Impulsen desde donde estén

Conferencia General 4 de octubre de 2008

Impulsen desde donde estén

Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Todo poseedor del sacerdocio se halla en una posición única y tiene una importante tarea que sólo él puede llevar a cabo.


Estimados hermanos, me siento honrado de estar con ustedes en esta asamblea mundial del sacerdocio. Al igual que ustedes, estoy tan agradecido de estar ante la presencia de nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson, y del presidente Eyring. Hermanos, les agradecemos su fidelidad y fortaleza moral. En verdad es un gozo y un privilegio ser parte de esta gran hermandad.

Impulsen desde donde estén

Hace unos años, en nuestro centro de reuniones de Darmstadt, Alemania, se le pidió a un grupo de hermanos que trasladara un piano de cola desde el salón sacramental al salón cultural contiguo, donde lo necesitaban para una actividad musical. Ninguno de ellos se dedicaba de profesión a las mudanzas y la labor de transportar el pesado instrumento hasta el salón cultural parecía casi imposible. Todos sabían que la tarea requeriría no sólo fuerza física, sino también una meticulosa coordinación. Surgieron numerosas ideas, pero ninguna que lograra que el piano se mantuviera debidamente equilibrado. Se reubicaba una y otra vez a los hermanos según la fuerza, la altura y la edad, pero nada funcionaba.

Mientras estaban alrededor del piano sin saber qué hacer, el hermano Hanno Luschin, un buen amigo mío, dijo: “Hermanos, permanezcan juntos, levanten e impulsen desde donde estén”.

Parecía demasiado simple; sin embargo, cada uno impulsó desde donde estaba y el piano se elevó del suelo y llegó hasta el salón cultural como por sí solo. Ésa fue la solución al problema; sólo tenían que permanecer juntos e impulsar desde donde estuvieran.

He pensado a menudo en la simple idea del hermano Luschin y me ha impresionado su profunda veracidad. Esta noche quisiera explicar más a fondo este sencillo concepto de “Impulsar desde donde estemos”.

Algunas personas ansían dirigir mientras que otras procuran esconderse

Aunque parezca algo simple, el impulsar desde donde estemos es un principio de poder. La mayoría de los poseedores del sacerdocio que conozco comprende este principio y vive de acuerdo con él. Están deseosos de remangarse la camisa y poner manos a la obra, sin importar de qué tarea se trate. Cumplen con fidelidad sus deberes del sacerdocio; magnifican sus llamamientos; sirven al Señor mediante el servicio al prójimo; permanecen juntos e impulsan desde donde están.

No obstante, en ocasiones hay quienes tienen dificultad para comprender este concepto, y cuando eso sucede, parecen dividirse en dos grupos: aquellos que ansían dirigir y los que procuran esconderse; es decir, o bien ansían una corona o una cueva.

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Cómo ganar la guerra contra el mal

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Cómo ganar la guerra contra el mal
Élder James J. Hamula
De los Setenta

Se les confió venir a la tierra en estos últimos días para volver a hacer lo que hicieron antes: una vez más escoger el bien sobre el mal.

Esta noche me dirijo a mis hermanos del Sacerdocio Aarónico. Deseo ayudarles a apreciar más profundamente quiénes son, cuál es su propósito en la vida y cómo pueden lograr ese propósito.

Han llegado al mundo en una época muy importante. Estamos entrando en las etapas culminantes de una gran guerra que comenzó antes de la fundación del mundo y que se ha librado con terribles consecuencias en el transcurso de la historia del mundo. Hablo de la guerra entre los seguidores de Cristo y todos los que lo niegan como su Dios 1 .

Concerniente a esta guerra, Juan el Revelador escribió:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

“pero no prevalecieron ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” 2 .

Fue Satanás quien instigó esa guerra preterrenal al rebelarse contra el plan de salvación del Padre para Sus hijos y al rechazar al Cristo, quien fue designado para efectuar el plan. Trágicamente, una tercera parte de los hijos del Padre siguieron a Satanás 3 , pero dos terceras partes no lo hicieron. Ustedes, mis jóvenes amigos, estaban entre estos últimos y han venido con ellos a la tierra a seguir el plan de felicidad del Padre.

Lamentablemente, la guerra de Satanás no terminó con su expulsión del cielo. Como dijo Juan, Satanás y sus seguidores fueron “[arrojados] a la tierra” 4 y han venido con “gran ira” 5 . La evidencia de su ira se ve en la sangre y el terror que han afligido al hombre desde el comienzo de los tiempos.

Tan profundas y extensas han sido las heridas infligidas a los hombres que Dios mismo se conmovió hasta las lágrimas al ver la condición del hombre 6 .

