra bendición patriarcal. Mantengo un registro completo de las bendiciones patriarcales de la familia, y especialmente de la mía propia. En numerosas ocasiones a lo largo de mi vida he releído aquella bendición patriarcal. Mi esperanza es que no esperéis una semana más antes de dar a vuestros hijos esta oportunidad. Si hay muchos de ellos, algunos tendrán que esperar hasta que el patriarca tenga tiempo.

Mi bendición me daba una promesa maravillosa; decía que yo iba a cumplir una misión, y que iba a predicar el evangelio a los lamanitas. En esa época no se obraba mucho entre los lamanitas.

Pero por muchos años, yo alojé esa promesa en lo más profundo de mi corazón. Cuando fui llamado a la misión, fui asignado a Alemania y Suiza, y no encontré ningún lamanita por allí. Al estallar la Primera Guerra Mundial, recibí un llamamiento para ir a Independence, Missouri; allí tampoco encontré lamanitas. Entonces regresé a mi casa, y esperé 20 años, después de lo cual fui llamado a integrar el Consejo de los Doce Apóstoles. Cuando llegué a Salt Lake City, el presidente Smith, entonces Presidente de la Iglesia, me llamó a la obra misional entre los lamanitas. Desde entonces, el progreso de la obra entre los lamanitas ha constituido mi preocupación constante,

¿Estáis enseñando a vuestros niños a orar? “Y también han de enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor”. (D. y C. 68:28.) Si no lo estáis haciendo, comenzad hoy mismo. La noche de hogar se presta idealmente a la enseñanza de la oración, y no hay mejor manera de aprender a orar que haciéndolo. Desde que tienen dos o tres años de edad, los niños son capaces de orar. Un niño puede orar por y para la familia, y representar a la familia en oración.

Ahora me gustaría determinar cuántos niños están presentes que cuentan con ocho años de edad, y cuántos de ellos han sido bautizados. Me entristecerá mucho si hay entre vosotros alguien que tiene ocho años de edad y no ha sido bautizado. Padres, no esperéis hasta que los niños tengan ocho años para comenzar a enseñarles. Enseñadles antes de que lleguen a esa edad.

Vosotros, los que tenéis catorce años de edad: ¿Habéis sido ordenados a los oficios de diácono y maestro? Si hay alguno entre vosotros que no haya sido ordenado, lamento infinitamente que vuestros padres hayan ignorado sus responsabilidades.

Vosotros los que estáis en edad de ser maestros y presbíteros; ¿hay alguno qué no haya sido ordenado presbítero, después de haber sido ordenado diácono y maestro? Esperamos que nunca falléis en la obtención de vuestras bendiciones.

Y ahora vosotros, los que tenéis diez y nueve años y más: ¿Hay algunos en esté grupo que no hayan cumplido una misión, o no estén planeando cumplirla? En este caso, me limito a llamar la atención de vuestros padres y vuestros obispos concerniente a esta situación.

¿Tiene cada obispo un secretario de barrio? ¿Y tiene cada rama en esta área un secretario de rama? El élder Tuttle nos habló acerca de la delegación de responsabilidad. El secretario debe asegurarse de que el obispo tenga presente los cumpleaños de los jóvenes del barrio. Por supuesto que es la responsabilidad de los padres el recordar cuando los hijos deben ser avanzados en el sacerdocio, pero también lo es del obispo o del presidente de la rama. Claro está que no ponemos toda la carga sobre los hombros del obispo: nos aseguramos de que a todos los jóvenes se les brinden oportunidades para servir. Esperamos que nada haya sido pasado por alto. Esta noche se ha dicho aquí que no es lo que uno conoce, sino lo que uno hace lo que obra la salvación del alma.

Permitidme ahora decir una palabra a los misioneros, sin distinción de origen: se dirige tanto a los anglosajones como a los locales, Un gran Profeta del Señor dijo a un grupo de misioneros: “Vosotros estáis siendo relevados de vuestro llamamiento misional. Habéis cumplido con los dos años; mas no estáis siendo relevados de vuestras misiones, ni jamás lo seréis. Vuestra misión es por el resto de vuestras vidas; y recibiréis nuevas y diferentes asignaciones.”

Tuve un compañero de misión quien, al terminar los dos años de su llamamiento, dijo a sus compañeros: “Ahora regreso a casa. He trabajado dos años para el Señor; ahora voy a trabajar para mí mismo”. Eso es exactamente lo que hizo; y prácticamente se apartó de la Iglesia. Dos años de actividad no proveen salvación para el resto de la vida.

Mis hermanos, habéis oído tanta cosa buena esta noche de boca de las Autoridades. Espero que hayáis tomado copiosas notas de todo ello. Desearía que adquirieseis el hábito de tomar notas en todas las reuniones a las que asistís, y de prepararos todas las semanas como si fueseis a hablar en público. El élder Sill, uno de los Setenta de la Iglesia, una vez me dijo que él nunca asistió a una reunión de ninguna clase sin haber preparado previamente algo para decir, en caso de que fuera llamado al estrado. No es suficiente venir y sentarse a escuchar. Debemos pensar en nuestras responsabilidades y venir preparados para ellas, porque “… si estáis preparados, no temeréis” (D. y C. 38:30).

Que el Señor os bendiga hermanos. Estamos orgullosos de vosotros, y os amamos. Que Dios os bendiga. Digo estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El evangelio de Abraham

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
El evangelio de Abraham
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce
Sesión General de la mañana

élder Bruce R. McConkieRuego por la guía del Espíritu Santo, para que lo que yo diga sea lo que el Señor quiere que sea dicho en esta ocasión. Ruego para que seáis iluminados por ese Espíritu a fin de que sintáis en vuestro corazón la verdad de la doctrina que se enseña, y podáis saber que el testimonio que se da es verdadero.

Los que estamos reunidos hoy en esta sesión somos miembros de la Casa de Israel, y estamos reunidos en el redil de Jesucristo; hemos salido de la obscuridad a su luz maravillosa; tenemos las bendiciones del evangelio a nuestro alcance. Pienso que puedo deciros a vosotros así como el Señor dijo a los hijos del padre Lehi, cuando El apareció y les ministró a ellos personalmente:

“He aquí, vosotros sois los hijos de los profetas; y sois de la casa de Israel; y sois del convenio que el Padre hizo con vuestros antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu posteridad serán bendecidas todas las familias de la tierra.” (3 Nefi 20:25.)

Entonces hablando de sí mismo, Jesús dijo:

“Porque el Padre me ha levantado para venir a vosotros primero, y me ha enviado a bendeciros, apartando a cada uno de vosotros de vuestras iniquidades; y esto, porque sois los hijos del convenio.” (3 Nefi 20:26.)

Ahora, si soy correctamente guiado, me gustaría hablaros del convenio que el Señor hizo con Abraham, que renovó con Isaac y Jacob, y que a su debido tiempo, ofreció a todos los de la Casa de Israel; convenio éste que ha sido restaurado en nuestros días, y que ahora nosotros hacemos con nuestro Padre Celestial. Abraham recibió el plan de salvación; lo recibió por revelación del cielo. Este plan de salvación estaba diseñado para ayudar a Abraham a tomar el alma que tenía, y transformarla en la clase de alma que podría vivir en la presencia de Dios, su Padre Celestial. El nombre de este convenio es “el evangelio de Jesucristo”.

