Cumplir el propósito de la Sociedad de Socorro

Conferencia General, 27 de septiembre de 2008
Cumplir el propósito de la Sociedad de Socorro
Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

El Señor estableció la Sociedad de Socorro para organizar, enseñar e inspirar a Sus hijas a prepararse para las bendiciones de la vida eterna.

Queridas hermanas, qué hermoso panorama son y cuán agradecidas estamos por estar con ustedes. Sentimos un profundo amor y aprecio por ustedes.

Como presidencia general de la Sociedad de Socorro, este año pasado hemos tenido la oportunidad de visitarlas alrededor del mundo. Hemos conversado con ustedes en Alemania, Dinamarca, Australia y Ghana; hemos orado con ustedes en Singapur, Hong Kong, India y Sri Lanka; hemos sido animadas y edificadas con ustedes en Brasil, Chile, Puerto Rico, Canadá y los Estados Unidos.

Nos regocijamos en el conocimiento de que “andan haciendo bienes”, tal como el Salvador. Están haciendo una magnífica labor y, sin embargo, tenemos la impresión de decirles que hay más que se debe hacer. Hemos buscado la inspiración del Señor para saber cómo ayudar al sacerdocio a edificar el reino de Dios sobre la tierra. Es hora de que la Sociedad de Socorro cumpla su propósito como nunca antes. Para avanzar y lograr lo que el Señor desea, debemos comprender claramente el propósito de la Sociedad de Socorro.

Para comenzar, repasaré una porción de la historia de la Sociedad de Socorro para explicar por qué se estableció. Después expondré tres responsabilidades que atañen a todas las hermanas de la Sociedad de Socorro; por último, explicaré la forma en que el Señor espera que cumplamos el mandato divino que hemos recibido, tanto a nivel individual como a nivel de organización. Seguir leyendo

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Quiero que sepas que lo pasamos muy mal

Conferencia General octubre 2008

Quiero que sepas que lo pasamos muy mal

Élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Por medio de las Escrituras sabemos que algunas pruebas son para nuestro propio bien y nuestro progreso personal.


El invierno pasado, mi hija pasó por una experiencia terrible al conducir en medio de una fuerte tormenta de nieve. Mi hija me hizo recordar una situación similar que tuve con mis dos hijos hace muchos años: mi hijo menor, Joe, tenía tres años y mi otro hijo, Larry, tenía seis. Era junio (verano en Norteamérica) y viajábamos en auto desde San Francisco hasta Utah. El clima había estado muy bueno.

Al comenzar a ascender hacia la cumbre del Paso Donner de la Sierra Nevada, de repente y sin aviso se desató sobre nosotros una terrible tormenta de nieve. Ningún conductor se hallaba preparado. Un camión remolcador que estaba delante de nosotros había resbalado y ahora bloqueaba dos carriles de la autopista. Otros camiones y autos se habían salido de la carretera. Uno de los carriles estaba libre y muchos vehículos, incluso el nuestro, trataban desesperadamente de no resbalar y esquivar otros automóviles; entonces todo el tráfico quedó paralizado.

No estábamos preparados para afrontar esa tormenta de nieve en pleno verano. No llevábamos ropa abrigada y no teníamos mucha gasolina. Me acurruqué con mis dos hijos para tratar de mantener el calor. Después de muchas horas, los vehículos de seguridad, los camiones con palas para sacar la nieve y las grúas comenzaron a despejar ese gran embotellamiento de vehículos.

Finalmente, una grúa nos remolcó hasta una estación de servicio que se encontraba al otro lado del Paso Donner. Llamé a mi esposa porque sabía que ella estaría preocupada ya que esperaba que la hubiera llamado la noche anterior. Ella me pidió hablar con los niños, y cuando fue el turno de mi hijo de tres años, éste, con voz temblorosa, dijo: “¡Quiero que sepas que lo pasamos muy mal!”. Seguir leyendo

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El proceso de obtener un testimonio

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
El proceso de obtener un testimonio
Élder Carlos A. Godoy
De los Setenta

Recibir un testimonio de la “voz apacible y delicada” algunas veces ejerce una mayor influencia en nuestro testimonio que la visita de un ángel.

Hace años, cuando servía como Setenta de Área en Brasil, mi familia y yo fuimos de vacaciones a la bella ciudad de Florianópolis. El domingo, como de costumbre, fuimos al centro de reuniones más cercano. Mi esposa, mi hija mayor y yo asistimos a la clase de la Escuela Dominical, que se trataba de nuestro testimonio personal del Evangelio.

En un momento de la lección, la maestra pidió a los miembros de la clase que compartieran una experiencia espiritual poderosa que hubieran tenido al desarrollar un testimonio de la Iglesia. Mientras algunos hermanos y hermanas compartían sus relatos, yo repasaba en mi mente mis experiencias como converso en busca de algo para compartir con ellos, mas no lograba hallar nada digno de mención relacionado con mi proceso de obtener un testimonio.

Mientras escuchaba las experiencias de los demás y pensaba en ellas, me percaté de que la maestra aguardaba mi participación. Ella prestaba atención a los demás miembros y me hizo saber que esperaba que yo compartiera mi gran experiencia. Después de todo, yo era un Setenta de Área y debería tener algo impresionante que compartir. Viendo que el tiempo pasaba y que ella seguía esperándome, me esforcé por encontrar algo que se ajustara a lo que ella consideraba un acontecimiento portentoso; pero, para su decepción, no fui capaz de pensar en nada. A pesar de mis deseos de ayudar, no logré estar a la altura de sus expectativas.

Afortunadamente, aquél era un domingo de ayuno y durante la reunión sacramental aproveché la oportunidad de expresar mi testimonio a la congregación y, particularmente, a aquella hermana y a su clase de la Escuela Dominical. No compartí una experiencia destacable, sino mi sincero testimonio de las verdades del Evangelio restaurado.

