Frustrada como madre?

Marzo de 1977
¿Frustrada como madre?
por Claudia T. Goates

¿De dónde proviene toda esta resistencia a la maternidad?”, me pregunté. Una de mis amigas más competentes, acababa de venir a mí con la confesión insólita de que ella se sentía incapacitada para desempeñar su papel de madre. Lo extraño es que otras dos amigas habían venido antes, separadamente pero casi al mismo tiempo, con la misma confesión. (Presumo que como mi esposo es psicólogo de niños, se sintieron obligadas a confesar sus errores antes de que yo misma los advirtiera.) Las tres se quedaron boquiabiertas cuando le dije a cada una que la consideraba una madre ejemplar.

Ana, con cierta vergüenza me confesó: “Detesto los sermones que dan en el programa del Día de la Madre, porque me hacen sentir horriblemente deprimida y culpable. Sé que al contrario, debería sentirme halagada y orgullosa, pero, ¡es que yo simplemente no soy esa clase de madre ideal a la cual ensalzan!”

Durante nuestra última reunión de la Sociedad de Socorro, al llegar el momento para la separación de clases, cuando las madres participantes en la clase de Educación para madres se levantaron para pasar a otra aula, Ruth, una de las mujeres más encantadoras que conozco, se quedó sentada. En respuesta a mi mirada inquisitiva, me susurró: “Hoy voy a quedarme en la clase de Relaciones Sociales. Me es imposible asistir a otra. ¡Ya me siento suficientemente imperfecta sin más recordatorios!”

Rebeca, una mujer extraordinaria y muy admirada por todas sus amistades, siente que ella no es el tipo de mujer que es de por sí una buena madre; sin embargo, ha criado siete hijos sobresalientes.

¿Qué es lo que hace que estas hermanas competentes y espirituales, se sientan inadecuadas para el desempeño de esta tan importante función?

Pensando cuidadosamente acerca de ello, y analizando también mis propios sentimientos, descubrí tres posibles razones: Seguir leyendo

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La mujer y el evangelio

Marzo de 1977
La mujer y el evangelio
por Carol Larsen

¿Qué papel juega el evangelio en la vida de las mujeres de la Iglesia en todo el mundo? ¿Cambia acaso su posición tradicional? ¿Causa conflictos en su vida diaria? ¿Cómo las ayuda a mejorar y desarrollarse?

Cuando pensamos en escribir un artículo sobre las mujeres miembros de la Iglesia en todo el mundo, supusimos que recibiríamos información que habría de ser totalmente diferente, según el país. Mantuvimos correspondencia con hermanas de distintas nacionalidades, todas ellas personas que están saliendo adelante con éxito en el cometido de ser fieles en el evangelio. De las declaraciones de todas estas hermanas, consideramos que la de Angela Lide Lubomirsky, de La Plata, Argentina, es la que mejor resume la opinión femenina de la Iglesia; esta hermana ha vivido en cuatro países de América Latina y nos dice:

“No existe gran diferencia entre un hogar de Santos de los Últimos Días en Costa Rica o en Argentina. Las personas que sienten amor por el bien y procuran lo bueno, llevan una vida similar, aunque la música que escuchan sea diferente, el acento con que hablan español vane, o difieran en su forma de vestir y costumbres tradicionales.

Cada una de nosotras necesita elevarse a la mayor altura que pueda alcanzar como mujer; deseamos amar y ser amadas y aceptadas; deseamos brindar comprensión, alcanzar nuestras metas, expresar nuestras opiniones, y anhelamos conocer las vías del Señor. Para todo ello encontramos en la Sociedad de Socorro guía y enseñanza.”

Al saber que todas las mujeres de la Iglesia son similares, se adquiere un cierto sentimiento de seguridad; el mundo se hace así más pequeño y hacemos nuestras sus experiencias. Las virtudes propias de la mujer se perfeccionan cuando ésta conoce el evangelio; su vida cobra un propósito. En la Sociedad de Socorro nace la amistad entre mujeres que tienen los mismos valores. Desde el momento en que saben que la vida es eterna, aceptan de buen grado su papel como compañeras de poseedores del sacerdocio, como madres y como amas de casa. Como consecuencia de ello, comprenden que tanto hombres como mujeres pueden recibir las mismas bendiciones en el evangelio: el don del Espíritu Santo, el testimonio, el amor de nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

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Los lamanitas y los Santos de los Últimos Días destinos entrelazados

Enero de 1977
Los lamanitas y los Santos de los Últimos Días destinos entrelazados
por Dean L. Larsen

Dean L. LarsenAparentemente, en los primeros días de la historia de la Iglesia restaurada, el interés que demostraban los dirigentes de la Iglesia por los indios norteamericanos y por el extenso grupo de naciones tamañitas, podía resultar una paradoja. A primera vista, dicho interés parecía desproporcionado en relación con la importancia que pudieran tener esos pueblos en el desarrollo y destino de la Iglesia.

Los primeros dirigentes de la Iglesia veían a los lamanitas de los postreros días con optimismo y con una opinión completamente contraria a la que prevalecía en esos tiempos. Durante la época en que se consideraba al indio como “el americano que tiende a desaparecer”, y en que ciertos estados y territorios ofrecían una recompensa por su destrucción, los líderes de la Iglesia les predecían un glorioso futuro.

Cuando la nueva Iglesia se esforzaba por establecerse y tenía una gran necesidad de personas capacitadas, envió su primera expedición misional a las tribus de indios semicivilizados del oeste y no a los grandes centros de población de los estados del noreste. Este proyecto requirió del esfuerzo de dos de los dirigentes más prominentes de la Iglesia, Oliverio Cowdery y Parley P. Pratt, quienes dejaron sus importantes cargos en la administración de los asuntos de la Iglesia, para cumplir con esa misión.