Ahora nos hallamos en los últimos días de la historia temporal de la tierra. En un día futuro, el Hijo del Padre regresará a la tierra que lo rechazó y la volverá a reclamar como suya 7 . Ese día, someterá a Satanás y a sus legiones y marcará el comienzo de mil años de paz y rectitud 8 . Anticipando ese día, Dios ha restaurado Su reino sobre la tierra una última vez; ese reino es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días 9 . Seguir leyendo

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Brazos de seguridad

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Brazos de seguridad
Élder Jay E. Jensen
De la Presidencia de los Setenta

Al asistir a la reunión sacramental plenamente arrepentidos y con humildad, y al participar de la Santa Cena dignamente, sentiremos esos brazos [de seguridad] una y otra vez.

Esta tarde hablaré de la expiación de Jesucristo y de su relación con la preparación, la bendición y repartición de la Santa Cena por los poseedores del Sacerdocio Aarónico, lo cual el élder Oaks enseñó con tanto poder y belleza esta mañana. Utilizaré una frase corta de las Escrituras que me ayuda a visualizar la misericordia del Salvador. La frase es: “brazos de seguridad” (véase Alma 34:16).

Seguro entre Sus brazos

Los miembros de una familia estaban tomando fotos desde un mirador en el lado norte del Gran Cañón; oyeron gritos y corrieron hacia donde estaba una niña de dos años que se había caído desde el barandal hacia una saliente unos once metros más abajo. La pequeña trató de trepar hacia arriba, pero al moverse se resbaló más hasta encontrarse a un metro y medio del borde de un precipicio de unos sesenta metros.

Un joven de diecinueve años llamado Ian vio en donde se hallaba la niña y supo cómo encarar la situación utilizando las técnicas de emergencia que había aprendido. Él dijo: “‘De inmediato todo me pareció claro y sencillamente supe qué hacer. Puse mi cámara en el suelo y fui a una parte del camino que no era tan escarpada, salté el barandal, me arrastré por unas rocas entre la maleza y la encontré’. Sosteniéndola entre sus brazos por una hora, Ian esperó hasta que un equipo de emergencia pudo bajar con cuerdas” para rescatarlos (“Save Her!”, New Era, septiembre de 2007, pág. 6). La frase “sosteniéndola entre sus brazos” me llamó la atención porque en las Escrituras se habla de brazos de amor, brazos de misericordia y brazos de seguridad (véase 2 Nefi 1:15; Mosíah 16:12; Alma 5:33; D. y C. 6:20; 29:1).

La frase de las Escrituras “[ceñido] con brazos de seguridad” proviene del mensaje que Amulek dio a los zoramitas con respecto a la Expiación infinita y eterna. Él enseñó que el sacrificio del Hijo de Dios hizo posible que el hombre tuviera fe en Cristo para conducirnos al arrepentimiento, “y así la misericordia satisface las exigencias de la justicia, y ciñe a los hombres con brazos de seguridad” (Alma 34:9–16; véase también vers. 9–15).

Enseñar lo intangible con lo tangible

Para comprender mejor los “brazos de seguridad”, es importante recordar que el Salvador utilizó cosas tangibles como monedas, semillas, ovejas, panes, pescados y partes del cuerpo para enseñar principios del Evangelio.

Los brazos son tangibles y los utilizamos para manifestar afecto y amor. Cuando llego a casa de la oficina, me envuelven los brazos tangibles de mi esposa. He sentido brazos de amor y seguridad a lo largo de mi servicio en Latinoamérica mediante el acostumbrado saludo de un abrazo.

Al meditar en la forma de enseñar eficazmente la Expiación a los demás, la frase “brazos de seguridad” me ha resultado útil. Cuando nos bautizamos y recibimos el Espíritu Santo mediante la imposición de manos, recibimos dos ordenanzas que nos ofrecen los brazos de seguridad. Al asistir a la reunión sacramental plenamente arrepentidos y con humildad, y al participar de la Santa Cena dignamente, sentiremos esos brazos una y otra vez.

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Honra el sacerdocio y utilízalo bien

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Honra el sacerdocio y utilízalo bien
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro Salvador Jesucristo es el modelo perfecto del uso del santo sacerdocio. Él ministró con amor, compasión y caridad.

Mis queridos hermanos, estamos reunidos en todo el mundo en esta maravillosa hermandad del santo sacerdocio de Dios. Qué bendecidos somos de estar entre los pocos hombres de la tierra a quienes se les ha confiado la autoridad para actuar en el nombre del Salvador con el fin de bendecir a los demás mediante el uso correcto de Su sacerdocio.

Me pregunto, hermanos, ¿cuántos de nosotros reflexionamos seriamente acerca del valor inestimable de poseer el Sacerdocio Aarónico y el de Melquisedec? Cuando consideramos cuán pocos son los hombres que han vivido en la tierra y han recibido el sacerdocio, y cómo Jesucristo ha investido a esos hombres para actuar en Su nombre, deberíamos sentirnos sumamente humildes y profundamente agradecidos por el sacerdocio que poseemos.