En ocasiones, creemos que para tener un testimonio de la Iglesia es preciso presenciar una experiencia grandiosa y poderosa, o un hecho singular que erradique cualquier duda de haber recibido una respuesta o una confirmación. Seguir leyendo

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Regresando a casa

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
Regresando a casa
Élder Eduardo Gavarret
De los Setenta

¡Qué impacto tremendo puede tener en la vida de tantas [personas]… el que aceptemos la invitación del Salvador de apacentar Sus ovejas…!

En Minas, mi ciudad natal en Uruguay, durante el invierno hace mucho frío. Al caer el sol, mi madre solía poner leños en la chimenea con el propósito de calentar el comedor, lugar donde poco a poco, al volver de nuestras labores cotidianas, nos íbamos reuniendo mis hermanas, mis padres y yo. Siempre atesoraré la sensación que me brindaba aquella habitación que, con el calor de la chimenea y la presencia de cada miembro de la familia, se tornaba muy acogedora.

Más adelante, mi esposa y yo formamos nuestra propia familia, y dondequiera que vivíamos nos reuníamos a menudo, ya fuera alrededor del fuego de una chimenea o simplemente al calor que sentíamos siempre que estábamos juntos con nuestros hijos.

¡Qué sentimiento tan hermoso! ¡Qué lugar tan especial: nuestra casa, nuestro hogar, nuestro refugio!

Con el correr de los años, nuestra familia se fue mudando de un país a otro y en cada lugar encontrábamos en la Iglesia el calor que nos brindaban los hermanos que nos recibían en los diferentes barrios a los que asistíamos.

Cada miembro de la Iglesia debería tener la oportunidad de experimentar esos agradables sentimientos; y puede experimentarlos mediante nuestro esfuerzo en la reactivación y en la obra misional.

Permítanme compartir con ustedes algo que ha estado sucediendo en algunas estacas y distritos de Perú y, al hacerlo, mencionaré a algunas familias: La familia Causo, la familia Banda, la familia Vargas y esta lista continúa y contiene más de mil setecientos nombres de miembros que han regresado a casa. Son miembros de diferentes barrios, ramas, estacas y distritos provenientes de todo el Perú, y cuyos presidentes de estaca, obispos, líderes de quórums y de organizaciones auxiliares les han invitado a regresar a casa. Ellos aceptaron la invitación que hicieron estos líderes del sacerdocio, los misioneros de tiempo completo y otros miembros que tomaron sobre sí la responsabilidad de extender a estas personas la invitación de regresar a la Iglesia y de venir a Cristo. A cada uno de ellos le decimos: ¡Bienvenido a casa! Seguir leyendo

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La enseñanza del Evangelio: nuestro llamamiento más importante

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
La enseñanza del Evangelio: nuestro llamamiento más importante
William D. Oswald
Segundo Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

Cuando aprendemos algunos principios fundamentales sobre la enseñanza y se nos demuestra cómo enseñar, todos podemos hacerlo.

Hace poco mi esposa y yo decidimos enseñar a nuestras nietas gemelas de cinco años a saltar la cuerda. Se trata de un juego de niños en el que los participantes saltan sobre la cuerda al pasar debajo de sus pies y luego sobre su cabeza. Tras recibir algunas instrucciones sencillas, las dos niñas lo intentaron, pero fracasaron en varios intentos.

Cuando estábamos a punto de darnos por vencidos, dos niñas vecinas mayores que mis nietas pasaron por allí y les pedimos su ayuda. Las dos vecinitas tenían experiencia en saltar la cuerda y les demostraron a nuestras nietas cómo hacerlo. Mientras lo hacían, noté que cantaban una canción que les ayudaba a saltar al ritmo en que giraba la cuerda.

Una vez que nuestras nietas comprendieron los principios de saltar la cuerda y que se les demostró cómo hacerlo, el resto de la lección fue fácil. Con un poco de práctica, las dos gemelas estaban en camino a dominar las reglas básicas de saltar la cuerda.

Durante la lección de saltar la cuerda, otra nietecita, de sólo tres años, estaba observando sentada en silencio sobre el césped. Cuando alguien le preguntó si deseaba intentar saltar la cuerda, asintió con la cabeza, se acercó y se paró junto a la cuerda. Cuando giramos la cuerda, para nuestra gran sorpresa saltó tal y como había visto a sus hermanas hacerlo. Saltó una vez, después dos, y luego una y otra vez, repitiendo en voz alta la misma canción que las niñas mayores habían cantado.

Nuestras tres nietas observaron que el saltar la cuerda requería cierta destreza, y que era algo sencillo que todas podían hacer después de aprender unos cuantos principios básicos y de que se les demostrara cómo hacerlo. Lo mismo sucede con la enseñanza del Evangelio. Cuando aprendemos algunos principios fundamentales sobre la enseñanza y se nos demuestra cómo enseñar, todos podemos hacerlo. Seguir leyendo

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El matrimonio celestial

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
El matrimonio celestial
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

[La] proclamación sobre la familia nos ayuda a darnos cuenta de que el matrimonio celestial proporciona mayores posibilidades de obtener la felicidad que cualquier otro tipo de relación.

Mis queridos hermanos y hermanas, me siento sumamente agradecido por cada uno de ustedes. Todos sentimos un profundo agradecimiento por el Evangelio de Jesucristo. En este mundo donde abunda el sufrimiento, estamos realmente agradecidos por el “gran plan de felicidad” 1 de Dios. En Su plan se declara que el hombre y la mujer existen “para que tengan gozo” 2 ; y ese gozo viene cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios.

La importancia de las decisiones se puede ilustrar por medio de un concepto sencillo que se me ocurrió un día mientras estaba de compras en una tienda muy grande. Lo llamo “los hábitos del comprador”. Ya que ir de compras forma parte de nuestra vida cotidiana, puede que estos hábitos les resulten familiares.

Los compradores prudentes analizan las diferentes opciones minuciosamente antes de escoger, se fijan más que nada en la calidad y en la duración del producto que desean, quieren lo mejor. En contraste, algunos compradores buscan las ofertas y otros tal vez derrochan, sólo para más tarde descubrir, con gran angustia, que su elección no dio los resultados esperados. Lamentablemente, también están los menos comunes que dejan de lado su integridad personal y roban lo que desean; a ellos los llamamos “ladrones”.

