Nuestras inapreciables familias

4 de octubre de 1974
Nuestras inapreciables familias
por el Presidente Loren C. Dunn
del Primer Consejo de los Setenta

Loren C. DunnLos padres tienen el derecho y la obligación de fortalecer a sus familias.

¡Qué hermoso espíritu de paz ha logrado establecer el Coro del Tabernáculo con su último canto!

Es un honor encontrarse esta mañana en esta conferencia, mis queridos hermanos, y recibir las instrucciones y la dirección del Profeta de Dios. Quisiera, para empezar, dejaros mi testimonio acerca del hecho de que el presidente Spencer W. Kimball es un Profeta de Dios, de que él es el administrador legal del Señor sobre la tierra en la actualidad, de que quienes sigamos sus instrucciones y consejos, llegaremos a saber por experiencia propia, que lo que nos ha dicho es verdad y es bueno para el fortalecimiento y la elevación de la humanidad. El presidente Spencer W. Kimball es un Profeta de Dios.

Quisiera utilizar como base de mis palabras de hoy, algo que dijo el presidente Kimball previamente, tema al cual volvió a referirse esta mañana. Dijo: “El país se edifica sobre los fundamentos de sus hogares, y los hogares son edificados sobre los cimientos de sus familias.

La familia, madre, padre y los hijos, constituye la más antigua de todas las instituciones, y permanece al frente y como fundamento de nuestra civilización. No puede haber nada más perdurable ni precioso que la familia. Es no obstante evidente, que existe la necesidad de elevar el papel que desempeñan los padres en la estructura familiar.

Recuerdo cuando hace unos pocos años me dirigía yo hacia Canadá, en un viaje de negocios, junto con una vasta gama de líderes políticos y del comercio. Después de los negocios del día, cenamos juntos; durante el transcurso de la cena, al tiempo que todos comenzábamos a entrar en confianza y a conocernos mejor, uno de los presentes y sin un motivo aparente, comenzó a hablar de su hijo, a quien era evidente que amaba mucho. Pero aun así, era evidente que existía cierto conflicto y un pequeño alejamiento entre él y su hijo, por lo que no sabía qué hacer, si es que en verdad había algo que debía hacer.

Eso provocó un comentario similar de los demás caballeros sentados a la mesa. Se podía apreciar que se trataba de algo de lo que ellos no estaban acostumbrados a hablar, pero cada uno se preocupaba personalmente de algún aspecto de su vida familiar, lo que se relacionaba principalmente con sus hijos.

Aun cuando nos encontramos viviendo en una era de cambio y transición, creo que los padres se encuentran tan ansiosos y preocupados por sus hijos como siempre lo estuvieron. Si la familia es entonces la unidad fundamental de la sociedad, tal vez exista la necesidad de reafirmar algunos de los conceptos y principios básicos sobre los cuales se apoya.

Lo primero que debemos afirmar es que los padres deben reconocer que ellos tienen el derecho de estructurar las actitudes y la conducta de sus hijos; no sólo tienen el derecho de hacerlo, sino la responsabilidad. Seguir leyendo

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Vuestra preparación para la misión

Conferencia General Octubre 1974

Vuestra preparación para la misión

A. Theodore Tuttle

por el presidente A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta

No tenemos ni siquiera la mitad de los misioneros necesarios; preparaos, que sois necesarios


Jóvenes, deseo aconsejaros con respecto a vuestras futuras misiones. En un tiempo fui joven como vosotros; quizás eso os parezca hace mucho tiempo, pero para mí es tan sólo un momento. He pasado por cada día de cada año de vuestras vidas—y muchos, muchos más. También soy padre y durante mi vida he tenido mucha experiencia con los jóvenes.

Cuando el Profeta de Dios declara que ahora es el tiempo de aumentar nuestros esfuerzos e incrementar la fuerza misional, ¡ahora es el tiempo!

Hace poco conversé con un joven acerca de una misión quien dijo: «No quiero ir.» Le pregunté: «¿Y eso qué tiene que ver? Lo mismo te necesitamos.»

El presidente Kimball ha dicho que no tenemos suficientes misioneros. ¿No os dais cuenta que no importa si deseáis ir o no? ¡Os necesitamos! ¿Sabéis lo que significa ser necesitado? En el campo de la misión es donde se forjan y fortalecen los lazos de la hermandad; desarrollaréis el amor por el compañero con quien os arrodilléis en oración diaria. Aprenderéis a amar a la gente con quienes os asociéis, no importa su raza o situación; y ellos os amarán a vosotros. Os amarán porque vosotros les llevasteis el evangelio. Seguir leyendo

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La ley del ayuno

Octubre de 1974
La ley del ayuno
por el élder Henry D. Taylor
Ayudante del Consejo de los Doce

Henry D. TaylorLa obediencia a este principio del evangelio aumentará la prosperidad, tanto material como espiritual

En una reciente reunión, el presidente Marión G. Romney dio un mensaje que me impresionó mucho. Dijo en primer término; «Siempre ha sido y sigue siendo el deseo y el objetivo de la Iglesia, obtener los fondos necesarios para cumplir con las obligaciones de dinero en efectivo del Programa de Bienestar, mediante las recolecciones de las ofrendas de ayuno. Podemos y deberíamos lograr mejores resultados de los que estamos alcanzando.» Más tarde expresó esta reconfortante aseveración: «Si duplicamos nuestras ofrendas de ayuno, aumentará nuestra prosperidad, tanto espiritual como material. Esto es lo que prometió el Señor y de ello podemos dar testimonio por innumerables ejemplos que conocemos.»