Abraham y todos los profetas veneraron al Padre en el nombre del Hijo; el Señor Jehová mismo les ministró; Él era el Mesías prometido, el nacido de María, a quien conocemos como el Señor Jesús. El dio las leyes, las ordenanzas y los principios necesarios para salvar y exaltar al hombre; se los dio a nuestros antepasados; se los dio a Abraham; Él le dijo a Abraham que serían la herencia natural de toda su simiente, hasta la última generación. Dios prometió a Abraham que las bendiciones de la salvación eterna, las bendiciones del evangelio, las bendiciones del Santo Sacerdocio, las bendiciones que preparan al hombre para la exaltación eterna, todas ésas estarían disponibles para todos los hombres por medio del ministerio de Abraham y su simiente. Dios hizo un convenio con Abraham y ese convenio fue que si él entraba en el orden del matrimonio eterno, si cumplía los términos y condiciones de ese convenio, sería levantado en inmortalidad y vida eterna.

Y Dios hizo de él el prototipo y el molde, y decretó que todo aquel que fuera de la simiente de Abraham, aquel que dando un paso al frente hiciera el mismo convenio, entrara en el mismo orden de matrimonio, viviera la misma ley, y guardara los mismos mandamientos, sería como su padre Abraham.

Tenemos el registro de cómo él hizo este convenio con Isaac y Jacob, y la revelación nos dice que éste mismo fue ofrecido a toda la Casa de Israel, que consiste en todos los descendientes del padre Jacob. Seguir leyendo

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Cumpliendo el cometido celestial

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
Cumpliendo el cometido celestial
por el élder A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta
Sesión General de la mañana

A. Theodore TuttleMis queridos hermanos, es para mí un gran privilegio el estar aquí con vosotros otra vez. Este es un día muy especial en la historia de la Iglesia en estos países; siempre es una ocasión muy especial cuando el Profeta del Señor puede estar presente. Quizás desde los días del Libro de Moraron, no han caminado juntos en esta tierra un Profeta y tantos líderes de la Iglesia, y ciertamente desde aquellos días no se han reunido tantos miembros de la Iglesia de Jesucristo de esta área para escuchar la palabra de Dios. Seguramente esto se puede asemejar a los días del rey Benjamín, cuando éste llamó a todo su pueblo para instruirlo. Relatad a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos acerca de los días en que escuchasteis al Profeta del Señor; haced que tas futuras generaciones recuerden lo que él dijo. Para nosotros, en nuestros días, su mensaje es vital.

La obra de la Iglesia restaurada en estos tres países es muy joven; en cada uno de ellos sólo ha habido tres presidentes de misión, sin embargo, en todos la obra ha progresado firmemente. Ya se ha organizado una estaca en Bogotá este año, y hay posibilidades de que otras estacas se organicen en otros países antes de que el mismo termine.

De todas las unidades de la Iglesia representadas aquí, vosotros habéis enviado ciento catorce misioneros de tiempo completo al campo misional. Esto es encomiable; sin embargo, es sólo el comienzo; tenemos que tener cientos más de misioneros, si vamos a llevar el mensaje del evangelio a cada persona.

El presidente Kimball dijo recientemente: “Un hogar feliz, no es sólo el cielo en la tierra, sino la fuerza de la nación”. Un pueblo o nación no puede ser grande sin hogares felices y fuertes. Lo aprendemos del evangelio restaurado de Jesucristo; aprendemos a establecer el hogar sobre cimientos apropiados, a organizarlo correctamente y después a hacer que funcione apropiadamente,

Padres, vuestro es el derecho a decidir; se espera que vosotros poseáis el sacerdocio. Debéis evitar la tendencia casi universal a ejercer injusto dominio, ya que vosotros presidís; no debéis forzar, obligar ni exigir obediencia de vuestras esposas e hijos, más bien, vosotros mismos obedeceréis al Señor y viviréis verdaderamente los principios de los conceptos patriarcales. Como, el Señor nos ha aconsejado, usaréis persuasión, longanimidad, gentileza, mansedumbre y amor verdadero, benignidad y un conocimiento puro para poder guiar a vuestra familia.

Vosotras, las esposas, sois las compañeras de vuestros esposos en este gran esfuerzo; los apoyaréis y los ayudaréis, dado que vuestros esposos son en verdad la cabeza del hogar. Vosotras, las esposas, sois el corazón del hogar. Cada uno de vosotros tiene un papel diferente que desempeñar; el uno es tan importante como el otro. Vosotros dos tenéis que estar unidos en la enseñanza y crianza de vuestros hijos; los dos debéis poseer un entendimiento claro de la importancia de vuestra responsabilidad. Como padres, vuestro primer deber en la Iglesia es vuestra responsabilidad hacia vuestras familias. Mientras mucho se habla de la importancia de la responsabilidad de los padres, a menudo fallamos en dar a la familia, tanto tiempo, energía y entusiasmo, como damos a otras cosas de nuestra vida, como por ejemplo a nuestros empleos, placeres, e incluso a nuestro trabajo en la Iglesia.

En esta Iglesia se nos ha enseñado que cuando uno da más importancia a los negocios o placeres que al hogar, en ese momento comienza a debilitar su alma. El problema, generalmente, es la falta de entendimiento de la importancia de la familia, así como también la falta de planeamiento y disciplina para llevar a cabo las metas preestablecidas como padres; debemos analizarlo cuidadosamente, orar específicamente y esforzarnos ardientemente para lograr el crecimiento y desarrollo de cada hijo. Necesitamos dar más importancia al desarrollo del carácter que a la comodidad, el placer, o cualquier otra cosa. Tal vez el aspecto más importante de un verdadero hogar de un Santo de los Últimos Días, es una gran armonía y unidad entre los cónyuges.

El presidente McKay dio un consejo específico para ayudar a un matrimonio a lograr una unidad mayor en el hogar:

“No digáis algo que pueda herir a vuestra esposa, que la haga llorar, aun si ella os provocase; daos cuenta de que los hijos son vuestras posesiones eternas, son tesoros de la eternidad. No os arriesguéis a poner enfrente de ellos un ejemplo impropio.”

Vosotros sois hombres del sacerdocio y sois líderes; debéis controlaros. Un hombre débil es aquel que se deja llevar por la pasión del momento. Ya sea que esté trabajando con su máquina, o arando, o escribiendo, o haciendo cualquier cosa en el hogar, un hombre del sacerdocio no debe permitir que la pasión le gobierne. Aprended a ser honestos; pensad hermanos, cuántos matrimonios se salvarían y cuántos serían más felices y fuertes, si todos nosotros siguiéramos el consejo del Profeta.