El sacerdocio es la autoridad para actuar en el nombre de Dios. Esa autoridad es esencial para llevar a cabo Su obra sobre la tierra. El sacerdocio que poseemos es una porción de la autoridad eterna de Dios que se nos ha delegado; si somos leales y fieles, nuestra ordenación al sacerdocio será eterna.

Sin embargo, el conferir la autoridad no otorga por sí solo el poder del oficio. Nuestra dignidad personal, nuestra fe en el Señor Jesucristo y la obediencia a Sus mandamientos determinarán el grado en el cual podamos ejercer el poder del sacerdocio. Al tener el respaldo de una base segura de conocimiento del Evangelio, nuestra capacidad para utilizar el sacerdocio dignamente aumentará enormemente.

Nuestro Salvador Jesucristo es el modelo perfecto del uso del santo sacerdocio. Él ministró con amor, compasión y caridad. Su vida fue un ejemplo sin igual de humildad y poder. Las bendiciones más grandes que se reciben al utilizar el sacerdocio provienen del servicio humilde que se presta a los demás, sin pensar en uno mismo. Si seguimos Su ejemplo como poseedores fieles y obedientes del sacerdocio, tenemos a nuestra disposición un gran poder. Cuando sea necesario, podemos ejercer el poder de sanar, de bendecir, de consolar y de dar consejo, al seguir fielmente la suave inspiración del Espíritu. Seguir leyendo

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A Sión venid

Conferencia General 4 de octubre de 2008
A Sión venid
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

En nuestra familia y en nuestras estacas y distritos, procuremos establecer Sión por medio de la unidad, la piedad y la caridad.

El profeta José Smith dijo: “La edificación de Sión es una causa que ha interesado al pueblo de Dios en todas las edades; es un tema que los profetas, reyes y sacerdotes han tratado con gozo particular. Han mirado adelante, con gloriosa expectativa, hacia el día en que ahora vivimos; e inspirados por celestiales y gozosas expectativas, han cantado, escrito y profetizado acerca de ésta, nuestra época; pero murieron sin verla. Nosotros somos el pueblo favorecido que Dios ha elegido para llevar a cabo la gloria de los últimos días” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, [Curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2007], pág. 195).

Sión es a la vez un lugar y un pueblo; fue el nombre que se dio a la antigua ciudad de Enoc en los tiempos anteriores al Diluvio. “…Y aconteció que en sus días él edificó una ciudad que se llamó la Ciudad de Santidad, a saber, Sión” (Moisés 7:19). Aquella Sión existió unos trescientos sesenta y cinco años (véase Moisés 7:68). El registro de las Escrituras dice: “Y Enoc y todo su pueblo anduvieron con Dios, y él moró en medio de Sión; y aconteció que Sión no fue más, porque Dios la llevó a su propio seno, y desde entonces se extendió el dicho: Sión ha huido” (Moisés 7:69). Más tarde, a Jerusalén y su templo se les llamó el monte de Sión, y las Escrituras profetizan de una futura Nueva Jerusalén donde Cristo reinará como “Rey de Sión”, cuando “por el espacio de mil años la tierra descansará” (Moisés 7:53, 64).

El Señor llamó al pueblo de Enoc, Sión, “porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos” (Moisés 7:18). En otra parte Él dijo: “…porque ésta es Sión: los puros de corazón” (D. y C. 97:21).

La antítesis y antagonista de Sión es Babilonia. La ciudad de Babilonia originalmente era Babel, la de la conocida Torre de Babel, y más adelante llegó a ser la capital del Imperio Babilónico. Su edificio principal era el templo de Bel o Baal, el ídolo al cual se referían los profetas del Antiguo Testamento como “vergüenza” dadas las perversiones sexuales que se relacionaban con su adoración (véase el Diccionario Bíblico en inglés: “Asiria y Babilonia”, “Babilonia o Babel”, o la Guía para el Estudio de las Escrituras: “Baal”). Su mundanalidad, su adoración del mal y el cautiverio de Judá después de la conquista en el año 587 a.C., todo ello se combina para que Babilonia se considere el símbolo de las sociedades decadentes y de la esclavitud espiritual. Seguir leyendo

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El camino

Conferencia General 4 de octubre 2008
El camino
Élder Lawrence E. Corbridge
De los Setenta

Hay sólo un camino a la felicidad y a la realización. Jesucristo es el Camino.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” 1 .

Él dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega, Cristo el Señor; sí, soy él, el principio y el fin, el Redentor del mundo” 2 .

Él dijo: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” 3 .

Él dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” 4 .

Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” 5 .

Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” 6 .

Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” 7 .

Jesucristo es el Camino. Él es la Luz y la Vida, el Pan y el Agua, el Principio y el Fin, la Resurrección y la Vida, el Salvador del mundo, la Verdad y el Camino.