Hace muchos años se eligió un día en el cual se observaría la ley del ayuno. Un aspecto muy importante de esta ley, tanto en aquel entonces como ahora, fue la contribución liberal de los que ayunaban para el fondo de ofrendas. La norma actual de la Iglesia ha sido expresada en la siguiente forma:

«El primer domingo de cada mes, es el señalado generalmente como el día de ayuno y oración, durante el cual se realiza la reunión de testimonios. En dicha reunión se debe contar con suficiente tiempo para que los miembros presenten su testimonio. . .

La observancia adecuada de un día de ayuno consiste en la abstención de alimentos y bebida por espacio de dos comidas consecutivas, asistiendo a la reunión de ayuno y testimonios y haciendo una generosa ofrenda para los fondos que administra el obispo, mediante los cuales se cuida a aquellos que tienen necesidades materiales. La ofrenda de ayuno mínima es el equivalente en dinero al costo de dos comidas.» (Manual General de Instrucciones, 1968, pág. 40.)

Sin embargo, el día para tener la reunión de ayuno y testimonios en la Iglesia, no ha sido siempre el domingo. El presidente Joseph Fielding Smith nos proporciona una interesante explicación del desarrollo de esta ley y principio;

«El ayuno y la oración que observamos en la actualidad, provienen de los primitivos tiempos de la Iglesia. El principio del ayuno y el espíritu de oración, fueron ordenados por el Señor desde los tiempos de la organización’ de la Iglesia restaurada. (Véase D. y C. 59:8-13; 88:76, 119.) Con respecto a la elección de un día determinado del mes para llevar a cabo este mandamiento, disponemos del siguiente testimonio del presidente Brigham Young, en un discurso pronunciado en el Tabernáculo de Salt Lake City, el 8 de diciembre de 1867:

‘Vosotros sabéis que el primer jueves de cada mes observamos el día de ayuno. ¿Cuántos de los presentes conocen el origen de ese día? Antes de que se pagaran los diezmos, los pobres eran mantenidos con lo que se recolectaba de las donaciones. Pero algunos se presentaron en Kirtland al profeta José Smith en procura de la ayuda que necesitaban, y él dijo que debía haber un día de ayuno. Habría de celebrarse una vez al mes, como lo hacemos ahora, y todo lo que se hubiera comido en ese día, harina, carne, mantequilla, fruta o cualquier otra cosa, se llevaría a la reunión de ayuno y se pondría en las manos de la persona encargada del cuidado de pobres y necesitados. Si hiciéramos eso fielmente ahora, ¿creéis que a los pobres les faltaría harina, mantequilla, queso, carne, azúcar o cualquiera de los artículos de primera necesidad con que pudieran alimentarse? ¡No! Habría mucho más de lo que pudieran utilizar todos los pobres que hay entre nosotros. . .'»

Y continúa el presidente Smith: Seguir leyendo

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Como nos ayuda el templo a enseñar el evangelio a nuestros hijos

Abril de 1975
Como nos ayuda el templo a enseñar el evangelio a nuestros hijos
por Roger y Rebecca Merrill

Hallamos en la casa del Señor un modelo perfecto para nuestro hogar. El ambiente del templo es siempre placentero. . .

Cuando el año pasado nos establecimos la meta de asistir al templo con más frecuencia, no comprendíamos el tremendo impacto que esto habría de tener en nuestra vida diaria.

Con tres hijos en edad pre-escolar y. otro en camino, comenzamos a preocuparnos seriamente por criar a nuestros hijos en una manera que agradara al Señor. Ambos trabajamos de una forma más eficaz y con más tranquilidad en cualquier proyecto, cuando nuestras metas y objetivos son claros; los esfuerzos que hacíamos para aclarar nuestras metas en cuanto a la crianza de nuestros hijos eran frustrantes; las clases de pedagogía, los libros de psicología y las técnicas de administración, todo proponía muchas soluciones diferentes para los problemas de la vida familiar.

De la misma forma que el joven José Smith, nos sentimos perdidos entre las diferentes filosofías de los hombres, cada una de las cuales afirmaba que su método de criar una familia era el correcto. Fue entonces que comenzamos a preguntarnos, ‘‘ ¿cuál de los métodos es el apropiado?»

Al asistir en forma periódica al templo para realizar el trabajo por los muertos, de pronto se nos ocurrió la idea de que los principios allí enseñados, ya sea por precepto o ejemplo, se aplican al diario vivir. Al pensar en ello, hallamos en la casa del Señor un modelo perfecto para nuestro hogar; hallamos en el ejemplo de nuestro Padre Celestial un modelo perfecto de paternidad, y en las escrituras un texto perfecto, pleno de historias y ejemplos de la forma en que Dios trata como Padre, a sus propios hijos.

El Señor ha dado instrucciones específicas en relación con su propia Casa de Kirtland y un plano divino para todas las casas en una revelación dada a José Smith. Instruyó a los santos para que establecieran «una casa de oración, de ayunos, de fe, de instrucción, de gloria, de orden, una casa de Dios» (D. y C. 88:119). Estas instrucciones pueden también aplicarse a nuestro hogar.

Nuestra obediencia a ellas crea una atmósfera de «templo», una atmósfera que hará que nuestro hogar se asemeje al cielo en la tierra.

La Casa del Señor es siempre limpia y agradable. El orden es la «primera ley de los cielos», es una norma de Dios en cuanto a la conservación del hogar, creando una atmósfera de paz. Cuán revitalizante es para un ama de casa comprender que sus esfuerzos de mantener su hogar brillante y encantador van más allá de la rutina. En esencia, ella es la cuidadora de un templo para su familia, y siguiendo el ejemplo del orden del Señor en el medio ambiente del hogar, puede inspirar y mejorar la vida de su familia.