Que cada uno de nosotros se dedique a tener un hogar ideal; hagámoslo nuestra meta. No siempre es fácil establecer comunicación entre marido y mujer, o entre padres e hijos, por lo que hago una sugerencia: Padres, estableced el hábito de tener una conversación o entrevistas privadas con cada uno de vuestros hijos individualmente. En estas visitas reafirmad vuestro amor incondicional hacia todos los miembros de la familia. El amor incondicional es un amor que no está basado en la benevolencia u obediencia de nadie, sino que es un amor que vosotros sentís por ellos, sencillamente porque ellos son vuestros. Esta es aproximadamente la clase de amor que el Padre Celestial siente hacia nosotros. Esta costumbre de hablar privadamente, y escuchar —y tal vez escuchar sea más importante que hablar— construye puentes de comunicación que no sólo son agradables, sino esenciales; existen muy pocos problemas que no puedan ser resueltos entre padres e hijos, si los canales de la comunicación se mantienen abiertos. Esta costumbre requiere planeamiento y tiempo, y bien vale todo el esfuerzo requerido para desarrollar familias felices y fuertes.

¡Cuán bendecidos somos, hermanos, por pertenecer a la iglesia de Jesucristo y tener el conocimiento que tenemos y las instrucciones que recibimos de los líderes de la Iglesia! Seguid adelante, mis hermanos, sed ciudadanos buenos, sed miembros de la Iglesia fieles. Yo sé que Dios vive, yo sé que Jesucristo es el Hijo de Dios y Él es nuestro Redentor y Salvador. Sé que el profeta José Smith, era un Profeta de Dios, sé también que el presidente Kimball es el Profeta actual del Dios viviente. Que el Señor os bendiga, hermanos, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Florecimiento lamanita

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
Florecimiento lamanita
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión General de la mañana

Spencer W. KimballMis queridos hermanos, es realmente un placer y un privilegio reunirme otra vez con vosotros aquí en Bogotá. Tal como se ha mencionado, yo he participado en parte, en algunas de las cosas que han sucedido aquí en esta área.

El presidente George Albert Smith, Presidente de la Iglesia hace tres décadas, declaró que la obra entre los lamanitas no había progresado en la forma que hubiera correspondido. Él decía muy frecuentemente: “No quiero llegar a las eternidades y conocer a mi padre Lehi sin haber hecho algo más por los lamanitas”. Se nos ha dicho que hay sesenta millones de ellos en todo el Continente Americano. Un cuarto de millón son ya miembros de la Iglesia. Yo siento igual que el presidente Smith; tengo la esperanza de no dejar esta vida hasta llevar a cabo una contribución aún mayor por Lehi y su posteridad.

Una de las más grandes sorpresas que tuvimos durante estas conferencias fue ver el gran número de lamanitas que están participando en los asuntos de la Iglesia. Yo amo a los lamanitas y a todos aquellos que se relacionan con ellos. En los últimos años he estado más en contacto con la obra entre los jóvenes indios de los Estados Unidos, y a miles de ellos se les ha dado la oportunidad de recibir una educación y de oír el evangelio. Esperamos que esta obra pueda continuar con mayor ahínco.

Me impresionó mucho lo que dijo el élder que habló hace unos minutos. Que el evangelio significaba todas las bendiciones que ha recibido, y todas las que recibirá. Sé que todos los Santos que están congregados aquí reconocen esa gran bendición.

Fue para mí un privilegio organizar la primera estaca aquí en Sudamérica, en Sao Paulo. Recuerdo que cuando hicimos las entrevistas pertinentes, llegué a una conclusión definitiva: el evangelio de Jesucristo cambia la vida de los hombres. Yo hacía preguntas concernientes a la organización de la estaca, también concerniente a la vida privada y cuando preguntaba: “¿Cómo es su vida?”, siempre me respondían “¿Ahora o antes de unirme a la Iglesia?” Les preguntaba acerca de la Palabra de Sabiduría y entonces contestaban: “Antes de unirme a la Iglesia yo fumaba, tomaba y hacía muchas otras cosas que no debía; apostaba, jugaba a las cartas y llegaba a mi casa sin dinero. Pero ahora, ahora soy miembro de la Iglesia, y llevo todo mi sueldo a casa, y mi esposa y yo, juntos, hacemos el presupuesto”.

Esto es lo que me ha impresionado: el cambio que el evangelio ejerce en la vida de las personas. En este día, entre las numerosas familias reunidas aquí, habrá muchos hombres que podrían decir como aquéllos: “Ya no fumo ni bebo; ya no hago más apuestas. Cada lunes llevamos a cabo la noche de hogar; amo a mi esposa y a mis hijos, mi esposa me ama a mí, y juntos criamos a nuestros hijos en justicia y dignidad.”

Este es mi testimonio; que Jesucristo vive. Que ha visitado este continente y testificó aquí las mismas verdades que testificó en Palestina; y lo dejo con todo el amor que siento por vosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La obra del Señor sigue adelante

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
La obra del Señor sigue adelante
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión del Sacerdocio

Spencer W. KimballAmados hermanos y hermanas, quisiera poder hablar con vosotros extensamente, pero trataré de poner mis ideas en pocas palabras.

El élder McConkie os habló acerca de las bendiciones patriarcales para los jóvenes. Cuanto tenía solamente once años, mi padre me llevó a un patriarca, quien me dio una bendición maravillosa, por la cual yo he podido guiar mi vida. Una de las cosas sobresalientes que me dijo el patriarca era que yo sería bendecido de ir en una misión entre los lamanitas y que tendría un gran éxito con ellos y los vería convertirse en gente poderosa. He leído esa bendición patriarcal miles de veces, pero no sabía cómo se cumpliría.

Fui llamado a mi primera misión, en la Misión Sueco-Alemana, pero no habían indios allí. Luego, cuando estalló la guerra fui a la Misión de los Estados del Centro donde hay algunos, pero en mis dos años y medio nunca pude trabajar con los indios. A veces me preguntaba qué era lo que el Señor estaba comunicándome; esperé y esperé.

He viajado por todo el mundo donde hay lamanitas: las Islas del, Pacífico, América del Sur, del Norte y Central, y muchos otros lugares. Me he sentido sumamente complacido viendo a la gente lamanita en esta conferencia, y espero que haya gran progreso y desarrollo entre vosotros.

Quisiera recordaros que vosotros sois responsables de ver que cada uno de vuestros hijos se bautice cuando llegue a la edad de ocho años. El presidente Romney habló de este cumpleaños tan importante. Permitidme insistir en ello. El Señor ha dicho que cuando los niños tengan ocho años de edad deberán saber el evangelio, y los padres no deben esperar hasta que tengan diez, ni doce, ni veinte años para enseñárselo. Vuestros hijos deben tener un conocimiento básico del evangelio cuando tengan ocho años, incluso antes.

Ahora quiero hablaros acerca de la obra en el templo. El Señor desea que cada hombre y mujer puedan ir al templo para sellarse por la eternidad. Nos damos cuenta de que os costará mucho ir al Templo de Sao Paulo a sellaros, pero esto es posible. Si los jóvenes ahorraran desde la infancia no sería tan difícil hacerlo cuando les llegue el momento de contraer matrimonio.

Entonces habría muy pocas personas que se privarían de esa gran bendición de ir al templo.