Los hábitos del comprador se pueden aplicar al tema del matrimonio. Una pareja enamorada puede elegir un matrimonio de la más alta calidad o uno de menor calidad que no perdurará; o quizás no elijan ninguno de los dos y descaradamente roben lo que desean como si fueran “ladrones matrimoniales”.

El tema del matrimonio se debate en todo el mundo, donde existen diferentes formas de vida conyugal. Mi propósito al hablar sobre este tema es declarar, como apóstol del Señor 3 , que el matrimonio entre el hombre y la mujer es sagrado y ordenado por Dios 4 . También reafirmo la virtud del matrimonio en el templo; es el tipo de matrimonio más elevado y perdurable que nuestro Creador ofrece a Sus hijos.

Mientras que la salvación es un asunto individual, la exaltación es un asunto familiar 5 . Sólo quienes se hayan casado en el templo y cuyo matrimonio esté sellado por el Santo Espíritu de la promesa continuarán como cónyuges después de la muerte 6y recibirán el más alto grado de gloria celestial o la exaltación. Al matrimonio en el templo también se le llama matrimonio celestial. En la gloria celestial hay tres grados; para alcanzar el más alto, el esposo y la mujer deben sellarse por tiempo y por toda la eternidad y guardar los convenios que hicieron en el santo templo 7 . Seguir leyendo

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La prueba

Cnferencia General, 5 de octubre de 2008
La prueba
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Ni la persecución ni el ejército podían apartar a los santos de lo que sabían que era verdad.

Mi propósito es demostrar que en los tiempos de dificultad, el Señor siempre ha preparado de antemano un camino seguro. Vivimos en los “tiempos peligrosos” que el apóstol Pablo profetizó que vendrían en los últimos días 1 . Si hemos de estar a salvo individualmente, como familias y como iglesia, será mediante la “obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio” 2 .

El 24 de julio de 1849, los santos habían estado en el valle del Lago Salado exactamente dos años. Al fin eran libres de los años de persecución y asedio, y eso había que celebrarlo.

Sólo unos años antes, bajo condiciones desastrosas, el profeta José Smith había sufrido por meses en la cárcel de Liberty mientras la chusma echaba a los santos de sus hogares. Las palabrascárcel y liberty (libertad) no concuerdan muy bien.

José imploró:

“Oh Dios, ¿en dónde estás? ¿y dónde está el pabellón que cubre tu morada oculta?

“¿Hasta cuándo se detendrá tu mano, y tu ojo, sí, tu ojo puro, contemplará desde los cielos eternos los agravios de tu pueblo y de tus siervos, y penetrarán sus lamentos en tus oídos?” 3 .

El profeta José Smith había pedido instrucción antes, y el Señor dijo a los santos que trataran de obtener indemnización ante los jueces, el gobernador y después ante el presidente 4 .

Las apelaciones antes los jueces fracasaron. Durante el transcurso de su vida, a José Smith se le llevó ante tribunales más de doscientas veces con toda serie de cargos falsos, y nunca se le halló culpable.

Cuando trataron de obtener reparación del gobernador Boggs de Misuri, él emitió una declaración: “A los mormones se les debe tratar como enemigos y deben ser exterminados oexpulsados del estado si es necesario, para conservar la paz pública” 5 . Eso desató una inconcebible brutalidad e iniquidad.

Lo santos apelaron al presidente Martin Van Buren de los Estados Unidos, quien les dijo: “Su causa es justa, pero no puedo hacer nada por ustedes” 6 . Seguir leyendo

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Encontrar gozo en el trayecto

Encontrar gozo en el trayecto

Presidente Thomas S. Monson

Saboreemos la vida al vivirla, encontremos gozo en el trayecto y compartamos nuestro amor con amigos y familiares.

Mis queridos hermanos y hermanas, me siento humilde al estar ante ustedes esta mañana. Pido su fe y oraciones a mi favor al hablar acerca de lo que he estado pensando y lo que he tenido la impresión de compartir con ustedes.

Para comenzar, menciono uno de los aspectos más inevitables de nuestra vida aquí en la tierra: los cambios. En algún momento, todos hemos escuchado de una forma u otra el conocido dicho: “Nada es tan constante como los cambios”.

A lo largo de nuestra vida debemos hacer frente a los cambios; algunos son bienvenidos, otros no. Hay cambios en la vida que son repentinos, como la muerte de un ser querido, una enfermedad inesperada, la pérdida de bienes que atesoramos, pero la mayoría de los cambios se producen lenta y sutilmente.

En esta conferencia se cumplen cuarenta y cinco años desde que fui llamado al Quórum de los Doce Apóstoles. Como el miembro de menos antigüedad de los Doce en aquel entonces, admiraba a catorce hombres excepcionales que tenían más antigüedad que yo en el Quórum y en la Primera Presidencia. Uno a uno, cada uno de esos hombres ha vuelto al hogar. Cuando el presidente Hinckley falleció hace ocho meses, me di cuenta de que yo había llegado a ser el apóstol de más antigüedad. Los cambios producidos durante cuarenta y cinco años que surgieron poco a poco ahora parecen monumentales.

La próxima semana la hermana Monson y yo celebraremos nuestro aniversario número 60. Al mirar atrás a nuestros comienzos, me doy cuenta de lo mucho que han cambiado nuestras vidas desde entonces. Nuestros queridos padres que estaban a nuestro lado cuando comenzamos juntos nuestra jornada han fallecido; nuestros tres hijos, que ocuparon nuestra vida por completo durante tantos años, han crecido y tienen su propia familia; la mayoría de nuestros nietos son mayores y ahora tenemos cuatro bisnietos.

Día a día, minuto a minuto, segundo a segundo pasamos de donde nos encontrábamos a donde estamos ahora. Por supuesto, la vida de todos nosotros pasa por modificaciones y cambios similares. La diferencia que hay entre los cambios de mi vida y los de la de ustedes son sólo los detalles. El tiempo nunca se detiene; debe marchar hacia adelante a un ritmo constante, y con la marcha vienen los cambios.