La Casa del Señor es funcional. Cada uno de los elementos en el diseño, la decoración, la atmósfera y el programa del templo contribuye a su función, que es la de enseñar. Cada uno de los salones contiene cómodos asientos desde los cuales uno escucha, lugares apropiados desde los cuales se enseña, ayudas visuales didácticas tales como figuras y murales en la paredes y, en algunos casos, una película. Pero, ¿cuán a menudo reflejan nuestros hogares las normas del mundo en su diseño y adornos? Las figuras que colgamos en nuestras paredes, los libros que tenemos a nuestro alcance y el arreglo de nuestros muebles, todo refleja nuestros valores. Seguir leyendo

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La ley del ayuno

LiahonaAbril de 1975

La ley del ayuno

por el élder Sterling W. Sill
Ayudante del Consejo de los Doce

Sterling W. SillUna de las partes más importantes de la obra de la Iglesia es la de alentarnos mutuamente a vivir aquellas leyes importantes que determinan el éxito y la felicidad. Y si yo poseyese suficiente poder de persuasión, trataría de inducir a todos los habitantes de este mundo, tanto dentro como fuera de la Iglesia a que vivan la ley del ayuno.

En una ocasión, el Dr. Henry C. Link dijo: «Nada pone tanto orden en la vida humana como vivir de acuerdo con un grupo de sanos principios.» Y de todos los principios, los más sanos son los del evangelio de Jesucristo. Si los viviésemos como debemos, seríamos mejores y mucho más prósperos tanto en cosas materiales como espirituales. Ocasionalmente consideramos algunas de estas grandes leyes eternas como algo insignificante y de poca importancia para nosotros. Quisiera presentar cinco razones fundamentales por las que cada uno de nosotros debería vivir estrictamente la ley del ayuno.

La primera y más importante es que es un mandamiento de Dios. Qué cualidad tan maravillosa desarrollaríamos si siempre obedeciéramos a Dios, sólo por saber que eso es lo correcto y que Él nos lo ha pedido. El hombre que dijo que no solamente obedecía a Dios sino que estaba de acuerdo con El, era un sabio.

Razón número dos: en el programa de la Iglesia, se nos pide que observemos el primer domingo de cada mes como día de ayuno. Se nos invita a abstenernos de dos comidas y entregar al obispo el valor de las mismas a fin de ayudarlo a proveer alimentos, vestido, medicinas, etc. a personas necesitadas. Luego vamos a la casa de oración, testificamos, expresamos nuestro agradecimiento, nos alentamos, edificamos e inspiramos mutuamente.

Si todos pagásemos una cantidad razonable como ofrenda de ayuno, sólo entre los miembros actuales de la Iglesia se proveería una suma anual de más de $50 millones de dólares, que podrían convertirse en extraordinarios beneficios humanitarios. Además, nos ayudaría a preparar una reserva substancial para cualquier emergencia futura, ya que con nuestro actual nivel de vida, cada año faltan varios millones de dólares de la cantidad requerida para suplir las necesidades de nuestras ofrendas de ayuno. Y, si cumpliésemos totalmente con nuestro deber, individualmente se requeriría una suma muy pequeña, pero que ascendería a un gran total.

El Señor podría haber dicho con respecto al pago de las ofrendas de ayuno lo que dijo sobre la Palabra de Sabiduría: que está «adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos, que son, o que pueden ser llamados santos» (D. y C. 89:3). Y en vista de las grandes bendiciones que recibimos de Dios, el pago de una fracción del costo de nuestros alimentos debe ser una seria afrenta para Él; ciertamente, debería ser para nosotros una situación sumamente embarazosa. Si se nos hace ver esta deficiencia, tendríamos que sentirnos bastante mal, e inmediatamente deberíamos tomar las medidas necesarias para decidirnos a ayunar así como a pagar nuestras ofrendas en forma adecuada. Esto complacería inmensamente al Señor y cada miembro de la Iglesia sería más próspero.

Razón número tres: el ayuno es una de las mejores maneras de desarrollar nuestra autodisciplina y autocontrol. Oímos, hasta cansarnos de tanta repetición, hablar de las tentaciones actuales, y muchas personas están cayendo como consecuencia de los pecados más triviales. Sin embargo, la mejor manera de aprender el autodominio es ponerlo en práctica. Seguir leyendo

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Qué significa conocer a Cristo

Marzo de 1975
Qué significa conocer a Cristo
por George W. Pace

George W. PaceCuando tenía 19 años, comencé a sentirme cautivado por el Libro de Mormón. Andaba constantemente con una copia en el bolsillo, y siempre que podía, leía un poco.

Sólo el pensar en comenzar el tema de lo que significa conocer a Cristo, es de por sí algo que infunde profundo respeto. En realidad, ni siquiera hubiera pensado en ello, si no fuera que sé que Él vive, que es un Dios de infinito poder y que puede cambiar nuestra vida de una manera maravillosa.

La Iglesia, con todos sus programas, puede influir en nosotros en forma extraordinaria. Aprecio profundamente el entrenamiento y las experiencias preparatorias que tuve, que me llevaron al conocimiento de que uno de los propósitos de la Iglesia y de todas sus ordenanzas y principios es capacitarnos para conocer a Cristo y relacionarnos con El íntimamente.

Aunque era activo en la Iglesia, nunca sentí intensamente el deseo de buscar las cosas del Espíritu en los primeros años de mi vida; no obstante, tenía el presentimiento de que la Iglesia debía ser verdadera. ¡Y cómo deseaba que lo fuera! Pero nunca sentí esa verdad en la forma en que deseaba sentirla.

Cuando tenía 19 años, comencé a sentirme cautivado con él, Libro de Mormón. Aquel verano andaba constantemente con una copia en el bolsillo y, siempre que podía, entre un trabajo y otro, lo leía atentamente. Mis oraciones cambiaron y se hicieron más intensas; muy a menudo oraba varias veces al día pidiendo un testimonio revelado del libro.