Uno de los presidentes de la Iglesia dijo que si las personas comprendieran realmente el valor del matrimonio en el templo, serían capaces de dar la vuelta al mundo caminando, si fuera necesario, para recibir tal bendición. No es imposible que las personas puedan ir al templo a casarse; por lo tanto, es necesario que os mantengáis dignos de entrar en la Casa del Señor. Seguir leyendo

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La influencia materna

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
La influencia materna
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión para madres e hijas

Spencer W. KimballMis queridas hermanas, como mencionó el presidente Romney, esta es la primera vez que he podido asistir a una de estas reuniones, ya que por lo general estoy dirigiendo una reunión de sacerdocio en el momento en que vosotras estáis efectuando la vuestra. Me siento muy contento por este privilegió.

La madre es muy vital en la vida de sus hijos, y naturalmente también lo es el padre, pero os interesaría saber que vuestros hijos consideran vuestra opinión como algo supremo.

En los últimos treinta años he asistido a numerosas reuniones de misioneros; frecuentemente los invitamos a esta reunión para que expresen su testimonio. Recuerdo una reunión que efectuamos en la Ciudad de México, la cual duró hasta las once de la noche, porque todos los misioneros deseaban expresar su testimonio. Lo que me impresionó más de dicha reunión fue que estos jóvenes, casi invariablemente mencionaron a sus madres. Me pareció evidente que las madres eran las que escribían el mayor número de cartas a los misioneros. Los padres, por cierto estaban interesados, pero ellos hacían otras cosas y casi sin excepción, el misionero decía: “Le agradezco al Señor mi hermosa madre. Nunca deja de escribirme; nunca deja de enseñarme; cuida que obedezca mis principios” y luego agregaba: “Estoy ansioso por volver a casa para ver a mi madre”. Naturalmente que también amaba a su padre, pero la madre es preeminente en la crianza de sus hijos. Debemos decir a vuestros esposos que ellos también deben trabajar en este aspecto, pero ahora me estoy dirigiendo a vosotras.

Recuerdo a una pariente distante que tenía una familia muy numerosa. Un día se encontraba hablando acerca de su familia, y dijo: “Mientras amamantaba a mi bebé, pensaba que seguramente sería el presidente de la nación, o el presidente de la Iglesia; pero cuando llegó a la adolescencia, empecé a preguntarme si siquiera podría mantenerlo fuera de la prisión”. Por cierto que esto era en parte una broma, pero estaba diciendo una gran verdad: una madre puede evitar que sus hijos vayan a la prisión; los puede mantener cerca del Señor. Ocasionalmente podrá haber una excepción, pero la gran mayoría de las madres pueden mantener a sus hijos fieles a la verdad. Pasan con ellos más tiempo que los padres, y surten más influencia sobre los hijos.

Me pregunto si estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance hacia el entrenamiento de los hijos. La noche de hogar es de suma importancia. No tenéis que empujar o forzar a vuestros hijos, pero el poder de la sugerencia es de sumo valor.

Estoy pensando en Ana; ¿no fue ella la que le dijo al Señor en oración: “Si me das un hijo, yo te lo devolveré”. Y toda madre debería desear que su hijo fuese lo suficientemente fiel para servir a su Padre Celestial. Hablaba en serio y cumpliría lo que decía. Cuando creció, llegó a ser un Profeta del Señor. Seguir leyendo

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Dedicad tiempo a vuestros hijos

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
Dedicad tiempo a vuestros hijos
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión para madres e hijas

Marion G. RomneyMis queridas hermanas, me gustaría daros tres lecciones para que recordarais siempre. La importancia de enseñar a vuestros hijos queda recalcada por el hecho de que en los primeros meses después que la Iglesia fue organizada, el Salvador Jesús le dio al profeta José dos instrucciones específicas concernientes al deber de los padres de enseñar a sus hijos. Y por cierto, todos sabemos que la mayor responsabilidad recae en las madres para que enseñen a los hijos; ellas están en el hogar con ellos, mientras que el padre, por lo general, está ausente ganando la vida.

La primera cosa a que me refiero, que el Salvador le mencionó al Profeta, es que los niños no pueden pecar antes de que tengan los ocho años de edad. Dijo que Él no le había dado a Satanás el poder para tentar a los niños y que una de las razones por las que no le había dado ese poder, fue que grandes cosas se podrían requerir de sus padres.

O sea, que mientras los niños son menores de ocho años, los padres pueden enseñarles a andar en rectitud a fin de que cuando lleguen a cumplir ocho años de edad (el Señor se refiere a esa edad como a la de responsabilidad), los niños hayan sido instruidos para que puedan resistir las tentaciones del maligno. Esa es una de las lecciones y espero que nunca la olvidéis.

La otra lección concierne a otra declaración del Salvador: El dio una revelación en la que dijo que los padres debían enseñar a sus hijos, para que cuando lleguen a la edad de responsabilidad, comprendan la doctrina del arrepentimiento, fe en Cristo, el Hijo del Dios Viviente, bautismo por inmersión y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos. Y dijo que los padres que no hicieran esto para sus hijos, serían responsables ante El. De manera que estas dos declaraciones de que Satanás no puede tentar a los niños, y que es un deber impuesto por el Salvador mismo sobre los padres, son dos grandes revelaciones y tenemos una gran responsabilidad de vivir de acuerdo con ellas.

El tercer asunto del que deseaba hablaros, es para daros un ejemplo de cómo una madre enseñó a sus hijos el principio de los diezmos. Es una declaración que la hermana Noemi Randall, quien escribió las palabras del himno “Soy un hijo de Dios”, presentó en una reunión de la Primaria en donde se estaba instruyendo a las maestras de la misma. La hermana Randall dijo: “Quedé muy impresionada con la encantadora personalidad y comportamiento sumamente hermoso de cuatro niños de esta pareja”. Estaba de visita en la casa de un oficial militar y su esposa, y luego continúa diciendo que vio la razón del desarrollo de esos niños. La madre estaba ocupada en el fregadero de la cocina, lustrando las partes difíciles de limpiar de un candelero de plata; su hijo de ocho años se le acercó con una pequeña caja en la mano: “Mira, madre”, le dijo, “aquí está la caja para  los diezmos que hice en la Primaria. Quiero poner ahí mis diezmos, pero no sé cuánto pagar.”

Para sorpresa de la hermana Randall, la madre se secó las manos, se dirigió hacia un cajón de dónde sacó una libretita y un lápiz, y luego se sentó a la mesa, con su hijo a su lado. Durante los diez minutos siguientes le explicó cómo hacer un recuento exacto del dinero que recibía cada semana de sus padres, el regalo de cumpleaños de su abuelo y aquello que había ahorrado por hacer diversas tareas en el hogar. Le ayudó a enumerar y sacar la suma de todo esto; luego le enseñó la manera de determinar el porcentaje que le debía pagar al Señor como diezmo. Después le dio la libreta y le dijo que la guardara para anotar ingresos futuros. Después de que el niño se alejó completamente satisfecho, la hermana Randall, le dijo:

“Usted me sorprende; no muchas madres interrumpirían sus tareas para dar respuesta a una pregunta de un hijo tal como usted lo hizo.”