Sólo hay un Camino a la felicidad y a la realización. Él es el Camino. Cualquier otro camino, cualquiera que sea, es locura.

Él nos ofrece una fuente de aguas vivas: O bebemos y nunca volvemos a tener sed, o no lo hacemos e insensatamente permanecemos sedientos.

Él es el Pan de Vida: O comemos y no estaremos hambrientos nunca más, o no lo hacemos e insensatamente permanecemos hambrientos.

Él es la Luz del mundo: O le seguimos a Él y vemos claramente, o no lo hacemos e insensatamente permanecemos ciegos y en la oscuridad.

Él es la Resurrección y la Vida. Él dijo: “…las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” 8 . O aprendemos de Él y tenemos vida en abundancia 9 , o no lo hacemos e insensatamente permanecemos muertos.

Él es el Salvador del mundo: O aceptamos las bendiciones de Su expiación y nos volvemos limpios y puros, o no lo hacemos e insensatamente permanecemos solos y seguimos siendo inmundos.

Él es el Camino.

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Incluso un niño puede entender

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Incluso un niño puede entender
Élder Gérald Caussé
De los Setenta

Dios… se ha asegurado de que todos Sus hijos comprendan las verdades en cuanto a Él, no importa cuál sea su nivel de educación o facultad intelectual.

Los padres a veces se sorprenden de las respuestas que sus hijos dan a las preguntas de los adultos. Una noche, mientras mi esposa y yo habíamos salido, la niñera de nuestros hijos, intrigada por la oración que les oyó decir, les hizo la siguiente pregunta: “¿Pero, cuál es la diferencia entre la religión de ustedes y la mía?”. La respuesta de nuestra hija de ocho años fue inmediata: “Son casi lo mismo, ¡sólo que nosotros estudiamos mucho más que ustedes!”. No deseando ofender a la niñera, mi hijita sólo quiso recalcar, a su manera, la importancia que los Santos de los Últimos Días dan a la búsqueda del conocimiento.

José Smith declaró: “Es imposible que el hombre se salve en la ignorancia” (D. y C. 131:6). Agregó: “El principio del conocimiento es el principio de la salvación… y todo aquel que no logra conocimiento sufi- ciente para salvarse, será condenado” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 223). Este conocimiento se basa en el entendimiento de la naturaleza de Dios y de Jesucristo, y del Plan de Salvación que Ellos han preparado para permitirnos volver a Su presencia. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Con frecuencia, los hombres han malinterpretado el principio del conocimiento. “La gloria de Dios es la inteligencia” (D. y C. 93:36); supera todo lo que podamos entender con nuestra capacidad intelectual. Las personas que intentan encontrar a Dios a veces piensan que deben buscarlo en conceptos intelectualmente complicados.

Sin embargo, nuestro Padre Celestial siempre está a nuestro alcance. Él se adapta a nuestro nivel de entendimiento. “Si Él viene a un niño, se adaptará al idioma y a la capacidad del niño” (Véase Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 189). Seguir leyendo

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El ministerio de ángeles

Conferencia General 4 de octubre de 2008
El ministerio de ángeles
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dios nunca nos deja solos, nunca nos deja sin ayuda en los desafíos que enfrentamos.

Cuando Adán y Eva vinieron a la tierra por su propia voluntad, sabían que en este mundo telestial habría espinos y cardos así como toda clase de dificultades. Sin embargo, quizás lo más difícil de aceptar no fueron las penurias y el peligro que tendrían que soportar, sino el hecho de que tendrían que estar alejados de Dios, separados de Aquel con quien habían andado y hablado, quien les había dado consejo cara a cara. Después de esa decisión voluntaria, tal como está asentado en el registro de la creación, “no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su presencia” 1 . De todas sus preocupaciones, seguramente ésa debe haber sido la más grande.

No obstante, Dios conocía los desafíos a los que se enfrentarían y ciertamente sabía lo solos y afligidos que a veces se sentirían; por esa razón, velaba constantemente por Su familia terrenal, escuchaba siempre sus oraciones y envió profetas (y más tarde apóstoles) para enseñarles, para aconsejarlos y guiarlos; pero en tiempos de especial necesidad, envió ángeles, mensajeros divinos para bendecir a Sus hijos, para asegurarles que los cielos siempre estaban cerca y que Su ayuda siempre estaba muy próxima. Es más, poco después de que Adán y Eva se encontraban en el mundo solitario y lúgubre, se les apareció un ángel 2 , quien les enseñó el significado del sacrificio de ellos y la función expiatoria del Redentor prometido que habría de venir.