Después de unas pocas semanas de intensiva lectura, me encontré en medio de un mundo completamente nuevo para mí. Las cosas del espíritu comenzaron a interesarme y empecé a tener el sentimiento de que mi vida tenía una poderosa razón de ser, que había una obra para la cual debía prepararme.

Recuerdo particularmente un día en que sentía circular por todo mi cuerpo la silenciosa seguridad de las verdades que había estado leyendo. Me encontraba sentado en el borde de un puente y, al levantar la vista hacia el cielo, sentí íntimamente el espíritu de aquellas palabras. El Espíritu Santo me dio el testimonio de que lo que los profetas habían escrito en aquel libro era verdad; supe que Nefi había visto al Señor y hablado con Él, que había probado la bondad y el amor divinos y que su vida había cambiado bajo la influencia del Salvador. Pero el gozo mayor fue sentir en todo mi cuerpo la ardiente seguridad de que yo también podía llegar a conocer a Cristo, entender las grandes verdades del evangelio y, al igual que Nefi, ser espiritualmente fortalecido por el poder del Salvador.

Comprender que se puede recibir la maravillosa seguridad que da el Espíritu, y llegar así a conocer al Maestro. ¡Qué pensamiento electrizante! Y más emocionante aún es saber que se puede conocerlo en una forma personal y directa.

Unos meses más tarde me encontraba en la Casa de la Misión, donde tuve el privilegio de escuchar a muchos de los siervos escogidos del Señor, Uno de ellos habló sobre sus sentimientos personales por El e hizo que la expiación fuera para mí algo muy real, Aquel día volví a sentir el fuego del Espíritu en mi corazón y renové mi intento de lograr aquella ansiada relación con El.

Después de casado, un día mi esposa y yo nos dedicamos a escuchar los discursos de la Conferencia General. Al oír el testimonio del presidente J. Reuben Clark Jr., tuve la seguridad de que él también conocía al Salvador en forma completamente personal.

Esas experiencias fueron, en cierto modo, indicaciones de que estaba aprendiendo además algo muy importante: el concepto de que el sacerdocio y los principios y ordenanzas del evangelio cobrarían un significado especial para mí, al verlos simbolizados en la persona viviente de nuestro Redentor. Seguir leyendo

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Como un faro en la colina

Conferencia General Octubre 1974

Como un faro en la colina

H. Burke Peterson

por el obispo H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

Un llamado a los líderes del sacerdocio para que entrenen a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico


Me ha impresionado y asombrado el reunirme y observar a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico en todas partes de la Iglesia. He podido ver que siempre se encuentran aquellos que tienen un sentido poco común de la dedicación, que siempre están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para ser fieles a la confianza en ellos depositada como hijos de Dios; aquellos que harán lo que sea necesario para llevar su nombre con honor y dignidad, que harán todos los sacrificios imaginables para, ser siempre, el ejemplo que El daría, que actuarán del modo que El actuaría.

Hace poco conocí un joven de este tipo, mientras asistía a una conferencia de estaca en otro país. Estábamos a punto de concluir la sesión vespertina del sábado en nuestras reuniones con la presidencia de la estaca, cuando oímos un golpe en la puerta. El presidente abrió, y pude ver una mano que le entregaba un sobre, con mi nombre escrito en él. La carta que había dentro me presentaba al portador, un joven que necesitaba ser entrevistado a los efectos de ser aceptado como misionero.

Tan pronto como finalizó la reunión con la presidencia de la estaca, quedé libre para la entrevista, haciendo entrar al joven para hablar con él. La apariencia de ese joven me impresionó mal desde el principio. No podía creer que hubiera sido recomendado para salir, en una misión. Su ropa estaba ajada, y necesitaba una buena afeitada; hedía con un profundo olor a tabaco y tenía enrollado en la mano un libro de encuadernación barata. «¡Qué podría ofrecer él al servicio del Maestro!,» pensé automáticamente.

Fue entonces cuando sucedió; se adelantó resueltamente y me estrechó la mano. Al mirarle a los ojos me sentí electrizado. Indudablemente era diferente. Se trataba de un muchacho especial, aun a pesar de su dudosa apariencia. Al sentamos me contó su historia.

Lo primero que hizo fue disculparse por su inaudita apariencia, justificándose por haber finalizado recién un viaje en autobús de 13 horas de duración, desde su casa; y me dijo que si yo no tenía inconveniente, tenía la esperanza de estar de nuevo en el autobús al cabo de una hora, para comenzar el viaje de regreso. Seguir leyendo

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Los muchachos necesitan el ejemplo de hombres modelo

Conferencia General Abril 1974.

Los muchachos necesitan el ejemplo de hombres modelo

Marion D. Hanks

por el élder Marion D. Hanks
Ayudante del Consejo de los Doce

A ningún muchacho debe faltarle la buena influencia de hombres escogidos.

Me pregunto cuántos de vosotros, hombres jóvenes y adultos, habéis escuchado el relato sobre el hombre de la chaqueta de cuero. Os lo contaré:

Una noche, un famoso cirujano recibió una llamada telefónica de un médico amigo para decirle que tenía un niño pequeñito en la mesa de operaciones y que necesitaba su ayuda para salvarle la vida. El hospital se encontraba lejos, al otro lado de la ciudad, y el cirujano, subiendo a su automóvil, se dirigió hacia allí tan rápidamente como le era posible, Al llegar a una señal de tránsito, un hombre con una chaqueta de cuero color café, abrió la puerta del auto y se deslizó en el asiento con una mano en el bolsillo, como si apuntase al médico con una pistola. Se notaba que estaba alterado y le exigió al cirujano que le entregara el coche. Como evidentemente el sujeto no estaba en condiciones de discutir, no le quedó más remedio que obedecer, quedándose desamparado en medio de la carretera mientras el hombre partía velozmente,

Cuando por fin el cirujano llegó al hospital, era demasiado tarde, pues el infante había muerto hacía apenas unos minutos. El otro médico le pidió que lo acompañase a hablar con el padre del niño, con la esperanza de que juntos pudiesen ofrecerle algunas palabras de consuelo. Al entrar en la sala de espera, el padre de la criatura se puso de pie acercándose. . . era el hombre de la chaqueta de cuero color café.