Ésta es la única oportunidad que tenemos de vivir la vida terrenal, aquí y ahora. Cuanto más vivimos, más nos damos cuenta de lo corta que es. Las oportunidades llegan y luego se van. Creo que entre las grandes lecciones que debemos aprender en nuestro corto viaje por la tierra se encuentran las lecciones que nos ayudan a distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es. Les suplico que no dejen pasar esas cosas tan importantes al hacer planes para ese futuro ilusorio e inexistente cuando tendrán tiempo para hacer todo lo que quieren hacer. En vez de ello, encuentren gozo en el trayecto: ahora.

Yo soy lo que mi esposa llama un “fanático de los espectáculos”. Me encantan las obras musicales; una de mis favoritas la escribió la compositora americana Meredith Wilson y se titula: “El hombre de la música”. En ella, el profesor Harold Hill, uno de los personajes principales de la obra, da una advertencia que comparto con ustedes. Él dice: “Si acumulan suficientes mañanas, encontrarán que han coleccionado muchos ayeres vacíos” 1 .

Mis hermanos y hermanas, no hay un mañana para recordar si no hacemos algo hoy.

He compartido previamente con ustedes un ejemplo de esta filosofía. Creo que vale la pena repetirla. Hace muchos años, Arthur Gordon escribió lo siguiente en una revista nacional:

“Cuando yo tenía más o menos 13 años y mi hermano 10, papá había prometido llevarnos al circo, pero al mediodía sonó el teléfono: un asunto urgente requería su atención en el trabajo. Nos preparamos para la desilusión, pero luego lo oímos decir en el teléfono: ‘No, no estaré allí; eso tendrá que esperar’.

“Cuando él volvió a la mesa, mamá sonrió. ‘Sabes que el circo vuelve a cada rato, ¿no?’, dijo ella.

“‘Lo sé’, dijo papá, ‘pero la niñez no’” 2 .

Si tienen hijos que han crecido y se han ido, con toda seguridad ha habido ocasiones en las que han experimentado sentimientos de pérdida y han reconocido que no apreciaron ese tiempo de la vida como deberían haberlo hecho. Desde luego, no se puede retroceder, sólo ir hacia adelante. En lugar de lamentarnos del pasado, deberíamos aprovechar al máximo el hoy, el aquí y ahora, haciendo todo lo posible por crear recuerdos placenteros para el futuro.

Si todavía están criando a los hijos, tengan en cuenta que las huellas de los deditos que aparecen casi todos los días en una superficie recién limpiada, los juguetes desparramados en la casa, los montones y montones de ropa para lavar desaparecerán muy rápido y que, para su sorpresa, los extrañarán profundamente.

Las tensiones vienen a nuestra vida no importa cuáles sean las circunstancias; debemos sobrellevarlas lo mejor que podamos, pero no debemos permitir que se interpongan entre lo que es más importante, y lo que es más importante casi siempre se relaciona con las personas a nuestro alrededor. Con frecuencia suponemos que ellosdeben saber cuánto los queremos; pero nunca debemos suponerlo; debemos hacérselo saber. William Shakespeare, escribió: “Quienes no muestran su amor, no aman” 3 . Nunca nos lamentaremos por las palabras de bondad que digamos ni el afecto que demostremos; más bien, nos lamentaremos si omitimos esas cosas en nuestra interacción con aquellos que son los que más nos importan.

Envíen esa nota al amigo que han descuidado; abracen a su hijo; abracen a sus padres; digan “te quiero” con más frecuencia; siempre den las gracias. Nunca permitan que el problema que se tenga que resolver llegue a ser más importante que la persona a la que se tenga que amar. Los amigos se mudan, los hijos crecen, las personas que amamos fallecen. Es tan fácil dar las cosas por sentado, hasta el día en que ellos se van de nuestras vida y nos quedamos con estos sentimientos: “qué hubiera pasado si” o “si sólo”. La autora Harriett Beecher Stowe dijo: “Las lágrimas amargas que se derraman sobre la tumba son por palabras que no se dijeron y cosas que no se hicieron” 4 .

En la década de los años 60, durante la guerra de Vietnam, un miembro de la Iglesia, Jay Hess, que era aviador, fue derribado en el norte de Vietnam. Durante dos años su familia no tenía idea si estaba vivo o muerto. Los que le capturaron en Hanoi finalmente le permitieron escribir a casa, pero debía limitar su mensaje a 25 palabras. ¿Qué diríamos ustedes y yo a nuestra familia si estuviésemos en la misma situación— si no la hubiésemos visto durante más de dos años y sin saber si la veríamos otra vez? Con el deseo de mandar algo que su familia reconociera que provenía de él y también con el deseo de darles consejo valioso, el hermano Hess escribió lo siguiente: “Estas cosas son importantes: el matrimonio en el templo, la misión, la universidad. Sigan adelante, establezcan metas, escriban historia, tomen fotos dos veces al año” 5 .

Saboreemos la vida al vivirla, encontremos gozo en el trayecto y compartamos nuestro amor con amigos y familiares. Algún día, cada uno de nosotros se quedará sin mañanas.

En el libro de Juan en el Nuevo Testamento, capítulo trece, versículo treinta y cuatro, el Salvador nos amonesta: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado”.

Tal vez algunos de ustedes estén familiarizados con la novela clásica de Thornton Wilder, tituladaNuestra ciudad. Si es así, recordarán la ciudad de Grover’s Corners, donde el relato se lleva a cabo. En la obra, Emily Webb muere al dar a luz, y nos enteramos de la angustiosa soledad de su joven esposo, George, quien se quedó con su hijito de cuatro años. Emily no desea descansar en paz; desea volver a sentir las alegrías de su vida, por lo que se le concede el privilegio de volver a la tierra y revivir su décimo segundo cumpleaños. Al principio es emocionante ser joven de nuevo, pero muy pronto se esfuma esa alegría. El día ya no es divertido, ahora que Emily sabe lo que le aguarda en el futuro. Es un dolor insoportable al darse cuenta de que había estado totalmente ajena al significado y a la maravilla de la vida mientras vivía. Antes de volver a su última morada, Emily se lamenta: “¿Son conscientes los seres humanos de la vida mientras aún la viven, en todos y cada uno de los minutos?”.