En aquella época, un observador casual habría pensado que era ilógica y fútil esta aparente preocupación de los dirigentes de la Iglesia por un pueblo sitiado y rechazado. Aun algunos oficiales del sacerdocio reconocían que los esfuerzos misionales de la Iglesia entre los lamanitas eran una prueba de fe.

El 12 de enero de 1873, el élder Woodruífdijo:

“Los lamanitas florecerán como la rosa en las montañas. Estoy dispuesto a decir en esta ocasión que, aunque yo creo esto firmemente, cuando veo que el poder de la nación los destruye en la tierra, el cumplimiento de esa profecía me parece más difícil de creer que cualquier otra revelación de Dios. Parece como si no fueran a quedar suficientes para recibir el evangelio; pero a pesar de este oscuro cuadro, se Cumplirá toda palabra de Dios con respecto a ellos y en el futuro recibirán el evangelio”. (Journal of Discourses, 15:282.)

Aunque cien años atrás el futuro de los lamanitas se veta negro, en nuestros días se están verificando la fe y la visión de José Smith y sus sucesores referente a este pueblo escogido del Señor.

La fascinante historia comienza seis meses después de la organización de la Iglesia con la misión de Oliverio Cowdery, Parley P. Pratt, Peter Whitmer y Ziba Peterson entre los lamanitas, y está tejida con hilos de esperanza, frustración, paciencia y gradual cumplimiento; sus capítulos finales, y los más dramáticos, aún no se han escrito. Pero este relato es un elemento de la historia dé la Iglesia que promueve la fe en forma singular. Sus bases se encuentran entrelazadas con profecías hechas a un remanente del pueblo con el cual el Señor hizo convenios irrevocables en tiempos del Antiguo Testamento. En cierta forma, la misión de los eíderes Cowdery, Pratt, Whitmer y Peterson fue el comienzo de un drama profético que tiene una profunda importancia para la obra de redención que efectuarán el Señor y sus siervos en esta última dispensación del evangelio. Seguir leyendo

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La Sociedad de Socorro su promesa y potencial

Liahona Marzo de 1977

La Sociedad de Socorro su
promesa y potencial

Spencer W. Kimballpor el presidente Spencer W. Kimball


Es muy apropiado que este número de la Liahona preste especial atención a las mujeres de la Iglesia, porque el 17 de marzo señala el 135°. aniversario de la fundación de su organización exclusiva, la Sociedad de Socorro. “Os organizaré. . . según el modelo del sacerdocio”, dijo el profeta José Smith a ese pequeño grupo de mujeres que deseaban tener una sociedad apropiada para ellas.

Posteriormente, agregó: “La Iglesia nunca estuvo organizada completamente hasta que las mujeres fueron organizadas” (“Story of the Organization of the Relief Society”, Relief Society Magazine, marzo de 1919, pág. 129). Así, las mujeres Santos de los Últimos Días de todas partes, quedaron unidas en una hermandad; y hoy la Sociedad de Socorro bendice a cada mujer que acepta el don de participar activamente, de la misma manera que la organización de Mujeres Jóvenes bendice a sus hermanas más pequeñas.

Me pregunto si las hermanas que no participan completamente en la Sociedad de Socorro comprenden las grandes promesas que se reciben al pertenecer a ella. Permitidme enumerar algunas de estas bendiciones, pronunciadas sobre la Sociedad por el profeta José Smith:

  1. Esta Sociedad, una sociedad de hermanas, está organizada “de acuerdo con vuestra naturaleza. . . Ahora os halláis en posición tal que podéis obrar de acuerdo con aquellas simpatías que Dios ha plantado en vuestro seno” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 276).
  2. “Si las hermanas de esta Sociedad obedecen los consejos del Dios Omnipotente, dados por medio de las autoridades de la Iglesia, tendréis el poder para dar órdenes a las reinas que hubiere en medio de vosotras.” (Enseñanzas, pág. 277.)
  3. “Si cumplís con vuestros privilegios, no se podrá impedir que os asociéis con ángeles.” (Enseñanzas, pág. 276.)
  4. “Desde ahora en adelante descenderán sobre ellas conocimiento e inteligencia.” (Enseñanzas, pág. 279.)
  5. “Esta Sociedad se alegrará.” (Enseñanzas, pág. 279.)

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Caminaremos por la misma senda

Caminaremos por la misma senda.

presidente Spencer W. Kimball
Liahona enero 1977

Hace mucho tiempo, un anciano hermano navajo me dijo algo en lo cual he meditado en muchas ocasiones: “Esto evangelio es algo que hemos esta­do tratando de recordar toda nuestra vida; y ahora lo recor­damos de inmediato. Nuestros antepasados solían estar con vuestros antepasados hace mucho tiempo; pero entonces lle­gamos a una bifurcación en el camino, en medio del cual había una gran piedra; nosotros tomamos por un lado y vosotros por el otro; anduvimos alrededor de esta gran roca por mucho tiempo; pero ahora estamos nuevamente juntos, y de ahora en adelante siempre andaremos juntos”.

Estas palabras encierran un gran conocimiento de la histo­ria de los hechos del Señor con su pueblo.

Este hermano lamanita y yo tenemos padres comunes; y mi alma se conmueve cuando me acuerdo de que en nuestras venas corre la sangre del pueblo escogido del Señor, de los grandes patriarcas del Antiguo Testamento como Adán, Enós y Noé. Me siento humilde por saber que nuestro padre co­mún fue Abraham, de quien se dijo que no había otro tan grande como él; mediante su posteridad, el Señor ha elegido llevar a cabo sus santos propósitos sobre la tierra. Isaac, uno de los profetas sobresalientes de todos los tiempos, y Jacob, el padre de toda la Casa de Israel, son nuestros antepasados. Jo­sé, el que fue vendido en Egipto, era un hombre de virtud constante, quien en sus días fue un salvador para el pueblo de la casa de su padre, y también el padre de la mayoría de los miembros de la Iglesia en la actualidad, los descendientes de Lehi, Ismael y Zoram.