Yo me pregunto si algunos de los que estamos reunidos aquí esta noche, somos, en cierto modo, como el hombre de la chaqueta de cuero, y por nuestra falta de sabiduría, tal vez sin darnos cuenta, ciertamente sin desearlo, evitamos que la ayuda espiritual llegue a nuestros hijos cuando ellos la necesitan. O los jóvenes, quizás se sientan tentados a seguir un curso que podría causar daño a los hijos que algún día llegarán a tener.

La magnífica reunión de esta noche no es sólo algo emocionante y alentador por la evidencia que representa del inmenso potencial del sacerdocio en el reino de Dios, sino que también manifiesta la capacidad de la Iglesia de ejercer una poderosa influencia al ayudar a suplir una de las necesidades más vitales del mundo en la actualidad, o sea, la de proporcionar hombres que sirvan de modelo a los muchachos que están en camino de convertirse en adultos.

La ausencia del padre en los hogares, cualquiera sea la razón, y la falta de la imagen paterna así como de su influencia en la vida de los muchachos, son factores evidentes de los mayores problemas que enfrenta nuestra sociedad. Tengo la firme convicción de que en los hogares de la Iglesia, y mediante los directores del sacerdocio, el problema puede remediarse. Si lo intentamos, podemos enfrentar este cometido.

Sólo Dios sabe lo que vale un muchacho, pero nosotros también somos padres, y tenemos de ello una vaga noción. Cada muchacho es de un valor incalculable no sólo para sí mismo, pues el individuo es algo así como un ómnibus que lleva consigo todas las experiencias pasadas que han contribuido a su formación, y todo el potencial que ha de influir en su presente, y además es necesario que enfrente esta importante realidad, lleva consigo la simiente del futuro. Bajo circunstancias normales, llegarán algún día aquellos que lo llamarán padre, y es para con éstos, y su futuro que él tiene una grande y solemne responsabilidad.

Los muchachos necesitan varones adultos de los cuales aprender y con los que puedan tratar, personas que entiendan que los jóvenes necesitan actividades que los estimulen en forma constructiva a mejorar social y espiritualmente, que los ayuden a progresar y les brinden la oportunidad de aprender habilidades varoniles; varones adultos a los que puedan estimar y de los que a su vez reciban afecto, que además, sean modelos de lo que un hombre debe ser. El padre ha de ser la principal fuente de fortaleza; el muchacho bendecido con un padre así es ciertamente afortunado. Mas, desde luego, aun en este caso pueden ser útiles todas las influencias positivas que se obtengan de los buenos modelos de hombres que se interesen sinceramente en ayudarlos, Pero, ¿qué diremos del muchacho que no tiene padre? ¿o de aquél cuyo padre no le proporciona lo que únicamente un padre puede dar? Para ayudarlo, el Señor ha provisto lo que considero como el mejor programa que el mundo haya podido conocer: un programa de obispos y consejeros, asesores, maestros, Maestros Scout, directores, maestros orientadores y entrenadores, todos hombres fuertes que se interesan sinceramente en los jóvenes. Si él programa del Señor se lleva a cabo con eficacia, ningún muchacho en toda la Iglesia deberá quedar sin la bendición de la influencia de hombres escogidos en su vida; de hecho, todos tendrán varios hombres buenos que se interesen activamente en su bienestar. Me regocijo por el magnífico barrio al que pertenezco y por los grandes hombres que se interesan por mi hijo, así como por los demás muchachos a quienes tienen que dirigir. Seguir leyendo

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El poder de Elías

El poder de Elías

Theodore M. Burtonpor el élder Theodore M. Burton
Ayudante del Conseja de los Doce

Si somos obedientes, el Señor cumplirá su promesa de vigilarnos y cuidarnos

Mis queridos hermanos, todo lo que se ha dicho hoy cuenta con mí más absoluta aprobación, Y a estos hombres que han sido llamados por Dios como profetas, les doy mi absoluto apoyo y lealtad.

El Antiguo Testamento nos habla de muchos grandes profetas. El último de éstos en Israel que tuvo la plenitud, de la autoridad divina, fue Elías Tibita. Cuando Dios se lo ordenó, Elías selló los cielos para que no lloviera y hubo gran escases sobre la tierra; durante esa época, se realizó el milagro de que los cuervos lo alimentaran junto al arroyo de Querit, que desemboca en el río Jordán.

Después, Dios lo envió a la ciudad de Sarepta, diciéndole que allí encontraría una viuda que habría de alimentarlo. Elías la encontró en las afueras de la ciudad y le rogó que le diera de comer.

«Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir» (1 Reyes 17:12).

Entonces el Profeta le prometió en el nombre del Señor, que si lo alimentaba, jamás le faltaría alimento a ella. He pensado muchas veces sobre la fe de aquella mujer que, ante la promesa de un humilde hombre de Dios, puso su vida y la de su hijo en las manos del Profeta, Obedientemente, preparó la comida y alimentó a Elías, y a continuación ocurrió él milagro del cumplimiento de la promesa que éste le había hecho:

«Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías» (1 Reyes 17:16).

Si el poder de Elías es tan importante en asuntos temporales, pensad en el poder espiritual que él poseía. Como recordaréis, lo que él podía atar o sellar en la tierra, quedaría atado en el cielo y lo que desatare en la tierra quedaría desatado en el cielo. En sus días, por la iniquidad de la gente, selló los cielos para que no lloviera, y no llovió hasta que el pueblo comprendió la importancia y el engaño de los cuatrocientos cincuenta sacerdotes de Baal. Después que éstos fueron destruidos y que el pueblo se humilló, Elías abrió los cielos nuevamente por el poder de Dios y cayó la salvadora lluvia que llevó alivio a la escases. Este poder sellador es característico de los profetas de Dios que tienen la plenitud de la divina autoridad.