El que nos demos cuenta de lo que es más importante en la vida va de la mano con la gratitud que sentimos por nuestras bendiciones.

Un conocido autor dijo: “Tanto la abundancia como la carencia de ella existen simultáneamente en nuestra vida, como realidades paralelas. Siempre debemos decidir cuál jardín secreto cuidaremos… Cuando decidimos pasar por alto las cosas que nos faltan en la vida, y en cambio sentimos gratitud por la abundancia que tenemos: amor, salud, familia, amigos, trabajo, los gozos de la naturaleza y las empresas personales que nos traen [felicidad], el terreno baldío de la ilusión desaparece y experimentamos el cielo en la tierra” 6 .

En Doctrina y Convenios, sección 88, versículo 33, se nos dice: “Porque, ¿en qué se beneficia el hombre a quien se le confiere un don, si no lo recibe? He aquí, ni se regocija con lo que le es dado, ni se regocija en aquel que le dio la dádiva”.

Horacio, el antiguo filósofo romano, amonestó: “Toma con mano agradecida cada hora con la que Dios te haya bendecido, y no pospongas tus alegrías año tras año, para que en cualquier lugar en el que hayas estado, puedas decir que felizmente has vivido”.

Hace muchos años me conmovió la historia de Borghild Dahl, que nació en Minnesota en 1890 de padres noruegos, y que desde temprana edad sufrió serios problemas de la vista. Ella tenía un enorme deseo de participar de la vida cotidiana a pesar de su impedimento y, con tenaz determinación, logró el éxito en casi toda tarea que emprendió. En contra de los consejos de los maestros, que pensaban que el impedimento era sumamente grande, ella asistió a la Universidad de Minnesota, donde recibió una licenciatura; más tarde estudió en la Universidad Columbia y en la Universidad de Oslo. Finalmente llegó a ser directora de ocho escuelas en el oeste de Minnesota y Dakota del Norte.

Fue autora de diecisiete libros y en uno de ellos escribió lo siguiente: “Sólo tenía un ojo, y estaba cubierto de cicatrices tan profundas que toda mi visión se limitaba a una pequeña abertura en el ojo izquierdo. Solamente podía ver un libro si lo sostenía cerca de la cara y si esforzaba el ojo lo más posible hacia el lado izquierdo” 7 .

Milagrosamente, en 1943—cuando tenía más de cincuenta años— se inventó un procedimiento revolucionario que por fin le devolvió gran parte de la vista que por tanto tiempo no había tenido. Ante ella se abrió un mundo nuevo y fascinante. Derivaba enorme placer en las cosas pequeñas que la mayoría de nosotros pasamos por alto, como ver un pájaro volar, notar la luz que se reflejaba en las burbujas del jabón del agua de los platos, u observar las fases de la luna cada noche. Terminó uno de sus libros con estas palabras: “Querido… Padre Celestial, te doy gracias; te doy gracias” 8 .

Borghild Dahl, tanto antes como después de recuperar la vista, sintió inmensa gratitud por sus bendiciones.

En 1982, dos años antes de que muriera a los 92 años de edad, se publicó su último libro, titulado:Feliz toda mi vida. Su actitud de agradecimiento le permitió apreciar sus bendiciones y vivir una vida plena y abundante a pesar de sus dificultades.

En 1 Tesalonicenses, en el Nuevo Testamento, capítulo cinco, versículo dieciocho, el apóstol Pablo nos dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios”.

Recuerden conmigo el relato de los diez leprosos:

“Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

“y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

“Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban fueron limpiados.

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

“y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

“Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

“¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?” 9 .

En una revelación dada a través del profeta José Smith, el Señor dijo: “Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas” 10 . Ruego que nos encontremos entre aquellos que den las gracias a nuestro Padre Celestial. Si la ingratitud se encuentra entre los pecados más graves, entonces la gratitud toma su lugar entre las más nobles de las virtudes.

Pese a los cambios que vengan a nuestra vida, y con gratitud en nuestros corazones, ruego que, en todo lo posible, llenemos nuestros días con las cosas que son de más importancia. Ruego que valoremos a nuestros seres queridos y les expresemos nuestro amor tanto en palabra como en hechos.

Para finalizar, ruego que todos reflejemos gratitud por nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Su glorioso Evangelio proporciona las respuestas a los interrogantes más grandes de la vida: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿A dónde va mi espíritu al morir?

Él nos enseñó a orar; Él nos enseñó a servir; Él nos enseñó a vivir. Su vida es un legado de amor; sanó al enfermo; animó al afligido; salvó al pecador.

Llegó la hora cuando estuvo solo; algunos apóstoles dudaron y uno lo entregó. Los soldados romanos le atravesaron el costado; la chusma le quitó la vida. Desde el monte de la Calavera aún se oyen sus palabras caritativas: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” 11 .

Previamente, tal vez al percibir la culminación de Su misión terrenal, se lamentó: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” 12 . “No hay lugar en el mesón” 13 no fue una expresión singular de rechazo, sino la primera. No obstante, Él nos invita a ustedes y a mí a recibirlo. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” 14 .

¿Quién era este Hombre de dolores, experimentado en pesares? ¿Quién es el Rey de gloria, este Señor de los ejércitos? Es nuestro Maestro; es nuestro Salvador; es el Hijo de Dios; el Autor de nuestra salvación. Él nos llama: “Sígueme” 15 . Él manda: “Ve, y haz tú lo mismo” 16 . Él suplica: “Guarda mis mandamientos” 17 .

Sigámosle; emulemos Su ejemplo; obedezcamos Su palabra, y al hacerlo, le brindamos el divino don de la gratitud.

Hermanos y hermanas, mi sincera oración es que nos adaptemos a los cambios en nuestra vida, que nos demos cuenta de lo que es más importante, que siempre expresemos nuestra gratitud y de ese modo encontremos gozo en el trayecto. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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La verdad de Dios seguirá adelante

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
La verdad de Dios seguirá adelante
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Ésta es la obra de Dios y la obra de Dios no será frustrada; sin embargo, todavía queda mucho por hacer.