He meditado en la separación de nuestros caminos, cuan­do nuestros padres empezaron a tomar distintos senderos y luego, a causa de la desobediencia y la rebelión, las palabras de Moisés comenzaron a cumplirse: Seguir leyendo

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Deja que Dios sea tu arquitecto

Deja que Dios sea tu arquitecto
Por David Dickson
Revistas de la Iglesia

Tu vida puede llegar a ser mejor de lo que jamás hayas imaginado.

En la vida, puedes sobrevivir muchas cosas al ir descubriendo cómo resolverlas en el momento en que las enfrentas. Ya sea que eso signifique ignorar despreocupadamente las instrucciones sobre cómo armar un mueble que vino en mil piezas o aprender a tocar un instrumento musical sencillamente tocando la nota que suene mejor, tu capacidad de aprender mediante el método de prueba y error es prácticamente ilimitada.

El único problema es que, por lo general, hacerlo de esa manera no resulta muy fácil.

Imagina algo que sea verdaderamente complicado. Supón que estuvieras encargado de construir tu casa y tuvieras todos los materiales necesarios apilados frente a ti. ¿Puedes imaginarte esa pila de cosas? Maderas, clavos, tubos, cables, herramientas y todo las otras cosas que necesitarías para construir una hermosa casa para ti y para tu familia.

¿Todavía querrías decidir lo que vas a hacer en el momento? ¿O preferirías tener la ayuda de alguien que realmente sabe cómo usar los materiales de la mejor manera?

Con nuestra trayectoria en la vida es lo mismo. Todos necesitamos ayuda para edificar nuestra vida, y no hay mejor constructor a quien solicitarla que Dios.

Como se explica en Para la Fortaleza de la Juventud, “el Señor hará mucho más por tu vida de lo que tú solo(a) puedes hacer por ella: aumentará tus oportunidades, expandirá tu visión y te fortalecerá; te dará la ayuda que necesitas para hacer frente a tus pruebas y retos. Obtendrás un testimonio más firme y hallarás verdadero gozo al llegar a conocer a tu Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo, y al sentir el amor que Ellos tienen por ti” (2011, pág. 43).

Cuando obedecemos los mandamientos e incluimos a Dios en nuestros planes, llegamos a ser quienes debemos ser, no quienes pensamos que querríamos ser.

A continuación encontrarás relatos de personas que, con la ayuda de Dios, encontraron un camino mejor al que habían escogido para sí mismos.

Abandonar la violencia

En el video de una serie en mormonchannel.org, un joven llamado Bubba comparte la historia de cómo su vida estaba encaminada hacia el desastre1. Había crecido en un hogar en el que reinaba la violencia y en donde su padre había sido asesinado cuando él tenía solo tres años.

Al ir creciendo, Bubba escogió la misma vida que siempre había visto. Se unió a una pandilla y comenzaba una pelea con quienquiera que lo contradijera. Para cuando llegó a la escuela secundaria (preparatoria), sabía que en algún momento terminaría en la cárcel; pero no le importaba.

Dios intervino, y en esa peligrosa encrucijada de su vida, Bubba conoció a una familia Santo de los Últimos Días que lo trató con bondad y amabilidad. No se había asociado nunca con gente como esa: personas que mostraban compasión y amor. Comenzó a pasar la mayor cantidad posible de tiempo con ellos; cuando le preguntó a la familia por qué actuaban así, le dijeron que era debido a su fe en Jesucristo.

Él quiso averiguar lo que ellos sabían. Comenzó a orar y a estudiar las Escrituras, y muy pronto sintió algo que nunca había sentido antes. “Realmente hay un Dios, ¡y Él me ama!”, dijo Bubba. Con la ayuda de Dios, Bubba comenzó a reedificar su vida con Jesucristo como su fundamento y dejó atrás su vida anterior.

“Mi naturaleza cambió; el ser humano que soy ahora es diferente del que era. Ahora tengo un propósito, tengo un destino”, dice. “Tengo un lugar hacia donde me dirijo”.

Ahora Bubba ve su futuro con resplandor, fe y esperanza. “Sé que es solo por medio de Jesucristo, de mi fe en Él, que podré llegar adonde quiero estar”, explica2.

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Las realidades reveladas de la vida terrenal

Las realidades reveladas de la vida terrenalLiahona 01-2016
Por el élder Paul B. Pieper
De los Setenta

Tomado del discurso “The realities of Mortality”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young-Idaho, el 19 de febrero de 2013. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

Paul B. Pieper

Evitemos las ilusiones de los preceptos de los hombres y aferrémonos a las realidades reveladas que Dios nos ha dado a fin de que nuestro trayecto por la vida terrenal sea abundante, pleno y real.

A cada persona se la coloca en la tierra en circunstancias particulares. A pesar de nuestra singularidad, el Señor ha revelado verdades en cuanto a los propósitos de la vida terrenal que se aplican a todos nosotros. Él enseñó esas verdades a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y los ha vuelto a confirmar en nuestros días.

Me refiero a esas verdades como las “realidades de la vida terrenal”. Si hemos de obtener las más grandes bendiciones y beneficios de nuestra experiencia terrenal, debemos entender y abrazar esas realidades reveladas. El no entender o, peor aun, hacer caso omiso de ellas intencionalmente dará como resultado que nuestro tiempo en la tierra se malgaste, no se utilice al máximo, y que tal vez se desperdicie completamente.

No es suficiente solo llegar a la tierra, recibir un cuerpo mortal y vivir aquí toda una vida. Para que nuestro tiempo aquí sea de provecho, debemos vivir y experimentar, de manera plena, cabal y sincera, los propósitos de la vida mortal que fueron ordenados por Dios, en vez de distraernos con cosas que son interesantes, cómodas y convenientes.

Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, entraron a un mundo mortal. A fin de prepararlos para su experiencia terrenal, el Señor les enseñó las realidades que vivirían. Deseo repasar tres de esas realidades.

Para empezar, tengan presente que muchos espíritus preterrenales no recibieron cuerpos mortales debido a que no guardaron su primer estado1. Ellos están resueltos a impedir que experimentemos la plenitud de la vida terrenal y tratan de alejarnos de las experiencias que conducen a nuestra felicidad eterna.

Realidad número 1: El trabajo nos ayuda a desarrollar las cualidades y los atributos que son esenciales para la vida eterna.

Dios le dijo a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Moisés 4:25; véase también Génesis 3:19). Algunas personas consideran que las palabras del Señor son una maldición sobre Adán y su posteridad por participar del fruto prohibido; sin embargo, yo oigo esas palabras como si vinieran de un Padre amoroso que le explica a su hijo joven e inexperto las condiciones del mundo terrenal y caído en el cual pronto vivirá.

Al igual que un padre terrenal que prepara al hijo que está a punto de dejar el hogar, el Padre estaba ayudando al primer hombre a prepararse para vivir por sí mismo lejos de casa. Le explicaba que el trabajo era una nueva realidad, una realidad de la vida terrenal.

El Padre Celestial sabía que muy pronto Adán y Eva tendrían que luchar contra los elementos de la tierra misma. A diferencia de las experiencias que habían tenido en el Jardín de Edén, donde se les proporcionaba todo, la vida terrenal requeriría esfuerzo físico y mental, sudor, paciencia y perseverancia para sobrevivir.

El aprender a trabajar —adiestrar y disciplinar la mente, el cuerpo y el espíritu para esforzarse, producir, alcanzar logros y progresar— es una realidad básica de toda vida mortal; es una de las maneras en que llegamos a ser como Dios y cumplimos con Sus propósitos en la tierra. El Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo trabajan; Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). La realidad es que no puede haber gloria sin trabajo.

Una de las razones principales por las que los hombres tienen que trabajar es para proveer para su familia. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” se menciona “proveer” como uno de los tres deberes que se han dado específicamente a los hombres2. El hombre que sabe trabajar y proveer para sí mismo tiene la confianza de que puede casarse y proveer de lo necesario para la esposa y los hijos.

El obispo H. David Burton, que fue Obispo Presidente de la Iglesia, dijo: “El hecho de trabajar, honrada y productivamente, nos trae contentamiento y un sentido de nuestro propio valor. Después de haber hecho todo lo posible por ser autosuficientes, por proveer para nuestras necesidades y las de nuestra familia, podemos volvernos al Señor con confianza para pedirle lo que todavía nos falte”3.

Satanás está siempre alerta para destruir los propósitos de Dios y degradar nuestra experiencia terrenal. A fin de contrarrestar el énfasis que el Padre pone en el trabajo, el adversario ha convencido a muchas personas hoy en día de que una de las metas primordiales de la vida es evitar el trabajo. En las sociedades actuales, muchos se concentran en encontrar trabajos que paguen bien pero que requieran poco trabajo, inversiones o estrategias que produzcan altas ganancias sin esfuerzo, y programas que paguen por las cosas que quieren sin costo alguno para ellos. Algunos tratan de evitar el trabajo sacando préstamos y viviendo con dinero que nunca tienen la intención de devolver. No están dispuestos a trabajar, ni hacer un presupuesto ni ahorrar antes de gastar. Los líderes de la Iglesia han aconsejado que debemos trabajar por aquello que obtengamos y “[evitar] la deuda salvo para las necesidades más fundamentales”4.

Otra táctica insidiosa que el adversario emplea en esta generación es dirigir la ambición natural de los hombres de trabajar y lograr el éxito hacia callejones prácticamente sin salida. Dios puso en los jóvenes el deseo de competir y de salir adelante, con el objeto de que utilizaran esa ambición para llegar a ser fieles proveedores para una familia. Cuando somos jóvenes, esa ambición se puede encaminar hacia logros académicos, atléticos o de otra índole que sirvan para enseñar perseverancia, disciplina y trabajo. Sin embargo, Satanás quiere interrumpir sutilmente esa ambición y encauzarla hacia un mundo virtual de videojuegos que consumen tiempo y conducen a la adicción.

No importa el esfuerzo que dediquen a un videojuego, el trabajar en algo que no es real nunca les brindará la satisfacción que acompaña al verdadero trabajo. El verdadero trabajo es el esfuerzo, la persistencia, la paciencia y la disciplina para lograr conocimiento valioso, realizar una labor necesaria o lograr una meta difícil.

Si no aprendemos a trabajar durante la vida terrenal, no podremos alcanzar nuestro máximo potencial ni la felicidad en esta vida, ni desarrollaremos las cualidades y los atributos esenciales para la vida eterna.

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Conocer a la Trinidad

Conocer a la TrinidadLiahona 01-2016
Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “La Trinidad”, pronunciado el lunes 23 de junio de 2013 en el Centro de Capacitación Misional de Provo, EE. UU. durante el seminario para nuevos presidentes de misión.

Jeffrey R. Holland

Debemos llegar a conocer a estos Seres Divinos de toda manera posible; debemos amarlos, acercarnos a Ellos, obedecerles y esforzarnos por ser como Ellos.

La Primera Visión, por Walter Rane.

El profeta José Smith dijo: “El primer principio del Evangelio es conocer con certeza el carácter de Dios”1. Además agregó: “Deseo que todos lo conozcan y se familiaricen con Él”2. Debemos tener “una idea correctade Sus… perfecciones y atributos” y admirar “la excelencia de [Su] carácter”3.

Quisiera ampliar la exhortación que nos dio el Profeta y decir que nosotros y nuestros misioneros, los miembros y los investigadores debemos conocer con certeza la naturaleza de los integrantes de la Trinidad. Debemos tener una idea correcta de Sus perfecciones y atributos personales y sentir admiración por la excelencia de Su carácter individual.