Jesús le prometió a Pedro este poder, diciéndole: Seguir leyendo

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Cuál es el objeto de estos templos?

¿Cuál es el objeto de estos templos?

Gordon B. Hinckley

por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Existen sólo unos cuantos lugares sobre la tierra donde las preguntas del hombre en cuanto a la vida reciben respuestas de la eternidad.

¿Ha habido alguna persona que en un momento de serena introspección no haya meditado sobre los más profundos misterios de la vida? ¿Habrá quién no se haya preguntado «De dónde vine»? ¿Por qué estoy aquí? ¿Adónde voy? ¿Cuál es mi relación con mi Hacedor? ¿Me quitará la muerte las relaciones más gratas de la vida? ¿Qué será de mi cónyuge y de mis hijos? ¿Habrá otra existencia después de ésta? Y si es así, ¿nos reconoceremos los unos a los otros?

Las respuestas a estas preguntas no se hallan en la sabiduría de los hombres; se encuentran sólo en la palabra revelada de Dios. Los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son edificios sagrados en los que se responden a éstas y a otras preguntas eternas. Cada uno de ellos es dedicado como la Casa del Señor, un lugar de santidad y paz aislado del mundo, donde se enseñan las verdades y se efectúan las ordenanzas que brindan conocimiento de las cosas eternas y motivan al participante a vivir con un entendimiento de su divina herencia como hijo de Dios y de sus potencialidades como ser eterno.

El imponente nuevo templo, terminado recientemente en las inmediaciones de Washington, D.C., es el decimosexto operado por la Iglesia. Estos edificios, diferentes de los miles de las casas de adoración regulares de la Iglesia esparcidas sobre la tierra, son únicos en propósito y función con respecto a todos los demás edificios religiosos. Lo que los hace así no es su tamaño ni su belleza arquitectónica, sino la obra que se realiza en ellos.

Además del Templo de Washington, hay otros de los Santos de los Últimos Días en la región occidental de los Estados Unidos y en Hawai, Canadá, Nueva Zelandia, Inglaterra y Suiza, En los primeros días de la Iglesia se construyeron dos templos, pero quedaron abandonados cuando los santos se vieron expulsados de uno a otro lugar bajo el cruel fanatismo de una época poco tolerante.

Cuando el escriba le preguntó al Señor: «¿Cuál es el primer mandamiento de todos?» el Salvador le respondió: «. . . amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. . . » (Marcos 12:28, 30-31).

Las enseñanzas que se exponen en los templos modernos ponen especial énfasis en éste, el más fundamental concepto del deber del hombre hacia su Hacedor y hacia sus hermanos. Las sagradas ordenanzas acrecientan está en-ennoblecedora filosofía de la familia de Dios; enseñan que el espíritu que tenemos dentro de nosotros es eterno, en contraste con el cuerpo que es mortal; no sólo brindan un conocimiento de estas grandiosas verdades, sino que también motivan al participante a amar a Dios al paso que lo estimulan a mostrar mayor cortesía y buena voluntad hacia los demás hijos de nuestro Padre. Seguir leyendo

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Los templos y el matrimonio eterno

Enero de 1975
Los templos y el matrimonio eterno
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEl matrimonio en el templo es un convenio que se extiende más allá de la muerte y que continúa inquebrantable a través de la eternidad.

La vida es eterna. La muerte no pone fin a la existencia del hombre, que continúa por siempre. Todo individuo resucitará, sea bueno o malo; su espíritu volverá a unirse al cuerpo que se levantará de la tumba, y si hubiere perfeccionado su vida y magnificado las oportunidades que Dios le ha dado, ese espíritu y ese cuerpo se levantarán unidos en una nueva, fresca y eterna inmortalidad.

Los mayores goces de una vida matrimonial correcta pueden continuar; las más hermosas relaciones entre padres e hijos pueden hacerse permanentes y la sagrada asociación de la familia puede ser sempiterna, si el marido y su esposa son sellados por la eternidad en santo matrimonio. Su gozo y progreso nunca tendrán fin; mas esto no puede suceder por casualidad.

El camino para lograrlo está claramente definido. Adán y otros profetas conocieron el matrimonio eterno, mas ese conocimiento se perdió en la tierra durante muchos siglos. Dios ha restaurado las verdades y proporcionado la vía; con la restauración del evangelio también vino el legítimo sacerdocio, y Él ha otorgado a sus profetas todas las llaves, los poderes y la autoridad que tuvieron Adán, Abraham, Moisés y los antiguos apóstoles.

Dios ha restaurado el conocimiento de los templos y los propósitos de los mismos. En la actualidad, hay sobre la tierra sagrados edificios construidos para esta obra especial del Señor, cada uno de los cuales es «la Casa del Señor.» En estos templos laboran hombres con autoridad debidamente constituida, que pueden sellar a los cónyuges y sus hijos por la eternidad. Aunque muchos lo desconozcan, esto es un hecho.

Este es uno de los misterios de los que habló el Redentor, cuando enseñaba a la multitud en parábolas, diciendo:

«. . . Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo» (Mateo 13:35).

El lector fortuito de las escrituras no comprende estas inapreciables verdades:

«Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente» (1 Corintios 2:11, 14).

Es increíble que haya personas inteligentes, sagaces y con amplia cultura que ignoren o rechacen intencionalmente este gran privilegio. Las puertas pueden abrirse y puede extenderse un puente por sobre el abismo, y toda persona puede encaminarse sin peligro hacia una sempiterna felicidad al hacer su matrimonio eterno.