Mis hermanos y hermanas, el 19 de julio de este año los Hijos de los Pioneros de Utah colocaron una estatua del profeta José Smith y de su sucesor, el presidente Brigham Young, en This Is the Place Heritage Park (El Parque del Patrimonio “Éste es el lugar”) de Salt Lake City. La estatua, titulada Con los ojos hacia el Oeste, muestra a estos dos grandes profetas con un mapa de los territorios occidentales [de Estados Unidos].

Muchas personas, incluso los Santos de los Últimos Días, olvidan que José Smith era totalmente consciente de que la Iglesia se iba a trasladar finalmente al grandioso Oeste estadounidense. En agosto de 1842, él profetizó que “los santos seguirían padeciendo mucha aflicción, y que serían echados hasta las Montañas Rocosas; que muchos apostatarían, otros morirían por manos de nuestros perseguidores, o perderían la vida debido a los rigores de la intemperie o de las enfermedades; y que algunos vivirían para ir y ayudar a establecer colonias y edificar ciudades, y ver a los santos llegar a ser un pueblo poderoso en medio de las Montañas Rocosas” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, págs. 551–552).

Ni siquiera los amigos más íntimos de José en aquellos primeros años entendían por completo las pruebas que soportarían los Santos de los Últimos Días a medida que la Iglesia fuera avanzando desde sus humildes principios en las primeras décadas de 1800. Pero el profeta José sabía que ningún enemigo de entonces ni del futuro tendría bastante poder para frustrar ni para detener los propósitos de Dios. Nos son familiares sus palabras proféticas: “El estandarte de la verdad se ha izado; ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra; las persecuciones podrán encarnizarse, los populachos se podrán combinar, los ejércitos podrán juntarse y la calumnia podrá difamar; mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente hasta que haya penetrado en todo continente, visitado todo clima, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que la obra está concluida” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, págs. 149–150).

Han pasado casi dieciocho décadas desde que se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en 1830; hemos tenido ciento setenta y ocho años para observar el cumplimiento de la profecía y ver “la verdad de Dios” que sigue “adelante valerosa, noble e independientemente”. Seguir leyendo

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El regreso a la virtud

Conferencia General, 5 de octubre de 2008

El regreso a la virtud

Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Ahora es el momento de que cada uno de nosotros se levante y despliegue un estandarte al mundo para proclamar un regreso a la virtud.


En la última conferencia general, el presidente Monson me llamó para ser la nueva presidenta general de las Mujeres Jóvenes. Al estar en la presencia de un profeta de Dios y recibir esta confianza sagrada, prometí que serviría con todo mi corazón, alma, mente y fuerza. Antes de recibir el llamamiento, tenía una pequeña placa inscrita con este lema: “Puedo hacer las cosas difíciles”. Esa pequeña placa, inscrita con ese sencillo lema, me infundió valor, pero ahora, si pudiera cambiar ese lema, diría: “En la fortaleza del Señor, puedo hacertodas las cosas” 1 . Hoy día confío en esa fortaleza al estar ante este sagrado púlpito.

El pasado abril, dos días después de la conferencia general, llevamos a cabo nuestra primera reunión en calidad de presidencia recién sostenida. Escalamos hasta la cima de la montaña Ensign Peak y, al contemplar el valle, vimos el templo y el ángel Moroni que resplandecía con el sol. A cada una de nosotras nos pareció claro: la visión para nuestra presidencia era el templo; y nuestra responsabilidad también se aclaró: Debemos “ayudar a preparar a cada jovencita para ser digna de hacer convenios y guardarlos, y recibir las ordenanzas del templo” 2 .

El templo es la razón de todo lo que hacemos en la Iglesia 3 . El templo fue la razón por la que nuestros antepasados pioneros dejaron sus hogares para venir al oeste; fue la razón por la que sufrieron privaciones e incluso la muerte. Los convenios del templo fueron la razón por la que, a pesar de que sepultaron a sus niñitos a lo largo del camino, esos pioneros podían cantar:

Santos, venid,
sin miedo, sin temor,
mas con gozo andad 4 .

Algunos perdieron todo, pero llegaron al valle verdaderamente con todo: ordenanzas del templo, convenios sagrados y la promesa de estar juntos como familia en la vida eterna. Seguir leyendo

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Dios ama a todos Sus hijos y los ayuda

Conferencia General, 5 de octubre de 2008
Dios ama a todos Sus hijos y los ayuda
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Necesitamos la ayuda del Padre Celestial. Hay importantes fuentes de esa ayuda que vienen por medio del servicio del hombre a su prójimo, por medio de la oración y del centrarse en Cristo.

Una de las verdades predominantes de la Restauración es que Dios vive y mora en Sus cielos, que Él es un hombre exaltado con “un cuerpo de carne y huesos” 1 y que Él es ayer, hoy y siempre el mismo Dios inmutable 2 , la fuente de toda virtud y verdad.

Adán y Eva fueron Sus primeros hijos mortales sobre la tierra; de su advenimiento Él dijo: “Y yo, Dios, creé al hombre a mi propia imagen, a imagen de mi Unigénito lo creé; varón y hembra los creé” 3 .

Esta verdad enaltece a la familia humana. El hombre y la mujer son una creación maravillosa investida con atributos divinos. Al momento de la Creación, Dios puso en Adán y Eva la divina capacidad de tener hijos semejantes a ellos. Por lo tanto, todos somos creados a Su imagen.

Sin embargo, nos enfrentamos a serias debilidades y peligros terrenales. No es posible escapar de las enfermedades, del envejecimiento ni de la muerte. Las dificultades y los sufrimientos son parte de la jornada de la vida. Nuestra naturaleza, los apetitos y las pasiones claman por el placer.