No es casualidad que nuestro primer Artículo de Fe diga: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:1). El mensaje que contiene es muy claro para todos los que enseñen el Evangelio: No tiene sentido tratar las demás verdades en las que creemos si no hemos fijado en nuestra mente y en la de aquellos a los que enseñamos la función preeminente que tiene la Trinidad en nuestra doctrina y en nuestro destino eterno. Debemos llegar a conocer a estos Seres Divinos de toda manera posible; debemos amarlos, acercarnos a Ellos, obedecerles y esforzarnos por ser como Ellos.

Cuando traemos personas a la Iglesia, no las bautizamos en la religión de un hombre, sea este José Smith, Brigham Young o Thomas S. Monson, aun cuando honramos a estos profetas; ni las bautizamos en la religión de familias felices ni del Coro del Tabernáculo Mormón.

Cuando traemos a la gente a la Iglesia, la bautizamos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Al hacerlo, estamos conduciéndolas de regreso a la presencia del Padre por medio del ministerio, la expiación y la gracia de Su Hijo, con la influencia del Espíritu Santo que los guía hacia esa meta. Al emprender la obra de la salvación, es preciso que mantengamos siempre presente la preeminencia de la Trinidad como medio y como fin.

Si, como lo aconsejó el rey Benjamín, verdaderamenteconocemos a estos Seres Divinos a los que servimos, y nos aseguramos de que no sean extraños para nosotros y de que nunca estén lejos de los pensamientos y de las intenciones de nuestro corazón (véase Mosíah 5:13), quizás entonces logremos los mismos resultados que obtuvo el rey Benjamín. ¿Cuáles fueron esos resultados? Su pueblo experimentó “un potente cambio”, no tuvo “más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente”, y estuvo dispuesto a “concertar un convenio con… Dios de hacer su voluntad y ser obedientes a sus mandamientos en todas las cosas que él [les mandara], todo el resto de [sus] días” (Mosíah 5:2, 5). Seguir leyendo

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Ven, sígueme: Cómo enseñar los principios básicos en el hogar

Ven, sígueme: Cómo enseñar los principios básicos en el hogarLiahona 01-2016
Por Alicia Stanton y Natalie Campbell
Las autoras viven en Utah, EE. UU.

El curso de estudios dominicales para los jóvenes —Ven, sígueme— enseña una doctrina fundamental del Evangelio todos los meses. Aquí presentamos algunas maneras para estudiar esos principios doctrinales con su familia.

Al sentarse para efectuar la noche de hogar, una madre empieza por preguntar a sus dos hijos: “¿Cuándo se han sentido guiados por el Espíritu?”.

La hija de diecisiete años se lamenta: “¡Este mes ya he tenido tres lecciones sobre el Espíritu!”.

“¡Qué bien!”, le dice el padre. “Entonces tendrás mucho que decir”. Se produce un silencio mientras los padres esperan pacientemente que sus hijos piensen sobre la pregunta.

Al fin, el hijo de catorce años les cuenta una experiencia que tuvo en la escuela ese día.

“Sí”, le contesta la madre, “eso me recuerda lo que le pasó a Nefi, que siguió la inspiración del Espíritu cuando no sabía cómo obtendría las planchas que tenía Labán”.

Entonces, la hija también les comenta cómo siguió la impresión que sintió de entablar una conversación en el autobús con una chica que parecía sentirse sola. Su padre la encomia por su decisión y relata una experiencia que tuvo en el trabajo.

La familia termina la lección cantando el himno “Deja que el Espíritu te enseñe” (Himnos, núm. 77).

Un método de enseñanza sencillo —compartir experiencias sobre una doctrina— logró que la noche de hogar fuera un éxito.

Este artículo presenta ejemplos de la vida real sobre cómo las personas aprendieron los principios del curso de estudios dominicales para los jóvenes, el cual está organizado mes por mes. Por supuesto, estos ejemplos no son la única manera de aprender las doctrinas; ustedes pueden buscar inspiración para abordar las necesidades particulares de su familia.

Enero: La Trinidad

Los miembros de la Trinidad: el Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo, son tres Personajes separados, pero están unidos en propósito y en gloria.

Una joven explica lo que aprendió sobre la Trinidad: “Es muy importante para mí saber que mi Padre Celestial, mi Salvador y el Espíritu Santo son tres Seres separados a los que puedo llegar a conocer individualmente, pero seguir en unidad. He llegado a entender con gratitud que puedo llegar a ser como Dios porque la Trinidad no es una sustancia indefinida e incomprensible, sino que son Seres divinos que me aman, me bendicen, me guían y me conocen”.

Para enseñar esta doctrina, tal vez quieran analizar preguntas como estas: “¿Qué aprendemos de la Trinidad sobre trabajar en unidad?” o “¿Cómo podemos fortalecer nuestra relación con los integrantes de la Trinidad?”.

Comparar los pasajes de Juan 10:30 y Doctrina y Convenios 50:43, puede dar lugar a un buen análisis y proporcionar mayor comprensión sobre la unidad.

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El poder de conversión del Libro de Mormón

El poder de conversión del Libro de MormónLiahona 01-2016
Por el élder Kevin S. Hamilton
De los Setenta

Kevin S. Hamilton

Todas las verdades del Evangelio cobran sentido cuando llegamos a saber que la piedra clave de nuestro testimonio, el Libro de Mormón, es verdadero.

De niño, me encantaba colocar piezas de dominó en largas líneas con diseños complejos y luego empujar la primera pieza para que cayera. La resultante reacción en cadena hacía que cada una de las piezas en sucesión también cayera, una tras otra hasta el final de la línea. Me pasaba horas colocando con cuidado las piezas en su lugar a fin de tener la emoción de verlas caer.