Cuando se aproximaba el momento de la venida del Salvador, se envió un ángel para anunciarle a María que ella habría de ser la madre del Hijo de Dios 3 . Luego se comisionó a una hueste de ángeles para cantar la noche en que nació el niño Jesús 4 . Al poco tiempo, un ángel le anunciaría a José que el recién nacido estaba en peligro y que su pequeña familia debía huir a Egipto para protegerse 5 . Cuando ya no había peligro de regresar, un ángel se lo comunicó a la familia y los tres regresaron a la tierra de su herencia 6 .

Desde el principio y a través de las dispensaciones, Dios se ha valido de ángeles como emisarios de Él para transmitir amor y preocupación por Sus hijos. El tiempo que se me ha designado no me permite hacer ni siquiera un breve análisis de las Escrituras ni de nuestra propia historia en estos últimos días, las cuales están repletas de relatos de ángeles que ministran a los habitantes de la tierra, pero en verdad es doctrina profunda y abunda en historia. Seguir leyendo

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Venga lo que venga, disfrútalo

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Venga lo que venga, disfrútalo
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La forma en que reaccionamos ante la adversidad es un factor importante respecto a cuán felices y exitosos seamos en la vida.

Cuando era joven me encantaba jugar deportes y tengo lindos recuerdos de esos días; pero no todos son agradables. Recuerdo que un día, después de que mi equipo de fútbol americano perdió un partido difícil, llegué a casa desanimado. Allí estaba mi mamá y escuchó mi triste relato. Ella enseñó a sus hijos a confiar en sí mismos y el uno en el otro, a no culpar a los demás por sus infortunios y a poner su mejor esfuerzo en todo lo que hicieran.

Cuando nos caíamos, esperaba que nos levantáramos y que siguiéramos adelante, así que no me sorprendió del todo el consejo que me dio; lo he recordado toda la vida.

“Joseph”, dijo, “venga lo que venga, disfrútalo”.

He reflexionado a menudo en ese consejo.

Creo que lo que quiso decir es que todos tenemos altibajos y ocasiones en las que parece que los pájaros no cantan ni las campanas repican. Sin embargo, a pesar del desánimo y la adversidad, las personas más felices parecen saber cómo aprender de los tiempos difíciles y, como resultado, llegan a ser más fuertes, sabias y felices.

Quizás haya quienes piensen que las Autoridades Generales raras veces experimentan dolor, sufrimiento o angustia; si tan sólo fuera verdad. Aunque todo hombre y mujer que está en este estrado hoy ha experimentado una gran medida de gozo, cada uno también ha bebido profundamente de la copa de la desilusión, del dolor y de la pérdida. En Su sabiduría, el Señor no protege a nadie del dolor ni de la tristeza.

En mi caso, el Señor ha abierto las ventanas de los cielos y ha derramado bendiciones sobre mi familia más allá de mi capacidad de expresión. Sin embargo, al igual que todos, he tenido momentos en la vida en que parecía que el dolor de mi corazón fuera más de lo que pudiera soportar. En esos momentos pienso en aquellos días de mi juventud cuando los pesares más grandes eran por perder un partido de fútbol americano. Seguir leyendo

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Por tanto, id

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Por tanto, id
Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Todos podemos participar en la obra misional; ésta es la obra del Señor y Él nos ayudará a realizarla.

Silvia H. AllredEl Señor enseñó que “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” 1 ; por lo tanto, el bautismo es esencial para nuestra salvación.

Antes de que el Salvador resucitado ascendiera al cielo, instruyó a Sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” 2 .

En la época de la Restauración, repitió Su mandato: “Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo” 3 .

La Iglesia del Señor tiene la responsabilidad de predicar el Evangelio en el mundo; esto es el fundamento de la obra misional, y el deber de nuestros misioneros es “invitar a las personas a venir a Cristo a fin de que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin” 4 .

Me gustaría hablar y testificar del gran impacto y de las bendiciones de la obra misional en la vida de los conversos, de las futuras generaciones y de los misioneros; y de cómo podemos participar en la obra misional.

Cuando yo tenía catorce años, una hermosa mañana de agosto, el élder Prina y el élder Perkins llamaron a la puerta; comenzaron a enseñar a nuestra familia acerca de la verdadera naturaleza de Dios. En las visitas subsiguientes, nos enseñaron a orar. También nos enseñaron acerca de la Restauración y del plan de salvación. Después de la tercera o cuarta visita, casi toda mi familia dejó de escuchar a los misioneros, salvo mi hermana Dina, de diecisiete años, y yo. Ambas sentimos el testimonio del Espíritu Santo en nuestro corazón y recibimos la confirmación espiritual de que el mensaje era verdadero. Seguir leyendo

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Hágase con sencillez

Conferencia General 4 de octubre de 2008
Hágase con sencillez
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce ApóstolesL. Tom Perry

En nuestra búsqueda por aliviar las tensiones de la vida, ruego que sinceramente busquemos las maneras de simplificar la nuestra.