Por todas esas razones y otras más, necesitamos la ayuda del Padre Celestial. Una importante fuente de esa ayuda viene por medio del servicio del hombre a su prójimo 4 . El mandamiento indica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” 5 ; puesto que todos somos hermanos y hermanas, todos constituimos “el prójimo”, aunque a veces estemos separados por la distancia, la cultura, la religión o la raza. El profeta José dijo: “Un hombre lleno del amor de Dios no se conforma con bendecir solamente a su familia, sino que va por todo el mundo anheloso de bendecir a toda la raza humana” 6 . El Señor nos dio el ejemplo: “…porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres… y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios” 7 .

A fin de proveer para otras personas a la manera del Señor, nos esforzamos por cuidar de nosotros mismos y nos sacrificamos para ayudar a los necesitados. El pobre trabaja por lo que recibe y también busca el mejoramiento de los demás 8 . Este modelo ha estado con nosotros desde el principio 9 . Seguir leyendo

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Valor cristiano: El precio del discipulado

Conferencia General, 5 de octubre de 2008

Valor cristiano: El precio del discipulado

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Cómo responder a la manera del Señor a quienes nos acusan.


Nos hemos reunido como si fuésemos uno, hemos tomado sobre nosotros el nombre de Jesucristo, y somos cristianos. Una pregunta que deseamos hacer es la siguiente: ¿Por qué, entonces, si tenemos ese amor del Salvador, desearía alguien ser un antagonista o atacarnos?

Recientemente, un grupo de fieles e inteligentes jóvenes Santos de los Últimos Días escribieron algunas de las preguntas más apremiantes que tenían. Una hermana preguntó: “¿Por qué la Iglesia no se defiende más activamente cuando se le hacen acusaciones?”.

En respuesta a su pregunta, diría que una de las grandes pruebas de la vida terrenal se presenta cuando nuestras creencias se ponen en tela de juicio o se critican. En esos momentos quizás queramos responder en forma agresiva y levantar los puños, pero esas son oportunidades importantes para detenernos, orar y seguir el ejemplo del Salvador. Recuerden que Jesucristo mismo fue despreciado y rechazado por el mundo; y en el sueño de Lehi, los que se dirigían hacia el Salvador sufrieron burlas y los “[señalaban] con el dedo” (1 Nefi 8:27). Jesús dijo: “…el mundo… aborreció [a mis discípulos], porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:14). Al responder a nuestros acusadores como lo hizo el Salvador, no sólo somos más como Cristo, sino que invitamos a los demás a sentir Su amor y a seguirlo.

Para responder como Cristo lo haría no hay un texto fijo ni una fórmula. El Salvador respondió de manera diferente en cada situación. Cuando compareció ante el malvado rey Herodes, Él permaneció callado; al estar frente a Pilato, ofreció un sencillo y potente testimonio de Su divinidad y propósito; al enfrentarse a los cambistas que profanaban el templo, ejerció Su divina responsabilidad de preservar y proteger lo que era sagrado; al ser levantado en la cruz, pronunció la incomparable afirmación cristiana: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Algunas personas equivocadamente piensan que reacciones tales como el silencio, la mansedumbre, el perdón y el expresar humilde testimonio son respuestas pasivas o débiles, pero, el “[amar] a [nuestros] enemigos, [bendecir] a los que [nos] maldicen, [hacer] bien a los que [nos] aborrecen y [orar] por los que [nos] ultrajan y [nos] persiguen” (Mateo 5:44) requiere fe, fortaleza y, más que todo, valor cristiano.

El profeta José Smith demostró ese valor a lo largo de su vida. Aunque “[sufrió] continuamente severa persecución de toda clase de individuos, tanto religiosos como irreligiosos” (José Smith—Historia 1:27), él no tomó represalias ni cayó en el odio. Como todo verdadero discípulo de Cristo, siguió el ejemplo del Salvador al amar a los demás de manera tolerante y compasiva. Eso es valor cristiano. Seguir leyendo

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Entrelazados nuestros corazones en uno

Conferencia General, 5 de octubre de 2008

Entrelazados nuestros corazones en uno

Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Los santos pueden lograr cualquier propósito del Señor cuando están completamente unidos en rectitud.


Mis amados hermanos y hermanas, es un gozo estar reunido con ustedes esta mañana del día de reposo. Vivimos en muchas circunstancias diferentes. Vendremos al reino de Dios de toda nación y de muchos orígenes étnicos; y ese recogimiento profetizado se acelerará.

En el mundo que nos rodea, vemos mayor conflicto entre los pueblos; esas divisiones y diferencias podrían afectarnos, y es por esa razón que mi mensaje de esperanza hoy es que se acerca un gran día de unidad. El Señor Jehová volverá a vivir con aquellos que han llegado a ser Su pueblo y los encontrará unidos, de un solo corazón, unidos con Él y con nuestro Padre Celestial.

Ustedes me han oído predicar ese mensaje de unidad en más de una ocasión y es posible que vuelva a mencionarlo en el futuro; durante mi vida, lo he oído de cada uno de los profetas de Dios. Una súplica en favor de la unidad fue el último mensaje que recuerdo del presidente David O. McKay. Los profetas del Señor siempre han hecho un llamado a la unidad; la necesidad de que se nos conceda ese don y el desafío de preservarlo serán mayores en los días que vendrán, días en los que estaremos preparados como pueblo para nuestro destino glorioso.

Mi mensaje es que estamos progresando; los padres y las madres suplican tener unidad en sus hogares y esas oraciones se están contestando; las familias están orando juntas por la noche y por la mañana. Mientras era huésped de una familia, me invitaron a arrodillarme con ellos antes de acostarse; se le pidió al hijo más pequeño que hiciera la oración. Oró como un patriarca, por cada miembro de la familia, mencionándolos por nombre. Abrí los ojos por un instante para mirar el rostro de los otros hijos y de los padres; pude darme cuenta de que unían su fe y su corazón a la oración de ese pequeño.