Explicando el uso de las parábolas el Salvador dijo:. . . Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado.

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane» (Mateo 13:11, 15). Seguir leyendo

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Seamos del Señor

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
Seamos del Señor
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión General de la tarde

Spencer W. KimballMis queridos hermanos, es un verdadero gozo estar con vosotros en esta última sesión de la conferencia. Me ha complacido mucho la canción  que han cantado los hermanos en quechua. Creo que el Señor Jesucristo habría estado complacido si hubiese estado aquí, en esta congregación. De cualquier manera, me gustaría pensar que en realidad estuvo presente. Nos hemos reunido para glorificar su Nombre y ha sido un placer para todos nosotros hacerlo con vosotros.

Quisiera decir algunas palabras acerca del Salvador, a quien le pesaba la distinción de clases tal como lo demostraron el sacerdote y el levita con respecto al hombre a quien ayudara el buen samaritano, y Cristo demostró su tristeza por su hipocresía. El deploraba la acumulación de grandes riquezas a costa de los pobres, y dijo:

“De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos,

Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Mateo 19:23-24.)

El problema principal al cual Cristo se refirió es el amor hacia el dinero. Cristo no hizo esfuerzo alguno para organizar las fuerzas políticas que pudieran despojar a los ricos, sino que enseñó principios correctos de bienestar, para que el pobre recibiera voluntariamente del rico. El predicó en contra de los obreros que desperdiciaban lo que no habían ganado y contra el que no quería trabajar, y aquellos que habían acordado en trabajar y no trabajaban.

El enseñó la igualdad del hombre, pero también dijo:

“El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Mateo 23:11-12.)

Su denunciación de las hipocresías de los fariseos y de los escribas en el capítulo 23 de Mateo, demuestra su total abominación por la falsedad de su manera de vivir. Vio a hombres hambrientos, malnutridos y raquíticos; vio a hombres con frío, durmiendo a la intemperie destapados, y cubiertos con andrajos en lugar de ropa durante el día. Vio las prisiones llenas de infortunados cuya vida no tenía sentido; vio a los leprosos de piel blanca y decadente; vio a los afligidos, a los paralíticos y a los ciegos. El no aceptaba todas esas desgracias, pero comprendía su existencia. La espada siempre estuvo presente en su vida: cuando Herodes estuvo a punto de hacerlo matar junto con los demás niños de Judea; cuando Pedro le cortó la oreja a alguien del populacho; aun en su crucifixión, la espada estuvo en evidencia. Sin embargo, Él dijo que quien viviera por la espada perecería también por la espada, y la rechazó totalmente de su vida. Seguir leyendo

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La Importancia de guiarnos por las Escrituras

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
La Importancia de guiarnos por las Escrituras
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce
Sesión General de la tarde

L. Tom PerryEn el programa cultural el viernes por la noche, presenciamos una dramatización acerca del Libro de Mormón. En este histórico país me parece apropiado citar como fuente de Escrituras al Libro de Mormón; éste contiene una tremenda historia que nos ilustra la importancia de entender la voluntad del Señor.

Una asignación del Señor
En 1 Nefi, capítulo 2, leemos la historia de una familia guiada por el Señor a través del desierto, para ser protegida de las maldades de los hombres. El relato dice así: “Y abandonó” —Lehi— “su casa, la tierra de su herencia…” (1 Nefi 2:4).

Tuvieron que abandonar su oro, plata y otros objetos preciosos, ya que todo lo que pudieron llevar consigo fueron sus tiendas y provisiones. Después de haber recorrido una corta distancia tuvo un sueño (ver 2 Nefi 3). El recibió la instrucción de retornar a la casa de Labán para buscar el registro de los judíos, que estaba grabado sobre planchas de bronce, el cual contenía su historia religiosa.

Lehi dio esta asignación a sus hijos, quienes no estaban muy ansiosos de asumir tal responsabilidad pues pensaban que el Señor requería demasiado por parte de ellos. Pero uno de los hijos reconoció que la petición provenía del Señor y dijo:

“Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado.” (1 Nefi 3:7.)

Con esta comisión, ellos volvieron a la tierra de Jerusalén.

Es muy interesante para mí ver la manera en que trataron de obtener los registros. Cada intento parece ilustrar la manera en que el mundo trata de solucionar sus problemas. El primero fue dejado al azar, porque las Escrituras nos dicen que ellos echaron suertes para decidir quién tendría que ir y obtenerlos. La suerte cayó sobre Lamán, quien fue a la casa de Labán, y le pidió los registros. Labán se enojó ante tal petición y lo echó de su presencia, llamándolo ladrón y amenazándolo con matarlo, lo que fue suficiente para que Lamán saliera corriendo, y regresara a sus hermanos diciendo que no había modo de conseguir los anales.

Las cosas del mundo
Pero Nefi estaba decidido y entonces dijo:

“Vive el Señor, que como nosotros vivimos no volveremos a nuestro padre sin que cumplamos antes lo que el Señor nos ha mandado.” (1 Nefi 3:15.)

Y entonces Nefi pensó en otro plan. El recordó todo el oro y la plata que habían dejado en su casa, los cuales carecían de valor para ellos en el desierto. Entonces, ¿por qué no ir y reunir todo ese oro y plata, y comprar con ellos los anales a Labán?

Pusieron en práctica el plan pero éste tampoco dio resultado, porque Labán era muy codicioso y pensó que podría quedarse con los cuatro jóvenes para que fueran sus siervos, y guardarse además el oro y la plata. Entonces mandó a sus siervos detrás de los hijos de Lehi, quienes tuvieron que huir para salvar su vida. Entonces Labán se quedó con el oro, la plata, y también con los anales. Seguir leyendo

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Demostrad vuestra gratitud al Señor

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
Demostrad vuestra gratitud al Señor
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión General del domingo

Marion G. RomneyMis queridos hermanos, quisiera deciros algunas palabras sobre gratitud y agradecimiento. Las virtudes de la gratitud son bien conocidas en todo el mundo, así como la condena a la ingratitud.