Los que hemos vivido por algún tiempo, y el élder Wirthlin y yo hemos vivido mucho tiempo, hemos notado que existen ciertos modelos en la prueba de la vida. Hay ciclos de temporadas buenas y malas, altas y bajas, periodos de gozo y tristeza, y épocas de abundancia así como de escasez. Cuando nuestra vida toma un curso inesperado y no deseado, a veces experimentamos tensión y ansiedad. Uno de los desafíos de esta experiencia terrenal es el no permitir que las tensiones y las contrariedades de la vida nos venzan, sino perseverar en las diversas épocas de la vida manteniendo una actitud positiva e incluso optimista. Quizás cuando sobrevengan las dificultades y los desafíos, deberíamos tener grabadas en la memoria estas palabras de esperanza de Robert Browning: “Todavía nos aguarda lo mejor” (“Rabbi Ben Ezra”, en Charles W. Eliot, ed., The Harvard Classics, 50 tomos, 1909–1910, 42:1103). No nos es posible predecir todas las tribulaciones y tormentas de la vida, ni siquiera las que estén a la vuelta de la esquina, pero, como personas de fe y esperanza, sabemos sin lugar a dudas que el Evangelio de Jesucristo es verdadero y que “todavía nos aguarda lo mejor”.

Recuerdo un período particular de mi vida en el que me hallaba bajo una tensión fuera de lo común. Tenía problemas con mi empleo y, a la vez, a mi esposa se le diagnosticó una enfermedad que amenazaba su vida. Fue una de esas épocas en las que parecía que el adversario se había ensañado contra mí y mi familia. En los días en los que las tensiones y las presiones de nuestra atribulada vida estaban a punto de abatirnos, mi esposa y yo encontramos una forma de aliviarlas.

Manejamos a un lugar a pocos kilómetros de casa para alejarnos y tener momentos de tranquilidad, conversar y darnos consuelo emocional el uno al otro. Nuestro lugar era la laguna Walden; era una pequeña y hermosa laguna rodeada de bosques. Cuando mi esposa se sentía con suficientes ánimos, solíamos caminar alrededor de esa laguna. Otras veces, cuando no deseaba someterse al esfuerzo de la caminata, simplemente nos sentábamos en el auto y charlábamos. La laguna Walden era nuestro lugar especial para detenernos, reflexionar y reponernos. Quizás se haya debido en parte a su historia, a su relación con respecto a los esfuerzos de Henry David Thoreau por apartarse de lo mundano durante algunos años, que la laguna Walden nos brindaba tanta esperanza de encontrar la sencillez y nos ofrecía un escape sumamente renovador de nuestra compleja vida. Seguir leyendo

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La Lampara de Jehova

Liahona Diciembre 1988

La Lampara de Jehova

President Boyd K. Packerpor el élder Boyd K. Packer
del Quorum de los Doce

De un discurso pronunciado en un seminario para nuevos presidentes de misión.


Quisiera hablaros de algunos princi­pios que se relacionan con el Espíritu y la forma en que podemos prepararnos para recibirlo. No aprendemos lo espiritual exactamente de la misma forma en que aprendemos otras cosas, aunque leer, escuchar y meditar for­men parte de ese aprendizaje. He aprendido que se requiere una actitud especial tanto para enseñar como para aprender todo lo concerniente al espí­ritu. Hay cosas que uno sabe o puede llegar a saber, que quizás sean difíciles de explicar a los demás, pero estoy seguro de que así tiene que ser. Os relataré una experiencia que tuve antes de ser llamado como Autoridad Ge­neral, la cual me afectó profundamente. Viajaba en avión y sentado junto a mí iba un hombre que profesaba ser ateo y que insistía en su incredulidad tan tenazmente que sentí la necesidad de expresarle mi testimonio. Seguir leyendo

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Después de hacer cuanto podamos

Diciembre de 1988
Después de hacer cuanto podamos
Por el presidente Ezra Taft Benson

Ezra Taft BensonLa Navidad es una época de verdadero gozo. Re­cuerdo las tradicionales celebraciones navideñas de cuando era niño. . . ¡Cómo disfrutába­mos esa época con mis nobles padres y mis diez her­manos!

Y luego con mis propios hijos. . . Cuando eran pequeños, mi esposa, Flora, y ellos decoraban nues­tro hogar con adornos tradicionales y hacían delicio­sos pasteles y galletitas típicos de la temporada para obsequiar a los vecinos y familiares. Reinaba un espí­ritu de amor y generosidad.

Espero que vuestro hogar refleje ese mismo gozo, el verdadero gozo de la Navidad. Pero también espero que esta conmemoración sea más que una tradición para vosotros; que refleje vuestro constante testimo­nio de la divinidad del nacimiento y de la misión de nuestro Salvador, y que la dulce paz que os invade en esta época os lleve a tomar la determinación de vivir más intensamente sus enseñanzas y así demostrar vuestro amor y fidelidad.