Hace poco, unas hermanas de la Sociedad de Socorro oraron al prepararse para visitar por primera vez a una joven viuda cuyo marido había muerto repentinamente; deseaban saber lo que debían hacer y cómo trabajar juntas para preparar la casa para familiares y amigos que irían al funeral; necesitaban saber las palabras de consuelo que el Señor quería que dijesen. Recibieron la respuesta a sus oraciones; cuando llegaron a la casa, cada hermana se ocupó de una tarea; la casa quedó en orden tan rápido que algunas hermanas se lamentaron por no poder hacer más. Se ofrecieron las apropiadas palabras de consuelo; habían prestado el servicio del Señor como si fuesen una, con los corazones entrelazados. Seguir leyendo

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Aprendamos, hagamos, seamos

Conferencia General 4 de octubre de 2008

Aprendamos, hagamos, seamos

Presidente Thomas S. Monson

Que podamos aprender lo que debemos aprender, hacer lo que debemos hacer y ser lo que debemos ser.


Esta noche han visto la fortaleza de los dos consejeros de la Primera Presidencia. Aquí, ante ustedes, declaro que esta Primera Presidencia trabaja unida como una sola bajo la dirección del Señor Jesucristo.

Quiero agradecer en forma especial a este coro de misioneros. Tuve una experiencia que creo que a ellos les interesará, y también que será interesante para ustedes. Hace muchos años recibí una llamada desesperada del director del centro de capacitación misional. Me dijo: “Presidente Monson, tengo un misionero que va a volverse a casa; no hay nada que lo evite”.

Le contesté: “Bueno, eso no es raro, ha sucedido antes; ¿cuál es el problema?”

Él dijo: “Fue llamado a una misión de habla hispana y está completamente seguro de que no puede aprender español”.

Yo le dije: “Tengo una sugerencia: mañana por la mañana mándelo a una clase de japonés y después pídale que a las 12:00 del mediodía le comunique a usted cómo le fue”.

¡A la mañana siguiente el teléfono sonó a las diez! Él me dijo: “El joven está aquí conmigo ahora y quiere que yo sepa que tiene la total seguridad de que él puede aprender español”.

Cuando hay voluntad, hay una manera.

Al hablarles esta noche, ciertamente son un sacerdocio real congregado en muchos lugares, pero en unidad. Probablemente ésta sea la asamblea de poseedores del sacerdocio más grande que se haya reunido hasta ahora. La devoción de ustedes hacia sus llamamientos sagrados es inspiradora; el deseo que tienen de aprender sus deberes es evidente; la pureza de sus almas hace que el cielo esté más cerca de ustedes y de su familia.

Muchas partes del mundo han pasado por tiempos de dificultad económica; hay negocios que han fracasado, personas que han perdido sus empleos y las inversiones se han visto en peligro. Debemos asegurarnos de que aquellos que están bajo nuestra responsabilidad no tengan hambre ni les falte ropa ni refugio. Cuando el sacerdocio de esta Iglesia une sus esfuerzos para sobrellevar esas condiciones preocupantes, se producen eventos prácticamente milagrosos.

Instamos a todos los Santos de los Últimos Días a ser prudentes en su planificación, moderados en su estilo de vida y a evitar la deuda excesiva o innecesaria. Los asuntos financieros de la Iglesia se administran de esa manera porque somos conscientes de que ustedes hacen sacrificios para pagar sus diezmos y otras contribuciones, y de que son fondos sagrados. Seguir leyendo

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Oh vosotros que os embarcáis

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Oh vosotros que os embarcáis
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Nuestro poder para llevar las cargas aumentará más de lo suficiente a fin de compensar el servicio mayor que se nos pedirá que brindemos.

Mis queridos hermanos, esta noche deseo alentar a los poseedores del sacerdocio que a veces se sienten abrumados por sus responsabilidades. Éste es un desafío del cual he hablado antes, pero vuelvo a mencionarlo porque se presenta con mucha frecuencia en la vida de aquellos a quienes amo y sirvo.

La mayoría de ustedes ha descubierto que sus responsabilidades en el sacerdocio les exigirán tanto, al grado de que se pregunten si son capaces de cumplirlas. Puede que haya sucedido cuando se les pidió hablar en una conferencia de estaca frente a cientos de personas; para el converso reciente, puede haber sido cuando se le pidió orar en público o enseñar una lección por primera vez; para algunos, tal vez haya sido al tratar de aprender un idioma en el centro de capacitación misional. Si eso no los llevó a su límite, seguramente sí lo fue en las calles de una ciudad extraña cuando su presidente de misión los desafió a hablar con toda persona con quien se encontraran para testificar del Salvador y de la restauración del Evangelio.

Quizás en ese entonces hayan pensado: “Una vez que termine la misión, será más fácil ser un fiel poseedor del sacerdocio”. Pero en unos años, se encontraron durmiendo aún menos horas por la noche mientras trataban de mantener a una esposa y a un recién nacido, de ser amables y amorosos, luchando por obtener una educación académica, de tender una mano a los miembros del quórum de élderes, incluso quizás ayudándoles a mudarse y tratando de encontrar el tiempo para prestar servicio a sus antepasados en el templo. Tal vez entonces sonreían pensando: “Cuando sea un poco mayor, el ser un fiel poseedor del sacerdocio no requerirá tanto, y será más fácil”.

Ustedes, los que ya han vivido más años, están sonriendo porque saben algo acerca del prestar servicio en el sacerdocio, y es lo siguiente: cuanto más fielmente sirven, más es lo que el Señor pide de ustedes. La sonrisa de ustedes es una de felicidad porque saben que Él aumenta nuestro poder para llevar la carga más pesada; sin embargo, lo difícil de esa realidad es que para que Él les dé ese aumento de poder, ustedes deberán seguir prestando servicio y seguir siendo fieles más allá de lo que crean que son capaces de hacerlo.

Es como fortalecer los músculos: tienen que agotarlos para luego fortalecerlos; los ejercitan hasta el punto de la fatiga; luego éstos se reconstituyen y adquieren más fuerza. Una mayor fuerza espiritual es un don de Dios que Él nos da cuando nos esforzamos al límite en Su servicio. Por medio del poder de la expiación de Jesucristo, nuestra naturaleza puede cambiar; entonces nuestro poder para llevar las cargas aumentará más de lo suficiente a fin de compensar el servicio mayor que se nos pedirá que brindemos. Seguir leyendo

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