El testimonio del Libro de Mormón es uno de los primeros pasos para obtener un testimonio del evangelio de Jesucristo. De manera muy similar a la forma en que la primera pieza de dominó hace que las otras caigan en sucesión, si llegamos a saber primero que el Libro de Mormón es verdadero, entonces también sabremos que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor; que José Smith fue Su profeta, por medio de quien se llevó a cabo la Restauración; y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la verdadera Iglesia de Jesucristo restaurada con poder y autoridad actualmente en la tierra.

El Libro de Mormón es el elemento fundamental de nuestro mensaje

En cuanto al Libro de Mormón, el profeta José Smith dijo: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la [piedra] clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”1.

José también enseñó que es un elemento fundamental de nuestra fe, nuestras creencias y nuestro testimonio. “Si quitamos el Libro de Mormón y las revelaciones, ¿dónde queda nuestra religión?”, preguntó él. “No tenemos ninguna”2.

La belleza del mensaje del Evangelio es que cada uno de nosotros podemos llegar a saber por nosotros mismos que el Libro de Mormón es verdadero.

Cuando fui presidente de misión hace algunos años en Francia, Bélgica y los Países Bajos, tuve el privilegio y la bendición de entrevistar a personas a fin de determinar su dignidad para ser bautizadas. Nunca olvidaré la entrevista que tuve con una hermana.

Durante la entrevista le pregunté cómo había llegado a saber que la Iglesia era verdadera. Introdujo la mano en su bolso y sacó un ejemplar de tapa blanda del Libro de Mormón muy gastado y leído. Abrió el libro en 3 Nefi 27y explicó que ese era el primer capítulo que los misioneros la habían invitado a leer. Dijo que al comenzar a leer se sintió profundamente conmovida por lo que leyó y por el Espíritu que sintió. La embargó de tal manera el espíritu del Libro de Mormón que tomó un lápiz rojo y comenzó a subrayar las palabras que más le impresionaban.

Entonces me mostró su ejemplar del Libro de Mormón, abierto en 3 Nefi 27. Casi cada palabra del capítulo estaba subrayada en rojo.

“Por eso creo”, me dijo. “Este libro me habla de una manera que no puedo negar. Sé que es verdadero y sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera”.

La bautizaron y se convirtió en una fiel miembro de la Iglesia.

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Howard W. Hunter: Mi padre, el profeta

Howard W. Hunter: Mi padre, el profetaLiahona 01-2016
Por Richard A. Hunter
El autor vive en Utah, EE. UU.

Mis amigos con frecuencia me hacen dos preguntas: “¿Cómo era ser hijo de un profeta y crecer con un hombre tan extraordinario?” y “¿Realmente piensas que tu padre fue un profeta de Dios?”.

He llegado a creer que la forma de medir a los hombres y a las mujeres es según lo que valoran y lo que están dispuestos a hacer en cuanto a esos valores. Las personas de grandeza parecen hacer constantemente lo que se requiere de ellos a fin de vivir de acuerdo con sus valores, aun a costa de gran sacrificio. Mi padre fue una de esas grandes personas. Tuve el privilegio de aprender cosas extraordinarias de él en cuanto al verdadero significado de la grandeza. Las lecciones no provinieron de lo que me dijo, sino de lo que hizo y de la persona que era.

Las siguientes historias ilustran la experiencia que tuve al crecer con mi padre: abogado, músico, cuidador y profeta; pero sobre todo, un hombre que destilaba bondad y que estaba dispuesto a dar cualquier cosa por Dios y por su familia.

Se sacrificó por el bien de su familia

Cuando yo era adolescente, un día estaba hurgando en el ático y me encontré un montón de cajas llenas de polvo; entre ellas encontré un clarinete, un saxofón, un violín y una trompeta. Al preguntarle a mi papá al respecto, me enteré de que eran algunos de los instrumentos que él tocaba. Cuando estaba en la escuela secundaria (preparatoria) en Boise, Idaho, EE. UU., había tenido una banda. Era un músico de gran talento a quien le encantaba la música y componer música. Su banda tocaba en eventos sociales importantes en Boise e incluso tocó en un crucero que navegó a Asia. Después de que se mudó al sur de California, EE. UU., en 1928, la banda se volvió a organizar y llegó a ser muy popular.

En 1931 se casó con mi madre, Clara Jeffs, y querían tener hijos. Él sintió que, para él, las exigencias del mundo del espectáculo no eran compatibles con el tipo de familia que deseaba tener, por lo que un día guardó todos los instrumentos en sus estuches y los puso en el ático. Salvo en raros eventos familiares, nunca más los volvió a tocar.

No me di cuenta del sacrificio que había hecho sino hasta tiempo después. En 1993, se mudó de su casa en Salt Lake City, Utah, EE. UU., a un apartamento en el centro de la ciudad, cerca de su oficina. Durante la mudanza, encontramos nuevamente los instrumentos y le pregunté si le gustaría donarlos a la Iglesia debido a la importancia que habían tenido en su juventud. Su respuesta me sorprendió: “Todavía no. No puedo desprenderme de ellos por ahora”. Aun cuando papá sabía que nunca más los volvería a tocar, no podía soportar la idea de deshacerse de ellos. No fue hasta ese momento que me di cuenta del gran sacrificio que había hecho.

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Nuestra mejor defensa en contra de la pornografía

Nuestra mejor defensa en contra de la pornografíaLiahona 01-2016
Por Kerry Hanson Jensen
La autora vive en Washington, EE. UU.

En un versículo de las Escrituras encontré la clave para que mi familia evitara las imágenes explícitas que parecían estar en todas partes.

Estaba haciendo compras de ropa para la escuela con mi hijo de nueve años cuando nuestra conversación de temas triviales se tornó en una pregunta más seria. “Mamá, ¿por qué tienen que poner esas cosas en las vidrieras de todas las tiendas?”.