Testigos de Jesucristo
Como testigo especial del Señor Jesucristo, testifi­co que aquel cuyo cumpleaños celebramos en esta época especial es nuestro Salvador, nuestro Redentor y nuestro Señor.

No sólo nació El en un humilde pesebre en Belén y fue crucificado en Gólgota, sino que al tercer día se levantó de entre los muertos y vive. De eso os doy mi testimonio personal, porque lo sé. Él vive y vela di­rectamente por su Iglesia y sus siervos.

El saber que Él vive es el conocimiento más pre­ciado que se puede tener en el mundo. Pero nuestra creencia en Jesucristo no se basa sólo en la tradición histórica, aun cuando aceptamos, en su totalidad, los registros históricos del Antiguo y del Nuevo Testa­mento, lo cual constituye un testimonio de Su divi­nidad, Nuestra creencia en Jesucristo se basa también en la visita que El hizo, junto con su Padre, al pro­feta José Smith cuando éste era un jovencito. Este es el acontecimiento más importante que haya ocurrido en el mundo desde Su resurrección. En esa oportuni­dad Él se presentó en persona y habló, al igual que lo ha hecho en varias otras ocasiones en esta dispensa­ción.

Las siguientes son las palabras del profeta José Smith acerca de una de esas gloriosas manifestacio­nes del Salvador:

“Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!
“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre.” (D. y C. 76:22-23.) Seguir leyendo

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Con prudencia y orden

Con prudencia y orden

Dallin H. Oakspor el élder Dallin H. Oaks
del Consejo de los Doce

Hay muchas cosas que los miembros de la Iglesia pueden hacer para ayudar en la obra de la redención de los muertos, en la obra del templo y de historia familiar.

Hay muchas cosas que los miembros de la Iglesia pueden hacer para ayudar en la obra de la redención de los muertos, en la obra del templo y de historia familiar.

El Señor le dijo a Moisés que su obra y su gloria era «Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). La expia­ción y resurrección de Jesucristo nos ha asegurado la inmortalidad del hombre. Y, por otro lado, todos te­nemos el privilegio de ayudar a llevar a cabo la vida eterna del hombre, lo cual es la misión de la Iglesia.

Nuestros esfuerzos se han clasificado en tres cate­gorías: Proclamar el evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a los muertos. Como sabemos, estas tres categorías se relacionan entre sí y son, al mismo tiempo, inseparables.

Me gustaría sugerir algunos principios generales con el propósito de alentar a todos los Santos de los Últimos Días a que reciban sus propias ordenanzas y las pongan a disposición de sus antepasados. En esta Iglesia efectuamos la obra de historia familiar a fin de proveer las ordenanzas de salvación para los vivos y para los muertos porque «creemos que por la Expia­ción de Cristo todo el género humano puede sal­varse, mediante la obediencia a las leyes y ordenan­zas del evangelio» (Tercer Artículo de Fe).

El primer principio es que nuestros esfuerzos para fo­mentar la obra del templo y de la historia familiar deben ser para llevar a cabo la obra del Señor y no para hacer que Sus hijos se sientan culpables porque no la pueden hacer en algún momento determinado de su vida. Debemos tener en cuenta las distintas circunstancias de los miembros de la Iglesia tales como la edad, la salud, el lugar de residencia, las responsabilidades familiares, la situación económica, el acceso que tengan a las fuentes de investigación o a las bibliotecas, etc. Si alentamos a los miembros a que realicen esta obra sin tener en cuenta esas cir­cunstancias individuales, es muy posible que lo que más logremos sea hacerlos sentir culpables y no nece­sariamente llevar adelante la obra del Señor.

El segundo principio es que debemos comprender que en la obra de redimir a los muertos hay muchas tareas que cumplir, y que todos los miembros deben participar en ella eligiendo, mediante la oración, las formas que se adapten a su situación particular. Esto se debe hacer bajo la influencia del Espíritu del Se­ñor y con la guía de los líderes del sacerdocio que extienden llamamientos y dirigen las fases de esta obra que la Iglesia administra. Debemos tener cui­dado de no forzar a nadie a hacerlo todo, sino alentar a todos a que hagan algo.

Hay muchas cosas que los miembros de la Iglesia pueden hacer para ayudar en la obra de la redención de los muertos, en la obra del templo y de historia familiar. Algunas requieren recibir un llamamiento, otras son de carácter personal. Sea como sea, todas son expresiones de devoción y obediencia; todas re­presentan oportunidades para hacer un sacrificio y de prestar servicio a los demás.