Ahora escuchad la respuesta de la madre y nunca la olvidéis:

“Es posible que pase el resto de mi vida lustrando plata, pero quizás mi hijo no me pregunte jamás otra vez cuánto de diezmo ha de pagar a su Padre Celestial.”

Ahora, madres, recordad que vuestros pequeñitos están libres de las tentaciones de Satanás durante sus primeros ocho años. Recordad que durante ese tiempo habéis de enseñarles los principios fundamentales del evangelio: fe en el Señor Jesucristo, arrepentimiento, bautismo para la remisión de los pecados e imposición de las manos para recibir el don del Espíritu Santo. Si hacéis esto, vuestros hijos os bendecirán a través del tiempo y las eternidades. No fracaséis en deteneros y tomar tiempo para enseñar a vuestros hijos mientras son pequeños y podéis modelar su mente.

Vosotras, hermanas, sois las más afortunadas de todas las hermanas de las siete conferencias que se han efectuado en este viaje, porque ninguna de ellas ha tenido el privilegio de que el Presidente de la Iglesia esté presente en su reunión para madres e hijas, y estoy seguro de que él no rechazará vuestra invitación para hablaros hoy.

Que el Señor os bendiga. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Somos hijos de Dios

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia

Somos hijos de Dios

por el élder Robert D. Hales
del Primer Quorum de los Setenta
Sesión para madres e hijas

Robert D. HalesSoy un hijo de Dios,
Por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar
Y padres caros para mí.
Guiadme, enseñadme
Por sus vías a marchar,
Para que algún día yo,
Con Él pueda morar.
(De “Los niños cantan”)

Nosotros somos hijos de Dios; este es un gran principio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Nosotros vivimos  con nuestro Padre Celestial en el cielo, antes de que viniéramos a esta tierra; fuimos sus hijos espirituales. Nuestro himno “Oh mi Padre” dice:

Oh mi Padre, tu que moras en el celestial hogar,
¿Cuándo volveré a verte y tu santa faz mirar?
Tu morada antes era de mi alma el hogar,
En mi juventud primera, fue tu lado mi altar.

Fue Jesucristo quien presentó el plan de salvación; el plan no fue establecido por El, sino por su Padre, y nosotros conocimos y aceptamos este plan desde antes de venir a este mundo. Este plan ya se había aplicado en otros mundos y Jesucristo nos lo presentó; por esto debemos amarle y vivir los principios del evangelio. El presentó el plan y dos terceras partes de las huestes celestiales lo aceptaron, tal como describe la Perla de Gran Precio, por esta razón estamos ahora en el tierra. Una tercera parte de las huestes celestiales no lo aceptó; se fueron con Lucifer o Satanás y no pueden tener un cuerpo.

Nacimos en esta vida por una razón: la de tener un cuerpo mortal durante esta vida mortal. Debemos aprender a vivir las enseñanzas de este gran plan del evangelio. Vinimos a esta tierra sabiendo que Satanás estaría en este mundo y nos sorprendería en todas las cosas. Por la oposición que existe, vamos a cometer errores y pecados; pero con fe y arrepentimiento podemos superarlos y ser perdonados de ellos. Debemos aprender a vivir sin pecados; podemos vivir sin ellos pues somos hijos de Dios.

En el libro de Eter, capítulo 3, versículos 14 al 16, leemos que dos mil años antes de su nacimiento Jesucristo se mostró en el Espíritu al hermano de Jared y dijo:

“He aquí, yo soy el que fui preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo. Soy el Padre y el Hijo. En mí tendrá luz eternamente todo el género humano, sí, cuantos creyeren en mi nombre; y llegarán a ser mis hijos y mis hijas.

Y nunca me he mostrado a los hombres que he creado, porque jamás ha creído en mí el hombre, como tú lo has hecho. ¿Ves cómo has sido creado a mi propia imagen? Sí, en principio todos los hombres fueron creados a mi propia imagen.

He aquí, este cuerpo que ves ahora, es el cuerpo de mi Espíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi Espíritu; y así como me aparezco a tí en el Espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne.”

Mis queridas hermanas, yo sé que nosotros somos hijos de Dios, y podemos vivir los mandamientos de Dios. Sé que Dios vive y sé Jesús es el Cristo; es muy importante que tengamos un Profeta viviente; podemos estar aquí y escuchar la voz del Profeta, que es algo especial. Doy mi testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Tomad el escudo de la fe

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
“Tomad el escudo de la fe”
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce
Sesión para madres e hijas

L. Tom PerryEn su epístola a los santos de Efeso, el apóstol Pablo dijo:

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efesios 6:10-11.)

Luego da este consejo:

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe.” (Efesios 6:16.)

Hoy me gustaría hablaros acerca de un escudo de fe; es algo que todos necesitamos a medida que avanzarnos en la batalla de la vida. Si un escudo de fe nos protege de los dardos encendidos del adversario, todos deberíamos tenerlo.

En nuestra referencia de la Biblia se encuentra una definición entre creencia y fe. Nos dice que en cierto sentido, la creencia es pasiva; sólo una aceptación o acuerdo; pero la fe es activa y positiva. La confianza por la fe, llevará a una persona a efectuar obras.

¿Podría contaros una historia hoy acerca de una gran mujer que manifestó su fe? Me siento orgulloso de esta mujer, pues era mi tatarabuela; su fe era más que sólo una creencia, pues la impulsó a efectuar obras, a lograr, a edificar y a progresar.

Nació ella en Inglaterra en 1820; después de su matrimonio fue bendecida con seis hijos, uno de los cuales murió poco después de su nacimiento. Su esposo y su hermano eran zapateros; tenían un próspero negocio y confeccionaban unos de los mejores zapatos de toda Inglaterra. Ella les ayudaba en la fábrica cosiendo el forro y las ataduras. Un día, dos misioneros llegaron a la zapatería, y a medida que buscaban unos zapatos nuevos le hablaron a mi tatarabuela acerca del evangelio. Ella los invitó a su hogar para que les explicaran el evangelio a ella y su esposo. Muy pronto, ambos se unieron a la Iglesia.

En aquellos días se les aconsejó que ahorraran su dinero y fueran a Utah, que en aquel entonces se consideraba Sión. Cuatro años después de que se unieran a la Iglesia, disponían de suficiente dinero para efectuar el largo viaje hasta Utah. Tomaron a sus hijos y zarparon por el gran océano en una pequeña embarcación; pasaron seis largas semanas en el agua. ¿Podéis imaginaros sus penas al estar seis semanas en el océano con seis niños pequeños?

Al llegar a Nueva York esperaban ser recibidos por un élder que les debía 600 dólares; él les había prometido pagárselos cuando llegaran a Nueva York, pero lo encontraron sin un centavo, y nunca se los devolvió. Eso causó que ellos perdieran la esperanza de poder efectuar el largo viaje a través de las praderas, Pero esta mala suerte no ensombreció su espíritu en el evangelio; ella y su esposo se pusieron a trabajar y ahorraron suficiente dinero para trasladarse a St. Louis, donde nuevamente su esposo tuvo que buscar trabajo para ganar el dinero suficiente para el largo viaje hacia el oeste.

