Conferencia General 4 de octubre de 2008
Impulsen desde donde estén
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Todo poseedor del sacerdocio se halla en una posición única y tiene una importante tarea que sólo él puede llevar a cabo.
Estimados hermanos, me siento honrado de estar con ustedes en esta asamblea mundial del sacerdocio. Al igual que ustedes, estoy tan agradecido de estar ante la presencia de nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson, y del presidente Eyring. Hermanos, les agradecemos su fidelidad y fortaleza moral. En verdad es un gozo y un privilegio ser parte de esta gran hermandad.
Impulsen desde donde estén
Hace unos años, en nuestro centro de reuniones de Darmstadt, Alemania, se le pidió a un grupo de hermanos que trasladara un piano de cola desde el salón sacramental al salón cultural contiguo, donde lo necesitaban para una actividad musical. Ninguno de ellos se dedicaba de profesión a las mudanzas y la labor de transportar el pesado instrumento hasta el salón cultural parecía casi imposible. Todos sabían que la tarea requeriría no sólo fuerza física, sino también una meticulosa coordinación. Surgieron numerosas ideas, pero ninguna que lograra que el piano se mantuviera debidamente equilibrado. Se reubicaba una y otra vez a los hermanos según la fuerza, la altura y la edad, pero nada funcionaba.
Mientras estaban alrededor del piano sin saber qué hacer, el hermano Hanno Luschin, un buen amigo mío, dijo: “Hermanos, permanezcan juntos, levanten e impulsen desde donde estén”.
Parecía demasiado simple; sin embargo, cada uno impulsó desde donde estaba y el piano se elevó del suelo y llegó hasta el salón cultural como por sí solo. Ésa fue la solución al problema; sólo tenían que permanecer juntos e impulsar desde donde estuvieran.
He pensado a menudo en la simple idea del hermano Luschin y me ha impresionado su profunda veracidad. Esta noche quisiera explicar más a fondo este sencillo concepto de “Impulsar desde donde estemos”.
Algunas personas ansían dirigir mientras que otras procuran esconderse
Aunque parezca algo simple, el impulsar desde donde estemos es un principio de poder. La mayoría de los poseedores del sacerdocio que conozco comprende este principio y vive de acuerdo con él. Están deseosos de remangarse la camisa y poner manos a la obra, sin importar de qué tarea se trate. Cumplen con fidelidad sus deberes del sacerdocio; magnifican sus llamamientos; sirven al Señor mediante el servicio al prójimo; permanecen juntos e impulsan desde donde están.
No obstante, en ocasiones hay quienes tienen dificultad para comprender este concepto, y cuando eso sucede, parecen dividirse en dos grupos: aquellos que ansían dirigir y los que procuran esconderse; es decir, o bien ansían una corona o una cueva.


por el élder Boyd K. Packer
por el élder Dallin H. Oaks

