Cuando hablamos de la historia familiar, pensamos que lo único que ésta requiere es enviar nombres e ir al templo a hacer la obra vicaria por los muertos. Sin embargo, hay una infinidad de cosas más que hacer. Se requieren asesores de historia familiar en los ba­rrios; misioneros en los centros de registros; personas que trabajan en microfilmación, en bibliotecas, en introducción de datos en computadoras y en extrac­ción de nombres; misioneros de templos; obreros del templo; personas que hagan trabajo de oficina y de recepción. Están además las personas que, sin alarde de ninguna clase, trabajan en la cocina, en las lavan­derías y en las guarderías de los templos y que cuen­tan con el apoyo y el aliento de los miembros de la familia y de los amigos. Por ejemplo, una joven que cuida niños o un matrimonio que ofrece alojamiento a los que asisten al templo deben darse cuenta de que ellos también están haciendo una contribución im­portante para la obra del templo. Seguir leyendo

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La Navidad del Profeta José Smith

Diciembre de 1989
La Navidad del Profeta José Smith
por Larry C. Porter
Profesor adjunto de Historia y Doctrina de la Iglesia en la Universidad Brigham Young, Provo, Utah.

Larry C. PorterAl conmemorar el nacimiento del niño de Belén, el Salvador del mundo, recordemos también a su mensajero, José Smith, y regocijémonos por su sacrificio.

En todo el mundo cristiano, la vida del Salvador es el centro de las celebraciones navideñas. Pero en la Iglesia también tenemos la vida de otra persona que se relaciona con esa época del año: la del profeta José Smith.

José Smith nació muy cerca de la Navidad, el 23 de diciembre de 1805. Pasó su primera Navidad en el municipio de Sharon, Condado de W Windsor, Estado de Vermont. El año anterior, su madre, Lucy; su padre, José; y los niños, Alvin, Hyrum y Sofronia habían recibido la invitación de ir a vivir a una cabaña que había en una parcela que pertenecía a Solomon Mack, el padre de Lucy. ¡Cuánto gozo deben de haber tenido los de la familia Smith ante el nacimiento de ese hermoso bebé, así como también los padres de Lucy, que vivían cerca de allí, al celebrar ese día sagrado!

No disponemos de un registro completo de todas las Navidades que José Smith pasó en sus treinta y ocho años. Carecemos, por ejemplo, de un relato completo de las Navidades que pasó cuando vivía en Nueva Inglaterra. Lo que sí sabemos es que durante esos años, la fa­milia se mudó muchas veces; sus padres, José y Lucy, tuvieron cinco hi­jos más. Sabemos que algunos miembros de la familia enfermaron de fiebre tifoidea y que el fracaso de varias cose­chas afectó seriamente la situación económica de la familia. Los regis­tros que se tienen sobre las navidades que pasa­ron durante los primeros años que vivieron en Nueva York también es­tán incompletos, aun­que el establecimiento de un nuevo hogar, la Primera Visión y las visitas de Moroni debieron de haber ocupado la mayor parte del tiempo de José Smith durante esa época. Toda la familia debió de haber estado sumamente triste durante el mes de diciembre de 1823, tras la muerte de Alvin, ocurrida el 19 de noviembre de ese año.

Durante la Navidad de 1826, es posible que José Smith haya estado pensando en su casamiento con Emma Hale —que tuvo lugar el 18 de enero de 1827. En diciembre de 1827, José y Emma se mudaron de Manchester, Nueva York, a Harmony, Pennsylvania, donde al principio vivieron con el padre de Emma, Isaac Hale. Allí fue donde el Profeta por fin pudo empezar a examinar cuidadosamente los caracteres grabados en las planchas de oro que acababa de recibir.

En 1828, José Smith pasó por primera vez la Navidad en su propia casa en Harmony, Pennsylvania. Probablemente aún se sentía afligido por la muerte de su primer hijo y la desaparición de las ciento dieciséis páginas del manuscrito del Libro de Mormón, acontecimientos ocurridos durante ese año.

De acuerdo con los registros históricos, es indudable que para la Navidad siguiente José Smith haya esperado ansiosamente la publicación del Libro de Mormón ya que, para entonces, la gran tarea de la traducción se había completado y se había comenzado la composición tipográfica y la impresión.

En diciembre de 1830 José Smith residía con la familia de Peter Whitmer, padre, en el municipio de Fayette, Estado de Nueva York, fecha en que recibió tres revelaciones que se encuentran en lo que hoy conocemos como Doctrina y Convenios. En una de ellas (D. y C. 37:1-3), el Señor le indicó al Profeta y a la Iglesia que se mudaran a Ohio.

En diciembre de 1831, el Profeta y Sydney Rigdon salieron a una misión a proclamar el evangelio «al mundo en las regiones circunvecinas». Desde el 4 de diciembre hasta el 10 de enero siguiente, ambos predicaron a la gente de Ohio. (D. y C. 71; véase también History of the Church, 1:238-41.) Seguir leyendo

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