El famoso pensador romano, Cicerón, que vivió cien años antes de Cristo, dijo: “El agradecimiento no sólo es la mayor virtud, sino también la madre de todas las virtudes”. La gratitud se define como un sentimiento de agradecimiento y aprecio por los favores y beneficios recibidos. La gratitud es la evidencia de un alma noble. Un hombre desagradecido disfruta de lo que recibe sin preocuparse de su procedencia.

Jesús reveló sus sentimientos en cuanto a la ingratitud cuando dijo al único de los diez leprosos que volvió para agradecerle el haber sido sanado: “… ¿No son diez los que fueron limpiados?” (Lucas 17:17).

John Bunyan dijo: “El que se olvida de su amigo, es desagradecido, pero el que olvida a su Salvador, no tiene misericordia consigo mismo”. Las grandes almas agradecen sumamente los favores más simples. Recordemos la reacción del profeta José Smith cuando recibió algunas cartas mientras sufría en la cárcel de Liberty. Él escribió: “Recibimos algunas cartas anoche… Quedamos muy satisfechos con sus palabras. Teníamos algún tiempo de estar sin información y la lectura de estas cartas fue para nuestras almas como la apacible y refrescante brisa” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 157-58).

Este comentario del Profeta es realmente emocionante. Sin embargo, no son estas palabras la mayor motivación que poseemos para desarrollar más gratitud y agradecimiento. El Señor mismo nos ha mandado ser agradecidos.

A menos de un año de organizada la Iglesia, en marzo de 1831, el Señor dijo a los santos en Kirtland:

“Más en todo se os manda pedir a Dios, quien da dadivosamente; y lo que el Espíritu os testificare, aun eso quisiera yo que hicieseis con toda santidad de corazón, andando rectamente ante mí, considerando el fin de vuestra salvación, haciendo todas las cosas con oración y acción de gracias, para que no seáis seducidos por espíritus malos; ni doctrinas de diablos, ni los mandamientos de hombres; porque algunos son de los hombres y otros son del diablo. Seguir leyendo

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La mano que mece la cuna

1977 Conferencia de Área en la Bogotá, Colombia
La mano que mece la cuna
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión para madres e hijas

Marion G. RomneyAlguien rindió este tributo a las madres: “Hay una palabra que significa más que cualquier otra; representa lealtad, verdad, amor; es el reverenciado nombre de madre”. Alabad los ojos nublados, los cabellos blancos; porque son dignos de los honores de la tierra, son los de las madres de todos los días.

La palabra “madre” en sí, es la más bella en todos los idiomas del mundo. Está asociada con palabras tales como amor, hogar, familia, Dios y cielo. Abraham Lincoln rindió tributo a su madre diciendo: “Todo lo que yo soy, o todo lo que seré, se lo debo al ángel que es mi madre”. El presidente José F. Smith una vez dijo: “Aprendí en mi niñez que ningún otro amor puede igualar el amor de una madre; éste llega a ser el más similar al amor de Dios”. Alguien dijo: “La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo”.

El presidente Clark, hablando una vez acerca de la influencia de las madres en la Iglesia, dijo:

“Desde el principio las madres de la cristiandad han demostrado una fe y devoción intachables. Solamente un apóstol hizo acto de presencia cerca de la cruz cuando Cristo fue crucificado, mas María, la madre, estaba allí, así como María Magdalena, y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Hijos de Zebedeo, y las mujeres que lo siguieron desde Galilea, María Magdalena fue la primera en visitar la tumba a la conclusión del día dé reposo, y a ella Jesucristo se manifestó como un ser resucitado, por primera vez a ojos mortales. Desde aquel entonces hasta hoy día, las mujeres han consolado y socorrido a la Iglesia.”

La mujer ha cargado con más de la mitad del peso; ella ha hecho más de los sacrificios; ha sufrido más de su porción dolores y tristezas. En los tiempos presentes, su fe ha sido inamovible e indisputable, el conocimiento puro que ha fortalecido al sacerdocio y le ha impelido el progreso a pesar de todo obstáculo. Su empuje y su devota lealtad proveyeron el ancla más fuerte, cuando más fuertes eran las tempestades.

No solamente los hombres han rendido tributo a las madres y a las verdaderas mujeres, sino Dios mismo, nuestro Padre Celestial, las ha honrado grandemente. A las madres, verdaderos exponentes del sexo femenino, el Señor ha confiado la exaltada tarea de transportar a esta vida terrenal los hijos espirituales de Dios correspondientes a este planeta, todos aquellos que guardaron su primer estado. A una mujer mortal le fue dado el honor sin paralelo de ser la madre terrenal de Jesucristo, el Redentor del mundo, el Hijo literal de Dios. ¿Qué más se necesita decir? ¿Qué más puede decirse?

El hombre mortal buscará en vano mayores o más altas oportunidades, mas nunca ha habido una oportunidad ofrecida, ni un honor otorgado, sin un conjunto de responsabilidades, cuyo fiel cumplimiento proporciona aún más grandes oportunidades y altos honores, mas cuyo incumplimiento resulta en pérdida de espíritu, tristeza, y en muchas ocasiones, aun desesperación. La maternidad no es excepción. La responsabilidad que comprende es la enseñanza del niño. El Señor, por medio de la revelación dada en esta dispensación, coloca la responsabilidad de criar y enseñar niños totalmente sobre los padres, y no puede ser transferida a nadie más dentro ni fuera del hogar. Y de ambos padres, la responsabilidad por la crianza, educación y cuidado de los hijos, recae principalmente sobre la madre. Seguir leyendo

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