Mientras trabajaba en un trabajo al que no estaba acostumbrado, contrajo pulmonía, y después de corto tiempo, falleció, dejándola sola con varios niños pequeños para efectuar el largo viaje a través de las praderas, Pero su fe era fuerte; aceptó el desafío y emprendió el viaje a lowa City. En julio de 1856 se unió a una de las caravanas de carros de mano, y literalmente empujó su carro de mano junto con sus cinco pequeños a través de los llanos. La caravana a la que se unió empezó su viaje muy avanzado el año, y antes de que llegaran al valle de Lago Salado, la nieve los atrapó en medio de los llanos. Casi se congelaron y murieron de hambre, hasta que Brigham Young se enteró de su terrible situación y envió un grupo para rescatarlos. Ella fue llevada a la ciudad de Lago Salado, y ahí, unas personas bondadosas la alojaron durante el invierno y, pese a que su hogar era pequeño, lo compartieron con mi tatarabuela.

Ella era muy independiente y lo único de valor que preservaba después de ese largo viaje por los llanos, eran unos artículos de lino fino de Inglaterra. Estaba tan agradecida a esta familia que la había alojado, que les obsequió con esos artículos de lino que había llevado consigo. Cuando llegó la primavera, deseaba sostenerse por sí misma, y se mudó a unas millas de distancia hacia el norte de Lago Salado, a una ciudad llamada Bountiful; allí, ella y sus hijos establecieron un negocio de confección de sombreros, y con este ingreso, pudo proveer para su familia. Como os daréis cuenta, ella tenía fe para hacer lo que se requería de ella; su escudo de fe no era solamente de una capa de espesor, sino que había edificado un escudo de fe con muchas capas. ¿Podría examinar con vosotros algunas de esas capas que ella añadió a su escudo de fe?

Primero: tenía fe en el Señor; su fe fue suficiente para dirigirla desde su hogar, a través del mar a una tierra nueva y extraña. Ningún sacrificio era demasiado pesado para ella y su fe. La fe en el Señor era el fundamento en el que había edificado su vida.

Segundo: tenía fe en el evangelio de Jesucristo. Mediante el estudio aprendió acerca de su veracidad. Cuando consideró la decisión de si habría de abandonar su cómodo hogar en Inglaterra y aventurarse en una tierra extraña, fue muy evidente para ella que el evangelio era más importante que su cómodo hogar en Inglaterra. Aun la inesperada pérdida de su esposo no disminuyó su fe en el evangelio.

Tercero: poseía fe en el sacerdocio. Cuando se les instruyó que empezaran a ahorrar para trasladarse a Sión, inmediatamente empezaron a ahorrar para el viaje. Su fe en las instrucciones del sacerdocio fue lo suficientemente fuerte como para poder seguir su consejo.

Cuarto: tenía fe en sí misma. Ella reconocía que era una hija espiritual de nuestro Padre Celestial; reconocía que si tenía la suficiente fe en sí misma, el Señor la bendeciría y podría lograr las cosas que se requerían de ella. Su fe fue lo suficientemente fuerte como para arrastrar un carro de mano a través de los llanos; pese a que se encontraba sin su esposo, tuvo fe para cuidar a sus hijos.

Quisiera que recordarais está historia de mi tatarabuela y su fe, porque ella era semejante a muchas de vosotras. Ella fue la primera en nuestra familia que se unió a la Iglesia; ella formó un eslabón vital que ofrece vida eterna a todos los que la precedieron, así como a todos los que la siguieron. Esa es la situación en que os encontráis muchas de vosotras; vosotras sois esa persona clave en todas las eternidades, que ha llevado el evangelio de Jesucristo a vuestra familia.

Quisiera exhortaros a edificar un firme escudo de fe; y así esa influencia y conocimiento que poseéis en el evangelio de Jesucristo, tocará la vida de vuestros hijos y los acercará más a nuestro Padre Celestial.

Se os ha dado el papel de la maestra más importante que existe, porque estáis en una posición ventajosa para enseñar a vuestros hijos; podéis surtir en ellos una influencia mayor que la de cualquier otra persona; aseguraos de que poseéis un escudo de fe suficiente para protegerlos y enseñarles acerca del evangelio de Jesucristo.

El Señor ha sido bondadoso con nosotros; nos ha revelado su voluntad. Sabemos el sendero y el curso que debemos seguir. Que Dios nos bendiga para que nuestra fe sea suficiente para ayudar a nuestras familias a crecer fuertes en el evangelio de Jesucristo. Esta obra es verdadera, os testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El plan del Señor

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
El plan del Señor
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión general

Marion G. RomneyMis amados hermanos y hermanas, os invito a uniros conmigo en oración, a fin de que mientras hable, el Espíritu del Señor nos bendiga.

Quiero hacer algunos comentarios acerca del conocimiento más importante que jamás haya sido revelado al hombre.

El programa del Señor para enseñar el evangelio de Jesucristo es el modo por el cual nuestro Padre Celestial prescribió que sus hijos espirituales volviéramos a su presencia. En el mundo espiritual, antes de que el mundo fuese, el Señor presentó el plan del evangelio a todos sus hijos espirituales, a quienes se les daría vida mortal en esta tierra. Cuando presentó el programa, una tercera parte de sus hijos espirituales lo rechazaron. Nosotros, los que nos encontramos ahora en la tierra, y todos aquellos que han estado o estarán en lo futuro, hemos aceptado este plan; si no lo hubiésemos aceptado, no habríamos nacido en esta tierra.

El Señor empezó a enviar a sus hijos espirituales a la tierra a través de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Como espíritus, se les había enseñado el programa, el evangelio de Jesucristo, en el mundo espiritual, tal como a todos nosotros; sin embargo, cuando nacieron en este mundo, habían perdido el recuerdo de su preexistencia, como ha sucedido con todos desde aquel entonces. Eso hizo posible que ellos, así como toda su posteridad, oyesen y aprendiesen acerca del evangelio de Jesucristo después que nacieron en esta vida. Esto es así porque nadie puede ser salvo y exaltado sin un conocimiento del evangelio y sin obedecerlo. Para cumplir con esta enseñanza, el Señor estableció un programa de tres fases, mediante el cual todos los hombres pueden recibir instrucción.

En el principio, nuestro Padre, Dios mismo, vino y lo enseñó a Adán y su compañera; y también envió ángeles para que les enseñasen; les enseñó el programa entero y ha hecho esto repetidamente después de las apostasías generales desde aquella época, los días de Adán, hasta la actualidad. El reveló de nuevo el evangelio a Enoc; lo reveló nuevamente a Noé; se lo reveló a Abraham, a Moisés.

El Señor mismo vino durante el meridiano de los tiempos y lo enseñó a los pueblos de aquella época; el Señor y los ángeles revelaron el evangelio a los ja-reditas y a los nefitas que antiguamente ocuparon estas tierras de América; y en esta última dispensación el Señor Jesucristo mismo y su Padre Celestial aparecieron al profeta José Smith y enviaron ángeles desde los cielos para enseñar el mismo evangelio al profeta José Smith y otros profetas en esta última dispensación.