Con “esas cosas” se refería a las imágenes inmodestas que se exhibían en los escaparates de casi todas las tiendas por las que pasamos. Aun cuando las imágenes de ese tipo siempre habían estado allí, anteriormente no les había puesto mucha atención, pero el hecho de que mi hijo mayor estaba empezando a notarlas hizo que tomara conciencia de ello. En el transcurso de las siguientes semanas comencé a ver esas imágenes por todas partes: en la televisión, en el supermercado, en los restaurantes, en la publicidad que llegaba en el correo. No había manera de escapar de ellas. Algunas eran tan explícitas que me empecé a sentir confusa, y un sentimiento de alarma comenzó a arraigarse en mi corazón. ¿Cómo se suponía que debía proteger a mi familia de las trampas de la pornografía?

En todas las conferencias generales escuchamos advertencias en cuanto a los efectos devastadores que tiene y nos hemos familiarizado con sus víctimas. Habíamos tomado todas las precauciones en casa con la computadora y los medios de comunicación con los que contábamos, pero, obviamente, a menos que pusiéramos a nuestros hijos en cuarentena, no parecía haber una manera de evitar completamente el ver imágenes indeseables que pudieran llevar a una mayor curiosidad. ¿Podría la mirada inocente de mi hijo en el supermercado convertirse en una lucha de por vida con la pornografía? La ansiedad que sentía en cuanto al asunto aumentó y empecé a tener un sentimiento de impotencia y vulnerabilidad en cuanto a la protección de mis hijos.

Detalle de El árbol de la vida, por Kazuto Uota.

Entonces un día, mientras leía el Libro de Mormón, inesperadamente encontré consuelo en1 Nefi 15. Nefi está explicando la visión de Lehi sobre el árbol de la vida a Lamán y a Lemuel cuando ellos le preguntan el significado del río de agua. Nefi contesta en el versículo 27: “Y les respondí que el agua que mi padre vio representaba la inmundicia; y que su mente se hallaba absorta a tal grado en otras cosas que no vio la suciedad del agua” (cursiva agregada). ¡La mente de Lehi estaba centrada en el árbol de la vida y en conducir a su familia a él para que participaran de su fruto! Por estar concentrado en ello, ni siquiera vio la suciedad.

¡Esa era la respuesta! El mantener los medios de comunicación inapropiados fuera de nuestro hogar era un inicio, pero un esfuerzo más directo y deliberado de enseñar a nuestros hijos el Evangelio es lo que finalmente sería su mejor defensa en contra de cualquier cosa que pudiera desviarlos. Seguir leyendo

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La Familia: Una Proclamación para el Mundo

La Familia: Una Proclamación para el MundoLiahona 01-2016
Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿En qué forma el comprender la doctrina de la familia bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visitereliefsociety.lds.org.

Fe, Familia, Socorro

De la Reunión General de la Sociedad de Socorro de 1995, en la que el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) leyó por primera vez “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Bonnie L. Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, dijo: “… nos sentimos agradecidos por ese documento revelador, y apreciamos la claridad, la sencillez y la verdad del mismo… La proclamación sobre la familia se ha convertido en nuestro modelo para juzgar las filosofías del mundo; y testifico que los principios que allí se declaran son tan verdaderos hoy como lo eran hace casi veinte años, cuando los recibimos de un profeta de Dios”1.

“De la proclamación sobre la familia”, añade Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, “aprendemos: ‘En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno’2.

“… Cada una de nosotras pertenece a la familia de Dios y es necesaria en ella”3.

Vivimos en una época en la que los padres deben proteger su hogar y su familia. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” nos puede guiar.

Historias vivas

“Lee Mei Chen Ho, del Barrio Tao Yuan Tres, Estaca Tao Yuan, Taiwan, indicó que la proclamación le ha enseñado que las relaciones familiares nos ayudan a desarrollar las características divinas como la fe, la paciencia y el amor. ‘Cuando intento mejorar como persona según lo que se expone en la proclamación, experimento verdadera felicidad’, dijo”4.

Barbara Thompson, quien estuvo presente cuando se leyó la proclamación por primera vez y posteriormente sirvió como consejera en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, dijo: “Por un momento pensé que en realidad no me concernía mucho a mí, ya que no estaba casada y no tenía hijos, pero casi al mismo tiempo pensé: ‘Pero sí me concierne a mí; soy parte de una familia; soy hija, hermana, tía, prima, sobrina y nieta… Incluso si fuese la única persona de mi familia con vida, aún soy miembro de la familia de Dios’”5.

Considere lo siguiente

¿De qué manera es “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” un documento para nuestros días?

Notas

  1. Bonnie L. Oscarson, “Defensoras de la Proclamación sobre la Familia”, Liahona, mayo de 2015, págs. 14–15.

  2. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”,Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  3. Carole M. Stephens, “La familia es de Dios”,Liahona, mayo de 2015, pág. 11.

  4. Véase de Nicole Seymour, “‘La Familia: Una proclamación para el mundo’ cumple su décimo aniversario”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 127.

  5. Barbara Thompson, en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro, 2011, pág. 164.

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Felicidad para aquellos a quienes amamos

Felicidad para aquellos a quienes amamosLiahona 01-2016
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringTodos nosotros deseamos la felicidad para aquellos a quienes amamos, y el menor sufrimiento posible para ellos. Cuando leemos los relatos de felicidad —y sufrimiento— en el Libro de Mormón, se nos conmueve el corazón al pensar en nuestros seres queridos. Este es un relato verídico de una época de felicidad:

“Y ocurrió que no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo.

“Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna especie; y ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios”.

Luego leemos:

“¡Y cuán bendecidos fueron! Porque el Señor los bendijo en todas sus obras; sí, fueron bendecidos y prosperaron hasta que hubieron transcurrido ciento diez años; y la primera generación después de Cristo había muerto ya, y no había contención en toda la tierra” (4 Nefi 1:15–16, 18).