Las enseñanzas del evangelio, por medio del Padre y su Hijo Jesucristo, y de sus santos ángeles, es la primera fase del programa de Dios para enseñar el evangelio a las naciones de la tierra. La segunda fase de este programa es la enseñanza del evangelio de padres a hijos. El Señor instruyó específicamente a Adán y Eva que enseñaran el evangelio a sus hijos, lo cual hicieron. Las Escrituras dicen que ellos “hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas”. Entonces Satanás vino a ellos y les dijo que no creyesen lo que sus padres les habían enseñado, y muchos de ellos no lo creyeron, y desde ese tiempo “los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos”.

Mediante sus profetas, el Señor ha instruido de nuevo a los padres, en cada dispensación, que enseñen a sus hijos. En esta última dispensación el Señor ha instruido a los padres que críen a sus hijos en luz y verdad; aun reprendió a algunas de las Autoridades de la Iglesia en los primeros días por fracasar en enseñar a sus hijos.

Queda claro que el programa del Señor, donde se enseña el evangelio a la gente, es que Él lo revela a sus profetas para que ellos a su vez lo enseñen a los padres, los cuales lo transmiten a sus hijos.

Mediante la Presidencia de la Iglesia, el Señor ha establecido lo que conocemos como noche de hogar semanal, la que requiere de nosotros que reunamos a nuestras familias y les enseñemos el evangelio. Estas son responsabilidades que todos debemos efectuar.

La tercera fase de la enseñanza del evangelio descansa en el Sacerdocio de Dios. En la revelación que algunas veces se conoce como la Constitución de la Iglesia, el Señor ha instruido a su sacerdocio que visite el hogar de cada miembro de la Iglesia, y que los exhorte a orar vocalmente y en secreto y a que atiendan a todos sus deberes familiares.

En el programa entero de la Iglesia, la obra misional, el entrenamiento en la Escuela Dominical, en la Primaria y en todas las demás organizaciones, el propósito fundamental de la educación de la Iglesia es la educación de los miembros, es enseñarles el evangelio. Disponemos de escuelas profesionales que establecemos, a fin de que nuestros alumnos puedan recibir las ciencias y las artes en un ambiente donde se enseñe y viva el evangelio de Jesucristo.

Os testifico de la veracidad de todas estas cosas, y os prometo que si hacéis vuestro deber en este respecto, os salvaréis vosotros y vuestros hijos, lo cual ruego que logremos, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La revelación del Espíritu Santo

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
La revelación del Espíritu Santo
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce
élder Bruce R. McConkie

Estoy muy agradecido y contento de estar aquí, y simplemente aprovecharé esta oportunidad para dar mi testimonio.

Un testimonio, por naturaleza y definición, es saber algunas cosas por revelación del Espíritu Santo. En nuestro día y dispensación, un testimonio consiste en saber tres cosas:

Primero, que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente, que fue crucificado por los pecados del mundo, que vino al mundo para efectuar el sacrificio infinito y expiatorio; y que mediante su expiación, toda la humanidad es rescatada de la muerte temporal que vino al mundo por la caída de Adán, y tiene el poder para ser redimida espiritualmente, para que llegue a ser heredera de la vida eterna en el reino de nuestro Padre.

Segundo, que José Smith es un Profeta de Dios, que fue el agente en las manos del Señor en nuestros días, para restaurar de nuevo la plenitud de su evangelio eterno, para que nuevamente podamos ser herederos como los santos de antaño, de paz y gozo en esta vida, y vida eterna en el mundo venidero.

Tercero, que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tal como actualmente se encuentra organizada, con el presidente Spencer W. Kimball a la cabeza, es el reino de Dios sobre la tierra, el único lugar donde se puede encontrar la salvación.

Estas tres grandes verdades están comprendidas en mi testimonio; pero forman parte de un testimonio solamente si el conocimiento concerniente a las mismas viene por revelación del Santo Espíritu de Dios.

Yo he recibido este conocimiento por los susurros del Espíritu Santo y os doy testimonio de que sé que ésta es la obra del Señor, que triunfará, que el conocimiento de Dios al fin cubrirá la tierra como las aguas cubren los abismos y que si andamos rectamente delante del Señor, tendremos paz y gozo en esta vida y moraremos eternamente con los profetas y seres santos en los mundos venideros. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Vuestros talentos al servicio de Dios

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
Vuestros talentos al servicio de Dios
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce
Sesión General

L. Tom PerryMis queridos hermanos, ¡qué gran placer es estar en vuestro país! Hemos disfrutado mucho de vuestro espíritu, especialmente anoche, oyendo vuestra música y viendo vuestras danzas. Y mientras contemplamos el gran esfuerzo que habéis hecho para hacer posible esta conferencia, nos damos cuenta de que vosotros sois hacedores de la palabra y no solamente oidores. Hemos encontrado un gran espíritu en vuestro país, y eso es lo que quiere el Señor de vosotros.

¿Recordáis que cuando el Salvador estuvo en la tierra enseñó mediante parábolas? En el capítulo 25 de Mateo, Él nos relata una historia acerca de un señor que confiaba todas sus pertenencias a sus siervos, mientras viajaba por algún país lejano. Dos de los siervos eran fieles y multiplicaron tos talentos que el señor les había dado. Cuando regresó el señor les dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

Cuando magnificamos lo que el Señor nos ha dado, El añade aún más bendiciones a nuestra vida y esa es la manera en que encontramos gozo en la vida. Pero aquel que no fue fiel y escondió los talentos que el señor le dio no recibió nada del señor quien le dijo: “Siervo malo y negligente” (Mateo 25:26). Y le quitó lo que le había dado.

Esa parábola nos enseña una lección muy grande: si nosotros hacemos lo que el Señor requiere de nosotros, Él nos magnificará y nos hará progresar. Debemos dar oído a esta enseñanza.

Cada día debemos ser mejores que el anterior en todo lo que nos sea requerido hacer.

Ahora, mis hermanos, la obra en la que estamos involucrados es verdadera; Jesucristo es la cabeza de esta iglesia; Él ha llamado a un Profeta para guiarnos en estos días: el presidente Spencer W. Kimball. Yo os doy mi testimonio de que esto es verdadero y que el Señor dirige la obra de su Iglesia aquí en la tierra.

Que el Señor nos bendiga, que magnifiquemos nuestros talentos y edifiquemos su reino aquí en la tierra, lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El evangelio para los lamanitas americanos

1977 Conferencia de Área en la ciudad en la Paz, Bolivia
El evangelio para los lamanitas americanos
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión General

Spencer W. KimballMis queridos hermanos, es un gran placer reunirme aquí con vosotros en este hermoso país. Ayer, cuando sobrevolábamos la ciudad, pudimos disfrutar de la belleza natural de la región; muchos edificios altos se elevan hacia las nubes, lino de los hermanos nos dijo que uno de los edificios de La Paz, es probablemente uno de los más altos en el mundo, debido a la base natural sobre la cual fue construido.

Realmente disfrutamos del programa que habéis presentado anoche; estuvimos encantados con los cientos de personas que participaron en el mismo. Bailaron con soltura y gracia y nos sentimos muy orgullosos de lodos ellos.

Nos complace encontrar aquí en La Paz y en sus alrededores, a muchos miles de lamanitas, descendientes de Lehi. En la Iglesia hay casi 250,000 miembros que tienen sangre lamanita a quienes amamos mucho, y hemos venido aquí a mostrarles nuestra gratitud y animarles para que sigan adelante y a que vivan los mandamientos de Jesucristo.

Cristo volverá
Hemos venido para proclamar al mundo que Jesucristo ha estado en la tierra. Como recordaréis, muy poco antes de su ascensión a los cielos, nuestro Salvador llevó a sus apóstoles a la cima del monte de los Olivos, y les dio largas e importantes instrucciones, para que pudiesen llevar adelante su obra. Una vez que hubo terminado la exhortación, ascendió a los cielos y mientras los Doce Apóstoles miraban a nuestro Señor, aparecieron dos ángeles vestidos de blanco y dijeron:

“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:11.)

Cristo en las Américas
Esto habría de suceder muy pronto; y los indios de las Américas habrían de recibir esa visita del Señor, por eso es que anunciamos a todo el mundo que Jesucristo vino, y que durante algunos días explicó a los lamanitas y a los nefitas las mismas doctrinas que había explicado en Jerusalén. Miles de lamanitas y nefitas se agrupaban para oír su mensaje glorioso. Le llevaban a los niños a quienes bendijo, y el Espíritu Santo descendió sobre ellos.

Este es el mensaje que queremos dar a todo el mundo: de que Jesucristo volvió al mundo y enseñó el mismo evangelio que había predicado antes.

La visión de la Restauración
A principios de 1800, José Smith tuvo una visión del Padre y el Hijo. Fue una visión más grandiosa que la de Pablo y la de Daniel. Dios el Padre y Jesucristo el Hijo aparecieron a José Smith, y le dijeron que si continuaba siendo constante y fiel, sería el instrumento en las manos del Señor para establecer la restauración del evangelio.

Hay sesenta millones de lamanitas que viven desde el norte de Alaska hasta la parte austral de Sudamérica, a quienes invitamos, así como a todos los demás, a que se unan a la iglesia.

Hace más o menos medio siglo, el hermano Melvin Baílard, uno de los Doce Apóstoles, vino a Sudamérica y dedicó esta tierra para la predicación del evangelio. Ya hemos hecho un trabajo considerable al respecto, pero esperamos un gran adelanto de esta obra entre los lamanitas de todo el mundo. Ha sido un privilegio especial para mí haber participado en esta obra. He estado muchas veces en Bolivia y en otros países de Sudamérica, trayendo este testimonio a cada habitante de esta tierra. Jesucristo vive y ha vuelto a la tierra y continuará bendiciendo la tierra con su presencia cuando lo considere necesario.

Programa para los niños
Estamos complacidos con el rápido crecimiento de la Iglesia en Bolivia; tenemos alrededor de 11,000 miembros más dentro de la Iglesia, muchos de ellos Iamanitas puros, y estamos encantados con ellos. En los Estados Unidos tenemos un programa especial para los Iamanitas, el cual podría implantarse también en este país. Hemos invitado a miles y miles de vuestros niños a los hogares de los miembros de la Iglesia anglosajones, donde se les provee de lo necesario para vivir y estudiar. Este programa se ha expandido en muchos estados de los Estados Unidos, y estamos muy felices con el progreso que se ha logrado. Muchos de estos niños, cuando han terminado su educación primaria, continúan estudios de secundaria y después en universidades. Este programa está más desarrollado en Utah que en cualquier otro lugar.

Hermanos, estamos muy agradecidos con este programa y esperamos poder enseñar el evangelio en varios idiomas para que todos los Iamanitas puedan comprenderlo.

Sabemos que ésta es la obra del Señor e invitamos a todos aquellos que estén escuchando estas palabras, a que investiguen las verdades que enseñamos, las cuales traerán felicidad y gozo a las familias de esta tierra. Y al invitaros a participar de este programa del evangelio, pedimos al Señor que os bendiga, que toque el corazón de cada uno de vosotros, para que sepáis, como nosotros sabemos, que Jesús es el Cristo, que Dios vive y que todos viviremos después de la muerte por medio de la resurrección. Testifico esto, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Seguid el ejemplo de Eva

1977 Conferencia de Área en la ciudad de Santiago, Chile
Seguid el ejemplo de Eva
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión para madres e hijas

Marion G. RomneyHermanas, he decidido traer a vuestra atención, cinco grandes rasgos de carácter de nuestra madre Eva que aparecen en las Escrituras. Por supuesto, todos sabemos que ella fue la primera mujer mortal, la madre de toda la raza humana; que era una grande y noble mujer y dio ejemplo de una vida correcta digna de emularse. Las cinco virtudes a que me refiero son las siguientes:

Eva trabajó al lado de su esposo; cumplió con su misión de multiplicar y henchir la tierra; oró con su esposo-aprendió, comprendió y apreció el evangelio; y junto con él enseñó el evangelio a sus hijos.

La referencia más antigua que nos habla de Eva como mujer mortal, la encontramos en el primer versículo del quinto capítulo de Moisés, en la Perla de Gran Precio:

“Y sucedió que después que yo, Dios el Señor, los hube expulsado, Adán empezó a cultivar la tierra, a ejercer dominio sobre las bestias del campo y a comer su pan en el sudor de su rostro…”

Luego  la escritura nos dice que “Eva, su esposa, también se afanaba con él.” Trabajar junto con su marido llegó a ser una verdadera necesidad a medida que ella y Adán comprendían el significado de la declaración de Dios: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”.

En su lucha valiente y solitaria por sobrevivir, esta noble mujer trabajó al lado de su esposo. Los términos con él, tal como se usan en esta escritura, tienen mucho significado; van más allá del trabajo físico, significan un propósito común, comprensión, cooperación y amor.

En este trabajo junto a su marido, Eva estableció un ejemplo de emulación por parte de todas sus hijas hasta la última generación. Aunque la naturaleza del trabajo de una mujer haya cambiado desde entonces, la relación verdadera de esposo y esposa no ha cambiado. Aunque las circunstancias justifiquen que una mujer trabaje fuera del hogar para ayudar a sostener a su familia, debe trabajar con su esposo y no para su propio beneficio ni en una actitud de conflicto con él. Las mujeres Santos de los Últimos Días deberían meditar sobre el significado de la siguiente declaración y desarrollar en sí mismas los excelentes rasgos de carácter que ella revela: “y Eva, su esposa, también se afanaba con él”. En las familias de los Santos de los Últimos Días los esposos deben ser unidos como dijo el Señor.

Después de relatar que Eva debía trabajar con su esposo, el registro nos indica que a pesar de ello, ella no dejó de cumplir con su misión como madre. El registro dice que “Adán conoció a su esposa y ella le parió hijos e hijas; y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra”.

La tercera referencia que nos habla de Eva como mujer mortal, la representa junto con su esposo en oración: Seguir leyendo

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