Los amorosos discípulos de Cristo oran y se esfuerzan por tal bendición para otras personas y para sí mismos. Por los relatos del Libro de Mormón y, para muchos de nosotros, por experiencia propia, sabemos que el don de la felicidad se puede alcanzar. Sabemos que el sendero que conduce a la felicidad está bien señalado. También sabemos que conservar la felicidad no es fácil, a menos que, como con los nefitas tras la visita del Salvador, “el amor de Dios” more en nuestro corazón.

Ese amor estaba en el corazón de los nefitas porque ellos obedecían la ley que lo hacía posible. En las oraciones de la Santa Cena, que comienzan con una sincera súplica a nuestro amoroso Padre Celestial, se encuentra un resumen de esa ley. Oramos con el corazón lleno de fe en nuestro Salvador personal, y con un profundo amor por Él. Nos comprometemos con verdadera intención a tomar Su nombre sobre nosotros, a recordarle y a guardar todos Sus mandamientos. Finalmente, ejercemos la fe en que el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad, esté siempre con nosotros, testificando del Padre y de Su Hijo Amado a nuestro corazón (véase D. y C. 20:77, 79).

Con la compañía del Espíritu Santo, nuestro corazón puede cambiar para que deseemos y recibamos el amor de nuestro Padre Celestial y del Señor Jesucristo. La manera de recibir el amor de Dios en nuestro corazón es sencilla, al igual que lo es el perder ese sentimiento de amor. Por ejemplo, tal vez alguien elija orar al Padre Celestial con menos frecuencia, o no pagar un diezmo íntegro, o dejar de deleitarse en la palabra de Dios, o ignorar al pobre y al necesitado. Seguir leyendo

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Veamos la Navidad con nuevos ojos

Devocional de Navidad de la Primera Presidencia 5 de diciembre de 2010
Veamos la Navidad con nuevos ojos
Dieter F. Uchtdorf

¡Ésta es una maravillosa época del año! Son tantas las cosas que llenan nuestro corazón con el espíritu de la Navidad: la melodía de los villancicos, las luces, las decoraciones y los alegres saludos de “¡Feliz Navidad!”.

Hay ciertas palabras que resuenan como campanas en mi alma y me recuerdan la belleza y el significado de la Navidad, palabras como: “Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César” 1 y, desde luego, “¡Regocijad! Jesús nació”, “Jesús en pesebre” y “Noche de Luz”.

Hay otras palabras, de mayor precaución, que también son dignas de nuestra consideración, palabras tales como:

A cada Quién
en Villa-Quién
la Navidad le encantaba…
Pero el Grinch,
quien moraba al norte de Villa-Quién,
¡NO LA SOPORTABA! 2

El Grinch, ese personaje memorable del clásico relato infantil del Dr. Seuss, tenía el corazón dos veces más pequeño y odiaba todo lo relacionado con la Navidad. No obstante, a lo largo del relato sufre una profunda transformación cuando descubre que la Navidad es algo más que decoraciones y regalos.

Tal vez el relato del Grinch sea tan memorable porque, si somos francos, puede que nos identifiquemos con él. ¿Quién de entre nosotros no se ha sentido preocupado por la comercialización, e incluso la codicia, de la época navideña? ¿Quién no se ha sentido abrumado por las agendas apretadas, el estrés de encontrar regalos, la presión de planificar comidas y eventos? De hecho, los psicólogos nos dicen que durante esta época de alegría y buena voluntad, muchos sienten pesar y tristeza.

Nosotros sabemos lo que debe ser la temporada navideña; sabemos que debería ser una época de reflexión en el nacimiento del Salvador, una época de celebración y de generosidad. Pero a veces nos centramos tanto en las cosas que nos desagradan y nos abruman, que casi podemos oírnos decir al unísono con el Grinch: “¿Por qué, después de 53 años, debo soportarlo? ¡TENGO que evitar que la Navidad venga este año!… ¿Pero CÓMO haré para lograrlo?

Si bien es cierto que podemos hallar materialismo y ansiedad en la Navidad, también es cierto que, si tenemos ojos para ver, podemos experimentar el poderoso mensaje del nacimiento del Hijo de Dios y sentir la esperanza y la paz que Él brinda al mundo. Nosotros, al igual que el Grinch, podemos ver la Navidad con nuevos ojos.

Busquemos a Cristo

Una antigua tradición que nuestra familia siempre ha celebrado es el Adviento de Navidad. Comenzando el cuarto domingo antes de la Navidad, solíamos reunirnos los domingos por la tarde, encendíamos velas en una corona de adviento de ramas de abeto, disfrutábamos de unas deliciosas galletas caseras y leíamos pasajes de las Escrituras que se centran en Cristo.

Leíamos relatos de antiguos profetas que anhelaron la venida del Mesías. Leíamos pasajes que proclaman el maravilloso relato de Su nacimiento. Cada semana, al cantar bellos villancicos y al pasarlo bien juntos, nuestra familia trataba de recuperar el enfoque en el verdadero significado de la temporada. ¡Debo admitir que el delicioso chocolate caliente, el jugo de manzana caliente y las sabrosas galletas caseras contribuían enormemente a captar ese gozoso sentimiento de la época de Navidad!

Si bien celebrar el Adviento de Navidad no forma parte de todas las culturas del mundo, hay algo que podemos aprender de esta tan extendida tradición cristiana. Tal vez aun este año podríamos tomar algún tiempo de nuestro apretado horario para estudiar y reflexionar en el verdadero significado de la Navidad, tanto personalmente como en familia.

Cuando nos preparamos para la Navidad meditando en su verdadero significado, nos preparamos para sentir al Cristo y Su mensaje. Permítanme sugerir tres cosas que tal vez deseemos estudiar, meditar y aplicar en esta época de preparación.

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